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Reflexiones de una librera Reflexiones de una librera

Reflexiones de una librera
actualizada y decidida a interactuar
con el prójimo a librazos,
ya sea entre anaqueles o travestida
en iRegina, su réplica digital

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Si tiene un ‘toy boy’ que lea a Somerset Maugham

Uno de los efectos secundarios de mi bibliofilia extrema es apoyar sin fisuras cualquier causa orientada a promover, incentivar o despertar el apetito lector en terceros. Vamos que, como en cualquier otra guerra, todo vale.

Pero eso es una cosa y otra que haya motivos tan inesperados o surrealistas que, cuando menos, me abomben el regio pelucón.

Por ejemplo, el otro día la Providencia Librera materializó ante mí a una reginaexlibrislandiana asidua que me disparó a bocajarro su particular ardid bibliófilo:

 

– Clienta: ¿Qué tal, Regina?- Regina: ¡Muy bien, XXX! ¿Y tú? ¿Te gustó El lamento del perezoso?

– C.: Mmmm, sí, pero tengo que reposarlo un poco, ya te contaré.

– R.: Uy, me intrigas. ¿Necesitas algo?

– C.: A ver cómo te digo esto… ¿Qué tal andas de adúlteras de novela?

– R.: ¿Perdona?

– C.: Mira. Mi prima está, ¿cómo te lo digo? Con un ‘toy boy’ en plan Madonna: dejó atrás hace un par de años los cincuenta, lleva casada 25 años y va y se lía con un chulazo de gimnasio de la edad de su hijo. ¡Y no veas que aires tiene! Así que en lugar de charletas morales he decidido hacerla leer una novela para que simplemente sopese las consecuencias de lo que está haciendo ¿sabes? ¡Que reflexione un poco, aunque sólo sea porque le está comiendo el suelo a regalazos!

– R.: Ahhh, bueno, pues… sí, nunca nadie me había pedido algo así, pero entiendo lo que pretendes hacer.

– C.: Lo que pasa es que tampoco quiero machacarla con un dramón en plan Madame Bovary, ¿sabes? Querría para ella algo ligero de leer, pero con lo que se identifique sin darse cuenta

– R.: Mmm, sí. Así que descartamos a Flaubert y, por lógica, La Regenta, Anna Karénina y la Therese Raquin de Emile Zola descartadas también…

– C.: Sí, sí, me temo que esas maravillas no son lo que necesitamos.

– R.: Pues entonces deberíamos centrarnos en las plumas más bífidas de los años 20, 30 y 40…

– C.: ¿Por ejemplo?

– R.: Pues mira, una opción sería Un puñado de polvo, de Evelyn Waugh. La reeditó RBA hace meses, y es una maravilla, aunque quizá demasiado agridulce.

– C.: ¡Claro! ¿Cómo no caí? Sí, la conozco, lo que pasa es que la trama da un giro para centrarse más en el marido, no?

– R.: Cierto… veamos…

– C.: Pero sí, sería algo así lo que busco…

– R.: ¡JULIA!

– C.: ¿Julia? No, se llama Marta.

– R.: No, mujer, que la novela Julia, de William Sommerset Maugham sería lo más aproximado a lo que buscamos que se me ocurre…

– C.: ¿El de El filo de la Najava?

– R.: Exacto. Que yo recuerde también trata el adultero en El Velo pintado, pero yo ahora apostaría por Julia, que en inglés se editó como Theatre.

– C.: ¿Y de qué va?

– R.: Pues plantea algo muy curioso: ¿Qué hay de real en quien nace para actuar? ¿Dónde acaba la actriz y empieza la mujer? El incisivo e inato don de W.Somerset Maugham moldea su respuesta a palabras en Julia, una diva del teatro londinense de mediana edad a punto de perderlo todo por un joven dandy. Fascinante perfil de quien, nacida para actuar y cautivar, pone la misma pasión en el escenario que en el amor y la venganza…

– C.: ¡Anda! Pero, ¿no hay película? Me suena muchísimo…

– R.: Sí, hace cinco años estrenaron Conociendo a Julia (Being Julia) que, por cierto, es una buenísima adaptación de la novela…

– C.: ¡Sí! Con Annette Bening y Jeremy Irons, ¿no? Joder, pues no sabía que era de Maugham…

– R.: Pues sí, y el libro es maravilloso, cargado de humor inglés, ironía y verdades. Por lo que me dices, plantea una situación muy similar a la de tu prima, sólo que al estar disfrazada la trama con el tema del artisteo no le va a cantar tanto a ella

– C.: Mmmm, sí, veo por donde vas. ¿Lo tienes?

– R.: Sí, justo hace unos meses Ediciones B lo reeditó en bolsillo, aunque me queda un ejemplar en balda en rústica

– C.: Mejor en bolsillo, que viaja bastante y así se lo lleva. ¡Gracias, mi reginaaaa!

 

Y se fue con el ejemplar en bolsillo de Julia, de William Somerset Maugham, y a mi me dejó pensando en cómo reaccionaría la tal Marta al descifrar entre líneas el mensaje de su prima.

Yo, la verdad, no sé cómo reaccionaría… Pero lo que sí sé es que horas después me teníais revisando compulsivamente mi biblioteca en busca de motivos e intenciones ocultos en libros que en su día me regalaron para forzarme a leerlos. Dos horas después estaba desquiciada y al borde del colapso emocional…

Y vosotros, reginaexlibrislandianos de pro, ¿leísteis Julia, de Somerset Maugham? ¿Y algo del escritor? ¿Qué libro le hubiérais sugerido vosotros a mi clienta? ¿Alguna vez regalasteis libros con intenciones veladas? Y a la inversa, ¿descubrísteis intenciones veladas en libros que os regalaron en según que circunstancias?

Y no sin antes sugeriros la lectura de la maravillosa Julia, de Somerset Maugham, me retiro a mi laberinto de anaqueles para dejaros a solas con el trailer de Being Julia:

 

¿Y si Mark Twain fuera guía turístico?

Cuando una lo que moja en el primer café mañanero es la edición en español de las crónicas que hace siglo y medio envió Mark Twain a un periódico de San Francisco para el que cubría el primer crucero turístico de norteamericanos al ‘Viejo Mundo’ y ‘Tierra Santa’ puede decir que literalmente se ha desayunado la mejor noticia imaginable para una bibliófila marktweiniana.

Así que aquí lo tenéis: mi flamante Guía para viajeros inocentes (Ediciones del viento,624 páginas) ha eclipsado a la todopoderosa y sacrosanta magdalena de arándanos regina que horas después languidece intacta en su plato. En cambio, mi ejemplar de la que fue en vida de Mark Twain su obra más vendida (70.000 ejemplares solo en el primer año de su lanzamiento, allá por 1869) ha dado más vueltas que la rueda de una barcaza del Mississipi en tiempos de Twain.

Y es que yo, que hasta ahora me veía obligada a recomendarla en su inglés original –The Innocents Abroad, or The New Pilgrims’ Progress-, por fin podré hacer circular entre quienes solo leen en castellano una de las grandes desconocidas de un titán de las letras estadounidenses, porque a día de hoy sigue siendo una de las guías de viaje más utilizadas por quienes se vienen de turismo a Europa y que, ya puestos, se dejan caer por Jerusalén y El Cairo.

 

 

¿Por qué? Sencillo: al don natural de Twain para convertir en Literatura todo lo que escribía, se unen una agudísima capacidad de observación y análisis, la lucidez de quien sabe mirar desde la perspectiva adecuada incluso a sus contemporáneos y, como no, un sentido del humor a prueba de huracanes, tormentas y tornados que garantiza la carcajada a cada salto de página.

 

 

Inmensamente curioso, culto, pícaro, socarrón y programado para sacarle punta al mismísmo mástil, imaginaros a un tal Samuel Langhorne Clemens, alias Mark Twain, que en 1867 embarca junto a un grupo de turistas y peregrinos al que será el primer crucero turístico que venga del otro lado del charco y que hará escalas en los escenarios clásicos del mediterráneo (España, Italia, Grecia, Egipto, etc), por lo que será testigo de excepción del choque cultural entre los engreídos y enriquecidos pobladores del Nuevo Mundo y sus remotas raíces aquí, en la Vieja Europa, con sus rudos y acartonados pobladores.

Nada ni nadie escapa en Guía para viajeros inocentes de la caricaturización en estado puro, ni si quiera el propio Twain, que es el primero en reírse de sí mismo, pero tampoco los lugares de referencia cultural europeos ni alguna de las siete maravillas del mundo. Y ese es precisamente el secreto de su éxito, de su brillantez y de su atemporalidad. Quizá por eso si no publico este post reviento: que quien no se lo lea lo haga porque no quiere, no porque no sepa de él. Regina Dixit.

Y vosotros, reginaexlibrislandianos de pro, ¿leísteis Guía para viajeros inocentes? ¿Conocíais el libro? ¿Qué os parece? ¿Y Mark Twain?

Español para ‘guiris’ con Manolito gafotas y La Tesis de Nancy

En mi librería cualquier instante encierra el germen de una anécdota bibliófila o, cuando menos, de una charla literaria. Más allá de estar literalmente enterrada en cientos de volúmenes y de corretear por entre mis anaqueles con más polvo en un solo mechón de mi pelucón que en una carreta atestada de peregrinas rocieras eso es lo que adoro de mi día a día en reginaexlibrislandia: que absolutamente todo gira en torno a los libros y la literatura.

Y no sólo eso, las otras vueltas de tuerca que le buscamos a las cosas nos llevan a establecer unas conexiones bibliófilas gloriosamente imprevisibles.

Por ejemplo, hace unas horas se adentró en mis confines una jovencita que, aferrada a una carpeta y parapetada tras sus inmensas gafas de sol, deambuló un rato por las baldas de clásicos hasta que giró sobre sus pasos y enfiló mi escritorio:

 

– Clienta: Buenos días- Regina: ¡Hola! ¿Qué tal?

– Clienta: Bien, ¿y usted? Verá. Soy estudiante de espagnol y quier leeg un libro en el que se cuenten cosas de la espagna, pero no sé cuál.

– Regina: Ah, ya veo. Pues tu español es muy fluído

– C.: Ggacias, mi pgoblema es que me cuesta leeg. También en fgancés, mi lengua

– R.: Mmmm, ¿no te gusta?

– C.: No mucho, y soy pegezosa. Pensé en algo para niños paga empesag, y que me enseñe cosas de su país

– R.: Sí, puede ser una opción. Déjame pensar…

– C.: Pego tampoco quiego cuentos, ¿sabe? Algo entgeteniddo

– R.: ¡Lo tengo! ¿Sabes algo de Manolito Gafotas?

– C.: ¿Quíen? ¡No!

– R.: Manolito gafotas es un personaje de Elvira Lindo que protagonista una serie de libros teóricamente infantiles, pero que aquí leemos todos.

– C.: ¿Y de qué va?

– R.: Pues el tal Manolito Gafotas es un niño regordete y travieso que vive en Carabanchel, un barrio de Madrid. Y básicamente es su vida allí con su familia, sus amiguitos, su colegio, su barrio… Es tremendamente divertido y muy sencillo, y toda una lección de cómo somos los niños aquí, en España.

– C.: Sí, sí, algo así busco.

– R.: Otro que se me ocurre es La Tesis de Nancy, de Ramón J. Sender. Quizá un poco más complicado en cuanto a vocabulario y demás, pero divertidísimo y muy revelador de una parte de España.

– C.: ¿me cuenta más?

– R.: Pues es un retrato de la ‘España cañí’ o ‘profunda’ vista por una estudiante norteamericana que pasa una temporada en un pueblo de Andalucía. Además de que es divertido y que es buenísima narrativa en Español, te vendría bien porque el autor juega con los ‘bailes’ de vocabulario entre lo que decimos los españoles y lo que queremos decir a veces, o las frases con doble significado que la pobre Nancy siempre interpreta en sentido literal y, claro, se pierde o no comprende bien a los Españoles.

– C.: ja, ja, ja, sí, eso ya lo estoy viviendo yo. ¿Los tiene?

Y se llevó los dos libros, Manolito Gafotas y La Tesis de Nancy, y yo me quedé con la mirada clavada en mis anaqueles reflexionando sobre si mi sugerencias y su elección fueron acertadas. Y, sinceramente, seguro que hay miles de libros más que le irían al pelo a la muchacha, pero algo en mi instinto bibliófilo me dice que mucho no erré el tiro bibliófilo.

Además, entre vosotros y yo os diré que fue mi pequeña venganza como ‘manologafotista’ nata, ya que si cuando exportamos Manolito Gafotas al extranjero nos lo edulcoran y descollejan que al menos los extranjeros que lo lean aquí en español lo hagan en todo su esplendor elviralindoniano…

Y en cuanto al título de Ramón J. Sender deciros que, si aún no lo habéis leído, lo hagáis cuanto antes:

Y vosotros, reginaexlibrislandianos de pro, ¿qué lecturas le hubierais sugerido a esta clienta? ¿Leísteis Manolito? ¿Y La tesis de Nancy? ¿Qué os parecen? ¿Cómo llegasteis a ellas?

NOTA DE REGINA EXLIBRIS: ¿Cómo interpretaría una yankee de ventipocos la España ‘profunda’ de finales de los 50? Para contárnoslo y doblarnos a carcajadas Ramón J. Sender escribió La tesis de Nancy (Casals, 9,80 euros), una novelita epistolar en la que Nancy escribe a su prima Betsy sus aventuras en Alcalá de Guadaira mientras se documenta para su doctorado. Sus forcejeos con el lenguaje -especialmente con los piropos-, el idilio con el gitano Curro y su desconcierto ante un país costumbrista, contradictorio y folklórico son la hilarante forma en que Sender dibuja el trágico inmovilismo de una España vista desde la distancia del exilio. Imprescindible.

Capote en Un cadáver a los postres

Cuando tres de las cosas que más me gustan convergen en un mismo punto mi pelucón irradia más destellos luminosos que el Faro de Alejandría en sus mejores tiempos. Así que cuando mi haz de luz sensorial se topó hace años con Truman Capote, una trama de intriga detectivesca y una parodia inteligente casi me inmolo de emoción contenida frente a la pantalla que me proyectaba la mítica Un cadáver a los postres (Murder by death).

Nadie me había advertido de que aquella curiosa película de 1976 con un reparto de escándalo era lo que en efecto es: una gloriosa comedia policíaca que esconde una brillante disección del género detectivesco a través de los clásicos de tinta hechos celuloide. Risas, risas y más risas, palabra de Regina.

Pus bien, llevaba años sin pensar en ella hasta que hace unas horas un reginaexlibrislandiano asiduo me la despertó de su letargo mental. Hablábamos, como no, de la literatura de Capote, de cómo reinventó el periodismo literario con A Sangre fría o le dió una nueva dimensión al arte de perfilar personajes a palabras en sus Retratos:

 

– Cliente: Sí, me impactó sobre todo el perfil de Marlon Brando en su hotel de Japón mientras rodaba Sayonara. O Marilyn Monroe…- Regina: La verdad es que para eso Capote tenía un don.

– C.: Con la lengua bífida que tenía fijo que si vive ahora hasta tendría su propio talk show, ¡ja, ja, ja!

– R.: Mmm, pues tal y como está el patio catódico no sé si me gusta la idea…

– C.: Lo que me extraña es que no escribiera algo para el cine, ¿no?

– R.: Pues yo creo que no, aunque algún cameo sí que hizo.

– C.: ¿Un cameo? ¿Capote?

– R.: Si, en una comedia buenísima llamada Un cadáver a los postres, o Murder by death, de 1976. Y, bueno, fue más que un cameo: le nominaron a los Globos de Oro como mejor actor secundario…

– R.: Alucino…

– C.: UY, pues hazte con ella, es una de mis favoritas. Es suna parodia de las tramas clásicas de intriga detectivesca, pero muy bien hecha y con un repartazo.

– C.: No me digas que Capote es el mayordomo…

– R.: ¡Ja, ja, ja! No, verás, Capote es Lionel Twain, un excéntrico millonario que organiza una cena en su mansión e invita a la élite de los investigadores: Sidney Wang de China, Dick Charleston de Nueva York, Jessica Marbles de Inglaterra, Milo Perrier de Bélgica y Sam Diamond de San Francisco. ¿Te suenan?

– C.: Sí, pero ¿no les cambiaron los nombres?

– R.: ¡Claro! Son parodias de Miss Marple, Hércules Poirot, Sam Spade, Nick y Nora Charles, y Charlie Chan con sus inseparables ayudantes…

– C.: ¡Tiene un pintón! ¿Y quienes actúan?

– R.: Pues junto a Capote ni más ni menos que Peter Sellers, David Niven, Peter Falk, James Coco, Elsa Lanchester, Maggie Smith, Alec Guinness, Eileen Brennan, Nancy Walker, James Cromwell y Estelle Winwood, orquestados Neil Simon.

– C.: Pues sí que es todo un cartel, sí. Iré a buscarla, que con estos calores una buena carcajada nocturna no viene mal, y si de paso veo a Capote ‘en vivo’ mejor que mejor…

– R.: !Pues ya me contarás qué tal!

Y se fue con la promesa de volver en un par de días a conterme qué tal su visionado de Un cadáver a los postres. En cuanto a mi me ha entrado el apretón de verla de nuevo y, de paso, de releerme algo del mítico Sam Spade de Dashiell Hammett… Así que, además de un rato divertidísimo igual la película logra despertar a alguien más el apetito lector por los mejores sabuesos de tinta.

De momento y como homenaje regino aquí os dejo el tráiler original de Un cadáver a los postres, para abrir boca:

 

Y vosotros, reginaexlibrislandianos de pro, ¿Visteis Un cadáver a los postres? ¿Qué os pareció? ¿Os gusta la literatura de Capote? ¿Leísteis intrigas protagonizadas por Miss Marple, Hércules Poirot, Sam Spade, Philip Marlowe o Charlie Chan?

¿Tiene el libro nosequé de un lenguado, de un tal Turrell?

En mi mundo articulado en baldas, lomos y tinta impresa el libro es, naturalmente, el rey. Y yo la reinona consorte. Pero en el otro, ese que se desarrolla más allá del umbral de reginaexlibrislandia, el ser humano es un prodigio andante en torno al que todo lo demás gira. Por eso cuando ambos universos confluyen esta librera se atusa el pelucón y se retira a un discreto segundo plano bien aferrada a sus prismáticos binoculares para observar el baile. Y hay ocasiones en que, sinceramente, esas interactuaciones son gloriosas.

Por ejemplo, la de hace un par de días. Acechaba la hora de echar el cierre cuando se adentraba en mis confines un caballero de unos cuarenta años impecablemente embutido en su impecable traje azul marino de impecable corte. Parecía nervioso:

– Cliente: Essstooo, ¡buenas!- Regina: Hola, ¿qué tal?

– C.: Bien, bien…. todo bien. Sí.

– R.: ¿Puedo ayudarle en algo?

– C.: A ver, ¿tienes el libro nosequé de un pescado?

– R.: ¿perdona?

– C.: ¡No, no no… de un lenguado, nsequé de un lenguado!

– R.: ¿Alguna pista más?

– C.: Mmmm, no. Bueno sí, creo que es de un tal Turrell.

– R.: A ver, vayamos por partes. ¿Es de cocina?

– C.: ¡No, no, no! Es un libro de leer, vamos, una novela. Ayer en un bar dos tipos hablaban sobre ella y sonaba bien, divertida…

Aquí activé el modo ‘rendimiento extremo’ en mi pelucón librero, cerré los ojos y proyecté el haz de luz de todo mi bagaje de letras sobre esas dos huellas en la nieve: lenguado-turrell, lenguado-turrell, lenguado-turrell, lenguado-turrell…

De pronto, ¡DING! sonó mi campanilla mental:

– Regina: ¿Puede ser Durrell, en lugar de Turrell?

-Cliente: Ah, mira, pues sí, puede ser Durrell.

– R.: Entonces el que buscas es este: FILETES DE LENGUADO

– C.: ¡Exacto! Sí, sí, sí, sí. Eso es, Filetes de Lenguado, de Durrell.

Y se llevó ese pequeño artefacto narrativo llamado Filetes de Lenguado, editado por Alianza, y estructurado en seis gloriosos relatos 100% Gerald Durrell, el fabuloso estudioso y amante de los animales y la naturaleza, y autor de maravillas como Mi familia y otros animales y Bichos y demás parientes, entre otras muchas…

Y vosotros, queridos, ¿leísteis al gran Durrell (ejem, Turrell para los amigos)? ¿Conocíais su Filetes de lenguado? Si es que no, por favor, ¡haceos con un ejemplar!

Por cierto y ahora que nadie nos oye: creo que desde ya cada vez que piense en Durrell (Gerald, no Lawrence Durrell, su hermano mayor y autor del impresionante Cuarteto de Alejandría) mi pelucón recordará al impecable caballero de impecable traje azul de impecable corte…

Myra Breckinridge, o cómo ser una voraz dominatrix

Ahora va a resultar que también tengo alma de telepredicadora. Hala, otro yo para sumar a mi gloriosa troupe de identidades apelotonadas en este cuerpecillo de humilde librera anclado a la realidad por mi pelucón.

Pero es que ayer comprobé que, cuando se trata de hablar de algunos libros, se apagan las luces generales de reginaexlibrislandia y mientras un foco me abrasa las retinas bajo mis pies asciende un púlpito de quita y pon y aparece a mi chepa un coro de gosppel con túnicas púrpura idénticas a la que yo, de pronto, luzco. Entonces me disparo y suelto mi sermón con la seguridad del que se sabe en posesión de la Verdad, y mi verborrea apasionada cae a cántaros sobre el improvisado cliente-feligrés que aguanta el chaparrón entre desconcertado y temeroso hasta de carraspear.

Pero queridos, es que hay libros que es pecado dejar de leer según los cánones de reginaexlibrislandia. Y ayer:

– Clienta: Buenos días, a ver si me puede ayudar.- Regina: Para eso estamos, dígame.

– C.: Resulta que un amigo está inmovilizado con las dos piernas rotas y quiero que lea. Siendo optimistas creo que se habrá leído dos o tres libros en su vida, y quizá este sea el momento de captarlo… pero no se me ocurre con qué, la verdad.

– R.: Esto suena a reto, ¿qué le gusta a él?

– C.: Verás, es fanático de Almodóvar, de sus personajes, de su acidez, de su humor y de los ambientes que recrea.

– R.: ¿Sabes si leyó Patty Diphusa, el de Almodóvar?

– C.: Si, ese precisamente es uno de los que devoró y al que vuelve sin parar. Algo así sería lo que busco…

– R.: Entonces sin duda llévale Myra Breckinridge, de Gore Vidal.

– C.: Ah, no me suena para nada. ¿De qué va?

Y ahí fue cuando se abrió la veda de mi momento-telepredicadora:

Es la primera parte de la saga protagonizada por Myra-Myron, el transexual más glorioso de la literatura, de la mano de un Gore Vidal en plena forma que deja a su amazona suelta en el corazón de la maquinaria hollywoodiense para pulverizar estereotipos desde dentro y pisotear con su taconazo de aguja todo atisbo de comportamiento moraloide, decente y educado.Myron es insulso, acartonado y mojigato como la América pre-Watergate en la que vive. Myra es impetuosa, voraz, excesiva y egocéntrica, como el dorado Hollywood que anhela, ahora eclipsado por la maldita televisión.

Para reinstaurar lo que ella considera el ‘orden natural’ en el que el cine ha de volver a ser lo que era y para emprender su ascensión al olimpo de las deidades de celuloide, Myra necesita rehacerse a sí misma en Copenhague a golpe de bisturí, la peluca adecuada, un buen fondo de armario y la supremacía hormonal del cuerpo que comparte con Myron y que de vez en cuando emerge para exasperarla.

Ella es ingeniosa, provocadora, divertida, corrosiva, irreverente, extrema hasta el delirio, salida como una perra, más femenina que cualquier mujer y, a ratos, más masculina que un hombre con atributos. Y lo mejor: es un personaje que sabe lo que quiere y va directa a su objetivo como un obús.

Myra está por encima de estereotipos e identidades sexuales y por eso fue un auténtico escandalazo a finales de los sesenta, cuando se publicó. Seis años más tarde Vidal regalaría al mundo su secuela, Myron, una ración más de su delicioso veneno.

Lo que si fue un auténtico fiasco fue su adaptación al cine que salvando algunos aciertos en el reparto logró masacrar todos los grandes momentos de la novela, que son muchos.

Entonces el coro de gospel irrumpió con su chorreo de voces, la intensidad del cañón de luz fue debilitándose y mi púlpito comenzó a descender hasta que, ¡zas! todo volvió a la normalidad en reginaexlibrislandia.

Mi clienta se llevó dos Myra Breckinridge (uno para su amigo y otro para ella) y yo me apresuré a reponerlos, queridos, porque es un libro que tiene que estar en mis baldas.

Y vosotros, queridos, conocéis a la gloriosa Myra Breckinridge? ¿Qué os parece? Y a los que no os hayáis topado con ella aún os sugiero que lo hagáis… aunque sólo sea para despertar a la Myra que todos llevamos dentro.

Y como la mismísima Myra dijo:

Si hay algo que detesto más que un tropismo es una viscosidad

.

De risas Con El Pequeño Nicolás…

Hay días en que amanezco milenaria, como si alguien me hubiera cardado el pelucón con una laca que condensara todos los pecados y dolencias espirituales de la humanidad.

Su peso es tal que literalmente me va aplastando, y a eso de media mañana deambulo por reginaexlibrislandia como un alma en pena, todo pelambrera y dos piececitos sobresaliendo tímidamente por debajo como cabezas de tortuga.

Mis movimientos se ralentizan y me cuesta un imperio realizar la más sencilla de las tareas.

Así estaba yo hoy, tratando de decidir cómo cauterizarme la melancolía y desembotarme los sentidos, si con café intravenoso o una tortilla de aspirinas, cuando opté por aliviarme con una prescripción librera de las mías: ¡Ojo! Con el pequeño Nicolás, la primera de una serie de aventuras inéditas del pequeño tunante galo creado por ese tándem inmenso del humor francés: René Goscinny y Jean-Jaques Sempé.

Hacía días que me llegó el pedido a reginaexlibrislandia, pero no me había parado a ojearlo.

Regina, me dije, deja que Nicolás te levante el día.

Y así lo hice. Me atrincheré en mi mesa y me olvidé del mundo… Nicolás me hablaba y oía gritar a Clotario, soltar mamporros a Eudes, zampar sin tregua a Alcestes. Correteaba con ellos por el patio del colegio huyendo de El Caldo cuando una voz me devolvió a la librería:

– Cliente: Disculpe, llevo un rato observándola…

– Regina: Uy, perdone, ¿puedo ayudarle?

– C.: No, es que veo que no para de reír y me preguntaba qué es lo que está leyendo.

– R.: Pues Una aventura de El Pequeño Nicolás, no sé si lo conoce

– C.: Pero, ¿eso no es para críos?

– R.: Bueno, depende. Yo siempre lo recomiendo para peques, pero también creo que es para todos… es un cocktail explosivo de humor, ternura y travesuras absolutamente delicioso. Yo los leía de pequeña y, ya ve, de vez en cuando vuelvo a ellos. Este en concreto lo acaban de editar en españa.

(El caballero desliza su mirada de mi cara al libro que tengo en las manos entre escéptico y curioso)

– C.: ¿Y realmente es tan gracioso?- R.: Imagino que no para todos, pero a mi me encanta. Léase algún capítulo y decida usted…

– C.: La verdad es que no tengo prisa, ¿me lo presta un segundo?

Al final se llevó ese y otros tres previos: El pequeño Nicolás; Las vacaciones del pequeño Nicolás y Los amiguetes del pequeño Nicolás. Mientras cogía su paquete me me dijo:

. Pero son para mis nietos, ¿sabe?

Aunque me guiñó un ojo antes de desaparecer…

Y a vosotros, queridos, ¿os gusta El pequeño Nicolás? ¿Qué leéis cuando os asalta la melancolía?

Ménage à trois con Woody Allen y Groucho Marx

Siempre tuve una ajetreadísima vida interior. Cuando la realidad me cercaba y no tenía un libro por el que escaparme solo tenía que activar la regina ex-libris automática, programada para parpadear cada dos segundos y emitir algún que otro ‘A-ha’, ‘M-hm’ de forma aleatoria y, ¡ta-chán! podía seguir a lo mío, como una reinona.

Pero ahora, queridos, eso se acabó. En la librería nada de desdoblarme. Allí soy yo en todo mi esplendor y con todas mis sombras. Y esta Regina hoy decidió que reginaexlibrislandia era no una sucesión de baldas a reventar de libros, sino un hotel con aspecto de corrala donde escritores y personajes pasaban largas temporadas.

 

Y ahí estaba yo, la gobernanta, observándoles y reflexionando, como no, sobre el mejor modo de asignar las habitaciones, cuando llegaron dos huéspedes de excepción: Groucho Marx y Woody Allen.

Primero se presentaron ellos y, después, registraron a sus acompañantes.

Con el señor Groucho llegaron Camas, Groucho y yo, Memorias de un amante sarnoso, Groucho&Chico, abogados y Las cartas de Groucho.

Apenas a dos pasitos por detrás de Allen aparecieron Pura Anarquía, No te bebas el agua, Cuentos sin plumas, Adulterios, La bombilla que flota, Delitos y Faltas, Manhattan, Hannah y sus hermanas, Cómo acabar de una vez por todas con la cultura, Balas sobre Broadway, Annie Hall, Interiores, Maridos y mujeres, Misterioso asesinato en Manhattan, No te bebas el agua, Perfiles, Recuerdos, Sueños de un seductor, Todo lo que usted quiso siempre saber acerca del sexo y Zelig.

Una vez despachado el papeleo llegó la hora de asignarles estancias. Allí estaban ellos, dos hombrecillos minúsculos de talentos titánicos acodados en mi mesa y observándolo todo con ansia voraz y nerviosa.

Regina, tesoro, me dije, ¿dónde les pongo, en cine o en narrativa?

Debieron leerme la mente, porque se abrió la veda y me entregué sin reparos a un ménage à trois cinéfilo-literario con Woody Allen y Groucho Marx. ¿Son del celuloide o de literatura? ¿Guiones a cine? ¿Relatos a narrativa? ¿Reflexiones a filosofía?

He de reconocer que yo era la más moderada en las opciones que planteaba.

– “¿Y en Cocina, señorita? Hacemos tragable lo intragable, como una buena salsa”, sentenció Groucho bajo su bigote de pega.

– “A mi no me importaría ir a Manualidades-Papiroflexia… Siempre tuve tendencias origámicas”, dijo Allen a media voz.

La súbita irrupción de Kafka en batín y ligeramente alterado aceleró la decisión.

De momento, Groucho y Allen se han quedado en narrativa. Pero, ¿dónde los buscaríais vosotros?

En cuanto a Kafka, necesitaba un ungüento para su compañero de cuarto, Gregorio Samsa, que según parece no se hace con la distribución de los muebles y se está escorando la espalda a golpes con la esquina de la mesa, el pobre.

Si me perdonais, voy a Narrativa-europeos a darles su cataplasma.