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Reflexiones de una librera Reflexiones de una librera

Reflexiones de una librera
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Si te gustó The Knick y no eres de náusea fácil lee ‘De matasanos a cirujanos’, de L. Fitzharris

Espeluznante, delicioso y adictivo. Así es De matasanos a cirujanos, de L.Fitzharris en Debate, mi última gran descubrimiento libresco, un viaje entre líneas a esa truculenta época de la medicina victoriana donde una intervención era una auténtica carnicería.

The Knick y De matasanos a cirujanos

The Knick y De matasanos a cirujanos

Eso sí, para disfrutar leyéndolo además de una bibliofilia ecléctica y pelín turbia hay que tener un buen estómago. No es para cualquier paladar libresco, las cosas como son.

Pero tampoco tienes que ser médico ni dominar terminología científica. Y ese es, sin duda, uno de sus grandes aciertos: construir un relato sencillo y absorbente sobre ese momento crucial en la historia de la medicina en el que las mesas de operaciones empezaron a dejar de ser sórdidos mataderos para perfilarse como quirófanos.

Sí, tal cual.

Porque en los hospitales victorianos el mejor cirujano era quien, cuchillo y sierra en mano, cercenaba más y mejor en menor tiempo sin inmutarse ante los alaridos del paciente despierto. El material, como las incisiones, era rudimentario y ni uno ni otras se limpiaban, así que al término de la intervención una infección siempre se llevaba a alguien por delante, ya fuera el paciente, el médico, e incluso a ambos.

Además, las salas de operaciones eran teatros abiertos al público, previo pago de una entrada, con lo que las puertas siempre estaban abiertas para todo tipo de gérmenes.

En este entorno sórdido, brutal, desagradable y antihigiénico se practicaba a pelo la mejor cirugía en el siglo XIX.

Al menos hasta que irrumpe Joseph Lister, un matasanos dispuesto a dejar de serlo que resolvió el mortal enigma de la causa de las infecciones que cambiaría el curso de la historia de la medicina justo cuando, por fin, se empezaba a sedar a los pacientes.

Herramientas de cirugía victorianas

Herramientas de cirugía victorianas

Y esa es la historia que desgrana Lindsey Fitzharris en un pedazo de libro que me ha tenido en vela toda la santa noche y al que me mantengo aferrada tras el escritorio de la librería, aún con los globos oculares a punto de explotar. Y es ahí cuando uno de mis libreros entró en acción:

Librero: ¿Qué libro es ese, Regina?

Regina: ¡Uhhh! De matasanos a cirujanos, Joseph Lister y la revolución que transformó el truculento mundo de la medicina victoriana

Librero: ¿Cómo?

Regina: Pues eso, un ensayo que se lee como el thriller más trepidante y truculento que puedas imaginar, querido.

Librero: ¿Y no es muy técnico, muy para médicos y freaks?

(La clínica Groos, 1875 / Thomas Eakins)

(La clínica Groos, 1875 / Thomas Eakins)

Regina: ¡Para nada! Fitzharris retrata el siniestro período entre 1850 y 1875, con un elenco de personajes -algunos brillantes, otros directamente criminales- de las sucias escuelas de medicina y lúgubres hospitales donde aprendieron su oficio, las macabras morgues donde estudiaron anatomía, y los cementerios ocasionalmente saqueados en búsqueda de cadáveres que diseccionar. Y como todo eso cambió. Pero se le muy, muy bien! Tanto que no puedes dejarlo. Aunque, claro, no es para cualquier perfil lector

Librero: Ya imagino, ya… ¿Pistas para el retrato robot del potencial lector?

Regina: Mmmm, pues al margen de que seas o no cirujano te diría que si te gustó la serie The Knick, tu bibliofilia es ecléctica y pelín truculenta y no eres de náusea fácil lee De matasanos a cirujanos

Librero: ¡Ja, ja, ja! ¡Recibido! Definitivamente no es para mí…

Mi librero, que es de náusea fácil,  no le hincó el bibliocolmillo, pero al cabo de un rato un regianexlibrislandiano asiduo que también me vio con De matasanos a cirujanos se lo llevó. A ver qué me cuenta cuando lo termine…

Por mi parte os digo dos cosas: que es una lectura que siempre recomendaré en la librería… según a quién, claro. Y que, después de leer De matasanos a cirujanos, veo con otros ojos ese toque tan arrebatadoramente aséptico de un quirófano moderno. Palabra de Regina ExLibris.

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