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Reflexiones de una librera Reflexiones de una librera

Reflexiones de una librera
actualizada y decidida a interactuar
con el prójimo a librazos,
ya sea entre anaqueles o travestida
en iRegina, su réplica digital

Entradas etiquetadas como ‘literatura juvenil’

¡Alunizo con Julio Verne!

Se cumplen cuarenta años de la llegada del hombre a la luna y yo lo festejo como mejor sé: a librazo limpio. Por eso no titubeé el sábado al reconducir en reginaexlibeislandia a mi trinchera de anaqueles un acalorado debate sobre si las míticas imágenes de Neil Armstrong paseándose por la superficie lunar fueron una retransmisión televisiva o una burda ficción catódica made in Universal Studios.

Sí, queridos, porque cuando un reginaexlibrislandiano asiduo y uno de mis libreros insistían en que metiera baza en su discusión sobre montajes, carreras espaciales, Apollos 11 y astronautas me atusé el pelucón a lo Barbarella y adoptando la pose entre sinuosa y firme de la diva intergaláctica setentera esputé a quemarropa:

 

– Regina: Ay, que yo sólo alunizo con Julio Verne. – Cliente: ¿Perdona?

– R.: Lo que oyes, que en reginaexlibrislandia lo que cuentan son los libros, y poco más. Así que, ya sabéis…¡a la luna a lomos de cualquier libro, queridos!

– Librero1: Vaya telita, cómo estamos hoy…

– R.: A ver, ya que el mundo se acuerda de Armstrong y compañía dejarme que yo desenpolve a Julio Verne, ¿no? Después de todo, un siglo antes de la NASA el francés ya escribió De la Tierra a la Luna y Alrededor de la Luna, su continuación.

– C.: ¡Anda! Pero, ¿eran dos? Yo solo conocía De la Tierra a la Luna y, si te digo la verdad, no me la leí. De Verne sólo La vuelta al mundo en 80 días y 20.000 leguas de viaje submarino…

– L1: Me vas a matar, Regina, yo tampoco sabía nada de Alrededor de la Luna. Y la otra, de oídas, pero tampoco me la leí.

– Regina: ¿Veis? Pues eso. Primero publicó De la Tierra a la Luna, en la que se centra en narrar los preparativos para lanzar un proyectil a la Luna. Los implicados eran los dueños de una empresa especializada en construcción de cañones y de otra de escudos que, acabada la Guerra de Secesión, se plantean realizar esa hazaña porque ya no tienen que fabricar ni cañones ni balas ni nada de eso. Vamos, que se aburren, y se lanzan a la ‘carrera espacial’. Luego se les une un intrépido francés para ofrecerse como piloto…

– C.: Ya veo, ¿Pero llegan?

– R.: Eso mejor lo lees en el libro, ¿no? Lo que si te digo es que su continuación, Alrededor de la Luna, ficciona el viaje en sí abordo de la bala de cañón-cohete y lo que sus tripulantes descubren sobre el reverso de la Luna. Y lo más alucinante es pensar que se inventó ambas historias en 1865 y 1870 respectivamente… Cuando los leáis veréis cómo a veces la ficción supera a la realidad o, al menos, ¡se le adelanta!

– L.: Pues nada, otros dos libros para la lista. Aunque os diré que los cuelo, porque me picó la curiosidad y me los llevaré hoy. ¿Los tenemos, no, Regina?

– R.: Sí, en Edaf. Por suerte pedí tres de cada la semana pasada, cuando empezó el bombardeo mediático recordándonos que se acercada este 20 de julio.

– C.: ¡Eres grande, Regina! Yo también me los llevo. Me marcho una semanita a Canarias, uno de los mejores observatorios celestes del mundo, y no imagino mejor entorno para leerme los alunizajes de Verne, la verdad.

 

Y poco después, mientras echaba el cierre regino aún con la Barbarella que llevo dentro puesta, decidí que yo también me llevaría De la Tierra a la Luna y Alrededor de la Luna del maestro visionario Jules Verne para festejar el 20 de julio a librazos con un alunizaje verniano en toda regla.

Pero lo haré no sin antes regalaros dos grandes hitos televisivos:

 

La llegada de Neil Armstrong a la Luna (¿o no?) en 1969:

Y el trailer original de la mítica Barbarella que en 1968 protaginizara Jane Fonda en su adaptación cinematográfica:

 

Y vosotros, reginaexlibrislandianos de pro, ¿leísteis De la Tierra a la Luna? ¿Y Alrededor de la Luna? ¿Qué otra lectura de alunizajes sugeriríais?

¿Qué leen quienes leen en España?

El 81,9% de los chicos y chicas menores de 14 años leen, de los cuales un 65,5% afirman hacerlo semanalmente y un 74,5% dicen ser hijos de padres lectores. Y no sólo eso: el 59% surca mares de letras porque les gusta, ¡les gustaaa!, frente a un 10,6% que lo hace por imposición escolar una o dos veces por trimestre… ¡Loadas sean sus córneas e insaciable su apetito lector!

Son datos del último barómetro de hábitos de lectura y compra de libros elaborado por la Federación de Gremios de Editores de España con los que he decidido irrumpir en el 2009 porque, como comprenderéis, levantan el ánimo a cualquier bibliófilo de corazón.

Claro, queridos, si en pleno S.XXI jovencitos flanqueados por dispositivos electrónicos de ultimísima generación arañan minutos al día para dejarse llevar por espirales de letra impresa no todo está perdido: una nueva generación de devoradores de libros está en el horno, y yo, eufórica perdida, lo celebro en mis confines.

Y no sólo eso, es que además de pequeños lectores natos, la onda expansiva de bombazos editoriales como J.K.Rowling o Stephanie Meyer han logrado que jovencitos con lecturafobia congénita se atraquen de negro sobre blanco con sendas sagas de siete y cuatro volúmenes de una media de quinientas páginas por libro. ¿Corren o no corren buenos tiempos para la lectura?

Dándole vueltas al tema y como homenaje regino decidí montar una mesa con los títulos que más me piden o a cuyas baldas van como kamikazes cuando irrumpen en reginaexlibrislandia esos chicos y chicas de entre 8-10 y 14 años que tanto me leen.

Ahí va:

Gerónimo Stilton; Kika Superbruja, de Knister; El pequeño vampiro, de Ángela Sommer Bodenburg; El pequeño Nicolás, de René Gosciny; El pirata Garrapata, de Juan Muñoz Martín; Fray Perico y su borrico, de Juan Muñoz Martín; Las brujas, de Roald Dhal; La Orden de la Academia Spencer, de Libba Bray; Manolito Gafotas, de Elvira Lindo; Crónicas de Narnia, de C. S. Lewis; Ghostgirl, de Tonya Hurley; Memorias de Idhún, de Laura Gallego; la Trilogía Mundo de Tinta, de Cornelia Funke; las Crónicas de Spiderwick, de T. Diterlizzi y Holly Black; Crepúsculo, de Stephanie Meyer; Harry Potter, de J.K. Rowling.

 

Y vosotros, queridos, ¿qué opináis sobre los datos del barómetro de lectura? ¿Tenéis a alguno de esos pequeños lectores en vuestro entorno? ¿A qué pensáis que se debe, a las campañas externas o a los padres? ¿Habéis leído alguno de esos libros que cito?

La academiaspencemanía llega a las madres

Llamadme sentimental, queridos, pero cualquier indicio de ansia lectora en un cliente me conmueve, me desarma, me conquista.

Ya puede tratarse del prospecto de un fármaco o del texto aparecido en vete tú a saber dónde ni cómo: si alguien lo pide con la mirada cargada de voracidad a mi se me activa la maquinaria librera y por mi pelucón que localizo el objeto impreso de su deseo. Palabra de Regina.

Y ayer tarde me topé con uno de esos gloriosos episodios. Estaba yo dale que dale al papeleo y al café bien cargadito cuando una señora se adentró en mis confines. Como fue directa a la zona de literatura juvenil supuse que buscaba algún libro para su retoño (El Cantar del Mio Cid, El Conde Lucanor, El Sí de las niñas, Rebeldes, Rimas y Leyendas de Bécquer, Cuando Hitler robó el conejo rosa… Vamos, los ‘más buscados’ en esta época de curso escolar).

Pero no, nada más lejos de la realidad. AL cabo de un rato ella misma evidenció mi error de cálculo:

– Clienta: Buenas tardes…- Regina: ¡Hola! ¿Qué tal está?

– C.: Bien, verá, busco un libro

– R.: ¿Puedo ayudarla?

– C.: Igual sí. Mire es que necesito leerme un libro que le dejaron a mi hija, al que ella estaba enganchadísima, pero que devolvió antes de que pudiera ojearlo.

– R.: ¿Recuerda el título, el autor o algún dato?

– C.: Pues la verdad es que no mucho. Sé que iba de una orden secreta de chicas dentro de una academia, y que hay dos partes. La que tenía Rebe, mi niña, era la segunda porque ya se había leído la anterior, y era algo así como ‘el ángel rebelde’, creo. Yo quiero las dos.

– R.: ¿Y por qué no se lo pregunta a ella?

– C.: Verá, es que me da vergüenza. Del libro no hablé con ella, no me atreví a preguntar, y como lo tenía forradito y lo leía en la cama me daba cosa decirle nada. Lo ojeé un día mientras se duchaba, pero el caso es que me intriga. Por lo visto todas están como locas con los libros. Además si encuentro los dos, pues serán para ella.

– R.: Mmmm, pues igual… Verá, hace dos o tres días vino una chica de unos trece años pidiédome uno que sonaba muy parecido a eso. No lo tenía. Como mis compañeros me contaron que habían venido pidiéndonos esos libros dos o tres chicas más, les seguí el rastro.

– C.: ¿Y cuáles eran?

– R.: A ver, un segundo… ¡Ah, sí, aquí lo tengo! De una tal Libba Bray, la saga se llama ‘El Círculo Secreto’, y tiene dos partes: La orden de la academia Spence y Ángeles Rebeldes.

– C.: ¡ESOS, ESOS SON! ¡SEGURO!

– R.: Pues investigué y en España, además de El Círculo de Lectores, lo edita RBA. Pero con la fiebre que se ha desatado van a reeditar el primero, La Orden de la Academia Spence, y a lanzar el segundo, Ángeles Rebeldes.

– C.: ¿Y para cuando me lo puede conseguir?

– R.: Verá, iban a lanzarlos juntos ahora, pero la cosa se ha retrasado hasta el día 23.

– C.: Ya veo, ¿y me los podrá conseguir?

– R.: Si, si, yo le consigo dos para el día que salgan, y la llamo por teléfono cuando me lleguen a reginaexlibrislandia.

Y se fue con una sonrisa que le daba la vuelta a la cabeza. Estoy deseando que RBA los saque del horno para ver la cara que se le pone a la buena mujer cuando los tenga delante. Lo que es a mi, me han contagiado el apetito lector por La Orden de la Academia Spencer y Ángeles Rebeldes, así que ya os daré el parte cuando me los lea.

Y vosotros, queridos, ¿habéis oído hablar de los dos libros de Libba Bray? ¿Os ha ocurrio alguna vez algo similar a lo de mi clienta, es decir, que no os atrevierais a preguntar directamente sobre un libro que os intrigara?

“Joeee, mama, ¿Y eso me lo tengo que leer YO?”

Con lo dada que soy yo a somatizar por la epidermis no podía ser de otra manera: hoy echo el cierre con el sarpullido puesto. Y la verdad es que no sé qué me escuece más, si la erupción cutánea en sí o su causa: una intolerancia congénita a según qué estados carenciales de interés bibliófilo en terceros.

Aunque la cosa me enerva, me escandaliza y me entristece es cierto que hay casos en que aún podemos atajar el mal. Y como el de ésta tarde me da a mi en el pelucón que ha sido uno de ésos, los picores son molestos, sí, pero tolerables con la ayuda de algún remedio casero.

Veréis, la cosa empezó así: una madre y su hija adolescente adentrándose en reginaexlibrislandia. Mientras la retoña parlotea por el móvil, la señora me planta frente al pelucón un pedazo de papel diciendo:

– Clienta: ¿Tiene esos libros?- Regina: ¿A ver? Si, un segundo que se los traigo.

– C.: ¡Pero tienen que ser esos, en esas editoriales y todo!

– R.: Si, si, no se preocupe.

– C.: Es que son para la nena, ¿sabe? Y el profesor es un tiquismiqui. Como no le lleve justo los que ha pedido me la suspende sin más.

– R.: Bueno, imagino que si él ha elegido esos títulos en esas ediciones por algo será, así que vamos a por ellas.

– C.: Vale, aquí esperamos. NENA, ¿QUIERES DEJAR YA EL MALDITO TELÉFONO? VAMOS QUE LLEVAS TODA LA SANTA TARDE PEGADA…

– R.: Mire, aquí están: El guardián entre el centeno, de J.D. Salinger, en Alianza; El misterio de la cripta embrujada, de Eduardo Mendoza en bolsillo; la Apología de Sócrates, de Platón, en Espasa-Austral, y Romeo y Julieta, de Shakespeare también en Espasa-Austral.

– C.: Uy, ¡qué maravilla, así no tengo que pasearme! Mira, nena, están todos tus libros.

– Chica: Joeee, mama, ¿Y eso me tengo que leer? Pues vaya planazo…

– C.: Al menos mientras te los estés leyendo dejarás un poquito el dichoso teléfono.

– R.: Bueno, igual te sorprenden y hasta te gustan

– C.: ¿Cuáles, uno de ÉSTOS? Bahh

– R.: Mira, éste, por ejemplo, va de un chico de tu edad al que expulsan de la escuela y decide pasarse unos días el solito en Nueva York gastándose todos sus ahorros antes de volver a casa a dar la noticia a sus padres…

– C.: ¿Éste, el blanco?

– R.: Si, ese, el de Salinger.

– C.: No se yo…

– R.: Y con el de Mendoza te vas a reír, y llorarás con el de Shakespeare

Y antes de que acabara la frase Shakira a pleno pulmón polifónico me puso el corazón en la punta del pelucón: el móvil de la muchacha. Mientras tanto, la madre alzó la vista al techo de reginaexlibrislandia como buscando por entre mis grietas un último resquicio de paciencia. Pagó y se fueron.

Pero tras su estela a mi me quedó la duda: ¿lograrán Salinger, Mendoza, Shakespeare o Platón encerrar a la criaturita en una gloriosa jaula de letras, esa de la que yo no escaparía ni por todo el oro de un jeque árabe?

¡Hagan sus apuestas! Y si no, díganme, regislandianos de pro, ¿qué libro les clavó en el sendero de las letras? ¿La lectura obligada de qué libro en la escuela empezó siendo un tormento para terminar como una fantasía alucinante?

“Mejor me llevo los de Los Cinco, que a Harry Potter llegará ella solita”

Quizá sea un efecto secundario del oficio librero, pero en reginaexlibrislandia impera el dogma que reza “Soy lo que leo”. No es que correteemos por entre nuestras baldas farfullándolo en plan mántrico, pero a veces alguna anécdota con clientes o comerciales o cualquier noticia de los medios nos devuelve a él.

Y esta semana, en una de esas paradas técnicas mediamañaneras para repostar café, leíamos en la prensa: “Enid Blyton vence a la ‘mamá’ de Harry Potter como autora más querida en el Reino Unido”. Ay, queridos, mi otro librero y yo pasamos de la estupefacción a la euforia a velocidad de crucero, y eso que aún no habíamos metido el morro en la cafeína, ni leído el texto íntegro.

Pero sólo con saber que se trataba del resultado de una encuesta realizada entre 2.000 adultos, para quienes a día de hoy su escritora preferida es Enid Blyton (Los Cinco, Los Siete Secretos, la Serie Secreto, etc), seguida por Roald Dahl (Charlie y la Fábrica de Chocolate; Las Brujas; James y el melocotón gigante, etc) y por J.K.Rowling nos bastaba.

Ojo, pero no por desprestigiar a la madre literaria de Harry Potter ni su gloriosa saga de la que yo misma soy devota, sino porque volvíamos a nuestro citado dogma: ‘Soy lo que leo’. Eso demuestra que las generaciones que han crecido leyendo a Blyton y a Dahl, habrán leído o no la saga de Rowling, pero siguen apegados sentimentalmente a quienes les revelaron la magia de la lectura décadas atrás.

Y hacia ahí, hacia el espacio que ocupa el universo Blyton en reginaexlibrislandia, derivó nuestra charleta de mostrador:

– Regina: Mira, en la balda a ras de suelo está la saga completa de Los Cinco, que son 21 aventuras, y la de Los Siete Secretos… Tráete alguno un momento,- Librero: Uy, pues si es de reciente edición. Ahora no caigo en cifras ¿las vendemos?

– R.: Sí, salen al mes unos 5 o 6 ejemplares de media.

– L.: Nada comparado con los 20 Harry Potter en el peor mes.

– R.: Ya, pero Los Cinco no tienen película ni merchandising ni nada, van de boca a boca o, mejor, de adulto a niño.

– L.: ¡Madre mía, mira esta cubierta! ¡Es igualita a la que yo tenía!

– R.: La verdad es que no sé qué tiene más mérito: si que una saga de aventuras publicada en llos 40-50-60 del S.XX venda a día de hoy diez millones de ejemplares en el mundo (continúan disponibles en noventa idiomas) sin campañas de publicidad, o el fenómeno mediático a escala planetaria llamada harrypottermanía que mueve cifras astronómicas.

– L: Pues creo que…

Y aquí apareció una mujer que había cogido los dos primeros volúmenes de Harry Potter de las baldas:

– Clienta.: Voy a la playa con mi sobrina de 12 años y, como se aburre, a ver si logro que lea.- Regina: Muy bien

– C.: Pero estoy perdidísima en libros para esa edad, así que con esto espero no fallar.

– R.: Hombre si quiere puedo recomend….

– C.: ¿ESO de ahí son libros de LOS CINCO? ¿Los de toda la vida?

– R.: Estooooo, sí. Son los mismos, los de Enid Blyton

– C.: Ah, pero entonces ¿aún existen los de Los Cinco?

– R.: Como puede ver, sí, por suerte aquí siguen.

– C.: ¡Dios mío, si yo los devoraba de pequeña! ¡Qué veranos!

– R.: Aunque no lo crea, la gente los compra, normalmente para regalar a parientes menores.

– C.: No me digas más, me llevo dos de Los Cinco en lugar de los de Harry Potter.

– R.: Como quiera, pero… justo hablábamos de eso, ¿puedo preguntarle por qué?

– C.: Eran… son especiales para mí. A Harry Potter llegará tarde o temprano, pero no quiero que se pierda Los Cinco. Por intentarlo que no sea, ¿no?

Y se fue con sus dos volúmenes (Los cinco y el tesoro de la isla; Los cinco se escapan) de la grandísima Enid Blyton.

Ah, visto lo visto hemos colocado las colecciones de Blyton más a la vista en reginaexlibrislandia, para los adultos más olvidadizos.

Y vosotros, queridos, ¿Erais de Los Cinco, de Los Siete Secretos, de La Serie Secreto o de las otras? ¿Sabíais que los libros de Enid Blyton siguen en circulación? ¿Los habéis regalado o recomendado alguna vez?

Para los nostálgicos unas imágenes de la adaptación televisiva de Los Cinco que la televisión británica emitió años atrás:

“¡No leo un libro desde hace tres hijos!”

Si reginaexlibrislandia fuera un ring de boxeo hoy me hubieran dejado cao al primer asalto, queridos.

En apenas un segundo de conversación me atizaron un sopapo dialéctico de esos que no hay púgil librero que encaje: Tres, dos, uno… ¡PLAF! así que terminé noqueada y con el pelucón del revés en mi propio territorio.

La cosa fue así: estaba yo a punto de comerme literalmente un montadito de facturas por revisar cuando frenó en seco ante mi mesa un cochecito flanqueado por bolsas de supermercado repletas y hábilmente enganchadas a todos los salientes imaginables del minivehículo, en cuyo centro dormitaba un bebé.

Detrás apareció una mujer de poco más de cuarenta años con un bolsón en cada hombro y, aferrada a su pierna, otra criaturita con dos coletas que apenas levantaba cuatro palmos del suelo reginaexlibrislandiano y para quien el mundo parecía empezar y terminar en su chupete.

– Clienta: (casi sin aliento) Pe-perdona… ¿me puedes ayudar?- Regina: Si, claro, dígame

– C.: Mi ahijado cumple 16 años y, además del dichoso jueguecito para la Play, quiero regalarle un libro, alguno que le guste de verdad y que no tire sin más.

– R.: Por lo que dice no es muy aficionado a la lectura…

– C.: No, y la verdad es que estoy perdida, muy perdida en esto de los libros.

– R.: ¿No ha leído alguno últimamente que le haya gustado?

Aquí ella me clavó una de esas miradas cargadas de impotencia y aderezadas con unas gotas de ironía que me obligaron a bajar la guardia.

Y entonces ZAS, me asestó el golpe:

– C.: ¿YO? ¿LEER? ¡HIJA MÍA DEJÉ DE LEER HACE TRES HIJOS! Primero vino Carlitos, el mayor, y aparqué la lectura lo que creía que iba a ser una temporadita, porque cuando no estaba con el niño estaba trabajando y demás. Luego llegaron éstos dos, y afronto la realidad: hasta dentro de unos años no podré volver a leer. Ya casi lo asumí.- R.: Ah, pues… claro…

– C.: Hace un par de años le regalé El Guardián entre el centeno y creo que le gustó, pero no sé de otro relativamente similar y que no sea demasiado ‘profundo’.

– R.: Pues se me ocurre Botchan, de Natsume Soseki, uno de los grandes de la literatura japonesa. Esta novelita en concreto se tradujo al castellano por primera vez hace unos meses, y es muy divertida y entrañable, la verdad. Este Botchan ha sido a muchas generaciones de nipones lo que Holden Caulfield a los de Occidente.

– C.: ¿Y de qué va?

– R.: Es de un joven tokiata de ventipocos años que, recién licenciado, va a trabajar de profesor en un instituto de provincias. La cosa está en que es un poco bobalicón y presuntuoso, y se rige por un código de honor un tanto peculiar. Además, el choque entre su presencia en lo que él considera un pueblucho atestado de paletos y la imagen que éstos se hacen de él -un pelagatos engreído de ciudad- es delirante. Cae allí como una cucaracha en un plato de arroz.

– C.: ¿A ver? Mmm, si, lo cierto es que algo así es lo que buscaba.

Entonces la melodía del Para Elisa a un volumen de escándalo la arrancó a ella de sus meditaciones y a mi de las mías. Pero no fuimos las únicas: el bebé empezó a llorar y, acto seguido, su hermanita, como poseída por el mismo demonio, estalló en lágrimas y gritos ininteligibles.

Sin saber muy bien cómo la madre atendió la llamada, serenó a sus dos criaturas y me hizo señas para que le cobrara Botchan y le hiciera el favor de colocárselo bajo el cochecito, todo al mismo tiempo y con una extraña mezcla de decidida resignación en sus ojos.

Y se fue. Pero el eco de su

¿YO? ¿LEER? ¡HIJA MÍA DEJÉ DE LEER HACE TRES HIJOS!

resuena aún ahora, casi diez horas después, bajo mi pelucón.

Me pareció una declaración demoledora, entre vosotros y yo.

Y vosotros, queridos reginaexlibrislanianos de pro… ¿conocéis algún caso similar, alguien que os haya abofeteado así con una verdad similar? ¿Habéis leído Botchan? ¿Qué os parece? Y los que aún no lo hayáis hecho… leedlo, no os arrepentiréis. Palabra de Regina.

“Quiero un libro para construirme un submarino”

Tengo que evitar a toda costa las corrientes de aire, porque en una de estas se me van a congelar las facciones en una mueca de perpetuo asombro.

Si, queridos, algo parecido a esas muñecas hinchables o love dolls con la boca y los ojos muy, muy abiertos. A primera hora del sábado pasado entró en reginaexlibrislandia un caballero. Quería ver todo lo que tuviera relacionado con el Tibet y, de paso, con el Yeti. Mientras le acompañaba a la zona de viajes inició un monólogo que me dejó total y absolutamente petrificada. Héte aqui un fragmento:

“Soy católico, apostólico, romano y creo en los extraterrestres, señorita. Existen. Somos híbridos, los seres humanos somos híbridos. Dios todopoderoso creó a una primera generación de hombres que se unieron a distintos tipos de extraterrestres y de ahí las diferentes razas. ¿Ve? Chinos, negros o nosotros, nadie es mejor ni peor, simplemente diferentes Y esa diferencia viene por el tipo de extraterrestre y sus particularidades. Pero, eso si, todos vamos mal. Tenemos que rezar, rezar y rezar para dar gracias a Dios y ser más humildes, para poder ser tolerantes. Y en el fondo somos energía, si, bolas cargadas de energía. Por ejemplo, a mi todos los días a las 4 de la madrugada me despiertan cinco ánimas del purgatorio: veo sus bolas de luz en el techo de mi dormitorio. Están allí, pero vienen a despertarme, porque saben que rezo, rezo mucho señorita, todo el mundo debería rezar. Rezar y estudiar, seleccionar un área de conocimiento y no parar de investigar. Si no lo haces te vuelves loco. Por eso me he especializado en ovnis, en el Yeti y en las religiones tibetanas. Llevo veinte años leyendo sin parar. Y orando. Así que se mucho, pero no dejo que nadie lo sepa. Hay gente poderosa a la que no le interesa que sepamos, por eso tengo que ser discreto. ¡Mire! Me llevo este libro de montaña. Adiós, y rece”.

Recuerdo que tardé unos minutos en reaccionar. Me daba vueltas la cabeza, y sus palabras me zumbaron en el cerebro durante todo el día como si fueran un enjambre de abejas. Me lo imaginaba leyendo y absorbiendo información sin parar para consolidar los pilares de su universo espiritual.

El caso es que este sábado regresó, a la misma hora:

Él: Verá, quiero construirme un submarino y necesito un libro que explique cómo hacerlo.

R.E.: Me temo que no tengo nada.

Él: Vaya, es que no me lo puedo quitar de la cabeza.

R.E.: Podría leerse 20.000 leguas de viaje submarino, de Julio Verne. No es lo que busca, pero para ambientarse nada mejor que el capitán Nemo y su Nautilus.

Le di un ejemplar ilustrado y empezó a ojearlo. Parecía entusiasmado.

Si, si, sin duda esto es lo que buscaba, si. Me lo llevo. Por cierto, la semana que viene doy una conferencia sobre el Yeti aquí cerca. Venga si puede. Y rece. Adiós.

No fui capaz de verbalizar mi ‘adiós’. Me pregunto qué será lo próximo que quiera leer y si volverá.

Por cierto, ¿alguien conoce libros sobre cómo construir submarinos en casa?