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Archivo de abril, 2019

Semana Mundial de la Vacunación: cuando vivir en una mina te deja sin vacunas

Por Fatou Diagne, oficial de comunicación en UNICEF Malí

Ramata no sabe cuántos años tiene. Pero sabe que lleva tres años trabajando en la mina de oro de Massakama, en el oeste de Malí. Con su bebé de 11 meses, Hachime, enrollado con un pañuelo a su espalda, Ramata pasa sus días en el barro, buscando oro bajo un sol abrasador.

Conocida como “la mujer joyera”, Ramata vive con su marido Mamadou y sus cinco hijos en el asentamiento de la mina en la que trabaja.

“Cada día llego aquí a las 6 de la mañana, tras dar el desayuno a mis hijos. No van a la escuela, todos ellos vienen conmigo. Los mayores cuidan de los pequeños mientras yo examino el barro del río buscando piezas de oro”. Tampoco reciben las vacunas que necesitan.

Semana Mundial de la Vacunación: cuando vivir en una mina te deja sin atención sanitaria

Mientras Ramata busca pepitas de oro, su bebé Hachime está con ella / © UNICEF/UN0293791/Keïta

Ramata y su familia están entre las miles de personas que viven y trabajan en esta mina cada día. “Mi marido no trabajaba, por lo que nos costaba dar de comer a nuestros hijos. Así que decidimos buscar oro, como mucha otra gente de nuestra aldea. Nos dijeron que esta mina es de las mejores, que hay más posibilidades de encontrar oro. Así que nos vinimos sin dudar”.

Pero vivir en una mina puede tener consecuencias en los niños. Cuando las familias se mudan a los asentamientos de las minas, a menudo los niños abandonan la escuela y quedan privados de servicios básicos de atención sanitaria y protección.

“La falta de medios y la pobreza llevan a estas familias a abandonar sus aldeas”, nos cuenta el doctor Konate, oficial de vacunación de UNICEF. “Pero cuando llegan a las minas se convierten en más vulnerables todavía, sin servicios básicos –como atención sanitaria- a su disposición”.

Semana Mundial de la Vacunación: las vacunas salvan vidas

En esta parte de Malí, donde la economía local está dominada por las minas de oro, las tasas de niños sin vacunar son de las más altas de todo el país. Solo el 41% de los niños reciben todas las vacunas que necesitan para permanecer sanos.

El bebé de Ramata, Hachime, es uno de los muchos de la región que necesitan atención sanitaria.

“Además de no estar vacunado, Hachime sufre un evidente retraso en su crecimiento: su cerebro y su cuerpo no se están desarrollando por completo”, dice el doctor Konate. “Hoy le hemos dado la vacuna de la polio. En unos días enviaremos a trabadores sanitarios comunitarios para que examinen los próximos pasos, como por ejemplo administrarle rápidamente todas las dosis de vacunas que necesita”.

Ramata está contenta por haber podido vacunar a Hachime. Siente aprensión desde que se produjeron varios casos de sarampión en su comunidad. “Una vez vi al hijo de una amiga sufrir las consecuencias del sarampión. La madre casi pierde al niño”, recuerda. “Estoy muy contenta de que los vacunadores vengan a buscarnos a la mina para vacuna a nuestros hijos. Esto era impensable hace solo 10 años. Somos muy afortunados”.

Semana Mundial de la Vacunación: cuando vivir en una mina te deja sin atención sanitaria

Adama Traore, miembro del equipo móvil de vacunación, vacuna a Hachime, de 11 meses, con la primera dosis de la vacuna contra la polio. / © UNICEF/UN0293791/Keïta

El sol se está poniendo y Ramata se prepara para volver a casa con sus hijos. El día ha ido regular: ha encontrado dos pepitas de oro. Sin embargo, tiene una razón para sonreír: “Hoy encontré poco oro. Pero el mayor tesoro ha sido poder vacunar a mi hijo”.

Visitas al asentamiento como la del doctor Konate forman parte de la amplia estrategia de UNICEF y sus aliados para enviar equipos móviles de vacunadores a los niños más vulnerables y de zonas más remotas. UNICEF da apoyo con equipamiento y con los conocimientos que necesitan para proporcionar servicios vitales a las familias de comunidades aisladas.

UNICEF trabaja estrechamente con el Ministerio de Sanidad, GAVI y la OMS para proporcionar vacunas contra la polio, el sarampión y el tétanos para los niños y mujeres de Malí. En 2018, pudieron vacunar a más de 700.000 niños del país contra el sarampión.

El poder del deporte para cambiar el mundo

Por Rocío Vicente, técnico de programas de UNICEF Comité Español

Hay emociones que perduran para siempre y recuerdos que no se olvidan. Esa final, el empuje de las compañeras, los últimos largos.  Cómo olvidar todos esos momentos en los que un balón, una camiseta o un equipo nos ha dado tanto.

Mirando atrás, son muchas las alegrías unidas al deporte y, también, las grandes lecciones. Pocas derrotas nos han enseñado tanto, y pocas veces la perseverancia ha derribado tantas barreras. El deporte nos ha mostrado que es posible unir por encima del odio y las diferencias. Y que, en momentos de desesperanza, como alguien dijo una vez, tiene el poder de cambiar el mundo.

Por eso el deporte, entendido como educación física pero también como un juego en su faceta más libre y espontánea, es fundamental para la vida de los niños. Para UNICEF el deporte es una herramienta clave, porque actúa para lograr otros objetivos y, por eso, es parte esencial de todo lo que hacemos para mejorar la vida de los niños en cualquier parte del mundo. Nos ayuda, por ejemplo, a que los adolescentes de las favelas, en las grandes urbes de Brasil se interesen más por la educación, haciendo su currículo escolar más atractivo. En Sudáfrica o China formamos a profesores de educación física para mejorar sus habilidades pedagógicas y que sepan cómo proteger a sus alumnos. Pero, sin duda, uno de sus aspectos más valiosos es cómo el deporte ayuda a los niños que han vivido situaciones traumáticas a canalizar su dolor y cicatrizar heridas.

El poder del deporte para cambiar el mundo

Un grupo de niños sirios juega al fútbol en el campo de refugiados de Zaatari, Jordania / © UNICEF/UN033508/Al Khatib

Cerca de la frontera con Siria, en el campo de refugiados de Zaatari, sencillas instalaciones para aprender y jugar en torno a un balón o una comba consiguen sacar una pequeña sonrisa a los niños sirios que, por fin, han dejado atrás una cruenta guerra.

Jamás olvidaré las palabras de Ranya, quien con tan solo 7 años me contaba que su mayor ilusión, desde su llegada, había sido volver a jugar con su amiga y verla por fin en clase.

El deporte es tan fundamental que afecta al desarrollo físico, mental y social de los niños, y es uno de sus derechos. Y esto significa poner todos los medios posibles, la inversión y un marco legislativo acorde para que sea una realidad. Es decir, que nuestras ciudades o escuelas cuenten con los recursos y espacios apropiados para que los niños puedan practicar deporte sin importar el barrio en el que vivan o la economía de sus familias. Y, sin duda, todos y todas tienen que poder jugar, correr o nadar, dejando atrás estereotipos o roles ya demasiado caducos.  Sin embargo, hoy en día perduran obstáculos que impiden que muchos niños se diviertan con el deporte. En nuestras sociedades más próximas, cada vez más encerradas, sedentarias y pendientes de la comercialización, hemos cedido tiempos y abandonado espacios. En otros países, el abismo de la desigualdad o la violencia hace que ejercer este derecho sea impensable.

El poder del deporte para cambiar el mundo

Niños jugando en el patio de su escuela en Ndjamena, capital de Chad/ © UNICEF/UN0294720/ Frank Dejongh

En España, junto con el Consejo Superior de Deportes, tenemos el compromiso de trabajar para lograr que cuando los niños practiquen deporte estén seguros y protegidos, ya que así “El abuso sexual infantil queda fuera de juego”. Y nuestro centro de investigaciones en Florencia, Innocenti, junto con la Fundación del Fútbol Club Barcelona ha publicado un informe en el que, por primera vez, se analiza la importancia de este derecho para el bienestar y desarrollo de todos los niños.

Porque, desde UNICEF, queremos que el deporte y el juego lleguen a todos los niños y cada uno de los niños; porque en él tiene que caber nuestra diversidad, valores y culturas; porque todos los niños, allá donde se encuentren, tienen que poder disfrutar, jugar y volver a reír, porque la infancia es nuestra primera memoria y nuestros recuerdos, parte de esa felicidad que nunca se olvida.

El 6 de abril es el Día Internacional del Deporte para el Desarrollo y la Paz