Si el coronavirus es natural, ¿podría haber escapado de un laboratorio?

Decíamos ayer que en las últimas semanas ha vuelto a reavivarse un cierto debate popular sobre el origen del coronavirus SARS-2 causante de la COVID-19. Así que, una vez más, conviene volver sobre ello para separar los hechos, sus interpretaciones y los rumores o bulos. No a todos les importa mucho esta distinción, y cada cual es libre de creer lo que le apetezca. Pero ante el aluvión de informaciones y opiniones, quienes de verdad quieran separar los datos de todo lo demás pueden sentirse algo confundidos entre todo el ruido mediático.

Empecemos definiendo los términos: cuando se discute sobre si el virus salió de la selva o de un laboratorio, en realidad no se trata de dos hipótesis, sino de por lo menos tres (hay alguna más y estas a su vez tienen variaciones, pero dejémoslo así):

Hipótesis 1: El virus infectó a alguien en la naturaleza. La adaptación a los humanos resultante en la cepa original se produjo en un animal intermediario o en los propios humanos.

Hipótesis 2: Una persona resultó infectada por un virus recogido de la naturaleza, presente en alguna muestra o animal, o cultivado ex profeso en un laboratorio, o por un virus derivado por sí mismo en el laboratorio de otro recogido en la naturaleza.

Hipótesis 3: Una persona resultó infectada por un virus genéticamente modificado en un laboratorio para hacerlo más infectivo en humanos.

A menudo, en los medios, en artículos de opinadores y entre el público la 2 y la 3 se confunden, pero es esencial diferenciar. Son muchos los científicos que exigen investigar más a fondo si el virus pudo escapar de un laboratorio, pero la inmensa mayoría se refieren a la hipótesis 2, e incluso los científicos relevantes expertos que contemplan la posibilidad de la 3 se muestran muy cautos a la hora de valorar esta opción, aunque no así algunas otras fuentes no expertas.

Ilustración del coronavirus SARS-CoV-2. Imagen de CDC/ Alissa Eckert, MS; Dan Higgins, MAM / Wikipedia.

Ilustración del coronavirus SARS-CoV-2. Imagen de CDC/ Alissa Eckert, MS; Dan Higgins, MAM / Wikipedia.

En cuanto a la hipótesis 2, los investigadores necesitan trabajar con los virus. De otro modo no sabríamos cómo funcionan, y no tendríamos fármacos ni vacunas. Incluso con las máximas medidas de seguridad –que, si es cierto lo que apuntan algunas informaciones, podrían haber fallado en el Instituto de Virología de Wuhan (WIV)–, no sería la primera vez que ocurre un accidente; hay varios ejemplos históricos bien documentados, como el que dio origen a las últimas infecciones de viruela cuando la enfermedad ya estaba erradicada. Si este fuera el caso, sería una desgracia, quizás una negligencia que ha causado millones de muertes en todo el mundo, y que debería esclarecerse no solo para que quien correspondiera asumiese sus responsabilidades, sino también para que no volviese a repetirse.

El problema es que no hay pruebas de que esto sucediese, y es imposible tenerlas de que no sucedió. Shi Zhengli, la viróloga conocida popularmente como Bat Woman, que dirige las investigaciones con coronavirus de murciélagos en el WIV, ha jurado por su vida que el virus no salió de su laboratorio, pero evidentemente un juramento no es una prueba, y la hipótesis 2 solo podría confirmarse, nunca refutarse.

Pero siendo así, ¿por qué la gran mayoría de los científicos apoyan la hipótesis 1 frente a la 2? Es una simple cuestión de probabilidades; en ausencia de pruebas concluyentes, un científico no debe descartar ninguna hipótesis, pero debería inclinarse hacia la más probable si una de las dos lo es.

Las zoonosis, saltos de patógenos de animales a humanos, ocurren constantemente. La inmensa mayoría no provocan epidemias y los casos pasan inadvertidos para el público, pero la mayoría de los patógenos humanos emergentes son zoonóticos. Los murciélagos albergan miles de coronavirus distintos, y lo mismo ocurre con otros animales. Recientemente hemos sabido que ocho pacientes hospitalizados con neumonía en Malasia entre 2017 y 2018 estaban infectados por un coronavirus de perro. Antes de esta pandemia, en 2018, un pequeño estudio serológico en la provincia china de Yunnan encontró que casi un 3% de las personas testadas que vivían en las cercanías de alguna cueva poseían anticuerpos contra coronavirus de murciélagos, lo que indica que en algún momento han sido infectadas por virus presentes en estos animales.

En los últimos días, investigadores chinos han alertado en la revista Science de la muy preocupante expansión de las gripes aviares H5, sobre todo de la H5N8. Recordemos que la H5N1 ha tenido en humanos una letalidad del 60%. Hasta ahora hemos tenido la fortuna de que estos virus aún no se han adaptado a un fácil contagio entre humanos, pero las nuevas cepas virulentas de gripe han sido desde hace años las principales candidatas a provocar una pandemia que empequeñecería lo que hemos conocido con la COVID-19.

¿Por qué, entonces, podría haber surgido una gran pandemia como esta entre tantos otros casos que se resuelven por sí solos sin causar catástrofes de tal magnitud como la que estamos viviendo ahora? Creo que a estas alturas ya está en la mente del público que está en la naturaleza de los seres vivos (y los virus lo son, al menos desde este punto de vista) evolucionar, y los virus lo hacen con mucha facilidad, ya que además de las variaciones en su secuencia genética cuentan con mecanismos como la recombinación entre virus relacionados, en la cual está el origen de muchas nuevas cepas de gripe.

Por ejemplo, nadie piensa que la variante británica, la brasileña o la india del SARS-2 hayan surgido de un laboratorio; cuando aparece un linaje con una mayor infectividad, es una mejora –para el virus– que ha surgido a lo largo de su evolución. Del mismo modo, la variante básica de Wuhan podría ser también una mejora de otro virus natural aún no conocido, o una recombinación entre dos virus. Lo cierto es que vivimos peligrosamente en nuestra relación con los virus, y que una vez entre millones pueda ocurrir algo como lo que estamos viviendo ahora es no solo perfectamente factible, sino más probable que cualquiera de las alternativas.

Resumiendo lo dicho hasta aquí, y ciñéndonos a la idea de que el virus del SARS-2 sea de origen cien por cien natural, ¿es posible que escapara de un laboratorio? La respuesta es que sí, lo es. Pero si una sospecha es suficiente para reclamar más investigaciones, como han hecho numerosos científicos a través de varios artículos (este reciente en Science, este en PNAS, o esta carta abierta firmada por una veintena larga de científicos), en cambio no lo es para abandonarse a un pensamiento sesgado olvidando que la hipótesis más factible, por ser la más probable, es la zoonosis natural: millones de personas viviendo en ambientes con presencia de animales portadores de virus potencialmente zoonóticos, normalmente sin ningún tipo de precaución o ni siquiera ser conscientes de este riesgo, frente a un puñado de profesionales preparados trabajando con un virus en un laboratorio con medidas de seguridad, incluso si en el WIV estas no fueron todo lo estrictas que deberían haber sido.

Pero parece obvio que la idea que más ha cundido y preocupa al público no es que un virus natural haya podido escapar de un laboratorio, sino que se trate de un virus modificado genéticamente. Mañana seguiremos con la hipótesis 3.

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