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Archivo de la categoría ‘Nepal’

Dos años del terremoto de Nepal: reconstrucción y resiliencia

Nuestro objetivo es apoyar a las comunidades para que Nepal sea resistente y resiliente”

 Por Shreeram KC, Gerente de Comunicación de Plan International en Nepal

Hace exactamente dos años, un terremoto de magnitud 7,8 golpeó Nepal a las 11.56 de la mañana. A consecuencia del desastre casi 9.000 personas perdieron la vida, más de 22.000 resultaron heridas. Además de destruir miles de casas, 8.000 escuelas se redujeron a escombros, interrumpiendo la educación de más de un millón de niños y niñas.

Dos años después, sólo 1.500 de estas escuelas han sido reconstruidas, lo que significa que muchos niños y niñas están aprendiendo en escuelas temporales o todavía no tienen escuela a la que acudir. Aunque la reconstrucción ha comenzado todavía queda mucho por hacer.

 

Niñas en una escuela temporal.©Plan International

Como organización que defiende los derechos de la infancia, responder a las necesidades de los niños y niñas fue nuestra máxima prioridad en el momento del terremoto. Comenzamos nuestra respuesta proporcionando alivio inmediato a los niños, familias y comunidades en las partes más remotas de Nepal. No fue una tarea fácil. Los caminos a estas comunidades no eran buenos incluso antes del desastre, y para acceder a algunas áreas afectadas había que andar dos o tres días en el mejor de los casos, por lo que no pudimos llegar hasta cuatro o cinco días después del terremoto.

Cuando llegamos, todos estaban llorando, preocupados e inquietos. Necesitaban desesperadamente alimentos, agua y refugio, y se encontraban en estado de confusión y pánico porque, en las semanas y meses después del terremoto inicial, nos enfrentábamos a varias réplicas cada día. Algunas de las réplicas fueron de 5,2 en la escala de Richter, por lo que cada día parecía revivirse la catástrofe y la gente no dejaba de preguntarse si el mundo nunca iba a dejar de desmoronarse.

En los meses que siguieron, y hasta nuestros días, nuestra respuesta se ha centrado en ayudar a las personas a reconstruir sus vidas y sus medios de subsistencia, y en restaurar un sentido de normalidad en la vida de las niñas y niños. No debemos permitir que los desastres naturales los dejen en situación de vulnerabilidad, deben tener las mismas oportunidades que todos los niños y niñas para alcanzar su potencial.

Aunque las escuelas están funcionando, carecen de instalaciones suficientes. Del mismo modo, la reconstrucción de viviendas se está retrasando. El gobierno está ofreciendo ayudas, pero el ritmo es lento y muchas áreas de Nepal no parecen diferentes de cómo se veían justo después del terremoto.

Sin embargo, siempre hay esperanza y, en los últimos dos años, nuestro trabajo ha llevado a que se construyan 12 escuelas nuevas –y otras 10 más están en construcción- en las zonas más afectadas por el desastre. Son escuelas que están preparadas para niñas y niños con discapacidad y se están diseñado para soportar futuros desastres. Han sido muy bien recibidas por las comunidades que se están beneficiando de ellas -en total más de 5.000 niños y niñas- así que, de la devastación y la destrucción, ha sido posible crear algo positivo que estará ahí para las próximas generaciones.

Construir colegios no es solo proporcionar estructuras permanentes para la educación, es construir una cultura de seguridad y preparación ante desastres y asegurar que la comunidad se hace cargo de estas escuelas. No podemos prevenir los desastres naturales, pero podemos intentar mitigar los riesgos. Nuestro objetivo es apoyar a las comunidades para que Nepal sea resistente y resiliente.

Siendo Nepal uno de los países con más probabilidades a sufrir desastres, una preparación como ésta es una necesidad. Los riesgos asociados con los terremotos deben ser identificados por adelantado para poder diseñar planes y poner fin a los riesgos. Las comunidades también deben ser conscientes de lo que pueden hacer para prepararse y salvar vidas. Esto solo será posible si los gobiernos y las agencias de desarrollo invierten y continúan trabajando juntos.

Además de los 14 distritos afectados por el terremoto, el gobierno necesita evaluar el estado de las escuelas que permanecen en pie y debe tomar medidas para confirmar que sean seguras.

Desde Plan International hemos trabajado para influir en las políticas y los cambios legislativos, apoyando el desarrollo de una política de colegios seguros que ahora está siendo revisada por el Ministerio de Educación.

El gobierno y otras agencias también deben trabajar para crear un plan de evacuación para asegurarse de que los estudiantes saben qué hacer si vuele a ocurrir un desastre. Esto es lo que nos traerá esperanza en tiempos difíciles y nos hará sentir más fuertes. Si un día como el 25 de abril de 2015 sucede de nuevo, estaremos preparados porque habremos trabajado para crear una nación verdaderamente resistente y resiliente.

 

Las personas mayores piden ayuda, ¿serán escuchadas?

Por Diprendra Sharma, Responsable del Programa de Recuperación de HelpAge International.

La casa de Kanchi fue totalmente destruida por el terremoto; desde HelpAge la hemos ayudado con los materiales necesarios para construir un refugio temporal © Judith Escribano/Age International

 

En Nepal, HelpAge International y sus colaboradores siguen respondiendo a las necesidades de las personas en situaciones de emergencia, consecuencia del terremoto que afectó al país entero en abril, 2015.

Estamos trabajando en 25 pueblos de 5 distritos en todo el país, ayudando a 10.000 personas mayores a reconstruir sus vidas después de un desastre que dejó 9.000 víctimas mortales y 22.000 heridos.

El reto de la reconstrucción

A los ocho meses aproximadamente después del terremoto, realizamos una encuesta a 1.500 personas en colaboración con el gobierno de Nepal. Los resultados fueron alarmantes, sobre todo en cuanto al impacto en la salud mental y el bienestar psicosocial.

Más de un cuarto de las personas mayores dijeron que estaban traumatizados y el 47% indicaron que se sentían ansiosos, mientras que el 6% confesaron que estaban en depresión.

De manera significativa, aunque no nos puede sorprender teniendo en cuenta la vulnerabilidad adicional, las personas mayores con discapacidad experimentaron más traumas, ansiedad y depresión que los mayores sin discapacidad. Un tercio afirmó que se sentían traumatizados, casi la mitad que se sentían ansiosos y el 9% que estaban deprimidos.

Entre los encuestados, la gran mayoría (95%) perdieron sus propiedades, la mitad perdieron el ganado y el 3% confesó que perdió un miembro de la familia o más.

“Cuando se produjo el terremoto, yo estaba sentada en la puerta de mi casa, al cuidado de los pollos. Me levanté y vi como mi casa se caía. Todo lo que tenía fue enterrado entre los escombros de mi casa”, cuenta Kanchi.

HelpAge entregó a Kanchi un kit de refugio que contenía 12 hojas de hierro corrugado, alambre, clavos, un martillo y una sierra.

Para mantener la estructura en pie, le dimos 15.000 rupias nepalíes (141 $), que utilizó en una puerta y cerradura, soportes de bambú, un suministro de electricidad y para pagar a alguien que le ayudara a construirlo.

La encuesta sugería que las agencias humanitarias deberían concentrar sus esfuerzos en reconstruir estas vidas. Tener un medio de ingreso seguro es una de las claves en las crisis humanitarias; para esto, entre las primeras medidas que se tomaron fue la distribución de pequeñas subvenciones para apoyar pequeños negocios y poner de pie a las personas mayores y otros grupos vulnerables. Pero hacer que este programa funcione y tenga éxito no ha sido fácil. Como todas agencias humanitarias, hemos tenido que obtener el permiso del gobierno para hacer nuestro trabajo en terreno, y este ha sido un proceso muy lento. Y aún peor, Nepal fue paralizado por un bloqueo económico que hizo muy difícil que los suministros básicos llegaran a los más necesitados. Nuestro trabajo empezó apenas en febrero de 2016.

¿Qué ha cambiado en los últimos 10 meses?

Después de trabajar en la reconstrucción post-terremoto de Nepal durante meses, tanto yo como muchos de mis compañeros, percibimos cambios significativos en nuestras comunidades.

Las asociaciones de personas mayores hicieron un trabajo excelente en ayudar a los mayores que expresen sus necesidades específicas y en ofrecerles mejor acceso a recursos básicos para la supervivencia.

Hay cada vez más personas mayores que tienen ingresos seguros gracias al apoyo que les hemos dado para gestionar un pequeño negocio propio, incluyendo tiendas, actividades ligadas a la apicultura o a la agricultura. De esta manera, ha podido recobrar la autonomía.

Hombres y mujeres mayores se implican gradualmente en aprender a gestionar los riesgos de desastres en diferentes oficinas, impartiendo sesiones de capacitación y vulnerabilidad en sus comunidades locales; esta es la prueba de nuestro reconocimiento de las habilidades y la experiencia del colectivo mayor. Ellos se implican en crear planes para respuestas locales ante el desastre y reciben formación para aprender las técnicas de primer auxilio y ser capaces de ayudar directamente a personas necesitadas en caso de emergencia. Con esto tenemos aún más evidencia de la inclusión social y la participación activa de las personas mayores. Estos cambios han tardado bastante en llegar y la participación de las personas mayores en los aspectos cívicos de la sociedad nepalí sigue siendo una práctica incipiente.

El equipo de HelpAge junto con los colaboradores en terreno trabaja y apoya a las personas mayores y poco a poco vemos los resultados. Hemos garantizado la participación de los mayores en los proyectos y hemos visto que sus contribuciones son muy valiosas.

Las personas mayores, ese colectivo caído en el olvido y callado, encuentran su propia voz porque esta vez son escuchados. La pregunta es si las agencias estatales, las ONG y los donantes les escucharán.

Terremoto en Nepal: creciendo en el Epicentro

Por Avinashi Paudel, UNICEF Nepal

“Quiero a mi hija más que a nada en el todo el mundo,” dice Amita Gurung, sosteniendo a su hija Arpita con firmeza en sus brazos. “Pero cuando pienso en el día en que nació, sólo me entran ganas de llorar.”

Ese fue el día en el que un terremoto devastador golpeó el centro de Nepal, en abril del año pasado. El pueblo de Amita estaba en el epicentro.

Era el mediodía de un sábado cualquiera. Amita, con nueve meses de embarazo, estaba acostada, perezosa en la cama viendo la televisión. De golpe escuchó un sonido como de crujidos y a su hermana gritando “¡Terremoto! ¡Terremoto!” Amita recuerda cómo, con un  embarazo muy avanzado, consiguió arrastrarse fuera de una casa que se derrumbaba, mientras el mundo entero parecía sacudirse. Recordarlo hoy, sigue siendo como una pesadilla para la joven madre.

Terremoto en Nepal: creciendo en el epicentro

Amita Gurung sostiene a su hija Arpita de 11 meses en el remoto pueblo de Chomar. ©UNICEF/Chandra Shekhar

En su pueblo, Snan, mucha gente reunió y recuperó alimentos de entre los escombros de la tienda del pueblo. Un par de horas después del terremoto, Amita empezó a sufrir dolores en el estómago. Avisó a su suegro y él inmediatamente reconoció que estaba de parto. Consiguieron llevar a Amita a tiempo al interior de un establo.

Después de tres horas muy intensas de doloroso parto, el primer llanto de Arpita devolvió algo de vida al pueblo de Snan. Familiares y vecinos se quedaron impresionados por ese poder de la naturaleza para destruir y crear al mismo tiempo.

“Mucha gente del pueblo murió aquel día. Pero nosotras dos estábamos vivas”, suspiró Amita. “Fue raro pero me sentí feliz de que las dos sobreviviéramos”.

Después del nacimiento de Arpita, la felicidad naciente de la nueva madre se vió dominada por preocupaciones primarias de supervivencia. “Todó quedó destruído y enterrado, estaba preocupada por encontrar algo para comer, vestir y un lugar donde dormir” recuerda Amita. “Me preguntaba si ese temblor constante perjudicaría a mi hija”.

Terremoto en Nepal: creciendo en el epicentro

Amita Gurung sostiene a su hija Arpita de 11 meses en el remoto pueblo de Chomar ©UNICEF/Chandra Shekhar

Amita había planificado ir al centro de salud para tener a su bebé. Pero nada ocurrió según lo previsto. Ni siquiera tuvo tiempo de acudir al grupo de voluntarias de salud femenina de su comunidad cuando comenzaron los dolores del parto. “Pensé que el puesto de salud podía haber quedado destruido también y estaba preocupada por ver cómo mi hija y yo conseguiríamos medicamentos, de necesitar alguno”.

Amita está agradecida con su familia, que cuidó de ella aún cuando lo que más preocupaba a cada uno, era su propia seguridad. A pesar de sus posibilidades, consiguieron agua para que pudiera beber y noodels para que comiese. Inmediatamente, con ropas y madera, fabricaron una cama improvisada, para la nueva madre y su hija. Más tarde consiguieron manteca, arroz y huevos, y cubrieron así sus necesidades alimenticias.

Como muchos jóvenes del pueblo, el marido de Amita se marchó al extranjero para trabajar. Pudo ver al fin a su hija cuando Amita consiguió subir una foto de Arpita a las redes sociales de un amigo. “¡Dijo que nuestra hija era hermosa!”, nos cuenta con una sonrisa.

Un año después del terremoto, Amita sigue viviendo en la casa de acogida, lejos de su pueblo de origen, con otras cuarenta familias. Antes del terremoto, Amita tenía una casa limpia y bonita. Una cocina sin humos dentro del hogar, además de un baño y grifo de agua cerca de la casa. “Vivir aquí no es muy cómodo, especialmente cuando llueve, sobre todo si la lluvia viene acompañada de granizo y vientos fuertes” cuenta Amita. “El baño está muy lejos y apesta. El grifo también está lejos y el agua escasea”.

A pesar de las mejorables condiciones de vida, Amita se asegura de que Arpita recibe todas las vacunas necesarias. Habla con frecuencia con el grupo de mujeres voluntarias de salud femenina de su comunidad para conocer cómo puede mejorar los cuidados de su hija y su alimentación.

Arpita parece un niña despierta y está a punto de empezar a andar, pero su madre está preocupada por ella. Le hubiera gustado darle una casa mejor y un ambiente más saludable donde crecer. “Arpita enferma con frecuencia de una tos con silbidos”, nos dice. “Puede ser por el frío excesivo bajo las paredes metálicas del centro de acogida y por el humo provocado por cocinar dentro”.

Aunque no está segura de cuándo será capaz de darle a su hija una vida mejor, en condiciones más estables, hay una cosa que esta madre está determinada a conseguir. Casada a una edad temprana y sin haber podido seguir con su educación debido a su embarazo, Amita está decidida a no dejar que su hija corra la misma suerte. “Quiero que el futuro de mi hija sea completamente distinto al mío”, dice Amita. “¡Quiero que pueda estudiar, tanto como ella quiera!”

En los catorce distritos más afectados por el terremoto, UNICEF está trabajando con el gobierno nepalí y otros aliados para el desarrollo para fortalecer la salud, educación, nutrición y las instalaciones y servicios de agua, salud y saneamiento para los más de un  millón de niños afectados por el terremoto, como Arpita.

Nepal un año después, el terremoto que se llevó a los mayores

Por Judith Escribano, responsable de comunicación en Age International,
apoya las relaciones de lobby e incidencia con HelpAge International.

Nepal es uno de los países más pobres del mundo. Una de cada cuatro personas vive por debajo del umbral de pobreza con menos de 1$ al día. Cuesta imaginarse como estas personas sin recursos afrontan las devastadoras que dejó el terremoto de abril 2015. Sin embargo, he visitado recientemente Katmandú para ver el estado del nuevo programa de asistencia ante una catástrofe, y he visto cómo estas personas están haciendo todo lo posible para recuperar lo perdido.

¿Por qué hubo tantas personas mayores que fallecieron en el terremoto de Nepal?

Al menos el 29% de las personas que fallecieron a causa del terremoto de Nepal de 2015 fueron personas mayores. Es un dato altísimo si tenemos en cuenta que solamente el 8% de la población de Nepal es “mayor”.

¿Por qué ocurre este enorme contraste?

Cuando el terremoto de magnitud 7,8 se produjo a las afueras de Katmandú el 25 de abril de 2015, Dupha tenía 85 años y se había quedado casi ciego a causa de unas graves cataratas. Tenía también problemas para poder oír como consecuencia de una larga enfermedad, que le había dejado también con dificultades para poder moverse. Ni siquiera había notado el terremoto; fue sólo cuando su hija mayor lo sacó de la casa cuando entendió la gravedad de la situación. “Habría podido morir en mi cama si no hubiera sido por ella”, cuenta.

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La situación de Dupha es más frecuente de lo que puede parecer. En realidad, su historia nos ayuda a entender por qué las personas mayores son particularmente vulnerables durante las emergencias y por qué tantas personas mayores han fallecido en el terremoto de Nepal.

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Me convertí en la primera mujer albañil de mi comunidad para ayudar en la reconstrucción

“He ganado confianza en mí misma, porque ahora sé que puedo hacer todo lo que me proponga siendo mujer. Aunque sigo encontrando barreras, la formación en albañilería me hizo sentir valiosa. Entendí que las mujeres son capaces de hacer lo mismo que los hombres”, cuenta Shrijana, una joven de 21 años que vive en el distrito de Dolakha, el epicentro del segundo terremoto que en mayo de 2015 sacudió Nepal.

Shrijana perdió de pequeña a su madre, pérdida a la que el año pasado se le sumó la de su hermano pequeño, por lo que tuvo que asumir pronto el papel de madre y encargarse de la economía familiar. Dejó la escuela pronto y a los 18 años se fue a vivir con su tío a Katmandú, donde consiguió un trabajo en una tienda. Gran parte de lo que ganaba lo enviaba a su familia. Pero, cuando su hermano murió, Shrijana decidió regresar a su comunidad.

“Me siento orgulloso de ser su padre. Aunque no puedo apoyarla en sus estudios, ella asume la responsabilidad de toda la familia. Con su ayuda, puedo cuidar de mis otras hijas”, explica el padre de Shrijana, de 54 años.“Es un modelo a seguir para toda la comunidad. Quiero ayudarla a hacer sus sueños realidad”, prosigue.

Shrijana posa frente a un edificio en obras, de cuya recontrucción es responsable.

Shrijana posa frente a un edificio en obras, de cuya recontrucción es responsable.

Sobrevivir al terremoto y aprender una nueva habilidad

Cuando el colosal terremoto golpeó Nepal el 25 de abril de 2015, Shrijana y su familia estaban trabajando cerca de casa. Su hogar resultó gravemente dañado, como muchos otros de la comunidad. La joven se enteró de la formación en albañilería que Plan International ofrecía en su pueblo y pidió ser incluida. Así, se convirtió en la albañil más joven del programa en su localidad.

“Al principio, los miembros de la comunidad me dijeron que era demasiado joven y que no estaba cualificada. Pero no me importó”, afirma Shrijana. “Hay otras 8 jóvenes albañiles en el programa, pero yo soy la más pequeña. Las otras  mujeres me consideran como su hija y me ayudan durante las sesiones de formación. Los hombres se burlaban de mí si no sabía algo o no era capaz de cargar cosas pesadas. A pesar de las burlas, seguía decidida a aprender con ellos”, declara.

Mujeres unidas

Con sus nuevas competencias en construcción, Shrijana construye un hogar transitorio para Krishna, de 76 años, y su marido, que está enfermo y no puede hacerlo por sí solo. La anciana pareja perdió su casa por culpa del terremoto. Tienen ocho hijos que van a visitarles a Dolakha, pero que viven en Katmandú el resto del tiempo.

“Estoy orgullosa de ella. Lo está haciendo muy bien y probando que es igual que cualquier hombre. Está llevando a cabo un duro trabajo. Nunca antes había visto una mujer albañil,” dice Krishna refiriéndose a Shrijina.

“Estoy orgullosa de mí misma. Ahora sé que puedo ser una persona mejor. Todas estas habilidades me ayudarán: utilizaré todo lo que he aprendido para construir mi propio hogar y también otras casas de mi comunidad,” dice orgullosa.

Shrijana y su familia posan frente a su casa, dañada por el terremoto de abril de 2015

Shrijana y su familia posan frente a su casa, dañada por el terremoto de abril de 2015

“Los niños y niñas son los más vulnerables a sufrir violaciones de sus derechos y continúan enfrentándose a desafíos mientras se recuperan de los terremotos: desde la falta de colegios seguros hasta violaciones de sus derechos, como el matrimonio, el trabajo y la explotación infantil. Se debe priorizar su protección”, afirma Concha López, directora de Plan International España.

Desde el terremoto de abril de 2015, Plan International ha proporcionado materiales de construcción de emergencia, incluyendo cabos y láminas de plástico, para más de 52.467 hogares. En los últimos meses, Plan International ha formado a 479 albañiles y carpinteros para trabajar en construcciones resistentes a terremotos. Estos profesionales ayudarán a construir 11.142 hogares transitorios y semi-permanentes.

En Nepal, escapar de una suerte incierta

Rescatan en la frontera a una niña de Nepal cuando estaba a punto de ser llevada a la India. Es una de entre los cientos de menores que se han salvado de la trata de seres humanos después del devastador seísmo del 25 de abril.

Por Naresh Newar, UNICEF

Sapana*, de 15 años, aún tiembla cuando piensa que estuvo a un paso de que la engañaran para llevársela a la India.

“Nunca olvidaré ese día en que casi cometí un terrible error debido a mi desesperada situación”, dice.

Sapana tenía solo 13 años cuando dejó de asistir a la escuela de su aldea de Chhatiwan, en el distrito de Makwanpur, Nepal, para ir trabajar a una fábrica de alfombras situada a 130 km de Katmandú con el fin de ayudar a mantener a su familia.

Las condiciones de trabajo en la fábrica eran atroces. Sapana trabajaba 16 horas al día, desde las 4 de la madrugada hasta tarde por la noche. Los patrones empleaban métodos crueles para mantenerlas despiertas cuando ella y sus compañeras se quedaban dormidas durante las horas de trabajo; por ejemplo, les ponían polvo de chile en los ojos.

Sapana estaba desesperada por escapar de la fábrica. Y no era la única. Muchas niñas como ella, que trabajan para mantener a sus familias pobres, también deseaban huir; algo que parecía imposible dado que los guardas las mantenían bajo estrecha vigilancia.

© UNICEF Nepal/2015/Newar

Sapana, de 15 años, estuvo a punto de que un hombre se la llevara a la India con la promesa de un trabajo © UNICEF Nepal/2015/Newar

La oportunidad

El seísmo que sacudió Nepal el 25 de abril fue devastador: acabó con la vida de miles de personas y dejó a muchas otras sin hogar y necesitadas de ayuda urgente.

Sin embargo, Sapana y sus compañeras de trabajo, cuya situación era ya desesperante, lo veían de otra manera, como una oportunidad. El edificio de la fábrica se había derrumbado y todas las niñas estaban refugiadas en un campamento cercano de tiendas de campaña: la huída parecía fácil.

Sapana y una colega de 18 años no se lo pensaron dos veces cuando un hombre comenzó a trabar amistad con ellas. En los días que siguieron, éste se ganó su confianza y les ofreció trabajo en Nepalgunj, una ciudad del distrito de Banke, en la frontera entre Nepal y la India. Les dijo que allí estarían a salvo del terremoto y que había oportunidades de trabajo en un hotel.

Pero Sapana comenzó a sentir pánico cuando llegaron a la frontera cercana a Nepalgunj, a unos 500 km al sur de Katmandú. Su nerviosismo al parecer era manifiesto en su rostro, porque un equipo de coordinadores fronterizos de la organización no gubernamental Maiti Nepal, aliada de la oficina de UNICEF en Nepal, se percató de su estado. Maiti Nepal se llevó a las niñas en detención preventiva y les dio cobijo.

Sapana facilitó información sobre la fábrica a la policía, con la que se pudo rescatar al resto de las niñas menores de edad que habían estado trabajando allí.

Mirando por la ventana del refugio de Maiti Nepal, Sapana dice: “Me da miedo pensar en lo que nos habría ocurrido de haber cruzado la frontera. Casi caí en la trampa. Pero al menos mi amiga y yo estamos seguras ahora. Eso me hace feliz”.

Un esfuerzo conjunto

Desde que acaeciera el terremoto el 25 de abril, Maiti Nepal ha logrado interceptar en la frontera entre la India y Nepal a 395 niñas y mujeres, la mitad de ellas menores de edad.

Sapana comenzará en breve a estudiar formación profesional gracias al apoyo de Maiti Nepal. Ha escogido la carrera de esteticista, con la que espera poder ganarse la vida.

Lo que más preocupa a Sabana en este momento es su hermana de 10 años, que continúa en la aldea.

“No quiero que corra la misma suerte que yo” dice Sapana. “Mi padre siempre me hizo sentir que no valía nada, hasta el punto de que tuve que tomar la decisión de dejar la escuela para ganar dinero. Así que me pregunto cómo puedo ayudarla a ella”.

Agradecida porque ahora está a salvo, Sapana se deshace en elogios hacia Maiti Nepal, que tanto se ha esforzado en rescatarla.

Es también una de las pocas que está agradecida por el seísmo.

“Mi huida de ese ingrato trabajo no habría sido posible sin el terremoto”, afirma.
*Se ha cambiado el nombre

Los ‘ocho miles’ de Nepal

Por Sara Escudero, delegada de Cruz Roja Española en Nepal

La delegada de emergencias Sara Escudero en el campamento base de Kalikasthan.

La delegada de emergencias Sara Escudero en el campamento base de Kalikasthan.

Otra fila más. Vuelve a llover. Primero tímidamente, después un fuerte chaparrón, mientras los voluntarios y voluntarias de la Cruz Roja nepalí nos preguntan, chapurreando palabras en castellano, si semejante diluvio se llama en España chirimiri como les dijo Ángel bromeando.

Otra fila más. Esperan pausadamente, sonrientes. Mientras se empieza a descargar un camión lleno de momentos de duro trabajo, evaluación de necesidades, datos, censos y mucha, mucha motivación.

Otra fila más, gente esperando en una fila perfectamente hecha llena de niños y niñas que ya han salido del colegio y que se enfrentan a un día lleno de aventuras por la carretera. Un día de gente a quien saludar y a quien sonreír. NAMASTE

¡Camión cargado! Ya estamos listos… Losas de cemento para la base de las letrinas, palos de bambú para la estructura, plásticos para unas paredes temporales y mucha ilusión. Magnifico proyecto de ingeniería para trabajar en un proyecto de vida: mejora de la salud y las condiciones higiénicas de la población. Metros de bambú y alambre al servicio de la arquitectura sostenible y mas importante aún.. al servicio de las personas. Nuestra fila es hoy nuestra particular montaña. Una ruta planeada que va ascender a un pico casi inalcanzable. Una cumbre que solo mi admirado Carlos Soria podría alcanzar, en su querido Nepal.

Se planea la ruta el día de antes y por fin amanece. NAMASTE. Miramos al tiempo como buenos montañeros, como los agricultores miran y esperan la lluvia. Si sale mal día tocará mojarnos. Pero depende de la ruta. Si hoy subimos a zonas muy inaccesibles, es posible que tengamos deslaves, que no podamos pasar o que pongamos en riesgo al equipo. Toca mirar al cielo cada mañana y admirar el mar de nubes con el que nos saludan al amanecer nuestras montañas. NAMASTE. Solo queda esperar y soñar con un día soleado, de los pocos que pueden aparecer en estos meses de intensas lluvias. Monzón… ¿Eres tú quien llama a nuestra montaña?

Y por fin llegamos, subimos alto y una gran fila de personas espera. FILA DE PERSONAS, no nos olvidemos. De gente que como nosotros mira al cielo, mira las nubes, siente y sonríe. Fila de personas que vive sus emociones al filo de imposible, que llora y ríe, que sonríe y asiente con la cabeza. Llegamos hoy a una de nuestras metas.

Volvemos a nuestra particular campamento base con la bandera ondeante de la Cruz Roja, sonrientes, satisfechos, con nuestras mochilas que salieron por la mañana cargadas con linterna, agua, víveres, chubasquero y ropa de repuesto y que vuelven cargadas de ilusiones, de fotos, de imágenes que estarán grabadas en la memoria para siempre y que al recordarlas esbozaran en tu cara una sonrisa. ¿Puede haber una conquista mas motivante que esta?

Y vuelve a caer la noche. Los días pasan demasiado rápido y casi sin quererlo el tiempo vuela, para lo bueno y lo malo. Y las nubes apenas dejan que podamos ver las estrellas, y tan solo la luna llena aparece por unos instantes para recordarnos que aunque no la veamos ella sigue ahí, velando por nuestros sueños. Y vemos las miles de comunidades a los pies de la ladera, en la cumbre de la montaña, en las faltas de la coordillera. Ellos también han encendido sus luces, siguen ahí, esperándonos con sus toldos plásticos y sus sonrisas. NAMASTE. Hoy la montaña parece el cielo, como dice mi compañero José. Miles de casas que parecen estrellas y que se agrupan por constelaciones: por la mañana serán las comunidades.

No hemos subido un ocho mil. Y las lluvias y las nubes tan solo nos han dejado ver un día las cumbres nevadas por solo unos minutos. No subiremos un ocho mil. Esta vez no. Pero las sonrisas que nos ofrecen cada día, bien valen la recompensa del esfuerzo de subir una montaña, de escalar las cumbres del mundo, los sudores de alcanzar el techo del planeta. Al final, al igual que los montañeros, recogemos la recompensa de la ilusión por alcanzar un objetivo: nuestro particular ocho mil.

Taller de promoción de higiene en un campamento de desplazados de Rasuwa.

Taller de promoción de higiene en un campamento de desplazados de Rasuwa.

Construcción de letrinas en un campamento de desplazados en Kalikasthan.

Construcción de letrinas en un campamento de desplazados en Kalikasthan.

Campamento de desplazados en Rasuwa.

Campamento de desplazados en Rasuwa.

El monzón ocasionará deslizamientos de tierra y bloqueará caminos como el que conduce a Rasuwa.

El monzón ocasionará deslizamientos de tierra y bloqueará caminos como el que conduce a Rasuwa.

Distribución de kits higiénicos en Rasuwa.

Distribución de kits higiénicos en Rasuwa.

Amanece en Kalikasthan (mi primera emergencia en Nepal)

Cristina Alcántara, delegada de Cruz Roja Española en Nepal

Cristina con Pablo y Elisardo en una carpa de Cruz Roja en Kalikasthan.

Cristina con Pablo y Elisardo en una carpa de Cruz Roja en Kalikasthan.

Un día nuevo comienza, esta vez con nuevos compañeros. La ilusión del equipo recién llegado contagia a quienes permanecemos con el vacío que deja la rotación anterior (hoy, amigos. Hoy, familia).

Comienza junio y con él se acerca el vencimiento de mi primer mes en Nepal con la Unidad de Saneamiento Masivo de Cruz Roja Española. Un mes de plenitud, de experiencias y vivencias que, si bien el tiempo idealizará, la memoria se encargará de no borrar y recordar a instantes las razones por las que ante una alerta de emergencia, la cabeza y el corazón me empujan a dar disponibilidad.

En estos treinta días desplegados en terreno, la Unidad de Saneamiento ha trabajado a contrarreloj para proporcionar asistencia de calidad en el menor tiempo posible a la población vulnerable más afectada por el terremoto y sus constantes réplicas. Formaciones en promoción de higiene y construcción de letrinas, reparto de kits de higiene, de módulos de cabinas para la construcción de letrinas temporales seguras, o difusión comunitaria de mensajes sobre saneamiento son sólo algunas de las actividades de diversa índole que dan valor a nuestra estancia en este lugar del mundo. Inmersa en toda esa actividad, se encuentra mi labor con la Unidad: la administración y el seguimiento de las finanzas de esta operación en terreno.

La decisión de venir a Nepal fue firme desde el momento que me ofrecieron la oportunidad para ello. Primer equipo. Primera emergencia. Infinitas ganas de poder aportar capacidad de trabajo a la operación, a la población. No obstante, la recepción familiar de mi decisión no fue tan bien aceptada, al menos en un primer momento. Emergencia. Fallecidos. Réplicas. Cifras. Imágenes. Miedos. Medios. Connotaciones no muy halagüeñas para quienes ven marchar a un ser querido a tal misión. Todo ello unido a un cierto grado de desconocimiento del ámbito de trabajo humanitario hicieron en su momento que la noticia fuera una bomba explosiva de sensaciones en la que siempre sobresalió la alegría de poder viajar al país del Himalaya. Hoy, comparten mi alegría por estar aquí desde la distancia. Las buenas sensaciones vividas y transmitidas acerca de mi día a día, de mis compañeros ya amigos, de la belleza del país, y del enfoque positivo ante situaciones complejas tornan a Nepal en un lugar ya no tan poco hogareño para ellos.

Dos delegadas de Cruz Roja evalúan un campo de desplazados en Bhaktapur.

Dos delegadas de Cruz Roja evalúan un campo de desplazados en Bhaktapur.

Ahora, con el sonido de fondo de los niños y niñas del hospital que acoge nuestro campo base hago balance de estas semanas. Días intensos en donde la dificultad del contexto no ha mermado nuestra capacidad de trabajo y las ganas de seguir en la brecha. Donde un Namaste y una sonrisa de nuestros niños y niñas y del personal local hace de por sí que merezca la pena estar aquí. Donde las diferencias no son tan inmensas si el paisaje se enfoca con un gran angular y el equipo que te rodea es tan excelente que su despedida te golpea de tal manera que el corazón vuelve a latir con más revoluciones de las que en los últimos meses lo había hecho.

En días en los que el cansancio empieza a hacer mella, la razón se divide entre estirar la cuerda y seguir VIVIENDO lo que en pocas ocasiones voy a poder sentir. Beber la emergencia a sorbos grandes ante nuevos cambios. Disfrutar del no sencillo panorama que me rodea, pero en el que encuentro muchos momentos de satisfacción. Huir del enfoque victimista o victorioso de los que aquí viven y de los que venimos a trabajar para y por ellos. Respecto a por qué quiero participar de esta y otras emergencias, a veces sólo lo puedo resumir en… por un empuje de las entrañas y una firme creencia de que cualquier esfuerzo por dar más opciones a las personas merece la pena. No es valentía. No es locura. No son ganas de experimentar. Es sólo vida. Vida y opciones.

Y aún sin fecha de salida pero visualizándola próxima, echando de menos a los que ya no están y a la familia, riendo con los recién llegados, intentando aprender algo de nepalí, conviviendo con el personal local y haciendo de la administración una labor con color…

AMANECE EN KALIKASTHAN CON LA SEGURIDAD DE QUE JUNTOS SUMAMOS, CIMENTAMOS LAS BASES DEL CAMBIO, DE NUESTRO CAMBIO Y EL DE LAS COMUNIDADES. NO SON ELLOS, SOMOS TODOS. Y nuestras decisiones individuales de acudir a apoyar a una Sociedad Nacional tras una emergencia, tienen su cabida en el futuro bienestar de aquellas personas más vulnerables que merecen retomar sus vidas con la mayor dignidad humana posible tras una gran catástrofe.

Un delegado de Cruz Roja camina por Bhaktapur, Nepal.

Un delegado de Cruz Roja camina por Bhaktapur, Nepal.

El dolor de recibir un golpe en una herida abierta

Faith Schwieker-Miyandazi, periodista de MSF

En el primer terremoto que golpeó a Nepal el 25 de abril, miles de personas perdieron a sus seres queridos, sus hogares y sus pertenencias. Muchos no tuvieron otra opción que tratar de recuperar lo poco que les quedaba y empezar a buscar la manera en la que reconstruir sus vidas. Gente como Basu Biri, que vive en Sindupalchowk y lo ha perdido todo, estaban empezando a asimilar el golpe y tratando de ver cómo salir adelante, pero de repente, como quien ataca por la espalda a alguien desarmado, llegó el segundo terremoto. Vuelta a empezar; “fue como recibir un golpe en una herida abierta”, me explicaba Basu Bari hace unos días. Edificios medio destrozados por el anterior terremoto terminaron de desplomarse y aquellas personas que ya estaban llenas de incertidumbre y confusión, empezaron a sentir un terrible pánico ante la posibilidad de que la pesadilla que estaban sufriendo no terminara nunca.

Niños dibujando durante una sesión de atención psicológica en Nampha en el distrito de Sindupalchowk . Nepal. Copyright: Kamini Deshmukh / MSF
Niños dibujando durante una sesión de atención psicológica en Nampha en el distrito de Sindupalchowk . Nepal. Copyright: Kamini Deshmukh / MSF

En las elevadas montañas del noreste y este de Nepal, nuestros equipos están llevando a cabo actividades de salud mental para tratar de ayudar a los afectados. Kamini Deshmukh, una de nuestras psicólogas, me cuenta que una de las principales actividades que realiza es la de ‘primeros auxilios psicológicos’. Su objetivo, dice, es mejorar los mecanismos de todas estas personas para que puedan enfrentar el trauma que han experimentado y ayudarlos a lidiar con sus miedos y ansiedades. Kamini también lleva a cabo sesiones grupales para hombres, mujeres y niños que están adaptadas a sus necesidades específicas.

“Yo intento presentar la realidad de lo que ha sucedido de una forma muy transparente y honesta”, me explica. “Eso hace que sea más fácil para las personas lidiar con la situación. Lentamente aceptarán la realidad y serán capaces de seguir con sus vidas. Sin embargo, hay que asumir para muchos va a llevar un tiempo empezar el proceso de recuperación”.

“Con los niños, empiezo por lo básico: explicarles qué es un terremoto”, continúa Kamani. “Los animo a decirme qué están experimentando y organizo actividades para que canten y dibujen. De sus dibujos, puedo extraer mucha información sobre lo que están pasando y en función de eso puedo tratar de ayudarles”.

La mayoría de las comunidades tienen sus propios mecanismos para lidiar con la situación. Algunos se reúnen para realizar actividades en grupo y otros comparten sus experiencias con familiares y amigos.

En Katmandú, otro equipo de psicólogos de MSF está llevando a cabo sesiones de grupo en el campo Chuchepati, que ofrece refugio a aquellos cuyas casas fueron destruidas o no son lo suficientemente seguras para vivir en ellas, así como a gente que tiene demasiado miedo como para regresar a su hogar.

Kumari Dhakal, una viuda de 85 años que ha sobrevivido a tres grandes terremotos: uno en 1934, y los dos de este año en abril y mayo. Las grietas en las paredes de la casa en la que vive de alquiler, y el miedo a experimentar otro terremoto, llevó a Kumari y a su hija a buscar refugio en el campo. Al escucharla hablar de lo que vivió en esos tres terremotos, uno se emociona fácilmente. Su rodilla le duele, le es difícil sentarse erguida; y ha perdido visión y capacidad de oír. Es difícil hacerse a la idea de lo complicado que tiene que ser para una mujer de esta edad el tener que dormir ahora en una colchoneta, tirada en el suelo en una tienda de campaña que comparte con otras tres familias.

Vista aérea de una parte del pueblo de Diol. Diol es una aldea situada entre montañas, donde el acceso a la salud desde donde uno tiene que caminar largas distancias para recibir asistencia sanitaria básica. Copyright: Brian Sokol / Panos Pictures
Vista aérea de una parte del pueblo de Diol. Diol es una aldea situada entre montañas, desde donde uno tiene que caminar largas distancias para recibir asistencia sanitaria básica. Copyright: Brian Sokol / Panos Pictures

Al menos, ahora que hemos instalado tanques de agua en el campo, uno siente que estamos haciendo algo útil. Kumari y su hija me confirman que tienen agua limpia para beber, pero su lucha ahora se centra en conseguir comida. “El principal problema que tenemos ahora es la comida. No tenemos arroz ni dhal,” dice Kumari. “Todos sobrevivimos con lo que podemos conseguir, ya que no podemos regresar a nuestras casas. Tenemos miedo de que colapse sobre nosotros. Vivimos con miedo”.

Más allá del campo de Chichepati, tiendas de campaña y refugios improvisados con lonas y láminas de plástico han sido erigidos en todo Katmandú. Allí, en uno de esos refugios improvisados, fue donde encontré a Basu Biru, el chico del que hablaba al principio de mi relato. “He perdido todo, amiga mía”, me contó la primera vez que hablamos. “Antes tenía una casa y ahora ya no tengo nada. Y mi padre, que estaba enfermo, acaba de fallecer. No creo que los 13 días de duelo tradicionales que se han decretado sean suficientes, pues el dolor que siento por dentro es demasiado grande”.

Ver la situación en la que se encuentra toda esta gente le hace a uno sentirse abrumado. Sentir que son personas como cualquiera de nosotros, que hasta hace unos días estaban viviendo tranquilamente sus vidas y que de repente lo han perdido todo, es lo que te hace comprender lo duro que resulta el verse afectado por un golpe de esta magnitud. Por eso, aunque no estemos ni mucho menos solucionando el problema tan grande al que se enfrentan, reconforta bastante el ver que de alguna manera, a través de las actividades que estamos poniendo en marcha nosotros y otras ONG que están sobre el terreno, estamos pudiendo ayudarles.

Terremoto en Nepal: “tenía tanto miedo que no podía comer ni dormir”

Por Mariana Palabra, UNICEF Nepal

Ganga Nepali se peina el pelo en medio del centro del campamento de personas desplazadas en Charikot, en el distrito de Dolakha. Esta niña de nueve años mira hacia el suelo tímidamente. Es la mayor de tres hermanos.

Jamuna, a la izquierda y Ganga. (@Unicef)

Jamuna, a la izquierda y Ganga. (@Unicef)

“Tengo una hermana muy especial. Pero yo soy la mayor”, dice. Por especial, se refiere a que su hermana es también su gemela.

“Es verdad. Nació solo unos segundos antes que yo. En realidad ella es la mayor, pero yo cuido de todos”, dice con mucha confianza Jamuna, la hermana de Ganga.

De hecho, Jamuna estaba en casa con sus hermanos y con su madre cuando el primer terremoto sacudió Nepal la mañana del 25 de abril. Jamuna mantuvo la situación bajo control. “Les dije que no se preocuparan y que, en cuanto la tierra dejara de temblar, salieran de casa”, recuerda.

Menos de tres semanas más tarde se produjo un segundo terremoto, cuyo centro se situó a tan solo 15 kilómetros de distancia de Charikot, donde se encontraba Jamuna, en casa de una amiga. “Tenía tanto miedo… Pensaba que la casa se me caía encima”, dice. Recuerda que pensaba: “No estoy con mis padres y voy a morir”.

Jamuna encontró a su madre, su gemela y su hermano pequeño sanos y salvos, pero no localizaban a su padre. “Cuando finalmente apareció, siete horas después, sentí una felicidad enorme”, dice con una gran sonrisa en la cara. “¡Pasaban tantas emociones por mi cabeza que ni siquiera podía hablar!”

Esa noche la pasó a la intemperie, en uno de los campamentos de la ciudad. Fue una noche interminable según lo que cuenta Ganga. “Tenía tanto miedo que no podía comer ni dormir”, dice. “No solté la mano de mi hermana en toda la noche, aterrorizadas con cada réplica”.

Desde entonces, Ganga y Jamuna viven en una tienda de campaña y asisten a uno de los espacios amigos de la infancia de UNICEF. Uno de los voluntarios que trabajan en este espacio es Kuisang Rumba, un famoso actor que aparece en videoclips nepalíes. A veces enseña a los niños sus mejores coreografías, mientras crea música con sus labios. Los extraños sonidos y sus movimientos consiguen que los niños se rían a carcajadas.

Jamuna es de las primeras en unirse para repetir los pasos del baile. Ganga solo les mira y sonríe tímidamente.

“En su primer día, muchos de estos niños eran tímidos, estaban asustados y mostraban bastante pasividad”, explica Kuisang. “Sin embargo, después de tres o cuatro sesiones de teatro y danza, la mayoría de ellos empiezan a participar, interactuar y unirse a mis bailes”.

Ganga disfruta el tiempo que pasa cada día en el espacio amigo de la infancia, pero quiere volver a su antigua vida. “Echo de menos mi colegio y a mi mejor amiga. Pero ahora no sé dónde está. No sé nada de ella desde el segundo terremoto”.

Jamuna está preocupada por el impacto emocional que el terremoto está teniendo en su hermana. Está cuidando de ella, de su hermano de cuatro años y de su madre, que tiene problemas con el alcohol y a la que hay que recordar constantemente que gaste el dinero en comida en lugar de en vino de arroz.

Jamuna tiene tantos sueños por cumplir… Tiene muchas ganas de volver al colegio. “Me encanta cantar, bailar y jugar en los espacios reservados para los niños, pero empiezo a aburrirme. Quiero leer y escribir. Echo de menos el pasado”, dice. “He escuchado que ser científico es algo bueno. Así que quiero estudiar duro y llegar a serlo en el futuro. Por favor, ayudadnos a volver al colegio”.

Las gemelas de nueve años, Jamuna y Ganga, junto a su familia en la tienda del campamento de refugiados por el terremoto en el distrito de Dolakha. (@Unicef)

Las gemelas de nueve años, Jamuna y Ganga, junto a su familia en la tienda del campamento de refugiados por el terremoto en el distrito de Dolakha. (@Unicef)