Reflexiones de una librera Reflexiones de una librera

Reflexiones de una librera
actualizada y decidida a interactuar
con el prójimo a librazos,
ya sea entre anaqueles o travestida
en iRegina, su réplica digital

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“¡Mis nietos van a pasar estos días en la isla de Robinson Crusoe sí o sí!”

Pocas cosas hay que un buen librazo a tiempo no consiga.

(Dr. No, 1967 / United Artists)

(Dr. No, 1967 / United Artists)

Esa es una gran verdad que se materializa cada día en reginaexlibrislandia. Pero como lo más normal es que sea yo quien biblioprescriba, cuando se adentra en mis confines un reginaexlibrislandiano que también apuesta por la lectura como remedio para casi todo mi bibliofilia se viene arriba. Y más si el biblioprescriptor es un abuelo que viene a por un título para su nieto.

Y no es sólo porque mi abuelifilia es, como lo son todas mis filias, desmesurada, sino porque muchas veces tienen una manera de pedirte el libro de lo más original. Será porque están de vuelta de todo, o será porque le hablan al mundo desde los galones de mil batallas superadas, o puede que porque yo tenga un extraño don para atraer perfiles particularmente inspirados… sea por lo que sea el caso es que en mi anecdotario de librería los abuelos y las abuelas se llevan la palma.

Y si en su día un caballero en lugar de pedirme un ejemplar de La isla del tesoro me soltó un Quiero enrolar a mi nieto en La Hispaniola” que me dejó total y absolutamente petrificada y fascinada, esta tarde una encantadora octogenaria me ha enviado a su manera a una remota isla en la desenbocadura del Rio Orinoco a buscar a Robinson Crusoe para que recoja a sus nietos y se los lleve un par de días a su campamento junto a Viernes, pero sin cachivaches electrónicos.

La petición, como os podréis imaginar, me ha dejado entre anonadada y en éxtasis libresco… Pero como soy rápida he reaccionado a tiempo de entablar diálogo ya embutida en la piel más “isleña” que tengo en el fondo de biblioarmario, que es mi trajecito de Honey Ryder en Dr.No, así que de esa guisa siguió la conversación con la encantadora reginaexlibrislandiana:

Clienta: Sí. ¡Mis nietos van a pasarse estos días en la isla de Robinson Crusoe sí o sí!

Regina: Pero, ¿a qué se refiere?

Clienta: Pues, mira, Regina, se quedarán unos días con nosotros en el pueblo, y no hay ordenadores ni nada de eso. Fíjate que apenas si funcionan los móviles, y creo que ya solo se ve un canal de televisión. El caso es que entre que sus padres no estarán y que me enferma verles todo el día pegados a sus cachivaches he decidido que nada de aparatos y que van a leer Robinson Crusoe. ¿Qué puede haber más divertido, querida?

Regina: ¡Ja, ja, ja! Nada, no seré yo quien le diga que es un mal plan leer Robinson Crusoe.

Clienta: Y ya no es solo que lean y se diviertan, Regina, es que se diviertan leyendo. Y además te reconozco que estoy cansada de ver cómo valoran muy poco TODO lo que tienen, que es mucho. Demasiado, creo yo. Quiero que aprendan a vivir sin depender de todas esas cosas, y quiero que se den cuenta, como Robinson Crusoe, de que hay otras formas de vivir y de divertirse, y también de superarse en las adversidades. Y de que para tener ciertas cosas tienes que tirar de ingenio y de esfuerzo. ¿No crees?

Daniel Defoe

Daniel Defoe

Regina: me parece una idea maravillosa. Y, como dices, además les terminará por encantar.

Clienta: Sí, se pasarán el viaje y el primer día refunfuñando, pero supongo que sin más opciones acabarán por ceder y…

Regina: ¡Y luego no van a a querer irse de la isla!

Clienta: Eso espero, ¡sí! Yo aún recuerdo la primera vez que lo leí, también durante unas vacaciones. Era de mi hermano mayor, y no era muy “de señoritas”, pero, ay hija, lo empecé y no pude parar. Mis mellizos cumplen ahora 11 años, y creo que yo era incluso más jovencita entonces. Luego lo he releído varias veces, ¿te lo puedes creer? El olor a salitre, el miedo a los caníbales, el empezar de cero sin nada, solo…

Regina: Sí, yo también recuerdo cómo me impactó. Y tres siglos después sigue más vivo que entonces.

Clienta: ¡Hombreeeee, cómo lo sabes, Regina! Hay muchos libros que cuentan la misma historia, y también películas. ¿Cómo era aquella de un naúfrago, esa con el actor moreno de Filadelfia!

Regina: Sí, la de Tom Hanks: Naúfrago. Y también hay series de televisión

Clienta: ¡Y hasta concursos en la televisión!

Regina: ¡Es verdad! Programas de telerealidad de supervivencia en islas

Clienta: En fin. ¿Qué edición me sugieres?

Regina: Pues la de Alianza está muy bien, y si prefieres algo ilustrado que les vaya a “entrar más por el ojo” al principio, esta de Anaya Juvenil sería perfecta.

Al final se llevó la edición Robinson Crusoe ilustrada de Anaya Juvenil, y se fue con la promesa de regresar para darme detalles de la maravillosa biblioaventura robinsoncrusoeniana que van a emprender sus dos nietos mellizos sin saberlo.

No me digáis que es fácil superar esa manera de pedirte un libro. De la misma forma que tampoco es sencillo encontrar gente con ese afán biblioprescriptor, aunque sea un poco a la fuerza y a traición. ¿verdad?

NOTA DE REGINA EXLIBRIS

Robinson Crusoe

Robinson Crusoe

¿Cómo sobrevive Robinson 28 años en una isla desierta con un salvaje llamado Viernes, al que rescata de las garras de una tribu de caníbales? Ya sea para que los chavales conozcan de primera mano la historia del superviviente por excelencia, o para que un lector de cualquier perfil se adentre por vez primera en esta aventura de salitre y superación, o incluso para entender el origen de algún que otro fenómeno catódico que es de todo menos original, cualquier excusa es buena para leer la que se considera novela fundacional de la literatura británica. Porque tres siglos después de su primera edición este maravilloso artefacto literario no solo sigue enganchando y cautivando lectores, sino que genera múltiples y antagónicas interpretaciones. Y es que, más allá de una increíble aventura Robinson Crusoe es una lúcida reflexión de cuestiones sociales, políticas, religiosas y económicas que, pese al tiempo, siguen más vigentes que nunca. Maravillosa.

Cómo prescribo Momentos estelares de la humanidad de Stefan Zweig en mi librería hasta sin pretenderlo

Prescribir y vender libros es mi oficio. Soy librera.

(Blithe Spirit, 1945 / General Film)

(Blithe Spirit, 1945 / General Film)

Pero prescribir y vender algunos libros es mucho más que un oficio para mi. Es un biblioprivilegio tan placentero, excitante y satisfactorio que no puede ser sano. Por eso lo disfruto tanto y con tanta intensidad.

Y si además resulta que puedo prescribir títulos desde otra dimensión y sin pretenderlo la bibliofilia se me hincha en del pelucón hasta adoptar las proporciones de un zeppelín que termina aplastado contra el techo de reginaexlibrislandia.

Sí, habéis leído bien: parece que puedo prescribir lecturas sin tener que ser una librera de cuerpo presente. Y, claro, me he visualizado metamorfoseada en un ectoplasma verdoso y libresco, que susurra títulos a discreción. Así prescribo sin dirigirme directamente a mi reginaexlibrislandian@, que previamente ha registrado y almacenado mi parloteo a terceros, y luego imagina que le hablo directamente a su bibliofilia como una librera espectral. ¿Se puede pedir más?

Resulta que estaba yo a mis quehaceres librescos (léase enterrada bajo una densa capa de papelotes) cuando se materializó al otro lado del escritorio uno de mis reginaexlibrislandianas más asiduas y, por qué no decirlo, más tímidas. Tras un leve carraspeo, me llamó:

Clienta: Regina, perdona

Regina: ¡Sí! ¿Qué? ¡Ah, hola! ¿Qué tal?

Clienta: Muy bien, gracias.

Regina: ¿En qué te puedo ayudar?

Clienta: No, tranquila, estoy bien. Es que, verás… yo quería simplemente pasarme para agradecerte la recomendación del otro día.

Regina: ¿Recomendación? Mmm, a ver, espera. El sábado te llevaste uno de Zweig, Momentos estelares de la humanidad. ¿No?

Clienta: ¡Sí, ese mismo!

Regina: Pero… ¡yo no te lo sugerí, lo cogiste tú de aquél montoncito!

Clienta: Sí y no. Es que, verás, hace tiempo te oí una conversación tuya con una señora que buscaba un libro para su marido, a quien le gustaba la historia. Y, bueno, le recomendaste el Zweig. Hablaste con tanta pasión del libro que no pude dejar de escuchar. Sé que estuvo mal, y como me daba vergüenza no me lo llevé ni ese día ni después, para que no pensaras que te espiaba, ¿sabes? Pero el sábado ya me decidí y me lo llevé.

Regina: ¡Ahhhh! ¡Pero, mujer!

Cliente: Y es que apenas he leído los primeros 4 o 5 capitulos (lo estoy leyendo un poco despacio, lo sé, pero es que solo empiezo un capitulo si sé que tengo el tiempo para terminarlo) pero te diré que estoy absolutamente fascinada. Es que, verás, cada cada capitulo me conmueve, pero además me brinda un poco más: he empezado con un viejo ejemplar de “Los oficios” de Ciceron que tenía en casa; además ayer escuché (por primera vez completo) el Mesías de Händel, y esta mañana he estado ordenando papeles con La Marsellesa de fondo. Soy muy, muy tímida, ya te habrás dado cuenta, por lo que dudo que pueda expresar claramente cuánto te agradezco esta recomendación. Así que simplemente repetiré: ¡muchas, muchas, muchas gracias Regina ExLibris, por Momentos estelares de la humanidad!

Regina: ¡Ay, señor, señor! ¡Gracias A TI por venir a decírmelo, mujer! ¡Y por unirte a nuestra pequeña biblioparroquia!

Cliente: ¿A qué te refieres?

Regina: ¿No te lo había dicho? ¡Stefan Zweig es el Santo Patrón de Reginaexlibrislandia, querida! Y el montoncito de donde cogiste tu ejemplar es nuestro altar al bueno de Zweig.

Y poco después ella abandonó mis confines y yo bajé de nuevo al suelo de reginaexlibrislandia para retomar como buenamente pude mis tareas tras ese instante memorable de éxtasis librero. O, como diría Stefan Zweig:

“Momentos que, resplandecientes e inalterables como estrellas, brillan en la noche de lo efímero”

Así que decidme, queridos reginaexlibrislandianos de pro, ¿entendéis lo que digo cuando digo que prescribir y vender algunos libros es mucho más que recomendar y comerciar con ejemplares?

RESEÑA REGINA EXLIBRIS

Momentos estelares de la humanidad

Momentos estelares

En Momentos estelares de la humanidad Stefan Zweig recrea catorce episodios históricos protagonizados por algunos personajes ‘elegidos’ que, guiados por el azar, las pasiones -altas y bajas-, el instinto o su propio genio, detonaron puntos de inflexión en la Historia y marcaron el destino del resto.

Con el colosal talento literario de Zweig, sus enormes conocimientos históricos y su don innato para instruir deleitando, leeremos entre extasiados y alucinados cómo el olvido de una portezuela determinó la caída de Constantinopla, cómo un desliz hundió al mismísmo Napoleón, o cómo a Händel se le tuvo que reventar el alma para poder componer El Mesías. Fascinante concatenación de catorce milagros literarios que retratan momentos sublimes de la historia de la humanidad.

 

9 libros para regalar a un bibliófilo y quedar como una Regina ExLibris

Libros para bibliófagos de Regina Exlibris

Libros para bibliófagos de Regina Exlibris

Hay que tener valor para regalar un libro a un bibliomaníaco.

Sí, porque si elegir un libro para cualquier lector puede ser difícil, cuando el destinatario es un bibliófago confeso lo que a priori parece fácil (“Total, como le gustan tanto los libros… algo encontraré“) terminará por desencadenar una auténtica pesadilla libresca.

Porque, claro, a la decidida embestida a la librería sobreviene la consabida parálisis y bloqueo graduales precedidas de los interrogantes de rigor: ¿Qué no se ha leído? ¿Cómo no va a conocer a ese autor?¿Y si ya lo tiene en su biblioteca? ¿Y si me lo tira a la cabeza? ¿Y si es demasiado mainstream? Y vuelta a empezar en un diabólico bibliobucle del que sólo le rescatan la Providencia Librera o el librero de turno. Y en este caso yo, vuestra Regina ExLibris, que vengo al quite.

Así que si el receptor de vuestro biblioregalo está en otra dimensión lectora y no os animáis a probar ni con cualquiera de mis reginazos de ficción ni con alguno de mis reginazos de no ficción veamos si os encajan sugerencias de títulos para paladares librescos particularmente exquisitos.

¿Listos?

Van mis 9 libros para regalar a un bibliófilo y quedar como una Regina ExLibris:

1. La librería encantada. Christopher Morley. Periférica. Los amantes de los libros que hablan de libros están de enhorabuena, y más si leyeron La librería ambulante puesto que su continuación, La librería encantada es un himno a la bibliofilia. Si en la primera Christopher Morley nos narraba cómo Roger y Helen Mifflin se recorrían la América rural en su librería-carromato derrochando pasión por la literatura, ahora echan su ancla libresca en el Brooklyn de finales de la I Guerra Mundial para abrir su particular librería de segunda mano. En ella no sólo acogerán a un exquisito elenco de clientes, sino también las reuniones de una troupe de libreros que diseccionan su profesión frente a la tarta de Helen, a una aprendiz de librera, a un joven publicista e incluso un misterio en torno a un libro que aparece y desaparece. Una novela divertida, cargada de literatura y de humor que se disfruta a cada salto de página.

La librería encantada

La librería encantada

2. Mendel, el de los libros. Zweig. Acantilado. Escrito en 192, narra la trágica historia de un excéntrico librero de viejo que pasa sus días sentado siempre a la misma mesa en un café de la ciudad de Viena. Con su memoria enciclopédica, el inmigrante judío ruso no sólo es tolerado, sino querido y admirado por el dueño del café Gluck y por la culta clientela. Pero en 1915 Jakob Mendel es enviado a un campo de concentración, acusado injustamente de colaborar con los enemigos del Imperio austrohúngaro, y cuando logra regresar a Viena y al rincón de su café ya nada ni nadie es como eran. Un maravilloso relato sobre la exclusión en la Europa de la primera mitad del siglo xx que esconde no solo un manifiesto antibelicista, sino que es un canto épico a los libreros, a la pasión por los libros como objeto y a la literatura como antídoto existencial.

 

Mendel, el de los libros

Mendel, el de los libros

 3. La librería. Penélope Fitzgerald. Impedimenta. Obra maestra de la entomología librera narra odisea de una viuda de guerra que quiere montar una librería en un pueblo costero de Sulfolk en 1959. Si con eso ya hay material para una historia, es en los matices donde reside la maestría de Fitzgerald. Porque Florece opta por una librería no solo por bibliofilia, sino porque su experiencia profesional fue en su juventud entre libros. Porque la aldea está aislada y no existe actividad comercial. Porque el local está infestado de ratas, de humedad y de poltergeist y, para remate, porque ese enclave es el elegido por la reina social local para su ateneo cultural, motivo por el que comanda una resistencia despiadada contra la librería. Así que Florence luchará con uñas, dientes, y libros para resistir ante una presión vecinal que pasa de clama tensa a tormenta a punto de estallar cuando se plantea vender ejemplares de Lolita, de Nabokov.

 

La librería

La librería

4. 84 Charing Cross Road. Helene Hanff. Anagrama. La novela epistolar de Helene Hanff recoge la correspondencia que mantuvieron durante veinte años una rónica, extravagante y locuaz norteamericana y los libreros de una librería de viejo londinense al término de la II Guerra Mundial. La insaciable sed de ella por hacerse con libros imposibles y el empeño de ellos, especialmente de Frank Doel, por conseguírselos, da pie, con los años, a una intimidad cargada de ternura e ironías proyectadas sobre el fondo de una misma pasión: los libros y las librerías. Si a ello añadimos la incontenible anglofilia de Helene Hanff, su particular sentido del humor y ese empeño perverso en desinflarle a puñaladas lingüísticas la flema inglesa al siempre correcto Frank Doel, y lo espolvoreamos con sus esfuerzos por aliviarles las estrecheces de la posguerra, el resultado es esta joya de que derrocha inteligencia, diversión, ternura y bibliofilia.

84 Charing Cross Road

84 Charing Cross Road

5. Max Perkins. El Editor De Libros. A. Scott Berg. Rialp. Editado en España gracias a la versión filmada por Michael Grandage con Colin Fitrh, Jude Law y Nicole Kidman narra la vida de Max Perkings, el mítico editor del no menos legendario sello Scribner’s Soon, que desde su oficina en la Quinta Avenida del Manhattan de los años 30 publicó a titanes de las letras anglosajonas como Erskine Caldwell, James Jones, Kurt Vonnegut, Francis Scott Fitzgerald, Ernest Hemingway o Thomas Wolfe, algunos de los cuales engrosan la Generación Perdida. El don para descubrir y potenciar talentos literarios, así como su minuciosidad inquebrantable en las tareas de corrección, edición y revisión e incluso en la campaña de lanzamiento de sus libros han hecho de él un grande entre los grandes de la edición de todos los tiempos. Su historia con Thomas Wolfe y sus El Angel que nos mira y Del tiempo y el río aunque con menos peso que en la película engrosan la trama para calibrar en su justa proporcion la colosal silueta de Perkings.

Max Perkins. El Editor De Libros

Max Perkins. El Editor De Libros

6. Manual de remedios literarios. E. Berthoud y S. Elderkin. Siruela. Un original y divertido tratado de biblioterapia que condensa todo el poder curativo de la palabra escrita. ¿Qué tal una dosis de las Brontë para sanar el corazón roto? ¿Y una inyección de Hemingway para sobrellevar los días de resaca? El libro adecuado en el momento preciso puede cambiarte la vida o, al menos, reconducir un instante o invertir una emoción funesta. En sus páginas encontrarás un ingenioso remedio en forma de novela que te ayudará a curar ese mal. Un compendio que es además una buena manera de descubrir nuevas lecturas, de recuperar algunas ya olvidadas o de resolver los problemas más habituales entre los lectores: qué hacer si tenemos demasiados títulos pendientes, si solemos dejarlos siempre a medias… Nuestros males y cómo sanarlos con libros de la A a la Z. Un auténtico manjar para un bibliófago de pro.

Manual de remedios literarios

Manual de remedios literarios

7. Una historia de la lectura. Alberto Manguel. Lumen. Ameno, divertido, profundo y revelador libro sobre libros, lectores y escritores en el que quien fuera lector de Borges te ilumina sobre el nacimiento de la escritura, la aparición de las primeras bibliotecas, los códices, la imprenta y la evolución del mundo editorial. Así Manguel serpentea sin prisa por el laberinto de los 6.000 años de palabra escrita y arma un delicioso ensayo sobre el papel del lector, hasta ahora el gran olvidado de la historia de la literatura, desde las tablillas sumerias de arcilla al CD-Rom. Gloriosa mezcla de estudios clásicos, psicología, historia, anécdotas, memorias, fantasía… en pos de una historia tan personal como universal: la de la lectura

Una historia de la lectura

Una historia de la lectura

 

8. Trazado: Un atlas literario. Andrew DeGraff. Impedimenta. Este revolucionario e inesperado libro de mapas literarios, inspirados por obras clásicas de la literatura, ofrece una nueva manera de revisitar las cartografías de grandes novelas de la literatura. Caminar con Hamlet por Elsinor, navegar con Ulises por el Mediterráneo tras haber arrasado Troya, pasear de la mano de Borges por la Biblioteca de Babel, visitar la isla con náufrago de Robinson Crusoe, acompañar a Ebenezer Scrooge a su propio entierro, despedazar a la ballena Moby Dick o navegar por el sinuoso río Mississippi de la mano de Huckleberry Finn. Pero Trazado es eso y mucho más. Es una pequeña joya literaria, un libro para letraheridos y biblioadictos que sueñan con los ojos abiertos y para curiosos mitómanos de lo novelesco.

Trazado: Un atlas literario

Trazado: Un atlas literario

9. Atlas de Literatura Universal. VV. AA. Nórdica. Con este Atlas de literatura universal se puede dar un garbeo integral por la historia de la Literatura desde la Antigüedad hasta hoy dando la vuelta al mundo en 35 obras y sin moverse de la butaca. El volumen muestra una cartografía de las obras literarias clave de la historia de las letras universales. Los títulos seleccionados son considerados hitos incontestables, procedentes de diversos espacios culturales del mundo. Cada clásico es presentado por un escritor afín a su contexto creativo e ilustrado por un mapa que refleja en dibujos el discurrir de su argumento para componer, a la postre, un fresco sobre la historia de la literatura en cuyos espacios podamos leer los tiempos.Los 35 títulos que conforman este atlas van desde El poema de Gilgameshy la Biblia, a HamletMoby Dick,La metamorfosis de Kafka, desde El Aleph y Cien años de soledad a La historia de Genji.

Atlas de Literatura Universal

Atlas de Literatura Universal

¿Por qué 84 Charing Cross Road es “el libro” de tantos bibliófilos?

Si tuviera que escoger el libro para bibliófilos sería 84 Charing Cross Road.

(84 Charing Cross Road / Columbia Pic.)

(84 Charing Cross Road / Columbia Pic.)

Y no me temblaría el pulso en absoluto, querid@s. Para quienes lo hayáis leído no necesito deciros más. Y para quienes aún no hayáis descubierto ese glorioso artefacto epistolar que une a librazos a una excéntrica bibliófaga neoyorkina con un librero británico del Londres de postguerra dejad cuanto estéis haciendo y poneos con él.

Es un título que prescribo a discreción en reginaexlibrislandia. Siempre tengo ejemplares, porque con el librito de Helene Hanff soy bibliobsesivo-compulsiva, hasta el punto de que cuando sale uno de mis confines repongo dos, empujada por ese endiablado No vaya a ser que…

El caso es que hace un rato reginaexlibrislandia se llenó de nuevo de la magia libresca de 84 Charing Cross Road, pero no porque algún bibliocliente me lo pidiera, sino porque un reginaexlibrislandiano asiduo lo conjuró como antesala de otro libro y, de paso, me reafirmó en considerarlo el libro para bibliófilos:

Cliente: Verás, Regina, en la película 84, Charing Cross Road nombran un libro que siempre quise leer, pero que nunca conseguí en español: las Conversaciones Imaginarias, de Landor.

Regina: ¿Cómo? ¡Hugo, por favor! Ya estás añadiendo a tu lista de lectura 84 Charing Cross Road! ¡Se lee en un par de horas. Y con respecto al libro que mencionan, Conversaciones imaginarias, Cátedra la editó en España en 2007. Peeero, ahora no hay stock ni la han vuelto a reeditar. ¡Ni en edición digital! ¡brrr! La buena (ejem) noticia es que, al haber sacado la última tirada hace relativamente poco, pueden quedar ejemplares de segunda mano, o en alguna biblioteca. Yo, por mi parte, añadiré otra lápida en el cementerio donde lloro por los descatalogados.

Conversaciones imaginarias

Conversaciones imaginarias

Cliente: Jajaja, ¡para el carro, Ben-Hur! Sí leí 84 Charing Cross Road hace mucho y como buen bibliófilo de pro, pero no recodaba si mencionaban Conversaciones imaginarias o si era cosa de la película. Aunque, claro, ¿por qué modificar el guión así? ¿no?

Regina: Bueno… no te creas. En su adaptación de La Librería Isabel Coixet mete a Ray Bradbury, ¡y se queda tan ancha! Claro que al menos yo le agradezco infinito esa licencia en forma de sutil prescripción libresca, ¡ja, ja!

Cliente: Ah, es verdad. En fin, que por eso decidí ser ridículamente cauto, Regina, ¡lamento haberte asustado! Y en cuanto a Landor… al menos no todo está perdido. Me voy a poner en campaña para conseguirlo y te cuento.

Regina: Una cosita más, Hugo, querido: ¿por qué crees que los bibliófilos del mundo adoramos 84 Charing Cross Road?

(84 Charing Cross Road / Columbia Pic.)

(84 Charing Cross Road / Columbia Pic.)

Cliente: Bueno, verás… Indudablemente es excepcional, por los personajes, por la ambientación y por la relación que se establece entre librero y biblófila. Ambos tienen una ironía brutal, y te ríes mucho. Y luego está la película, que es maravillosa y también refuerza el mito. Pero, además, tengo mi teoría sobre por qué es “el libro” para bibliófilos. Muchos autores reflejan un infinito amor por los libros en sus obras (sin ir mas lejos Sábato pobló mi adolescencia de literatura rusa), pero creo que hay otro factor en 84 Charing: la dificultad de la protagonista en conseguir los libros y la satisfacción cuando los recibe. Eso ha sido una constante en mi vida, y estoy seguro que a todos nos pasa, en mayor o menor medida. ¿No crees, Regina?

Regina: Ay, Hugo, Hugo… más razón que un Santo tienes, querid@

Y mientras él enfilaba la puerta de reginaexlibrislandia yo salí propulsada a la balda donde atesoro mis ejemplares de 84 Charing Cross Road, y fui directa a la carta fechada el 18 de noviembre de 1949, cuando Helene pide su ejemplar del de Landor a su librero británico.

(84 Charing Cross Road / Anagrama)

(84 Charing Cross Road / Anagrama)

Y al ojearlo me embargó una emoción bicéfala y antagónica: ¡Qué maravilloso artefacto narrativo! ¡Y qué frustración ante otro título descatalogado más!

NOTA DE REGINA EXLIBRIS

84 Charing Cross Road

84 Charing Cross Road

 La novela epistolar de Helene Hanff recoge la correspondencia que mantuvieron durante veinte años una extravagante, irónica y brillante guionista norteamericana y los libreros de una librería de viejo londinense al término de la II Guerra Mundial. La insaciable sed de ella por hacerse con libros imposibles y el empeño de ellos, especialmente de Frank Doel, por conseguírselos, da pie, con los años, a una intimidad cargada de ternura e ironías proyectadas sobre el fondo de una misma pasión: los libros y las librerías. Si a ello añadimos la incontenible anglofilia de Helene Hanff, su particular sentido del humor y ese empeño perverso en desinflarle a puñaladas lingüísticas la flema inglesa al siempre correcto Frank Doel, y lo espolvoreamos con sus esfuerzos por aliviarles las estrecheces de la posguerra, el resultado es esta joya de que derrocha inteligencia, diversión, ternura y bibliofilia.

 

 

“¿Sabes qué autor le sugiere la librera al viejo en la película La librería?”

La Providencia Librera es gloriosamente imprevisible, querid@s, y más en reginaexlibrislandia.

(The Bookshop, 2016 / A Contracorriente Films)

(The Bookshop, 2016 / A Contracorriente Films)

De no ser así sería impensable presenciar pequeños milagros librescos como el que viví en mi librería poco antes de echar el cierre, cuando sin saber muy bien cómo se materializaron ante mí Penélope Fitzgerald y Ray Bradbury para bailar al son que tocó un reginaexlibrislandiano asiduo dando el compás con su bastón.

Y la que suscribe acabó, atónita, dando palmas con las orejas, con el pelucón desmadejado y una sonrisa entre radiante y bobalicona que me daba la vuelta a la cara.

La cosa fue así: estaba yo lamentándome por tener que orquestar la devolución de un título de fondo cuando mi reginaexlibrislandiano, de cuya presencia no me había percatado por tener la nariz literalmente metida en el ejemplar de la discordia, me devolvió a la realidad con un rotundo par de bastonazos en el suelo (Taq, taq).

Regina: Hola, caballero, ¿cómo va?

Cliente: Bien, bien… acabo de salir del cine, de ver la última de Isabel Coixet, la de La librería. ¿La has visto? Porque a ti te encantaría, Regina.

Regina: Sí, sí, ya la he visto. Una buenísima adaptación de La librería de la grandísima Penélope Fitzgerald. A ver, la Coixet se tomas sus licencias con respecto al original, pero lo cierto es que me gustó. La ambientación es impecable y borda a los personajes principales.

Cliente: ¡Fantástico! Entonces seguro que me puedes ayudar. ¿Recuerdas qué autor le descubre la librera al viejo ermitaño que vive entre libros y que tanto se parece a mi, enclaustrado y leyendo? ¡ja, ja, ja! Y no te hablo de Nabokov y su Lolita, sino de los otros…

Regina: ¡Jajajaja! Sí, hombre, sí. Tu alter ego en la película se llama Mr. Brundish, y lo de ese autor es una de las licencias que se tomó Coixet al adaptarla. Según ha comentado, es fanática de él y, como piensa que está infravalorado, es su particular homenaje a su obra.

Cliente: Mmm, eso lo explica todo. Porque yo leí la novela hace 7 u 8 años y no me sonaba nada de eso. De ahí mi desconcierto, Regina, aunque con la cabeza que tengo… Bueno, primero le envía un título, y luego él no hace más que pedirle otros nuevos del mismo autor.

(The Bookshop, 2016 / A Contracorriente Films)

(The Bookshop, 2016 / A Contracorriente Films)

Regina: Sí, así es

Cliente:¿Y bien? ¿Quién era? ¿Qué títulos le descubre? ¿Los tienes?

Regina: Pues nada más y nada menos que Ray Bradbury, uno de los pesos pesados de la Ciencia Ficción y artífice de una de las más grandes novelas distópicas. La primera que le envía es Fahrenheit 451, después Crónicas Marcianas y la que esperaban ambos es El vino del estío

Cliente: ¡Uy, sí! Ahora que lo mencionas recuerdo un fotograma con la cubierta del de los marcianos. Pero no soy yo mucho de ciencia ficción…

Regina: Te sorprenderás absolutamente enganchado a los libros y te sobrecogerá lo certeras que son las visiones y fantasías del Bradbury de los años cincuenta en el mundo de hoy, querido.

Tras charlar largo y tendido sobre Penélope Fitzgerald y sobre los tres títulos de Ray Bradbury, mi querido reginaexlibrislandiano se fue con ellos bajo el brazo y me dejó sobre el escritorio la promesa de volver a comentarlos cuando los termine (siempre lo hace).

Ahora, si os parece, repasemos esos títulos, que son de los que siempre pueblan las baldas de mi librería:

1. Fahrenheit 451. Ray Bradbury. Fahrenheit 451 es la temperatura a la que el papel se enciende y arde. También es la novela distópica por antonomasia (junto a 1984, de G. Orwell, y Un mundo feliz, de A. Huxley), que describe una civilización esclavizada por los medios, los tranquilizantes y el conformismo. En ella los libros están prohibidos y el trabajo de los bomberos como Guy Montag es quemarlos mientras las autoridades rastrean y eliminan a los disidentes que aún conservan y leen libros. La visión de Bradbury es brutalmente profética: pantallas de televisión que ocupan paredes con folletines interactivos; avenidas donde los coches corren a 150 kilómetros por hora persiguiendo a peatones; una población que no escucha otra cosa que una insípida corriente de música y noticias transmitidas por unos diminutos auriculares insertados en las orejas. Absolutamente sobrecogedor.

Fahrenheit 451

Fahrenheit 451

2. Crónicas marcianas. Ray Bradbury. Esta colección de relatos recoge la crónica de la colonización de Marte por una humanidad que huye de un mundo al borde de la destrucción. Los colonos llevan sus deseos más íntimos y el sueño de reproducir en el Planeta Rojo una civilización de perritos calientes, cómodos sofás y limonada en el porche al atardecer. Pero su equipaje incluye también los miedos ancestrales, que se traducen en odio a lo diferente, y las enfermedades que diezmarán a los marcianos.

Crónicas marcianas

Crónicas marcianas

3. El vino del estío. Ray Bradbury. En lugar de imaginar el futuro, Bradbury reconstruye su pasado en dos títulos sucesivos (El vino del estío y El verano del adiós). El primero es la crónica agridulce del verano de 1928 a través de los ojos y la voz de Douglas Spaulding, un muchacho de doce años en Green Town. Lo fantástico y lo cotidiano y lo tierno y lo abrupto aderezan de forma brillante esta deliciosa crónica de la infancia.

El vino del estío

El vino del estío

Y, dicho lo cual, repasamos esa maravilla bibliófila que es La Librería firmada por una de las grandes damas de las letras anglosajonas del SXX:

La librería. Penélope Fitzgerald. Impedimenta. Obra maestra de la entomología librera narra odisea de Florence, una viuda de guerra que quiere montar una librería en un pueblo costero de Sulfolk en 1959. Si con eso ya hay material para una buena historia, es en los matices donde reside la maestría de Fitzgerald. Porque Florece opta por una librería no solo por bibliofilia, sino porque su experiencia profesional fue en su juventud entre libros. Porque la aldea está aislada -su acceso por tierra es un infierno y la opción más directa es en una barca de remos- y en él no existe actividad comercial. Porque el local está infestado de ratas, de humedad y de poltergeist y, para remate, porque ese enclave es el elegido por la reina social local para su ateneo cultural, motivo por el que comanda una resistencia sutil y despiadada contra la librería. Así que Florence luchará con uñas, dientes, libros y su niña-ayudante para mantener a flote su negocio y resistir ante una presión vecinal que pasa de clama tensa a tormenta a punto de estallar cuando se plantea vender ejemplares de Lolita, de Nabokov.

La librería

La librería

 

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6 novelas de librerías para inducir un coma libresco a tu bibliofilia

Llamadme loca, pero por mucho que me pase la vida en reginaexlibrislandia mi bibliofilia siempre quiere más. Soy bibliobulímicalibromaníaca y librera compulsiva. Tanto que si voy de invitada a vuestra casa me importan un rábano el menú o la decoración, y voy directa como un obús a cotillear vuestra biblioteca. O si veo una película la trama y los personajes se desvanecen si se cuela en un fotograma una novela, por muy fugaz que sea su aparición. E incluso en el dentista me olvido de esa endodoncia inminente si alguien en el perímetro lee algo que me dispara el biblioradar.

(Funny Face, 1957 / Paramount)

(Funny Face, 1957 / Paramount)

Y eso en escenas cotidianas de mi vida, pero la cosa se agrava si me dejas suelta por una librería ajena. Ahí la lucha encarnizada por refrenar la pulsión de colocarle al dueño su librería es todo un festival del desequilibrio mental que arranca antes incluso de traspasar el umbral.

Sí, queridos, ya de entrada tiendo a quedarme con la cara pegada al cristal del escaparate mirándolo todo en un silencio espeso y reconcentrado, y boqueando como un pez. Pero, ojo, ese momento besugo bibliófilo esconde una frenética actividad subcutánea y bajo-pelucón de escaneo y catalogación de libros y librería.

El caso es que tanto quienes padecen bibliofilia en menor grado como quienes sufrimos bibliobulimia severa atesoramos libros que van sobre libros, librerías y cualquier criatura bibliófaga real o inventada. Mientras los primeros los disfrutan con inocente deleite, la verdad es que yo los devoro para inducirle un coma libresco a mi bibliofilia cuando quiero darme una tregua y amansar a la fiera.

Como hoy ha sido uno de esos días y a puntito he estado de que me empapelaran por acoso he corrido a prepararme un cóctel bien cargado con algunas de las mejores novelas de libros y librerías:

1. 84 Charing Cross Road. Helene Hanff. Anagrama. La novela epistolar de Helene Hanff recoge la correspondencia que mantuvieron durante veinte años una extravagante, irónica y brillante guionista norteamericana y los libreros de una librería de viejo londinense al término de la II Guerra Mundial. La insaciable sed de ella por hacerse con libros imposibles y el empeño de ellos, especialmente de Frank Doel, por conseguírselos, da pie, con los años, a una intimidad cargada de ternura e ironías proyectadas sobre el fondo de una misma pasión: los libros y las librerías. Si a ello añadimos la incontenible anglofilia de Helene Hanff, su particular sentido del humor y ese empeño perverso en desinflarle a puñaladas lingüísticas la flema inglesa al siempre correcto Frank Doel, y lo espolvoreamos con sus esfuerzos por aliviarles las estrecheces de la posguerra, el resultado es esta joya de que derrocha inteligencia, diversión, ternura y bibliofilia.

84 Charing Cross Road

84 Charing Cross Road

2. La librería. Penélope Fitzgerald. Impedimenta. Obra maestra de la entomología librera narra odisea de Florence, una viuda de guerra que quiere montar una librería en un pueblo costero de Sulfolk en 1959. Si con eso ya hay material para una buena historia, es en los matices donde reside la maestría de Fitzgerald. Porque Florece opta por una librería no solo por bibliofilia, sino porque su experiencia profesional fue en su juventud entre libros. Porque la aldea está aislada -su acceso por tierra es un infierno y la opción más directa es en una barca de remos- y en él no existe actividad comercial. Porque el local está infestado de ratas, de humedad y de poltergeist y, para remate, porque ese enclave es el elegido por la reina social local para su ateneo cultural, motivo por el que comanda una resistencia sutil y despiadada contra la librería. Así que Florence luchará con uñas, dientes, libros y su niña-ayudante para mantener a flote su negocio y resistir ante una presión vecinal que pasa de clama tensa a tormenta a punto de estallar cuando se plantea vender ejemplares de Lolita, de Nabokov.

La librería

La librería

3. La Librería ambulante. Christopher Morley. Periférica. Esta delicia literaria te inocula tanta bibliofilia en las venas que de tan ganas de hacerte con una furgoneta y recorrer el mundo hasta arriba de ejemplares para hacer de tu existencia un geiser andante de literatura. Dicho eso vayamos por partes: estamos en la segunda década del siglo XX, en unos EEUU todavía rurales y de paisajes idílicos, donde conviven viejos carromatos y novísimos automóviles. Roger Mifflin, un librero ambulante que desea regresar a Brooklyn para redactar sus memorias, vende su singular librería sobre ruedas (junto a su yegua y su perro) a la ya madura señorita Helen McGill, que decide, harta de la monotonía de su vida, lanzarse a la aventura y recorrer mundo conectando libros con lectores. A partir de ese momento se sucederán encuentros y desencuentros, y las más divertidas peripecias destilarán grandes enseñanzas que proporcionan libros y librero. Humor a mansalva, bibliofilia extrema y dosis justas de ternura y realismo hacen de La Librería Ambulante un imprescindible de bibliófagos de corazón.

La librería ambulante

La librería ambulante

4. Firmin. Sam Savage. Seix Barral. Una buena idea para masacrar el tedio existencial a librazo limpio es Firmin, una de esas delicias de tinta y papel que no dejan de ir de lector a lector sin campaña mediática que valga porque ellas son, per se, su mejor carta de presentación. Sam Savage nos presenta a una rata que habita las entrañas de una librería de viejo en Boston, y lo que para ella arranca como una pulsión devoradora de libros en sentido literal pronto deriva en un apetito lector voraz y real, que sacia de forma compulsiva ejemplar tras ejemplar. Es así como Firmin se convierte en un ser bibliófilo, entrañable, marginado por su familia de rattas y quijotesco con delirios de voyeur, tics kafkianos y un espíritu shakesperiano que exuda ternura y sarcasmo. Una novelita deliciosa que es un homenaje bibliófago al poder redentor de la literatura y a las librerías como refugios universales.

Firmin

Firmin

5. Una librería en Berlín. Françoise Frenkel. Seix Barral. En 1921, Françoise Frenkel, una joven apasionada por la lengua y la cultura francesas, funda la primera librería francesa de Berlín, La Maison du Livre. En 1939 huye de la Alemania de Hitler, donde ya es imposible difundir libros y periódicos franceses, y se exilia en Francia, buscando refugio. Pero, en realidad, tras la ocupación nazi de territorio francés, lo que le espera es una vida de fugitiva hasta que, en 1943, logra cruzar la frontera suiza de manera clandestina y encontrar en Ginebra, al fin, la libertad. Una librería en Berlín descubre, milagrosamente intactas, la voz, la mirada y la emoción de una mujer valiente cuya fuerte determinación y pasión por los libros y pro su profesión la llevará a conseguir escapar de un destino trágico.

Una librería en Berlín

Una librería en Berlín

6. Mi maravillosa librería. Petra Hartlieb. Periférica. A medio camino entre obra testimonial y homenaje al oficio de librero, incluyo este libro-bomba porque es un artefacto narrativo que pulveriza la versión romántica que del oficio se tiene desde fuera. Regentar una librería es duro, es casi un suicidio profesional y es decir adiós a tu vida personal. Pero vale la pena. Y no soy yo, Regina ExLibris, quien lo dice, sino Petra Hartlieb, que tiene ahora una gran familia, un perro y una librería en Viena. Diez años atrás supo de una librería que se traspasaba. Lo que se planteó como una broma (¿por qué no la compramos?), detonó un cambio radical de vida, de ciudad y de oficio. Pero ni estaba preparada para convertirse en empresaria, ni para ser librera, esposa y madre a la vez. Una historia llena de divertidas anécdotas, que logra, gracias a una escritura ágil y empática, impregnar al lector de las alegrías y los problemas de Petra, empeñada en mantener a flote su librería de barrio en pleno S.XXI. Glorioso tapiz realista y nada edulcorado del día a día en una librería cuya lectura te pone de muy buen humor.

Mi maravillosa librería

Mi maravillosa librería

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iRegina y otros 6 personajes desdoblados de novela

Así es la vida de perra. Sin comerlo ni beberlo yo, Regina ExLibris, me vi forzada a abandonar los confines de mi librería para emprender un viaje sin retorno de digitalización y pesadilla hasta desdoblarme en dos libreras: Regina Exlibris de día, iRegina cuando echo el cierre. Llegados a este punto debo plantearme cómo manejar la situación. Si logro mantener a las dos criaturas en equilibrio de fuerzas, quizás saquemos algo positivo de mi -y que Rimbaud me perdone- temporadita en el infierno.

Entonces, ¿Qué puedo hacer con iRegina, ya que está aquí? Pues, obviamente, dar de leer. Como librera y bibliófaga sigo teniendo reticencias a la lectura en pantalla, pero en algún momento de lucidez me planteé si mis recelos obedecen al libro digital en sí, o si como sospecho ya superé esa fase y lo que me incomoda y frustra ahora son las alternativas reales que ofrece el sector en bloque.

Lo peliagudo, queridos, es que el temita tiene más aristas que un puñetero prisma pentagonal.

La piel que habito (Warnes Bros. / El Deseo)

La piel que habito (Warnes Bros. / El Deseo)

De hecho lo primero que se me viene al pelucón en términos de e-books es una ráfaga de palabros que, de entrada, me incomodan e irritan hasta el delirio:

formatos, edición digital, e-reader, incompatible, nube, DRM, app de lectura, descarga, dispositivo, ePub, sistema operativo, ePub, Adobe, pulgadas, sincronizar, e-ink, credenciales de usuario, wifi, mobi, marca de agua, tableta, y bla, bla, bla.

La piel que habito (Warner Bros. / El Deseo)

La piel que habito (Warner Bros. / El Deseo)

Porque, la verdad, para sentirse realmente cómodo en ese entorno “algo punto cero” o se es “tecnológico” y se vive en perpetuo estado de “updating”, o te digitalizan a la fuerza como a mi y te desdoblas para sobrellevarlo. No, queridos, en esto no hay término medio.

Entonces me dije, Regina, ¿y si pasas a la acción? ¿y si tu desdoblamiento entraña una misión libresca? ¿y si te montas tu Reginaexlibrislandia de e-books? ¿ Y si destilas lo que has aprendido en tu cautiverio, lo aderezas con tu experiencia en la librería y algo de sentido común, y levantas a bits una alternativa digital libresca a tu medida y a la de tus reginaexlibrislandianos para dar de leer en todos los frentes y formatos?

Y en eso estamos, queridos. Vais a ser testigos de mis andanzas “con nocturnidad y alevosía” en el entorno hostil -perdón, digital-.

Y para motivarnos voy a encomendarme a 6 personajes travestidos, desdoblados y/o disfrazados de novela que, como yo, cambiaron su piel a tiempo parcial voluntaria o forzosamente en pos de una u otra causa.

¿Listos? ¡Allá vamos!

Edmundo Dantés, El Conde de Montecristo. Alejandro Dumas. Publicada por entregas la novela arranca con la reclusión del joven Edmon Dantés en las mazmorras del castillo de If, después de que un amigo le traicionara para arrebatarle a su prometida. Despojado de todo, Edmundo sobrevive trece años alimentándose de su ansia de venganza. Allí conoce a un abad que lo instruye y le revela la existencia de un tesoro en la isla de Montecristo. Tras fugarse de la prisión y hacerse con el botín, regresa parapetado en su nueva identidad: el Conde de Montecristo, un hombre rico, poderoso y con un único objetivo: vengarse uno a uno de quienes le traicionaron. Uno novelón-cepo que te atrapa como lector de principio a fin.

El conde de Montecristo, Alejandro Dumas

El conde de Montecristo, Alejandro Dumas

Gurb y su supervisor. Sin noticias de Gurb. Eduardo Mendoza. Dos extraterrestres -un supervisor y otro raso llamado Gurb- aterrizan en la Barcelona preolímpica con la misión de estudiar a los seres humanos. Mientras Gurb anda suelto por Barcelona y transmite sus descubrimientos, su supervisor lleva una bitácora interdigital. Todo va bien hasta que llegan a un punto de inflexión y se cortan las comunicaciones. Gurb se ha perdido y decide metamorfosearse en Marta Sanchez para sobrevivir en un entorno desconocido. Por su parte, el jefe desesperado sale en busca de Gurb y para pasar desapercibido adopta apariencias de lo más estrambóticas: S.S. Pío XII, Gary Cooper, el duque y la duquesa de Kent al mismo tiempo, y el mítico Conde Duque de Olivares, entre otros. Una desternillante caricatura de un momento y de una vida donde pequeñas rutinas -comer, emborracharse o incluso coger un taxi- experimentadas desde el pellejo de un extraterrestre arrancan la carcajada a cada salto de línea.

Sin noticias de Gurb, Eduardo Mendoza

Sin noticias de Gurb, Eduardo Mendoza

Jekyll y Hyde. El extraño caso del Doctor Jekyll y Mr. Hyde, de Robert Louis Stevenson. Por más que hayan reventado la historia, merece una lectura. Más allá del anverso y el reverso, del lado oscuro y de la ambigüedad moral, R. L. Stevenson crea una ficción que desbroza una trama de suspense cargada de imágenes sugerentes pero demoledoras. No hay vísceras ni sangre, hay algo más eficaz: el mal hecho hombre y acción. Y su logro narrativo es haber colocado estratégicamente al pobre abogado Utterson entre el Dr. Henry Jekyll y el misántropo Edward Hyde, para regalar al mundo una obra maestra en la que la lucha entre el bien y el mal tiene un cuerpo y dos rostros. O  donde, como Jekyll y Hyde, refleja que cada persona entraña dos personalidades antagónicas, cada una con sus apetencias en continua lucha.

El extraño caso del Doctor Jekyll y Mr. Hyde, de R. L. Stevenson

El extraño caso del Doctor Jekyll y Mr. Hyde, de R. L. Stevenson

Alonso Quijano y Don Quijote. Don Quijote de la Mancha. Miguel de Cervantes. Siglos después de que Cervantes diera a la imprenta la primera parte del Quijote, el famoso hidalgo sigue su cruzada sin conquistar el corazón de su dama, pero sí el de lectores en todo el planeta. Por eso cualquier momento es bueno para leer y/o releer el grandioso Don Quijote de La Mancha, que no solo es la novela con mayúsculas de las letras hispánicas, sino que es, para muchos, la gran novela de la historia de la literatura. Y no les falta razón: páginas y páginas cargadas de aventuras trepidantes, de amores imposibles, de humor, de sueños, de realidades, de luchas, de traiciones y de verdad protagonizadas por el personaje desdoblado más universal de la literatura. La eterna lucha entre el realista Alonso Quijano y su antagónico e idealista ilustre Hidalgo Don Quijote de la Mancha sigue siendo tan encarnizada como necesaria.

 

Don Quijote de la Mancha, Miguel de Cervantes

Don Quijote de la Mancha, Miguel de Cervantes

Marés y Faneca, en El Amante Bilingüe, de Juan Marsé. Marés es Faneca, y ambos son El Amante Bilingüe, en la que Juan Marsé deslumbra con la singular esquizofrenia de quien, para reconquistar a su ex-mujer, cuelga su piel de burgués y se reinventa, se desdobla y se embute en el pellejo de un charnego barriobajero, hasta que el disfraz devora al hombre y su lengua en una sátira sobre la dualidad social y lingüística catalana y sobre la nostalgia de ser otro para realizar un sueño. Magistral.

El amante bilingüe, Juan Marsé

El amante bilingüe, Juan Marsé

Myra y Myron. Myra Breckinridge. Gore Vidal. Es la primera parte de la saga protagonizada por Myra-Myron, el transexual más glorioso de la literatura, donde Gore Vidal deja a su amazona suelta en el corazón de la maquinaria hollywoodiense para pulverizar estereotipos  y pisotear con su taconazo de aguja todo atisbo de comportamiento moraloide, decente y educado. Myron es insulso, acartonado y mojigato como la América pre-Watergate en la que vive. Myra es impetuosa, voraz, excesiva y egocéntrica, como el dorado Hollywood que anhela, ahora eclipsado por la televisión. Para reinstaurar el ‘orden natural’ donde el cine ha de volver a ser lo que era y para emprender su ascensión al olimpo de las deidades de celuloide, Myra necesita rehacerse a sí misma en Copenhague a golpe de bisturí, con la peluca adecuada, un buen fondo de armario y la supremacía hormonal del cuerpo que comparte con Myron, que de vez en cuando emerge para exasperarla. Pero ella es más fuerte y va directa a su objetivo como un obús.

Myra Breckinridge, Gore Vidal.

Myra Breckinridge, Gore Vidal.

Y vosotros, queridos, ¿sugerís algún otro personaje “desdoblado” de novela? ¿qué porvenir le auguráis a iRegina en su misión interlibrera?

El bit que habito (vuelve Regina ExLibris)

Reginaexlibrislandianos del mundo, he vuelto.

Durante años diseccioné mi día a día entre anaqueles mientras aprendía el oficio de librera, y post a post caísteis en mi red de libros por leer. Pero un buen día eché el cierre de Reginaexlibrislandia y me esfumé. Se acabó. Sin un adiós, sin una nota y, más preocupante aún, sin una última recomendación. Nada. Adiós a Regina ExLibris

Pero, ¿Qué me ocurrió en enero de 2010? Os lo cuento rápido con ayuda de Almodóvar y de Thierry Jonquet, que ya sabéis que si no hablo en términos de referencias literarias y de celuloide ardo por combustión espontánea.

Por aquel entonces alboreaba el sector del libro digital, y con más recelos que curiosidad fui a unas jornadas. ¿Quién demonios me iba a decir a mi que ese lapso suelta entre gurús, plataformas y tecnologías terminarían conmigo encerrada en un sótano lleno de cables, instrumental quirúrjico y prototipos de dispositivos de lectura, sin un puñetero libro en papel que llevarme a los ojos?

La piel que habito

La piel que habito (Warner Bros. /El Deseo)

Pues así fue. Un fundamentalista de la ciberlectura decidió que, como los editores ignoraban su mensaje papel-apocalíptico, su mejor baza era convertir a un librero en su profeta digital a medida. Y como no encontró mejor lugar para buscar víctima que la cafetería del evento allá que me pilló a mi, Regina ExLibris, con la guardia baja y hasta las cejas de cafeína.

Total, que he pasado siete años de encierro sometida a un pulso agotador: él emperrado en convertirme en un prototipo de librera digital, y yo erre que erre que Regina ExLibris es más pro-imprenta que Gutenberg. Y mientras él no ha escatimado en terapias invasivas ni cirujías de implantación de microchips y vete tú a saber qué más ardides para “digitalizarme“, yo he sobrevivido como buenamente he podido.

La piel que habito (Warner Bros. /El Deseo)

La piel que habito (Warner Bros. /El Deseo)

Porque lejos de rendirme yo me dije: Reina, cualquier día a éste mamarracho se le va la mano y te fríe el cerebro, así que lo mejor es adoptar el modo alerta máxima del glorioso tigre de  Elías Canetti en Libro de los muertos:

“El ininterrumpido ir y venir del tigre ante los barrotes de su jaula para que no se le escape el único y brevísimo instante de la salvación”.

Y, por fin, ese momento llegó y me liberé. Pero eso es otra historia. Ahora lo importante es que yo, Regina ExLibris, he vuelto. Cargadita de secuelas y de traumas, eso sí. Tantos que lo más terapéutico para todos es que por ahora me desdoble en dos libreras: la analógica y la digital. Al menos hasta que logre unificar ambas facetas sin masacrarme en el intento.

Así que por el día seré la Regina Exlibris de siempre, con mi querencia a la cafeína, mis delirios antropológicos y esta obsesión enfermiza por alimentar la bibliofilia de cualquiera que se me ponga a tiro en Reginaexlibrislandia.

Pero al echar el cierre me travestiré en iRegina para soltar a la librera digital que me han inoculado a la fuerza y tratar de conciliar ambos mundos silueteándome bit a bit y con vuestra ayuda la versión digital de Reginaexlibrislandia.

Porque, total, si lo mío es dar de leer ¡qué más da el formato! El quid, queridos, es cómo hacerlo. ¿O no? ¿Quienes de vosotros, reginaexlibrislandianos de pro, a estas alturas no habéis pecado en digital en mayor o menor grado?

NOTA DE REGINA:

Si buscas emociones bibliófilas intensas deja lo que tengas entre manos y hazte con Tarántula, de Thierry Jonquet. Esas poco más de 130 páginas te colocan en una guillotina para dejar caer sobre tu nuca una enorme cuchilla de una aleación de acero, horror, sadismo, amor, sexo y venganza. Te aseguro que al llegar al final tu cabeza reposará en un saco con una mueca bobalicona congelada para la posteridad. 

Tarántula, de Thierry Jonquet

Tarántula, de Thierry Jonquet

En ella un delincuente cuyo mejor amigo lleva años desaparecido cree que la vía de escape para sus problemas es pasar por las manos de un brillante cirujano plástico local. Lo que no sabe es que su “salvador” es un ser corroído por una obsesiva sed de venganza, que alterna su tiempo con su hija enferma mental y con una sinuosa mujer fatal, a la que adora y humilla según el día. Si eso ya es un campo minado, pronto emergerá otra voz en la narración: la del amigo desaparecido, recluido y vejado sistemáticamente en un oscuro sótano por alguien que se hace llamar Tarántula. Vertebrada en tres partes y con un uso magistral de cuatro voces narrativas, la trama se precipita a velocidad de crucero hasta un final tan inesperado como demoledor. Esta Tarántula literaria es uno de los artefactos narrativos más inquietantes, siniestros, elegantes y retorcidos que puedas encontrar entre anaqueles. Almodóvar adquirió los derechos y filmó La piel que habito, su particular versión.

¿Amenizaría El Pequeño Nicolás ‘las quimio’ de un niño?

Soy de las que piensan que son los libros los que buscan a sus lectores, y no a la inversa. Sí, queridos, y aunque la Providencia Librera se valga de mil y un ardides para hacernos pensar lo contrario mi bibliofilia congénita no me permite creer otra cosa.

De ahí que, como librera de profesión, mi tarea sea la de conectar libro-lector en el momento adecuado.

Pero hay veces que no es fácil porque, como en la vida, en reginaexlibrislandia hay retos y retos… y el de hace un rato me ha sobrecogido, y el temor a no haber acertado cae ahora sobre mi ánimo librero como una masa gelatinosa de la que no logro desprenderme.

Veréis, la cosa ha sido así: estaba yo correteando de un lado a otro con mis cajitas cuando una chica de unos treinta años irrumppía en mis confines reginos.

 

– Clienta: Oye, perdona…- Regina: ¿Sí? ¡Díme!

– C.: Verás, busco un libro para un niño de once años

– R.: Muy bien, ¿y le gusta leer o es remolón?

– C.: Pues antes le encantaba, pero ahora lleva un año que no.

– R.: Mmmm. La clave está en uno que tenga un protagonista con el que se sienta identificado…

– C.: Ya, pero es que su circunstancia es especial..

– R.: ¿Y eso?

– C.: ¿Qué libro amenizaría las quimio de un niño?

– R.: Vaya…

– C.: Claro, ahora le toca una temporadita intensa en el hospital y con un libro se le haría más llevadero, ¿sabes?

– R.: No sé, según me lo has dicho me ha venido a la cabeza El Pequeño Nicolás… Es un clásico, es divertido, y el protagonista tiene más o menos su edad. Pero, sobre todo, porque lo que va a leer es el punto de vista del pequeño tunante: cómo ve a sus padres, los castigos, sus travesuras… Aunque si te parece, no sé, frívolo, miramos otra cosa…

– C.: ¿Sabes? No, me parece que sí me lo llevo… ¡es que, además, mi niño se llama Nicolás!

 

Y se llevó cuatro de los libros de la colección de El Pequeño Nicolás que, justo ahora, cumple medio siglo deleitando a unas cuantas generaciones europeas.

No sé, mi intuición bibliófilo-librera habló por mi quizá sin pensarlo demasiado…

Y aunque lo cierto es que creo que ahora le haría la misma sugerencia lectora para su Nicolás, espero que el pequeño tunante galo logre hacer más llevadero el calvario clínico del niño.

Espero volver a ver a la mujer o, mejor aún, al propio Nico, y que me cuénten qué tal…

Y vosotros, reginaexlibrislandianos de pro, ¿cómo veis la sugerencia? ¿Qué habríais recomendado vosotros? ¿Leísteis a Nicolás?

¿Comprarías libros en máquinas expendedoras?

Si hay algo que temo más que a los números rojos y a los incendios eso es, sin duda, la posibilidad de que mi afán de supervivencia librera termine por desvirtuar la esencia de reginaexlibrislandia. La mía ha de ser una librería única, como un traje hecho a medida por la más minuciosa de las modistas.

Por eso cuando de lo que se trata es de introducir cualquier cambio en mis confines analizo la idea hasta que me humea el pelucón. Sí, queridos, disecciono pros, contras y vuelta a empezar, porque si hay algo que mi experiencia vital me ha enseñado es que la ignorancia es tan atrevida como insensata.

Y es justo aquí donde entráis vosotros, reginaexlibrislandianos de pro, este mi coro de ángeles de la guarda bibliófila traídos aquí por la Provivencia Librera y siempre dispuestos a darme vuestro impagable punto de vista.

Sí como cuando debatimos sobre mi guerra a las etiquetas adhesivas con los precios de los libros, o sobre cómo tenía que colocar la librería, o acerca de si debía marcar aquellos libros que yo recomendara, e incluso el escabroso tema de los seudónimos. Y, bueno, eso sin olvidar mi particular adaptación de la fórmula ¿Te gustó este libro? Prueba con éstos, versión reginaexlibrislandia y hasta si debía o no vender ‘audiodiscos’ en mis confines.

Pues bien, el reginaexlibrislandazo que me planteo ahora dar es la colocación de una máquina expendedora de libros en la mismísima puerta de reginaexlibrislandia.

Eso, queridos, teniendo en cuenta que estaría operativa cuando la librería tuviera el cierre echado o, lo que es lo mismo, de noche y en fiestas de guardar.

La idea es estar para mis clientes en caso de emergencia bibliófila, aunque obviamente no de cuerpo presente.

El precio sería ligerísimamente superior que en tienda para cubrir el mantenimiento de la máquina, y en el aparatejo colocaría una selección de títulos (novedades, mis recomendaciones, los más vendidos en mis confines, etc)…

Así que, decidme, ¿compraríais libros en una máquina expendedora? ¿Pros? ¿Contras? ¿Os habéis topado alguna vez con alguna? ¿Qué pensásteis?