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¿Por qué estamos aquí?

28 septiembre 2011

Por Emmett Kearney (Médicos Sin Fronteras, Sudán del Sur)

Si habéis leído recientemente algo en las noticias sobre el problemas o violencia en este nuevo país que es Sudán del Sur, seguro que no se mencionaba ningún lugar cercano a Raja, desde donde os escribo. Los enfrentamientos entre las diferentes tribus por el robo de ganado en Jonglei y la continua violencia en torno a Abyei y en el sur de Kordofán, sumados a los nuevos combates en la frontera (ahora internacional) que separa Sudán de Sudán del Sur, nos recuerdan que la independencia obtenida el pasado 9 de julio no ha supuesto el fin de décadas de violencia y luchas.

Algunas de las consecuencias de estos años de violencia, migraciones forzadas, y la incapacidad de la población para vivir una vida normal se encuentran en las contundentes estadísticas relativas al nivel de salud de la nueva nación, que os resumiré en estas pocas líneas, con datos que podéis encontrar en los informes de varias agencias de Naciones Unidas:

  • tres de cada cuatro personas no tienen acceso a atención sanitaria básica,
  • la malaria es hiperendémica, siendo la causa de más del 40% de todas consultas sanitarias,
  • una de cada siete mujeres embarazadas morirá,
  • una muchacha de 15 años tiene más probabilidades de morir de parto que de terminar la escuela,
  • sólo el 6,4% de la población tiene unas condiciones de saneamiento adecuadas.

A este listado hay que añadirle el coste de la guerra, que se estima en dos millones de muertos, cuatro millones de desplazados y un millón de refugiados. Y esto es sólo Sudan del Sur. Estas cifras no tienen nada que ver con Darfur. Es horrible. Resulta difícil hacerse una idea. Pensando en el futuro, uno se da cuenta de lo mucho que queda por hacer en este país. ¿Por dónde empezar? ¿Quién debería hacerlo y cómo? ¿Cuál es el papel de Médicos Sin Fronteras?

Como ya he mencionado, en Raja no nos encontramos cerca del actual foco de violencia, a diferencia de otros equipos de MSF que sí lo están, hasta el punto de haber registrado asaltos en nuestras clínicas. Pero ¿significa eso que en Raja no estamos respondiendo a una grave emergencia? O por el contrario, ¿demuestran las estadísticas expuestas más arriba que sí lo estamos haciendo? ¿Debería acaso ocupar nuestro lugar una organización más orientada al desarrollo? ¿O la simple falta de infraestructuras justifica nuestra intervención en Raja?

MSF es una organización médico-humanitaria que, permitidme que cite la Carta Magna de la organización, “aporta su ayuda a las poblaciones en situación precaria, a las víctimas de catástrofes de origen natural o humano, de conflictos armados, sin discriminación de raza, sexo, religión, filosofía o política”. Es por tanto una organización emergencista y nuestras actividades, orientadas a preservar la vida y aliviar el sufrimiento de personas en periodos de crisis, tiene poco que ver con el denodado esfuerzo de las organizaciones especializadas en desarrollo y cooperación que luchan por construir e implantar nuevos modelos de desarrollo.

Es cierto que lo que estamos viendo aquí es una población en situación precaria que, de otro modo, tendría un acceso mucho más limitado a la atención médica. Las últimas semanas hemos sido testigos de una explosión de malaria que ha colapsado la sala de pediatría. Hay muchas vidas en la cuerda floja. Pero, ¿no justificaría esto que abriésemos proyectos en muchos otros lugares? ¿Qué ocurrirá si nos vamos de Raja?

Una cosa que me gusta de MSF es el constante debate interno sobre quiénes somos, qué deberíamos hacer y cómo llevarlo a cabo. Por lo que las preguntas anteriores están abiertas. No nos falta autocrítica ni introspección organizativa.

Por ejemplo, mi misión anterior en Zambia fue un proyecto de prevención del cólera. Tras responder año tras año a brotes de cólera en los barrios marginales de Lusaka, se decidió emprender una acción preventiva que consistía en gran medida en clorar pozos sucios o superficiales y lanzar una campaña de educación para fomentar la higiene, para después intentar que el gobierno y otros actores siguiesen dichas recomendaciones.

¿Por qué tratar los síntomas y no la causa? Parece lógico, pero lo cierto es que hubo mucho debate interno alrededor del proyecto en su conjunto así como sobre qué actividades deberían llevarse a cabo. Aunque en ocasiones es frustrante, encontré que era saludable discutir y contrastar nuestras propuestas de acción con la filosofía de la organización.

Mientras tanto, en Sudán del Sur, las cosas todavía están en el aire. La situación es tranquila en nuestra zona, pero en estos momentos la lista de lugares que no lo están es larga. La realidad ha mejorado mucho pero es todavía precaria. Raja, con una población de 26.000 personas, está formada en un 90% por retornados, según la información de que disponemos. ¡Un 90%! Esto significa que sólo un 10% de la población local se quedó durante los peores años de violencia.

Me pregunto cómo debía ser esta ciudad con únicamente 2.600 habitantes. Cuesta imaginarlo. Quizás de la misma forma como cuesta imaginarnos el hecho de no estar aquí y de no tratar a las mujeres y niños que necesitan ayuda urgente.

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Foto superior: Desplazados instalados en refugios improvisados en la aldea de Juong, en el estado de Warrap, en Sudán del Sur. Los bombardeos y la violencia en la disputada región fronteriza de Abyei forzaron la huida de 100.000 personas a mediados del pasado mes de mayo (© Gaël Turine/VU).

Foto inferior: Vista aérea de la clínica de Médicos Sin Fronteras en Pieri, Sudán del Sur, saqueada y parcialmente incendiada durante los ataques en la zona el pasado 18 de agosto (© MSF).

Sonrisas sanas en Alcalá

25 agosto 2010

Por Roxana Pintado, Ayuda en Acción Bolivia

Hace ya 3 años que los niños y niñas de Alcalá, en Chuquisaca, al sur de Bolivia, gozan de los beneficios de un Seguro Médico Escolar. Y eso, que parece tan simple,  hace la diferencia en sus vidas.

 Cuando Ayuda en Acción y la Fundación Participación y Sosteniblidad (Pasos), ONG boliviana de contraparte en la zona, comenzaron a trabajar allí, se dieron cuenta que los problemas de ausentismo escolar estaban relacionados, entre otras cosas, con problemas de salud infantil sostenidos. No bastaba con construir aulas nuevas y capacitar a los profesores; había que hacer algo más para solucionar el problema.

Más del 15% de los  niños y niñas del ciclo primario se ausentaban de clases o abandonaban el sistema escolar por problemas de salud o de otra índole. La baja calidad educativa y las malas condiciones de la infraestructura se convertían en desincentivos para los padres de familias, quienes optaban por excluir a los chicos de la educación y “emplearlos” en apoyar las actividades agrícolas. Y si se enfermaban, en lugar de llevarlos a la posta de salud, donde les podían cobrar los medicamentos y los exámenes, los curaban en sus casas con remedios caseros.

El Estado boliviano asigna recursos para un seguro de salud que cubre únicamente a las mujeres embarazadas y a los niños hasta los 5 años de edad, justamente el momento en el que comienzan la escuela. Hace aproximadamente un año el Gobierno nacional anunció que promulgaría una Ley que establezca el Seguro de Salud Universal para todos los ciudadanos; sin embargo, hasta ahora no se ha aprobado ni se encuentra en debate en el Congreso.

 Entrega de medicamentos al hospital. Foto: Roxana Pintado, AeA

Con este panorama, la cooperación de Ayuda en Acción puso en marcha un Seguro Médico Escolar en el municipio de Alcalá, desde 2007. Ante los resultados, la iniciativa se extendió el 2009 a El Villar y este 2010 a Sopachuy y hoy son 3950 niños, niñas y adolescentes que reciben atención médica general y de odontología en los Hospitales  Municipales y las postas sanitarias de los tres municipios. El seguro cubre atenciones de enfermedades respiratorias (IRAs) y  estomacales (EDAs), que son las más comunes, así como la atención de accidentes y de odontología.

Para tener acceso a la cobertura del seguro se han puesto algunas condiciones, que las familias han aceptado y cuyo cumplimiento el sistema educativo-sanitario se encarga de controlar. La matriculación en la escuela, la asistencia regular a clases y  la permanencia anual son algunas de ellas. La coordinación entre la escuela y el servicio de salud también son un elemento indispensable en el “sistema”.

Si bien la mayor parte de la inversión que demanda esta iniciativa es ahora cubierta por la cooperación, los gobiernos municipales comprometen actualmente recursos (para aproximadamente una tercera parte del presupuesto), con la proyección de que en los próximos 3 años los municipios asuman el 100% del costo del servicio.

Hasta tanto el gobierno nacional ponga en marcha el Seguro Universal de Salud, todos los niños mayores de 5 años de Alcalá, Sopachuy y El Villar tienen más razones para continuar sonriendo.

Participación ciudadana en salud

05 mayo 2010

Manuel Galán, coordinador de Médicos del Mundo en Tanzania

Teóricamente, los procesos de elaboración de los planes y presupuestos de salud en Tanzania parten de las pequeñas comunidades para ascender hasta los Distritos, es decir, son muy horizontales y participativos. Se inician en los barrios, y ascienden a los pueblos y comarcas para llegar finalmente al equipo de salud de Distrito quién, recogiendo todas las prioridades y en función de sus limitaciones presupuestarias, realiza la propuesta inicial de Plan y Presupuesto anual al Consejo político quién la eleva posteriormente a la región y al Ministerio de Finanzas. Es un proceso largo, que se inicia en octubre y termina en abril con la aprobación definitiva de planes y presupuestos nacionales (en Tanzania el calendario presupuestario es de julio a junio del siguiente año).

Aparentemente es un proceso participativo pero la realidad es algo diferente. Ni la planificación se inicia de una forma participada en los pueblos ni las personas corrientes tienen espacio y mucho menos voz y voto en dichas reuniones.

Taller sobre identificación de problemas en Salud Sexual y Reproductiva en el Distrito de Singida. Foto: Victoria Malimbwi

Tanzania avanza, como muchos países africanos, hacia un proceso paulatino de descentralización de la gestión sanitaria, en nuestro caso iniciada por la reforma sanitaria del año 1995, que otorgó enorme poder de decisión y gestión a los Distritos. Esta es una forma coherente y una gran oportunidad para acercar la salud a las personas, discernir y conocer sus auténticas prioridades en salud e involucrarles como individuos y miembros de la sociedad civil en los procesos de planificación, diseño y seguimiento de presupuestos. Sin embargo, este proceso aún tiene muchas debilidades, entre ellas: el escaso nivel de participación de la sociedad civil, la falta de análisis crítico en la identificación de problemas de salud, la verticalidad en la planificación y la ausencia de seguimiento y devolución de la ejecución presupuestaria a la comunidad.

En Médicos del Mundo se ha empezado tímidamente a trabajar en alguna fase del ciclo de planificación y presupuestación de salud en dos distritos donde desarrollamos un trabajo de promoción de derechos sexuales y reproductivos. A medio plazo, nuestro objetivo es poder identificar junto a otras asociaciones de sociedad civil y la persona focal de salud sexual y reproductiva en el distrito, una intervención ideal para la promoción de estos derechos y posterior discusión abierta con el equipo de salud de sus contenidos, desarrollo, mecanismos de seguimiento y asignación presupuestaria. Otro objetivo es promocionar el conocimiento de las comunidades a través de los comités de salud de sus derechos de participación en dicho proceso y capacitar a la red de ONG de Desarrollo del Distrito para que realicen un seguimiento activo sobre la calidad del mismo.

En un contexto general de escasez de recursos, en particular en el sector salud, la correcta planificación, participación, definición de prioridades y asignación presupuestaria es clave de cara a promover una mayor efectividad. Nuestro papel como miembros de sociedad civil tiene que centrarse cada vez más en el acompañamiento, supervisión de estos procesos y en la formación de sociedad civil sobre su derecho de información para que puedan adquirir la representatividad que les corresponde por derecho pasando de meros receptores de servicios de salud a participantes activos del proceso de identificación, planificación y seguimiento. Ojalá en España y otros países europeos también se partiera de un marco teórico conceptual tan participativo como se ha pensado en Tanzania, un buen paso para avanzar hacia la promoción de presupuestos participativos .