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¿Por qué debería leer sí o sí Frankenstein o el moderno Prometeo?

Para desazón de cualquier bibliófilo de pro, la criatura llamada Frankenstein que pulula por la imaginación popular tiene más del gigantón monstruoso del cine de la Universal que del personaje de Mary Shelley.

(La novia de Frankenstein, 1935 / Universal Pictures)

(La novia de Frankenstein, 1935 / Universal Pictures)

O, dicho de otro modo, por mucho que yo me pasee de vez en cuando por reginaexlibrislandia entre y torpe y vaporosa, ataviada con un vestido raído de tul gris, con el pelucón entalcado a ambos lados desde las sienes y almidonado en oblicuo como si me acabara de bajar de un aterrizaje forzoso en una avioneta sin casco, me asemejo a La novia de Frankenstein como un huevo a una castaña. A lo máximo que llego es a una versión cutre de la de Elsa Lanchester, totalmente desdibujada y sacada del contexto de su película original.

Pues eso, queridos, es lo que le pasa al pobre protagonista de la grandísima novela de Mary Shelley. Lo hicieron a retazos y llega al gran público también a retazos de versiones con los que cada cual se monta un personaje que poco tiene que ver con el ser real de la ficción original.

Y es que la de la Shelley es una más de esas novelas imprescindibles que son las grandes desleídas de las letras. La paradoja es que han trascendido tanto y se han versionado tantas veces que, pese a que en cada adaptación el original que las inspiró se va descomponiendo hasta llegar a ser irreconocible, siguen sin leerse, o se leen cada vez menos. Y es una pena, porque esa maravilla literaria entraña lecciones vitales a cada salto de línea, imbuidas del más puro romanticismo sin caer en la ñoñería gratuita.

Pero como yo ni muerta me resigno a que cualquiera que se adentre en reginaexlibrislandia deje escapar un novelón como éste, periódicamente me metamorfoseo en esa versión de andar por casa de La novia de Frankenstein y coloco en uno de los lugares más visibles de la librería una buena montonera de distintas ediciones (de bolsillo, tapa dura, ilustrada, adaptada por edades, etc) de Frankenstein o el Moderno Prometeo. Que por falta de visibilidad no sea. Y hoy estaba afanada en eso cuando uno de mis libreros va y me suelta:

Librero: Peeeeroooo…¿otra vez con Frankenstein, Regina?

Regina ExLibris: Sí, que ya tocaba.

Librero: ¿No crees que la gran mayoría la conocen y son capaces de pedirla si les apatece, sin necesidad de que se la metas por los ojos cada dos por tres?

Regina ExLibris: Pues mira, no. La gran mayoría no conocen al monstruo tanto como creen; no saben que la palabra Prometeo no está en el título al azar, y de hecho pocos conocen el título completo; ignoran que es una alegoría de la perversión científica y que al tiempo canaliza los temores de la maternidad que tenía Mary Shelley; tampoco tienen muy claro de qué género es, y puede que hasta desconozcan que hasta su origen es legendario.

Librero: Para, para, hija, que cuando te aceleras… A ver, lo del título te lo compro, pero ¿quién no conoce hoy a Frankenstein, mujer?

Frankenstein, Random House

Frankenstein, Random House

Regina ExLibris: ¿Lo ves? Es que Frankenstein, como tal no existe. El único Frankenstein que hay en la novela es Víctor Frankenstein, y el ser que él crea no tiene nombre más allá de “engendro”, “ser demoníaco” o “la criatura”. En cuanto a su apariencia Mary Shelley, inspirándose en el Satán de El Paraíso perdido de John Milton, esboza una criatura de más de dos metros de altura, con ojos vidriosos, piel cetrina y labios y cabello oscuros. Y lejos de ser un engendro violento e instintivo, aprende a leer, a hablar varias lenguas y reflexiona sobre la condición humana y sobre sí mismo, e incluso “adopta” el vegetarianismo que en vida abanderaba el matrimonio Shelley.

Librero: Mmm, ¿sin nombre, leído y vegetariano? Vale, punto para tí. ¿Y lo de la ciencia y la maternidad?

Regina ExLibris: Escrito durante las fases tempranas de la revolución industrial, el desprecio que muestra el Víctor Frankenstein por la naturaleza simboliza la arrogancia y el poder que desata el capitalismo y los avances tecnológicos, que erosionan la dignidad del ser humano. La rebelión de la criatura contra su creador es un mensaje del castigo derivado del uso irresponsable de la ciencia y la tecnología. Y en cuanto a la maternidad, cuando escribe el relato a Mary Shelley la maternidad le producía emociones encontradas (¿Y si mi hijo muere? ¿Y si muero? ¿Y si nace con malformación? ¿Y si no lo quiero? ¿Y si no me quiere? ¿Y si se vuelve contra mí?) y los canalizó en la actitud de Víctor ante su criatura. Aunque llegó a ser más explícita refiriéndose tanto a esta novela como al aborto que sufrió: “Creo que sólo soy capaz de producir hijos muertos…”

Librero: ¡Vaya tela, vaya tela! Venga, ok, esos son cosas profundas que tú sabes porque lees, analizas e investigas. Pero, ¿y lo del género? eso lo sabe todo el mundo, ¿no?

Regina ExLibris: Pues mira no, y yo tampoco lo tengo muy claro. ¿Es terror o es Fantasía-Ciencia Ficción? De hecho hace tiempo tuve un debate bibliófilo al respecto con un reginaexlibrislandiano. Yo lo tenía colocado en Terror, y el insistía en que la novela inauguró el género de la Ciencia Ficción…

Librero: No, si al final soy yo quien se va a llevar uno hoy. Porque, ejem, verás, es que yo tampoco me lo he leído. Y lo fui dejando justo por eso, porque di por sentado que las cosas eran como me imaginaba. Pero veo que no. Pues, nada, nada, sigue con tu campaña bibliofrankensteinadora. ¡Te ayudo!

Regina ExLibris: ¡Vale, IGOR, pues entonces traeme ejemplares de la de Mondadori y de la ilustrada de Nórdica! JAJAJAJAJA

Y ahí estuvimos un rato aquí la pseudo novia de Frankenstein e Igor-librero haciendo montoncitos por ediciones de la gran Frankenstein o el moderno prometeo. Porque sí o sí es un Clásico con mayúsculas que no debe relegarse al olvido.

NOTA DE REGINA EXLIBRIS:

Frankenstein, Nórdica

Frankenstein, Nórdica

En una noche de tormenta, los poetas Lord Byron, Polidori, Shelley y la esposa de éste se retaron a escribir una historia de terror antes del alba. Con 16 años, Mary Shelley gestó su Frankenstein o el moderno Prometeo, con el que dio forma a una de sus pesadillas más recurrentes, la de un ser monstruoso creado por el hombre con retazos de cadáveres. Con ella inauguraba el género de la Ciencia Ficción y alcanzaba una de las cimas del terror gótico-romántico, ahondaba en la rivalidad del hombre con Dios, planteaba cuestiones delicadas acerca del uso irresponsable de la ciencia y de la tecnología y del miedo a los distintos, y silueteaba a palabras una ya mítica criatura que, despojada del amor de su creador y rechazada por los hombres, se aísla y trata de dar sentido a su existencia y a su soledad llenando su doloroso vacío con poesía, lenguas y filosofía. Aunque se conozca la trama, merece una lectura. O dos.

  • Y vosotros, queridos, ¿leísteis Frankenstein o el moderno Prometeo? ¿qué os pareció?
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Borges y su Biblioteca de Babel

Si eres devoto de Borges sólo hay una cosa que puedes desear más que perderte por entre sus líneas: que el maestro te facilite su canon bibliófilo particular. Pues bien, él lo hizo, y hace apenas unas horas hablaba de ello con un reginaexlibrislandiano asiduo, que me preguntó:

 

Cliente: Oye, Regina, ¿Conoces una colección que llevó Borges en Siruela? Es que me gustaría completarla…

La historia es ésta: arrancaban los años 80 y la editorial Siruela propuso a Borges coordinar una colección de más de una treintena de títulos seleccionados y prologados por él.

Así nació uno de los tesoros bibliófilos más exquisitos y a día de hoy absurdamente inalcanzables de todos los tiempos: La Biblioteca de Babel, bautizada como el relato homónimo de Borges que hoy aparece recogido en Ficciones y que versa sobre una biblioteca infinita.

Con una edición impecable y unas ilustraciones maravillosas, los treinta y tres títulos salieron a la venta entre 1983 y 1987. Lamentablemente desde hace dos décadas es imposible hacerse con ejemplares sueltos en librerías como reginaexibrislandia, y en establecimientos de lance y en Internet alcanzan precios escandalosos.

Pero no desisto. Y así, inasequible al desaliento, un par de veces al año llamo a Siruela con la esperanza de recibir noticias de una inminente reedición. Hasta ahora sigo teniendo el NO por respuesta, pero en plena charleta con mi reginaexlibrislandiano sobre el tema tuve una revelación bibliófila:

 

– Cliente: Pues vaya, es una putada que se pierda…- Regina: Sí, y no ya sólo por la colección en sí con su edición original, sino porque es una auténtica guía de lectura borgiana.

– C.: ¡Anda, claro! ¿Quién mejor que Borges para sugerirte libros?

 

Así que aquí estoy, a punto de revelar los treinta y tres títulos elegidos por Jorge Luis Borges para su Biblioteca de Babel, misión a todas luces imposible de no haber sido por la inestimable labor de ‘Los Conseguidores’ de La Tercera Fundación, que en su día recopilaron las portadas y los textos de las contras de todos los títulos.

¿Listos? Pues allá vamos:

 

 

Las muertes concéntricas, Jack London; Venticinco agosto 1983 y otros cuentos (Borges y VVAA); El cardenal Napellus, Gustav Meyrink; Cuentos descorteses, León Bloy; El espejo que huye, G. Papini; El crimen de Lord Arthur Saville, Oscar Wilde; El convidado de las últimas fiestas, Villiers de l’Isle-Adam; El amigo de la muerte, Pedro Antonio de Alarcón; Bartleby, el escribiente, Herman Melville; Vathek, W. Beckford; La puerta en el muro, H.G. Wells; El invitado tigre, P’u Sung-Ling; La pirámide de fuego, Arthur Machen; La isla de las voces, R.L. Stevenson; El Ojo de Apolo, G.K.Chesterton; El diablo enamorado, Jacques Cazotte; El buitre, F. Kafka; La carta robada, E.A. Poe; La estatua de sal, Leopoldo Lugones; La casa de los deseos, Rudyard Kipling; Las mil y una noches según Galland; Las mil y una noches según Burton; Los amigos de los amigos, Henry James; Micromegas, Voltaire; Relatos científicos, Charles Hinton; El gran rostro de piedra, N. Hawthorne; El país del Yann, Lord Dunsany; La reticencia de Lady Anne, Saki; Cuentos rusos, Dostoievsky, Leon Tolstoi, Leonidas Andreiev; Cuentos argentinos, VVAA; Nuevos cuentos de bustos Domecq, Bioy Casares y Borges; Libro de sueños; Borges A-Z, Borges y A. Fernández Ferrer.

 

Y vosotros, reginaexlibrislandianos de pro, ¿conocíais la existencia de La Biblioteca de Babel? ¿Cómo llegasteis a ella? ¿Os gusta Borges?

Como borgiana sugeriría a quienes aún no os habéis adentrado en el universo literario del genio argentino que empezarais por El Aleph, aunque hablando de Borges cualquier texto es soberbio, palabra de Regina.

Y como broche, homenaje y rareza hete aquí la primera de las diez partes de una mítica entrevista a Borges en TVE allá por 1976:

 

 

Si queréis ver toda la entrevista la encontraréis fraccionada en varios episodios desde aquí.

Guía de supervivencia zombi, por si las moscas…

Es lo que tiene la ignorancia, que además de atrevida es poco precavida. Y como mis nociones sobre muertos vivientes se limitaban a fotogramas de películas de terror de serie B, al mítico Thriller de Michael Jackson, a paseos casuales por las inmediaciones de un after-hour una mañana de domingo y a según que apariciones catódicas post-maquillajes extremos de según qué famosete hecho a sí mismo a golpe de bisturí, resulta que estaba total y absolutamente indefensa en caso de ‘invasión Z.

Sí, queridos, porque el universo zombi existe e inquieta a mucha gente en los cinco continentes. De hecho allá por junio un reginaexlibrislandiano asiduo me puso sobre la pista al preguntarme por un curioso libro: Guerra MundialZ, de un tal Max Brooks que editaba en España Almuzara, cuando ya era libro de culto en el mercado anglosajón con cerca de medio millón de ejemplares vendidos.

El autor resultaba ser el hijo de Mel Brooks y Anne Bancrof, un exitoso guionista e investigador que lo ha dejado todo para dedicarse en exclusiva a investigar el fenómeno zombi o, lo que es lo mismo, la existencia de ex-humanos infectados por virus prefabricados por grandes corporaciones o a saber qué ensayos gubernamentales. En sus publicaciones, el señor Brooks no sólo incluye parte de un ‘informe reservado’ de Naciones Unidas sobre experimentos de este tipo, sino que recoge testimonios reales de implicados, afectados y testigos.

Pues bien, antes que su citado Guerra MundialZ, Max Brooks publicó un manual con indicaciones específicas sobre cómo sobrevivir a una inminente invasión de hordas de muertos vivientes con peligroso apetito por la casquería fina. Se trata de Zombi. Guía de Supervivencia. Protección completa contra los muertos vivientes, que llega ahora a España de la mano de Berenice.

Reproduzco el texto de la contra:

Guía de supervivencia zombie¡No seas imprudente con el mayor bien que posees: la vida! Este libro será la clave para sobrevivir a las hordas de no muertos que podrían estar acechándote en este preciso momento sin que lo supieras. Zombi. Guía de supervivencia ofrece una protección completa
gracias a consejos comprobados para salvaguardarte a ti y a tus seres queridos de los muertos vivientes. Este es un libro que podría salvarte la vida. Max Brooks vive en Nueva York, pero está preparado para mudarse a un lugar más remoto y defendible cuando el momento lo requiera. Su reciente Guerra Mundial zombi, ha sido aclamada por el experto en zombis Simon Pegg como una obra «absolutamente indispensable».

Esta vez estuve alerta, y cuando mi reginaexlibrislandiano asiduo y aficionado al género se adentró en mis confines yo ya le esperaba con la Guía de Supervivencia en la mano:

Cliente: ¡Hola, Regina!Regina: ¿Cómo estás?

C.: Bien, vengo porque tengo que hacer un regalo par… ¿ESO ES LA GUÍA ZOMBI?

R.: Sí, me llegó hace un par de días.

C.: ¡DÉJAMELA VER!

R.: Toma, toda tuya

C.: Me la llevo

R.: Vale, pero, ¿qué me ibas a decir?

C.: ¿Qué, yo?

R.: Nosequé de un regalo

C.: ¡Ah, eso! Buah, ya vendré. Ahora me llevo a Brooks.

R.: Como quieras

C.: Por cierto, ¿tienes más?

R.: Otros tres ejemplares

C.: ¡Ah, perfecto! Tengo dos colegas que no pudieron con ella en inglés. les diré que se pasen hoy.

Y se fue, y ‘sus colegas’ se materializaron en reginaexlibrislandia apenas dos horas después. Se abalanzaron sobre las guías como si realmente les fuera la vida en ello…

Para seros sincera he de deciros que el temita ha conseguido inquietarme, así que igual entre horas le echo un vistazo al ejemplar que me queda de Zombi, Guía de Supervivencia… por si las moscas, queridos, por si las moscas, que una le tiene mucho apego a sus órganos vitales.

Y vosotros, reginaexlibrislandianos de pro, ¿qué opinais del tema? ¿Conocíais Guerra Mundial Z o la Guía de Supervivencia Zombi? ¿Y al tal Max Brooks?

‘Blade Runner’ vs ‘¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?’

Ser la gobernanta de reginaexlibrislandia da para mucho, queridos, para mucho. El submundo del libro tiene tantos recovecos oscuros que a veces hasta me olvido de ellos, pero de pronto llega un cliente y, plaf, me ilumina alguno con el haz de luz de su inocencia.

Porque aunque entre mis reginaexlibrislandianos de pro y la que suscribe lo único que media es el libro como tal, lo cierto es que tiene detrás a un monstruoso demiurgo bicéfalo – llámalo grupos editoriales y proveedores- que unas veces manipula e impone a golpe de talonario, y otras nos confunde a todos.

Por ejemplo, cuando por obra y gracia del marketing la editorial le cambia el título a un libro, normalmente tras el estreno de su adaptación cinematográfica y para ‘aprovechar el tirón’ mediático del celuloide.

Recuerdo que se me llevaron los demonios cuando Anagrama, que en su día ya había editado en castellano El talento de Mister Ripley de Patricia Highsmith bajo el título A pleno sol para aprovechar el eco de su exitosa primera adaptación cinematográfica a finales de los sesenta, volvía a cambiárselo algo más de tres décadas después.

Así, tras el estreno de su segunda conversión a celuloide a cargo de Anthony Minghella en una gran -y para mí bochornosa- producción, el libro con que la Highsmith arranca su saga sobre Ripley, uno de los psicópatas más carismáticos y mejor perfilados de la literatura, vuelve a cambiar su denominación, aunque esta vez para adoptar el original

Bueno pues, obviamente, hay muchos casos más de ‘rebautismos’ de novelas, y hoy un reginaexlibrislandiano ocasional me recordó otro.

En concreto fue un caballero de unos sesenta y muchos que venía a por un libro para su nieto, y lo que parecía una tarea simple le salió rana al pobre hombre:

– Cliente: Buenas tardes, señorita.- Regina: Hola, ¿cómo está?

– C.: Bien, verá, mi nieto me ha encargado que le lleve un libro que se llama… espere, que lo apunté. Si, se llama “¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?”. ¿Lo tiene usted?

– R.: Claro, mire, es éste.

– C.: ¿Este? Pero aquí pone BLADE RUNNER bien grande, y mi nieto me dictó por teléfono “¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?”.

– R.: Si, pero es el mismo. Mire, pone en grande Blade Runner, y aquí abajo dice “¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?”, de Philip K. Dick.

– C.: Ya, pues no lo entiendo.

– R.: Es simple, caballero: es una novela de 1968, pero se llevó al cine en los 80 y se le cambió el título porque el de la novela original era demasiado largo. Como la película se hizo muy famosa, la editorial que tenía los derechos en España la reeditó nombrándola como el filme. Y ahora, que se cumplen 25 años de la película, se ha vuelto a reeditar esta vez poniendo los dos títulos, porque hasta ahora en algunas ediciones sólo aparecía en portada Blade Runner.

– C.: Pero entonces, ¿es el mismo libro?

– R.: Si, caballero, pero le han bailado el título.

– C.: Bueno, si usted lo dice la creo. Todo sea que nos equivoquemos y me toque volver a por el que sea.

– R.: Vaya tranquilo, seguro que éste es el que quiere su nieto.

Pobre hombre, se fue de mis confines realmente confundido. Y no me extraña, la verdad, con tanta danza de títulos y portadas.

Y vosotros, queridos, ¿recordáis algún rebautismo literario más por obra y gracia del márketing o similares?

“¡Si señor, hoy me encamo con mi Guerra MundialZ!”

Definitivamente creo que debería tomarme en serio esa reginaexlibrislandada de ir a Notre Dame para tomar prestada a Emmanuelle. No ya por mi, que podría entrenarme para canalizar mi euforia librera en plan tántrico: hacia dentro y todo para el pelucón, aunque se me asilvestre, crezca y termine pareciéndose a una enorme piñata, con el riesgo que eso entraña.

No, lo haría por algunos de mis reginaexlibrislandianos de pro, que buena falta les hace a veces, cuando un alegrón inesperado por encontrar su libro pulveriza su autocontrol y no saben muy bien cómo manejar esa emoción sin que entes ajenos a la magia impresa les tomen por mamarrachos.

Aunque a mí esas descargas de euforia lectora y ajena de las que por suerte regia doy fe me recuerdan a la película Los Inmortales (Highlander, 1986), cuando a Christopher Lambert en la piel de Connor MacLeod, tras descabezar a otro de los de su especie, le atravesaba un rayo elevándole un metro sobre el suelo mientras el seguía aferrado a su espadón. Si, así veo yo a algún que otro cliente cuando se hace, por fin, con su ejemplar.

El último ‘solopuedequedaruno‘ que se pasó por reginaexlibrislandia fue un simpático y tímido treintañero asiduo a mis baldas de ciencia ficción que siempre me saludaba muy cortés, pero con el que jamás había hablado. Por fin un día a mediados del mes pasado se me acercó:

– Cliente: Estooo, perdona- Regina: ¿Si? ¡Hola! Dime

– C.: ¿Te ha llegado Guerra MundialZ, de Max Brooks?

– R.: Pues no, la verdad, no me suena.

– C.: Lo edita Almuzara, y sale ahora. Igual me precipité porque leí en Internet que ya estaba a la venta.

– R.: Pues lo miramos ahora, un segundo. Mmmm, no pone nada. Si me das un momento les llamo, a ver qué me dicen ellos.

– C.: No quiero molestarte, vuelvo en unos días, que estás liada.

– R.: ¡No me cuesta nada!

Y hablé con los de Almuzara…

– R.: Mira, me dicen que estaba anunciado para el día 12 de mayo, pero que se ha retrasado la cosa. Han tenido problemas con la primera tirada y su distribución, o algo así. Les he pedido varios, dijeron que me los mandan en cuanto puedan.- C.: (Entre decepcionado y agradecido) ¡Ah! Bueno, muchas gracias, volveré en unos días entonces…

En dos semanas el muchacho se pasó cuatro o cinco veces, siempre miércoles y viernes, y repetíamos la misma charla fugaz:

– C.: ¿Te ha llegado Guerra MundialZ?– R.: No, lo siento, aún no. Pero, tranquilo, en cuanto lleguen te guardo uno.

Y él se iba desencantado y yo volvía a mis quehaceres apesadumbrada.

El viernes a mediodía él regresó. No hubo suerte. Pero el sábado a primera hora recibí, por fin, el paquete:

Regina, cielo, me dije, mira que eres vacua. Tienes al pobre muchachote suspirando por su libro y no se te pasó por el pelucón apuntar su teléfono para avisarle. ¿Y si no vuelve hasta el miércoles, insensata? Ahora, ¿cómo demonios le avisas, con un tam-tam?

Mi mismidad tenía toda la razón. Así que jurando en todas las lenguas vivas y muertas del planeta separé con cuidado su ejemplar y lo guardé. Y continué con mis cosas.

¿Intuición? ¿Fe? ¿Ansiedad? No sé que le trajo a mis confines rompiendo su pauta miércoles y viernes, pero el caso es que apareció rayando la hora de comer. Antes de que pudiera abrir la boca saqué su ejemplar de Guerra MundialZ y lo dejé sobre la mesa, retirándome a un discreto segundo plano.

Él se abalanzó sobre el libro con los globos oculares del tamaño de mi pelucón. Miró la portada, la contra, lo hojeó y, de pronto, con el libro en alto y las venas del cuello como morcillones de Burgos, gritó:

“¡SIIIIIII SEEEÑORRR, ÉSTA NOCHE ME ENCAMO CON MI GUERRA MUNDIALZ!”

Y yo volví a ver en él a Connor MacLeod/Christopher Lambert atravesado por el rayo y con su espadón en alto, sintiéndose el amo del universo. Y se fue tan contento, el muchacho.

Claro, entre tanto yo investigué Guerra MundialZ, de Max Brooks, y se trata de la traducción al castellano de un libro muy, muy esperado por los aficionados al género ‘guerra mundial zombie’, que se libra en un futuro inminente entre infectados por virus prefabricados y humanos.

Por lo visto lo bueno de éste es que es parte de un ‘informe reservado’ de Naciones Unidas y que recoge testimonios reales de implicados, afectados y testigos. A mi me da cosa, queridos, pero sobre gustos lectores….

Y vosotros, queridos reginaexlibrislandianos,¿sabíais algo de la Guerra Mundial Z? ¿Os interesa el temita? ¿Qué opináis de esos momentos Connor MacLeod, presenciasteis o protagonizasteis alguno, queridos?

Mea culpa: aún creo en el Minotauro

Hay vida más allá de los confines de reginaexlibrislandia, y por mucho que me empeñe en dar esquinazo a esa otra realidad en contadísimas ocasiones la muy perra me gana el pulso con cebos a los que no me resisto.

Ayer, por ejemplo, y que Borges me perdone por esta licencia, el Asterión que habita en mí no consintió que desoyera la llamada anual de ‘el otro’ Minotauro: el Premio de Literatura Fantástica y de Ciencia Ficción que desde el 2004 se otorga en este bendito país.

Para mi, junto al Herralde, el del Café Gijón, el del Ateneo de Sevilla y dos o tres más, es de los pocos certámenes literarios relativamente mediáticos en el que aún creo… hasta que me demuestre lo contrario.

Así que allá que me planté, cercada por escritores, libreros, plumillas, editores y ‘planetarios’ del monstruo Planeta a presenciar el fallo de un jurado que, por unanimidad, le dio el premio en esta su quinta edición a Federico Fernández Giordano por su El Libro de Nobac.

Por lo que me contó el afortunado, ferviente admirador de mi Borges, de Bioy Casares y del maestro Poe, la suya es una historia con la que se muestra cómo lo fantástico se engarza sobre lo real a través de un anciano que se topa con un libro que escribe su propia vida día a día.

Aunque hasta dentro de un par de semanas no podré leerlo, me da buen pálpito. Llamadme naïf si quereis, pero la trama promete.

Y hasta ahora los sucesivos ganadores del Minotauro no me han decepcionado, la verdad.

En reginaexlibrislandia tengo Gothika, Señores del Olimpo, Los sicarios del cielo y Máscaras de Matar en mis baldas de Ciencia Ficción y Fantasía, según el caso, y colocaré a la vista El Libro de Nobac. (Nota para MPG: si, querido,en reginaexlibrislandia Ciencia Ficción y Fantasía tienen baldas independientes)

Y, claro, si el libro no me falla a la hora de la lectura/verdad, lo recomendaré sin tregua.

¿Qué opináis del Premio Minotauro?