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Entradas etiquetadas como ‘mortalidad materna’

La vida de una partera en Pakistán

Por A. Sami Malik, Kasur, Punjab

“El mayor placer para mí es ver que la madre y el niño están sanos después del parto”, nos explica Shagufta nada más presentarnos. Es una partera de 30 años que vive y trabaja en la aldea Nandanpura, situada en el distrito de Kasur, provincia del Punjab de Pakistán.

Shagufta Shahzadi se sienta al lado de una madre que descansa tras dar a luz a su bebé

Shagufta Shahzadi se sienta al lado de una madre que descansa tras dar a luz a su bebé

“Hay una enorme diferencia entre los servicios prestados por una partera capacitada y una partera tradicional no entrenada. Una experta en la materia sabe cómo prevenir y tratar las complicaciones durante el embarazo, en el momento del parto y conoce los cuidados post parto de la madre y el niño. Trabaja enfocada a reducir la mortalidad infantil“, añade enseguida.

El trabajo de un día normal para Shagufta puede incluir el parto de un bebé, aconsejar a las mujeres embarazadas sobre el cuidado prenatal y caminar varios kilómetros hasta la aldea vecina para brindar atención posnatal a una madre y a un recién nacido. Nos cuenta que se siente muy orgullosa de su trabajo y que siente una gran sensación de logro al pensar que su trabajo ha contribuido a que no haya habido ni un solo caso de mujer embarazada o de recién nacido que haya muerto por complicaciones del parto en su aldea en el último año. Le brillan los ojos al explicarlo.

Echando la vista atrás, Shagufta nos cuenta que no ha sido fácil para ella llegar a trabajar como partera. Para llegar hasta aquí ha tenido que afrontar una vida nada fácil. “Yo tenía dos meses cuando mi padre falleció. Mi madre cosía para poder sacar un poco de dinero con el que mantenernos a mi hermana y a mí. Nuestros recursos eran más que escasos, sin embargo, ella hizo todo lo imaginable para asegurarse de que las dos podíamos estudiar. Las dos trabajamos muy duro. Mi hermana se convirtió en visitadora sanitaria y yo me formé como partera”.

En 2012, Shagufta se graduó como partera en un curso de capacitación comunitaria de 18 meses organizado por UNICEF en el hospital del distrito de Kasur. No fue fácil para ella porque su hija más pequeña tenía sólo 2 meses. Con el apoyo de su marido y del resto de la familia pudo completar la formación. “Ahora me siguen apoyando en mi trabajo. Tanto mi familia como la comunidad. Sobre todo desde que han visto que, con atención cualificada en los partos, las muertes se han reducido muchísimo”, nos cuenta Shagufta.

Shagufta controla a una mujer embarazada.

Shagufta controla a una mujer embarazada.

La comparación entre la atención prenatal, el parto y el postparto ejercido por parteras sin entrenamiento hace 25 años y los servicios de hoy en día son escalofriantes. “Mi madre me cuenta que cuando yo nací una partera tradicional vino a nuestra casa a ayudarle con el parto. No tenía ni idea de higiene y ni siquiera se lavó las manos antes de tocar a mi madre. Puso un poco de ceniza de la estufa en el suelo y allí fue dónde mi madre me dio a luz. Afortunadamente las cosas están cambiando ahora. No queremos que se pierdan más vidas en los partos”, nos explica Shagufta.

Shagufta empezó atendiendo a las mujeres de su aldea, pero ahora ya brinda cuidado prenatal, atención prenatal y posnatal a las mujeres y los bebés en 10 pueblos dentro del distrito de Kasur. Se ha vuelto muy popular porque es la única partera preparada de la zona y además trata con mucho cariño a las mujeres embarazadas. Muchas vecinas nos cuentan que las mujeres se sienten cómodas hablando de sus problemas con ella.

Pakistán es un país con una muy alta tasa de mortalidad materna e infantil. Una de las razones es la falta de parteras preparadas, en especial, en las zonas rurales remotas. En colaboración con el Departamento de Salud del Punjab, UNICEF inició un programa de capacitación en 2005, que aún hoy sigue activo. El objetivo del programa es formar a las jóvenes de las comunidades rurales para que adquieran las habilidades y trabajen en sus aldeas.

“Debido a los resultados positivos de este programa, el Gobierno de Pakistán ha ampliado la iniciativa en todo el país”, nos comenta el doctor Tahir Manzoor, especialista de Salud de UNICEF. “En la provincia de Punjab, más de 5.000 mujeres han sido capacitadas y están realizando valiosos servicios a las mujeres embarazadas y los bebés. Ya podemos ver el impacto positivo de sus servicios y la certeza de que no para de reducirse la mortalidad de las madres y los recién nacidos en Pakistán desde hace años”, añade Manzoor.

Shagufta cree que garantizar la seguridad y salud para la madre y el niño es imprescindible. “Si las madres y los niños están sanos toda la sociedad estará más sana”, sentencia.

Shagufta toma notas mientras conversa con mujeres embarazadas para llevar un registro de sus revisiones periódicas. Usa una parte de su casa como centro de atención a la maternidad.

Shagufta toma notas mientras conversa con mujeres embarazadas para llevar un registro de
sus revisiones periódicas. Usa una parte de su casa como centro de atención a la maternidad.

Fotos: © UNICEF / Pakistán 2014 / Asad Zaidi

Dar a luz en Sudán del Sur

Por Agus Morales y Anna Surinyach (Médicos Sin Fronteras, desde Sudán del Sur*)

“¿A qué problemas os enfrentáis durante el parto?”, pregunta Aisha Akello, matrona de Médicos Sin Fronteras.

“A veces vemos que sale un brazo y no sabemos qué hacer”, contesta una partera. “Si pasa algo así, lo mejor es no tocar a la embarazada y llevarla al hospital”.

Aisha está en permanente contacto con las parteras tradicionales de una zona rural de Sudán del Sur. Habla con ellas mientras en el suelo yace una muñeca de plástico que hace las veces de embarazada. Las parteras han acudido a un centro de atención primaria del estado de Ecuatoria Occidental para practicar con el modelo y discutir sobre los retos que suponen algunos partos, sobre todo los que se complican. Aquí el mundo tradicional de las parteras y el conocimiento obstétrico confluyen para evitar la muerte de más mujeres.

Madeleine James dio a luz a su primer hijo en casa con grandes dificultades. Ahora quiere parir en el hospital de MSF en Yambio (© Anna Surinyach)

Madeleine James dio a luz a su primer hijo en casa con grandes dificultades. Ahora quiere parir en el hospital de MSF en Yambio (© Anna Surinyach)

 “Si veis la cabeza y no hay tiempo, tenéis que llevar a cabo el parto”, dice la matrona, “pero si veis otras partes del cuerpo es mejor acudir a un centro médico”.

Sudán del Sur tiene la tasa de mortalidad materna más alta del mundo: 2.054 mujeres fallecen por cada 100.000 nacidos vivos, según la Organización Mundial de la Salud. La hemorragia es el motivo principal, a menudo debido al aislamiento de algunas de estas comunidades, que impide el acceso rápido a centros de salud en caso de complicaciones durante el parto.

Las duras condiciones de vida, la ausencia de planificación familiar, la coincidencia del embarazo con enfermedades como la malaria y la escasez de personal médico cualificado completan el cuadro de razones para la muerte de mujeres durante o después del parto.

En este contexto, la figura tradicional de las parteras es clave para salvar la vida de centenares de mujeres. Tienen consultas en las aldeas, van de casa en casa y conocen bien a la comunidad. Las embarazadas confían de forma casi ciega en las parteras; por eso la estrategia de MSF se centra en conectar con ellas.

“No podemos sentarnos y esperar en el hospital, tenemos que llegar a la comunidad, porque a menudo las embarazadas no vienen a nosotros. La costumbre es tener hijos en casa con la ayuda de parteras”, resume Michiko Kyokan, responsable médica del proyecto de MSF en Yambio.

MSF anima a las parteras, en primera instancia, a que lleven a las embarazadas a centros de atención primaria en caso de complicaciones durante el embarazo. El último nivel es el del hospital, preparado para efectuar cesáreas, pero donde también se reparten kits a las mujeres que tienen decidido parir en casa.

Parteras tradicionales junto a personal de MSF en Sudán del Sur (© Anna Surinyach)

Parteras tradicionales junto a personal de MSF en Sudán del Sur (© Anna Surinyach)

“A veces la cabeza del bebé ya está saliendo y es imposible llevar a la madre al hospital”, razona Teresina Simon, una partera que vive en el distrito de Gangura, en el sur del país. “Normalmente me muevo por la zona e informo a las mujeres de que pueden ir al hospital”, amplía.

Pero Teresina tiene claro que en muchas ocasiones esto no es posible y que las parteras tienen que estar preparadas para asistir a las embarazadas. “Lo que me hizo ser partera fue mi primera hija, que estaba a punto de dar a luz. Yo estaba cocinando y empezó a decirme que tenía dolores. Cuando me acerqué a ella, la cabeza del bebé ya estaba saliendo”.

 

* Médicos Sin Fronteras trabaja en el hospital de Yambio, en el estado de Ecuatoria Occidental, desde 2008. La organización apoya la maternidad del centro y tiene un programa de prevención de transmisión del virus del VIH de madre a hijo, además de desarrollar actividades pediátricas y quirúrgicas. La presencia de MSF en la maternidad y la conexión con las parteras hicieron posible que en el hospital hubiera un total de 1.951 partos en 2012 y 1.254 en los primeros seis meses de este año.

De “a tiempo” o “demasiado tarde”

Por Patricia Lledó (ginecóloga de Médicos Sin Fronteras, Sierra Leona)

El sistema de clínicas, criterios de complicación y traslados a tiempo con ambulancia al hospital ha logrado disminuir la mortalidad materna en este distrito de Sierra Leona en el que trabajamos. Es increíble lo que pueden hacer un “a tiempo” y un “demasiado tarde”… Pese a todo, aún recibimos  muchos “demasiado-tardes”, porque las pacientes tardan en tomar la decisión de acudir a la clínica y/o paren en casa, y a veces no viven cerca de la clínica o carecen de transporte.

Entra una paciente con parto obstruido. Lleva empujando desde la noche anterior y el bebé no sale. La examino a ella y escucho el latido del feto, muy lento. Decido hacer un parto instrumental con ventosa (por supuesto aquí sin esas cosas como anestesia epidural), y saco al bebé volando y llamo al pediatra para que me eche una mano con la resucitación del recién nacido. 20 minutos más tarde tenemos que admitir que ha sido un “demasiado tarde” para el bebé. Lo arropamos en un refajo de telas de colores.

Pero la madre está bien, un “a tiempo” para ella, teniendo en cuenta que el parto obstruido mata a entre un 10 y un 20% de las 1.000 mujeres que mueren cada día en el mundo por causas relacionadas con el embarazo y el posparto. Por no hablar de que puede causar fístulas de difícil arreglo en la madre, abocándola a perder orina el resto de su vida sin control.

Salgo a tomar un poco el aire (¡qué calor, no hay forma de encontrar una sombra para fumar un cigarillo tranquila!) justo para ver llegar la siguiente ambulancia. Hemorragia posparto. Hala, a correr todos. Sangre, vías intravenosas, mucha más sangre, drogas para contraer el útero, algún que otro trocito de placenta que hay que sacar y… ufff, “un a tiempo”. La hemorragia es la principal causa de mortalidad materna en estos países. ¡Ya llevamos dos puntos contra las estadísticas hoy!

Reviso a unos gemelitos, cuya madre murió hace cuatro días de una complicación relacionada con la hipertensión del embarazo llamada eclampsia. Llegó inconsciente, logró dar a luz a los gemelos y, pese a todas las drogas posibles, nunca despertó para verlos. Van ganando peso, estamos enseñando a la abuela cómo preparar la fórmula de leche artificial para recién nacidos. Ya queda poco y podrán irse a casa, a la casa sin madre… un “demasiado tarde”.

Así pasa el día, mezclando “demasiado tarde” con “a tiempo”, siempre salpicado por algún llanto o grito de dolor de las madres de las otras 150 camas pediátricas que tiene el hospital. Pero sazonado con alguna risa y mirada picarona de los niños que no están tan graves y pululan por el hospital.

Hoy no ha habido ningún “demasiado tarde” para ninguna madre, un buen día sin duda. Ya se ha hecho de noche y huele distinto, igual llueve pronto.

Hago la última ronda antes de intentar “estirar la variz”, como decían mis compañeros en el hospital en el que trabajaba en Madrid antes de esta vida loca. Y además tengo hambre. Si es que las necesidades básicas son las mismas en todas partes del mundo, ya lo decía mi abuela…

Miro la sala llena de mosquiteras a media luz. Todas las pacientes parecen ir bien, algunas sonríen (pensarán “qué hace la blanca esta despierta”). Pues a ver qué trae el resto de la noche. Nuevas miradas seguro, y esperemos que ningún “demasiado tarde” y muchos “a tiempo”.

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Foto: Sala de Urgencias del Hospital de Refencia de Gondama, Sierra Leona (© Niklas Bergstrand/MSF)