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Entradas etiquetadas como ‘disonancia cognitiva’

Descubre el autoengaño (y otra forma de detectar a un mentiroso)

Seguro que piensas que nadie te conoce tanto como tú a ti mismo. No es real. La visión de otras personas cercanas a nosotros pueden tener una imagen más objetiva y completa sobre cómo somos y, en determinadas situaciones, pueden comprendernos y acosejarnos mejor de lo que lo harías tú. Todos tenemos que soportar la carga del sesgo del propio Yo, necesitamos del autoengaño para preservar nuestra autoimagen y lo hacemos de un modo automático. El autoengaño no es en sí mismo patológico. Todos lo utilizamos para interrelacionarnos en nuestro día a día.

Uno de los conceptos más conocidos en el ámbito de la psicología es el de la Disonancia Cognitiva, que se define como la tensión o incomodidad que percibimos cuando mantenemos dos ideas contradictorias o incompatibles, o cuando nuestras creencias no están en armonía con lo que hacemos. Es una sensación muy desagradable causada por sostener dos ideas contradictorias al mismo tiempo.

El psicólogo Leon Festinger (pionero en el estudio de esta teoría de la disonancia cognitiva) junto a su colega James Merrill Carlsmith, realizaron un estudio en el que demostraron que la mente de los mentirosos resuelve la disonancia cognitiva “aceptando la mentira como una verdad”. En este sentido, el psicólogo Anastasio Ovejero concluyó en sus experimentos que cuando se presenta la disonancia cognitiva, además de hacer intentos activos para reducirla, el individuo suele evitar las situaciones e informaciones que podrían causarle malestar. 

“Es necesario entender que los sujetos, por lo general, viven en consonancia entre su pensar y actuar y si por algún motivo no pueden ser congruentes, intentarán no hablar sobre los hechos que generan la disonancia, evitando así aumentar ésta y buscarán reacomodar sus ideas, valores y/o principios para así poder autojustificarse, logrando de esta manera que su conjunto de ideas encajen entre sí y se reduzca la tensión”.

Algunos, al ser conscientes de la contradicción sienten ansiedad, culpa, vergüenza, ira, estrés y otros estados emocionales negativos y el reajuste será necesario para poder ‘seguir viviendo en paz’. Veámoslo con dos ejemplos muy sencillos que recoge el blog ‘Psicología y Mente‘:

El clásico ejemplo de los fumadores:

Saber que fumar es muy perjudicial para la salud pero continuar fumando produce un estado de disonancia entre dos ideas: “debo estar sano” y “fumar perjudica mi salud”. Pero en vez de dejar el tabaco o sentirse mal porque fuman, los fumadores buscan autojustificaciones como “de qué sirve vivir mucho si no se puede disfrutar de la vida”.

Este ejemplo muestra que a menudo reducimos la disonancia cognitiva distorsionando la información que recibimos. Si somos fumadores, no prestamos tanta atención a las pruebas sobre la relación tabaco-cáncer. Las personas no quieren oír cosas que les pongan en conflicto con sus más profundas creencias y deseos, a pesar de que en el mismo paquete de tabaco haya una advertencia sobre la seriedad del tema.

La infidelidad y la disonancia cognitiva:

Otro ejemplo claro de disonancia cognitiva es lo que le ocurre a una persona que ha sido infiel. La mayoría de individuos afirman que no serían infieles y saben que no les gustaría sufrirlo en sus carnes, aun así, en muchas ocasiones, pueden llegar a serlo. Al cometer el acto de infidelidad suelen justificarse diciéndose a sí mismos que la culpa es del otro miembro de la pareja (ya no le trata igual, pasa más tiempo con sus amigos, etc.), pues soportar el peso de haber sido infiel (pensando que la infidelidad es de malas personas) puede causar mucho sufrimiento.

De hecho, después de un tiempo, la disonancia cognitiva puede llegar a empeorar, y ver constantemente a su pareja puede obligarle a confesar, pues cada vez puede llegar a sentirse peor. La lucha interna puede llegar a ser tan desesperante que los intentos de justificarse ante esta situación pueden causar serios problemas de salud emocional. La disonancia cognitiva, en estos casos, puede afectar a distintas áreas de la vida, como pueden ser el trabajo, las amistades en común, etc. Confesar puede llegar a ser la única manera de librarse del sufrimiento.

Cuando ocurre la disonancia cognitiva debido a una infidelidad, el sujeto se ve motivado a reducirla, pues le produce un enorme malestar o ansiedad. Pero cuando por distintos motivos, no es posible cambiar la situación (por ejemplo al no poder actuar sobre el pasado), entonces el individuo tratará de cambiar sus cogniciones o la valoración de lo que ha hecho. El problema surge porque al convivir con esa persona (su pareja) y verla diariamente, el sentimiento de culpa puede acabar por “matarle por dentro”.

Por útlimo, un ejemplo sobre el uso de la disonancia cognitiva para detectar a un mentiroso:

Una de las maneras de pillar a un mentiroso es provocando un aumento de la disonancia cognitiva para de esta manera detectar las señales que le delaten. Por ejemplo, un individuo llamado Carlos, que llevaba dos años sin trabajo, empieza a trabajar como comercial para una compañía eléctrica. Carlos es una persona honesta y con valores pero no tiene más remedio que llevar dinero a casa a final de mes. Cuando Carlos acude a visitar a sus clientes, tiene que venderles un producto que sabe que a la larga acarreará una pérdida de dinero para el comprador, por lo que esto entra en conflicto con sus creencias y valores, provocándole disonancia cognitiva.

Carlos tendrá que justificarse internamente y generar nuevas ideas dirigidas a reducir el malestar que puede sentir. El cliente, por su parte, podría observar una serie de señales contradictorias si presiona lo suficiente a Carlos para lograr que aumente la disonancia cognitiva, pues esta situación tendría un efecto en sus gestos, su tono de voz o sus afirmaciones. En palabras del propio Festinger, “Las personas nos sentimos incómodas cuando mantenemos simultáneamente creencias contradictorias o cuando nuestras creencias no están en armonía con lo que hacemos”.

 

 

#creepyclowns ¿Te dan miedo los payasos? Tiene explicación

itHace unos meses apareció una insólita moda en EE.UU conocida como el movimiento creepy clowns (payasos terroríficos), cuyos participantes se dedican a vestirse de payaso y a quedarse parados en las calles para asustar a la gente. Esta práctica se ha extendido ya a otros países, incluso a España, aunque realmente no hay evidencia alguna de un vínculo directo entre el crimen y el avistamiento de estas personas disfrazadas de payasos, más que algún susto, amenazas y bromas de mal gusto, desde luego, lo que sí que puede provocar esta ‘gracia’ es una situación de peligro, las consecuencias conductuales del miedo son la huida, el ataque o la inmovilización, por tanto podemos imaginar que este tipo de bromas podrían no acabar del todo bien.

La fobia a los payasos tiene nombre: coulrofobia. Normalmente es un miedo que se origina en la infancia pero, en muchos casos, se mantiene hasta la edad adulta. Tiene un componente genético pero también social, curiosamente, se suele señalar a la novela It’ (Eso) de Stephen King, llevada posteriormente a la gran pantalla, como el origen y refuerzo sociológico de la figura del payaso malvado. Esta afirmación está avalada por estudios científicos realizados entre los años 70 y 90, aunque al parecer suspendieron este tipo de investigaciones por los perturbadores resultados obtenidos.

Paul Salkovskis, del Centro de Trastornos de Ansiedad y Traumas del Hospital de Maudsley, en Londres, afirma que “es habitual que cause temor aquello que es diferente de algún modo, que nos resulte desconocido e inquietante”. Efectivamente, un estudio realizado por la Universidad de Sheffield en 2008, que incluyó a 250 niños de 4 a 16 años de edad, con el objetivo de saber si decorar las paredes de una habitación de hospital con payasos resultaría inquietante, concluyó que todos los grupos de edad sentían antipatía por los payasos, y que la sensación de miedo e inquietud surgía de una ‘familiaridad indefinida’.

Existe bastante consenso en la comunidad científica a la hora de explicar este fenómeno, la coulrofobia surge porque no es posible conocer exactamente qué esconde el colorido maquillaje y los desproporcionados rasgos faciales de los payasos que pueden despertar en las personas un estado de alerta que atrapa emocionalmente antes que racionalmente. “Es lo que actualmente hace que algo se convierta en viral”, explica Steve Scholdman, psiquiatra infantil y profesor en Harvard de un curso sobre la psicología en el cine de terror, “hacer que alguien reaccione emocionalmente antes de que lo procese intelectualmente”.

Estas características permiten a los payasos adoptar una nueva identidad y no cumplir con ciertos patrones sociales que no sería posible de otra forma en la vida ‘normal’. Sigmund Freud ya escribió sobre el efecto de ‘valle inquietante’, un concepto que plantea que algo muy conocido pero al mismo tiempo extrañamente inusual causa rechazo y produce una sensación inquietante y contradictoria: la disonancia cognitiva. Este concepto puede aplicarse a los payasos.

Según el psiquiatra Steven Schlozman, de la Facultad de Medicina de Harvard, la sonrisa permanente y horripilante puede producir disonancia cognitiva en nuestro cerebro: “Nuestra mente interpreta que las sonrisas en general son positivas; no obstante, no es posible sonreír todo el tiempo, porque de ser así, algo fallaría. Gracias al comportamiento de las personas podemos interpretarlas, pero si el aspecto de las personas o su comportamiento no varían, se convierten en terroríficas”.

 

*Fuentes: Tendencias Sociales y New York Times.

La mente corrupta ¿Es posible evitar la corrupción? #psicología

Los expresidentes Manuel Chaves y José Antonio Griñán y la exconsejera Martínez Aguayo imputados en el caso de los Ere falsos de la Junta de Andalucía. (Imagen de Archivo de 20 minutos)

Los expresidentes Manuel Chaves y José Antonio Griñán y la exconsejera Martínez Aguayo imputados en el caso de los Ere falsos de la Junta de Andalucía. (Imagen de Archivo de 20 minutos)

Creo que hoy es el primer día desde que comencé el blog que me desvío un poquito del área de la comunicación no verbal más rigurosa, pero lo cierto es que cuando mi colega Sergio Colado, experto en neurociencia y director de la emprea Nechi Group, me planteó este tema me pareció apasionante. Hemos analizado aquí numeras comparecencias de políticos acusados de corrupción, como el de Rita Barberá o el ex ministro Soria. Ahora vamos a analizar la psicología del corrupto, qué mecanismos cerebrales se activan para llevar a cabo tal actitud deplorable, qué hay detrás de la corrupción y si es posible evitarla.

Vivimos tiempos de cambios en todo el mundo. Estamos en la era en la que descubrimos que el ser humano se corrompe con facilidad. Los altos cargos cometen actos de corrupción por todas partes. Y los niveles intermedios les secundan. El poder político, la banca, las grandes corporaciones, los empresarios… son corruptos. ¿No se libra ninguno?

Existen muchas definiciones de corrupción. “Acción y efecto de corromper o corromperse. En las organizaciones, especialmente en las públicas, práctica consistente en la utilización de las funciones y medios de aquellas en provecho, económico o de otra índole, de sus gestores”. Así la define la Real Academia de la Lengua Española. A su vez, define corromper como “Sobornar a alguien con dádivas o de otra manera”. Transparencia Internacional la define como “el abuso del poder encomendado para uso privado”. Finalmente, la definición que podemos encontrar como una de las más extendidas según google es “Pervertir o hacer que una persona o una cosa sea moralmente mala”.

A la vista de estas definiciones, podríamos englobar dentro de esta delimitación acciones de nuestra vida diaria, aunque es evidente que la connotación de la gravedad de cada una no es igual. Pero, ¿qué dice la ciencia sobre este tema? La corrupción no es exclusiva de la especie humana. De hecho, se han evidenciado conductas corruptas en chimpancés, abejas, hormigas y otros animales. La corrupción pasa por ser un acto que se desvía de la conducta determinada socialmente. Está claro que si, socialmente, aceptásemos la premisa de que el uso de nuestro poder justifica el beneficio no entenderíamos la corrupción de igual manera.

Según recientes estudios las personas son menos corruptas cuando saben que pueden ser observadas. Si no hay sanción social se pierde el mecanismo de premios y castigos y se naturaliza el delito. La neurociencia nos revela que una pequeña región del cerebro, llamada circunvolución frontal inferior izquierda, se activa en mayor medida cuando realizamos una acción corrupta. Por otro lado la corteza dorsolateral prefrontal parece ser el área responsable de controlar nuestros impulsos más automáticos de represión y honestidad.

Según la psicología cognitiva, podemos relacionar la corrupción con la denominada disonancia cognitiva, que trata de comprender qué hacen las personas cuando se enfrentan a una información que crea estados psicológicos conflictivos. Los individuos que experimentan disonancia cognitiva pretenden reducir sus sentimientos de incomodidad intentado conciliar sus creencias y sus comportamientos conflictivos. Las personas en conflicto pueden llegar a crear mecanismos de conclusión y confirmación distorsionados con el objetivo de obtener pruebas que apoyen su teoría de acción correcta, creándose lo que se denominan “sesgos confirmatorios”.

En consecuencia, no son conscientes de su comportamiento inadecuado. Entonces, cuando las personas en conflicto no son conscientes de ello, no resulta probable que las campañas de transparencia y de lucha anti corrupción puedan modificar su comportamiento. Por otro lado, de manera consciente, aquellos que aceptan el soborno establecen juicios morales de acuerdo con pautas cognitivas diferentes de quienes lo rechazan. Los que aceptan sobornos responden al esquema moral cognitivo del interés personal mediante el filtro del lucro propio, predominando la perspectiva de la ventaja personal y extendiendo la preocupación solo a los conocidos y cercanos.

El camino que lleva a la corrupción es una combinación de un entorno propicio, una oportunidad y un tipo de personalidad que, superando el temor a un posible castigo, antepone el beneficio individual al interés de los demás y al cumplimiento de la ley. Para que una persona se corrompa se necesitan factores como poder, dinero y oportunidad. Sin embargo, no todo el mundo que tiene la oportunidad de infringir la ley en beneficio propio lo hace.

Conclusión: Si no hay miedo a ser sancionado, el ser humano tiende a naturalizar el delito y la corrupción se vuelve una dinámica que incita a su propio sostenimiento. Ante esto hay dos caminos para corregir la corrupción, uno a corto plazo, relacionado con la creación de leyes anti-corrupción y una incentivación de las acciones honorables, y uno a largo plazo, centrado en la generación y promoción de valores empresariales a través de la formación y la educación. Una sociedad con libertad de elección con capacidad de competencia por valor y con confianza en las tomas de decisión es una sociedad más feliz y equilibrada.

¿Por qué la opinión pública desconfía de los padres de Diana Quer?

Madre de Diana Quer mostrando la fotografía de su hija desaparecida. Fotografía EFE

Madre de Diana Quer mostrando la fotografía de su hija desaparecida. Fotografía EFE

Desde la misteriosa desaparición de la joven Diana Quer no he dejado de recibir mensajes de lectores del blog, conocidos, y colegas de profesión, que apuntan en una misma dirección: el recelo hacia los padres de Diana tras sus numerosas apariciones en los medios de comunicación. Al contrario de lo que me solicitan estas peticiones, yo no voy a dar mi opinión al respecto (no tengo ningún derecho) y tampoco voy a realizar un pormenorizado análisis de comunicación no verbal de los testimonios de ambos (tampoco tengo derecho a infundir opinión en los demás). Desde una perspectiva psicológica, sí que voy a destacar algunas pautas al respecto que pueden explicar esta desconfianza palpable en el sentir de la calle.

Una cuestión fundamental para definir esta razón es el concepto de: adecuación del afecto. Me explico, en toda situación hay una reacción emocional esperable. No es que ocurra un suceso y haya una sola emoción asociada, puede haber un abanico amplio de posibilidades, por ejemplo, ante la desaparición repentina de un ser querido nuestros cerebros ‘esperan’ ver en los afectados emociones relacionadas con la nostalgia, la desesperación o la tristeza ante la pérdida, pero incluso esta reacción puede ampliarse a otras emociones que pudieran parecer contrarias a simple vista, todo dependerá del momento en el que se expresen y al hecho al que se refieran.

Para ilustrarlo, pudiera ser esperable también por ejemplo la emoción de ira, asco o desprecio al hablar de los posibles culpables o la injusticia acometida, sin embargo no sería lo que esperaríamos observar al hablar sobre la víctima (un caso muy elocuente de ello lo vimos en el análisis no verbal de los padres de Madeleine McCann). Incluso podríamos llegar a detectar visos de culpa por no haber podido hacer más para evitar la pérdida, o sonrisas al recordar la infancia o la historia personal del desaparecido pero no sería congruente esta emoción de alegría en cualquier otro momento, aquí me viene a la cabeza el caso Asunta y las carcajadas de Rosario Porto que captaron las cámaras indiscretas durante el registro de su casa, importante, tras encontrar a su hija asesinada en el bosque.

Por tanto, vemos cómo, tenemos por un lado una emoción esperada y por otro lado una emoción presentada, a veces éstas no son congruentes entre sí y crean una disonancia en nuestra forma de interpretar los acontecimientos, confusa, sin sentido, nos queda la sensación de que algo no cuadra. Efectivamente, en el caso que nos ocupa hay ciertos patrones de conducta que pueden provocar en nosotros esta percepción de incongruencia emocional, pero esta falta de adecuación del afecto o incluso la ausencia emocional no convierte a nadie en responsable de una desaparición.

Existen multitud de factores que intervienen en el proceso de exteriorización de los sentimientos, por ejemplo, la relación previa con la persona desaparecida: ésta pudiera ser tortuosa y lo vivido en el pasado puede interferir en la filtración de expresiones de índole negativo en el momento presente; el contexto de la desaparición: una separación de los padres de por medio, la retirada de la custodia de la hija menor a la madre, la intervención de la prensa, la opinión pública, datos erróneos, o no, filtrados a los medios, la exposición de la intimidad de la familia, y un largo etcétera, pueden ir minando el ánimo de los padres y transformando su conducta hasta parecer extraña; variables de personalidad: personas más introvertidas o con rasgos de psicoticismo elevados demuestran una mayor dificultad para expresar sus emociones, esto no quiere decir que no lo sientan intensamente o que lo exterioricen pero solo en la intimidad; incluso puede intervenir la fisionomía de un rostro.

En este punto, recuerdo también el caso de Rocío Wanninkhof, y de la primera imputada como culpable del delito, Dolores Vázquez, que llegó a ser juzgada y encarcelada para más tarde demostrarse su inocencia tras la confesión del verdadero asesino. En aquellos años en los que el asunto estuvo muy candente en los medios de comunicación llegué a escuchar a algún ‘experto’ psicólogo/criminólogo decir que Dolores Vázquez debía ser la culpable porque no presentaba emociones congruentes, tenía rasgos psicopáticos muy marcados y “además es que tiene cara de mala”. Ciertamente, fue condenada socialmente por su apariencia fría y actitud enrarecida en sus apariciones públicas.

Pero sí, señores, una persona que conozca a la víctima puede haber tenido una mala relación con ella, un móvil factible para querer que desaparezca del mapa, puede ser psicópata, fría, calculadora, sin emociones, e incluso tener una apariencia desagradable, y con todo ello no ser la culpable de absolutamente nada. La comunicación no verbal puede causar alarmas, puede ser un indicio más para la investigación, puede guiar un interrogatorio, puede esclarecer ciertas incógnitas, pero no puede condenar directamente a nadie de la autoría de un delito. 

Para entender todo esto es muy recomendable la película ‘Perdida’… ¡ya me contaréis qué tal!