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¿Nos acerca el lago de Marte al descubrimiento de vida? (Spoiler: no)

En este blog suelo reaccionar con cierta frialdad a los hallazgos de agua en Marte, y no precisamente por falta de interés. Más bien todo lo contrario: Marte es el único material científico del que he tirado en mi actividad extraescolar como novelista (Tulipanes de Marte), así que puede imaginarse mi cariño especial por nuestro vecino planetario del cuarto, al que suelo contemplar en el cielo con un loco e imposible sueño viajero detrás de la mirada; sobre todo en días como estos, cuando físicamente está tan cerca de nosotros.

Entiéndase, el hallazgo de una (probable) gran extensión de agua líquida bajo el hielo del polo sur de Marte es uno de los mayores descubrimientos recientes de la ciencia planetaria. Cuando supe de la noticia, lo primero que quise saber es ¿por qué ahora? ¿Por qué no hasta ahora? Y me maravilló la astucia de los investigadores italianos, que modificaron el manejo de los datos para revelar algo que hasta entonces había pasado inadvertido al radar de la sonda orbital Mars Express debido a que el software del aparato enviaba la media de cada 100 lecturas, lo que anulaba la señal del agua. Al actualizar el software para que enviara los registros individuales, allí apareció la firma del agua líquida; quizá no un lago como tal, sino un estrato de roca porosa mojada. Pero agua.

Casquete de hielo en el polo sur de Marte, bajo el cual puede existir un lago de agua líquida. No todo es hielo de agua, ya que el hielo seco (CO2) también está presente. Imagen de ESA/DLR/FU Berlin/CC BY-SA.

Casquete de hielo en el polo sur de Marte, bajo el cual puede existir un lago de agua líquida. No todo es hielo de agua, ya que el hielo seco (CO2) también está presente. Imagen de ESA/DLR/FU Berlin/CC BY-SA.

Mi tibieza no se debe a que el agua líquida en Marte sea un presunto hallazgo recurrente que ya nos ha decepcionado en ocasiones anteriores. Aquí conté la última de ellas: en 2011 y 2015 se publicaron indicios que apoyaban la existencia de torrentes estacionales de agua, en concreto lo que parecía ser una salmuera muy concentrada que puede permanecer en estado líquido hasta -70 oC. Sin embargo, el pasado noviembre se cortaba el agua en Marte: nuevos datos indicaban que en realidad –y a fecha de hoy; la ciencia de verdad es la única que rectifica cuando se equivoca– aquellos torrentes no contienen otra cosa que polvo y arena.

En el caso del nuevo estudio, los expertos han señalado que los datos del radar son muy sugerentes, pero no definitivos, y que deberán contrastarse con otras lecturas. Pero como voy a explicar, incluso aunque la existencia del lago marciano se confirme, en realidad no añade gran cosa a la posibilidad de vida actual en Marte, ni mejora la posición de este planeta en el ranking de lugares del Sistema Solar que hoy podrían albergar comunidades de microbios.

En realidad, la existencia de agua en Marte la conocemos desde 1963, cuando se confirmó la presencia de vapor de agua. En la enrarecida atmósfera marciana el agua hierve a 10 oC y las temperaturas son de congelación profunda, por lo que el hielo y el vapor son claramente lo que allí más se despacha. Pero dado que la geología marciana conserva pruebas abundantes de un pasado acuoso y una vez demostrado que las moléculas de H2O han resistido durante millones de años a la pérdida de la mayor parte de la atmósfera marciana, el resto es una cuestión de buscar nichos con las condiciones adecuadas de presión y temperatura para encontrar el agua en estado líquido.

Y a priori, es muy probable que estos nichos existan. Sin embargo, sus condiciones son brutales. En 2008 la sonda Phoenix de la NASA, posada en el ártico marciano, analizó el suelo y detectó perclorato, una forma extremadamente oxidada del cloro. Phoenix también confirmó la existencia de hielo de agua fuera de los casquetes polares y quizás incluso de gotitas de agua líquida; también vio nevar en Marte.

En lo que se refiere al perclorato, este anión –o esta sal, si lo prefieren– actúa como un potente anticongelante y puede facilitar la presencia de agua líquida en el gélido ambiente marciano. Pero el descubrimiento de este compuesto complicaba las cábalas sobre la posible existencia de microbios marcianos, porque el perclorato es un arma de doble filo: por un lado, es tóxico para la vida en general. Pero por otro, en la Tierra existen microbios que se alimentan de perclorato en lugares como el desierto chileno de Atacama, el enclave más seco de la Tierra.

Pero… como siempre suelo subrayar, los microbios extremófilos terrestres (aquellos que viven en condiciones casi imposibles, como los volcanes, los polos o Chernóbil) son parte de una enorme masa de biodiversidad que se ha expandido para colonizar todos los hábitats a su alcance. Que sepamos, esto no se aplica a Marte. Algunos estudios sugieren que los microbios terrícolas que comen perclorato pudieron ser pioneros evolutivos de nacimiento muy temprano, antes de que la atmósfera terrestre se llenara de oxígeno, lo que sería un argumento a favor de la posible aparición de seres similares en Marte cuando aquel planeta y el nuestro seguían vidas paralelas, al comienzo de su existencia. Pero en el fondo, no lo sabemos, y los astrobiólogos aún discuten si la presencia de esta sal es una buena o una mala noticia para la posibilidad de vida marciana (ver, por ejemplo, aquí y aquí).

En resumen, el perclorato y las temperaturas ambientales son factores que condicionan la posibilidad de agua líquida en Marte, pero también son los principales factores limitantes para la vida en Marte, incluso una vez demostrada la existencia de agua líquida. Así, el hallazgo de un lago probablemente perclórico deja las cosas más o menos como ya estaban respecto a las especulaciones sobre la vida marciana.

Por otra parte, desde hace tiempo se conoce la existencia de cuerpos del Sistema Solar que tienen no un posible lago subglacial, sino todo un inmenso océano global. Dos ejemplos son Encélado, luna de Saturno, y Europa, satélite de Júpiter. Es más, en estas lunas se cree que el agua se mantiene líquida bajo el hielo por un calentamiento debido a la fricción de las mareas causadas por el tirón gravitatorio de los grandes planetas, por lo que estos océanos no necesitarían grandes cantidades de sales tóxicas y serían por tanto más hospitalarios para la vida que un posible lago en Marte.

En resumen, Marte continúa siendo una incógnita, pero en principio sigue pareciendo un objetivo mucho menos prometedor para la búsqueda de vida que otros lugares del Sistema Solar como Europa o Encélado, o incluso Titán (Saturno) o Ganímedes (Júpiter).

En cualquier caso, el argumento final es sin duda el más desolador. Y es que, si alguien espera que de inmediato se prepare una misión para comprobar si hay algo vivo en ese presunto lago marciano, que abandone toda esperanza: los actuales protocolos de protección planetaria, a los que se adhieren organismos como la NASA y la ESA, recomiendan evitar el envío de sondas a enclaves extraterrestres donde los microbios terrícolas polizones podrían contaminar la vida nativa. O sea, que si hay sospecha de vida no pueden enviarse sondas, y si no se envían sondas nunca sabremos si hay vida. Un bonito ejemplo de lo que aquella novela de Joseph Heller acuñó como una trampa 22.

5 comentarios · Escribe aquí tu comentario

  1. Dice ser Rompecercas

    Una de las formas de práctica científica es la especulación, no todo es conocimiento purísimo e inmaculado…vamos, casi nada lo es en ciencia.

    Ya se viene hablando de muchas de estas cosas sobre Marte desde la época de Asimov. Veo pocos avances, veo muchos clichés, mucha idea precocinada, poca novedad, mucho estirar el chicle…. Un día estamos viviendo con que es inminente la colonización, y al siguiente nos enteramos de que hasta hoy no se sabía nada sobre el agua del planeta, y que por fin se sabe lo que se suponía que se sabía. Hemos ido para atrás, cuando se vendía que estábamos a punto de lanzarnos a conquistar la galaxia.

    Como se vé, otra de las facetas de la labor cientítica y los organismos científicos es la propaganda, mantenernos constantemente asombrados con cosas sensacionales que a lo mejor no tienen mucha base…alargar el chicle.

    28 julio 2018 | 15:43

  2. Dice ser Uno cualquiera

    La pregunta más sencilla que ningún científico sabe (y de la cual ningún científico hace eco) es:
    “¿Cómo surgió la vida?”

    Pasteur have años que desmontó la creencia de la generación espontánea.

    ¿Cómo surgió?
    Aún no saben.
    Todavía piensan que “por casualidad” o “por espontaneidad” surge la vida de materia inanimada.

    Aquí me quedo a esperar que alguien me lo cuente

    S2

    28 julio 2018 | 21:04

  3. Dice ser José Luis Blanco Coli

    Me llama la atención, por que tanto insistir con Marte si tenemos a “tiro de piedra!” la Luna y nadie especula con utilizarla como base astronómica, de salto para otras exploraciones. Aquí, hay algo de propaganda sin otro objetivo que conseguir fondos y aportes económicos para seguir investigando o para seguir especulando, con frutos económicos muy importantes.
    Hasta que la investigación y los viajes a la Luna no estén normalizados, que nadie espere nada substancioso importante. Y más vale que se dediquen fondos para paliar el hambre en nuestro planeta y corregir humanamente el problema de los pobres refugiados que han perdido todo lo que tenían y que apenas tienen esperanzas de vida normal, trabajo y la posibilidad de reconstruir sus vidas.
    La investigación planetaria es de una hipocresía y cinismo dificil de entender , ante tantas miserias humanas y de tantos desequilibrios económicos que causan tantas muertes y sufrimientos.

    29 julio 2018 | 10:48

  4. El echo que tenga agua no significa que tenga vida, el planeta es muy austero no tiene nada que mantenga algo con vida pero es una lotería, genial articulo.

    29 julio 2018 | 14:27

  5. Dice ser Rompecercas

    Señores, “una interpretación”, pero no una verdad.

    https://www.bbc.com/mundo/noticias-44979486

    ¿Cómo fue posible detectar el lago de agua líquida? (Emilio Nicolás Ortellado Galeano, Buenos Aires, Argentina)

    El radar que usamos envía un pulso de una frecuencia muy baja, en el rango de los megahercios. Y esas frecuencias de ondas de radio son capaces de penetrar bajo la superficie y propagarse en el terreno. Cuanto mayor sea la longitud de onda y menor la frecuencia, mayor será la penetración.

    Cuando cambia el material y se pasa, por ejemplo, de arena a roca, o en nuestro caso de hielo a agua, hay un cambio en el índice de refracción. O más precisamente, lo que se llama permitividad dieléctrica.

    La permitividad mide esencialmente la velocidad de propagación en un material y la atenuación, es decir, lo rápido que una onda de radio es absorbida por un material.

    ¿Cómo están tan seguros de que ese líquido encontrado en Marte es agua y no es otro tipo de líquido? (Alex Mercedes, Santo Domingo, República Dominicana)

    Ese fue precisamente uno de los problemas que tuvimos que resolver.

    La diferencia entre agua y otros tipos de líquidos que ocurren naturalmente es que el agua tiene una permitividad muy alta. El término es un poco técnico, pero significa que las señales o ecos que recibimos con el radar desde una superficie de agua son extremadamente fuertes comparadas con las que vienen de otros materiales naturales.

    Eso fue lo que nos guió en nuestra interpretación.

    Los lagos subglaciales en la Tierra son detectados de la misma forma por radar.

    03 agosto 2018 | 15:03

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