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Por aquí han pasado cooperantes de Ayuda en Acción, Cruz Roja, Ingeniería Sin Fronteras, Unicef, Médicos del Mundo, HelpAge, Fundación Vicente Ferrer, Médicos Sin Fronteras, PLAN
Internacional, Farmamundi, Amigos de Sierra
Leona y Arquitectura sin Fronteras.

Notas desde el Congo (III): El pequeño Uwiringe y su pelea contra el cólera

Por Ida Moberg, doctora de MSF en la República Democrática del Congo

La doctora Ida Moberg se encuentra en su primera misión con Médicos Sin Fronteras (MSF). Desde el poblado de Numbi, en la provincia de Kivu sur, al este de la República Democrática del Congo (RDC), relatará en un diario de campaña el trabajo en el hospital de esta pequeña aldea y el día a día de las comunidades locales.  

Uwiringe tiene 11 años y  ha llegado al hospital desde un pueblo en las montañas a las afueras de Numbi. Por lo general, a esa hora del día está en la escuela y no en la cama de una sala de urgencias, como ahora.

Su padre, que lo ha llevado en brazos durante una hora para llegar al hospital, dice que ha enfermado esa misma mañana y que ha tenido diarrea. Desde entonces, ha empeorado muy rápido y apenas ha podido tomar nada.

Hay varios casos similares en el pueblo últimamente.

Un centro de tratamiento de cólera de MSF en Kivu sur. Marta Soszynska / MSF

Uwiringe sólo puede decir algunas palabras y yo casi no puedo sentir el pulso en su muñeca. No tiene fiebre, pero tiene la boca muy seca y cuando le pellizco la piel del estómago ésta no regresa inmediatamente a su lugar, lo cual es un signo claro de deshidratación.

Sospechamos que Uwiringe tiene cólera y deshidratación severa. Como el pequeño está tan débil, pues no es capaz ni de beber, iniciamos el tratamiento con fluidos por vía intravenosa y lo ubicamos en la pequeña unidad de aislamiento del hospital.

Se han dado varios brotes de cólera en Kivu sur en los últimos seis meses. MSF ha activado su respuesta para combatirlos y ha tratado a pacientes en los hospitales a los que apoya y en sus centros temporales de cólera. Además, el Equipo de Respuesta a Emergencias de Kivu sur (conocido como RUSK), que viaja por toda la región y realiza respuestas específicas, se ha activado para atajar la enfermedad.

Durante la noche, Uwiringe continúa con diarrea acuosa, así que seguimos con el tratamiento. Al día siguiente, se siente un poco mejor y puede empezar a beber suero.

Hoy se ha levantado casi recuperado y la diarrea ha cesado. Creemos que ya está lo suficientemente bien para que le demos el alta. Aunque ahora ya puede caminar al lado de su padre y mañana irá a la escuela de nuevo.

Soy parte de un cambio real (un proyecto de comercio justo con mujeres con de castas bajas y con discapacidad)

Por Rocío Luque, diseñadora artesanía de comercio justo Fundación Vicente Ferrer.

Este 12 de mayo se celebra el Día Mundial del Comercio Justo, iniciativa de la WFTO (Organización Mundial del Comercio Justo, por sus siglas en inglés) que reclama este movimiento como una contribución tangible a la lucha contra la pobreza, la explotación laboral y el cambio climático. El comercio justo se identifica un modelo de negocio que rescata los valores humanistas, apostando por un desarrollo sostenible.

Durante este día podremos acudir a múltiples eventos y actividades que celebran este movimiento basado en los principios éticos del comercio. Disfrutaré de estas actividades, pero no podré evitar tener mi cabeza a más de 10.000 kilómetros de distancia, concretamente en la India. Para mí este día no solamente significa una apuesta por el cambio en el tipo de consumo sino también un paso lleno de esperanza hacia el progreso y el desarrollo que asegura las necesidades de muchas vidas, entre ellas, las de más de trescientas hermosas y valientes mujeres con las que trabajo en la India rural.

El proyecto de comercio justo de la Fundación da una oportunidad a quienes sufren discriminación por partida triple: mujeres, de castas bajas y con discapacidad.

Desde hace cuatro años coopero como diseñadora de producto de artesanía en la Fundación Vicente Ferrer (FVF). Esta labor me permite pasar varios periodos en terreno para desarrollar las distintas colecciones de producto. En 2001 la FVF crearon en Anantapur los primeros talleres-residencia para mujeres sin recursos y con discapacidad de las zonas rurales del estado sureño de Andhra Pradesh, dando oportunidades a quienes sufren discriminación por partida triple: por ser mujeres, por pertenecer a castas bajas y por tener discapacidad. La iniciativa persigue que más de 320 mujeres de las zonas rurales de Anantapur consigan independencia económica, mejoren su autoestima, aprendan un oficio y sean reconocidas y valoradas en su entorno familiar y en su comunidad.

Durante mis estancias allí, trabajo mano a mano con este colectivo de mujeres, potenciando su formación profesional y realizando las primeras muestras de aquellos productos que posteriormente se pondrán a la venta.

En relación con el trabajo de diseñadora he de decir que supone un constante reto al mismo tiempo que un aprendizaje continuo. El diseño consiste en hacer una mezcla nueva e interesante de elementos conocidos para crear productos llenos de frescura y originalidad, consiste en explotar los datos reunidos a partir de una investigación y conseguir traducirlos de forma adecuada. A través de distintas actividades de producción creativa, transformamos y creamos objetos de una naturaleza muy distintiva, ya que pueden ser funcionales, utilitarios, estéticos, decorativos, artísticos, creativos, etc. En mi opinión estos productos tienden a adquirir el carácter de piezas únicas; ya que predomina en su creación la aplicación de energía humana, de la actividad física y mental de este colectivo de mujeres. Los productos se realizan con las manos, sin un carácter seriado y con la ayuda de herramientas manuales e incluso de algunos medios mecánicos o maquinaria relativamente simple.

Esta concepción e idea de los elementos y las orientaciones creativas siempre está presente en mi trabajo, pero en este caso la realidad hace que la adaptabilidad, perseverancia y la paciencia sean las herramientas más necesarias para cumplir con tus objetivos. En este caso la realidad y su dificultad están por encima de las expectativas que tengas en tu cabeza. El trabajo con una cultura completamente diferente a la tuya implica un ejercicio de reflexión y consciencia de nuestra propia cultura. Las distintas formas de entender y analizar el mundo logran cohesionarse. Construir relaciones, ya sean laborales o personales, con gente de diferentes culturas, es vital para formar comunidades diversas que sean suficientemente poderosas para alcanzar objetivos significativos. En este caso hemos logrado entender y asumir nuestras necesidades como equipo.

Como consumidora de este tipo de productos quiero subrayar la importancia de rescatar estos valores humanos y solidarios, no en un sentido caritativo o de asistencia, sino como un concepto central que potencia una economía social centrada en las personas, en el reconocimiento y la puesta en valor del trabajo y las relaciones que se establecen entre las personas, no en un sentido utilitarista sino en un sentido social de reconocimiento de “un otro”.

A modo de conclusión, lo que me resulta más importante al mismo tiempo que apasionante, es formar parte de este proyecto. Lo emocionante de este trabajo es la propia experiencia con estas mujeres, el día a día, los descubrimientos, los buenos y malos momentos, todos ellos transformados en lecciones diarias de superación y valentía. Desde el punto de vista profesional me aporta muchísimo porque aprendo que hay diferentes vías para llegar a un mismo producto.

Formar parte de un proyecto que posibilita el acceso laboral a un colectivo en dificultad, sentirte parte del empoderamiento y el aumento de autoestima y confianza que tienen las artesanas, su independencia, su legitimidad, su autonomía hace que te sientas parte de un cambio real.

Notas desde el Congo (II): Hakuna matata

Por Ida Moberg, doctora de MSF en la República Democrática del Congo

La doctora Ida Moberg se encuentra en su primera misión con Médicos Sin Fronteras (MSF). Desde el poblado de Numbi, en la provincia de Kivu sur, al este de la República Democrática del Congo (RDC), relatará en un diario de campaña el trabajo en el hospital de esta pequeña aldea y el día a día de las comunidades locales.  

Han pasado unos días desde que llegué a Numbi. Todo es intenso y lleno de nuevas experiencias. También está siendo una lucha para mí lidiar con el francés. De hecho, varias veces, me he descubierto pensando en cómo he podido ser tan inconsciente en aceptar una misión en un país en el que se habla francés…

Pero para complicar aún más las cosas, no todo el mundo lo habla, claro. La lengua de la mayoría de los pacientes del hospital es el swahili y el kinyarwanda. Así que he aprendido algunas frases en swahili para saludarlos y preguntarles cómo se sienten:

Habari Gani (¿Cómo estás?)

Unaumwa na nini (¿Qué te pasa?)

De todos modos, hay veces en que puedo identificar el problema que tiene el paciente. Pero si este acude a la consulta con una historia algo más larga, me quedo allí de pie, quieta, cómo un gran signo de interrogación. Por suerte, hay una enfermera local que traduce del swahili al francés para que la comunicación no sea un problema.

MSF trabaja en Numbi desde 2014. Desde entonces, el antiguo centro de salud ha ido convirtiéndose en un pequeño hospital. Ahora las comunidades locales tienen mejor acceso a la atención médica que antes cuando tenían que caminar o montarse en una motocicleta durante varias horas por caminos casi impracticables.

EL pequeño hospital de Numbi. Pau Miranda / MSF

La accesibilidad es uno de los mayores desafíos en el montañoso Kivu sur. La temporada de lluvias actual hace que conducir por las carreteras sea aún más difícil. El viaje de 150 kilómetros de Bukavu a Numbi nos llevó ocho horas. En varios puntos del camino nos encontramos con que los puentes se habían derrumbado. Así pues, tuvimos que conducir a través de ríos y pequeños arroyos para continuar nuestro camino. Pero a pesar de que íbamos en un jeep con tracción en las cuatro ruedas, nos quedamos atascados después de que otro puente, uno pequeño, se cayera. Pero la situación se resolvió cuando vinieron a  socorrernos varia personas que pasaban por allí.

En swahili, se usa la expresión hakuna matata. Significa “no hay problema”. ¡Creo que puede ser un buen lema para mí en Congo!

Vacunas para cada niño en Mosul

Por Jennifer Sparks, consultora de comunicación de UNICEF

La doctora Rivah y sus colegas del Centro de Atención Primaria de Al Quds, en la parte oeste de Mosul (Irak), están ocupados tratando de mantener quieto a Mohammed, de dos años, durante el tiempo suficiente para poder administrarle una dosis de la vacuna de la polio.

Finalmente, logran calmarle y vacunarle. Cuando Mohammed se da cuenta de lo que ha ocurrido y empieza a llorar, la doctora Rivah ya está actualizando su cartilla de vacunación y sus compañeros están preparando las dosis para el siguiente joven paciente.

Vacunas para cada niño en Mosul

Mohammed, de 2 años, tras recibir la vacuna contra la polio /© UNICEF/Iraq/2018/Sparks

Meses después de la operación militar para recuperar Mosul, centros de salud como este siguen llenando un vacío importante. Son clínicas –no equipadas plenamente como un hospital- funcionando más allá de su capacidad habitual. “Este centro ayuda al vecindario. La gente que viene no es siempre de esta zona. A menudo vienen de muy muy lejos en busca de ayuda. Pero no somos un hospital, nadie se queda aquí a pasar la noche”.

Los tenues pasillos de este centro de salud, de dos pisos, están atestados de gente. Los edificios cercanos están muy dañados, porque el oeste de Mosul fue duramente golpeado durante las operaciones militares para recuperar esa zona de la ciudad el año pasado.

Algunos han venido para cosas rutinarias, otros por una emergencia. Las mujeres vienen para obtener atención obstétrica, también para dar a luz. Esto da al personal una oportunidad de difundir el mensaje de la importancia de la vacunación.

“A las mujeres que vienen aquí a dar a luz, les hablamos del programa de inmunización. Así saben exactamente a dónde y cuándo venir”, nos cuenta la doctora Rivah mientras nos muestra el calendario impreso en la tarjeta de vacunación que deja claro qué vacunas deben administrarse y a qué edades.

La infraestructura médica fue gravemente dañada durante las operaciones militares para recuperar Mosul en 2017. Además de los largos y habituales cortes de energía, había un serio déficit de medicamentos. Los hospitales eran a menudo objetivo de los ataques, y muchos médicos y enfermeras estaban entre las 800.000 personas que huyeron de la ciudad. La doctora Rivah se quedó. “He trabajado aquí durante cuatro años. No me fui, pero tuve que parar de trabajar durante un tiempo”.

Vacunas para cada niño en Mosul

En 2017,los hospitales de Mosul sufrieron muchos ataques, y parte del personal médico abandonó la ciudad. La doctora Rivah fue una de los que se quedó/ ©UNICEF/Iraq/2018/Sparks

Para muchos residentes, llegar al centro médico es todavía difícil. Así que una de las maneras más eficaces de garantizar que los niños reciban sus vacunas es que los sanitarios lleguen a ellos. “También tenemos vacunadores que recorren los barrios y explican a los padres que deben vacunar a sus hijos”, explica la doctora.

Las campañas de vacunación tienen resultados muy positivos. Irak se mantuvo libre de polio en 2017, gracias a las dos tandas de vacunaciones para más de 5,6 millones de niños menores de cinco años organizadas el Ministerio de Sanidad, la Organización Mundial de la Salud y UNICEF. Además, UNICEF apoyó campañas masivas de vacunación y exámenes del estado nutricional de los niños que huían de las zonas afectadas por el conflicto. Más de 306.000 niños fueron vacunados contra la polio en Mosul, y cerca de 300.000 contra el sarampión y la rubeola.

La vacunación es solo una de las actividades de salud que UNICEF apoya en Mosul, a través de suministros para la cadena del frío y la formación a personal del gobierno que vacuna puerta a puerta. UNICEF trabajará próximamente con el departamento de Salud para contribuir a rehabilitar los servicios de agua de los hospitales de la ciudad, junto con la Media Luna Roja de Qatar.

Para la doctora Rivah, la vacunación es una de las maneras más sencillas que tienen los padres de evitar que sus hijos vuelvan al hospital aquejados de una enfermedad prevenible. “Soy feliz cuando podemos ayudar en el centro de salud. La gente ha sufrido mucho. Aquí tenemos todas las vacunas para ayudar a que los niños estén sanos”.

Del 24 al 30 de abril se celebra la Semana Mundial de la Vacunación. Se estima que las vacunas salvan cada año cerca de 3 millones de vidas infantiles. Sin embargo, en 2016 unos 1,4 millones de niños menores de cinco años murieron a causa de una enfermedad prevenible mediante una vacuna.

Un ejemplo de resiliencia, tres años después del terremoto de Nepal

Por Jemima Sherpa, de la Cruz Roja Nepalí

Januka Bartal. Lahareepowa VDC, Distrito Rasuwa

Cuando Januka Bartal escuchó que Cruz Roja estaba ayudando a las familias de su comunidad (Laharepowa, Distrito Rasuwa) con dinero para invertir en sus medios de vida, ella ya sabía exactamente qué quería hacer con ese dinero. Su casa colapsó durante el terremoto de 2015 y sus máquinas de coser fueron dañadas. Desde entonces, su familia se mudó a una habitación alquilada que pagaban con el poco dinero que ella ganaba cosiendo a mano todo lo que podía.

Januka tenía dos objetivos muy claros: arreglar sus máquinas de coser y promocionar su negocio en los alrededores. “Pensé en pedir un préstamo pero el interés era demasiado alto” dice Januka, “con la ayuda de Cruz Roja todo ha sido mucho más fácil”. Lo cierto es que no hay nada fácil para Januka y su familia, pertenecen a la casta Dalit, la más baja y considerada por muchos “intocable”.

Con las 40.000 rupias que ha recibido, Januka ha arreglado sus máquinas de coser, ha comprado una mesa larga donde poder cortar los patrones y ha construido una pequeña extensión a su casa justo al lado de una carretera muy transitada: “Cuando trabajaba dentro, nadie me veía y mis clientes eran siempre las mismas personas. Ahora la gente puede verme desde la calle y entran a darme trabajo”.

Estima que tiene un beneficio de 12.000 rupias al mes y aunque tiene muchos gastos está pensando en cómo mejorar su negocio: “Ahora necesito comprar unas estanterías e incrementar mi stock de telas”.

Varios meses después, Januka ya no es sólo una destinataria del programa de Cruz Roja, ahora emplea a su hermano, Ujiwal, en su propio negocio a quién le está enseñando el oficio. Además, durante la época de festividades en Nepal que es cuando más trabajo tiene, emplea a otra mujer que la ayuda con la plancha y otros trabajos que consumen demasiado tiempo.

Januja y Ujiwal Bartal. Laharepowa VDC, Distrito Rasuwa

Notas desde el Congo (I): Rumbo a Numbi

Por Ida Moberg, doctora de MSF en la República Democrática del Congo

La doctora Ida Moberg se encuentra en su primera misión con Médicos Sin Fronteras (MSF). Desde el poblado de Numbi, en la provincia de Kivu sur, al este de la República Democrática del Congo (RDC), relatará en un diario de campaña el trabajo en el hospital de esta pequeña aldea y el día a día de las comunidades locales.   

Estoy sentada en la terraza y miro cómo se extiende en lago Kivu en Bukavu. Aunque es oscuro, se escucha un gallo en la casa vecina y el sonido se mezcla con la risa de unos niños que juegan. Tengo la cabeza llena de expectativas. Mañana salgo hacia la pequeña aldea de Numbi, al sur de esta provincia. ¡Al fin ha llegado la hora de empezar mi trabajo en terreno!

Las últimas semanas antes de la partida fueron básicamente para decir adiós a los que están cerca de mí. Y, como es mi primera misión con MSF, a hacer un curso en Barcelona sobre los protocolos y funcionamiento interno de la organización, y cómo deben tratarse enfermedades específicas en terreno, pues las dolencias más comunes aquí, en el este de la RDC, difieren mucho de las que hay en mi país, en Suecia.

Vistas del lago Kivu, en Kivu Sur, RDC. Marta Soszynska / MSF

Llegué a Kigali, la capital de Ruanda, 12 horas más tarde de lo esperado. Pues una amenaza de bomba en el aeropuerto de Bromma, en Suecia, retrasó el vuelo y perdí la conexión en Bruselas… Pero bueno… ¡Cuando trabajas para MSF debes ser flexible!

Desde Ruanda, el viaje continuó en automóvil hasta la frontera con la RDC. Y de ahí a Bukavu. El área se ha visto muy afectada por todos estos años de guerra. El conflicto ha dejado su huella. Muestra de ello, son las grandes diferencias que hay entre las infraestructuras de Ruanda y las de la RDC. Son palpables claramente poco después de cruzar la frontera. En el lado congolés, las carreteras tienen grandes agujeros.

Las condiciones de las carreteras en RDC no son las mejores. Ida Moberg / MSF

Una misión de Naciones Unidas ha estado presente en el área desde 1999, pero aun así la tensión entre los diferentes grupos armados continúa. Cosa que dificulta el día a día de la población local.

MSF está presente en la RDC desde 1981. Actualmente apoya varios proyectos de atención médica, incluido el hospital de Numbi, donde trabajaré durante los próximos seis meses.

La cultura milenaria de la violencia contra las niñas

Por Elisa Paz, de Plan International, desde Malí.

Como mujer occidental europea, de clase media y feminista tengo un posicionamiento muy claro y firme sobre la mutilación genital femenina (MGF). No obstante, llego a Bamako dispuesta a escuchar y absorber lo que la gente quiera contarme sin prejuicios.

Antes del viaje leo sobre el contexto del país y la mutilación. Según los datos ofrecidos por la última encuesta demográfica y de salud de Malí, el 85% de las mujeres aquí sufren de esta violencia y en algunas zonas del país alcanza hasta el 91%. Se ejerce sobre todo en las niñas y adolescentes y mayoritariamente antes de los 5 años.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), abarca todos los procedimientos que conllevan una resección parcial o total de los genitales externos femeninos, u otra lesión causada a tales órganos por motivos no médicos. Parece ser que hay también hay 4 tipos de mutilación, según se trate de la sección total o parcial del clítoris, los labios menores o mayores, el estrechamiento de la abertura vaginal y otros relacionados con la punción, perforación, raspado… Cuando termino la lectura, no puedo dejar de pensar en lo horrible que debe ser vivir algo así.

La MGF es sólo una de las 16 práctiques néfastes que existen en Malí. A ella se suman otras como el matrimonio forzado, cortes en el cuerpo o el gavage, que implica el engorde de niñas, adolescentes y mujeres de cara al matrimonio. Pero es sin duda la mutilación, por la violencia con la que se ejerce, porque implica la mutilación del placer sexual antes incluso de tener conciencia de lo que es, y porque representa el patriarcado más profundo a manos de las propias mujeres, la práctica que más me afecta de manera personal.

Cuando llego al país, veo que ante el alto porcentaje de prevalencia de esta práctica en Malí y las graves consecuencias emocionales y en la salud sexual y reproductiva de las niñas, adolescentes y mujeres, se ha impulsado un movimiento social a favor de su eliminación, liderado por organizaciones de mujeres y respaldado por algunas parlamentarias de Malí, así como por Plan International.

Con el objetivo de involucrar a las comunidades en la erradicación de lo que llaman “una cultura milenaria” y que yo me he permitido renombrar bajo la expresión “cultura milenaria de la violencia” contra las niñas, se han puesto en marcha a nivel nacional, regional y local los llamados Comités de Acción para acabar con la mutilación.

Una de las primeras paradas del viaje fue Kita, situada en la provincia de Koulikoro. Conmigo, el equipo de Plan Internacional y Nana, la responsable del programa contra la MGF. Allí, siete comunidades han declarado y firmado un documento en el que públicamente se proclaman libres de Mutilación Genital Femenina.

Al llegar al ayuntamiento de Sanankoro, en Kita, la premiere conseillier nos recibe amablemente e invita al Comité de Acción a charlar con nosotras. Nos comentan el trabajo realizado a lo largo de estos años, las dificultades y los logros. Quiero detenerme en sus historias personales.

Una mujer de unos 65 años me explicó que se involucró en la lucha cuando su nieta murió delante de ella a manos de la mujer que la mutilaba. Más tarde, un hombre miembro del Comité explicó lo difícil que es pensar distinto en una sociedad como la maliense. Él, que siempre estuvo en contra de la mutilación, tuvo que ver como su madre (la abuela) se llevaba a su hija y le practicaba en secreto la mutilación, “pues él, estaba profundamente equivocado y no sabía lo que hacía”. Ahora, es miembro activo del Comité y trabaja para que otras niñas no tengan que pasar por lo mismo.

Observo también a una de las animadoras locales del programa. Sonríe al escuchar como otro miembro del Comité cuenta que hasta que no participó en una de las formaciones, no comprendió lo equivocado que había estado sobre la MGF. La animadora, que trabajaba en el programa de lucha contra el VIH SIDA, recuerda que cuando le asignaronsu nuevo puesto, el de contar las desventajas de la mutilación, pasó noches llorando y asustada por cómo las comunidades iban a recibirla. Ahora no cambiaría el puesto “por nada del mundo”, dice.

Para terminar la jornada, llegamos a una de las comunidades de Kita libre de mutilación. Nos reciben varios líderes comunitarios y una veintena de mujeres de edades diversas en una casa de abobe y paja. Sin duda me quedo con el relato de una chica de 16 años con la que tuve la oportunidad de hablar: “Antes vivía atemorizada pensando que llegaría ‘el día’ y ahora me siento libre”.

Ir al médico y después al cole. Así sí parece un día normal para los niños y niñas refugiados en Grecia

Beatriz Garlaschi, delegada de Cruz Roja Española en Grecia

Saleh y Mahmuda.

Recuerda aquellos momentos de tu infancia, días normales, de colegio, deberes, calle y parque. Recuerda aquel día en el que tu madre o tu padre te llevaba de la mano al médico porque te sentías mal. No estabas gravemente enferma, ni desnutrida, tampoco estabas triste. Ibas al médico para certificar tu salud y luego, irías de vuelta al colegio.

Piensa en la suerte que has tenido de vivir en un país en paz: tienes tus piernas, tienes tus brazos y tu cabeza, intactos. No has tenido que cruzar el mar en una balsa de juguete ni vivir en una caravana. Afortunadamente, y después de mucho tiempo, de haber cruzado el mar, de haber vivido en un campo de refugiados durante dos años, la normalidad vuelve a la vida de Mahmuda, una niña afgana de ocho años que ha tenido la suerte de poder seguir el curso de su infancia junto a su madre, Tuba, de 34 años, y sus tres hermanos. Hoy, por fin, aunque quedan muchos retos por delante en Grecia, ya es un día cualquiera para ella y su familia, y entre risas, sigue las instrucciones de nuestra enfermera Vasiliki y nuestra voluntaria, Angeliki, en el centro pediátrico que Cruz Roja gestiona en Atenas.

Saleh, hermano mayor de Mahmuda, bromea todo el tiempo con su hermana: por las gafas para hacer las pruebas de visión que más parecen un artilugio de buceo, o por el vestido que se ha puesto hoy Mahmuda, que hace honor a la Cruz Roja (rojo sobre blanco) o porque hoy hay demasiados espectadores en la consulta. Saleh es un niño feliz, y para Cruz Roja, es una enorme satisfacción proteger y ver sus sonrisas en esta familia, porque seguiremos trabajando mientras sea necesario, apoyando a más niños y niñas como ellos para que puedan tener muchos otros momentos de felicidad cotidiana.

Mahmuda en su prueba oftalmológica para acreditar el estado de su visión en el Centro pediátrico de Cruz Roja en Ambelokipi, Atenas.

Un equipo compuesto por enfermeras/os, médicos/as, pediatras y traductores/mediadores de Cruz Roja apoya cada día a cientos de personas con problemas de salud y a enfermos crónicos en el corazón de la capital de Grecia. Se trata de servicios muy útiles para las personas refugiadas no solo por la atención en salud que reciben sino por el hecho de acudir acompañadas de traductores y mediadores sociales, que son quienes se encargan de que las personas tengan la información adecuada que les transmite el personal de salud y las prescripciones a seguir.

El centro pediátrico de Cruz Roja en el barrio de Ambelokipi es uno de los servicios más concurridos, donde se realizan consultas de salud pediátrica básica para niños y niñas migrantes y refugiados de Ucrania, Afganistán, Siria o Irak, se suministran vacunas y se refiere a los especialistas los casos más complicados.

Nuestras actividades de salud en los centros urbanos, están financiadas por la UE a través de ECHO.

Vasiliki Dalla, enfermera de Cruz Roja, mide a Saleh, hermano de 11 años de Mahmuda, junto a su madre, Tuba, de 34.

Yemen: cómo la reforma de baños en las escuelas ayuda a los niños a retomar sus estudios

Por Najwa Al Romain, UNICEF en Yemen

Mohamed es alumno de noveno grado en la escuela de Al Mahdhar, que está en lo alto de una meseta a la que se llega por una carretera irregular desde las afueras de Saná, la capital de Yemen. Es diabético, por lo que tener un cuarto de baño operativo es especialmente importante para Mohamed. “Siento que mi vejiga está a punto de explotar cada media hora, y necesito utilizar el baño mucho. Así que a menudo tengo que salir de clase para ir”, cuenta Mohamed. “Pero si tuviera que ir al baño en el recreo, cuando todos mis compañeros están alrededor en el patio, no tendría un lugar privado al que ir. Así que solía esperar unos 20 minutos, hasta que el recreo terminaba. No puedes ni imaginar el dolor mientras contaba unos minutos que me parecían horas”.

Yemen: cómo la reforma de baños en las escuelas ayuda a los niños a retomar sus estudios

Mohammed, entrando en uno de los nuevos baños de su escuela. Antes de la reforma, tenía que salir al aire libre para que nadie le viera /© UNICEF Yemen/2018/Al Romaim

El dolor no era la única preocupación de Mohamed. Cada día debía llevar 1,5 litros de agua a la escuela para poder lavarse después de orinar. Afortunadamente, ya no tendrá que hacerlo nunca más. UNICEF ha apoyado la reforma de los cuartos de baño de su escuela, y por fin hay agua corriente. Finalmente, Mohamed puede retomar sus estudios. Es uno de los mejores alumnos de su clase, pero debido a estos problemas con los baños se saltaba clases habitualmente y admite que odiaba la escuela.

“Ahora, ir a la escuela es una de las mejores cosas de mi vida”, dice alegremente.

Mohamed no era el único estudiante afectado por la falta de baños en la escuela de Al Mahdhar. Bakeel, tres cursos por debajo de Mohamed, sufre de piedras en el riñón con solo 12 años. Debido a esta enfermedad, tiene que ir al baño a menudo. “En invierno es peor”, asegura. “Tengo que ir una vez cada veinte minutos”.

Por eso no sorprende la alegría de Bakeel cuando UNICEF llegó para reformar los baños. Agradecido, explica que “Me siento más cómodo ahora en la escuela, y ya no estoy preocupado por cuántas veces tengo que ir al baño. Antes estaban cerrados, pero ahora puedo ir las veces que necesite y siempre hay un baño limpio y también agua disponible”.

Yemen: cómo la reforma de baños en las escuelas ayuda a los niños a retomar sus estudios

Bakeel, lavándose las manos después de ir al baño en la escuela / © UNICEF Yemen/2018/Al Romaim

Mientras que en la escuela de al Mahdhar hay sobre todo niños, los tres primeros cursos son mixtos, con niñas también. Antes de la reforma, eran las niñas pequeñas, como Enas y Abrar, las que más sufrían. Ambas están en tercer grado.

Con una sonrisa tímida e inocente, Enas cuenta que “antes de tener los nuevos baños, tenía que ir a casa cuando quería ir al baño, así que perdía mucho tiempo de clase. Esto significa que me tenía que esforzar muchísimo, pero ya no tengo ese problema”. Para Abrar, el problema era ligeramente distinto. “Mi madre no me dejaba beber agua antes de ir a la escuela por la mañana, para así no tener que ir al baño. Pasaba todo el día con mucha sed, hasta que volvía a casa”. Con una confianza recién adquirida, Abrar asegura que ahora “Estoy muy contenta de poder beber agua en cualquier momento, siempre que me apetece”.

El 26 de marzo se cumplen tres años de guerra en Yemen. El conflicto ha llevado al cierre completo o parcial de más de 2.000 escuelas. Muchas de ellas están destruidas o parcialmente dañadas, y necesitan urgentemente una reparación para mejorar el entorno de aprendizaje. En 2017, UNICEF mejoró las instalaciones de agua y saneamiento de 232 escuelas de todo el país, incluida la de Al Mahdhar.

 

La lucha contra el tráfico de niños y niñas en Nepal

Por Ranjana, de Plan International, desde Nepal

Trabajo en uno de los puestos de control instalados por Plan International cerca de la frontera con India. Cada día impido el tráfico de menores que hay en Nepal. Paro a todos los vehículos que lleven menores dentro en su rumbo a India y compruebo si van acompañados. Después pido los documentos de identidad y, si ni el menor ni el adulto los tienen, informo a la policía y los apunto en mi registro.

A diario inspecciono unos 200 vehículos, incluyendo autobuses, camiones, carros de caballos… e incluso bicicletas. Es un trabajo bastante duro porque a veces recibimos incluso gritos y amenazas de los traficantes de menores.

Similares a mi control, han colocado dos puestos más en Banke, al oeste de Nepal, y Sunsari, al este: se trata de las zonas con mayor tráfico de personas en el país.

Cada año, miles de personas migran a la India para buscar trabajo cruzando esa frontera, para lo cual no hace falta pasaporte. Durante el terremoto de Nepal de 2015, el tráfico de menores aumentó en un 15% dado que muchas familias se quedaron sin hogar.

Para frenar esta tendencia, Plan International ha instalado cinco puestos de control en dos de los distritos más afectados. Gracias a ellos se ha evitado que 254 menores cruzaran la frontera y, en los casos críticos de tráfico, se ha conseguido el traslado del niño o niña a agencias gubernamentales para su protección.

LAS NIÑAS, LAS MÁS DISCRIMINADAS

Los traficantes suelen elegir a menores, especialmente a niñas vulnerables en situación de marginación económica y social. Vemos que provienen de áreas rurales y se les traslada contra su voluntad a grandes ciudades u otros países. Solo en 2016 hubo 8.500 casos de tráfico registrados, sin contar todos los que no aparecen en las estadísticas.

Una de las principales razones del elevado número de menores víctimas de tráfico en el país es la falta de conocimiento sobre las consecuencias del tráfico entre los propios niños y niñas, los padres, madres y las comunidades. Por eso hay otros compañeros que trabajan para crear conciencia a nivel comunitario, especialmente entre los niños, niñas y jóvenes, por medio de actividades como el proyecto “Campeones del Cambio”, que está consiguiendo que la comunidad se involucre y que gobiernos locales destinen fondos a proyectos contra el tráfico de menores. Gracia a su trabajo, cada vez más personas denuncian.

Además, Plan International Nepal va a dar formación a 20.000 niñas y adolescentes en los próximos dos años para que sean capaces de alzar sus voces contra el tráfico de personas y luchen contra la injusticia. Un paso más para hacer de este mundo un lugar más justo.