Reflexiones de una librera Reflexiones de una librera

Reflexiones de una librera
actualizada y decidida a interactuar
con el prójimo a librazos,
ya sea entre anaqueles o travestida
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¿Por dónde empiezo a leer a Yukio Mishima?

Los caminos de la prescripción librera son gloriosamente imprevisibles. Por eso un fondo de escritorio en el ordenador de reginaexlibrislandia ha bastado para despertar en un cliente el biblioapetito voraz por los libros de Kimitake Hiraoka, alias Yukio Mishima.

Uno de los escritores más controvertidos, brillantes, excesivos, lúcidos y delicados de las letras niponas contemporáneas al que, como yukiomishimaniaca adoro, pero cuyos libros no prescribo a la ligera a cualquier bibliopaladar.

El caso es que estábamos el reginaexlibrislandiano y yo frente al ordenador para buscar unas referencias, cuando soltó:

Cliente: ¡Uy, Regina! ¿Qué es eso que tienes de fondo de pantalla?

Regina: ¿Qué?

Cliente: La imagen esa, la del ordenador… ¿a ver?

Regina: ¡Ahh! Pues mira, es la particular versión del cuadro del martirio de San Sebastián de Guido Reni, que en su día se hizo Yukio Mishima

Cliente: Espera, espera… ¿el escritor japonés?

Regina: Sí, Mishima

Cliente: ¿es ESE? ¿El que está ahí atado al árbol y arponeado?

Regina: Sí, es él. Me encanta. Es que adoro el cuadro de Guido Remi, y soy total y absolutamente yukiomishimaniaca. Así que el día que vi esta foto casi me implosiona el pelucón. Y aquí la tengo, no me canso de mirarla…

Cliente: La verdad es que impacta la imagen, sí. Y, una cosa, ¿pero ese no es el que se suicidó?

Regina: Ay, calla, qué horror. Sí, a los 45 años, en 1970. Y a la japonesa, porque se marcó un seppuku siguiendo todo el ritual tradicional de los samuráis: se abrió las tripas con una espada, y luego lo decapitaron.

Cliente: ¡Joder, Regina!

Regina: Como lo oyes… Y, no creas que fue algo improvisado, que va. Lo llevaba planeando varios años, y hay quien lo interpreta como su protesta final contra la decadencia del Japón moderno, asfixiado entre la tradición y la occidentalización salvaje. De hecho es una de las bases de su universo literario y artístico: rebelarse contra una sociedad japonesa que, especialmente tras la IIGM, estaba sumida en la decadencia espiritual y moral.Cliente: ¿Y lo recomiendas?

Regina: ¡Sin duda! Una vez te adentras en el universo Mishima te maravillas ante la contradicción hecha literatura. Y de ese choque de fuerzas internas que parecían desgarrarle salieron novelitas absolutamente maravillosas y ensayos profundamente reveladores de un creador excepcional y de un pensador muy lúcido. A ver, no es un autor como para ir por la librería en plan “LEE ALGO DE MISHIMA”, pero ya que lo dices, pues sí. Léelo.

Cliente: Pues, ea, ya está. ¿Y por dónde empiezo a leer a Mishima?

Y corrí a las baldas para regresar con las cuatro obras que sugiero para iniciarse en el ejército de yukuimishimaníacos. ¿Listos? ¡Van!

Confesiones de una máscara. Yukio Mishima. Alianza. De esencia autobiográfica, el autor japonés describe el despertar y la identidad sexual de Koo-chan, un joven homosexual que vive atormentado por el matiz de su diferencia y por su turbadora sensibilidad, y cómo decide modelarse las aristas de su propia silueta para poder engarzarla sobre el tamiz del mundo arcaico, tradicional y opresivo que le rodea, donde siente que no tiene cabida. Es así como convierte su vida en una mascarada, donde sepulta su pasión por un muchacho bajo la relación con una joven a la que no desea, lo que le irá incapacitando para amar mientras aflora una fascinación por la belleza jalonada de sangre, de violencia y de muerte. Un clásico de la narrativa nipona moderna escrito con deslumbrante perspicacia y emotividad, donde el culto a la palabra y a la estética don marca de la casa Mishima.

El marino que perdió la gracia del mar. Yukio Mishima. Alianza. Pasearse entre las páginas del nipón Yukio Mishima es lo más parecido a bucear por entre los restos de un buque hundido, ante los que la imaginación reacciona reconstruyendo el artefacto flotante en todo su esplendor. Y en El marino que perdió la gracia del mar (Alianza, 6,50 euros) esa habilidad alcanza una de sus más altas cimas, con la historia de un muchacho que trata de hacerse un hueco entre los escombros de un Japón que la Segunda Guerra Mundial devastó espiritual, social y económicamente. Inquietante.

La escuela de la carne. Yukio Mishima. Alianza. La publicación tardía en castellano de la inédita La escuela de la carne saldó en su día una deuda con el universo literario de Yukio Mishima. En ella, y proyectadas sobre el convulso Tokio de los años 70 en el que las viejas tradiciones se tambalean ante el aperturismo a Occidente, descubrimos las siluetas de tres amigas que nos revelan carencias y avances de la mujer nipona en el siglo XX, mientras que una de ellas, Taeko, renuncia sin querer a su vida de divorciada independiente al caer rendida ante Senkitchi, un joven ambicioso entre angelical y perverso que desencadena una pasión voraz. Una delicia bibliófila con la factura de un maestro.

El sol y el acero. Yukio Mishima. Alianza. Calificado por el propio Yukio Mishima como un híbrido entre la confesión y la crítica, El sol y el acero es, además de uno de los textos más controvertidos del autor japonés, el más abrupto. En cien páginas coronadas por un epílogo y el poema final Ícaro y terminado tres años antes de suicidarse según la tradición samurái, Mishima disecciona los tres vértices de su pirámide cosmológica: el sol en su cuerpo y el acero templando su espíritu, pero también materializado en el filo de su sable. Un ensayo tan excesivo, turbador y armónico como revelador, pero no apto para paladares literarios sensibles. Demoledor.

Obviamente NO son todas las que están, porque, por ejemplo, tanto El rumor del Oleaje como Sed de Amor son auténticas maravillas. Pero en este caso y para zambullirse de pleno en Yukio Mishima, elegí esos cuatro títulos a conciencia, porque creo que dan una visión integral del genial escritor japonés en toda su dimensión, creativa y personal. Regina ExLibris Dixit.

Cuatro novelas de temática gay para leer con orgullo y sin prejuicios

Con plumas y a lo loco. Así os prescribo desde la librería cuatro novelas imprescindibles de temática homosexual protagonizadas por hombres.  Son historias pobladas por personajes decididos a ser quienes son en realidad y a dar rienda suelta a sus pasiones -altas y bajas- incluso más allá del arco iris. Hay de todo: humor, dolor, tragedia, ironía, aventuras, seducción, suspense y mil vidas por vivir más allá del punto y final.

¿Listos? Pues allá va mi selección reginaexlibrislandiana de cuatro novelas de temática gay para leer con orgullo y sin prejuicios:

La vida de Kostas Venetis. Octavian Soviany. Dos Bigotes. Es una exuberante novela cargada de novelas, que lleva al lector de viaje literario alucinante con escalas en el Decamerón, Las mil y una noches y las vacanales más excesivas del mismísimo Marqués de Sade. Con un realismo sórdido y violento, estamos ante un tratado del decadentismo aderezado con componentes filosóficos y religiosos y espolvoreado con el más escabroso de los erotismos. Kostas Venetis es un viejo pícaro que, en su lecho de muerte en Venecia, cuenta sus peripecias vitales y lascivas a su joven amante, el efebo apodado Alemana. A través del irreverente relato de Kostas, viajaremos por tugurios, orgías y encuentros casuales en rincones desde la Serenísima hasta Etambul y, desde allí, al Bucarest de los tiempos del príncipe Cuza, al París revolucionario y a la Viena corroída por sus excesos. En su descenso a los infiernos, el protagonista será testigo de un mundo en plena transformación que anticipa el crepúsculo que envolvería la totalidad de Europa a finales del siglo XIX.

 

El leñador. Mike Wilson. Errata naturae. Imagina un resort turístico fuera de temporada en una zona entre la playa y la montaña de la Polonia profunda, con especial éxito entre los gays. ¿Ya? Añádele la figura de un siniestro encargado, un músico depresivo de mediana edad con un turbio pasado y un extraño magnetismo apodado “El Leñador”. ¿Listo? Ahora incluye al protagonista y narrador: un escritor que se retira a este solitario lugar para escribir la novela que lo catapultará al éxito. Si a eso le sumas que se entretendrá siguiendo la pista de un antiguo crimen, que se codeará con personajes y situaciones entre esperpénticas y vulgares, y que está genéticamente dotado para reírse de sí mismo y del resto, entenderás que la novela de Michal Witkowski es una parodia salvaje de una novela policiaca, solo que respetando sus cánones y aderezándola con una soberbia autoironía destilada entre líneas. Una gloriosa novela negra queer cargada de un humor aún más negro donde el leñador no deja títere con cabeza.

 

Mundo cruel. Luis Negrón. Malpaso. Una gloriosa colección de relatos sobre las múltiples caras de la experiencia homosexual en Puerto Rico, que en este caso es un crisol de la pluma universal que trasciende fronteras, aderezados con un humor a prueba de crudeza y situaciones límite. Por ellos desfila una impagable galería de personajes que se entrega a todo tipo de excesos, escándalos y depravaciones, incluido el chismorreo rastrero sobre la depravación ajena, aún cuando el chismoso se entregue a esa misma depravación como si no hubiera un mañana. Son historias cargadas de ternura, de belleza, de humor, de tristeza, de flaquezas y de un sarcasmo tan acerado como exquisito donde lo histriónico se rinde ante la sencillez narrativa de Luis Negrón.

Maurice. E.M. Foster. Alianza. M. Forster hizo de su Maurice una novela emblemática en la que narra el descubrimiento del amor homosexual de un joven de familia rica y su manera de afrontarlo y asumirlo. Su valor reside no sólo la exploración magistral de un tema tabú, sino en cómo lo redime de sombras, tormentos y desdichas. Soberbia.

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Cuatro novelas lésbicas para leer con Orgullo y sin prejuicios

Es la hora de las biblioamazonas de reginaexlibrislandia. El momento de la narrativa lésbica, de mujeres que aman a mujeres y que habitan historias para pulverizar estereotipos y pisotear -con o sin taconazos de aguja- todo atisbo de comportamiento moraloide, rancio, homófobo, alfredolandiano y desfasado.

Biblioamazonas que se sacuden a librazos todo lo insulso, acartonado y mojigato. Que son impetuosas, tímidas, voraces, excesivas, tiernas, y egocéntricas, pero valientes y, sobre todo, fieles a sí mismas

¿Listos? Pues va la selección de  cuatro novelas de temática lésbica para leer con orgullo y sin prejuicios:

Carol. Patricia Highsmith. Anagrama. Imbuida del talento de Patricia Highsmith para urdir tramas cargadas de suspense con personajes magnéticos, Carol, publicada originalmente con el título El precio de la sal, es una de las grandes cimas de la escritora norteamericana. En ella, la tediosa rutina de una joven escenógrafa con un empleo precario en unos grandes almacenes estalla por los aires con la visita de una elegante y misteriosa mujer a la que atiende tras el mostrador. La atracción es mutua y ese instante desencadena una historia de seducción, de suspense, de aceptación y de una amor ardiente que se consuma en un viaje sin retorno por carretera que pone patas arriba la vida de ambas a un precio que, aunque elevado, las dos están dispuestas a pagar.

A Virginia le gustaba Vita. Pilar Bellver. Dos Bigotes. Pasen y lean este maravilloso artefacto narrativo que Pilar Bellver ha levantado tirando de ficción y de documentos para recrear el idilio entre una de las grandes damas de las letras del siglo XX y Vita Sackville-Wes, una carismática intelectual y aristócrata capaz de amar libremente, de seducir, de inspirar y de pulverizar las reticencias físicas y mentales de una personalidad tan intensa como compleja: la de Virginia Woolf. Gracias a Vita Virginia silueteó su Orlando, y gracias a Vita la Woolf amó y fue amada mientras era el corazón y las vísceras del grupo de Bloomsbury en el Londres de entreguerras, y mientras una y otra redefinían sus relaciones con Harold Nicolson y Leonard Woolf, sus respectivos maridos. Magnética, absorbente y absolutamente deliciosa novela.

El lustre de la perla. Sarah Watters. Anagrama. Sumérgete en un viaje literario alucinante al reverso más transgresor y excitante de la Inglaterra victoriana. Sarah Waters se decide a escribir la novela lésbica que le hubiera gustado leer y te cuenta el despertar sexual de una pueblerina que cae rendida a los pies de la estrella travestida de un espectáculo de variedades de tournée por la costa de Kent. Así arranca una odisea emocional, carnal y vital que llega a su cenit en el Londres de 1890, donde el postre de muchos gentlemen es un chapero del East End, donde viudas ricachonas corrompen jovencitas en orgías a puerta cerrada y se multiplican los “homotugurios” para ellos y ellas. El impagable tapiz de una época fascinante y sórdida, la carga de humor, de aventura y de sexo explícito perfectamente dosificado en la trama y el talento de Waters se alinean para regalar al lector una novela impecable. La BBC produjo una adaptación homónima en tres capítulos en 2002, que fue tan polémica como exitosa.

Dos Amigas. Mary Renault. Egales. Asociar a Mary Renault –alias de Mary Challans– con Alejandro Magno y la novela histórica no es errar el tiro, pero sí perderse una faceta tan reveladora como interesante de una escritora que, a comienzos del XIX, exploró la ambigüedad sexual de sus personajes despojándola de dramatismos e ideologías con una naturalidad sin fisuras en El auriga (Debolsillo) y en Dos amigas (Egales). En esta última, de corte autobiográfico, Renault dibuja el Londres más bohemio y desenfadado de los años treinta enredando a sus tres mujeres protagonistas, dos hermanas y la amante de la mayor, en un baile de emociones cuyo compás viene marcado por un médico seductor y un carismático escritor que, sin saberlo, desencadenan una espiral de enredos tales que, al final, nadie siente lo que creía sentir. Lúcido retrato del entorno artístico de Bloomsbury y de una sexualidad libre de convencionalismos vacuos.

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Cuatro novelas Trans para leer con Orgullo y sin prejuicios

Cuando la necesidad no de ser otro, sino de ser uno mismo más allá de la propia piel se impone hay poco que hacer. Toda ayuda es poca para quienes tienen que encajar una identidad de género no tangible pero profundamente arraigada y en conflicto con un cuerpo equivocado.

Y por suerte la literatura está cargada de historias que muestran que, de una forma u otra, al final del camino vital de cada cual y por largo y arduo que éste sea siempre llega el momento en el que ese Yo verdadero emerge entre radiante y furioso para desbancar al usurpador y ocupar por fin su lugar.

Así que en plena semana del Orgullo LGTB repasamos cuatro novelas trans y de identidad de género que no dejamos de prescribir en reginaexlibrislandia.

¿Listos? Van:

La chica Danesa. David Ebershoff. Anagrama. Copenhague, en 1925. Greta y Einar son una pareja de jóvenes pintores. Ella es conocida por sus retratos de mujeres, y la tarde en que le falla la modelo le pide a su marido que se calce un par de medias de seda, unos zapatos de tacón e incluso un vestido para que Greta pueda rematar el cuadro. Einar accede, y ese divertido e inocente favor conyugal detona la implosión de la identidad de género del joven, y la necesidad de ser Otro emerge sin vuelta atrás. Y así, acompañado por Greta, Einar emprende un arduo camino en pos de Lily Elbe, que fue Einar, y que ahora es una chica danesa.

El enigma. Jan Morris. RBA. Uno de los primeros libros que abordaron abiertamente el tema de la transexualidad, donde un escritor de mediana edad llega a su punto de inflexión vital y relata el calvario de su metamorfosis hasta lograr que la mujer que habita en él se abra paso y emerja triunfal al exterior. James Morris nació varón y su vida era, en apariencia, plena: era escritor, periodista, militar y viajero. Era marido y padre de cinco hijos. Pero todo era una mascarada absurda, porque desde su más tierna infancia había sido consciente de que su cuerpo no debería ser el de un hombre. Porque él se sentía Jan: una mujer. Así que en los años 60 empezó a hormonarse, iniciando lo que sería un lento y angustioso proceso que culminaría en 1972 con un viaje a Casablanca, donde finalmente iba a someterse a cirugía y alcanzar sus anhelos. Un testimonio tan valiente y honesto como necesario, escrito por una autora capaz de emocionar sin ser melodramática, y dotada de un incuestionable talento para dibujar con palabras una experiencia demoledora con final feliz.

Lovetown. Michal Witkowski. Anagrama. Pionera de la narrativa queer de la Europa del Este —sí, y se publicó en 2005—, Lovetown pone en pie de guerra a dos reinonas de la vieja escuela escandalizadas ante las nuevas formas de “ser gay” en la Polonia de los años 90. Demasiado aburridos: que si matrimonio, que si hijos, que si visibilidad y normalización. Antes, en los 70, bajo el férreo control del comunismo, se pecaba más y mejor, y estas dos travestis asilvestradas pecaron como si no hubiera un mañana. El escenario era sórdido, sí, su ecosistema marginal y peligroso, también, pero con un par de tacones, algo de cuero falso, mucha lentejuela y un buen pelucón todo se veía en technicolor. Personajes, anécdotas, sexo desenfrenado y dos formas antagónicas de ser y de vivir la homosexualidad en la Polonia de ayer y en la de hoy.

 

Tarántula. Thierry Jonquet. Ediciones B. Si buscas emociones bibliófilas intensas deja lo que tengas entre manos y hazte con esta perversa y genial vuelta de tuerca a la temática trans y al desfiladero de la identidad de género.  Te aseguro que al llegar al final tu cabeza reposará en un saco con una mueca bobalicona congelada para la posteridad. En ella un delincuente cuyo mejor amigo lleva años desaparecido cree que la vía de escape para sus problemas es pasar por las manos de un brillante cirujano plástico local. Lo que no sabe es que su “salvador” es un ser corroído por una obsesiva sed de venganza, que alterna su tiempo con su hija enferma mental y con una sinuosa mujer fatal, a la que adora y humilla según el día. Si eso ya es un campo minado, pronto emergerá otra voz en la narración: la del amigo desaparecido, recluido y vejado sistemáticamente en un oscuro sótano por alguien que se hace llamar Tarántula. Vertebrada en tres partes y con un uso magistral de cuatro voces narrativas, la trama se precipita a velocidad de crucero hasta un final tan inesperado como demoledor. Esta Tarántula literaria es uno de los artefactos narrativos más inquietantes, siniestros, elegantes y retorcidos que puedas encontrar entre anaqueles. Almodóvar adquirió los derechos y filmó La piel que habito, su particular versión.

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Trivial: ¿Cuánto sabes de ‘El Retrato de Dorian Gray’, de Oscar Wilde?

(Dorian Grey, 2009 / Alliance Films)

(Dorian Grey, 2009 / Alliance Films)

Cuando a finales del XIX el talento y la irreverencia de Oscar Wilde escandalizaron a Gran Bretaña, el genial irlandés dio un golpe de efecto con una deliciosa fábula en la que la estética y el mal ponen en jaque a la ética y al bien. El joven Dorian Gray accede a que un pintor lo retrate con una intensidad tan diabólica como real, ya que el cuadro refleja las transformaciones físicas y espirituales de un alma consagrada a todo tipo de perversiones, mientras su cuerpo no envejece.

Si eres de los que sí leyó la novela atrévete con el bibliotrivial ‘El Retrato de Dorian Gray’ de Regina ExLibris.

¿Listo para demostrar lo doriangrayano que eres? ¡Vamos!

 

Lee la novela ‘El Alienista’, de Caleb Carr, tanto si vas a ver la serie como si no

Ya perdí la cuenta de los bibliofavores que le debo a las series televisivas. En reginaexlibrislandia el más reciente tiene el nombre de una novela fantástica: El alienista, de Caleb Carr. Lleva en circulación desde mediados de los 90, y en reginaexlibrislandia nunca hemos dejado de recomendarla porque es de esas novelas con el que es difícil errar el bibliotiro.

(El alienista, 2018 / TNT)

(El alienista, 2018 / TNT)

¿La razón? La disparidad de bibliopatencias que satisface su lectura.

El alienista (editada por B de Books, en rústica, en bolsillo y digital) no solo es muy adictiva, que lo es, y mucho, sino que recrea de forma impecable un lugar, unos personajes y un momento en la historia en el que se avecinaban grandes cambios (no sólo en el campo de la criminología, sino en la ciencia y la sociedad en general) y donde los más lúcidos sabían que muy pronto casi nada iba a ser como hasta ahora.

Caleb Carr te clava en la Nueva York de 1896. Una urbe literalmente en construcción donde una oligarquía adinerada y todopoderosa se viste de etiqueta para atiborrarse de fastuosas cenas de seis platos mientras, unas calles más abajo, masas de inmigrantes hambrientos y helados sobreviven hacinados en lo que ya es una olla social a presión.

El Alienista

El Alienista

Ese es el paisaje urbano en el que andan sueltos Laszlo Kreizler, un alienista, o psicólogo dedicado al estudio y curación de enfermedades mentales; John Moore, un ilustrador de sucesos del New York Times que lo mismo frecuenta una fiesta de etiqueta que un antro de dudosa reputación, y Sara Howard, primera mujer policía de NYC.

Y junto a este peculiar trío los mellizos Isaacson, dos detectives apasionados de novedosas y polémicas técnicas de investigación: análisis de huellas dactilares, estudios grafológicos, autopsias y lesiones, etc.

Este grupo tan heterogéneo será a quien Theodore Roosevelt, gerifalte incorruptible y bienintencionado de la más que corrupta Policía de Nueva York, encargue la investigación de una serie de espeluznantes asesinatos de niños chaperos misteriosamente abducidos de sórdidos prostíbulos frecuentados sobre todo por hombres adinerados de la ciudad.

(El alienista, 2018 / TNT)

(El alienista, 2018 / TNT)

Este peculiar quinteto se tendrá que enfrentar a un asesino que irá siempre parece ir un paso por delante de la investigación, sí, pero también a un cuerpo repleto de policías corruptos, a una alta sociedad más interesada en mantener sus privilegios que en atrapar al asesino, y a las mafias que controlan los burdeles y explotan a los menores.

Y con todos esos ingredientes Caleb Carr hilvana una trama trepidante y absorbente, con una fidedigna recreación de la ciudad y del momento donde mezcla con gran habilidad realidad y ficción, en la que personajes y hechos históricos coexisten con pura literatura, y que es, además, una memorable disección de las incursiones pioneras y a tientas en la mente de un asesino.

¿Alguien da más?

Así que, resumiendo en términos de biblioapetencias os diré que:

  • El alienista (Bolsillo)

    El alienista (Bolsillo)

    Si te gusta la intriga detectivesca, la novela El alienista te enganchará. 

  • Si te gusta criminología y la evolución de las técnicas y métodos de investigación, El alienista te encantará. 
  • Si buscas detalles del Nueva York de finales del S.XIX, con El alienista te darás un buen festín.
  • Si tienes ramalazos neoyorquinóticos, devorarás El alienista
  • Pero si simplemente aspiras a leer una historia que te absorba y entretenga El alienista no te defraudará en absoluto.

 

Y la serie homónima producida por Cary Joji Fukunaga tampoco está nada, pero que nada mal, queridos. Al menos los diez capítulos de la primera temporada.

Hete aquí el tráiler de la serie El alienista, para que vayáis haciendo boca:

¿Qué me leo de Patricia Highsmith, que no sean las novelas de Tom Ripley?

Soy patriciahighsmithiana hasta la bibliomédula. Y una groupie de Tom Ripley confesa. Por eso, cuando hoy se adentró en reginaexlibrislandia un cliente que me pidió una bibliosugerencia patriciahighsmithiana que excluyera a uno de los psicópatas más logrados de la literatura a mi se me abrieron las carnes, se hizo el silencio, mi librero se puso a cubierto y se apoderó de la librería una calma tensa que presagiaba tormenta.

(Carol, 2015 / TWC)

Pero en segundos la amenaza se esfumó, replegándose ante el turbio y magnético encanto de su obra. Adentrarte en patriciahighsmithlandia te precipita por el deslizadero a ratos vertiginoso y a ratos letárgico de sus tramas, te disecciona psicopatías y te las transfiere, te arrebata tu empatía con víctimas, te lleva hasta los límites del recelo y la paranoia, y te retrata la estupidez humana -la tuya incluida-. Y, para rematar, no hay paraíso doméstico que no envenene ni atmósfera que no enturbie.

La suya es ficción de suspense, no policiaca, negra ni detectivesca: en sus historias hay intriga, crímenes y víctimas, pero no hay héroes ni callejones sórdidos. Te sumerge en ecosistemas cargados donde la sospecha te envuelve como una masa viscosa de la que no logras desprenderte. Estás atrapado junto a un personaje cercado por la policía, por acreedores, por sus obsesiones o por a saber qué.

Y con Patricia Highsmith siempre ocurren cosas perversas en entornos domésticos, inoculándole al lector el temor de que en cualquier momento alguien puede convertir la pacífica existencia de un personaje —o la suya— en una pesadilla. Es una experiencia claustrofóbica y aterradora en la que el lector se siente tan solo, tan aislado y tan incomprendido como el protagonista.

De hecho, toda Patricia Highsmith está específicamente prescrita para biblioestados carenciales de emoción, con efectos catárticos y una contraindicación: crea dependencia. Y mucha. Porque una vez la lees se te acabó el sosiego, querid@. No porque el ritmo trepidante de sus historias te abrase las entrañas, que va. Su efecto es más sutil, demoledor y perverso que una descarga de adrenalina a cada salto de línea.

Pero, entonces ¿qué leer de Patricia Highsmith, más allá de las novelas de Tom Ripley?

Aquí van mis seis prescripciones reginaexlibrislandianas para leer a Patricia Highsmith:

1. Crímenes Imaginarios. Patricia Highsmith. Anagrama. Crímenes imaginarios te clava en el hogar idílicamente aislado de un matrimonio de artistas que deciden, como ya hicieran tantas otras veces, atajar su doble crisis -creativa y de pareja- con una separación temporal que, quizás, esta vez no lo sea tanto. Alice abandona de mutuo acuerdo el nido para que Sidney pueda centrarse en su máquina de escribir, sólo que sus fantasías le llevan a un nivel creativo tan inimaginable como espeluznante. WOW! 

Crímenes imaginarios

Crímenes imaginarios

2.Ese dulce mal. Patricia Highsmith. Anagrama. En Ese dulce mal acompañas en su caída en espiral a un joven químico muy querido y respetado en su empresa, y admirado en su comunidad que, sin embargo, en su intimidad vive asediado por una obsesión tan secreta como corrosiva y letal que le va desquiciando lenta pero inexorablemente. Un thriller demoledor donde en apariencia nada ocurre, pero en el que llegas al punto y final con el sistema nervioso absolutamente colapsado.

Ese dulce mal

Ese dulce mal

3. Extraños en un tren. Patricia Highsmith. Anagrama. En la narrativa highsmithiana el crimen es una forma de realización personal, y Patricia Highsmith activa como nadie ese “yo perturbado” que cada lector lleva dentro introduciendo un héroe-criminal cercano y en alguna encrucijada cotidiana, frente a una víctima con la que no simpatizaría, porque conocerá cuanto sucede desde el punto de vista del protagonista, quien expone los hechos como buen psicópata: sin ápice de culpa ni empatía. Por eso al lector de Extraños en un tren más que de compadecerse por quienes van a morir, de lo que le entran ganas es de saber más de los mecanismos mentales de ese desconocido que le propone a otro un intercambio de asesinatos durante un viaje en tren. Tú matas por mí, yo por ti, nadie relaciona los crímenes y luego cada uno por su lado festejando en silencio el crimen perfecto que Alfred Hitchcock filmó en la mítica película homónima. El sórdido dueto Bruno-Guy será, desde la página uno, un trío letal con un lector clavado en el mismo vagón de tren.

Extraños en un tren

Extraños en un tren

4. El diario de Edith. Patricia Highsmith. Anagrama. En El diario de Edith asistes a la lenta pero inexorable demolición espiritual de una mujer en apariencia feliz y con una existencia normal. Su nueva vida en una apacible comunidad, su matrimonio, su hijo rarito, y los cuidados al ajado tío George la van minando mientras ella escribe en su bitácora la vida que quisiera vivir. Es un relato sublime, atroz y sobrecogedor del desmoronamiento de un ser humano atrapado en un puñetero paraíso exterior.

El diario de Edith

El diario de Edith

5. El grito de la lechuza. Patricia Highsmith. Anagrama. En la brutal El grito de la lechuza el lector acompañará a un tímido ingeniero que abandona Nueva York y a su mujer para vivir en paz en un pueblecito de Pennsylvania. Su nueva y en apariencia inocente afición por observar en sus quehaceres domésticos a la joven esposa del vecino accionará un mecanismo sin freno hacia el horror y la pesadilla.

El grito de la lechuza

El grito de la lechuza

6. Carol. Patricia Highsmith. Anagrama.Imbuida del talento de Patricia Highsmith para urdir tramas cargadas de suspense con personajes magnéticos, Carol, publicada originalmente con el título El precio de la sal, es una de las grandes cimas de la escritora norteamericana. En ella, la tediosa rutina de una joven escenógrafa con un empleo precario en unos grandes almacenes estalla por los aires con la visita de una elegante y misteriosa mujer a la que atiende tras el mostrador. La atracción es mutua y ese instante desencadena una historia de seducción, de suspense, de aceptación y de una amor ardiente que se consuma en un viaje sin retorno por carretera que pone patas arriba la vida de ambas a un precio que, aunque elevado, las dos están dispuestas a pagar.

Carol, Anagrama

Carol, Anagrama

Y una cosa más. Debo deciros que toda la narrativa de Patricia Highsmith lleva un ingrediente extra, gentileza y marca de la casa “Highsmith”: esa exquisita dosis de humor perverso y ácido que aligera la carga y descongestiona el ambiente, de forma que como lector te diviertes mientras compartes el tormento del personaje al que acompañas hasta el punto y final.

¿Se puede pedir más a una novela? No, ya os lo digo yo. Regina ExLibris dixit.

(Carol, 2015 / TWC)

(Carol, 2015 / TWC)

 

Myra Breckinridge, o cómo ser una voraz dominatrix

Ahora va a resultar que también tengo alma de telepredicadora. Hala, otro yo para sumar a mi gloriosa troupe de identidades apelotonadas en este cuerpecillo de humilde librera anclado a la realidad por mi pelucón.

Pero es que ayer comprobé que, cuando se trata de hablar de algunos libros, se apagan las luces generales de reginaexlibrislandia y mientras un foco me abrasa las retinas bajo mis pies asciende un púlpito de quita y pon y aparece a mi chepa un coro de gosppel con túnicas púrpura idénticas a la que yo, de pronto, luzco. Entonces me disparo y suelto mi sermón con la seguridad del que se sabe en posesión de la Verdad, y mi verborrea apasionada cae a cántaros sobre el improvisado cliente-feligrés que aguanta el chaparrón entre desconcertado y temeroso hasta de carraspear.

Pero queridos, es que hay libros que es pecado dejar de leer según los cánones de reginaexlibrislandia. Y ayer:

– Clienta: Buenos días, a ver si me puede ayudar.- Regina: Para eso estamos, dígame.

– C.: Resulta que un amigo está inmovilizado con las dos piernas rotas y quiero que lea. Siendo optimistas creo que se habrá leído dos o tres libros en su vida, y quizá este sea el momento de captarlo… pero no se me ocurre con qué, la verdad.

– R.: Esto suena a reto, ¿qué le gusta a él?

– C.: Verás, es fanático de Almodóvar, de sus personajes, de su acidez, de su humor y de los ambientes que recrea.

– R.: ¿Sabes si leyó Patty Diphusa, el de Almodóvar?

– C.: Si, ese precisamente es uno de los que devoró y al que vuelve sin parar. Algo así sería lo que busco…

– R.: Entonces sin duda llévale Myra Breckinridge, de Gore Vidal.

– C.: Ah, no me suena para nada. ¿De qué va?

Y ahí fue cuando se abrió la veda de mi momento-telepredicadora:

Es la primera parte de la saga protagonizada por Myra-Myron, el transexual más glorioso de la literatura, de la mano de un Gore Vidal en plena forma que deja a su amazona suelta en el corazón de la maquinaria hollywoodiense para pulverizar estereotipos desde dentro y pisotear con su taconazo de aguja todo atisbo de comportamiento moraloide, decente y educado.Myron es insulso, acartonado y mojigato como la América pre-Watergate en la que vive. Myra es impetuosa, voraz, excesiva y egocéntrica, como el dorado Hollywood que anhela, ahora eclipsado por la maldita televisión.

Para reinstaurar lo que ella considera el ‘orden natural’ en el que el cine ha de volver a ser lo que era y para emprender su ascensión al olimpo de las deidades de celuloide, Myra necesita rehacerse a sí misma en Copenhague a golpe de bisturí, la peluca adecuada, un buen fondo de armario y la supremacía hormonal del cuerpo que comparte con Myron y que de vez en cuando emerge para exasperarla.

Ella es ingeniosa, provocadora, divertida, corrosiva, irreverente, extrema hasta el delirio, salida como una perra, más femenina que cualquier mujer y, a ratos, más masculina que un hombre con atributos. Y lo mejor: es un personaje que sabe lo que quiere y va directa a su objetivo como un obús.

Myra está por encima de estereotipos e identidades sexuales y por eso fue un auténtico escandalazo a finales de los sesenta, cuando se publicó. Seis años más tarde Vidal regalaría al mundo su secuela, Myron, una ración más de su delicioso veneno.

Lo que si fue un auténtico fiasco fue su adaptación al cine que salvando algunos aciertos en el reparto logró masacrar todos los grandes momentos de la novela, que son muchos.

Entonces el coro de gospel irrumpió con su chorreo de voces, la intensidad del cañón de luz fue debilitándose y mi púlpito comenzó a descender hasta que, ¡zas! todo volvió a la normalidad en reginaexlibrislandia.

Mi clienta se llevó dos Myra Breckinridge (uno para su amigo y otro para ella) y yo me apresuré a reponerlos, queridos, porque es un libro que tiene que estar en mis baldas.

Y vosotros, queridos, conocéis a la gloriosa Myra Breckinridge? ¿Qué os parece? Y a los que no os hayáis topado con ella aún os sugiero que lo hagáis… aunque sólo sea para despertar a la Myra que todos llevamos dentro.

Y como la mismísima Myra dijo:

Si hay algo que detesto más que un tropismo es una viscosidad

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