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Por aquí han pasado cooperantes de Ayuda en Acción, Cruz Roja, Ingeniería Sin Fronteras, Unicef, Médicos del Mundo, HelpAge, Fundación Vicente Ferrer, Médicos Sin Fronteras, PLAN
Internacional, Farmamundi, Amigos de Sierra
Leona y Arquitectura sin Fronteras.

La cultura milenaria de la violencia contra las niñas

Por Elisa Paz, de Plan International, desde Malí.

Como mujer occidental europea, de clase media y feminista tengo un posicionamiento muy claro y firme sobre la mutilación genital femenina (MGF). No obstante, llego a Bamako dispuesta a escuchar y absorber lo que la gente quiera contarme sin prejuicios.

Antes del viaje leo sobre el contexto del país y la mutilación. Según los datos ofrecidos por la última encuesta demográfica y de salud de Malí, el 85% de las mujeres aquí sufren de esta violencia y en algunas zonas del país alcanza hasta el 91%. Se ejerce sobre todo en las niñas y adolescentes y mayoritariamente antes de los 5 años.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), abarca todos los procedimientos que conllevan una resección parcial o total de los genitales externos femeninos, u otra lesión causada a tales órganos por motivos no médicos. Parece ser que hay también hay 4 tipos de mutilación, según se trate de la sección total o parcial del clítoris, los labios menores o mayores, el estrechamiento de la abertura vaginal y otros relacionados con la punción, perforación, raspado… Cuando termino la lectura, no puedo dejar de pensar en lo horrible que debe ser vivir algo así.

La MGF es sólo una de las 16 práctiques néfastes que existen en Malí. A ella se suman otras como el matrimonio forzado, cortes en el cuerpo o el gavage, que implica el engorde de niñas, adolescentes y mujeres de cara al matrimonio. Pero es sin duda la mutilación, por la violencia con la que se ejerce, porque implica la mutilación del placer sexual antes incluso de tener conciencia de lo que es, y porque representa el patriarcado más profundo a manos de las propias mujeres, la práctica que más me afecta de manera personal.

Cuando llego al país, veo que ante el alto porcentaje de prevalencia de esta práctica en Malí y las graves consecuencias emocionales y en la salud sexual y reproductiva de las niñas, adolescentes y mujeres, se ha impulsado un movimiento social a favor de su eliminación, liderado por organizaciones de mujeres y respaldado por algunas parlamentarias de Malí, así como por Plan International.

Con el objetivo de involucrar a las comunidades en la erradicación de lo que llaman “una cultura milenaria” y que yo me he permitido renombrar bajo la expresión “cultura milenaria de la violencia” contra las niñas, se han puesto en marcha a nivel nacional, regional y local los llamados Comités de Acción para acabar con la mutilación.

Una de las primeras paradas del viaje fue Kita, situada en la provincia de Koulikoro. Conmigo, el equipo de Plan Internacional y Nana, la responsable del programa contra la MGF. Allí, siete comunidades han declarado y firmado un documento en el que públicamente se proclaman libres de Mutilación Genital Femenina.

Al llegar al ayuntamiento de Sanankoro, en Kita, la premiere conseillier nos recibe amablemente e invita al Comité de Acción a charlar con nosotras. Nos comentan el trabajo realizado a lo largo de estos años, las dificultades y los logros. Quiero detenerme en sus historias personales.

Una mujer de unos 65 años me explicó que se involucró en la lucha cuando su nieta murió delante de ella a manos de la mujer que la mutilaba. Más tarde, un hombre miembro del Comité explicó lo difícil que es pensar distinto en una sociedad como la maliense. Él, que siempre estuvo en contra de la mutilación, tuvo que ver como su madre (la abuela) se llevaba a su hija y le practicaba en secreto la mutilación, “pues él, estaba profundamente equivocado y no sabía lo que hacía”. Ahora, es miembro activo del Comité y trabaja para que otras niñas no tengan que pasar por lo mismo.

Observo también a una de las animadoras locales del programa. Sonríe al escuchar como otro miembro del Comité cuenta que hasta que no participó en una de las formaciones, no comprendió lo equivocado que había estado sobre la MGF. La animadora, que trabajaba en el programa de lucha contra el VIH SIDA, recuerda que cuando le asignaronsu nuevo puesto, el de contar las desventajas de la mutilación, pasó noches llorando y asustada por cómo las comunidades iban a recibirla. Ahora no cambiaría el puesto “por nada del mundo”, dice.

Para terminar la jornada, llegamos a una de las comunidades de Kita libre de mutilación. Nos reciben varios líderes comunitarios y una veintena de mujeres de edades diversas en una casa de abobe y paja. Sin duda me quedo con el relato de una chica de 16 años con la que tuve la oportunidad de hablar: “Antes vivía atemorizada pensando que llegaría ‘el día’ y ahora me siento libre”.

Ir al médico y después al cole. Así sí parece un día normal para los niños y niñas refugiados en Grecia

Beatriz Garlaschi, delegada de Cruz Roja Española en Grecia

Saleh y Mahmuda.

Recuerda aquellos momentos de tu infancia, días normales, de colegio, deberes, calle y parque. Recuerda aquel día en el que tu madre o tu padre te llevaba de la mano al médico porque te sentías mal. No estabas gravemente enferma, ni desnutrida, tampoco estabas triste. Ibas al médico para certificar tu salud y luego, irías de vuelta al colegio.

Piensa en la suerte que has tenido de vivir en un país en paz: tienes tus piernas, tienes tus brazos y tu cabeza, intactos. No has tenido que cruzar el mar en una balsa de juguete ni vivir en una caravana. Afortunadamente, y después de mucho tiempo, de haber cruzado el mar, de haber vivido en un campo de refugiados durante dos años, la normalidad vuelve a la vida de Mahmuda, una niña afgana de ocho años que ha tenido la suerte de poder seguir el curso de su infancia junto a su madre, Tuba, de 34 años, y sus tres hermanos. Hoy, por fin, aunque quedan muchos retos por delante en Grecia, ya es un día cualquiera para ella y su familia, y entre risas, sigue las instrucciones de nuestra enfermera Vasiliki y nuestra voluntaria, Angeliki, en el centro pediátrico que Cruz Roja gestiona en Atenas.

Saleh, hermano mayor de Mahmuda, bromea todo el tiempo con su hermana: por las gafas para hacer las pruebas de visión que más parecen un artilugio de buceo, o por el vestido que se ha puesto hoy Mahmuda, que hace honor a la Cruz Roja (rojo sobre blanco) o porque hoy hay demasiados espectadores en la consulta. Saleh es un niño feliz, y para Cruz Roja, es una enorme satisfacción proteger y ver sus sonrisas en esta familia, porque seguiremos trabajando mientras sea necesario, apoyando a más niños y niñas como ellos para que puedan tener muchos otros momentos de felicidad cotidiana.

Mahmuda en su prueba oftalmológica para acreditar el estado de su visión en el Centro pediátrico de Cruz Roja en Ambelokipi, Atenas.

Un equipo compuesto por enfermeras/os, médicos/as, pediatras y traductores/mediadores de Cruz Roja apoya cada día a cientos de personas con problemas de salud y a enfermos crónicos en el corazón de la capital de Grecia. Se trata de servicios muy útiles para las personas refugiadas no solo por la atención en salud que reciben sino por el hecho de acudir acompañadas de traductores y mediadores sociales, que son quienes se encargan de que las personas tengan la información adecuada que les transmite el personal de salud y las prescripciones a seguir.

El centro pediátrico de Cruz Roja en el barrio de Ambelokipi es uno de los servicios más concurridos, donde se realizan consultas de salud pediátrica básica para niños y niñas migrantes y refugiados de Ucrania, Afganistán, Siria o Irak, se suministran vacunas y se refiere a los especialistas los casos más complicados.

Nuestras actividades de salud en los centros urbanos, están financiadas por la UE a través de ECHO.

Vasiliki Dalla, enfermera de Cruz Roja, mide a Saleh, hermano de 11 años de Mahmuda, junto a su madre, Tuba, de 34.

Yemen: cómo la reforma de baños en las escuelas ayuda a los niños a retomar sus estudios

Por Najwa Al Romain, UNICEF en Yemen

Mohamed es alumno de noveno grado en la escuela de Al Mahdhar, que está en lo alto de una meseta a la que se llega por una carretera irregular desde las afueras de Saná, la capital de Yemen. Es diabético, por lo que tener un cuarto de baño operativo es especialmente importante para Mohamed. “Siento que mi vejiga está a punto de explotar cada media hora, y necesito utilizar el baño mucho. Así que a menudo tengo que salir de clase para ir”, cuenta Mohamed. “Pero si tuviera que ir al baño en el recreo, cuando todos mis compañeros están alrededor en el patio, no tendría un lugar privado al que ir. Así que solía esperar unos 20 minutos, hasta que el recreo terminaba. No puedes ni imaginar el dolor mientras contaba unos minutos que me parecían horas”.

Yemen: cómo la reforma de baños en las escuelas ayuda a los niños a retomar sus estudios

Mohammed, entrando en uno de los nuevos baños de su escuela. Antes de la reforma, tenía que salir al aire libre para que nadie le viera /© UNICEF Yemen/2018/Al Romaim

El dolor no era la única preocupación de Mohamed. Cada día debía llevar 1,5 litros de agua a la escuela para poder lavarse después de orinar. Afortunadamente, ya no tendrá que hacerlo nunca más. UNICEF ha apoyado la reforma de los cuartos de baño de su escuela, y por fin hay agua corriente. Finalmente, Mohamed puede retomar sus estudios. Es uno de los mejores alumnos de su clase, pero debido a estos problemas con los baños se saltaba clases habitualmente y admite que odiaba la escuela.

“Ahora, ir a la escuela es una de las mejores cosas de mi vida”, dice alegremente.

Mohamed no era el único estudiante afectado por la falta de baños en la escuela de Al Mahdhar. Bakeel, tres cursos por debajo de Mohamed, sufre de piedras en el riñón con solo 12 años. Debido a esta enfermedad, tiene que ir al baño a menudo. “En invierno es peor”, asegura. “Tengo que ir una vez cada veinte minutos”.

Por eso no sorprende la alegría de Bakeel cuando UNICEF llegó para reformar los baños. Agradecido, explica que “Me siento más cómodo ahora en la escuela, y ya no estoy preocupado por cuántas veces tengo que ir al baño. Antes estaban cerrados, pero ahora puedo ir las veces que necesite y siempre hay un baño limpio y también agua disponible”.

Yemen: cómo la reforma de baños en las escuelas ayuda a los niños a retomar sus estudios

Bakeel, lavándose las manos después de ir al baño en la escuela / © UNICEF Yemen/2018/Al Romaim

Mientras que en la escuela de al Mahdhar hay sobre todo niños, los tres primeros cursos son mixtos, con niñas también. Antes de la reforma, eran las niñas pequeñas, como Enas y Abrar, las que más sufrían. Ambas están en tercer grado.

Con una sonrisa tímida e inocente, Enas cuenta que “antes de tener los nuevos baños, tenía que ir a casa cuando quería ir al baño, así que perdía mucho tiempo de clase. Esto significa que me tenía que esforzar muchísimo, pero ya no tengo ese problema”. Para Abrar, el problema era ligeramente distinto. “Mi madre no me dejaba beber agua antes de ir a la escuela por la mañana, para así no tener que ir al baño. Pasaba todo el día con mucha sed, hasta que volvía a casa”. Con una confianza recién adquirida, Abrar asegura que ahora “Estoy muy contenta de poder beber agua en cualquier momento, siempre que me apetece”.

El 26 de marzo se cumplen tres años de guerra en Yemen. El conflicto ha llevado al cierre completo o parcial de más de 2.000 escuelas. Muchas de ellas están destruidas o parcialmente dañadas, y necesitan urgentemente una reparación para mejorar el entorno de aprendizaje. En 2017, UNICEF mejoró las instalaciones de agua y saneamiento de 232 escuelas de todo el país, incluida la de Al Mahdhar.

 

La lucha contra el tráfico de niños y niñas en Nepal

Por Ranjana, de Plan International, desde Nepal

Trabajo en uno de los puestos de control instalados por Plan International cerca de la frontera con India. Cada día impido el tráfico de menores que hay en Nepal. Paro a todos los vehículos que lleven menores dentro en su rumbo a India y compruebo si van acompañados. Después pido los documentos de identidad y, si ni el menor ni el adulto los tienen, informo a la policía y los apunto en mi registro.

A diario inspecciono unos 200 vehículos, incluyendo autobuses, camiones, carros de caballos… e incluso bicicletas. Es un trabajo bastante duro porque a veces recibimos incluso gritos y amenazas de los traficantes de menores.

Similares a mi control, han colocado dos puestos más en Banke, al oeste de Nepal, y Sunsari, al este: se trata de las zonas con mayor tráfico de personas en el país.

Cada año, miles de personas migran a la India para buscar trabajo cruzando esa frontera, para lo cual no hace falta pasaporte. Durante el terremoto de Nepal de 2015, el tráfico de menores aumentó en un 15% dado que muchas familias se quedaron sin hogar.

Para frenar esta tendencia, Plan International ha instalado cinco puestos de control en dos de los distritos más afectados. Gracias a ellos se ha evitado que 254 menores cruzaran la frontera y, en los casos críticos de tráfico, se ha conseguido el traslado del niño o niña a agencias gubernamentales para su protección.

LAS NIÑAS, LAS MÁS DISCRIMINADAS

Los traficantes suelen elegir a menores, especialmente a niñas vulnerables en situación de marginación económica y social. Vemos que provienen de áreas rurales y se les traslada contra su voluntad a grandes ciudades u otros países. Solo en 2016 hubo 8.500 casos de tráfico registrados, sin contar todos los que no aparecen en las estadísticas.

Una de las principales razones del elevado número de menores víctimas de tráfico en el país es la falta de conocimiento sobre las consecuencias del tráfico entre los propios niños y niñas, los padres, madres y las comunidades. Por eso hay otros compañeros que trabajan para crear conciencia a nivel comunitario, especialmente entre los niños, niñas y jóvenes, por medio de actividades como el proyecto “Campeones del Cambio”, que está consiguiendo que la comunidad se involucre y que gobiernos locales destinen fondos a proyectos contra el tráfico de menores. Gracia a su trabajo, cada vez más personas denuncian.

Además, Plan International Nepal va a dar formación a 20.000 niñas y adolescentes en los próximos dos años para que sean capaces de alzar sus voces contra el tráfico de personas y luchen contra la injusticia. Un paso más para hacer de este mundo un lugar más justo.

Mejorar la atención a las refugiadas sirias en Saida, Líbano

Marina Juan, delegada de Cruz Roja Española en Líbano.

Ghada Salem es trabajadora social en el Hospital de Hamshari en Saida (región sur del Libano). Hamshari es el hospital de referencia de la Media Luna Roja Palestina (MLRP) y es el único hospital de la MLRP que fue construido para este propósito.

Ghada lleva 7 años trabajando como trabajadora social en Hamsari, y en estos años de trabajo ha visto un cambio en el perfil de pacientes que acuden al hospital. Desde que empezó la crisis siria el número de pacientes sirios se ha incrementado exponencialmente.

El 80% de los casos sociales que atiendo son pacientes sirios que han llegado a Líbano escapando de la guerra en su país. Las familias sirias instaladas en Saida cuentan con escasos recursos económicos y la mayoría viven en condiciones muy precarias; muchas familias comparten habitación para poder pagar los elevados precios del alquiler e incluso algunas familias viven en tiendas de campaña…

Nos lo explica Ghada mientras examina la pila de casos sociales que se acumula en su escritorio.

Otro de los cambios que ha notado Ghada en los últimos años es el aumento de adolescentes embarazadas:

En los casos que veo a diario, hay cada vez más adolescentes embarazadas, de 15 y 16 años, la práctica del matrimonio precoz está cada vez más extendida entre las familias sirias que acuden al hospital. Hace falta incrementar las actividades de sensibilización sobre derecho sexual y reproductivo y reforzar las consultas de planificación familiar para intentar frenar este fenómeno.

El apoyo a la asistencia obstétrica y ginecológica a mujeres vulnerables sirias, palestinas y de las poblaciones de acogida afectadas por el conflicto en Siria cuenta con el apoyo del Fons Mallorquí de Solidaritat i Cooperació.

Bajo el estigma de la tuberculosis

Sabina Ibraimova, Media Luna Roja de Kirguistán

Bermet Kadyrova, nació en 1957 y vive en Kochkor Rayon. Enfrentó por primera vez la tuberculosis cuando su hijo Ulan fue diagnosticado de esta enfermedad. Éste recibió tratamiento durante 2 meses pero no continuó con el mismo tras salir del hospital porque se sentía bien. En diciembre de 2015 Ulan enfermó de tuberculosis una segunda vez. Un tiempo más tarde, Bermet fue diagnosticada con tuberculosis y más tarde su hija pequeña.

Los ciudadanos del pueblo de Aktala, donde vive la familia, intentaron que la familia se fuera, algunos se desplazaron,…se extendió por el pueblo ampliamente información sobre la familia. Los vecinos deseaban que se fueran.

El personal y los voluntarios de la Media Luna Roja de Kirguistán (MLRK) empezaron a reaccionar una vez se enteraron del caso: proveyeron de sesiones informativas en tuberculosis a la comunidad a través de los líderes de la comunidad y también a través de las visitas puerta a puerta. Las enfermeras visitadoras y voluntarios fueron activamente explicando a la población que las personas con tuberculosis durante el tratamiento ambulatorio, y que toman los medicamentos correspondientes, no infectan a otras personas.

Los promotores diariamente llevaron a cabo visitas a domicilio para explicar la enfermedad y proveer de materiales (dípticos, trípticos) con información adicional. Gracias a estas actividades los vecinos empezaron a tener una fotografía más clara sobre esta enfermedad.

Actualmente, la situación ha cambiado, la reacción de la comunidad hacia Bermet y su familia ha cambiado. Bermet y sus hijas han recibido tratamiento en el centro médico de familia en su pueblo. También reciben los vouchers de la MLRP mensuales para mejora de su tratamiento (alimento/productos de higiene).

El apoyo, que yo he recibido de la MLRK, me ha ayudado mucho no solo durante el tratamiento sino también en mi vida en general. Los alimentos y los productos de higiene que hemos retirado directamente en las tiendas han sido de gran utilidad, han permitido cubrir las carencias en la familia y avanzar con el tratamiento porque actualmente mis hijos no trabajan La pensión que yo recibo es muy pequeña.

Durante el periodo de la tuberculosis mi hijo revisó toda su vida y decidió vivir de forma más saludable (cambiar de estilo de vida). Si nuestros vecinos nos hubiesen obligado a dejar el pueblo hubiésemos estado en una gran situación de vulnerabilidad sin ningún sitio a donde ir, sin casa y sin el apoyo de la familia. Me gustaría agradecer no solo a la MLRK sino también a la Cruz Roja Española y a las autoridades españolas por el apoyo y la ayuda. Sin vosotros no nos hubiésemos recuperado de la tuberculosis.

La intervención de la Media Luna Roja de Kirguistán en el ámbito de la tuberculosis cuenta con el apoyo del Ayuntamiento y la Diputación de Soria.

¿Por qué levantamos la voz sobre las discriminación en las personas mayores ante las Naciones Unidas?

Por Ruth Rodríguez y Mira Matic.

Como organización, HelpAge ha hablado sobre la importancia de escuchar a las personas mayores, y ha creado plataformas para que esto suceda. En Naciones Unidas cada año se lleva a cabo el grupo de trabajo sobre envejecimiento que se enfoca solamente en los derechos de las personas mayores.

Este año, Miroslava de Serbia y Ruth de Chile han participado en el grupo de trabajo sobre envejecimiento en Nueva York, donde hablaron sobre la discriminación que enfrentan los mayores en sus países y pidieron a los gobiernos repensar sobre los derechos que deben de ser incluidos en una nueva convención para personas mayores.

Estas son las experiencias que han compartido con nosotros.


Miroslava:

Estoy contenta de haber estado ahí para poder hablar del tema. Si me hubiera dicho hace 20 años que iría a Nueva York a participar en una reunión de las Naciones Unidas, no me lo habría creído. Soy de Serbia y vivo en un pueblo en las afueras de Belgrado. Durante 23 años trabajé como intérprete y después impartí clases de inglés por 16 años. Ahora estoy retirada pero aún sigo haciendo trabajos de intérprete y clases de inglés. Prefiero mantenerme ocupada.

En Naciones Unidas representé a la Cruz Roja de Serbia, una organización en la que sido voluntaria por varios años. Estoy orgullosa de haber representado a personas mayores de mi país y haber podido hablar sobre la discriminación a la que se enfrentan las personas mayores en Serbia.

Detesto escuchar que digan “Como eres viejo no puedes hacer esto”. El derecho de igualdad y la no discriminación fueron algunos de los temas que se discutieron en el grupo de trabajo sobre envejecimiento en Naciones Unidas.

Yo hablé específicamente sobre la discriminación que personalmente he sufrido debido a mi edad, y lo que creo que deberían hacer los gobiernos para prevenirla. La discriminación por envejecimiento la encontramos en todas partes y de formas muy diversas, incluso a veces no somos capaces de reconocerla cuando estamos más jóvenes.

También hablé sobre la discriminación de las personas mayores cuando se trata de seguros de viaje. En mi vida, he viajado mucho y recientemente he aprendido que debo de pagar más por un seguro de viaje porque ya alcance un “límite de edad”. Las diferentes compañías de seguro tienen diferentes limites de edad que rondan entre los 65, 70 o 75 años. Cuando aplico a un seguro no me preguntan por mi salud es decir que la decisión radica puramente en mi edad, esto me hace sentir manipulada y discriminada.

No deberíamos ser tratados diferente debido a nuestra edad. Me gustaría que mi país me protegiese contra la discriminación por edad en todos los aspectos de mi vida y que me garantice igualdad y dignidad ante mi envejecimiento.

La igualdad se trata de poder hacer decisiones de mi vida libremente. Es importante tener la libertad de hacer lo que uno quiera cuando llegue a ser mayor. Las pequeñas cosas realmente son más importantes de lo que parecen y evidentemente hacen la diferencia. Arreglar tu vida para poder hacer las cosas que más te plazcan es importante para poder elegir como se quiere vivir la vida un vez que se envejece.

Estoy muy feliz de haber podido participar en dicho grupo de las Naciones Unidas, me dio la oportunidad de escuchar qué es lo que los gobiernos están haciendo a favor de las personas mayores, en cuanto a sus derecho, y así mismo puede hacer que mi voz fuera oída, es decir puede representar lo que muchas mujeres de Serbia viven día a día.

Ruth:

Estar ante las Naciones Unidas se sintió como un sueño. He trabajado para una Iglesia Católica en Chile. Ahí organizo voluntariados para trabajar con personas mayores de la comunidad.

A principios de este año formé parte de una consulta con mujeres mayores donde se nos hicieron preguntas sobre qué significaba la igualdad y la no discriminación, y cómo se podría proteger de violencia a las mujeres mayores. De igual manera se presentaron temas sobre abuso y negligencia en las personas de edad. Esta consulta nos ayudó para poder ser presentadas ante las Naciones Unidas, donde orgullosamente yo participé.

Las voces de la comunidad deben de ser oídas y el haber ido desde Chile hasta las Naciones Unidas para hablar sobre las experiencias de las mujeres mayores en mi país fue una oportunidad muy importante.

Envejecer en Chile no es sencillo, pues es una etapa poco visible y generalmente se ve como algo negativo. En Chile las personas quieren verse más jóvenes, pues eso está bien visto. Pero conforme uno va envejeciendo, las personas pierden su visibilidad. La discriminación basada en género y edad es una realidad. Nuestra sociedad es patriarcal. Las mujeres son fuertes, cuidan de sus familias e incluso tiene trabajos pero las decisiones las sigue tomando el hombre.

Envejecer como mujer tiene sus propias dificultades, estamos en desventaja por nuestra edad y por nuestro genero. Cuando buscamos aplicar a un trabajo muchas veces no se nos considera por que somos demasiado “grandes”.

Conozco un caso donde una mujer fue rechazada a un asenso por ser demasiado vieja para aprender cosas nuevas. Constantemente tenemos pensiones más bajas que los hombres lo que nos genera mayor dificultad para podernos mantener a nosotras mismas una vez que envejecemos. Nuestras voces deben de ser escuchadas.

A través de la reunión me enteré del número de personas mayores en el mundo y cómo incrementará en 20 años. Por esto es que debemos hacer algo en torno a este tema. Estoy apasionada con el tema de los derechos de las personas mayores y seguiré generado conciencia y trabajando para asegurarme de que nuestras voces sean escuchadas. Estar en las Naciones Unidas fue como un sueño y me ha dado fuera para seguir luchando por los derechos de las personas mayores.

La energía solar como motor de cambio

Por Silvia Muíña, voluntaria en la India con la Fundación Vicente Ferrer.

Resulta curioso cómo en una zona como Anantapur, totalmente árida y con una situación de sequía crónica, el sol pueda convertirse en un elemento de lucha contra la desertificación. Desde que llegó a Anantapur, Vicente Ferrer, detectó la necesidad de actuar de forma contundente para poder traer agua a las miles de familias campesinas que habitan en la región. Su plan de desarrollo integral, iniciado hace casi cinco décadas, comenzó con un programa de ecología. Hoy, las técnicas de riego gracias a la energía solar han salvado de la pobreza a muchos campesinos.

Hace menos de un año, la India atravesó unas de las peores sequías de los últimos 30 años dejando cosechas perdidas y agricultores a la deriva sin nada que llevarse a la boca ni a los bolsillos. En el distrito de Anantapur, donde gran parte de las familias viven de la agricultura, la situación fue extrema. La mayoría de los agricultores en el distrito se dedican al monocultivo de cacahuete, que apenas les da beneficios y que depende del agua de las lluvias para su riego. Sin lluvia no hay cosecha y, por lo tanto, ni ingresos, ni educación ni comida en la mesa.

Ante esta situación, el uso de placas fotovoltaicas que alimentan con la energía necesaria a las máquinas de riego, constituye un respiro y una oportunidad para muchas familias. Desde que en 2005 la fundación apostó por las placas solares, se han instalado más de 518 paneles en más de 300 pueblos, de las que se han beneficiado más de 1.000 familias.

Cuando uno llega a la aldea de Dorigallu, le parece imposible pensar que hace 13 años este pequeño pueblo donde habitan 48 familias, era prácticamente un desierto. En el año 2005, se instalaron 12 placas solares que han propiciado que hoy, en esta zona crezcan árboles de mango. La familia de Sivanna, una mujer de 50 años, muestra orgullosa los diminutos mangos que empiezan a vislumbrarse en los árboles. “Antes del mango, cultivábamos cacahuete y teníamos que pedir préstamos a otras personas cuando había época de sequia, pero ahora nuestra cosecha ha mejorado y ya no pasamos hambre, incluso podemos ahorrar algo de dinero”, explica orgullosa, mientras su marido asiente con la cabeza. Su vecina y amiga, Bandi, de 52 años, añade que gracias a este sistema pudo ahorrar el dinero suficiente para construir una casa para su familia y pagar la educación de sus hijos e hijas. “Con los cacahuetes no podíamos ahorrar nada”, aclara.

Bandi y su marido, ante el panel solar que ha optimizado sus cosechas. (©Silvia Muíña)

En Anantapur, la popular frase de que “el agua es vida”, cobra todo el sentido cuando ves cómo transforma la vida de miles de familias. Los beneficios de las placas solares van más allá de conseguir el apreciado líquido para el riego de los cultivos. La opción de poder cultivar otras plantas frutales y con ello, generar más beneficios económicos, repercute en los hogares empobrecidos de estas familias agrícolas que ven cómo dar una mejor educación a sus hijos e hijas o ahorrar dinero es una oportunidad de futuro que antes no tenían.

Govinda y Manjula, campesinosde Raganapalli, Anantapur. (©Silvia Muíña)

En el pueblo de Raganapalli, en la región de Kadiri, otras familias han incorporado más recientemente en las placas solares. A pesar de que hace tan solo dos años que se ha instalado la energía solar, Manjula, de 30 años, pasea por su plantación de sandía mientras da pequeños golpecitos a sus frutos aclarando que su recogida será a finales de abril. Además, tiene plantaciones de flores, arroz, mangos y cacahuetes. “Trabajamos mucho aprovechando las horas de sol, desde las nueve de la mañana hasta las seis de la tarde, cuanto más calienta el sol, más energía se genera para regar las plantaciones. Ahora no dependemos de la electricidad ni de la lluvia”, explica. Tanto ella, como su marido, Govinda Reddy, se muestran orgullosos y optimistas para los próximos años y añaden que en dos años quieren aumentar su producción cultivando tomates y pepinos.

El cuñado de Manjula, Jayachandra Reddy, también beneficiario, cultiva mangos y sandías, se muestra también muy contento con los beneficios del sistema. “Antes siempre teníamos que acarrear agua desde muy lejos, era muy duro”, comenta. “Además, con los beneficios puedo pagar la educación de mis hijos e hijas y hacer un seguro de vida para su futuro”, concluye.

Desde el 2016, el Gobierno de la India también está colaborando en la instalación de placas solares en las aldeas del distrito. Una iniciativa que, en colaboración con la Fundación Vicente Ferrer, ayuda a paliar los estragos de la sequía en una zona donde depender de las lluvias para las cosechas es una lotería para la vida de los millones de agricultores.

Mejorar la vida de las mujeres y niñas de Mali con energías renovables

Por Raquel Val Rivas, de Plan International, desde Mali.

Las energías renovables ayudan a mejorar la vida de las mujeres y niñas. He podido comprobarlo durante mi visita a los proyectos conjuntos de Plan International y la Unión Europea en Keniekola y Boudofo en Kita, Mali. Allí tuve la oportunidad de ver todos los servicios que se han puesto a disposición de la comunidad gracias a la inversión en energías renovables. Las jóvenes se encuentran más seguras teniendo luz en sus comunidades o agua cerca de casa, y ahora pueden dedicar más tiempo a sus estudios, incluso de noche.

Comercialización de cocinas mejoradas a través de las micro empresas de mujeres © Plan International

Gracias a las cocinas mejoradas, las mujeres y las niñas ya no tienen que recorrer solas varios kilómetros para conseguir leña o combustible, exponiéndose a sufrir violencia física y sexual. Ahora, no solo se sienten más seguras, sino que, gracias a la formación de la organización, son ellas mismas las que comercializan y sacan beneficio de la gestión de las cocinas. Así pueden ser independientes económicamente.

Por otro lado, a través de los molinos que funcionan con energía renovable, las mujeres y niñas -social y tradicionalmente encargadas de moler el grano y convertirlo en harina a diario- pueden dedicar su tiempo a otras tareas, como el estudio o el cultivo de verduras. No solo mejora su dieta alimentaria, sino que vendiendo el grano molido y las verduras que les sobran, pueden ganar un dinero extra.

Mujer moliendo grano en Mali © Plan International

Las energías renovables también han dado la oportunidad de mejorar las comunicaciones. Los kioscos de energía instalados en los distritos permiten recargar teléfonos móviles, con los que los habitantes de Keniekola y Boudofo en Kita pueden hablar con sus familiares de otras comunidades. Éstos también sirven para recargar las baterías que alimentan de electricidad algunas de las viviendas.

Plan International lleva trabajando en 30 comunidades de Kita desde marzo 2015. Desde entonces se han construido 30 molinos para moler el grano y conseguir harina; 30 kioskos de energía, donde poder cargar los teléfonos móviles y las baterías; 60 unidades de alumbrado público; electricidad en 24 escuelas, electricidad en 8 clínicas de maternidad; refrigeradores y calentadores de agua solares en 5 dispensarios; y 21 bombeos solares.

 

Siete años de guerra en Siria: la inspiradora carta de una joven siria

Por Mouna Otham, alumna de clases de refuerzo apoyadas por UNICEF en Siria

Mouna, de 20 años, nació con una discapacidad visual. A los obstáculos que afronta de por sí, se han unido los siete años de guerra en Siria y los desplazamientos. Pero ella está decidida a continuar con su educación y a estudiar ciencias políticas. Mouna quiere que el mundo la escuche, y por ello participa en un programa radiofónico semanal en el que debate sobre temas que interesan a jóvenes como ella.

Mouna nos ha enviado una carta escrita en braille, que transcribimos a continuación:

“Me llamo Mouna Otham y soy de Alepo, Siria. Tengo 20 años. Vivo con mi padre, mi madre, dos hermanos y una hermana. Todos vivimos en una casa. Nos hemos visto obligados a desplazarnos cinco veces entre Alepo y Hama.

La situación es más tranquila ahora en mi pueblo, pero sigo sin poder volver. Muy poca gente lo ha hecho, y nosotros no podemos permitirnos arreglar nuestra casa, que quedó parcialmente destruida durante los combates.

Aunque nací ciega, siempre me he sentido agradecida porque no hay nada difícil para mí. Estoy decidida a lograr mis objetivos en la vida.

Siete años de guerra en Siria: la inspiradora carta de una joven siria

Mouna, de camino a la parada del bus escolar cerca de su casa, en Alepo / ©UNICEF/Syria2018/Khudr Al-Issa

La guerra, y sobre todo los desplazamientos, me afectaron mucho. Cada vez que hago nuevos amigos tengo que dejarlos. Echo de menos cada casa en la que hemos vivido.

Cuando la guerra empezó, siempre tuve miedo de no poder encontrar la estabilidad. Pero después me sentí más fuerte, sabiendo que tengo derecho a vivir y a aprender.

La guerra también se llevó a un amigo muy querido. Le arrancaron la vida como a una flor que está a punto de florecer. Fue asesinado por un proyectil en un ataque mientras reparaba su casa. Lloré mucho después de su muerte. Solíamos hablar mucho sobre las dificultades que afronto. Él me dio la fuerza para enfrentarme a esos obstáculos.

Empecé a ir a la escuela cuando tenía 12 años. Era un colegio para niños discapacitados visuales. En una semana aprendí braille, y en un solo año pasé dos cursos.

Después, cuando tuvimos que movernos, fui a un colegio normal. Allí mis amigos me ayudaron mucho. Ellos me leían las lecciones y yo las escribía. Tengo una herramienta especial para escribir, llamada pizarra de braille, que tiene un bolígrafo especial para perforar el papel.

Ahora sigo con mi educación. Empecé a ir a clases de refuerzo de inglés y francés después de la escuela. Cuando voy al colegio, cuento lo que aprendo de mis amigos. Les ayudo a entender y aprender. Me encanta ayudar a los demás.

El mayor obstáculo al que me enfrento en la escuela es la falta de libros de texto en braille. Solo tengo los audiolibros, pero no puedo depender de ellos. Necesito libros en braille para poder estudiar. Copiar los libros de texto nos lleva a mis amigos y a mí unas siete horas al día. Apenas tengo tiempo para estudiar. A pesar de los avances tecnológicos, los libros son los mejores recursos.

También me gusta participar en programas de radio de sensibilización, algo que hago cada semana. Comparto mis opiniones y hago sugerencias a otros jóvenes. Debatimos temas como el matrimonio temprano, el divorcio en la familia, el trabajo infantil, etc.

Más adelante quiero estudiar ciencias políticas. Mi amiga Maram me habló de esta materia y me encantó. Espero lograr ir a la universidad en el futuro.

Finalmente, deseo de todo corazón que todos los niños puedan recibir educación. Aprender es lo más importante en esta vida. No hay vida si no hay educación. Cuando la recibimos, vemos la vida de manera positiva.

Y aquellos que han tenido la oportunidad de recibir una educación deberían difundir y compartir sus conocimientos con otros. Así es cómo se desarrollan las sociedades.

Con todo mi amor y respeto,

Mouna”
(Alepo, Siria)