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Los abuelos que juegan con sus nietos

11 abril 2012

Fui una niña con suerte por muchos motivos. Uno de ellos, que ya he comentado por aquí en alguna ocasión, fue conocer a mis cuatro abuelos y tenerles conmigo hasta convertirme en adulta. De hecho dos de ellos siguen vivos.

De mis cuatro abuelos, solo recuerdo a uno jugando con frecuencia conmigo. Mi abuelo paterno se sentaba conmigo a enseñarse a dibujar, me fabricó un rancho y jugaba conmigo, mis indios y mis vaqueros de plástico, me llevaba al parque y participaba en mis actividades, no se limitaba a sentarse en un banco y vigilar…

Y creo que es inevitable que, cuando creces, esas vivencias se te queden grabadas. Estoy convencida de que seré una anciana (tal vez con nietos con los que jugar) y seguiré recordando esas horas de juego con mi abuelo. A mi santo le pasa lo mismo. No me sorprendería que fuese universal y que a todos se nos hayan quedado grabados esos momentos compartidos.

Mis hijos tienen a sus dos abuelas, pero mi padre es el único abuelo que conocen. Y me encanta ver lo mucho que juega con ellos pese a lo delicado de su estado de salud. No le importa tirarse al suelo, subírselos a la chepa, jugar a las comiditas… Mis hijos están disfrutando de muchos más momentos de juego con mi padre de los que yo tuve.

En estos momentos mi padre está en el hospital. Hace unos diez recibió un trasplante de riñón que esperamos que vaya bien y mejore su calidad de vida permitiéndole muchos más momentos de juego con sus nietos.

Porque estoy muy de acuerdo con lo que cuentan en este teletipo de EFE y quiero que mis niños tengan esa relación con su abuelo durante muchos años:

El 80 % de los abuelos españoles juega con sus nietos y se han convertido en sus nuevos compañeros de juego, en lo que ha contribuido la prolongación de los horarios profesionales, la falta de hermanos con los que jugar y la mayor esperanza de vida.

Así lo han constatado los miembros del Observatorio del Juego Infantil, promovido por la Asociación Española de Fabricantes de Juguetes (AEFJ). Cada vez son más los abuelos que intervienen y participan en el juego de sus nietos, sobre todo cuando se trata de niños de menor edad, lo que contribuye a que la relación de los abuelos con sus nietos sea ahora mucho más cercana.

La consultora pedagógica Imma Marín, miembro del Observatorio y presidenta de IPA en España (Asociación Internacional por el derecho de niños y niñas a jugar), ha subrayado la “fuente de alegría, vitalidad, optimismo y humor” del juego, como lo son también para los abuelos los niños en sí mismos, siempre y cuando no se conviertan en obligación.

“Los abuelos que juegan con sus nietos crean lazos invisibles con ellos, recuperan su niño interior y alimentan su capacidad de juego, lo que repercute a favor de su salud física y mental. Al compartir sus juegos con los pequeños, reafirman su autoestima y se sienten más valorados”, según Marín.

Y en el caso de los niños, la pedagoga indica que para ellos es un tesoro porque “se sentirán comprendidos, valorados y queridos. Escucharán con atención las historias que los abuelos les expliquen y aprenderán sus juegos y formas de jugar. Los abuelos son adultos ‘sabios’ dispuestos a escuchar y a compartir su tiempo divirtiéndose con ellos jugando”.

Andrés Payà, doctor en Pedagogía y profesor de Teoría de la Educación en la Universidad de Valencia y miembro también del Observatorio, ha destacado el rol que juegan los abuelos pues “son capaces de transmitir a sus nietos parte de las tradiciones y costumbres de otra época, pero que conforman parte del patrimonio educativo más cercano”.

El juego intergeneracional resulta beneficioso tanto para los abuelos como para sus nietos puesto que, según Payà, “consolida los lazos familiares y el aprendizaje social”: “ambos jugadores reciben y perciben los beneficios de la actividad lúdica en este juego compartido, gracias a las relaciones de empatía, confianza y cariño que se establecen entre distintas generaciones”.

Los niños de hoy encuentran en sus abuelos los aliados perfectos para jugar y comunicarse; y con ellos aprenden a relacionarse, a respetar turnos, reglas y a pensar.

Un mundo de colores

09 septiembre 2010

Azul, verde, rosa, amarillo, rojo y naranja. Esos han sido los primeros colores que ha aprendido mi hija. No ha costado demasiado. Simplemente hemos indicado con frecuencia de qué color era el juguete que tenía en las manos, la pared en la que se apoyaba, el patito del cuento o su faldita.

Y ella, nuestra pequeña esponjita que hoy cumple 18 meses, comenzó pronto a repetir lo que le indicábamos. Y de repetir comenzó a intentar nombrar ella los colores. A veces sin acierto. ¡El verde y el azul o el naranja y el rojo a veces se parecen tanto! ¡Y hay tantos rosas tan distintos!

Pero aplaudimos todos sus intentos, incluso los erróneos que tuvimos que corregir. Ahora le encanta indentificar los colores que tiñen nuestro mundo.

Con su hermano no ha sido tan fácil. No los nombra, pero sabemos que los identfica porque los discrimina la mar de bien. Sabe que tiene que apilar las fichas naranjas una encima de la otra, y las azules también pero en otro montón diferente.

Con él hay que practicar mucho y acaba aprendiendo.
Pero las vías de aprendizaje son diferentes. Hay juguetes pensados para discriminar colores y formas con los que además se trabaja la psicomotricidad fina y son muy útiles.

Pero cualquier cosa sirve: apilar las piezas de tente por colores, meter las pinzas de la ropa o los cubiertos en vasitos de diferentes colores, colocar distintos juguetes sobre folios o cartulinas del mismo color…

Nosotros le vamos dando las piezas una a una, según nos las va pidiendo, y él las va colocando según corresponde.

Todos los caminos, los rectos y los plagados de curvas, conducen al mismo universo de colores.

El juego de los trileros

02 agosto 2010

Uno de los juegos estrella en casa es el de los trileros. Sus terapeutas fueron los que nos lo recomendaron. A nosotros no se nos hubiera ocurrido nunca. Ya el primer día que vinieron a casa trajeron varios pictogramas con actividades, y entre las pompas, el puzzle o el cuento estaba el picto amarillo de los vasitos que representa a los trileros.

Defienden este juego por muchos motivos. Así se trabaja permanencia del objeto (entender que lo que se oculta no desaparece) en el plano más básico, pero sobre todo sirve para trabajar la atención.

Se empieza con dos vasos de distinto color. Se pone algo que le guste mucho al niño bajo uno de ellos (un trocito de chuche, un juguete que le guste mucho) y al principio ni siquiera se mueve.

Cuando entiende la mecánica del juego se puede va complicando, primero usando vasos del mismo color. Después moviéndolos un poco. Por último añadiendo un tercer vaso.

El peque ya domina el juego con dos vasos del mismo color que se mueven. Y es cierto que es un juego fantástico para que esté atento y para interactuar con él (toma el vaso que hay que levantar, se lo pedimos, nos lo devuelve, pide ma´s regaliz para seguir jugando…)

Nosotros también lo usamos cuando está muy pesado pidiendo gusanitos o chuches. Así al menos mientras come saca cierto provecho. Y come menos.

De lo más recomendable, de verdad.

El juego simbólico

30 diciembre 2009

Ayer Julia comenzó espontáneamente a dar de comer miguitas de pan a María. María es una muñeca que tenemos encima de la mesa para que su hermano juegue a las comiditas con ella.

Hace ya tiempo que cuando le decimos “para María” ofrece lo que tenga en la mano o la cuchara a la muñeca,

Es imposible saberlo a ciencia cierta, pero yo creo que lo del peque aún no es juego simbólico ni mucho menos. Lo hace por complacernos. Aunque ya se andará, o al menos eso esperamos.

Con la nena tampoco puedo saberlo. Tal vez sea el inicio del trascendental juego simbólico, aunque muy prematuro me parece, probablemente se limita a imitar a su hermano.

Pero gracias a su hermano, que tiene el piloto automático escacharrado y nosotros tenemos que tirar de él para que avance su desarrollo cognitivo y sus habilidades comunicativas, estamos valorando mucho más cada avance de su hermana. Lo primero reconociéndolos, que es lo más importante.

Por último un consejo, aunque no sea muy dada a darlos: animad el juego simbólico en vuestros hijos, nunca les ridiculizéis u os riáis de sus ocurrencias lúdicas y maravillaos ante su imaginación.

Y aunque sean varones, poned muñecos, mariometas y títeres a su alcance y favoreced que jueguen con ellos emilando las actividades cotidianas. El juego simbólico con los coches está un poco limitado: se ruedan, se aparcan, chocan… Los superhéroes vuelan y luchan. Y poco más.

Aplaudid cuando aparezca igual que celebramos y recordamos sus primeros pasos. Ésto es mucho más importante.

Os dejo con un artículo de Bebés y más estupendo y muy concreto, pero si tenéis curiosidad por el tema en Internet hay toneladas de información.


El tipo de juego que realizan los pequeños evoluciona a medida que crecen; partiendo de un juego centrado en su propio cuerpo (los primeros meses los bebés juegan mirándose a las manos, tomándose los pies…), poco a poco van incorporando el objeto en sus acciones (lo lanzan, lo muerden, lo chupan….) hasta que llegan al juego funcional (usan los objetos con la finalidad para la que fueron diseñados).

El siguiente paso es la incorporación del juego simbólico. En este momento evolutivo, el adulto se convierte en el centro de su atención y al chico le encanta imitar sus acciones. Es cuando comienza el juego del “como si”: hacen como si fueran papás, mamás, cantantes, peluqueras, médicos….El juego simbólico representa el apogeo del juego infantil y hasta los seis años, más o menos, es el juego por excelencia.

QUE LES APORTA:

• Les permita conocer mejor el mundo que los rodea y tomar conciencia del papel que son capaces de desempeñar en él. Esto, a su vez, los ayuda a afirmar su personalidad.

• Les facilita el conocimiento de los distintos roles sociales, de las relaciones familiares y de las diferentes profesiones.

• Favorece las interacciones sociales y la resolución de sus conflictos.

• Al hacer que son otros, canalizan sus propios deseos, tensiones y miedos.

• Los ayuda a conocer el mundo de las personas adultas y a invertir roles: es frecuente que reten a sus muñecos adoptando nuestras actitudes.

• Es el primer paso para salir del pensamiento egocéntrico y entrar en el pensamiento abstracto, ya que comienzan a ponerse en el lugar del otro.