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Reflexiones de una librera
actualizada y decidida a interactuar
con el prójimo a librazos,
ya sea entre anaqueles o travestida
en iRegina, su réplica digital

Entradas etiquetadas como ‘literatura infantil’

“¿Pero entonces no eran Rojos los zapatos de la Dorothy de Oz?”

(El Mago de Oz, MGM)

(El Mago de Oz, MGM)

La Providencia Librera es gloriosamente imprevisible. Una pequeña bibliófaga detona un artefacto cinéfilo-libresco en la cabeza de su madrina, y a mi la onda expansiva me lleva directa a la Tierra de Oz. Igualita que a la pequeña Dorothy, pero sin su Totó y nada de Kansas: Reginaexlibrislandia. Os lo cuento.

Estaba yo dándole a la tecla para evitar que mis baldas estén melladas, cuando se materializó sobre el mostrador una reginaexlibrislandiana asidua con un apetito voraz por novelas negras que alterna con intriga histórica y algún que otro escritor contemporáneo.

Y abrió fuego sobre mi:

Clienta: Regina, oye, … Regina: ¡Ah, hola! ¡Dime!

C: Una cosa, a ver si tu me sabes decir: ¿pero no eran rojos los zapatos de Dorothy, la niña de El Mago de Oz?

R: ¿Perdona? ¿Qué?

C: Sí, verás. Le pregunté a mi ahijada qué quiere que le regale por su cumpleaños, y me dijo, literalmente :”Quiero unos zapatos plateados como los de Dorothy”. Y yo le respondí, “vale, cielo, pero son rojos y brillantes. ¿Seguro que los quieres así?” Y ella me respondió: “que no, madrina, que no te enteras: ¡que son plateados, PLA-TE-A-DOS!”. Me ha descolocado. Es su libro favorito, y lo ha leído varias veces, pero a mi eso de plateados no me suena nada.

R: Pues me temo que tu ahijada tiene toda la razón.

C: ¿Seguro? ¿No son rojos? Pues menudo papelón he hecho con la niña.

R: ¡JAJAJAJAJA! Sí, querida, me temo que te ha traicionado el celuloide. Es en la película con Judy Garland donde los zapatos mágicos son rojos y con rubíes. Pero en el libro original El maravilloso Mago de Oz son plateados. Fue la productora de El Mago de Oz la que metió el cambio para que destacaran, porque con los primeros tiempos del Technicolor los plateados no “cantaban” lo suficiente.

(El Mago de Oz, 1939) / M.G.M

(El Mago de Oz, 1939) / M.G.M

C: Calla, Regina, que eso no es lo peor. Es que ahora ya dudo hasta de si me llegué o no a leer el libro. A ver, la historia la conozco de sobra, pero si trato de recordar me vienen fogonazos de la película.

R: Mmmmm, eso es fácil. ¿Recuerdas cómo era la bruja mala?

C: Sí, eso sí. Era verde -pero verde, verde-, y vestía de negro con el típico traje de bruja y el enorme sombrero puntiagudo. Con su escoba y su bola de cristal. ¿no? Y aquellas risotadas histriónicas. Sí, la Bruja Mala.

R: Vale. Y otra cosa: ¿Dorothy fue realmente a Oz, o lo soñó? C: Creo recordar que con el tornado se dio un golpe en la cabeza… y, bueno, la dejó K.O. y resultó que todo lo soñó.

R: Y para terminar… si te pregunto por unas “gafas verdes”, ¿qué me dices?

C: Uy, a ver, recuerdo seres bajitos y monos que vuelan, pero nada particular sobre unas gafas. ¿Las llevaba el Mago quizás?

R: Bueno, querida… me temo que o andas muy mal de memoria o tus temores son ciertos y no llegaste a leer El maravilloso Mago de Oz. Por lo que me has respondido tu referencia es la película de 1939. En el libro de Baum la Malvada Bruja del Oeste solo tiene un ojo -superpotente, sí, pero uno- y por su fobia al agua utiliza un paraguas, no una escoba. Además, el viaje de Dorothy a la Tierra de Oz es real, mientras que en la película fue, efectivamente, un sueño. Y en cuanto a las gafas verdes, todos en Ciudad Esmeralda ya sean residentes o visitantes tienen que llevarlas sí o sí. Cosas del Mago…

C: Vaya tela, Regina. En fin, ¿tienes algún ejemplar? Me lo llevo y me lo leo esta misma tarde. Y ya estoy buscando unos zapatitos plateados para mi ahijada y un bozal rojo con rubíes para mi… jajajajajaja.

Y se fue corriendo y siguiendo por el camino de Baldosas Amarillas con su ejemplar del libro de L. Frank Baum.

Y, una vez más, yo me quedé con un sabor agridulce. Siempre me ocurre cuando se trata de alguna novela original que hiberna entre anaqueles eclipsada por sus múltiples adaptaciones teatrales, cinematográficas e incluso musicales. Su historia ha calado tanto en el imaginero popular que muchos desoyen su llamada por creer conocer la historia de sobra. Y se equivocan… ay, pero cuánto se equivocan, queridos. Y lo peor es que se pierden libros de órdago.

NOTA DE REGINA:

El Mago de Oz, Alfaguara

El Mago de Oz, Alfaguara

La novela de L. Frank Baum se publicó en 1900 y marcó un antes y un después en la literatura infantil estadounidense. Por primera vez un autor escribía un cuento de hadas moderno y ambientado en el medio oeste norteamericano, en un escenario copado por personajes y ambientes de la mitología del viejo continente. Creó un viaje literario alucinante a un mundo de color y fantasía que aislara a sus pequeños lectores del dolor, la pobreza y la miseria diarios, al tiempo que levantaba una fábula sobre los peligros del American Dream a cualquier precio, materializada en el más que turbio Mago de Oz. Y lo logró. Legiones de niños y adultos acompañaron a Dorothy, a su perrito Totó en su gloriosa odisea post-tornado desde su granja en Kansas a la Tierra de Oz, para recorrer el camino de Baldosas Amarillas rumbo a la Ciudad Esmeralda junto al León Cobarde, el Espantapájaros y el Leñador de Hojalata, superando mil retos, cazando brujas, cantando con enanos cantarines y esquivando monos voladores, y añorando cada uno su particular anhelo, ese para el que el Gran Mago tendría una respuesta. Una gloriosa fábula que tiene más aristas de lo que quien aún no la haya leído puede imaginar y que está cargada de aventuras, diversión, crueldad, ternura y mucha, mucha imaginación. Una novela que bien merece una lectura y varias relecturas. Palabra de Regina.

Y vosotros, reginaexlibrislandianos de pro, ¿leísteis El maravilloso Mago de Oz? ¿visteis la película de la Metro-Goldwyn-Mayer ?

Un superventas llamado El Pollo Pepe

Jamás olvidaré la primera vez que me topé con El Pollo Pepe, un librito de apenas diez páginas con ilustraciones y pop-ups para niños de entre 1 y 3-4 años que me cautivó desde el instante en que lo hojeé.

Me lo enseñó hace tiempo una amiga librera que por aquel entonces ya llevaba dos décadas batallando entre anaqueles. Hablábamos de best sellers, de novelas ‘por encargo’, de cifras de ventas y de los entresijos del mercado del libro cuando, de pronto, con una mirada entre desafiante y pícara pero con la solemnidad de quien está a punto de revelar una información crucial, me soltó a bocajarro:

 

– Librera: Regina, ¿Quieres conocer al superventas más discreto y fiable de las librerías?- Regina: ¿Qué? ¿Cómo?

– L.: Mira, te presento a El Pollo Pepe, de SM. Un best seller que sin zarandajas mediáticas se vende como churros. Es adorable, a mi me encanta y, lo que es mejor, a los niños de hasta 5 e incluso 6 añitos les vuelve locos.

– R.: ¿Ja, ja, ja? ¡Mira qué portada tiene!

– L.: Verás, es la historia de el pollo Pepe: come y come y come y va creciendo. Pero, cógelo, es algo que tienes que ver.

 

– R.: ¡Ja, ja, ja! ¡Me encanta! Mírale ahí, espatarrado. ¡Ja, ja, ja!

– L.: Sí, es genial. Salió por primera vez a finales de los noventa con otro de un perrito que pasó desapercibido. Hoy comparte colección con La Cerda Clea, pero no parece tener el mismo magnetismo con los peques…

– R.: Es que por lo que veo El Pollo Pepe es mucho pollo Pepe, ¿no?

– L.: Sí, y no sólo es que el libro es una delicia, es que te puedo asegurar que, en su campo, le da cien vueltas a Stephen King y Ken Follet juntos. ¡Procura tenerlo siempre en reginaexlibrislandia!

 

Y ahí nos quedamos las dos, diseccionando un libro que, desde entonces, es uno de mis favoritos y que, como bien me advirtió mi amiga librera, se vende continuamente, por lo que siempre encontraréis entre cinco y diez ejemplares de El Pollo Pepe en mis confines.

Y aún os digo más, aunque este regio pelucón que os escribe no deja de recomendarlo, no debo ser la única pollopepeadicta, porque este mes la editorial lanza su novena edición y, agarraros queridos, de la octava que salió a la venta en mayo de 2008 se han vendido nada menos que 15.000 ejemplares.

Así que, ojito Larsson, Falcones, Follet, Ruíz Zafón y compañía del entramado editorial que El Pollo Pepe anda suelto por nuestras librerías y no sólo se hincha a comer trigo y cebada, sino también se está hartando de vender ejemplares en España… ¡literalmente!

Y vosotros, reginaexlibrislandianos de pro, ¿conocíais al pollo Pepe? ¿Quién, cómo y cuándo os lo presentó? ¿Qué os parece? ¿Por qué no se da covertura mediática a este tipo de libros?

Manolito Gafotas es too heavy para EEUU

Manolito Gafotas está haciendo ‘las Américas’, pero sin collejas y yo, queridos, no sé qué pensar. El primer libro homónimo de la serie de Elvira Lindo ya está a la venta en EEUU, pero en una versión edulcorada. ¡EDULCORADA!

La noticia ha sacudido las plácidas costas reginaexlibrislandianas con la fuerza de un tsunami. Como imaginareis, ya no hablamos de otra cosa en toda la santa mañana. Ni nosotros ni nuestros clientes ¡buenos estábamos!

Al parecer algunos hábitos manolitogafotianos como recibir y atizar collejas pedagógicas, llamar ‘el Imbécil’ a un hermanito, o dar a un perro un trozo de chocolate son ‘too heavy’ para los lectores norteamericanos.

La mismísima Elvira Lindo ha tenido que explicar por qué da luz verde a una versión light de su Manolito:

“El problema de la corrección política ha llevado a que las collejas desaparezcan, y otros detalles, como que el que Manolito de un trozo de chocolate a su perro es considerado maltrato animal”.

Total, que el pequeño tunante de Carabanchel aterriza al otro lado del charco como Manolito Four-Eyes en versiones suavizadas y descollejadas de sus siete aventuras, que salen desde ya en el mercado anglosajón a razón de una por año.

Tras digerir la noticia, se abrió la veda junto a la balda en la que están todos los títulos del que desde ya hemos rebautizado Manoleitor:

– Librero 2: ¡No me fastidies, hombre, éstos están chalados! ¿qué tiene de malo una colleja?- Regina: Pues como algún niño de intercambio aterrice en Carabanchel…

– Librero 2: ¡Ja, ja, ja!

– Librero 3: ¡Pero cómo la Lindo deja que hagan eso con su Manolito!

– Regina: No sé, imagino que si le da por vender allí se va a forrar.

– Librero 3: Ya, Regina, pero se carga parte del encanto de Manolito

– Regina: Tenemos que hacernos con un Four Eyes… para ver el alcance de la masacre

– Librero 3: Si, igual no es para tanto.

– Regina: La verdad es que para eso podría haberlo reescrito en plan niño de barrio residencial made in yankilandia…

– Librero 2: ¡Si, un Tommy Four Eyes o algo así!

– Librero 3: ¡Pobre Manolito! Con lo que me he reído yo con él, y el Orejones y la Susana Bragas-Sucias

– Cliente: Disculpen, no pude evitar escucharles… ¿es en serio lo que dicen?

– Regina: Me temo que si.

– Cliente: ¡Qué barbaridad, esos ya no saben qué censurar!

– Librero 2: Es que lo del chocolate y el maltrato animal no tiene nombre…

– Cliente: ¿Qué se podía esperar de un país que rechaza el jamón serrano!

Total, que ahí estuvimos dale que dale los libreros y varios clientes, discutiendo sobre si es mejor que el entrañable personaje de Elvira Lindo llegue al mercado anglosajón algo descafeinado, pero que llegue en cualquier caso, o que no llegue. Al final la balanza pareció inclinarse hacia el ‘NO’: o Manolito en bruto, o nada.

Y vosotros, queridos, ¿cómo lo veis? ¿Mejor un Manolito Gafotas travestido en insulso Manolito Four Eyes, descollejado y sin parte de su encanto, o nada? Por cierto, ¿os gusta el personaje de Elvira Lindo? ¿A qué edad lo leísteis?

“Tiene 3 años, pero es listo como uno de 6, o de más”

Hay que ver lo borrica que puedo llegar a ser cuando me pongo. Por mucho que un viejo amigo librero tratara de prepararme para capear lo que él llamaba el síndrome ‘miniñoesmaslistoquelosdemás’ yo, que soy muy lista, le hice poco caso.

El pobre me insistía entre paternal y previsor:

“Regina, mira que a todos nos llega, es cuestión de tiempo. Y debes estar preparada para refrenar esa lengua que tienes, porque eso sí es una prueba cara al público en toda regla”.

Bah, tesoro, éste chochea y exagera‘ me susurraba con voz maliciosa un reginilla diabólica de escasos quince centímetros agazapada sobre mi oreja derecha. Y, claro, en el hemisferio opuesto de mi almidonado pelucón se atrincheraba su versión querubín, embutida en una vaporosa camisola celeste: “Regina, cielo, no seas borrica. Escucha y aprende, que lo dice por tu bien, y el de reginaexlibrislandia“.

Pero nada, que pudo la del tridente con esa increíble capita rojo sangre.

Y hoy, por burra, al enfrentarme a mi primer momento-síndrome ‘miniñoesmaslistoquelosdemás’ rebuzné cuando debí haberme callado y dejarlo correr.

Eran poco más de media tarde cuando se adentraba en mis confines una mujer de unos setenta años, que vino enfilada a mi:

– Clienta: Señorita, se-ño-riiiii-ta- Regina: Hola, ¿puedo ayudarla?

– C.: Pues sí, verá. Esta tarde viene mi nieto y quiero regalarle un librito.

– R.: Ah, muy bien. ¿Y qué edad tiene su nieto?

– C.: Ricardito cumplió 3 años el mes pasado.

Como reginaexlibrislandianos de pro y amantes de los libros imagino que os habréis fijado en que la literatura infantil no sólo es un mundo aparte, sino que es un auténtico negocio paralelo al editorial que mueve mucho, muchísimo dinero infinitas direcciones, y en el que trabajan escritores, ilustradores, editores, pedagogos…

Basta ver las clasificaciones por edades: de 0 años a 2 meses, de 2 a 4 meses, de hasta 6 meses, de 6 meses a un año… Ahora ya me acostumbré, pero recuerdo el día en que me topé con los apartados de libros para ¿CERO AÑOS? Fui la estupefacción en estado puro.

El caso es que, al margen de las horquillas de edad que vienen recomendadas por las editoriales, lo cierto es que los límites los marca la propia criatura. Cada cual desarrolla el lector que lleva dentro a su ritmo, y por tanto hay niños de 6 capaces de devorar lecturas recomendadas para ‘a partir de 8’ y vivecersa.

Y mientras sea el niño el que marca el ritmo no hay problema. Pero la cosa se tuerce cuando quien manipula esa horquilla es el adulto con el síndrome ‘miniñoesmaslistoquelosdemás’, porque el efecto sobre el lector incipiente puede ser devastador.

Dicho lo cual, prosigo:

– R.: Pues aquí tengo los libros recomendados para pre-lectores, es decir, de entre 3 y 5 añitos. Son sencillos, con ilustraciones de colorines y letra grande y escasa, para que se acostumbren a la lectura pero sobre todo, para que alguien lea el cuento con ellos…- C.: Ah, no, no. Que mi Ricardito cumplió 3 pero es listo como uno de 6. ¡Enséñeme algo como para 6!

– R.: Pero, señora, seguro que su nieto es muy espabilado, pero los de ‘para 6’ puede ser un poco excesivo. ¡Mire! Este es para ‘entre 3 y 5’, pero con muchas letras, para los más precoces.

– C: ¿A ver? No, no, esto es poco para mi Ricardito. ¡Enséñeme los de mayores!

Y aquí la sobredosis de surrealismo me activó el modo diablilla-borrica y solté un rebuzno regio:

– R.: Bien, ¿Y El Quijote? ¿Le parece adecuado El Quijote para su nieto, señora?

Mea culpa, y me flagelo por ello. Y solo ahora asimilo la advertencia de mi viejo amigo librero en toda su dimensión, y me repito toda tántrica eso de “¿Por qué no le escucharía yo?”.

Espero haber aprendido la lección y saber estar a la altura en un futuro inmediato, porque me temo que habrá ‘próxima vez’.

Y a vosotros, queridos, ¿qué os parece el síndrome ‘miniñoesmaslistoquelosdemas’ ? ¿Cómo lo explicáis?