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Reflexiones de una librera Reflexiones de una librera

Reflexiones de una librera
actualizada y decidida a interactuar
con el prójimo a librazos,
ya sea entre anaqueles o travestida
en iRegina, su réplica digital

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“¿Sabes qué autor le sugiere la librera al viejo en la película La librería?”

La Providencia Librera es gloriosamente imprevisible, querid@s, y más en reginaexlibrislandia.

(The Bookshop, 2016 / A Contracorriente Films)

(The Bookshop, 2016 / A Contracorriente Films)

De no ser así sería impensable presenciar pequeños milagros librescos como el que viví en mi librería poco antes de echar el cierre, cuando sin saber muy bien cómo se materializaron ante mí Penélope Fitzgerald y Ray Bradbury para bailar al son que tocó un reginaexlibrislandiano asiduo dando el compás con su bastón.

Y la que suscribe acabó, atónita, dando palmas con las orejas, con el pelucón desmadejado y una sonrisa entre radiante y bobalicona que me daba la vuelta a la cara.

La cosa fue así: estaba yo lamentándome por tener que orquestar la devolución de un título de fondo cuando mi reginaexlibrislandiano, de cuya presencia no me había percatado por tener la nariz literalmente metida en el ejemplar de la discordia, me devolvió a la realidad con un rotundo par de bastonazos en el suelo (Taq, taq).

Regina: Hola, caballero, ¿cómo va?

Cliente: Bien, bien… acabo de salir del cine, de ver la última de Isabel Coixet, la de La librería. ¿La has visto? Porque a ti te encantaría, Regina.

Regina: Sí, sí, ya la he visto. Una buenísima adaptación de La librería de la grandísima Penélope Fitzgerald. A ver, la Coixet se tomas sus licencias con respecto al original, pero lo cierto es que me gustó. La ambientación es impecable y borda a los personajes principales.

Cliente: ¡Fantástico! Entonces seguro que me puedes ayudar. ¿Recuerdas qué autor le descubre la librera al viejo ermitaño que vive entre libros y que tanto se parece a mi, enclaustrado y leyendo? ¡ja, ja, ja! Y no te hablo de Nabokov y su Lolita, sino de los otros…

Regina: ¡Jajajaja! Sí, hombre, sí. Tu alter ego en la película se llama Mr. Brundish, y lo de ese autor es una de las licencias que se tomó Coixet al adaptarla. Según ha comentado, es fanática de él y, como piensa que está infravalorado, es su particular homenaje a su obra.

Cliente: Mmm, eso lo explica todo. Porque yo leí la novela hace 7 u 8 años y no me sonaba nada de eso. De ahí mi desconcierto, Regina, aunque con la cabeza que tengo… Bueno, primero le envía un título, y luego él no hace más que pedirle otros nuevos del mismo autor.

(The Bookshop, 2016 / A Contracorriente Films)

(The Bookshop, 2016 / A Contracorriente Films)

Regina: Sí, así es

Cliente:¿Y bien? ¿Quién era? ¿Qué títulos le descubre? ¿Los tienes?

Regina: Pues nada más y nada menos que Ray Bradbury, uno de los pesos pesados de la Ciencia Ficción y artífice de una de las más grandes novelas distópicas. La primera que le envía es Fahrenheit 451, después Crónicas Marcianas y la que esperaban ambos es El vino del estío

Cliente: ¡Uy, sí! Ahora que lo mencionas recuerdo un fotograma con la cubierta del de los marcianos. Pero no soy yo mucho de ciencia ficción…

Regina: Te sorprenderás absolutamente enganchado a los libros y te sobrecogerá lo certeras que son las visiones y fantasías del Bradbury de los años cincuenta en el mundo de hoy, querido.

Tras charlar largo y tendido sobre Penélope Fitzgerald y sobre los tres títulos de Ray Bradbury, mi querido reginaexlibrislandiano se fue con ellos bajo el brazo y me dejó sobre el escritorio la promesa de volver a comentarlos cuando los termine (siempre lo hace).

Ahora, si os parece, repasemos esos títulos, que son de los que siempre pueblan las baldas de mi librería:

1. Fahrenheit 451. Ray Bradbury. Fahrenheit 451 es la temperatura a la que el papel se enciende y arde. También es la novela distópica por antonomasia (junto a 1984, de G. Orwell, y Un mundo feliz, de A. Huxley), que describe una civilización esclavizada por los medios, los tranquilizantes y el conformismo. En ella los libros están prohibidos y el trabajo de los bomberos como Guy Montag es quemarlos mientras las autoridades rastrean y eliminan a los disidentes que aún conservan y leen libros. La visión de Bradbury es brutalmente profética: pantallas de televisión que ocupan paredes con folletines interactivos; avenidas donde los coches corren a 150 kilómetros por hora persiguiendo a peatones; una población que no escucha otra cosa que una insípida corriente de música y noticias transmitidas por unos diminutos auriculares insertados en las orejas. Absolutamente sobrecogedor.

Fahrenheit 451

Fahrenheit 451

2. Crónicas marcianas. Ray Bradbury. Esta colección de relatos recoge la crónica de la colonización de Marte por una humanidad que huye de un mundo al borde de la destrucción. Los colonos llevan sus deseos más íntimos y el sueño de reproducir en el Planeta Rojo una civilización de perritos calientes, cómodos sofás y limonada en el porche al atardecer. Pero su equipaje incluye también los miedos ancestrales, que se traducen en odio a lo diferente, y las enfermedades que diezmarán a los marcianos.

Crónicas marcianas

Crónicas marcianas

3. El vino del estío. Ray Bradbury. En lugar de imaginar el futuro, Bradbury reconstruye su pasado en dos títulos sucesivos (El vino del estío y El verano del adiós). El primero es la crónica agridulce del verano de 1928 a través de los ojos y la voz de Douglas Spaulding, un muchacho de doce años en Green Town. Lo fantástico y lo cotidiano y lo tierno y lo abrupto aderezan de forma brillante esta deliciosa crónica de la infancia.

El vino del estío

El vino del estío

Y, dicho lo cual, repasamos esa maravilla bibliófila que es La Librería firmada por una de las grandes damas de las letras anglosajonas del SXX:

La librería. Penélope Fitzgerald. Impedimenta. Obra maestra de la entomología librera narra odisea de Florence, una viuda de guerra que quiere montar una librería en un pueblo costero de Sulfolk en 1959. Si con eso ya hay material para una buena historia, es en los matices donde reside la maestría de Fitzgerald. Porque Florece opta por una librería no solo por bibliofilia, sino porque su experiencia profesional fue en su juventud entre libros. Porque la aldea está aislada -su acceso por tierra es un infierno y la opción más directa es en una barca de remos- y en él no existe actividad comercial. Porque el local está infestado de ratas, de humedad y de poltergeist y, para remate, porque ese enclave es el elegido por la reina social local para su ateneo cultural, motivo por el que comanda una resistencia sutil y despiadada contra la librería. Así que Florence luchará con uñas, dientes, libros y su niña-ayudante para mantener a flote su negocio y resistir ante una presión vecinal que pasa de clama tensa a tormenta a punto de estallar cuando se plantea vender ejemplares de Lolita, de Nabokov.

La librería

La librería

 

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Perdóname por ser un “Gregorio Samsa”

Rechazar La metamorfosis por etiquetarla como “turbia fantasía entomológica” es uno de los peores patinazos que puede dar un lector, especialmente en Reginaexlibrislandia.

(Queen Cristina, 1933 / MGM)

(Queen Cristina, 1933 / MGM)

Primero porque se pierde una de las obras fundamentales de la literatura universal. Y segundo porque, si me pilla cerca, en cuestión de segundos se materializa un oscuro nubarrón en forma de hongo en el techo de la librería que descarga un chaparrón bibliófilo-regino de proporciones bíblicas.

Entonces yo me abro paso por entre la cortina de agua metamorfoseada en la Reina Cristina de Suecia para soltar mi perorata gregoriosamsiana al pobre desdichado. Y el atrezzo no es casual porque el personaje que inmortalizó la Garbo fue un ser desgarrado entre lo que quería (huir con su amante español) y lo que debía hacer (consagrarse a su corona). O, como ella le espetó a su amante “Perdóname por ser una Reina”. (Auuchh)

Y de algo así también va La Metamorfosis. Es más, querid@s, os diré que, de alguna manera, todos somos Gregorio Samsa.

La historia del viajante que se acuesta hombre y amanece insecto es una alegoría demoledora de la identidad personal y de la extrañeza del hombre ante el mundo, donde lo esencial no es la mutación en sí, sino las reacciones que detona en los demás.

Eso unido al estilo fotográfico de Franz Kafka hace de ella una obra maestra cuyo punto y final te golpea con la rotundidad de un mazazo en el cráneo.

El caso es que hoy, el hijo de una de mis reginaexlibrislandianas renegaba por tener que leerse por segunda vez La Metamorfosis (al parecer suspendió un ejercicio) mientras se adentraba en mis confines junto a su madre.

Cuando estaban al pie de mi escritorio y me pidieron un ejemplar porque había extraviado el que tenía, hizo su entrada con gran pompa Regina ExLibris de Suecia para tratar de gregoriosamsanizar al joven lector:

Regina: A ver, ¿tú te has sentido alguna vez como una cucaracha en un grano de arroz?

Cliente: ¿Cóoooomo? ¡jajajajajaja!

Regina: Sí, como que no encajabas. O de otra manera: ¿jamás has proyectado una imagen tuya que no es la verdadera, sino la que otros quieren ver? ¿No hay una parte de ti que no te atreves a exteriorizar? ¿No quieres hacer cosas distintas a las que se supone debes hacer?

Cliente: Sí, supongo…

Regina: Pues si es así, tienes más en común con Gregorio Samsa de lo que crees. Porque, en realidad, es de eso de lo que va La metamorfosis.

Cliente: ¿Pero no era una movida de un hombre que se convierte en bicho? ¿Hablamos del mismo libro? Porque yo no he leído nada de eso que dices.

La Metamorfosis (Akal)

La Metamorfosis (Akal)

Regina: Sí, pero esa transformación tan llamativa de hombre a cucaracha es la que usa Kafka como metáfora de lo que te estoy diciendo y de mucho más.

Cliente: Entonces no va solo de un mutante, ¿no?

Regina: No, la de Gregorio es la historia de un ser humano que por fin se muestra ante los demás tal y como es, y diferente a como esperan que sea. Esa diferencia es tan suya, le brota de tan adentro y con tanta rotundidad que a él no le incomoda su recién estrenada condición de “bicho” y se limita a ir acoplándose a ella con total serenidad. En este sentido, la alegoría de Kafka es tan inquietante como efectiva para evidenciar que cada ser humano es único y especial, y esa diferencia debe ser potenciada, nunca masacrada, a pesar de los demás.

Cliente: Ahhh

Regina: La clave no es la transformación de Gregorio, sino las reacciones de los demás. Eso es lo esencial. Y lo que viene a decir Kafka es que seas quien seas y como seas, y por muy aberrante que le parezca a otros el matiz de tu diferencia has de vivir con ella. Es parte de ti, y te hace ser especial.

Cliente: Vaya tela, entonces no me enteré de mucho, claro.

Regina: Léetelo pensando en lo que hemos hablado y me cuentas… Y, por cierto, ¿te suena algo sobre una manzana en el libro?

Cliente: ¿Una manzana? Mmmmm, pues no. ¿También muta en cucaracha o qué? ¿o es que se envenena con ella y por eso se transforma?

Regina: ¡Jajajajajaja! ¡Qué va! Pues fíjate en la manzana en esta segunda lectura y me comentas si es importante o no.

Cliente: ¡Vale! ¡A ver qué saco esta vez!

Y mientras abandonaban mis confines con su ejemplar de La Metamorfosis yo, aún reginadesuecianizada, observé la manzana que tenía bajo la mesa para el almuerzo.

Cubierta de La Metamorfosis por Barely Sparrow

Cubierta de La Metamorfosis por Barely Sparrow

Y pensé en el pobre Gregorio y en el miserable de su padre arreándole un manzanazo que resultó letal. Se le incrustó en el costado y, como nadie se la retiró, provocó una infección. Todo ello simboliza el castigo que lo lleva a su muerte, no solo por la herida en sí, sino por la indiferencia de su familia.

Y llegados a este punto soy tajante: La metamorfosis es uno de esos libros que todo el mundo debería leer al menos una vez en la vida. Tiene muchos contextos, infinitos matices, una vastedad de interpretaciones única y especial, y está dotado de una carga emocional tan fuerte y tan intensa que es imposible entrar en ese viaje kafkiano y no terminar absolutamente abrumado por la transformación de Gregorio Samsa y por la simbiosis con él.

Ah, por cierto, quien jamás se haya sentido como una cucaracha en un plato de arroz, que tire la primera manzana.

Y a mi, querid@s reginaexlibrislandianos de pro, y parafraseando a la Garbo-Queen Cristina: “Perdonadme por ser una… Regina Exlibris total y absolutamente gregoriosamsanizada

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“¿Por qué leer El cartero siempre llama dos veces si ya vi la película?”

Cuidaos de novelitas ligeras de aspecto inofensivo y argumento cautivador.

(El cartero siempre llama dos veces, 1946 / MGM)

(El cartero siempre llama dos veces, 1946 / MGM)

Sí, querid@s, son lo que yo llamo las femme fatale de la literatura, y las carga el Diablo. A lo Lana Turner.

A veces, adentrarse en ellas a la ligera es sinónimo de engancharse y de llegar maltrechos al punto y final.

Suelen reflejar escenas cotidianas de cualquier época y localización con protagonistas comunes pero, eso sí, llevados por las circunstancias, el deseo, la avaricia o la necesidad a situaciones límite.

Para mi, el ejemplo más claro de este tipo de “novelle fatale” es, sin duda, El cartero siempre llama dos veces, de J.M. Cain. Con ella el aún autor novel entró por la puerta grande en 1934 al Olimpo de las deidades del género negro, a codearse con sus coetáneos Raymond Chandler y Dashiell Hammett. Ahí es nada.

Apenas dos años después de su primera edición se adaptó a celuloide con Lana Turner y John Garfield. Y cuatro décadas después volvería a filmarse con Jessica Lange y Jack Nicholson. Por algo será…

De hecho, varias veces al comentar esta novela con reginaexlibrislandianos de pro he tenido la misma respuesta que me enerva el pelucón:

Regina: Llévate El cartero siempre llama dos veces, te encantará…

Clientes: ¿Y por qué leerla, si ya he visto las películas?

Pues porque, querid@s, es una novelita que, en apenas cien páginas, te pone la bibliofilia al rojo vivo. Porque leerla supone deslizarte en espiral a una velocidad vertiginosa, y el sonido de tu cráneo al reventártelo contra el suelo al tocar fondo en la última página es absolutamente estremecedor.

A mi, que me la he leído varias veces, no me salva del mamporro ni el efecto amortiguador de mi regio pelucón, y pese a eso en cuanto puedo la prescribo en Reginaexlibrislandia a discreción.

El cartero siempre llama dos veces

El cartero siempre llama dos veces

En la novela, ambientada en un punto remoto y polvoriento de Los Ángeles en plena Gran Depresión Americana, un buscavidas llamado Jack va a parar a un café de carretera regentado por un griego y su mujer, Cora, un bellezón sinuoso mucho más joven que él, fría y calculadora y tan harta de su marido como del tugurio en la que vive.

Jack y Cora se lían y, en pleno frenesí, ella deja caer que si su marido desapareciera ambos podrían quedárselo todo y empezar de cero en otro lugar. Así que matan al marido y, cuando empezaban a saborear el éxito y la riqueza, descubren el cadáver y cae sobre ellos a plomo la policía y la fiscalía, cuya estrategia es enfrentar a la pareja para que se delaten mutuamente. Dos víboras en la misma cesta. Y aquí, querid@s, empieza el rock&roll…

La novela está contada en primera persona por Jack en un estilo muy directo y está cargada de diálogos que te atizan como latigazos. Además, la trama está perfectamente aderezada con una mezcla explosiva de sexualidad y de violencia contenidas -nunca explícitas- que te cortan el aliento de principio a fin.

Según dicen las malas lenguas del mundillo literario James M. Cain se inspiró en La bestia humana de Zola para engastar ese microuniverso de maldad, de crimen, de turbias pasiones y de fatalismo en la América más castigada por la Depresión. Un aire tiene, no nos vamos a engañar. Pero la de Cain es redonda per se.

Así que si buscáis una novela para pasar un par de horas de frenesí libresco endemoniadamente brillante dejad lo que estéis haciendo y corred a por un ejemplar de El cartero siempre llama dos veces. Da igual si habéis visto alguna de las películas o las dos. La novela es uno de esos clásicos que deben ser leídos sí o sí, porque es sensacional.

Palabra de Regina ExLibris.

(El cartero siempre llama dos veces, 1946 / MGM)

(El cartero siempre llama dos veces, 1946 / MGM)

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6 personajes literarios de los que disfrazarse este Halloween

Quieras o no es prácticamente imposible sustraerse al oscuro encanto de la Noche de Difuntos, querid@s.

Rooney Mara es Lisbeth Salander (Columbia Pictures)

Rooney Mara es Lisbeth Salander (Columbia Pictures)

Y menos ahora que, sin saber muy bien cómo, cada 31 de octubre la tradición anglosajona nos envuelve como una substancia gelatinosa y color calabaza de la que no logramos desprendernos y calles, locales, comercios y gentes están -estamos- absolutamente halloweenizados. No hay escapatoria.

Pero hartos de toparnos con réplicas cutres de zombis, vampiros, brujas, momias, niñas del exorcista pasadas de vueltas, monstruos de andar por casa, psicópatas de pacotilla y a saber qué otra turbia criatura del Averno, en Reginaexlibrislandia hemos optado este año por darle un toque literario a nuestros disfraces.

Así que, con la premisa de que sí o sí el disfraz tiene que ser el de un personaje de novela y que no debe requerir una caracterización excesivamente compleja, hete aquí en qué 6 personajes literarios basados en novelones que nos encantan nos vamos a metamorfosear los reginaexlibrislandianos de pro este año por Halloween en mis confines librescos:

1. Hester Prynne. Letra escarlata, Nathaniel Hawthorne. Penguin. Con La letra escarlata Hawthorne alcanzó una de las cimas de la literatura del siglo XIX. En la ultrapuritana Nueva Inglaterra del siglo XVII, la irreverente Hester Prynne es objeto del escarnio público por haber engendrado un bebé con su marido ausente, y obligada a llevar bordada y visible una “A” de “adúltera color escarlata. Mientras tanto, su amante secreto, un reverendo devorado por la culpa, es digno de la estima general y un ser siniestro maquina contra ellos. Regia novela y maravilloso personaje el de una Hester tan fuerte como indómita que afronta un destino atroz con una dignidad inquebrantable.

Sugerencias de atuendo para Hester Prynne: Pelo recogido en moño, tocado blanco, vestido o capa negra hasta los tobillos con una letra A roja en el pecho, y un muñeco-bebé en los brazos.

La letra escarlata (Hollywood Pictures / Penguin)

La letra escarlata (Hollywood Pictures / Penguin)

2. Ignatius J. Reilly. La conjura de los necios, John Kennedy Toole. Anagrama. El mundo parece estar contra Ignatius Reilly, uno de los personajes más memorables, excéntricos, glotones, mordaces e irreverentes de la literatura que llena una disparatada, ácida e inteligentísima novela ambientada en los bajos fondos de Nueva Orleans. Aunque agridulce, la carcajada escapa por sí sola ante las situaciones desproporcionadas de esta gran tragicomedia, en la que Ignatius, atrincherado en su cuarto, se atiborra de comida basura mientras despotrica y escribe miles de páginas de esa gran obra que redimirá a la humanidad del capitalismo rapaz que la consume. Pero todo cambia cuando se ve obligado a salir al mundo real a ganarse la vida y a codearse con todo y todos a quienes detesta.

Sugerencias de atuendo para Ignatius Reilly: Imprescindible ir desaliñado, con bigote, gorro con orejeras, bufanda, camisa de franela, guantes sin dedos, chaquetón o gabardina, pantalones raídos y botas de montaña. Simular ser corpulento con relleno bajo la camisa si uno no lo es “de serie”. Libreta en un bolsillo, hojas sueltas garabateadas  y perritos calientes (reales, o de gomaespuma) en las manos.

La conjura de los necios (Anagrama)

La conjura de los necios (Anagrama)

3. Alex DeLarge. La naranja mecánica, Anthony Burguess. Booket. Precedido por la polémica y eclipsado por la versión en el celuloide de Kubrick, La naranja mecánica es una de esas citas pendientes cuya lectura se aplaza sin fin. Error fácilmente subsanable y que proporciona satisfacción inmediata, ya que la novela de Anthony Burguess, pese a la aparente crudeza del mundo que describe, es un alegato a la libertad entendida como la posibilidad de elegir entre el bien y el mal. En ella, Álex, un joven apasionado de Beethoven, sale cada noche junto a su trío de drugos  a dar rienda suelta a lo que llaman «ultraviolencia» hasta que ocurre algo que le hace cambiar… o no.

Sugerencias de atuendo para Alex DeLarge: La cara empolvada de blanco, ojeras difuminadas y el ojo derecho con pestañas postizas. Bombín negro o similar y botas militares. Calzoncillos blancos largos o pantalón blanco (para nota un suspensorio blanco sobre los pantalones), camisa blanca y tirantes blancos. Bate de béisbol, botella con leche y algún dispositivo con el que reproducir la Sinfonía nº 9 en re menor 4º mov.

La naranja mecánica (Warner Bross / Booket)

La naranja mecánica (Warner Bross / Booket)

4. Jack Torrance. El Resplandor, Stephen King. Debolsillo. Si el terror tiene nombre -Stephen King-, una de sus cimas es El Resplandor. Se haya visto o no la adaptación al cine de Kubrick , la novela es estremecedora e inquietante de principio a fin. En ella un escritor llamado Jack Torrance, su mujer y su hijo se mudan a un hotel asilado para gradarlo hasta el fin del invierno. Pero el pequeño Danny tiene un don que despierta fuerzas diabólicas y advierte del peligro que les acecha. Una obra maestra de esas que pasaréis cada página con la sensación de que un dedo flaco y gélido os presiona el corazón. Cada personaje -el hotel incluido- es brutal, el ritmo es endemoniado y su lectura os absorbe a una atmósfera y unos hechos que no olvidaréis más allá del final.

Sugerencias de atuendo para Jack Torrance: Pelo enmadejado, barba de dos días, camisa de franela, chaqueta roja o granate, pantalón vaquero, botas de montaña y hacha en mano. Ir gritando como un poseso: “Weeendy, Wendy, honey” . Quienes quieran darle un toque diferente pueden introducir la cabeza en un cartón o cartulina color marrón para simular la escena de la puerta.

El Resplandor (Warner Bros / Debolsillo)

El Resplandor (Warner Bros / Debolsillo)

5. Lisbeth Salander. Trilogía Millenium, Stieg Larsson. Destino. Con Los hombres que no amaban a las mujeres, primera entrega de la trilogía Millenium, Stieg Larsson dibujó dos investigadores de órdago: la hermética, indomable y exótica Lisbeth Salander y el sagaz Mikael Blomkvist. Ella, de veintipocos, flaca, sembrada de tatuajes, asocial y hacker nata y él, periodista de mediana edad, quijotesco y con un olfato infalible para la corrupción. Un tándem tan original como inesperado que se topa con la desaparición de una chica tres décadas atrás en el seno de una poderosa familia de industriales, que es además la pista de un asesino en serie, mientras airean las vergüenzas de Suecia en la revista Millenium y comparten cama y más. Un thriller de muy alto voltaje.

Sugerencias de atuendo para Lisbeth Salander: Cara empolvada de blanco, ojos con líneas marcadas en negro y sombra negra difuminada. Imprescindible cigarrillo y vestir de negro, con chaqueta de cuero tipo motero, pantalones holgados de hombre o pitillos, botas militares, camiseta raída y simular piercings y tatuajes si es que no se tienen de serie. Llevar mochila con un macbook de pega y pelo negro corto, en cresta o, en su defecto con la cabeza cubierta por capucha negra. Cualquier adorno punk encajará.

Millenium I (Columbia Pictures / Destino)

Millenium I (Columbia Pictures / Destino)

6. Jack Griffin. El hombre invisible, H. G. Wells. Alianza. Un joven científico vive por y para una obsesión: lograr la invisibilidad. Tras años de experimentos fallidos da por fin con una fórmula que funciona con animales, por lo que solo le resta que sea efectiva en humanos, empezando por él. Es así como Jack Griffin llega a un pueblecito de West Sussex (Inglaterra) dispuesto a atrincherarse en la posada local para trabajar de día y optimizar su fórmula de noche. Pero pronto ese desconocido que sale a hurtadillas embutido en su abrigo, con el sombrero bien calado, guantes, lentes oscuras y el rostro oculto tras lo que parece una venda se convertirá en la comidilla local… hasta que el terror se apodera de todos cuando Griffin, además de perder su corporeidad, pierde la cordura y da rienda suelta a sus peores instintos.

Sugerencias de atuendo para Jack Griffin: Cabeza vendada a excepción de ojos, orificios nasales y boca (o, en su defecto, un verdugo blanco-carne), sombrero calado, gafas de sol, nariz de pega, traje, abrigo o gabardina, guantes y zapatos. Petaca o frasco bien cargado de “la pócima”.

El Hombre Invisible (Universal Pictures / Alianza ed.)

El Hombre Invisible (Universal Pictures / Alianza ed.)

 

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6 psicópatas de novela con los que no querrías pasar el rato en la vida real

Si tuviera que montar una cenita con un grupo de selectos psicópatas literarios me embutiría en la piel de Lizzie Borden para, hacha en mano, presidir la velada.

(Lizzie Borden Chronicles, 2005 / Sony Pictures)

(Lizzie Borden Chronicles, 2005 / Sony Pictures)

Que soy algo turbia y pelín sanguinaria, querid@s, pero no tonta. Y como hay razones más que suficientes para pensar que con semejante compañía la velada bien podría culminar en un orgiástico y feroz apocalípsis de sangre, miembros y vísceras, pues que sea yo quien despedace, empale y descabece a mis comensales, en lugar de que alguno de ellos se haga un pudding con mis sesos o se pegue un homenaje regino con mi carne trémula.

Y no, no es que haya enloquecido, es que hoy uno de mis libreros, que al parecer está preparando una tesis sobre el temita de los asesinos más sanguinarios de las letras, tuvo a bien soltarme antes incluso de mi tercera taza de café mañanero:

“Oye, Regina, ¿con qué asesinos en serie de ficción te quedas tú?”

Y, claro, lo de Lizzie Borden, alias “la asesina del hacha” me vino al pelucón para la puesta en escena de mi respuesta regina por lo maravillosamente bien que la encarna Christina Ricci en la serie catódica que ficciona sobre la vida y obra de quien fuera la única sospechosa de los asesinatos de su padre y su madrastra, en la casa familiar en 1892 en Fall River, Massachusetts.

Total, que una vez estuve perfectamente lizziebordenizada tuve bien clarito a qué grandísimos y letales antihéroes, a qué 6 asesinos en serie literarios sentaría a mi mesa o, mejor dicho y para que no penséis que estoy si cabe aún más perturbada, con qué 6 psicópatas de novela la que suscribe como que no querría pasar el rato en la vida real:

Norman Bates, Hannibal Lecter, Dexter Morgan, Patrick Bateman, Lou Ford y Tom Ripley.

 ¿Os suenan? Vamos, querid@s, no seáis tímidos. Os los presento uno a uno:

1. Norman Bates. Psicosis, Robert Bloch. Factoría de ideas. Norman es un hombre taciturno y solitario que regenta junto a su madre el Motel Bates. Ahora apenas tienen huéspedes, porque la apertura de una vía rápida condenó la carretera comarcal y cercenó el continuo trasiego de viajeros que antaño se hospedaban allí. Pero a pesar de estar aislados, Norman y su madre lo mantienen abierto, y viven en el caserón sobre el Motel. Pero una noche de tormenta, cuando Norman está a punto de apagar las luces, llega una mujer en busca de alojamiento. Ella tiene su propia historia y, aunque recela del lugar porque es decadente y húmedo, está agotada y nerviosa y no desconfía del encargado que, aunque un poco raro, no parece un mal tipo. Cuánto se equivoca. Para ella la pesadilla acababa de empezar. Y el relato también. Una novelita de muy fácil lectura que engancha de principio a fin, que te deja suelto como lector en un enclave aterrador y bajo la sombra amenazadora de una galería de personajes tirando a espeluznantes con un sobrecogedor Norman Bates a la cabeza. Años después de Psicosis Robert Bloch volvería a dejar suelto a Norman en Psicosis 2 y La Mansión Bates (Psicosis 3.)

Norman Bates. Psicosis

Norman Bates. Psicosis

2. Hannibal Lecter. El Silencio de los Corderos. Thomas Harris. El mundo cayó rendido al perverso y refinado encanto de Hannibal Lecter con El Silencio de los corderos, o, mejor dicho, tras la espléndida adaptación homónima que desató la hanniballectermanía. Pero Harris narró la evolución de su voraz criatura en una pentalogía cuyos títulos no escribió en orden cronológico: El dragón rojo; El silencio de los corderos; Hannibal y, por último, Hannibal, el origen del mal, todas ellas ya con su versión en celuloide. Para retratarlo nos centraremos en la segunda, un potente thriller psicológico en el que a Clarice Starling, joven y ambiciosa estudiante de la academia del FBI, le encomiendan entrevistar a Hannibal Lecter, brillante psiquiatra y despiadado asesino aficionado a convertir a sus víctimas -o más bien algunas partes de ellas- en delicatessen culinarias para maridarlas con el mejor vino. El objetivo es que les ayude a cazar a un asesino en serie. El asombroso conocimiento de Lecter del comportamiento humano y su poderosa personalidad cautivarán a Clarice, quien, incapaz de dominarse, establecerá con él una ambigua, inquietante y peligrosa relación. Trepidante encuentro de Clarice con una mente tan brillante y enferma como exquisita y perversa. Brutal.

Hannibal Lecter. El Silencio de los Corderos.

Hannibal Lecter. El Silencio de los Corderos.

3. Dexter Morgan. El oscuro Pasajero. Jeff Lindsay. Books4pocket. Educado, atractivo, tímido, pulcro por fuera y vacío por dentro. Así es Dexter Morgan, el magnético psicópata que perfila Jef Lindsay en El oscuro pasajero, una novelita gloriosamente inesperada con la que el lector emprenderá un morboso viaje al día a día de un asesino en serie que, aunque odia la sangre, trabaja como especialista en restos de sangre para la Policía de Miami. De su trabajo Dexter, que canaliza sus pulsiones asesinas a su manera, obtiene información sobre sus víctimas: criminales escurridizos o erróneamente absueltos con los que sigue un meticuloso ritual y jamás incumple su particular código de conducta Pero su macabra rutina es interrumpida por el reguero de cadáveres que deja un alte-ego anónimo que no solo parece tener un estilo idéntico al suyo, sino que invade su coto de caza e incluso quiere jugar con Dexter. Brillantemente adaptada a serie televisiva homónima, es una novela tan trepidante como cautivadora que continua en Querido Dexter, Dexter en la oscuridad, Dexter por decisión propia, Dexter el asesino exquisito, Dexter por dos y Dexter, cámara, ¡acción!

Dexter Morgan. El oscuro Pasajero

Dexter Morgan. El oscuro Pasajero

4. Patrick Bateman. American Psycho. Brett Easton Ellis. Punto de Lectura. Patrick Batterman es un yuppie del Wall Street de los 80: tiene 27 años, vive en Manhattan, y todo lo que hace, tiene, come, bebe, viste, calza, se trajina y se esnifa es de altísimo standing. Graduado en Harvard es vicepresidente del departamento de fusiones y adquisiciones de Pierce & Pierce. Por el día trabaja, despilfarra en locales exclusivos y cuida su cuerpo y su imagen hasta el delirio. Y por la noche -o incluso a plena luz del día- rebana cuellos de otros yuppies, de indigentes y de niños, tortura a prostitutas y trepana cráneos de animales. Es sádico y caníbal. Tal cual. Y la American Psycho donde Bret Easton Ellis lo deja suelto es un despliegue extraordinariamente visual de violencia obscena, salpicado de comentarios sobre la música y la moda de los 80. Unos y otros son descritos de forma minuciosa y aséptica: tan pronto te cuenta su rutina diaria de ejercicios como la forma en que tortura, mutila y masacra a dos chicas mientras lo filma todo. Aunque no es apta para cualquier paladar bibliófilo (más bien es solo para unos pocos y, de hecho, la película homónima es un cuento de hadas al lado de la novela) no deja de perfilar a uno de los psicópatas más memorables de las letras.

Patrick Bateman. American Psycho

Patrick Bateman. American Psycho

5. Lou Ford. El asesino dentro de Mi. Jim Thompson. RBA. Jim Thompson silueteó en Lou Ford su propia visión sesgada e inquietante de la vida estadounidense de los 50. Ford es un joven adjunto al shérif del oeste de Texas, lleno tanto de la cordialidad propia de una ciudad pequeña como de una furia asesina. Así, en tan solo unas cuantas páginas, los modales afables y el encanto casero de Ford se desvanecen para revelar algo más sombrío, salvaje e insondable. Porque Ford es una bestia fascinante, cuyos actos son violentos y repugnantes, pero como desde el primer momento nos abre su mente y estamos presentes antes, durante y después de comenterlos, se crea una inesperada empatía criminal. Y en este sentido la habilidad narrativa de Thompson es tal que, a medida que avanza el relato, la identificación del lector con Ford no se resquebraja del todo ni cuando le da una paliza mortal a su prometida. La anomalía feroz de Ford, que arrastra una compleja historia familiar detrás, no es una manifestación de una tara individual, sino de los males de la sociedad estadounidense de posguerra. Una obra maestra.

Lou Ford. El asesino dentro de mi.

Lou Ford. El asesino dentro de mi.

6. Tom Ripley. A pleno sol. Patricia Highsmith. Anagrama. Como ya sabeis, queridos, no solo soy patriciahighsmithiana hasta la médula, sino que soy una groupie de Tom Ripley. Por eso él no podía faltar aquí. Por eso y porque es uno de los psicópatas más logrados de la literatura, un joven diabólicamente brillante, amoral, camaleónico y obsesionado con el estatus y el dinero. Un asesino y un ladrón con el que la Highsmith disecciona el engranaje psicológico del malhechor. Mi Tomy es el protagonista de cinco novelas magistrales que arranca con A pleno sol (El Talento de Mr. Ripley). En ella, cuando un magnate le pide que viaje a Italia para devolverle a su hijo descarriado, Ripley inicia un baile de máscaras en el que el asesinato y la suplantación son, junto a una ausencia total de empatía con las víctimas, sus señas de identidad. Y todo eso engarzado en una prosa a ratos frenética a ratos letárgica, marca de la casa. Después llegarían La máscara de Ripley; El amigo americano; Tras los pasos de Ripley; Ripley en peligro. En todas Tom Ripley es exquisito, impenetrable, audaz, insolente y con algún que otro estallido de violencia, sin remordimientos y capaz de ejecutar a cualquiera con una eficiencia feroz por la pura necesidad de ser otro. Ahí radica su encanto.

Tom Ripley. A pleno sol.

Tom Ripley. A pleno sol.

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“Si te reíste con Bridget Jones no dejes de leer a su bisabuelo literario”

Que levante la mano el reginaexlibrislandiano que no haya protagonizado un solo momento Bridget Jones en toda su vida.

(Diario de Bridget Jones, 2001 / Miramax)

(Diario de Bridget Jones, 2001 / Miramax)

Ese instante en el que el maldito universo se alía en tu contra para que, cuanto más empeño pones en mostrarle al mundo la mejor versión de ti más ridículo pareces. Sí, como Bridget haciendo su aparición estelar en la supuesta fiesta de Fulanas y Vicarios embutida en su traje de conejita con orejas y pompón trasero incluido. Patinazo regino de proporciones bíblicas y muestra de un tipo de humor que se ensaña con el hecho de que cuanto más tratas de encajar a la fuerza en un arquetipo más y más histriónicamente evidencias tu absoluta e irremediable disonancia con él.

Y es que, queridos, la divertida novela de Helen Fielding (Diario de Bridget Jones) y su estupenda adaptación homónima siguen la estela de un tipo de humor, el inglés, que pulveriza la flema británica y ciertos convencionalismos a carcajadas, independientemente de su marco histórico.

Y hoy se adentró a mis confines librescos una joven reginaexlibrislandiana en busca de un ejemplar de Bridet para regalárselo a una amiga. Y así fue como detonó la charla que nos llevó directas hasta Charles Pooter, el Bisabuelo literario de la Jones:

Clienta: ¿Qué tal, Regina?

Regina Exlibris: Divinamente, ¿y tú?

Clienta: Muy bien. Vengo a la caza del Diario de Bridget Jones. Quiero regalárselo a una amiga que lleva una mala racha y, aunque no es de mucho leer, seguro que le encanta y le anima. Yo me reí un montón… y además se lee fácil. ¿Lo tienes?

Regina Exlibris: Sí, buena elección. Le gustará.

Clienta: Es un pedazo de personaje, ¿verdad? ¡Única, la tía!

Regina Exlibris: Mmm, bueno, más bien digna descendiente de sus ancestros. Bridget Jones es una de las muestras contemporáneas del humor inglés, que ya se daba en plena era victoriana, y que tiende a ridiculizar estereotipos y convenciones sociales. En este caso el de una treintañera soltera y rellenita en un hábitat donde, si no tienes un cuerpo diez y no has cazado marido ni procreado, mal vas… Entre otras cosas, claro.

Clienta: Sí, esa es la clave. Ella es un desastre total, pero tiene más que ver con muchas de nosotras que el rol al que parece aspirar, o, mejor dicho, al que la empujan. ¿Y qué otros libros hay anteriores?

Diario de un Don Nadie

Diario de un Don Nadie

Regina Exlibris: Pues mira, tienes a Evelyn Waugh o a P.G. Woodhouse, por ejemplo. Pero para mi el bisabuelo literario de Bridget Jones es Charles Pooter.

Clienta: ¿Charles Pooter?

Regina Exlibris: Sí, protagonista y narrador del Diario de un Don Nadie, escrita por George Grossmith e ilustrada por su hermano Weedon, que apareció por entregas en la revista Punch entre 1888 y 1889, y que se publicó en 1892. Es un clasicazo del humor y no ha dejado de imprimirse desde entonces.

Clienta: ¿Y de qué va?

Regina Exlibris: Pues verás, Charles Pooter es un oficinista mediocre y charlatán, aficionado a los chistes bobalicones y con aspiraciones sociales, que nos narra 15 meses de su día a día en el Londres victoriano. Su absurdo afán por mostrarse como un ciudadano ejemplar le lleva a hacer el ridículo casi continuamente, lo que a su vez encierra una sarcástica disección de los modales y costumbres de la época victoriana tardía. ¿Te suena?

Clienta: ¡Sí, sí! Es más o menos como lo que te comentaba de Bridget Jones.

Regina Exlibris: Ambos son ejemplos del arquetipo del inglés ansioso con el que sus autores se ríen de sí mismos e ironizan sobre su hábitat social.

Clienta: ¡Dime que lo tienes aquí, Regina, que me lo llevo también!

Y se fue con Bridget Jones y su bisabuelo literario bajo el brazo.

Y mientras la observaba abandonando mis confines reginos traté de imaginarme qué papelón hubiera hecho Charles Pooter en una no fiesta de Vicarios y Fulanas. Seguro que no desentonaría con la conejita Bridget. Ni yo tampoco.

Así que corred si podéis a por un ejemplar del maravilloso Diario de un Don Nadie (Nórdica), de George & Weedon Grossmith, y os echaréis unas risas de libro. Palabra de Regina Exlibris.

(Diario de Bridget Jones, 2001 / Miramax)

(Diario de Bridget Jones, 2001 / Miramax)

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7 novelas para saber si darías el perfil de trader de éxito en la turbia élite financiera

Codicia, sexo, poder, excesos, pocos escrúpulos y mucho, muchísimo dinero rápido.

(Armas de mujer, 1988 / 20th Century Fox)

(Armas de mujer, 1988 / 20th Century Fox)

Esas serían, queridos, los siete pilares de la sabiduría rapaz sobre los que se erige desde la década de los 80 el submundo de las altas finanzas con puntales en las grandes capitales financieras, y que han detonado crisis económicas de proporciones bíblicas, polarizando el reparto de la riqueza a nivel planetario. Y yo, desde mi atalaya libresca contemplo entre líneas cómo, a pesar de todo, el tanque sigue a rebosar de yuppies, traders, brokers o como queráis llamarlos. Tiburones en la veintena, ambiciosos hasta el delirio, vestidos de alta costura, pilotando cochazos, yates y jets, y con querencia a empolvarse la nariz, que son la sangre fresca que permite que ese retorcido corazón financiero siga bombeando dinero y colapsando el sistema.

Porque no nos engañemos: que Melanie Griffith en Armas de Mujer encarnara, junto con Harrison Ford y Sigourney Weaver, la versión mas naíf, edulcorada y americandreamizada de la lucha por abrirse paso en el Wall Street de los 80 no eclipsa la turbia verdad: en los mercados financieros solo prosperan quienes carecen de sensibilidad y de empatía. Nada, pero nada que ver con la mítica canción de cabecera de la película de Carly Symon: “Let the river run, let all the dreamers
wake the nation. Come, the New Jerusalem
“. Y un cuerno, querid@s. Que esta gente se embotella el agua del río y se la bebe a precio de oro, no sueña porque esnifa y su Nueva Jerusalem es el nombre del burdel más exclusivo de occidente.

Y todo esto viene porque hoy en reginaexlibrislandia un reginaexlibrislandiano asiduo vino a buscar un ejemplar de La hoguera de las vanidades:

Cliente: Hola, Regina. ¿Tienes ejemplares de La hoguera de las vanidades?

Regina ExLibris: ¡Hola! Sí, del gran Tom Wolfe.

Cliente: Es que el otro día volví a ver la película y también la de Wall Street, y me picó el gusanillo. Por el entorno este de los yuppies pasados de vueltas y las finanzas en los 80, ya sabes.

Regina ExLibris: Sí, la de Wolf es una de las grandes novelas del Nueva York retratada como epicentro del capitalismo ochentero. A mi me encantó, la verdad. Pero no es la única ¡el tanque sigue llenito de tiburones, querido!

Cliente: ¿Sí? ¿Hay más literatura de ese tipo?

Regina ExLibris: La hay, sí. Y más que por su valor literario destacan porque son autobiografías noveladas de tiburones que abandonaron el tanque. No solo en los 80, también en los 90 y ya entrados en el XXI.

Cliente: Curioso. ¿Me enseñas algunas?

Regina ExLibris: ¡Vamos allá! Te voy a sugerir 7 novelas para que puedas reconocer a un verdadero trader de éxito. ¡Ja, ja, ja!

Y así sin más confeccioné mi selección reginaexlibrislandiana de 7 novelas para saber si tienes lo que hay que tener para ser trader en la élite financiera:

1. Memorias de un operador de Bolsa. Edwin Lefevre. Deusto. Esta fascinante mezcla de novela histórica, económica y biográfica, donde aritmética, dinero, poder y dolce vita son sinónimos, parte de una docena de artículos publicados por el periodista Edwin Lefèvre entre 1922 y 1923 en el Saturday Evening Post, y narra la vida de Larry Livingston, un operador de bolsa, alter ego literario de Jesse Livermore (1877-1940), mago de las finanzas y uno de los mayores especuladores de todos los tiempos. Uno de los puntos claves del libro es su disección de los turbios albores de los mercados de valores modernos, especialmente las prácticas fraudulentas en las corredurías -los rumores, la operativa a crédito, la manipulación, las colocaciones de acciones, etc- en el día a día del corazón financiero del mundo. Un clásico de obligada lectura para cualquier analista bursátil y una curiosa lectura para los no versados en bolsa, pero con la mente el paladar bibliófilo inquietos.

 

Memorias de un operador de Bolsa

Memorias de un operador de Bolsa

2. La hoguera de las vanidades. Tom Wolfe. Anagrama. Esta monumental y ambiciosa novela de Tom Wolfe, su primera incursión en la narrativa más allá del periodismo, es una crítica tan brillante como brutal de las ramificaciones del capitalismo rapaz del Wall Street de 1980 y la gran novela de Nueva York por excelencia. En ella conocemos a un tal Sherman McCoy, un joven yuppie, adinerado y arribista, que es la joven estrella de una prestigiosa firma de brokers. Pero su suerte cambia el día que, tras recoger en el aeropuerto a su amante, ésta atropella a un joven negro al atravesar el Bronx camino de su coqueto picadero en el centro. A partir de ahí todo y todos se vuelven en su contra para hundir a Sherman y para mostrar las entrañas de la ciudad que representa el epicentro del dinero y el poder, una sucia ratonera plagada de conflictos raciales y envidias de clase donde todos quieren hacerse ricos cuanto antes y como sea, y donde el dinero, el sexo y el poder son las monedas de cambio de todo el mundo.

 

La hoguera de las vanidades.

La hoguera de las vanidades.

3. El póquer del mentiroso. Michael Lewis. Alienta. Antes de las caídas de Enron o Lehman Brothers, en los ochenta ya se produjo uno de los mayores escándalos financieros de la historia, el crac de Salomon Brothers, la mayor inversora de Nueva York. Y este libro narra la experiencia del autor como exitoso trader de la compañía. Con una fuerte carga de ironía, Lewis recrea una época marcada por la ética de la codicia, la frivolidad y la ambición desmesurada, con epicentros en Wall Street y la City londinense, donde veinteañeros sin experiencia ni escrúpulos vivían en la abundancia y lo arriesgaban todo en apuestas imposibles. Lewis dibuja un retrato mordaz de sus tres primeros años en uno de los mayores bancos de inversión del mundo, desde el insólito proceso de selección y su posterior experiencia como aprendiz, hasta su ascenso al epicentro del espíritu rapaz que guiaba el mercado financiero de la época.

 

El póquer del mentiroso

El póquer del mentiroso

4. El lobo de Wall Street. Jordan Belfort. Booket. Autobiografía del ya legendario “moderno broker caído” del Olimpo de Wall street tras haber pulverizado el mercado bursátil con prácticas fraudulentas en los 90, y cuya adaptación homónima filmara Martin Scorsese con Leonardo DiCaprio en la piel de Belfort, alias “El lobo de Wall Street”. En la novela Belfort cuenta su meteórica y turbia ascensión a la cima de la élite financiera, donde, una vez asentado y siempre hambriento de dinero y de todo tipo de excesos dentro y fuera de la oficina -sexo y droga en la jornada laboral eran parte de la cultura corporativa que Belfort alentaba y financiaba-, se mantuvo hasta que el FBI lo detuvo y lo encarceló acusado de múltiples fraudes y estafas. Con un ritmo frenético no solo detalla orgías y excesos, sino que también describe la ingeniería financiera que diseñó para embolsarse varios cientos de millones de dólares y poder blanquearlos y derrocharlos a su aire.

El lobo de Wall Street.

El lobo de Wall Street.

5. Directo al infierno. John LeFevre. Deusto. John LeFevre desarrolló una exitosa y fulgurante carrera en el mundo de las finanzas al conseguir, nada más terminar la universidad, una de las 350 plazas vacantes en Salomon Brothers. Trabajó en Nueva York, Londres y Hong Kong, ciudades en las que se sitúan la mayoría de vivencias que relata en el libro, un retrato descarnado del lado más salvaje de los negocios en el que airea los trapos sucios del submundo de las altas finanzas contemporáneas. Orgías de sexo, alcohol, drogas, codicia ilimitada y noches de lujuria y desenfreno. Conductas sórdidas, honorarios amañados y soplos a los buenos clientes son el código de (des)honor de la élite de las finanzas del S.XXI. Porque para este joven texano y sus colegas de profesión el compañerismo consistía en examinarse mutuamente la nariz para comprobar que no sangraba antes de una reunión.

Directo al infierno

Directo al infierno

6. Cómo provoqué la crisis financiera. Tetsuya Ishikawa. Planeta. La historia de Tetsuya Ishikawa revela cómo un joven graduado de Oxford, inexperto, ambicioso y sin escrúpulos, empieza a trabajar en un banco de inversiones donde gestiona grandes sumas de dinero de otras personas rodeado de millonarios que se dedican al champán, el caviar, las mujeres y la cocaína. Los derroches en lujosos restaurantes de Londres o Manhattan o en refinados burdeles de Fráncfort se suceden, mientras venden o negocian con unos productos financieros tóxicos camuflados en un complejo entramado que pocos pueden entender. El libro, que explica con habilidad los instrumentos financieros, es a la vez una historia sobre la inocencia perdida y una inquietante exposición sobre la codicia y la fragilidad del sistema bancario que permite que un veinteañero lleve una vida desenfrenada mientas crea y vende miles de activos tóxicos que arruinarán a pequeños ahorradores.

Cómo provoqué la crisis financiera

Cómo provoqué la crisis financiera

7. Calle Erottaja. Karo Hämäläinen. Bruguera. Las matrices de las grandes empresas de Helsinki están radicadas en una única calle que, con el tiempo, ha pasado a dar nombre a los principales mercados financieros de Finlandia: Erottaja. También da título a este apasionante thriller financiero en el que el escritor finlandés Karo Hämäläinen narra la historia de tres socios que fundan una entidad e intentan aprovecharse de la quiebra de los bancos islandeses tras la caída de Lehman Brothers para especular y hacerse de nuevo con el poder total de Erottaja Investment Partners. Con una narrativa potente, Hämäläinen ficciona pero también describe las dinámicas reales de un sistema económico que ha detonado una crisis global sin precedentes. Una inquietante novela que explora los sórdidos entresijos del mundo financiero, corroído y retroalimentado por la corrupción sistemática durante décadas.

Calle Erottaja

Calle Erottaja

 

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“¿Tienes una novela en la que a la Reina de Inglaterra le da por leer?”

Quienes sufrimos bibliobulimia severa atesoramos novelas que van sobre libros y cualquier criatura bibliófaga, real o inventada.

(The Queen, 2006 / Pathé)

(The Queen, 2006 / Pathé)

Gracias a la Providencia Librera hay escritores que ficcionan sobre esas variables, e incluso las extreman urdiendo sus tramas con personajes arrastrados a su pesar al subversivo placer de la lectura, que acaban convertidos en lectores compulsivos, para gozo y deleite de nuestra bibliofilia.

Que los bibliomaniacos nos peguemos a este tipo de literatura como un insecto a una bombilla es algo instintivo. Y lo es porque entre sus páginas no solo nos topamos con bibliomaniacos de nuestro pelaje y condición, sino que además -y aquí, querid@s, está la clave- son un maravilloso nicho de descubribilidad libresca. Con los títulos y autores citados redimensionamos nuestros particulares mapas de constelaciones literarias.

El caso es que hoy recuperé, gracias a la petición de una reginaexlibrislandiana de pro, uno de esos títulos que engrosan mi balda consagrada a libros que hablan de libros y con los que, periódicamente, le induzco comas librescos a mi bibliofilia.

La cosa fue así:

Clienta: Hola Regina, ¿cómo vas?

Regina ExLibris: ¡Ah, hola! Muy bien, donde me dejaste la última vez…

Clienta: Eso esperaba: encontrarte aquí. Verás, vengo a por el la de Isabel Allende que tengo pendiente, y buscaba otra cosa, pero me da apuro porque apenas tengo datos.

Regina ExLibris: Pues tú dirás, ya sabes que esas cosas me activan.

Clienta: Es que me hablaron de un libro que… bueno, en fin, allá va: ¿tienes una novela en la que a la Reina de Inglaterra le da por leer?

Regina ExLibris: ¿A Isabel II, o a qué reina de Inglaterra?

Clienta: No, no: a la de ahora, Isabel II. Es ella, seguro. Y un muchos libros.

Regina ExLibris: Mmm, ¡Sí! Es sin duda Una lectora nada común, de Alan Bennett

Clienta: ¿Y qué tal es? Porque cuando me hablaron de él me picó la curiosidad.

Regina ExLibris: Sí, es una fabulita endemoniadamente divertida sobre el día en que Isabel II se topa con un bibliobús aparcado en Buckingham. Ella, tan regia y tan cumplidora, decide coger un libro y… bueno, literalmente se arma la bibliomarimorena. A ella le da por leer cada vez más animada por las visitas del bibliobús y por uno de sus pinches de cocina, y cuanto más lee más quiere leer y menos quiere, digamos, cumplir con sus reales tareas. Y a su gente -familia y miembros del gobierno- no sólo no le gusta esta nueva afición real, sino que tampoco aprueban que lea lecturas no aprobadas institucionalmente. ¡Es maravillosa! Además Bennet ficciona sobre el trazado literario que sigue la reina: Ivy Compton-Burnett, Proust, Genet e incluso Nancy Mitford, si es que hoy no me patina el pelucón.

Clienta: ¡Sí, si, si! Es esta fijo. ¡Qué ganas de leerla, por dios!

Regina ExLibris: Pues aquí la tienes. Te va a entusiasmar, te llevará a otros libros y autores, y la leerás con una sonrisa de principio a fin, ya verás.

Y se fue con sus libros en el bolso y la promesa de comentar el librito de Alan Bennet en su próxima visita a reginaexlibrislandia.

NOTA DE REGINA EXLIBRIS:

Una lectora nada común

Una lectora nada común

Los devotos del ‘que-pasaría-si’ y de la literatura por cuyas manos aún no haya pasado la gloriosa Una lectora nada común son muy, pero que muy afortunados. Y lo son porque tienen por delante una divertida e incisiva fábula sobre el poder de la literatura que el británico Alan Bennet levanta a partir del encuentro fortuito entre la reina de Inglaterra y un bibliobús público que, estacionado en una de las puertas del palacio de Buckingham, abastece de lecturas a prácticamente todo el personal de Palacio. Isabel II se siente entonces obligada a llevarse un libro, y será precisamente ese inofensivo y regio gesto el que desatará en la soberana un apetito voraz por las letras que, avivado por las imprevisibles sugerencias de un joven de las cocinas, no solo escandaliza a todos sus asesores y familiares, sino que va agrietando el hasta entonces inquebrantable compromiso de la mujer con sus quehaceres reales. Y todo porque la mujer-Isabel, con ganas de jubilarse, le va ganando el pulso a Isabel II-la Reina a librazos. Deliciosa, y terriblemente divertida.

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Sí, querid@, estas 8 series míticas de tv también vienen de novelas

Aplaudo enérgicamente cualquier potencial vía de conexión de una novela con un lector.

(El sueño eterno, 1946 / Warner Bros.)

(El sueño eterno, 1946 / Warner Bros.)

¡La que sea! En eso soy muy bibliomaquiavélica, querid@s,  y si el libro puede llegar a ser el fin, bienvenido sea el principio que lo llevó hasta él. Regina Exlibris dixit.

Porque si ahora las grandes plataformas digitales tiran de literatura para producir series exclusivas a las que se enganchan millones de espectadores en todo el mundo, basta con que un pequeño porcentaje de esos televidentes acabe yendo a la bibliofuente de turno para leerse el original para que mi bibliofilia se venga arriba y se me ilumine más que el Strip de Las Vegas.

Os cuento esto porque esta tarde en reginaexlibrioslandia tuve una interesante charla con un reginaexlibrislandiano asiduo que, precisamente, vino a mis confines en busca de un libro al que llegó desde una serie:

Cliente:  Hola, Regina, ¿tienes El cuento de la criada?

Regina Exlibris: De, Margaret Atwood. Sí, lo tengo, de Salamandra.

Cliente: ¡Bien! ¿Lo leíste?

Regina Exlibris: Sí, es abrupto, inquietante y absolutamente colosal. Vamos, 100% Atwood.

Cliente: Es que en casa hemos estado enganchados con la serie de HBO, y ahora me dio por leérmelo.

Regina Exlibris: ¡Ahh! Aún no la he visto, pero la tengo en cola.

Cliente: Últimamente parece que tiran de libros, ¿eh?

Regina Exlibris: Bueno, últimamente… tú que eres de mi quinta habrás visto series míticas de los 70 y 80, y gran parte de ellas, las mejores, se basaron en novelas.

Cliente: ¿De esa época? Espera, mmm, pues, veamos, es que me vienen El Equipo A, Dinastía, El coche fantástico. Pero no hablarás de esas, ¿no?

Regina Exlibris: Jajajaja. Esas también tenían su aquel, pero no. Te hablo de algunas producciones británicas de la BBC, otras en EEUU y ya más en los 90 incluso aquí, en España, se adaptaron muy bien según que novelones. Algunas otras eran más para un público infantil-familiar, pero aún así inocularon tinta en los televidentes.

Cliente: Pues, dime a ver si caigo..

Y a partir de aquí le recité las 8 series televisivas míticas basadas en novelas de las que hoy se pueden conseguir ejemplares tanto en reginaexlibrislandia como en otras librerías, porque de otras tantas (Raíces, de Alex Haley; o Norte y Sur, de John Jakes) se han descatalogado sus títulos (¡¡¡argggg!!!!).

¿Listos? Van, pues, los 8 títulos:

1. Retorno a Brideshead. Evelyn Waugh. Tusquets. La vuelta de Charles a la elegante mansión de lord Marchmain, convertida ahora en cuartel por la guerra, le devuelve a un pasado en que recorría embelesado sus jardines y salones, y se dejaba seducir por sus singulares habitantes, en especial por el ambiguo y cautivador Sebastian y su fascinante hermana, lady Julia, y el misterio que envuelve a toda la estirpe. Un libro soberbio, se mire por donde se mire.

Y una no menos colosal adaptación a cargo de la BBC que, tras su estreno en 1981 marcó un antes y un después en la historia televisiva. Con un reparto estelar (Jeremy Irons, John Hurt, Derek Jacobi, John Gielguld, Alec Guiness, Laurence Olivier) sus diez capítulos consumaron uno de los affaires más perfectos que nunca se hayan podido dar entre el medio catódico y la literatura. Un auténtico serión.

Retorno a Brideshead

Retorno a Brideshead

2. Yo, Claudio. Robert Graves. Alianza. Hay que ser Robert Graves o, lo que es lo mismo, un consumado novelista e historiador experto en Roma para firmar Yo, Claudio, un maravilloso mosaico de seiscientas páginas que contienen toda la grandeza, la miseria, las traiciones, los fratricidios, las sangrientas purgas, la depravación y la sabiduría que tiñeron de sangre y oro medio siglo de la Roma imperial con Augusto, Tiberio y Calígula al mando, todo contado en forma de autobiografía ficticia de puño y letra de Claudio, destinado a lo más alto sin pretenderlo. Una novela fascinante y cargada de sabiduría que todos deberíamos leer al menos una vez en la vida.

Y tenía que ser de nuevo la BBC británica la que en 1976 adaptara a miniserie catódica semejante novelón y salir airosa. Consta de 13 capítulos en los que se adapta tanto la trama de Yo, Claudio, como de su continuación Claudio, el dios, y su esposa Mesalina. El reparto, con actores del teatro shakespeariano, estaba encabezado por Siân Phillips (Livia), Derek Jacobi (Claudio), John Hurt (Calígula) y Brian Blessed (Augusto). Antológica.

Yo, Claudio

Yo, Claudio

3. El pájaro espino. Colleen McCullough. Ediciones B. En esta mítica novela, de esas que son best selles de boca-oreja, McCullough narra una historia que nos lleva al corazón de la Australia de 1915 con una trama cargada de sueños, secretos, oscuras pasiones y un amor prohibido. En ella asistimos a la gesta de tres generaciones de la familia Cleary, pero sobre todo, a la relación sentimental de Meggie con el sacerdote Ralph de Bricassart, un atractivo párroco cuya ambición lo lleva a formar parte de los círculos influyentes del Vaticano. Una historia de amor conmovedora, una apasionante lucha entre el deseo y el deber, la vocación y la pasión, pero también una celebración de la individualidad y del espíritu.

En 1983 fue adaptada como miniserie de televisión con Richard Chamberlain, Rachel Ward, Barbara Stanwyck y Christopher Plummer, y durante su transmisión batió récords de audiencia de los Estados Unidos. Poco después su éxito sería a nivel planetario.

El Pájaro espino

El Pájaro espino

4. La Regenta. Leopoldo Alas Clarín. Literatura Random House. Fascinante retrato de una mujer que, cercada por convencionalismos caducos e hipocresías, se debate entre el deseo sacrílego y su represión, mientras un galán y un cura la cortejan, volatilizando todas sus defensas, y exponiéndola literalmente al escarnio público de un entorno murmurador, envidioso, rancio, despiadado, fariseo, perverso y provinciano que disfruta precipitando la muerte social de la protagonista. Ana Ozores es la víctima inocente de una época, de una ambición y de un entorno, la ficticia Vetusta, descritos de forma veraz y sin titubeos por un Clarín que firmó un novelón imprescindible de la literatura del s. XIX donde las pasiones humanas -las altas, pero especialmente las bajas- aceleran el pulso del lector a cada salto de línea.

En 1995 Televisión Española adapta, como por suerte haría con otras tantas grandes obras de las letras españolas, a miniserie televisiva homónima con Aitana Sánchez-Gijón, Hector Alterio y Carmelo Gómez con un resultado espectacular.

La Regenta

La Regenta

5. Sandokan: Los tigres de Mompracem. Emilio Salgari. Alianza. Borneo, 1849. Sandokán, un príncipe malayo destronado por el imperialismo británico se convierte en un temible pirata para vengar a su familia, recuperar su reino y hacer frente, junto a a Yáñez y a su Lady Marianne, al todopoderoso James Brooke (apodado “rajá blanco de Sarawak“) y al despechado barón William, entre otros. Emilio Salgari incorporó a ésta y al resto de sus novelas de aventuras un mundo desmesurado cargado de peligros, animales salvajes, caracteres indómitos y pasiones incontrolables, en el que imperan los valores románticos de la lealtad, la amistad y el coraje, y con tramas que transportan al lector a paisajes evocadores y exóticos.

Su adaptación catódica de 1976 partió, con ciertas licencias, del tomo Los tigres de Mompracem, se vértebra en 12 episodios y gira en torno a los enfrentamientos entre Gran Bretaña y los temibles malayos insumisos, junto al, en teoría amor imposible entre Sandokán y la británica Lady Marianne.

El tigre de Mompracem

El tigre de Mompracem

6. El misterio de Salems Lot. Stephen King. Debolsillo. Salem’s Lot es un pueblo tranquilo donde nunca pasa nada. Pero veinte años atrás, por una apuesta infantil, Ben Mears entró en la casa Marsten, y lo que vio entonces aún puebla sus peores pesadillas. Ahora, como escritor consagrado, vuelve a Salem’s Lot para exorcizar sus fantasmas. Sin embargo, la promesa de hallar en Salems un remanso de paz se resquebraja cuando descubre que están empezando a suceder cosas escalofriantes. El pero muerto colgado de la verja del cementerio. Y el misterioso hombre que se instaló en la casa de los Marsten. Y los niños que desaparecen, los animales que mueren desangrados… Y la espantosa presencia de Ellos. Un novelón de órgano donde Stephen King te gana la cartera ya desde el primer capítulo. Exquisitamente aterradora.

Estrenada en España en 1979 como El misterio de Salem’s Lot es una miniserie dirigida por Tobe Hooper y protagonizada por David Soul y James Mason. Es una brillante adaptación de la novela de King que, en su época, desencadenó más de una pesadilla en miles de telespectadores.

El misterio de Salems Lot

El misterio de Salems Lot

7. La casa de la pradera. Laura Ingalls Wilder. Noguer y Caralt. Un clásico para paladares bibliófilos bajos de glucosa sobre la vida de los pioneros norteamericanos de finales del s. XIX, a partir de los recuerdos de la autora. Montados en un carromato, los Ingalls se marchan del Gran Bosque para irse a vivir a Kansas, siguiendo la promesa de una vida mejor. Allí, tronco a tronco, el padre de Laura construirá la que será su casa de la pradera. A pesar de las dificultades (la enfermedad, la naturaleza, los prejuicios locales y los rigores de un ambiente hostil), la vida en el campo es maravillosa, pero la presencia de los indios los inquieta.

La adaptación a miniserie catódica homónima se emitió entre 1974 y 1983, y el reparto de los Ingalls estaba encabezado por Michael Landon y Karen Grassle. Con una adaptación libre de los libritos originales, la serie debutó con un gran éxito de audiencia, y así se mantuvo durante los nueva años que duró la emisión.

La casa de la pradera

La casa de la pradera

8. Pippi Calzaslargas. Astrid Lindgren. Juventud. Pippi Långstrump (Pippi Calzaslargas en España) es una huérfana de nueve años que ha viajado por todo el mundo y que, con sus dos trenzas color zanahoria y tiesas como palos, y su Míster Nelson al hombro, sabe arreglárselas sola. Astrid Lindgren nos relata la divertida historia, llena de ternura y humor, de este singularísimo personaje haciendo innumerables extravagancias que proporcionarán unas horas inolvidables a varias generaciones de lectores.

El personaje de Pippi se conoce sobre todo gracias a la serie de televisión de 1969, con guiones de la propia autora. En España tanto los libros como las series de televisión estuvieron censurados (ufff) hasta 1974, año en que acabó por ser emitida.

Pippi Calzaslargas

Pippi Calzaslargas

Y, tras irlas viendo una a una y recordando viejos tiempos catódicos, mi reginaexlibrislandiano asiduo se fue finalmente con tres ejemplares bajo el brazo: El Cuento de la Criada; Yo, Claudio y Los tigres de Mompracem. Y yo por mi parte eché el cierre y me fui directa a releer Retorno a Brideshead, que ya me tocaba darme una vueltecita por la mansión de los Marchmain.

  • Y vosotros, queridos, ¿leísteis alguna de ellos? ¿recordáis algún otro éxito catódico de antes de los 90 basado en una novela?
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¿Por qué debería leer sí o sí Frankenstein o el moderno Prometeo?

Para desazón de cualquier bibliófilo de pro, la criatura llamada Frankenstein que pulula por la imaginación popular tiene más del gigantón monstruoso del cine de la Universal que del personaje de Mary Shelley.

(La novia de Frankenstein, 1935 / Universal Pictures)

(La novia de Frankenstein, 1935 / Universal Pictures)

O, dicho de otro modo, por mucho que yo me pasee de vez en cuando por reginaexlibrislandia entre y torpe y vaporosa, ataviada con un vestido raído de tul gris, con el pelucón entalcado a ambos lados desde las sienes y almidonado en oblicuo como si me acabara de bajar de un aterrizaje forzoso en una avioneta sin casco, me asemejo a La novia de Frankenstein como un huevo a una castaña. A lo máximo que llego es a una versión cutre de la de Elsa Lanchester, totalmente desdibujada y sacada del contexto de su película original.

Pues eso, queridos, es lo que le pasa al pobre protagonista de la grandísima novela de Mary Shelley. Lo hicieron a retazos y llega al gran público también a retazos de versiones con los que cada cual se monta un personaje que poco tiene que ver con el ser real de la ficción original.

Y es que la de la Shelley es una más de esas novelas imprescindibles que son las grandes desleídas de las letras. La paradoja es que han trascendido tanto y se han versionado tantas veces que, pese a que en cada adaptación el original que las inspiró se va descomponiendo hasta llegar a ser irreconocible, siguen sin leerse, o se leen cada vez menos. Y es una pena, porque esa maravilla literaria entraña lecciones vitales a cada salto de línea, imbuidas del más puro romanticismo sin caer en la ñoñería gratuita.

Pero como yo ni muerta me resigno a que cualquiera que se adentre en reginaexlibrislandia deje escapar un novelón como éste, periódicamente me metamorfoseo en esa versión de andar por casa de La novia de Frankenstein y coloco en uno de los lugares más visibles de la librería una buena montonera de distintas ediciones (de bolsillo, tapa dura, ilustrada, adaptada por edades, etc) de Frankenstein o el Moderno Prometeo. Que por falta de visibilidad no sea. Y hoy estaba afanada en eso cuando uno de mis libreros va y me suelta:

Librero: Peeeeroooo…¿otra vez con Frankenstein, Regina?

Regina ExLibris: Sí, que ya tocaba.

Librero: ¿No crees que la gran mayoría la conocen y son capaces de pedirla si les apatece, sin necesidad de que se la metas por los ojos cada dos por tres?

Regina ExLibris: Pues mira, no. La gran mayoría no conocen al monstruo tanto como creen; no saben que la palabra Prometeo no está en el título al azar, y de hecho pocos conocen el título completo; ignoran que es una alegoría de la perversión científica y que al tiempo canaliza los temores de la maternidad que tenía Mary Shelley; tampoco tienen muy claro de qué género es, y puede que hasta desconozcan que hasta su origen es legendario.

Librero: Para, para, hija, que cuando te aceleras… A ver, lo del título te lo compro, pero ¿quién no conoce hoy a Frankenstein, mujer?

Frankenstein, Random House

Frankenstein, Random House

Regina ExLibris: ¿Lo ves? Es que Frankenstein, como tal no existe. El único Frankenstein que hay en la novela es Víctor Frankenstein, y el ser que él crea no tiene nombre más allá de “engendro”, “ser demoníaco” o “la criatura”. En cuanto a su apariencia Mary Shelley, inspirándose en el Satán de El Paraíso perdido de John Milton, esboza una criatura de más de dos metros de altura, con ojos vidriosos, piel cetrina y labios y cabello oscuros. Y lejos de ser un engendro violento e instintivo, aprende a leer, a hablar varias lenguas y reflexiona sobre la condición humana y sobre sí mismo, e incluso “adopta” el vegetarianismo que en vida abanderaba el matrimonio Shelley.

Librero: Mmm, ¿sin nombre, leído y vegetariano? Vale, punto para tí. ¿Y lo de la ciencia y la maternidad?

Regina ExLibris: Escrito durante las fases tempranas de la revolución industrial, el desprecio que muestra el Víctor Frankenstein por la naturaleza simboliza la arrogancia y el poder que desata el capitalismo y los avances tecnológicos, que erosionan la dignidad del ser humano. La rebelión de la criatura contra su creador es un mensaje del castigo derivado del uso irresponsable de la ciencia y la tecnología. Y en cuanto a la maternidad, cuando escribe el relato a Mary Shelley la maternidad le producía emociones encontradas (¿Y si mi hijo muere? ¿Y si muero? ¿Y si nace con malformación? ¿Y si no lo quiero? ¿Y si no me quiere? ¿Y si se vuelve contra mí?) y los canalizó en la actitud de Víctor ante su criatura. Aunque llegó a ser más explícita refiriéndose tanto a esta novela como al aborto que sufrió: “Creo que sólo soy capaz de producir hijos muertos…”

Librero: ¡Vaya tela, vaya tela! Venga, ok, esos son cosas profundas que tú sabes porque lees, analizas e investigas. Pero, ¿y lo del género? eso lo sabe todo el mundo, ¿no?

Regina ExLibris: Pues mira no, y yo tampoco lo tengo muy claro. ¿Es terror o es Fantasía-Ciencia Ficción? De hecho hace tiempo tuve un debate bibliófilo al respecto con un reginaexlibrislandiano. Yo lo tenía colocado en Terror, y el insistía en que la novela inauguró el género de la Ciencia Ficción…

Librero: No, si al final soy yo quien se va a llevar uno hoy. Porque, ejem, verás, es que yo tampoco me lo he leído. Y lo fui dejando justo por eso, porque di por sentado que las cosas eran como me imaginaba. Pero veo que no. Pues, nada, nada, sigue con tu campaña bibliofrankensteinadora. ¡Te ayudo!

Regina ExLibris: ¡Vale, IGOR, pues entonces traeme ejemplares de la de Mondadori y de la ilustrada de Nórdica! JAJAJAJAJA

Y ahí estuvimos un rato aquí la pseudo novia de Frankenstein e Igor-librero haciendo montoncitos por ediciones de la gran Frankenstein o el moderno prometeo. Porque sí o sí es un Clásico con mayúsculas que no debe relegarse al olvido.

NOTA DE REGINA EXLIBRIS:

Frankenstein, Nórdica

Frankenstein, Nórdica

En una noche de tormenta, los poetas Lord Byron, Polidori, Shelley y la esposa de éste se retaron a escribir una historia de terror antes del alba. Con 16 años, Mary Shelley gestó su Frankenstein o el moderno Prometeo, con el que dio forma a una de sus pesadillas más recurrentes, la de un ser monstruoso creado por el hombre con retazos de cadáveres. Con ella inauguraba el género de la Ciencia Ficción y alcanzaba una de las cimas del terror gótico-romántico, ahondaba en la rivalidad del hombre con Dios, planteaba cuestiones delicadas acerca del uso irresponsable de la ciencia y de la tecnología y del miedo a los distintos, y silueteaba a palabras una ya mítica criatura que, despojada del amor de su creador y rechazada por los hombres, se aísla y trata de dar sentido a su existencia y a su soledad llenando su doloroso vacío con poesía, lenguas y filosofía. Aunque se conozca la trama, merece una lectura. O dos.

  • Y vosotros, queridos, ¿leísteis Frankenstein o el moderno Prometeo? ¿qué os pareció?
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