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Semana Mundial de la Vacunación: cuando vivir en una mina te deja sin vacunas

Por Fatou Diagne, oficial de comunicación en UNICEF Malí

Ramata no sabe cuántos años tiene. Pero sabe que lleva tres años trabajando en la mina de oro de Massakama, en el oeste de Malí. Con su bebé de 11 meses, Hachime, enrollado con un pañuelo a su espalda, Ramata pasa sus días en el barro, buscando oro bajo un sol abrasador.

Conocida como “la mujer joyera”, Ramata vive con su marido Mamadou y sus cinco hijos en el asentamiento de la mina en la que trabaja.

“Cada día llego aquí a las 6 de la mañana, tras dar el desayuno a mis hijos. No van a la escuela, todos ellos vienen conmigo. Los mayores cuidan de los pequeños mientras yo examino el barro del río buscando piezas de oro”. Tampoco reciben las vacunas que necesitan.

Semana Mundial de la Vacunación: cuando vivir en una mina te deja sin atención sanitaria

Mientras Ramata busca pepitas de oro, su bebé Hachime está con ella / © UNICEF/UN0293791/Keïta

Ramata y su familia están entre las miles de personas que viven y trabajan en esta mina cada día. “Mi marido no trabajaba, por lo que nos costaba dar de comer a nuestros hijos. Así que decidimos buscar oro, como mucha otra gente de nuestra aldea. Nos dijeron que esta mina es de las mejores, que hay más posibilidades de encontrar oro. Así que nos vinimos sin dudar”.

Pero vivir en una mina puede tener consecuencias en los niños. Cuando las familias se mudan a los asentamientos de las minas, a menudo los niños abandonan la escuela y quedan privados de servicios básicos de atención sanitaria y protección.

“La falta de medios y la pobreza llevan a estas familias a abandonar sus aldeas”, nos cuenta el doctor Konate, oficial de vacunación de UNICEF. “Pero cuando llegan a las minas se convierten en más vulnerables todavía, sin servicios básicos –como atención sanitaria- a su disposición”.

Semana Mundial de la Vacunación: las vacunas salvan vidas

En esta parte de Malí, donde la economía local está dominada por las minas de oro, las tasas de niños sin vacunar son de las más altas de todo el país. Solo el 41% de los niños reciben todas las vacunas que necesitan para permanecer sanos.

El bebé de Ramata, Hachime, es uno de los muchos de la región que necesitan atención sanitaria.

“Además de no estar vacunado, Hachime sufre un evidente retraso en su crecimiento: su cerebro y su cuerpo no se están desarrollando por completo”, dice el doctor Konate. “Hoy le hemos dado la vacuna de la polio. En unos días enviaremos a trabadores sanitarios comunitarios para que examinen los próximos pasos, como por ejemplo administrarle rápidamente todas las dosis de vacunas que necesita”.

Ramata está contenta por haber podido vacunar a Hachime. Siente aprensión desde que se produjeron varios casos de sarampión en su comunidad. “Una vez vi al hijo de una amiga sufrir las consecuencias del sarampión. La madre casi pierde al niño”, recuerda. “Estoy muy contenta de que los vacunadores vengan a buscarnos a la mina para vacuna a nuestros hijos. Esto era impensable hace solo 10 años. Somos muy afortunados”.

Semana Mundial de la Vacunación: cuando vivir en una mina te deja sin atención sanitaria

Adama Traore, miembro del equipo móvil de vacunación, vacuna a Hachime, de 11 meses, con la primera dosis de la vacuna contra la polio. / © UNICEF/UN0293791/Keïta

El sol se está poniendo y Ramata se prepara para volver a casa con sus hijos. El día ha ido regular: ha encontrado dos pepitas de oro. Sin embargo, tiene una razón para sonreír: “Hoy encontré poco oro. Pero el mayor tesoro ha sido poder vacunar a mi hijo”.

Visitas al asentamiento como la del doctor Konate forman parte de la amplia estrategia de UNICEF y sus aliados para enviar equipos móviles de vacunadores a los niños más vulnerables y de zonas más remotas. UNICEF da apoyo con equipamiento y con los conocimientos que necesitan para proporcionar servicios vitales a las familias de comunidades aisladas.

UNICEF trabaja estrechamente con el Ministerio de Sanidad, GAVI y la OMS para proporcionar vacunas contra la polio, el sarampión y el tétanos para los niños y mujeres de Malí. En 2018, pudieron vacunar a más de 700.000 niños del país contra el sarampión.

El poder del deporte para cambiar el mundo

Por Rocío Vicente, técnico de programas de UNICEF Comité Español

Hay emociones que perduran para siempre y recuerdos que no se olvidan. Esa final, el empuje de las compañeras, los últimos largos.  Cómo olvidar todos esos momentos en los que un balón, una camiseta o un equipo nos ha dado tanto.

Mirando atrás, son muchas las alegrías unidas al deporte y, también, las grandes lecciones. Pocas derrotas nos han enseñado tanto, y pocas veces la perseverancia ha derribado tantas barreras. El deporte nos ha mostrado que es posible unir por encima del odio y las diferencias. Y que, en momentos de desesperanza, como alguien dijo una vez, tiene el poder de cambiar el mundo.

Por eso el deporte, entendido como educación física pero también como un juego en su faceta más libre y espontánea, es fundamental para la vida de los niños. Para UNICEF el deporte es una herramienta clave, porque actúa para lograr otros objetivos y, por eso, es parte esencial de todo lo que hacemos para mejorar la vida de los niños en cualquier parte del mundo. Nos ayuda, por ejemplo, a que los adolescentes de las favelas, en las grandes urbes de Brasil se interesen más por la educación, haciendo su currículo escolar más atractivo. En Sudáfrica o China formamos a profesores de educación física para mejorar sus habilidades pedagógicas y que sepan cómo proteger a sus alumnos. Pero, sin duda, uno de sus aspectos más valiosos es cómo el deporte ayuda a los niños que han vivido situaciones traumáticas a canalizar su dolor y cicatrizar heridas.

El poder del deporte para cambiar el mundo

Un grupo de niños sirios juega al fútbol en el campo de refugiados de Zaatari, Jordania / © UNICEF/UN033508/Al Khatib

Cerca de la frontera con Siria, en el campo de refugiados de Zaatari, sencillas instalaciones para aprender y jugar en torno a un balón o una comba consiguen sacar una pequeña sonrisa a los niños sirios que, por fin, han dejado atrás una cruenta guerra.

Jamás olvidaré las palabras de Ranya, quien con tan solo 7 años me contaba que su mayor ilusión, desde su llegada, había sido volver a jugar con su amiga y verla por fin en clase.

El deporte es tan fundamental que afecta al desarrollo físico, mental y social de los niños, y es uno de sus derechos. Y esto significa poner todos los medios posibles, la inversión y un marco legislativo acorde para que sea una realidad. Es decir, que nuestras ciudades o escuelas cuenten con los recursos y espacios apropiados para que los niños puedan practicar deporte sin importar el barrio en el que vivan o la economía de sus familias. Y, sin duda, todos y todas tienen que poder jugar, correr o nadar, dejando atrás estereotipos o roles ya demasiado caducos.  Sin embargo, hoy en día perduran obstáculos que impiden que muchos niños se diviertan con el deporte. En nuestras sociedades más próximas, cada vez más encerradas, sedentarias y pendientes de la comercialización, hemos cedido tiempos y abandonado espacios. En otros países, el abismo de la desigualdad o la violencia hace que ejercer este derecho sea impensable.

El poder del deporte para cambiar el mundo

Niños jugando en el patio de su escuela en Ndjamena, capital de Chad/ © UNICEF/UN0294720/ Frank Dejongh

En España, junto con el Consejo Superior de Deportes, tenemos el compromiso de trabajar para lograr que cuando los niños practiquen deporte estén seguros y protegidos, ya que así “El abuso sexual infantil queda fuera de juego”. Y nuestro centro de investigaciones en Florencia, Innocenti, junto con la Fundación del Fútbol Club Barcelona ha publicado un informe en el que, por primera vez, se analiza la importancia de este derecho para el bienestar y desarrollo de todos los niños.

Porque, desde UNICEF, queremos que el deporte y el juego lleguen a todos los niños y cada uno de los niños; porque en él tiene que caber nuestra diversidad, valores y culturas; porque todos los niños, allá donde se encuentren, tienen que poder disfrutar, jugar y volver a reír, porque la infancia es nuestra primera memoria y nuestros recuerdos, parte de esa felicidad que nunca se olvida.

El 6 de abril es el Día Internacional del Deporte para el Desarrollo y la Paz

Ciclón Idai: el agua de la vida en medio de un desastre natural

Por Andrew Brown, UNICEF Malawi

El 7 de marzo, en mitad de la noche, Annie decidió huir de su casa con sus hijos. Entre ellos estaba Ndaziona, que había nacido dos días antes. Llovía desde hacía cuatro días, el caudal del cercano río Shire aumentaba, y el estado de la casa de adobe y paja empezaba a ser precario. Annie se levantó en medio de la noche para ir al baño. “Miré fuera y vi una gran cantidad de agua que venía”, recuerda. “Cogí a los niños y corrí. Habíamos avanzado no más de 20 metros cuando la casa colapsó a nuestra espalda”.

Fue un encuentro cercano y terrorífico con la muerte. “Los niños lloraban, yo tenía mucho miedo”, cuenta Anne. “Me di cuenta de que nos libramos de morir por segundos. Creo que Dios fue el que me hizo levantarme”.

Ciclón Idai: el agua de la vida en medio de un desastre natural

Annie con el pequeño Ndaziona, que nació solo dos días antes de que su casa se derrumbara por las inundaciones en Malawi / ©UNICEF Malawi/2019/Amos Gumulira

Annie y sus hijos Chimwemwe, de 10 años, Usta, de 7, Alefa, de 5, y el bebé Ndaziona, caminaron varios kilómetros hasta la casa del jefe, donde pasaron la noche con otras ocho familias. Al día siguiente llegaron a Bangula Admac, un campo de evacuación. Allí pasaron dos semanas.

El campo se asienta sobre un antiguo mercado. Cuando llego allí, las lluvias han parado y el día es caluroso. La gente se sienta a la sombra de los árboles o bajo tejados de acero. Algunas mujeres están cocinando. Otras traen agua en cubos. Unos cuantos comerciantes venden fruta y rosquillas fritas a los evacuados. Un molino se erige entre la masa de personas. Un tejado y algo de suelo firme proporcionan refugio, pero los lados están abiertos a los elementos.

El jefe del campo, Isaac Falakeza, es un profesor jubilado. Me cuenta que han llegado unas 5.300 personas, de las que más de 1.800 han llegado cruzando el río desde Mozambique, donde las inundaciones han sido peores. “Estamos desbordados pero ayudamos a la gente igual, independientemente de su procedencia. No discriminamos a nadie. Nuestro mayor reto es la comida. Cada familia debería recibir una bolsa de harina, pero ahora solo tenemos una bolsa para cada dos familias”.

El agua y el saneamiento también son un reto”, continúa. “UNICEF nos ha enviado cientos de cubos, pastillas de jabón, artículos para tratar el agua y ocho letrinas. Esto está ayudando. Estamos priorizando a las familias más necesitadas: las que tienen niños pequeños o alguna persona discapacitada”.

Con un cubo sobre su cabeza, Annie camina durante diez minutos hacia bomba de agua en su antiguo pueblo. Coge agua limpia y la acarrea de vuelta. Durante el camino, pasa por las ruinas de su hogar. Las paredes de adobe se han convertido en una montaña de tierra, y tan solo queda un trozo del techo de paja. Ni siquiera esto puede salvarse.

“Quiero volver a casa”, asegura Annie. “El campo no es buen lugar para mi bebé. Pero tendré que ahorrar 30.000 kwacha (unos 41 dólares) para reconstruirla”. Cuando le pregunto cuánto gana en un mes, Annie sonríe. “Entre 800 y 1.200 kwacha (1,66 dólares) al día, por hacer la colada de otros y recolectar leña para vender. Gasto la mayor parte del dinero ese mismo día. Lo invierto en comprar judías y verduras para acompañar nuestra harina”.

De vuelta al campo, el oficial de Agua y Saneamiento de UNICEF, Allan Kumwenda, enseña a Annie cómo saber si el agua que tiene es segura. Pone unas gotas de cloro y luego utiliza un contenedor de plástico con códigos de colores para comprobar los niveles. “Incluso aunque el agua sea segura en la bomba, a menudo se contamina en el camino de vuelta”, explica. “La gente tiene suciedad y gérmenes en los dedos, y a veces acaban en el cubo. Alrededor del 60% del agua se contamina así. Y esto aumenta el riesgo de propagación del cólera y otras enfermedades, algo muy peligroso para los niños pequeños”.

Al final de su demostración, Allan da a Annie el resto del bote de tratamiento de agua. “Estoy muy contenta con esta ayuda de UNICEF. Puedo usar el cubo para coger agua y almacenarla, y la botella para convertirla en agua limpia. Esto es muy importante para mis hijos, ya no estoy tan preocupada”.

Ciclón Idai: el agua de la vida en medio de un desastre natural

Annie coge agua en un cubo proporcionado por UNICEF, que le ha ayudado a comprobar si es potable / ©UNICEF Malawi/2019/Amos Gumulira

Los suministros de UNICEF ya han llegado a las zonas afectadas por las fuertes lluvias e inundaciones en el sur de Malawi, dando algo de respiro a las familias de los centros de evacuación. Sales de rehidratación oral, antibióticos y cientos de mosquiteras con insecticida, que son fundamentales.

“Tras un desastre como el del ciclón Idai, la prioridad de UNICEF es ayudar a los niños y familias que han perdido sus hogares y que viven en centros de evacuación o con otras familias en sus comunidades”, explica el representante de UNICEF Malawi, Johannes Wedenig. “Tenemos artículos de emergencia preparados de antemano en zonas de Malawi que sufren desastres naturales de manera habitual. Esto nos ha permitido reaccionar rápidamente para abordar las necesidades más inmediatas”.

UNICEF sigue sobre el terreno para apoyar a los niños afectados por el ciclón Idai con agua y saneamiento, educación, servicios nutricionales y protección.

De madre a madre: ¡las vacunas salvan vidas!

Basma Ourfali, oficial de comunicación de UNICEF Siria

Era casi mediodía. Veinte mujeres se arremolinaban en torno a una estufa en una diminuta casa de la ciudad de Deir Hafer, en Aleppo rural (Siria). Muchas de ellas habían venido de pueblos lejanos para ver a una mujer, Amina.

Amina, de 41 años, viuda y madre de tres hijos, es una de las pocas mujeres que trabajan como educadora de la salud en la zona. Su labor consiste en proporcionar a las madres información sobre la seguridad y la importancia de las vacunas.

Aunque dejó la escuela en el tercer curso, Amina es muy influyente en su comunidad. “Mi casa siempre está llena de mujeres que vienen a consultarme. A veces solo buscan apoyo moral“.

De madre a madre: ¡las vacunas salvan vidas!

Una niña recibe su vacuna contra la polio en Aleppo, Siria /©UNICEF/ Syria 2019/ Khudr Al- Issa

Cuando la violencia dio un respiro en 2017, las familias de los pueblos rurales del este empezaron a volver a sus hogares, destruidos. Tras años de desplazamiento, se encontraron una grave falta de servicios, incluidos los sanitarios y de vacunación. La mayoría de niños llevan años sin vacunarse debido a la violencia, múltiples desplazamientos y la interrupción de los servicios.

“Durante mis sesiones con las mujeres descubrí que carecen de información sobre los servicios públicos disponibles, así como sobre las vacunas y atención sanitaria que necesitan los niños”

Para garantizar que cada niño de las áreas remotas se vacuna, los trabajadores sanitarios a los que apoya UNICEF realizaron sesiones de formación para once mujeres de siete aldeas de la zona. Les enseñaron a asesorar a las madres y a las embarazadas sobre la importancia de las vacunas para proteger a sus hijos frente a la polio y otras enfermedades prevenibles. Trabajadores sanitarios formados acuden con ellas a sus sesiones con mujeres para asegurarse de que la información que les dan es de calidad.

Con su carácter vivo y social, Amina comunica mensajes importantes sobre atención sanitaria y vacunas. Lo hace en un lenguaje sencillo, utilizando ejemplos reconocibles en el día a día de los habitantes de las aldeas. Habla a las madres sobre la seguridad y la importancia de las vacunas, les explica cómo funcionan y les resuelve sus dudas.

Organizo sesiones semanales para mujeres de mi ciudad y de pueblos vecinos. Siento que he hecho bien mi trabajo cuando una madre se apresura a vacunar a su hijo después de estar en mi casa”.

De madre a madre: ¡las vacunas salvan vidas!

Algunos niños llevaban años sin recibir sus vacunas debido a la violencia /©UNICEF/ Syria 2019/ Khudr Al- Issa

Ghazieh, de 36 años, es una de esas mujeres. Esta madre de siete hijos contó su historia al resto de madres asistentes a la sesión de Amina. Hace siete años, su bebé de un mes, Yasmina, murió. “Ella había sido vacunada unos días antes, así que asumí erróneamente que las vacunas eran peligrosas. Dejé de vacunar a mis hijos”.

Pero después de ir a las sesiones de Amina y de los trabajadores sanitarios apoyados por UNICEF, en las que recibió conocimientos e información valiosos sobre la seguridad d días vacunas, Amina se arrepintió de no haber vacunado a sus hijos. Ya están vacunados.

En los últimos días, y como parte de una campaña nacional de vacunación contra la polio que ha durado una semana, UNICEF, la OMS y otros aliados, han llegado a más de 320.000 niños de la provincia de Aleppo. Unos 800 trabajadores sanitarios han participado en esta campaña. UNICEF ha proporcionado vacunas y equipamiento para mantener la cadena de frío, a través de 50 centros de salud y 120 equipos móviles.

Sudán del Sur: el incierto futuro de los niños con desnutrición

Por Mercy Kolok, oficial de comunicación de UNICEF Sudán del Sur

Estaba sentada en una sala, ensimismada en sus pensamientos. Los dos niños que sostenía en el regazo lloraban llamando su atención, pero ella no les oía. Miraba al infinito, ajena a lo que ocurría a su alrededor. Ni siquiera la presencia del médico y las enfermeras que fueron a atender a sus gemelas la devolvieron a la realidad. Un amable golpecito en la espalda le hizo volver. Parecía aterrada, y casi tiró a las niñas. Estaba claro que Mary Kaku llevaba el peso del mundo sobre sus hombros.

Era la tercera vez que sus gemelas, Elizabeth Jungbo y Madelina Pedi, eran ingresadas con desnutrición severa. Con 16 meses, pesaban 6,2 y 4,5 kilos respectivamente, cuando el peso medio de un bebé de esa edad es de 10 kilos. Las niñas se agarraban al pecho de su madre tratando de succionar, pero claramente no había leche suficiente para saciar su hambre.

Sudán del Sur: el incierto futuro de los niños con desnutrición

Mary Kaku, con sus gemelas en el hospital infantil de Juba / ©UNICEF South Sudan/2018/Campeanu

“Vine a Juba hace más de un año para que dieran tratamiento a mi marido enfermo. Pero murió, y me dejó con los niños aquí”, cuenta Mary. “No puedo volver a mi aldea, donde están mis otros hijos, porque no me lo puedo permitir. Tengo una deuda por el entierro de mi marido. No me puedo ir sin pagarla”.

A pesar del reciente acuerdo de paz, la economía de Sudán del Sur sigue hecha añicos debido a años de conflicto. Incluso en la capital, Juba, muchas madres como Mary no pueden poner comida en la mesa de manera regular.
“A veces pasamos hambre incluso dos días, sobrevivimos a base de agua, y por eso siempre estamos enfermas”.

Mary no tiene trabajo. Pasa la mayor parte del día en la calle con sus hijas enfermas, a temperaturas superiores a los 35º, pidiendo ayuda a los transeúntes. Vive con las niñas en la calle, con otras familias que están igual que ellas.
En el hospital, diagnosticaron a las pequeñas con marasmo, una forma de desnutrición causada por la falta de nutrientes esenciales debido a una alimentación pobre o la falta de alimento.

“A menos que consiga algo de dinero pidiendo, no me puedo permitir comprar leche o comida a las niñas. También es difícil encontrar trabajo en Juba, porque no tengo dónde dejar a las niñas”, explica.

La situación de Mary es como la de muchas familias en Sudán del Sur. Con la crisis económica, la inflación y el precio de los alimentos, mucha gente no puede garantizar que vaya a comer ni siquiera una vez al día.

“Cuando llevo a las niñas al hospital, mejoran porque les dan leche y comida, pero yo no puedo proporcionársela”, continúa Mary. “No sé si sobrevivirán, pero espero que lo hagan, que crezcan y que tengan éxito en su vida”.

Una semana después, las gemelas de Mary mejoran ligeramente y reciben el alta. Pero solo otra semana después vuelven a ingresar, porque la situación de Madelina ha empeorado de nuevo. Mary pasa dos semanas en el hospital. Elizabeth recupera la salud por completo, pero su hermana sigue neceistando tratamiento. Cuando Madelina entró en el hospital no podía comer ni sentarse ella sola. Ahora ha recuperado algo de fuerza y puede sostenerse sin ayuda.

Estoy contenta porque mis hijas están mejor, pero me preocupa su supervivencia. Sé que solo es cuestión de tiempo volver al hospital. Como cualquier padre, mi sueño es ver a mis hijos crecer y tener éxito en su vida, pero no tengo ninguna garantía”, concluye Mary.

Acción Humanitaria para la Infancia

UNICEF ha presentado su Acción Humanitaria para la Infancia, un llamamiento humanitario para atender a 41 millones de niños de 59 países durante el año 2019. El llamamiento para Sudán del Sur es de 179 millones de dólares. La situación de inseguridad alimentaria mejoró un poco gracias a las cosechas de 2018, pero un 43% de la población sigue en una situación grave y más de 1 millón de niños de Sudán del Sur sufren desnutrición aguda, incluidos 250.000 que están en riesgo de muerte si no reciben ayuda.

¿Con qué soñaba tu madre cuando era niña?

Por Yera Kim, especialista en educación de UNICEF Chad

Cuando todo el equipo (nuestros colegas de Educación de UNICEF en Chad, el Ministerio de Educación y nuestros aliados) estábamos saliendo de la escuela primaria Sido Bemadji, en la provincia de Moyen Chari, nos informaron de que una persona de la Asociación de Madres de la escuela había estado esperando para hablar con nosotros. Yo dudé unos segundos porque ya era tarde. Miré  y ahí estaba ella, Khadidja, de 40 años, una mujer orgullosa vestida con un hijab blanco y con una gran sonrisa en la cara.

Khadidja, madre de nueve hijos, parecía emocionada por contar su historia. “Soy la secretaria de la asociación de madres de la escuela. Puedo contarles más acerca de la labor que hacemos como asociación para promover la educación de los niños”. A lo que añadió: “También soy refugiada de la República Centroafricana. Dejé mi hogar en Bangassou, al sureste de la República Centroafricana, y llegué a Chad en 2013”.

¿Con qué soñaba tu madre cuando era niña?

Niñas en una clase de la escuela primaria Ridina (Chad), que acoge niños refugiados y retornados de RCA, como la escuela en la que trabaja Khadidja / © UNICEF/Chad/2018/Kim

Le dije que yo había estado en Bangassou y que recordaba el hermoso atardecer sobre el río Mbomou. Le sorprendió, pero también se alegró de conocer a una extranjera que conocía su ciudad de origen: la ciudad que tuvo que abandonar en busca de seguridad.

Cuando se desató el conflicto lo quemaron todo, incluida mi casa

Al recordar momentos dolorosos, no podía esconder su sufrimiento.

Khadidja se ha implicado enérgicamente en las actividades organizadas con la ayuda de UNICEF para empoderar a las asociaciones de madres. “En las sesiones de formación organizadas para las asociaciones de madres aprendí la estrecha relación que hay entre la educación de las niñas y la pubertad, la higiene escolar, el matrimonio infantil y el embarazo no deseado”.

Después de la formación, comenzó a desempeñar un papel fundamental para enseñar a las niñas adolescentes a utilizar kits de higiene. Al principio le costó mucho. “En la cultura árabe-musulmana en la que crecí, no podemos hablar en público de los cambios físicos o fisiológicos de las niñas. El primer día de la formación me resultaba demasiado embarazoso sacar el tema abiertamente delante de las niñas y sus padres. Sin embargo, pronto me di cuenta de que, si yo no cambiaba mi actitud, muchas de las niñas no entenderían correctamente el tema, seguirían faltando a clase cuando tuvieran el periodo y terminarían por abandonar la escuela. Por eso, decidí ser más valiente a partir del día siguiente. Con la formación y la distribución de kits de higiene reutilizables, cada vez más niñas permanecían en la escuela cada mes, y algunas de las que habían abandonado la escuela regresaron para reanudar las clases”.

Además de eso, Khadidja ha luchado para evitar que las niñas dejen la escuela a causa de haber contraído un matrimonio temprano. “Mis padres me casaron cuando tenía 14 años. Desde entonces, mis días han estado llenos de responsabilidades adultas como el nacimiento de hijos y el cuidado de miembros de mi familia. Mi sueño de la infancia se truncó con el matrimonio. Mi primera hija ya tiene 18 años y se acaba de matricular en el primer año de la escuela secundaria porque se quedó atrás en su educación debido al conflicto y los desplazamientos. Pero yo nunca quise que eligiera el matrimonio antes que la educación”.

Dada la curiosidad que sentía por el origen de su pasión y su dedicación a la enseñanza, le pregunté por qué esto ocupaba un lugar tan importante en su corazón. Alzó la cabeza y me miró a los ojos.

Mírese. Sin educación, ¿habría podido hacer lo que hace como miembro de UNICEF? Yo quiero lo mismo para nuestros hijos. Quiero que se marquen grandes objetivos y que desarrollen su máximo potencial gracias a la educación

¿Con qué soñaba tu madre cuando era niña?

Khadidja, de 40 años, es la secretaria de la Asociación de madres de la escuela primaria Sido Bemadji, en Chad. Es una refugiada de República Centroafricana que llegó a Chad en 2013 /© UNICEF/Chad/2018/Kim

Al preguntarle sobre el sueño de su infancia, a Khadidja le dio la risa. “Cuando era niña, siempre quería ser periodista. Me hacía feliz imaginarme hablando por la radio o en la televisión. Aunque no pude hacer realidad mi sueño, estoy agradecida de tener el poder de contribuir a la educación de mis hijos y ayudarlos a hacer realidad sus sueños gracias a mi papel en la Asociación de Madres”.

Desde 2013, alrededor de 150.000 refugiados centroafricanos y chadianos retornados han escapado de la violencia de la República Centroafricana y se han asentado en provincias fronterizas del sur de Chad. Con ayuda de “La Educación No Puede Esperar” y la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID), el Ministerio de Educación, UNICEF y aliados como RET International y CELIAF trabajan juntos para ayudar a las escuelas a ampliar el acceso y mejorar la calidad de la educación para todos los niños afectados por conflictos.

Niños de Yemen: la historia de Abdallah

Por Abdallah Ali, de 12 años

Tengo 12 años, soy el más pequeño de mi familia. Tuvimos que huir de Hodeidah a Saná cuando empezó la guerra en Yemen. Tengo talasemia desde que tenía 6 años. Tengo un hermano y cuatro hermanas. Tres de ellos tienen la misma enfermedad, y los otros tienen la carga genética.

Niños de Yemen: la historia de Abdallah

Abdallah es uno de los 11 millones de niños de Yemen que necesitan ayuda humanitaria/©UNICEF

Mi familia me sigue cuidando para que esté sano. Por ejemplo, no me dejan tomar helado, aunque me encanta. Una vez me perdí un examen porque había tomado helado. La gente con talasemia tiene dolor de espalda, de articulaciones, de piernas, de ojos y de oídos. Para estar mejor, tengo que tomar los medicamentos que hacen que no tenga estos síntomas.

Las medicinas eran gratis antes de la crisis. Pero ahora no las recibimos a tiempo. Esto afecta a mi salud y a la de mis hermanos. Espero que podamos tenerlas de manera constante.

Debido a la crisis y a las dificultades para encontrar trabajo, mi padre tuvo que dejar Hodeidah para buscar oportunidades en otro sitio. Mi madre se quedó con nosotros en Hodeidah, hasta que el conflicto se puso serio y tuvimos que huir a Saná.

Ella es profesora, pero, como miles de profesores del país, no recibe salario. Y eso supuso otro duro y doloroso viaje para todos nosotros.

Cuando llegamos a Saná, mi madre empezó a buscar una casa, colegio para nosotros y el traslado de su puesto anterior. Lo logró gracias a su perseverancia y su fuerte determinación.

Mi padre no pudo encontrar trabajo debido a la rígida ley laboral.

Aunque ahora estamos desplazados y estoy enfermo, estoy contento porque tengo a mi madre cerca. Me gusta la vida, y creo que superaremos todas las dificultades con paciencia y fe.

Abddallah es uno de los 11 millones de niños de Yemen que necesitan ayuda humanitaria. También forma parte de los 3 millones de desplazados internos del país. Han tenido que huir de la pobreza y de una guerra que tiene consecuencias terribles para los niños: sistemas de agua y saneamiento colapsados, centros de salud y escuelas cerrados, altas tasas de desnutrición o brotes de cólera, además de violencia. UNICEF está en el país trabajando para tratar de dar a los niños de Yemen un futuro mejor.

Día Mundial de los Niños: los niños y niñas tienen derecho a decir lo que piensan

Por Aristote M., joven reportero de República Democrática del Congo y ex vicepresidente de un Parlamento Infantil

La participación de los niños es un derecho que aparece en la Convención sobre los Derechos del Niño. En 2016, el gobierno congoleño, junto con UNICEF, estableció en Mambasa, en la provincia de Ituri (República Democrática del Congo), un Parlamento Infantil.

En Mambasa, como en otras partes del país, los niños desean defender y promover los derechos de sus iguales. Estos jóvenes líderes están convencidos de que, si una sociedad quiere respetar a los niños, estos deben poder participar en los procesos de toma de decisiones sobre los temas que les afectan.

Día Mundial de los Niños: los niños y niñas tienen derecho a decir lo que piensan

Integrantes del Parlamento Infantil de Mambasa, en República Democrática del Congo / ©UNICEF

Desde la creación de este Parlamento Infantil, se ha involucrado a los niños en la promoción de sus derechos, a pesar de los múltiples obstáculos que afrontan.

Wivine, de 15 años y presidenta del Parlamento, asegura que “nada es más importante que construir un mundo en el que todos los niños tengan la oportunidad de alcanzar todo su potencial, así como crecer en paz y de manera digna”.

El Parlamento Infantil de Mambasa se ha convertido en un lugar de encuentro en el que los niños de la zona se reúnen para debatir sobre la situación de sus compañeros, reflexionar sobre las soluciones que deberían ponerse en marcha, y decidir acciones concretas, siempre con la vista puesta en el objetivo final: respetar sus derechos.

“La promoción y protección de los derechos de la infancia no debería ser un simple ideal”, explica Bernard, el joven portavoz del Parlamento. Es importante “que se conviertan en una realidad diaria para garantizar el desarrollo de los niños y jóvenes de Mambasa”.

Desafortunadamente, este espacio de debate no tiene el apoyo suficiente. Los niños saben lo que hacen, pero “necesitamos el apoyo del gobierno y de las organizaciones que trabajan por los derechos de la infancia, y también de la sociedad, para poder desarrollar un buen papel en una zona donde se cometen muchas violaciones de nuestros derechos”, cuenta David, un joven reportero.

Los niños son el grupo más vulnerable del mundo, y sus derechos se ignoran a menudo. Los niños deben conocer bien sus derechos para poder estar en posición de promoverlos a través de diferentes estructuras, como los parlamentos infantiles. Como recogen los artículos 11, 12, 13, 14 y 15 de la Convención sobre los Derechos del Niño, es el momento de que la sociedad acepte la participación infantil.

Mulasi, de 15 años, es responsable del papel de las niñas en el Parlamento. “Hoy las niñas están quedando fuera de un mundo del que deberían formar parte. Son los niños los que defienden y promueven sus derechos”.

Por ello, Mulasi hace un llamamiento a sus compañeras: “Animo a todas las niñas a unirse a nosotras para aprender a defender nuestros derechos”.

Día Internacional de la Niña: el poder de las profesoras para reforzar la educación de las niñas en Etiopía

Por Amanda Westfall, UNICEF Etiopía

Asyia Adam, de 20 años, es un ejemplo de cómo la inversión en profesoras puede ayudar a construir una nueva generación de líderes en Etiopía.

La región de Afar, en Etiopía, es una de las más duras y calurosas del mundo, y tiene el récord de la temperatura media más alta de un lugar habitado (más de 41ºC). También es la zona más afectada por sequías: en 2015, medio millón de personas se quedaron sin ningún abastecimiento de agua. Cuando el acceso a recursos esenciales disminuye con cada estación seca, y uno se ve obligado a migrar para buscar agua y alimento, es necesario ser muy fuerte para sobrevivir.

Las mujeres tienen que ser más fuertes aún si quieren sobrevivir, prosperar, seguir en la escuela, terminarla, y encontrar un trabajo remunerado de adultas. El 91% de ellas sufren la mutilación genital femenina, el 66% se casan siendo niñas, y solo el 2,1% completa su educación primaria.

Asyia Adam, de 20 años, se casó con el hombre mayor que sus padres escogieron para ella cuando tenía 16 años y cursaba sexto grado. Su marido solo había completado hasta el octavo curso, y se negaba a que Asyia tuviera más educación que él.

Día Internacional de la Niña: el poder de las profesoras para reforzar la educación de las niñas en Etiopía

Asyia se ha convertido en un gran ejemplo para sus alumnas, sus hermanas y las niñas de su comunidad /©UNICEF

Pero Asyia ya había visto cómo demasiadas niñas habían dejado la escuela a causa del matrimonio, y no quería que a ella le pasara lo mismo. Su educación era demasiado importante. Le llevó algún tiempo convencer a su marido y a sus padres, pero finalmente ellos estuvieron de acuerdo en apoyar sus sueños. Tuvo que desplazarse 220 kilómetros para asistir y terminar la escuela secundaria en la ciudad de Logyia, y después obtuvo un título de enseñanza básica en la facultad de magisterio. Solo el 1,5% de la niñas de Afari alcanzan ese nivel educativo.

Dado que Asyia y su marido tenían diferentes perspectivas de futuro para ella, se divorciaron. El proceso llevó un tiempo, pero finalmente terminó el año pasado.

Contra todo pronóstico, Asyia es ahora profesora remunerada de educación infantil en una escuela pública del distrito de Teru para niños de comunidades de pastores. Cada día enseña e inspira a 60 niños.

Cuando el gobierno introdujo en estas comunidades de pastores estas aulas, fue difícil comprender los beneficios. Sin profesores especializados en educación infantil y sin apenas recursos, las escuelas asignaban a cualquier profesor de primaria esta clase extra. En la mayoría de los casos, las clases no eran interesantes y no enganchaban, así que los niños seguían abandonando. La tasa de abandono al llegar a primer grado era del 22%.

Junto con el gobierno, UNICEF desarrolló un programa de formación para profesores de educación infantil temprana. Trataba de la importancia de la estimulación temprana, de la planificación de las clases y de las actividades para niños pequeños basadas en el juego. UNICEF también apoyó la construcción de nuevas aulas de educación infantil y la distribución de materiales de juego y educativos.

Asyia participó en una de las formaciones de 20 días el pasado mes de noviembre. En su titulación de enseñanza general no había aprendido la importancia que tienen la estimulación precoz y las actividades basadas en el juego para el desarrollo mental de los niños pequeños. La formación de UNICEF también le enseñó a planificar las clases. “Antes, ni siquiera sabía que se debían planificar”. Ahora programa cada lección adecuadamente y ha notado una diferencia real. “Antes, los niños eran tímidos y temían venir. Ahora, debido a esa participación activa, les encanta venir. A veces no quieren volver a casa”.

También me contó su nuevo objetivo: “Si mejoro mis métodos y enseño participación activa, para cuando terminen el curso los niños deberían poder escribir, leer y expresarse por sí mismos, así como haber adquirido las habilidades de comportamiento necesarias para empezar el grado 1”.

Asyia es un verdadero modelo para todos los estudiantes, pero especialmente para las niñas. Cuando pregunté a sus alumnos por qué les gusta la escuela, Ahmed Mohammed, Halima Abdu y Ali Ahmed, todos de 6 años, me dijeron que la razón principal era su profesora: Asyia. Cuando le pregunté a ella si se considera un ejemplo para sus alumnas, sus hermanas –es la mayor de nueve hermanos- y las niñas de su comunidad, me dijo con una gran sonrisa y orgullo en sus ojos: “Sí”.

Si las comunidades de pastores no ven el valor de la educación, es obvio que las niñas no permanecerán en la escuela. Se necesitan profesoras cualificadas, formadas, inspiradoras y dedicadas –como Asyia- para lograr un cambio positivo para las niñas que viven en el árido clima de Afar.

Asyia vive ahora como mujer soltera en su propia casa tradicional, a tan solo un paseo de la escuela. Es feliz, está empoderada y sigue inspirando a las niñas para que pongan su educación en primer lugar.

UNICEF aboga por llevar a más mujeres a papeles de liderazgo en la educación, para que así ellas puedan inspirar a las niñas y jóvenes a liderar su país en el futuro.

La “madre psicóloga” de los niños afectados por el ébola en RDC

Por Yves Willemot, jefe de comunicación de UNICEF en República Democrática del Congo.

“Los niños me hacen muchas preguntas sobre la enfermedad y por qué ellos están aquí”, explica Sylvie Waridi, psicóloga del centro de tratamiento del ébola en Beni, en el este de República Democrática del Congo (RDC).

Sylvie es una de los 150 trabajadores psicosociales formados por UNICEF para dar apoyo a los afectados por el virus del ébola. Ella es la responsable de proporcionar asistencia psicosocial a los niños que reciben cuidados en el centro de Beni. “Hablo con ellos, les consuelo y escucho sus preocupaciones”, explica Sylvie.

Cada vez que damos de alta a un niño nos llena de alegría

La psicóloga atendió a Gloria* y Emmanuel*, mellizos de ocho años. Los dos fueron admitidos en el centro y puestos en observación tras mostrar síntomas que podrían sugerir la presencia del virus. “No fue fácil para ellos comprender qué estaba ocurriendo. Afortunadamente, se pudieron apoyar el uno al otro”.

La madre de los pequeños estaba completamente destrozada y creía que iban a morir. “El padre, sin embargo, mantenía la esperanza. Cada mañana llegaba hasta la valla y se quedaba hasta la caída de la noche, dando por hecho que sus hijos podrían verle”, cuenta Sylvie.

Tras seis días de observación y dos tests negativos, se confirmó que ninguno de los mellizos tenía el virus. “Cada vez que damos el alta a un niño nos llena de alegría”.

La “madre psicóloga” de los niños afectados por el ébola en RDC

Sylvie, con los mellizos que acaban de salir del centro de ébola en Beni /UNICEF/DRC/2018/Naftalin

Para la psicóloga, este momento marca el comienzo de una nueva fase de su trabajo. Es entonces cuando debe recordar a los niños, con palabras sencillas, qué les ha ocurrido y qué pueden esperar. “Cada niño al que se da el alta busca contacto físico”, explica. “Tenerles en nuestros brazos les da la fuerza y la confianza para lo que viene después”.

Y es que el riesgo de estigmatización a quienes salen del centro de ébola es muy alto, y la vuelta a casa no siempre es fácil. Sylvie visita regularmente a Gloria y Emmanuel para asegurarse de que les han recibido bien. “Tienes que explicar a los vecinos en qué consiste la enfermedad, por qué los niños ingresaron en el centro y por qué ahora han regresado con su familia”.

En las últimas semanas, Sylvie ha visto llegar a más niños al centro. Afortunadamente, también ha visto cómo muchos lo abandonaban al no estar infectados.

*Nombres cambiados para proteger la identidad de los niños.