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Reflexiones de una librera
actualizada y decidida a interactuar
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‘Llévese el capitulo 1º de Milleniun II, que el libro aún no me ha llegado’

La segunda entrega de la trilogía Millenium, del sueco S. Larsson, lleva a la venta en España día y medio…, pero no en reginaexlibrislandia. Nosotros ni hemos olido los ejemplares que esperábamos como agua de mayo.

Y todo porque algún desalmado eslabón de la red distribuidora de la todopoderosa Planeta nos ha obviado en su ruta de reparto. Y a mi se me llevan los demonios, queridos, ¡los demonios!

Llamo y llamo, y ellos me dicen y me repiten que no entienden qué ha podido pasar, que ‘mañana’ entregarán en mis confines a primera hora mis ejemplares de La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina.

No sé si creerles. Cada vez que pienso que no están en mis baldas soy yo, Regina ExLibris, la que efectivamente sueña con ser la chica con una cerilla y un bidón de gasolina, estratégicamente plantada en la sede de Logista, distribuidora del grupo editorial planetario y, y…

Menos mal que, como la Providencia Librera aprieta pero no ahoga, esta vez ha tenido a bien echar mano de mis queridos reginaexlibrislandianos asiduos para recordarme lo maravilloso que es hacer lo que hago en mi librería y la gente que se aficiona a mis baldas.

Me refiero a que de los clientes que han venido expresamente a por sus anhelados ejemplares de La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina han tenido similares reacciones ante mi contrariedad librera:

– Cliente: ¡Hola, Regina!- Regina: ¡Buenas tardes! ¿Todo bien?

– C.: Sí, y pronto irá a mejor… ¿tienes mi ejemplar de Millenium II?

– R.: Lo siento, pero no. Tenían que haberme llegado ayer, pero hubo un problema con la distribuidora y no tengo ejemplares aquí.

– C.: ¿Pero ya está a la venta, no?

– R.: Sí, salió ayer.

– C.: Vaya, vaya… yo que iba a llevármelo.

– R.: Seguro que en otro sitio lo encuentras, creo que soy la única librería sin stock de La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina

– C.: Bueno, mujer, esas cosas pasan.

– R.: Lo que sí tengo es el primer capítulo del libro, si lo quiere como aperitivo..

– C.: ¿Si? ¡Ja, ja, ja! Venga, dámelo y ya volveré a por el libro esta semana.

Sí, queridos, sí. De la decena de personas que vinieron a reginaexlibrislandia en busca de su ejemplar de la segunda entrega de Larsson, tres simplemente preguntaron si lo tenía ya y los otros siete, tras explicarles mi desastre, decidieron que ‘me esperan’ mientras hacen boca milleniuniana con el primer capitulo del libro.

Un primer capítulo de La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina que, por cierto, os dejo aquí, cortesía de Destino.

Y vosotros, queridos, ¿Os hicísteis ya con vuestro ejemplar de La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina, de Stieg Larsson? ¿Tuvísteis porblemas para localizarlo? ¿Os lo compraréis?

Móviles en mi librería no, gracias

Llamadme loca, intransigente o suicida empresarial, pero me estoy planteando sugerir a quien se aventure en mis confines libreros que tenga la bondad de silenciar su teléfono móvil o, in extremis y por imperiosa necesidad, que haga un uso sigiloso del infernal aparatejo. No lo puedo soportar, queridos, no puedo.

A ver, obviamente hay casos y casos. Los que despiertan a la psichokiller que llevo dentro tienen un patrón determinado: entran a reginaexlibrislandia sin mostrar el más mínimo interés por los libros, buscando un rincón aislado de la meteorología y del ruido del tráfico donde parlotear a voces y sin interrupciones.

Os juro, queridos, que a veces creo que hasta me van a pedir fuego para el cigarrito y que, de paso, les traiga un café. Para colmo, toquetean con aire cansino los ejemplares, con especial devoción por los de las mesas, revolviéndolo todo sin mirar nada.

Además el hecho de que yo les clave una mirada inyectada en sangre les resbala con una facilidad pasmosa: es como si el móvil activara una burbuja que les aísla del medio pero que, para mi desgracia, no les insonoriza.

Cuando su conversación termina estos especímenes de sinohabloporelmovilreviento abandonan mis confines sin más pero, eso sí, en un silencio absoluto. AB-SO-LU-TO. Si, como si al colgar se les quebraran las cuerdas vocales. Y eso ya me carga de veneno. Me carga, me carga, me carga.

El otro día casi me abalanzo sobre uno de ellos para atizarle en el cogote con un ejemplar de La hoguera de las vanidades que estaba etiquetando.

Por suerte para el insensato me contuve, y en lugar de eso musité para mi pelucón una cita del novelón de Tom Wolfe:

“Sin embargo… sin embargo… ciertas formas de fatalidad son tan obvias que no hay modo de sortearlas”

En mi caso podría sortearla poniéndome absolutista y prohibir el uso del aparatejo en mis confines a decretazo limpio…

Y bien, queridos, ¿qué demonios hago yo con esa fatalidad llamada sinohabloporelmovilreviento que se pasea a sus anchas por mis confines?

¿Os parecería extremo que invitara a no utilizar el móvil en reginaexlibrislandia, como si fuera una biblioteca? Como regianexlibrislandianos de pro, ¿os ofendería mi medida?

(NOTA DE REGINA: La hoguera de las vanidades es una impecable y gloriosa disección del yuppieismo elevado a su máximo exponente, en el que la avaricia se pasea engominada y con trajes de Armani por el corazón financiero del mundo: Manhattan. Pero como todo lo que sube baja, cuando uno cae desde lo más alto aterriza en la sordidez absoluta. Maravilloso).