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Un blog desde el terreno de la mano de Ayuda en Acción, Cruz Roja, Ingeniería Sin Fronteras, Unicef, Médicos del Mundo, HelpAge, Fundación Vicente Ferrer, Médicos Sin Fronteras, PLAN Internacional y Farmamundi.

Archivo de la categoría ‘Palestina’

Luchando contra el cáncer de mama en el Valle del Jordán

Por Marta Vallina Bayón, delegada de Cruz Roja Española en Palestina.

Según datos de la Organización Mundial de la Salud el cáncer se ha convertido una de las principales causas de morbilidad y mortalidad en el mundo siendo la segunda causa de muerte a nivel mundial, especialmente en los países con rentas medias y bajas.

La detección temprana supone un elemento clave especialmente en los países en los cuales los diferentes tratamientos no se encuentran disponibles como es el caso del Territorio Ocupado Palestino. Para una población de casi 4 millones de personas entre la Franja de Gaza y Cisjordania se cuenta con menos de una decena de oncólogos y tan sólo 4 hospitales que ofrecen servicios de quimioterapia (sin que se encuentre siempre disponible el tratamiento).

Para los servicios de radiología los/as pacientes han de trasladarse a hospitales Israelíes o bien al Hospital privado Augusta Victoria en Jerusalén Este, necesitando en ambos casos contar con permisos especiales de las autoridades israelíes para poder cruzar los puestos de control.

Desde Julio de 2015 Cruz Roja Española (CRE) y la Media Luna Roja Palestina (MLRP) desarrollan una intervención conjunta en la cual se prestan servicios de salud sexual y reproductiva (SSR) a mujeres residentes y beduinas en unas 15 localidades del Valle del Jordán (áreas de Tubas Nablus y Jericó) a través de una clínica móvil gracias a la financiación de la Agencia Andaluza de Cooperación Internacional para el Desarrollo. El Valle de Jordán supone el 25% del territorio cisjordano teniendo una población aproximada de 44.658 habitantes. El 95% de su extensión es controlado por Israel formando parte de la denominada Área C. En las últimas décadas la situación de su población se ha deteriorado como consecuencia de la extensión de los asentamientos y outputs israelíes; la falta de permisos para la construcción y rehabilitación de estructuras así como las continuas demoliciones. A pesar de tratarse de una las zonas más fértiles de Cisjordania la población local tiene cada vez un acceso más limitado a los recursos naturales de los que históricamente ha dependido su supervivencia (pastoreo y prácticas agrícolas). Este hecho ha incrementado los niveles de pobreza y desempleo que unidos a las restricciones de movilidad y de prestación de servicios han disparado la alarma humanitaria. Bajo estas difíciles condiciones de vida las mujeres están expuestas a una mayor vulnerabilidad, su papel tradicional como cuidadoras, así como el peso de la tradición hace que las mujeres desatiendan su propia salud en pro de otras necesidades de la familia.

Según el Ministerio de Salud palestino el cáncer de mama suponía el 17,8% de todos los casos de cáncer registrados. Las mujeres están expuestas a una mayor vulnerabilidad estructural como consecuencia de la ocupación. Dentro del marco de la intervención la MLRP y CRE han realizado más de una docena de campañas comunitarias para la detección temprana del cáncer de mama en las que han participado alrededor de 600 mujeres contando con la colaboración del Ministerio de Salud palestino. En ellas no solo se intentan vencer los tabús sobre la enfermedad y concienciar sobre la importancia de la salud femenina, sino que se explica cómo identificar posibles síntomas y cómo realizar autoexploraciones que puedan asegurar la detección temprana de la enfermedad contribuyendo a salvar vidas.

Estas campañas en palabras de Samar Sawafta, enfermera del proyecto, tienen una gran importancia ya que existe un gran desconocimiento sobre la enfermedad y la detección temprana resulta fundamental para contrarrestar las consecuencias de la enfermedad. Las campañas tienen muy buena acogida entre las mujeres quienes al principio se muestran temerosas.

Samar señala “al acabar las sesiones informativas siempre se nos acercan mujeres a preguntar por síntomas que han identificado o a mostrar preocupación por familiares. Durante una de las sesiones en la comunidad de Ein Al Beida una mujer se acercó a mí, cuando la mayoría de las participantes había abandonado la sala en la que nos encontrábamos, para comentarme el caso de su hermana quien había notado anomalías en uno de sus pechos pero por miedo y vergüenza no quería acudir a un centro de salud pero que después de ese día iba a intentar obligarla a ir convencida de la gravedad que presentaba su caso”.

Días después en el Centro de Salud de Tubas de la MLRP Samar, donde trabaja los días que la clínica móvil no se encuentra operativa, recibió la visita de la mujer con su hermana. En el centro de la salud y tras una revisión por parte del personal sanitario la mamografía y una biopsia confirmaron que F.S de 37 años y con cinco hijos/as padecía cáncer de mama. Su caso fue transferido al hospital gubernamental de Tubas donde tras cirugía comenzó con el tratamiento de quimioterapia a la espera de saber si necesitará radioterapia y con ello un permiso de las autoridades israelíes para poder recibir tratamiento fuera de Cisjordania.

Gaza, más allá de la rehabilitación médica

Por Raquel Val Rivas, delegada de Cruz Roja Española en Gaza.

cruzNour al Farrah es fisioterapeuta en el equipo de rehabilitación de la Media Luna Roja Palestina en Khan Younis y Rafah (al sur de la Franja de Gaza) en el marco del proyecto financiado por el Gobierno belga y apoyado por la Cruz Roja española y la Cruz Roja belga. Nour comenta que “la situación de la población en Gaza es muy difícil, pero lo es aún más para las personas con discapacidad”.

Desde el 1 de febrero de 2016, 274 personas (un 55% son mujeres y niñas) han recibido distintos servicios de rehabilitación, como fisioterapia, terapia ocupacional, apoyo psicosocial y consulta médica. Se establece un plan de intervención integral; sin embargo, Nour apunta que “no todas las personas alcanzan los objetivos marcados; principalmente en estos casos es cuando menos debemos perder la esperanza”.

El apoyo no se limita simplemente a la rehabilitación médica, sino que los familiares, que en muchas ocasiones se sienten desamparados, reciben atención psicosocial y el calor humano que emana del equipo. “Hay personas que lloran de emoción cuando nos ven llegar“, recuerda Nour, “se alegran de que haya alguien preguntando por ellos, que se acuerde de ellos”.

En algunos casos, las condiciones de vida de la familia son tan precarias que el equipo siente que tiene que hacer más por mejorar la situación de estas personas. “Las necesidades son innumerables, desde salud, a vivienda, sustento, carencias sociales, educativas…”. Es entonces cuando deciden movilizar a la comunidad, hacerla partícipe de los problemas de sus vecinos, evitar que las personas con discapacidad y sus familiares sean ignoradas.

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“En una ocasión, la vivienda de una familia de 15 miembros ardió. Sólo tenían un retrete y las condiciones de habitabilidad eran muy precarias. Entre nosotros y algunos vecinos, les ayudamos a limpiar lo que quedaba de la casa, y conseguimos dinero y comida”. No es el único caso complejo en el que se han visto involucrados Nour y sus colegas.

Normalmente es fácil acordarse de sensaciones, vivencias, imágenes, pero difícilmente se recuerdan los olores. Pero Nour dice poder recordar el olor de algunas de las casas que visita con regularidad durante su labor, debido a las pésimas condiciones de habitabilidad y la negligencia en el cuidado personal. “Necesitan absolutamente de todo”, recalca Nour.

“Afortunadamente no siempre es así”, cuenta el fisioterapeuta, “hay numerosas personas con discapacidad que están bien cuidadas, cuyas familias se preocupan por ellos y que siguen los ejercicios que les indicamos. Este compromiso es fundamental para conseguir los objetivos del plan de rehabilitación”.

Nour, al hacer balance de su equipo de rehabilitación y de la labor que desarrollan, lo tiene claro: “cuando acabo la jornada me siento feliz por lo que hemos conseguido; es cierto que hay casos muy complicados, pero nunca perdemos la esperanza”.

  • En las fotos, Nour al Farrah, fisioterapeuta de la Media Luna Roja Palestina, atiende a distintos pacientes en la Franja de Gaza.

Randa: preparada para avanzar hacia la paz

Nueva entrada de la serie Mentes Ocupadas

Por Mariam Qabas, trabajadora psicosocial de Médicos Sin Fronteras (MSF) en los Territorios Palestinos Ocupados

“Intentaba proteger la casa de mi familia para que no la destruyeran cuando un soldado israelí me apuntó con su pistola. Para defenderme, le aparté. Me acusaron de intentar matarle”. Randa* empieza así su historia mientras mira inquieta a su alrededor. Pidió un lugar seguro donde los niños puedan vivir en paz.

Randa. Territorios Palestinos Ocupados. Fotografía MSF
Randa, sobre las ruinas del que fue el hogar de su familia en los Territorios Palestinos Ocupados. Fotografía Muwaffaq Joulani/ MSF

Randa tiene 24 años y vive en una zona llamada Mfaqarain Massafer Yatta, en el sur de Hebrón. Mfaqara es uno de los pueblos considerados zona militar por el ejército de Israel, por lo que podría ser demolido.

Estaba durmiendo cuando el ejército de Israel vino a derribar la casa de mis padres. Pidieron a toda la familia que saliera fuera. Uno de los soldados me apuntó con su pistola para asustarme. Le empujé y le grité que era la casa de mis padres, donde habíamos vivido durante los últimos 25 años y que no debían demolerla. Los soldados me rociaron la cara con gas y perdí el conocimiento. Me subieron al todoterreno militar y no dejaron que mi padre y mis hermanos me acompañaran. Mientras, el resto de los soldados empezó a derribar nuestra casa delante de mi familia”, relata Randa.

“Primero me llevaron a la cárcel de Atsyiun –continúa Randa- y después a El Maskubia para interrogarme. Pasaron tres días hasta que me llevaron al juzgado. A mi familia le pidieron 5.000 shekels israelíes (más de 1.100 euros) para dejarme en libertad. Para nosotros es muchísimo dinero, pero no tuvimos más remedio que pagar. Después de diez días en la cárcel me dejaron salir con la condición de que no volviera a Mfaqara por un periodo de tres años y que no participara en ninguna manifestación o actividades contra el ejército de Israel”.

“Haber estado detenida daña la reputación de cualquier niña palestina que viva en el sur de Hebrón. Nadie querrá casarse con ella en nuestra tradición. Por ese motivo, estaba muy afectada por este incidente. No salía, no podía dormir y estaba furiosa conmigo misma” asegura Randa.

“Y no fue hasta que conocí al trabajador social de MSF y empecé a ver un psicólogo que recuperé la confianza en mí misma. Su ayuda me ha enseñado a sobreponerme a los efectos psicológicos que estaba sufriendo tras el incidente”.

“Decidí acabar mis estudios de trabajo social y ahora trabajo con estudiantes en la escuela de Tawny. Participé en una formación de MSF para líderes de la comunidad. He aprendido muchas cosas en este curso: cómo mejorar mis habilidades de comunicación, habilidades para estar tranquila y cómo buscar y localizar personas afectadas dentro de mi comunidad. Sé cómo proporcionarles ayuda psicológica de urgencia si sufren un incidente y dónde referirlos si necesitan más asistencia social”.

“Soy feliz.”

Y así concluye Randa su historia. Con una amplia sonrisa y con la firme esperanza de que puede cambiar las cosas en su comunidad, está preparada para avanzar hacia la paz.

*El nombre es ficticio para proteger la privacidad de la paciente.

Arresto domiciliario, una “tradición” en los Territorios Palestinos Ocupados

Copyright: Anna Surinyach/MSF
Copyright: Anna Surinyach/MSF

 

Por Lali Cambra, periodista de Médicos Sin Fronteras.

Hadi y su familia han vivido desplazados desde la guerra de 1948. Hadi tiene dieciocho años y lleva la vida típica de un adolescente en un campo de refugiados en Jerusalén Este: como muchos otros jóvenes en Palestina, Hadi dejó el colegio hace dos años para poder ayudar a su familia, de seis miembros. Su padre no trabaja porque sufre problemas de salud crónicos, así como problemas psicológicos. Hadi y su hermano mayor son los únicos que ganan algo de dinero para su familia. “Dejé la escuela porque la educación que recibimos es deficiente. A la vez, quería ganar dinero para ayudar a mi familia y para labrarme un futuro”.

Pero Hadi lleva detenido en su casa un año. Fue arrestado en el control policial que separa el campo de la ciudad de Jerusalén, durante unas confrontaciones entre palestinos y los soldados destacados en el control. Hadi y un amigo habían salido a ver lo que sucedía, cuando, de acuerdo con su testimonio, fueron sorprendidos por agentes de la fuerza secreta de inteligencia (musta’reben) que procedieron a una detención muy violenta. Los pegaron de tal manera, que lo único que Hadi recuerda es haberse despertado en el hospital, rodeado de guardas. Fue trasladado a un centro de detención para ser interrogado, una interrogación que duró cinco días y tras los que fue puesto en libertad previo pago de una fianza de 16.000 shekels (más de 3.300 euros) que sus padres tuvieron que pedir prestados a familiares y amigos. Hadi fue puesto bajo arresto domiciliario hasta que los juzgados dictaminen de qué cargos se le acusa y qué día será el juicio. Su madre es su responsable: “muchas veces pienso que estoy jugando un doble papel, de guardia de prisión y de madre y son dos papeles incompatibles; por un lado quiero protegerlo, que no rompa las condiciones de su internamiento, por otro lado me desgarra el corazón verlo, sin poder salir de casa y en constante estrés”.

Los psicólogos que trabajan con Hadi resumen su condición al inicio de su tratamiento: “estaba muy preocupado y tenía reacciones psicológicas al hecho de no ser capaz de controlar su destino, especialmente porque no sabe cuánto va a durar su arresto ni qué va a ser de él. Tenía momentos de tensión con miembros de la familia, se enfadaba porque el resto podía ir y venir cuando él estaba encerrado. Estaba en un estado de sospecha constante que podía llevar a estados obsesivos o de paranoia, pensaba que estaba siendo vigilado por los vecinos. Y el problema se agravaba porque la policía llamaba de vez en cuando a la casa, para que él supiera que lo controlaban. Hadi estaba en una estado constante de alerta, algo tremendamente exhausto”. Hadi dice: “muchas veces pienso en salir, en romper mi encierro y que así me lleven a prisión. Por lo menos en la cárcel tendré a gente en mi misma condición y puedo saber cuándo entro y cuándo salgo y puedo hacer planes para después. Ahora me siento muy desamparado, sin ninguna posibilidad de hacer nada y he perdido la confianza en todo y en todos”.

La intervención terapéutica con Hadi consiste en elaborar un plan de intervención con orientación psicosocial que permita a Hadi retomar el control de su destino y salir del estado de desamparo e impotencia que siente. El plan supone devolverle la motivación psicológica para cambiar su realidad. Para ello necesita ser consciente de la realidad psicológica en la que vive, algo que el consejero de MSF le ayuda a conseguir.

En la actualidad Hadi está todavía bajo detención domiciliaria y hay indicios de que será sentenciado pronto y su arresto oficializado. Pero ahora Hadi es capaz de decir: “te puedo asegurar que no dejaré que nadie me robe de mi humanidad. No conseguirán que me vuelva una persona violenta y desafiaré a la realidad porque ese no es mi destino, no importa las circunstancias en las que me encuentre”.

El arresto domiciliario se remonta en Palestina a los años del mandato británico, cuando fue usado contra los palestinos. Israel adoptó este método de castigo tras ocupar Gaza y Cisjordania en 1967. Desde entonces, se ha usado en diferentes épocas y con diferentes grupos. Sin embargo, el arresto domiciliario es un fenómeno creciente especialmente en Jerusalén Este (bajo ocupación directa Israelí) y que ahora es aplicado a menores palestinos.

“Las seis casas que rodean la nuestra fueron destruidas”

Por Ena’am, Oficial de Seguridad Alimentaria y Medios de Vida de Oxfam Intermon y Niveen, asistente de la oficina

Algunos trabajadores humanitarios de Oxfam (Oxfam Intermón en España), que trabajan en circunstancias muy difíciles y peligrosas ayudar a miles de familias necesitadas en la Franja de Gaza, como habitantes de la zona también están viviendo situaciones dramáticas: se han visto obligados a huir de sus casas con sus familias y temen por la seguridad y el futuro de sus hijos e hijas.

Ena’am es oficial de Seguridad Alimentaria y Medios de Vida de Oxfam Intermon en Gaza.

Imagínese 10 personas que se quedan casi una semana entera en un sótano. Mi hija dio a luz hace 15 días, pero hemos estado escondidos en el sótano y el primer piso de nuestra casa, ya que arriba no es un lugar seguro. Las seis casas que rodean la nuestra fueron destruidas y las bombas y la metralla comenzaron a llegar a la nuestra. Insistí a mis hijos para que se fueran, pero ellos querían permanecer juntos. Me dijeron:”morimos juntos o sobrevivimos juntos.”

Después de una semana decidimos tomar el riesgo y huir pero este fue el momento más difícil. ¿Cómo huir? Las bombas caían por todos lados. Nos dividimos en pares, cada par de cruzar la calle y caminar unos 100 metros. Si era seguro llamaba por teléfono a los otros diciendo que podían seguir. Me quedé hasta el final para asegurarme de que todos los niños estuvieron a salvo. Cruzar 100 metros parecía tomar 100 días.

Tenía muchas ganas de unirme a mis compañeros para poder repartir la ayuda de urgencia a las personas que lo necesitaban. Pero no había manera de salir de mi zona y estar con mis hijos. Me sentí muy mal por no haber podido hacer mi trabajo en un momento tan vital.

Niveen es asistente de la oficina de Oxfam.

La casa temblaba y mis hijos estaban gritando cada vez que oían las explosiones. Huimos a una de las escuelas gestionadas por la UNRWA. Esa noche, los ataques aéreos sacudieron toda la escuela. Los niños tenían cada vez más miedo porque se dieron cuenta de que ningún lugar era seguro. El bombardeo se hizo más aterrador en la noche. Después de uno de los atentados de al lado de la escuela, mi hija no se podía mover. Temí que estuviera paralizado. “

“No pude ver a mi familia y no sé nada de ellos. Tuvieron que huir de los bombardeos y la casa quedó totalmente destruida. Realmente extraño verlos. Lo que nos está pasando es terrible. Ya es suficiente.

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Por lo menos 23 centros de salud han sido destruidos o dañados por los ataques aéreos, incluidos dos hospitales, un centro de atención a los discapacitados, y cuatro ambulancias. Este centro de salud, a cargo de un socio de Oxfam y que proporciona tratamiento para las mujeres embarazadas, fue dañado por la metralla.

En Gaza las víctimas son también los que están ayudando a los afectados

Por Waseem ficial de Seguridad Alimentaria y Medios de Vida de Oxfam Intermón e Itaf, Asistente de Finanzas

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Wazeem trabaja proporcionando agua y alimentos a miles de familias necesitadas.

La crisis en Gaza ha afectado enormemente a la población civil. El impacto es tan grande que a menudo, las mismas víctimas son, a la vez, las personas que acaban atendiendo a los afectados. Waseem es Oficial de Seguridad Alimentaria y Medios de Vida de Oxfam Intermón en Gaza, donde más de 200.000 personas han huido de sus hogares sin ningún lugar seguro a donde ir.

Tuve que huir de mi casa en Shujaiya al este de Gaza, dos días antes que la zona quedara destruida y muchas personas murieran. Recibí tres llamadas telefónicas de los militares israelíes alertándome para que abandonara la zona, pero no había ningún lugar seguro para ir en Gaza. Llevé a mi esposa, mis hijos, mi hermano y madre a la casa de un familiar

He estado trabajando con organizaciones locales para distribuir los vales de comida y nos hemos esforzado para entregar la ayuda a pesar del peligro. Este ha sido el trabajo más difícil que he hecho nunca. Es difícil estar en calles totalmente vacías escuchando sólo los sonidos de las explosiones por todas partes. Vi un proyectil caer sobre una casa y quemarla por completo. Mis pensamientos estaban divididos entre mi familia, que dejé atrás, y la gente que a quiénes distribuíamos la comida. Estamos hablando de los alimentos, la necesidad más básica para que la gente pueda sobrevivir con dignidad.

Itaf, Asistente de Finanzas de la misma ONG, también cuenta lo difícil que ha sido lidiar con el esfuerzo por sobrevivir y su trabajo.

Lo que he pasado en dos días no me lo podía haber imaginado nunca. Cuando el bombardeo se intensificó, huí de mi casa con mi marido y mi hijo de dos años. Cientos de personas estaban corriendo en la calle. Nos encontramos atrapados entre dos tanques que comenzaron a disparar contra nosotros. Mi hermano estaba herido, así que tuvimos que regresar a nuestra casa. Vi una escena que nunca olvidaré: una niña bajo los escombros de su casa, aún con vida y llamando a sus padres. No podía dejar de ayudarla. Imagínese si mi hijo estaba en su lugar. Más tarde me enteré de que fue rescatada y ahora está en el hospital.

Esa noche fue aterradora y pasó muy lentamente. El bombardeo no se detuvo, y la gente no sabía si huir de sus hogares o quedarse. La muerte nos estaba esperando tanto dentro como fuera. Desde mi ventana vi heridos y muertos en la calle.

Hubo una gran explosión junto a mi casa, se rompieron los cristales de las ventanas y me corté el brazo. Salimos a la calle sin ni siquiera pensar. Corrí durante unos tres kilómetros, sin zapatos, por las calles cubiertas de cristales y piedras. Encontré un trozo de tela blanca que levanté como una bandera blanca, y corrí detrás de mi marido, que llevaba a mi hijo. Pasamos a pocos metros de los tanques israelíes.

Finalmente llegamos a la casa de mi tía. Mi esposo tenía a mi hijo en su brazo y gritó. Vimos la muerte en cada paso que dimos y todavía no puedo creer que esté viva.

Mentes Ocupadas: La historia de Mariam

Por Cristina Falcone, coordinadora general de Médicos Sin Fronteras en Cisjordania.

Los equipos de MSF se centran en las personas con trastornos psicológicos (estrés agudo, trastornos de ansiedad, síndromes postraumáticos, depresión) causada por incidentes violentos. Fotografía: Juan Carlos Tomasi / MSF

Los equipos de MSF se centran en las personas con trastornos psicológicos causados por incidentes violentos. Fotografía: Juan Carlos Tomasi / MSF

En el campo de Hebrón, entre colinas áridas y rocosas, conocí la historia de Mariam, de casi 20 años. Vivía con su padre y el resto de su familia, 15 hermanos y las dos esposas del padre, tan solo un poco más mayores que ella, en una gruta al sur del distrito, en un ambiente hostil, húmedo y privado de cualquier servicio básico.

El padre de Mariam es pastor y nunca se aleja de su tierra por miedo a perderla. Su terreno no está muy lejos de un asentamiento y a menudo sus vecinos han intentado convencerle de que se marche.

La vida de Mariam ha sido una vida difícil. Al margen de la sociedad palestina, marcada por el conflicto pero también por limitaciones socioculturales y religiosas, Mariam no ha podido acceder a una educación básica, relegada tras un velo oscuro que sólo deja entrever unos ojos brillantes pero marcados por tanta injusticia.

Mariam nos acogió a mí y a la trabajadora social palestina como si fuera el cabeza de familia, nos invitó a sentarnos en uno de los colchones sobre el cual duermen y nos ofreció un vaso de te preparado en una hornacina humeante en la gruta. Rodeada de sus hermanos y de las otras mujeres, también ellas con la cara tapada, empezó a contar su historia. Nos habló de su sufrimiento cuando ella y su padre fueron golpeados por unos soldados. Los colonos, sus vecinos, llamaron a los soldados en cuanto vieron que estaban construyendo una cisterna de agua financiada por una organización internacional pero situada en una zona bajo control israelí y, por tanto, no autorizada.

Mariam habló del miedo y de la desesperación que sintió cuando su padre, el pilar de la familia, fue arrestado, y del sentimiento de impotencia y confusión que le causó no saber dónde se encontraba. Habló de su angustia al sentirse responsable de sus hermanos y hermanas sin tener ni los medios ni los conocimientos para ayudarles. Del miedo a que aquellos soldados regresasen y se la llevasen también a ella.

El sentimiento de impotencia no le impidió, sin embargo, intentar proteger a su padre en el momento del arresto. A pesar de la desesperación mientras nos contaba su historia, permanecía erguida y orgullosa entre tanta degradación y miseria. Antes de irnos, le propusimos una cita con una de nuestras psicólogas, que podría ayudarle a afrontar sus emociones. Mariam aceptó con una sonrisa en los ojos y, olvidando por un instante nuestros orígenes diversos y diferencias, nos despedimos con un fuerte abrazo de mujer a mujer.

Mariam inició la terapia con la psicóloga a las pocas semanas de nuestra visita y el resultado ha sido positivo. Ahora se ha trasladado a vivir a la ciudad de Yatta, a algunos kilómetros de distancia de su gruta, donde ha empezado un curso de alfabetización y se ha casado.

Crecer rápido en un campo de refugiados de Cisjordania

Por Theresa Jones, responsable de Salud Mental de Médicos Sin Fronteras en Cisjordania

Amin siempre ha sido un niño muy maduro, parece más mayor de lo que es. A menudo calificado de testarudo por su familia, le gusta salirse con la suya pase lo que pase. Tiene seis años y es el más pequeño de siete hermanos, los otros tienen por lo menos 18 años y están acabando la escuela o la universidad.

Sin embargo, éste no es el único motivo por el que Amin es tan maduro para su edad. Amin vive en un gran campo de refugiados en Cisjordania, frente a la torre de vigilancia del Ejército Israelí. El campo alberga a cerca de 10.000 refugiados registrados, y se considera el principal foco de las protestas de Cisjordania. Amin come, duerme y juega sólo a 50 metros del escenario de violentos enfrentamientos diarios entre jóvenes palestinos y soldados israelíes. Estos enfrentamientos siguen un patrón parecido a un juego, empezando generalmente con el lanzamiento de una piedra contra los soldados uniformados que forman filas frente al campo de refugiados, adornados con su sofisticado armamento. Parece que cuando vives en medio del caos, debes aprender a cuidar de ti mismo muy pronto.

Cuando los gases lacrimógenos penetran en su casa en el piso de arriba a través de las ventanas, como ocurre durante los violentos enfrentamientos, Amin es quien las cierra todas. Es él quien informa a su familia sobre lo que ocurre abajo en la calle, espectador habitual del terror y la agitación que se suceden ante sus ojos. Amin ve a diario armas tan grandes como él ante sus propias narices y es testigo de los cacheos e interrogatorios a los que los soldados israelíes someten a sus hermanos cuando salen a la calle.

Amin es quien informa a su familia sobre lo que ocurre abajo en la calle, espectador habitual del terror y la agitación que se suceden ante sus ojos. Fotografía: Juan Carlos Tomasi

Amin es quien informa a su familia sobre lo que ocurre abajo en la calle, espectador habitual del terror y la agitación que se suceden ante sus ojos. Fotografía: Juan Carlos Tomasi

Con esta realidad, no es extraño que Amin sienta la necesidad de asumir el control y cuidarse a sí mismo. Esta necesidad puede trasladarse muy fácilmente al día a día. Por ejemplo, cuando insistentemente quiere comerse una tableta de chocolate antes de comer o exige ver los dibujos que quiere en la tele.

MSF conoció a Amin unas semanas después de una violenta incursión a su casa en plena noche. Los soldados israelíes querían utilizar el apartamento de la familia de Amin para vigilar los enfrentamientos que se sucedían abajo en la calle. Parece que éste es un lugar conveniente para una segunda torre de vigilancia. La madre y la hermana de Amin describieron a la psicóloga que los soldados entraron por la fuerza en la casa, encerraron bajo llave a la familia en una habitación, y entonces ocuparon su sala de estar durante horas. Después de esa noche, Amin empezó a tener pesadillas frecuentes de soldados con caras negras (los soldados israelíes cubren sus caras con máscaras negras durante las incursiones),  a orinarse en la cama y se sobresaltaba con el más leve roce. El eczema que le cubre el cuerpo desde los dos meses de edad empeoró y su testarudez fue descrita como un comportamiento “descontrolado”.

Cuando la psicóloga de MSF conoció a Amin consiguió interactuar con él mediante juegos y él le pidió que cuando volviese a visitarle le trajese un “balón de fútbol negro”. La psicóloga piensa que el balón negro está asociado al incidente traumático que sufrió al ver a soldados con máscaras negras irrumpiendo en su casa. Los síntomas que tenía eran pensamientos e imágenes intrusivas de ese incidente. Quizás intentaba controlar esos recuerdos pegando patadas y lanzando la pelota.

Desde entonces ha utilizado dibujos para expresar sus miedos sobre lo ocurrido en el pasado, lo que está ocurriendo en el presente y lo que podría ocurrir en el futuro. Sin duda, parece tener ganas de hacer juegos que impliquen imaginación y magia, y con el tiempo esto parece haberle ayudado a sentirse algo más seguro. Amin también está recibiendo tratamiento del médico de MSF para aliviar el dolor que le provoca la infección cutánea que padece.

Está claro que ser niño no es nada fácil en este campo de refugiados de Cisjordania. De todas formas, esperamos que Amin pueda disfrutar algo de la sencillez de la niñez en medio de toda esta complejidad y caos.

Un muro sólo para ellos

Por Nuria Berro, navarra y voluntaria internacional, Cruz Roja Española.

???????????????????????????????Un muro sólo para ellos. Esto es lo que pidieron los niños y niñas participantes en un ‘corner’, el programa de la Media Luna Roja Palestina para proporcionar a niños de entre ocho y doce años un lugar seguro donde jugar. Querían tener una pared en la que pintar y expresarse y que después volverían a pintar de blanco para empezar de nuevo cada semana. La idea se extendió a otros ‘corner’ y hoy todos ellos cuentan con una pared que se hace más gruesa con cada capa de pintura, alimentada por los sueños y anhelos de los niños palestinos.

Me llamo Nuria y en 2013 participé en el programa de voluntariado internacional de Cruz Roja. Tuve la suerte de viajar a Territorio Palestino Ocupado para dar apoyo al área de comunicación de la Media Luna Roja Palestina, recopilando historias de éxito que difundir a través de su revista. Esta tarea me permitió conocer varias áreas de la organización y, lo más importante, a muchas personas y sus historias. Algunas eran historias de éxito, otras no tanto; pero en todas ellas despuntaba el afán de superación y la esperanza en un futuro mejor.

Al escuchar la historia de los niños y su muro, no pude evitar pensar que eso era exactamente lo que representaba allí la Media Luna Roja: un muro de carga en el que la sociedad podía apoyarse para crecer.

???????????????????????????????Sobra decir que el contexto allí es difícil, que cada día puede llegar a parecerse a una carrera de obstáculos, incluso en su sentido más literal, y que esta situación entristece y enfurece a partes iguales a quien la observa por primera vez. Sin embargo, esa superación y tenacidad tan arraigadas en la cultura se perciben en cada gesto y en cada acción de las personas que allí conocí. Y ellas dan pie a la esperanza y a un pensamiento en positivo.

Positive thinking, pensamiento positivo, es el lema del área de voluntariado y juventud de la Media Luna Roja y sus miembros no se cansan de repetirlo con una sonrisa decidida en la cara. Su oficina, en la planta baja de la sede en Ramallah, es la preferida de todo el personal. Está justo al lado del jardín de infancia y los gritos y juegos de los más pequeños se mezclan con las risas de los jóvenes, bromeando entre café y café mientras planifican su trabajo semanal.

???????????????????????????????Allí conocí a Shad Taweel, que me explicó que el voluntariado estaba en su sangre. “¿Como un virus?”, le pregunté. “Sí, pero uno de los buenos” se apresuró a matizar. Su determinación y su firme convencimiento del papel y responsabilidad de la juventud en el futuro de Palestina me impresionaron. A sus 22 años, ella representa perfectamente para mí esa esperanza en positivo dentro de un contexto hostil. Es capaz de mirar más allá de las dificultades y asumir su papel en el cambio: “Necesitamos construir una base sólida en la sociedad para ser capaces de manejar nuestro país cuando la ocupación termine. Y para eso, la juventud es la mejor inversión que podemos hacer”.

Cuando vuelvo la vista atrás y recuerdo el tiempo que compartí allí, la historia del muro o las palabras de Shad son las que, por encima de todo, quiero mantener en mi memoria como un pequeño tesoro. Son para mí la representación de lo que me llevó hasta allí, del espíritu de mejora y solidaridad que está detrás del voluntariado; de esa creencia en un mundo mejor, que algunos podrán tachar de infantil o naif, pero que muchos compartimos y a la que no renunciamos.