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Un blog desde el terreno de la mano de Ayuda en Acción, Cruz Roja, Ingeniería Sin Fronteras, Unicef, Médicos del Mundo, HelpAge, Fundación Vicente Ferrer, Médicos Sin Fronteras, PLAN Internacional y Farmamundi.

Las voces de Kenia: abogando por los derechos de las personas mayores

Por Rhonda Ngima y Esther Wamera, Activistas de la Campaña Adultos Mayores Demandan Acción de HelpAge International.

© HelpAge International

Por 10 años, la campaña Adultos Mayores Demandan Acción (ADA) ha ofrecido a las personas mayores activistas una plataforma para alzar sus voces en contra de la discriminación por edad y luchar por sus derechos. Hemos preguntado a dos de las activistas más implicadas a largo plazo en la campaña, Rhoda Ngima Kariuki y Esther Wamera, que compartan con nosotros cómo ADA ha ayudado a proteger los derechos de las personas mayores en Kenia:

Rhoda: “ADA ha creado un espacio para que las personas mayores se reúnan con responsables políticos”

He nacido en 1934 en Kenia. He sido activista por más de 20 años y me he unido a la campaña ADA en 2009. Desde pequeña, he sido una bailarina de renombre durante la rebelión Mau Mau contra el colonialismo. En esa época, utilizábamos la música para crear cohesión y confianza en nuestra comunidad con el fin de poder gestionar los asuntos de nuestra nueva república independiente.

Me resulta muy fácil crear y trasmitir mensajes a través de las canciones. Por mucho tiempo he utilizado las canciones para crear conciencia sobre las cuestiones a las que se enfrentan las personas en situaciones de vulnerabilidad.

Empecé a involucrarme en la campaña ADA en 2009. Ese año 27 personas mayores habían sido asesinadas después de haber sido acusadas de brujería.

Esto me conmovió hasta las lágrimas. Nunca habíamos sabido que esto les pasaba a las personas mayores, por lo que fui uno de los miembros de una delegación que se presentó en frente del Primer Ministro para protestar por estos asesinatos.

A través de esta delegación, conocí a HelpAge International cuyo personal nos ofreció formación a mí y a más personas de mi comunidad para abogar para los derechos de las personas mayores.

En 2010, HelpAge International me ayudó a ir a una reunión a Bélgica. Aquí, tuve la oportunidad de contar al mundo más información sobre ADA y los desafíos a los que se enfrenta el colectivo mayor.

ADA me ha apoyado a participar en encuentros con ministros para demandar los servicios que las personas mayores necesitan. Hemos conseguido muchas de nuestras peticiones. Nuestra campaña ha presionado al Gobierno para aumentar las transferencias de dinero de 1.500 chelines kenianos (15$) a 4.000, así como para mejorar la atención médica para las personas mayores.

Pero las personas mayores siguen enfrentándose a muchos desafíos. Los mayores que no han tenido un trabajo formal, no reciben una pensión. No obstante, deben pagar un alquiler, llevar a sus nietos a la escuela y cuidar de sus propios hijos adultos que quizás no tengan un trabajo. En 2018, está previsto introducir un sistema universal de pensiones, un paso muy importante para mejorar la vida de las personas mayores, pero seguirá habiendo muchas cuestiones que necesitarán una mejora.

El núcleo de Adultos Mayores Demandan Acción son las personas mayores. Para muchos, esta campaña es la única oportunidad para reunirse con las autoridades gubernamentales y poder discutir sobre cuestiones importantes para el colectivo mayor.

Esther Wamera: “Gracias a ADA, ahora los kenianos están conscientes de la urgencia que hay para proteger los derechos de las personas mayores”

El septiembre pasado, cumplí 80 años. Empecé a trabajar en la campaña ADA en 2012. El dolor causado por la pérdida de mi esposo, tras haber estado en la lista de espera de un hospital público, fue demasiado grande. Sentí que tenía que hacer algo para asegurar mi propio bienestar como persona mayor.

Como una activista ADA, he recibido formación para abogar por los derechos de las personas mayores, lo que me ha dado mucha confianza para entablar conversaciones con el gobierno.

Nuestro propósito es juntar a las personas mayores para tomar medidas, fijar encuentros con ministros y demandar el cumplimiento de los derechos de las personas mayores. Hemos demandado mejoras en la atención médica para el colectivo mayor, lo que ha llevado a la creación de nuevas normas puesto que ahora ya no hace falta estar en la lista de espera para beneficiarse de las instalaciones sanitarias y tenemos un plan nacional de seguro médico.

He podido llevar nuestras demandas a las Naciones Unidas para sumar a nuestra comunidad al llamamiento para la adopción de una convención para los derechos de las personas mayores y he participado en la Asamblea Mundial de la Salud de Ginebra para exigir el acceso a mejora atención médica.

La antigua percepción de que los hijos deben cuidar de sus padres cuando estos lleguen a una edad avanzada ya no es una realidad dado que en Kenia muchos de los jóvenes se han ido del país. Muchas personas mayores están haciendo grandes esfuerzos para moverse de un sitio para otro. Las ciudades actuales en las que vivimos no están adaptadas para los mayores. Y, como división de las autoridades se crea más y más por regiones, necesitamos asegurar que las voces de las zonas rurales se escuchen también. Necesitamos ayudarles para que se unan a nuestra campaña y ofrecerles la capacitación para luchar para las causas que son importantes para ellos.

Gracias a ADA, ahora los kenianos están conscientes de la urgencia que hay para proteger los derechos de las personas mayores. Ahora necesitamos garantizar que el Gobierno se hará cargo de la implementación de las políticas para las cuales hemos abogado.

Mortalidad infantil: podemos dar la vuelta a las cifras

Por Belén Ruiz-Ocaña, UNICEF Comité Español

En Sierra Leona, Manso Turay, de 9 días, es acunado por su madre, Tenneh. Cuatro de sus cinco hijos nacieron en un centro sanitario. “Nancy, la trabajadora sanitaria de mi comunidad, me hizo entender los beneficios de ir al médico cuando estás embarazada, y de dar a luz en un centro. No me importa caminar más de 6 kilómetros para llegar, porque sé que en mi pueblo no puedo recibir esa atención. Mis bebés y yo estuvimos bien al dar a luz porque me puse todas las vacunas que me mandaron durante el embarazo, y también les vacuné a ellos. Además, mis hijos apenas se ponen enfermos porque duermen debajo de mosquiteras y tienen buenos hábitos de higiene”, cuenta Tenneh.

Afortunadamente, ellos tienen acceso a una atención sanitaria adecuada, y gracias a ello Manso no forma parte de una terrible estadística: todavía, cada día, 7.000 recién nacidos mueren, sobre todo por complicaciones durante el parto o debido a parto prematuro.

Mortalidad infantil: podemos dar la vuelta a las cifras

Manso Turay, de tan solo nueve días, acunado por su madre, Tenneh /© UNICEF/UN065191/Phelps

Son datos del último informe de Naciones Unidas, Niveles y Tendencias de la Mortalidad Infantil 2017, que, aunque refleja grandes avances (desde el año 2000 se han salvado 50 millones de vidas de niños), destaca también datos inadmisibles en pleno siglo XXI:

  • 15.000 niños murieron cada día en 2016 antes de cumplir cinco años, es decir, 5,6 millones de niños al año.
  • 2,6 millones de niños nacen muertos cada año, algo que en la mayoría de los casos podría haberse evitado.
  • 7.000 recién nacidos mueren cada día, la mitad de ellos en tan solo cinco países: India, Pakistán, Nigeria, República Democrática del Congo y Etiopía.
  • Si se mantienen las tendencias actuales, ente 2017 y 2030 morirán 60 millones de niños menores de cinco años.

Podemos dar la vuelta a estos datos. Poner fin a las muertes de niños puede lograrse con medidas como mejorar el acceso a la sanidad y, sobre todo, terminar con las inequidades existentes entre países y poblaciones. En Sierra Leona, donde nació y vive Manso, el gobierno sigue trabajando para proporcionar atención sanitaria y materna asequible y de calidad. El país tiene una de las tasas de mortalidad más altas del mundo: 1.360 muertes por cada 100.000 nacidos vivos, o lo que es lo mismo, 120 muertes por 1.000 nacidos vivos.

Para abordar este asunto, UNICEF trabaja con el gobierno y otras autoridades, con el objetivo de construir y rehabilitar instalaciones sanitarias, formar a los trabajadores y proporcionar equipos y suministros médicos. UNICEF forma parte también de la iniciativa gubernamental para proporcionar atención sanitaria gratuita, que incluye medicamentos gratis para mujeres embarazadas y lactantes, y para niños menores de 5 años. Unos 15.000 trabajadores de la salud comunitarios del país, a través de esta iniciativa, están llevando servicios sanitarios vitales en sus comunidades.

En África subsahariana se producen el 38% de las muertes de recién nacidos. Todavía la neumonía y la diarrea encabezan el listado de enfermedades infecciosas que causan la muerte de millones de niños cada año en el mundo.

También la malaria causa muchos problemas en países como Sierra Leona. Allí vive también Mariama Bangura, concretamente en el pueblo de Gondama. El país es uno de los siete de África subsahariana donde más de una cuarta parte de la población está infectada de malaria en algún momento. Casi tres de cada diez ciudadanos sufre la enfermedad, que causa aproximadamente del 20% de las muertes infantiles. Las mujeres embarazadas sufren un riesgo especial, ya que contribuye a las altas tasas de abortos, partos prematuros y bajo peso de los recién nacidos.

Mortalidad infantil: podemos dar la vuelta a las cifras

Mariama Bangura vive en Sierra Leona, donde el 25% de la población está infectada de malaria /© UNICEF/UN072236/Phelps

Cuatro de cada diez niños de entre 6 meses y 5 años dio positivo en malaria, según datos de Sierra Leona, cuyo plan estratégico nacional plantea que todos los niños menores de cinco años y las mujeres embarazadas deberían dormir todas las noches bajo una mosquitera. Por ello, en junio el Ministerio de Salud distribuyó 4,3 millones de mosquiteras y suplementos de vitamina A.

Son medidas como esta las que pueden contribuir a seguir avanzando en la lucha por la supervivencia infantil.

El mayor miedo de una madre rohingya

Esta historia cuenta la desgarradora realidad a la que se enfrentan miles de madres rohingyas refugiadas.

Por Charlotte Glennie, de UNICEF Australia, desde Cox’s Bazar

Cada día surgen nuevos horrores en la situación que afrontan los refugiados rohingyas en los campos de Cox’s Bazar. Esta es una emergencia de proporciones inmensas. Lo demuestra el sufrimiento de niños como Anamul, de nueve meses. Su madre, Nuraasha, de 20 años, le ha llevado a una de las tiendas médicas instaladas por UNICEF y el gobierno de Bangladesh. Allí van a vacunarle contra el sarampión y la rubeola, ya que las enfermedades infecciosas amenazan a esta vasta comunidad de refugiados recién llegados, y los trabajadores sanitarios se apresuran para vacunar a 150.000 niños lo más rápido posible.

El mayor miedo de una madre rohingya

Nuraasha y Anamul, antes de ser trasladados a la clínica donde el bebé recibirá tratamiento contra la desnutrición /© UNICEF Australia/Matthew Smeal

Pero cuando madre e hijo llegan, se hace patente que Anamul tiene necesidades más urgentes. El bebé y su madre, embarazada de seis meses, son llevados rápidamente al experto nutricional que UNICEF y sus aliados han llevado al campo para identificar los casos de desnutrición infantil más graves.

Sin duda, Anamul es uno de ellos.

Cuando el experto mide el diminuto perímetro del brazo de Anamul, el resultado es un siete. Cualquier cifra por debajo del 12 se traduce en que el niño sufre desnutrición. Pero los números más bajos significan que está en riesgo inmediato de muerte a menos que reciba tratamiento inmediatamente. Este bebé hambriento tiene todos los síntomas de desnutrición extrema: sus sienes están hundidas, no tiene masa muscular en la parte superior del brazo, sus pequeñas costillas sobresalen del cuerpo.

Llevamos rápidamente a Nuraasha y su precioso hijo a la clínica, donde llegan muchos de estos niños.

Mientras espera, comparte con nosotros parte de su terrible historia, como la de tantos otros refugiados rohingyas.

“Hace una semana que llegué a Bangladesh”, me cuenta. “Mi marido está aquí pero está enfermo, tiene fiebre. Al llegar me alojé en un sitio, pero me obligaron a ir a otro, y después a otro, y a otro”.

Huyendo de la violencia, Nuraasha llegó a Bangladesh sin nada. Alguien le dio algo de comida, pero se le está terminando. Le pregunto cómo está alimentando a su bebé. “Tengo un poco de leche y arroz frito. Le alimento con eso poco a poco. Mezclo el arroz con la leche”.

UNICEF estima que hay entre 3.000 y 4.000 niños con desnutrición severa y aguda entre los que han llegado a Bangladesh desde el 25 de agosto. Necesitan tratamiento o probablemente morirán.

Estamos haciendo lo que podemos para llegar a todos ellos, pero las zonas en las que la gente se queda de manera temporal son remotas y de difícil acceso. Los campos son caóticos. Muchos refugiados pasan fugazmente, se mueven de asentamiento en asentamiento buscando ayuda desesperadamente. Es una carrera contra el reloj.

Anamul es enviado a una clínica local donde recibirá tratamiento y se le hará seguimiento. UNICEF está trabajando para proporcionar a los niños más gravemente desnutridos tratamiento terapéutico vital.

Pero necesitamos más recursos para responder de manera adecuada a esta crisis, y si no los logramos esta situación se convertirá probablemente en una catástrofe, peor aún, una catástrofe que a afectará al menos a 240.000 niños rohingyas.

Las víctimas invisibles de la guerra en Siria

Por Scott Hamilton, Médicos Sin Fronteras, desde Irbid, en Jordania. 

Atención domiciliaria a pacientes con enfermedades no transmisibles en el norte de Jordania

Tanto Mohanned como Samir usan sandalias de goma. “El calzado fácil de poner y quitar es mucho más útil para los días en los que tienes que hacer varias visitas a domicilio”, dice Mohannad.

Al tiempo que conversan animadamente, ambos suben a una camioneta junto con Moataz, que será su chófer hoy. Los tres se comportan como viejos amigos, riendo y bromeando el uno con el otro. “Es importante que nos llevemos bien y que nos divirtamos”, explica Samir; “a veces pasamos más tiempo con nuestros compañeros que con nuestras familias”.

Mohanned y Samir hacen visitas domiciliarias a los pacientes que no pueden ir por sus propios medios hasta el hospital. El 60% de ellos son refugiados sirios. ©Scott Hamilton/MSF

Samir es enfermero y Mohannad, médico. Todas las semanas realizan visitas domiciliarias a refugiados sirios y ciudadanos jordanos que se encuentran en situación especialmente vulnerable en la Gobernación de Irbid, en el norte de Jordania. Todos sus pacientes sufren lo que se denomina enfermedades no transmisibles, cuyos principales exponentes son las enfermedades cardiovasculares (como los ataques cardiacos y los accidentes cerebrovasculares), el cáncer, las enfermedades respiratorias crónicas (como la enfermedad pulmonar obstructiva crónica y el asma) y la diabetes. Hoy visitarán a cuatro de estos y para ello tendrán que conducir más que de costumbre, ya que uno de los objetivos del programa es llegar hasta las personas con dificultades de movilidad que viven más alejados del centro de la ciudad de Irbid.

El programa de visitas domiciliarias de MSF comenzó en agosto de 2015. “Antes atendíamos a los pacientes en dos clínicas en la ciudad de Irbid. Todavía lo hacemos, pero las visitas domiciliarias también son necesarias. Muchos de nuestros pacientes no pueden venir a la ciudad, ya sea porque se encuentran demasiado débiles físicamente para hacer el viaje, o porque no pueden costeárselo”, explica Samir.

La primera casa que visitan es el hogar de dos pacientes: un matrimonio formado por Aziz y Azam. Su hija y sus tres nietos les abren la puerta. La casa es de una planta y apenas está amueblada. El modo distendido y familiar con que los pacientes saludan a Samir y Mohannad es revelador. “Conozco a estos pacientes desde hace mucho tiempo”, cuenta Samir. “Es un poco como tener parientes lejanos”.

Aziz es un refugiado sirio. Hace poco sufrió un derrame cerebral y por el momento no puede salir de la cama. ©Scott Hamilton/MSF

En primer lugar, Samir y Mohannad le toman la presión arterial a Aziz y comprueban sus reflejos. Aziz sufrió un derrame cerebral, es diabético y, por el momento, no puede salir de la cama. A pesar de su frágil estado, se esfuerza en explicar su situación:

“Llevamos aquí cinco años. Nos fuimos de Siria porque tanto la salud de Azam como la mía estaban empeorando. Fue por culpa de los bombardeos. Yo cultivaba una granja; no era mía, pero nos permitía vivir bien. También tenía mi propia casa. Hace años, mi abuelo palestino cruzó a través de Jordania y se estableció en Siria. Ojalá se hubiera quedado aquí en Jordania; ojalá no hubiéramos visto nunca esta guerra. Nuestra hija todavía está en Siria y pensamos en ella constantemente. No nos resulta fácil vivir aquí, el alquiler es caro y somos ocho personas viviendo en una casa muy pequeña. Tenemos sólo un hijo trabajando; él tiene que pagarlo todo, incluso la electricidad y las facturas. Queremos volver a casa, pero sólo lo haremos cuando no haya más guerra ni más matanzas”.

Azam se quedó ciega hace 15 años. Sufre glaucoma y tendría que ser operada. ©Scott Hamilton/MSF

Azam se quedó ciega hace 15 años. Sufre glaucoma y tendría que ser operada. También necesita colirio, pero cada frasco cuesta 23 dinares jordanos (algo más de 27 euros); un precio demasiado alto para ella. Afortunadamente nosotros podemos ofrecérselo gratuitamente.

“Vivir los bombardeos y la guerra fue extremadamente estresante, ciega o no. Pero estoy feliz de estar aquí. Aquí la comunidad nos recibió con agrado. Nuestros vecinos nos visitan y el propietario, que sabe de nuestra situación, nos hace un descuento en el alquiler“.

Azam por su parte tiene diabetes e hipertensión. Mientras Samir le hace un análisis de sangre y verifica su presión arterial, Mohannad coge en brazos a su nieto más pequeño, que ha empezado a arrojar juguetes. Tras breves momentos de bullicio, se sienta contento con Mohannad y se queda observando a través de la ventana a los pájaros que pasan volando.

El doctor Mohannad sostiene en brazos al más pequeño de los nietos de Aziz y Azam. ©Scott Hamilton/MSF

De camino a la segunda casa del día, Samir habla con cariño de una antigua paciente. “Un francotirador le disparó en la cadera. Las heridas fueron graves, pero logró sobrevivir. La tratábamos por hipertensión, y a pesar de su estado siempre insistía en ofrecernos un desayuno. Lamentablemente, murió hace poco de un ataque al corazón. Es la parte más dura de este trabajo; la gente que se nos va”.

La tercera paciente que hoy visita el equipo se llama Khairiya. Sufre hipertensión y también es ciega. En su situación le resulta muy difícil acudir a una clínica de la ciudad para hacer revisiones médicas, así que está feliz de que recibirnos en su casa.

Khairiya sufre hipertensión y es ciega. En su situación le resulta muy difícil acudir a una clínica de la ciudad para hacer revisiones médicas. ©Scott Hamilton/MSF

“Llevamos aquí desde 2013. La violencia y la tensión hacían muy difícil nuestra vida en Siria, pero el viaje hasta aquí tampoco fue fácil. Incluso tuvimos que caminar parte del viaje. Cuando nos acercamos al puesto fronterizo, un guardia se percató de que yo era ciega. Me tomó de la mano y me condujo durante la última parte del camino. A pesar de que tuvimos algunas oportunidades de ir a vivir a Estados Unidos y Canadá, estoy feliz de que estemos en Jordania, ya que es un país que comparte tradiciones con el nuestro. Nuestra mayor preocupación ahora es el dinero. Somos cinco personas viviendo aquí y nuestro hijo apenas gana lo necesario para pagar el alquiler y los alimentos”.

Mientras Mohannad comprueba la presión arterial de Khairiya, su hija prepara café y explica que también ella necesita ver a un médico. Mohannad le dice que la referirá a uno en el ministerio de salud. A medida que hablan, su hijo de dos años gatea hacia su abuela. Está completamente  fascinado por el dispositivo que emplean para medir la presión arterial.

La cuarta paciente del día es Saltiya. Se encuentra postrada, también tiene hipertensión y hace poco sufrió un derrame cerebral. Mientras su esposo, su hija y sus nietos dan la bienvenida a Mohannad y a Samir a su casa, ella se esfuerza por abrir los ojos.

En la casa de Saltiya viven doce miembros de una misma familia. Todos están especialmente preocupados por su salud, pues tiene hipertensión y hace poco sufrió un derrame cerebral. ©Scott Hamilton/MSF

En esta casa viven doce miembros de una misma familia y todos están especialmente preocupados por Saltiya. A pesar del precio de la electricidad, hay dos ventiladores encendidos en el cuarto para que ella no pase demasiado calor. Al hijo de Saltiya le resulta difícil mantener a su familia. En Siria era panadero y su padre era propietario de un supermercado. Cultivaban sus propias hortalizas y tenían un olivar, pero cuando empezó a ver cómo pasaban los misiles por encima de su casa decidió que tenían que salir de allí.

En el camino de regreso a la ciudad, Mohannad y Samir discuten sobre la pertinencia de este programa. Para unos profesionales que están acostumbrados a trabajar en proyectos destinados a responder a los efectos inmediatos de la guerra, a las epidemias, a catástrofes o a hambrunas, esta es una misión sin duda diferente. Sin embargo, al visitar los hogares de estos pacientes se les presenta una cruda realidad: se trata de personas con necesidades médicas reales y continuas que viven en situaciones muy precarias. Pueden haber escapado de la guerra, pero su futuro sigue siendo incierto.

Ninguno de los pacientes a los que visitaron hoy podía recibirles por sí solo. No tienen apenas dinero ni movilidad física, así que la pregunta más acuciante que Mohannad y Samir siempre se hacen es la misma: si MSF no tuviera un programa como este, ¿cómo iban a recibir tratamiento todas estas personas?

Huracán Irma: la isla de Barbuda se queda vacía

Por el equipo de UNICEF en Barbuda

Sasha Lewis, bajo un baño de rayos de sol, está a bordo de la embarcación que la llevará a ella y a otros habitantes de la devastada isla de Barbuda a la relativa seguridad que les ofrece la cercana Antigua.

Esta embarcación, Excellee, es normalmente un agradable barco que transporta a turistas que buscan una experiencia tropical en el popular punto turístico conocido por sus legendarias arenas rosas. Pero en los dos últimos días se han convertido en un transportador vital en el que los vecinos abandonan la isla, que se ha llevado la peor parte del huracán Irma.

Huracán Irma: la isla de Barbuda se queda vacía

Una escuela de Anguila, destrozada tras el paso del huracán Irma /© UNICEF/UN0120020

La devastación es total. Cuando acabó el pasado viernes, más de dos tercios de los 1.500 habitantes de este país habían realizado este viaje de una hora a Antigua, donde esperan empezar el proceso de recuperar sus vidas y la normalidad.
La urgencia es grande. El huracán José, que ha seguido casi el mismo camino que Irma, ya tiene a Barbuda en su mira.

El gobierno ya ha declarado el estado de emergencia y ha instado a los habitantes de la isla a abandonarla de manera voluntaria. Pero salir no es fácil cuando el único aeropuerto ha sufrido daños y está cerrado. Unas cuantas embarcaciones han respondido a la llamada y el puerto es un animado escenario desde el que los residentes, con los niños, los enfermos y los mayores primero, tratan de irse.

Sasha, de 23 años y embarazada de siete meses de su primer hijo, no contempla la perspectiva de enfrentarse a José en Barbuda, donde el 95% de las casas han sido dañadas o destruidas.

“Mi familia está en Antigua”, nos cuenta mientras espera su turno para embarcar. “No dejo nada atrás. Ni casa, ni nada…todo lo que alguna vez he tenido, todo, se ha ido. No tengo nada, ni siquiera ropa”.

Para Sasha los recuerdos de Irma son aún más dolorosos. Vio cómo su amiga Tevelle perdía a Charles, su hijo de dos años. El viento destrozó su casa, a dos puertas de la de Sasha.

“No sé por lo que está pasando mi amiga, pero lo siento tanto por ella…ese bebé era como mi propio hijo, voy a echarle de menos”, lamenta.

Barbuda es uno de los países donde UNICEF está trabajando con la agencia regional de gestión de desastres, los gobiernos y otros aliados internacionales para garantizar que la población recibe la ayuda que necesita.

“Nuestro objetivo es llegar a los niños estén donde estén, sobre todo a los que más nos necesitan”, afirma el representante de UNICEF para la zona del Caribe oriental, Khin Sandi-Lwin.

UNICEF está proporcionando a las familias desplazadas en Barbuda, Anguilla, las Islas Vírgenes y las Islas Turcas y Caicos, tiendas de campaña, tabletas para purificar el agua y kits de higiene, además de otros productos como lonas de plástico, mantas y contenedores de agua potable para paliar las secuelas que ha dejado a su paso el huracán Irma.

Luchando contra el cáncer de mama en el Valle del Jordán

Por Marta Vallina Bayón, delegada de Cruz Roja Española en Palestina.

Según datos de la Organización Mundial de la Salud el cáncer se ha convertido una de las principales causas de morbilidad y mortalidad en el mundo siendo la segunda causa de muerte a nivel mundial, especialmente en los países con rentas medias y bajas.

La detección temprana supone un elemento clave especialmente en los países en los cuales los diferentes tratamientos no se encuentran disponibles como es el caso del Territorio Ocupado Palestino. Para una población de casi 4 millones de personas entre la Franja de Gaza y Cisjordania se cuenta con menos de una decena de oncólogos y tan sólo 4 hospitales que ofrecen servicios de quimioterapia (sin que se encuentre siempre disponible el tratamiento).

Para los servicios de radiología los/as pacientes han de trasladarse a hospitales Israelíes o bien al Hospital privado Augusta Victoria en Jerusalén Este, necesitando en ambos casos contar con permisos especiales de las autoridades israelíes para poder cruzar los puestos de control.

Desde Julio de 2015 Cruz Roja Española (CRE) y la Media Luna Roja Palestina (MLRP) desarrollan una intervención conjunta en la cual se prestan servicios de salud sexual y reproductiva (SSR) a mujeres residentes y beduinas en unas 15 localidades del Valle del Jordán (áreas de Tubas Nablus y Jericó) a través de una clínica móvil gracias a la financiación de la Agencia Andaluza de Cooperación Internacional para el Desarrollo. El Valle de Jordán supone el 25% del territorio cisjordano teniendo una población aproximada de 44.658 habitantes. El 95% de su extensión es controlado por Israel formando parte de la denominada Área C. En las últimas décadas la situación de su población se ha deteriorado como consecuencia de la extensión de los asentamientos y outputs israelíes; la falta de permisos para la construcción y rehabilitación de estructuras así como las continuas demoliciones. A pesar de tratarse de una las zonas más fértiles de Cisjordania la población local tiene cada vez un acceso más limitado a los recursos naturales de los que históricamente ha dependido su supervivencia (pastoreo y prácticas agrícolas). Este hecho ha incrementado los niveles de pobreza y desempleo que unidos a las restricciones de movilidad y de prestación de servicios han disparado la alarma humanitaria. Bajo estas difíciles condiciones de vida las mujeres están expuestas a una mayor vulnerabilidad, su papel tradicional como cuidadoras, así como el peso de la tradición hace que las mujeres desatiendan su propia salud en pro de otras necesidades de la familia.

Según el Ministerio de Salud palestino el cáncer de mama suponía el 17,8% de todos los casos de cáncer registrados. Las mujeres están expuestas a una mayor vulnerabilidad estructural como consecuencia de la ocupación. Dentro del marco de la intervención la MLRP y CRE han realizado más de una docena de campañas comunitarias para la detección temprana del cáncer de mama en las que han participado alrededor de 600 mujeres contando con la colaboración del Ministerio de Salud palestino. En ellas no solo se intentan vencer los tabús sobre la enfermedad y concienciar sobre la importancia de la salud femenina, sino que se explica cómo identificar posibles síntomas y cómo realizar autoexploraciones que puedan asegurar la detección temprana de la enfermedad contribuyendo a salvar vidas.

Estas campañas en palabras de Samar Sawafta, enfermera del proyecto, tienen una gran importancia ya que existe un gran desconocimiento sobre la enfermedad y la detección temprana resulta fundamental para contrarrestar las consecuencias de la enfermedad. Las campañas tienen muy buena acogida entre las mujeres quienes al principio se muestran temerosas.

Samar señala “al acabar las sesiones informativas siempre se nos acercan mujeres a preguntar por síntomas que han identificado o a mostrar preocupación por familiares. Durante una de las sesiones en la comunidad de Ein Al Beida una mujer se acercó a mí, cuando la mayoría de las participantes había abandonado la sala en la que nos encontrábamos, para comentarme el caso de su hermana quien había notado anomalías en uno de sus pechos pero por miedo y vergüenza no quería acudir a un centro de salud pero que después de ese día iba a intentar obligarla a ir convencida de la gravedad que presentaba su caso”.

Días después en el Centro de Salud de Tubas de la MLRP Samar, donde trabaja los días que la clínica móvil no se encuentra operativa, recibió la visita de la mujer con su hermana. En el centro de la salud y tras una revisión por parte del personal sanitario la mamografía y una biopsia confirmaron que F.S de 37 años y con cinco hijos/as padecía cáncer de mama. Su caso fue transferido al hospital gubernamental de Tubas donde tras cirugía comenzó con el tratamiento de quimioterapia a la espera de saber si necesitará radioterapia y con ello un permiso de las autoridades israelíes para poder recibir tratamiento fuera de Cisjordania.

El papel de las mujeres en los desastres naturales

Por Daniel Boyano Sotillo, cooperante de Cruz Roja.

En mis primeros días en el Departamento de Ancash, Perú, he observado que en esta zona son frecuentes fenómenos naturales con una actividad muy intensa debido a la subducción de la Placa de Nazca bajo la Placa Sudamericana, lo que genera actividad sísmica y volcánica. De hecho en un mes he sentido varios temblores de reducida intensidad. Asimismo, las condiciones climáticas se definen por una pequeña oscilación térmica anual y precipitaciones escasas pero intensas y concentradas asociadas al Fenómeno del Niño, como ha ocurrido este año.

Del mismo modo, tanto la actividad sísmica como las precipitaciones son causantes de movimientos en masa en gran parte del territorio de este departamento. Por lo tanto se considera que Ancash, vive en un territorio multiamenazas. Asimismo el problema se acentúa debido a la alta vulnerabilidad social, institucional, gestión, organizativa…

Esta situación a nivel departamental también se dan a nivel local, como es el caso de varias comunidades costeras de la provincia de Huarmey, donde actualmente resido y Cruz Roja Española y Cruz Roja Peruana están ejecutando un proyecto de emergencia por el fenómeno del Niño Costero 2017. Los efectos del Niño Costero de 2017, que se generó por el incremento de la temperatura superficial del mar, han provocado precipitaciones continuas en los meses de febrero y marzo, produciendo importantes daños en el municipio (250 viviendas colapsadas, 2.562 viviendas inhabitables y 938 afectadas).

Las familias se han visto obligadas a refugiarse en las zonas habitables de sus viviendas (principalmente carpas en techos), hacinados en casa de familiares, en alojamientos temporales, en el pabellón polideportivo y en zonas alejadas del casco urbano que han sido ocupadas mediante diferentes fases de invasión. En este contexto todas las personas sufren, pero no por igual. En una visita a los lugares antes mencionados se evidencia que las mujeres tienen menos acceso a los recursos que son centrales para los procesos posteriores a los eventos catastróficos, tales como trabajo y capacitación, participación en instancias de decisión, control de la tierra, acceso a recursos económicos como créditos, …
En relación con lo anterior también se percibe un significativo incremento en los niveles de violencia contra las mujeres y niñas, en especial, violencia sexual, abusos y violencia por parte de la pareja, lo que tiene un alto impacto en su salud integral.

Por otro lado las consecuencias del Niño Costero han generado incremento del trabajo de la mujer dentro del núcleo familiar, quedando reducido o desapareciendo el tiempo para ella misma, sobrecargando su salud mental y física lo que desemboca en tensión dentro de las familias.

Durante y después de este desastre, las mujeres han tenido que recomponer la estructura de su familia, atender a hijas, hijos, padres ancianos y otras personas que dependen de su apoyo. Además a menudo se quedan solas, pues su pareja suele salir a buscar empleo fuera del área afectada. Este aumento de trabajo, con incremento de las lluvias y dificultades para conseguir agua potable por colapso de pozos o destrucción de tanques, trae consigo que las mujeres tengan que desplazarse mayores distancias provocando lesiones por la carga de peso, menos tiempo para crecimiento personal… y enfermedades mentales que ya se están comenzando a manifestar. A esto hay que añadirle que como ya estaban en una situación de discriminación social, esta marginalidad se acentúa en condiciones adversas. De este modo, las mujeres ven aumentada su responsabilidad al interior de los hogares, la que de por sí es siempre muy alta por la tradicional división sexual del trabajo.

Puedo concluir después del Niño Costero 2017, que en Huarmey prevalece lo urgente y las inquietudes de género se ignoran o se desechan como irrelevantes.

A pesar de todo lo anterior se aprecia una apertura de ventana a la esperanza ya que las mujeres forman una parte vital de los esfuerzos de mitigación y respuesta a los desastres al ser especialistas en estrategias para romper el shock, el aislamiento y generar estrategias a nivel micro. Todo ello actuando dentro de sus roles tradicionales o trascendiéndolos.

Los desastres a menudo proporcionan a las mujeres una oportunidad única para que se valore y visibilice su trabajo, además pueden servir para cuestionar y cambiar su posición en la sociedad ya que han demostrado ser indispensables cuando se trata de responder a los desastres de origen ambiental.

Durante y después del Niño Costero de 2017, las mujeres peruanas construyeron casas y albergues, cavaron pozos y canales, remolcaron agua, montaron las cocinas en los refugios, lavaban ropa, cuidaron del grupo familiar, dieron apoyo emocional, mantuvieron las relaciones familiares y cuidaron a los enfermos, haciendo todo este trabajo de forma gratuita. A menudo, en contra de los deseos de los hombres y sin reconocerles esta labor, las mujeres han estado dispuestas y han demostrado ser capaces de asumir un papel activo en tareas tradicionalmente mal consideradas masculinas. Esto puede ayudar a cambiar la percepción social de la capacidad de las mujeres ya que se ha demostrado que son más eficaces en la movilización local para responder a los desastres, además de formar grupos y redes sociales que trabajan para satisfacer las necesidades más urgentes de la población local debido a su mayor empatía.

Como resultado de sus esfuerzos de respuesta a los desastres, las mujeres están desarrollando nuevas habilidades como el manejo agrícola y de recursos naturales que, en un entorno adecuado, podrían transferirse al mercado del trabajo.

Después de un desastre, es primordial que las medidas de recuperación respondan a las necesidades y las inquietudes de todos los grupos sociales y con perspectiva de género.

Qué se siente ser un trabajador humanitario en Sierra Leona después del ébola

Por Glynnis Cummingsjohn, Asesora Técnica de Inclusión HelpAge International.

He decidido mudarme de Reino Unido a Sierra Leona después del brote del ébola para trabajar como asesora técnica de inclusión para HelpAge International. Uno de mis principales objetivos ha sido impulsar el desarrollo de la primera política pública de envejecimiento en Sierra Leona, instrumento imprescindible para mejorar las vidas de los hombres y las mujeres mayores de todo el país.

Glynnis en Sierra Leona (©Simon Rawles/Age International)

LA GENTE ESPERA QUE SEA UN HOMBRE EL QUE HAGA MI TRABAJO

Ha habido muchos casos en los cuales he participado a conferencias aquí en Sierra Leona, o he asistido a reuniones, y he sido la única mujer que ha hablado. Profesionalmente, la gente espera ver a un hombre de unos 40 o 50 años. Muchas veces noto que a la gente le sorprende ver que una persona de mi edad y mi género está haciendo lo que yo estoy haciendo. Muchas veces hay bromas al respecto, pero he aprendido a no mirar atrás y a no darles demasiada importancia.

Mi abuela no dejó a nadie detenerla para conseguir lo que ella quería – así que yo tampoco dejaré que esto pase. Ella fue la primera mujer alcaldesa en Sierra Leona y ha trabajado mucho para conseguir derechos para las mujeres aquí. Tener una abuela que fue capaz de superar las normas de la época es una gran inspiración para mí. Pienso en las barreras que ella tuvo que afrontar como mujer en su época y que al final lo consiguió. Esto me hace pensar, “vale, ¿y entonces yo que excusa puedo tener?”

LAS PERSONAS MAYORES, IGNORADAS EN SIERRA LEONA

En la Constitución del país, no hay ninguna mención sobre las personas mayores, lo que es muy triste al considerar la gran contribución que han hecho a la sociedad. Reconocer que falta introducir a las personas mayores en el marco legislativo es algo muy novedoso para el gobierno, por lo que resulta muy difícil trabajar con las autoridades para adoptar una política nacional de envejecimiento. Todas las personas mayores desean envejecer de manera digna y es precisamente esto lo que esta política les ofrecería.

El virus del ébola ha tenido un impacto devastador sobre el colectivo mayor, pero la situación se va recobrando poco a poco. Además, ha tenido un impacto importante sobre el sentimiento de comunidad en Sierra Leona. Muchas personas fueron enviadas en cuarentena. Era obligatorio quedarte en casa. No se permitía tener ningún tipo de contacto físico.

Una persona mayor dijo que la crisis que provocó el ébola fue peor que la guerra civil. Durante la guerra, podías al menos ver las balas, pero con el ébola, no sabías si la persona que estaba a tu lado tenía el virus o no.

Hemos encontrado muchos casos donde los mayores, cuyos hijos adultos fueron víctimas del virus, se tuvieron que hacer cargo de sus nietos. Por lo que, decidimos empezar un programa de medios de vida para ayudar a las personas mayores reabrir sus negocios y poder sustentar sus familias. Las personas con las cuales hemos trabajado nos han confesado que han descubierto de nuevo el sentido de la vida.

ESTOY MUY AGRADECIDA DE CONOCER EL LUGAR EN EL QUE NACIERON MIS PADRES

Aun cuando no he nacido aquí, siento que tengo un vínculo especial con Sierra Leona. Mi madre se ilusionó mucho que pudiéramos entender su cultura –cada año hemos viajado con la familia a Sierra Leona. Hemos tenido reuniones con nuestros familiares. Gracias a esto, tenemos muy bonitos recuerdos. Pero, al mismo tiempo, he podido ver que muchas personas no tenían lo que nosotros teníamos. Con cada viaje, he tenido un sentimiento de responsabilidad para hacer algo más por Sierra Leona.

Las personas mayores que he encontrado me han inspirado. No ven la edad como una barrera. ¡Ver que una persona que tiene 60 años abre un negocio por la primera vez es muy inspirador!

Día Mundial de la Asistencia Humanitaria: el doctor sirio que no abandonó a los desplazados

Por Lina Alqassab y Yasmine Saker, UNICEF en Siria

Cuando, a finales de 2014, la violencia empezó a obligar a las familias de la zona rural de Idleb (Siria) a abandonar sus casas, el doctor Khaled fue uno de los primeros que respondió.

Este trabajador sanitario y nutricional de UNICEF era decisivo a la hora de lanzar las tan necesarias campañas de vacunación, distribuir suministros básicos médicos y nutricionales para los niños de Siria y sus madres, y dirigir visitas regulares a los campos de desplazados internos para para evaluar la situación humanitaria y la respuesta.

Día Mundial de la Asistencia Humanitaria: el doctor sirio que no abandonó a los desplazados

El doctor Khaled mide el perímetro del brazo de una niña para detectar si sufre desnutrición. / ©UNICEF/ Syria 2017/ Lina Alqassab

No sabía el doctor Khaled cómo ese cambio iba a afectar a su propia vida. Unos meses más tarde, y solo cuatro días después del nacimiento de su bebé, el propio Khaled y su familia tuvieron que huir de su casa.

Un viaje duro

Cuando la lucha se intensificó en su pueblo natal, la familia dejó todo atrás y se dirigió a una zona aislada de la zona rural de Idleb. Esta huida no sería la última.

“Mi mujer todavía se estaba recuperando de la cesárea y sufría una grave depresión postparto”, recuerda Khaled. “Estábamos en estado de shock, sobrepasados por la aterradora idea de tener que dejar nuestra casa para siempre”.

Las familias, apiñadas en coches, bloqueaban las carreteras en su huida de la violencia mientras la zona era atacada.
“Tardamos seis horas en recorrer un trayecto que normalmente se hace en una”, explica el doctor. “Cuando llegamos, a mi hijo le había salido un eccema por haber estado expuesto a un calor abrasador durante tanto tiempo. Incluso rechazaba el pecho, y eso aumentaba la angustia de mi mujer”, suspira mientras recuerda el horror del viaje.

El pueblo al que llegaron era seguro, pero las condiciones de vida eran muy duras. No había agua ni electricidad, y estaba masificado. La familia de Khaled tuvo que compartir una pequeña casa rural con otras tres familias.

Así que, en busca de una vida mejor, se fueron nuevamente. Finalmente llegaron a la ciudad de Hama, pero él se quedó en Idleb para seguir ayudando a los desplazados internos, como él mismo.

Al haber experimentado en su propia piel lo que significa estar desplazado, Khaled estaba incluso más decidido a ayudar a los niños y a sus familias.

“Durante mis visitas a los alojamientos, cuando veo a un bebé durmiendo en una tienda humilde, o a una madre cargando a su hijo dormido mientras hace cola para conseguir comida o agua, pienso en mi mujer y en mi hijo. ¡Podríamos ser nosotros!”.

Un nuevo comienzo en medio del conflicto en Siria

A principios de 2016, el doctor Khaled se vio obligado a dejar su trabajo en Idleb y sus alrededores por la restricción de acceso humanitario a la zona. No tuvo más opción que trasladarse con su familia a la provincia costera de Lattakia, donde sigue trabajando en proyectos de UNICEF para promover la salud y nutrición adecuadas de los niños y sus madres.

Allí UNICEF apoya 36 centros de salud que proporcionan atención sanitaria a madres y niños: vacunación, tratamiento contra enfermedades infantiles comunes, salud reproductiva y tratamiento contra la desnutrición. UNICEF también apoya tres clínicas móviles para los niños que están en zonas de difícil acceso.

El Día Mundial de la Asistencia Humanitaria se celebra el 19 de agosto para rendir tributo a los trabajadores como el doctor Khaled, que arriesgan sus vidas llevando ayuda humanitaria a otros, así como para apoyar y recordar a las personas afectadas por crisis en todo el mundo.

Cómo un hospital de Kirguistán le plantó cara a la mortalidad infantil

Por Sven G. Simonsen, UNICEF en Kirguistán

Este bebé que has visto…”. El doctor Shavkat Tadjibaev señala la sala de reanimación que acaba de mostrarnos. “Hace tres años, no habría vivido. Pero ahora está tranquilo, está respirando. Podemos decir que se está recuperando”.

El doctor Shavkat Tadjibaev es pediatra en el hospital infantil territorial Kara-Suu, en el sur de la provincia de Osh, Kirguistán. Este hospital da servicio a una población mayoritariamente de la etnia Uzbek. Kara-Suu fue uno de los distritos más afectados por el conflicto étnico que sufrió el país en 2010.

El médico nos relata una historia muy personal. Es también la historia de cómo, en poco tiempo, la atención a niños gravemente enfermos ha mejorado considerablemente.

Un comienzo dramático

La historia empieza de forma más dramática, un día de primavera de 2013. Tadjibaev estaba de guardia cuando un bebé de cuatro meses, enfermo de diarrea, cayó en coma. El personal no tenía medios para ayudarle y no podía ser trasladado al hospital provincial, que estaba a tan solo veinte minutos.

El niño se moría, y lo único que podía hacer yo era observar su estado”, lamenta el médico.

El bebé de 4 meses pudo ser trasladado en ambulancia al hospital de Osh /©UNICEF Kyrgyzstan/2017/Cholpon Imanalieva

Sin embargo, justo ese día el Ministro de Sanidad y dos experimentados médicos que representaban a UNICEF estaban visitando el hospital. Ellos contactaron con el hospital provincial, que envió una ambulancia totalmente equipada. El niño pudo ser tratado en Osh. “Cuando le visité al día siguiente estaba consciente y sonreía”.

Lo que ocurrió al día siguiente fue solo el comienzo de algo mucho más grande. Porque ese incidente reveló las deficiencias del hospital en la atención a niños gravemente enfermos, que cada año causaban muchas muertes que se podían haber prevenido. Hasta hace pocos años, la situación en Kara-Suu era “muy mala”, en palabras de Gulmira Kalbaeva, la directora del hospital, que empezó a trabajar allí hace siete años. “La tasa de mortalidad era muy alta. Cada año veíamos morir a más de 40 niños. La mitad moría de neumonía”.

UNICEF toma la iniciativa

Las causas eran variadas: falta de equipamiento, falta de formación, procedimientos erróneos y una deficiente cooperación entre hospitales. Cada causa se abordó a través de una serie de iniciativas de UNICEF, financiadas por el gobierno de Japón.

El incidente puso de manifiesto la falta de protocolos para dar respuesta a emergencias médicas. Las consecuencias podían ser terribles.

“A veces era un caos. Los médicos no se entendían unos a otros, cada uno proponía su propio tratamiento”.

UNICEF, con el Ministerio de Sanidad, inició un proceso para formular por primera vez protocolos nacionales sobre reanimación infantil en cuatro de las afecciones más comunes. Han sido aprobados recientemente.

“Los protocolos aportan mecanismos claros, lo cual nos hace ahorrar tiempo. Ahora solo tenemos en reanimación a la mitad de niños que solíamos tener, porque respondemos de manera más adecuada a cada caso”, explica Tadjibaev.

En paralelo, UNICEF inició una amplia formación a médicos de reanimación infantil y otro personal de los hospitales de todo el país. En 2015 la organización llevó a un equipo de especialistas de Lituania para impartir formación de soporte vital pediátrico avanzado. Una evaluación posterior ha demostrado que quienes recibieron esta formación obtienen resultados un 30% mejores que los que no. Por eso el soporte vital ha entrado en el programa académico de formación pediátrica postgrado.

Todo el personal del Kara-Suu ha realizado ya varias formaciones para mejorar. “Nos gusta el método de los formadores de UNICEF”, asegura Kalbaeva. “Son formaciones prácticas, van a lo importante, y además luego hay visitas de supervisión para asegurarse de que lo estamos poniendo en práctica. Además, hay una cosa muy importante, y es que forman a la vez a médicos y enfermeras, para enseñarnos a trabajar juntos como equipo. Antes, las enfermeras no podían ayudar a un niño en una emergencia, tenían miedo y no sabían cómo actuar. Pero ahora pueden intervenir si el médico no está”.

Mejora de los equipamientos

También la mejora en los equipamientos ha permitido mejorar la respuesta. Hasta hace poco, la sala de reanimación del hospital estaba desprovista de equipos operativos. Ahora hay tres camas con material vital. De hecho, Kara-Suu es uno de los 34 hospitales del país que han recibido por parte de UNICEF máquinas CPAP, que ayudan a respirar a los niños de una manera no intrusiva.

Finalmente, UNICEF ha contribuido a preparar protocolos para la derivación de niños gravemente enfermos, para garantizar que los traslados sean en ambulancias adecuadamente equipadas, que no haya retrasos y que los mejores hospitales estén preparados para recibir al paciente.

Hasta hace tres años, cada año entre 15 y 20 niños morían mientras eran trasladados en taxi de las localidades de Kara-Suu al hospital provincial de Osh. En 2013, de los 27 niños derivados a Osh desde los centros de salud locales o llevados por sus familias, 19 murieron por el camino o durante las tres primeras horas de hospitalización. Hoy, con un traslado en ambulancia y con un sistema de derivación que funciona, esto puede ocurrir quizás una vez al año.

Por fin duermo bien por las noches

La tasa de mortalidad es muy baja en el hospital de Kara-Suu: mientras que hace siete años cada año morían 20-25 niños por neumonía, en 2015 eran cinco y en 2016 fueron solo dos.

Cómo un hospital de Kirguistán le plantó cara a la mortalidad infantil

El doctor Shavkat Tadjibaev, frente a una de las tres camas del área de reanimación equipadas con soporte vital /©UNICEF Kyrgyzstan/2017/Sven G. Simonsen

El niño con el que Tadjibaev empezaban nuestra conversación tenía neumonía. Su pronóstico es bueno, y desde luego mucho mejor que lo que habría sido hace unos pocos años.

Cuando le pregunto qué supone todo esto para él personalmente, el doctor Tadjibaev me responde: “Antes, cuando un niño moría, sentía que no le había salvado incluso aunque podría haberlo hecho. Ese es un sentimiento con el que es muy muy difícil vivir. Pero ahora puedo dormir bien por la noches”.