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Las claves de un tema que nos afecta a todos

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Fijar un suelo para el precio del CO2

La Unión Europea (UE) tiene el compromiso de reducir sus emisiones de gases de efecto invernadero en un 20% en 2020, un 40% en 2030 y entre un 80 y 95% en 2050, siempre con respecto a los niveles de 1990. Para España estos compromisos se concretan en objetivos de reducción de emisiones diferentes, vinculantes a nivel estatal en algunos horizontes temporales y no vinculantes en otros. Estos objetivos requieren una transformación radical de nuestro modelo energético y pueden parecernos muy ambiciosos, pero en realidad ni siquiera llegan a ser suficientes.

El reciente informe del IPCC (Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático) titulado El cambio climático de 1,5°C alerta de que, para evitar que el aumento de la temperatura media del planeta supere 1,5°C, es necesario descarbonizar nuestra economía de una manera más acelerada y profunda de lo que se estimaba hasta ahora, alcanzando un sistema global con emisiones netas nulas en 2050. De acuerdo con este informe, limitar el aumento de temperatura a 1,5°C en lugar de 2°C disminuye muy significativamente la probabilidad de fenómenos extremos asociados al cambio climático y reduce el riesgo de cambios de larga duración o irreversibles.

La UE también tiene unos compromisos relativos al porcentaje de energía de origen renovable y aumento de eficiencia que, además de contribuir a los objetivos de reducción de emisiones, tienen otras ventajas asociadas como la reducción de la contaminación local, por ejemplo, los episodios de contaminación del aire en grandes ciudades como Madrid, un menor consumo de combustibles fósiles y otros materiales o la generación de empleos asociados.

Además de estos compromisos, el principal mecanismo que la UE ha implementado para conseguir los objetivos de reducción de emisiones es el mercado de derechos de emisión de gases de efecto invernadero (conocido como ETS, siglas en inglés de European Trade System). Así, las actividades incluidas en los sectores ETS, que representan aproximadamente la mitad de las emisiones de la UE y entre las que se incluyen la generación de electricidad y los grandes consumos industriales, deberán adquirir en el mercado tantos derechos como emisiones de gases de efecto invernadero resulten de su actividad.

Los sectores no ETS (agricultura, edificación, residuos y transporte excluyendo la aviación), responsables de la otra mitad de las emisiones, no están obligados a adquirir derechos de emisión. Las estrategias para reducir las emisiones de los sectores no ETS se centran en el ahorro, la eficiencia, y el uso de energías renovables, así como en incentivos fiscales que propicien tanto la selección de tecnologías menos contaminantes como cambios de comportamiento.

Figura 1. Distribución por sectores de las emisiones de gases de efecto invernadero en la Unión Europea en 2016. Fuente: European Environment Agency.

Pero volvamos al mercado de derechos de emisión. La justificación conceptual de esta herramienta es sencilla: el pago por el derecho de emisión es un mecanismo para internalizar los costes ambientales asociados a dicha emisión. Uno de los principales defensores de la tasación de las emisiones de gases de efecto invernadero es William D. Nordhaus, premio Nobel de economía de este mismo año. El comité de los Premios Nobel destacó que el profesor Nordhaus había demostrado que “el remedio más eficiente para los problemas causados por gases de efecto invernadero es un esquema global mediante el cual se impone una tasa de carbono universal”.

El párrafo anterior requiere varios comentarios adicionales. En primer lugar, no está demostrado que remedios alternativos, tales como una fuerte regulación para reducir, a tiempo y en cantidad suficiente, las emisiones de CO2 no sean más efectivos. En segundo lugar, el propio concepto de internalización presenta muchos inconvenientes pues ¿cómo se traduce a un precio de CO2 la pérdida de biodiversidad asociada con la desaparición de un ecosistema, la extinción de una especie o las muertes humanas causadas por fenómenos extremos asociados al cambio climático?

Además de estas salvedades, el problema es que el mercado de derechos de emisión europeo lleva varios años siendo prácticamente inútil, puesto que el precio que ha estado fijando el mercado para los derechos de emisión es tan bajo que no supone en realidad ningún estímulo ni siquiera para, por ejemplo, dejar de utilizar fuentes de generación de electricidad altamente emisoras como las centrales de carbón.

Figura 2. Evolución del precio de los derechos de emisión de CO2 en €/tCO2. Fuente: sandbag.

Después de más de seis años por debajo de 10 €/tCO2, el precio de los derechos de emisión ha comenzado a subir en los últimos meses, llegando a superar 20 €/tCO2 entre los últimos días de agosto y los primeros de octubre de 2018. En España, algunos han asociado la progresiva subida del precio de la electricidad en el mercado mayorista que comenzó en mayo de 2018 con el aumento del precio del CO2. Sin embargo, existen varias causas adicionales que influyen directamente en esta escalada de precios. Una es el aumento del precio de las materias primas que utilizan algunas centrales, carbón y gas natural. La otra, es el carácter oligopólico del mercado mayorista: esto permite que, cuando el coste de una determinada tecnología aumenta (bien por un aumento del coste de la materia prima, bien por un aumento del precio del CO2), el precio al que ofertan el resto (incluida la hidroeléctrica) también lo hace, de manera que los impuestos ambientales, en lugar de alterar el orden de entrada al mercado y desplazar las tecnologías más contaminantes, se traduce en un aumento del precio que fija el mercado. Como resultado de este funcionamiento deficiente, en septiembre de 2018 el precio medio del mercado eléctrico no solo ha sido un 45% más alto que el valor medio para el mismo mes del año anterior, sino que las emisiones de CO2 han resultado un 18% superiores.

¿Cómo podemos garantizar que el precio del CO2 sea el suficiente para cumplir su cometido, es decir, reducir las emisiones asociadas a los sectores ETS tan rápido como es necesario para limitar las consecuencias del cambio climático?

Así pues, ¿cómo podemos garantizar que el precio del CO2 sea el suficiente para cumplir su cometido, es decir, reducir las emisiones asociadas a los sectores ETS tan rápido como es necesario para limitar las consecuencias del cambio climático? Podríamos resignarnos a pensar que debemos esperar a que Europa diseñe un mecanismo más efectivo, pero la realidad es que no tenemos tiempo, como nos recuerda el último informe del IPCC, el cambio climático avanza ya demasiado rápido para eso. Por ello, la experiencia de Reino Unido, todavía ejecutada en un contexto de pertenencia a la Unión Europea, puede servirnos de ejemplo a imitar.

Reino Unido introdujo en 2013 la política de apoyo al precio del carbono (Carbon Price Support) mediante la cual se establece un suelo para el precio de los derechos de emisión. En caso de que el precio de los derechos de emisión en el mercado resulte inferior a este suelo, aquellas actividades emisoras deben pagar una tasa por sus emisiones igual a la diferencia entre el precio que fije el mercado y el valor del suelo.  Además, el valor del suelo va aumentando con el tiempo, lo cual ha permitido a Reino Unido incentivar una descarbonización acelerada dentro del mecanismo vigente del mercado de derechos de emisión. El valor actual del suelo es de 18 £/tCO2 (21,6 €/tCO2) y permanecerá fijo hasta 2020. Los efectos de esta medida, que se concretan en el cierre de algunas centrales de carbón y la sustitución de generación basada en carbón por gas, has sido muy positivos. Las emisiones asociadas al sector eléctrico en Reino Unido se redujeron a la mitad en cuatro años,  desde 159 MtCO2 en 2012 hasta 78 MtCO2 en 2016. Como consecuencia, el país ha alcanzado niveles de emisión de CO2 tan reducidos que no se veían desde finales del siglo XIX.

 

Figura 3. Evolución del uso de distintos combustibles en Reino Unido y del precio del CO2. Fuente:  Wilson & Staffell, Nature Energy 3, 2018.

 

Figura 4. Evolución de las emisiones de CO2 en Reino Unido entre 1860 y 2016. Fuente: Carbon Brief.

Fijar un suelo para el precio de las emisiones de CO2 en nuestro país daría una señal estable en el largo plazo que podría servir para acelerar la descarbonización del sistema eléctrico y del resto de actividades incluidas en los sectores ETS. Si esta medida se acompaña de la necesaria reforma del mercado eléctrico que permita que cada tecnología cobre según su coste de generación, el precio del CO2 servirá como una herramienta efectiva para alterar el orden de entrada al mercado, expulsando del sistema a las tecnologías más contaminantes. Aun teniendo claro que no podemos limitarnos a establecer mecanismos de mercado para alcanzar una economía compatible con un aumento de temperatura medio del planeta inferior a 1,5°C y que esta no es la única herramienta que necesitamos, es una de las que podrían resultar más efectivas a corto plazo.

Por Marta Victoria – Observatorio Crítico de la Energía marta victoria

Carta del Ministro de Energía a SSMM los Reyes Magos de Oriente

Por Juan Castro – Gil – Abogado y secretario de ANPIER

Queridos Reyes Magos:

Álvaro Nadal, Ministro de Energía

Soy Álvaro, el Ministro de Energía de España, ese país tan bonito al que venís al final de vuestra ruta por Europa. Lo primero que me gustaría deciros es que en casa siempre hemos sido fieles seguidores de vuestro trabajo. Realmente, sois una referencia de hondo calado para nosotros. Por ello, hacemos todo lo posible por agradaros con nuestras actuaciones.

Por ejemplo, poco a poco, estamos consiguiendo que nuestro pequeño país se desertifique de forma inexorable y así se parezca un poco más a esos lejanos arenales donde vosotros vivís; mantenemos una relación muy estrecha con vuestros vecinos, los jeques y emires que manejan la venta del gas y del petróleo que queman en sus casas y vehículos. Las familias que gobernamos, y hacemos todo lo posible para que esas relaciones se mantengan duraderas en el tiempo; con el único objetivo de agradaros, nos quedamos con todo el carbón que lleváis y que desprecian casi todos los niños del mundo en sus cartas; nos mantenemos firmes en nuestro deseo de que los precios de la energía sean lo más altos posibles, provocando señaladas cotas de pobreza energética, haciendo que vuestra aparición en la noche de cada 5 de enero en los hogares españoles, se parezca lo máximo posible a aquella de hace 2018 años; y nos negamos categóricamente a seguir el camino de la defensa medioambiental de los países del norte de Europa, pues son los mismos que acogen en su territorio a ese tal Santa Claus, burdo suplantador de vuestro trabajo.

Como podéis ver, trabajamos duro a lo largo del año para que nada cambie. Y no creáis que nos lo ponen fácil. Muchos son los que en nuestra tierra creen que eso del cambio climático es un problema que terminará con la especie humana. ¡Insensatos! Cualquier persona bien informada sabe que lo que cambiará el devenir de los tiempos y de la humanidad es que en un pequeño barrio de Madrid, en la cabalgata de Reyes, se vistan a aquellos que reparten caramelos a los niños en vuestro nombre, con ropajes claramente indignos de vuestra majestuosidad. Eso sí que es realmente grave y haremos todo lo posible por impedirlo, sin perder el tiempo en cuestiones de baja enjundia como que suba un poco la temperatura.

En cualquier caso y por no extenderme más, espero que entendáis lo difícil de nuestra labor. De hecho, en el terminado 2017, no hemos podido batir el récord de año con más emisiones de CO2 a la atmósfera por producir energía y nos hemos quedado en el 2º lugar del ranking (aunque no os olvidéis que el 1º puesto del 2015 también fue gracias a nosotros). Espero que esta pequeña falta no sea impedimento para que esta noche nos tengáis en vuestra mente y nos dejéis todo el lignito posible, pues contamina mucho más que la antracita, y a nosotros nos gusta hacer las cosas bien.

Siempre vuestro, Álvaro.

Política energética en clave de avestruz

Ana Barreira – Directora del Instituto Internacional de Derecho y Medio Ambiente 

¿Por qué desde diversos sectores sociales, gubernamentales y económicos de España se insiste en seguir negando la urgente, inaplazable y necesaria transición energética?

Esta es la estrategia del Gobierno tras anunciar la italiana Enel, principal accionista de Endesa, el cierre en 2020 de las centrales térmicas de carbón de Andorra (Teruel) y Compostilla (León). Mientras UGT ha calificado el cierre de “escándalo”, el gobierno de Aragón hizo una ronda de visitas en Madrid para evitar lo inevitable y, según los medios, el ministro de energía Álvaro Nadal parece que prepara un Real Decreto Ley para impedirlo. Por otro lado, el PSOE presentó una fracasada moción en el Senado, contraria a la legislación de la UE, para seguir incentivando el carbón nacional… ¿Estos son los planes de descarbonización para nuestra economía anunciados por el Gobierno la semana pasada en las jornadas preparatorias de la futura Ley de Cambio Climático y Transición Energética? En palabras de la propia Ministra de Agricultura y Pesca, Alimentación y Medio Ambiente en la apertura de esas jornadas “todos estamos llamados a garantizar una transformación ordenada hacia una economía baja en carbono y resiliente al clima”. ¿Responde esa actuación de representantes políticos y sociales a una transformación?

Está en riesgo nuestra salud. Según el último informe que hemos elaborado en el Instituto Internacional de Derecho y Medio Ambiente (IIDMA), a las 15 térmicas de carbón en España se les atribuyen, en 2014, la muerte prematura de 709 personas en España, 459 hospitalizaciones por enfermedades cardiovasculares y respiratorias, más de 10.500 nuevos episodios de asma en niños y pérdidas económicas de entre 800 y casi 1.700 millones de euros anuales, derivadas del gasto sanitario y la reducción de productividad causada por el absentismo laboral. Tenemos derecho a respirar aire no contaminado.

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España no se merece que suspendamos sistemáticamente en el ranking de energía sostenible

Por Concha Cánovas – Experta en energías renovables

Un año más al llegar estos meses diversas organizaciones publican sus análisis sobre la evolución de los logros alcanzados durante el año anterior en lo que a política medioambiental y energética se refiere.

Y desgraciadamente viene ya siendo habitual que España presente  sistemáticamente y, por difícil que parezca,  un empeoramiento de nuestras magnitudes básicas como las emisiones de efecto invernadero, penetración de renovables en el mix energético, dependencia energética.., tanto con respecto al año precedente, como con los países de nuestro entorno.

A modo de ejemplo, entre las más recientes podemos mencionar:

  • El Informe 2016 del Observatorio de Energía y Sostenibilidad en España de la cátedra BP y la Universidad de Comillas ICAI-ICADE que destaca el continuo empeoramiento de los indicadores de sostenibilidad energética a lo largo del año con un aumento de la intensidad de carbono de la economía española, al contrario de lo que sucede en la OCDE: aumento de las emisiones de CO2, (un 16%) principalmente las asociadas al sector energético, aumento de la contribución  de las energías fósiles al mix energético en el año 2015 y especialmente el aumento del consumo de carbón (un 20%); lamentando que no se hubiera aprovechado la favorable coyuntura de precios de los combustibles bajos de estos años para mejorar nuestra eficiencia energética.
  • En el análisis comparativo que realiza Carbon Market Watch sobre los esfuerzos que hacen y quieren  hacer los países de la Unión Europea para combatir el cambio climático España se presenta como uno de los países que menos esfuerzos realiza.

Estos resultados son consecuencia de una política cada vez más cortoplacista, como vino a corroborar en su día el propio secretario de estado de energía al declarar que no era necesaria una planificación energética; que por encima de todo persigue maximizar el beneficio de lo que tenemos  perpetuando el estatu quo del sector, sin adoptar las necesarias políticas disruptivas que venimos reclamando desde hace tiempo desde la Fundación Renovables.

Y  precisamente en un contexto como el que acaba de señalar, y  en el que al mismo  tiempo la Organización Meteorológica Mundial (OMM) en su Declaración anual sobre el estado del clima en el mundo, alerta que el año 2016 rompió todos los récords al alcanzarse una temperatura máxima mundial sin precedentes, que un grupo de 24 expertos en energía ha enviado una carta abierta al presidente del Gobierno abogando por una transición energética en España con la finalidad de que “nuestro país retome el liderazgo en sectores como las energías y tecnologías limpias y eficiencia energética”; si bien la petición no deja de ser una pura utopía a la vista del interés demostrado en la materia por nuestros responsables energéticos, por lo menos cabe esperar que,  a la vista de que entre los firmantes se encuentran antiguos responsables en política energética  con gobiernos del propio partido popular, se les haga más caso que al resto de expertos que venimos denunciando la situación en estos últimos años, y por fin dejemos de aparecer en la cola de los países con peores ratios de evolución medioambiental y energético, posición que ni nos merecemos, ni nos corresponde como país.

 

La energía de la razón

Por Mariano Sidrach de Cardona – Catedrático de la Universidad de Málaga

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Hace ya más de un año que desde la Fundación Renovables pusimos en marcha este blog de ‘La Energía como Derecho’, con el objetivo de visualizar los problemas energéticos actuales y proponer y debatir sobre las posibles soluciones al llamado problema energético. Todo bajo el convencimiento de que la situación actual de las energías renovables permiten ofrecen soluciones tecnológicas viables y económicamente rentables a la situación energética actual.

Durante este tiempo, y en la medida de mis posibilidades, he intentado colaborar exponiendo de forma clara, lo más amena y didácticamente posible, mis ideas sobre los temas que considero que es importante debatir y actuar de forma urgente, para que podamos evitar la catástrofe medioambiental que nos amenaza en forma, sobre todo, de cambio climático y contaminación atmosférica.

Sin duda, durante este tiempo, las energías renovables han seguido desarrollándose a buen ritmo a nivel mundial y sin embargo tengo la sensación de que en España estamos exactamente en el mismo punto, sin que nada haya cambiado. Por medio, hemos tenido una cumbre sobre cambio climático y un cambio de gobierno, con la pérdida de la mayoría absoluta del Partido Popular y la llegada al parlamento de nuevos partidos políticos. Sin embargo las políticas energéticas en España siguen siendo exactamente las mismas.

No debe ser sólo una sensación mía, ya que el Observatorio de Sostenibilidad en su informe del 2016 afirma que “el sistema energético español continua en una senda de la insostenibilidad, sin mejorar su eficiencia energética con un aumento de las emisiones de CO2 y otros contaminantes, así como de la dependencia exterior”.

Hasta lo que parecía más evidente e inmediato, como era la derogación de la ley que regula el autoconsumo en cuanto el PP perdiera la mayoría absoluta, debido al acuerdo de todos los demás partidos, se ha parado en seco debido a la abstención de Ciudadanos. Sus razones no han convencido, veremos cómo sigue este tema, aunque no veo al gobierno precisamente nervioso con esta cuestión.

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¿Una ley de Transición Energética y Cambio Climático ágil y coherente?

Concha Cánovas – Experta en Energías Renovables

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No deja de sorprender que justo una semana después de la formación de un nuevo Gobierno en el que se ha optado por mantener separadas las carteras  de Medioambiente  y Energía, el mismo partido que está en el Gobierno promueva en el Congreso una Ley de Transición Energética y Cambio Climático, con el fin de “ dotar de agilidad y coherencia las actuaciones encaminadas a que España cumpla sus compromisos en materia de energía, cambio climático y descarbonización de la economía” tal y como señala la nota de prensa  emitida  con ocasión de su presentación.

Si de verdad se pretende que haya coherencia no se entiende por qué se mantienen separadas administrativamente ambas competencias cuando no dejan de ser dos caras de una misma  moneda dada indisoluble incidencia medioambiental de la energía. Es precisamente por este motivo por el que desde la Fundación Renovables hemos venido reclamando un único responsable con todas las competencias en materia de energía y cambio climático para garantizar que la Ley sea eficaz; y es así también como lo entienden un número creciente de países de nuestro entorno que han optado por una estructura administrativa integradora de ambas competencias, sirva de ejemplo Francia, Reino Unido o Suecia, entre otros.

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Ética y compromiso de nuestra sociedad

Por Concha Cánovas – Experta en Energías Renovables

Recientemente la Organización Mundial de Meteorología  presentó su  Declaración sobre el estado del clima mundial en 2015, señalando que en este año las altas temperaturas batieron numerosos récords:

  • Fue el año más cálido de los que se tienen datos tanto a nivel mundial como a nivel nacional en muchos países
  • La temperatura media mundial cerca de la superficie fue la más elevada jamás registrada por un amplio margen
  • El contenido calorífico de los océanos a escala mundial, tanto hasta los 700 metros como hasta los 2 000 metros de profundidad, alcanzó niveles sin precedentes
  • El promedio mundial del nivel del mar fue el más alto desde que comenzaron los registros a escala mundial hace más de un siglo
  • La concentración atmosférica de CO2 (principal gas de efecto invernadero de larga duración) batió un nuevo record, alcanzando 400 partes por millón (ppm), cifra que aunque se había alcanzado anteriormente en algunos lugares durante algunos meses, nunca antes lo había alcanzado  a escala mundial y durante un año entero. Este nivel de concentración no descenderá durante “muchas generaciones” ya que el dióxido de carbono  permanece en la atmósfera durante miles de años y en el océano mucho más.

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De refrescos azucarados y combustibles fósiles. Distinto daño, misma manipulación

Por Domingo Jiménez Beltrán – Presidente de la Fundación Renovables

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Parece que coinciden en el tiempo y en la urgencia la necesidad de una dieta hipocarbónica para la economía, con el abandono de los combustibles fósiles, y la de una dieta hipoazucarada para los ciudadanos, con menor consumo de bebidas azucaradas y en muchos casos también carbónicas.

Y lo curioso es que mientras alguna de las medidas más eficaces para la reducción del consumo de los combustibles fósiles, como sería el poner un “precio al carbono” o una tasa o impuesto a las emisiones de CO2, no logra abrirse camino por la enorme resistencia de bastantes países – entre ellos los petroleros – y de los oligopolios energéticos y eléctricos, sí que está empezando a tomar enorme fuerza la propuesta de la Organización Mundial de la Salud de un impuesto nada menos que del 20% para frenar el consumo de las bebidas azucaradas, generalmente carbónicas, cuyo sector lidera Coca Cola, para combatir la epidemia global de obesidad.

Epidemia sobre la que el leído autor de “Sapiens” y ahora de “Homo Deus” se atreve a decir:” For the average American or European Coca-Cola poses a far deadlier threat than al-Qaeda”. Es Yuval Noah Harari el que lo dice, yo no me atrevo ni a traducirla, no vaya a ser que alerte a los abogados de CC.

Y hay más similitudes en cuanto a los procesos de generación formal y sobre todo en las dificultades para que se impongan soluciones o respuestas ambiciosas, urgentes y posiblemente drásticas, entre estas dos epidemias, o mejor dicho pandemias, de origen claramente humano.

Decía Gandi que “algunos tienen o tenemos que cambiar para que todos vivamos mejor” y en ambos casos podemos decir que hay sectores económicos y empresas especificas con situaciones dominantes en el mercado global, como serían las empresas de las bebidas carbónicas edulcoradas por un lado y los oligopolios energéticos por otro, que se resisten al cambio y además de formas a veces nada ortodoxas.

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El cambio climático no es un espectáculo, debemos actuar

Por Joan Herrera – Abogado

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¡Qué calor! Un verano caluroso como pocas veces. Noches de insomnio bañadas en sudor. Un inicio de septiembre tórrido como una generación entera no recordaba. Vaya lata. Aunque “la lata” es globalmente compartida.

Este año la temperatura media del planeta ha alcanzado un máximo de 1, 38º C por encima de los niveles experimentados en el siglo XIX, peligrosamente cerca del límite de 1,5º C acordado en la Cumbre de París sobre cambio climático. Julio fue el mes más cálido desde que se establecieron registros en 1880. La ciudad india de Phalodi llegó a los 51º C el pasado 19 de mayo.

‘Nature Climate Change’ publica un estudio que constata que en 2016 se registrará también la mayor concentración de CO2 en la atmósfera. La NASA afirma que los registros de temperatura que se remontan mucho más lejos, tomados a través del análisis de muestras de hielo y sedimentos, sugieren que el calentamiento de las últimas décadas está fuera de sintonía con cualquier otro periodo del último milenio. Aunque aún es difícil comparar un solo año a otro antes del siglo XIX, una reconstrucción de la NASA muestra que el ritmo de aumento de la temperatura en las últimas décadas supera al de cualquier incremento que se haya producido desde el año 500. Según esta misma agencia, la creciente velocidad de calentamiento significa que el mundo se calentará a una velocidad “al menos” 20 veces más rápida que la media histórica en los próximos 100 años. Lee el resto de la entrada »

Los ciudadanos, protagonistas del nuevo modelo energético

Por Luis Mª de la Maza – Socio Protector de la Fundación Renovables

Chico mirando la ciudad

El sistema energético español, empezando por el eléctrico, se mueve lentamente, pero se mueve. La estructura de grandes empresas que lo dominan todo está mostrando sus primeras grietas. Cooperativas energéticas, generación distribuida, autoconsumo, movilidad eléctrica, etc., empiezan a provocar los primeros cambios en las reglas del sistema, en un movimiento imparable en el que los ciudadanos quieren ser los protagonistas del nuevo modelo naciente.

Todavía hoy, España es un país en el que, a pesar de sufrir la peor crisis de la historia, con una demanda energética hundida desde hace varios años, las empresas energéticas acumulan beneficios de miles de millones de euros. Tarifas con una componente fija incrementada (desincentivando la eficiencia) y con otros componentes regulados no sometidos a control o auditorías públicas, llevan al país a una absoluta falta de competitividad y a que muchos ciudadanos, brutalmente impactados por la crisis, no puedan pagarse un mínimo confort energético.

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