BLOGS
Reflexiones de una librera Reflexiones de una librera

Reflexiones de una librera
actualizada y decidida a interactuar
con el prójimo a librazos,
ya sea entre anaqueles o travestida
en iRegina, su réplica digital

Archivo de la categoría ‘Reginaexlibrislandia’

“Busco un libro sobre un marrano, los nazis y un club de libros”

Teníais que haberme visto echando el cierre en la librería. La bibliofilia me rezumaba por los poros, mi pelucón irradiaba destellos dorados y caminaba entre vaporosa y ausente con esa sonrisilla pícara y radiante que me daba la vuelta a la cara y que delata que algo muy bueno me acababa de pasar.

(Lana Turner / MGM)

(Lana Turner / MGM)

Y es que si no es suficiente regalazo del destino esta forma de vida tan de libro que llevo hay momentos en que la Providencia Librera decide compensarme por vete tú a saber qué, y me da la oportunidad de desempolvar algún título de esos que adoro pero que nunca fueron un bestseller y a los que me aferro reservándoles un hueco en reginaexlibrislandia aún a costa de mi cuenta de resultados.

El caso es que estaba yo moviendo cajas y preparando devoluciones totalmente sobrecafeinada cuando un reginaexlibrislandiano no asiduo se materializó ante mí. Era un tipo enorme, que vestía todo de verde salvo por una gorra amarilla, y que iba tan cargado de bolsas que respiraba con dificultad.

Mientras yo miraba tranquilamente a este simpático árbol de navidad que acababa de germinar de forma espontánea en el parquet de reginaexlibrislandia en pleno julio, él recuperaba el resuello e iba soltando una a una y con delicadeza sus bolsas por mi mostrador. Cuando acabó me miró, carraspeó y dijo:

Cliente: Buenos días. Perdona que te haya invadido la mesa, pero necesitaba descargar un momento.

Regina ExLibris: Tranquilo, caballero, está usted en su casa.

Cliente: Llevo toda la santa mañana de compras y recaditos, y por suerte esta es la última etapa de mi tour.

Regina ExLIbris: ah, ¿y le puedo ayudar en algo?

Cliente: Sí, en dos cosas. La primera es… bueno, por favor tutéame.

Regina ExLIbris: ¡Ja, ja, ja! Lo intentaré. ¿Y la segunda es..?

Cliente: Me da un poco de apuro. Quiero una novela de la que le hablaron a mi mujer, que está enferma y no se puede mover. Lo está pasando mal y sé que… bueno, da igual. Que busco un libro sobre un marrano, los nazis y un club de libros.

Regina ExLibris:  ¿Cómo? ¿Perdona?

Cliente: Lo que oyes. Necesito encontrar un libro que va de un marrano, un club de libros y con nazis. NO te puedo decir más.

Regina ExLibris:  Mmmm

Cliente: Sé que es poca información, pero…

Aquí dejé de escuchar lo que el buen hombre me decía. Yo ya tenía la mirada vuelta hacia mi bibliofilia, el ceño fruncido y me repetía entre susurros y como conjurando un viejo hechizo “Marrano, Nazis, Club-de-libros; Marrano, Nazis, Club-de-libros; Marrano, Nazis, Club-de-libros; Marrano, Nazis, Club-de-libros; Marrano, Nazis, Club-de-libros”.  Mientras él seguía hablando…

Cliente: … es la cuarta librería a la que voy y nadie pudo ayudarme. Yo entiendo que son pocas pistas, y bastante rarito suena lo que digo, pero es todo lo que…

“Marrano, Nazis, Club-de-libros; Marrano, Nazis, Club-de-libros; Marrano, Nazis, Club-de-libros; Marrano, Nazis, Club-de-libros; Marrano, Nazis, Club-de-libros…. ¡LO TENGO! ¡ CLARO QUE SÍ, ES GUERNSEY!”

Cliente: ¿Qué dices?

Regina ExLibris: Ya sé qué libro buscas. Es La sociedad literaria y el pastel de piel de patata de Guernsey. Es de Mary Ann Shaffer -aunque lo terminó su sobrina Annie Barrows caundo la tía enfermó-, y lo edita RBA.

Cliente: ¡No me jodas! PERDÓN. ¿En serio? ¿Es ese? ¿Segura? Menudo título, ¿no?

Regina ExLibris:  Sí, y no sé cómo no he podido caer antes porque es uno de mis libros favoritos. Y, efectivamente, aparece todo lo que decías. Imagínate el Londres tras la IIGM. Allí vivía una escritora que buscaba como loca material para una nueva novela porque estaba en

La sociedad literaria y el pastel de piel de patata de Guernsey

La sociedad literaria y el pastel de piel de patata de Guernsey

blanco. De pronto recibe una carta remitida desde la isla de Guernsey en la que un desconocido le dice que ha caído en sus manos un ejemplar de un libro que le perteneció a ella antes de la guerra. Como en su pueblo hay escasez de todo, le pide que le busque unos libros y se los envíe. Así arranca una correspondencia a la que se suman después otros vecinos y le cuentan cómo, entre otras cosas, un cerdo y un pastel de piel de patata les sirvieron de tapadera para dar esquinazo a los nazis en plena ocupación y poder saltarse el toque de queda para reunirse y leer y comentar novelas. Ella se decide a conocer a esa gente tan extravagante y bibliófila y lo que parecía un simple y anecdótico viaje a una Isla próxima a las costas de Normandía termina por cambiarle la vida. Es una auténtica delicia: es divertida, es entrañable, esta cargada de referencias a libros y de amor por la literatura, se lee muy rápido y es un canto a la vida y a la ficción. Acabas con una enorme sonrisa en la cara, de verdad. Pero, ojo, es de todo menos ñoño.

Cliente: Tal y como lo cuentas me dan ganas de leerlo hasta a mi. ¡Dime que lo tienes!

Regina ExLibris:  Sí, espera, ahora te lo traigo. No es muy fácil de encontrar y cíclicamente se acaban los ejemplares en circulación. Pero es de esos que me empeño en tener…

Cliente: ¡Gracias! Ojalá pudiera teletransportarme a casa para poder dárselo ya. ¡No lo va a creer! ¡Y ella se lo merece TODO!

Y se fue con sus bolsas y un paquetito más. Uno que contiene una pequeña gran novela epistolar absolutamente mágica. Uno de esos libros sobre libros que lo tiene todo: unos personajes entrañables, algo excéntricos, muy divertidos y apasionados por la lectura; una historia tan sencilla como cautivadora, de esas que sabes que tiene más de realidad que de ficción y que te sugieren otras lecturas para engrosar tu mapa de constelaciones literarias. Y una lección vital con mayúsculas. Si no os lo habéis leído dejar lo que estéis leyendo y corred a por un ejemplar.

Tanto para quienes hayáis leído La sociedad literaria y el pastel de piel de patata de Guernsey como para los que aún no, os comento que tiene muchas semejanzas con otra delicia bibliófila: la mítica 84 Charing Cross Road, de Helene Hanff, y de la que os hablé hace muucho. Palabra de Regina ExLibris.

9 libros para rendirse al turbio encanto de las road novels

Mira que vivo de espaldas a lo real y atrincherada entre anaqueles fortificados con literatura, pero a veces la vida retoma el asedio a mi reginaexlibrislandia. Entonces mi

(Los Ángeles de Charlie / Sony Pictures Tv)

(Los Ángeles de Charlie / Sony Pictures Tv)

bibliofilia se repliega, dejo organizadas las defensas y definida la estrategia de reconquista, mientras huyo de un portazo, me atuso el pelucón, salto a mi Mustang y le meto gas para coger carretera y manta quemando el asfalto y con el maletero cargado de road novels hasta el motel más próximo.

Allí, a salvo de lo real y de la cruenta batalla, devoro de forma compulsiva ficciones de viajes sin rumbo ni posibilidad o voluntad de retorno, polvo y asfalto, excesos, gasolineras solitarias, máquinas de hielo oculta-cadáveres, piscinas en forma de riñón, café aguado, prófugos, paisajes desolados, lugares sórdidos y un maldito desconocido cuya mirada asoma vigilante cada dos por tres a tu retrovisor. También hay otra variante, la de un viaje sobre ruedas sin mapas, pero con un destino -el propio- por conquistar.

Sean del tipo que sean la verdad es que yo siempre empiezo por las tres que considero los pesos pesados del subgénero de las “road novels”, todas ellas made in USA y todas editadas en España por Anagrama: En el camino (Jack Kerouac), Miedo y Asco en las Vegas (Hunter S. Thompson) y Lolita (Nabokov).

Road Novels Anagrama

Road Novels Anagrama

En el camino, redactada entre 1948 y 1951, publicada en 1957, y escrita como monólogo interior narra los viajes en Cadillacs y Dodges desvencijados que Kerouac y los suyos hicieron por EEUU y México, y que contribuyó a la mitificación de la ruta 66. Alcohol, orgías, droga, vidas al límite y desolación, y el retrato de una América subterránea, auténtica y desinhibida en una crónica de los protagonistas de la generación beat.

Miedo y Asco en las Vegas tiene un origen casi anecdótico: cuando a H.S. Thompson -padre del periodismo gonzo en el que el plumilla es parte activa de la trama que narra- le envían a cubrir un rally en Nevada él decide ir con su abogado samoano en pos del sueño americano a Las Vegas en un descapotable rojo y con el maletero cargado de droga. Así escribe cómo, puestos de todo hasta las trancas, la pareja será muy pronto la pesadilla de casinos, policías y turistas, en una orgía de más de 72 horas de acción delirante y frenética.

Y finalmente la controvertida y genial Lolita, en la que un profesor de mediana edad que vive obsesionado por Lolita, una niña más perversa que inocente y plenamente consciente de su poder sobre él. Pronto Humbert Humbert sucumbe a su malsana atracción, y cuando muere su mujer arrastra a Lolita al asiento de su coche prometiéndole mil maravillas e iniciando un periplo por carreteras de EEUU. Un retrato ácido y visionario de los Estados Unidos, de los horrores suburbanos y de la cultura del plástico y del motel.

Y una vez repasadas estas tres indispensables, incorporo nuevos títulos de novelas de carretera y manta de la cosecha reginaexlibrislandiana por si con alguna de ellas -o con todas- logro que os rindáis al turbio encanto de las road novels:

1. Goodbye Berlín. Wolfgang Herrndorf. Siruela. Independientemente de tus inclinaciones bibliófilas, no dejes de leer el revelador relato del loco verano de dos adolescentes marginados al volante de un destartalado coche azul con el que viajan desde Berlín a Valaquia para dejar atrás una realidad que los aplasta e ir tras sus sueños. Aventuras, risas, derroche de picaresca para ir tirando, carreteras secundarias, persecuciones, personajes magnéticos, parajes surrealistas y una historia narrada con sencillez en la que uno se deja atrapar de principio a fin.

Googbye Berlin, Alevosía

Googbye Berlin, Alevosía

2. Viajes con Charley. John Steinbeck. Nórdica. En 1960 John Steinbeck tuvo una revelación dolorosa: llevaba décadas narrando la entraña de su país y de las gentes que lo poblaban, pero ¿de verdad lo conocía? Como sabía la respuesta -desconocía la mayor parte de EEUU salvo por cuanto leía en libros y diarios- decidió emprender su particular odisea estadounidense. Así que cogió a Charley, su perro, y se puso al volante de Rocinante, su autocaravana y juntos recorrieron 16.000 kilómetros atravesando una treintena de estados. De esa experiencia surgió uno de los libros más exquisitos y reveladores del premio Nobel. Solo tiene una pega: apenas alcanzada la página 20 ya te dan ganas de hacer el petate, buscarte una Rocinante y tirar millas.

Viajes con Charley, Nórdica

Viajes con Charley, Nórdica

3. Carreteras secundarias. Ignacio Martínez de Pisón. Booket. Un adolescente y su padre viajan por la España de 1974. Su única posesión es el Citroën Tiburón en el que viajan por los pueblos costeros alquilando apartamentos en urbanizaciones veraniegas, desiertas e inhóspitas en temporada baja. Esa es su vida. Sin embargo algo empieza a cambiar para ellos cuando se adentran hacia paisajes de interior llegado el invierno. En su periplo de asfalto y sin rumbo fijo, padre e hijo descubren todo tipo de cosas, no solo relativas a las gentes, los ambientes y hasta los negocios y garitos turbios con los que se topan, sino sobre lo que les rodea y sobre sí mismos.

Carreteras secundarias, Booket

Carreteras secundarias, Booket

4. Volga Volga. Miljenko Jergovic. Siruela. Todos los viernes Delal Pljevljak se pone al volante de su Volga M24 para recorrer los 116 Km que separan su casa en la costa dálmata, de Livno, Bosnia, para llegar a la oración semanal en la mezquita. Un día una repentina nevada le obliga a detenerse en un pueblecito, y allí su vida cambiará para siempre. Años más tarde, cuando Bosnia sufre una de las fases más dramáticas de su guerra civil, un director de documentales intenta aclarar las incógnitas del fatídico día de Año Nuevo en el que Delal Pljevljak se convirtió, a su pesar y con su coche, en el protagonista de uno de los más controvertidos episodios en los albores del conflicto.

5. Carol. Patricia Highsmith. Anagrama. Imbuida del talento de Patricia Highsmith para urdir tramas cargadas de suspense con personajes magnéticos, Carol es una de las grandes cimas de la escritora norteamericana. En ella, la tediosa rutina de una joven escenógrafa con un empleo precario en unos grandes almacenes estalla por los aires con la visita de una elegante y misteriosa mujer a la que atiende tras el mostrador. La atracción es mutua y ese instante desencadena una historia de seducción, de aceptación y de una amor ardiente que se consuma en un viaje sin retorno por carretera que pone patas arriba la vida de ambas a un precio que, aunque elevado, las dos están dispuestas a pagar.

Carol, Anagrama

Carol, Anagrama

6. El oscuro camino hacia la misericordia. Wiley Cash. Siruela. Wade Quillby es un perdedor, un tipo sin blanca y sin futuro que abandonó a sus dos hijas unos años atrás. También es un forajido implicado en el robo de un furgón que transportaba catorce millones de dólares. Pero la noche en que irrumpe en la casa de acogida donde viven las niñas y huye con ellas a través de las infinitas carreteras de Carolina del Norte, solo es un hombre desesperado que quiere tener una nueva oportunidad como padre. Sin embargo, ni el tutor legal de las niñas ni un ser vengativo que quiere verlo muerto a toda costa esperan que Wade pueda ganar la carrera a su pasado. Una gran road novel a medio camino entre Matar a un ruiseñor y la Carretera, de Cormac McCarthy.

El oscuro camino hacia la misericordia, Siruela

El oscuro camino hacia la misericordia, Siruela

  • Y vosotros, queridos, ¿leísteis alguna de esas road novels? ¿Qué otros títulos de carretera y manta sugeriríais? 
  • Sígueme en Facebook y Twitter

 

¿Por qué debería leer La verdad sobre el caso Harry Quebert?

Cuando un reginaexlibrislandiano se adentra en mi librería pueden plantearse tres escenarios distintos. Que sepa qué libro quiere leer y me lo pida. Que no tenga claro qué puede leer y se encomiende a mis prescripciones. O que la Providencia Librera esté acosándole para imponerle una lectura a la que él se resiste por un motivo u otro.

(Damned Don’t Cry / Warner Bros.)

(Damned Don’t Cry / Warner Bros.)

En este último caso acude a mi para que le libere, bien sugiriéndole que baje los brazos y lea el libro, bien reforzando su resistencia y contribuyendo a que le de el esquinazo definitivo a ese título acosador. Aquí la presión pasa directamente de su bibliofilia a mi pelucón, y en décimas de segundo debo pronunciarme sobre la idoneidad de ese libro para ese reginaexlibrislandiano.

Y, claro, eso es es justo lo que me ha pasado hace un rato, cuando un reginaexlibrislandiano entró y me disparó sin titubear:

Cliente: “Oye, Regina ExLibris, ¿Por qué debería leer La verdad sobre el caso Harry Quebert? Llevo resistiéndome desde que salió, ya lo sabes, pero es que entre que no paran de recomendármelo y que lo sigo viendo hasta en la sopa… ya no sé qué demonios hacer. ¡Me persigue!”

Regina ExLibris: No te resistas, querido. Léelo ya, sí o sí. No esperes literatura con mayúsculas, eso es cierto, pero te aseguro que estarás literalmente pegado a las 670 páginas. Es una de esas novelas de “absorción rápida”, porque una vez lo empiezas no puedes parar de leer. Y cuanto más avanzas, más quieres. Es entretenido y te mantiene en jaque hasta el final. Un final que, por cierto, no ves venir.

Cliente: Pues entonces ya está todo dicho, Regina. Me lo llevo. Estaré unos días fuera y se va a venir conmigo. Todo sea que lo lance al agua ¡ja, ja, ja!

Regina ExLibris: Ya me contarás después, pero dudo que acabe en remojo. Que conste que en su día yo también tuve mis recelos… pero al final caí en la trampa del amigo Joël Dicker. Me enganchó y el desenlace me pilló por sorpresa. Ese es su logro. Me lo ventilé en un fin de semana y fue una lectura antioxidante. Palabra de Regina ExLibris

Y se fue con su ejemplar bajo el brazo. El sonido de la puerta al cerrarse me solidificó en el pelucón la certeza de que él volvería como harryquebertiano. Por dos motivos: creo firmemente que, más allá de las trampitas de la Providencia Librera, son los libros los que buscan a sus lectores. Y porque, queridos, La verdad sobre el caso de Harry Quebert (Alfaguara) es una muy buena novela.

NOTA DE REGINA EXLIBRIS:

Harry Querbert

Harry Querbert

Atrévete a intentar adivinar quién mató a Nola Kellergan, pero el taimado Joël Dicker no te lo va a poner fácil. A través de la relación entre dos escritores –Harry, una gloria literaria nacional con un único libro publicado que se dedica a la docencia; y Markus, su joven discípulo que tras un éxito aplastante con su debut está bloqueado y no logra ni escribir ni salvar el cerco de un editor rapaz que lo presiona y amenaza- nos adentramos en el misterio de la desaparición de una menor años atrás en Aurora, una localidad de New Hampshire.

La trama detona cuando encuentran los restos de Nola en el jardín de Harry Quebert. A partir de ahí el ídolo cae en desgracia y Markus decide llegar al fondo de todo para salvar a su maestro y para armar con la verdad su nuevo bestseller. Y así es como inicias como lector una trepidante caída en espiral donde nada es lo que parece y donde cada dos por tres te sientes como el conejo al que Dicker sorprende abrasándole las retinas con las luces largas. Ritmo frenético, escenas y diálogos de corte cinematográfico, un toque cómico con la impagable madre telefónica de Markus y un final de órdago al que llegas sin saber muy bien cómo.

  • Y vosotros, queridos, ¿leísteis La verdad sobre el caso de Harry Quebert? ¿Qué os pareció? 
  • Sígueme en Facebook y Twitter

“Mejor me aireo con Los Ángeles del Infierno”

Si no encuentro referencias literarias para reinterpretar en clave de novela situaciones cotidianas me colapso. Así de extrema es mi bibliofilia y así de mal me sienta la vida más allá de mis anaqueles.

(Salvaje / Columbia Pictures)

(Salvaje / Columbia Pictures)

Lo bueno de eso es que almaceno bajo el pelucón más referencias librescas que pergaminos en la antigua Biblioteca de Alejandría. Lo malo es que cíclicamente me desborda tanta ficción pura contenida y necesito airearme con algo un poco más real y que a ser posible me desmonte algún que otro mito. Porque vivir en este estado de sobredramatización permanente me lleva a mitificarlo y novelizarlo prácticamente todo y a todos.

Pues bien, el otro día al echar el cierre de reginaexlibrislandia supe que era uno de esos momentos. Pero esta vez lo vi claro y me dije:

“Regina, tú lo que necesitas es vivir más. Paseos al aire libre, un poco de acción, algún tugurio, un puñado de tipos duros, mucho cuero, más tatuajes, alguna bacanal y una buena Harley para que se oxigene en el pelucón. Así que vuelve ahí dentro, coge el ejemplar de Los Ángeles del Infierno. Una extraña y terrible saga, y date un buen baño de realismo gonzo cortesía del señor Hunter S. Thompson”.

Y eso hice. Y, queridos, ¡mano de santo! Un par de días después vuelvo con una resaca descomunal, grasa de moto hasta en los higadillos, el pelucón chamuscado y unas cuantas magulladuras, pero con la bibliofilia total y absolutamente regenerada y un renovado y voraz apetito por la ficción pura.

Vamos, que he tenido dosis de realismo y de chulazos sobre ruedas para una buena temporadita. Yo creo que para cuando logre despegarme de la epidermis los jirones de los vaqueros y la chupa quizá me plantee las siguientes vacaciones de no ficción. Pero ha merecido la pena, queridos. El libro es una clase magistral de tantas cosas que hasta yo perdí la cuenta. Palabra de Regina (o de lo que queda de ella).

Si os tientan los moteros, os enganchasteis a la serie Hijos de la Anarquía o en su día disfrutasteis con las legendarias  Salvaje (1953) o Easy Rider seguid mi consejo y haceros con un ejemplar. La experiencia lectora es abrumadora de principio a fin.

NOTA DE REGINA:

Más allá de un mito de celuloide, Hells Angels fueron la gran pesadilla del sueño americano, una panda de forajidos motorizados que atravesaba el país hasta las trancas de alcohol, droga y ácido, dejando a su paso regueros de sangre, muchachas violadas y cajas fuertes reventadas. Y si alguien sabe de qué iban sus orgías de violencia y excesos, ése es Hunter S. Thompson, que, fiel al género periodístico que él mismo acuñó, el gonzo, fue literalmente uno de ellos durante un año para contar, desde dentro, cómo se ve el mundo a lomos de una Harley.

Visceral, sobrecogedora y frenética, así es Los Ángeles del Infierno: una extraña y terrible saga (Anagrama), un viaje de ida al reverso más sórdido y salvaje del alma humana. Una odisea que refleja sin tapujos la bicefalía de la sociedad estadounidense de los años sesenta: la mentalidad conservadora y tradicional enquistada en la Guerra Fría frente a la actitud vital de nihilismo extremo de una generación de veinteañeros que, al saberse desclasados y sin opciones en el nuevo capitalismo rapaz, toman una carretera secundaria decididos a cumplir su lema a rajatabla: “Cuando hacemos el bien nadie lo recuerda; cuando hacemos el mal nadie lo olvida”. Una disección tan brillante, cruda y lúcida de uno de los últimos grandes “mitos americanos”. Los mismos que, sin entender muy bien cómo, pasaron en pocos años de temibles renegados a VIPs de las fiestas de la alta sociedad californiana. Y es que todo es posible en (norte)América.

Ángeles del Infierno, Hunter S. Thompson

Ángeles del Infierno, Hunter S. Thompson

  • Y vosotros, queridos, ¿leísteis Los Ángeles del Infierno? ¿Qué os pareció? ¿Alguna otro libro de moteros que recomendéis?
  • Sígueme en Facebook y Twitter

Unas páginas más de Murakami y me doy al running

En mi caso allí donde falla todo lo demás triunfa la literatura. O, al menos, le doy una oportunidad a lo que quiera que sea que se me tercie si media un libro. Por ejemplo, a nadie en su sano juicio se le ocurriría sugerirme a bocajarro que me ponga a correr. Mi reacción, os lo digo desde ya, sería tan desproporcionada como cabría esperar de alguien que como yo tiene querencia al drama, bastante mala leche y un total y absoluto desinterés por el trote diario y civilizado. Ah, y una “Baby Jane” Hudson que saco a pasear cuando me plantean sandeces.

(Que fue de Baby Jane / Warner Bros)

(Que fue de Baby Jane / Warner Bros)

Pero si en lugar de soltarme semejante barrabasada tal cual apuntan a mi bibliofilia y utilizan algún ardid libresco me vuelvo tan dócil y permeable como una gatita mimosa. Y tengo pruebas.

Estaba yo mis quehaceres libreros en reginaexlibrislandia cuando uno de mis libreros se acercó con un Murakami en la mano:

Librero: Regina, ¿has visto este de tu amigo Haruki?

Regina: Mmm, sí, tiene ya sus añitos, pero no sé yo. Mira que es MURAKAMI, pero entre que no es ficción y que habla de correr me ha dado pereza, la verdad. A ver, de temática carreras y corredores leí algunos y muy buenos, la verdad: La soledad del corredor de fondo, de Allan Stiltone, La media distancia de Alejandro Gándara y, como no, El corredor de fondo de Patricia Nell Warre. Pero porque en esos pesa más la ficción y los personajes que el deporte como tal, que es un escenario en sí. En cambio hojeé el de Murakami y era como una bitácora personal de sus rutinas de runner, pues como que lo aparté. ¿Por?

Novelas de corredores

Novelas de corredores

Librero: Porque deberías leértelo. No te digo más.

Regina: ¿Sí?

Librero: Sí. Te lo dejo ahí por si te da y voy a sacar cartones.

Y se fué. Yo seguí a mis albaranes, pero cada dos por tres miraba de reojo el ejemplar de De qué hablo cuando hablo de correr. Y al final el nipón y mi librero me ganaron el pulso y en cuanto eché el cierre me puse con él. En apenas un par de horas me lo había ventilado y en lugar de volver a casa andando regresé al trote y meditando seriamente sobre la posibilidad de darme al running.  E incluso me planteaba establecerme rutinas diarias antes y después de reginaexlibrislandear. Ya podía verme a mi misma correteando ligera y disciplinada como la mejor versión de Jane Fonda, bebiendo menos café y sintiéndome más en armonía con el mundo más allá de mis anaqueles.

Lástima que apenas cincuenta metros más allá los calambres y el regustillo de mi pulmón en la garganta reventaron mi visión onírico-deportiva en mil pedazos. Pero, eso sí, durante aquel minuto glorioso Murakami logró inocularme el gusanillo del running a golpe de libro .

Y si eso, queridos, no demuestra el poder de la literatura que venga Bette Davis despojada de su Baby Jane Hudson y lo vea.

NOTA DE REGINA

De qué hablo... Murakami

De qué hablo… Murakami

Antes de leer De qué hablo cuando hablo de correr, me lo hubiera apostado todo a que cualquier libro sobre cualquier otra cosa me estimularía más que el diario de un corredor de maratones. Claro que con lo que no contaba era con que Haruki Murakami se pusiera manos a la obra. La técnica y la maestría son las de siempre, pero que los murakamiadictos no busquen en él el universo de sus novelas. Aquí el protagonista es un Haruki que en su treintena cierra el bar de jazz que regentaba, cambia totalmente el tercio vital y se centra en dos tareas tan complementarias como necesarias para su salud física y mental: escribir y hacerse corredor de fondo. Un librito tan memorable como cargado de sabiduría que te inocula las ganas de escribir y, para qué negarlo, hasta de calzarte y echar a correr.

 

  • Y vosotros, queridos, ¿os pasó algo parecido? ¿algún libro triunfó logrando que hicierais algo a lo que en condiciones normales hubierais puesto resistencia?
  • Sígueme en Facebook y Twitter

“¿Pero entonces no eran Rojos los zapatos de la Dorothy de Oz?”

(El Mago de Oz, MGM)

(El Mago de Oz, MGM)

La Providencia Librera es gloriosamente imprevisible. Una pequeña bibliófaga detona un artefacto cinéfilo-libresco en la cabeza de su madrina, y a mi la onda expansiva me lleva directa a la Tierra de Oz. Igualita que a la pequeña Dorothy, pero sin su Totó y nada de Kansas: Reginaexlibrislandia. Os lo cuento.

Estaba yo dándole a la tecla para evitar que mis baldas estén melladas, cuando se materializó sobre el mostrador una reginaexlibrislandiana asidua con un apetito voraz por novelas negras que alterna con intriga histórica y algún que otro escritor contemporáneo.

Y abrió fuego sobre mi:

Clienta: Regina, oye, … Regina: ¡Ah, hola! ¡Dime!

C: Una cosa, a ver si tu me sabes decir: ¿pero no eran rojos los zapatos de Dorothy, la niña de El Mago de Oz?

R: ¿Perdona? ¿Qué?

C: Sí, verás. Le pregunté a mi ahijada qué quiere que le regale por su cumpleaños, y me dijo, literalmente :”Quiero unos zapatos plateados como los de Dorothy”. Y yo le respondí, “vale, cielo, pero son rojos y brillantes. ¿Seguro que los quieres así?” Y ella me respondió: “que no, madrina, que no te enteras: ¡que son plateados, PLA-TE-A-DOS!”. Me ha descolocado. Es su libro favorito, y lo ha leído varias veces, pero a mi eso de plateados no me suena nada.

R: Pues me temo que tu ahijada tiene toda la razón.

C: ¿Seguro? ¿No son rojos? Pues menudo papelón he hecho con la niña.

R: ¡JAJAJAJAJA! Sí, querida, me temo que te ha traicionado el celuloide. Es en la película con Judy Garland donde los zapatos mágicos son rojos y con rubíes. Pero en el libro original El maravilloso Mago de Oz son plateados. Fue la productora de El Mago de Oz la que metió el cambio para que destacaran, porque con los primeros tiempos del Technicolor los plateados no “cantaban” lo suficiente.

(El Mago de Oz, 1939) / M.G.M

(El Mago de Oz, 1939) / M.G.M

C: Calla, Regina, que eso no es lo peor. Es que ahora ya dudo hasta de si me llegué o no a leer el libro. A ver, la historia la conozco de sobra, pero si trato de recordar me vienen fogonazos de la película.

R: Mmmmm, eso es fácil. ¿Recuerdas cómo era la bruja mala?

C: Sí, eso sí. Era verde -pero verde, verde-, y vestía de negro con el típico traje de bruja y el enorme sombrero puntiagudo. Con su escoba y su bola de cristal. ¿no? Y aquellas risotadas histriónicas. Sí, la Bruja Mala.

R: Vale. Y otra cosa: ¿Dorothy fue realmente a Oz, o lo soñó? C: Creo recordar que con el tornado se dio un golpe en la cabeza… y, bueno, la dejó K.O. y resultó que todo lo soñó.

R: Y para terminar… si te pregunto por unas “gafas verdes”, ¿qué me dices?

C: Uy, a ver, recuerdo seres bajitos y monos que vuelan, pero nada particular sobre unas gafas. ¿Las llevaba el Mago quizás?

R: Bueno, querida… me temo que o andas muy mal de memoria o tus temores son ciertos y no llegaste a leer El maravilloso Mago de Oz. Por lo que me has respondido tu referencia es la película de 1939. En el libro de Baum la Malvada Bruja del Oeste solo tiene un ojo -superpotente, sí, pero uno- y por su fobia al agua utiliza un paraguas, no una escoba. Además, el viaje de Dorothy a la Tierra de Oz es real, mientras que en la película fue, efectivamente, un sueño. Y en cuanto a las gafas verdes, todos en Ciudad Esmeralda ya sean residentes o visitantes tienen que llevarlas sí o sí. Cosas del Mago…

C: Vaya tela, Regina. En fin, ¿tienes algún ejemplar? Me lo llevo y me lo leo esta misma tarde. Y ya estoy buscando unos zapatitos plateados para mi ahijada y un bozal rojo con rubíes para mi… jajajajajaja.

Y se fue corriendo y siguiendo por el camino de Baldosas Amarillas con su ejemplar del libro de L. Frank Baum.

Y, una vez más, yo me quedé con un sabor agridulce. Siempre me ocurre cuando se trata de alguna novela original que hiberna entre anaqueles eclipsada por sus múltiples adaptaciones teatrales, cinematográficas e incluso musicales. Su historia ha calado tanto en el imaginero popular que muchos desoyen su llamada por creer conocer la historia de sobra. Y se equivocan… ay, pero cuánto se equivocan, queridos. Y lo peor es que se pierden libros de órdago.

NOTA DE REGINA:

El Mago de Oz, Alfaguara

El Mago de Oz, Alfaguara

La novela de L. Frank Baum se publicó en 1900 y marcó un antes y un después en la literatura infantil estadounidense. Por primera vez un autor escribía un cuento de hadas moderno y ambientado en el medio oeste norteamericano, en un escenario copado por personajes y ambientes de la mitología del viejo continente. Creó un viaje literario alucinante a un mundo de color y fantasía que aislara a sus pequeños lectores del dolor, la pobreza y la miseria diarios, al tiempo que levantaba una fábula sobre los peligros del American Dream a cualquier precio, materializada en el más que turbio Mago de Oz. Y lo logró. Legiones de niños y adultos acompañaron a Dorothy, a su perrito Totó en su gloriosa odisea post-tornado desde su granja en Kansas a la Tierra de Oz, para recorrer el camino de Baldosas Amarillas rumbo a la Ciudad Esmeralda junto al León Cobarde, el Espantapájaros y el Leñador de Hojalata, superando mil retos, cazando brujas, cantando con enanos cantarines y esquivando monos voladores, y añorando cada uno su particular anhelo, ese para el que el Gran Mago tendría una respuesta. Una gloriosa fábula que tiene más aristas de lo que quien aún no la haya leído puede imaginar y que está cargada de aventuras, diversión, crueldad, ternura y mucha, mucha imaginación. Una novela que bien merece una lectura y varias relecturas. Palabra de Regina.

Y vosotros, reginaexlibrislandianos de pro, ¿leísteis El maravilloso Mago de Oz? ¿visteis la película de la Metro-Goldwyn-Mayer ?

iRegina y otros 6 personajes desdoblados de novela

Así es la vida de perra. Sin comerlo ni beberlo yo, Regina ExLibris, me vi forzada a abandonar los confines de mi librería para emprender un viaje sin retorno de digitalización y pesadilla hasta desdoblarme en dos libreras: Regina Exlibris de día, iRegina cuando echo el cierre. Llegados a este punto debo plantearme cómo manejar la situación. Si logro mantener a las dos criaturas en equilibrio de fuerzas, quizás saquemos algo positivo de mi -y que Rimbaud me perdone- temporadita en el infierno.

Entonces, ¿Qué puedo hacer con iRegina, ya que está aquí? Pues, obviamente, dar de leer. Como librera y bibliófaga sigo teniendo reticencias a la lectura en pantalla, pero en algún momento de lucidez me planteé si mis recelos obedecen al libro digital en sí, o si como sospecho ya superé esa fase y lo que me incomoda y frustra ahora son las alternativas reales que ofrece el sector en bloque.

Lo peliagudo, queridos, es que el temita tiene más aristas que un puñetero prisma pentagonal.

La piel que habito (Warnes Bros. / El Deseo)

La piel que habito (Warnes Bros. / El Deseo)

De hecho lo primero que se me viene al pelucón en términos de e-books es una ráfaga de palabros que, de entrada, me incomodan e irritan hasta el delirio:

formatos, edición digital, e-reader, incompatible, nube, DRM, app de lectura, descarga, dispositivo, ePub, sistema operativo, ePub, Adobe, pulgadas, sincronizar, e-ink, credenciales de usuario, wifi, mobi, marca de agua, tableta, y bla, bla, bla.

La piel que habito (Warner Bros. / El Deseo)

La piel que habito (Warner Bros. / El Deseo)

Porque, la verdad, para sentirse realmente cómodo en ese entorno “algo punto cero” o se es “tecnológico” y se vive en perpetuo estado de “updating”, o te digitalizan a la fuerza como a mi y te desdoblas para sobrellevarlo. No, queridos, en esto no hay término medio.

Entonces me dije, Regina, ¿y si pasas a la acción? ¿y si tu desdoblamiento entraña una misión libresca? ¿y si te montas tu Reginaexlibrislandia de e-books? ¿ Y si destilas lo que has aprendido en tu cautiverio, lo aderezas con tu experiencia en la librería y algo de sentido común, y levantas a bits una alternativa digital libresca a tu medida y a la de tus reginaexlibrislandianos para dar de leer en todos los frentes y formatos?

Y en eso estamos, queridos. Vais a ser testigos de mis andanzas “con nocturnidad y alevosía” en el entorno hostil -perdón, digital-.

Y para motivarnos voy a encomendarme a 6 personajes travestidos, desdoblados y/o disfrazados de novela que, como yo, cambiaron su piel a tiempo parcial voluntaria o forzosamente en pos de una u otra causa.

¿Listos? ¡Allá vamos!

Edmundo Dantés, El Conde de Montecristo. Alejandro Dumas. Publicada por entregas la novela arranca con la reclusión del joven Edmon Dantés en las mazmorras del castillo de If, después de que un amigo le traicionara para arrebatarle a su prometida. Despojado de todo, Edmundo sobrevive trece años alimentándose de su ansia de venganza. Allí conoce a un abad que lo instruye y le revela la existencia de un tesoro en la isla de Montecristo. Tras fugarse de la prisión y hacerse con el botín, regresa parapetado en su nueva identidad: el Conde de Montecristo, un hombre rico, poderoso y con un único objetivo: vengarse uno a uno de quienes le traicionaron. Uno novelón-cepo que te atrapa como lector de principio a fin.

El conde de Montecristo, Alejandro Dumas

El conde de Montecristo, Alejandro Dumas

Gurb y su supervisor. Sin noticias de Gurb. Eduardo Mendoza. Dos extraterrestres -un supervisor y otro raso llamado Gurb- aterrizan en la Barcelona preolímpica con la misión de estudiar a los seres humanos. Mientras Gurb anda suelto por Barcelona y transmite sus descubrimientos, su supervisor lleva una bitácora interdigital. Todo va bien hasta que llegan a un punto de inflexión y se cortan las comunicaciones. Gurb se ha perdido y decide metamorfosearse en Marta Sanchez para sobrevivir en un entorno desconocido. Por su parte, el jefe desesperado sale en busca de Gurb y para pasar desapercibido adopta apariencias de lo más estrambóticas: S.S. Pío XII, Gary Cooper, el duque y la duquesa de Kent al mismo tiempo, y el mítico Conde Duque de Olivares, entre otros. Una desternillante caricatura de un momento y de una vida donde pequeñas rutinas -comer, emborracharse o incluso coger un taxi- experimentadas desde el pellejo de un extraterrestre arrancan la carcajada a cada salto de línea.

Sin noticias de Gurb, Eduardo Mendoza

Sin noticias de Gurb, Eduardo Mendoza

Jekyll y Hyde. El extraño caso del Doctor Jekyll y Mr. Hyde, de Robert Louis Stevenson. Por más que hayan reventado la historia, merece una lectura. Más allá del anverso y el reverso, del lado oscuro y de la ambigüedad moral, R. L. Stevenson crea una ficción que desbroza una trama de suspense cargada de imágenes sugerentes pero demoledoras. No hay vísceras ni sangre, hay algo más eficaz: el mal hecho hombre y acción. Y su logro narrativo es haber colocado estratégicamente al pobre abogado Utterson entre el Dr. Henry Jekyll y el misántropo Edward Hyde, para regalar al mundo una obra maestra en la que la lucha entre el bien y el mal tiene un cuerpo y dos rostros. O  donde, como Jekyll y Hyde, refleja que cada persona entraña dos personalidades antagónicas, cada una con sus apetencias en continua lucha.

El extraño caso del Doctor Jekyll y Mr. Hyde, de R. L. Stevenson

El extraño caso del Doctor Jekyll y Mr. Hyde, de R. L. Stevenson

Alonso Quijano y Don Quijote. Don Quijote de la Mancha. Miguel de Cervantes. Siglos después de que Cervantes diera a la imprenta la primera parte del Quijote, el famoso hidalgo sigue su cruzada sin conquistar el corazón de su dama, pero sí el de lectores en todo el planeta. Por eso cualquier momento es bueno para leer y/o releer el grandioso Don Quijote de La Mancha, que no solo es la novela con mayúsculas de las letras hispánicas, sino que es, para muchos, la gran novela de la historia de la literatura. Y no les falta razón: páginas y páginas cargadas de aventuras trepidantes, de amores imposibles, de humor, de sueños, de realidades, de luchas, de traiciones y de verdad protagonizadas por el personaje desdoblado más universal de la literatura. La eterna lucha entre el realista Alonso Quijano y su antagónico e idealista ilustre Hidalgo Don Quijote de la Mancha sigue siendo tan encarnizada como necesaria.

 

Don Quijote de la Mancha, Miguel de Cervantes

Don Quijote de la Mancha, Miguel de Cervantes

Marés y Faneca, en El Amante Bilingüe, de Juan Marsé. Marés es Faneca, y ambos son El Amante Bilingüe, en la que Juan Marsé deslumbra con la singular esquizofrenia de quien, para reconquistar a su ex-mujer, cuelga su piel de burgués y se reinventa, se desdobla y se embute en el pellejo de un charnego barriobajero, hasta que el disfraz devora al hombre y su lengua en una sátira sobre la dualidad social y lingüística catalana y sobre la nostalgia de ser otro para realizar un sueño. Magistral.

El amante bilingüe, Juan Marsé

El amante bilingüe, Juan Marsé

Myra y Myron. Myra Breckinridge. Gore Vidal. Es la primera parte de la saga protagonizada por Myra-Myron, el transexual más glorioso de la literatura, donde Gore Vidal deja a su amazona suelta en el corazón de la maquinaria hollywoodiense para pulverizar estereotipos  y pisotear con su taconazo de aguja todo atisbo de comportamiento moraloide, decente y educado. Myron es insulso, acartonado y mojigato como la América pre-Watergate en la que vive. Myra es impetuosa, voraz, excesiva y egocéntrica, como el dorado Hollywood que anhela, ahora eclipsado por la televisión. Para reinstaurar el ‘orden natural’ donde el cine ha de volver a ser lo que era y para emprender su ascensión al olimpo de las deidades de celuloide, Myra necesita rehacerse a sí misma en Copenhague a golpe de bisturí, con la peluca adecuada, un buen fondo de armario y la supremacía hormonal del cuerpo que comparte con Myron, que de vez en cuando emerge para exasperarla. Pero ella es más fuerte y va directa a su objetivo como un obús.

Myra Breckinridge, Gore Vidal.

Myra Breckinridge, Gore Vidal.

Y vosotros, queridos, ¿sugerís algún otro personaje “desdoblado” de novela? ¿qué porvenir le auguráis a iRegina en su misión interlibrera?

El bit que habito (vuelve Regina ExLibris)

Reginaexlibrislandianos del mundo, he vuelto.

Durante años diseccioné mi día a día entre anaqueles mientras aprendía el oficio de librera, y post a post caísteis en mi red de libros por leer. Pero un buen día eché el cierre de Reginaexlibrislandia y me esfumé. Se acabó. Sin un adiós, sin una nota y, más preocupante aún, sin una última recomendación. Nada. Adiós a Regina ExLibris

Pero, ¿Qué me ocurrió en enero de 2010? Os lo cuento rápido con ayuda de Almodóvar y de Thierry Jonquet, que ya sabéis que si no hablo en términos de referencias literarias y de celuloide ardo por combustión espontánea.

Por aquel entonces alboreaba el sector del libro digital, y con más recelos que curiosidad fui a unas jornadas. ¿Quién demonios me iba a decir a mi que ese lapso suelta entre gurús, plataformas y tecnologías terminarían conmigo encerrada en un sótano lleno de cables, instrumental quirúrjico y prototipos de dispositivos de lectura, sin un puñetero libro en papel que llevarme a los ojos?

La piel que habito

La piel que habito (Warner Bros. /El Deseo)

Pues así fue. Un fundamentalista de la ciberlectura decidió que, como los editores ignoraban su mensaje papel-apocalíptico, su mejor baza era convertir a un librero en su profeta digital a medida. Y como no encontró mejor lugar para buscar víctima que la cafetería del evento allá que me pilló a mi, Regina ExLibris, con la guardia baja y hasta las cejas de cafeína.

Total, que he pasado siete años de encierro sometida a un pulso agotador: él emperrado en convertirme en un prototipo de librera digital, y yo erre que erre que Regina ExLibris es más pro-imprenta que Gutenberg. Y mientras él no ha escatimado en terapias invasivas ni cirujías de implantación de microchips y vete tú a saber qué más ardides para “digitalizarme“, yo he sobrevivido como buenamente he podido.

La piel que habito (Warner Bros. /El Deseo)

La piel que habito (Warner Bros. /El Deseo)

Porque lejos de rendirme yo me dije: Reina, cualquier día a éste mamarracho se le va la mano y te fríe el cerebro, así que lo mejor es adoptar el modo alerta máxima del glorioso tigre de  Elías Canetti en Libro de los muertos:

“El ininterrumpido ir y venir del tigre ante los barrotes de su jaula para que no se le escape el único y brevísimo instante de la salvación”.

Y, por fin, ese momento llegó y me liberé. Pero eso es otra historia. Ahora lo importante es que yo, Regina ExLibris, he vuelto. Cargadita de secuelas y de traumas, eso sí. Tantos que lo más terapéutico para todos es que por ahora me desdoble en dos libreras: la analógica y la digital. Al menos hasta que logre unificar ambas facetas sin masacrarme en el intento.

Así que por el día seré la Regina Exlibris de siempre, con mi querencia a la cafeína, mis delirios antropológicos y esta obsesión enfermiza por alimentar la bibliofilia de cualquiera que se me ponga a tiro en Reginaexlibrislandia.

Pero al echar el cierre me travestiré en iRegina para soltar a la librera digital que me han inoculado a la fuerza y tratar de conciliar ambos mundos silueteándome bit a bit y con vuestra ayuda la versión digital de Reginaexlibrislandia.

Porque, total, si lo mío es dar de leer ¡qué más da el formato! El quid, queridos, es cómo hacerlo. ¿O no? ¿Quienes de vosotros, reginaexlibrislandianos de pro, a estas alturas no habéis pecado en digital en mayor o menor grado?

NOTA DE REGINA:

Si buscas emociones bibliófilas intensas deja lo que tengas entre manos y hazte con Tarántula, de Thierry Jonquet. Esas poco más de 130 páginas te colocan en una guillotina para dejar caer sobre tu nuca una enorme cuchilla de una aleación de acero, horror, sadismo, amor, sexo y venganza. Te aseguro que al llegar al final tu cabeza reposará en un saco con una mueca bobalicona congelada para la posteridad. 

Tarántula, de Thierry Jonquet

Tarántula, de Thierry Jonquet

En ella un delincuente cuyo mejor amigo lleva años desaparecido cree que la vía de escape para sus problemas es pasar por las manos de un brillante cirujano plástico local. Lo que no sabe es que su “salvador” es un ser corroído por una obsesiva sed de venganza, que alterna su tiempo con su hija enferma mental y con una sinuosa mujer fatal, a la que adora y humilla según el día. Si eso ya es un campo minado, pronto emergerá otra voz en la narración: la del amigo desaparecido, recluido y vejado sistemáticamente en un oscuro sótano por alguien que se hace llamar Tarántula. Vertebrada en tres partes y con un uso magistral de cuatro voces narrativas, la trama se precipita a velocidad de crucero hasta un final tan inesperado como demoledor. Esta Tarántula literaria es uno de los artefactos narrativos más inquietantes, siniestros, elegantes y retorcidos que puedas encontrar entre anaqueles. Almodóvar adquirió los derechos y filmó La piel que habito, su particular versión.

Muriel Barbery pega el ‘ERIZAZO’

Yo. Regina Exlibris, soy como Terminator… que siempre vuelve. Así que, reginaexlibrislandianos míos y ajenos, héteme aquí de nuevo tras una pausa forzosa en mis quehaceres blogueros.

Gracias por esperarme a pie de blog-roll y por no relegarme al olvido cibernético pese a la atrocidad de ésta mi descortesía hecha de ausencias y silencios encadenados.

Dicho lo cual centrémonos en lo esencial: nuestra bibliofilia congénita y, muy especialmente, en eso que ahora me reverbera en el pelucón y que he bautizado como ‘EL ERIZAZO‘ de Muriel Barbery.

Sí, queridos. Se trata de un curioso fenómeno que no sólo azota las apacibles costas de mis dominios libreros, sino que afecta a cinco de las cinco librerías que he consultado al azar: a día de hoy en algunas zonas es imposible conseguir un ejemplar de La elegancia del erizo.

¡Está agotado! A-GO-TA-DO. Y lleva así desde antes de Reyes, cuando se trata de una novela que Seix Barral editó en España en 2007.

A ver, como a finales de 2009 se estrenó El erizo, su afortunada adaptación al celuloide, era de esperar que su demanda se avivara un poco. Por eso en reginaexlibrislandia hicimos acopio de 20 ejemplares a mediados de diciembre que no llegaron más allá del día 24… un escándalo, y una buenísima noticia para bibliófilos del mundo y, como no, para mis cuentas de resultados.

Lo malo es que aún espero la reposición, y aunque probablemente entrará a principios de la semana que viene (desde Seix Barral me dicen que hay una reedición de 4.000 ejemplares en el horno), a mi llevan pidiéndomelo diez días.

La última y una de las más divertidas, poco antes de echar el cierre regino:

 

– Clienta: ¡Oiga!- Regina: Sí, dígame

– C.: ¿Tiene ‘la estratagema’ del erizo?

– R.: ¿Cómo? ¿Se refiere a La elegancia del erizo, quizás?

– C.: Uy, esa, sí, debe ser esa… La elegancia del erizo. ¿La tiene?

– R.: No, me temo que está agotada.

– C.: Vaya con el librito, ¡no hay en ningún lado! Igual no voy tan desencaminada con eso de la estratagema… ¿no será una treta de esas de las editoriales para vender más?

– R.: Mmm, creo que en este caso no. Simplemente no esperaban esta demanda.

– C.: ¡Pero si estrenaron hace nada la película!

– R.: Ya, pero… misterios del universo editorial. de todas formas la semana que viene ya los verá de nuevo en todas las librerías.

– C.: Brrrr, ¡pues vaya! Llevo una semana tras el librito…

 

Y se fue, y yo revisé sus cifras de ventas y casi se me salta el pelucón y entro en shock librero: La elegancia del erizo lleva más de 400.000 ejemplares vendidos y la que circula es su edición nº 30… No sé vosotros, pero si esto no es dar un erizazo que venga San Underwood y lo vea.

Y veremos en unos meses cuando salga en formato bolsillo…

Y vosotros, reginaexlibrislandianos de pro, ¿llegásteis a leer La elegancia del erizo? ¿Qué os parece? ¿Se lo habéis regalado a alguien? ¿Lo buscasteis sin éxito estas navidades?

Para quienes aún os resistís a la ironía de la Barbery os recuerdo cómo veo yo la novela:

 

NOTA DE REGINA EXLIBRIS: El gran milagro de la Literatura se agazapa como en pocas en La elegancia del erizo, una novelita de esas que te cauteriza la melancolía y te cautiva a golpes de ironía, ternura, humor y píldoras sobre el amor, la sociedad, la amistad, el Arte y la felicidad. Sus dos protagonistas, la portera de un edificio del París burgués y la niña superdotada de uno de los apartamentos, diseccionan su entorno mientras se empeñan en pasar inadvertidas para el resto del mundo, hasta que aparece un nuevo vecino que desencadenará la catarsis espiritual de estas dos almas gemelas. Muriel Barbery teje una trama maravillosa y tremendamente divertida, cargada de esas verdades veladas que todos miramos pero que sólo algunos ven a la que vuelves una y otra vez con la certeza de una sonrisa y el temor del inevitable punto y final. Conmovedora y deliciosamente inesperada.

 

 

 

Robbie Williams es el Conejo de Alicia

¿Qué tienen en común Aerosmith, Tim Burton, Robbie Williams, Lewis Carroll y Reginaexlibrislandia? Fácil: los tres primeros recrearon a su manera la mítica Alicia del escritor victoriano despertando con ello el interés de muchos por un libro que, lejos de envejecer, se atrinchera en su propia Edad de Oro.

Sí, queridos, porque si la banda de rock lanzó el clip de su single Sunshine, el cineasta apenas ha terminado de filmar su versión del cuento y ahora el cantante pop Robbie Williams decide metamorfosearse en el mítico Conejo para darle un toque onírico y lewiscarrolliano al clip de su You Know me, el segundo tema de su disco ‘Reality killed the Video Star’.

 

 

Quizás demasiado ajena a los bombardeos catódicos han sido esta tarde unas adolescentes quienes, iphone en mano, me han enseñado el clip y me han preguntado si se trataba o no de algo basado en Alicia en el País de las Maravillas:

 

– Clienta: Oiga, estooo, ¿puede decirnos algo?- Regina: Sí, claro. Vosotras diréis.

– Clienta: Verá, Lourdes y yo hemos visto el nuevo vídeo de Robbie Williams y ella no se cree que vaya de Alicia la del cuento.

– R.: Pues la verdad es que no sé de qué libro me habláis…

– C.: Ah, se lo enseñamos. ¡Mire!:

 

– Regina: ¡Andaaa! Pues sí… Se puede decir que el vídeo está basado en una mezcla de cosas de Alicia en el País de las Maravillas, pero también de su continuación: Al otro lado del espejo y lo que Alicia encontró allí…- C: Ah, pero, ¿hay dos partes?

– R.: Sí.

– C.: ¿Y el vídeo de Robbie va de ellas, no?

– R.: Sí, guiños hay, sí.

– C.: ¿Ves, Lourdes? ¡TE LO DIJEEEEEEEEE! ¡Corre, tía, ponlo en el twiter!

– C2: Vale, vale, ya voooyyy.

– C.: Oiga y, ¿los tiene?

– R.: Pues sí. En dos libros o en uno con ilustraciones.

– C.: Ah, pues sepáremelo que voy a pedirle dinero a mi madre, que me debe lo de mi cumple. ¿Puede?

Claro que podía, y lo hice. Y poco antes de echar el cierre apareció para llevarse su ejemplar de Alicia en la fantástica edición de Valdemar. Y yo busqué por la web el vídeo de Robbie Williams y lo vi de nuevo mientras me preguntaba qué pensaría Lewis Carroll de todo esto… aunque cuanto constituya un cebo bibliófilo bienvenido sea a mis confines libreros.

Y vosotros, reginaexlibrislandianos de pro, ¿habíais visto el videoclip You Know me, de Robbie Williams? ¿Qué os parece? ¿Y si algún conocido vuestro le diera por leer Alicia tras ver el clip? ¿Qué os parecería?