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Por qué leer David Copperfield de Charles Dickens SÍ o SÍ

Enterrada como estoy entre libracos en Reginaexlibrislandia os aseguro que, lejos de experimentar síntomas de asfixia o librofobia, mi apetito lector es cada vez más voraz.

(The Song of Songs, 1933 /Paramount)

(The Song of Songs, 1933 /Paramount)

El único efecto secundario que detecto en mi bibliovida es cierta angustia por no tener más horas al día para atiborrarme sin tregua de literatura y, ya que estamos, otro par de ojos incrustados en el pelucón para traginarme ejemplares a pares.

Y no hablo solo de nuevas novelas y autores, sino también de relectura de según qué títulos para mi magistrales. Los veo cada día en mis baldas y ahí, si me empeño y no se me ha ido la mano con el café, hay días en los que incluso puedo contenerme.

Pero cuando los prescribo a reginaexlibrislandianos asiduos o esporádicos la bibliohiena que hay en mi pulveriza los grilletes y se abalanza sobre el ejemplar .

Así que ahora me pilláis plácidamente saciada de Literatura y en plena sobremesa post-atracón del David Copperfield, de Charles Dickens.

Y todo por una reginaexlibrislandiana asidua que me visitó a primera hora:

Clienta: Hola, Regina

Regina: ¡Ah, buenos días! ¿Qué tal?

Clienta: Muy bien. Verás, llevo tiempo relegando un libro de Dickens y necesito un empujoncito para saldar esa deuda. Mi sobrina ya se lo ha leído, la veo la semana que viene y no quiero decirle que no he podido ni empezarlo.

Regina: ¿Qué Dickens es?

Clienta: Pues… David Copperfield.

Regina: ¿David Copperfield? ¡NOOOO!

Clienta: Sí. ¡Yo qué sé, Regina! me gusta Dickens, pero no me arranco…

Regina: Mmmm pues te voy a decir por qué deberías leerte David Copperfield sí o sí, querid@. Sobre todo en la impecable edición de Alba Clásicos.

Y aquí empezó mi argumentario davidcopperfieldiano ejemplar en mano:

David Copperfield

David Copperfield

Con fuertes matices autobiográficos David Copperfield narra las aventuras y desventuras de un muchacho desde su infancia hasta la edad adulta, en la Inglaterra rural y el Londres del s. XIX.

Es una sucesión de vívidos fotogramas de sus desgracias y -contadas- alegrías de infancia y juventud, de las largas jornadas en una fábrica, del trabajo en un bufete de abogados, de sus primeros pasos como corresponsal y escritor, y de sus primeros escarceos amorosos.

Tiene tanto del propio Dickens que él mismo reconoció que David Copperfield era su alter ego y su «hijo predilecto» literario. Y ojo queridos que fue no sólo la novela preferida del propio Charles Dickens, sino que fue libro de cabecera de titanes de las letras como Henry James, Dostoievski, Tolstoi, Virginia Woolf, Joyce, Kafka, Césare Pavese e Ítalo Calvino, e incluso de Freud.

Desde su publicación primero por entregas entre 1849 y 1850, y editado en un volumen en 1950, ha batido récords en ventas y en lectores, y ha sido adaptado a todos los formatos imaginables (cine, serie televisiva, teatro, musical, etc) porque cautivó a prácticamente todo aquel que leyó el texto original.

Y lo sigue haciendo porque, una vez se adentra uno por sus páginas, es muy difícil sustraerse al hechizo de una fórmula literaria magistral que lleva las dosis justas de melodrama y de comicidad, de ironía y de realismo, de crueldad y de ternura, a través de una gloriosa galería de personajes entre los que destacan, aparte del propio David Copperfield, su tierna y vehemente tía Betsey, el excéntrico señor Micawber, siempre sin blanca y siempre al filo del abismo, la enamoradiza e inocente pero tozuda y hogareña Agnes Wickfield y el escurridizo, corrupto y maquiavélico Uriah Heep.

(Mr Micawber / Bradbury and Evans, 1850)

(Mr Micawber / Bradbury and Evans, 1850)

Un mosaico vívido, divertido y cruel, que es una lección de vida, que tiene parte de cuento de hadas, parte de relato de iniciación y parte de denuncia social al más puro estilo Dickens y que, a pesar de sus más de mil páginas se lee de forma vertiginosa obligándote a pasar de una emoción a otra en cuestión de líneas.

Y por si eso fuera poco decir que, de entre las 989 criaturas de tinta creadas por Dickens, él mismo eligió a David Copperfield como su personaje e historia favoritos es mucho decir, ¿no, querid@?

Y así cerré mi vomitona davidcopperdfieldiana.

Mi reginaexlibrislandia no titubeó y se fue de mis confines con su flamante ejemplar de David Copperfield (Alba Clásicos) bajo el brazo y, según ella, directa a empezarlo.

En cuanto a mi… pues os diré que como era de esperar el sonido de la puerta de reginaexlibrislandia al cerrarse tras ella despertó a mi bibliohiena y sin saber muy bien cómo me abalancé sobre mi ejemplar…

Y el resto es pura bibliogula satisfecha a dentelladas atrincherada en mi escritorio y ahora, con el buche lleno y la bibliofilia en paz, esta nota escrita reconfortada por el maravilloso banquete y en armonía con el universo regino.

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Si te quieres reír a carcajadas lee La vuelta al mundo con la Tía Mame

No concibo que alguien lea La tía Mame sin reír a carcajadas y sin sucumbir ante uno de los personajes más carismáticos, irreverentes, divertidos, imprevisibles, glamurosos y entrañables de las letras anglosajonas.

(Absolutely Fabulous / BBC)

(Absolutely Fabulous / BBC)

Y si La Tía Mame es divertida su continuación, La vuelta al mundo con la Tía Mame, es total y absolutamente desternillante. Palabra de Regina ExLibris y de todos aquellos a quienes se las he prescrito alguna vez.

Y justo hoy llegaron a reginaexlibrislandia ejemplares de reposición y, claro, yo que soy muy de carne y poco de piedra no pude evitar echarles un vistazo antes de colocarlos en balda.

Pues bien, en apenas tres páginas ya estaba riendo a carcajada limpia con el pelucón desparramado sobre el escritorio y la cara más congestionada que un neón del Strip de Las Vegas, y así hubiera seguido hasta que un reginaexlibrislandiano asiduo me sacó sin avisar de mi festival del humor tiamamesiano:

Cliente: ¿Qué estás leyendo que te hace tanta gracia?

Regina: ¿Qué? ¡Ah, hola! Pues los libros de la Tía Mame, de Patrick Dennis.

Cliente: Ah, no me suenan. ¿Tan divertidos son?

Regina: Sí, y si te quieres reír a carcajadas lee sobre todo el segundo, La vuelta al mundo con la Tía Mame. ¡Ella es todo un personaje!

Creada por Patrick Dennis, alias de Edward Everett Tanner III, y publicado en 1956 después de dieciséis rechazos editoriales, La Tía Mame reventó las listas de ventas de EEUU y cuenta cómo tras quedar huérfano a los 10 años el joven Patrick conoce a su misteriosa tutora en su mansión neoyorquina justo antes del crack del 1929.

Lejos de ser una solterona al uso, la tía Mame es una criatura divina y magnética con más pájaros en la cabeza que plumas en su boa pero con las cosas muy claras y encanto y tozudez a prueba de bombas. Por eso, el huerfanito no tarda en caer rendido a los pies de esta viuda chispeante, bífida y permanentemente deshidratada, para quien las 9 am son “la mitad de la noche“.

La tía Mame

La tía Mame

Rica, deslenguada, electrizante y glamourosa hasta lo indecible, tiene tanto fondo de armario como registros dramáticos. Décadas después Patrick recuerda cómo gracias a ella y sus peripecias él es como es mientras regala al lector uno de los relatos de iniciación más deliciosos y cautivadores que pueblan las librerías.

Tras leer La tía Mame matarías por una de esas fiestas sofisticadas, un dry-Martiny, una boa bien tupida y una boquilla de veinte centímetros. Muy, muy divertida.

Y si creías que no te podías reír más con las andanzas de Mame Dennis deja lo que estés haciendo y ponte con La vuelta al mundo con la Tía Mame. En él Patrick, felizmente casado y con un hijo, deja que Mame lleve de viaje por Oriente a su retoño durante las vacaciones a pesar de los recelos de su mujer y con la condición de que ambos regresen antes del inicio del curso.

Pero como la Tia Mame vive en su propia temporalidad ya han pasado dos años desde que partieron y solo saben de ellos gracias a curiosas y crípticas postales enviadas desde lugares exóticos.

La vuelta al mundo con la tía Mame

La vuelta al mundo con la tía Mame

Para tranquilizar a su mujer mientras esperan el regreso del dueto Patrick, que trata de ahogar sus recelos a copazos, le relata parte de una vuelta al mundo que él dio de joven con su tía antes de que estallara la IIGM. Digo parte porque si para su esposa edulcora y cubre con una pátina educativa sus andanzas por París, Londres, la Austria nazi, la Rusia soviética y el lejano Oriente, al lector sí le da la visión integral de lo que en realidad fue un disparatado viaje por los cinco continentes donde lector no para­rá de reír con la extravagante y deliciosa Mame, con profunda irreverencia y sus ganas de vivir a pesar de todo y de todos.

Así que en reginaexlibrislandia somos bastante fundamentalistas en este tema y creemos que si con según qué novelas no saltas de línea a carcajadas tienes más de muñeco de cera de cualquier turbio Museo que ser humano, querid@, y deberías hacértelo mirar.

Y no me malinterpretéis: sé que cada cual tiene su sentido del humor perfectamente delimitado, pero cuando se trata de buena literatura hay títulos y autores que te pulverizan cualquier frontera emocional y acabas irremediablemente desternillado aunque no quieras. Es el caso de Patrick Dennis y la Tía Mame.

Os reto a que los leáis y tratéis aguantéis impasibles… ¿Sí?

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“Si te reíste con Bridget Jones no dejes de leer a su bisabuelo literario”

Que levante la mano el reginaexlibrislandiano que no haya protagonizado un solo momento Bridget Jones en toda su vida.

(Diario de Bridget Jones, 2001 / Miramax)

(Diario de Bridget Jones, 2001 / Miramax)

Ese instante en el que el maldito universo se alía en tu contra para que, cuanto más empeño pones en mostrarle al mundo la mejor versión de ti más ridículo pareces. Sí, como Bridget haciendo su aparición estelar en la supuesta fiesta de Fulanas y Vicarios embutida en su traje de conejita con orejas y pompón trasero incluido. Patinazo regino de proporciones bíblicas y muestra de un tipo de humor que se ensaña con el hecho de que cuanto más tratas de encajar a la fuerza en un arquetipo más y más histriónicamente evidencias tu absoluta e irremediable disonancia con él.

Y es que, queridos, la divertida novela de Helen Fielding (Diario de Bridget Jones) y su estupenda adaptación homónima siguen la estela de un tipo de humor, el inglés, que pulveriza la flema británica y ciertos convencionalismos a carcajadas, independientemente de su marco histórico.

Y hoy se adentró a mis confines librescos una joven reginaexlibrislandiana en busca de un ejemplar de Bridet para regalárselo a una amiga. Y así fue como detonó la charla que nos llevó directas hasta Charles Pooter, el Bisabuelo literario de la Jones:

Clienta: ¿Qué tal, Regina?

Regina Exlibris: Divinamente, ¿y tú?

Clienta: Muy bien. Vengo a la caza del Diario de Bridget Jones. Quiero regalárselo a una amiga que lleva una mala racha y, aunque no es de mucho leer, seguro que le encanta y le anima. Yo me reí un montón… y además se lee fácil. ¿Lo tienes?

Regina Exlibris: Sí, buena elección. Le gustará.

Clienta: Es un pedazo de personaje, ¿verdad? ¡Única, la tía!

Regina Exlibris: Mmm, bueno, más bien digna descendiente de sus ancestros. Bridget Jones es una de las muestras contemporáneas del humor inglés, que ya se daba en plena era victoriana, y que tiende a ridiculizar estereotipos y convenciones sociales. En este caso el de una treintañera soltera y rellenita en un hábitat donde, si no tienes un cuerpo diez y no has cazado marido ni procreado, mal vas… Entre otras cosas, claro.

Clienta: Sí, esa es la clave. Ella es un desastre total, pero tiene más que ver con muchas de nosotras que el rol al que parece aspirar, o, mejor dicho, al que la empujan. ¿Y qué otros libros hay anteriores?

Diario de un Don Nadie

Diario de un Don Nadie

Regina Exlibris: Pues mira, tienes a Evelyn Waugh o a P.G. Woodhouse, por ejemplo. Pero para mi el bisabuelo literario de Bridget Jones es Charles Pooter.

Clienta: ¿Charles Pooter?

Regina Exlibris: Sí, protagonista y narrador del Diario de un Don Nadie, escrita por George Grossmith e ilustrada por su hermano Weedon, que apareció por entregas en la revista Punch entre 1888 y 1889, y que se publicó en 1892. Es un clasicazo del humor y no ha dejado de imprimirse desde entonces.

Clienta: ¿Y de qué va?

Regina Exlibris: Pues verás, Charles Pooter es un oficinista mediocre y charlatán, aficionado a los chistes bobalicones y con aspiraciones sociales, que nos narra 15 meses de su día a día en el Londres victoriano. Su absurdo afán por mostrarse como un ciudadano ejemplar le lleva a hacer el ridículo casi continuamente, lo que a su vez encierra una sarcástica disección de los modales y costumbres de la época victoriana tardía. ¿Te suena?

Clienta: ¡Sí, sí! Es más o menos como lo que te comentaba de Bridget Jones.

Regina Exlibris: Ambos son ejemplos del arquetipo del inglés ansioso con el que sus autores se ríen de sí mismos e ironizan sobre su hábitat social.

Clienta: ¡Dime que lo tienes aquí, Regina, que me lo llevo también!

Y se fue con Bridget Jones y su bisabuelo literario bajo el brazo.

Y mientras la observaba abandonando mis confines reginos traté de imaginarme qué papelón hubiera hecho Charles Pooter en una no fiesta de Vicarios y Fulanas. Seguro que no desentonaría con la conejita Bridget. Ni yo tampoco.

Así que corred si podéis a por un ejemplar del maravilloso Diario de un Don Nadie (Nórdica), de George & Weedon Grossmith, y os echaréis unas risas de libro. Palabra de Regina Exlibris.

(Diario de Bridget Jones, 2001 / Miramax)

(Diario de Bridget Jones, 2001 / Miramax)

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“¿Tienes una novela en la que a la Reina de Inglaterra le da por leer?”

Quienes sufrimos bibliobulimia severa atesoramos novelas que van sobre libros y cualquier criatura bibliófaga, real o inventada.

(The Queen, 2006 / Pathé)

(The Queen, 2006 / Pathé)

Gracias a la Providencia Librera hay escritores que ficcionan sobre esas variables, e incluso las extreman urdiendo sus tramas con personajes arrastrados a su pesar al subversivo placer de la lectura, que acaban convertidos en lectores compulsivos, para gozo y deleite de nuestra bibliofilia.

Que los bibliomaniacos nos peguemos a este tipo de literatura como un insecto a una bombilla es algo instintivo. Y lo es porque entre sus páginas no solo nos topamos con bibliomaniacos de nuestro pelaje y condición, sino que además -y aquí, querid@s, está la clave- son un maravilloso nicho de descubribilidad libresca. Con los títulos y autores citados redimensionamos nuestros particulares mapas de constelaciones literarias.

El caso es que hoy recuperé, gracias a la petición de una reginaexlibrislandiana de pro, uno de esos títulos que engrosan mi balda consagrada a libros que hablan de libros y con los que, periódicamente, le induzco comas librescos a mi bibliofilia.

La cosa fue así:

Clienta: Hola Regina, ¿cómo vas?

Regina ExLibris: ¡Ah, hola! Muy bien, donde me dejaste la última vez…

Clienta: Eso esperaba: encontrarte aquí. Verás, vengo a por el la de Isabel Allende que tengo pendiente, y buscaba otra cosa, pero me da apuro porque apenas tengo datos.

Regina ExLibris: Pues tú dirás, ya sabes que esas cosas me activan.

Clienta: Es que me hablaron de un libro que… bueno, en fin, allá va: ¿tienes una novela en la que a la Reina de Inglaterra le da por leer?

Regina ExLibris: ¿A Isabel II, o a qué reina de Inglaterra?

Clienta: No, no: a la de ahora, Isabel II. Es ella, seguro. Y un muchos libros.

Regina ExLibris: Mmm, ¡Sí! Es sin duda Una lectora nada común, de Alan Bennett

Clienta: ¿Y qué tal es? Porque cuando me hablaron de él me picó la curiosidad.

Regina ExLibris: Sí, es una fabulita endemoniadamente divertida sobre el día en que Isabel II se topa con un bibliobús aparcado en Buckingham. Ella, tan regia y tan cumplidora, decide coger un libro y… bueno, literalmente se arma la bibliomarimorena. A ella le da por leer cada vez más animada por las visitas del bibliobús y por uno de sus pinches de cocina, y cuanto más lee más quiere leer y menos quiere, digamos, cumplir con sus reales tareas. Y a su gente -familia y miembros del gobierno- no sólo no le gusta esta nueva afición real, sino que tampoco aprueban que lea lecturas no aprobadas institucionalmente. ¡Es maravillosa! Además Bennet ficciona sobre el trazado literario que sigue la reina: Ivy Compton-Burnett, Proust, Genet e incluso Nancy Mitford, si es que hoy no me patina el pelucón.

Clienta: ¡Sí, si, si! Es esta fijo. ¡Qué ganas de leerla, por dios!

Regina ExLibris: Pues aquí la tienes. Te va a entusiasmar, te llevará a otros libros y autores, y la leerás con una sonrisa de principio a fin, ya verás.

Y se fue con sus libros en el bolso y la promesa de comentar el librito de Alan Bennet en su próxima visita a reginaexlibrislandia.

NOTA DE REGINA EXLIBRIS:

Una lectora nada común

Una lectora nada común

Los devotos del ‘que-pasaría-si’ y de la literatura por cuyas manos aún no haya pasado la gloriosa Una lectora nada común son muy, pero que muy afortunados. Y lo son porque tienen por delante una divertida e incisiva fábula sobre el poder de la literatura que el británico Alan Bennet levanta a partir del encuentro fortuito entre la reina de Inglaterra y un bibliobús público que, estacionado en una de las puertas del palacio de Buckingham, abastece de lecturas a prácticamente todo el personal de Palacio. Isabel II se siente entonces obligada a llevarse un libro, y será precisamente ese inofensivo y regio gesto el que desatará en la soberana un apetito voraz por las letras que, avivado por las imprevisibles sugerencias de un joven de las cocinas, no solo escandaliza a todos sus asesores y familiares, sino que va agrietando el hasta entonces inquebrantable compromiso de la mujer con sus quehaceres reales. Y todo porque la mujer-Isabel, con ganas de jubilarse, le va ganando el pulso a Isabel II-la Reina a librazos. Deliciosa, y terriblemente divertida.

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¿Te crees inmune a una sesión de mi biblioterapia de risas?

¿Qué puede ser más efectivo que una buena carcajada para ayudar a pasar por el gaznate un mal trago vital? Nada, excepto que seas reginaexlibrislandiano.

(Katherine Hepburn / Paramount)

(Katherine Hepburn / Paramount)

En ese caso que un libro detone la catarsis intensifica la cualidad terapéutica de la risa, porque también alimenta la bibliofilia. Algunos son conscientes y vienen a pedirme libros que les hagan reír. En cambio otros se adentran en mis confines en “modo joven Werther“: apesadumbrados, llorosos, derrotados y sin saber que la respuesta a su malestar emocional es tan simple como abrir el ejemplar adecuado y reírse a librazos.

Por eso siempre tengo a mano y actualizada lo que en su día denominé la biblioterapia de risas by Regina ExLibris. Consiste en prescribir una serie de títulos específicos para estados carenciales de alegría y episodios de apatía congénita. También son adecuados para prevenir depresiones, desconectar de una rutina plomiza y recuperar la armonía con el entorno.

Su consumo es apto en dosis son ilimitadas y su ingesta masiva no produce efectos secundarios más allá de ataques de risa, espasmos, lagrimones y sonoras carcajadas, o quizás alguna que otra situación incómoda, especialmente si se consumen en espacios públicos.

Son lecturas que no producen somnolencia, reactivan las ganas de vivir y son 100% efectivos salvo en un único supuesto que ya en su día tipificó Oscar Wilde:

Hay que tener un corazón de piedra para no morirse de risa ante ciertas páginas“.

Así que, queridos, aquí os dejo mi nueva selección de esas “ciertas páginas” de las que hablaba Oscar Wilde. Son 6 novelas para reír y pasar páginas, y en ellas la carcajada acecha a cada salto de línea:

1. Pero… ¿quién mató a Harry? Jack Trevor Story. Alba. Verano, campiña inglesa, mariposas, tardes somnolientas, luz estival, noches estrelladas cargadas de magia y de quietud… y un cadáver abandonado en el bosque que parece no encontrar su lugar de descanso porque cada vecino y visitante que se topa con él lo desentierra para enterrarlo después en otro rincón a fin de autoinculparse del crimen. Cada cual tiene sus motivos, no para haber matado al difunto, sino para querer cargar con el muerto. Así que aquí lo que sobran son sospechosos y lo que tiene entre manos el lector es una hilarante vuelta de tuerca a los mecanismos del género policiaco y una comedia negra cargada de ironía y de humor inglés del bueno que Hitchcock filmó en 1955.

Pero ¿quién mató a Harry?

Pero ¿quién mató a Harry?

2. Caída y auge de Reginald Perrin. David Nobbs. Impedimenta. Hay muchas razones por las que sugiero esta novelita desternillante, pero como tengo que ser escueta, me quedo con éstas: es una buenísima novela editada de forma impecable con la que cualquier lector, además de disfrutar y empatizar con el protagonista, se reirá a carcajadas. Y porque su autor, David Nobbs, levantó en torno a Reginald Perrin uno de los artefactos narrativos más irreverentes, agridulces y divertidos de las letras anglosajonas contemporáneas, que inspiró una adaptación televisiva homónima.

Reginald Perris

Reginald Perris

3. La Tía Mame. Patrick Dennis. Acantilado. No concibo que nadie pueda leer este libro sin haber soltado más de una carcajada ni caer rendido a los pies de uno de los personajes más carismáticos, divertidos, imprevisibles, glamurosos y entrañables de las letras anglosajonas. Creado por Patrick Dennis, alias Edward Everett Tanner III, y publicado en 1956 tras varios rechazos editoriales, reventó las listas de ventas de EEUU y cuenta cómo tras quedar huérfano a los 10 años el joven Patrick conoce a su tutora en su mansión neoyorquina justo antes del crack del 1929. Lejos de ser una solterona al uso, la tía Mame es una criatura divina y magnética con más pájaros en la cabeza que plumas en su boa pero con las cosas muy claras y encanto y tozudez a prueba de bombas y declives bursátiles. Por eso, el huerfanito no tarda en adorar a esta viuda chispeante, bífida y deshidratada, para quien las 9 am son “la mitad de la noche”. Rica, deslenguada y estilosa hasta lo imposible, tiene tanto fondo de armario como registros dramáticos, y las peripecias que vivirán sobrino y tía no tienen desperdicio. Muy, muy divertida.

La Tía Mame

La Tía Mame

4. Elling, el baile de los pajaritos. Ingvar AmbjØrnsen. Nórdica. Elling posee mucha vida interior y una ajetreadísima imaginación que le muestra una realidad ligeramente distinta a la que perciben los demás. Creció aislado y superprotegido por su madre, así que cuando ella muere se queda descolocado y lo instalan en un “centro recreativo”, que en realidad es un psiquiátrico. De ahí saldrá tras un periodo de adaptación para compartir un piso tutelado en Oslo junto a su único amigo, un gigantón que es su contrapunto en todos los sentidos, y asistiremos entre otras muchas y desternillantes batallas a su affaire imaginario con una de las enfermeras. También narrará sus peripecias en un divertidísimo viaje a Benidorm, el paraíso del turista nórdico, donde todo será nuevo para él. Una comedia conmovedora e hilarante donde la diferencia es sinónimo de ingenio, de humor, de ternura y de inteligencia.

Elling, el baile de los pajaritos

Elling, el baile de los pajaritos

5. A la caza del amor. Nancy Mitford. Libros del Asteroide. Nancy Mittford utiliza la búsqueda del amor verdadero de Linda Radlett para pintar con palabras el fresco de una familia de la aristocracia británica de entreguerras, de la que ella y su clan fueron parte esencial. Una típica casa de campo, maratones sociales, personajes estrafalarios y mucha gente con clase y bastante mala baba son los ingredientes de este martini bien seco al que Mittford añade una aceituna rellena con un afiladísimo ingenio, que es marca de la casa Mitford. Una novela vibrante y mordaz, que es un fresco en tres dimensiones de una época, un entorno y sus gentes.

A la caza del amor

A la caza del amor

6. La excursión. Beryl Bainbridge. Ático de los Libros. Freda es rubia, pesa cien kilos y tiene un rostro angelical, un genio endiablado y una tozudez extrema. Brenda, su apocada compañera de piso, la sobrelleva con resignación. Se conocieron el día que Brenda abandonó a su marido y la engatusó para entrar juntas a una fábrica italiana de botellas. Y allí están, en un trabajo tedioso, rodeadas de operarios italoparlantes y cada una batallando en su frente: Freda a la caza del sobrino del dueño, y Brenda esquivando manos que tratan de sobarla por doquier. Si el día a día ya es surrealista, todo se complica cuando Freda decide organizar una excursión a Windsor para todos los trabajadores -sin sus parejas- con el objetivo de intimar con Vittorio. La preparación del evento, la llegada del “día D” y como puede llegar a complicarse una sencilla actividad lúdico-campestre aderezada son las claves de una divertidísima novela cargada con un humor a veces negro y a veces surrealista, pero siempre inteligente.

La excursión

La excursión

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Si tiene un ‘toy boy’ que lea a Somerset Maugham

Uno de los efectos secundarios de mi bibliofilia extrema es apoyar sin fisuras cualquier causa orientada a promover, incentivar o despertar el apetito lector en terceros. Vamos que, como en cualquier otra guerra, todo vale.

Pero eso es una cosa y otra que haya motivos tan inesperados o surrealistas que, cuando menos, me abomben el regio pelucón.

Por ejemplo, el otro día la Providencia Librera materializó ante mí a una reginaexlibrislandiana asidua que me disparó a bocajarro su particular ardid bibliófilo:

 

– Clienta: ¿Qué tal, Regina?- Regina: ¡Muy bien, XXX! ¿Y tú? ¿Te gustó El lamento del perezoso?

– C.: Mmmm, sí, pero tengo que reposarlo un poco, ya te contaré.

– R.: Uy, me intrigas. ¿Necesitas algo?

– C.: A ver cómo te digo esto… ¿Qué tal andas de adúlteras de novela?

– R.: ¿Perdona?

– C.: Mira. Mi prima está, ¿cómo te lo digo? Con un ‘toy boy’ en plan Madonna: dejó atrás hace un par de años los cincuenta, lleva casada 25 años y va y se lía con un chulazo de gimnasio de la edad de su hijo. ¡Y no veas que aires tiene! Así que en lugar de charletas morales he decidido hacerla leer una novela para que simplemente sopese las consecuencias de lo que está haciendo ¿sabes? ¡Que reflexione un poco, aunque sólo sea porque le está comiendo el suelo a regalazos!

– R.: Ahhh, bueno, pues… sí, nunca nadie me había pedido algo así, pero entiendo lo que pretendes hacer.

– C.: Lo que pasa es que tampoco quiero machacarla con un dramón en plan Madame Bovary, ¿sabes? Querría para ella algo ligero de leer, pero con lo que se identifique sin darse cuenta

– R.: Mmm, sí. Así que descartamos a Flaubert y, por lógica, La Regenta, Anna Karénina y la Therese Raquin de Emile Zola descartadas también…

– C.: Sí, sí, me temo que esas maravillas no son lo que necesitamos.

– R.: Pues entonces deberíamos centrarnos en las plumas más bífidas de los años 20, 30 y 40…

– C.: ¿Por ejemplo?

– R.: Pues mira, una opción sería Un puñado de polvo, de Evelyn Waugh. La reeditó RBA hace meses, y es una maravilla, aunque quizá demasiado agridulce.

– C.: ¡Claro! ¿Cómo no caí? Sí, la conozco, lo que pasa es que la trama da un giro para centrarse más en el marido, no?

– R.: Cierto… veamos…

– C.: Pero sí, sería algo así lo que busco…

– R.: ¡JULIA!

– C.: ¿Julia? No, se llama Marta.

– R.: No, mujer, que la novela Julia, de William Sommerset Maugham sería lo más aproximado a lo que buscamos que se me ocurre…

– C.: ¿El de El filo de la Najava?

– R.: Exacto. Que yo recuerde también trata el adultero en El Velo pintado, pero yo ahora apostaría por Julia, que en inglés se editó como Theatre.

– C.: ¿Y de qué va?

– R.: Pues plantea algo muy curioso: ¿Qué hay de real en quien nace para actuar? ¿Dónde acaba la actriz y empieza la mujer? El incisivo e inato don de W.Somerset Maugham moldea su respuesta a palabras en Julia, una diva del teatro londinense de mediana edad a punto de perderlo todo por un joven dandy. Fascinante perfil de quien, nacida para actuar y cautivar, pone la misma pasión en el escenario que en el amor y la venganza…

– C.: ¡Anda! Pero, ¿no hay película? Me suena muchísimo…

– R.: Sí, hace cinco años estrenaron Conociendo a Julia (Being Julia) que, por cierto, es una buenísima adaptación de la novela…

– C.: ¡Sí! Con Annette Bening y Jeremy Irons, ¿no? Joder, pues no sabía que era de Maugham…

– R.: Pues sí, y el libro es maravilloso, cargado de humor inglés, ironía y verdades. Por lo que me dices, plantea una situación muy similar a la de tu prima, sólo que al estar disfrazada la trama con el tema del artisteo no le va a cantar tanto a ella

– C.: Mmmm, sí, veo por donde vas. ¿Lo tienes?

– R.: Sí, justo hace unos meses Ediciones B lo reeditó en bolsillo, aunque me queda un ejemplar en balda en rústica

– C.: Mejor en bolsillo, que viaja bastante y así se lo lleva. ¡Gracias, mi reginaaaa!

 

Y se fue con el ejemplar en bolsillo de Julia, de William Somerset Maugham, y a mi me dejó pensando en cómo reaccionaría la tal Marta al descifrar entre líneas el mensaje de su prima.

Yo, la verdad, no sé cómo reaccionaría… Pero lo que sí sé es que horas después me teníais revisando compulsivamente mi biblioteca en busca de motivos e intenciones ocultos en libros que en su día me regalaron para forzarme a leerlos. Dos horas después estaba desquiciada y al borde del colapso emocional…

Y vosotros, reginaexlibrislandianos de pro, ¿leísteis Julia, de Somerset Maugham? ¿Y algo del escritor? ¿Qué libro le hubiérais sugerido vosotros a mi clienta? ¿Alguna vez regalasteis libros con intenciones veladas? Y a la inversa, ¿descubrísteis intenciones veladas en libros que os regalaron en según que circunstancias?

Y no sin antes sugeriros la lectura de la maravillosa Julia, de Somerset Maugham, me retiro a mi laberinto de anaqueles para dejaros a solas con el trailer de Being Julia:

 

¿Y si Mark Twain fuera guía turístico?

Cuando una lo que moja en el primer café mañanero es la edición en español de las crónicas que hace siglo y medio envió Mark Twain a un periódico de San Francisco para el que cubría el primer crucero turístico de norteamericanos al ‘Viejo Mundo’ y ‘Tierra Santa’ puede decir que literalmente se ha desayunado la mejor noticia imaginable para una bibliófila marktweiniana.

Así que aquí lo tenéis: mi flamante Guía para viajeros inocentes (Ediciones del viento,624 páginas) ha eclipsado a la todopoderosa y sacrosanta magdalena de arándanos regina que horas después languidece intacta en su plato. En cambio, mi ejemplar de la que fue en vida de Mark Twain su obra más vendida (70.000 ejemplares solo en el primer año de su lanzamiento, allá por 1869) ha dado más vueltas que la rueda de una barcaza del Mississipi en tiempos de Twain.

Y es que yo, que hasta ahora me veía obligada a recomendarla en su inglés original –The Innocents Abroad, or The New Pilgrims’ Progress-, por fin podré hacer circular entre quienes solo leen en castellano una de las grandes desconocidas de un titán de las letras estadounidenses, porque a día de hoy sigue siendo una de las guías de viaje más utilizadas por quienes se vienen de turismo a Europa y que, ya puestos, se dejan caer por Jerusalén y El Cairo.

 

 

¿Por qué? Sencillo: al don natural de Twain para convertir en Literatura todo lo que escribía, se unen una agudísima capacidad de observación y análisis, la lucidez de quien sabe mirar desde la perspectiva adecuada incluso a sus contemporáneos y, como no, un sentido del humor a prueba de huracanes, tormentas y tornados que garantiza la carcajada a cada salto de página.

 

 

Inmensamente curioso, culto, pícaro, socarrón y programado para sacarle punta al mismísmo mástil, imaginaros a un tal Samuel Langhorne Clemens, alias Mark Twain, que en 1867 embarca junto a un grupo de turistas y peregrinos al que será el primer crucero turístico que venga del otro lado del charco y que hará escalas en los escenarios clásicos del mediterráneo (España, Italia, Grecia, Egipto, etc), por lo que será testigo de excepción del choque cultural entre los engreídos y enriquecidos pobladores del Nuevo Mundo y sus remotas raíces aquí, en la Vieja Europa, con sus rudos y acartonados pobladores.

Nada ni nadie escapa en Guía para viajeros inocentes de la caricaturización en estado puro, ni si quiera el propio Twain, que es el primero en reírse de sí mismo, pero tampoco los lugares de referencia cultural europeos ni alguna de las siete maravillas del mundo. Y ese es precisamente el secreto de su éxito, de su brillantez y de su atemporalidad. Quizá por eso si no publico este post reviento: que quien no se lo lea lo haga porque no quiere, no porque no sepa de él. Regina Dixit.

Y vosotros, reginaexlibrislandianos de pro, ¿leísteis Guía para viajeros inocentes? ¿Conocíais el libro? ¿Qué os parece? ¿Y Mark Twain?

Español para ‘guiris’ con Manolito gafotas y La Tesis de Nancy

En mi librería cualquier instante encierra el germen de una anécdota bibliófila o, cuando menos, de una charla literaria. Más allá de estar literalmente enterrada en cientos de volúmenes y de corretear por entre mis anaqueles con más polvo en un solo mechón de mi pelucón que en una carreta atestada de peregrinas rocieras eso es lo que adoro de mi día a día en reginaexlibrislandia: que absolutamente todo gira en torno a los libros y la literatura.

Y no sólo eso, las otras vueltas de tuerca que le buscamos a las cosas nos llevan a establecer unas conexiones bibliófilas gloriosamente imprevisibles.

Por ejemplo, hace unas horas se adentró en mis confines una jovencita que, aferrada a una carpeta y parapetada tras sus inmensas gafas de sol, deambuló un rato por las baldas de clásicos hasta que giró sobre sus pasos y enfiló mi escritorio:

 

– Clienta: Buenos días- Regina: ¡Hola! ¿Qué tal?

– Clienta: Bien, ¿y usted? Verá. Soy estudiante de espagnol y quier leeg un libro en el que se cuenten cosas de la espagna, pero no sé cuál.

– Regina: Ah, ya veo. Pues tu español es muy fluído

– C.: Ggacias, mi pgoblema es que me cuesta leeg. También en fgancés, mi lengua

– R.: Mmmm, ¿no te gusta?

– C.: No mucho, y soy pegezosa. Pensé en algo para niños paga empesag, y que me enseñe cosas de su país

– R.: Sí, puede ser una opción. Déjame pensar…

– C.: Pego tampoco quiego cuentos, ¿sabe? Algo entgeteniddo

– R.: ¡Lo tengo! ¿Sabes algo de Manolito Gafotas?

– C.: ¿Quíen? ¡No!

– R.: Manolito gafotas es un personaje de Elvira Lindo que protagonista una serie de libros teóricamente infantiles, pero que aquí leemos todos.

– C.: ¿Y de qué va?

– R.: Pues el tal Manolito Gafotas es un niño regordete y travieso que vive en Carabanchel, un barrio de Madrid. Y básicamente es su vida allí con su familia, sus amiguitos, su colegio, su barrio… Es tremendamente divertido y muy sencillo, y toda una lección de cómo somos los niños aquí, en España.

– C.: Sí, sí, algo así busco.

– R.: Otro que se me ocurre es La Tesis de Nancy, de Ramón J. Sender. Quizá un poco más complicado en cuanto a vocabulario y demás, pero divertidísimo y muy revelador de una parte de España.

– C.: ¿me cuenta más?

– R.: Pues es un retrato de la ‘España cañí’ o ‘profunda’ vista por una estudiante norteamericana que pasa una temporada en un pueblo de Andalucía. Además de que es divertido y que es buenísima narrativa en Español, te vendría bien porque el autor juega con los ‘bailes’ de vocabulario entre lo que decimos los españoles y lo que queremos decir a veces, o las frases con doble significado que la pobre Nancy siempre interpreta en sentido literal y, claro, se pierde o no comprende bien a los Españoles.

– C.: ja, ja, ja, sí, eso ya lo estoy viviendo yo. ¿Los tiene?

Y se llevó los dos libros, Manolito Gafotas y La Tesis de Nancy, y yo me quedé con la mirada clavada en mis anaqueles reflexionando sobre si mi sugerencias y su elección fueron acertadas. Y, sinceramente, seguro que hay miles de libros más que le irían al pelo a la muchacha, pero algo en mi instinto bibliófilo me dice que mucho no erré el tiro bibliófilo.

Además, entre vosotros y yo os diré que fue mi pequeña venganza como ‘manologafotista’ nata, ya que si cuando exportamos Manolito Gafotas al extranjero nos lo edulcoran y descollejan que al menos los extranjeros que lo lean aquí en español lo hagan en todo su esplendor elviralindoniano…

Y en cuanto al título de Ramón J. Sender deciros que, si aún no lo habéis leído, lo hagáis cuanto antes:

Y vosotros, reginaexlibrislandianos de pro, ¿qué lecturas le hubierais sugerido a esta clienta? ¿Leísteis Manolito? ¿Y La tesis de Nancy? ¿Qué os parecen? ¿Cómo llegasteis a ellas?

NOTA DE REGINA EXLIBRIS: ¿Cómo interpretaría una yankee de ventipocos la España ‘profunda’ de finales de los 50? Para contárnoslo y doblarnos a carcajadas Ramón J. Sender escribió La tesis de Nancy (Casals, 9,80 euros), una novelita epistolar en la que Nancy escribe a su prima Betsy sus aventuras en Alcalá de Guadaira mientras se documenta para su doctorado. Sus forcejeos con el lenguaje -especialmente con los piropos-, el idilio con el gitano Curro y su desconcierto ante un país costumbrista, contradictorio y folklórico son la hilarante forma en que Sender dibuja el trágico inmovilismo de una España vista desde la distancia del exilio. Imprescindible.

Capote en Un cadáver a los postres

Cuando tres de las cosas que más me gustan convergen en un mismo punto mi pelucón irradia más destellos luminosos que el Faro de Alejandría en sus mejores tiempos. Así que cuando mi haz de luz sensorial se topó hace años con Truman Capote, una trama de intriga detectivesca y una parodia inteligente casi me inmolo de emoción contenida frente a la pantalla que me proyectaba la mítica Un cadáver a los postres (Murder by death).

Nadie me había advertido de que aquella curiosa película de 1976 con un reparto de escándalo era lo que en efecto es: una gloriosa comedia policíaca que esconde una brillante disección del género detectivesco a través de los clásicos de tinta hechos celuloide. Risas, risas y más risas, palabra de Regina.

Pus bien, llevaba años sin pensar en ella hasta que hace unas horas un reginaexlibrislandiano asiduo me la despertó de su letargo mental. Hablábamos, como no, de la literatura de Capote, de cómo reinventó el periodismo literario con A Sangre fría o le dió una nueva dimensión al arte de perfilar personajes a palabras en sus Retratos:

 

– Cliente: Sí, me impactó sobre todo el perfil de Marlon Brando en su hotel de Japón mientras rodaba Sayonara. O Marilyn Monroe…- Regina: La verdad es que para eso Capote tenía un don.

– C.: Con la lengua bífida que tenía fijo que si vive ahora hasta tendría su propio talk show, ¡ja, ja, ja!

– R.: Mmm, pues tal y como está el patio catódico no sé si me gusta la idea…

– C.: Lo que me extraña es que no escribiera algo para el cine, ¿no?

– R.: Pues yo creo que no, aunque algún cameo sí que hizo.

– C.: ¿Un cameo? ¿Capote?

– R.: Si, en una comedia buenísima llamada Un cadáver a los postres, o Murder by death, de 1976. Y, bueno, fue más que un cameo: le nominaron a los Globos de Oro como mejor actor secundario…

– R.: Alucino…

– C.: UY, pues hazte con ella, es una de mis favoritas. Es suna parodia de las tramas clásicas de intriga detectivesca, pero muy bien hecha y con un repartazo.

– C.: No me digas que Capote es el mayordomo…

– R.: ¡Ja, ja, ja! No, verás, Capote es Lionel Twain, un excéntrico millonario que organiza una cena en su mansión e invita a la élite de los investigadores: Sidney Wang de China, Dick Charleston de Nueva York, Jessica Marbles de Inglaterra, Milo Perrier de Bélgica y Sam Diamond de San Francisco. ¿Te suenan?

– C.: Sí, pero ¿no les cambiaron los nombres?

– R.: ¡Claro! Son parodias de Miss Marple, Hércules Poirot, Sam Spade, Nick y Nora Charles, y Charlie Chan con sus inseparables ayudantes…

– C.: ¡Tiene un pintón! ¿Y quienes actúan?

– R.: Pues junto a Capote ni más ni menos que Peter Sellers, David Niven, Peter Falk, James Coco, Elsa Lanchester, Maggie Smith, Alec Guinness, Eileen Brennan, Nancy Walker, James Cromwell y Estelle Winwood, orquestados Neil Simon.

– C.: Pues sí que es todo un cartel, sí. Iré a buscarla, que con estos calores una buena carcajada nocturna no viene mal, y si de paso veo a Capote ‘en vivo’ mejor que mejor…

– R.: !Pues ya me contarás qué tal!

Y se fue con la promesa de volver en un par de días a conterme qué tal su visionado de Un cadáver a los postres. En cuanto a mi me ha entrado el apretón de verla de nuevo y, de paso, de releerme algo del mítico Sam Spade de Dashiell Hammett… Así que, además de un rato divertidísimo igual la película logra despertar a alguien más el apetito lector por los mejores sabuesos de tinta.

De momento y como homenaje regino aquí os dejo el tráiler original de Un cadáver a los postres, para abrir boca:

 

Y vosotros, reginaexlibrislandianos de pro, ¿Visteis Un cadáver a los postres? ¿Qué os pareció? ¿Os gusta la literatura de Capote? ¿Leísteis intrigas protagonizadas por Miss Marple, Hércules Poirot, Sam Spade, Philip Marlowe o Charlie Chan?

¿Tiene el libro nosequé de un lenguado, de un tal Turrell?

En mi mundo articulado en baldas, lomos y tinta impresa el libro es, naturalmente, el rey. Y yo la reinona consorte. Pero en el otro, ese que se desarrolla más allá del umbral de reginaexlibrislandia, el ser humano es un prodigio andante en torno al que todo lo demás gira. Por eso cuando ambos universos confluyen esta librera se atusa el pelucón y se retira a un discreto segundo plano bien aferrada a sus prismáticos binoculares para observar el baile. Y hay ocasiones en que, sinceramente, esas interactuaciones son gloriosas.

Por ejemplo, la de hace un par de días. Acechaba la hora de echar el cierre cuando se adentraba en mis confines un caballero de unos cuarenta años impecablemente embutido en su impecable traje azul marino de impecable corte. Parecía nervioso:

– Cliente: Essstooo, ¡buenas!- Regina: Hola, ¿qué tal?

– C.: Bien, bien…. todo bien. Sí.

– R.: ¿Puedo ayudarle en algo?

– C.: A ver, ¿tienes el libro nosequé de un pescado?

– R.: ¿perdona?

– C.: ¡No, no no… de un lenguado, nsequé de un lenguado!

– R.: ¿Alguna pista más?

– C.: Mmmm, no. Bueno sí, creo que es de un tal Turrell.

– R.: A ver, vayamos por partes. ¿Es de cocina?

– C.: ¡No, no, no! Es un libro de leer, vamos, una novela. Ayer en un bar dos tipos hablaban sobre ella y sonaba bien, divertida…

Aquí activé el modo ‘rendimiento extremo’ en mi pelucón librero, cerré los ojos y proyecté el haz de luz de todo mi bagaje de letras sobre esas dos huellas en la nieve: lenguado-turrell, lenguado-turrell, lenguado-turrell, lenguado-turrell…

De pronto, ¡DING! sonó mi campanilla mental:

– Regina: ¿Puede ser Durrell, en lugar de Turrell?

-Cliente: Ah, mira, pues sí, puede ser Durrell.

– R.: Entonces el que buscas es este: FILETES DE LENGUADO

– C.: ¡Exacto! Sí, sí, sí, sí. Eso es, Filetes de Lenguado, de Durrell.

Y se llevó ese pequeño artefacto narrativo llamado Filetes de Lenguado, editado por Alianza, y estructurado en seis gloriosos relatos 100% Gerald Durrell, el fabuloso estudioso y amante de los animales y la naturaleza, y autor de maravillas como Mi familia y otros animales y Bichos y demás parientes, entre otras muchas…

Y vosotros, queridos, ¿leísteis al gran Durrell (ejem, Turrell para los amigos)? ¿Conocíais su Filetes de lenguado? Si es que no, por favor, ¡haceos con un ejemplar!

Por cierto y ahora que nadie nos oye: creo que desde ya cada vez que piense en Durrell (Gerald, no Lawrence Durrell, su hermano mayor y autor del impresionante Cuarteto de Alejandría) mi pelucón recordará al impecable caballero de impecable traje azul de impecable corte…