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Leona y Arquitectura sin Fronteras.

Archivo de la categoría ‘Mali’

El primer caso de ébola en Mali: “la gente ya nos hemos dejado de dar la mano”

José Jódar Vidal- Delegado CRE en Mali, 23 de octubre.

El 23 de octubre fue confirmado en Kayes, una ciudad al oeste de Mali, el primer caso de Ébola en el país. La Cruz Roja Maliense – en conjunto con sus Sociedades Nacionales Contrapartes como la Cruz Roja Española- se ha movilizado para apoyar a las autoridades sanitarias malienses en la gestión de la crisis. Esta crónica fue escrita antes del fallecimiento de la menor con ébola, el viernes 24 de octubre.

Secadero de botas y gafas de los equipos EPI en el Centro de Tratamiento del Ébola (CTE) de Cruz Roja en Kenema, Sierra Leona.

Secadero de botas y gafas de los equipos EPI en el Centro de Tratamiento del Ébola (CTE) de Cruz Roja en Kenema, Sierra Leona.

Hace apenas una hora he recibido un mensaje de móvil: el caso de ébola se ha confirmado. El referente de seguridad de las Sociedades Nacionales de la Cruz Roja en Mali nos ha avisado así a todos los delegados extranjeros. Es lo que nos temíamos desde que hace un día y medio nos dijeran desde la Cruz Roja Maliense: “hay un caso sospechoso de Ébola en Kayes, sería el primer caso de Ébola en Mali”. Luego fuimos sabiendo más. Se hablaba de una niña de dos años que llegó desde Guinea en bus con su abuela, pasó por Bamako, y luego se fue hacia el oeste del país. Empezó a tener fiebre, diarrea, sangraba por la nariz, siguió empeorando. Entonces la aislaron a ella y a la abuela, que no la quiso abandonar, en el hospital de Kayes. Ayer mismo llegó un equipo desde Bamako, a 8 horas de carretera, para realizarle el test.

Yo precisamente estoy en Kayes porque durante el día de hoy, Cruz Roja Española y Cruz Roja Maliense, teníamos un taller junto con la Dirección Regional de la Salud para analizar la problemática del acceso al agua potable y las medidas básicas de saneamiento e higiene en los centros de salud de la Región de Kayes. Los participantes al taller estábamos con un ojo en la sala y el otro mirando al móvil, esperando el sí o el no. Y ha sido el sí…

LA GESTIÓN TEMPRANA DE LA CRISIS

Equipo de manejo de cadáveres de la Cruz Roja de Sierra Leona.

Equipo de manejo de cadáveres de la Cruz Roja de Sierra Leona.

Ahora es importante desandar los pasos de la niña enferma, identificar y aislar a las personas que entraron en contacto con ella cuando ya empezaba a manifestar los primeros síntomas de la enfermedad, preparar y equipar al personal sanitario para que puedan ser capaces de tratar éste y los otros casos potenciales que deriven del primero, y trabajar y mantener la calma.

Un caso de ébola en un país ya es considerado una epidemia según la Organización Mundial de la Salud y la Cruz Roja Maliense junto con sus Sociedades Nacionales Contrapartes- entre ellas la Cruz Roja Española- acaban de activar su plan de contingencia para el ébola en Mali: ya están trabajando mano a mano con las autoridades sanitarias, multiplicando las sensibilizaciones y preparando al personal sanitario y voluntario para que puedan desarrollar su tarea de forma adecuada.

Sin embargo, estas primeras fases en el control del contagio de la enfermedad son básicas. Tienen que funcionar porque una vez que los casos se multiplican, se hace mucho más difícil de parar, sobre todo cuando hablamos de un sistema sanitario con pocos recursos y muchas debilidades a nivel de infraestructuras (el aislamiento se realiza en tiendas de campaña, por ejemplo) y de personal médico.

PASAR A LA ACCIÓN

En Mali se ha recibido la noticia con algo de preocupación y, a la vez, de resignación porque la confirmación de un primer caso de ébola aquí era tan solo una cuestión de tiempo, compartiendo una frontera con Guinea tan porosa y transitada. El ébola asusta y con razón. Por eso es tan importante desmitificarlo desde ya (no se contagia por el aire ni se transmite hasta que la persona comienza a mostrar los primeros síntomas de la enfermedad) e informar sobre las medidas de prevención a tomar por parte de todos: los agentes de salud que tratan los casos confirmados, las personas voluntarias que asisten los casos sospechosos, a toda la población y, con especial atención, a las mujeres, que son las que se encargan siempre de los cuidados familiares. Por ahora, en Kayes, la gente ya nos hemos dejado de dar la mano.

Desde la Embajada nos acaba llegar el mensaje de alerta por e-mail a los españoles residentes en Mali: “información Ébola”. Lo abro. Confirman el caso y dicen que la gente que ha estado en contacto con la niña está, efectivamente, en cuarentena. Poco después, levanto la cabeza del ordenador y veo la cara asustada del Jefe de Higiene de la Dirección Regional de la Salud de Kayes que cuelga el teléfono y dice: “el hombre que fue a buscar a la niña y a la abuela a Guinea anda por la ciudad. Me tengo que ir de la reunión”.

Personal de Cruz Roja Española desplazado a Kenema, Sierra Leona.

Personal de Cruz Roja Española desplazado a Kenema, Sierra Leona.

Bafoulabé y la paradoja del agua en África

Jesús López Santana desde Malí, Cruz Roja Española.

El río Senegal. (Jesús López Santana).

El río Senegal. (Jesús López Santana).

Bafoulabé significa en la lengua bambara, “donde los dos ríos se hacen uno”, pues es en la unión del Banfing y el Badgé, para formar el Río Senegal, donde se asienta esta comunidad rural de poco más de 20.000 habitantes en la región maliense de Kayes.

Hablan las griots, mujeres contadoras de historias de generación en generación, de la leyenda del hipopótamo Malí Sadio, que salió del agua y vivió como amigo de una niña junto a los habitantes de la ciudad animando su días, con cuentos, canciones y bailes. Más allá de la leyenda, hoy pueden verse hipopótamos en el río y nada más entrar en la ciudad, el visitante se encuentra con la estatua de Malí Sadio en la avenida principal, simbolizando la vinculación del agua con los habitantes del lugar. Un agua que les permite vivir de la pesca; regar sus cultivos, de arroz, mijo, patatas o zanahorias; o mantener pequeños negocios de transporte fluvial.

Para llegar desde Kayes, la capital de la región, son necesarias cuatro horas de viaje. Dos por carretera hasta el río y allí, y otras dos para pasar al otro lado en una barcaza que estos días, por avería de su motor, funciona de forma manual, con el esfuerzo de una docena de hombres. Camiones, vehículos y personas forman un conglomerado mulitcolor cruzando en uno u otro sentido.

La paradoja radica en que a pesar de esta abundancia de agua, de esta vinculación con el líquido elemento, una de las principales dificultades a las que se enfrenta la población, es la falta de acceso al agua potable y al saneamiento. Una circunstancia que, desgraciadamente en África es común, pues de los cerca de 800 millones de personas que no tienen acceso al agua en el mundo, casi la mitad, viven el continente africano.

En el hospital de referencia de la zona y en los centros de salud dependientes de él, la falta de acceso al agua supone una contradicción aún mayor: ¿cómo garantizar salud si no se dispone de agua segura y saneamiento adecuado?

En ello está trabajando el Comité Local de la Cruz Roja que, junto con sus voluntarios, han diseñado un proyecto conseguir mejorar las condiciones de acceso al agua potable, higiene y saneamiento en estos tres centros de salud. No es una tarea fácil y no disponen de recursos. Los voluntarios están en contacto directo con sus vecinos, son conocedores de la realidad y la viven en primera persona, pues no en vano, son miembros de la comunidad. Esa cercanía, genera confianza y supone un valor añadido a la acción.

Cruz Roja Española, que tiene presencia permanente en Malí desde hace más de una década, está colaborando en esta iniciativa, a la que también se ha sumado la Agencia Extremeña de Cooperación Internacional para el Desarrollo financiando el proyecto. Aún en su estadío inicial, va a mejorar las condiciones de vida de más de 30.000 personas, que en breve verán como sus centros de salud, cuentan con las capacidades necesarias para garantizar una atención de mayor calidad, un acceso al agua segura, mejora de la higiene, control de residuos médicos…

Más allá de las emergencias, que graban en la retina las acciones de la cooperación internacional, este modelo, el trabajo en la comunidad, más lento, más laborioso, a largo plazo y menos mediático, es la garantía para el desarrollo, para mitigar las diferencias Norte-Sur y, sobre todo, para asegurar que el derecho humano universal del acceso al agua es una realidad.

Una barcaza en Bafoulabé. (Jesús López Santana)

Una barcaza en Bafoulabé. (Jesús López Santana)

Dinding Soucko y las consecuencias de la mutilación genital femenina

Jesús López Santana, Cruz Roja Española desde Malí.

Dinding es una niña de 9 años que vive en Maloum, una  población a 30 minutos de coche de Kayes en el Sureste de Malí,  relativamente cerca de las fronteras de  Senegal, al oeste y Mauritania,  al norte. Vive con su familia  y tienen algunas cabras y gallinas que les permiten subsistir bajo los más de 40 grados del sol maliense.

Jesús López Santana.

Dinding y su abuela (Jesús López Santana).

A pesar de su edad, la vida no ha sido fácil para ella casi desde su nacimiento. Como tantas niñas malienses, con apenas una semana de vida fue sometida a lo que aquí llaman “prácticas nefastas”, la mutilación genital femenina. Más allá de las connotaciones culturales asociadas a esta tradición, en su caso,  la consecuencia fue un quiste genital que sus padres detectaron a los dos años y le causaba grandes molestias.  A medida que Dinding  cumplía años su lesión aumentaba de tamaño hasta alcanzar el tamaño de una mano.

Su abuela cuenta que Dinding sentía una profunda vergüenza y dejó de ir con sus amigas a bañarse al río por miedo a que se rieran de ella. Su carácter se hizo difícil y  e irascible y dejó de jugar. La familia pensó que habría que acudir al hospital, pero la falta de recursos les impedían trasladarse al centro sanitario. El hospital de Kayes cuenta  con médicos ginecólogos como el Dr. Sitafa Dembe, donde tratan  a 2 o 3 niñas y mujeres a la semana como consecuencia de complicaciones asociadas a la mutilación genital. Desde fístulas a hemorragias, infecciones crónicas, VIH, retención urinaria…

Por fin, un día, Dinding pudo ir al hospital. Una semana después de su llegada la operaron  y su vida comenzó a cambiar. Ya no había dolor, ya no había vergüenza, ya no había mal carácter. Incluso ganaba el peso que perdió durante los años de su lesión.  También ha cambiado la vida de su familia que además cuenta con el apoyo de un psicólogo de la Cruz Roja que les visita en su casa de forma periódica.

La abuela también cuenta que ella recomendó  a los padres de la pequeña aquella práctica nada más nacer, pero que hoy no lo haría. Aún así, cree que la mutilación genital es una tradición y no se puede prohibir, ni puede desaparecer de la noche a la mañana, pero cuando se tiene una experiencia  así, cuando se viven las consecuencias nefastas en la propia familia, todo cambia.

En Malí, la mutilación genital femenina es una práctica extendida, especialmente en las comunidades rurales. Desde el Gobierno y desde distintas organizaciones sociales del País existen programas de sensibilización, pero para la familia de Dinding, el problema de su pequeña y la llegada de la  Cruz Roja a su pueblo, son los que han provocado un cambio de mentalidad.

La familia de Dinding quiere que su caso sea conocido por todos para que entiendan los problemas que conlleva esta tradición para la salud, para la vida de las niñas y mujeres. Han vivido en primera persona una tragedia y están dispuestos a implicarse en el trabajo de la Cruz Roja sensibilizando a sus familiares y vecinos. El hecho de que se esté grabando un documental sobre su vivencia les anima a continuar en esa línea y quieren ser el ejemplo para concienciar a otros.

Ahora es su abuelo, quien  relata que ellos no han ido a la escuela, no están instruidos, pero los voluntarios y el personal de la Cruz Roja están preparados, conocen los problemas y aportan soluciones.

Él siempre asoció la Cruz Roja a la salud y a la atención a las personas y eso le genera confianza. Esta iniciativa es buena, y el trabajo que hacéis es maravilloso. Dinding es nuestra hija y la curáis a ella, nos curáis a nosotros”,  sentencia agradecido.

Mali, entre el conflicto y la democracia

Por José Jódar Vidal, delegado Cruz Roja Española en Mali.

El pasado domingo 24 de noviembre se celebró la primera vuelta de las elecciones legislativas en Mali, tan solo un par de meses después de las elecciones que llevaron a Ibrahim Boubacar Keita (IBK) a la Presidencia del país, el 15 de agosto de 2013, y con el conflicto del Azawad aún sin resolver. La segunda vuelta está prevista para el 15 de diciembre.

Si hay alguien que sufre cada vez que hay elecciones en Mali, ése es el hipopótamo que preside, imponente en medio del tráfico y del polvo, el Boulevard de la Independencia en Bamako y que siempre acaba, a pocos días de los comicios, revestido con carteles coloridos de los distintos candidatos que se presentan. Podría ser, por qué no, un símbolo de pluralidad política, de alternativa; podría ser, también, el emblema de la asfixia del país ante un conflicto que se eterniza en su zona norte y que impregna la vida de los y las malienses.

El domingo 24 de noviembre fue día de elecciones. Y esto se deja sentir en las distintas comunas de la capital, donde las calles son recorridas por manifestaciones, más o menos multitudinarias, ambientadas por los ritmos de los tambores y por los discursos sobre ruedas detrás de un megáfono de los candidatos y candidatas. Sin embargo, lejos de la aparente tranquilidad que prevalece en las trajinadas calles de Bamako o de las principales ciudades del sur, gran parte del territorio maliense, el Azawad, en la zona norte del país, permanece en conflicto.

El Azawad: zona de conflicto

El Azawad, significa en Tuareg “zona de pasto”, e integra las extensas y arenosas provincias de Tombuctú, Kidal y Gao. Aquí se entremezclan varios actores que no facilitan la normalización de la situación, un cóctel que reúne distintos ejércitos regulares con varios grupos armados: de un lado, están las fuerzas francesas de la Operación Serval, con las fuerzas de la MINUSMA (Misión de Naciones Unidas para Mali) y del Ejército maliense; y del otro, el MNLA (Movimiento de Liberación Nacional del Azawad) y el HCUA (Alto Consejo para la Unidad del Azawad), considerado una escisión del grupo islamista Ansar Dine, que a su vez hace de correa de transmisión con AQMI (Alqaeda en el Magreb Islámico). Un contexto electoral complejo y militarizado, que se encuentra en plena ebullición. Así se demostró el pasado 2 de noviembre tras el secuestro y asesinato exprés de dos periodistas franceses de RFI (Radio France Internationale).

Los acuerdos de paz de Ouagadougou, firmados el 18 de junio de 2013 en la capital de Burkina Faso, son la vía diplomática de un proceso de pacificación complicado. Entre acusaciones de incumplimiento, el MNLA, cuyos candidatos se han podido presentar a las elecciones legislativas, abandonó el jueves pasado, 14 de noviembre, los edificios de Gobierno de Kidal y de la radio regional que fueron ocupados en la rebelión de enero de 2013. Esto, ante la desconfianza de parte de la población de la zona que se pregunta dónde están las armas y si los distintos actores aceptarán los resultados de las próximas elecciones.

Además de la fractura política, está la evidente fractura social que ha dejado un conflicto protagonizado, sobre todo, por la misma población civil del lugar, ya empobrecida por la escasez y continua pauperización de sus medios de vida en esta zona desértica. Se trata de vecinos enfrentados (Peulhs, Sonrhaïs, Tuaregs) cuyas heridas de guerra van a tardar en cicatrizar; de víctimas que demandan que haya un proceso de justicia con los agresores. Algo que en este contexto inseguro todavía está lejos de poder darse. Como muestra de la inestabilidad están las numerosas personas desplazadas hacia otras zonas del país (sobre todo hacia el sur) y refugiadas hacia Argelia, Mauritania y Burkina Faso que poco a poco emprenden el regreso a sus zonas de origen. En total, el ACNUR (Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados) estima unas 300.000 personas desplazadas y refugiadas. Esto constituye un reto, tanto para el acceso a los limitados recursos básicos existentes, como para asegurar su participación las elecciones mediante el registro de los votantes en cada comuna por parte de la Comisión Electoral Nacional Independiente.

Las elecciones: un reto

En este marco intrincado, entre el refuerzo de las medidas de seguridad, las elecciones legislativas malienses se presentan como una doble oportunidad. Por un lado, son la posibilidad de mostrar al mundo que el país vuelve a la normalidad después de la guerra. Es decir, aparentar lo que no es. Pero por otro lado, estas elecciones también pueden ser un vehículo para contribuir de forma decisiva hacia el encuentro democrático con esta normalidad, un paso más hacia la reconciliación nacional, y en definitiva, hacia la esperanza de mucha gente que espera volver a vivir lejos de una violencia que se resiste a dejarlos.

Estatua del Hipopótamo en el Boulevard de l’Indépendance, Bamako. (CRE).

Estatua del Hipopótamo en el Boulevard de l’Indépendance, Bamako. (CRE).