El Blog Solidario El Blog Solidario

Por aquí han pasado cooperantes de Ayuda en Acción, Cruz Roja, Ingeniería Sin Fronteras, Unicef, Médicos del Mundo, HelpAge, Fundación Vicente Ferrer, Médicos Sin Fronteras, PLAN
Internacional, Farmamundi, Amigos de Sierra
Leona y Arquitectura sin Fronteras.

De Benín a Canadá: la increíble historia de Nicolas y Denis

Por Denis Hargrave, productor de documentales

Un niño en Benín. Un encuentro casual en Canadá. Una historia que ha tardado 45 años en contarse.

Después de toda una vida haciendo documentales por todo el mundo, a menudo me he preguntado qué ocurría con las personas que aparecían en ellos después de conocerles y capturar sus historias.

Esta historia comienza hace 45 años.

Yo era un joven productor de la Corporación Canadiense de Radiodifusión (CBC), y esperaba que mi siguiente encargo me llevara a un lugar de difícil acceso.

En 1968 me enviaron a Dahomey (ahora Benín), en África Occidental, para grabar un documental para la CBC y UNICEF. Era parte de una serie llamada “Niños del mundo”. Viajé a diez países para realizar la serie entera, pero es el capítulo de Benín el que se me quedó grabado.

El rodaje era en Ganvie, un pueblo de 22.000 habitantes situado encima de un gran lago. Nuestra misión era contar la historia de un niño que hubiera recibido la ayuda de UNICEF.

Y así conocí a Nicolas.

De Benín a Canadá: la increíble historia de Nicolas y Denis

Nicolas, en primera fila, con 10 años, en la escuela de UNICEF en Ganvie / ©UNICEF/UNI160603/Hargrave

Donde todo empieza: una escuela de UNICEF

Estaba en una pequeña aula de UNICEF. Era la única escuela de Ganvie. Nicolas Mignanwande era un chico de 11 años, brillante pero tímido. Él sería el protagonista de mi documental. Había algo en él. Desprendía tranquilidad y confianza.

Pero en Ganvie, sobrevivir era una batalla.

Cada día, Nicolas recorría largos trayectos en canoa hasta el único grifo de agua para garantizar que su familia tenía agua potable. Pescaba, como el resto de niños. Nicolas sabía que se esperaba de él que cuando creciera fuera un pescador, como el resto de hombres de su aldea.

Me gustaría pensar que fue durante esos largos trayectos cuando empezó a pensar que él podría ser algo más.

Estuve diez días con Nicolas y su familia, recogiendo la vida en Ganvie y la única esperanza que tenía aquel niño: la escuela de UNICEF.

Y, así, llegó el día de mi partida.

Un giro de los acontecimientos inesperado

Durante 45 años, me he preguntado a menudo qué habría sido de Nicolas.

En todo este tiempo he hecho muchos más documentales y he tenido dos hijos. Pero de vez en cuando seguía pensando en Nicolas. Hasta el año pasado.

Conocí a una mujer llamada Celine Ahodekon en una ciudad cercana a la mía. Y aquí es donde esta historia da un giro inesperado.

Celine llevaba una cesta de tela, parecida a las que recordaba haber visto en Benín. No pude evitar acércame a ella y empezamos a hablar de cómo era la vida allí hoy en día. Le conté sobre mi documental, y le hablé de Nicolas. Para mi sorpresa, descubrí que Celine era de una aldea a solo unas horas de Ganvie. Ella se quedó intrigada y prometió averiguar algo sobre él.

La mujer contactó con su sobrino en Benín, y él activó a sus contactos en su comunidad. Increíblemente, al cabo de unas semanas había localizado a Nicolas. Y, más increíble aún, este vivía a solo cinco kilómetros del sobrino de Celine.

Nunca habría imaginado saber qué había pasado con Nicolas, pero ahí estaba. 45 años después.

Sabía que tenía que volver a Benín. Sabía que necesitaba ver a Nicolas. No podía pasar el resto de mi vida preguntándome qué habría sido de él.

Y lo que supe de él fue mejor de lo que nunca podría haber imaginado.

De Benín a Canadá: la increíble historia de Nicolas y Denis

Nicolas y Denis, tras su reencuentro 45 años después  / ©UNICEF/UNI160598/Hessou

Nicolas estudió y trabajó duro. Pasó de esa sencilla clase de UNICEF a tener su propia aula. Se convirtió en profesor. Pero eso no era todo. Llegó a ser el Director de Educación de Ganvie.

Multiplicando las semillas de la educación

Ahora Nicolas está jubilado. Pero no ha he dado de trabajar, de manera incansable, para cambiar las cosas en su comunidad. Está muy ocupado dando a las niñas de Ganvie la oportunidad de aprender y ser algo más. Está construyendo una escuela para niñas que contribuya a empoderar a las futuras líderes femeninas de Ganvie.

Hoy, en países de todo el mundo, millones de niños como Nicolas están alcanzando todo su potencial gracias al apoyo de UNICEF y sus donantes. No podemos conocer el final de la historia de cada uno de estos niños. Pero hay muchas más historias como la de Nicolas que merecen ser contadas.

Chad: si eres una niña y quieres ir a la escuela, te enfrentas a más prejuicios y dificultades

Por Yera Kim, especialista de Educación de UNICEF Chad en Yamena

Si hubieras nacido en Chad rural, tus posibilidades de recibir una educación, no digamos ya una educación buena, serían más bien escasas. Más de la mitad de los niños de entre 5 y 18 años están fuera de la escuela en Chad. Si fueras una niña, tendrías más opciones de no ir a la escuela o de abandonarla, de casarte antes de tu 18 cumpleaños, como 7 de cada 10 niñas en Chad, y de cumplir responsabilidades como esposa y madre desde muy joven.

Los datos del Ministerio de Educación muestran que la tasa de escolarización tanto de niños como de niñas, que ya es baja en educación primaria, desciende aún más durante la transición a la escuela secundaria. Sin embargo, la brecha aumenta significativamente entre niños y niñas. Este acceso desigual a la educación se refleja en la tasa de analfabetismo de mujeres y hombres (86% y 69%, respectivamente), así como en la falta crónica de profesoras en el sistema educativo.

En Hadjer Lamis, cerca de Yamena, la capital de Chad, es muy significativa la baja tasa de escolarización y la alta desigualdad de género en la educación. Solo el 9% de los niños y niñas acuden al primer ciclo de educación secundaria, una proporción bastante más baja que el 29% nacional. Y de ese 9%, solo 3 de cada 10 son niñas. Además, de los 263 profesores de secundaria de la provincia, tan solo 3 son mujeres.

Más allá de la pobreza que limita el acceso a la educación secundaria tanto de niños como de niñas, estas afrontan más dificultades debido a a factores como el matrimonio temprano, los roles de género rígidos y los prejuicios.

Chad: si eres una niña y quieres ir a la escuela, te enfrentas a más prejuicios y dificultades

Amouna, de 16 años, asegura que los niños también deben implicarse en la promoción de la educación de las niñas. /© UNICEF/Chad/2019/Kim

El Ministerio de Educación y UNICEF esperan ayudar a las niñas a acceder y progresar en la educación secundaria mediante, entre otras cosas, facilitar el acceso a servicios sanitaros y mejorar las condiciones sanitarias en y alrededor de las escuelas. Para ello se han puesto en marcha actividades para abordar los retos que afrontan estas chicas adolescentes. Y he tenido la oportunidad de reunirme con estudiantes y profesores en Massaguet, un pequeño pueblo de Hadjer Lamis, y conocer qué creen sobre las barreras para la educación de las niñas en sus comunidades.

Amouna, una estudiante de 16 años, dice que hay muchos prejuicios en torno a la educación de las niñas. “Algunos padres creen que la educación es un desperdicio de los ya limitados recursos una vez que las niñas se casan. Al contrario que un niño con educación, las niñas con educación no lograrían ser alguien importante”. Además, para algunos padres la escuela solo crea problemas, al poner a niños y niñas en la misma clase. “Tienen miedo de que las niñas flirteen con los niños”.

Según Amouna, los niños también tienen prejuicios, y por eso los esfuerzos para promover la educación de las niñas también deberían incluirles a ellos.

“Cuando algunos niños de la ciudad ven a las niñas yendo al cole, dicen cosas como ‘¿para qué sirve educar a las niñas?’ o ‘¿vais a la escuela para poder salir con niños?’. Molesta mucho y también desanima”.

Y, sin embargo, merece la pena. “Aunque tengo que hacer muchas tareas domésticas después de la escuela, tengo suerte: mis padres apoyan mi escolarización. También tengo una tía que es funcionaria. Ella es mi modelo y mi inspiración. Pero muchas niñas no tienen ese apoyo familiar ni un modelo educativo”, asegura Amouna.

Los estudiantes a los que conocí en otra escuela en Massaguet me hablaron del conflicto entre los valores tradicionales y la educación moderna. “Para algunos padres, las escuelas modernas son una institución que representa los valores de Occidente. Al contrario de lo que ocurre con los niños, se cree que las niñas familiarizadas con los valores de Occidente causan trastornos y problemas en sus comunidades. Así que muchos padres prefieren enviar a sus niñas a escuelas tradicionales coránicas, suponiendo que quieran que reciban una educación”, explica Mohamed, de 21 años, alumno de secundaria.

Chad: si eres una niña y quieres ir a la escuela, te enfrentas a más prejuicios y dificultades

Katouma, de 19 años, ha logrado seguir yendo a la escuela incluso después de casarse./ © UNICEF/Chad/2019/Kim

Sin duda, queda mucho por hacer para promover la igualdad de oportunidades entre niños y niñas. A pesar de los desafíos, sin embargo, también vi señales positivas y alentadoras en algunas de las aulas que visité en Massaguet. Por ejemplo, cuando conocí a Kaltouma, una niña de 19 años que sigue yendo a la escuela incluso después de casarse, con la esperanza de convertirse en trabajadora sanitaria.

“Solo romperemos las barreras de los prejuicios si las comunidades son completamente conscientes del potencial de niñas con educación. Toda mi familia, incluido mi marido, apoya mi educación porque son conscientes de los beneficios económicos y sanitarios que puede tener para mi familia y, a largo plazo, para mi comunidad”, concluye con esperanza.

Dejando atrás su pasado en el vertedero

Por Brian Boye, Plan International India

Prabhat, de 12 años, trabajaba en uno de los vertederos más grandes de Hyderabad.

A los 12 años, Prabhat debería haber estado estudiando en el colegio y tener unos conocimientos básicos de matemáticas, ser capaz de señalar su país, India, en el mapa y disfrutar leyendo libros. Sin embargo, a los 12 años Prabhat se ganaba la vida vendiendo la basura que recolectaba en un vertedero.

Su vida era difícil. El padre de Prabhat, desempleado, era alcohólico y su madre, Neelam, tenía tuberculosis y también se pasaba el tiempo rodeada de basura y mal olor en otro vertedero cercano al que trabajaban sus hijos.

Prabhat se pasó dos años recolectando basura en una de las plantas de residuos más grandes de Hyderabad (India) donde, diariamente, arriesgaba su seguridad, salud y bienestar para que su familia pudiera tener, por lo menos, una comida al día.

“Solía ​​saltar por encima del muro o de un lado a otro de la valla, llenar mi bolso y después venderlo. Lo hacía todos los días”, cuenta Prabhat.

Durante este tiempo, le presentaron a un miembro del personal de Plan International que trabajaba en uno de los proyectos contra el trabajo infantil. El proyecto, implementado en colaboración con la Human Dignity Fundation y la ONG Mahita, ofrece ayuda a niños y niñas que son víctimas del trabajo infantil. Además, a través de este proyecto se ayuda a los padres y las madres con un préstamo para que establezcan una pequeña empresa propia.

El personal del proyecto se reunió con los padres de Prabhat para explicarles, mediante varias sesiones de asesoramiento y sensibilización, los riesgos y consecuencias del trabajo infantil. Al final del proceso, los padres de Prabhat acordaron no mandarlo más al basurero. Con el permiso de sus padres, los miembros de Plan International inscribieron a Prabhat en el centro del Proyecto Nacional de Trabajo Infantil (NCLP, por sus siglas en inglés), donde ahora recibe clases de recuperación junto con otros niños y niñas en situación similar. Se espera que, en poco tiempo, Prabhat ingrese a una escuela convencional.

Por su parte, Neelam, la madre, recibió un préstamo comercial para establecer una pequeña tienda de “tiffin” (bocadillos), gracias a la cual ahora gana suficiente dinero como para cuidar a sus hijos y enviarlos a la escuela.

El proyecto contra el trabajo infantil ha logrado cambios notables, no solo en el caso de Prabhat y su familia, sino en la comunidad de Hyderabad en general. Entre otras cosas, se formó un Comité de Protección Infantil conformado por padres, madres y miembros de la comunidad que se reúnen mensualmente para discutir los problemas y las inquietudes entorno a esta temática.

Prabhat también ha estado ayudando. De vez en cuando, él y otros niños y niñas de la comunidad realizan controles en el basurero para ver si hay otros niños trabajando allí y, si los encuentran, informan al personal del proyecto para encontrar opciones alternativas.

Sin el apoyo de este proyecto, Prabhat todavía podría estar recolectando basura. Sus padres probablemente se habrían visto obligados a hacer que el resto de sus hijos también trabajasen allí. Sin embargo, ahora vuelven a tener esperanza y están seguros de que les espera un futuro mejor.

Desde su inicio hace tres años hasta hoy, el proyecto ha ayudado a casi 16,000 niños y niñas a acceder a la educación.

Trabajando en Malí por la erradicación de la fístula obstétrica

Por Pedro Fernández, cooperante de Farmamundi en Malí

Antes de llegar a Malí por primera vez ya sabía que la población es muy joven y la posición social de la mujer muy cuestionable. Pero conocerlas, saber su historia y mirarlas a los ojos creó en mí un vínculo y unas ganas por mejorar su realidad que, años después, todavía crecen cada día.

La historia personal de Kandé

Ellas no saben que hoy, 23 de mayo, se celebra el Día Internacional por la erradicación de la fístula obstétrica. Muchas de ellas sufren esta lesión, producida durante el parto, y desconocen que tiene solución. Por eso el testimonio de Kandé me parece tan importante. Tras su octavo embarazo y parto comenzó a hacerse pis encima. Su marido la echó del hogar y su comunidad la acusó de brujería para justificar que la repudiaron y expulsaron.

Dejó a sus tres hijos atrás (en Malí la custodia siempre es del padre y de su familia) y acudió a la casa de su hermano. Él la acogió aunque las esposas de este le dieron un trato vejatorio por su lesión.

Desde enero de 2018 desarrollamos un proyecto de cooperación internacional financiado por el Gobierno Vasco dedicado a la erradicación de la fístula obstétrica. Una de las actividades de sensibilización que hacemos es emitir mensajes radiofónicos que informan de la disponibilidad de tratamiento médico gratuito para recuperarse de esta dolencia.

El hermano de Kandé lo escuchó y la llevó al centro de salud. Ella fue intervenida, su familia fue apoyada, sensibilizada y acompañada durante todo este proceso. Kandé recibió tratamiento y seguimiento médico y psicosocial. Parece mentira pero todo esto solo cuesta 300 euros.

Qué hay que hacer para erradicar la fístula obstétrica en Malí

¿Se puede erradicar la fístula obstétrica? Sí. Es posible, es económicamente asumible. ¿Depende solo del dinero? Lamentablemente no.

Trabajamos en la región de Kayes, una de las zonas más deprimidas. Pocos centros de salud, lejos y por caminos complicados. El 98% de las mujeres de la zona han sufrido mutilación genital y es habitual el matrimonio precoz, principales causas de la fístula obstétrica. El índice de maternidad se sitúa en 7,4 hijos/as por mujer. El 36,8% de las mujeres mueren durante el parto o por sus consecuencias.

Con este contexto, es difícil ser positivo. Pero en nuestro trabajo en Farmamundi siempre aparecen pequeñas señales que demuestran la eficacia de nuestra labor. Hace unas semanas se celebró un Foro en la capital de la región de Kayes sobre cómo, entre todos, se puede trabajar para tratar a las mujeres que sufren fístula obstétrica y cómo evitar más casos.

Estaban presentes todas las administraciones, líderes locales (políticos, sociales y religiosos) y personal sanitario. Todas estas personas unidas por alcanzar la cifra de cero casos de fístula obstétrica en 2020.

Queda camino por hacer, no lo dudo, pero, paso a paso, avanzamos en el camino del empoderamiento de las mujeres en Malí.

Semana Mundial de la Vacunación: cuando vivir en una mina te deja sin vacunas

Por Fatou Diagne, oficial de comunicación en UNICEF Malí

Ramata no sabe cuántos años tiene. Pero sabe que lleva tres años trabajando en la mina de oro de Massakama, en el oeste de Malí. Con su bebé de 11 meses, Hachime, enrollado con un pañuelo a su espalda, Ramata pasa sus días en el barro, buscando oro bajo un sol abrasador.

Conocida como “la mujer joyera”, Ramata vive con su marido Mamadou y sus cinco hijos en el asentamiento de la mina en la que trabaja.

“Cada día llego aquí a las 6 de la mañana, tras dar el desayuno a mis hijos. No van a la escuela, todos ellos vienen conmigo. Los mayores cuidan de los pequeños mientras yo examino el barro del río buscando piezas de oro”. Tampoco reciben las vacunas que necesitan.

Semana Mundial de la Vacunación: cuando vivir en una mina te deja sin atención sanitaria

Mientras Ramata busca pepitas de oro, su bebé Hachime está con ella / © UNICEF/UN0293791/Keïta

Ramata y su familia están entre las miles de personas que viven y trabajan en esta mina cada día. “Mi marido no trabajaba, por lo que nos costaba dar de comer a nuestros hijos. Así que decidimos buscar oro, como mucha otra gente de nuestra aldea. Nos dijeron que esta mina es de las mejores, que hay más posibilidades de encontrar oro. Así que nos vinimos sin dudar”.

Pero vivir en una mina puede tener consecuencias en los niños. Cuando las familias se mudan a los asentamientos de las minas, a menudo los niños abandonan la escuela y quedan privados de servicios básicos de atención sanitaria y protección.

“La falta de medios y la pobreza llevan a estas familias a abandonar sus aldeas”, nos cuenta el doctor Konate, oficial de vacunación de UNICEF. “Pero cuando llegan a las minas se convierten en más vulnerables todavía, sin servicios básicos –como atención sanitaria- a su disposición”.

Semana Mundial de la Vacunación: las vacunas salvan vidas

En esta parte de Malí, donde la economía local está dominada por las minas de oro, las tasas de niños sin vacunar son de las más altas de todo el país. Solo el 41% de los niños reciben todas las vacunas que necesitan para permanecer sanos.

El bebé de Ramata, Hachime, es uno de los muchos de la región que necesitan atención sanitaria.

“Además de no estar vacunado, Hachime sufre un evidente retraso en su crecimiento: su cerebro y su cuerpo no se están desarrollando por completo”, dice el doctor Konate. “Hoy le hemos dado la vacuna de la polio. En unos días enviaremos a trabadores sanitarios comunitarios para que examinen los próximos pasos, como por ejemplo administrarle rápidamente todas las dosis de vacunas que necesita”.

Ramata está contenta por haber podido vacunar a Hachime. Siente aprensión desde que se produjeron varios casos de sarampión en su comunidad. “Una vez vi al hijo de una amiga sufrir las consecuencias del sarampión. La madre casi pierde al niño”, recuerda. “Estoy muy contenta de que los vacunadores vengan a buscarnos a la mina para vacuna a nuestros hijos. Esto era impensable hace solo 10 años. Somos muy afortunados”.

Semana Mundial de la Vacunación: cuando vivir en una mina te deja sin atención sanitaria

Adama Traore, miembro del equipo móvil de vacunación, vacuna a Hachime, de 11 meses, con la primera dosis de la vacuna contra la polio. / © UNICEF/UN0293791/Keïta

El sol se está poniendo y Ramata se prepara para volver a casa con sus hijos. El día ha ido regular: ha encontrado dos pepitas de oro. Sin embargo, tiene una razón para sonreír: “Hoy encontré poco oro. Pero el mayor tesoro ha sido poder vacunar a mi hijo”.

Visitas al asentamiento como la del doctor Konate forman parte de la amplia estrategia de UNICEF y sus aliados para enviar equipos móviles de vacunadores a los niños más vulnerables y de zonas más remotas. UNICEF da apoyo con equipamiento y con los conocimientos que necesitan para proporcionar servicios vitales a las familias de comunidades aisladas.

UNICEF trabaja estrechamente con el Ministerio de Sanidad, GAVI y la OMS para proporcionar vacunas contra la polio, el sarampión y el tétanos para los niños y mujeres de Malí. En 2018, pudieron vacunar a más de 700.000 niños del país contra el sarampión.

El poder del deporte para cambiar el mundo

Por Rocío Vicente, técnico de programas de UNICEF Comité Español

Hay emociones que perduran para siempre y recuerdos que no se olvidan. Esa final, el empuje de las compañeras, los últimos largos.  Cómo olvidar todos esos momentos en los que un balón, una camiseta o un equipo nos ha dado tanto.

Mirando atrás, son muchas las alegrías unidas al deporte y, también, las grandes lecciones. Pocas derrotas nos han enseñado tanto, y pocas veces la perseverancia ha derribado tantas barreras. El deporte nos ha mostrado que es posible unir por encima del odio y las diferencias. Y que, en momentos de desesperanza, como alguien dijo una vez, tiene el poder de cambiar el mundo.

Por eso el deporte, entendido como educación física pero también como un juego en su faceta más libre y espontánea, es fundamental para la vida de los niños. Para UNICEF el deporte es una herramienta clave, porque actúa para lograr otros objetivos y, por eso, es parte esencial de todo lo que hacemos para mejorar la vida de los niños en cualquier parte del mundo. Nos ayuda, por ejemplo, a que los adolescentes de las favelas, en las grandes urbes de Brasil se interesen más por la educación, haciendo su currículo escolar más atractivo. En Sudáfrica o China formamos a profesores de educación física para mejorar sus habilidades pedagógicas y que sepan cómo proteger a sus alumnos. Pero, sin duda, uno de sus aspectos más valiosos es cómo el deporte ayuda a los niños que han vivido situaciones traumáticas a canalizar su dolor y cicatrizar heridas.

El poder del deporte para cambiar el mundo

Un grupo de niños sirios juega al fútbol en el campo de refugiados de Zaatari, Jordania / © UNICEF/UN033508/Al Khatib

Cerca de la frontera con Siria, en el campo de refugiados de Zaatari, sencillas instalaciones para aprender y jugar en torno a un balón o una comba consiguen sacar una pequeña sonrisa a los niños sirios que, por fin, han dejado atrás una cruenta guerra.

Jamás olvidaré las palabras de Ranya, quien con tan solo 7 años me contaba que su mayor ilusión, desde su llegada, había sido volver a jugar con su amiga y verla por fin en clase.

El deporte es tan fundamental que afecta al desarrollo físico, mental y social de los niños, y es uno de sus derechos. Y esto significa poner todos los medios posibles, la inversión y un marco legislativo acorde para que sea una realidad. Es decir, que nuestras ciudades o escuelas cuenten con los recursos y espacios apropiados para que los niños puedan practicar deporte sin importar el barrio en el que vivan o la economía de sus familias. Y, sin duda, todos y todas tienen que poder jugar, correr o nadar, dejando atrás estereotipos o roles ya demasiado caducos.  Sin embargo, hoy en día perduran obstáculos que impiden que muchos niños se diviertan con el deporte. En nuestras sociedades más próximas, cada vez más encerradas, sedentarias y pendientes de la comercialización, hemos cedido tiempos y abandonado espacios. En otros países, el abismo de la desigualdad o la violencia hace que ejercer este derecho sea impensable.

El poder del deporte para cambiar el mundo

Niños jugando en el patio de su escuela en Ndjamena, capital de Chad/ © UNICEF/UN0294720/ Frank Dejongh

En España, junto con el Consejo Superior de Deportes, tenemos el compromiso de trabajar para lograr que cuando los niños practiquen deporte estén seguros y protegidos, ya que así “El abuso sexual infantil queda fuera de juego”. Y nuestro centro de investigaciones en Florencia, Innocenti, junto con la Fundación del Fútbol Club Barcelona ha publicado un informe en el que, por primera vez, se analiza la importancia de este derecho para el bienestar y desarrollo de todos los niños.

Porque, desde UNICEF, queremos que el deporte y el juego lleguen a todos los niños y cada uno de los niños; porque en él tiene que caber nuestra diversidad, valores y culturas; porque todos los niños, allá donde se encuentren, tienen que poder disfrutar, jugar y volver a reír, porque la infancia es nuestra primera memoria y nuestros recuerdos, parte de esa felicidad que nunca se olvida.

El 6 de abril es el Día Internacional del Deporte para el Desarrollo y la Paz

Ciclón Idai: el agua de la vida en medio de un desastre natural

Por Andrew Brown, UNICEF Malawi

El 7 de marzo, en mitad de la noche, Annie decidió huir de su casa con sus hijos. Entre ellos estaba Ndaziona, que había nacido dos días antes. Llovía desde hacía cuatro días, el caudal del cercano río Shire aumentaba, y el estado de la casa de adobe y paja empezaba a ser precario. Annie se levantó en medio de la noche para ir al baño. “Miré fuera y vi una gran cantidad de agua que venía”, recuerda. “Cogí a los niños y corrí. Habíamos avanzado no más de 20 metros cuando la casa colapsó a nuestra espalda”.

Fue un encuentro cercano y terrorífico con la muerte. “Los niños lloraban, yo tenía mucho miedo”, cuenta Anne. “Me di cuenta de que nos libramos de morir por segundos. Creo que Dios fue el que me hizo levantarme”.

Ciclón Idai: el agua de la vida en medio de un desastre natural

Annie con el pequeño Ndaziona, que nació solo dos días antes de que su casa se derrumbara por las inundaciones en Malawi / ©UNICEF Malawi/2019/Amos Gumulira

Annie y sus hijos Chimwemwe, de 10 años, Usta, de 7, Alefa, de 5, y el bebé Ndaziona, caminaron varios kilómetros hasta la casa del jefe, donde pasaron la noche con otras ocho familias. Al día siguiente llegaron a Bangula Admac, un campo de evacuación. Allí pasaron dos semanas.

El campo se asienta sobre un antiguo mercado. Cuando llego allí, las lluvias han parado y el día es caluroso. La gente se sienta a la sombra de los árboles o bajo tejados de acero. Algunas mujeres están cocinando. Otras traen agua en cubos. Unos cuantos comerciantes venden fruta y rosquillas fritas a los evacuados. Un molino se erige entre la masa de personas. Un tejado y algo de suelo firme proporcionan refugio, pero los lados están abiertos a los elementos.

El jefe del campo, Isaac Falakeza, es un profesor jubilado. Me cuenta que han llegado unas 5.300 personas, de las que más de 1.800 han llegado cruzando el río desde Mozambique, donde las inundaciones han sido peores. “Estamos desbordados pero ayudamos a la gente igual, independientemente de su procedencia. No discriminamos a nadie. Nuestro mayor reto es la comida. Cada familia debería recibir una bolsa de harina, pero ahora solo tenemos una bolsa para cada dos familias”.

El agua y el saneamiento también son un reto”, continúa. “UNICEF nos ha enviado cientos de cubos, pastillas de jabón, artículos para tratar el agua y ocho letrinas. Esto está ayudando. Estamos priorizando a las familias más necesitadas: las que tienen niños pequeños o alguna persona discapacitada”.

Con un cubo sobre su cabeza, Annie camina durante diez minutos hacia bomba de agua en su antiguo pueblo. Coge agua limpia y la acarrea de vuelta. Durante el camino, pasa por las ruinas de su hogar. Las paredes de adobe se han convertido en una montaña de tierra, y tan solo queda un trozo del techo de paja. Ni siquiera esto puede salvarse.

“Quiero volver a casa”, asegura Annie. “El campo no es buen lugar para mi bebé. Pero tendré que ahorrar 30.000 kwacha (unos 41 dólares) para reconstruirla”. Cuando le pregunto cuánto gana en un mes, Annie sonríe. “Entre 800 y 1.200 kwacha (1,66 dólares) al día, por hacer la colada de otros y recolectar leña para vender. Gasto la mayor parte del dinero ese mismo día. Lo invierto en comprar judías y verduras para acompañar nuestra harina”.

De vuelta al campo, el oficial de Agua y Saneamiento de UNICEF, Allan Kumwenda, enseña a Annie cómo saber si el agua que tiene es segura. Pone unas gotas de cloro y luego utiliza un contenedor de plástico con códigos de colores para comprobar los niveles. “Incluso aunque el agua sea segura en la bomba, a menudo se contamina en el camino de vuelta”, explica. “La gente tiene suciedad y gérmenes en los dedos, y a veces acaban en el cubo. Alrededor del 60% del agua se contamina así. Y esto aumenta el riesgo de propagación del cólera y otras enfermedades, algo muy peligroso para los niños pequeños”.

Al final de su demostración, Allan da a Annie el resto del bote de tratamiento de agua. “Estoy muy contenta con esta ayuda de UNICEF. Puedo usar el cubo para coger agua y almacenarla, y la botella para convertirla en agua limpia. Esto es muy importante para mis hijos, ya no estoy tan preocupada”.

Ciclón Idai: el agua de la vida en medio de un desastre natural

Annie coge agua en un cubo proporcionado por UNICEF, que le ha ayudado a comprobar si es potable / ©UNICEF Malawi/2019/Amos Gumulira

Los suministros de UNICEF ya han llegado a las zonas afectadas por las fuertes lluvias e inundaciones en el sur de Malawi, dando algo de respiro a las familias de los centros de evacuación. Sales de rehidratación oral, antibióticos y cientos de mosquiteras con insecticida, que son fundamentales.

“Tras un desastre como el del ciclón Idai, la prioridad de UNICEF es ayudar a los niños y familias que han perdido sus hogares y que viven en centros de evacuación o con otras familias en sus comunidades”, explica el representante de UNICEF Malawi, Johannes Wedenig. “Tenemos artículos de emergencia preparados de antemano en zonas de Malawi que sufren desastres naturales de manera habitual. Esto nos ha permitido reaccionar rápidamente para abordar las necesidades más inmediatas”.

UNICEF sigue sobre el terreno para apoyar a los niños afectados por el ciclón Idai con agua y saneamiento, educación, servicios nutricionales y protección.

De madre a madre: ¡las vacunas salvan vidas!

Basma Ourfali, oficial de comunicación de UNICEF Siria

Era casi mediodía. Veinte mujeres se arremolinaban en torno a una estufa en una diminuta casa de la ciudad de Deir Hafer, en Aleppo rural (Siria). Muchas de ellas habían venido de pueblos lejanos para ver a una mujer, Amina.

Amina, de 41 años, viuda y madre de tres hijos, es una de las pocas mujeres que trabajan como educadora de la salud en la zona. Su labor consiste en proporcionar a las madres información sobre la seguridad y la importancia de las vacunas.

Aunque dejó la escuela en el tercer curso, Amina es muy influyente en su comunidad. “Mi casa siempre está llena de mujeres que vienen a consultarme. A veces solo buscan apoyo moral“.

De madre a madre: ¡las vacunas salvan vidas!

Una niña recibe su vacuna contra la polio en Aleppo, Siria /©UNICEF/ Syria 2019/ Khudr Al- Issa

Cuando la violencia dio un respiro en 2017, las familias de los pueblos rurales del este empezaron a volver a sus hogares, destruidos. Tras años de desplazamiento, se encontraron una grave falta de servicios, incluidos los sanitarios y de vacunación. La mayoría de niños llevan años sin vacunarse debido a la violencia, múltiples desplazamientos y la interrupción de los servicios.

“Durante mis sesiones con las mujeres descubrí que carecen de información sobre los servicios públicos disponibles, así como sobre las vacunas y atención sanitaria que necesitan los niños”

Para garantizar que cada niño de las áreas remotas se vacuna, los trabajadores sanitarios a los que apoya UNICEF realizaron sesiones de formación para once mujeres de siete aldeas de la zona. Les enseñaron a asesorar a las madres y a las embarazadas sobre la importancia de las vacunas para proteger a sus hijos frente a la polio y otras enfermedades prevenibles. Trabajadores sanitarios formados acuden con ellas a sus sesiones con mujeres para asegurarse de que la información que les dan es de calidad.

Con su carácter vivo y social, Amina comunica mensajes importantes sobre atención sanitaria y vacunas. Lo hace en un lenguaje sencillo, utilizando ejemplos reconocibles en el día a día de los habitantes de las aldeas. Habla a las madres sobre la seguridad y la importancia de las vacunas, les explica cómo funcionan y les resuelve sus dudas.

Organizo sesiones semanales para mujeres de mi ciudad y de pueblos vecinos. Siento que he hecho bien mi trabajo cuando una madre se apresura a vacunar a su hijo después de estar en mi casa”.

De madre a madre: ¡las vacunas salvan vidas!

Algunos niños llevaban años sin recibir sus vacunas debido a la violencia /©UNICEF/ Syria 2019/ Khudr Al- Issa

Ghazieh, de 36 años, es una de esas mujeres. Esta madre de siete hijos contó su historia al resto de madres asistentes a la sesión de Amina. Hace siete años, su bebé de un mes, Yasmina, murió. “Ella había sido vacunada unos días antes, así que asumí erróneamente que las vacunas eran peligrosas. Dejé de vacunar a mis hijos”.

Pero después de ir a las sesiones de Amina y de los trabajadores sanitarios apoyados por UNICEF, en las que recibió conocimientos e información valiosos sobre la seguridad d días vacunas, Amina se arrepintió de no haber vacunado a sus hijos. Ya están vacunados.

En los últimos días, y como parte de una campaña nacional de vacunación contra la polio que ha durado una semana, UNICEF, la OMS y otros aliados, han llegado a más de 320.000 niños de la provincia de Aleppo. Unos 800 trabajadores sanitarios han participado en esta campaña. UNICEF ha proporcionado vacunas y equipamiento para mantener la cadena de frío, a través de 50 centros de salud y 120 equipos móviles.

Sudán del Sur: el incierto futuro de los niños con desnutrición

Por Mercy Kolok, oficial de comunicación de UNICEF Sudán del Sur

Estaba sentada en una sala, ensimismada en sus pensamientos. Los dos niños que sostenía en el regazo lloraban llamando su atención, pero ella no les oía. Miraba al infinito, ajena a lo que ocurría a su alrededor. Ni siquiera la presencia del médico y las enfermeras que fueron a atender a sus gemelas la devolvieron a la realidad. Un amable golpecito en la espalda le hizo volver. Parecía aterrada, y casi tiró a las niñas. Estaba claro que Mary Kaku llevaba el peso del mundo sobre sus hombros.

Era la tercera vez que sus gemelas, Elizabeth Jungbo y Madelina Pedi, eran ingresadas con desnutrición severa. Con 16 meses, pesaban 6,2 y 4,5 kilos respectivamente, cuando el peso medio de un bebé de esa edad es de 10 kilos. Las niñas se agarraban al pecho de su madre tratando de succionar, pero claramente no había leche suficiente para saciar su hambre.

Sudán del Sur: el incierto futuro de los niños con desnutrición

Mary Kaku, con sus gemelas en el hospital infantil de Juba / ©UNICEF South Sudan/2018/Campeanu

“Vine a Juba hace más de un año para que dieran tratamiento a mi marido enfermo. Pero murió, y me dejó con los niños aquí”, cuenta Mary. “No puedo volver a mi aldea, donde están mis otros hijos, porque no me lo puedo permitir. Tengo una deuda por el entierro de mi marido. No me puedo ir sin pagarla”.

A pesar del reciente acuerdo de paz, la economía de Sudán del Sur sigue hecha añicos debido a años de conflicto. Incluso en la capital, Juba, muchas madres como Mary no pueden poner comida en la mesa de manera regular.
“A veces pasamos hambre incluso dos días, sobrevivimos a base de agua, y por eso siempre estamos enfermas”.

Mary no tiene trabajo. Pasa la mayor parte del día en la calle con sus hijas enfermas, a temperaturas superiores a los 35º, pidiendo ayuda a los transeúntes. Vive con las niñas en la calle, con otras familias que están igual que ellas.
En el hospital, diagnosticaron a las pequeñas con marasmo, una forma de desnutrición causada por la falta de nutrientes esenciales debido a una alimentación pobre o la falta de alimento.

“A menos que consiga algo de dinero pidiendo, no me puedo permitir comprar leche o comida a las niñas. También es difícil encontrar trabajo en Juba, porque no tengo dónde dejar a las niñas”, explica.

La situación de Mary es como la de muchas familias en Sudán del Sur. Con la crisis económica, la inflación y el precio de los alimentos, mucha gente no puede garantizar que vaya a comer ni siquiera una vez al día.

“Cuando llevo a las niñas al hospital, mejoran porque les dan leche y comida, pero yo no puedo proporcionársela”, continúa Mary. “No sé si sobrevivirán, pero espero que lo hagan, que crezcan y que tengan éxito en su vida”.

Una semana después, las gemelas de Mary mejoran ligeramente y reciben el alta. Pero solo otra semana después vuelven a ingresar, porque la situación de Madelina ha empeorado de nuevo. Mary pasa dos semanas en el hospital. Elizabeth recupera la salud por completo, pero su hermana sigue neceistando tratamiento. Cuando Madelina entró en el hospital no podía comer ni sentarse ella sola. Ahora ha recuperado algo de fuerza y puede sostenerse sin ayuda.

Estoy contenta porque mis hijas están mejor, pero me preocupa su supervivencia. Sé que solo es cuestión de tiempo volver al hospital. Como cualquier padre, mi sueño es ver a mis hijos crecer y tener éxito en su vida, pero no tengo ninguna garantía”, concluye Mary.

Acción Humanitaria para la Infancia

UNICEF ha presentado su Acción Humanitaria para la Infancia, un llamamiento humanitario para atender a 41 millones de niños de 59 países durante el año 2019. El llamamiento para Sudán del Sur es de 179 millones de dólares. La situación de inseguridad alimentaria mejoró un poco gracias a las cosechas de 2018, pero un 43% de la población sigue en una situación grave y más de 1 millón de niños de Sudán del Sur sufren desnutrición aguda, incluidos 250.000 que están en riesgo de muerte si no reciben ayuda.

¿Con qué soñaba tu madre cuando era niña?

Por Yera Kim, especialista en educación de UNICEF Chad

Cuando todo el equipo (nuestros colegas de Educación de UNICEF en Chad, el Ministerio de Educación y nuestros aliados) estábamos saliendo de la escuela primaria Sido Bemadji, en la provincia de Moyen Chari, nos informaron de que una persona de la Asociación de Madres de la escuela había estado esperando para hablar con nosotros. Yo dudé unos segundos porque ya era tarde. Miré  y ahí estaba ella, Khadidja, de 40 años, una mujer orgullosa vestida con un hijab blanco y con una gran sonrisa en la cara.

Khadidja, madre de nueve hijos, parecía emocionada por contar su historia. “Soy la secretaria de la asociación de madres de la escuela. Puedo contarles más acerca de la labor que hacemos como asociación para promover la educación de los niños”. A lo que añadió: “También soy refugiada de la República Centroafricana. Dejé mi hogar en Bangassou, al sureste de la República Centroafricana, y llegué a Chad en 2013”.

¿Con qué soñaba tu madre cuando era niña?

Niñas en una clase de la escuela primaria Ridina (Chad), que acoge niños refugiados y retornados de RCA, como la escuela en la que trabaja Khadidja / © UNICEF/Chad/2018/Kim

Le dije que yo había estado en Bangassou y que recordaba el hermoso atardecer sobre el río Mbomou. Le sorprendió, pero también se alegró de conocer a una extranjera que conocía su ciudad de origen: la ciudad que tuvo que abandonar en busca de seguridad.

Cuando se desató el conflicto lo quemaron todo, incluida mi casa

Al recordar momentos dolorosos, no podía esconder su sufrimiento.

Khadidja se ha implicado enérgicamente en las actividades organizadas con la ayuda de UNICEF para empoderar a las asociaciones de madres. “En las sesiones de formación organizadas para las asociaciones de madres aprendí la estrecha relación que hay entre la educación de las niñas y la pubertad, la higiene escolar, el matrimonio infantil y el embarazo no deseado”.

Después de la formación, comenzó a desempeñar un papel fundamental para enseñar a las niñas adolescentes a utilizar kits de higiene. Al principio le costó mucho. “En la cultura árabe-musulmana en la que crecí, no podemos hablar en público de los cambios físicos o fisiológicos de las niñas. El primer día de la formación me resultaba demasiado embarazoso sacar el tema abiertamente delante de las niñas y sus padres. Sin embargo, pronto me di cuenta de que, si yo no cambiaba mi actitud, muchas de las niñas no entenderían correctamente el tema, seguirían faltando a clase cuando tuvieran el periodo y terminarían por abandonar la escuela. Por eso, decidí ser más valiente a partir del día siguiente. Con la formación y la distribución de kits de higiene reutilizables, cada vez más niñas permanecían en la escuela cada mes, y algunas de las que habían abandonado la escuela regresaron para reanudar las clases”.

Además de eso, Khadidja ha luchado para evitar que las niñas dejen la escuela a causa de haber contraído un matrimonio temprano. “Mis padres me casaron cuando tenía 14 años. Desde entonces, mis días han estado llenos de responsabilidades adultas como el nacimiento de hijos y el cuidado de miembros de mi familia. Mi sueño de la infancia se truncó con el matrimonio. Mi primera hija ya tiene 18 años y se acaba de matricular en el primer año de la escuela secundaria porque se quedó atrás en su educación debido al conflicto y los desplazamientos. Pero yo nunca quise que eligiera el matrimonio antes que la educación”.

Dada la curiosidad que sentía por el origen de su pasión y su dedicación a la enseñanza, le pregunté por qué esto ocupaba un lugar tan importante en su corazón. Alzó la cabeza y me miró a los ojos.

Mírese. Sin educación, ¿habría podido hacer lo que hace como miembro de UNICEF? Yo quiero lo mismo para nuestros hijos. Quiero que se marquen grandes objetivos y que desarrollen su máximo potencial gracias a la educación

¿Con qué soñaba tu madre cuando era niña?

Khadidja, de 40 años, es la secretaria de la Asociación de madres de la escuela primaria Sido Bemadji, en Chad. Es una refugiada de República Centroafricana que llegó a Chad en 2013 /© UNICEF/Chad/2018/Kim

Al preguntarle sobre el sueño de su infancia, a Khadidja le dio la risa. “Cuando era niña, siempre quería ser periodista. Me hacía feliz imaginarme hablando por la radio o en la televisión. Aunque no pude hacer realidad mi sueño, estoy agradecida de tener el poder de contribuir a la educación de mis hijos y ayudarlos a hacer realidad sus sueños gracias a mi papel en la Asociación de Madres”.

Desde 2013, alrededor de 150.000 refugiados centroafricanos y chadianos retornados han escapado de la violencia de la República Centroafricana y se han asentado en provincias fronterizas del sur de Chad. Con ayuda de “La Educación No Puede Esperar” y la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID), el Ministerio de Educación, UNICEF y aliados como RET International y CELIAF trabajan juntos para ayudar a las escuelas a ampliar el acceso y mejorar la calidad de la educación para todos los niños afectados por conflictos.