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Las energías renovables están mejorando la vida de millones de personas en África

En Europa el desarrollo de las energías renovables se percibe como una apuesta por la sostenibilidad, de lucha contra el cambio climático, incluso de modernidad algo friki, pero en África este tipo de energías están suponiendo una auténtica revolución, como ha reconocido recientemente en Puerto del Rosario (Fuerteventura) el director ejecutivo de Energías Renovables y Eficiencia Energética de la Comunidad Económica de Estados de África Occidental (CEDEAO/ECOWAS, Mahama Kappiah. Así lo puso en evidencia durante su participación en el V Foro Internacional de Agua y Energías Renovables, Africagua 2017.

El acceso a la electricidad en muchos sitios no es tan sencillo como encender un interruptor o cargar un móvil. En países del Tercer Mundo una bombilla puede suponer la diferencia entre estudiar o no estudiar. Algo fundamental para los 645 millones de personas en el mundo que aún no tienen acceso a la energía, o ese 13 % de la población mundial que apenas consume el 4 % de la electricidad total. Sólo en África más de 500 millones de personas viven sin electricidad. Apenas uno de cada cinco africanos pudo conectarse a la red eléctrica en 2012, según datos del Banco Mundial.

Pero la electricidad va más allá de iluminación o tecnología. Con ella también es posible solucionar el gran problema endémico del continente, la falta de agua.

El agua es fundamental para la vida. También es clave para el desarrollo social, sanitario y económico de un territorio. Sin agua no se puede cultivar ni mantener la ganadería; sin agua hay hambre, desigualdades, enfermedades, guerras. Sin embargo, 4.500 millones de personas carecen de servicios de saneamiento gestionados de forma segura (6 de cada 10, según datos de Unicef y la OMS) y 2.100 millones de personas carecen de acceso a servicios de agua potable (3 de cada 10). El cambio climático está agravando dramáticamente el problema.

Y es aquí donde aparecen las energías renovables, de las que África es riquísima: sol y viento en abundancia. Tienen además una ventaja inmensa: la reducción de la dependencia exterior, la independencia energética. Ya no hace falta grandes centrales de producción ni kilométricos tendidos. Las nuevas tecnologías permiten que cada casa, pueblo o ciudad pueda desarrollar su propia red de producción y distribución eléctrica con la que iluminarse, pero también desalar agua, bombearla y depurarla.

Agua para todos

Hacer llegar la luz a los hogares del continente africano es ahora mismo más un sueño que una meta, a pesar de que, como aseguró Mahama Kappiah, en él “hay más de 140 millones de personas distribuidas en distintos países y nos hemos trazado como reto que antes del 2030 puedan tener acceso a la energía eléctrica”. Este experto caboverdiano ve en las microrredes basadas en energías renovables la mejor opción de futuro para atender la demanda local sin necesidad de recurrir a grandes proyectos. El problema, como también destacó Kappiah, es aumentar los recursos en educación para poder contar con profesionales bien formados en esos países que puedan garantizar su correcta instalación y mantenimiento.

En este sentido, Anthony Ighodaro, presidente de la Alianza Africana de Energía Renovable, reconoce que el mayor problema es precisamente la falta de técnicos en la población local. “Hay proyectos e inversiones para estos sistemas de electrificación para comunidades, pero se carece de personal cualificado para instalarlos y para su mantenimiento, que es casi más importante”.

Dinero. Hace falta también mucho dinero. Se ha estimado que desarrollar una infraestructura adecuada que permitiera el acceso y saneamiento del agua potable en África costaría alrededor de 500.000 millones de euros en los próximos 10 a 15 años.

Gigantesca planta fotovoltaica instalada en Ourzazate, Marruecos.

Marruecos a la cabeza

Marruecos espera que para el año 2020 el 42 % de la energía que se consuma en el país sea producida en plantas solares y en el año 2030 llegar al 54 %. El mar de espejos que está instalando en medio de las áridas arenas desérticas de Ouarzazate, al sur del país, es un ejemplo de la apuesta alauita para avanzar hacia la independencia energética gracias a las energías renovables.

La electrificación rural del continente africano pasa necesariamente por las energías eólica y fotovoltaica. Su combinación en módulos transportables o contenedores y que no requieren pre instalación de obra, con escaso mantenimiento y facilidad de uso abre una nueva vía de desarrollo hasta ahora desconocida.

Desaladora modular desarrollada por el ITC.

Investigación canaria

Estas mismas fuentes energéticas están siendo combinadas para ofrecer, por ejemplo, una desaladora transportable que funciona solo con energía solar como la desarrollada por el Instituto Tecnológico de Canarias (ITC) y que se pudo ver en Africagua Fuerteventura. Apenas un container con todo el kit en su interior y un techo desplegable de placas solares, sin instalación, capaz de producir a bajo precio 40.000-50.000 litros de agua potable al día en medio del desierto o junto al mar.

O como destacó el director de I+D del ITC, Gonzalo Piernavieja, sistemas de depuración por lagunaje sin conexión a una red de alcantarillado, redes interconectadas de autosuficiencia energética, electrificación de comunidades aisladas e incluso, algo muy importante por desgracia, llevar agua y electricidad a los muchos campos de refugiados africanos.

Grandes proyectos de desarrollo sostenible para África de la mano de la gestión del agua y las energías limpias pero, y eso también quedó claro en Africagua, ante todo grandes oportunidades de negocio para las empresas, muchas de ellas españolas, que se han lanzado a este inmenso mercado emergente y bien dotado de ayudas internacionales.

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Bebamos toda el agua de mar que queramos

Vivo en un desierto rodeado de agua, en medio de una isla sedienta. Pero también es un oasis, pues tenemos el secreto tecnológico que nos permite seguir aprovechándonos del océano hasta sus últimas gotas.

El milagro, el sueño de beber agua del mar de forma fácil y sencilla, es posible. Tan sólo nos hace falta tener la energía eléctrica necesaria para potabilizarla. Lo acabo de comprobar ayer mismo aquí, en Fuerteventura.

Hace un mes llegaron en barco tres contenedores azules repletos de extraños artilugios con la última tecnología en desalación, la cada vez más modernizada ósmosis inversa. No venían de muy lejos. En realidad de la isla de enfrente, pues se trata de tecnología nacional, canaria para más señas. Conectados rápidamente los tres módulos entre sí, por un lado bombean agua marina y por el otro entregan agua dulce de gran calidad a la red general de abastecimiento, mientras un emisario submarino devuelve mar adentro toda la salmuera extraída. Las 24 horas del día, los 365 días del año.

Los tres contenedores azules producen por sí solos 2.500 metros cúbicos diarios, agua suficiente para abastecer a una población de 10.000 habitantes. Movibles, manejables, se pueden instalar en cualquier lugar cercano a la costa. Y lo que es mejor, son tremendamente eficientes. Gracias a ello se ha logrado aumentar la producción y reducir a la mitad el consumo eléctrico, pasándose de un gasto de 4,7 kilowatios por hora para cada 1.000 litros de agua a tan sólo 2,7 kilowatios por hora. Dicen los expertos que los 1,2 millones de euros invertidos en la nueva planta majorera es una cantidad muy barata comparando con lo que costaba antes lograr lo mismo.

Mar tenemos mucho. El problema es el enchufe. Como ya os he contado en otra ocasión, la práctica totalidad de la energía eléctrica consumida en Fuerteventura proviene de quemar petróleo en una gran central térmica terriblemente contaminante.

El día en que logremos unir estas nuevas plantas móviles de desalación con centrales de energía renovable como eólicas, solares o incluso abastecidas con el eterno movimiento de las olas, habremos acabado con la sed del planeta. Igual en Europa que en la más perdida aldea africana o asiática. Un día cada vez más cercano.

Sobre estas líneas podéis ver los tres contenedores de la desaladora móvil instalada en Puerto del Rosario, capaz de potabilizar agua para más de 10.000 personas en cualquier sitio costero donde se ubique. Todo un éxito tecnológico “Made in Spain”.