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“Si te reíste con Bridget Jones no dejes de leer a su bisabuelo literario”

Que levante la mano el reginaexlibrislandiano que no haya protagonizado un solo momento Bridget Jones en toda su vida.

(Diario de Bridget Jones, 2001 / Miramax)

(Diario de Bridget Jones, 2001 / Miramax)

Ese instante en el que el maldito universo se alía en tu contra para que, cuanto más empeño pones en mostrarle al mundo la mejor versión de ti más ridículo pareces. Sí, como Bridget haciendo su aparición estelar en la supuesta fiesta de Fulanas y Vicarios embutida en su traje de conejita con orejas y pompón trasero incluido. Patinazo regino de proporciones bíblicas y muestra de un tipo de humor que se ensaña con el hecho de que cuanto más tratas de encajar a la fuerza en un arquetipo más y más histriónicamente evidencias tu absoluta e irremediable disonancia con él.

Y es que, queridos, la divertida novela de Helen Fielding (Diario de Bridget Jones) y su estupenda adaptación homónima siguen la estela de un tipo de humor, el inglés, que pulveriza la flema británica y ciertos convencionalismos a carcajadas, independientemente de su marco histórico.

Y hoy se adentró a mis confines librescos una joven reginaexlibrislandiana en busca de un ejemplar de Bridet para regalárselo a una amiga. Y así fue como detonó la charla que nos llevó directas hasta Charles Pooter, el Bisabuelo literario de la Jones:

Clienta: ¿Qué tal, Regina?

Regina Exlibris: Divinamente, ¿y tú?

Clienta: Muy bien. Vengo a la caza del Diario de Bridget Jones. Quiero regalárselo a una amiga que lleva una mala racha y, aunque no es de mucho leer, seguro que le encanta y le anima. Yo me reí un montón… y además se lee fácil. ¿Lo tienes?

Regina Exlibris: Sí, buena elección. Le gustará.

Clienta: Es un pedazo de personaje, ¿verdad? ¡Única, la tía!

Regina Exlibris: Mmm, bueno, más bien digna descendiente de sus ancestros. Bridget Jones es una de las muestras contemporáneas del humor inglés, que ya se daba en plena era victoriana, y que tiende a ridiculizar estereotipos y convenciones sociales. En este caso el de una treintañera soltera y rellenita en un hábitat donde, si no tienes un cuerpo diez y no has cazado marido ni procreado, mal vas… Entre otras cosas, claro.

Clienta: Sí, esa es la clave. Ella es un desastre total, pero tiene más que ver con muchas de nosotras que el rol al que parece aspirar, o, mejor dicho, al que la empujan. ¿Y qué otros libros hay anteriores?

Diario de un Don Nadie

Diario de un Don Nadie

Regina Exlibris: Pues mira, tienes a Evelyn Waugh o a P.G. Woodhouse, por ejemplo. Pero para mi el bisabuelo literario de Bridget Jones es Charles Pooter.

Clienta: ¿Charles Pooter?

Regina Exlibris: Sí, protagonista y narrador del Diario de un Don Nadie, escrita por George Grossmith e ilustrada por su hermano Weedon, que apareció por entregas en la revista Punch entre 1888 y 1889, y que se publicó en 1892. Es un clasicazo del humor y no ha dejado de imprimirse desde entonces.

Clienta: ¿Y de qué va?

Regina Exlibris: Pues verás, Charles Pooter es un oficinista mediocre y charlatán, aficionado a los chistes bobalicones y con aspiraciones sociales, que nos narra 15 meses de su día a día en el Londres victoriano. Su absurdo afán por mostrarse como un ciudadano ejemplar le lleva a hacer el ridículo casi continuamente, lo que a su vez encierra una sarcástica disección de los modales y costumbres de la época victoriana tardía. ¿Te suena?

Clienta: ¡Sí, sí! Es más o menos como lo que te comentaba de Bridget Jones.

Regina Exlibris: Ambos son ejemplos del arquetipo del inglés ansioso con el que sus autores se ríen de sí mismos e ironizan sobre su hábitat social.

Clienta: ¡Dime que lo tienes aquí, Regina, que me lo llevo también!

Y se fue con Bridget Jones y su bisabuelo literario bajo el brazo.

Y mientras la observaba abandonando mis confines reginos traté de imaginarme qué papelón hubiera hecho Charles Pooter en una no fiesta de Vicarios y Fulanas. Seguro que no desentonaría con la conejita Bridget. Ni yo tampoco.

Así que corred si podéis a por un ejemplar del maravilloso Diario de un Don Nadie (Nórdica), de George & Weedon Grossmith, y os echaréis unas risas de libro. Palabra de Regina Exlibris.

(Diario de Bridget Jones, 2001 / Miramax)

(Diario de Bridget Jones, 2001 / Miramax)

  • Y vosotros, queridos, ¿leísteis Diario de un Don nadie? ¿Y el de Bridget Jones?¿Qué os pareció?
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Sí, querid@, estas 8 series míticas de tv también vienen de novelas

Aplaudo enérgicamente cualquier potencial vía de conexión de una novela con un lector.

(El sueño eterno, 1946 / Warner Bros.)

(El sueño eterno, 1946 / Warner Bros.)

¡La que sea! En eso soy muy bibliomaquiavélica, querid@s,  y si el libro puede llegar a ser el fin, bienvenido sea el principio que lo llevó hasta él. Regina Exlibris dixit.

Porque si ahora las grandes plataformas digitales tiran de literatura para producir series exclusivas a las que se enganchan millones de espectadores en todo el mundo, basta con que un pequeño porcentaje de esos televidentes acabe yendo a la bibliofuente de turno para leerse el original para que mi bibliofilia se venga arriba y se me ilumine más que el Strip de Las Vegas.

Os cuento esto porque esta tarde en reginaexlibrioslandia tuve una interesante charla con un reginaexlibrislandiano asiduo que, precisamente, vino a mis confines en busca de un libro al que llegó desde una serie:

Cliente:  Hola, Regina, ¿tienes El cuento de la criada?

Regina Exlibris: De, Margaret Atwood. Sí, lo tengo, de Salamandra.

Cliente: ¡Bien! ¿Lo leíste?

Regina Exlibris: Sí, es abrupto, inquietante y absolutamente colosal. Vamos, 100% Atwood.

Cliente: Es que en casa hemos estado enganchados con la serie de HBO, y ahora me dio por leérmelo.

Regina Exlibris: ¡Ahh! Aún no la he visto, pero la tengo en cola.

Cliente: Últimamente parece que tiran de libros, ¿eh?

Regina Exlibris: Bueno, últimamente… tú que eres de mi quinta habrás visto series míticas de los 70 y 80, y gran parte de ellas, las mejores, se basaron en novelas.

Cliente: ¿De esa época? Espera, mmm, pues, veamos, es que me vienen El Equipo A, Dinastía, El coche fantástico. Pero no hablarás de esas, ¿no?

Regina Exlibris: Jajajaja. Esas también tenían su aquel, pero no. Te hablo de algunas producciones británicas de la BBC, otras en EEUU y ya más en los 90 incluso aquí, en España, se adaptaron muy bien según que novelones. Algunas otras eran más para un público infantil-familiar, pero aún así inocularon tinta en los televidentes.

Cliente: Pues, dime a ver si caigo..

Y a partir de aquí le recité las 8 series televisivas míticas basadas en novelas de las que hoy se pueden conseguir ejemplares tanto en reginaexlibrislandia como en otras librerías, porque de otras tantas (Raíces, de Alex Haley; o Norte y Sur, de John Jakes) se han descatalogado sus títulos (¡¡¡argggg!!!!).

¿Listos? Van, pues, los 8 títulos:

1. Retorno a Brideshead. Evelyn Waugh. Tusquets. La vuelta de Charles a la elegante mansión de lord Marchmain, convertida ahora en cuartel por la guerra, le devuelve a un pasado en que recorría embelesado sus jardines y salones, y se dejaba seducir por sus singulares habitantes, en especial por el ambiguo y cautivador Sebastian y su fascinante hermana, lady Julia, y el misterio que envuelve a toda la estirpe. Un libro soberbio, se mire por donde se mire.

Y una no menos colosal adaptación a cargo de la BBC que, tras su estreno en 1981 marcó un antes y un después en la historia televisiva. Con un reparto estelar (Jeremy Irons, John Hurt, Derek Jacobi, John Gielguld, Alec Guiness, Laurence Olivier) sus diez capítulos consumaron uno de los affaires más perfectos que nunca se hayan podido dar entre el medio catódico y la literatura. Un auténtico serión.

Retorno a Brideshead

Retorno a Brideshead

2. Yo, Claudio. Robert Graves. Alianza. Hay que ser Robert Graves o, lo que es lo mismo, un consumado novelista e historiador experto en Roma para firmar Yo, Claudio, un maravilloso mosaico de seiscientas páginas que contienen toda la grandeza, la miseria, las traiciones, los fratricidios, las sangrientas purgas, la depravación y la sabiduría que tiñeron de sangre y oro medio siglo de la Roma imperial con Augusto, Tiberio y Calígula al mando, todo contado en forma de autobiografía ficticia de puño y letra de Claudio, destinado a lo más alto sin pretenderlo. Una novela fascinante y cargada de sabiduría que todos deberíamos leer al menos una vez en la vida.

Y tenía que ser de nuevo la BBC británica la que en 1976 adaptara a miniserie catódica semejante novelón y salir airosa. Consta de 13 capítulos en los que se adapta tanto la trama de Yo, Claudio, como de su continuación Claudio, el dios, y su esposa Mesalina. El reparto, con actores del teatro shakespeariano, estaba encabezado por Siân Phillips (Livia), Derek Jacobi (Claudio), John Hurt (Calígula) y Brian Blessed (Augusto). Antológica.

Yo, Claudio

Yo, Claudio

3. El pájaro espino. Colleen McCullough. Ediciones B. En esta mítica novela, de esas que son best selles de boca-oreja, McCullough narra una historia que nos lleva al corazón de la Australia de 1915 con una trama cargada de sueños, secretos, oscuras pasiones y un amor prohibido. En ella asistimos a la gesta de tres generaciones de la familia Cleary, pero sobre todo, a la relación sentimental de Meggie con el sacerdote Ralph de Bricassart, un atractivo párroco cuya ambición lo lleva a formar parte de los círculos influyentes del Vaticano. Una historia de amor conmovedora, una apasionante lucha entre el deseo y el deber, la vocación y la pasión, pero también una celebración de la individualidad y del espíritu.

En 1983 fue adaptada como miniserie de televisión con Richard Chamberlain, Rachel Ward, Barbara Stanwyck y Christopher Plummer, y durante su transmisión batió récords de audiencia de los Estados Unidos. Poco después su éxito sería a nivel planetario.

El Pájaro espino

El Pájaro espino

4. La Regenta. Leopoldo Alas Clarín. Literatura Random House. Fascinante retrato de una mujer que, cercada por convencionalismos caducos e hipocresías, se debate entre el deseo sacrílego y su represión, mientras un galán y un cura la cortejan, volatilizando todas sus defensas, y exponiéndola literalmente al escarnio público de un entorno murmurador, envidioso, rancio, despiadado, fariseo, perverso y provinciano que disfruta precipitando la muerte social de la protagonista. Ana Ozores es la víctima inocente de una época, de una ambición y de un entorno, la ficticia Vetusta, descritos de forma veraz y sin titubeos por un Clarín que firmó un novelón imprescindible de la literatura del s. XIX donde las pasiones humanas -las altas, pero especialmente las bajas- aceleran el pulso del lector a cada salto de línea.

En 1995 Televisión Española adapta, como por suerte haría con otras tantas grandes obras de las letras españolas, a miniserie televisiva homónima con Aitana Sánchez-Gijón, Hector Alterio y Carmelo Gómez con un resultado espectacular.

La Regenta

La Regenta

5. Sandokan: Los tigres de Mompracem. Emilio Salgari. Alianza. Borneo, 1849. Sandokán, un príncipe malayo destronado por el imperialismo británico se convierte en un temible pirata para vengar a su familia, recuperar su reino y hacer frente, junto a a Yáñez y a su Lady Marianne, al todopoderoso James Brooke (apodado “rajá blanco de Sarawak“) y al despechado barón William, entre otros. Emilio Salgari incorporó a ésta y al resto de sus novelas de aventuras un mundo desmesurado cargado de peligros, animales salvajes, caracteres indómitos y pasiones incontrolables, en el que imperan los valores románticos de la lealtad, la amistad y el coraje, y con tramas que transportan al lector a paisajes evocadores y exóticos.

Su adaptación catódica de 1976 partió, con ciertas licencias, del tomo Los tigres de Mompracem, se vértebra en 12 episodios y gira en torno a los enfrentamientos entre Gran Bretaña y los temibles malayos insumisos, junto al, en teoría amor imposible entre Sandokán y la británica Lady Marianne.

El tigre de Mompracem

El tigre de Mompracem

6. El misterio de Salems Lot. Stephen King. Debolsillo. Salem’s Lot es un pueblo tranquilo donde nunca pasa nada. Pero veinte años atrás, por una apuesta infantil, Ben Mears entró en la casa Marsten, y lo que vio entonces aún puebla sus peores pesadillas. Ahora, como escritor consagrado, vuelve a Salem’s Lot para exorcizar sus fantasmas. Sin embargo, la promesa de hallar en Salems un remanso de paz se resquebraja cuando descubre que están empezando a suceder cosas escalofriantes. El pero muerto colgado de la verja del cementerio. Y el misterioso hombre que se instaló en la casa de los Marsten. Y los niños que desaparecen, los animales que mueren desangrados… Y la espantosa presencia de Ellos. Un novelón de órgano donde Stephen King te gana la cartera ya desde el primer capítulo. Exquisitamente aterradora.

Estrenada en España en 1979 como El misterio de Salem’s Lot es una miniserie dirigida por Tobe Hooper y protagonizada por David Soul y James Mason. Es una brillante adaptación de la novela de King que, en su época, desencadenó más de una pesadilla en miles de telespectadores.

El misterio de Salems Lot

El misterio de Salems Lot

7. La casa de la pradera. Laura Ingalls Wilder. Noguer y Caralt. Un clásico para paladares bibliófilos bajos de glucosa sobre la vida de los pioneros norteamericanos de finales del s. XIX, a partir de los recuerdos de la autora. Montados en un carromato, los Ingalls se marchan del Gran Bosque para irse a vivir a Kansas, siguiendo la promesa de una vida mejor. Allí, tronco a tronco, el padre de Laura construirá la que será su casa de la pradera. A pesar de las dificultades (la enfermedad, la naturaleza, los prejuicios locales y los rigores de un ambiente hostil), la vida en el campo es maravillosa, pero la presencia de los indios los inquieta.

La adaptación a miniserie catódica homónima se emitió entre 1974 y 1983, y el reparto de los Ingalls estaba encabezado por Michael Landon y Karen Grassle. Con una adaptación libre de los libritos originales, la serie debutó con un gran éxito de audiencia, y así se mantuvo durante los nueva años que duró la emisión.

La casa de la pradera

La casa de la pradera

8. Pippi Calzaslargas. Astrid Lindgren. Juventud. Pippi Långstrump (Pippi Calzaslargas en España) es una huérfana de nueve años que ha viajado por todo el mundo y que, con sus dos trenzas color zanahoria y tiesas como palos, y su Míster Nelson al hombro, sabe arreglárselas sola. Astrid Lindgren nos relata la divertida historia, llena de ternura y humor, de este singularísimo personaje haciendo innumerables extravagancias que proporcionarán unas horas inolvidables a varias generaciones de lectores.

El personaje de Pippi se conoce sobre todo gracias a la serie de televisión de 1969, con guiones de la propia autora. En España tanto los libros como las series de televisión estuvieron censurados (ufff) hasta 1974, año en que acabó por ser emitida.

Pippi Calzaslargas

Pippi Calzaslargas

Y, tras irlas viendo una a una y recordando viejos tiempos catódicos, mi reginaexlibrislandiano asiduo se fue finalmente con tres ejemplares bajo el brazo: El Cuento de la Criada; Yo, Claudio y Los tigres de Mompracem. Y yo por mi parte eché el cierre y me fui directa a releer Retorno a Brideshead, que ya me tocaba darme una vueltecita por la mansión de los Marchmain.

  • Y vosotros, queridos, ¿leísteis alguna de ellos? ¿recordáis algún otro éxito catódico de antes de los 90 basado en una novela?
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“Te haré una oferta que no podrás rechazar: lee El Padrino

En alguno de mis delirios bibliófilos me visualicé como la viuda de un capo mafioso en Nueva York.

(The Sanghai gesture, 1941 / United Artists)

(The Sanghai gesture, 1941 / United Artists)

Muerto el Don y enchironada toda mi prole me hacía cargo de los negocios de la familia y los regentaba con mano de hierro, garras de nácar y el pelucón embutido en un recogido negro azabache desde mi palacete fortificado en Staten Island.

Sería, como la legendaria Virginia Hill, una auténtica Reinona de la Mafia, nacida y criada a años luz del hampa, pero, una vez viuda, arrastrada y fagocitada a un submundo de crimen, corrupción y excesos, y cercada por fiscales, policías y bastardos traidores. Porque, como dijo Balzac, “Detrás de cada gran fortuna hay un crimen“. A lo que añado: y, tras él, esta gran Doña moviendo los hilos.

Vale, obviamente el empujoncito argumental me viene, sobre todo, de El Padrino, de Mario Puzo, obra magna del género que inauguró: el de los gánsteres. Un novelón espectacular que, incomprensiblemente, en España no siempre está en circulación ( y qué bien nos vendría con la que está cayendo). En 2008 estaba descatalogado, pero lo reeditaron poco después, al cumplirse el 40 aniversario de la primera edición. Los ejemplares volaban de los anaqueles, e incluso Ediciones B lanzó una edición especial para regalo coincidiendo con el Día del Padre.

Pues bien, ahora quedan ejemplares sueltos en contadas librerías, y el último de los míos salió hoy del stock de reginaexlibrislandia.

Así que estoy doblemente de luto (por mi Don ficticio, que la Providencia Librera lo tenga en su gloria, y por la descatalogación de El Padrino). Pero, eso sí, reconozco que el reginaexlibrislandiano que se lo llevó me hizo sonreír durante la transacción bibliófila:

Cliente: Estoo… ¡señora!

Regina ExLibris: ¿Sí?

Cliente: Mire, no sé si conoce un videojuego de El Padrino.

Regina ExLibris: ¿Perdona?

Cliente: Que me enganché a un juego de la consola de El Padrino, y mi abuelo, que es muy suyo, cuando mi madre le contó que estoy enviciado con el juego, me mandó un whatsup que decía (Aquí me lo enseña): “Te haré una oferta que no podrás rechazar: lee El Padrino y el jueguecito te parecerá de risa”. Así que así me enteré yo de que hay una novela que se llama igual, ¿sabe?

(El Padrino, 1972 / Paramount)

(El Padrino, 1972 / Paramount)

Regina ExLibris: ¡Uy, qué grande, tu abuelo! Y con respecto a la novela sí, lo sé. Y es muy buena. Te encantará.

Cliente: Pero, ¿la tiene? Porque llevo dando vuelas ya ni se sabe buscándola

Regina ExLibris: Ya, es que no es fácil de encontrar. Pero, sí, mira, me queda un ejemplar. ¡El último!

Cliente: ¿En serio?

Regina ExLibris: Si, aquí lo tienes.

Cliente: Traiga, traiga… me lo voy a leer volando, que el domingo haré con mi abuelo un maratón con las películas –que también hay, ¿sabe?- y va a flipar si ya me la he leído entera para entonces.

Regina ExLibris: ¡Ja, ja, ja! Las películas también te gustarán. Pero, oye, con este libro se inauguró el subgénero de gánsteres y mafiosos, y de ella beben tanto tu videojuego, como muchas películas y hasta series de Tv como Los Soprano. ¡Es un clasicazo!

Y él chico se fue tan contento con su ejemplar, mi último ejemplar, y me dejó desconsolada, enjugándome el llanto y poniéndole velas y cirios a la Providencia Librera para que se reedite YA. En papel o en digital, o en ambos formatos. Pero que esté en circulación.

Yo, por mi parte, hago lo único que puedo hacer: “En mi trágica desesperación me arranco, brutalmente, un pelo de mi pelucón por cada título descatalogado con el que me topo”. Palabra de Regina ExLibris

NOTA DE REGINA:

El Padrino

El Padrino

No importa si has visto las películas de Coppola o no, una vez que traspasas el umbral de la primera página de El Padrino no tienes escapatoria: el libro es a ti lo que la familia, el honor y la amistad a Vito Corleone: una forma de entender el mundo. Antes de que te des cuenta estás atrapado en la historia de un emigrante siciliano en Nueva York en torno al cual no sólo se levanta un imperio político y económico a la sombra, sino toda una sociedad paralela. El Don, su hijo Michael y toda la ‘familia’ crecen a cada salto de página, con una intensidad cautivadora y una cualidad tridimensional que consiguen que tú, como lector, te codees con cada personaje. Porque cada uno de ellos está perfectamente dibujado. Cuando Mario Puzo regaló al mundo este clásico en 1969 disparó a quemarropa al bajo vientre de la sociedad estadounidense dejando al aire la verdadera naturaleza de sus intestinos. Soberbia.

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6 novelas para leer y revisitar Florencia sin aglomeraciones

No falla, queridos. Cada vez que me hablan de Florencia me posee el espítiru de la Isabel Archer del Retrato de una Dama con abanico de encaje y todo.

(Retrato de una dama, 1996 / Gramercy Pictures)

(Retrato de una dama, 1996 / Gramercy Pictures)

Pero queda ahí la cosa: el pelucón se me metaforsea en algo parecido al Ponte Vecchio bajo el que fluye no el río Arno, sino un caudal de palabras muy particular: “Todo sobre Florencia parece estar coloreado con un tono violeta suave, como el vino diluido“. Amén, señor Henri James, amén.

Por eso, como hago con otras tantas ciudades como París o Nueva York, siempre tengo un rinconcito en reginaexlibrislandia consagrado a quienes ficcionaron sobre la maravillosa ciudad italiana. Son títulos que prescribo a discreción a quienes planean su primera incursión a Florencia como lectura complementaria a las guías de turno, pero también a quienes, habiéndola visitado sobreponiéndose con dignidad y paciencia al turismo de masas, quieren redescubrirla en soledad entre las páginas de colosales muestras de ficción pura.

Y hoy, por suerte, un reginaexlibrislandiano no asiduo se materializó ante mi para formular las palabras mágicas que me detonan la euforia biblioflorentina:

Cliente: Buenos días, señorita

Regina ExLibris: Buenos días, ¿puedo ayudarle?

Cliente: Eso espero. Verá, en unos días viajo a Florencia y aunque ya tengo una guía y planos quisiera leer alguna novela ambientada en la ciudad. ¿Me recomienda alguna? Hace años leí una maravillosa sobre Miguel Ángel, La agonía y el éxtasis, pero ya no se encuentra. Y, bueno, como le digo ya la leí. Buscaba otras.

Regina ExLibris: Ah, sí, de Irving Stone. Otra lágrima más en mi eterno llanto por los descatalogados… ¡brrr! En fin. Sí, claro, puedo sugerirle algunos títulos que forman mi selección particular. Los tengo en esta balda…

Y le mostré las 6 novelas (bueno, más bien 5 y una biografía) que integran mi pasaje literario a Florencia:

1. Una habitación con vistas. E.M. Foster. Alianza. Brillante sátira de la clase media inglesa en los albores del S. XX y del encorsetamiento victoriano. En ella Lucy Honeychurch viaja a Italia en compañía de su carabina en la que es su primera incursión fuera de la campiña inglesa. Allí, en una deslumbrante Florencia todavía a salvo del turismo de masas, pero ya integrada en el Grand Tour de los viajeros europeos, se debatirá entre dos amores, uno conveniente y otro no. Lucy, una talentosa pianista, deberá elegir entre el pensativo y apasionado George, o el sofisticado y seductor Cecil. Con una espectacular Florencia como telón de fondo, la joven se debatirá entre una pasión abocada al fracaso, o un amor correcto y discreto según los cánones victorianos. Sencillamente deliciosa.

Una habitación con vistas

Una habitación con vistas

2. Las muchachas de Sanfrediano. Vasco Pratolini. Impedimenta. Sanfrediano, céntrico barrio florentino ubicado en la orilla izquierda del Arno, acoge el depósito central de basuras, el hospicio y los cuarteles, y lo pueblan gentes humildes que no llegan a fin de mes. La nota de color la ponen sus mujeres, una estirpe de un pelaje único que llena sus calles de poderío, bravura y curvas. Pero todas comparten un único punto débil: Aldo Sernesi, un donjuán apodado «Bob», cuyo pasatiempo consiste en seducirlas a todas sin tener intención de casarse con ninguna. Silvana, Gina, Tosca, Mafalda, Loretta y Bice, encarnan a todas las muchachas de Sanfrediano engatusadas por Bob. Novias, amantes o simples conquistas que, al descubrirse víctimas del mismo perverso juego, unen fuerzas y urden un plan de venganza que dejaría temblando a la mismísima Hidra.

Las muchachas de Sanfrediano

Las muchachas de Sanfrediano

3. Retrato de una dama. Henry James. Penguin Clásicos. Es, sin duda, es una de las grandes novelas del siglo XIX. Su protagonista es Isabel Archer, una bella joven norteamericana que, tras recibir una cuantiosa herencia, decide emprender un viaje por Europa con escala en Florencia para tratar de dar esquinazo a un destino predeterminado que para ella es abrumador. Mientras su familia presiona para que se case, ella se aferra a su independencia con uñas y dientes, hasta que los acontecimientos se precipitan de un modo inesperado. Se enamora del galán equivocado y termina por ser la víctima de un maquiavélico plan. Quintaesencia del arte de Henry James, retrato espectacular de las diferencias entre Estados Unidos y Europa y aguda indagación en la psicología femenina, esta portentosa novela nunca agota su lectura.

Retrato de una dama

Retrato de una dama

4. La abadesa de Castro. Stendhal. Impedimenta. Primera de las novelle que integran sus “Crónicas italianas” o, lo que es lo mismo, El Renacimento italiano en estado puro según Stendhal: crímenes, adulterios, torturas, conspiraciones, ambición y venganza. Y, entre ellas, la La abadesa de Castro destaca con peso propio. Lo que en un principio parece una introducción al siglo XVI y la mentalidad de los florentinos, páginas después deviene en el tono desgarrado de un manuscrito que recoge un amor imposible entre un bandido bueno y una bella y joven noble. Página a página la historia adquiere profundidad psicológica, y pasa de lo pintoresco a lo dramático. Los personajes cometen errores, son egoístas y extremadamente crueles, acciones que se justifican en nombre de ese sentimiento desproporcionado que es el Amor en la Florencia renacentista.

La abadesa de Castro

La abadesa de Castro

 5. Miguel Ángel Buonarroti, florentino. Giorgio Vasari. Acantilado. A falta de ejemplares de La agonía y el éxtasis, de Irving Stone (me arranco un pelo del pelucón por cada libro descatalogado) echo mano del biógrafo del Renacimiento que, a mediados del S XVI, se entregó a un proyecto colosal: narrar las vidas de los más ilustres arquitectos, pintores y escultores italianos, lo que elevó a Vasari a consagrarse en padre de la historia del arte. Por suerte Acantilado editó el capítulo dedicado a Miguel Ángel. En él, con estilo ameno y profundo, Vasari no sólo disecciona al hombre que para él encarnaba los ideales renacentistas, sino también su ajetreada existencia así como las circunstancias del proceso creativo de algunas de las más notables obras maestras del arte occidental. Con un ritmo cautivador te sumerge en la vida y la obra del genio, siempre vinculado a Florencia.

Miguel Ángel Buonarroti, florentino

Miguel Ángel Buonarroti, florentino

6. Inocencia. Penelope Fitzgerald. Impedimenta. Si te rendiste a los pies de Penélope Fitzgerald con La librería estás de enhorabuena, porque puedes disfrutar de un paseito por Florencia de la mano de una de las plumas más poderosas de las letras del S.XX que, además de recrear de forma impecable escenarios y gentes, lo adereza todo con humor inteligente. Ahora nos introduce a Chiara, una joven que, tras acabar en un internado inglés, regresa a Florencia donde vive su familia, descendiente de una saga de nobles italianos venida a menos. Chiara se enamora del doctor Rossi, un hombre recio y con una inmensa conciencia de clase. Pero ya desde su primer encuentro sienten que todo y todos están en su contra. El carácter de ambos, insegura ella e inflexible él, tampoco ayuda demasiado. Pero todo cambia cuando alguien decide adoptar una medida sorprendente y extrema, fruto de una peculiaridad ancestral del temperamento familiar. Maravillosa.

Inocencia

Inocencia

El caballero, con el que hablé largo y tendido sobre cada una, se llevó los seis títulos y prometió regresar a comentarlas a su regreso de sus dos viajes a Florencia, el físico y el literario.

Y yo, que ya sabéis lo caprichosa y permeable que soy, le despedí y corrí a embutirme en la piel de Isabel Archer para, abanico en mano, perderme por entre las páginas de Retrato de una Dama y también de las otras cinco.

Que, como decía Miguel Ángel: « Mi alma no encuentra escalera al cielo a menos que sea a través de la hermosura de la tierra». Y yo sé que vosotros sabéis que todos sabemos que para mi la hermosura de la tierra tiene forma de libraco en reginaexlibrislandia.

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Cúbrete bien, querid@, o Nabokov te noquea con su gancho de Lolita

Si estáis pensando en leer Lolita mejor os pongo sobre aviso, como hice con la reginaexlibrislandiana que vino a mis confines a por la novela de Vladimir Nabokov

(Desayuno para dos, 1937 / Manga Films)

(Desayuno para dos, 1937 / Manga Films)

El gigante ruso es un peso pesado y perderéis la pelea y algún diente, sí, pero el combate será una experiencia bibióflila inolvidable y no os lo debéis perder. Así que enfundaros los guantes a lo Barbara Stanwyck, subir al ring y preparaos para recibir lo que está escrito.

La apasionada confesión de Humbert Humbert es una historia de amor perversamente aderezada con tres ingredientes explosivos: la atracción por las nínfulas y el incesto por un lado (léase guante derecho) y el inmaculado lirismo, la ternura y la belleza con los que Nabokov articula el relato de esa abominación (léase guante izquierdo). A lo que hay que sumar un endiablado juego de pies del escritor ruso, que te mantiene danzando al son que él marca.

Basta con abrir el libro y avanzar un par de páginas para que, ¡DING! suene la campana y asistas como lector a una demoledora descarga de golpes de derecha directos al costado que te obligan a encajar como puedas el relato brutal y sórdido de una aberración: Un cuarentón de origen europeo cuenta cómo da rienda suelta a su obsesión por una niña de doce años. Se casa con su madre y, muerta ésta, abduce a la nínfula para arrastrarla a una huida por carretera. Mientras tanto la nínfula, chillona, caprichosa, algo perversa y definitivamente descarriada, es cada vez más consciente de su poder y de cómo jugar sus cartas en la situación en la que están.

Lolita

Lolita

Y antes de que puedas reaccionar, horrorizarte y hasta tirar el libro (léase toalla) te viene un gancho de izquierda directo a la mandíbula.

Es un golpe trampa, porque te espabila y te devuelve al combate: el inmaculado lirismo, la ternura y la belleza con los que Nabokov articula el relato de esa abominación te anestesian todo atisbo de juicio moral y te meten de lleno en una historia de -llamémoslo- amor, que te conmueve y espanta por igual.

Llegados a este punto Nabokov ya te tiene bailando al son que él marca dentro del cuadrilátero. Incluso en el cuarto y el quinto asalto se permite el lujo de hacerle un guiño a la Anabel Lee de Poe, inaugurar el género de las road novels y enfrentar la belleza serena de la vieja europa con los horrores suburbanos y de la cultura del plástico y del motel de la norteamérica de los 50s, encarnados por Humbert y Lolita respectivamente.

Y el resto, ya lo imagináis, más de lo mismo: bam, bam, bam. Y entre adrenalina, sangre, sudor y tinta te mantienes en pie, leyendo con un ojo a la virulé y aguantando asalto tras asalto la lluvia de golpes de genio perfectamente calibrados de ese maldito púgil de las letras.

Vladimir Nabokob

Vladimir Nabokob

Por fin llegas al punto y final. Has perdido, claro. Nabokov te ha noqueado con la última frase y tú te desplomas exhausta y sumida en un inesperado estado de  total y absoluto éxtasis libresco.

¿O acaso creías que Nabokov no iba a ser capaz de anularte el juicio moral a golpes de genio literario? ¿Pensabas que ibas a ser incapaz de conmoverte y deleitarte con una historia tan turbia? Para nada. Porque la de enfrentarse a la lectura de Lolita es siempre la crónica de un noqueo literario anunciado.

Y eso es lo que le va a pasar a mi reginaexlibrislandiana asidua (y espero que a alguno de vosotros, reginaexlibrislandianos de pro).

Lo mejor de todo es, además del libro a por el que vino en sí, cómo llegó a él:

Clienta: Hola Regina, ¿tienes ejemplares de Lolita, de Nabokov?

Regina ExLibris: Sí, claro.

Clienta: Es que, ¿sabes? El otro día me llevé La librería, de Penélope Fitzgerald, porque me lo recomendaste con otros de libreros y librerías. Y resulta que, bueno, como sabes a Florende los del pueblo no se lo ponen fácil de entrada, pero la cosa se le complica aún más cuando se plantea vender ejemplares de Lolita, de Nabokov, que acababa de publicarse y era todo un escandalazo. Y, ya ves, de esta no pasa: quiero leérmelo ya. ¡Ja, ja, ja!

Regina ExLibris: ¡Anda! ¡Me encanta cuando pasa eso! Es lo que yo llamo los Mapas de constelaciones literarias: un libro te lleva a otro, etc. Y, sí, en 1955 sólo la editorial Olympia Press de París se atrevió a publicarlo… y ardió Troya.

Clienta: Sí, sí. Y la verdad es que siempre lo he dejado “para después”. Pero ya no.

Regina ExLibris: ¡Muy bien! Pero cuando lo leas cúbrete bien, querid@, porque Nabokov te noqueará con su gancho de Lolita

 

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¡Paren máquinas! 6 novelas de periodistas que van a toda plana

Ay, cada vez que veo Luna nueva (Howard Hawks, 1941), me tiro toda la película a carcajada limpia. En ella Hildy Johnson (Rosalind Russell), la mejor reportera del Morning Post, anuncia que deja el periodismo para formar una familia. Pero Walter Burns (Cary Grant), editor del periódico y su ex-marido, se niega a dejar escapar a su plumilla estrella y urde todo tipo de ardides para retenerla en plantilla.

(Luna Nueva, 1941 / Columbia Pictures)

(Luna Nueva, 1941 / Columbia Pictures)

Tanto ésta como Primera Plana (Billy Wilder, 1974) destripan en clave de comedia las luces y las sombras de una profesión de raza, con especímenes capaces de lo mejor y de lo peor, y cuyo gremio cimenta el cuarto poder. Y yo, que soy permeable y pelín obtusa, decidí mientras miraba sin ver los títulos de crédito de Luna Nueva, que algo bibliófilo-periodístico tenía que montar yo en reginaexlibrislandia.

Veamos: dar con un hecho noticiable, investigarlo y verificar datos, buscar el enfoque adecuado y darle a la tecla para encapsular el texto y hacerlo digerible evitando florituras son las cartas de las que dispone quien quiera jugar una mano al periodismo. No hay, por tanto, sitio para la ficción pura, que es lo mío, y si me pusiera en plan reginofundamentalista hasta aquí habríamos llegado con el temita de la prensa y de los periodistas en mi librería.

Pero la Providencia Librera tuvo a bien iluminarme y abrir una grieta conceptual en la que me puse a amontonar como una loca tres tipos de libros y autores: novelas que ficcionan sobre el periodismo; libros de quienes, dotados de un talento fuera de serie para contar historias, articularon el Nuevo Periodismo, un nuevo género literario consistente en narrar hechos reales y articularlos en forma de libro que bien podía ser novela; y las obras gonzas de quienes, a caballo entre los dos géneros, entran tanto en su historia que son, a la vez, observadores y protagonistas de lo que escriben.

Pues bien, queridos, os aseguro que al poco rato la pila de ejemplares me sobrepasaba varios metros el topete del pelucón.

El caso es que con todo eso apilado yo me atiborré de lecturas y de relecturas para montar, días después, una parrilla bibliófilo-periodística con 6 novelas de y para plumillas que todo el mundo debería leer porque valen la pena. Van:

1. ¡Noticia Bomba! Evelyn Waugh. Anagrama. Un magnate de la prensa de Fleet Street llamado Lord Copper presume de la infalibilidad de su olfato para descubrir talentosos reporteros que inundan de exclusivas su tabloide y ganarle así lectores a la competencia. Sin embargo, a causa de una confusión de apellidos, envía a «cubrir» la guerra civil en una remota república africana a uno de los periodistas más improbables para tal misión. A partir de ese equívoco, Evelyn Waugh se lanza a una feroz y desopilante sátira sobre el mundo del periodismo, los enviados especiales, la información, la desinformación y la confusión. Considerada como una de las grandes novelas de humor del siglo XX, es también un vívido y corrosivo retrato de la profesión y del sector que arrancará las carcajadas tanto de quienes la sufren a diario como de los ajenos al mundillo.

Noticia Bomba

Noticia Bomba

2. Relato de un Naúfrago. Gabriel García Márquez. Debolsillo. Este debía ser el reportaje sobre un hombre, Luis Alejandro Velasco, que estuvo diez días a la deriva en una balsa mecida por el mar Caribe, y que encargaron a un tal Gabriel García Márquez. El entonces joven plumilla de El Espectador de Bogotá escuchó el relato de los hechos de boca de su protagonista, y lo transformó, tal vez sin pretenderlo, en un prodigioso ejercicio literario, una narración escueta y vigorosa donde late el pulso de un gran escritor. La publicación por entregas del reportaje en 1955 provocó un alboroto político considerable -se revelaba la existencia de contrabando ilegal en un buque de la Armada colombiana, lo que costó la vida de siete marineros y el naufragio, más afortunado, de Velasco- y el exilio para su autor, que se vio abocado a una nueva vida. Aunque el precio fue alto gracias a él legiones de lectores y de periodistas de todo el mundo devoran a diario la narración más perfecta de uno de los púgiles de las letras hispanoamericanas.

Relato de un naúfrago

Relato de un naúfrago

3. A sangre fría. Truman Capote. Anagrama. El día de noviembre de 1959 en que la familia Clutter fue brutalmente asesinada en su granja de Kansas marcó un antes y un después en la literatura. Truman Capote olfateó la historia a kilómetros y su instinto le dictó cómo hacerla suya. Ocho años después publicó A sangre fría e instauró con ella todo un nuevo género narrativo: la «non fiction novel», híbrido entre el periodismo y la literatura. El proceso creativo fue largo y destructivo para Capote, que siguió paso a paso y junto a su amiga y ayudante Harper Lee, la vida del pequeño pueblecito, esbozó retratos de los que serían víctimas y acompañó a la policía en las pesquisas que condujeron al descubrimiento y detención de Hickcock y Smith. Entre ese momento y la ejecución de ambos, perfiló a los dos criminales psicópatas con tal grado de veracidad y humanismo que el lector creerá llegar a conocerlos realmente. Un relato estremecedor de un crimen atroz que, tras pasar por el alambique de Capote, es un relato colosal y una clase magistral de investigación.

A sangre fría

A sangre fría

4. El honor perdido de Katharina Blum. Heinrich Böll. Seix Barral. La lucidez de Heinrich Böll y su brillante crónica de la repulsiva lapidación mediática de una mujer inocente que es arrastrada a la fuerza al epicentro del circo mediático más rapaz siempre tienen su hueco en las baldas de reginaexlibrislandia. Testigo del affaire que una joven anónima mantiene con un hombre que resulta ser un prófugo, un periodista sin escrúpulos difama a la mujer hasta volatilizar su reputación. Después de hacer de su vida un infierno, el paparazzi será asesinado por su víctima mediática, incapaz de reconstruir una intimidad demasiado ultrajada y sobreexpuesta. Así de actual es El honor perdido de Katherine Blum, una novela tan breve como certera y visionaria.

El honor perdido de Katharina Blum

El honor perdido de Katharina Blum

5. El motel del voyeur. Gay Talese. Alfaguara. Maestro del arte del reportaje y del nuevo periodismo, Gay Talese cincela un reportaje colosal sobre un hombre que se compró un motel en Denver para regentarlo y, de paso, espiar a sus clientes mientras mantenían relaciones sexuales. Para ello ni él ni su mujer escatimaron en ingenio ni en medios e instalaron una «plataforma de observación» en los conductos de ventilación. Fue el propio mirón quien contactó con Talese para contarle su secretillo, y Talese no dudó en viajar al Motel donde conoció a Gerald Foos, verificó la historia, espió desde la plataforma y ojeó los diarios en los que Foos registraba cuanto veía y escuchaba. Con todo ese material Talese montó una bomba de relojería que detonó en forma de extraordinaria muestra de periodismo narrativo, cuya onda expansiva sacude conciencias y enciende un intenso debate ético a nivel planetario.

El Motel del Voyeur

El Motel del Voyeur

6. Bloody Miami. Tom Wolfe. Anagrama. Una fábula vulgar, grotesca e irreverente, cargada de adrenalina, cincelada con sarcasmo y cimentada con el incuestionable talento de Wolfe para el reportaje, que en su día lo encumbró como periodista. En ella Edward T. Topping IV, blanco, anglo y sajón, de una pequeña dinastía de Yale, va con Mack, su mujer –también Yale– a un restaurante. Y mientras se desocupa una plaza para aparcar su utilitario ecológico un Ferrari, conducido por una latina despampanante y cargada de oro, les birla el hueco y se burla de Mack. Y es justo a esa ciudad -donde, como afirma Wolfe, una población venida de otro país, de otra cultura, con otra lengua, se ha hecho dueña del territorio en sólo una generación-, han enviado a Ed Topping para reconvertir el Miami Herald en un periódico digital, sin edición en papel, y lanzar El Nuevo Herald solo para las masas latinas. Wolfe descuartiza a una ciudad chamuscada por el sol, dividida y volátil, donde todos odian a todos y con la digitalización de un tabloide como telón de fondo.

Bloody Miami

Bloody Miami

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” Llevas un Mr. Hyde dentro y lo sabes, querid@. Lee Dr. Jekyl y Mr. Hyde “

Quien no haya querido ser otr@ alguna vez que levante la mano. Es un anhelo tan primario como punzante, y aquí todos buscamos la manera de soltarnos el pelucón, sacar a pasear a ese reverso “100% yo, sin máscaras ni corsés“, y darnos una vueltecita en todo nuestro salvaje esplendor por el wild side. Y yo la primera.

(Victor o Victoria, 1982 /M.G.M.)

(Victor o Victoria, 1982 /M.G.M.)

Hay quien bebe, se traviste, baila, se droga o se disfraza, o todo a la vez, pero siempre a tiempo parcial, y después, entre excursión y excursión, los bibliófilos nos damos a la ficción pura para poder ser otros entre líneas y con discreción, y de paso sedar a la bestia a librazos. La mía es tan poderosa que he terminado atrincherada entre libros en reginaexlibrislandia.

Y justo esa ha sido la tertulia libresca que improvisamos hoy en la librería, a raíz de la visita de una reginaexlibrislandiana asidua. Lleva un Club de lectura, y no estaba segura de si trabajar con El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde, como le habían sugerido algunos miembros. No se lo había leído porque conoce de sobra la historia, y aunque agendarlo es la ocasión de saldar esa deuda con la Literatura venía a ver hacia qué lado impulsábamos nosotros la balanza esta vez.

Clienta: Pero, a ver ¿una de terror? Vale, dicen que es un clásico, no lo discuto, y me lo leeré cuando se tercie. Pero, ¿más allá de eso?

Regina ExLibris: ¿Terror? No, suspense y del bueno. Y tú llevas un Mr. Hyde dentro y lo sabes, querid@. Así que lee El extraño caso del Dr. Jekyl y Mr. Hyde y entenderás más de tu naturaleza dual de lo que imaginas.

Clienta: ¡Ja, ja, ja! No te sigo del todo, Regina. Dame algo más.

Regina ExLibris: Pues que esa, la de nuestra dualidad, es justo la tecla que pulsó como nadie Robert Louis Stevenson. Por eso, querid@, si no lo has leído, despójate de cualquier idea preconcebida sobre El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde y abalánzate sobre una de las novelas más espectaculares y extrañas jamás escritas que, además, nació de un mal sueño. En él R. L. Stevenson vio cómo un caballero entraba en un armario y allí tomaba una droga que le convertía —literalmente— en alguien distinto y desbocado que se perdía en la bruma londinense para satisfacer a saber qué inconfesables necesidades.

Clienta: Pero, ¿qué tipo de necesidades? No sé, ¿matar? Porque al ser de terror pensaba que iban por ahí los tiros

Regina ExLibris: No, verás: a qué tipo de vicios desviados -según la etiqueta victoriana de la época- se entrega Hyde… no se concreta en el texto. Pero, ¡qué más da! Podía ser homosexual, sadomaso, drogadicto o a saber qué, y eso casi es lo de menos. Refleja la dualidad bajo la epidermis, el yo que mostramos frente al que nos esforzamos en mantener a raya.

Clienta: ¿y qué más?

(Richard Mansfield, Jekyll y Hyde / British Library's)

(Richard Mansfield, Jekyll y Hyde / British Library’s)

Regina ExLibris: Pues que dicho eso, y sin dejar de lado el contexto del corsé victoriano, la trama es conocida: el intachable abogado Utterson investiga la sospechosa relación que vincula a su amigo y cliente, el Dr. Henry Jekyll, y al repulsivo y amoral Edward Hyde. Y lo que descubrirá es que el Dr. Jekyll ha inventado una poción que le permite extraer la parte más vil de sí mismo y materializarla en otra persona. Ese nuevo ser es Mr. Hyde, un completo desconocido que disfruta llevando una vida sin ataduras escudado en su anonimato en el lado más sórdido de “la City”.

Clienta: Mmmm, vale, vale. Me va picando el gusanillo, sí

Regina ExLibris: Y después la cosa se tuerce cuando Hyde comienza a tomar el control: escasea un ingrediente clave de su pócima con el que mantenía a raya al Mr. Hyde que lleva dentro y el doctor Jekyll, horrorizado, es incapaz de revertir a su estado inicial y su rostro refleja una curiosa mueca con algo de ambos…. Se queda, con Hyde, encerrado en su armario, Ay, ay, ay, ay, como diría la Carrá.

Clienta: ¡Ja, ja, ja, la Carrá! Vale, me rindo. Me lo llevo, me lo leo y a ver si es como lo cuentas. Me has pillado por el tema de ser otros, nunca lo había visto así.

Regina ExLibris: Ya me lo dirás… Por cierto que la muerte de R.L. Stevenson en 1894, curiosamente, tiene bastante que ver con el final de su Jekyll/Hyde. Vivía en Samoa, junto a su mujer, y mientras preparaban la cena Stevenson bajó a su bodega a por una botella de vino. Al descorcharla, gritó: “¿Qué es esto? ¿Qué me ocurre? ¿Qué le pasa a mi cara?” Y se desplomó. Horas más tarde fallecía por un derrame cerebral con la cara desfigurada.

Clienta: ¡No me jodas! ¿En serio?

Y se fue con  El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde en la edición ilustrada de Nórdica. Y a mi la bibliofilia me rebosaba del pelucón dibujándome una sonrisa que me daba la vuelta a la cara. Es la reacción que suelo experimentar cuando rescato a un lector de esos momentos “no me lo leo porque ya sé de qué va”.

NOTA DE REGINA EXLIBRIS:

El extraño caso de. Dr. Jekyll y Mr.Hyde

El extraño caso de. Dr. Jekyll y Mr.Hyde

La trama de El extraño caso del Doctor Jekyl y Mr. Hyde ha calado tanto en la imaginería popular que hay quienes ni se plantean leer la novela original. Gran error que, quizás, con el reclamo de esta maravillosa edición ilustrada por Marta Gómez-Pintado haya quien esté dispuesto a subsanar para adentrarse por fin en el universo creativo de un Robert Louis Stevenson que, colocando estratégicamente al pobre abogado Utterson entre el Dr. Henry Jekyll y el misántropo Edward Hyde, regala al mundo una obra maestra en la que la lucha entre el bien y el mal tiene un cuerpo, dos rostros y una carga simbólica tan deslumbrante como sobrecogedora. Pero más allá del anverso y el reverso, del lado oscuro y de la ambigüedad moral, Stevenson desbroza una trama de suspense cargada de imágenes sugerentes y demoledoras, de escenas que más parecen fotogramas que párrafos que, además, por su prosa directa y limpia se leen de un tirón. En su breve novela no hay vísceras, sangre, ni escenas de depravación explícita, pero hay algo más eficaz: la hipocresía desenmascarada y ese punto y final que te resuena en la conciencia como si fuera un guijarro que te arrojan contra la ventana.

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Francamente, querid@, sí me importa que no leas Lo que el viento se llevó

Ojalá pudiera embutirme en la piel de Rhett Buttler para espetarme a mi misma un “Francamente, cariño, me importa un bledo” y dejarlo estar. Pero, como Scarlett O’Hara, soy impulsiva, algo arrogante y bastante tenaz, sobre todo cuando se trata de reivindicar una novela capital como Lo que el viento se llevó, injusta y doblemente desdeñada y relegada al olvido por varias generaciones de lectores.

(Lo que el viento se llevó, 1939 / MGM)

(Lo que el viento se llevó, 1939 / MGM)

Y digo doblemente porque, o ha sido canibalizada por su también colosal adaptación a celuloide, o bien ha sido injustamente encorsetada como “novelón romántico” sin más. O incluso ambas cosas a la vez.

Con respecto al pulso novela-película poco puedo hacer más allá de insistir en la calidad del original frente a su adaptación. Bueno, eso y también utilizarla sin sonrojarme como reclamo para incentivar lecturas.

Pero donde sí me pongo brava, alzo el puño y pongo a la Providencia Librera por testigo es a la hora de no cejar hasta aflojar ese corsé de prejuicios bibliófilos que encorsetan la novela de Margarett Mitchel. Necesito liberarlo, lograr que su verdadero talle narrativo se muestre ante el mundo en su esplendorosa dimensión real: un texto que va mucho más allá de una historia romántica, costumbrista o histórica.

Y es que, queridos, este Premio Pulizter, destila a palabras las altas y las bajas pasiones de cuatro personajes memorables -Scarlett O’Hara, Rhett Butler, Ashley Wilkes y Melanie Hamilton- en plena Guerra de Secesión estadounidense y en los difíciles años de la reconstrucción sureña tras la derrota confederada, dibujándonos de forma impecablemente vívida cada uno de los años de esa traumática década en los que toda una forma de vida se viene abajo.

(Lo que el viento se llevó, 1939 / MGM)

(Lo que el viento se llevó, 1939 / MGM)

Y precisamente es el poder leer cómo lo ven, sienten, viven y encajan sus protagonistas lo que hace de ella una novela histórica sobre un momento crucial en la línea del tiempo estadounidense, sí, pero sobre todo la convierten en una novela de personajes.

Personajes espectacularmente perfilados que intercambian unos diálogos memorables -sobre todo entre Scarlett y Rhett- con los que entre risas y lágrimas nos hacen partícipes de un momento y unos hechos que, aunque edulcorados en cuestiones delicadas como la esclavitud (no nos engañemos, queridos, Mitchell era sureña de pro) lo cierto es que se ven de otra manera más allá del punto y final.

Es un libro magnífico, queridos, y en reginaexlibrislandia siempre habrá sitio para un par de ejemplares de fondo.

Os refresco la trama:  Georgia, 1861. En la elegante mansión sureña de Tara vive Scarlett O’Hara, la más bella, caprichosa y egoísta joven de la región. Ella suspira por el amor de Ashley, pero él está prometido con su prima, la dulce y buena Melanie. Aunque todo es derroche, armonía, melaza, limonada y riqueza en la algodonera Tara, la sombra de la nube la Guerra de Secesión se cierne amenazadora sobre los tocados, las sombrillas y los vestidos almidonados hasta el delirio.

Lo que el viento se llevó

En la última fiesta antes del comienzo de las hostilidades entre el norte y el sur, mientras los jóvenes bravuconean con estúpido entusiasmo sobre el inminente conflicto, Scarlett conoce a Rhett Butler, un apuesto, arrogante y aventurero vividor, que sólo piensa en si mismo y que no tiene ninguna intención de participar en la batalla, sino en hacerse rico con ella. Eso y conquistar el corazón de la hermosa Scarlett.

Pero ella sigue enamorada de Ashley, que acaba de anuncias su compromiso con Melanie. Despechada, Scarlett acepta en matrimonio a Charles, el hermano de Melanie, al que desprecia. Años más tarde, y como consecuencia del final de la guerra, ya viuda, Scarlett debe afrontar el hambre, el dolor y la pérdida e instalarse en Atlanta, donde Melanie espera noticias de Ashley y Butler aparece de nuevo. El resto es cosa vuestra, reginaexlibrislandianos de pro.

Con Lo que el viento se llevó (Ediciones B) se ha forjado uno de los grandes mitos de la cultura contemporánea, y os aseguro que a pesar de sus más de mil páginas y de la visión margaretmitchelliana (léase tirando a confederada) de los hechos, logra hacerte sufrir con el destino de cada personaje, te noquea con la fuerza de sus diálogos y termina por hacerse corto. Palabra de Regina ExLibris.

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“Cualquier momento es bueno para un Desayuno en Tiffany’s con Capote”

Siempre me fascinó el lema del buzón del apartamento de Holly Golightly en Desayuno en Tiffanys: “Miss Holiday Golightly, de viaje”. Así que, deslizándome peligrosamente entre el tributo y el plagio al texto de Truman Capote, le he dado una vuelta bibliófila a mi cartel de aviso de ausencia temporal en Reginaexlibrislandia.

(Breakfast at Tiffany's, 1961 / Paramount)

(Breakfast at Tiffany’s, 1961 / Paramount)

Ahora es reversible. Por un lado, el que indica que fui a hacer un recado, reza “Miss Regina ExLibris, de viaje (a la dura realidad)“. Y por el otro, que señala que estoy en mis confines librescos, “Miss Regina ExLibris, de viaje (a la ficción pura)“. Pero, eso sí, con un asterisco y una llamada al libro editado por Anagrama, que cualquier vía es buena para liarme a librazos con terceros. Y más si es este libro.

Pero no quedó ahí la cosa, porque tres o cuatro cafés después y con la B.S.O de Breakfast at Tiffanys inundando reginaexlibrislandia me he venido arriba alentada por uno de esos temibles momentos “¿Y si…?”, e impulsada como por resortes en forma de “¿Y si lo pongo también en..?” me he liado a estampar la frase en las tarjetas de la librería como si no hubiera un mañana.

Por suerte para todos un reginaexlibrislandiano asiduo se materializó en mis confines en pleno frenesí de marcado, a tiempo de impedir que sellara cada anaquel, mesa o cabecera, e incluso el ordenador y la cafetera con mi recién-estrenado lema regino grabado en mi tampón de tinta. Yo creo que con un café más incluso se lo hubiera estampado a él mismo en la frente. Y, sí, queridos, a esas alturas yo iba embadurnada entera, pero mejor dejemos eso ahora…

El caso es que el caballero, que venía a buscar un ejemplar de Rendición, de Ray Loriga (Alfaguara), me preguntó entre curioso y divertido qué me traía entre manos:

Cliente: ¿Qué bien te lo pasas, no, Regina?

Regina ExLibris: Ya ves, cuando viene la Musa hay que actuar. Así que aquí estoy, ahora recortando papelitos y formando pelotillas viscosas de este adhesivo del demonio, que no daña libros ni muebles, pero se pega a cualquier sitio menos a donde tiene que ir.

Cliente: Pero, ¿qué te ha dado a ti hoy con la Holly esa?

Regina ExLibris: Pues, nada, que ayer noche me estuve releyendo Desayuno en Tiffanys y esta mañana amanecí creativa. Lo que estoy haciendo es una versión de una cita del libro vinculada al personaje para, ejem, mis fines reginaexlibrislandianos.

Cliente: Yo no me leí la novela, pero me encantó la película. ¿La viste?

Regina ExLibris: ¡Sí! Es una buena adaptación, aunque se toma sus licencias con respecto al original de Capote. Pero, bueno, también es verdad que algunas de ellas fueron forzadas para satisfacer los requisitos moraloides del Hollywood de la época.

Cliente: ¿A qué te refieres?

Regina ExLibris: Bueno, verás, la novela es mucho más dura y atrevida que la película de 1961, en la que se desdibuja bastante el hecho de que Holly es una mujer muy liberada y promiscua para la época -mediados de los años 50-, que se gana la vida como escort, y también que el Escritor es gay. Pero el resto de personajes secundarios no se quedan atrás. Vamos, que la película es una adaptación edulcorada del texto de Capote.

Cliente: ¡Vaya! No tenía ni idea… Es verdad que ahora que lo dices de alguna manera sabes a qué se dedica ella, pero no lo asumes en toda su crudeza. Es, cómo te diría, sí, algo sórdido reflejado de forla edulcorada, sí. Pero, bueno, lo que es cierto es que Audrey Hepburn está espléndida.

Desayuno en Tyffanys

Desayuno en Tyffanys

Regina ExLibris: Sí, la Hepburn está maravillosa, pero es que Capote nos legó a una de las heroínas de ficción más encantadoras, genuinas y carismáticas, siempre viviendo al límite, hedonista hasta el delirio, inalcanzablemente próxima y sexualmente libre. Ella vive literalmente al día y se confecciona su propia moral sobre la marcha, negándose a pertenecer a nada ni a nadie, superponiéndose al decorado de glamour que le rodea como una sombra chinesca, con escapadas furtivas a su propio paraíso: Tiffanys, mítica la joyería. Es una criatura indomable e irresistible. A mi me fascina, y con todos los peros de la película es incuestionable que la Hepburn lo bordó. Y sin embargo en los mentideros del celuloide se decía que Capote quería a Marilyn Monroe para su Holly. Tenía un feeling especial con Marilyn, y lo refleja muy bien en el esbozo que hace de ella en sus Retratos.

Cliente: Uy, eso no lo sabía. Pues fíjate que, con eso de la película, nunca me dio por leer el original. ¿Me lo recomiendas?

Regina ExLibris: Sin duda, querido. Yo siempre digo que cualquier momento es bueno para un Desayuno en Tiffany’s con Capote. Además se lee muy rápido, porque está cargada de diálogos muy ágiles y afilados, con mucho ingenio y que fluyen con naturalidad. Aquí evolucionó frente a lo que yo llamo “el primer Capote”, lleno de melaza, porches con limonada y lírica sureña, como en El harpa de hierba, o en Otras voces, otros ámbitos.

Cliente: Pues ya está todo dicho, Regina: me llevo los dos, éste y el de Ray Loriga.

Y me dejó allí, tarareando Moon River, con la piel embadurnada de mi nuevo lema y el escritorio infestado de recortes impresos y sellados a lo Holly, pero con la bibliofilia henchida pensando en Desayuno en Tiffanys como lo que realmente es: una fábula moderna maliciosa y encantadora, a veces turbia y a veces entrañable, adelantada a su tiempo, provocadora y algo ácida, y cuyo encanto crece, como el genio creativo del propio Capote, por días.

¿Te crees inmune a una sesión de mi biblioterapia de risas?

¿Qué puede ser más efectivo que una buena carcajada para ayudar a pasar por el gaznate un mal trago vital? Nada, excepto que seas reginaexlibrislandiano.

(Katherine Hepburn / Paramount)

(Katherine Hepburn / Paramount)

En ese caso que un libro detone la catarsis intensifica la cualidad terapéutica de la risa, porque también alimenta la bibliofilia. Algunos son conscientes y vienen a pedirme libros que les hagan reír. En cambio otros se adentran en mis confines en “modo joven Werther“: apesadumbrados, llorosos, derrotados y sin saber que la respuesta a su malestar emocional es tan simple como abrir el ejemplar adecuado y reírse a librazos.

Por eso siempre tengo a mano y actualizada lo que en su día denominé la biblioterapia de risas by Regina ExLibris. Consiste en prescribir una serie de títulos específicos para estados carenciales de alegría y episodios de apatía congénita. También son adecuados para prevenir depresiones, desconectar de una rutina plomiza y recuperar la armonía con el entorno.

Su consumo es apto en dosis son ilimitadas y su ingesta masiva no produce efectos secundarios más allá de ataques de risa, espasmos, lagrimones y sonoras carcajadas, o quizás alguna que otra situación incómoda, especialmente si se consumen en espacios públicos.

Son lecturas que no producen somnolencia, reactivan las ganas de vivir y son 100% efectivos salvo en un único supuesto que ya en su día tipificó Oscar Wilde:

Hay que tener un corazón de piedra para no morirse de risa ante ciertas páginas“.

Así que, queridos, aquí os dejo mi nueva selección de esas “ciertas páginas” de las que hablaba Oscar Wilde. Son 6 novelas para reír y pasar páginas, y en ellas la carcajada acecha a cada salto de línea:

1. Pero… ¿quién mató a Harry? Jack Trevor Story. Alba. Verano, campiña inglesa, mariposas, tardes somnolientas, luz estival, noches estrelladas cargadas de magia y de quietud… y un cadáver abandonado en el bosque que parece no encontrar su lugar de descanso porque cada vecino y visitante que se topa con él lo desentierra para enterrarlo después en otro rincón a fin de autoinculparse del crimen. Cada cual tiene sus motivos, no para haber matado al difunto, sino para querer cargar con el muerto. Así que aquí lo que sobran son sospechosos y lo que tiene entre manos el lector es una hilarante vuelta de tuerca a los mecanismos del género policiaco y una comedia negra cargada de ironía y de humor inglés del bueno que Hitchcock filmó en 1955.

Pero ¿quién mató a Harry?

Pero ¿quién mató a Harry?

2. Caída y auge de Reginald Perrin. David Nobbs. Impedimenta. Hay muchas razones por las que sugiero esta novelita desternillante, pero como tengo que ser escueta, me quedo con éstas: es una buenísima novela editada de forma impecable con la que cualquier lector, además de disfrutar y empatizar con el protagonista, se reirá a carcajadas. Y porque su autor, David Nobbs, levantó en torno a Reginald Perrin uno de los artefactos narrativos más irreverentes, agridulces y divertidos de las letras anglosajonas contemporáneas, que inspiró una adaptación televisiva homónima.

Reginald Perris

Reginald Perris

3. La Tía Mame. Patrick Dennis. Acantilado. No concibo que nadie pueda leer este libro sin haber soltado más de una carcajada ni caer rendido a los pies de uno de los personajes más carismáticos, divertidos, imprevisibles, glamurosos y entrañables de las letras anglosajonas. Creado por Patrick Dennis, alias Edward Everett Tanner III, y publicado en 1956 tras varios rechazos editoriales, reventó las listas de ventas de EEUU y cuenta cómo tras quedar huérfano a los 10 años el joven Patrick conoce a su tutora en su mansión neoyorquina justo antes del crack del 1929. Lejos de ser una solterona al uso, la tía Mame es una criatura divina y magnética con más pájaros en la cabeza que plumas en su boa pero con las cosas muy claras y encanto y tozudez a prueba de bombas y declives bursátiles. Por eso, el huerfanito no tarda en adorar a esta viuda chispeante, bífida y deshidratada, para quien las 9 am son “la mitad de la noche”. Rica, deslenguada y estilosa hasta lo imposible, tiene tanto fondo de armario como registros dramáticos, y las peripecias que vivirán sobrino y tía no tienen desperdicio. Muy, muy divertida.

La Tía Mame

La Tía Mame

4. Elling, el baile de los pajaritos. Ingvar AmbjØrnsen. Nórdica. Elling posee mucha vida interior y una ajetreadísima imaginación que le muestra una realidad ligeramente distinta a la que perciben los demás. Creció aislado y superprotegido por su madre, así que cuando ella muere se queda descolocado y lo instalan en un “centro recreativo”, que en realidad es un psiquiátrico. De ahí saldrá tras un periodo de adaptación para compartir un piso tutelado en Oslo junto a su único amigo, un gigantón que es su contrapunto en todos los sentidos, y asistiremos entre otras muchas y desternillantes batallas a su affaire imaginario con una de las enfermeras. También narrará sus peripecias en un divertidísimo viaje a Benidorm, el paraíso del turista nórdico, donde todo será nuevo para él. Una comedia conmovedora e hilarante donde la diferencia es sinónimo de ingenio, de humor, de ternura y de inteligencia.

Elling, el baile de los pajaritos

Elling, el baile de los pajaritos

5. A la caza del amor. Nancy Mitford. Libros del Asteroide. Nancy Mittford utiliza la búsqueda del amor verdadero de Linda Radlett para pintar con palabras el fresco de una familia de la aristocracia británica de entreguerras, de la que ella y su clan fueron parte esencial. Una típica casa de campo, maratones sociales, personajes estrafalarios y mucha gente con clase y bastante mala baba son los ingredientes de este martini bien seco al que Mittford añade una aceituna rellena con un afiladísimo ingenio, que es marca de la casa Mitford. Una novela vibrante y mordaz, que es un fresco en tres dimensiones de una época, un entorno y sus gentes.

A la caza del amor

A la caza del amor

6. La excursión. Beryl Bainbridge. Ático de los Libros. Freda es rubia, pesa cien kilos y tiene un rostro angelical, un genio endiablado y una tozudez extrema. Brenda, su apocada compañera de piso, la sobrelleva con resignación. Se conocieron el día que Brenda abandonó a su marido y la engatusó para entrar juntas a una fábrica italiana de botellas. Y allí están, en un trabajo tedioso, rodeadas de operarios italoparlantes y cada una batallando en su frente: Freda a la caza del sobrino del dueño, y Brenda esquivando manos que tratan de sobarla por doquier. Si el día a día ya es surrealista, todo se complica cuando Freda decide organizar una excursión a Windsor para todos los trabajadores -sin sus parejas- con el objetivo de intimar con Vittorio. La preparación del evento, la llegada del “día D” y como puede llegar a complicarse una sencilla actividad lúdico-campestre aderezada son las claves de una divertidísima novela cargada con un humor a veces negro y a veces surrealista, pero siempre inteligente.

La excursión

La excursión

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