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Reflexiones de una librera Reflexiones de una librera

Reflexiones de una librera
actualizada y decidida a interactuar
con el prójimo a librazos,
ya sea entre anaqueles o travestida
en iRegina, su réplica digital

Entradas etiquetadas como ‘oficio librero’

iRegina y otros 6 personajes desdoblados de novela

Así es la vida de perra. Sin comerlo ni beberlo yo, Regina ExLibris, me vi forzada a abandonar los confines de mi librería para emprender un viaje sin retorno de digitalización y pesadilla hasta desdoblarme en dos libreras: Regina Exlibris de día, iRegina cuando echo el cierre. Llegados a este punto debo plantearme cómo manejar la situación. Si logro mantener a las dos criaturas en equilibrio de fuerzas, quizás saquemos algo positivo de mi -y que Rimbaud me perdone- temporadita en el infierno.

Entonces, ¿Qué puedo hacer con iRegina, ya que está aquí? Pues, obviamente, dar de leer. Como librera y bibliófaga sigo teniendo reticencias a la lectura en pantalla, pero en algún momento de lucidez me planteé si mis recelos obedecen al libro digital en sí, o si como sospecho ya superé esa fase y lo que me incomoda y frustra ahora son las alternativas reales que ofrece el sector en bloque.

Lo peliagudo, queridos, es que el temita tiene más aristas que un puñetero prisma pentagonal.

La piel que habito (Warnes Bros. / El Deseo)

La piel que habito (Warnes Bros. / El Deseo)

De hecho lo primero que se me viene al pelucón en términos de e-books es una ráfaga de palabros que, de entrada, me incomodan e irritan hasta el delirio:

formatos, edición digital, e-reader, incompatible, nube, DRM, app de lectura, descarga, dispositivo, ePub, sistema operativo, ePub, Adobe, pulgadas, sincronizar, e-ink, credenciales de usuario, wifi, mobi, marca de agua, tableta, y bla, bla, bla.

La piel que habito (Warner Bros. / El Deseo)

La piel que habito (Warner Bros. / El Deseo)

Porque, la verdad, para sentirse realmente cómodo en ese entorno “algo punto cero” o se es “tecnológico” y se vive en perpetuo estado de “updating”, o te digitalizan a la fuerza como a mi y te desdoblas para sobrellevarlo. No, queridos, en esto no hay término medio.

Entonces me dije, Regina, ¿y si pasas a la acción? ¿y si tu desdoblamiento entraña una misión libresca? ¿y si te montas tu Reginaexlibrislandia de e-books? ¿ Y si destilas lo que has aprendido en tu cautiverio, lo aderezas con tu experiencia en la librería y algo de sentido común, y levantas a bits una alternativa digital libresca a tu medida y a la de tus reginaexlibrislandianos para dar de leer en todos los frentes y formatos?

Y en eso estamos, queridos. Vais a ser testigos de mis andanzas “con nocturnidad y alevosía” en el entorno hostil -perdón, digital-.

Y para motivarnos voy a encomendarme a 6 personajes travestidos, desdoblados y/o disfrazados de novela que, como yo, cambiaron su piel a tiempo parcial voluntaria o forzosamente en pos de una u otra causa.

¿Listos? ¡Allá vamos!

Edmundo Dantés, El Conde de Montecristo. Alejandro Dumas. Publicada por entregas la novela arranca con la reclusión del joven Edmon Dantés en las mazmorras del castillo de If, después de que un amigo le traicionara para arrebatarle a su prometida. Despojado de todo, Edmundo sobrevive trece años alimentándose de su ansia de venganza. Allí conoce a un abad que lo instruye y le revela la existencia de un tesoro en la isla de Montecristo. Tras fugarse de la prisión y hacerse con el botín, regresa parapetado en su nueva identidad: el Conde de Montecristo, un hombre rico, poderoso y con un único objetivo: vengarse uno a uno de quienes le traicionaron. Uno novelón-cepo que te atrapa como lector de principio a fin.

El conde de Montecristo, Alejandro Dumas

El conde de Montecristo, Alejandro Dumas

Gurb y su supervisor. Sin noticias de Gurb. Eduardo Mendoza. Dos extraterrestres -un supervisor y otro raso llamado Gurb- aterrizan en la Barcelona preolímpica con la misión de estudiar a los seres humanos. Mientras Gurb anda suelto por Barcelona y transmite sus descubrimientos, su supervisor lleva una bitácora interdigital. Todo va bien hasta que llegan a un punto de inflexión y se cortan las comunicaciones. Gurb se ha perdido y decide metamorfosearse en Marta Sanchez para sobrevivir en un entorno desconocido. Por su parte, el jefe desesperado sale en busca de Gurb y para pasar desapercibido adopta apariencias de lo más estrambóticas: S.S. Pío XII, Gary Cooper, el duque y la duquesa de Kent al mismo tiempo, y el mítico Conde Duque de Olivares, entre otros. Una desternillante caricatura de un momento y de una vida donde pequeñas rutinas -comer, emborracharse o incluso coger un taxi- experimentadas desde el pellejo de un extraterrestre arrancan la carcajada a cada salto de línea.

Sin noticias de Gurb, Eduardo Mendoza

Sin noticias de Gurb, Eduardo Mendoza

Jekyll y Hyde. El extraño caso del Doctor Jekyll y Mr. Hyde, de Robert Louis Stevenson. Por más que hayan reventado la historia, merece una lectura. Más allá del anverso y el reverso, del lado oscuro y de la ambigüedad moral, R. L. Stevenson crea una ficción que desbroza una trama de suspense cargada de imágenes sugerentes pero demoledoras. No hay vísceras ni sangre, hay algo más eficaz: el mal hecho hombre y acción. Y su logro narrativo es haber colocado estratégicamente al pobre abogado Utterson entre el Dr. Henry Jekyll y el misántropo Edward Hyde, para regalar al mundo una obra maestra en la que la lucha entre el bien y el mal tiene un cuerpo y dos rostros. O  donde, como Jekyll y Hyde, refleja que cada persona entraña dos personalidades antagónicas, cada una con sus apetencias en continua lucha.

El extraño caso del Doctor Jekyll y Mr. Hyde, de R. L. Stevenson

El extraño caso del Doctor Jekyll y Mr. Hyde, de R. L. Stevenson

Alonso Quijano y Don Quijote. Don Quijote de la Mancha. Miguel de Cervantes. Siglos después de que Cervantes diera a la imprenta la primera parte del Quijote, el famoso hidalgo sigue su cruzada sin conquistar el corazón de su dama, pero sí el de lectores en todo el planeta. Por eso cualquier momento es bueno para leer y/o releer el grandioso Don Quijote de La Mancha, que no solo es la novela con mayúsculas de las letras hispánicas, sino que es, para muchos, la gran novela de la historia de la literatura. Y no les falta razón: páginas y páginas cargadas de aventuras trepidantes, de amores imposibles, de humor, de sueños, de realidades, de luchas, de traiciones y de verdad protagonizadas por el personaje desdoblado más universal de la literatura. La eterna lucha entre el realista Alonso Quijano y su antagónico e idealista ilustre Hidalgo Don Quijote de la Mancha sigue siendo tan encarnizada como necesaria.

 

Don Quijote de la Mancha, Miguel de Cervantes

Don Quijote de la Mancha, Miguel de Cervantes

Marés y Faneca, en El Amante Bilingüe, de Juan Marsé. Marés es Faneca, y ambos son El Amante Bilingüe, en la que Juan Marsé deslumbra con la singular esquizofrenia de quien, para reconquistar a su ex-mujer, cuelga su piel de burgués y se reinventa, se desdobla y se embute en el pellejo de un charnego barriobajero, hasta que el disfraz devora al hombre y su lengua en una sátira sobre la dualidad social y lingüística catalana y sobre la nostalgia de ser otro para realizar un sueño. Magistral.

El amante bilingüe, Juan Marsé

El amante bilingüe, Juan Marsé

Myra y Myron. Myra Breckinridge. Gore Vidal. Es la primera parte de la saga protagonizada por Myra-Myron, el transexual más glorioso de la literatura, donde Gore Vidal deja a su amazona suelta en el corazón de la maquinaria hollywoodiense para pulverizar estereotipos  y pisotear con su taconazo de aguja todo atisbo de comportamiento moraloide, decente y educado. Myron es insulso, acartonado y mojigato como la América pre-Watergate en la que vive. Myra es impetuosa, voraz, excesiva y egocéntrica, como el dorado Hollywood que anhela, ahora eclipsado por la televisión. Para reinstaurar el ‘orden natural’ donde el cine ha de volver a ser lo que era y para emprender su ascensión al olimpo de las deidades de celuloide, Myra necesita rehacerse a sí misma en Copenhague a golpe de bisturí, con la peluca adecuada, un buen fondo de armario y la supremacía hormonal del cuerpo que comparte con Myron, que de vez en cuando emerge para exasperarla. Pero ella es más fuerte y va directa a su objetivo como un obús.

Myra Breckinridge, Gore Vidal.

Myra Breckinridge, Gore Vidal.

Y vosotros, queridos, ¿sugerís algún otro personaje “desdoblado” de novela? ¿qué porvenir le auguráis a iRegina en su misión interlibrera?

El bit que habito (vuelve Regina ExLibris)

Reginaexlibrislandianos del mundo, he vuelto.

Durante años diseccioné mi día a día entre anaqueles mientras aprendía el oficio de librera, y post a post caísteis en mi red de libros por leer. Pero un buen día eché el cierre de Reginaexlibrislandia y me esfumé. Se acabó. Sin un adiós, sin una nota y, más preocupante aún, sin una última recomendación. Nada. Adiós a Regina ExLibris

Pero, ¿Qué me ocurrió en enero de 2010? Os lo cuento rápido con ayuda de Almodóvar y de Thierry Jonquet, que ya sabéis que si no hablo en términos de referencias literarias y de celuloide ardo por combustión espontánea.

Por aquel entonces alboreaba el sector del libro digital, y con más recelos que curiosidad fui a unas jornadas. ¿Quién demonios me iba a decir a mi que ese lapso suelta entre gurús, plataformas y tecnologías terminarían conmigo encerrada en un sótano lleno de cables, instrumental quirúrjico y prototipos de dispositivos de lectura, sin un puñetero libro en papel que llevarme a los ojos?

La piel que habito

La piel que habito (Warner Bros. /El Deseo)

Pues así fue. Un fundamentalista de la ciberlectura decidió que, como los editores ignoraban su mensaje papel-apocalíptico, su mejor baza era convertir a un librero en su profeta digital a medida. Y como no encontró mejor lugar para buscar víctima que la cafetería del evento allá que me pilló a mi, Regina ExLibris, con la guardia baja y hasta las cejas de cafeína.

Total, que he pasado siete años de encierro sometida a un pulso agotador: él emperrado en convertirme en un prototipo de librera digital, y yo erre que erre que Regina ExLibris es más pro-imprenta que Gutenberg. Y mientras él no ha escatimado en terapias invasivas ni cirujías de implantación de microchips y vete tú a saber qué más ardides para “digitalizarme“, yo he sobrevivido como buenamente he podido.

La piel que habito (Warner Bros. /El Deseo)

La piel que habito (Warner Bros. /El Deseo)

Porque lejos de rendirme yo me dije: Reina, cualquier día a éste mamarracho se le va la mano y te fríe el cerebro, así que lo mejor es adoptar el modo alerta máxima del glorioso tigre de  Elías Canetti en Libro de los muertos:

“El ininterrumpido ir y venir del tigre ante los barrotes de su jaula para que no se le escape el único y brevísimo instante de la salvación”.

Y, por fin, ese momento llegó y me liberé. Pero eso es otra historia. Ahora lo importante es que yo, Regina ExLibris, he vuelto. Cargadita de secuelas y de traumas, eso sí. Tantos que lo más terapéutico para todos es que por ahora me desdoble en dos libreras: la analógica y la digital. Al menos hasta que logre unificar ambas facetas sin masacrarme en el intento.

Así que por el día seré la Regina Exlibris de siempre, con mi querencia a la cafeína, mis delirios antropológicos y esta obsesión enfermiza por alimentar la bibliofilia de cualquiera que se me ponga a tiro en Reginaexlibrislandia.

Pero al echar el cierre me travestiré en iRegina para soltar a la librera digital que me han inoculado a la fuerza y tratar de conciliar ambos mundos silueteándome bit a bit y con vuestra ayuda la versión digital de Reginaexlibrislandia.

Porque, total, si lo mío es dar de leer ¡qué más da el formato! El quid, queridos, es cómo hacerlo. ¿O no? ¿Quienes de vosotros, reginaexlibrislandianos de pro, a estas alturas no habéis pecado en digital en mayor o menor grado?

NOTA DE REGINA:

Si buscas emociones bibliófilas intensas deja lo que tengas entre manos y hazte con Tarántula, de Thierry Jonquet. Esas poco más de 130 páginas te colocan en una guillotina para dejar caer sobre tu nuca una enorme cuchilla de una aleación de acero, horror, sadismo, amor, sexo y venganza. Te aseguro que al llegar al final tu cabeza reposará en un saco con una mueca bobalicona congelada para la posteridad. 

Tarántula, de Thierry Jonquet

Tarántula, de Thierry Jonquet

En ella un delincuente cuyo mejor amigo lleva años desaparecido cree que la vía de escape para sus problemas es pasar por las manos de un brillante cirujano plástico local. Lo que no sabe es que su “salvador” es un ser corroído por una obsesiva sed de venganza, que alterna su tiempo con su hija enferma mental y con una sinuosa mujer fatal, a la que adora y humilla según el día. Si eso ya es un campo minado, pronto emergerá otra voz en la narración: la del amigo desaparecido, recluido y vejado sistemáticamente en un oscuro sótano por alguien que se hace llamar Tarántula. Vertebrada en tres partes y con un uso magistral de cuatro voces narrativas, la trama se precipita a velocidad de crucero hasta un final tan inesperado como demoledor. Esta Tarántula literaria es uno de los artefactos narrativos más inquietantes, siniestros, elegantes y retorcidos que puedas encontrar entre anaqueles. Almodóvar adquirió los derechos y filmó La piel que habito, su particular versión.

¿Amenizaría El Pequeño Nicolás ‘las quimio’ de un niño?

Soy de las que piensan que son los libros los que buscan a sus lectores, y no a la inversa. Sí, queridos, y aunque la Providencia Librera se valga de mil y un ardides para hacernos pensar lo contrario mi bibliofilia congénita no me permite creer otra cosa.

De ahí que, como librera de profesión, mi tarea sea la de conectar libro-lector en el momento adecuado.

Pero hay veces que no es fácil porque, como en la vida, en reginaexlibrislandia hay retos y retos… y el de hace un rato me ha sobrecogido, y el temor a no haber acertado cae ahora sobre mi ánimo librero como una masa gelatinosa de la que no logro desprenderme.

Veréis, la cosa ha sido así: estaba yo correteando de un lado a otro con mis cajitas cuando una chica de unos treinta años irrumppía en mis confines reginos.

 

– Clienta: Oye, perdona…- Regina: ¿Sí? ¡Díme!

– C.: Verás, busco un libro para un niño de once años

– R.: Muy bien, ¿y le gusta leer o es remolón?

– C.: Pues antes le encantaba, pero ahora lleva un año que no.

– R.: Mmmm. La clave está en uno que tenga un protagonista con el que se sienta identificado…

– C.: Ya, pero es que su circunstancia es especial..

– R.: ¿Y eso?

– C.: ¿Qué libro amenizaría las quimio de un niño?

– R.: Vaya…

– C.: Claro, ahora le toca una temporadita intensa en el hospital y con un libro se le haría más llevadero, ¿sabes?

– R.: No sé, según me lo has dicho me ha venido a la cabeza El Pequeño Nicolás… Es un clásico, es divertido, y el protagonista tiene más o menos su edad. Pero, sobre todo, porque lo que va a leer es el punto de vista del pequeño tunante: cómo ve a sus padres, los castigos, sus travesuras… Aunque si te parece, no sé, frívolo, miramos otra cosa…

– C.: ¿Sabes? No, me parece que sí me lo llevo… ¡es que, además, mi niño se llama Nicolás!

 

Y se llevó cuatro de los libros de la colección de El Pequeño Nicolás que, justo ahora, cumple medio siglo deleitando a unas cuantas generaciones europeas.

No sé, mi intuición bibliófilo-librera habló por mi quizá sin pensarlo demasiado…

Y aunque lo cierto es que creo que ahora le haría la misma sugerencia lectora para su Nicolás, espero que el pequeño tunante galo logre hacer más llevadero el calvario clínico del niño.

Espero volver a ver a la mujer o, mejor aún, al propio Nico, y que me cuénten qué tal…

Y vosotros, reginaexlibrislandianos de pro, ¿cómo veis la sugerencia? ¿Qué habríais recomendado vosotros? ¿Leísteis a Nicolás?

¿Comprarías libros en máquinas expendedoras?

Si hay algo que temo más que a los números rojos y a los incendios eso es, sin duda, la posibilidad de que mi afán de supervivencia librera termine por desvirtuar la esencia de reginaexlibrislandia. La mía ha de ser una librería única, como un traje hecho a medida por la más minuciosa de las modistas.

Por eso cuando de lo que se trata es de introducir cualquier cambio en mis confines analizo la idea hasta que me humea el pelucón. Sí, queridos, disecciono pros, contras y vuelta a empezar, porque si hay algo que mi experiencia vital me ha enseñado es que la ignorancia es tan atrevida como insensata.

Y es justo aquí donde entráis vosotros, reginaexlibrislandianos de pro, este mi coro de ángeles de la guarda bibliófila traídos aquí por la Provivencia Librera y siempre dispuestos a darme vuestro impagable punto de vista.

Sí como cuando debatimos sobre mi guerra a las etiquetas adhesivas con los precios de los libros, o sobre cómo tenía que colocar la librería, o acerca de si debía marcar aquellos libros que yo recomendara, e incluso el escabroso tema de los seudónimos. Y, bueno, eso sin olvidar mi particular adaptación de la fórmula ¿Te gustó este libro? Prueba con éstos, versión reginaexlibrislandia y hasta si debía o no vender ‘audiodiscos’ en mis confines.

Pues bien, el reginaexlibrislandazo que me planteo ahora dar es la colocación de una máquina expendedora de libros en la mismísima puerta de reginaexlibrislandia.

Eso, queridos, teniendo en cuenta que estaría operativa cuando la librería tuviera el cierre echado o, lo que es lo mismo, de noche y en fiestas de guardar.

La idea es estar para mis clientes en caso de emergencia bibliófila, aunque obviamente no de cuerpo presente.

El precio sería ligerísimamente superior que en tienda para cubrir el mantenimiento de la máquina, y en el aparatejo colocaría una selección de títulos (novedades, mis recomendaciones, los más vendidos en mis confines, etc)…

Así que, decidme, ¿compraríais libros en una máquina expendedora? ¿Pros? ¿Contras? ¿Os habéis topado alguna vez con alguna? ¿Qué pensásteis?

‘¿Tiene el libro del Borbón sin cabeza?’

Como librera escucho cada día las formulaciones más surrealistas en lo que a peticiones de libros y sucedáneos respecta. Pero lo de hace unas horas…

Lo de hace unas horas me dejó literalmente agarrotada y descabezada, queridos, justo como en su día debió quedar la maltrecha y excesiva María Antonieta tras su paseillo letal por el cadalso. Palabra de Regina.

Para colmo no fue un verdugo monstruoso, ni un despiadado bibliófobo ni mucho menos un revolucionario sediento de sangre azul quien activó la guilliotina verbal que me separó el pelucón del cráneo. Queeee vaaaaa.

Fue una entrañable octogenaria de pelo nacarado que, aferrada a un bastón con mango de marfil, llegó trabajosamente hasta el rincón de reginaexlibrislandia donde me atrincheraba en mi escritorio.

Tras un leve carraspeo la buena señora fue directa al grano:

 

– Clienta: Oiga, ¿tiene el libro del Borbón sin cabeza?- Regina: ¿Perdóooooonnnnnnnn?

– C.: Si, el libro ese sobre el Borbón que era Duque de algo y que murió hace varios años ya porque se decapitó en la nieve. El que estuvo casado con la nieta de Franco.

– R.: ¿El Duque de Cádiz?

– C.: Sí, ese, ¿no murió sin cabeza?

– R.: Ah, sí, en un accidente en la nieve, creo.

– C.: Ese, ese… pues sacaron un libro sobre él.

– R.: Mmmm, sí, ahora que lo dice algo me suena. Déme un segundo.

 

A velocidad titánica recogí me pelucón del suelo y, tras recomponerme, inicié una frenética búsqueda hasta dar con la referencia mientras ella me contaba cómo descubrió el libro:

 

– Clienta: Es que al salir de Misa el domingo doña Eulalia, que lee mucho, me contó que existía este libro y que a ella se lo regalaron por Reyes. Pero no me dijo más y ya se fue a pasar lo que queda de invierno con su hijo pequeño. Y al pasar por aquí me acordé y entré a ver…- Regina: Sí, creo que el que busca es El Borbón non grato: la vida silenciada y la muerte violenta del Duque de Cádiz, de Zavala, que editó Altera a finales de 2008.

– C.: Sí, sí, ese es. Ahora que dice eso de ‘non grato’ lo recuerdo… ¿Y lo tiene?

– R.: Aquí no, pero si no le corre prisa se lo pido a la editorial y la llamo cuando me llegue.

– C.: Ah, pues muy bien. Pídamelo, pídamelo…

Y tras darme su teléfono se dio media vuelta y deshizo su trabajoso caminar hasta la puerta de reginaexlibrislandia, dejándome con la sinopsis del libro del ‘Borbón descabezado’ parpadeando en mi monitor:

 

 

Tras digerir con dificultad el texto y con el pelucón aún mal asentado sobre mi regia cabeza me entregué a la reflexión antopológicolibrera partiendo de la manera en que la buena señora me pidió el libro.

¿Mi conclusión? Una vez más se corrobora lo que ya sabía: el ser humano es gloriosamente imprevisible.

Y vosotros, regianexlibrislandianos de pro, ¿qué os parece la petición de la mujer? ¿Cómo creéis que hubierais reaccionado si hubiérais estado bajo mi pelucón librero? ¿Habíais oído hablar del libro del Borbón non grato?

Aprovecho mi paso fugaz por la figura de Maria Antonieta para sugeriros el glorioso perfil que sobre ella trazó en su día Stefan Zweig, santo patrón de Reginaexlibrislandia, novelista, ensayista y biógrafo de la talla de esos que convirtieron en Letra todo lo que destilaban.

El título es homónimo, María Antonieta, y lo edita DeBolsillo.

“¿Y el libro por el que ponen candados en un puente?”

Bajo la piel de un buen librero deben cohabitar un detective, un psicólogo, un antropólogo y, por supuesto, un bibliófilo nato. Sí, somos lo más parecido a una matrioska de biblioteca que os podáis imaginar, queridos.

Solo así se entiende que, cuando la Providencia Librera pone en reginaexlibrislandia un reto en forma de cliente con peticiones surrealistas, salgamos airosos del apuro.

Ni mis libreros ni yo sabemos el secreto, pero la experiencia entre baldas nos enseña a diario que ante esas situaciones de presión librera se nos agudizan el oficio, el ingenio y el instinto, y no paramos hasta dar con el codiciado título, por muy disparatadas o difusas que sean las pistas.

Por ejemplo, esta mañana otro librero me sacó de mi bacanal de papeleo semanal para pedir auxilio:

– Librero 2: Estooo, Regina, perdona…- Regina: ¿Siiiii?

– L2: Verás, me piden un libro y no sé muy bien como dar con él.

– R.: ¿Qué tienes?

– L2: Es para estas dos señoras. Me dicen que es “el libro por el que ponen candados en un puente de Roma”.

– R.: ¿Cóooomooooo?

– L2: Lo que oyes. ¡Ah! También que creen que el autor es italiano y que es para una chica joven.

– R.: Uff, lo de los candados me ha dejado loca.

– L2: Si, la verdad es que tiene telita la cosa.

– R.: Mmmm, como no sea alguno de Moccia. A ver, dame un segundo…

Y partiendo de las pistas “Moccia” y de “candados en un puente de Roma” me zambullí en la Red y al instante di con:

La realidad imita a la literatura en el puente Milvio de Roma, donde miles de parejas han colocado un candado para sellar su relación siguiendo el ejemplo de los personajes de Federico Moccia, quien ha presentado en este escenario la versión española de su última novela, “Perdona si te llamo amor”.Moccia (Roma, 1963) ha conectado con una generación de adolescentes que se reconocen en Niki, la estudiante de diecisiete años que protagoniza en las casi setecientas páginas de esta novela un intenso romance en las calles de la Ciudad Eterna con Alessandro, un publicista veinte años mayor que ella.

Entonces correteé a darle el soplo a Librero2 que, a su vez, se deslizó como yendo sobre raíles a la balda donde tenemos los dos títulos de Federico Moccia: Tres metros sobre el suelo, en rústica y en bolsillo, y Perdona si te llamo amor, que se editó en España en febrero de este año, y que era el que buscaban sin saberlo las dos mujeres que aguardaban expectantes su misterioso ejemplar.

Ellas se fueron tan contentas y a nosotros aún nos dura el subidón librero.

De nuevo… ¡así da gusto echar el cierre en reginaexlibrislandia, queridos, Y HOY CON CANDADO Y TODO!

Y vosotros, mis reginaexlibrislandianos de pro, ¿conocíais los libros de Federico Moccia, Tres metros sobre el suelo y Perdona si te llamo amor? ¿Qué os parecen? ¿Sabíais la afición de sus lectores de poner candados en el Puente Milvio? ¿Lo habéis hecho, visto o sabéis de alguien que lo haya hecho?

‘A 84 Charing Cross Road, por favor’

Hay libros y LIBROS, y la norteamericana Helene Hanff firmó uno de éstos últimos cuando editó la correspondencia que mantuvo durante dos décadas con los empleados de una librería de viejo londinense.

Así nació 84 Charing Cross Road, uno de los libros de cabecera de todo bibliófilo de corazón que, además de ir de mano en mano, de tener adaptaciones cinematográficas, televisivas, como musical en Broadway y hasta videojuego, hoy un reginaexlibrislandiano asiduo me pidió en mi librería para hacer un regalo especial.

Y sin quererlo eso dio pie a que la novelita llegara a una tercera persona que se paseaba por entre mis baldas sin saber que lo que realmente había venido a buscar era un ejemplar, el que sin duda la Providencia Librera le tenía reservado, de 84 Charing Cross Road:

– Cliente: ¡Hola, Regina! ¿Qué tal?- Regina: Aquí, con la Navidad al acecho…

– C.: Sí, este año tampoco nos libramos

– R.: Tendremos que llevarlo con dignidad, me temo. ¿Buscas algo?

– C.: Pues mira, sí. Quiero 84 Charing Cross Road, pero imagino que no tendrás ejemplares aquí.

– R.: Me subestimas. De según qué libros siempre tengo ejemplares en mi recámara

– C.: ¡No me digas! Yo ya contaba con encargártelo…

– R.: Aquí lo tienes, y aún me quedan dos más.

– C.: La quiero para alguien especial, ¿sabes? Alguien que adora los libros y las librerías.

– R.: Es una maravilla… la historia, los personajes, los diálogos, ¡todo!

– C.: ¡Y encima real! ¿Viste la película con la misma de Mr. Robinson?

– R.: Sí, con Anne Bancroft y Anthony Hopkins. Otra joya, la película.

– C.: Pues nada, me lo llevo. ¡Gracias, Regina!

Y se fue, y yo me quedé con la mirada clavada en la portada de uno de los dos ejemplares del libro que aún tenía en mi poder, recordando el subidón bibliófilo que supuso para mi su lectura en su día, cuando una voz de mujer me sacó de mis cavilaciones helenehanffianas:

– Cliente2: Estooo, disculpe- Regina: ¿Si? Ah, hola, ¿dígame?

– C2: No pude evitar oír su conversación con el señor que se acaba de ir… y, bueno, me preguntaba sobre el libro del que hablaban, el que se llevó

– R.: ¿84 Charing Cross Road, de Helene Hanff?

– C2: Sí, sí, ese mismo. ¿Es realmente tan bueno?

– R.: Para mi es de lo mejorcito que hay, uno de esos libros que te reconcilian con el universo

– C2: ¿Y de qué va?

– R.: La novela epistolar de Helene Hanff, que lleva circulando de mano en mano desde hace casi cuatro décadas, recoge la correspondencia que durante veinte años mantuvieron una extravagante, irónica y brillante guionista norteamericana y los libreros de una librería de viejo londinense al término de la II Guerra Mundial. La insaciable sed de ella por hacerse con los libros más imposibles y el empeño de ellos, especialmente de Frank Doel, por conseguírselos, da pie, con los años, a una intimidad cargada de ternura e ironías proyectadas sobre el fondo de una misma pasión: los libros y las librerías.

– C2: Suena bien, sí señor, pero que muy bien

– R.: Además tiene una carga de ironía y humor que no te borra la sonrisa de la cara prácticamente de principio a fin, aunque tiene su parte dura también. ¡El justo equilibrio!

– C2: Definitivamente me la quiero leer. ¿Tiene otro ejemplar?

– R.: Sí, aquí mismo. ¡Que la disfrute!

Y ella también abandonó mis confines con su 84 Charing Cross Road bajo el brazo, y me dejó a mi sola con el último ejemplar de mi reserva y una sonrisa escandalosa plantada en la cara pensando en el bombazo literario que tienen entre manos ahora mismo esos dos inocentes destinatarios de mis ejemplares… ¡Así da gusto echar el cierre, queridos!

Y vosotros, reginaexlibrislandianos de pro, ¿leísteis 84 Charing Cross Road? ¿Conocíais a su autora, Helene Hanff? ¿Habíais oído hablar de la novela? ¿Y de sus adaptaciones varias?

Como colofón el trailer a la película homónima rodada en 1987 y protagonizada, como dije, por Anne Bancroft y Anthony Hopkins:

¿Y por qué La elegancia del erizo?

Mi pelucón y yo llevamos horas en ‘modo peonza’, dándole vueltas y más vueltas a un reginaexlibrislandazo que hemos dado esta mañana.

El miedo a haber patinado en la elección de una sugerencia bibliófila nos tiene total y absolutamente paralizadas, con la mirada fija en la nada y disparándole al vacío la misma frase, como si en lugar de boca tuviéramos una escopeta de repetición y necesitáramos vaciar el cargador a toda costa:

¿Y por qué La elegancia del erizo? ¿Y por qué La elegancia del erizo? ¿Y por qué La elegancia del erizo? ¿Y por qué La elegancia del erizo? ¿Y por qué La elegancia del erizo? ¿Y por qué La elegancia del erizo? ¿Y por qué La elegancia del erizo? ¿Y por qué La elegancia del erizo? ¿Y por qué La elegancia del erizo? ¿Y por qué La elegancia del erizo? ¿Y por qué La elegancia del erizo?…

Ha sido otro de mis libreros el que se ha decidido a arrancarme de mi estado de flagelación mántico-librera:

– Librero: ¿Regina? ¡OYE, RE-GI-NAA!- Regina: ¿Qué, qué, QUEEEEEEEE?

– L.: ¿Te pasa algo? Llevas ahí un rato, farfullando algo de un erizo. Cualquiera que te vea te toma por chiflada.

– R.: Es que no se me va de la cabeza, no se me va, ¿te lo puedes creer?

– L.: ¿El qué?

– R.: Pues esta mañana, que ha venido una chica con ojos llorosos a pedirme un libro.

– L.: ¿Y?

– R.: Me dijo que no era para ella, sino para un primo suyo que tiene leucemia y que esta tarde se internaba para someterse a un tratamiento. No sabía qué libro llevarle, a ella no le gustaba mucho leer, pero por lo visto a él si.

– L.: Vaya. ¿Y te dijo algo más?

– R.: Que le dijera uno yo, que no podía pensar. Me contó que como su primo sí lee no quería algo ‘muy bestseller’, y tampoco algo que le hundiera. Literalmente me dijo: ‘algo divertido, oh, bueno, irónico. Juan es muy irónico. Y profundo.’

– L.: Bueno, ¿y qué le diste?

– R.: Pues La elegancia del erizo, de Muriel Barbery. No sé por qué, sólo podía pensar en él. Otras veces se me ocurren varios y dejo que la otra persona opine, pero ésta vez no sé por qué lo único que veía cuando volvía la mirada hacia adentro era La elegancia del erizo.

– L.: ¿Y se lo llevó?

– R.: Si. Pero antes me preguntó: ¿crees de veras que a él le gustará, que le irá bien ahora?

– L.: ¿Y qué respondiste?

– R.: Que sí, que creía de veras que, por lo que ella me había dicho, era el libro adecuado para su primo.

– L.: Entonces, ¿cuál es el problema?

– R.: No sé, estaba muy segura. Pero fue irse ella y a mi se me agrietó el firme suelo librero sobre el que suelo corretear. Me aterra que no le guste o que no sea el libro adecuado para su estado anímico, que si está en un precario equilibrio emocional una lectura inadecuada le remate…

– L.: Regina, eso no está en tu mano. Tú has hecho lo que has podido y con la mejor intención, ¿no?

– R.: Si

– L.: ¡Pues ya está!

Decidí sacudirme la inquietud espiritual moviendo unas cuantas cajas.

Mientras lo hacía reflexioné sobre el fenómeno de La elegancia del erizo, una de las lecturas que más me ha impresionado en los últimos dos años y que, por suerte, sigue circulando sin cesar y por obra y gracia del ‘boca a boca’ y del ‘ojo al ojo’, que es como llamo yo al fenómeno de recomendación silenciosa y anónima vía ver un desconocido enfrascado en la novelita en cuestión.

Y vosotros, queridos, ¿leísteis La elegancia del erizo? ¿Cómo llegasteis a ella? ¿Qué lectura le hubierais sugerido a la chica? ¿Acerté? ¿Patiné?

NOTA DE REGINA EXLIBRIS: El gran milagro de la Literatura se agazapa como en pocas en La elegancia del erizo, una novelita de esas que te cauteriza la melancolía y te cautiva a golpes de ironía, ternura, humor y píldoras sobre el amor, la sociedad, la amistad, el Arte y la felicidad. Sus dos protagonistas, la portera de un edificio del París burgués y la niña superdotada de uno de los apartamentos, diseccionan su entorno mientras se empeñan en pasar inadvertidas para el resto del mundo, hasta que aparece un nuevo vecino que desencadenará la catarsis espiritual de estas dos almas gemelas. Muriel Barbery teje una trama maravillosa y tremendamente divertida, cargada de esas verdades veladas que todos miramos pero que sólo algunos ven a la que vuelves una y otra vez con la certeza de una sonrisa y el temor del inevitable punto y final. Conmovedora y deliciosamente inesperada.

“Busco un libro para hacerme un reloj”

El día en que un señor me pidió un libro para ‘construirse un submarino’ aprendí una lección librera crucial. Me dije:

“Hay libros de todo, y sobre todo te pueden pedir libros, querida. Sobre TO-DO TO-DO. Así que agudiza el ingenio, refrénate ese rictus y afílate la capacidad de reacción en situaciones bibliófilas extremas.”

Pero, claro, ni en reginaexlibrislandia hay sitio para todos los libros ni en mi pelucón caben infinitas referencias. Por eso capeo como puedo cada temporal que azota mis plácidas costas libreras. Como el de hace unas horas, que se materializó en la forma de un simpático sexagenario:

Cliente: Señorita, perdone…Regina: Sí, dígame, caballero.

C.: ¿Tiene libros de relojes?

R.: Se refiere a novelas sobre relojes o a libros prácticos, como de historia de relojes, fotografías o cosas así.

C.: No, no, verá… busco un libro para fabricarme un reloj.

R.: Ah, pues no, de eso me temo que no tengo nada.

C.: Ya me lo figuraba. Llevo bastante tiempo entrando en cada librería que veo para preguntar, y nunca tienen algo como lo que necesito.

R.: Pero, ¿tiene alguna referencia o recomendación?

C.: Pues no, la verdad. Y tampoco supieron dármela.

R.: Claro, es que es algo muy específico…

C.: Nada, nada, no se preocupe, ya le digo que pregunto por preguntar.

R.: Estooo, no sé. ¿Ha probado en preguntarle a algún relojero? Imagino que quien es profesional sabe de manuales y cosas así, ¿no?

C.: ¡Uy! Eso sí que no se me había ocurrido. ¡Claro, si alguien sabe del tema serán los relojeros! ¡Gracias, señorita, me ha ayudado mucho!

Y se marchó.

Y yo decidí que buscaría referencias de manuales de relojería y de relojeros para saber y, quizá, para engrosar alguna que otra de mis baldas de libro práctico con algún ejemplar dedicado al tema. Pero antes me acechaban montones de albaranes, facturas, encargos de clientes y demás quehaceres libreros diarios, así que me puse a lo mío.

Pues el buen señor me ahorró la investigación. Horas más tarde regresó a mis confines con paso firme, sonrisa radiante y un papelito que dejó sobre mi escritorio, diciendo:

“Vengo a encargarle estos dos libros: Manual de relojería, de Pedro Germán Belda González, editado por Xandró; y Manual suizo del relojero reparador, de H. Jendritzki, editado por Scriptar. Tenía usted razón, señorita, el relojero de mi barrio me dio estas dos referencias, pero en agradecimiento a su ayuda vine para comprárselas a usted. ¿me avisará cuando le lleguen?”

Claro que le avisaré… Ya están pedidos y, sinceramente, estoy deseando que lleguen para que el buen señor venga a recogerlos. Tic-tac, tic-tac, tic-tac. Este tipo de detalles le hacen a una más feliz, si cabe. Tanto que no volveré a mirar igual a un reloj, ni a un relojero.

Y vosotros, queridos, ¿sabéis de manuales de relojería? ¿habéis dejado alguna vez al librero de turno petrificado ante una de vuestras peticiones? ¿Hay algo sobre lo que busquéis un libro y no dais con referencias bibliográficas?