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Reflexiones de una librera Reflexiones de una librera

Reflexiones de una librera
actualizada y decidida a interactuar
con el prójimo a librazos,
ya sea entre anaqueles o travestida
en iRegina, su réplica digital

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“¿Tienes una novela en la que a la Reina de Inglaterra le da por leer?”

Quienes sufrimos bibliobulimia severa atesoramos novelas que van sobre libros y cualquier criatura bibliófaga, real o inventada.

(The Queen, 2006 / Pathé)

(The Queen, 2006 / Pathé)

Gracias a la Providencia Librera hay escritores que ficcionan sobre esas variables, e incluso las extreman urdiendo sus tramas con personajes arrastrados a su pesar al subversivo placer de la lectura, que acaban convertidos en lectores compulsivos, para gozo y deleite de nuestra bibliofilia.

Que los bibliomaniacos nos peguemos a este tipo de literatura como un insecto a una bombilla es algo instintivo. Y lo es porque entre sus páginas no solo nos topamos con bibliomaniacos de nuestro pelaje y condición, sino que además -y aquí, querid@s, está la clave- son un maravilloso nicho de descubribilidad libresca. Con los títulos y autores citados redimensionamos nuestros particulares mapas de constelaciones literarias.

El caso es que hoy recuperé, gracias a la petición de una reginaexlibrislandiana de pro, uno de esos títulos que engrosan mi balda consagrada a libros que hablan de libros y con los que, periódicamente, le induzco comas librescos a mi bibliofilia.

La cosa fue así:

Clienta: Hola Regina, ¿cómo vas?

Regina ExLibris: ¡Ah, hola! Muy bien, donde me dejaste la última vez…

Clienta: Eso esperaba: encontrarte aquí. Verás, vengo a por el la de Isabel Allende que tengo pendiente, y buscaba otra cosa, pero me da apuro porque apenas tengo datos.

Regina ExLibris: Pues tú dirás, ya sabes que esas cosas me activan.

Clienta: Es que me hablaron de un libro que… bueno, en fin, allá va: ¿tienes una novela en la que a la Reina de Inglaterra le da por leer?

Regina ExLibris: ¿A Isabel II, o a qué reina de Inglaterra?

Clienta: No, no: a la de ahora, Isabel II. Es ella, seguro. Y un muchos libros.

Regina ExLibris: Mmm, ¡Sí! Es sin duda Una lectora nada común, de Alan Bennett

Clienta: ¿Y qué tal es? Porque cuando me hablaron de él me picó la curiosidad.

Regina ExLibris: Sí, es una fabulita endemoniadamente divertida sobre el día en que Isabel II se topa con un bibliobús aparcado en Buckingham. Ella, tan regia y tan cumplidora, decide coger un libro y… bueno, literalmente se arma la bibliomarimorena. A ella le da por leer cada vez más animada por las visitas del bibliobús y por uno de sus pinches de cocina, y cuanto más lee más quiere leer y menos quiere, digamos, cumplir con sus reales tareas. Y a su gente -familia y miembros del gobierno- no sólo no le gusta esta nueva afición real, sino que tampoco aprueban que lea lecturas no aprobadas institucionalmente. ¡Es maravillosa! Además Bennet ficciona sobre el trazado literario que sigue la reina: Ivy Compton-Burnett, Proust, Genet e incluso Nancy Mitford, si es que hoy no me patina el pelucón.

Clienta: ¡Sí, si, si! Es esta fijo. ¡Qué ganas de leerla, por dios!

Regina ExLibris: Pues aquí la tienes. Te va a entusiasmar, te llevará a otros libros y autores, y la leerás con una sonrisa de principio a fin, ya verás.

Y se fue con sus libros en el bolso y la promesa de comentar el librito de Alan Bennet en su próxima visita a reginaexlibrislandia.

NOTA DE REGINA EXLIBRIS:

Una lectora nada común

Una lectora nada común

Los devotos del ‘que-pasaría-si’ y de la literatura por cuyas manos aún no haya pasado la gloriosa Una lectora nada común son muy, pero que muy afortunados. Y lo son porque tienen por delante una divertida e incisiva fábula sobre el poder de la literatura que el británico Alan Bennet levanta a partir del encuentro fortuito entre la reina de Inglaterra y un bibliobús público que, estacionado en una de las puertas del palacio de Buckingham, abastece de lecturas a prácticamente todo el personal de Palacio. Isabel II se siente entonces obligada a llevarse un libro, y será precisamente ese inofensivo y regio gesto el que desatará en la soberana un apetito voraz por las letras que, avivado por las imprevisibles sugerencias de un joven de las cocinas, no solo escandaliza a todos sus asesores y familiares, sino que va agrietando el hasta entonces inquebrantable compromiso de la mujer con sus quehaceres reales. Y todo porque la mujer-Isabel, con ganas de jubilarse, le va ganando el pulso a Isabel II-la Reina a librazos. Deliciosa, y terriblemente divertida.

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Sí, querid@, estas 8 series míticas de tv también vienen de novelas

Aplaudo enérgicamente cualquier potencial vía de conexión de una novela con un lector.

(El sueño eterno, 1946 / Warner Bros.)

(El sueño eterno, 1946 / Warner Bros.)

¡La que sea! En eso soy muy bibliomaquiavélica, querid@s,  y si el libro puede llegar a ser el fin, bienvenido sea el principio que lo llevó hasta él. Regina Exlibris dixit.

Porque si ahora las grandes plataformas digitales tiran de literatura para producir series exclusivas a las que se enganchan millones de espectadores en todo el mundo, basta con que un pequeño porcentaje de esos televidentes acabe yendo a la bibliofuente de turno para leerse el original para que mi bibliofilia se venga arriba y se me ilumine más que el Strip de Las Vegas.

Os cuento esto porque esta tarde en reginaexlibrioslandia tuve una interesante charla con un reginaexlibrislandiano asiduo que, precisamente, vino a mis confines en busca de un libro al que llegó desde una serie:

Cliente:  Hola, Regina, ¿tienes El cuento de la criada?

Regina Exlibris: De, Margaret Atwood. Sí, lo tengo, de Salamandra.

Cliente: ¡Bien! ¿Lo leíste?

Regina Exlibris: Sí, es abrupto, inquietante y absolutamente colosal. Vamos, 100% Atwood.

Cliente: Es que en casa hemos estado enganchados con la serie de HBO, y ahora me dio por leérmelo.

Regina Exlibris: ¡Ahh! Aún no la he visto, pero la tengo en cola.

Cliente: Últimamente parece que tiran de libros, ¿eh?

Regina Exlibris: Bueno, últimamente… tú que eres de mi quinta habrás visto series míticas de los 70 y 80, y gran parte de ellas, las mejores, se basaron en novelas.

Cliente: ¿De esa época? Espera, mmm, pues, veamos, es que me vienen El Equipo A, Dinastía, El coche fantástico. Pero no hablarás de esas, ¿no?

Regina Exlibris: Jajajaja. Esas también tenían su aquel, pero no. Te hablo de algunas producciones británicas de la BBC, otras en EEUU y ya más en los 90 incluso aquí, en España, se adaptaron muy bien según que novelones. Algunas otras eran más para un público infantil-familiar, pero aún así inocularon tinta en los televidentes.

Cliente: Pues, dime a ver si caigo..

Y a partir de aquí le recité las 8 series televisivas míticas basadas en novelas de las que hoy se pueden conseguir ejemplares tanto en reginaexlibrislandia como en otras librerías, porque de otras tantas (Raíces, de Alex Haley; o Norte y Sur, de John Jakes) se han descatalogado sus títulos (¡¡¡argggg!!!!).

¿Listos? Van, pues, los 8 títulos:

1. Retorno a Brideshead. Evelyn Waugh. Tusquets. La vuelta de Charles a la elegante mansión de lord Marchmain, convertida ahora en cuartel por la guerra, le devuelve a un pasado en que recorría embelesado sus jardines y salones, y se dejaba seducir por sus singulares habitantes, en especial por el ambiguo y cautivador Sebastian y su fascinante hermana, lady Julia, y el misterio que envuelve a toda la estirpe. Un libro soberbio, se mire por donde se mire.

Y una no menos colosal adaptación a cargo de la BBC que, tras su estreno en 1981 marcó un antes y un después en la historia televisiva. Con un reparto estelar (Jeremy Irons, John Hurt, Derek Jacobi, John Gielguld, Alec Guiness, Laurence Olivier) sus diez capítulos consumaron uno de los affaires más perfectos que nunca se hayan podido dar entre el medio catódico y la literatura. Un auténtico serión.

Retorno a Brideshead

Retorno a Brideshead

2. Yo, Claudio. Robert Graves. Alianza. Hay que ser Robert Graves o, lo que es lo mismo, un consumado novelista e historiador experto en Roma para firmar Yo, Claudio, un maravilloso mosaico de seiscientas páginas que contienen toda la grandeza, la miseria, las traiciones, los fratricidios, las sangrientas purgas, la depravación y la sabiduría que tiñeron de sangre y oro medio siglo de la Roma imperial con Augusto, Tiberio y Calígula al mando, todo contado en forma de autobiografía ficticia de puño y letra de Claudio, destinado a lo más alto sin pretenderlo. Una novela fascinante y cargada de sabiduría que todos deberíamos leer al menos una vez en la vida.

Y tenía que ser de nuevo la BBC británica la que en 1976 adaptara a miniserie catódica semejante novelón y salir airosa. Consta de 13 capítulos en los que se adapta tanto la trama de Yo, Claudio, como de su continuación Claudio, el dios, y su esposa Mesalina. El reparto, con actores del teatro shakespeariano, estaba encabezado por Siân Phillips (Livia), Derek Jacobi (Claudio), John Hurt (Calígula) y Brian Blessed (Augusto). Antológica.

Yo, Claudio

Yo, Claudio

3. El pájaro espino. Colleen McCullough. Ediciones B. En esta mítica novela, de esas que son best selles de boca-oreja, McCullough narra una historia que nos lleva al corazón de la Australia de 1915 con una trama cargada de sueños, secretos, oscuras pasiones y un amor prohibido. En ella asistimos a la gesta de tres generaciones de la familia Cleary, pero sobre todo, a la relación sentimental de Meggie con el sacerdote Ralph de Bricassart, un atractivo párroco cuya ambición lo lleva a formar parte de los círculos influyentes del Vaticano. Una historia de amor conmovedora, una apasionante lucha entre el deseo y el deber, la vocación y la pasión, pero también una celebración de la individualidad y del espíritu.

En 1983 fue adaptada como miniserie de televisión con Richard Chamberlain, Rachel Ward, Barbara Stanwyck y Christopher Plummer, y durante su transmisión batió récords de audiencia de los Estados Unidos. Poco después su éxito sería a nivel planetario.

El Pájaro espino

El Pájaro espino

4. La Regenta. Leopoldo Alas Clarín. Literatura Random House. Fascinante retrato de una mujer que, cercada por convencionalismos caducos e hipocresías, se debate entre el deseo sacrílego y su represión, mientras un galán y un cura la cortejan, volatilizando todas sus defensas, y exponiéndola literalmente al escarnio público de un entorno murmurador, envidioso, rancio, despiadado, fariseo, perverso y provinciano que disfruta precipitando la muerte social de la protagonista. Ana Ozores es la víctima inocente de una época, de una ambición y de un entorno, la ficticia Vetusta, descritos de forma veraz y sin titubeos por un Clarín que firmó un novelón imprescindible de la literatura del s. XIX donde las pasiones humanas -las altas, pero especialmente las bajas- aceleran el pulso del lector a cada salto de línea.

En 1995 Televisión Española adapta, como por suerte haría con otras tantas grandes obras de las letras españolas, a miniserie televisiva homónima con Aitana Sánchez-Gijón, Hector Alterio y Carmelo Gómez con un resultado espectacular.

La Regenta

La Regenta

5. Sandokan: Los tigres de Mompracem. Emilio Salgari. Alianza. Borneo, 1849. Sandokán, un príncipe malayo destronado por el imperialismo británico se convierte en un temible pirata para vengar a su familia, recuperar su reino y hacer frente, junto a a Yáñez y a su Lady Marianne, al todopoderoso James Brooke (apodado “rajá blanco de Sarawak“) y al despechado barón William, entre otros. Emilio Salgari incorporó a ésta y al resto de sus novelas de aventuras un mundo desmesurado cargado de peligros, animales salvajes, caracteres indómitos y pasiones incontrolables, en el que imperan los valores románticos de la lealtad, la amistad y el coraje, y con tramas que transportan al lector a paisajes evocadores y exóticos.

Su adaptación catódica de 1976 partió, con ciertas licencias, del tomo Los tigres de Mompracem, se vértebra en 12 episodios y gira en torno a los enfrentamientos entre Gran Bretaña y los temibles malayos insumisos, junto al, en teoría amor imposible entre Sandokán y la británica Lady Marianne.

El tigre de Mompracem

El tigre de Mompracem

6. El misterio de Salems Lot. Stephen King. Debolsillo. Salem’s Lot es un pueblo tranquilo donde nunca pasa nada. Pero veinte años atrás, por una apuesta infantil, Ben Mears entró en la casa Marsten, y lo que vio entonces aún puebla sus peores pesadillas. Ahora, como escritor consagrado, vuelve a Salem’s Lot para exorcizar sus fantasmas. Sin embargo, la promesa de hallar en Salems un remanso de paz se resquebraja cuando descubre que están empezando a suceder cosas escalofriantes. El pero muerto colgado de la verja del cementerio. Y el misterioso hombre que se instaló en la casa de los Marsten. Y los niños que desaparecen, los animales que mueren desangrados… Y la espantosa presencia de Ellos. Un novelón de órgano donde Stephen King te gana la cartera ya desde el primer capítulo. Exquisitamente aterradora.

Estrenada en España en 1979 como El misterio de Salem’s Lot es una miniserie dirigida por Tobe Hooper y protagonizada por David Soul y James Mason. Es una brillante adaptación de la novela de King que, en su época, desencadenó más de una pesadilla en miles de telespectadores.

El misterio de Salems Lot

El misterio de Salems Lot

7. La casa de la pradera. Laura Ingalls Wilder. Noguer y Caralt. Un clásico para paladares bibliófilos bajos de glucosa sobre la vida de los pioneros norteamericanos de finales del s. XIX, a partir de los recuerdos de la autora. Montados en un carromato, los Ingalls se marchan del Gran Bosque para irse a vivir a Kansas, siguiendo la promesa de una vida mejor. Allí, tronco a tronco, el padre de Laura construirá la que será su casa de la pradera. A pesar de las dificultades (la enfermedad, la naturaleza, los prejuicios locales y los rigores de un ambiente hostil), la vida en el campo es maravillosa, pero la presencia de los indios los inquieta.

La adaptación a miniserie catódica homónima se emitió entre 1974 y 1983, y el reparto de los Ingalls estaba encabezado por Michael Landon y Karen Grassle. Con una adaptación libre de los libritos originales, la serie debutó con un gran éxito de audiencia, y así se mantuvo durante los nueva años que duró la emisión.

La casa de la pradera

La casa de la pradera

8. Pippi Calzaslargas. Astrid Lindgren. Juventud. Pippi Långstrump (Pippi Calzaslargas en España) es una huérfana de nueve años que ha viajado por todo el mundo y que, con sus dos trenzas color zanahoria y tiesas como palos, y su Míster Nelson al hombro, sabe arreglárselas sola. Astrid Lindgren nos relata la divertida historia, llena de ternura y humor, de este singularísimo personaje haciendo innumerables extravagancias que proporcionarán unas horas inolvidables a varias generaciones de lectores.

El personaje de Pippi se conoce sobre todo gracias a la serie de televisión de 1969, con guiones de la propia autora. En España tanto los libros como las series de televisión estuvieron censurados (ufff) hasta 1974, año en que acabó por ser emitida.

Pippi Calzaslargas

Pippi Calzaslargas

Y, tras irlas viendo una a una y recordando viejos tiempos catódicos, mi reginaexlibrislandiano asiduo se fue finalmente con tres ejemplares bajo el brazo: El Cuento de la Criada; Yo, Claudio y Los tigres de Mompracem. Y yo por mi parte eché el cierre y me fui directa a releer Retorno a Brideshead, que ya me tocaba darme una vueltecita por la mansión de los Marchmain.

  • Y vosotros, queridos, ¿leísteis alguna de ellos? ¿recordáis algún otro éxito catódico de antes de los 90 basado en una novela?
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¿Por qué debería leer sí o sí Frankenstein o el moderno Prometeo?

Para desazón de cualquier bibliófilo de pro, la criatura llamada Frankenstein que pulula por la imaginación popular tiene más del gigantón monstruoso del cine de la Universal que del personaje de Mary Shelley.

(La novia de Frankenstein, 1935 / Universal Pictures)

(La novia de Frankenstein, 1935 / Universal Pictures)

O, dicho de otro modo, por mucho que yo me pasee de vez en cuando por reginaexlibrislandia entre y torpe y vaporosa, ataviada con un vestido raído de tul gris, con el pelucón entalcado a ambos lados desde las sienes y almidonado en oblicuo como si me acabara de bajar de un aterrizaje forzoso en una avioneta sin casco, me asemejo a La novia de Frankenstein como un huevo a una castaña. A lo máximo que llego es a una versión cutre de la de Elsa Lanchester, totalmente desdibujada y sacada del contexto de su película original.

Pues eso, queridos, es lo que le pasa al pobre protagonista de la grandísima novela de Mary Shelley. Lo hicieron a retazos y llega al gran público también a retazos de versiones con los que cada cual se monta un personaje que poco tiene que ver con el ser real de la ficción original.

Y es que la de la Shelley es una más de esas novelas imprescindibles que son las grandes desleídas de las letras. La paradoja es que han trascendido tanto y se han versionado tantas veces que, pese a que en cada adaptación el original que las inspiró se va descomponiendo hasta llegar a ser irreconocible, siguen sin leerse, o se leen cada vez menos. Y es una pena, porque esa maravilla literaria entraña lecciones vitales a cada salto de línea, imbuidas del más puro romanticismo sin caer en la ñoñería gratuita.

Pero como yo ni muerta me resigno a que cualquiera que se adentre en reginaexlibrislandia deje escapar un novelón como éste, periódicamente me metamorfoseo en esa versión de andar por casa de La novia de Frankenstein y coloco en uno de los lugares más visibles de la librería una buena montonera de distintas ediciones (de bolsillo, tapa dura, ilustrada, adaptada por edades, etc) de Frankenstein o el Moderno Prometeo. Que por falta de visibilidad no sea. Y hoy estaba afanada en eso cuando uno de mis libreros va y me suelta:

Librero: Peeeeroooo…¿otra vez con Frankenstein, Regina?

Regina ExLibris: Sí, que ya tocaba.

Librero: ¿No crees que la gran mayoría la conocen y son capaces de pedirla si les apatece, sin necesidad de que se la metas por los ojos cada dos por tres?

Regina ExLibris: Pues mira, no. La gran mayoría no conocen al monstruo tanto como creen; no saben que la palabra Prometeo no está en el título al azar, y de hecho pocos conocen el título completo; ignoran que es una alegoría de la perversión científica y que al tiempo canaliza los temores de la maternidad que tenía Mary Shelley; tampoco tienen muy claro de qué género es, y puede que hasta desconozcan que hasta su origen es legendario.

Librero: Para, para, hija, que cuando te aceleras… A ver, lo del título te lo compro, pero ¿quién no conoce hoy a Frankenstein, mujer?

Frankenstein, Random House

Frankenstein, Random House

Regina ExLibris: ¿Lo ves? Es que Frankenstein, como tal no existe. El único Frankenstein que hay en la novela es Víctor Frankenstein, y el ser que él crea no tiene nombre más allá de “engendro”, “ser demoníaco” o “la criatura”. En cuanto a su apariencia Mary Shelley, inspirándose en el Satán de El Paraíso perdido de John Milton, esboza una criatura de más de dos metros de altura, con ojos vidriosos, piel cetrina y labios y cabello oscuros. Y lejos de ser un engendro violento e instintivo, aprende a leer, a hablar varias lenguas y reflexiona sobre la condición humana y sobre sí mismo, e incluso “adopta” el vegetarianismo que en vida abanderaba el matrimonio Shelley.

Librero: Mmm, ¿sin nombre, leído y vegetariano? Vale, punto para tí. ¿Y lo de la ciencia y la maternidad?

Regina ExLibris: Escrito durante las fases tempranas de la revolución industrial, el desprecio que muestra el Víctor Frankenstein por la naturaleza simboliza la arrogancia y el poder que desata el capitalismo y los avances tecnológicos, que erosionan la dignidad del ser humano. La rebelión de la criatura contra su creador es un mensaje del castigo derivado del uso irresponsable de la ciencia y la tecnología. Y en cuanto a la maternidad, cuando escribe el relato a Mary Shelley la maternidad le producía emociones encontradas (¿Y si mi hijo muere? ¿Y si muero? ¿Y si nace con malformación? ¿Y si no lo quiero? ¿Y si no me quiere? ¿Y si se vuelve contra mí?) y los canalizó en la actitud de Víctor ante su criatura. Aunque llegó a ser más explícita refiriéndose tanto a esta novela como al aborto que sufrió: “Creo que sólo soy capaz de producir hijos muertos…”

Librero: ¡Vaya tela, vaya tela! Venga, ok, esos son cosas profundas que tú sabes porque lees, analizas e investigas. Pero, ¿y lo del género? eso lo sabe todo el mundo, ¿no?

Regina ExLibris: Pues mira no, y yo tampoco lo tengo muy claro. ¿Es terror o es Fantasía-Ciencia Ficción? De hecho hace tiempo tuve un debate bibliófilo al respecto con un reginaexlibrislandiano. Yo lo tenía colocado en Terror, y el insistía en que la novela inauguró el género de la Ciencia Ficción…

Librero: No, si al final soy yo quien se va a llevar uno hoy. Porque, ejem, verás, es que yo tampoco me lo he leído. Y lo fui dejando justo por eso, porque di por sentado que las cosas eran como me imaginaba. Pero veo que no. Pues, nada, nada, sigue con tu campaña bibliofrankensteinadora. ¡Te ayudo!

Regina ExLibris: ¡Vale, IGOR, pues entonces traeme ejemplares de la de Mondadori y de la ilustrada de Nórdica! JAJAJAJAJA

Y ahí estuvimos un rato aquí la pseudo novia de Frankenstein e Igor-librero haciendo montoncitos por ediciones de la gran Frankenstein o el moderno prometeo. Porque sí o sí es un Clásico con mayúsculas que no debe relegarse al olvido.

NOTA DE REGINA EXLIBRIS:

Frankenstein, Nórdica

Frankenstein, Nórdica

En una noche de tormenta, los poetas Lord Byron, Polidori, Shelley y la esposa de éste se retaron a escribir una historia de terror antes del alba. Con 16 años, Mary Shelley gestó su Frankenstein o el moderno Prometeo, con el que dio forma a una de sus pesadillas más recurrentes, la de un ser monstruoso creado por el hombre con retazos de cadáveres. Con ella inauguraba el género de la Ciencia Ficción y alcanzaba una de las cimas del terror gótico-romántico, ahondaba en la rivalidad del hombre con Dios, planteaba cuestiones delicadas acerca del uso irresponsable de la ciencia y de la tecnología y del miedo a los distintos, y silueteaba a palabras una ya mítica criatura que, despojada del amor de su creador y rechazada por los hombres, se aísla y trata de dar sentido a su existencia y a su soledad llenando su doloroso vacío con poesía, lenguas y filosofía. Aunque se conozca la trama, merece una lectura. O dos.

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¡Silencio, cámara y acción! 7 novelas que Hitchcock filmó y que deberías leer

No nos vamos a engañar, querid@s, da cierto reparo empezar una novela cuya adaptación a celuloide has visto una, o incluso varias veces.

(Psycho, 1960/Paramount)

(Psycho, 1960/Paramount)

Piensas que no te va a enganchar porque ya conoces la trama y el final, sabes que te han pisoteado la libertad para imaginar personajes, situaciones y escenarios, y temes que, para colmo, pueden haberte masacrado sin pudor el original. Pero en el caso de Alfred Hitchcok quizá podamos darle una vuelta de tuerca al enunciado, y ver en el coloso británico no a un revienta-ficciones literarias, sino a un prescriptor de buenas novelas y relatos de suspense y thrillers psicológicos. Al fin y al cabo, queridos, él era un genio en lo suyo -el celuloide y el humor negro- y un altísimo porcentaje de sus guiones eran adaptaciones literarias. Así que, siendo realistas, antes que cineasta era buen lector. Y un buen lector es siempre un estupendo prescriptor de títulos en los confines de reginaexlibrislandia.

Y con ese espíritu cinefilo-bibliófilo he decidido homenajear a Sir Alfred Joseph Hitchcock, montando un rinconcito dedicado a 7 de las novelas que él filmó y que no deberías dejar de leer. Como he mencionado, de sus más de cincuenta películas en seis décadas de carrera, la gran mayoría provenían de obras literarias (novelas, relatos y obras teatrales). Pero por desgracia algunas están descatalogadas en castellano y otras son prácticamente imposibles de encontrar. De ahí que mi selección regina se base en nuestro criterio reginaexlibrislandiano y en las existencias en stock de esos títulos en sus respectivas editoriales.

¿Listos, reginaexlibrislandianos de pro?

Pues ¡Silencio, cámara y acción! Van 7 novelas que Hitchcock filmó y que deberías leer según Regina ExLibris:

1. Los treinta y nueve escalones. John Buchan. Losada. Publicada en 1915, filmada en 1935. John Buchan, escribió Los treinta y nueve escalones, cuando estallaba la I Guerra Mundial. En esta vertiginosa narración introdujo a su héroe famoso: Richard Hannay, atrapado en una dramática carrera para frustrar un complot contra Gran Bretaña. La visita de un vecino llamado Scudder pulveriza la monotonía de Hannay en Londres, al revelarle que ha tenido que fingir su muerte para escapar de una trama de conspiración y espionaje que detonará un conflicto bélico internacional. Horas después, Hannay encuentra a Scudder muerto en su apartamento, así que, convencido de que es una trampa para empapelarle el asesinato, toma el relevo en la misión de su vecino y va en busca de los enigmáticos 39 escalones. Así arranca una trama de huída hacia adelante para salvar el pellejo y resolver el misterio. Con un ritmo trepidante para ser una de las primeras novelas de espías, fue un best seller desde su publicación e inauguró la serie de otras cuatro novelas protagonizadas por Richard Hannay (Greenmantle, Mr. Standfast, Los tres rehenes y La isla de las ovejas).

Rebeca

Los treinta y nueve escalones.

2. La dama desaparece. Ethel Lina White. Alba Rara Avis. Publicada en 1936, filmada en 1938. Después de unos días algo ajetreados en un hotel de montaña del Este de Europa, la joven y rica Iris Carr coge impaciente el tren a Trieste. En un vagón repleto, la única persona que no parece serle hostil es una institutriz inglesa, la señorita Floy, con la que entabla conversación. Poco después se queda dormida y, al despertar, el lugar de su nueva amiga lo ocupa otra mujer. La señorita Floy parece haberse desvanecido: nadie en el tren recuerda haberla visto e Iris empieza a creer que no está en sus cabales, dudando de si aquella mujer es real, o si, como le sugieren otros, el episodio fue un sueño fruto del cansancio y la tensión del viaje. Sin embargo, Iris sabe que la damita inglesa es real y, con la ayuda de un joven que la cree solo a medias, trata de llegar a la verdad. Impecable muestra del misterio de la habitación cerrada, donde no hay cadáver pero sí una desaparición, y donde Ethel Lina White te lleva como lector al límite, inoculándote una ansiedad extrema con la silueta de la esquiva señorita Floy, y difuminando a golpe de letra la línea que separa lo real de la alucinación. Un tren que ningún lector debería dejar pasar.

 

La Dama Desaparece

La Dama Desaparece

3. Rebeca, Daphne du Maurier. Debolsillo. Publicada en 1938, filmada en 1940. Nadie que conozca la película homónima habrá olvidado la voz en off con la que que arranca Rebeca, la obra más lograda de Daphne du Maurier. “Anoche soñé que volvía a Manderley“. Así comienzan los tortuosos recuerdos de la segunda señora De Winter, que la transportan de nuevo a la impresionante mansión situada en la húmeda y ventosa costa de Cornualles. Con un marido al que apenas conoce, la joven esposa llega a este inmenso caserón que, aunque hermoso e imponente desde el exterior, oculta una atmósfera inquietante y opresiva. Desde que se instala, la joven va a ser inexorablemente fagocitada por la fantasmal presencia de la primera señora De Winter, la hermosa Rebeca, muerta pero nunca olvidada. Su habitación permanece intacta, sus vestidos listos para ser lucidos y su sirvienta, la siniestra señora Danvers, aún le profesa una devoción malsana. Y con el espeluznante presentimiento de que algo maligno le está aprisionando el corazón, la joven comienza a investigar el verdadero destino de Rebeca: el oscuro secreto de Manderley. Impresionante narración que es, a la vez, drama psicológico, novela de terror gótico y relato de suspense. Un artefacto literario perfecto que clava al lector en el ennegrecido corazón de Manderley para acompañar a su protagonista por el angustioso calvario de sus recuerdos. Brutalmente buena. Y no fue la única obra de la du Maurier que filmó el coloso inglés: entre otros, Los pájaros se basó también en un espléndido y sobrecogedor relato de doña Daphne.

Rebeca

Rebeca

4. La ventana indiscreta. Cornell Woolrich. Espasa Calpe. Publicada en 1942, filmada en 1954. Máximo exponente de la pericia narrativa de Cornell Woolrich (Nueva York, 1903-1968), uno de los mayores genios del suspense, cuyas tramas en apariencia anodinas y cotidianas devienen en situaciones límite y claustrofóbicas en las que la inteligencia, el sentido común y muchas veces el humor se convierten en los verdaderos protagonistas. La clave de su éxito fue poner el foco narrativo en la víctima, en personas corrientes siempre en manos del azar. En este caso es un hombre que, convaleciente de una lesión, está recluido en su casa y con la movilidad limitada. Si otra cosa que hacer, se entretiene observando la vida en los apartamentos situados frente al suyo, y de ahí pasa a voyerista semiprofesional, observando y analizando las costumbres, las idas y las venidas de sus vecinos. Y todo cambia el día en que una concatenación de pequeños cambios en la rutina de uno de los matrimonios le inocula la certeza de que se ha cometido un crimen y de que, salvo que él haga algo al respecto, el culpable saldrá impune. Una maravilla que es, a la vez, una inyección letal de suspense y adrenalina bibliófila en el lector.

La ventana indiscreta

La ventana indiscreta

5. Pero… ¿quién mató a Harry? Jack Trevor Story. Alba Rara Avis. Publicada en 1949, filmada en 1955. Verano, campiña inglesa, mariposas, tardes somnolientas, luz estival, noches estrelladas cargadas de magia y de quietud… y un cadáver abandonado en el bosque que parece no encontrar su lugar de descanso porque cada vecino y visitante que se topa con él lo desentierra para enterrarlo después en otro rincón a fin de autoinculparse del crimen. Cada cual tiene sus motivos, no para haber matado al difunto, sino para querer cargar con el muerto. Así que aquí lo que sobran son sospechosos y lo que tiene entre manos el lector es una hilarante vuelta de tuerca a los mecanismos del género policiaco y una comedia negra cargada de ironía y de humor inglés del bueno que Hitchcock filmó en 1955. Si la película es endiabladamente divertida la novela original es perversamente desternillante.

Pero ¿quién mató a Harry?

Pero ¿quién mató a Harry?

6. Extraños en un tren. Patricia Highsmith. Anagrama. Publicada en 1950, filmada en 1951. En la narrativa highsmithiana el crimen es una forma de realización personal, y Patricia Highsmith activa como nadie ese “yo perturbado” que cada lector lleva dentro introduciendo un héroe-criminal cercano y en alguna encrucijada cotidiana, frente a una víctima con la que no simpatizaría, porque conocerá cuanto sucede desde el punto de vista del protagonista, quien expone los hechos como buen psicópata: sin ápice de culpa ni empatía. Por eso Hitchcock la filmó de forma magistral y por eso al lector de Extraños en un tren más que de compadecerse por quienes van a morir, de lo que le entran ganas es de saber más de los mecanismos mentales de ese desconocido que le propone a otro un intercambio de asesinatos durante un viaje en tren. Tú matas por mí, yo por ti, nadie relaciona los crímenes y luego cada uno por su lado festejando en silencio el crimen perfecto. El sórdido dueto Bruno-Guy será, desde la página uno, un trío letal con un lector clavado en el mismo vagón de tren.

Extraños en un tren

Extraños en un tren

7. Psicosis, Robert Bloch. Factoría de ideas. Publicada en 1959, filmada en 1960. Norman Bates es un hombre solitario que, recluido entre alcohol y libros de psicología, regenta con su madre el Motel Bates, un pequeño edificio donde antaño se hospedaban numerosas personas que pasaban por la carretera. Ellos viven al lado, en el caserón sobre el Motel. Pero la construcción de una nueva vía asoló al establecimiento e hizo que el motel perdiera clientela, por lo que ya sólo tienen clientes ocasionales. Pero una noche de tormenta, cuando Norman se dispone a apagar las luces del Motel, un coche se detiene delante de la casa. Una mujer se apea de él, es Mary Craine, y, tiene su propia historia y, bastante nerviosa y agotada, solicita alojamiento. Las habitaciones son viejas y húmedas, pero están limpias, y el encargado, Norman Bates, parece un tipo bastante agradable, aunque un poco raro. Después Mary conocerá a la madre de Norman. Y verá el cuchillo de carnicero. La pesadilla acababa de empezar. Y el relato también. Una novelita de muy fácil lectura que engancha de principio a fin, que te deja suelto como lector en un enclave aterrador y bajo la sombra, no sólo de Norman Bates, sino de otra serie de personajes tirando a espeluznantes.

Psicosis

Psicosis

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6 novelas para leer y revisitar Florencia sin aglomeraciones

No falla, queridos. Cada vez que me hablan de Florencia me posee el espítiru de la Isabel Archer del Retrato de una Dama con abanico de encaje y todo.

(Retrato de una dama, 1996 / Gramercy Pictures)

(Retrato de una dama, 1996 / Gramercy Pictures)

Pero queda ahí la cosa: el pelucón se me metaforsea en algo parecido al Ponte Vecchio bajo el que fluye no el río Arno, sino un caudal de palabras muy particular: “Todo sobre Florencia parece estar coloreado con un tono violeta suave, como el vino diluido“. Amén, señor Henri James, amén.

Por eso, como hago con otras tantas ciudades como París o Nueva York, siempre tengo un rinconcito en reginaexlibrislandia consagrado a quienes ficcionaron sobre la maravillosa ciudad italiana. Son títulos que prescribo a discreción a quienes planean su primera incursión a Florencia como lectura complementaria a las guías de turno, pero también a quienes, habiéndola visitado sobreponiéndose con dignidad y paciencia al turismo de masas, quieren redescubrirla en soledad entre las páginas de colosales muestras de ficción pura.

Y hoy, por suerte, un reginaexlibrislandiano no asiduo se materializó ante mi para formular las palabras mágicas que me detonan la euforia biblioflorentina:

Cliente: Buenos días, señorita

Regina ExLibris: Buenos días, ¿puedo ayudarle?

Cliente: Eso espero. Verá, en unos días viajo a Florencia y aunque ya tengo una guía y planos quisiera leer alguna novela ambientada en la ciudad. ¿Me recomienda alguna? Hace años leí una maravillosa sobre Miguel Ángel, La agonía y el éxtasis, pero ya no se encuentra. Y, bueno, como le digo ya la leí. Buscaba otras.

Regina ExLibris: Ah, sí, de Irving Stone. Otra lágrima más en mi eterno llanto por los descatalogados… ¡brrr! En fin. Sí, claro, puedo sugerirle algunos títulos que forman mi selección particular. Los tengo en esta balda…

Y le mostré las 6 novelas (bueno, más bien 5 y una biografía) que integran mi pasaje literario a Florencia:

1. Una habitación con vistas. E.M. Foster. Alianza. Brillante sátira de la clase media inglesa en los albores del S. XX y del encorsetamiento victoriano. En ella Lucy Honeychurch viaja a Italia en compañía de su carabina en la que es su primera incursión fuera de la campiña inglesa. Allí, en una deslumbrante Florencia todavía a salvo del turismo de masas, pero ya integrada en el Grand Tour de los viajeros europeos, se debatirá entre dos amores, uno conveniente y otro no. Lucy, una talentosa pianista, deberá elegir entre el pensativo y apasionado George, o el sofisticado y seductor Cecil. Con una espectacular Florencia como telón de fondo, la joven se debatirá entre una pasión abocada al fracaso, o un amor correcto y discreto según los cánones victorianos. Sencillamente deliciosa.

Una habitación con vistas

Una habitación con vistas

2. Las muchachas de Sanfrediano. Vasco Pratolini. Impedimenta. Sanfrediano, céntrico barrio florentino ubicado en la orilla izquierda del Arno, acoge el depósito central de basuras, el hospicio y los cuarteles, y lo pueblan gentes humildes que no llegan a fin de mes. La nota de color la ponen sus mujeres, una estirpe de un pelaje único que llena sus calles de poderío, bravura y curvas. Pero todas comparten un único punto débil: Aldo Sernesi, un donjuán apodado «Bob», cuyo pasatiempo consiste en seducirlas a todas sin tener intención de casarse con ninguna. Silvana, Gina, Tosca, Mafalda, Loretta y Bice, encarnan a todas las muchachas de Sanfrediano engatusadas por Bob. Novias, amantes o simples conquistas que, al descubrirse víctimas del mismo perverso juego, unen fuerzas y urden un plan de venganza que dejaría temblando a la mismísima Hidra.

Las muchachas de Sanfrediano

Las muchachas de Sanfrediano

3. Retrato de una dama. Henry James. Penguin Clásicos. Es, sin duda, es una de las grandes novelas del siglo XIX. Su protagonista es Isabel Archer, una bella joven norteamericana que, tras recibir una cuantiosa herencia, decide emprender un viaje por Europa con escala en Florencia para tratar de dar esquinazo a un destino predeterminado que para ella es abrumador. Mientras su familia presiona para que se case, ella se aferra a su independencia con uñas y dientes, hasta que los acontecimientos se precipitan de un modo inesperado. Se enamora del galán equivocado y termina por ser la víctima de un maquiavélico plan. Quintaesencia del arte de Henry James, retrato espectacular de las diferencias entre Estados Unidos y Europa y aguda indagación en la psicología femenina, esta portentosa novela nunca agota su lectura.

Retrato de una dama

Retrato de una dama

4. La abadesa de Castro. Stendhal. Impedimenta. Primera de las novelle que integran sus “Crónicas italianas” o, lo que es lo mismo, El Renacimento italiano en estado puro según Stendhal: crímenes, adulterios, torturas, conspiraciones, ambición y venganza. Y, entre ellas, la La abadesa de Castro destaca con peso propio. Lo que en un principio parece una introducción al siglo XVI y la mentalidad de los florentinos, páginas después deviene en el tono desgarrado de un manuscrito que recoge un amor imposible entre un bandido bueno y una bella y joven noble. Página a página la historia adquiere profundidad psicológica, y pasa de lo pintoresco a lo dramático. Los personajes cometen errores, son egoístas y extremadamente crueles, acciones que se justifican en nombre de ese sentimiento desproporcionado que es el Amor en la Florencia renacentista.

La abadesa de Castro

La abadesa de Castro

 5. Miguel Ángel Buonarroti, florentino. Giorgio Vasari. Acantilado. A falta de ejemplares de La agonía y el éxtasis, de Irving Stone (me arranco un pelo del pelucón por cada libro descatalogado) echo mano del biógrafo del Renacimiento que, a mediados del S XVI, se entregó a un proyecto colosal: narrar las vidas de los más ilustres arquitectos, pintores y escultores italianos, lo que elevó a Vasari a consagrarse en padre de la historia del arte. Por suerte Acantilado editó el capítulo dedicado a Miguel Ángel. En él, con estilo ameno y profundo, Vasari no sólo disecciona al hombre que para él encarnaba los ideales renacentistas, sino también su ajetreada existencia así como las circunstancias del proceso creativo de algunas de las más notables obras maestras del arte occidental. Con un ritmo cautivador te sumerge en la vida y la obra del genio, siempre vinculado a Florencia.

Miguel Ángel Buonarroti, florentino

Miguel Ángel Buonarroti, florentino

6. Inocencia. Penelope Fitzgerald. Impedimenta. Si te rendiste a los pies de Penélope Fitzgerald con La librería estás de enhorabuena, porque puedes disfrutar de un paseito por Florencia de la mano de una de las plumas más poderosas de las letras del S.XX que, además de recrear de forma impecable escenarios y gentes, lo adereza todo con humor inteligente. Ahora nos introduce a Chiara, una joven que, tras acabar en un internado inglés, regresa a Florencia donde vive su familia, descendiente de una saga de nobles italianos venida a menos. Chiara se enamora del doctor Rossi, un hombre recio y con una inmensa conciencia de clase. Pero ya desde su primer encuentro sienten que todo y todos están en su contra. El carácter de ambos, insegura ella e inflexible él, tampoco ayuda demasiado. Pero todo cambia cuando alguien decide adoptar una medida sorprendente y extrema, fruto de una peculiaridad ancestral del temperamento familiar. Maravillosa.

Inocencia

Inocencia

El caballero, con el que hablé largo y tendido sobre cada una, se llevó los seis títulos y prometió regresar a comentarlas a su regreso de sus dos viajes a Florencia, el físico y el literario.

Y yo, que ya sabéis lo caprichosa y permeable que soy, le despedí y corrí a embutirme en la piel de Isabel Archer para, abanico en mano, perderme por entre las páginas de Retrato de una Dama y también de las otras cinco.

Que, como decía Miguel Ángel: « Mi alma no encuentra escalera al cielo a menos que sea a través de la hermosura de la tierra». Y yo sé que vosotros sabéis que todos sabemos que para mi la hermosura de la tierra tiene forma de libraco en reginaexlibrislandia.

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“Dame una novela para leer antes de mi safari por Kenia”

África significaba para Karen Blixen lo mismo que reginaexlibrislandia significa para mi.

(Memorias de África, 1985 / Universal Pictures)

(Memorias de África, 1985 / Universal Pictures)

A ella le daban la vida sus paisajes, colores, y gentes, y a mi me la inoculan mis confines atestados de libros. A las dos nos embarga esa certeza que ella puso negro sobre blanco: «Te despertabas por la mañana y pensabas: Estoy donde debo estar».

Además y para ser fieles a la verdad, ambas nos desenvolvemos en entornos unas veces leoninos y otras sofocantes y polvorientos. Pero, aún así, no abandonamos.

Y es que, qué queréis que os diga. A mi siempre me fascinaron por igual su vida y su obra. Tras su fracaso matrimonial ella, una joven e indomable aristócrata danesa decide permanecer diecisiete años sola en Kenia, cautivada por África y por un carismático aventurero inglés.

Os cuento esto porque hoy vino a mis confines un reginaexlibrislandiano asiduo con una curiosa y encantadora petición. Se casa en breve y la pareja viajará de luna de miel a un safari en Kenia. La afortunada, también reginaexlibrislandiana asidua y lectora voraz, no sabe lo que trama lo, aún hoy, su prometido:

Cliente: Regina, dame una novela para que la lea antes de irnos a Kenia

Regina ExLibris: Ahh ¡por supuesto, ya la tengo!

Cliente: ¿Cuál es?

Regina ExLibris: Yo tenía una granja en África, al pie de las colinas de Ngong…

Cliente: ¿Perdona? Eso me suena de algo, pero no a un título.

Regina ExLibris: Es el arranque de Memorias de África

Cliente: ¡Grande, Regina! Es perfecto. No se lo ha leído, ni yo tampoco. ¿Está bien, no? A ella le encanta la película, esa con con Meryl Streep y Robert Redford

Regina ExLibris: Sí, sí, a mi el libro me fascina. Pero, ojo, Memorias de África no es un relato tan lineal como sí lo es la versión que filmó Sydney Pollack en 1985. La grandeza de la novela, aunque es cierto que en su conjunto se cimenta sobre tres pilares argumentales (retrata el principio de la desaparición del imperialismo europeo, su historia de amor con el aventurero inglés y los paisajes y costumbres que la deslumbran), estriba en innumerables personajes, anécdotas y momentos que atraviesan esas tres grandes tramas como vívidas y electrizantes corrientes subterráneas. Ese es su punto fuerte. El toque de genio de la Blixen.

Cliente: Menudo personaje debió de ser, ¿no?

Regina ExLibris: Memorable, la mires por donde la mires…

Karen Blixen-Finecke (1885-1962), alias Isak Dinesen

Karen Blixen-Finecke

Se llamaba Karen Christence Blixen-Finecke (1885-1962) y era otra de esas criaturas de ficción pura, genéticamente dotada para transformar fragmentos de realidades y de personas en relatos absolutamente cautivadores. De familia aristocrática, se casó con un primo al que apenas conocía en un matrimonio que a ella le permitiría abandonar Dinamarca y a él montar, con la dote de su mujer, una granja cafetera en Kenia, y vivir bien.

La pareja, que nunca llegó a estar bien avenida, se divorció en 1925 y ella quedó a cargo de la plantación cafetera -sobreponiéndose a desastres naturales, presiones sociales y conflictos bélicos- hasta que la caída de los precios en 1931 la arruinó, por lo que tuvo que venderla a su pesar y regresar a Dinamarca.

Si bien ya había publicado alguna que otra pieza, es a su regreso de África cuando la nostalgia de “su hogar keniata” la empuja a destilar, atrincherada en el gélido refugio nevado del hogar familiar, su añoranza y sus recuerdos en forma de vívidas crónicas de los paisajes, la luz, los colores, las costumbres, la cultura y las personas con las que convivió en África.

Memorias de África

Memorias de África

Se publicarían como Memorias de África (Alfaguara) y Sombras en la hierba (Debolsillo), ella decidió firmarlas como Isak Dinesen, y le valieron la nominación al Nobel de Literatura en 1954. Finalmente se lo llevó Hemingway, quien siempre afirmó que era ella más merecedora del premio que él, fascinado por la obra, por el espíritu indómito y por el talento creativo de esta inigualable mujer. De hecho también son colosales sus relatos breves, como los volúmenes Cuentos de invierno, Siete cuentos góticos y Anécdotas del destino.

Leed a la Blixen/Dinesen, queridos, si no lo habéis hecho aún. Además de cautivaros con sus cuentos si leéis Memorias de África os aseguráis un viaje bibliófilo a sus impresionantes paisajes, sus colores, sus días cálidos y sus noches gélidas, sus lluvias y sus sequías, su flora, su fauna, sus gentes. Llenareis los pulmones con aire límpido, escuchareis el rugir de las fieras, os sobrecogerán las milagrosas tonalidades del cielo keniata y hasta danzaréis con los kikuyos. No os hará falta viajar al continente africano, aunque, eso sí, una ves sobrepasado el punto y final decidiréis que mataríais por ir allí.

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¿Cercad@ por adolescentes imposibles? 6 novelas para que maduren a librazos

Mira que hay momentos turbios en la vida de cada cual, pero el paso de la juventud a la madurez es uno de los tránsitos más escarpados, confusos, aterradores, excitantes y demoledores de la existencia humana.

(Taxi Driver, 1976 / Columbia Pictures)

(Taxi Driver, 1976 / Columbia Pictures)

Y es lógico, porque si lo pensamos con frialdad el proceso en sí es escalofriante, ya que durante un tiempo cohabitan dentro de cada cual dos seres antagónicos y en pie de guerra: el infante que se va y el proyecto de adulto que viene para quedarse, aunque no sabe muy bien cómo ni por qué. A la constante lucha interna le siguen ciertos periodos de paz, treguas pactadas en los que emerge un único ser con trazas de ambos y que se muestra ante el mundo entre ridículo, melancólico y desafiante.

Vivir ese brote psicótico efímero de epidermis para adentro y capearlo entre líneas como solemos hacer los bibliófagos es una cosa, pero observar la mutación desde la barrera y convivir en mayor o menor grado con esa criatura híbrida, obtusa, a ratos dulce e infantil y a ratos libertina, irreverente y chillona es, cuanto menos, desconcertante y casi siempre desquiciante.

Por eso cuando se adentran en mis confines padres, abuelos, tíos, padrinos e incluso hermanos en busca de una lectura que apacigüe, consuele e ilumine a “su bestia casera” me tintinea hasta el último pelo de mi pelucón. Hay muchas, muchísimas novelas de iniciación, aprendizaje o paso a la madurez firmadas por titanes de las letras que pueden llegar a ser el corcho al que la criaturita se puede aferrar en episodios de naufragios emocionales.

Yo tengo mi propia receta, mi selección de títulos imprescindibles para poder llegar a ser un ser humano de pro, y siempre que la Providencia Librera tiene a bien darme la ocasión yo prescribo mis seis títulos a discreción.

Y hoy ha sido uno de esos días. Una reginaexlibrislandiana asidua llegó pidiendo socorro:

Clienta: Regina, ¿qué tal? Verás, NECESITO ayuda.

Regina ExLibris: ¿qué te pasa?

Clienta: Me quedo con mi sobrino casi un mes y no hay quien lo tosa. Su madre tuvo que irse al extranjero, y como estoy de vacaciones me ofrecí a llevármelo y así pasar tiempo con él. Pero no llevo ni dos días Y NO PUEDO MÁS. ¡ES QUE NO PUEDO MÁS, REGINA!

Regina ExLibris: Pero, veamos, calma ¿qué edad tiene? ¿tiene algún problema?

Clienta: Va a cumplir 17. Y su problema es ese, que no sabe si mata o espanta. Está insoportable, nada le parece bien, a ratos está lloroso y otros me gruñe, es todo pose y no quiere saber nada del mundo más allá de su consola o su Smartphone. Se cierra en banda, en plan Werther, ya sabes.

Regina ExLibris: ¡Uffff, eso es un adolescente en todo su desquiciante esplendor!

Clienta: Sí, hija, sí. El caso es que nos vamos unos días a un lugar al que, prepárate, no puede llevarse la consola, no hay Internet y apenas hay cobertura… Imagínate el cuadro cuando se ha enterado: decir Guernica es suavizar mucho la escenita que me ha montado. Total, que he pensado que igual tienes en el pelucón alguna prescripción para estos casos extremos.

Regina ExLibris: ¡Ja, ja, ja! Sí, claro que la tengo. De hecho son seis las novelas que recomiendo para ataques de adolescencia extrema.

Así que ahora imagináis lo que viene, reginaexlibrislandianos de pro. Me saqué del pelucón 6 novelas para madurar a librazos que mi reginaexlibrislandiana se llevó proyectando en ellos todas sus esperanzas de materializar una convivencia pacífica con su sobrino en el retiro al que se dirigen.

¿Listos? Veámoslos:

1. Retrato del Artista Adolescente. James Joyce. Alianza. Stephen Dedalus es el alter ego de James Joyce en Retrato del artista adolescente, un fascinante viaje por el laberinto de emociones, anhelos y contradicciones de un joven dublinés en lucha contra la tradición católica y las convenciones burguesas bajo las que se siente anulado. Y mientras el sensible Dedalus trata de ser él mismo, arrastra al lector en su torrente de pensamientos en pleno desfiladero por la crisis de adolescencia, basculando entre la juventud y la madurez, con un espíritu artístico en ebullición y la dolorosa búsqueda de una voz propia con la que darle forma al mundo. Brillante.

 

Retrato del Artista Adolescente

Retrato del Artista Adolescente

2. Demian. Herman Hesse. Alianza. El genio alemán H. Hesse esboza en Demian la lucha interna de Emil Sinclair, un joven que se rebela contra el entorno luminoso y armónico de su niñez, al que él sabe que ya no pertenece, para emprender la búsqueda intuitiva y dolorosa de una identidad y un destino propios en la sordidez del mundo de los adultos. Su guía y referente a lo largo del relato de su crecimiento físico y espiritual será el carismático Demian, un magnético muchacho que lleva el estigma de los capaces de ser ellos mismos. Maravillosa de principio a fin.

Demian

Demian

 

3. Canadá. Richard Ford. Anagrama. Con uno de los arranques de novela más poderosos y rotundos de las últimas décadas Ford noquea al lector con el detonante de la odisea a la madurez de un quinceañero norteamericano. Se llama Dell Parsons, a sus padres los han detenido después de que atracaran un banco y la existencia de él y de su hermana gemela ha estallado por los aires. Sin salida, Dell huye a Montana para luego cruzar la frontera canadiense, donde le aguarda un turbio americano enigmático y violento que se hará cargo de él. Y en ese nuevo entorno, Dell tratará de recoger los pedazos de sí mismo y de su inocencia perdida para tratar de recomponerlos y ver qué clase de hombre puede llegar a ser.

Canadá

Canadá

4. La Metamorfosis. Kafka. Alianza. Un anodino viajante de comercio amanece convertido en un insecto repulsivo. Pero, paradójicamente, lo que Gregorio Samsa vive como una liberación de su identidad, más que como una mutación, provocará el rechazo implacable de su familia. La Metamorfosis es una aplastante alegoría de la extrañeza del hombre ante el mundo que condensa toda la intensidad de Kafka. Es uno de esos libros que todo el mundo debería leer al menos una vez en la vida. Tiene muchos contextos, infinitos matices, una vastedad de interpretaciones única y especial, y está dotado de una carga emocional tan fuerte y tan intensa que es imposible entrar en ese viaje kafkiano y no terminar absolutamente abrumado por la transformación de Gregorio Samsa y por la simbiosis con él. Y que quien jamás se haya sentido como una cucaracha en un plato de arroz, tire la primera manzana.

La Metamorfosis

La Metamorfosis

5. El guardián entre el centeno. J.D. Salinger. Alianza. Holden Cauldfiel es un adolescente cercado por su fracaso escolar, la rigidez de su familia, la muerte de su hermano, el sexo y las dudas, que decide pasar unos días solo en Manhattan antes de regresar a su casa para enfrentarse con su familia tras su expulsión del internado en el que residía. De esta forma y en ese estado de confusión, desconcierto y ansiedad Holden recorre la gélida Manhattan del invierno de 1949 con inolvidables escalas en el Edmont Hotel, el Greenwich Village, el Radio City Music Hall, la Grand Central Station, el Rockefeller Center, Central Park, el Museo de Historia Natural… y algún que otro tugurio cargado de humo, testosterona y alcohol. El guardián entre el centeno es su confesión a quemarropa y sin tapujos, la disección de su mente y alma adolescentes destiladas con su propio lenguaje, y la radiografía de Salinger de un muchacho devorado por las contradicciones que entrañan el cambio de piel de chico a hombre.

El guardian entre el centeno

El guardian entre el centeno

6. La hoja plegada. William Maxwell. LIbros del Asteroide. En los suburbios del Chicago de los años veinte, dos chicos antagónicos inician una insólita amistad: Lymie Peters, un muchacho empollón, esmirriado y un poco patoso, y el recién llegado Spud Latham, un verdadero atleta y estudiante mediocre. Spud acepta la devoción de Lymie sin cuestionarla, pero al terminar el instituto y comenzar la universidad, aparecen las primeras tensiones entre ellos. Lymie es el primero en conocer a Sally Forbes, pero ella se enamorará de Spud; este hecho marcará el inicio del distanciamiento entre los dos amigos. Pero la ruptura es más de lo que Lymie podrá soportar. Y es con las vidas de ambos muchachos como Maxwell, legendario editor del New Yorker y uno de los gigantes de la literatura norteamericana del XX, hilvana un maravilloso, sutil, divertido y conmovedor relato sobre la amistad, la búsqueda de referentes y el paso de la juventud a la edad adulta.

La hoja plegada

La hoja plegada

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Si buscas un manual de supervivencia social lee ‘Las amistades Peligrosas’

Pocos personajes de ficción me han cautivado de una manera tan absoluta como en su día lo hizo la Marquesa de Merteuil, protagonista de una novelita epistolar que aún hoy es todo un manual avanzado de supervivencia social. Vamos, que sales doctorad@ tras el punto y final.

(Las amistades peligrosas, 1988 / Warner Bros)

(Las amistades peligrosas, 1988 / Warner Bros)

Así que sí, queridos, soy devota de la Merteuil. La pérfida y joven viuda de rostro hierático y mirada de acero que se hace a sí misma en un entorno hostil, y logra ser la emperatriz del libertinaje a puerta cerrada mientras en sociedad resplandece parapetada en su halo de pulcritud moral y decoro extremo.

Esa que con sus impúdicas y venenosas cartas reta al Marqués de Valmont, ex-amante y compañero de correrías en su maquiavélico dueto, a ver quién de los dos es capaz de masacrar –primero por diversión, después por venganza- la felicidad y la virtud ajena de quien el otro proponga. Así es como, reginaexlibrislandianos de pro, empieza su juego. O, mejor dicho, así es como se desencadena una guerra. Y la Merteuil tiene clara su estrategia: Vencer o Morir. Si eso no promete biblio-diversión ya me diréis qué otra cosa lo hace.

Años después vi la adaptación homónima de la novela de Pierre Choderlos de Laclos que filmó Stephen Frears con una inmensa Glenn Glose, y la mimetización extrema de la Glose con la Merteuil de mi imaginación no solo me erizó hasta el último pelo del pelucón, sino que me regaló el que es, aún a día de hoy, uno de mis tantras vitales:

” Y aprendí a sonreír mientras bajo la mesa me clavaba un tenedor en el dorso de la mano”.

Y aunque la película me pareció magnífica –mejor que otras tantas versiones de celuloide, teatro y hasta ballet- sigue palideciendo al lado del texto original. Una novelita publicada por primera vez en 1782 y firmada por un lugarteniente del ejército francés, que escandaliza y fascina a partes iguales. Una novelita que todos deberíamos leer al menos una vez en la vida y que hoy ha sido la protagonista absoluta en reginaexlibrislandia, cuando uno de mis libreros me comentaba lo delicado que puede llegar a ser para los jóvenes el moverse y comunicarse por redes sociales:

Librero: Lo de los veinteañeros con las redes sociales no tiene parangón, Regina. Están expuestos, su intimidad y su vida, y ellos no son conscientes. Pueden destrozarles la reputación con un par de whatsUp o con algún comentario en Facebook. Y lo que hoy es una broma molesta puede afectarles mañana, porque en la Red nada desaparece. Se lo digo a mi hermana y como si no…

Regina ExLibris: Sí, es cierto. Bueno, casi todo lo que dices, porque, aunque el medio sea distinto y más potente hoy, siempre hubo mentideros y formas de pulverizar socialmente a otro. Es innato al ser humano, me temo. De todas formas, si quieres que reflexione llévale un ejemplar de Las Amistades Peligrosas.

Librero: A ver, Regina, ilumíname, ¿por qué debería leer Las Amistades peligrosas mi hermana ahora?

Regina ExLibris: Uy, querido. Tu hermana o cualquiera. Esa novelita epistolar es un curso avanzado de supervivencia social. Lo que en la Francia dieciochesca eran las cartas a pluma, son hoy las redes sociales. La cuestión es el contenido, las intenciones que lo inspiran, a quién vaya esa información y cómo la utilice.

Librero: Yo, la verdad… es que no me lo he leído. Vi la película, eso sí, hace años ya.

Regina ExLibris: Pues deja el libro que tengas entre manos y ponte con él. YA. Y después para tu hermanita. Se lee muy rápido porque cada carta es tirando a breve y misiva a misiva irás viendo cómo el maquiavélico dúo de Choderlos de Laclos consagra su vida a saciar un ansia irrefrenable de seducción y sometimiento. La negación de la afectividad en beneficio de la sensualidad es la clave de su alianza. Una alianza que terminará por romperse porque ni Merteuil ni Valmont vieron venir que el peor y más letal de sus enemigos no era el otro ni los demás, sino que estaba agazapado dentro de uno de ellos. Y dejarlo salir iba a ser el principio de su final. Es demoledor, y es uno de los libros más divertidos, descarados y seductores de la literatura universal.

Librero: Mmm, visto así. Lo tenemos en Cátedra y en Mondadori, ¿no?

Regina ExLibris: Sí, cualquiera de las dos traducciones es buena. Y ya sabes, la diferencia es el formato y, claro, el análisis que precede a la edición de Cátedra.

Y se fue finalmente con el ejemplar de Mondadori. Y yo decidí que, como cualquier excusa es buena para perderme por entre ese perverso y clarividente epistolario, la de leerlo a la vez que mi librero es tan buena como cualquier otra.

Así que eché el cierre, me empolvé el pelucón y la cara y me di a su relectura. Y, lo hice poseída por el espíritu de  la mismísima Madame de Merteuil, que “No buscaba el placer, sino el conocimiento”. Palabra de Regina Exlibris.

Las amistades peligrosas

Las amistades peligrosas

NOTA DE REGINA:

Las Amistades Peligrosas es un novelón de esos que te arden en las manos y que encierran un curso acelerado de supervivencia social. Si, porque más allá de que la adaptación al celuloide de 1988 fuera sublime y con un reparto de escándalo, la novelita epistolar es una auténtica maravilla que radiografía el alma de dos seres tan maquiavélicos como seductores de la alta nobleza de una ya decadente Francia dieciochesca. Las cartas, impregnadas de sus pasiones -altas, pero especialmente las más bajas– revelan al lector una a una el pulso entre la Marquesa de Merteuil y el Vizconde de Valmont, dispuestos a todo por masacrar al rival y salir airosos en un entorno en el que cada beso sabe a un veneno, en cada gesto late una traición y donde la inocencia se paga con la vida. Regia y fundamental.

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¡Lectores al tren! 6 novelas sobre raíles

Empezar una novela y coger un tren constituyen, para quienes nos alimentamos de la ficción pura, dos experiencias tan excitantes como llenas de posibilidades bibliófagas.

(Con faldas y a lo loco, 1959 / United Artists)

(Con faldas y a lo loco, 1959 / United Artists)

Si con el libro te aguardan historias y personajes entre líneas, apalancado en tu asiento observas, absorbes y completas las tramas, los silencios y las conversaciones entrecortadas de cada compañero de vagón, de compartimiento o incluso de chute de cafeína en la cafetería. Y son legión. Así que, como comprenderéis, cada vez que emprendo un viaje sobre raíles correteo enloquecida por los andenes en busca de mi vagón, y salivando tinta ante lo que se me viene encima hasta llegar a destino.

Y una vez apalancada en mi sitio soy la versión reginaexlibrislandiana de un perrito de salpicadero de coche, cabezeando en todas las direcciones con la boca abierta, los ojos desorbitados y el pelucón en estado de alerta para no perderme ripio.

Por eso no es de extrañar que exista un considerable número de escritores que, como yo, hayan sucumbido a la magia bibliófila del tren y, más aún, terminaran articulando y ambientando alguna de sus ficciones en trenes y entornos ferroviarios de todo pelaje.

Así que, si os parece, repasemos mi selección reginaexlibrislandiana de 6 novelas sobre raíles. ¿Listos?

Pues, venga, Reginaexlibrislandianos al treeeeeen!

1. Extraños en un tren. Patricia Highsmith. Anagrama. En la narrativa highsmithiana el crimen es una forma de realización personal, y Patricia Highsmith activa como nadie ese “yo perturbado” que cada lector lleva dentro introduciendo un héroe-criminal cercano y en alguna encrucijada cotidiana, frente a una víctima con la que no simpatizaría, porque conocerá cuanto sucede desde el punto de vista del protagonista, quien expone los hechos como buen psicópata: sin ápice de culpa ni empatía. Por eso al lector de Extraños en un tren más que de compadecerse por quienes van a morir, de lo que le entran ganas es de saber más de los mecanismos mentales de ese desconocido que le propone a otro un intercambio de asesinatos durante un viaje en tren. Tú matas por mí, yo por ti, nadie relaciona los crímenes y luego cada uno por su lado festejando en silencio el crimen perfecto. El sórdido dueto Bruno-Guy será, desde la página uno, un trío letal con un lector clavado en el mismo vagón de tren.

Extraños en un tren

Extraños en un tren

2. Asesinato en el Orient Express. Agatha Christie. RBA. Estambul, pleno invierno. El investigador belga Hércules Poirot decide tomar el Orient Express, que en esa época suele ir prácticamente vacío. Pero contra todo pronóstico el tren va lleno y solo gracias a sus contactos Poirot consigue un pasaje in extremis y sube al tren. Pasada la primera noche a bordo al belga le aguardan dos desagradables sorpresas antes del desayuno: el tren está detenido porque una tormenta de nieve mantiene bloqueada la línea férrea y un americano ha sido asesinado en el compartimiento vecino al suyo. Con el tren detenido por tiempo indefinido y el convencimiento de que ha sido un crimen pasional (varias puñaladas asestadas con saña) Poirot arranca una de las investigaciones criminales más memorables de la literatura. Todos los viajeros se ofrecen para prestar declaración y, tras los primeros interrogatorios, aparentemente nadie ha entrado ni salido del coche-cama del difunto durante la noche. Pero alguien miente y Poirot sabe que el asesino está en el tren. ¿Quién miente? ¿Por qué? ¿Cuántos están implicados en el crimen? ¿Cómo lo ejecutaron? ¿Dejaron cabos sueltos? ¿Logrará Poirot descubrir la verdad? ¿Y tú?

 

Asesinato en el Orient Express

Asesinato en el Orient Express

3. La dama desaparece. Ethel Lina White. Alba Rara Avis. Después de unos días algo ajetreados en un hotel de montaña del Este de Europa, la joven y rica Iris Carr coge impaciente el tren a Trieste. En un vagón repleto, la única persona que no parece serle hostil es una institutriz inglesa, la señorita Floy, con la que entabla conversación. Poco después se queda dormida y, al despertar, el lugar de su nueva amiga lo ocupa otra mujer. La señorita Floy parece haberse desvanecido: nadie en el tren recuerda haberla visto e Iris empieza a creer que no está en sus cabales, dudando de si aquella mujer es real, o si, como le sugieren otros, el episodio fue un sueño fruto del cansancio y la tensión del viaje. Sin embargo, Iris sabe que la damita inglesa es real y, con la ayuda de un joven que la cree solo a medias, trata de llegar a la verdad. Impecable muestra del misterio de la habitación cerrada, donde no hay cadáver pero sí una desaparición, y donde Ethel Lina White te lleva como lector al límite, inoculándote una ansiedad extrema con la silueta de la esquiva señorita Floy, y difuminando a golpe de letra la línea que separa lo real de la alucinación. Un tren que ningún lector debería dejar pasar.

La Dama Desaparece

La Dama Desaparece

4. Trenes rigurosamente vigilados. Bohumil Hrabal. Seix Barral. Aunque desconocida para demasiados lectores es, además de una de las novelas más emblemáticas del siglo XX, una divertida y entrañable historia sobre la resistencia frente al invasor nazi durante la IIGM protagonizada por los empleados de la estación de tren de un pequeño pueblo checoslovaco, que es un enclave estratégico cerca de la frontera con Alemania. El descubrimiento del amor y del deseo están presentes en el despertar al mundo adulto de Milos, aprendiz y verdadero héroe de la novela frente a la barbarie y la muerte, que sigue los pasos del hedonista jefe de la estación tras la atractiva telegrafista, y que deberá probar su valor arriesgando la vida para sabotear un tren enemigo cargado de munición. Lleno de humor, pequeños detalles, atrocidades, andenes, vagones, vías férreas, y quehaceres cotidianos se desarrolla esta pequeña gran historia donde solo el último eslabón de la cadena puede cambiar el curso de la historia. 

Trenes Rigurosamente Vigilados

Trenes Rigurosamente Vigilados

5. El señor Norris cambia de tren. Christopher Isherwood. Acantilado. En 1931, a bordo de un tren con destino a Berlín, William Bradshaw conoce a Arthur Norris, un británico de aspecto cómico e intrigante con el que entabla una amistad que le llevará a descubrir su personalidad poliédrica. El señor Norris dirige un turbio negocio de importación y exportación en Berlín; vive atemorizado por sus acreedores y su secretario Schmidt y sometido a su amante, la prostituta Anni; y se define, según la ocasión, como militante comunista, orador político, espía o agente doble. Como Adiós a Berlín, El señor Norris cambia de tren nace de las experiencias del propio Isherwood en el Berlín de la República de Weimar, y evoca con incomparable agudeza las luces y las sombras de la ciudad durante el auge del nazismo. Crónica magistral de una sociedad en decadencia que empezaba a bascular entre los últimos coletazos de la tolerancia y el frenesí de los locos años 20 y la barbarie extrema a la sombra de la esvástica.

El Señor Norris cambia de Tren

El Señor Norris cambia de Tren

6. El tren pasa primero. Elena Poniatowska. Alfaguara. Relato vibrante, hermoso y colosal del poder de convocatoria del ferrocarril, símbolo de la libertad, y las gentes que lo mantienen vivo y en marcha, en el México postrevolucionario. A Trinidad Pineda Chiñas, personaje central de la trama, el tren lo llevó a todas partes: a sitios que nunca imaginó, a insospechados saberes, oficios, personas, posibilidades y, sobre todo, al instante en que habló a sus compañeros ferrocarrileros con tal ardor y convicción que los convirtió en la vanguardia de la lucha de los trabajadores. Y juntos pusieron de cabeza al país y al régimen. El tren era su vida. Pero si ser ferrocarrilero es asunto de hombres, ninguno de ellos es nada sin las mujeres. Madres, esposas, maestras, amantes, hijas, rieleras transitan por estas páginas con pie firme y con la fuerza inabarcable que late dentro de cada una de ellas. Magistral canto al ferrocarril como símbolo y brillante crónica de un episodio clave de la historia mexicana en particular, y de la lucha de los derechos de los trabajadores en general. Retrato de una época y de una vida que transcurrió sobre raíles.

El tren pasa primero

El tren pasa primero

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Cúbrete bien, querid@, o Nabokov te noquea con su gancho de Lolita

Si estáis pensando en leer Lolita mejor os pongo sobre aviso, como hice con la reginaexlibrislandiana que vino a mis confines a por la novela de Vladimir Nabokov

(Desayuno para dos, 1937 / Manga Films)

(Desayuno para dos, 1937 / Manga Films)

El gigante ruso es un peso pesado y perderéis la pelea y algún diente, sí, pero el combate será una experiencia bibióflila inolvidable y no os lo debéis perder. Así que enfundaros los guantes a lo Barbara Stanwyck, subir al ring y preparaos para recibir lo que está escrito.

La apasionada confesión de Humbert Humbert es una historia de amor perversamente aderezada con tres ingredientes explosivos: la atracción por las nínfulas y el incesto por un lado (léase guante derecho) y el inmaculado lirismo, la ternura y la belleza con los que Nabokov articula el relato de esa abominación (léase guante izquierdo). A lo que hay que sumar un endiablado juego de pies del escritor ruso, que te mantiene danzando al son que él marca.

Basta con abrir el libro y avanzar un par de páginas para que, ¡DING! suene la campana y asistas como lector a una demoledora descarga de golpes de derecha directos al costado que te obligan a encajar como puedas el relato brutal y sórdido de una aberración: Un cuarentón de origen europeo cuenta cómo da rienda suelta a su obsesión por una niña de doce años. Se casa con su madre y, muerta ésta, abduce a la nínfula para arrastrarla a una huida por carretera. Mientras tanto la nínfula, chillona, caprichosa, algo perversa y definitivamente descarriada, es cada vez más consciente de su poder y de cómo jugar sus cartas en la situación en la que están.

Lolita

Lolita

Y antes de que puedas reaccionar, horrorizarte y hasta tirar el libro (léase toalla) te viene un gancho de izquierda directo a la mandíbula.

Es un golpe trampa, porque te espabila y te devuelve al combate: el inmaculado lirismo, la ternura y la belleza con los que Nabokov articula el relato de esa abominación te anestesian todo atisbo de juicio moral y te meten de lleno en una historia de -llamémoslo- amor, que te conmueve y espanta por igual.

Llegados a este punto Nabokov ya te tiene bailando al son que él marca dentro del cuadrilátero. Incluso en el cuarto y el quinto asalto se permite el lujo de hacerle un guiño a la Anabel Lee de Poe, inaugurar el género de las road novels y enfrentar la belleza serena de la vieja europa con los horrores suburbanos y de la cultura del plástico y del motel de la norteamérica de los 50s, encarnados por Humbert y Lolita respectivamente.

Y el resto, ya lo imagináis, más de lo mismo: bam, bam, bam. Y entre adrenalina, sangre, sudor y tinta te mantienes en pie, leyendo con un ojo a la virulé y aguantando asalto tras asalto la lluvia de golpes de genio perfectamente calibrados de ese maldito púgil de las letras.

Vladimir Nabokob

Vladimir Nabokob

Por fin llegas al punto y final. Has perdido, claro. Nabokov te ha noqueado con la última frase y tú te desplomas exhausta y sumida en un inesperado estado de  total y absoluto éxtasis libresco.

¿O acaso creías que Nabokov no iba a ser capaz de anularte el juicio moral a golpes de genio literario? ¿Pensabas que ibas a ser incapaz de conmoverte y deleitarte con una historia tan turbia? Para nada. Porque la de enfrentarse a la lectura de Lolita es siempre la crónica de un noqueo literario anunciado.

Y eso es lo que le va a pasar a mi reginaexlibrislandiana asidua (y espero que a alguno de vosotros, reginaexlibrislandianos de pro).

Lo mejor de todo es, además del libro a por el que vino en sí, cómo llegó a él:

Clienta: Hola Regina, ¿tienes ejemplares de Lolita, de Nabokov?

Regina ExLibris: Sí, claro.

Clienta: Es que, ¿sabes? El otro día me llevé La librería, de Penélope Fitzgerald, porque me lo recomendaste con otros de libreros y librerías. Y resulta que, bueno, como sabes a Florende los del pueblo no se lo ponen fácil de entrada, pero la cosa se le complica aún más cuando se plantea vender ejemplares de Lolita, de Nabokov, que acababa de publicarse y era todo un escandalazo. Y, ya ves, de esta no pasa: quiero leérmelo ya. ¡Ja, ja, ja!

Regina ExLibris: ¡Anda! ¡Me encanta cuando pasa eso! Es lo que yo llamo los Mapas de constelaciones literarias: un libro te lleva a otro, etc. Y, sí, en 1955 sólo la editorial Olympia Press de París se atrevió a publicarlo… y ardió Troya.

Clienta: Sí, sí. Y la verdad es que siempre lo he dejado “para después”. Pero ya no.

Regina ExLibris: ¡Muy bien! Pero cuando lo leas cúbrete bien, querid@, porque Nabokov te noqueará con su gancho de Lolita

 

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