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Por aquí han pasado cooperantes de Ayuda en Acción, Cruz Roja, Ingeniería Sin Fronteras, Unicef, Médicos del Mundo, HelpAge, Fundación Vicente Ferrer, Médicos Sin Fronteras, PLAN
Internacional, Farmamundi, Amigos de Sierra
Leona, Sonrisas de Bombay y Arquitectura sin Fronteras.

Las escuelas necesitan más apoyo que nunca

Laurita,19, ahora estudia desde su casa, en Ecuador.

En muchos lugares del mundo las escuelas llevan cerradas casi un año para frenar la transmisión de la COVID-19. Esto ha tenido un grave impacto en el acceso a la educación de los niños, niñas y jóvenes más vulnerables, y ha dejado en un mayor riesgo de exclusión a millones de niñas y adolescentes que se beneficiaban de la protección que les brindaba la escuela para alimentarse, gestionar su higiene menstrual o evitar un matrimonio forzado. Desde que estallara la emergencia, Plan International está apoyando a comunidades de todo el mundo para que las aulas reabran sus puertas y el alumnado pueda volver a clase de manera segura.

El 24 de enero de 2021 se celebrará, por tercera vez, el Día Internacional de la Educación. Este año, el lema, propuesto por la Unesco, es el siguiente: “Recuperar y revitalizar la educación para la generación COVID-19”. Para conseguir este objetivo, es fundamental que las medidas de prevención contra el coronavirus no agudicen, aún más, las desigualdades y que la educación cumpla su papel fundamental para la paz y el desarrollo de las comunidades.

“Estamos preparadas para cumplir con las nuevas medidas”

Angelina,13, ha vuelto a la escuela gracias al apoyo de Plan International.

Después de ocho meses cerradas, Indonesia ha reabierto las escuelas en las zonas con menor riesgo de transmisión de la COVID-19 y Plan International está trabajando de la mano con el Gobierno y las autoridades educativas para promover la vuelta a clases, evaluar el estado de las instalaciones en cada escuela e implementar medidas de higiene que protejan al alumnado.

Distribución de mascarillas, gel hidroalcohólico y termómetros infrarrojos, instalación de estaciones de lavado de manos y sensibilización sobre la importancia del distanciamiento social, son algunas de las medidas que se están llevando a cabo en la isla de Lembata.

Angelina lleva su mascarilla sin ningún problema y ha entendido perfectamente la importancia de mantener la distancia social: “Nos cubrimos la cara voluntariamente, no solo para protegernos, sino también para sensibilizar sobre los retos que impone la COVID-19. Después del confinamiento y de todas las dificultades que hemos tenido para estudiar a distancia, queremos volver a la escuela y estamos preparadas para cumplir con las nuevas medidas de seguridad”.

En comunidades como Lembata, la educación a distancia tiene importantes retos para las familias más vulnerables. Angelina explica que se la ha hecho muy difícil mantener el ritmo de las clases porque los docentes no estaban presentes presencialmente y por la falta de acceso a internet: “Si hubiéramos seguido más tiempo así, hubiera necesitado más apoyo y un paquete de datos para acceder mejor a internet”.

Además de garantizar el lavado de manos y otras medidas de higiene, Plan International brinda apoyo psicosocial y formación específica a los profesores y profesoras para adaptarse a las necesidades de la nueva normalidad. Gracias a estas medidas, Angelina ha podido continuar con su educación: “Ya no estoy preocupada, me siento protegida”.

“Tengo que subir a la cima de la montaña para tener señal de internet”

En marzo del año pasado, la comunidad de Laurita interrumpió las clases debido a la pandemia y comenzó la educación online, pero, para poder pagar por un móvil y un plan de datos que le permita seguir con las clases, ella tuvo que ponerse a trabajar en el campo, además de ayudar a su madre con las tareas del hogar y el cuidado de sus hermanos menores.

“Cuando el móvil no tiene suficiente señal en casa, tengo que subir a la cima de la montaña para tener acceso a internet y poder seguir las clases. Si no lo hago, podría perder este semestre y no quiero eso”, explica Laurita.

A pesar de todos los desafíos, Laurita está decidida a seguir con su educación para convertirse en abogada y apoyar a las personas más vulnerables: “alcanzaré mis metas, dando pequeños pasos”. Ella forma parte de una nueva generación de jóvenes indígenas que rechazan las imposiciones de género y han apostado por la educación antes que un matrimonio infantil y un embarazo temprano.

Laurita lidera un grupo de jóvenes en su comunidad que promueven la igualdad de género y el conocimiento de sus derechos entre las jóvenes. Durante la pandemia, han ayudado a llevar actividades educativas a las comunidades sin acceso a internet: “Compartimos nuestras experiencias con otras jóvenes y las ayudamos a desarrollar sus proyectos de vida”. Ella explica: “El liderazgo es la habilidad de convertir los sueños en realidad”.

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