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Crecer en positivo: sobreviviendo al VIH/SIDA en Kirguistán

Por Leyla Alyanak, UNICEF en Kirguistán

Nurdin viene hacia mí y me tiende la mano para saludarme. Mientras nos sentamos para charlar, este niño de 10 años, bien vestido y reflexivo, alterna entre su móvil y sus lápices de colores. Hay una cosa de la que no hablará: el estatus de su VIH/SIDA, y cómo ha sufrido por ello.

No responderá preguntas sobre cómo le trataban los otros niños en la escuela. Ni hablará sobre el dolor de ser diferente.

El estigma que rodea al VIH/SIDA en Osh, la segunda ciudad más grande de Kirguistán, sigue vivo. Si no fuera así, podríamos utilizar el nombre real de Nurdin.

Nurdin tiene suerte de seguir vivo. Él es uno de los muchos niños infectados por VIH/SIDA debido a sangre contaminada en una epidemia que afectó a los hospitales de Osh entre 2007 y 2010.

Crecer en positivo: sobreviviendo al VIH/SIDA en Kirguistán

Muchos niños de Osh, Kirguistán, tienen VIH/SIDA debido a la sangre contaminada de un hospital / ©UNICEF Kirguistán

En el momento de la epidemia, los medicamentos antirretrovirales eran raros en esta parte del país. Cuando estaban disponibles, los doctores a menudo no tenían los conocimientos suficientes acerca de cómo administrarlos.

E incluso cuando los médicos sabían, a menudo los padres rechazaban las medicinas o no se las daban a sus hijos porque desconfiaban de un sistema sanitario al que acusaban de haber causado la infección.

Cinco niños murieron.

De la supervivencia al estigma

La provincia de Osh es la segunda del país con las tasas más altas de infección de VIH/SIDA. Los intercambios de agujas (desechar las usadas para utilizar esterilizadas), llegar a población clave y una mejor información pública son medidas que forman parte de la actual respuesta para mejorar la situación.

Todos estos esfuerzos están dando sus frutos. “Entre 2009 y 2010 teníamos 250 nuevas infecciones por VIH/SIDA cada año”, explica Elmira Narmatova, directora del Centro de VIH de Osh. “Este año tenemos menos de 100”.

Este centro proporciona un entorno adecuado para niños, un sistema de diagnóstico para que los recién nacidos reciban antirretrovirales lo antes posible y un sistema móvil de seguimiento de los pacientes. Aquí más del 95% de los niños con VIH/SIDA tienen acceso a tratamiento antirretroviral.

Pero por muy bueno que sea el sistema de apoyo, el camino de los jóvenes hacia una vida normal sigue lleno de dificultades.

“Seguimos sin haber abordado el estigma de los primeros días de la epidemia. La gente sigue sin poder aceptar que es una infección que puede afectar a cualquiera”, reconoce Narmatova. “El estigma ha disminuido entre el personal médico, y ahora lo ven más como una enfermedad crónica. Pero entre la sociedad sigue siendo muy fuerte”.

Las consecuencias en las familias

Hadija, la madre de Nurdin, conoce el estigma de primera mano. “Cuando mi marido se enteró, me acusó de haberle sido infiel y me abandonó”, nos cuenta.

Ella cree que tanto ella como sus hijos fueron infectados en la sala de maternidad. Ahora que su marido se ha ido, se mantiene trabajando como trabajadora social en el centro de VIH, ayudando a los niños a aceptar su enfermedad.

Otra madre, Mahabad, ha sido ligeramente más afortunada: al menos ella puede hablar del tema en casa. Entre su ex familia política –su marido también la abandonó- hay médicos, y la comprenden. Su propia hija es seropositiva y aún no lo sabe, pero pregunta por qué tiene que tomar tantas medicinas.

Crecer en positivo: sobreviviendo al VIH/SIDA en Kirguistán

Adolescentes con VIH/SIDA, jugando a un juego sobre la importancia de seguir el tratamiento / ©UNICEF Kirguistán

Nurdin podría elegir no hablar de ello, pero conoce su situación. Muchos niños no.

“Para estos niños es importante conocer su estado antes de llegar a la adolescencia”, asegura Cholpon Imanalieva, especialista de salud de UNICEF Kirguistán. “Tienen el derecho a saber, o se sentirán engañados. Esto podría llevarles incluso al suicidio”.

“Nos preocupa cómo integrar a los jóvenes en la sociedad, añade Narmatova. “Ellos preguntan a sus padres: ‘¿Por qué soy diferente?’, ‘¿Por qué mis compañeros de clase no toman pastillas como yo?’”.

Contar a tu hijo o hija que es seropositivo es doloroso. Para Aygul, otra madre del centro, la parte más dura fue la discriminación a la que se enfrentó su hijo cuando los profesores y compañeros de escuela se enteraron de que tenía VIH/SIDA.

“Necesitamos abrirnos a los profesores, que pasan horas con los niños, no solo a los padres y doctores”, opina.

La educación, cree, es la única respuesta. “Las actitudes deben cambiar. En vez de estigmatizar a un niño, debería haber un conocimiento general sobre el VIH/SIDA, para que estos niños sean aceptados como cualquier otro”.

Para Nurdin, la vida ya no es supervivencia. Ha aceptado su situación, pero sabe que es diferente, aunque prefiera no hablar de ello. Las madres también han mejorado en la aceptación. Ahora solo esperan una cosa: que la sociedad también les acepte.

Qué está haciendo UNICEF

UNICEF ayuda al Ministerio de Sanidad de Kirguistán, junto con ONUSIDA y el gobierno ruso, a proporcionar apoyo psicosocial a los niños y familias con VIH/SIDA. UNICEF también organiza formaciones en Osh para personas con el virus y para organizaciones no gubernamentales.

Este mes de julio, UNICEF y sus aliados han organizado un campamento para adolescentes con VIH/SIDA procedentes de Bielorrusia, Kirguistán, Tayikistán y Uzbekistán. Aquí se reúnen niños que ya conocen que tienen el virus, para comprender mejor la enfermedad, así como su capacidad de vivirla de manera positiva.

Para muchos de los niños y adolescentes del campamento, esta ha sido la primera vez que han podido hablar abiertamente entre iguales acerca de su miedo a revelar su condición a amigos y familiares, su ansiedad acerca de su futuro, o sobre la discriminación que sufren cada día.

Notas desde el Congo (IV): La pequeña de ojos asombrados

Por Ida Moberg, doctora de MSF en la República Democrática del Congo

La doctora Ida Moberg se encuentra en su primera misión con Médicos Sin Fronteras (MSF). Desde el poblado de Numbi, en la provincia de Kivu sur, al este de la República Democrática del Congo (RDC), relatará en un diario de campaña el trabajo en el hospital de esta pequeña aldea y el día a día de las comunidades locales.

La cesárea en curso acaba de dar un giro inesperado. La placenta está atrapada en el útero y la mujer se desangra en la mesa de operaciones. Solicitamos el apoyo de otro cirujano. Los dos médicos y la anestesista tratan de detener el sangrado. Mientras, yo me encargo de la pequeña bebé. Es prematura. Ha nacido un mes antes de la fecha prevista del parto y no llega a los dos kilos.

Le cuesta respirar así que después de limpiarla, ventilo sus pulmones por medio de un balón de respiración. Tras unos minutos, respira por sí misma y la llevamos a la sala de recién nacidos.

A pesar de la cirugía y de varias transfusiones de sangre, no podemos salvar la vida de la mujer. Ahora la pequeña está sola en el hospital. Su padre llega al día siguiente. Sin embargo, regresa a su pueblo para enterrar el cuerpo de su esposa y deja a la bebé en el hospital. Desde entonces, la niña ha estado sola.

Una bebé prematura en una hospital de MSF en Kivu norte. Gwenn Dubourthoumieu / MSF

La pequeña sufre una infección que tratamos con antibióticos por vía intravenosa. También tiene ictericia y aquí, en el hospital de Numbi, no podemos medir la cantidad de bilirrubina (la sustancia que causa ictericia) en la sangre. Tampoco tenemos una lámpara UV para tratarla. Lo único que tenemos son los rayos del sol, que ahora, en la época de lluvias, brillan por su ausencia. Por fortuna, a pesar de estas limitaciones la ictericia remite y la infección disminuye.

El otro gran problema es la alimentación de la pequeña. Es difícil encontrar leche materna aquí. Los hospitales de Suecia cuentan por lo general con un banco de reservas, pero estos es impensable en Numbi. No obstante, otra madre que acaba de dar a luz, comparte su leche con la pequeña que, de este modo, gana algo de peso.

Ahora la niña me mira con ojos de asombro. Quizás se pregunta que hace una muzungu (persona blanca en swahili) mirándola de este modo. A pesar del arduo comienzo de su vida, se siente algo mejor y con suerte tendrá el alta en poco tiempo. Pero no sabemos si su padre regresará o si tendremos que buscar a una familia que la adopte. Cruzo los dedos para que su padre regrese la próxima semana.

Notas desde el Congo (II): Hakuna matata

Por Ida Moberg, doctora de MSF en la República Democrática del Congo

La doctora Ida Moberg se encuentra en su primera misión con Médicos Sin Fronteras (MSF). Desde el poblado de Numbi, en la provincia de Kivu sur, al este de la República Democrática del Congo (RDC), relatará en un diario de campaña el trabajo en el hospital de esta pequeña aldea y el día a día de las comunidades locales.  

Han pasado unos días desde que llegué a Numbi. Todo es intenso y lleno de nuevas experiencias. También está siendo una lucha para mí lidiar con el francés. De hecho, varias veces, me he descubierto pensando en cómo he podido ser tan inconsciente en aceptar una misión en un país en el que se habla francés…

Pero para complicar aún más las cosas, no todo el mundo lo habla, claro. La lengua de la mayoría de los pacientes del hospital es el swahili y el kinyarwanda. Así que he aprendido algunas frases en swahili para saludarlos y preguntarles cómo se sienten:

Habari Gani (¿Cómo estás?)

Unaumwa na nini (¿Qué te pasa?)

De todos modos, hay veces en que puedo identificar el problema que tiene el paciente. Pero si este acude a la consulta con una historia algo más larga, me quedo allí de pie, quieta, cómo un gran signo de interrogación. Por suerte, hay una enfermera local que traduce del swahili al francés para que la comunicación no sea un problema.

MSF trabaja en Numbi desde 2014. Desde entonces, el antiguo centro de salud ha ido convirtiéndose en un pequeño hospital. Ahora las comunidades locales tienen mejor acceso a la atención médica que antes cuando tenían que caminar o montarse en una motocicleta durante varias horas por caminos casi impracticables.

EL pequeño hospital de Numbi. Pau Miranda / MSF

La accesibilidad es uno de los mayores desafíos en el montañoso Kivu sur. La temporada de lluvias actual hace que conducir por las carreteras sea aún más difícil. El viaje de 150 kilómetros de Bukavu a Numbi nos llevó ocho horas. En varios puntos del camino nos encontramos con que los puentes se habían derrumbado. Así pues, tuvimos que conducir a través de ríos y pequeños arroyos para continuar nuestro camino. Pero a pesar de que íbamos en un jeep con tracción en las cuatro ruedas, nos quedamos atascados después de que otro puente, uno pequeño, se cayera. Pero la situación se resolvió cuando vinieron a  socorrernos varia personas que pasaban por allí.

En swahili, se usa la expresión hakuna matata. Significa “no hay problema”. ¡Creo que puede ser un buen lema para mí en Congo!

Vacunas para cada niño en Mosul

Por Jennifer Sparks, consultora de comunicación de UNICEF

La doctora Rivah y sus colegas del Centro de Atención Primaria de Al Quds, en la parte oeste de Mosul (Irak), están ocupados tratando de mantener quieto a Mohammed, de dos años, durante el tiempo suficiente para poder administrarle una dosis de la vacuna de la polio.

Finalmente, logran calmarle y vacunarle. Cuando Mohammed se da cuenta de lo que ha ocurrido y empieza a llorar, la doctora Rivah ya está actualizando su cartilla de vacunación y sus compañeros están preparando las dosis para el siguiente joven paciente.

Vacunas para cada niño en Mosul

Mohammed, de 2 años, tras recibir la vacuna contra la polio /© UNICEF/Iraq/2018/Sparks

Meses después de la operación militar para recuperar Mosul, centros de salud como este siguen llenando un vacío importante. Son clínicas –no equipadas plenamente como un hospital- funcionando más allá de su capacidad habitual. “Este centro ayuda al vecindario. La gente que viene no es siempre de esta zona. A menudo vienen de muy muy lejos en busca de ayuda. Pero no somos un hospital, nadie se queda aquí a pasar la noche”.

Los tenues pasillos de este centro de salud, de dos pisos, están atestados de gente. Los edificios cercanos están muy dañados, porque el oeste de Mosul fue duramente golpeado durante las operaciones militares para recuperar esa zona de la ciudad el año pasado.

Algunos han venido para cosas rutinarias, otros por una emergencia. Las mujeres vienen para obtener atención obstétrica, también para dar a luz. Esto da al personal una oportunidad de difundir el mensaje de la importancia de la vacunación.

“A las mujeres que vienen aquí a dar a luz, les hablamos del programa de inmunización. Así saben exactamente a dónde y cuándo venir”, nos cuenta la doctora Rivah mientras nos muestra el calendario impreso en la tarjeta de vacunación que deja claro qué vacunas deben administrarse y a qué edades.

La infraestructura médica fue gravemente dañada durante las operaciones militares para recuperar Mosul en 2017. Además de los largos y habituales cortes de energía, había un serio déficit de medicamentos. Los hospitales eran a menudo objetivo de los ataques, y muchos médicos y enfermeras estaban entre las 800.000 personas que huyeron de la ciudad. La doctora Rivah se quedó. “He trabajado aquí durante cuatro años. No me fui, pero tuve que parar de trabajar durante un tiempo”.

Vacunas para cada niño en Mosul

En 2017,los hospitales de Mosul sufrieron muchos ataques, y parte del personal médico abandonó la ciudad. La doctora Rivah fue una de los que se quedó/ ©UNICEF/Iraq/2018/Sparks

Para muchos residentes, llegar al centro médico es todavía difícil. Así que una de las maneras más eficaces de garantizar que los niños reciban sus vacunas es que los sanitarios lleguen a ellos. “También tenemos vacunadores que recorren los barrios y explican a los padres que deben vacunar a sus hijos”, explica la doctora.

Las campañas de vacunación tienen resultados muy positivos. Irak se mantuvo libre de polio en 2017, gracias a las dos tandas de vacunaciones para más de 5,6 millones de niños menores de cinco años organizadas el Ministerio de Sanidad, la Organización Mundial de la Salud y UNICEF. Además, UNICEF apoyó campañas masivas de vacunación y exámenes del estado nutricional de los niños que huían de las zonas afectadas por el conflicto. Más de 306.000 niños fueron vacunados contra la polio en Mosul, y cerca de 300.000 contra el sarampión y la rubeola.

La vacunación es solo una de las actividades de salud que UNICEF apoya en Mosul, a través de suministros para la cadena del frío y la formación a personal del gobierno que vacuna puerta a puerta. UNICEF trabajará próximamente con el departamento de Salud para contribuir a rehabilitar los servicios de agua de los hospitales de la ciudad, junto con la Media Luna Roja de Qatar.

Para la doctora Rivah, la vacunación es una de las maneras más sencillas que tienen los padres de evitar que sus hijos vuelvan al hospital aquejados de una enfermedad prevenible. “Soy feliz cuando podemos ayudar en el centro de salud. La gente ha sufrido mucho. Aquí tenemos todas las vacunas para ayudar a que los niños estén sanos”.

Del 24 al 30 de abril se celebra la Semana Mundial de la Vacunación. Se estima que las vacunas salvan cada año cerca de 3 millones de vidas infantiles. Sin embargo, en 2016 unos 1,4 millones de niños menores de cinco años murieron a causa de una enfermedad prevenible mediante una vacuna.

La cultura milenaria de la violencia contra las niñas

Por Elisa Paz, de Plan International, desde Malí.

Como mujer occidental europea, de clase media y feminista tengo un posicionamiento muy claro y firme sobre la mutilación genital femenina (MGF). No obstante, llego a Bamako dispuesta a escuchar y absorber lo que la gente quiera contarme sin prejuicios.

Antes del viaje leo sobre el contexto del país y la mutilación. Según los datos ofrecidos por la última encuesta demográfica y de salud de Malí, el 85% de las mujeres aquí sufren de esta violencia y en algunas zonas del país alcanza hasta el 91%. Se ejerce sobre todo en las niñas y adolescentes y mayoritariamente antes de los 5 años.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), abarca todos los procedimientos que conllevan una resección parcial o total de los genitales externos femeninos, u otra lesión causada a tales órganos por motivos no médicos. Parece ser que hay también hay 4 tipos de mutilación, según se trate de la sección total o parcial del clítoris, los labios menores o mayores, el estrechamiento de la abertura vaginal y otros relacionados con la punción, perforación, raspado… Cuando termino la lectura, no puedo dejar de pensar en lo horrible que debe ser vivir algo así.

La MGF es sólo una de las 16 práctiques néfastes que existen en Malí. A ella se suman otras como el matrimonio forzado, cortes en el cuerpo o el gavage, que implica el engorde de niñas, adolescentes y mujeres de cara al matrimonio. Pero es sin duda la mutilación, por la violencia con la que se ejerce, porque implica la mutilación del placer sexual antes incluso de tener conciencia de lo que es, y porque representa el patriarcado más profundo a manos de las propias mujeres, la práctica que más me afecta de manera personal.

Cuando llego al país, veo que ante el alto porcentaje de prevalencia de esta práctica en Malí y las graves consecuencias emocionales y en la salud sexual y reproductiva de las niñas, adolescentes y mujeres, se ha impulsado un movimiento social a favor de su eliminación, liderado por organizaciones de mujeres y respaldado por algunas parlamentarias de Malí, así como por Plan International.

Con el objetivo de involucrar a las comunidades en la erradicación de lo que llaman “una cultura milenaria” y que yo me he permitido renombrar bajo la expresión “cultura milenaria de la violencia” contra las niñas, se han puesto en marcha a nivel nacional, regional y local los llamados Comités de Acción para acabar con la mutilación.

Una de las primeras paradas del viaje fue Kita, situada en la provincia de Koulikoro. Conmigo, el equipo de Plan Internacional y Nana, la responsable del programa contra la MGF. Allí, siete comunidades han declarado y firmado un documento en el que públicamente se proclaman libres de Mutilación Genital Femenina.

Al llegar al ayuntamiento de Sanankoro, en Kita, la premiere conseillier nos recibe amablemente e invita al Comité de Acción a charlar con nosotras. Nos comentan el trabajo realizado a lo largo de estos años, las dificultades y los logros. Quiero detenerme en sus historias personales.

Una mujer de unos 65 años me explicó que se involucró en la lucha cuando su nieta murió delante de ella a manos de la mujer que la mutilaba. Más tarde, un hombre miembro del Comité explicó lo difícil que es pensar distinto en una sociedad como la maliense. Él, que siempre estuvo en contra de la mutilación, tuvo que ver como su madre (la abuela) se llevaba a su hija y le practicaba en secreto la mutilación, “pues él, estaba profundamente equivocado y no sabía lo que hacía”. Ahora, es miembro activo del Comité y trabaja para que otras niñas no tengan que pasar por lo mismo.

Observo también a una de las animadoras locales del programa. Sonríe al escuchar como otro miembro del Comité cuenta que hasta que no participó en una de las formaciones, no comprendió lo equivocado que había estado sobre la MGF. La animadora, que trabajaba en el programa de lucha contra el VIH SIDA, recuerda que cuando le asignaronsu nuevo puesto, el de contar las desventajas de la mutilación, pasó noches llorando y asustada por cómo las comunidades iban a recibirla. Ahora no cambiaría el puesto “por nada del mundo”, dice.

Para terminar la jornada, llegamos a una de las comunidades de Kita libre de mutilación. Nos reciben varios líderes comunitarios y una veintena de mujeres de edades diversas en una casa de abobe y paja. Sin duda me quedo con el relato de una chica de 16 años con la que tuve la oportunidad de hablar: “Antes vivía atemorizada pensando que llegaría ‘el día’ y ahora me siento libre”.

La lucha contra el tráfico de niños y niñas en Nepal

Por Ranjana, de Plan International, desde Nepal

Trabajo en uno de los puestos de control instalados por Plan International cerca de la frontera con India. Cada día impido el tráfico de menores que hay en Nepal. Paro a todos los vehículos que lleven menores dentro en su rumbo a India y compruebo si van acompañados. Después pido los documentos de identidad y, si ni el menor ni el adulto los tienen, informo a la policía y los apunto en mi registro.

A diario inspecciono unos 200 vehículos, incluyendo autobuses, camiones, carros de caballos… e incluso bicicletas. Es un trabajo bastante duro porque a veces recibimos incluso gritos y amenazas de los traficantes de menores.

Similares a mi control, han colocado dos puestos más en Banke, al oeste de Nepal, y Sunsari, al este: se trata de las zonas con mayor tráfico de personas en el país.

Cada año, miles de personas migran a la India para buscar trabajo cruzando esa frontera, para lo cual no hace falta pasaporte. Durante el terremoto de Nepal de 2015, el tráfico de menores aumentó en un 15% dado que muchas familias se quedaron sin hogar.

Para frenar esta tendencia, Plan International ha instalado cinco puestos de control en dos de los distritos más afectados. Gracias a ellos se ha evitado que 254 menores cruzaran la frontera y, en los casos críticos de tráfico, se ha conseguido el traslado del niño o niña a agencias gubernamentales para su protección.

LAS NIÑAS, LAS MÁS DISCRIMINADAS

Los traficantes suelen elegir a menores, especialmente a niñas vulnerables en situación de marginación económica y social. Vemos que provienen de áreas rurales y se les traslada contra su voluntad a grandes ciudades u otros países. Solo en 2016 hubo 8.500 casos de tráfico registrados, sin contar todos los que no aparecen en las estadísticas.

Una de las principales razones del elevado número de menores víctimas de tráfico en el país es la falta de conocimiento sobre las consecuencias del tráfico entre los propios niños y niñas, los padres, madres y las comunidades. Por eso hay otros compañeros que trabajan para crear conciencia a nivel comunitario, especialmente entre los niños, niñas y jóvenes, por medio de actividades como el proyecto “Campeones del Cambio”, que está consiguiendo que la comunidad se involucre y que gobiernos locales destinen fondos a proyectos contra el tráfico de menores. Gracia a su trabajo, cada vez más personas denuncian.

Además, Plan International Nepal va a dar formación a 20.000 niñas y adolescentes en los próximos dos años para que sean capaces de alzar sus voces contra el tráfico de personas y luchen contra la injusticia. Un paso más para hacer de este mundo un lugar más justo.

Bajo el estigma de la tuberculosis

Sabina Ibraimova, Media Luna Roja de Kirguistán

Bermet Kadyrova, nació en 1957 y vive en Kochkor Rayon. Enfrentó por primera vez la tuberculosis cuando su hijo Ulan fue diagnosticado de esta enfermedad. Éste recibió tratamiento durante 2 meses pero no continuó con el mismo tras salir del hospital porque se sentía bien. En diciembre de 2015 Ulan enfermó de tuberculosis una segunda vez. Un tiempo más tarde, Bermet fue diagnosticada con tuberculosis y más tarde su hija pequeña.

Los ciudadanos del pueblo de Aktala, donde vive la familia, intentaron que la familia se fuera, algunos se desplazaron,…se extendió por el pueblo ampliamente información sobre la familia. Los vecinos deseaban que se fueran.

El personal y los voluntarios de la Media Luna Roja de Kirguistán (MLRK) empezaron a reaccionar una vez se enteraron del caso: proveyeron de sesiones informativas en tuberculosis a la comunidad a través de los líderes de la comunidad y también a través de las visitas puerta a puerta. Las enfermeras visitadoras y voluntarios fueron activamente explicando a la población que las personas con tuberculosis durante el tratamiento ambulatorio, y que toman los medicamentos correspondientes, no infectan a otras personas.

Los promotores diariamente llevaron a cabo visitas a domicilio para explicar la enfermedad y proveer de materiales (dípticos, trípticos) con información adicional. Gracias a estas actividades los vecinos empezaron a tener una fotografía más clara sobre esta enfermedad.

Actualmente, la situación ha cambiado, la reacción de la comunidad hacia Bermet y su familia ha cambiado. Bermet y sus hijas han recibido tratamiento en el centro médico de familia en su pueblo. También reciben los vouchers de la MLRP mensuales para mejora de su tratamiento (alimento/productos de higiene).

El apoyo, que yo he recibido de la MLRK, me ha ayudado mucho no solo durante el tratamiento sino también en mi vida en general. Los alimentos y los productos de higiene que hemos retirado directamente en las tiendas han sido de gran utilidad, han permitido cubrir las carencias en la familia y avanzar con el tratamiento porque actualmente mis hijos no trabajan La pensión que yo recibo es muy pequeña.

Durante el periodo de la tuberculosis mi hijo revisó toda su vida y decidió vivir de forma más saludable (cambiar de estilo de vida). Si nuestros vecinos nos hubiesen obligado a dejar el pueblo hubiésemos estado en una gran situación de vulnerabilidad sin ningún sitio a donde ir, sin casa y sin el apoyo de la familia. Me gustaría agradecer no solo a la MLRK sino también a la Cruz Roja Española y a las autoridades españolas por el apoyo y la ayuda. Sin vosotros no nos hubiésemos recuperado de la tuberculosis.

La intervención de la Media Luna Roja de Kirguistán en el ámbito de la tuberculosis cuenta con el apoyo del Ayuntamiento y la Diputación de Soria.

¿Por qué levantamos la voz sobre las discriminación en las personas mayores ante las Naciones Unidas?

Por Ruth Rodríguez y Mira Matic.

Como organización, HelpAge ha hablado sobre la importancia de escuchar a las personas mayores, y ha creado plataformas para que esto suceda. En Naciones Unidas cada año se lleva a cabo el grupo de trabajo sobre envejecimiento que se enfoca solamente en los derechos de las personas mayores.

Este año, Miroslava de Serbia y Ruth de Chile han participado en el grupo de trabajo sobre envejecimiento en Nueva York, donde hablaron sobre la discriminación que enfrentan los mayores en sus países y pidieron a los gobiernos repensar sobre los derechos que deben de ser incluidos en una nueva convención para personas mayores.

Estas son las experiencias que han compartido con nosotros.


Miroslava:

Estoy contenta de haber estado ahí para poder hablar del tema. Si me hubiera dicho hace 20 años que iría a Nueva York a participar en una reunión de las Naciones Unidas, no me lo habría creído. Soy de Serbia y vivo en un pueblo en las afueras de Belgrado. Durante 23 años trabajé como intérprete y después impartí clases de inglés por 16 años. Ahora estoy retirada pero aún sigo haciendo trabajos de intérprete y clases de inglés. Prefiero mantenerme ocupada.

En Naciones Unidas representé a la Cruz Roja de Serbia, una organización en la que sido voluntaria por varios años. Estoy orgullosa de haber representado a personas mayores de mi país y haber podido hablar sobre la discriminación a la que se enfrentan las personas mayores en Serbia.

Detesto escuchar que digan “Como eres viejo no puedes hacer esto”. El derecho de igualdad y la no discriminación fueron algunos de los temas que se discutieron en el grupo de trabajo sobre envejecimiento en Naciones Unidas.

Yo hablé específicamente sobre la discriminación que personalmente he sufrido debido a mi edad, y lo que creo que deberían hacer los gobiernos para prevenirla. La discriminación por envejecimiento la encontramos en todas partes y de formas muy diversas, incluso a veces no somos capaces de reconocerla cuando estamos más jóvenes.

También hablé sobre la discriminación de las personas mayores cuando se trata de seguros de viaje. En mi vida, he viajado mucho y recientemente he aprendido que debo de pagar más por un seguro de viaje porque ya alcance un “límite de edad”. Las diferentes compañías de seguro tienen diferentes limites de edad que rondan entre los 65, 70 o 75 años. Cuando aplico a un seguro no me preguntan por mi salud es decir que la decisión radica puramente en mi edad, esto me hace sentir manipulada y discriminada.

No deberíamos ser tratados diferente debido a nuestra edad. Me gustaría que mi país me protegiese contra la discriminación por edad en todos los aspectos de mi vida y que me garantice igualdad y dignidad ante mi envejecimiento.

La igualdad se trata de poder hacer decisiones de mi vida libremente. Es importante tener la libertad de hacer lo que uno quiera cuando llegue a ser mayor. Las pequeñas cosas realmente son más importantes de lo que parecen y evidentemente hacen la diferencia. Arreglar tu vida para poder hacer las cosas que más te plazcan es importante para poder elegir como se quiere vivir la vida un vez que se envejece.

Estoy muy feliz de haber podido participar en dicho grupo de las Naciones Unidas, me dio la oportunidad de escuchar qué es lo que los gobiernos están haciendo a favor de las personas mayores, en cuanto a sus derecho, y así mismo puede hacer que mi voz fuera oída, es decir puede representar lo que muchas mujeres de Serbia viven día a día.

Ruth:

Estar ante las Naciones Unidas se sintió como un sueño. He trabajado para una Iglesia Católica en Chile. Ahí organizo voluntariados para trabajar con personas mayores de la comunidad.

A principios de este año formé parte de una consulta con mujeres mayores donde se nos hicieron preguntas sobre qué significaba la igualdad y la no discriminación, y cómo se podría proteger de violencia a las mujeres mayores. De igual manera se presentaron temas sobre abuso y negligencia en las personas de edad. Esta consulta nos ayudó para poder ser presentadas ante las Naciones Unidas, donde orgullosamente yo participé.

Las voces de la comunidad deben de ser oídas y el haber ido desde Chile hasta las Naciones Unidas para hablar sobre las experiencias de las mujeres mayores en mi país fue una oportunidad muy importante.

Envejecer en Chile no es sencillo, pues es una etapa poco visible y generalmente se ve como algo negativo. En Chile las personas quieren verse más jóvenes, pues eso está bien visto. Pero conforme uno va envejeciendo, las personas pierden su visibilidad. La discriminación basada en género y edad es una realidad. Nuestra sociedad es patriarcal. Las mujeres son fuertes, cuidan de sus familias e incluso tiene trabajos pero las decisiones las sigue tomando el hombre.

Envejecer como mujer tiene sus propias dificultades, estamos en desventaja por nuestra edad y por nuestro genero. Cuando buscamos aplicar a un trabajo muchas veces no se nos considera por que somos demasiado “grandes”.

Conozco un caso donde una mujer fue rechazada a un asenso por ser demasiado vieja para aprender cosas nuevas. Constantemente tenemos pensiones más bajas que los hombres lo que nos genera mayor dificultad para podernos mantener a nosotras mismas una vez que envejecemos. Nuestras voces deben de ser escuchadas.

A través de la reunión me enteré del número de personas mayores en el mundo y cómo incrementará en 20 años. Por esto es que debemos hacer algo en torno a este tema. Estoy apasionada con el tema de los derechos de las personas mayores y seguiré generado conciencia y trabajando para asegurarme de que nuestras voces sean escuchadas. Estar en las Naciones Unidas fue como un sueño y me ha dado fuera para seguir luchando por los derechos de las personas mayores.

Victoriia Panchenko, marcando la diferencia para los mayores afectados por la guerra en Ucrania

Por Ben Small, Coordinador del Área de Comunicación e incidencia y de HelpAge International

Cuando ocurre un desastre o un conflicto, las personas locales son no solo las mas afectadas, sino también las primeras en responder para salvar vidas y proveer el soporte a los más necesitados.

Cuando esto sucede en tu comunidad, sabes con certeza quienes son los que más ayuda requieren, y esto te conduce a asegurar que tengan seguridad y confort. También es una manera de mantenerte ocupada ya que un suceso de estos puede durar meses y aun años. O bien, tu has sido un receptor de ayuda que tu has recibido.

No hay un arquetipo humanitario, cualquiera puede serlo, y por eso quiero compartir la inigualable historia de Victoriia Panchenko, que está marcando la diferencia para adultos mayores cuyas vidas se han visto asoladas por la guerra en Ucrania.

Por Victoriia Pachenko, de voluntaria en Sviatohirsk a desarrollar Red Poppy

Todo comenzó cuando los militantes anti gobierno estallaron en la Ciudad de Sloviansk al este de Ucrania, en 2014, y decidí quedarme. Envié a mi hija Alina a la ciudad rural de Sviatohirsk para mantenerla a salvo mientras continuaba con mi trabajo en la escuela local

Mientras me encontraba en la escuela, un misil aterrizó a solo 150 metros. Los niños estaban tomando un examen, y me mantuve firme. A solo tres días después de verme envuelta en un bombardeo, salvando mi vida mientras zigzagueaba por las calles evitando las explosiones, tomé la decisión de irme. Me fui hacia Sviatohirsk en donde se encontraba mi hija.

Poco después de mi llegada, decidí que tenía que hacer algo para ayudar, y desde entonces no ha habido vuelta atrás. Me uní a un equipo de voluntarios que registraban a los desplazados internamente, asegurando que se cubrieran sus necesidades de albergue, comida y ayuda psicológica. En el momento de mayor afluencia, se registraron hasta 500 personas en un solo día.

En un solo mes, me llegue a convertir en directora voluntaria al frente de un equipo de 60 personas. Encargada de designar las tareas, entrenar a los nuevos voluntarios y lidiar con los horarios de trabajo.

Sloviansk fue retomada por las fuerzas gubernamentales en Julio 2014, pero la gente continua llegando a Sviatohirsk, saliendo de ciudades como Donetsk y Gorlovka. En el momento que regresé a Sloviansk en septiembre para reincorporarme al trabajo, ya se habían ayudado a 30.000 personas.

No quise detenerme una vez en casa, aun hay muchas personas en la ciudad y en la región de Donetsk que necesitan ayuda. Por lo que junto con los voluntarios con quienes he trabajado en Sviatohirsk inicié una organización llamada “Red Poppy”. Renuncié al trabajo en la escuela para dedicarme de lleno al voluntariado, como cabeza de Red Poppy.

Algunos de mis colegas y yo hemos sido premiados con certificados de honor de UNHCR. Estoy realmente orgullosa y muy contenta de poder ayudar a las personas vulnerables

Mi actividad de voluntariado me ha llevado a obtener una recomendación para obtener una posición en HelpAge International, en nuestro programa de respuesta de emergencia en Ucrania. Al principio como Directora de Subsidios y posteriormente como Oficial de Protección e Inclusión.

Parte clave del puesto es escuchar a la gente mayor, ¿cuáles son sus necesidades? y verificar que es lo que HelpAge puede hacer para ayudarles. Supervisar el Proyecto para asegurar que las personas mayores reciban la protección que requieren, así como también hablar con los voluntarios regularmente para asegurar que tienen las habilidades para realizar correctamente su trabajo y entrenarlos. Así como también a otras organizaciones sobre inclusión por edad o discapacidad.

La historia de un hombre mayor a quien conocí durante mi trabajo, me afectó de forma muy particular. Él vive solo en un tercer piso en un edificio de departamento en Svitlodarsk, una ciudad muy cerca del frente, donde constantemente se escuchan detonaciones; tiene una salud muy precaria, hace una década sufrió un infarto y actualmente fue diagnosticado con cáncer. El impacto de ambas enfermedades lo han dejado muy frágil. Su mal equilibrio le dificulta caminar y permanecer de pie. No quiere ir muy lejos ya que dos años de constantes bombardeos lo han dejado traumatizadom temeroso de salir de su departamento.

Los voluntarios de HelpAge, lo visitan diariamente, y hacen lo posible para tratar de mejorar su calidad de vida, necesita cuidados por un periodo muy largo, ya que carece de fuerza para ir al baño, por lo que los voluntarios le han provisto de una silla toilet. Fue una lucha el que él aceptara que le era indispensable, sin embargo puede mantener algo de dignidad mientras está en casa.

Le llevan comida, le ayudan para que coma y tratan de asistirlo de todas las formas posibles a su alcance. Tratan de hacerlo independiente ya que con esto desean que pueda integrarse de mejor manera a la comunidad. Yo ayudé a estos voluntarios motivándolos y dándoles elementos para sobrellevar los retos a los que se enfrentan.

En realidad amo mi trabajo. Cada vez que conozco gente mayor en mi comunidad, me inspira a encontrar nuevas formas de mejorar sus vidas. Aún cuando el conflicto termine en Ucrania, yo no me detendré. Seguiré ayudando gente vulnerable en cualquier forma que pueda.

Mutilación Genital Femenina: una generación más en la lucha

Por Eva Gilliam, UNICEF en Yibuti

Mariam Kako nació en el suburbio de Arhiba, en Yibuti, el 13 de abril de 1986. La mayor de seis hermanos, dejó el instituto para ayudar en casa y, en algún momento, encontrar un trabajo.

“Afortunadamente sabía leer y escribir”, recuerda Mariam. “Por eso conseguí trabajo”.

Mariam trabajaba registrando niños para campaña de vacunación contra la polio en el centro de salud.

En 2005 la invitaron a participar en un programa comunitario de empoderamiento basado en derechos humanos. Allí aprendió acerca de la Convención sobre los Derechos del Niño y acerca de derechos de la mujer, democracia, salud, medio ambiente, protección infantil y gestión de proyectos. La formación fue impartida por una ONG senegalesa con décadas de experiencia, Tostan.

Mutilación Genital Femenina: una generación más en la lucha

Mariam se ha convertido en una gran influencia para las niñas de su aldea /©UNICEF

UNICEF y UNFPA, con apoyo del Ministerio de Mujer y Familias de Yibuti, invitó a Tostan a liderar esa formación e implementar el programa en el país. Mariam fue una de los cinco invitados al curso, que duró dos años. Al finalizar, ella a su vez facilitaría otros cursos a otras comunidades.

En su primer año de formación conoció a Ali. “Tenía clase por la mañana y prácticas por la tarde. Caminé más que nunca en mi vida”, explica Mariam. “Y él siempre estaba allí, charlando, pidiéndome mi número”.

Mientras tanto Mariam aprendía sobre resolución de conflictos, derechos humanos, derechos de la infancia, democracia…y se unió a un movimiento contra la mutilación genital femenina. “Aprendí todo sobre problemas de salud, sus peligros, y que realmente debemos acabar con ello por la salud de nuestras niñas”.

Ali y Mariam se casaron, y a los dos años de empezar la formación tuvieron una niña. “Me entristecía perderme mi graduación, pero ver a mi perfecta hija hizo que mereciera la pena”.

Mariam sufrió mutilación genital femenina cuando tenía cinco años. “Recuerdo todo, cada mínimo detalle. Sigue todo en mi cabeza: dónde fue, quién me sujetaba. Y cómo todo se enmascaró como una fiesta, con regalos y música”.

Le cortaron el clítoris y los labios mayores y menores con una cuchilla de afeitar. Luego cosieron los dos lados. Es la forma más común de los tres tipos de mutilación genital femenina que se practican en Yibuti.

Era 1991, un tiempo en el que el 98% de las mujeres de entre 19 y 49 años sufrían mutilación genital femenina en ese país. Era ilegal desde los 80, pero era y sigue siendo una tradición entre la mayoría de grupos étnicos.

Mariam se puso de parto el día de su graduación. “Era perfecta. Miré a mi madre y le dije que no estaba autorizada para cortarla. La tradición acaba aquí”.

Pero su madre era una firme tradicionalista. Una semana después de dar a luz, cuando Mariam salió de casa para recoger su certificado de graduación, su madre vio la oportunidad y llamó a una “cortadora” de la zona. Cuando Mariam y su marido volvieron se encontraron a su bebé sangrando y gritando.

Durante los siguientes 40 días el bebé siguió sangrando. A los seis meses, había bajado de peso hasta alcanzar el peso que tenía cuando nació. La infección estaba apagando su cuerpecito.

“Estaba avergonzada y aterrorizada. ¿Cómo podía tener una hija víctima de la mutilación genital? Si fuera al médico sería como admitir la culpa, a menos que no le dijera la verdad y denunciara a mi madre y a mi marido, algo que no podía hacer. Estaba paralizada. Solo podía contestar al médico con monosílabos”. Con seis meses, la hija de Mariam murió.

“Pude ver el arrepentimiento en los ojos de mi madre. Pero era demasiado tarde”.

Según una encuesta de 2016, el porcentaje de mujeres que sufren mutilación genital femenina en Yibuti ha pasado del 98% al 73%.

Cortaron a mi madre con semanas de vida, y a mí también”, explica Mariam. “Nunca he conocido la vida sin la mutilación, y nunca lo haré. Creo que ahora puedo usar lo que sé para parar estas tradiciones dañinas”.

No puedo recuperar a mi niña, pero sí puedo evitar que le pase a otras. Y con suerte, algún día podre tener otra hija”.

En 2017, de una muestra de 960 niñas en riesgo, el 60% se libró de la mutilación genital femenina. Esto fue posible gracias a la movilización social. Gracias a personas como Mariam Kako.