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Por aquí han pasado cooperantes de Ayuda en Acción, Cruz Roja, Ingeniería Sin Fronteras, Unicef, Médicos del Mundo, HelpAge, Fundación Vicente Ferrer, Médicos Sin Fronteras, PLAN
Internacional, Farmamundi, Amigos de Sierra
Leona, Sonrisas de Bombay y Arquitectura sin Fronteras.

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COVID-19 en Loreto: la región olvidada del Perú que se enfrenta sola a la pandemia

Por Stefanny Peláez – técnico de comunicación de Plan International Perú

América Latina y el Caribe están viviendo un “rápido aumento” de casos de COVID-19, lo que amenaza con desestabilizar una región con sistemas de salud ya de por sí precarios, tal y como ha advertido la Organización Mundial de la Salud. Cinco de los diez países que han registrado el mayor número de nuevos casos -hasta el 2 de junio de 2020-, se encuentran en el continente americano: Brasil, Estados Unidos, Perú, Chile y México.

En Perú, una de las regiones más afectadas por la pandemia es Loreto. La región está ubicada en el noreste del país y es la más extensa, cubriendo el 28.7% del territorio nacional. Loreto se encuentra en la Amazonía peruana y tiene una población de 1.076,937 habitantes; de los cuales, el 11,9% son indígenas. La región está aislada del resto del Perú y la situación de su población requiere de atención urgente por parte del estado y de las organizaciones humanitarias.

El sistema de salud de Loreto está sobrepasado, con más de 6.000 personas infectadas y 305 muertes por COVID-19, según el Ministerio de Salud. Sin embargo, el Dr. Carlos Calampa, director regional de salud, ha indicado en entrevistas que el número real de muertes supera las 1.700. De manera devastadora, el 90% del personal de salud se ha infectado y al menos 20 sanitarios han perdido la vida.

La pandemia de la COVID-19 también ha afectado la economía de Loreto. Los empleos son escasos y la población es cada vez más incapaz de obtener alimentos.

Silvia es voluntaria comunitaria en Plan International Perú en Loreto. Ella ha visto de primera mano el desastre provocado por la COVID-19: “Las familias no tienen trabajo. No pueden comprar sus alimentos ni sus medicinas”.

Como en la mayoría de países del mundo, las escuelas han cerrado debido a la pandemia.

“Sé que tengo la suerte de poder seguir mis clases online, puedo repetir las lecciones y descargar mis materiales”, dice Mallory, un adolescente de 15 años.

Sin embargo, aunque algunas niñas y niños en Loreto tengan la opción de asistir a clases virtuales, la mayoría no tiene acceso y ven negado su derecho a la educación.

“Los niños y las niñas no pueden atender a las clases virtuales porque no tienen televisores o radios. No tienen acceso a Internet y no pueden tener clases, pero además es que algunas casas ni siquiera tienen luz eléctrica “, explica Silvia.

La mayoría de los y las adolescentes tienen que usar los teléfonos móviles de sus padres cuando han terminado sus tareas domésticas. Como resultado, los niños y niñas del país corren el riesgo de perder el resto del curso, y las niñas son especialmente vulnerables al fracaso y el abandono escolar.

Los dos hospitales en Iquitos, la capital de Loreto, están desbordados. “La morgue tiene la capacidad de incinerar entre dos y cuatro cuerpos por día. Entre ayer y hoy llegaron más de ocho cuerpos. Eso es el doble de lo que la morgue puede manejar “, señala el gobernador de Loreto, Elisban Ochoa Sosa. Es por eso que la gente muere en sus casas.

“Los médicos no pueden atender a las familias en casa y si llegan al hospital, a menudo no pueden recibir tratamiento porque el sistema de salud está colapsado”, cuenta Silvia.

La incapacidad para trabajar está exacerbando el problema. La gente tiene hambre y está débil. Eso, combinado con la COVID-19 y un sistema de salud pública ineficiente, es mortal.

“En algunos sectores de la región, la gente ya está poniendo banderas blancas, como alerta, pidiendo ayuda para que puedan recibir víveres para alimentarse. Es desesperante, la verdad, porque lo estamos sintiendo en carne propia”, manifiesta Silvia.

Los retornados de la ciudad u otras regiones conllevan un riesgo adicional para la población indígena: pueden infectarse de COVID-19 en sus viajes y llevarlo de regreso a sus comunidades de origen. Otro factor de riesgo proviene de las donaciones de alimentos y medicamentos, que se transportan a través de embarcaciones, que a menudo carecen de las condiciones higiénicas mínimas requeridas.

El apu de la comunidad indígena de Nueva Alianza, Regner Flores Cariajano, está solicitando pruebas para detectar COVID-19: “No queremos convertirnos en un cementerio (…) No nos dejen morir de esta manera”.

También ha habido situaciones en las que el personal médico ha abandonado sus puestos por temor al contagio, debido a la inexistencia de equipos de protección y protocolos de tratamiento. Alrededor de veinte comunidades indígenas están expuestas a COVID-19 después de que once casos positivos llegaron a su territorio. Esto significa que el riesgo de una infección generalizada sin posibilidad de tratamiento está aumentando.

A pesar de estos desafíos, Plan International ha estado respondiendo a la emergencia sanitaria por la COVID-19 en Loreto en las áreas de salud, educación, transferencias de efectivo y agua, saneamiento e higiene (WASH). Se ha conseguido la entrega de Equipo de Protección Individual (EPIs) al personal de salud, así como la transferencia de efectivo a 466 familias a través del “Bono Plan Familiar”, que han usado el dinero para comprar alimentos, material escolar y medicamentos. Además, se han entregado kits educativos, de higiene y de higiene femenina y se han instalado estaciones de lavado de manos.

Plan International ha adquirido 25 altavoces para retrasmitir clases por radio en 25 comunidades donde niñas, niños y adolescentes no tienen acceso a educación a distancia. Además, el equipo de Loreto está difundiendo mensajes clave sobre hábitos saludables de higiene, ofreciendo protección y prevención de la violencia y educando sobre salud sexual y reproductiva en el contexto de COVID-19.

Cuarentena: cuando la casa no significa protección

Por Viviana Santiago, Gerente de género e influencia de Plan International Brasil

Una joven de 17 años en su casa de la provincia rural de Maranhão

 

Ya todo el mundo lo sabe: convivimos con la pandemia del COVID-19 y sus impactos. El coronavirus representa un desafío a la salud pública, para las autoridades y toda la población. En los últimos días, hemos visto que en muchos países ya se han decretado medidas oficiales que limitan la circulación de la gente para intentar prevenir la propagación del virus. Empleados y empleadas trabajando desde la casa; restaurantes, bares, cines, teatros y tiendas cerradas; niñas, niños y adolescentes en casa debido al cierre y paralización de escuelas y actividades recreativas en organizaciones, asociaciones y espacios comunes. Quédate en casa. Esa es la recomendación.

El hogar es el lugar en el que todos y todas debemos estar para atravesar esta situación de forma segura. Estar en casa significa, por encima de todo, la certeza de tener tranquilidad en un espacio de cuidado y aprecio. Significa no desplazarse y no interactuar con personas fuera del círculo familiar. Debería significar protección. Y podría significarlo si la casa no fuera también, para muchas niños, niños y adolescentes, un espacio de violencia.

Mantener a niñas, niños y adolescentes en casa es una medida que conlleva el riesgo de aumentar tensiones intrafamiliares y una sobrecarga de trabajo doméstico para las mujeres adultas y las niñas. Las niñas –que suelen ser consideradas adultas en miniatura- experimentan desde muy pequeñas los impactos de lo que es percibido como natural en la vida de las mujeres. En los hogares marcados por violencia intrafamiliar, que suele afectar más a las mujeres y niñas, este período de confinamiento en casa eleva las condiciones de tensión que pueden llevar a la ruptura de una ya de por sí débil dinámica familiar y traer serios riesgos de violencia. Hay inumerables casos en los que niñas, niños y adolescentes han podido salir de situaciones de violencia en casa porque esa violencia ha sido detectada a través de interacciones con la escuela, a través de consultas básicas en unidades de salud, visitas médicas, proyectos y actividades socio- educativas realizadas por organizaciones de la sociedad civil. Muchas veces, los adultos notan los signos de violencia. Otras veces, son las niñas, niños y adolescentes quienes, al sentirse en espacios y relaciones seguras fuera de casa, indican que sufren episodios violentos en su familia.

En Brasil, cada hora, cuatro niñas menores de 13 años sufren violencia sexual, según estadísticas del Foro de Seguridad Pública de Brasil. Las niñas menores de 13 años representan más de la mitad (54%) de las víctimas de las 66.000 violaciones registradas en el país en 2019. Se estima que hay alrededor de 500.000 casos de violencia sexual al año y que sólo el 10% es reportado. De acuerdo a estudios, la mayor parte de las víctimas son violadas por personas que conocen y la violencia ocurre dentro de sus casas, en sus familias.  Es por ello que es necesario tener en cuenta que las medidas de protección del coronavirus que aislan a niñas, niños y adolescentes también conllevan repercusiones significativas que no deben ser ignoradas y necesitan ser abordadas lo antes posible.

La cuarenta mantiene a niñas y niños lejos de los espacios extra familiares y de las relaciones que son esenciales para reconocer y prevenir círculos continuos de violencia en la casa. Se trata de enfatizar que las medidas relacionadas con la pandemia no deberían ser tomadas sin tener en cuenta un contexto analítico profundo que garantice la protección de niñas, niños y adolescentes. Que el Estado garantice sus derechos para vivir libres de violencia y que garanticemos nuestro rol estipulado en el Artículo 229 de la Constitución Federal de Brasil: “Es nuestro deber el asegurar el derecho a vivir, a tener salud (…) a cada niña, niño, adolescente, con absoluta prioridad,  y ponerlos a resguardo de todas las formas de descuido, discriminación, explotación, violencia, crueldad y opresión”.

 

 

 

 

Vivir al borde del vertedero

Por Alfonso Hernández, responsable de Comunicación de Sonrisas de Bombay

Govandi es uno de los barrios más pobres de Bombay. La gente suele asociar este barrio con nada especial salvo su proximidad con Deonar, el vertedero más grande de la ciudad y uno de los más grandes de toda Asia, que recibe 5.500 toneladas de desechos a diario en sus más de 130 hectáreas de extensión, equivalente a unos 180 campos de fútbol. Justo al lado de este megavertedero se levanta un slum, en el cual vive el 11% de habitantes de los slums de Bombay. Estamos hablando de aproximadamente 575.000 personas. Como si toda la ciudad de Málaga viviera en chabolas.

Nadie quiere vivir en Govandi ni estar cerca del vertedero de Deonar. Por eso es una de las pocas zonas de la hiperpoblada y carísima Bombay – la segunda ciudad más cara del mundo, según Forbes – con espacio para que los últimos que llegan a la ciudad puedan levantar algo parecido a una casa. Unas cuantas planchas de chapa es lo máximo que pueden permitirse estas familias, y esperar mejores perspectivas de futuro. Por desgracia, en el mejor de los casos sus habitantes consiguen malvivir pidiendo dinero en las calles, recogiendo basuras, chatarra o como jornaleros de día. No hay muchas perspectivas de bienestar si tienes que sobrevivir de lo que ofrece un vertedero.

Los niños, por su parte, tampoco tienen muchas probabilidades de salir de ese entorno, ya que a partir de los 4 o 5 años acompañan a sus padres en el vertedero. No es que las tasas de abandono escolar sean sangrantes, sino la escolarización en sí. Hasta los 6 años, cuando comienza la educación primaria obligatoria, los niños tienen tiempo para asimilar y aceptar al vertedero como una fuente de supervivencia, como una posibilidad – incómoda pero real – de ganarse la vida igual que sus padres. De forma que cuando comienzan primaria puede ser demasiado tarde para romper esa relación de dependencia que al mismo tiempo los está excluyendo de un futuro con más oportunidades.

Vivir al borde del vertedero es vivir con 30, 50 euros al mes, cuando el alquiler de una de estas infraviviendas puede costar 400 euros al mes. Una situación de extrema vulnerabilidad y de extrema desigualdad. A unos cuantos kilómetros de Govandi, en los barrios de Worli, Altamount o Malabar Hill, el precio del metro cuadrado es mayor que en Nueva York, y en uno de estos barrios se encuentra la residencia privada más cara del mundo, después del palacio de Buckingham. Su valor: 689 millones de dólares.

Lógicamente, en este paraíso de la desigualdad es donde más sentido tiene actuar para una ONG. En Govandi, Sonrisas de Bombay cuenta con seis parvularios, concretamente en Deonar, Chedda Nagar y Sathe Nagar. También en Govandi comenzamos a actuar, en 2018, en una escuela pública de primaria, Shivajirao Shendge, facilitando becas a 30 niños y niñas de estas familias vulnerables.

Hoy 20 de febrero, Día Internacional de la Justicia Social, desde Sonrisas de Bombay queremos poner el foco en este tipo de realidades incómodas de extrema desigualdad. Donde los desperdicios que arrojan los 557 multimillonarios que viven en Bombay son el medio de vida para más de 15 millones de personas que viven en slums, en la misma ciudad.

Todos somos uno frente a la trata de personas

Por Veronica Blume, exmodelo, empresaria y embajadora de la ONG Sonrisas de Bombay

Hay viajes y VIAJES. Y este ha sido uno de los segundos: un viaje a un lugar que por sí solo es un hervidero de emociones, impactos, impulsos, asombros, olores y sonidos. Bombay, o Mumbai como se llama ahora, dejó una huella profunda en el primer viaje que hice en el 2005, cuando era madre de un niño de dos años que era el eje principal de mi vida.

Conocí a Jaume Sanllorente en una cena y quedé enamorada de su proyecto, la ONG Sonrisas de Bombay. Su historia personal, y el relato de lo que lleva a un hombre a dejarlo todo para ocuparse de un orfanato en Bombay, me fascinó. Ese era un tipo de motivación y compromiso personal que quería conocer más a fondo, así que hice las maletas al poco tiempo y me planté en Bombay.

Me fui de allí con la fijación de volver un día. Y he vuelto 15 años más tarde. Mientras planeábamos este viaje surgió la idea de ofrecer clases de Yoga allí mismo, en los slums. Solo imaginármelo me emocionó profundamente. ¿Yo dando clases en Bombay? Lo que no sabía es que esas clases me cambiarían el concepto que hasta entonces tenía del yoga… o que ser embajadora de Sonrisas de Bombay iba a ser una herramienta de crecimiento para mí.

Decidimos dedicar las clases de yoga a las mujeres víctimas de trata. Según la UNODC, el 72% de las víctimas de la trata son mujeres y niñas, hecho que no es para nada casual ya que la trata de personas es doblemente cruel si la víctima es mujer o menor de edad porque son explotadas con fines sexuales.

Han pasado 15 desde mi primer viaje a la India, años en que me he convertido en una mujer. Con 42 años la conexión entre mujeres se transforma en algo profundo y a menudo mágico. Estas mujeres, sin embargo, han sido toda una revolución para mi manera de entender las cosas hasta el momento. Viven realidades que no nos entran en la cabeza por lo duras que son, y a pesar de eso conservan una ternura, una autenticidad y una fortaleza que no había conocido todavía.

No fueron clases de yoga normales. Fueron encuentros entre humanos que no hablan la misma lengua, pero no necesitan palabras para conectar de verdad. El mayor regalo que me he traído de este viaje ha sido darme cuenta de que no existen realidades inconexas. Cada una de sus historias están íntimamente ligada a las nuestras, podemos sentir su dolor y su alegría, y nuestros actos pueden tener un gran impacto en las suyas.

Todos los países del mundo están involucrados, de una u otra manera, en el entramado que es el tráfico de personas, ya que los países o son captadores de personas o bien receptores o lugares de paso. Esta es una problemática que se ha de combatir de manera global.

Aportar mi granito de arena con Sonrisas de Bombay para ayudar a la recuperación de mujeres supervivientes de la trata ha sido toda una experiencia de toma de conciencia con una realidad que se vuelve íntima y compartida cuando conectamos con ella. En mi caso ha sido a través del yoga, pero puede ser de otras muchas formas. En Bombay he vuelto a recordar que “todos somos uno” no es solamente una frase bonita, sino una realidad en la que tanto tú como yo podemos marcar una diferencia.

(Fotos: Errikos Andreou)

Verónica nació el 17 de julio de 1977 en Alemania. Hija de un alemán y de una uruguaya, se ha criado entre varias culturas y por ello habla cinco idiomas. Debutó a los 16 años como modelo y se trasladó a vivir a Nueva York durante 2 años, en los que afianzó su presencia en el mundo de la moda y la televisión. Más tarde se mudó a Londres y actualmente vive en Barcelona, la ciudad que le aporta calma. A los 25 años, tras el nacimiento de su hijo Liam, decidió dar un giro a su vida y centrarse en el yoga. Se formó durante cinco años Kundalini Yoga, un inicio que le llevó a crear en 2015 su centro de yoga en Barcelona, y a dedicarse de lleno a la enseñanza de esta disciplina. Es embajadora de Sonrisas de Bombay desde que visitó los proyectos de la ONG por primera vez en 2005.

Día Mundial de la Educación: ¿cómo lograr que cada niño aprenda?

Por Robert Jenkins, jefe de educación de la División de Programas de UNICEF, y Mohamed Malick Fall, director regional de UNICEF para África oriental y meridional

En la región de Tigray, en Etiopía, una profesora de educación infantil llena su aula, en una zona rural, de alegres materiales, y enseña a sus alumnos de manera creativa. Les da el mejor comienzo en la vida para aprender.

“Todavía recuerdo los pájaros de papel que nos hacía para enseñarnos los números”, rememora Milkawit Getnet, que ahora tiene 12 años. “Me siguen encantando las matemáticas, de mayor quiero ser profesor de mates”.

La historia de Milkawit es solo un ejemplo de cómo millones de niños se benefician de la educación infantil, cuyos aprendizajes llevan consigo durante el resto de su escolarización. Es también un recordatorio de los 175 millones de niños que se están perdiendo esta oportunidad fundamental, y que sufren profundas desigualdades desde el principio.

Día Mundial de la Educación: ¿cómo lograr que cada niño aprenda?

La profesora de educación infantil Tsadkan Demissie, en su aula en Tigray, región de Etiopía. /© UNICEF/Ethiopia/2019/MulugetAyene

El corazón de la estrategia de educación de UNICEF para 2019-2030 tiene un claro y ambicioso objetivo: Cada niño aprende. Lograrlo, y cumplir el Objetivo de Desarrollo Sostenible 4, es todo un reto. Con las tendencias actuales, 1.400 millones de niños en edad escolar vivirán en países de ingresos medios y bajos en 2030. De ellos, 420 millones no aprenderán las nociones más básicas durante su infancia, y 825 millones no adquirirán los conocimientos básicos del nivel de secundaria.

Los niños más desfavorecidos son los que más necesitan oportunidades de aprendizaje temprano. Y, sin embargo, son los que menos acceso tienen a ellas. En los países de ingresos bajos, solo 1 de cada 5 niños pequeños está matriculado en educación infantil. En África, donde 1 de cada 3 niños está matriculado en este tramo de educación, los más pobres tienen siete veces menos posibilidades de acudir a la escuela infantil que los más ricos.

Los presupuestos educativos para la educación infantil temprana son insuficientes, y el acceso a escuelas infantiles de calidad es inadecuado. En África oriental y meridional, tan solo el 1,8 por ciento de los presupuestos educativos se destina a este tramo de educación, cuando la recomendación global de referencia de UNICEF es el 10%.

¿Cómo acelerar el progreso?

UNICEF ha comprometido el 10% de sus recursos para educación a la educación infantil temprana, y quiere acelerar sus esfuerzos para proporcionar oportunidades de educación temprana a millones de niños, mediante estas acciones:

  • Apoyar a los ministerios de Educación para priorizar e invertir en, al menos, un año de educación infantil.
  • Sensibilizar para que al menos el 10% de los recursos educativos se destinen a educación infantil temprana, tanto en los presupuestos nacionales como en la ayuda de donantes y aliados.
  • Apoyar a los gobiernos en el desarrollo de sistemas de educación preescolar fuertes, y construir la capacidad para implementar la educación infantil temprana a escala, incluyendo estándares de calidad, currículos según edad, formación de maestros y compromiso de las familias para demandar educación de calidad.
  • Incorporar la educación infantil temprana en todos los presupuestos y planes de respuesta de emergencias y aumentar la innovación, de manera que se garantice el acceso de los niños más vulnerables a educación preescolar.
  • Impulsar que todos los aliados, incluidos los del sector privado, los no lucrativos y las organizaciones religiosas, contribuyan a aumentar el acceso a educación preescolar de calidad.

Los avances en África oriental y meridional

En esta región, UNICEF está dando un apoyo integral a los países para integrar la educación infantil temprana en sus planes educativos; también les anima a evaluar la capacidad de sus sistemas para poder proporcionar una educación preescolar de calidad, y ha destinado recursos adicionales para educación infantil temprana. Los indicios de nuevos avances son numerosos.

Las comunidades y organizaciones religiosas se están organizando para demandar y proporcionar mejores servicios educativos preescolares en Comoros, Ruanda y Uganda. El Ministerio de Educación de Sudán del Sur se ha comprometido a aumentar el presupuesto para este tramo educativo del 10al 15%, y ya hay planes para aumentar la financiación –tanto pública como de donantes- de la educación infantil temprana en Botsuana, Lesoto, Malawi y Mozambique.

Los países no solo están aumentando sus inversiones, sino que también están aumentando la eficiencia y eficacia de todo su sistema educativo. El objetivo es acelerar el desarrollo de habilidades y una educación de calidad para niños y niñas, especialmente para los marginados o los que viven en situación de emergencia, desde sus primeros años hasta la adolescencia.

Para lograrlo, debemos hacer todo lo que podamos para garantizar que cada niño acuda a una escuela infantil de calidad, darles la mejor oportunidad de tener éxito en la vida y construir cimientos sólidos para las generaciones futuras. UNICEF perseguirá esta visión con cada céntimo de sus recursos, con compromiso y con toda la dedicación profesional.

De Benín a Canadá: la increíble historia de Nicolas y Denis

Por Denis Hargrave, productor de documentales

Un niño en Benín. Un encuentro casual en Canadá. Una historia que ha tardado 45 años en contarse.

Después de toda una vida haciendo documentales por todo el mundo, a menudo me he preguntado qué ocurría con las personas que aparecían en ellos después de conocerles y capturar sus historias.

Esta historia comienza hace 45 años.

Yo era un joven productor de la Corporación Canadiense de Radiodifusión (CBC), y esperaba que mi siguiente encargo me llevara a un lugar de difícil acceso.

En 1968 me enviaron a Dahomey (ahora Benín), en África Occidental, para grabar un documental para la CBC y UNICEF. Era parte de una serie llamada “Niños del mundo”. Viajé a diez países para realizar la serie entera, pero es el capítulo de Benín el que se me quedó grabado.

El rodaje era en Ganvie, un pueblo de 22.000 habitantes situado encima de un gran lago. Nuestra misión era contar la historia de un niño que hubiera recibido la ayuda de UNICEF.

Y así conocí a Nicolas.

De Benín a Canadá: la increíble historia de Nicolas y Denis

Nicolas, en primera fila, con 10 años, en la escuela de UNICEF en Ganvie / ©UNICEF/UNI160603/Hargrave

Donde todo empieza: una escuela de UNICEF

Estaba en una pequeña aula de UNICEF. Era la única escuela de Ganvie. Nicolas Mignanwande era un chico de 11 años, brillante pero tímido. Él sería el protagonista de mi documental. Había algo en él. Desprendía tranquilidad y confianza.

Pero en Ganvie, sobrevivir era una batalla.

Cada día, Nicolas recorría largos trayectos en canoa hasta el único grifo de agua para garantizar que su familia tenía agua potable. Pescaba, como el resto de niños. Nicolas sabía que se esperaba de él que cuando creciera fuera un pescador, como el resto de hombres de su aldea.

Me gustaría pensar que fue durante esos largos trayectos cuando empezó a pensar que él podría ser algo más.

Estuve diez días con Nicolas y su familia, recogiendo la vida en Ganvie y la única esperanza que tenía aquel niño: la escuela de UNICEF.

Y, así, llegó el día de mi partida.

Un giro de los acontecimientos inesperado

Durante 45 años, me he preguntado a menudo qué habría sido de Nicolas.

En todo este tiempo he hecho muchos más documentales y he tenido dos hijos. Pero de vez en cuando seguía pensando en Nicolas. Hasta el año pasado.

Conocí a una mujer llamada Celine Ahodekon en una ciudad cercana a la mía. Y aquí es donde esta historia da un giro inesperado.

Celine llevaba una cesta de tela, parecida a las que recordaba haber visto en Benín. No pude evitar acércame a ella y empezamos a hablar de cómo era la vida allí hoy en día. Le conté sobre mi documental, y le hablé de Nicolas. Para mi sorpresa, descubrí que Celine era de una aldea a solo unas horas de Ganvie. Ella se quedó intrigada y prometió averiguar algo sobre él.

La mujer contactó con su sobrino en Benín, y él activó a sus contactos en su comunidad. Increíblemente, al cabo de unas semanas había localizado a Nicolas. Y, más increíble aún, este vivía a solo cinco kilómetros del sobrino de Celine.

Nunca habría imaginado saber qué había pasado con Nicolas, pero ahí estaba. 45 años después.

Sabía que tenía que volver a Benín. Sabía que necesitaba ver a Nicolas. No podía pasar el resto de mi vida preguntándome qué habría sido de él.

Y lo que supe de él fue mejor de lo que nunca podría haber imaginado.

De Benín a Canadá: la increíble historia de Nicolas y Denis

Nicolas y Denis, tras su reencuentro 45 años después  / ©UNICEF/UNI160598/Hessou

Nicolas estudió y trabajó duro. Pasó de esa sencilla clase de UNICEF a tener su propia aula. Se convirtió en profesor. Pero eso no era todo. Llegó a ser el Director de Educación de Ganvie.

Multiplicando las semillas de la educación

Ahora Nicolas está jubilado. Pero no ha he dado de trabajar, de manera incansable, para cambiar las cosas en su comunidad. Está muy ocupado dando a las niñas de Ganvie la oportunidad de aprender y ser algo más. Está construyendo una escuela para niñas que contribuya a empoderar a las futuras líderes femeninas de Ganvie.

Hoy, en países de todo el mundo, millones de niños como Nicolas están alcanzando todo su potencial gracias al apoyo de UNICEF y sus donantes. No podemos conocer el final de la historia de cada uno de estos niños. Pero hay muchas más historias como la de Nicolas que merecen ser contadas.

Día Internacional de la Niña: el poder de las profesoras para reforzar la educación de las niñas en Etiopía

Por Amanda Westfall, UNICEF Etiopía

Asyia Adam, de 20 años, es un ejemplo de cómo la inversión en profesoras puede ayudar a construir una nueva generación de líderes en Etiopía.

La región de Afar, en Etiopía, es una de las más duras y calurosas del mundo, y tiene el récord de la temperatura media más alta de un lugar habitado (más de 41ºC). También es la zona más afectada por sequías: en 2015, medio millón de personas se quedaron sin ningún abastecimiento de agua. Cuando el acceso a recursos esenciales disminuye con cada estación seca, y uno se ve obligado a migrar para buscar agua y alimento, es necesario ser muy fuerte para sobrevivir.

Las mujeres tienen que ser más fuertes aún si quieren sobrevivir, prosperar, seguir en la escuela, terminarla, y encontrar un trabajo remunerado de adultas. El 91% de ellas sufren la mutilación genital femenina, el 66% se casan siendo niñas, y solo el 2,1% completa su educación primaria.

Asyia Adam, de 20 años, se casó con el hombre mayor que sus padres escogieron para ella cuando tenía 16 años y cursaba sexto grado. Su marido solo había completado hasta el octavo curso, y se negaba a que Asyia tuviera más educación que él.

Día Internacional de la Niña: el poder de las profesoras para reforzar la educación de las niñas en Etiopía

Asyia se ha convertido en un gran ejemplo para sus alumnas, sus hermanas y las niñas de su comunidad /©UNICEF

Pero Asyia ya había visto cómo demasiadas niñas habían dejado la escuela a causa del matrimonio, y no quería que a ella le pasara lo mismo. Su educación era demasiado importante. Le llevó algún tiempo convencer a su marido y a sus padres, pero finalmente ellos estuvieron de acuerdo en apoyar sus sueños. Tuvo que desplazarse 220 kilómetros para asistir y terminar la escuela secundaria en la ciudad de Logyia, y después obtuvo un título de enseñanza básica en la facultad de magisterio. Solo el 1,5% de la niñas de Afari alcanzan ese nivel educativo.

Dado que Asyia y su marido tenían diferentes perspectivas de futuro para ella, se divorciaron. El proceso llevó un tiempo, pero finalmente terminó el año pasado.

Contra todo pronóstico, Asyia es ahora profesora remunerada de educación infantil en una escuela pública del distrito de Teru para niños de comunidades de pastores. Cada día enseña e inspira a 60 niños.

Cuando el gobierno introdujo en estas comunidades de pastores estas aulas, fue difícil comprender los beneficios. Sin profesores especializados en educación infantil y sin apenas recursos, las escuelas asignaban a cualquier profesor de primaria esta clase extra. En la mayoría de los casos, las clases no eran interesantes y no enganchaban, así que los niños seguían abandonando. La tasa de abandono al llegar a primer grado era del 22%.

Junto con el gobierno, UNICEF desarrolló un programa de formación para profesores de educación infantil temprana. Trataba de la importancia de la estimulación temprana, de la planificación de las clases y de las actividades para niños pequeños basadas en el juego. UNICEF también apoyó la construcción de nuevas aulas de educación infantil y la distribución de materiales de juego y educativos.

Asyia participó en una de las formaciones de 20 días el pasado mes de noviembre. En su titulación de enseñanza general no había aprendido la importancia que tienen la estimulación precoz y las actividades basadas en el juego para el desarrollo mental de los niños pequeños. La formación de UNICEF también le enseñó a planificar las clases. “Antes, ni siquiera sabía que se debían planificar”. Ahora programa cada lección adecuadamente y ha notado una diferencia real. “Antes, los niños eran tímidos y temían venir. Ahora, debido a esa participación activa, les encanta venir. A veces no quieren volver a casa”.

También me contó su nuevo objetivo: “Si mejoro mis métodos y enseño participación activa, para cuando terminen el curso los niños deberían poder escribir, leer y expresarse por sí mismos, así como haber adquirido las habilidades de comportamiento necesarias para empezar el grado 1”.

Asyia es un verdadero modelo para todos los estudiantes, pero especialmente para las niñas. Cuando pregunté a sus alumnos por qué les gusta la escuela, Ahmed Mohammed, Halima Abdu y Ali Ahmed, todos de 6 años, me dijeron que la razón principal era su profesora: Asyia. Cuando le pregunté a ella si se considera un ejemplo para sus alumnas, sus hermanas –es la mayor de nueve hermanos- y las niñas de su comunidad, me dijo con una gran sonrisa y orgullo en sus ojos: “Sí”.

Si las comunidades de pastores no ven el valor de la educación, es obvio que las niñas no permanecerán en la escuela. Se necesitan profesoras cualificadas, formadas, inspiradoras y dedicadas –como Asyia- para lograr un cambio positivo para las niñas que viven en el árido clima de Afar.

Asyia vive ahora como mujer soltera en su propia casa tradicional, a tan solo un paseo de la escuela. Es feliz, está empoderada y sigue inspirando a las niñas para que pongan su educación en primer lugar.

UNICEF aboga por llevar a más mujeres a papeles de liderazgo en la educación, para que así ellas puedan inspirar a las niñas y jóvenes a liderar su país en el futuro.

Juntas somos más fuertes

Emilia Sánchez, directora de Incidencia Política de Plan International

Un año después de la crisis rohingya, aproximadamente un millón de personas están viviendo en el mayor campo de refugiados del mundo, en Cox’s Bazar, Bangládes. La situación es crítica para todas estas personas, pero lo es especialmente para las niñas y adolescentes.

Después de huir de Myanmar por culpa de la violencia extrema, las jóvenes han seguido altamente expuestas a la violencia y los abusos durante su desplazamiento hasta llegar a los campamentos; y también una vez instaladas. Las niñas y las adolescentes se encuentran atrapadas en tiendas minúsculas, donde tienen que convivir hacinadas con desconocidos. Muchas de ellas están solas y viven con miedo, sin el acceso necesario a la educación, la comida, el agua potable o las letrinas. Todo ello las hace estar enormemente expuestas a los abusos, la violencia física o sexual, el matrimonio infantil o el tráfico de personas.

Así lo recoge nuestro estudio ‘Adolescentes en Emergencias: Voces de Bangladés’ donde contamos cómo es el día a día de las jóvenes rohingya en los campamentos. Queríamos hablar personalmente con las chicas para conocer cuáles son sus necesidades, sus miedos, pero también sus sueños, y así enfocar nuestros programas a lo que ellas demandan. Las jóvenes desean poder ir a la escuela, tener aseos cercanos a sus tiendas y sentirse seguras en los campamentos.

En Bangladés hemos creado espacios dedicados únicamente a las adolescentes, para que las chicas tengan un lugar en el que recibir apoyo psicológico y hablar de las cuestiones que más les preocupan, como puede ser el abuso sexual. También hemos construido letrinas cerca de las tiendas para que no tengan que adentrarse dentro del bosque por la noche, algo que tal y como nos han dicho, les da miedo.

Pero más allá de nuestro trabajo, me ha llamado extraordinariamente la atención la solidaridad entre ellas, cómo las chicas han creado comités de bienvenida a las chicas nuevas que llegan al campamento, cómo comparten su comida para que ninguna pase hambre y cómo han desarrollado estrategias para sentirse seguras. Cuando les preguntamos por qué hacían esto nos respondieron: “Porque hemos descubierto que juntas somos más fuertes”.

Sin duda, tenemos mucho que aprender de las adolescentes rohingya y su resiliencia ante esta situación de emergencia. Es imprescindible que se las escuche y se las tenga en cuenta en los programas de ayuda humanitaria. Ellas nos han dicho que el apoyo psicológico, la familia o poder tener relaciones de amistad con sus iguales, son para ellas igual de importantes que el agua potable o los alimentos. En nuestra mano está apoyarlas.

Crecer en positivo: sobreviviendo al VIH/SIDA en Kirguistán

Por Leyla Alyanak, UNICEF en Kirguistán

Nurdin viene hacia mí y me tiende la mano para saludarme. Mientras nos sentamos para charlar, este niño de 10 años, bien vestido y reflexivo, alterna entre su móvil y sus lápices de colores. Hay una cosa de la que no hablará: el estatus de su VIH/SIDA, y cómo ha sufrido por ello.

No responderá preguntas sobre cómo le trataban los otros niños en la escuela. Ni hablará sobre el dolor de ser diferente.

El estigma que rodea al VIH/SIDA en Osh, la segunda ciudad más grande de Kirguistán, sigue vivo. Si no fuera así, podríamos utilizar el nombre real de Nurdin.

Nurdin tiene suerte de seguir vivo. Él es uno de los muchos niños infectados por VIH/SIDA debido a sangre contaminada en una epidemia que afectó a los hospitales de Osh entre 2007 y 2010.

Crecer en positivo: sobreviviendo al VIH/SIDA en Kirguistán

Muchos niños de Osh, Kirguistán, tienen VIH/SIDA debido a la sangre contaminada de un hospital / ©UNICEF Kirguistán

En el momento de la epidemia, los medicamentos antirretrovirales eran raros en esta parte del país. Cuando estaban disponibles, los doctores a menudo no tenían los conocimientos suficientes acerca de cómo administrarlos.

E incluso cuando los médicos sabían, a menudo los padres rechazaban las medicinas o no se las daban a sus hijos porque desconfiaban de un sistema sanitario al que acusaban de haber causado la infección.

Cinco niños murieron.

De la supervivencia al estigma

La provincia de Osh es la segunda del país con las tasas más altas de infección de VIH/SIDA. Los intercambios de agujas (desechar las usadas para utilizar esterilizadas), llegar a población clave y una mejor información pública son medidas que forman parte de la actual respuesta para mejorar la situación.

Todos estos esfuerzos están dando sus frutos. “Entre 2009 y 2010 teníamos 250 nuevas infecciones por VIH/SIDA cada año”, explica Elmira Narmatova, directora del Centro de VIH de Osh. “Este año tenemos menos de 100”.

Este centro proporciona un entorno adecuado para niños, un sistema de diagnóstico para que los recién nacidos reciban antirretrovirales lo antes posible y un sistema móvil de seguimiento de los pacientes. Aquí más del 95% de los niños con VIH/SIDA tienen acceso a tratamiento antirretroviral.

Pero por muy bueno que sea el sistema de apoyo, el camino de los jóvenes hacia una vida normal sigue lleno de dificultades.

“Seguimos sin haber abordado el estigma de los primeros días de la epidemia. La gente sigue sin poder aceptar que es una infección que puede afectar a cualquiera”, reconoce Narmatova. “El estigma ha disminuido entre el personal médico, y ahora lo ven más como una enfermedad crónica. Pero entre la sociedad sigue siendo muy fuerte”.

Las consecuencias en las familias

Hadija, la madre de Nurdin, conoce el estigma de primera mano. “Cuando mi marido se enteró, me acusó de haberle sido infiel y me abandonó”, nos cuenta.

Ella cree que tanto ella como sus hijos fueron infectados en la sala de maternidad. Ahora que su marido se ha ido, se mantiene trabajando como trabajadora social en el centro de VIH, ayudando a los niños a aceptar su enfermedad.

Otra madre, Mahabad, ha sido ligeramente más afortunada: al menos ella puede hablar del tema en casa. Entre su ex familia política –su marido también la abandonó- hay médicos, y la comprenden. Su propia hija es seropositiva y aún no lo sabe, pero pregunta por qué tiene que tomar tantas medicinas.

Crecer en positivo: sobreviviendo al VIH/SIDA en Kirguistán

Adolescentes con VIH/SIDA, jugando a un juego sobre la importancia de seguir el tratamiento / ©UNICEF Kirguistán

Nurdin podría elegir no hablar de ello, pero conoce su situación. Muchos niños no.

“Para estos niños es importante conocer su estado antes de llegar a la adolescencia”, asegura Cholpon Imanalieva, especialista de salud de UNICEF Kirguistán. “Tienen el derecho a saber, o se sentirán engañados. Esto podría llevarles incluso al suicidio”.

“Nos preocupa cómo integrar a los jóvenes en la sociedad, añade Narmatova. “Ellos preguntan a sus padres: ‘¿Por qué soy diferente?’, ‘¿Por qué mis compañeros de clase no toman pastillas como yo?’”.

Contar a tu hijo o hija que es seropositivo es doloroso. Para Aygul, otra madre del centro, la parte más dura fue la discriminación a la que se enfrentó su hijo cuando los profesores y compañeros de escuela se enteraron de que tenía VIH/SIDA.

“Necesitamos abrirnos a los profesores, que pasan horas con los niños, no solo a los padres y doctores”, opina.

La educación, cree, es la única respuesta. “Las actitudes deben cambiar. En vez de estigmatizar a un niño, debería haber un conocimiento general sobre el VIH/SIDA, para que estos niños sean aceptados como cualquier otro”.

Para Nurdin, la vida ya no es supervivencia. Ha aceptado su situación, pero sabe que es diferente, aunque prefiera no hablar de ello. Las madres también han mejorado en la aceptación. Ahora solo esperan una cosa: que la sociedad también les acepte.

Qué está haciendo UNICEF

UNICEF ayuda al Ministerio de Sanidad de Kirguistán, junto con ONUSIDA y el gobierno ruso, a proporcionar apoyo psicosocial a los niños y familias con VIH/SIDA. UNICEF también organiza formaciones en Osh para personas con el virus y para organizaciones no gubernamentales.

Este mes de julio, UNICEF y sus aliados han organizado un campamento para adolescentes con VIH/SIDA procedentes de Bielorrusia, Kirguistán, Tayikistán y Uzbekistán. Aquí se reúnen niños que ya conocen que tienen el virus, para comprender mejor la enfermedad, así como su capacidad de vivirla de manera positiva.

Para muchos de los niños y adolescentes del campamento, esta ha sido la primera vez que han podido hablar abiertamente entre iguales acerca de su miedo a revelar su condición a amigos y familiares, su ansiedad acerca de su futuro, o sobre la discriminación que sufren cada día.

Notas desde el Congo (IV): La pequeña de ojos asombrados

Por Ida Moberg, doctora de MSF en la República Democrática del Congo

La doctora Ida Moberg se encuentra en su primera misión con Médicos Sin Fronteras (MSF). Desde el poblado de Numbi, en la provincia de Kivu sur, al este de la República Democrática del Congo (RDC), relatará en un diario de campaña el trabajo en el hospital de esta pequeña aldea y el día a día de las comunidades locales.

La cesárea en curso acaba de dar un giro inesperado. La placenta está atrapada en el útero y la mujer se desangra en la mesa de operaciones. Solicitamos el apoyo de otro cirujano. Los dos médicos y la anestesista tratan de detener el sangrado. Mientras, yo me encargo de la pequeña bebé. Es prematura. Ha nacido un mes antes de la fecha prevista del parto y no llega a los dos kilos.

Le cuesta respirar así que después de limpiarla, ventilo sus pulmones por medio de un balón de respiración. Tras unos minutos, respira por sí misma y la llevamos a la sala de recién nacidos.

A pesar de la cirugía y de varias transfusiones de sangre, no podemos salvar la vida de la mujer. Ahora la pequeña está sola en el hospital. Su padre llega al día siguiente. Sin embargo, regresa a su pueblo para enterrar el cuerpo de su esposa y deja a la bebé en el hospital. Desde entonces, la niña ha estado sola.

Una bebé prematura en una hospital de MSF en Kivu norte. Gwenn Dubourthoumieu / MSF

La pequeña sufre una infección que tratamos con antibióticos por vía intravenosa. También tiene ictericia y aquí, en el hospital de Numbi, no podemos medir la cantidad de bilirrubina (la sustancia que causa ictericia) en la sangre. Tampoco tenemos una lámpara UV para tratarla. Lo único que tenemos son los rayos del sol, que ahora, en la época de lluvias, brillan por su ausencia. Por fortuna, a pesar de estas limitaciones la ictericia remite y la infección disminuye.

El otro gran problema es la alimentación de la pequeña. Es difícil encontrar leche materna aquí. Los hospitales de Suecia cuentan por lo general con un banco de reservas, pero estos es impensable en Numbi. No obstante, otra madre que acaba de dar a luz, comparte su leche con la pequeña que, de este modo, gana algo de peso.

Ahora la niña me mira con ojos de asombro. Quizás se pregunta que hace una muzungu (persona blanca en swahili) mirándola de este modo. A pesar del arduo comienzo de su vida, se siente algo mejor y con suerte tendrá el alta en poco tiempo. Pero no sabemos si su padre regresará o si tendremos que buscar a una familia que la adopte. Cruzo los dedos para que su padre regrese la próxima semana.