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Por aquí han pasado cooperantes de Ayuda en Acción, Cruz Roja, Ingeniería Sin Fronteras, Unicef, Médicos del Mundo, HelpAge, Fundación Vicente Ferrer, Médicos Sin Fronteras, PLAN
Internacional, Farmamundi, Amigos de Sierra
Leona, Sonrisas de Bombay y Arquitectura sin Fronteras.

“Estoy orgullosa de no haber sido sometida a MGF, y no me da vergüenza”

Débora, de 26 años, es una de las caras visibles de la lucha contra la Mutilación Genital Femenina (MGF) en su país, Sierra Leona. A los 12 años, cuando su familia intentó obligarla a someterse a Mutilación Genital Femenina, la joven se escapó de su casa.

Al norte de su país, más del 96% de las niñas son obligadas a someterse a esta práctica que tiene consecuencias físicas y psicológicas en quienes la sufren. Tradicionalmente, la Mutilación Genital Femenina es considerada una parte esencial de la iniciación de las chicas en la sociedad Bondo, una sociedad antigua y tradicionalmente femenina.

Tras haber encontrado un espacio seguro en uno de los refugios en los que Plan International trabaja, a los 16 años, esta joven empezó a movilizarse contra esta práctica, algo que sigue haciendo a día de hoy. Su sueño es convertirse en abogada de Derechos Humanos para poder luchar por los derechos de las niñas y protegerlas de las consecuencias de la Mutilación Genital Femenina.

“En mi familia hay muchas Soweis, que son las mujeres cuya opinión tiene mayor peso dentro de la sociedad Bondo. Mi abuela, mi tía y otras mujeres de mi familia son cortadoras. Por eso, nadie dudaba de que yo me iba a someterme a la MGF y también me iba a iniciar en la sociedad Bondo. Aunque tuve muchísima presión para unirme a esta sociedad porque soy la única chica de ocho hermanos, era consciente de que la Mutilación Genital Femenina era algo malo, así que me negué. Cuando intentaron obligarme, me escapé.

Después de escapar, la vida no fue fácil. Me refugié en una casa, lejos de mi hogar y, aunque hablé con mi madre, ella nunca pudo entender mi punto de vista, así que se negó a hacerse cargo de mí. Conseguí quedarme en un espacio habilitado por Plan International, que se convirtió en mi hogar hasta que terminé la escuela.

Aun así, sufrí mucho acoso escolar porque no era parte de la sociedad Bondo. Mis compañeros me decían que, si no me iniciaba, no estaba ‘completa’, que estaba ‘sucia’ y que, si no me sometía a la Mutilación Genital Femenina, me volvería promiscua. Afortunadamente, tenía la suficiente confianza en mí misma para poder soportar ese tipo de comentarios.

Sin embargo, al contrario que en mi caso, hay muchas chicas que se avergüenzan y temen hablar sobre Mutilación Genital Femenina porque, al hacerlo, reciben comentarios negativos y amenazas.  Yo misma me he enfrentado a muchos obstáculos, pero, aun así, no tengo miedo de hablar abiertamente sobre la MGF. No dejo que las palabras de la gente me afecten, porque, si haces caso a todo lo que dicen, no podrás hacer nada. Y aunque soy la única persona en mi familia que no forma parte de la sociedad Bondo, me siento muy afortunada. Estoy orgullosa de no haber sido sometida a MGF y no me da vergüenza decirlo.

Sin embargo, mi país necesita erradicar la Mutilación Genital Femenina definitivamente. Hay muchas Soweis en nuestra ciudad y algunas de ellas son muy jóvenes. Incluso hay Soweis de tan solo seis o siete años, y eso se debe a que tienen familiares que también lo son y transmiten esta tradición a sus hijas. Muchas niñas abandonan la escuela porque sus familias piensan que la sociedad Bondo es más importante que su educación.

Hemos animado a muchas de ellas a venir a la casa segura de Plan International para que tengan más información sobre la MGF. A pesar de nuestros esfuerzos, algunas de ellas no se quedan con nosotras ni una hora, porque están tan inmersas en la sociedad Bondo que quieren irse cuanto antes.

Algunas jóvenes piensan que ser Sowei es un privilegio y un honor, pero otras se ven obligadas a hacerlo. La sociedad ejerce mucha presión sobre ellas, y pocas personas se atreven a romper los estereotipos. En mi opinión, sin embargo, lo único que hacen es engañar a las personas y destruir la vida de las niñas. Muchas chicas mueren a causa de la Mutilación Genital Femenina, una práctica muy común, sobre todo, en los pueblos. Una práctica que está destruyendo el futuro de las niñas y las jóvenes.

La última vez que visité mi aldea natal, uno de mis tíos me dijo que la gente de mi comunidad piensa que todavía soy una niña porque no he sido iniciada, así que podrían intentar forzarme cuando me vean. Mi abuela, que también era Sowei, siempre decía que yo era una bruja, porque no accedí a ser mutilada.

Este es el tipo de actitudes que estamos intentando cambiar. Si no seguimos trabajando con las comunidades, las niñas seguirán siendo las más perjudicadas. Hay muchas chicas que ni siquiera son conscientes de las consecuencias negativas de la Mutilación Genital Femenina. Muchas de ellas enferman después del rito de iniciación. Hay también casos de infecciones. Y, si preguntas en los hospitales de las aldeas, descubrirás que muchas han perdido la vida durante el parto a causa de la MGF.

Aun así, en algunas comunidades es muy complicado hablar sobre la mutilación genital. Hay personas que piensan que estamos intentando acabar con nuestra sociedad, pero lo único que queremos es erradicar la Mutilación Genital Femenina. Por eso, cuando nos reunimos con personas que no nos conocen de antes, no les decimos en un primer momento que queremos hablar sobre MGF. Lo tenemos que hacer poco a poco.

He hablado con muchas chicas que no quieren ser parte de la sociedad, y se lo dicen a sus padres, pero no les escuchan. Yo también soy madre, y me encantaría poder conocer a los padres de esas niñas para decirles que deberían proteger a sus hijas y conocer sus inquietudes.

En Sierra Leona, muchos padres no escuchan a sus hijas y te dicen que: “Como eres mi hija, tengo derecho a hacerte cualquier cosa”. Pero estamos en el siglo XXI y el mundo avanza todos los días. Las voces de las jóvenes deben ser escuchadas, especialmente las de las niñas. Si fuera así, todos estaríamos mejor. Lucharé por los derechos de las niñas hasta que las cosas cambien”.

Todos somos uno frente a la trata de personas

Por Veronica Blume, exmodelo, empresaria y embajadora de la ONG Sonrisas de Bombay

Hay viajes y VIAJES. Y este ha sido uno de los segundos: un viaje a un lugar que por sí solo es un hervidero de emociones, impactos, impulsos, asombros, olores y sonidos. Bombay, o Mumbai como se llama ahora, dejó una huella profunda en el primer viaje que hice en el 2005, cuando era madre de un niño de dos años que era el eje principal de mi vida.

Conocí a Jaume Sanllorente en una cena y quedé enamorada de su proyecto, la ONG Sonrisas de Bombay. Su historia personal, y el relato de lo que lleva a un hombre a dejarlo todo para ocuparse de un orfanato en Bombay, me fascinó. Ese era un tipo de motivación y compromiso personal que quería conocer más a fondo, así que hice las maletas al poco tiempo y me planté en Bombay.

Me fui de allí con la fijación de volver un día. Y he vuelto 15 años más tarde. Mientras planeábamos este viaje surgió la idea de ofrecer clases de Yoga allí mismo, en los slums. Solo imaginármelo me emocionó profundamente. ¿Yo dando clases en Bombay? Lo que no sabía es que esas clases me cambiarían el concepto que hasta entonces tenía del yoga… o que ser embajadora de Sonrisas de Bombay iba a ser una herramienta de crecimiento para mí.

Decidimos dedicar las clases de yoga a las mujeres víctimas de trata. Según la UNODC, el 72% de las víctimas de la trata son mujeres y niñas, hecho que no es para nada casual ya que la trata de personas es doblemente cruel si la víctima es mujer o menor de edad porque son explotadas con fines sexuales.

Han pasado 15 desde mi primer viaje a la India, años en que me he convertido en una mujer. Con 42 años la conexión entre mujeres se transforma en algo profundo y a menudo mágico. Estas mujeres, sin embargo, han sido toda una revolución para mi manera de entender las cosas hasta el momento. Viven realidades que no nos entran en la cabeza por lo duras que son, y a pesar de eso conservan una ternura, una autenticidad y una fortaleza que no había conocido todavía.

No fueron clases de yoga normales. Fueron encuentros entre humanos que no hablan la misma lengua, pero no necesitan palabras para conectar de verdad. El mayor regalo que me he traído de este viaje ha sido darme cuenta de que no existen realidades inconexas. Cada una de sus historias están íntimamente ligada a las nuestras, podemos sentir su dolor y su alegría, y nuestros actos pueden tener un gran impacto en las suyas.

Todos los países del mundo están involucrados, de una u otra manera, en el entramado que es el tráfico de personas, ya que los países o son captadores de personas o bien receptores o lugares de paso. Esta es una problemática que se ha de combatir de manera global.

Aportar mi granito de arena con Sonrisas de Bombay para ayudar a la recuperación de mujeres supervivientes de la trata ha sido toda una experiencia de toma de conciencia con una realidad que se vuelve íntima y compartida cuando conectamos con ella. En mi caso ha sido a través del yoga, pero puede ser de otras muchas formas. En Bombay he vuelto a recordar que “todos somos uno” no es solamente una frase bonita, sino una realidad en la que tanto tú como yo podemos marcar una diferencia.

(Fotos: Errikos Andreou)

Verónica nació el 17 de julio de 1977 en Alemania. Hija de un alemán y de una uruguaya, se ha criado entre varias culturas y por ello habla cinco idiomas. Debutó a los 16 años como modelo y se trasladó a vivir a Nueva York durante 2 años, en los que afianzó su presencia en el mundo de la moda y la televisión. Más tarde se mudó a Londres y actualmente vive en Barcelona, la ciudad que le aporta calma. A los 25 años, tras el nacimiento de su hijo Liam, decidió dar un giro a su vida y centrarse en el yoga. Se formó durante cinco años Kundalini Yoga, un inicio que le llevó a crear en 2015 su centro de yoga en Barcelona, y a dedicarse de lleno a la enseñanza de esta disciplina. Es embajadora de Sonrisas de Bombay desde que visitó los proyectos de la ONG por primera vez en 2005.

Día Mundial de la Educación: ¿cómo lograr que cada niño aprenda?

Por Robert Jenkins, jefe de educación de la División de Programas de UNICEF, y Mohamed Malick Fall, director regional de UNICEF para África oriental y meridional

En la región de Tigray, en Etiopía, una profesora de educación infantil llena su aula, en una zona rural, de alegres materiales, y enseña a sus alumnos de manera creativa. Les da el mejor comienzo en la vida para aprender.

“Todavía recuerdo los pájaros de papel que nos hacía para enseñarnos los números”, rememora Milkawit Getnet, que ahora tiene 12 años. “Me siguen encantando las matemáticas, de mayor quiero ser profesor de mates”.

La historia de Milkawit es solo un ejemplo de cómo millones de niños se benefician de la educación infantil, cuyos aprendizajes llevan consigo durante el resto de su escolarización. Es también un recordatorio de los 175 millones de niños que se están perdiendo esta oportunidad fundamental, y que sufren profundas desigualdades desde el principio.

Día Mundial de la Educación: ¿cómo lograr que cada niño aprenda?

La profesora de educación infantil Tsadkan Demissie, en su aula en Tigray, región de Etiopía. /© UNICEF/Ethiopia/2019/MulugetAyene

El corazón de la estrategia de educación de UNICEF para 2019-2030 tiene un claro y ambicioso objetivo: Cada niño aprende. Lograrlo, y cumplir el Objetivo de Desarrollo Sostenible 4, es todo un reto. Con las tendencias actuales, 1.400 millones de niños en edad escolar vivirán en países de ingresos medios y bajos en 2030. De ellos, 420 millones no aprenderán las nociones más básicas durante su infancia, y 825 millones no adquirirán los conocimientos básicos del nivel de secundaria.

Los niños más desfavorecidos son los que más necesitan oportunidades de aprendizaje temprano. Y, sin embargo, son los que menos acceso tienen a ellas. En los países de ingresos bajos, solo 1 de cada 5 niños pequeños está matriculado en educación infantil. En África, donde 1 de cada 3 niños está matriculado en este tramo de educación, los más pobres tienen siete veces menos posibilidades de acudir a la escuela infantil que los más ricos.

Los presupuestos educativos para la educación infantil temprana son insuficientes, y el acceso a escuelas infantiles de calidad es inadecuado. En África oriental y meridional, tan solo el 1,8 por ciento de los presupuestos educativos se destina a este tramo de educación, cuando la recomendación global de referencia de UNICEF es el 10%.

¿Cómo acelerar el progreso?

UNICEF ha comprometido el 10% de sus recursos para educación a la educación infantil temprana, y quiere acelerar sus esfuerzos para proporcionar oportunidades de educación temprana a millones de niños, mediante estas acciones:

  • Apoyar a los ministerios de Educación para priorizar e invertir en, al menos, un año de educación infantil.
  • Sensibilizar para que al menos el 10% de los recursos educativos se destinen a educación infantil temprana, tanto en los presupuestos nacionales como en la ayuda de donantes y aliados.
  • Apoyar a los gobiernos en el desarrollo de sistemas de educación preescolar fuertes, y construir la capacidad para implementar la educación infantil temprana a escala, incluyendo estándares de calidad, currículos según edad, formación de maestros y compromiso de las familias para demandar educación de calidad.
  • Incorporar la educación infantil temprana en todos los presupuestos y planes de respuesta de emergencias y aumentar la innovación, de manera que se garantice el acceso de los niños más vulnerables a educación preescolar.
  • Impulsar que todos los aliados, incluidos los del sector privado, los no lucrativos y las organizaciones religiosas, contribuyan a aumentar el acceso a educación preescolar de calidad.

Los avances en África oriental y meridional

En esta región, UNICEF está dando un apoyo integral a los países para integrar la educación infantil temprana en sus planes educativos; también les anima a evaluar la capacidad de sus sistemas para poder proporcionar una educación preescolar de calidad, y ha destinado recursos adicionales para educación infantil temprana. Los indicios de nuevos avances son numerosos.

Las comunidades y organizaciones religiosas se están organizando para demandar y proporcionar mejores servicios educativos preescolares en Comoros, Ruanda y Uganda. El Ministerio de Educación de Sudán del Sur se ha comprometido a aumentar el presupuesto para este tramo educativo del 10al 15%, y ya hay planes para aumentar la financiación –tanto pública como de donantes- de la educación infantil temprana en Botsuana, Lesoto, Malawi y Mozambique.

Los países no solo están aumentando sus inversiones, sino que también están aumentando la eficiencia y eficacia de todo su sistema educativo. El objetivo es acelerar el desarrollo de habilidades y una educación de calidad para niños y niñas, especialmente para los marginados o los que viven en situación de emergencia, desde sus primeros años hasta la adolescencia.

Para lograrlo, debemos hacer todo lo que podamos para garantizar que cada niño acuda a una escuela infantil de calidad, darles la mejor oportunidad de tener éxito en la vida y construir cimientos sólidos para las generaciones futuras. UNICEF perseguirá esta visión con cada céntimo de sus recursos, con compromiso y con toda la dedicación profesional.

De Benín a Canadá: la increíble historia de Nicolas y Denis

Por Denis Hargrave, productor de documentales

Un niño en Benín. Un encuentro casual en Canadá. Una historia que ha tardado 45 años en contarse.

Después de toda una vida haciendo documentales por todo el mundo, a menudo me he preguntado qué ocurría con las personas que aparecían en ellos después de conocerles y capturar sus historias.

Esta historia comienza hace 45 años.

Yo era un joven productor de la Corporación Canadiense de Radiodifusión (CBC), y esperaba que mi siguiente encargo me llevara a un lugar de difícil acceso.

En 1968 me enviaron a Dahomey (ahora Benín), en África Occidental, para grabar un documental para la CBC y UNICEF. Era parte de una serie llamada “Niños del mundo”. Viajé a diez países para realizar la serie entera, pero es el capítulo de Benín el que se me quedó grabado.

El rodaje era en Ganvie, un pueblo de 22.000 habitantes situado encima de un gran lago. Nuestra misión era contar la historia de un niño que hubiera recibido la ayuda de UNICEF.

Y así conocí a Nicolas.

De Benín a Canadá: la increíble historia de Nicolas y Denis

Nicolas, en primera fila, con 10 años, en la escuela de UNICEF en Ganvie / ©UNICEF/UNI160603/Hargrave

Donde todo empieza: una escuela de UNICEF

Estaba en una pequeña aula de UNICEF. Era la única escuela de Ganvie. Nicolas Mignanwande era un chico de 11 años, brillante pero tímido. Él sería el protagonista de mi documental. Había algo en él. Desprendía tranquilidad y confianza.

Pero en Ganvie, sobrevivir era una batalla.

Cada día, Nicolas recorría largos trayectos en canoa hasta el único grifo de agua para garantizar que su familia tenía agua potable. Pescaba, como el resto de niños. Nicolas sabía que se esperaba de él que cuando creciera fuera un pescador, como el resto de hombres de su aldea.

Me gustaría pensar que fue durante esos largos trayectos cuando empezó a pensar que él podría ser algo más.

Estuve diez días con Nicolas y su familia, recogiendo la vida en Ganvie y la única esperanza que tenía aquel niño: la escuela de UNICEF.

Y, así, llegó el día de mi partida.

Un giro de los acontecimientos inesperado

Durante 45 años, me he preguntado a menudo qué habría sido de Nicolas.

En todo este tiempo he hecho muchos más documentales y he tenido dos hijos. Pero de vez en cuando seguía pensando en Nicolas. Hasta el año pasado.

Conocí a una mujer llamada Celine Ahodekon en una ciudad cercana a la mía. Y aquí es donde esta historia da un giro inesperado.

Celine llevaba una cesta de tela, parecida a las que recordaba haber visto en Benín. No pude evitar acércame a ella y empezamos a hablar de cómo era la vida allí hoy en día. Le conté sobre mi documental, y le hablé de Nicolas. Para mi sorpresa, descubrí que Celine era de una aldea a solo unas horas de Ganvie. Ella se quedó intrigada y prometió averiguar algo sobre él.

La mujer contactó con su sobrino en Benín, y él activó a sus contactos en su comunidad. Increíblemente, al cabo de unas semanas había localizado a Nicolas. Y, más increíble aún, este vivía a solo cinco kilómetros del sobrino de Celine.

Nunca habría imaginado saber qué había pasado con Nicolas, pero ahí estaba. 45 años después.

Sabía que tenía que volver a Benín. Sabía que necesitaba ver a Nicolas. No podía pasar el resto de mi vida preguntándome qué habría sido de él.

Y lo que supe de él fue mejor de lo que nunca podría haber imaginado.

De Benín a Canadá: la increíble historia de Nicolas y Denis

Nicolas y Denis, tras su reencuentro 45 años después  / ©UNICEF/UNI160598/Hessou

Nicolas estudió y trabajó duro. Pasó de esa sencilla clase de UNICEF a tener su propia aula. Se convirtió en profesor. Pero eso no era todo. Llegó a ser el Director de Educación de Ganvie.

Multiplicando las semillas de la educación

Ahora Nicolas está jubilado. Pero no ha he dado de trabajar, de manera incansable, para cambiar las cosas en su comunidad. Está muy ocupado dando a las niñas de Ganvie la oportunidad de aprender y ser algo más. Está construyendo una escuela para niñas que contribuya a empoderar a las futuras líderes femeninas de Ganvie.

Hoy, en países de todo el mundo, millones de niños como Nicolas están alcanzando todo su potencial gracias al apoyo de UNICEF y sus donantes. No podemos conocer el final de la historia de cada uno de estos niños. Pero hay muchas más historias como la de Nicolas que merecen ser contadas.

Chad: si eres una niña y quieres ir a la escuela, te enfrentas a más prejuicios y dificultades

Por Yera Kim, especialista de Educación de UNICEF Chad en Yamena

Si hubieras nacido en Chad rural, tus posibilidades de recibir una educación, no digamos ya una educación buena, serían más bien escasas. Más de la mitad de los niños de entre 5 y 18 años están fuera de la escuela en Chad. Si fueras una niña, tendrías más opciones de no ir a la escuela o de abandonarla, de casarte antes de tu 18 cumpleaños, como 7 de cada 10 niñas en Chad, y de cumplir responsabilidades como esposa y madre desde muy joven.

Los datos del Ministerio de Educación muestran que la tasa de escolarización tanto de niños como de niñas, que ya es baja en educación primaria, desciende aún más durante la transición a la escuela secundaria. Sin embargo, la brecha aumenta significativamente entre niños y niñas. Este acceso desigual a la educación se refleja en la tasa de analfabetismo de mujeres y hombres (86% y 69%, respectivamente), así como en la falta crónica de profesoras en el sistema educativo.

En Hadjer Lamis, cerca de Yamena, la capital de Chad, es muy significativa la baja tasa de escolarización y la alta desigualdad de género en la educación. Solo el 9% de los niños y niñas acuden al primer ciclo de educación secundaria, una proporción bastante más baja que el 29% nacional. Y de ese 9%, solo 3 de cada 10 son niñas. Además, de los 263 profesores de secundaria de la provincia, tan solo 3 son mujeres.

Más allá de la pobreza que limita el acceso a la educación secundaria tanto de niños como de niñas, estas afrontan más dificultades debido a a factores como el matrimonio temprano, los roles de género rígidos y los prejuicios.

Chad: si eres una niña y quieres ir a la escuela, te enfrentas a más prejuicios y dificultades

Amouna, de 16 años, asegura que los niños también deben implicarse en la promoción de la educación de las niñas. /© UNICEF/Chad/2019/Kim

El Ministerio de Educación y UNICEF esperan ayudar a las niñas a acceder y progresar en la educación secundaria mediante, entre otras cosas, facilitar el acceso a servicios sanitaros y mejorar las condiciones sanitarias en y alrededor de las escuelas. Para ello se han puesto en marcha actividades para abordar los retos que afrontan estas chicas adolescentes. Y he tenido la oportunidad de reunirme con estudiantes y profesores en Massaguet, un pequeño pueblo de Hadjer Lamis, y conocer qué creen sobre las barreras para la educación de las niñas en sus comunidades.

Amouna, una estudiante de 16 años, dice que hay muchos prejuicios en torno a la educación de las niñas. “Algunos padres creen que la educación es un desperdicio de los ya limitados recursos una vez que las niñas se casan. Al contrario que un niño con educación, las niñas con educación no lograrían ser alguien importante”. Además, para algunos padres la escuela solo crea problemas, al poner a niños y niñas en la misma clase. “Tienen miedo de que las niñas flirteen con los niños”.

Según Amouna, los niños también tienen prejuicios, y por eso los esfuerzos para promover la educación de las niñas también deberían incluirles a ellos.

“Cuando algunos niños de la ciudad ven a las niñas yendo al cole, dicen cosas como ‘¿para qué sirve educar a las niñas?’ o ‘¿vais a la escuela para poder salir con niños?’. Molesta mucho y también desanima”.

Y, sin embargo, merece la pena. “Aunque tengo que hacer muchas tareas domésticas después de la escuela, tengo suerte: mis padres apoyan mi escolarización. También tengo una tía que es funcionaria. Ella es mi modelo y mi inspiración. Pero muchas niñas no tienen ese apoyo familiar ni un modelo educativo”, asegura Amouna.

Los estudiantes a los que conocí en otra escuela en Massaguet me hablaron del conflicto entre los valores tradicionales y la educación moderna. “Para algunos padres, las escuelas modernas son una institución que representa los valores de Occidente. Al contrario de lo que ocurre con los niños, se cree que las niñas familiarizadas con los valores de Occidente causan trastornos y problemas en sus comunidades. Así que muchos padres prefieren enviar a sus niñas a escuelas tradicionales coránicas, suponiendo que quieran que reciban una educación”, explica Mohamed, de 21 años, alumno de secundaria.

Chad: si eres una niña y quieres ir a la escuela, te enfrentas a más prejuicios y dificultades

Katouma, de 19 años, ha logrado seguir yendo a la escuela incluso después de casarse./ © UNICEF/Chad/2019/Kim

Sin duda, queda mucho por hacer para promover la igualdad de oportunidades entre niños y niñas. A pesar de los desafíos, sin embargo, también vi señales positivas y alentadoras en algunas de las aulas que visité en Massaguet. Por ejemplo, cuando conocí a Kaltouma, una niña de 19 años que sigue yendo a la escuela incluso después de casarse, con la esperanza de convertirse en trabajadora sanitaria.

“Solo romperemos las barreras de los prejuicios si las comunidades son completamente conscientes del potencial de niñas con educación. Toda mi familia, incluido mi marido, apoya mi educación porque son conscientes de los beneficios económicos y sanitarios que puede tener para mi familia y, a largo plazo, para mi comunidad”, concluye con esperanza.

Dejando atrás su pasado en el vertedero

Por Brian Boye, Plan International India

Prabhat, de 12 años, trabajaba en uno de los vertederos más grandes de Hyderabad.

A los 12 años, Prabhat debería haber estado estudiando en el colegio y tener unos conocimientos básicos de matemáticas, ser capaz de señalar su país, India, en el mapa y disfrutar leyendo libros. Sin embargo, a los 12 años Prabhat se ganaba la vida vendiendo la basura que recolectaba en un vertedero.

Su vida era difícil. El padre de Prabhat, desempleado, era alcohólico y su madre, Neelam, tenía tuberculosis y también se pasaba el tiempo rodeada de basura y mal olor en otro vertedero cercano al que trabajaban sus hijos.

Prabhat se pasó dos años recolectando basura en una de las plantas de residuos más grandes de Hyderabad (India) donde, diariamente, arriesgaba su seguridad, salud y bienestar para que su familia pudiera tener, por lo menos, una comida al día.

“Solía ​​saltar por encima del muro o de un lado a otro de la valla, llenar mi bolso y después venderlo. Lo hacía todos los días”, cuenta Prabhat.

Durante este tiempo, le presentaron a un miembro del personal de Plan International que trabajaba en uno de los proyectos contra el trabajo infantil. El proyecto, implementado en colaboración con la Human Dignity Fundation y la ONG Mahita, ofrece ayuda a niños y niñas que son víctimas del trabajo infantil. Además, a través de este proyecto se ayuda a los padres y las madres con un préstamo para que establezcan una pequeña empresa propia.

El personal del proyecto se reunió con los padres de Prabhat para explicarles, mediante varias sesiones de asesoramiento y sensibilización, los riesgos y consecuencias del trabajo infantil. Al final del proceso, los padres de Prabhat acordaron no mandarlo más al basurero. Con el permiso de sus padres, los miembros de Plan International inscribieron a Prabhat en el centro del Proyecto Nacional de Trabajo Infantil (NCLP, por sus siglas en inglés), donde ahora recibe clases de recuperación junto con otros niños y niñas en situación similar. Se espera que, en poco tiempo, Prabhat ingrese a una escuela convencional.

Por su parte, Neelam, la madre, recibió un préstamo comercial para establecer una pequeña tienda de “tiffin” (bocadillos), gracias a la cual ahora gana suficiente dinero como para cuidar a sus hijos y enviarlos a la escuela.

El proyecto contra el trabajo infantil ha logrado cambios notables, no solo en el caso de Prabhat y su familia, sino en la comunidad de Hyderabad en general. Entre otras cosas, se formó un Comité de Protección Infantil conformado por padres, madres y miembros de la comunidad que se reúnen mensualmente para discutir los problemas y las inquietudes entorno a esta temática.

Prabhat también ha estado ayudando. De vez en cuando, él y otros niños y niñas de la comunidad realizan controles en el basurero para ver si hay otros niños trabajando allí y, si los encuentran, informan al personal del proyecto para encontrar opciones alternativas.

Sin el apoyo de este proyecto, Prabhat todavía podría estar recolectando basura. Sus padres probablemente se habrían visto obligados a hacer que el resto de sus hijos también trabajasen allí. Sin embargo, ahora vuelven a tener esperanza y están seguros de que les espera un futuro mejor.

Desde su inicio hace tres años hasta hoy, el proyecto ha ayudado a casi 16,000 niños y niñas a acceder a la educación.

Trabajando en Malí por la erradicación de la fístula obstétrica

Por Pedro Fernández, cooperante de Farmamundi en Malí

Antes de llegar a Malí por primera vez ya sabía que la población es muy joven y la posición social de la mujer muy cuestionable. Pero conocerlas, saber su historia y mirarlas a los ojos creó en mí un vínculo y unas ganas por mejorar su realidad que, años después, todavía crecen cada día.

La historia personal de Kandé

Ellas no saben que hoy, 23 de mayo, se celebra el Día Internacional por la erradicación de la fístula obstétrica. Muchas de ellas sufren esta lesión, producida durante el parto, y desconocen que tiene solución. Por eso el testimonio de Kandé me parece tan importante. Tras su octavo embarazo y parto comenzó a hacerse pis encima. Su marido la echó del hogar y su comunidad la acusó de brujería para justificar que la repudiaron y expulsaron.

Dejó a sus tres hijos atrás (en Malí la custodia siempre es del padre y de su familia) y acudió a la casa de su hermano. Él la acogió aunque las esposas de este le dieron un trato vejatorio por su lesión.

Desde enero de 2018 desarrollamos un proyecto de cooperación internacional financiado por el Gobierno Vasco dedicado a la erradicación de la fístula obstétrica. Una de las actividades de sensibilización que hacemos es emitir mensajes radiofónicos que informan de la disponibilidad de tratamiento médico gratuito para recuperarse de esta dolencia.

El hermano de Kandé lo escuchó y la llevó al centro de salud. Ella fue intervenida, su familia fue apoyada, sensibilizada y acompañada durante todo este proceso. Kandé recibió tratamiento y seguimiento médico y psicosocial. Parece mentira pero todo esto solo cuesta 300 euros.

Qué hay que hacer para erradicar la fístula obstétrica en Malí

¿Se puede erradicar la fístula obstétrica? Sí. Es posible, es económicamente asumible. ¿Depende solo del dinero? Lamentablemente no.

Trabajamos en la región de Kayes, una de las zonas más deprimidas. Pocos centros de salud, lejos y por caminos complicados. El 98% de las mujeres de la zona han sufrido mutilación genital y es habitual el matrimonio precoz, principales causas de la fístula obstétrica. El índice de maternidad se sitúa en 7,4 hijos/as por mujer. El 36,8% de las mujeres mueren durante el parto o por sus consecuencias.

Con este contexto, es difícil ser positivo. Pero en nuestro trabajo en Farmamundi siempre aparecen pequeñas señales que demuestran la eficacia de nuestra labor. Hace unas semanas se celebró un Foro en la capital de la región de Kayes sobre cómo, entre todos, se puede trabajar para tratar a las mujeres que sufren fístula obstétrica y cómo evitar más casos.

Estaban presentes todas las administraciones, líderes locales (políticos, sociales y religiosos) y personal sanitario. Todas estas personas unidas por alcanzar la cifra de cero casos de fístula obstétrica en 2020.

Queda camino por hacer, no lo dudo, pero, paso a paso, avanzamos en el camino del empoderamiento de las mujeres en Malí.

Semana Mundial de la Vacunación: cuando vivir en una mina te deja sin vacunas

Por Fatou Diagne, oficial de comunicación en UNICEF Malí

Ramata no sabe cuántos años tiene. Pero sabe que lleva tres años trabajando en la mina de oro de Massakama, en el oeste de Malí. Con su bebé de 11 meses, Hachime, enrollado con un pañuelo a su espalda, Ramata pasa sus días en el barro, buscando oro bajo un sol abrasador.

Conocida como “la mujer joyera”, Ramata vive con su marido Mamadou y sus cinco hijos en el asentamiento de la mina en la que trabaja.

“Cada día llego aquí a las 6 de la mañana, tras dar el desayuno a mis hijos. No van a la escuela, todos ellos vienen conmigo. Los mayores cuidan de los pequeños mientras yo examino el barro del río buscando piezas de oro”. Tampoco reciben las vacunas que necesitan.

Semana Mundial de la Vacunación: cuando vivir en una mina te deja sin atención sanitaria

Mientras Ramata busca pepitas de oro, su bebé Hachime está con ella / © UNICEF/UN0293791/Keïta

Ramata y su familia están entre las miles de personas que viven y trabajan en esta mina cada día. “Mi marido no trabajaba, por lo que nos costaba dar de comer a nuestros hijos. Así que decidimos buscar oro, como mucha otra gente de nuestra aldea. Nos dijeron que esta mina es de las mejores, que hay más posibilidades de encontrar oro. Así que nos vinimos sin dudar”.

Pero vivir en una mina puede tener consecuencias en los niños. Cuando las familias se mudan a los asentamientos de las minas, a menudo los niños abandonan la escuela y quedan privados de servicios básicos de atención sanitaria y protección.

“La falta de medios y la pobreza llevan a estas familias a abandonar sus aldeas”, nos cuenta el doctor Konate, oficial de vacunación de UNICEF. “Pero cuando llegan a las minas se convierten en más vulnerables todavía, sin servicios básicos –como atención sanitaria- a su disposición”.

Semana Mundial de la Vacunación: las vacunas salvan vidas

En esta parte de Malí, donde la economía local está dominada por las minas de oro, las tasas de niños sin vacunar son de las más altas de todo el país. Solo el 41% de los niños reciben todas las vacunas que necesitan para permanecer sanos.

El bebé de Ramata, Hachime, es uno de los muchos de la región que necesitan atención sanitaria.

“Además de no estar vacunado, Hachime sufre un evidente retraso en su crecimiento: su cerebro y su cuerpo no se están desarrollando por completo”, dice el doctor Konate. “Hoy le hemos dado la vacuna de la polio. En unos días enviaremos a trabadores sanitarios comunitarios para que examinen los próximos pasos, como por ejemplo administrarle rápidamente todas las dosis de vacunas que necesita”.

Ramata está contenta por haber podido vacunar a Hachime. Siente aprensión desde que se produjeron varios casos de sarampión en su comunidad. “Una vez vi al hijo de una amiga sufrir las consecuencias del sarampión. La madre casi pierde al niño”, recuerda. “Estoy muy contenta de que los vacunadores vengan a buscarnos a la mina para vacuna a nuestros hijos. Esto era impensable hace solo 10 años. Somos muy afortunados”.

Semana Mundial de la Vacunación: cuando vivir en una mina te deja sin atención sanitaria

Adama Traore, miembro del equipo móvil de vacunación, vacuna a Hachime, de 11 meses, con la primera dosis de la vacuna contra la polio. / © UNICEF/UN0293791/Keïta

El sol se está poniendo y Ramata se prepara para volver a casa con sus hijos. El día ha ido regular: ha encontrado dos pepitas de oro. Sin embargo, tiene una razón para sonreír: “Hoy encontré poco oro. Pero el mayor tesoro ha sido poder vacunar a mi hijo”.

Visitas al asentamiento como la del doctor Konate forman parte de la amplia estrategia de UNICEF y sus aliados para enviar equipos móviles de vacunadores a los niños más vulnerables y de zonas más remotas. UNICEF da apoyo con equipamiento y con los conocimientos que necesitan para proporcionar servicios vitales a las familias de comunidades aisladas.

UNICEF trabaja estrechamente con el Ministerio de Sanidad, GAVI y la OMS para proporcionar vacunas contra la polio, el sarampión y el tétanos para los niños y mujeres de Malí. En 2018, pudieron vacunar a más de 700.000 niños del país contra el sarampión.

El poder del deporte para cambiar el mundo

Por Rocío Vicente, técnico de programas de UNICEF Comité Español

Hay emociones que perduran para siempre y recuerdos que no se olvidan. Esa final, el empuje de las compañeras, los últimos largos.  Cómo olvidar todos esos momentos en los que un balón, una camiseta o un equipo nos ha dado tanto.

Mirando atrás, son muchas las alegrías unidas al deporte y, también, las grandes lecciones. Pocas derrotas nos han enseñado tanto, y pocas veces la perseverancia ha derribado tantas barreras. El deporte nos ha mostrado que es posible unir por encima del odio y las diferencias. Y que, en momentos de desesperanza, como alguien dijo una vez, tiene el poder de cambiar el mundo.

Por eso el deporte, entendido como educación física pero también como un juego en su faceta más libre y espontánea, es fundamental para la vida de los niños. Para UNICEF el deporte es una herramienta clave, porque actúa para lograr otros objetivos y, por eso, es parte esencial de todo lo que hacemos para mejorar la vida de los niños en cualquier parte del mundo. Nos ayuda, por ejemplo, a que los adolescentes de las favelas, en las grandes urbes de Brasil se interesen más por la educación, haciendo su currículo escolar más atractivo. En Sudáfrica o China formamos a profesores de educación física para mejorar sus habilidades pedagógicas y que sepan cómo proteger a sus alumnos. Pero, sin duda, uno de sus aspectos más valiosos es cómo el deporte ayuda a los niños que han vivido situaciones traumáticas a canalizar su dolor y cicatrizar heridas.

El poder del deporte para cambiar el mundo

Un grupo de niños sirios juega al fútbol en el campo de refugiados de Zaatari, Jordania / © UNICEF/UN033508/Al Khatib

Cerca de la frontera con Siria, en el campo de refugiados de Zaatari, sencillas instalaciones para aprender y jugar en torno a un balón o una comba consiguen sacar una pequeña sonrisa a los niños sirios que, por fin, han dejado atrás una cruenta guerra.

Jamás olvidaré las palabras de Ranya, quien con tan solo 7 años me contaba que su mayor ilusión, desde su llegada, había sido volver a jugar con su amiga y verla por fin en clase.

El deporte es tan fundamental que afecta al desarrollo físico, mental y social de los niños, y es uno de sus derechos. Y esto significa poner todos los medios posibles, la inversión y un marco legislativo acorde para que sea una realidad. Es decir, que nuestras ciudades o escuelas cuenten con los recursos y espacios apropiados para que los niños puedan practicar deporte sin importar el barrio en el que vivan o la economía de sus familias. Y, sin duda, todos y todas tienen que poder jugar, correr o nadar, dejando atrás estereotipos o roles ya demasiado caducos.  Sin embargo, hoy en día perduran obstáculos que impiden que muchos niños se diviertan con el deporte. En nuestras sociedades más próximas, cada vez más encerradas, sedentarias y pendientes de la comercialización, hemos cedido tiempos y abandonado espacios. En otros países, el abismo de la desigualdad o la violencia hace que ejercer este derecho sea impensable.

El poder del deporte para cambiar el mundo

Niños jugando en el patio de su escuela en Ndjamena, capital de Chad/ © UNICEF/UN0294720/ Frank Dejongh

En España, junto con el Consejo Superior de Deportes, tenemos el compromiso de trabajar para lograr que cuando los niños practiquen deporte estén seguros y protegidos, ya que así “El abuso sexual infantil queda fuera de juego”. Y nuestro centro de investigaciones en Florencia, Innocenti, junto con la Fundación del Fútbol Club Barcelona ha publicado un informe en el que, por primera vez, se analiza la importancia de este derecho para el bienestar y desarrollo de todos los niños.

Porque, desde UNICEF, queremos que el deporte y el juego lleguen a todos los niños y cada uno de los niños; porque en él tiene que caber nuestra diversidad, valores y culturas; porque todos los niños, allá donde se encuentren, tienen que poder disfrutar, jugar y volver a reír, porque la infancia es nuestra primera memoria y nuestros recuerdos, parte de esa felicidad que nunca se olvida.

El 6 de abril es el Día Internacional del Deporte para el Desarrollo y la Paz

Ciclón Idai: el agua de la vida en medio de un desastre natural

Por Andrew Brown, UNICEF Malawi

El 7 de marzo, en mitad de la noche, Annie decidió huir de su casa con sus hijos. Entre ellos estaba Ndaziona, que había nacido dos días antes. Llovía desde hacía cuatro días, el caudal del cercano río Shire aumentaba, y el estado de la casa de adobe y paja empezaba a ser precario. Annie se levantó en medio de la noche para ir al baño. “Miré fuera y vi una gran cantidad de agua que venía”, recuerda. “Cogí a los niños y corrí. Habíamos avanzado no más de 20 metros cuando la casa colapsó a nuestra espalda”.

Fue un encuentro cercano y terrorífico con la muerte. “Los niños lloraban, yo tenía mucho miedo”, cuenta Anne. “Me di cuenta de que nos libramos de morir por segundos. Creo que Dios fue el que me hizo levantarme”.

Ciclón Idai: el agua de la vida en medio de un desastre natural

Annie con el pequeño Ndaziona, que nació solo dos días antes de que su casa se derrumbara por las inundaciones en Malawi / ©UNICEF Malawi/2019/Amos Gumulira

Annie y sus hijos Chimwemwe, de 10 años, Usta, de 7, Alefa, de 5, y el bebé Ndaziona, caminaron varios kilómetros hasta la casa del jefe, donde pasaron la noche con otras ocho familias. Al día siguiente llegaron a Bangula Admac, un campo de evacuación. Allí pasaron dos semanas.

El campo se asienta sobre un antiguo mercado. Cuando llego allí, las lluvias han parado y el día es caluroso. La gente se sienta a la sombra de los árboles o bajo tejados de acero. Algunas mujeres están cocinando. Otras traen agua en cubos. Unos cuantos comerciantes venden fruta y rosquillas fritas a los evacuados. Un molino se erige entre la masa de personas. Un tejado y algo de suelo firme proporcionan refugio, pero los lados están abiertos a los elementos.

El jefe del campo, Isaac Falakeza, es un profesor jubilado. Me cuenta que han llegado unas 5.300 personas, de las que más de 1.800 han llegado cruzando el río desde Mozambique, donde las inundaciones han sido peores. “Estamos desbordados pero ayudamos a la gente igual, independientemente de su procedencia. No discriminamos a nadie. Nuestro mayor reto es la comida. Cada familia debería recibir una bolsa de harina, pero ahora solo tenemos una bolsa para cada dos familias”.

El agua y el saneamiento también son un reto”, continúa. “UNICEF nos ha enviado cientos de cubos, pastillas de jabón, artículos para tratar el agua y ocho letrinas. Esto está ayudando. Estamos priorizando a las familias más necesitadas: las que tienen niños pequeños o alguna persona discapacitada”.

Con un cubo sobre su cabeza, Annie camina durante diez minutos hacia bomba de agua en su antiguo pueblo. Coge agua limpia y la acarrea de vuelta. Durante el camino, pasa por las ruinas de su hogar. Las paredes de adobe se han convertido en una montaña de tierra, y tan solo queda un trozo del techo de paja. Ni siquiera esto puede salvarse.

“Quiero volver a casa”, asegura Annie. “El campo no es buen lugar para mi bebé. Pero tendré que ahorrar 30.000 kwacha (unos 41 dólares) para reconstruirla”. Cuando le pregunto cuánto gana en un mes, Annie sonríe. “Entre 800 y 1.200 kwacha (1,66 dólares) al día, por hacer la colada de otros y recolectar leña para vender. Gasto la mayor parte del dinero ese mismo día. Lo invierto en comprar judías y verduras para acompañar nuestra harina”.

De vuelta al campo, el oficial de Agua y Saneamiento de UNICEF, Allan Kumwenda, enseña a Annie cómo saber si el agua que tiene es segura. Pone unas gotas de cloro y luego utiliza un contenedor de plástico con códigos de colores para comprobar los niveles. “Incluso aunque el agua sea segura en la bomba, a menudo se contamina en el camino de vuelta”, explica. “La gente tiene suciedad y gérmenes en los dedos, y a veces acaban en el cubo. Alrededor del 60% del agua se contamina así. Y esto aumenta el riesgo de propagación del cólera y otras enfermedades, algo muy peligroso para los niños pequeños”.

Al final de su demostración, Allan da a Annie el resto del bote de tratamiento de agua. “Estoy muy contenta con esta ayuda de UNICEF. Puedo usar el cubo para coger agua y almacenarla, y la botella para convertirla en agua limpia. Esto es muy importante para mis hijos, ya no estoy tan preocupada”.

Ciclón Idai: el agua de la vida en medio de un desastre natural

Annie coge agua en un cubo proporcionado por UNICEF, que le ha ayudado a comprobar si es potable / ©UNICEF Malawi/2019/Amos Gumulira

Los suministros de UNICEF ya han llegado a las zonas afectadas por las fuertes lluvias e inundaciones en el sur de Malawi, dando algo de respiro a las familias de los centros de evacuación. Sales de rehidratación oral, antibióticos y cientos de mosquiteras con insecticida, que son fundamentales.

“Tras un desastre como el del ciclón Idai, la prioridad de UNICEF es ayudar a los niños y familias que han perdido sus hogares y que viven en centros de evacuación o con otras familias en sus comunidades”, explica el representante de UNICEF Malawi, Johannes Wedenig. “Tenemos artículos de emergencia preparados de antemano en zonas de Malawi que sufren desastres naturales de manera habitual. Esto nos ha permitido reaccionar rápidamente para abordar las necesidades más inmediatas”.

UNICEF sigue sobre el terreno para apoyar a los niños afectados por el ciclón Idai con agua y saneamiento, educación, servicios nutricionales y protección.