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Archivo de la categoría ‘Pakistán’

El espíritu emprendedor no tiene edad

Por Waqas Ashfaq Qureshi, Responsable de Incidencia y Comunicación de HelpAge International

Las inundaciones producidas en 2014 en Pakistán han afectado profundamente la labor de Abdul –la fabricación de zapatos khussa, su principal medio de sustento.

Las inundaciones producidas en 2014 en Pakistán han afectado profundamente la labor de Abdul –la fabricación de zapatos khussa, su principal medio de sustento.

Muchos hombres y mujeres mayores en Pakistán tienen una vida difícil, luchando para tener uno ingresos regulares cada mes y solicitando pequeños ayudas económicas del gobierno. Solamente el 6% de los trabajadores adultos se benefician de seguridad social ya que son funcionarios del estado. El resto no tiene ninguna protección social.

En Pakistán solamente los funcionarios públicos se jubilan. Muchos mayores me han contado que no reciben ninguna pensión y siguen trabajando hasta estar físicamente incapaces de continuar.

En las zonas rurales de Pakistán, las personas mayores habitualmente viven gracias a la agricultura y a la ganadería o también teniendo un pequeño negocio, como las tiendas.

Las personas mayores tienen conocimientos, habilidades y experiencias, pero no pueden pedir préstamos por culpa de su edad avanzada. Esta práctica es discriminatoria y puede tener graves impactos en sus vidas y las vidas de las familias que estos mayores sustentan especialmente en caso de desastre. Sin embargo, nuestra experiencia ha demostrado que invertir en las personas mayores para ayudarles a crear un medio de sustento les beneficia tanto a ellos como a sus familias y a comunidades enteras.

La historia del zapatero Abdul

Abdul Hameed tiene 65 años y es zapatero; vive en la provincia Punjab en Pakistán, junto con su esposa y uno de sus seis hijos que se encuentra enfermo. Abdul fabrica zapatos khussa desde la edad de 14 años. Su padre ha sido un famoso fabricador de zapatos khussa y le ha enseñado a Abdul el arte de hacer zapatos.

Abdul trabaja en una pequeña choza situada en el borde de la carretera, creando sus zapatos a mano. Los materiales que necesita no los encuentra en su pueblo, sino en Multan, un pueblo que se encuentra a 60 km de distancia de su casa.

El pueblo de Abdul fue entre las zonas más afectadas de Pakistán en las inundaciones de 2014. Las aguas entraron en las casas hasta un 1,5m y causaron daños graves. Abdul no pudo trabajar durante 3 meses y gastó todos sus ingresos en la reconstrucción de su casa.

Cuando estaba a punto de reabrir su negocio, Abdul ya no tenía dinero para comprar materiales y fabricar zapatos, y los materiales que le habían quedado fueron destrozados por las inundaciones. Para poder llevar comida a su familia, empezó limpiar zapatos.

Si algún cliente le encargaba hacerle zapatos khussa, Abdul le pedía un adelanto y viajaba hasta Multan para comprar materiales para un solo par de zapatos; y esto pasaba para cada pedido de zapatos khussa que recibía. El viaje a Multan significó un gran esfuerzo físico y cansancio, por lo que ya no podía fabricar zapatos khussa con tanta rapidez como antes y empezó a perder clientes.

Ayudando a las personas mayores en Pakistán

HelpAge International ha lanzado un programa de emergencia en Muzzaffargarh, en el distrito donde Abdul vive, para ayudar a las personas mayores tras las inundaciones.

Hemos distribuido donaciones en efectivo condicionadas a los beneficiarios para reconstruir sus casas y reabrir sus negocios. Abdul ha sido uno de los beneficiarios, siendo uno de los mayores más afectados por las inundaciones. Recibió el equivalente a 250€ que los ha gastado en la compra de materiales pata la fabricación de zapatos (piel, adhesivo, hilo, etc.).

“Ahora tengo suficientes materiales y mis clientes volverán a encargarme pedidos”, me cuenta Abdul.“El periodo de transición ha sido muy duro. Con lo que ganaba limpiado zapatos, no podía ni siquiera cubrir mis gastos básicos diarios.Una vez soñé ir al peregrinaje a la Meca (el Umrah) con mi esposa. Sabía que era solamente un sueño porque no teníamos dinero suficiente para esto. Ahora sé que mi sueño se volverá realidad. Le estoy muy agradecido a todos los que nos han ayudado por confiar en las habilidades de un hombre mayor. Esto no sólo me ha ayudado a superar los obstáculos de la vida, sino que además me ha dado esperanza para el futuro”.

Pienso que la historia de Abdul es un gran ejemplo de cómo una persona mayor puede ganar sus propios ingresos con un poco de ayuda. Su historia demuestra además como el dinero que Abdul ha recibido fue invertido en el beneficio de la comunidad local. Esto debe ser una lección para los gobiernos y las instituciones financieras que pueden ayudar a las personas mayores y, al mismo tiempo, traer mayores beneficios a las comunidades.

Madre primeriza en Afganistán. El reto de dar a luz en Afganistán. Parte 2

Segunda entrega de “El reto de dar a luz en Afganistán“.

Elodie Barniet, enfermera pediátrica de MSF.

MSF ha puesto en marcha una maternidad en el hospital de Dasht-e-Barchi, uno de los barrios más pobres de Kabul, la capital de Afganistán, donde la mayoría de las familias no pueden permitirse pagar por una atención sanitaria privada.

Farzana está sentada en su cama. Parece agotada y ajena a todo lo que le rodea. Tiene un pendiente en forma de corazón en la nariz, la piel suave, y es, con mucha diferencia, la mujer más joven de toda la sala.

Al igual que la mayoría de los afganos, no sabe su edad “18, o tal vez 19”, se aventura a decir cuando le pregunto.

Mientras mira moverse a la pequeña niña a la que acaba de dar a luz, Farzana sigue ensimismada. Es como si aún no se hubiera hecho a la idea de lo que acaba de ocurrir.

El parto fue largo, como suele ocurrir en los primeros embarazos. El cuello de su útero se rompió y tuvieron que ponerle puntos, sin embargo ya le han dicho que no será necesario realizarle una cirugía. Cuando le pregunto cómo se encuentra, Farzana me describe el parto como un momento doloroso, difícil, y en el que reconoce que tuvo “miedo”. Me dice que no piensa que estuviera preparada para algo así y reconoce que el miedo a lo desconocido llegó a atenazarla. El dolor que sentía le provocaba bastante ansiedad, confirma la matrona de MSF.
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Una unidad “canguro” para las madres de Kabul. El reto de dar a luz en Afganistán. Parte 1

Elodie Barniet, enfermera pediátrica de MSF.

De octubre de 2014 a enero de 2015, la enfermera pediátrica Elodie Barnet, colaboró en la apertura de la maternidad de MSF en hospital de Dasht-e-Barchi, uno de los barrios más pobres de Kabul, la capital de Afganistán, donde la mayoría de las familias no pueden permitirse pagar por una atención sanitaria privada.

La maternidad incluye una unidad de cuidados intensivos neonatales (UCIN) y una sala de cuidados a través del método “canguro” en donde se hacen cargo de las posibles complicaciones que puedan surgir.

Maternidad de MSF en Kabul. Fotografía de Mathilde Vu/MSF
Maternidad de MSF en Kabul. Fotografía de Mathilde Vu/MSF

En Dasht-e-Barchi, el cielo suele estar despejado en invierno. Aunque hace frío, hay mucha luz y a lo lejos se pueden ver montañas cubiertas de nieve. Por la mañana se puede oír la llamada del muecín entre el ruido de los coches y las motos. Es entonces cuando la ciudad se despierta, muy poquito a poco y mientras el sol se levanta, impregnada de los aromas de las especias y del olor a carne a la parrilla que llegan hasta el hospital desde el mercado vecino.

Estuve allí durante casi 4 meses y una de mis principales misiones fue la de iniciar y formar a un equipo sanitario sobre el “método canguro”, que consiste en colocar a los bebés prematuros en contacto piel con piel con sus madres para promover los vínculos afectivos, la lactancia materna y reducir la estancia hospitalaria. Es una técnica de tratamiento sencilla: el contacto directo permite a los niños mantenerse calientes y ganar poco a poco el peso necesario para llegar a ser capaces de mamar por sí solos.

La unidad de cuidados intensivos neonatales (UCIN) que hemos montado ofrece atención gratuita para los bebés que nacen con bajo peso, para los recién nacidos prematuros, para los bebés con infecciones respiratorias o fiebre, para los que tienen retrasos en su crecimiento y para aquellos que no logran tomar leche materna. Y se quedan allí hasta que adquieren el peso suficiente para ser dados de alta.

Debido a la falta de instalaciones y a una costumbre cultural que está fuertemente arraigada, más de la mitad de las mujeres afganas dan a luz en casa. Por ese motivo, este tipo de atención médica para los recién nacidos es muy necesaria, especialmente ante posibles complicaciones.  Además, recibir asistencia sanitaria durante un parto puede llegar a costarle a la familia entre 800 y 1.000 afganis (entre 10 y 20 euros), y aunque puede parecer que no es mucho, aquí muchas personas viven con el equivalente a un euro al día, así que para ellos sí que es una cifra elevada.

Más de 30 partos diarios

Los últimos días de enero, tuvimos un promedio de 30 partos al día, para un total de 739 alumbramientos a lo largo del mes, aunque, cuando empezamos a dar asistencia, habíamos previsto que “sólo” tendríamos unos 600.  Afortunadamente, el porcentaje de complicaciones es, como máximo, del 30%. Una vez que han dado a luz, es muy difícil conseguir que las madres permanezcan en el centro más de unas pocas horas. Suelen irse rápidamente a sus casas para seguir cuidando de sus familias.

Instalaciones en la maternidad de MSF en Kabul. Fotografía de Mathilde Vu/MSF
Instalaciones en la maternidad de MSF en Kabul. Fotografía de Mathilde Vu/MSF

Las mujeres suelen acudir acompañadas por su madre o su suegra, así como por su esposo u otro hombre de la familia. Si hay alguna complicación, necesitamos el consentimiento de un hombre para realizar una cesárea. Esto ocurre por ejemplo cuando hay un prolapso del cordón umbilical; es decir, cuando el cordón sale antes que el bebé.

Cuando eso sucede, la cabeza puede llegar a comprimir el cordón, cortando el suministro de sangre y por lo tanto de oxígeno para el bebé. Y esa es una situación que requeriría claramente una cesárea de urgencia.

Una de las emergencias obstétricas que tratamos durante aquellos meses fue el caso de Janbakht*, una mujer afgana de 28 años que había estado tratando de tener un hijo durante los últimos diez años. Había tenido varios abortos involuntarios o había alumbrado siempre a un feto muerto.  Su cuello uterino ya estaba completamente dilatado cuando llegó, pero una vez más el bebé no respiraba al nacer. Le reanimamos usando la técnica de RCP (respiración cardio-pulmonar) y, tras diez minutos que se hicieron eternos, el bebé por fin comenzó a respirar. Lo trasladamos a la UCIN, donde le mantuvimos el oxígeno. Debido a esos primeros problemas respiratorios, el recién nacido no podía tomar pecho, así que durante varios días le alimentamos con la leche de su madre por sonda nasogástrica. A pesar de que estaba mejorando, no conseguíamos que se despertarse…  

Finalmente, casi una semana después, de repente lloró y abrió los ojos. Fue un momento de intensa alegría para su madre. Al poco, pudimos empezar a darle leche con una cuchara. Tardó dos semanas en poder tomar el pecho por su cuenta, y aún necesitaba oxígeno. Al final, y tras veinte días, pudo respirar por su cuenta. Su madre, feliz y orgullosa, pudo llevárselo a casa.

Las madres permanecen en el centro durante muy pocas horas

Nuestras matronas se quedan con las madres durante el parto, hablando con ellas y animándolas hasta que dan a luz. En algunos casos, estar con ellas, puede ser muy importante.

Una noche, Azra* llegó sola al centro de maternidad de MSF. No sabía dónde estaba su marido. Estaba agotada y nerviosa, porque había tenido que dejar su hija de dos años en casa sola. Su cuello uterino estaba completamente dilatado, así que la pasamos a quirófano de inmediato para que pudiera dar a luz.

El bebé pesó más de 4 kilos, y al nacer, descubrimos que tenía riesgo de sufrir una hipoglucemia. Esto ocurre a menudo cuando la madre es diabética. Los recién nacidos producen una gran cantidad de insulina para regular su nivel de glucosa, por ese motivo hay que alimentarles rápidamente a través de una dieta variada y rica para que puedan seguir produciendo insulina y tener el mismo nivel de consumo de glucosa.

Desde el mismo momento en el que su madre pudo amamantarle, empezamos a darle también agua azucarada. Quisimos mantener en observación tanto a la madre como al niño durante al menos 24 horas, pero la madre nos dijo que tenía que marcharse de vuelta a su casa para cuidar de su hija mayor. Así que le dimos una comida caliente y un par de cositas para el bebé. Dos horas más tarde, la vimos marcharse y ya nunca regresó.

Nuestra maternidad tiene cuarenta y dos camas, de las cuales diez están en la UCIN y cinco en la unidad “canguro”.

Elodie Barniet, enfermera pediátrica de MSF en la maternidad de Kabul. Fotografía de Mathilde Vu/MSF
Elodie Barniet, enfermera pediátrica de MSF en la maternidad de Kabul. Fotografía de Mathilde Vu/MSF

El equipo consta de treinta matronas, ocho ginecólogos, nueve enfermeras quirúrgicas, cuatro ayudantes de anestesista, doce enfermeras neonatales que facilitan cuidados intensivos, y tres pediatras. Además hay aproximadamente otras sesenta personas trabajando en el centro: trabajadores de esterilización, personal de mantenimiento, traductores, encargados de los ingresos, de la información y de la administración de personal.

En total, cerca de 170 empleados afganos y una decena de trabajadores internacionales están dedicados a este proyecto.

Enfermera desde 2008, Elodie Barniet se especializó en el cuidado infantil en 2010, y trabajó durante tres años y medio en los servicios de urgencias pediátricas en París. Hizo su primera misión de seis meses con MSF en 2013, en Chad, en un programa de tratamiento de malaria para niños menores de cinco años.

Su segunda misión con MSF fue en la República Centroafricana, trabajando en el tratamiento de niños con desnutrición. Desde hace unas semanas está de nuevo en terreno en Agok, Sudán del Sur.

 

* Los nombres de las madres han sido cambiados para proteger su anonimato.

En Afganistán, además de en la maternidad en Khost, en el este de Afganistán, MSF también trabaja en el hospital Ahmed Shah Baba, situado en el este de Kabul y en el hospital Boost de Lashkar Gah, en la provincia de Helmand. Por último, la organización gestiona un hospital de traumatología en Kunduz, donde ofrece tratamiento quirúrgico.

En todos estos lugares, MSF dispensa atención médica básica gratuita. Nuestras actividades en Afganistán se basan únicamente en la financiación privada; no se acepta ninguna ayuda gubernamental.

Pakistán: seis meses en una unidad de neonatos

Por Yasmine Ley, doctora de Médicos Sin Fronteras (MSF), en Peshawar, en el norte de Pakistán. Yasmine ha encabezado durante 6 meses la unidad de neonatología del hospital de obstetricia y ginecología de MSF en el norte del país.

La hija de Irfan nació a las 29 semanas de embarazo y sólo pesó 990 gramos. Permaneció durante dos meses en el hospital de MSF en Peshawar, hasta que alcanzó los 1.6 kilos y antes de poder regresar a casa con su madre.
La hija de Irfan nació a las 29 semanas de embarazo y sólo pesó 990 gramos. Permaneció durante dos meses en el hospital de MSF en Peshawar, hasta que alcanzó los 1.6 kilos y antes de poder regresar a casa con su madre.

Irfan, su padre, no había susurrado el nombre de Alá cuando la pequeña nació*. No lo hizo hasta el vigésimo quinto día, cuando estábamos absolutamente seguros de que iba a vivir y no iba a tener secuelas. Fue un momento inolvidable para todos.

Cuando la madre llegó al hospital estaba en su vigésima novena semana de embarazo.

Al nacer, el bebé ni siquiera llegaba a pesar un kilo. Era el bebé prematuro más pequeño que había visto nunca.

De forma inmediata, el equipo médico organizó y puso en marcha la mejor asistencia posible para la pequeña. Le practicamos una transfusión de sangre y la mantuvimos caliente. Afortunadamente, respondió bien. Quería vivir; pero aún no estaba fuera de peligro.

Dos semanas después comenzó a sufrir apnea. Así, me pasé toda una tarde junto a su cama, despertándola cada vez que dejaba de respirar. Fue un momento muy difícil para su familia y para todos nosotros.

La madre, que tenía otros hijos esperándola en casa, permaneció al lado de su bebé en la unidad de maternidad durante semanas. Hasta que llegó el día. Un soleado y frío día de noviembre, Irfan pudo al fin llevar a su esposa y a su hija de vuelta a casa. La niña había ganado algo de peso y había alcanzado los 1,6 kilos. Y fue entonces cuando su padre le susurró en el oído el nombre de Alá y le dio un nombre.
Miles de bebés prematuros

En Pakistán cada año nacen miles de bebés prematuros, muchos mueren por falta de una atención adecuada y de servicios médicos disponibles. En las regiones más remotas, en ocasiones las madres se ven obligadas a caminar durante horas para llegar a un centro de salud. En invierno, el frío y la nieve empeoran las cosas.

La tasa de mortalidad materno infantil en Pakistán es de alrededor de 276 por cada 100.000 nacimientos frente al 4,7 en España. Según Unicef, casi uno de cada diez niños muere antes de su quinto cumpleaños. La mayoría de los fallecimientos están causados por diarrea, neumonía o enfermedades para la que existe vacuna.

Las complicaciones graves también surgen después de que se administre oxitocina a la madre, una hormona que se utiliza para estimular las contracciones del útero y para acelerar el parto; la oxitocina puede mezclarse con diazepam, un ansiolítico utilizado para relajar a las mujeres mientras dan a luz.

El problema es que esta mezcla paraliza, literalmente, la respiración de los recién nacidos. Así, tras el parto, acabamos ingresando a aquellos niños que después de nacer han padecido problemas respiratorios durante varias horas. Debido a la falta de oxígeno pueden sufrir secuelas irreversibles y muchos no sobreviven.

Hospital de ginecología y obstetricia de MSF en Peshawar
Hospital de ginecología y obstetricia de MSF en Peshawar

Pakistán, ha sido mi primera misión con MSF. Como personal médico, estamos allí para facilitar atención, salvar vidas, no para perderlas. Esto ha sido lo más difícil de sobrellevar.

Afortunadamente, tenemos un equipo fantástico: cuatro médicos, ocho enfermeras y ocho matronas trabajan sin descanso para proporcionar a los pacientes el mejor cuidado.

Nuestras prioridades son poner bajo observación durante las 24 horas siguientes al nacimiento tanto a las madres como a los recién nacidos en situación de riesgo, y garantizar su cuidado, limpieza e higiene. Así, hemos conseguido salvar muchas vidas.

La innovación también es importante. En este sentido, MSF ha autorizado a que, en ocasiones, los padres puedan visitar el hospital donde está ingresada su mujer embarazada. El resultado ha sido que se ha reducido el número de mujeres que abandonan el hospital en contra del consejo médico.
Nacimientos múltiples

Aquí no se trata solo de que las mujeres tengan muchos hijos, algunas hasta siete u ocho, sino que, además de los problemas que supone un nacimiento prematuro, a menudo se dan también partos múltiples. Así, en un mes asistimos a tres nacimientos de trillizos. Todos fueron partos naturales.

Por desgracia, en uno de los casos no pudimos salvar a los bebés. La madre estaba embarazada de unas 30 semanas cuando dio a luz; cuando nacieron los bebés aún eran muy pequeños y no tenían los pulmones correctamente formados.

A causa de los escasos historiales médicos y al pobre seguimiento que se realiza durante el embarazo, los equipos médicos no siempre saben la edad exacta de las madres o de los recién nacidos. Esto es más habitual en el caso de las personas que viven en las zonas tribales del país. Muchos pacientes llegan referidos desde el hospital de MSF en Hangu, situado a dos o tres horas de distancia por carretera, ya que allí carecen de unidad de cuidados neonatales.

Si bien existen numerosas maternidades privadas en el distrito de Peshawar, las unidades de obstetricia especializadas son de muy difícil acceso para las mujeres más vulnerables (refugiadas, desplazadas y mujeres sin recursos) o para aquellas que proceden de las Áreas Tribales bajo la Administración Federal (FATA). Además, tienen un coste prohibitivo para las familias o son de mala calidad.

Un día, una mujer dio a luz a gemelos, un niño y una niña. Cada uno de ellos apenas pesaba un kilo. El marido, se trataba de su quinta esposa, sólo había tenido hijas. Fue maravilloso ver cómo, cada vez que venía al hospital, sostenía con ternura a su hija en un brazo y a su hijo en el otro. Se sentaba allí, junto a su esposa, simplemente feliz de ser padre. Fue una imagen muy bonita.

* La costumbre es que el padre o un miembro respetado de la comunidad local susurre el adhan en el oído derecho del bebé.

Hospital de ginecología y obstetricia de MSF en Peshawar
Hospital de ginecología y obstetricia de MSF en Peshawar

 

 

La vida de una partera en Pakistán

Por A. Sami Malik, Kasur, Punjab

“El mayor placer para mí es ver que la madre y el niño están sanos después del parto”, nos explica Shagufta nada más presentarnos. Es una partera de 30 años que vive y trabaja en la aldea Nandanpura, situada en el distrito de Kasur, provincia del Punjab de Pakistán.

Shagufta Shahzadi se sienta al lado de una madre que descansa tras dar a luz a su bebé

Shagufta Shahzadi se sienta al lado de una madre que descansa tras dar a luz a su bebé

“Hay una enorme diferencia entre los servicios prestados por una partera capacitada y una partera tradicional no entrenada. Una experta en la materia sabe cómo prevenir y tratar las complicaciones durante el embarazo, en el momento del parto y conoce los cuidados post parto de la madre y el niño. Trabaja enfocada a reducir la mortalidad infantil“, añade enseguida.

El trabajo de un día normal para Shagufta puede incluir el parto de un bebé, aconsejar a las mujeres embarazadas sobre el cuidado prenatal y caminar varios kilómetros hasta la aldea vecina para brindar atención posnatal a una madre y a un recién nacido. Nos cuenta que se siente muy orgullosa de su trabajo y que siente una gran sensación de logro al pensar que su trabajo ha contribuido a que no haya habido ni un solo caso de mujer embarazada o de recién nacido que haya muerto por complicaciones del parto en su aldea en el último año. Le brillan los ojos al explicarlo.

Echando la vista atrás, Shagufta nos cuenta que no ha sido fácil para ella llegar a trabajar como partera. Para llegar hasta aquí ha tenido que afrontar una vida nada fácil. “Yo tenía dos meses cuando mi padre falleció. Mi madre cosía para poder sacar un poco de dinero con el que mantenernos a mi hermana y a mí. Nuestros recursos eran más que escasos, sin embargo, ella hizo todo lo imaginable para asegurarse de que las dos podíamos estudiar. Las dos trabajamos muy duro. Mi hermana se convirtió en visitadora sanitaria y yo me formé como partera”.

En 2012, Shagufta se graduó como partera en un curso de capacitación comunitaria de 18 meses organizado por UNICEF en el hospital del distrito de Kasur. No fue fácil para ella porque su hija más pequeña tenía sólo 2 meses. Con el apoyo de su marido y del resto de la familia pudo completar la formación. “Ahora me siguen apoyando en mi trabajo. Tanto mi familia como la comunidad. Sobre todo desde que han visto que, con atención cualificada en los partos, las muertes se han reducido muchísimo”, nos cuenta Shagufta.

Shagufta controla a una mujer embarazada.

Shagufta controla a una mujer embarazada.

La comparación entre la atención prenatal, el parto y el postparto ejercido por parteras sin entrenamiento hace 25 años y los servicios de hoy en día son escalofriantes. “Mi madre me cuenta que cuando yo nací una partera tradicional vino a nuestra casa a ayudarle con el parto. No tenía ni idea de higiene y ni siquiera se lavó las manos antes de tocar a mi madre. Puso un poco de ceniza de la estufa en el suelo y allí fue dónde mi madre me dio a luz. Afortunadamente las cosas están cambiando ahora. No queremos que se pierdan más vidas en los partos”, nos explica Shagufta.

Shagufta empezó atendiendo a las mujeres de su aldea, pero ahora ya brinda cuidado prenatal, atención prenatal y posnatal a las mujeres y los bebés en 10 pueblos dentro del distrito de Kasur. Se ha vuelto muy popular porque es la única partera preparada de la zona y además trata con mucho cariño a las mujeres embarazadas. Muchas vecinas nos cuentan que las mujeres se sienten cómodas hablando de sus problemas con ella.

Pakistán es un país con una muy alta tasa de mortalidad materna e infantil. Una de las razones es la falta de parteras preparadas, en especial, en las zonas rurales remotas. En colaboración con el Departamento de Salud del Punjab, UNICEF inició un programa de capacitación en 2005, que aún hoy sigue activo. El objetivo del programa es formar a las jóvenes de las comunidades rurales para que adquieran las habilidades y trabajen en sus aldeas.

“Debido a los resultados positivos de este programa, el Gobierno de Pakistán ha ampliado la iniciativa en todo el país”, nos comenta el doctor Tahir Manzoor, especialista de Salud de UNICEF. “En la provincia de Punjab, más de 5.000 mujeres han sido capacitadas y están realizando valiosos servicios a las mujeres embarazadas y los bebés. Ya podemos ver el impacto positivo de sus servicios y la certeza de que no para de reducirse la mortalidad de las madres y los recién nacidos en Pakistán desde hace años”, añade Manzoor.

Shagufta cree que garantizar la seguridad y salud para la madre y el niño es imprescindible. “Si las madres y los niños están sanos toda la sociedad estará más sana”, sentencia.

Shagufta toma notas mientras conversa con mujeres embarazadas para llevar un registro de sus revisiones periódicas. Usa una parte de su casa como centro de atención a la maternidad.

Shagufta toma notas mientras conversa con mujeres embarazadas para llevar un registro de
sus revisiones periódicas. Usa una parte de su casa como centro de atención a la maternidad.

Fotos: © UNICEF / Pakistán 2014 / Asad Zaidi

Partos a.m. en Pakistán (final)

por Olivia Lowe (Pakistán, MSF)

11:30 a.m. Una mujer ha venido con su bebé para que le hagamos una revisión. El bebé nació hace cuatro días y tiene ictericia. Ha perdido mucho peso para ser un recién nacido pero, por lo demás, se le ve bien. Supimos que la madre sólo le da el pecho dos o tres veces al día, cuando lo recomendable es hacerlo entre seis y ocho. Así que le enseñamos a alimentarlo y le dijimos que volviera el miércoles, de modo que podamos evaluar la salud del bebé y que ambos puedan ser vacunados. En ese momento, recibí una llamada de la matrona que acompañó a Yasmin al hospital: ya la han visto los médicos del hospital.

12:30 a.m. Todos los pacientes de la clínica prenatal han sido atendidos. Noor Bibi por fin da a luz y ambos, madre e hijo, están bien. Dos horas ya se está marchando a casa: no puede esperar más porque el taxi en el que llegó sigue esperando fuera para llevarla.

13:30 a.m. Nos dirigimos a la camioneta para volver a la oficina en Quetta. Envío un mensaje al coordinador del proyecto para avisarles que me voy.

14:00 a.m. Llegamos a la oficina. Vuelvo a enviar un mensaje… Voy a comer a casa, ya que está apenas a dos edificios de la oficina. Como con dos de mis compañeros.

14:45 a.m. Vuelvo a la oficina. Termino todos mis informes mensuales y los envío por correo electrónico al coordinador médico.

16:00 a.m. Mi coordinador me comunica que se han producido dos explosiones con bomba en Quetta, a 2 kilómetros de nuestra casa. Ambas en el bazar, con 15 minutos de diferencia. Han muerto 42 personas y 250 han resultado heridas. Todo el personal nacional e internacional de MSF está bien, pero los desplazamientos se complican: unos intentan volver a casa y otros llegar a la clínica para el turno de noche, que durante el Ramadán empieza a las 5 de la tarde.

16:30 a.m. Pregunto a una de las matronas del turno de día si puede quedarse esta noche, sustituyendo a una compañera que no podrá hacerlo. Me dirijo a casa y allí me encuentro con un expatriado recién llegado de Islamabad que se dirige a la zona de las inundaciones. Es la novena persona en dos semanas que llega para dar asistencia a la emergencia. Le enseño la casa.

17:30 a.m. Llegan el logista y el coordinador del proyecto. Estamos en alerta de máxima seguridad debido al atentado, así que sólo un número reducido de personal trabajará mañana. Llamo a las matronas para asegurarme de que tendremos una guardia de dos personas, y luego a la enfermera de referencia que está en el hospital visitando a los pacientes que hemos ido refiriendo allí desde la clínica, y me aseguro de que visita sólo a los imprescindibles.

19:00 a.m. Ceno con mis compañeros y vemos una película

23:00 a.m. Hora de dormir. Mañana podré descansar, ya que no me está permitido ir a trabajar o salir de casa… Estudiaré y trabajaré desde allí. Hace mucho calor, pero me quedo dormida con el zumbido del ventilador, aunque sé que cesará en un par de horas, cuando se corte la corriente. Estoy de guardia 24 horas al día, 7 días a la semana, y así estaré durante los próximos nueve meses. Lo último que pienso es que no estoy segura de que las matronas puedan llamarme si me necesitan porque la conexión por móvil no funciona bien últimamente. Espero que estén bien.

Partos a.m. en Pakistán (2ª parte)

Por Olivia Lowe (Pakistán, MSF)

10:15 a.m. Yasmin, la madre de la bebé nacida hace media hora, corre peligro. No ha expulsado la placenta y podría sufrir una fuerte hemorragia. Sufre otra complicación grave, un prolapso cervical, y podría desarrollar una infección uterina.

10:30 a.m. Yasmin ha empezado a sangrar. En el paritorio sólo estamos dos matronas y yo misma. Le ponemos una perfusión intravenosa de oxitocina y ergometrina para intentar detener la hemorragia, mantener estable la presión sanguínea y ayudarle a expulsar la placenta, así como antibióticos para prevenir infecciones. Tenemos que estabilizarla lo antes posible y trasladarla a un hospital en cuanto podamos. Mientras procedemos, una docena de pacientes y sus familiares nos miran en silencio mientras la clínica entera se paraliza.

“No tiene pulso, no tiene presión sanguínea”, grita una de las matronas. Vuelvo corriendo a la sala. Yasmina aún tiene algo de aliento, pero no responde y las vías respiratorias parecen no estar funcionando bien. Llamo a gritos al médico que está en la sala de al lado y cojo el oxígeno. ¿Está entrando en shock? Llegan dos médicos, le colocamos más vías intravenosas. La presión sanguínea de Yasmin es de 90/40, muy baja, pero un poco más alentadora que hace dos minutos. Seguimos con las perfusiones, pero fracasamos en nuestro segundo intento de sacarle la placenta.

Oigo a alguien decir algo que no entiendo en urdu, y una de las matronas abandona la sala. Y vuelve inmediatamente con un bebé envuelto en una manta. “¿De quién es este niño?”, me pregunto… lo entiendo de inmediato: acaba de producirse otro parto, en un coche fuera de la clínica. La matrona necesita oxitocina, para que la madre expulse la placenta. Llamamos a una tercera matrona que está realizando visitas a domicilio esta mañana, para que vuelva y nos ayude porque si una de mis compañeras tiene que marcharse con Yasmin al hospital, nos quedaremos sólo dos matronas mientras siguen llegando parturientas…

10:40 a.m. Yasmin ya no sangra tanto y su presión sanguínea ha subido a 110/60. Conseguimos taparla un poco y ponerle el velo, la colocamos en una camilla y la metemos en la ambulancia. Primero tenemos que tener el consentimiento del marido. Voy llamando al hospital y les informo de que Yasmin va de camino.

11 a.m. Estoy temblando, pero no es momento de pararse. Las actividades de la clínica continúan. Seguimos prescribiendo antibióticos porque muchas mujeres sufren infecciones del tracto urinario en esta época del año, en la que el ayuno por el ramadán les causa cierta deshidratación. Envío a una de las pacientes a otra clínica para que se someta a un ultrasonido, pues me comenta que lleva dos días sangrando.

Y de momento sólo tenemos a una mujer de parto. Se llama Noor Bibi, y lleva ya más de cinco embarazos. Está dilatando, y quiere que le demos oxitocina para acelerar el parto. En Pakistán, esta es una práctica ilegal, pero habitual, que se cobra cientos de vidas cada año, así que la animamos a caminar por la clínica y a beber algo de zumo.

(Continuará)

Partos a.m. en Pakistán (1ª parte)

Por Olivia Lowe (Pakistán, Médicos Sin Fronteras)

06:45 a.m. Mi reloj despertador no ha sonado. Se ha ido la luz en la casa, pero como ya es una costumbre diaria, estoy hecha a moverme en la penumbra. Lo que sí me molesta de esta mañana es que no hay agua.  Al menos tendré que lavarme las manos, así que tendré que hacerlo con agua de beber. Me preparo unos cereales, caliento más agua para el té en el hornillo de gas y disfruto de mi desayuno sentada en el suelo mientras aún hace algo de fresco. Qué bien…

07:25 a.m. Salgo de casa acompañada del guarda de seguridad. Me he puesto un “shalwar kameez”,  que es el vestido que la mayoría de las mujeres llevan en Pakistán, y me he tocado con un “dupatta”, una gran estola que llevo sobre la cabeza y me cubre dos tercios del cuerpo. Saludo al personal paquistaní al subir al coche. Mis colegas mujeres se sientan en un lado de la furgoneta y los hombres en el de enfrente. Nos dirigimos a la clínica y, como siempre, al salir aviso al coordinador del proyecto del trayecto que vamos a realizar.

08:00 a.m. Llego a la clínica, a la Unidad de Partos de Kuchlak, en las afueras de Quetta, y en ese momento vuelvo a avisar mi coordinador de que hemos llegado a salvo. Nada más llegar, las “Lady Health Visitors”, las “agentes de salud femeninas”, lo que para nosotros los occidentales son las matronas,  me llevan directamente a ver a un bebé prematuro que acaba de nacer. Tendrá unas 30 o 32 semanas y lucha por seguir respirando. Hay que trasladarle urgentemente al Hospital de Quetta. Y tenemos que asegurarnos de no quedarnos sin oxígeno. Espero que siga luchando por sobrevivir en la ambulancia.

09:00 a.m. Me llama la matrona que acompañó al bebé hasta el hospital. No hay incubadoras libres pero están haciendo todo lo posible por el pequeño.

09:45 a.m. Ha nacido otro bebé en el paritorio de Kuchlak. Ha sido niña. Su madre tiene ya otros ocho hijos. La pequeña está bien, una saludable bebé de 3 kilos 200. Se la dejo ver a la abuela.

10:00 a.m. La matrona que sigue en Quetta me llama de nuevo. Al final ha conseguido una incubadora para el bebé prematuro en otro hospital. Está estable, de momento.

Por desgracia, cuando escribía este blog unos pocos días después, me informaron de que finalmente el pequeño falleció en el hospital.

(Continuará)

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Olivia Lowe es matrona, y esta es su primera misión en terreno con MSF, en el centro de salud materno-infantil de Kuchlak.

Foto: Tres mujeres esperan a las puertas de la clínica de MSF en Kuchlak, que proporciona atención gratuita. Las mujeres embarazadas tienen que pagar hasta 3.000 rupias (unos 24 euros) por dar a luz en las estructuras locales de salud. La clínica de MSF es gratuita y está abierta las 24 horas del día  (© Jodi Bieber).