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Reflexiones de una librera Reflexiones de una librera

Reflexiones de una librera
actualizada y decidida a interactuar
con el prójimo a librazos,
ya sea entre anaqueles o travestida
en iRegina, su réplica digital

Entradas etiquetadas como ‘Literatura y Películas’

“¡Mis nietos van a pasar estos días en la isla de Robinson Crusoe sí o sí!”

Pocas cosas hay que un buen librazo a tiempo no consiga.

(Dr. No, 1967 / United Artists)

(Dr. No, 1967 / United Artists)

Esa es una gran verdad que se materializa cada día en reginaexlibrislandia. Pero como lo más normal es que sea yo quien biblioprescriba, cuando se adentra en mis confines un reginaexlibrislandiano que también apuesta por la lectura como remedio para casi todo mi bibliofilia se viene arriba. Y más si el biblioprescriptor es un abuelo que viene a por un título para su nieto.

Y no es sólo porque mi abuelifilia es, como lo son todas mis filias, desmesurada, sino porque muchas veces tienen una manera de pedirte el libro de lo más original. Será porque están de vuelta de todo, o será porque le hablan al mundo desde los galones de mil batallas superadas, o puede que porque yo tenga un extraño don para atraer perfiles particularmente inspirados… sea por lo que sea el caso es que en mi anecdotario de librería los abuelos y las abuelas se llevan la palma.

Y si en su día un caballero en lugar de pedirme un ejemplar de La isla del tesoro me soltó un Quiero enrolar a mi nieto en La Hispaniola” que me dejó total y absolutamente petrificada y fascinada, esta tarde una encantadora octogenaria me ha enviado a su manera a una remota isla en la desenbocadura del Rio Orinoco a buscar a Robinson Crusoe para que recoja a sus nietos y se los lleve un par de días a su campamento junto a Viernes, pero sin cachivaches electrónicos.

La petición, como os podréis imaginar, me ha dejado entre anonadada y en éxtasis libresco… Pero como soy rápida he reaccionado a tiempo de entablar diálogo ya embutida en la piel más “isleña” que tengo en el fondo de biblioarmario, que es mi trajecito de Honey Ryder en Dr.No, así que de esa guisa siguió la conversación con la encantadora reginaexlibrislandiana:

Clienta: Sí. ¡Mis nietos van a pasarse estos días en la isla de Robinson Crusoe sí o sí!

Regina: Pero, ¿a qué se refiere?

Clienta: Pues, mira, Regina, se quedarán unos días con nosotros en el pueblo, y no hay ordenadores ni nada de eso. Fíjate que apenas si funcionan los móviles, y creo que ya solo se ve un canal de televisión. El caso es que entre que sus padres no estarán y que me enferma verles todo el día pegados a sus cachivaches he decidido que nada de aparatos y que van a leer Robinson Crusoe. ¿Qué puede haber más divertido, querida?

Regina: ¡Ja, ja, ja! Nada, no seré yo quien le diga que es un mal plan leer Robinson Crusoe.

Clienta: Y ya no es solo que lean y se diviertan, Regina, es que se diviertan leyendo. Y además te reconozco que estoy cansada de ver cómo valoran muy poco TODO lo que tienen, que es mucho. Demasiado, creo yo. Quiero que aprendan a vivir sin depender de todas esas cosas, y quiero que se den cuenta, como Robinson Crusoe, de que hay otras formas de vivir y de divertirse, y también de superarse en las adversidades. Y de que para tener ciertas cosas tienes que tirar de ingenio y de esfuerzo. ¿No crees?

Daniel Defoe

Daniel Defoe

Regina: me parece una idea maravillosa. Y, como dices, además les terminará por encantar.

Clienta: Sí, se pasarán el viaje y el primer día refunfuñando, pero supongo que sin más opciones acabarán por ceder y…

Regina: ¡Y luego no van a a querer irse de la isla!

Clienta: Eso espero, ¡sí! Yo aún recuerdo la primera vez que lo leí, también durante unas vacaciones. Era de mi hermano mayor, y no era muy “de señoritas”, pero, ay hija, lo empecé y no pude parar. Mis mellizos cumplen ahora 11 años, y creo que yo era incluso más jovencita entonces. Luego lo he releído varias veces, ¿te lo puedes creer? El olor a salitre, el miedo a los caníbales, el empezar de cero sin nada, solo…

Regina: Sí, yo también recuerdo cómo me impactó. Y tres siglos después sigue más vivo que entonces.

Clienta: ¡Hombreeeee, cómo lo sabes, Regina! Hay muchos libros que cuentan la misma historia, y también películas. ¿Cómo era aquella de un naúfrago, esa con el actor moreno de Filadelfia!

Regina: Sí, la de Tom Hanks: Naúfrago. Y también hay series de televisión

Clienta: ¡Y hasta concursos en la televisión!

Regina: ¡Es verdad! Programas de telerealidad de supervivencia en islas

Clienta: En fin. ¿Qué edición me sugieres?

Regina: Pues la de Alianza está muy bien, y si prefieres algo ilustrado que les vaya a “entrar más por el ojo” al principio, esta de Anaya Juvenil sería perfecta.

Al final se llevó la edición Robinson Crusoe ilustrada de Anaya Juvenil, y se fue con la promesa de regresar para darme detalles de la maravillosa biblioaventura robinsoncrusoeniana que van a emprender sus dos nietos mellizos sin saberlo.

No me digáis que es fácil superar esa manera de pedirte un libro. De la misma forma que tampoco es sencillo encontrar gente con ese afán biblioprescriptor, aunque sea un poco a la fuerza y a traición. ¿verdad?

NOTA DE REGINA EXLIBRIS

Robinson Crusoe

Robinson Crusoe

¿Cómo sobrevive Robinson 28 años en una isla desierta con un salvaje llamado Viernes, al que rescata de las garras de una tribu de caníbales? Ya sea para que los chavales conozcan de primera mano la historia del superviviente por excelencia, o para que un lector de cualquier perfil se adentre por vez primera en esta aventura de salitre y superación, o incluso para entender el origen de algún que otro fenómeno catódico que es de todo menos original, cualquier excusa es buena para leer la que se considera novela fundacional de la literatura británica. Porque tres siglos después de su primera edición este maravilloso artefacto literario no solo sigue enganchando y cautivando lectores, sino que genera múltiples y antagónicas interpretaciones. Y es que, más allá de una increíble aventura Robinson Crusoe es una lúcida reflexión de cuestiones sociales, políticas, religiosas y económicas que, pese al tiempo, siguen más vigentes que nunca. Maravillosa.

9 libros para regalar a un bibliófilo y quedar como una Regina ExLibris

Libros para bibliófagos de Regina Exlibris

Libros para bibliófagos de Regina Exlibris

Hay que tener valor para regalar un libro a un bibliomaníaco.

Sí, porque si elegir un libro para cualquier lector puede ser difícil, cuando el destinatario es un bibliófago confeso lo que a priori parece fácil (“Total, como le gustan tanto los libros… algo encontraré“) terminará por desencadenar una auténtica pesadilla libresca.

Porque, claro, a la decidida embestida a la librería sobreviene la consabida parálisis y bloqueo graduales precedidas de los interrogantes de rigor: ¿Qué no se ha leído? ¿Cómo no va a conocer a ese autor?¿Y si ya lo tiene en su biblioteca? ¿Y si me lo tira a la cabeza? ¿Y si es demasiado mainstream? Y vuelta a empezar en un diabólico bibliobucle del que sólo le rescatan la Providencia Librera o el librero de turno. Y en este caso yo, vuestra Regina ExLibris, que vengo al quite.

Así que si el receptor de vuestro biblioregalo está en otra dimensión lectora y no os animáis a probar ni con cualquiera de mis reginazos de ficción ni con alguno de mis reginazos de no ficción veamos si os encajan sugerencias de títulos para paladares librescos particularmente exquisitos.

¿Listos?

Van mis 9 libros para regalar a un bibliófilo y quedar como una Regina ExLibris:

1. La librería encantada. Christopher Morley. Periférica. Los amantes de los libros que hablan de libros están de enhorabuena, y más si leyeron La librería ambulante puesto que su continuación, La librería encantada es un himno a la bibliofilia. Si en la primera Christopher Morley nos narraba cómo Roger y Helen Mifflin se recorrían la América rural en su librería-carromato derrochando pasión por la literatura, ahora echan su ancla libresca en el Brooklyn de finales de la I Guerra Mundial para abrir su particular librería de segunda mano. En ella no sólo acogerán a un exquisito elenco de clientes, sino también las reuniones de una troupe de libreros que diseccionan su profesión frente a la tarta de Helen, a una aprendiz de librera, a un joven publicista e incluso un misterio en torno a un libro que aparece y desaparece. Una novela divertida, cargada de literatura y de humor que se disfruta a cada salto de página.

La librería encantada

La librería encantada

2. Mendel, el de los libros. Zweig. Acantilado. Escrito en 192, narra la trágica historia de un excéntrico librero de viejo que pasa sus días sentado siempre a la misma mesa en un café de la ciudad de Viena. Con su memoria enciclopédica, el inmigrante judío ruso no sólo es tolerado, sino querido y admirado por el dueño del café Gluck y por la culta clientela. Pero en 1915 Jakob Mendel es enviado a un campo de concentración, acusado injustamente de colaborar con los enemigos del Imperio austrohúngaro, y cuando logra regresar a Viena y al rincón de su café ya nada ni nadie es como eran. Un maravilloso relato sobre la exclusión en la Europa de la primera mitad del siglo xx que esconde no solo un manifiesto antibelicista, sino que es un canto épico a los libreros, a la pasión por los libros como objeto y a la literatura como antídoto existencial.

 

Mendel, el de los libros

Mendel, el de los libros

 3. La librería. Penélope Fitzgerald. Impedimenta. Obra maestra de la entomología librera narra odisea de una viuda de guerra que quiere montar una librería en un pueblo costero de Sulfolk en 1959. Si con eso ya hay material para una historia, es en los matices donde reside la maestría de Fitzgerald. Porque Florece opta por una librería no solo por bibliofilia, sino porque su experiencia profesional fue en su juventud entre libros. Porque la aldea está aislada y no existe actividad comercial. Porque el local está infestado de ratas, de humedad y de poltergeist y, para remate, porque ese enclave es el elegido por la reina social local para su ateneo cultural, motivo por el que comanda una resistencia despiadada contra la librería. Así que Florence luchará con uñas, dientes, y libros para resistir ante una presión vecinal que pasa de clama tensa a tormenta a punto de estallar cuando se plantea vender ejemplares de Lolita, de Nabokov.

 

La librería

La librería

4. 84 Charing Cross Road. Helene Hanff. Anagrama. La novela epistolar de Helene Hanff recoge la correspondencia que mantuvieron durante veinte años una rónica, extravagante y locuaz norteamericana y los libreros de una librería de viejo londinense al término de la II Guerra Mundial. La insaciable sed de ella por hacerse con libros imposibles y el empeño de ellos, especialmente de Frank Doel, por conseguírselos, da pie, con los años, a una intimidad cargada de ternura e ironías proyectadas sobre el fondo de una misma pasión: los libros y las librerías. Si a ello añadimos la incontenible anglofilia de Helene Hanff, su particular sentido del humor y ese empeño perverso en desinflarle a puñaladas lingüísticas la flema inglesa al siempre correcto Frank Doel, y lo espolvoreamos con sus esfuerzos por aliviarles las estrecheces de la posguerra, el resultado es esta joya de que derrocha inteligencia, diversión, ternura y bibliofilia.

84 Charing Cross Road

84 Charing Cross Road

5. Max Perkins. El Editor De Libros. A. Scott Berg. Rialp. Editado en España gracias a la versión filmada por Michael Grandage con Colin Fitrh, Jude Law y Nicole Kidman narra la vida de Max Perkings, el mítico editor del no menos legendario sello Scribner’s Soon, que desde su oficina en la Quinta Avenida del Manhattan de los años 30 publicó a titanes de las letras anglosajonas como Erskine Caldwell, James Jones, Kurt Vonnegut, Francis Scott Fitzgerald, Ernest Hemingway o Thomas Wolfe, algunos de los cuales engrosan la Generación Perdida. El don para descubrir y potenciar talentos literarios, así como su minuciosidad inquebrantable en las tareas de corrección, edición y revisión e incluso en la campaña de lanzamiento de sus libros han hecho de él un grande entre los grandes de la edición de todos los tiempos. Su historia con Thomas Wolfe y sus El Angel que nos mira y Del tiempo y el río aunque con menos peso que en la película engrosan la trama para calibrar en su justa proporcion la colosal silueta de Perkings.

Max Perkins. El Editor De Libros

Max Perkins. El Editor De Libros

6. Manual de remedios literarios. E. Berthoud y S. Elderkin. Siruela. Un original y divertido tratado de biblioterapia que condensa todo el poder curativo de la palabra escrita. ¿Qué tal una dosis de las Brontë para sanar el corazón roto? ¿Y una inyección de Hemingway para sobrellevar los días de resaca? El libro adecuado en el momento preciso puede cambiarte la vida o, al menos, reconducir un instante o invertir una emoción funesta. En sus páginas encontrarás un ingenioso remedio en forma de novela que te ayudará a curar ese mal. Un compendio que es además una buena manera de descubrir nuevas lecturas, de recuperar algunas ya olvidadas o de resolver los problemas más habituales entre los lectores: qué hacer si tenemos demasiados títulos pendientes, si solemos dejarlos siempre a medias… Nuestros males y cómo sanarlos con libros de la A a la Z. Un auténtico manjar para un bibliófago de pro.

Manual de remedios literarios

Manual de remedios literarios

7. Una historia de la lectura. Alberto Manguel. Lumen. Ameno, divertido, profundo y revelador libro sobre libros, lectores y escritores en el que quien fuera lector de Borges te ilumina sobre el nacimiento de la escritura, la aparición de las primeras bibliotecas, los códices, la imprenta y la evolución del mundo editorial. Así Manguel serpentea sin prisa por el laberinto de los 6.000 años de palabra escrita y arma un delicioso ensayo sobre el papel del lector, hasta ahora el gran olvidado de la historia de la literatura, desde las tablillas sumerias de arcilla al CD-Rom. Gloriosa mezcla de estudios clásicos, psicología, historia, anécdotas, memorias, fantasía… en pos de una historia tan personal como universal: la de la lectura

Una historia de la lectura

Una historia de la lectura

 

8. Trazado: Un atlas literario. Andrew DeGraff. Impedimenta. Este revolucionario e inesperado libro de mapas literarios, inspirados por obras clásicas de la literatura, ofrece una nueva manera de revisitar las cartografías de grandes novelas de la literatura. Caminar con Hamlet por Elsinor, navegar con Ulises por el Mediterráneo tras haber arrasado Troya, pasear de la mano de Borges por la Biblioteca de Babel, visitar la isla con náufrago de Robinson Crusoe, acompañar a Ebenezer Scrooge a su propio entierro, despedazar a la ballena Moby Dick o navegar por el sinuoso río Mississippi de la mano de Huckleberry Finn. Pero Trazado es eso y mucho más. Es una pequeña joya literaria, un libro para letraheridos y biblioadictos que sueñan con los ojos abiertos y para curiosos mitómanos de lo novelesco.

Trazado: Un atlas literario

Trazado: Un atlas literario

9. Atlas de Literatura Universal. VV. AA. Nórdica. Con este Atlas de literatura universal se puede dar un garbeo integral por la historia de la Literatura desde la Antigüedad hasta hoy dando la vuelta al mundo en 35 obras y sin moverse de la butaca. El volumen muestra una cartografía de las obras literarias clave de la historia de las letras universales. Los títulos seleccionados son considerados hitos incontestables, procedentes de diversos espacios culturales del mundo. Cada clásico es presentado por un escritor afín a su contexto creativo e ilustrado por un mapa que refleja en dibujos el discurrir de su argumento para componer, a la postre, un fresco sobre la historia de la literatura en cuyos espacios podamos leer los tiempos.Los 35 títulos que conforman este atlas van desde El poema de Gilgameshy la Biblia, a HamletMoby Dick,La metamorfosis de Kafka, desde El Aleph y Cien años de soledad a La historia de Genji.

Atlas de Literatura Universal

Atlas de Literatura Universal

6 personajes literarios marcados por alguna obsesión malsana

En cuestión de obsesiones sí o sí ostento el cetro regio.

(¿Qué fue de Baby Jane? / Warner Bros)

(¿Qué fue de Baby Jane? / Warner Bros)

La literatura me nutre, pero también me devora y fagocita cualquier aspecto de mi existencia. Ya sea en forma de ejemplares físicos, de personajes, de historias, de autores, de títulos o de esta irrefrenable querencia a buscar referentes literarios para todo… lo mío con las letras es fijación compulsiva.

Pero tanto mi bibliofilia delirante como cualquier otra obsesión puede resultar positiva si está bien canalizada y dentro de límites razonables.

El problema viene cuando se desdibuja la fina línea que separa la entrega apasionada de la compulsión enfermiza. Ahí ya se tuerce la cosa, y ese interés monotemático deviene en turbia fijación, cuando no en depravada perversión. Y a partir de aquí todo se enrarece más y más, porque cuando la obsesión domina a la persona las consecuencias pueden -y de hecho suelen- ser fatales.

Y esto, querid@s, es algo que tengo muy presente para mantener a mi bibliobestia atadita en corto en reginaexlibrislandia.

Y, claro, como supondréis el muro de contención que he levantado está hecho de novelas con personajes marcados por alguna obsesión. Periódicamente vuelvo la vista a la balda donde reposan, y no solo yo, sino que es un buen revulsivo incluso para mis libreros, porque la bibliofilia extrema se contagia como la peste en mi librería.

Así que ahí, van, mis 6 personajes literarios marcados por alguna que otra obsesión tirando a malsana. Sus novelas están prescritos tanto para quienes tenéis alguna querencia extrema que amenaza con desbocarse, como para simples bibliocuriosos porque las 6 son novelones de órdago.

¿Listos? Van:

1. Frederick Clegg. El Coleccionista. John Fowles. Cátedra. Es sin duda una de las novelas más perturbadoras que he leído. Frederick Clegg, un chico gris e introvertido que colecciona mariposas, está enamorado de una joven brillante a la que nunca podría acceder. Consciente de esa realidad, Frederick parece resignado a espiar a la chica y a llenar sus carencias emocionales con su interés entomológico. Pero todo cambia cuando gana un premio en metálico y decide secuestrar a la chica y encerrarla en su sótano. A partir de ahí cómo Fowles estructura la relación entre captor y cautiva es desconcertante, maquiavélica, enloquecedora, claustrofóbica y reveladora de la condición humana expuesta a situaciones límite. La maestría de Fowles te obliga a empatizar con el secuestrador primero para luego despertarte del atroz espejismo oyendo una voz entre angustiada y aterrorizada: la de la víctima. De los que ni se sueltan, ni se olvidan, y por algo se le considera el primer gran thriller psicológico moderno.

(Frederick Clegg / El Coleccionista)

(Frederick Clegg / El Coleccionista)

2. Jean-Baptiste Grenouille. El Perfume. Patrick Süskind. Booket. Para quienes tengáis la suerte de no haberos leído aún El Perfume, de Patrick Süskind, haceos con un ejemplar cuanto antes. En la novela Jean-Baptiste Grenouille no despide ningún olor, pero posee un olfato prodigioso que hará de él un afamado perfumista, cuyas creaciones enloquecen a media Francia, y cuyo sentido último de la existencia será crear la fragancia perfecta. Sin embargo, la consecución de esa esencia definitiva que le obsesiona exige el sacrificio de jóvenes vírgenes para licuar y destilar sus fluidos corporales y fragancias íntimas con otras substancias potenciadoras del aroma. Exquisita, inquietante e inesperadamente reveladora logra que uno no afronte con tanta ligereza el ritual cotidiano de elegir colonia.

(J.Baptiste Grenouille / El Perfume)

(J.Baptiste Grenouille / El Perfume)

3. Annie Wilkes. Misery. Stephen King. Debolsillo. Cínica, impredecible, obsesiva, salvaje, brutal, carente de cualquier atisbo de empatía y abrupta. Así es la enfermera Annie Wilkes, una de las encarnaciones del mal de carne y tinta más sobrecogedoras de Stephen King, que en Misery secuestra y atormenta con enfermiza devoción a un escritor de éxito para que retome una historia protagonizada por Misery Chastain, su personaje de novela romántica favorito, que en su última entrega el autor, cansado de su exitosa criatura, sacrificó para dedicarse a otro tipo de historias. El duelo entre víctima y verdugo en un espacio claustrofóbico es una bomba de relojería que explota en páginas contadas, pero su onda expansiva desestabilizará el sueño del lector más heroico muchos días después de haber sobrepasado el punto y final de la novela. Aterradoramente brillante y demostración negro sobre blanco de las consecuencias fatales de una obsesión desbocada.

(Annie Wilkes / Misery)

(Annie Wilkes / Misery)

4. Luke Rhinehart. El hombre de los dados. George Cockcroft. Malpaso. Luke Rhinehart (proyección literaria de George Cockcroft, el autor, que firmará con el nombre de su protagonista) es un exitoso psiquiatra neoyorquino que, en la cima de su carrera, entra en crisis y empieza a desmoronarse hasta el punto de poner en duda los métodos que lo han convertido en una eminencia. Esa incertidumbre lo llevará a optar por el azar como paliativo para la neurosis y, más en concreto, por los dados como antídoto contra el estrés de la libertad de elección cotidiana. Así que Luke Rhinehart se abandona a una alegre espiral de sexo, droga, violencia y mentira que, paradójicamente (o no), le abre de nuevo las puertas del prestigio social: miles de chalados lo admiran con devoción religiosa y se convierte en el mesías de una secta descabellada. Y lo que para él empezó como un juego acaba en infierno y para nosotros en una catarata de risas. ¿Moraleja? Tal vez no hay respuestas inapelables; tal vez debemos aprender a vivir con nuestros demonios; o sea, a convivir con nosotros mismos. O tal vez ocurra lo opuesto. Aunque lo más probable (dentro de lo aleatorio) es que no tengamos ni la más remota idea. Si un médico de almas no lo sabe, ¿nosotros sí?

(Luke Rhinehart / El hombre de los dados)

(Luke Rhinehart / El hombre de los dados)

 5. Lady Macbeth. Macbeth. Shakespeare. Alianza. Compuesta entre 1605 y 1606, Macbeth es una de las cumbres de Shakespeare. En ella, el genial dramaturgo nos adentra en un mundo oscuro y fantasmagórico dominado por la discordia y regido por el miedo y la desconfianza, en el que Lord Macbeth, fiel vasallo del rey Duncan, es arrastrado a la traición, la deslealtad y el crimen por la codicia obsesiva que su ávida esposa, Lady Macbeth, personifica. Así pues ella, llevada por la envidia y la ambición del cetro regio, insta a su marido a cometer regicidio, ocupando el trono de Escocia con las manos ensangrentadas tras apuñalar al monarca e incriminar a los sirvientes. Pero el precio que ambos pagan será la infelicidad absoluta materializada en remordimiento, paranoia, alucinaciones y un sentimiento de culpa insoportable, que en Lady Macbeth asomará en forma de obsesión compulsiva por lavarse unas manos que para ella nunca dejan de estar ensangrentadas. De ahí su ya legendaria cita: «¡Fuera, maldita mancha

(Lady Macbeth / Macbeth)

(Lady Macbeth / Macbeth)

6. Mrs. Danvers. Rebeca. Daphne Du Maurier. Debolsillo. Nadie que conozca la película habrá olvidado la voz en off con la que que arranca la obra más lograda de Daphne du Maurier. “Anoche soñé que volvía a Manderley“. Así comienzan los tortuosos recuerdos de la segunda señora De Winter, que la transportan a la mansión de la húmeda y ventosa costa de Cornualles. Con un marido al que apenas conoce, la joven esposa llega a este caserón que, aunque hermoso e imponente desde el exterior, oculta una atmósfera inquietante y opresiva. Desde que se instala, la joven va a ser inexorablemente fagocitada por la fantasmal presencia de la primera señora De Winter, la hermosa Rebeca, muerta pero nunca olvidada. Su habitación permanece intacta, sus vestidos listos y su sirvienta, la siniestra señora Danvers, en su día niñera de Rebeca, aún le profesa una devoción obsesiva materializada en el empeño perverso de mantener intacta su memoria. Con la creciente hostilidad de Danvers cercándola y con el presentimiento de que algo maligno le está aprisionando el corazón, la joven comienza a investigar el verdadero destino de Rebeca: el oscuro secreto de Manderley. Impresionante narración que es, a la vez, drama psicológico, novela de terror gótico y relato de suspense. Un artefacto literario perfecto que clava al lector en el ennegrecido corazón de Manderley para acompañar a su protagonista por el angustioso calvario de sus recuerdos. Brutalmente buena.

(Mrs. Danvers / Rebeca)

(Mrs. Danvers / Rebeca)

  • Y vosotros, queridos, ¿leísteis aluna de estas novelas? ¿Qué os pareció? ¿Algún otro título protagonizado por personajes con alguna obsesión malsana?
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“¿En qué libro juzgaban a un ricachón pomposo, testificaba una drag queen y un tipo paseaba una correa (sin perro)?”

Adoro ese tipo de libros permeables al carisma de sus personajes.

(Medianoche en el jardín del bien y del mal / Warner Bros)

(Medianoche en el jardín del bien y del mal / Warner Bros)

Sin esa cualidad porosa de la trama que posibilita acceder a una historia imbuida del encanto de sus personajes, esos libros no solo estarían constreñidos en un único género literario que obviamente no les define en toda su extensión, sino que no serían historias divertidas, genuinas, excéntricas, imprevisibles ni, por supuesto, tan cautivadoras.

Y ojo querid@s que ese tipo de historias o están más cerca de la realidad que de la ficción o, siendo generosos, en el justo medio. Lo que sí os digo es que todos y cada uno de esos gloriosos artefactos narrativos tan sui géneris han dejado marca en mi bibliofilia.

Y de ahí que, cuando la Providencia Librera se conjura para que algún reginaexlibrislandiano me pregunte por uno de ellos, mi pelucón se ilumina como el Strip de Las Vegas y una enorme nube llena de confeti y purpurina descarga su chaparrón multicolor a ambos lados de mi escritorio.

Y hoy por suerte ha sido uno de esos días. Y, sí, lo celebro a pesar de seguir quitándome confeti hasta de las fosas nasales horas después de la visita. El caso es que estaba yo aferrada a mi tercer café de la mañana cuando un reginaexlibrislandiano se adentró en mis confines y, tras darme los buenos días, me espetó:

Cliente: ¿Recuerdas en qué libro juzgaban a un ricachón pomposo, testificaba una drag queen y un tipo paseaba una correa (sin perro)?

Regina: Mmm, creo que sí. Pero, ¿recuerdas alún detalle más?

Cliente: Es que me hablaron de él hace muchos años y no lo recuerdo bien. ¡Ah, sí, espera! Transcurría en Atlanta, o en el Sur de EEUU. Y no me digas cómo me vino a la cabeza y ahora quiero encontrarlo y, claro, leerlo.

Regina: Pues, querid@, no me digas más. No está ambientado en Atlanta, sino en Savannah, y es Medianoche en el jardín del bien y del mal, de John Berendt. Uno de mis libros favoritos, sin duda. ¡Y no es novela en sí! Pero sí que hay un crimen, una sinuosa drag queen de lengua bífida llamada Lady Chablin y Patrick, el perro al que un caballero pasea cada día, pese a que el pobre cuadrúpedo hubiera fallecido décadas atrás.

(Medianoche en el jardín del bien y del mal / Warner Bros)

(Medianoche en el jardín del bien y del mal / Warner Bros)

Cliente: ¿Y lo tienes?

Regina: ¡Claro! Yo estuve bastante cabreada con Random House porque hubo unos años “oscuros” en los que no había ejemplares en circulación. Pero finalmente en 2015 se reeditó en papel y en digital. ¡Brrrr!

Cliente: Espera, espera… ahora que veo la cubierta… ¿no hay película?

Regina: Pues sí, y es una maravillosa adaptación. La rodó Clint Eastwood un par de años después de publicarse el libro a finales de los 90. Y si ya con el libro (que no es una novela en sí, sino que es una mezcla de crónica de un crimen real con retratos de la gente, de las costumbres, de las extravagancias y de los rincones de Savannah, aderezado eso sí con algún toque de ficción), Savannha vivió un boom de afluencia turística, pues luego con la película ya ni te cuento.

(Medianoche en el jardín del bien y del mal / Warner Bros)

(Medianoche en el jardín del bien y del mal / Warner Bros)

Cliente: ¿En serio?

Regina: ¡Uy, y tanto! yo misma llevo años queriendo ir a Savannah. Hace años me hablaron de ella, pero es que además la mencionan en La isla del Tesoro y en Lo que el viento se llevó. Con eso ya me picó la curiosidad, pero fue leer Medianoche en el Jardín del Bien y del Mal y desear echar el cierre para volar a Savannah. Porque encima es que lo que se le da bien a John Berendt es plantarse en una ciudad -normalmente con encanto-, habitarla y narrártela a través de las gentes que la pueblan y que le imprimen carácter. Ya lo hizo con Venecia en su estupenda La ciudad de los Ángeles Caídos.

Cliente: ¡Ah, sí! ¿Eh? Bueno, bueno, bueno: ¡ya estoy deseando leerla!

Y se fue con Medianoche en el Jardín del Bien y del Mal, de John Berend (Random House). Espero que le entusiasme como en su día me entusiasmó a mi, y de paso os las prescribo a todos vosotros, mis reginaexlirbrislandianos de pro, porque es una auténtica delicia que te atrapa y aísla de todo hasta el punto y final… y más allá. El libro es justo como Berendt describe a la ciudad que lo inspira:

Savannah miraba para sus adentros, muy alejada del mundanal ruido y las distracciones de todo lo que ocurriese fuera de sus puertas

 

NOTA DE REGINA EXLIBRIS:

Medianoche en el jardín del bien y del mal

Medianoche en el jardín del bien y del mal

En un punto entre la crónica periodística de un asesinato real, la reconstrucción de un turbio proceso judicial y el relato de las gentes, los lugares, las costumbres, las extravagancias y la historia de la gloriosa y decadente Savannah, Medianoche en el jardín del bien y del mal, es un libro original, ameno, excéntrico, divertido y definitivamente absorbente.

Adéntrate en turbio y sosegado encanto de una ciudad con pasado pirata y presente cargado de añejo esplendor, que es la verdadera protagonista del relato, un auténtico Edén por el que el Diablo campa a sus anchas y poblado por una galería de criaturas excepcionales y genuinas. Piratas, lujosas fiestas, sacerdotisas vudú, tugurios infectos, mansiones coloniales, ríos de alcohol, viejas damas con enaguas, tocado, abanico y pistola, chaperos, pianistas, nuevos ricos, coristas y un entorno perversamente embrujado en que todo lo ordinario resulta ser extraordinario.

 

 

6 novelas para leer y ser una Flapper a lo Zelda Fitzgerald

Ser una jovenzuela irreverente en los locos y decadentes años 20 tenía estética y nombre propios: flapper.

(Z: The Beginning of Everything / Amazon Studios)

(Z: The Beginning of Everything / Amazon Studios)

Y si ya fue carne de tinta para muchos escritores de entonces hoy en día el “flapperismo” sigue vivito y coleando con gracia desenfadada y andrógina para acaparar protagonismo en novelas y series catódicas.

Eso explica por qué una reginaexlibrislandiana se adentró en mis confines en busca de “novelas sobre Zelda, la serie con Christina Ricci. Ambientadas en los años 20, ¿no?”.

Y, claro, ante semejante petición yo me transformé a la velocidad de la luz para responder ataviada con un collar de perlas de tres vueltas, el pelucón embutido en una peluca rubia platino a lo bob cut, jazz de fondo, mares de champagne, mi plumero reconvertido en tocado y prácticamente asfixiada bajo una densa capa de talco blanco.

Todo porque para prescribir novelas de flappers quiero ser deliciosamente ligera de cascos, ancha de miras, fumar en boquilla y saciar esta sed enfermiza de champagne mientras espero que mi marido, el escritor de éxito y siempre divino Scottie, venga a recogerme para quemar de una vez esta maldita noche.

Si, querid@s reginaexlibrislandianos, ahora soy Zelda Fitzgerald. Con un par de… collares de perlas de tres vueltas y una sonrisa entre pícara y desafiante.

Y tras una interesante charla con mi reginaexlibrislandiana sobre un tipo de personaje que me apasiona y que ha inspirado océanos de tinta, prescribí 6 grandes novelas para saber qué y cómo es una flapper que quizá os interesen:

¿Listos? Van:

1. Resérvame el vals. Zelda Sayre Fitzgerald. Roman y Bueno Editores. Alabama Beggs es la flapper por excelencia y alter ego de Zelda Fitzgerald, mujer y musa del autor de El Gran Gastby. La pareja fue el corazón de la Generación Perdida, integrada por artistas de entreguerras afincados en París. Alabama nos arrastra desde la evocación de su infancia en una decimonónica ciudad del viejo sur a una frenética vida de excesos junto a su marido, un pintor de éxito con el que irá de Nueva York a Europa, y con sus propios demonios. El doble fracaso de Alabama como bailarina profesional y como esposa y madre la abocará a la autodestrucción física y mental. Retrato duro, fresco y electrizante de una época cargado de vívidos diálogos que es, además, el testimonio en primera persona de una de las grandes protagonistas de toda una era y de una forma de vida. Su marido, F. Scott Fitzgerald, ficcionó sobre esa misma caída en espiral de ambos en Suave es la noche.

Resérvame el vals

Resérvame el vals

2. Suave es la noche. F. Scott Fitzgerald. Debolsillo. Dick y Nicole Diver, una joven y glamurosa pareja norteamericana, llegan a la Riviera francesa de los felices años veinte, época en que allí se daba cita la beautiful people de todo el mundo y donde el champagne y las orquestas no tenían fin. Son ricos, cultos, elegantes, irresistiblemente atractivos y están siempre deshidratados y listos para una buena fiesta a cualquier hora del día o de la noche. Pero algo se oculta tras su aparente perfección: Nicole tiene un secreto, Dick una debilidad, y juntos se deslizan cuesta abajo hacia un abrupto precipicio que será su fin. Suave es la noche es una de las cimas narrativas de Francis Scott Fitzgerald, su novela más intensa y de mayor carga autobiográfica. Y en palabras de su esposa Zelda, que plasmó las mismas vivencias desde su óptica en su Resérvame el vals: «hay mucho de su propia vida en este atormentado retrato de opulencia destructiva e idealismo malogrado».

Suave es la noche

Suave es la noche

3. Hermosos y Malditos. F. Scott Fitzgerald. Debolsillo. Una gloriosa novelita en la que dos recién casados (podrían ser perfectamente una vez más ellos, Scott y Zelda Fitzgerald) de la alta sociedad estadounidense viajan por el mundo, bailan, derrochan y se beben los dorados años veinte en juergas interminables hasta que la orquesta para, se acaba el licor y llega el fin de la fiesta, el de su relación y el de una sociedad hedonista donde el éxito, la belleza y la fortuna son siempre demasiado fugaces e implacables en el ocaso. Exquisito y doloroso retrato del auge y la caída de dos criaturas carismáticas que, estando predestinadas a lo mejor, sin embargo fueron condenadas sin titubeos a la desintegración y al abandono emocional, físico y social.

Hermosos y Malditos

Hermosos y Malditos

4. Adiós a Berlín. Christopher Isherwood. Acantilado. C. Isherwood disecciona en lo que parecen instantáneas de una polaroid cómo un británico que viaja al Berlín en 1930 aterriza junto a una soberbia galería de personajes que burlan sus apuros y su decadencia a golpe de excesos, mientras la peste nazi lo va fagocitando todo como una masa gelatinosa que los engullirá en 1933, cuando Hitler llega al poder. Estamos en la Alemania castigada tras la derrota en la IGM, y Christopher convive con los seres que pueblan una ciudad que es todo bajos fondos, donde personajes de mala reputación y dudosas intenciones abarrotan los cabarets, y la aristocracia aria se arrima al Partido nazi mientras la judía aún menosprecia la amenaza. Como lector, respiras el ambiente cargado de los tugurios y sientes en tu paladar el regusto a tabaco, ginebra y champagne, antídotos fugaces a una desesperanza que se materializará en el nazismo y marcará la Historia Moderna. Adiós a Berlín es una novelita deslumbrante y colosal que hipnotiza por escalofriante y conmovedora a partes iguales.

De uno de sus relatos, Sally Bowles, salió el guión original del musical Cabaret en Broadway en 1969. Tres años más tarde se estrenaría su mítica adaptación cinematográfica, a la que a su vez seguirán infinitas versiones sobre las tablas y alguna que otra más en celuloide.

Adiós a Berlín

Adiós a Berlín

5. Normas de cortesía. Amor Towles. Salamandra. Vibrante homenaje a la Nueva York de los años treinta y los últimos coletazos de Ley Seca, la gran urbe de la desigualdad económica, de los clubs privados y de los speakeasy donde se bebían mares de ginebra al son del mejor jazz, y donde los imponentes edificios con marquesina y portero de uniforme daban forma y fama a la ciudad de los rascacielos. Con una fiel ambientación, diálogos afilados como puñales y un ritmo efervescente, Normas de cortesía relata el brutal aprendizaje y la tortuosa escalada social de una joven ambiciosa de orígenes humildes que, con nervios de acero, inteligencia analítica y garras de astracán, luchará por sobrevivir y trepar en la ciudad de las mil caras y los deslumbrantes neones, que es en realidad una selva de hipocresía y de asfalto donde las mejores oportunidades conviven con infinitas tentaciones y peligros. Maravillosa.

Normas de cortesía

Normas de cortesía

6. El accidente del teletransporte. Ned Beauman. Alba. Dicen que la historia es «algo que sucede mientras estás colgado». Por eso, a pesar de que El accidente del teletransporte arranca en Berlín y en pleno auge del nazismo, no es una novela sobre los nazis. La novela trata de las dos obsesiones del escenógrafo Egon Loeser: volver a hacer el amor con una mujer y montar un escenario que reproduzca un artilugio inventado en el Renacimiento, capaz de hacer viajar a los actores en el espacio y en el tiempo. Una estupenda y original novela de aventuras llena de guiños históricos que, aunque proyectada sobre el telón de fondo del ambiente de las fiestas del Berlín de la década de 1930, aparecerán Brecht, Sartre, el París de Hemingway y Picasso, y el Los Ángeles de los judíos exilados, los millonarios y los excomunistas. Un homenaje a la imaginación que te clava en el corazón y la esencia del ecosistema en el que nace, se hace y muere una auténtica flapper.

El accidente del teletransporte

El accidente del teletransporte

Mi reginaexlibrislandiana decidió empezar con Resérvame el vals, de Zelda S. Fitzgerald (Roman y Bueno Editores), Hermosos y Malditos, de F. Scott Fitzgerald (Debolsillo) y Adiós a Berkín, de C. Isherwood (Acantilado). Un magnífico festín libresco para metamorfosearse en flapper a golpe de libro.

 

Si buscas una novela deliciosa y perversa lee Siempre hemos vivido en el castillo, de Shirley Jackson

Llevo años entre atenazada y rendida a los pies del perverso talento de Shirley Jackson, la gran dama del terror doméstico.

(¿Qué fue de Baby Jane? / Warner Bros)

(¿Qué fue de Baby Jane? / Warner Bros)

Si, querid@s. Y os diré que si el terror literario fuera un postre Shirley Jackson te brindaría una mousse de chocolate negro espolvoreada con ralladura de naranja y arsénico. Por eso saborear con más recelo que placer ese terror shirleyjacksiano abandona un regusto amargo en tu paladar bibliófilo, que sabes que viene de la certeza de que esa pesadilla entraña más verdad velada que ficción pura.

Aún me sobrecojo al recordar cómo esa mujer es capaz de emponzoñar a palabras una idílica escena cotidiana y de armar relatos que, aunque en apariencia inofensivos, se transforman en cálidas pesadillas que van subiendo de temperatura y terminan por inmolarte como lector.

Sí, queridos, el de esta perfecta ama de casa y madre de familia de la América de los 50 es un endemoniado talento que se alimentaba de sus bestias internas. Su universo literario era su vía de escape y de catarsis ante una dicotomía y un desgarro existencial que la asfixiaban: el rol social que debía ejercer y que de hecho ejercía como “señora y madre de” y la profunda desesperación de quien sabe que no encaja en el patrón. La certeza de que el matiz de su diferencia la aislaba y alejaba del resto devino en un impulso creativo con voz propia.

De esa demencia, de esa psicósis ahogada, de esa soledad, de esa impotencia y rabia contenidas, de ese impagable humor negro y de una rotunda lucidez se nutre un universo literario tan escalofriante como hipnótico y luminoso. Leerla es una experiencia bibliófaga sobrecogedora, bella y atroz, a ratos gótica y algo turbia, pero siempre deliciosa y perversa.

Así que hoy, cuando un reginaexlibrislandiano asiduo me ha preguntado por ella me ha alegrado y ensombrecido el día a la vez:

Cliente: Oye, Regina, ¿qué sabes de la tal Siempre hemos vivido en el castillo? Hablan muy bien de ella, ¿me la recomiendas?

Regina: Sí, sí y sí. Y mil veces sí, querid@. Es de Shirley Jackson, una escritora norteamericana de los años 50 capaz de acongojar al más pintao con un relato en apariencia insulso.

Cliente: Sí, algo así pensaba. ¿Es para tanto?

Regina: A ver… si buscas una novela deliciosa y perversa sí, sin duda lee Siempre hemos vivido en el castillo. Es un artefacto narrativo perfecto y complejo, y te vas deslizando con la trama hasta darte de bruces contra un final que… bueno, mejor yo me callo, tú te lo lees y luego me cuentas.

Cliente: ¡Ja, ja, ja! ¡Hecho! Y ya que estamos, ¿algo más de ella para aprovechar el viajecito y meterme de lleno en el “universo Shirley Jackson”?

Obras de Shirley Jackson

Obras de Shirley Jackson

Regina: Pues sí, querid@. Aquí tienes la espeluznante La maldición de Hill House (Valdemar) y, por su puesto, sus Cuentos Escogidos (Minúscula) que incluyen uno de los relatos más turbadores que he leído: La lotería. ¡Una barbaridad!

Cliente: Venga, pues me llevo las tres. Pero ya te digo que empezaré por Siempre hemos vivido en el castillo. Después de todo es el gusano que me picó, ¡je je!

Regina: Pues divinamente, querid@. Ah, por cierto, a estas alturas habrán terminado el rodaje de la primera adaptación de Siempre hemos vivido en el castillo made in Hollywood. Supongo que se estrenará en 2018… ¡Ay, a ver si no se la han cargado!

Y abandonó mis confines con sus tres criaturas shirleyjacksonianas bajo el brazo y farfullando sobre algunos descalabros cinematográficos al tratar de adaptar según qué novelas y autores.

Y yo empecé a salivar solo de pensar en el postre libresco en forma de relectura que sabía que remataría mi almuerzo reginaexlibrislandiano de hoy: una mousse de chocolate negro espolvoreada con ralladura de naranja y arsénico bautizado Siempre hemos vivido en el castillo y gentileza de Shirley Jackson. ¡Ñan, ñam!

NOTA DE REGINA EXLIBRIS

Siempre hemos vivido en el castillo

Siempre hemos vivido en el castillo

Mary Katherine (alias Merrycat) y Constantine son las hermanas Blackwood y viven en la mansión familiar con su tío Julian, un anciano que delira y escribe y reescribe de forma cumplulsiva sus memorias. Merrycat es salvaje e independiente, y Constantine es una hermosa joven dedicada a cuidar de los suyos. Años atrás, el resto de la estirpe murió envenenado en el comedor del caserón. Desde entonces el pueblo los margina y desprecia, y acusan a Constantine de asesinar a sus parientes. Pese a eso, el trío Blackwood, lejos de lamentar su reclusión física y social, cohabita en armonía y a lo suyo, según Merrycat. Pero todo cambia cuando irrumpe Charles, un pariente a la caza de fortuna y de Constantine que amenaza con romper el peculiar equilibrio doméstico de este singular trío. Y hasta aquí puedo contar de este retorcido cuento de hadas en el que hay un castillo, una princesa, un príncipe y un dragón. Jackson juega de forma magistral con el intercambio de roles y los giros inesperados para inocular una creciente inquietud en un lector que quedará inevitablemente pulverizado en el punto y final. Historia sombría e inquietante, que es, sin duda, una obra maestra del terror doméstico del bueno.

 

Hazte un bibliofavor y lee Asesinato en el Orient Express

Reginaexlibrislandia en pleno fue testigo de mi rendición al Poirot de Sir Charles Kenneth Branagh (y resto del elenco), por Dickensinizarme el Orient Express con la nueva versión homónima del clásico de Agatha Christie.

Asesinato en el Orient Express

Asesinato en el Orient Express

Además y gracias al visionado del filme fui directa a mi viejo ejemplar de Asesinato en el Orient Express (Agatha Christie, RBA) para una buena relectura.

Atravesado el punto y final me reafirmo en el colosal valor de un clásico del género detectivesco que no dejará nuca de maravillarme.

Os comentó por qué:

Estambul, pleno invierno. El investigador belga Hércules Poirot decide tomar de improviso el Orient Express, que en esa época suele ir prácticamente vacío. Pero contra todo pronóstico el tren va lleno y solo gracias a sus contactos Poirot consigue un pasaje in extremis.

Pasada la primera noche a bordo al belga le aguardan dos desagradables sorpresas antes del desayuno: no se mueven porque una tormenta de nieve mantiene bloqueada la línea férrea y un americano ha sido asesinado en el compartimiento vecino al suyo.

Con el tren detenido por tiempo indefinido y el convencimiento de que ha sido un crimen pasional (doce puñaladas asestadas con saña y sin patrón) Poirot arranca una de las investigaciones criminales más memorables de la literatura. Todos los viajeros se ofrecen para prestar declaración y, tras los primeros interrogatorios, aparentemente nadie ha entrado ni salido del coche-cama del difunto durante la noche.

Pero todos cuentan verdades a medias, y Poirot sabe que el asesino sigue en el tren. ¿Quién asestó las puñaladas?¿Por qué lo hizo? ¿Se dejaron cabos sueltos? ¿Logrará Poirot descubrir la verdad antes de que el Orient Express retome su marcha? ¿Y tú, lector?

(Asesinato en el Orient Express, 2017 / 20th Century Fox)

(Asesinato en el Orient Express, 2017 / 20th Century Fox)

Una novela vertebrada en tres partes que implica al lector en la investigación desde el primer momento obligándole a tratar de llevarle la delantera al mismísimo Poirot en sus pesquisas.

Una trama entretenidísima y perfectamente armada y aderezada con el humor inteligente de la Christie, y un final de órdago que te deja con la boca abierta en una novela con Mayúsculas que funciona no solo como un endiablado puzzle a resolver perfectamente calibrado, sino como vívido tapiz de aquella Europa de clase alta que, ya en el período de entre guerras, aunque había perdido pie se aferraba al pasado con garras de astracán, brillantina, aires de grandeza y usos desfasados.

A los pies del Poirot de Kenneth Branagh por Dickensianizarme el Orient Express

Retarme a ir ver una película basada en una novela que adoro y que ya tiene una buena adaptación previa es jugar con fuego valyrio en reginaexlibrislandia.

(Asesinato en el Orient Express, 2017 / 20th Century Fox)

(Asesinato en el Orient Express, 2017 / 20th Century Fox)

Pero como me tentó uno de mis libreros acepté, y tras echar el cierre en la librería enfilé al cine. La versión oficial en reginaexlibrislandia es que iría a ver Asesinato en el Orient Express (2017) por el bien de la literatura y de mis reginaexlibrislandianos.

Eso sí, en confianza os digo que la verdad es menos filantrópica y pelín más novelesca: ni por cien libros iba yo a desperdiciar la oportunidad de lanzarle mañana al infeliz una biblioperorata agathachristínica post decepción fílmica by Regina Exlibris precedida de un rotundo “Te lo dije, querid@“).

Así que me planté en el cine bien cargadita de prejuicios y con el colmillo afilado, salivando al previsualizar a mi presa atrapada en mis mandíbulas.

Y todo iba rodado, porque ya en los primeros minutos de proyección di con el atuendo perfecto para la escenita que pensaba montar al día siguiente en la librería: iría embutida en la piel de la Sra. Hubbard (Michelle Pfeiffer), una víbora sinuosa dispuesta a merendarse a cualquiera con garras de astracán para escupir después los restos con hiriente elegancia. ¡Ay, NO podía pedir más!

Peeero la Providencia Librera, que sabe que cuando patino lo hago a lo grande y con toda la puñetera pompa regia, me tenía preparada una sorpresita bibliodiabólica que se proyectaría ante mis ojos en 3, 2, 1…

Y es que desde aquí os lanzo la misma pregunta que me hice apuntalada a mi butaca:

¿Cómo demonios iba yo a imaginar que el Poirot de Sir Kenneth Charles Branagh iba no solo a leer y desternillarse con Historia de Dos ciudades de Dickens en varias de escenas con peso propio en el metraje, sino que además y no contento con eso iba a bramar a todo el pasaje del maldito Orient Express eso de ”Oh, mon cher Dickens!”?

(Asesinato en el Orient Express, 2017 / 20th Century Fox)

(Asesinato en el Orient Express, 2017 / 20th Century Fox)

Llegada a esa escena ya no tuve más remedio que bajar los brazos, quitarme el pelucón dorado, soltar la marta cibelina, reconocer mi derrota y disfrutar de una estupenda adaptación de la novela homónima de Agatha Christie mientras la parafraseaba para auto-recriminarme con venenosa compasión: “Ahh, pobre criatura, es sueca”. (Es una de sus frases más memorables, y me venía al pelucón ahora, claro).

Id a ver la película si podéis, querid@s. Porque además de disfrutarla os garantizo que saldréis de la sala con ganas redobladas nos solo de leer (o releer) Asesinato en el Orient Express sino también Historia de dos ciudades de Charles Dickens.

Así que lo hago público ante Reginaexlibrislandia en pleno:

A sus pies, Poirot de Sir Charles Kenneth Branagh (y resto del elenco), por Dickensianizarme el Orient Express al completo

(Asesinato en el Orient Express, 2017 / 20th Century Fox)

(Asesinato en el Orient Express, 2017 / 20th Century Fox)

  • Y vosotros, queridos, ¿visteis la nueva adaptación de Asesinato en el Orient Express? ¿Qué os pareció? ¿Y la que filmaron en 1974?
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“¿Qué novela era aquella en la que una loca tortura a su autor favorito?”

No negaré que esta vida que llevo tan saturada de ficción me ha forjado un vínculo especial con personajes que, aunque siniestros y a veces letales, viven consagrados a una obsesión apuntalada de alguna manera a la literatura en cualquiera de sus formas (personajes, sagas, autores, etc).

(Misery, 1990/ Columbia Pictures)

(Misery, 1990/ Columbia Pictures)

Son gajes del oficio librero llevados al extremo, sí, pero es que me temo que en la gama cromática de reginaexlibrislandia no hay lugar para los grises.

El caso es que, quizá por pudor o puede que más bien por temor a que llegue a cruzar yo misma esa tenue línea que separa a los seguidores de un tipo de personajes de las criaturas transtornadas en sí, no se trata de un tema que airee muy a la ligera en reginaexlibrislandia.

Exceptuando, claro está, en esas ocasiones en las que un reginaexlibrislandiano me da el pie dentro de mis confines librescos. Como hace unas horas:

Cliente: Ejem, Regina, buenas tardes

Regina: ¡Hola! ¿Qué tal vas?

Cliente: Bien, bien… Oye, una cosita

Regina: Dime, querido

Cliente: ¿Qué novela era aquella en la que una loca tortura a su autor favorito? Es que ayer en una cena hablábamos de personajes retorcidos y yo no lograba recordar cuál era. Solo que la comentamos aquí un día porque me la recomendaste para un regalo, pero no llegué a leérmela yo.

Regina: Mmmm, ¿una loca torturando a su escritor favorito?

Cliente: Sí, le tenía en una casa aislada y le obligaba a escribir.

Regina: ¡Ah, sí, claro! Hablamos de la aterradora Annie Wilkes

(Misery, 1990/ Columbia Pictures)

(Misery, 1990/ Columbia Pictures)

Cliente: ¿Y qué novela escribió?

Regina: No, no, querido. Annie Wilkes es la enfermera psicópata obsesionada con Misery Chastain, un personaje que protagoniza una saga superventas de novela romántica en EEUU en los ochenta. Y el libro que buscas es Misery, del enorme Stephen King

Cliente: ¡Sí, si, si! ¡Eso! ¡Misery! No recordaba que era de King.

Regina: Para mi es una de las mejores historias de King. Es una de esas novelas-cepo que te tienen pillada y con el corazón en la garganta. Ves venir el horror de la escena siguiente, pero piensas “Noooo, que va, no va a ser capaz de hacerlo, no va a… y ZAS, lo hace delante de tus narices”.

Cliente: ¿Y no había una película también?

Regina: Sí, con una enorme Kathy Bates embutida en la piel de Annie Wilkes. Una gran adaptación, sí señor. Y también se han hecho adaptaciones teatrales. Da para mucho la historia.

(Misery, 1990/ Columbia Pictures)

(Misery, 1990/ Columbia Pictures)

Cliente: ¿Tienes ejemplares?

Regina: Sí, aquí lo tienes. ¡Bon Appétit querido!

Y se fue a pasar la tarde con la turbia, imprevisible y atroz enfermera Annie Wilkes.

Y yo me puse a regodearme en la trama y los turbios vericuetos de Misery, que es mi novela favorita del gran Stephen King, seguida por El misterio de Salem´s lot, El resplandor y El cementerio de animales. Una novela que, si no habéis leído aún, os recomiendo. Y os la recomiendo tanto si habéis visto la adaptación homónima a celuloide como si no.

Os cuento por qué:

Misery

Misery

Cínica, impredecible, obsesiva, salvaje, brutal, carente de cualquier atisbo de empatía y abrupta. Así es la enfermera Annie Wilkes, una de las encarnaciones del mal de carne y tinta más sobrecogedoras de Stephen King, que en Misery (Debolsillo) secuestra y atormenta con enfermiza devoción a un escritor de éxito para que retome una historia protagonizada por Misery Chastain, su personaje de novela romántica favorito, que en su última entrega el autor, cansado de su exitosa criatura, sacrificó para dedicarse a otro tipo de historias.

El duelo entre víctima y verdugo en un espacio claustrofóbico es una bomba de relojería que explota en páginas contadas, pero su onda expansiva desestabilizará el sueño del lector más heroico muchos días después de haber sobrepasado el punto y final de la novela. Aterradoramente brillante.

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Por qué leer David Copperfield de Charles Dickens SÍ o SÍ

Enterrada como estoy entre libracos en Reginaexlibrislandia os aseguro que, lejos de experimentar síntomas de asfixia o librofobia, mi apetito lector es cada vez más voraz.

(The Song of Songs, 1933 /Paramount)

(The Song of Songs, 1933 /Paramount)

El único efecto secundario que detecto en mi bibliovida es cierta angustia por no tener más horas al día para atiborrarme sin tregua de literatura y, ya que estamos, otro par de ojos incrustados en el pelucón para traginarme ejemplares a pares.

Y no hablo solo de nuevas novelas y autores, sino también de relectura de según qué títulos para mi magistrales. Los veo cada día en mis baldas y ahí, si me empeño y no se me ha ido la mano con el café, hay días en los que incluso puedo contenerme.

Pero cuando los prescribo a reginaexlibrislandianos asiduos o esporádicos la bibliohiena que hay en mi pulveriza los grilletes y se abalanza sobre el ejemplar .

Así que ahora me pilláis plácidamente saciada de Literatura y en plena sobremesa post-atracón del David Copperfield, de Charles Dickens.

Y todo por una reginaexlibrislandiana asidua que me visitó a primera hora:

Clienta: Hola, Regina

Regina: ¡Ah, buenos días! ¿Qué tal?

Clienta: Muy bien. Verás, llevo tiempo relegando un libro de Dickens y necesito un empujoncito para saldar esa deuda. Mi sobrina ya se lo ha leído, la veo la semana que viene y no quiero decirle que no he podido ni empezarlo.

Regina: ¿Qué Dickens es?

Clienta: Pues… David Copperfield.

Regina: ¿David Copperfield? ¡NOOOO!

Clienta: Sí. ¡Yo qué sé, Regina! me gusta Dickens, pero no me arranco…

Regina: Mmmm pues te voy a decir por qué deberías leerte David Copperfield sí o sí, querid@. Sobre todo en la impecable edición de Alba Clásicos.

Y aquí empezó mi argumentario davidcopperfieldiano ejemplar en mano:

David Copperfield

David Copperfield

Con fuertes matices autobiográficos David Copperfield narra las aventuras y desventuras de un muchacho desde su infancia hasta la edad adulta, en la Inglaterra rural y el Londres del s. XIX.

Es una sucesión de vívidos fotogramas de sus desgracias y -contadas- alegrías de infancia y juventud, de las largas jornadas en una fábrica, del trabajo en un bufete de abogados, de sus primeros pasos como corresponsal y escritor, y de sus primeros escarceos amorosos.

Tiene tanto del propio Dickens que él mismo reconoció que David Copperfield era su alter ego y su «hijo predilecto» literario. Y ojo queridos que fue no sólo la novela preferida del propio Charles Dickens, sino que fue libro de cabecera de titanes de las letras como Henry James, Dostoievski, Tolstoi, Virginia Woolf, Joyce, Kafka, Césare Pavese e Ítalo Calvino, e incluso de Freud.

Desde su publicación primero por entregas entre 1849 y 1850, y editado en un volumen en 1950, ha batido récords en ventas y en lectores, y ha sido adaptado a todos los formatos imaginables (cine, serie televisiva, teatro, musical, etc) porque cautivó a prácticamente todo aquel que leyó el texto original.

Y lo sigue haciendo porque, una vez se adentra uno por sus páginas, es muy difícil sustraerse al hechizo de una fórmula literaria magistral que lleva las dosis justas de melodrama y de comicidad, de ironía y de realismo, de crueldad y de ternura, a través de una gloriosa galería de personajes entre los que destacan, aparte del propio David Copperfield, su tierna y vehemente tía Betsey, el excéntrico señor Micawber, siempre sin blanca y siempre al filo del abismo, la enamoradiza e inocente pero tozuda y hogareña Agnes Wickfield y el escurridizo, corrupto y maquiavélico Uriah Heep.

(Mr Micawber / Bradbury and Evans, 1850)

(Mr Micawber / Bradbury and Evans, 1850)

Un mosaico vívido, divertido y cruel, que es una lección de vida, que tiene parte de cuento de hadas, parte de relato de iniciación y parte de denuncia social al más puro estilo Dickens y que, a pesar de sus más de mil páginas se lee de forma vertiginosa obligándote a pasar de una emoción a otra en cuestión de líneas.

Y por si eso fuera poco decir que, de entre las 989 criaturas de tinta creadas por Dickens, él mismo eligió a David Copperfield como su personaje e historia favoritos es mucho decir, ¿no, querid@?

Y así cerré mi vomitona davidcopperdfieldiana.

Mi reginaexlibrislandia no titubeó y se fue de mis confines con su flamante ejemplar de David Copperfield (Alba Clásicos) bajo el brazo y, según ella, directa a empezarlo.

En cuanto a mi… pues os diré que como era de esperar el sonido de la puerta de reginaexlibrislandia al cerrarse tras ella despertó a mi bibliohiena y sin saber muy bien cómo me abalancé sobre mi ejemplar…

Y el resto es pura bibliogula satisfecha a dentelladas atrincherada en mi escritorio y ahora, con el buche lleno y la bibliofilia en paz, esta nota escrita reconfortada por el maravilloso banquete y en armonía con el universo regino.

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