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Las claves de un tema que nos afecta a todos

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¿Pero qué está pasando con el recibo de la luz?

Por Soledad Montero – Área de energía de Ecologistas en Acción y miembro de la Plataforma por un Nuevo Modelo Energético Soledad Montero

Estos días volvemos a tener en el centro de la actualidad la subida del precio de la luz, y me recuerda a la situación vivida a finales de 2013, cuando la presión mediática caldeó tanto el ambiente que el Gobierno eliminó las subastas CESUR y se implantó la tarifa indexada para el PVPC (precio regulado), es decir, trasladar al usuario doméstico el concepto de funcionamiento del mercado mayorista para que, en teoría, pueda decidir por sí mismo cuando le conviene consumir y adapte su demanda a la mejor oferta.

Si analizamos los últimos acontecimientos nos damos cuenta que estas situaciones parecen ser recurrentes y acaban en algún tipo de reforma legislativa; que esa reestructuración nos conduzca a una solución efectiva del problema, ya se verá, pero que la habrá, eso es seguro. Y esto es una buena noticia, porque el sistema eléctrico necesita una modificación estructural profunda.

Lo primero que hay que aclarar es que estas subidas se producen en el término de energía, que supone algo así como un 34% de lo que pagamos en nuestros recibos. El término de potencia o fijo, como lo conocemos mejor, no se ve afectado, y supone un 40% del recibo. El resto, casi un 27% corresponde a impuestos (IVA, impuesto eléctrico y municipal).

Otra cosa que debemos dejar claro es que frecuentemente se oye que éstas subidas solo afectan a los usuarios con contratos de tarifa regulada PVPC, pero no es así. Nos afecta a todos, lo que ocurre es que si tienes contratada una tarifa de precio no indexado la subida te repercutirá más adelante, cuando la comercializadora actualice los precios, porque ha comprado esta energía que tú estás consumiendo a un precio más elevado y tendrá finalmente que revertirte (de otro modo, la comercializadora vende a pérdidas) a no ser que te esté cobrando un precio fijo tan elevado que le permita absorber estas subidas sin perjuicio económico para ella.

Así que focalicemos los “puntos calientes” que influyen a la hora de la subida de los precios de la luz. Y aquí son diversos los factores que nos encontramos. Tenemos como figura principal el sistema marginalista de conformación de precios del mercado mayorista, (el precio final lo fija la oferta más cara que entra en el mercado), que no resulta ser el más conveniente debido a las características de nuestro mercado, sin competencia real o efectiva, puesto que son tres las compañías verticalmente integradas que lo controlan, a lo que hay que añadir que nuestro mix energético es demasiado variado, conviviendo tecnologías muy diversas.

Otro factor serían los servicios de ajuste, que gracias a que tenemos un mercado libre, permiten a las empresas generadoras de energía aprovechar el llamado “coste de oportunidad” para marcar el precio de la energía “no programada”, de la misma forma que para los desvíos en los que incurren las comercializadoras inevitablemente, y que permiten que se puedan cobrar hasta 100 veces por encima de su precio. Esta fórmula, si bien en cualquier otro sector no tendría por qué ser criticable, en energía si, por tratarse de un servicio público y una necesidad para el desarrollo de la vida humana. Por tanto, una de las propuestas sería que se pusiera un máximo a este coste de oportunidad y evitar así la especulación con este mecanismo.

Mientras “el milagro” llega, revisa tu potencia y no contrates más que lo que necesitas, comprueba si la tarifa que pagas es adecuada a tu consumo, adopta medidas de ahorro y eficiencia (tu bolsillo y el planeta lo agradecerán) y si puedes, autoconsume

Los impuestos suponen una cuarta parte de lo que pagamos en nuestros recibos. Desde septiembre de 2012 estamos pagando el IVA de lujo, 21%, sobre un bien esencial y necesario para el desarrollo de nuestra salud y economía. Solo en tarifas domésticas (hasta 15 kW de potencia contratada) hay 29 millones de puntos de suministro (29 millones de facturas al mes con “su 21% de IVA”), de modo que a poco que hagamos un cálculo, es difícil que cualquier gobierno se preste a renunciar a estos ingresos. Pero hay que hacerlo, y yo propongo varias opciones, desde reducir el IVA a la cantidad de energía mínima necesaria, de modo que se penaliza a los derrochadores y se incentiva el ahorro y la eficiencia energética (y de paso se deja de penalizar la pobreza energética, porque tiene poco sentido hacer un descuento por bono social de un 25% o un 40% para después aplicar un IVA del 21%), hasta utilizar los niveles de renta de cada usuario de energía para grabarle o bien con un IVA de lujo o con un IVA reducido.

Si el Ministerio no se anima antes, (estoy segura de que lo hará), lo que sí sabemos es que a final de año tienen que presentar la Ley de Cambio Climático y Transición Energética en la Unión Europea, así que algo cambiarán, ¿no? Si las medidas servirán para bajar el importe de nuestros recibos, el tiempo lo dirá, pero mientras “el milagro” llega, revisa tu potencia y no contrates más que lo que necesitas, comprueba si la tarifa que pagas es adecuada a tu consumo, adopta medidas de ahorro y eficiencia (tu bolsillo y el planeta lo agradecerán) y si puedes, autoconsume. La mejor energía es la que no se consume y si la que consumes es autoproducida, mucho mejor.

El impuesto al Sol y la parábola del colibrí

Mariano Sidrach de Cardona – Catedrático de la Universidad de Málaga

Una de las primeras actuaciones de la nueva ministra de Transición Energética, Teresa Ribera, ha sido anunciar su intención de suprimir el llamado “Impuesto al Sol”. Un impuesto injusto que permite gravar la energía producida y autoconsumida por los propietarios de instalaciones de energías renovables, principalmente fotovoltaicas. Cuando esto ocurra, España dejará de tener la legislación más restrictiva que se conoce para estos sistemas y nos alinearemos con lo acordado por la Unión Europea, que considera que los ciudadanos tenemos derecho a producir, consumir e intercambiar energía sin trabas ni peajes.

Cada vez que se produce el debate sobre el desarrollo del autoconsumo, son algunas las voces que, siguiendo el argumentario de las empresas eléctricas, acusan a los autoconsumidores de depredadores del sistema, insolidarios y de querer ahorrase unas tasas y peajes que otros necesariamente tendrán que asumir, para cuadrar las cuentas del sistema eléctrico. Nos ha sorprendido el artículo de opinión de Jesús Mota publicado en El País el pasado 16/06/18 definiendo a los autoconsumidores como los nuevos gorrones del sistema eléctrico.

Obviamente, no estoy de acuerdo con el punto de vista de este artículo. El planteamiento que allí se hace olvida algunos aspectos fundamentales del autoconsumo que voy a tratar de explicar.

La necesaria transición energética para pasar a una economía descarbonizada pasa inevitablemente por el uso masivo de las tecnologías renovables, pero pasa también por cambiar nuestra forma de consumir energía

La necesaria transición energética para pasar a una economía descarbonizada pasa inevitablemente por el uso masivo de las tecnologías renovables, pero pasa también por cambiar nuestra forma de consumir energía. El ahorro y la eficiencia energética deben convertirse en piedras angulares de la transición energética. Debemos pasar de un sistema de gestión de la oferta a un sistema de gestión de la demanda, donde los ciudadanos nos hagamos corresponsables de nuestro consumo energético.

impuesto al sol

El autoconsumo permite empoderar a la ciudadanía y hacerla partícipe de esta transición energética. Cuando un particular decide invertir en una planta de autoconsumo está produciendo beneficios económicos, ambientales y sociales. Económicos, porque, además de activar un sector que crea puestos de trabajo, produce energía limpia que tiene que dejar de producirse por otras fuentes, disminuyendo así la dependencia energética del país; ambientales, porque dejamos de emitir gases de efecto invernadero a la atmósfera y, por último, también sociales, ya que permite tomar conciencia de la importancia de un buen uso de la energía.

Estas razones hacen que tanto la mayoría de los países, como lo recientemente aprobado por la Unión Europea para la nueva directiva de renovables, definan el autoconsumo como uno de los actores principales del nuevo modelo energético.

Los autoconsumidores no queremos dejar de pagar las tasas que en justicia nos correspondan, pero no entendemos por qué debemos pagar un peaje a la energía que producimos y consumimos y que, en ningún caso, entra a la red eléctrica general

Los autoconsumidores no queremos dejar de pagar las tasas que en justicia nos correspondan, pero no entendemos por qué debemos pagar un peaje a la energía que producimos y consumimos y que, en ningún caso, entra a la red eléctrica general. Tampoco entendemos por qué no podemos intercambiar la energía producida con otros usuarios y recibir una compensación económica por la misma, en igualdad de condiciones con cualquier otro productor de energía.

El único efecto real de tener un sistema de autoconsumo es que disminuye la energía que necesito comprar a la compañía eléctrica, exactamente igual que si adopto medidas de ahorro energético para disminuir el consumo de mi vivienda ¿Alguien en su sano juicio tacharía de gorrones del sistema eléctrico a aquellos que quieran rebajar su factura eléctrica mejorando la eficiencia de los elementos de consumo, mediante iluminación led, comprando electrodomésticos de alto rendimiento o gestionando su consumo para poder disminuir la potencia contratada y la energía consumida? Esto se llama eficiencia energética y bien haríamos en ir bajando nuestras altas necesidades energéticas. Sin embargo, si esto se hace instalando módulos fotovoltaicos, entonces eres un gorrón del sistema. O ¿deberíamos poner también una tasa a los elementos de consumo de alta eficiencia para compensar la insolidaridad que supone un menor consumo respecto a aquellos que aún no han cambiado los elementos más antiguos y que consumen más? ¿Por qué deberíamos pagar una tasa por la energía que no le compramos a la compañía eléctrica?

El único efecto real de tener un sistema de autoconsumo es que disminuye la energía que necesito comprar a la compañía eléctrica, exactamente igual que si adopto medidas de ahorro energético para disminuir el consumo de mi vivienda

Conviene recordar que los autoconsumidores pagamos exactamente las mismas tasas y peajes que el resto de los consumidores domésticos de energía eléctrica por la energía que consumimos, ya que tenemos nuestro contrato de suministro exactamente igual a los demás usuarios, con la particularidad de no recibir ninguna compensación si decidimos inyectar la energía sobrante a la red y, por tanto, regalarla al sistema, para que se la venda a nuestros vecinos.

Algunos piensan que esto del autoconsumo es sólo cosa de aquellos que teniendo poder económico quieren además ahorrarse dinero y cargar los costes del sistema a los demás.

Nada más lejos de la realidad, lo que pasa es que los que así piensan parten de una hipótesis errónea: “Los beneficios del sistema eléctrico deben ser garantizados y si disminuye el consumo de energía, otros tendrán que pagar más para que los beneficios del sistema no decaigan”.

Necesitamos un sistema energético más justo, más democrático, donde todos los actores tengan derechos y obligaciones y cuyo principal objetivo sea el suministro de energía en condiciones  de equidad social.

La transición energética debe ser ante todo justa y esto implica revisar toda la estructura de nuestro sistema energético y, en particular, la infame estructura actual del recibo eléctrico, así como la fijación de precios de la energía. En esta nueva fijación de precios deberíamos incluir los beneficios económicos, medioambientales y sociales de las mismas, y también los costes asociados a sus respectivos impactos.

Por último, el precio de los sistemas fotovoltaicos hace que una amplia mayoría de la sociedad pueda hacer frente a la inversión necesaria para autoabastecerse al menos de una pequeña parte de la energía que necesita.

Si para dar cabida a las nuevas formas de generación, distribución y uso de la energía, es necesario cambiar las reglas de juego del actual sistema eléctrico, tendremos que hacerlo. Necesitamos un sistema energético más justo, más democrático, donde todos los actores tengan derechos y obligaciones y cuyo principal objetivo sea el suministro de energía en condiciones  de equidad social.

impuesto al sol

Desde la Fundación Renovables pensamos que la Transición Energética sólo es posible hacerla actuando conjuntamente sobre toda la estructura energética del país y con la colaboración de todos. La hoja de ruta que proponemos la hemos recogido en nuestro último informe.

Esta Transición Energética va a llevarse a cabo electrificando la demanda y generando con energías renovables. Necesitamos un sistema eléctrico transparente y democrático. No demonicemos a aquellos que han empezado el camino para conseguir este cambio de modelo.

Así, nuestra actitud debería ser como la del colibrí que intentaba apagar el fuego del bosque mientras que el resto de los animales huían y le decían,” ¿acaso crees que puedes tú sólo apagar el incendio?”, a lo que el colibrí contestó, “yo sé que no puedo sólo, pero estoy haciendo mi parte”.

Los autoconsumidores solos no vamos a poder cambiar el sistema energético, pero estamos haciendo nuestra parte. Ojalá, pronto, los demás hagan la suya. Mientras tanto, bienvenidas las iniciativas para acabar con el “Impuesto al Sol. Que así sea.

El pequeño gran poder de los ciudadanos y de las ciudades en el ámbito energético

Domingo Jiménez Beltrán – Patrono fundador de la Fundación Renovables

Ciudad sostenible
El futuro empieza a estar en nuestras manos si nos organizamos y empoderamos con energía.

Disponemos de tecnologías energéticas y a precios cada vez más asequibles  en un sistema energético  cada vez más electrificado. En España, según la reciente propuesta de la Fundación Renovables, para el escenario energético español en la próxima década, horizonte 2030, se puede duplicar la electrificación de la energía final consumida que en el caso de los hogares puede ser  del 100%. Podemos reducir nuestro consumo residencial de energía eléctrica y cubrir este menor consumo con electricidad de fuentes renovables implantadas en nuestro entorno cercano y funcionando en régimen de balance neto o autosuficiencia conectada. Disponemos de Instalaciones de renovables, solar fotovoltaica con o sin baterías, que se pueden implantar en nuestro hogar, edificios comunales o en el entorno cercano, barrio, ciudad, municipio y con múltiples variantes en cuanto a la propiedad: privada, compartida, mancomunada, municipal … o sea nuestras, como “prosumidores” o de alguna forma nuestras en común como “prosumidores” cooperativos.

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Autoconsumo en España: ¿para cuándo una ley justa?

Mariano Sidrach de Cardona – Catedrático de la Universidad de Málaga

 

Girasol y placa solar

Como todos los años por estas fechas, los ciudadanos que tenemos una instalación fotovoltaica de autoconsumo recibimos una factura de la compañía distribuidora de electricidad por la que nos cobran los peajes de generación del año 2017.

Este peaje que nada tiene que ver con el llamado “impuesto al Sol”, está regulado por el Real Decreto 1544/2011 que el gobierno aprobó a finales del año 2011. Un peaje de acceso a las redes de transporte y distribución que pagan todas las instalaciones de generación eléctrica desde el 1 de enero de 2011 y que tiene un valor de 0,5€/MWh + iva (21%). Por cierto, valor máximo aplicable según la normativa europea.

Este peaje que nada tiene que ver con el llamado “impuesto al Sol”, está regulado por el Real Decreto 1544/2011 que el gobierno aprobó a finales del año 2011.

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La absurda situación del autoconsumo en España

Mariano Sidrach de Cardona Ortín – Catedrático de la Universidad de Málaga

Autoconsumo

En un país que gasta 120 millones de euros diarios en importar combustibles fósiles y que tiene una alta dependencia energética del exterior, ya que importa más del 70% de la energía que se consume, parecería razonable que existiera una política energética clara enfocada al ahorro energético y al desarrollo sin trabas de las energías renovables. Una energía limpia que ha demostrado su viabilidad económica y que en España tenemos en abundancia. Nada más lejos de la realidad. Vivimos una situación que, al menos, es paradójica.

Si alguien, por razones más que evidentes, decide invertir su dinero en disminuir su consumo energético tomando medidas tales como sustituir bombillas, mejorar el aislamiento de su vivienda, cambiar ventanas y cerramientos, comprar electrodomésticos más eficientes o incluso decidirse por un vehículo híbrido o eléctrico, no sólo estará haciendo caso a mucha de la propaganda institucional que el gobierno periódicamente nos pone en los medios de comunicación, sino que lejos de encontrar ninguna traba, accederá a diversas ayudas que existen para este fin y será considerado un ciudadano ejemplar, respetuoso con el medio ambiente y comprometido con el futuro del planeta.

Sin embargo si, dejándose llevar por esta euforia energética medioambientalista, con los mismos argumentos decide instalar en su domicilio una instalación fotovoltaica de autoconsumo, con el fin de seguir ahorrando energía, este mismo ciudadano pasará a ser a ojos del gobierno un ciudadano insolidario, depredador del sistema y se enfrentará a un procedimiento administrativo largo y tedioso, y a una normativa que está pensada para desincentivar a aquellos que se atrevan a intentarlo. Para acabar de desmoralizar a los que lo intenten, en una sentencia de 13 de octubre de 2017, el Tribunal Supremo asegura que las sanciones (de 600.000 a seis millones de euros) que contempla el RD de autoconsumo no son desorbitantes para una sanción grave a un autoconsumidor.

¿Qué daño podemos hacer al sistema eléctrico para merecer semejante castigo? Algo muy gordo sin lugar a dudas.

Veamos cuales son las ventajas y los inconvenientes de estos sistemas y cuál es ese grave daño.

Una instalación FV domestica para autoconsumo puede costar alrededor de 1.5 €/Wp. Una instalación de 2.0 kWp debería ser suficiente para producir al cabo del año el consumo eléctrico de una vivienda unifamiliar en el Sur de España, lo que supone una inversión de 3.000 €. Una instalación de estas características es capaz de producir un ahorro anual del 40% de la energía que consume la vivienda.

Con esta decisión hemos conseguido ya las siguientes ventajas:

  • Invertir dinero en un sector económico que genera puestos de trabajo, activando la economía productiva.
  • Disminuir las necesidades nacionales de importación de combustibles fósiles.
  • Aumentar la eficiencia del sistema eléctrico, al generar energía eléctrica en el lado del consumo, por lo que evitamos las pérdidas que se producen en las redes de distribución
  • Evitar emisiones contaminantes a la atmósfera, lo que contribuye a mejorar la calidad del aire.

El único inconveniente es que necesitamos estar conectados a la red eléctrica para enviar a la misma nuestros excedentes de energía. Este argumento lo utiliza el gobierno para poner impuestos adicionales, como el llamado impuesto al Sol, bajo el argumento de igualdad de trato y solidaridad con todos los usuarios del servicio eléctrico.  Argumentos que no comparto por las siguientes razones.

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100% renovables no es suficiente

Carlos Esteban González – Jefe de Servicio de contratación de energía y eficiencia energética del Ayuntamiento de Madrid

Ciudad sostenible

El Ayuntamiento de Madrid anunció a finales del año pasado que desde enero de 2017 la energía eléctrica consumida por los edificios municipales, lo que equivale al consumo de unos 52.000 hogares, será certificada como de origen renovable.

Con ello se pretendía mostrar el compromiso de la Ciudad de Madrid con la lucha contra el cambio climático y la sostenibilidad. Otras grandes ciudades y empresas se han sumado a este compromiso, con el que se pone de manifiesto que las ciudades y la sociedad civil están al frente de la transición energética.

De este modo se ha puesto encima de la mesa la necesidad de que más consumidores exijan a sus compañías eléctricas que le suministren exclusivamente energía de origen renovable. Sin embargo, hasta que no se llegue a una cifra muy significativa de exigencia de origen renovable, dichas certificaciones no supondrán un cambio en la oferta de generación renovable y por lo tanto no tendrán efecto en el mercado eléctrico.

Trataré de explicarlo:

Según el informe “El sistema eléctrico español 2016” publicado por Red Eléctrica hace unos días, el 40,8% de la generación eléctrica en España provino de fuentes renovables con el siguiente desglose: 19,3% eólica, 14,6% hidráulica, 3,1% fotovoltaica. Mientras que entre las no renovables sigue líder la nuclear con un 22,9% seguida del carbón con un 14,4%, tecnologías del siglo XX y XIX respectivamente que se reducirá drásticamente en los próximos años. Completan el panorama energético los ciclos de gas y la cogeneración con un 10% cada una.

En países de nuestro entorno mediterráneo los porcentajes de generación renovable no andan lejos, salvo Portugal que nos supera ampliamente con un 55,6% renovable. Muy lejos quedan los utópicos países nórdicos con Islandia y Suecia, que casi han alcanzado el 100% renovable, o Dinamarca con un 62,3% renovable.

Según datos de la CNMC correspondientes al año 2016, el 65% de la producción renovable estaba acogida el sistema de Garantías de Origen, emitiéndose certificados por 85.823 GWh. Solamente un tercio de dichos certificados son entregados a los consumidores finales (26.800 GWh). Esto supone aproximadamente 1 de cada 10 kilovatios generados en España y solo 1 de cada 4 kilovatios verdes.

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Celebramos el sol, fuente de energía limpia e inagotable

Por Elisa Noli – Responsable de Comunicación de UNEF

Sol y bombilla

En el Día Internacional del sol, que conmemoramos hoy, celebramos la estrella de nuestro sistema planetario, que es además fuente de energía limpia, renovable e inagotable, y que puede ser una grande aliada en la lucha contra el cambio climático.

Es muy desolador ver cómo, a pesar de disponer de un recurso abundante, nuestro país en los últimos años haya dado la espalda a esta fuente de energía. Y los datos lo demuestran: en España, en 2016, se instalaron solo 55 MW de nueva potencia fotovoltaica, mientras que en todo el mundo se instalaron 75 GW. Aún más llamativa es la comparación con países europeos más cercanos, como Alemania, Francia, Reino Unido e Italia – algunos de los cuales no son conocidos por el buen tiempo o los altos niveles de irradiación – en los que se instalaron respectivamente 1.52 GW, 559 MW, 1.97 GW y 373 MW.

Además de contribuir a reducir la contaminación y a cumplir con los compromisos definidos en el Acuerdo de París, la energía solar aporta numerosos beneficios para España, entre los cuales destacan la reducción de las importaciones de combustibles fósiles, la generación de riqueza y empleo local y el desarrollo de aplicaciones para generar electricidad en forma distribuida.

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Claves para salir de la crisis, orientados hacia la sostenibilidad energética y en general

Por Domingo J. Beltrán – Presidente de la Fundación Renovables

brujula

Hace unos días me pidieron intervenir en un evento sobre el tema que reza el titular, el cual me pareció no solo desafiante sino oportunísimo. La idea era hacer algo imitando a Iniesta o Isco que, cuando reciben el balón, su primer toque es para salir ya orientados hacia la meta o, en cualquier caso, para dar salida al balón. Esto es precisamente lo que necesitamos ahora en España, que las acciones inmediatas que se emprenden para responder a la crisis formen parte de un proyecto de futuro que nos permita no volver a ella o, lo que es más deseable, que inicien el proceso hacia un “progreso sostenible” que, actualizando la definición original de la Comisión Brundtland, significa: “progreso ahora y en el futuro y para una mayoría creciente y tendente al pleno empleo”. Es decir, un progreso justo y duradero como piden algunos políticos más avezados, ¿alguien puede dudar de que esto es lo deseable para España?

Se me ocurría que, dada la situación de insostenibilidad de la desnortada socioeconomía española, minada por el cortoplacismo y el desgobierno, debíamos abordar dos procesos paralelos, aunque coincidentes en su tramo inicial:

  • Un proceso a largo plazo. Poner las luces largas para, con “propósito, visión y sentido de la dirección”, establecer la hoja de ruta hacia el progreso sostenible de aquí hasta 2050 (por poner un hito en el que se nos ha emplazado con el desafío del cambio climático) que implicaría, tanto para la Unión Europea como para España, la descarbonización, y por ende desenergización y desmaterialización de la economía a través de la innovación. Estamos hablando de un cambio del modelo de producción y consumo al que bastaría añadir la dimensión de cohesión, justicia social y pleno empleo para poder hablar de un escenario de progreso sostenible. Se trata simplemente de tener un “proyecto de país”, como reivindicaba hace poco, como gran carencia de España, Iñaki Gabilondo en una entrevista del Gran Wyoming.
  • Otro proceso, o más bien acción, a corto y medio plazo. Un plan de choque que implicaría simplemente reorientar las prioridades actuales de nuestra economía para, simplemente con los recursos económicos, tecnológicos y humanos disponibles, avanzar en sectores que forman inexorablemente parte de ese escenario de progreso sostenible. Como repite Naciones Unidas la crisis no es de recursos, no faltan recursos, la crisis es simplemente de gestión.

En este artículo me centraré en el plan de choque. Se trataría de un proceso que identifico como “destetar la economía para energizarla”: destetarla de las 3 tes para energizarla con 3 ees.

Destetarla de las tres tes, reduciendo su adición al abuso del turismo (sobre todo de masas y residencial), del Territorio (urbanización a tope, sobre todo para el turismo y uso residencial y agricultura intensiva) y consiguientemente del Tráfico y transporte sobre todo por carretera. Las tres tes, que, aunque fueron las que nos llevaron a mayorar en España la crisis global de 2008, siguen siendo el recurso que ahora se vuelve a utilizar para salir de la crisis y por tanto nos condenan a repetirla. Curioso, ¿no?

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Quo vadis reforma eléctrica

Por Juan Castro – Gil – Abogado y Secretario de ANPIER

Qué tiempos aquellos en los que el entonces secretario de estado de energía Alberto Nadal, aseguraba que su reforma eléctrica acabaría con todos los males del sistema eléctrico, dando estabilidad, bajando los precios y acabando con el déficit tarifario. Momentos que ya entonces me recordaron a aquella fantástica secuencia de la película Quo vadis, cuando Nerón (encarnado por el fantástico Peter Ustinov), cantaba con su arpa y con voz de pito las maravillas de su propio arte.

Qué decir de tantos recuerdos en los que los aduladores del imperio loaban las virtudes de tanta magnificencia.

La gobernanza de la energía, regentada con mano de hierro en los últimos cinco años por los hermanos Nadal, se ha llevado por delante la seguridad jurídica del país, ha reventado un sector en el que España era puntero haciendo desaparecer 75.000 puestos de trabajo, se ha puesto a la cola de Europa en la defensa de la sostenibilidad medioambiental y todo ello, bajo el supuesto mantra de reducir el déficit de tarifa.

Las grandes decisiones imperiales de nuestros nerones de andar por casa fueron: recortar drásticamente y de forma retroactiva los derechos de los productores renovables (muy significadamente los de tecnología solar), poner un impuesto medioambiental que curiosamente pagaban todos los productores (contaminasen o no), y endiñarle un hermoso impuesto a la generación producida en nuestras propias casas (impuesto al sol). Fundamentalmente estas eran las medidas estrella con las que se enviaba a los leones al déficit eléctrico.

O tempora, o mores. Resultó que el tiempo, como un martillo pilón, va poniendo los acontecimientos y a las personas en su sitio.

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Los dueños del fuego sagrado

Por Mariano Sicrach de Cardona – Catedrático de la Universidad de Málaga

energía

Es bien conocida la importancia de la energía para el desarrollo de las actividades humanas, de manera que el control de la energía ha sido, probablemente, la causa última de una gran cantidad de las guerras y conflictos que han sucedido a lo largo de la historia de la humanidad. Y ha sido así desde la prehistoria, cuando el hombre aprendió a controlar el fuego y lo convirtió en una energía que al usarla empezó a mejorar el bienestar humano, pero que se convirtió a su vez en una gran fuente de poder. Poseer el control del fuego, primero, y de las fuentes de energía, después, que hemos venido utilizando para nuestro desarrollo económico siempre ha asegurado grandes beneficios económicos y sobre todo mucho poder, con mayúsculas, poder de verdad, ya que toda la sociedad necesita de estos recursos para el desarrollo de sus actividades diarias.

Que este poder esté concentrado en unos pocos supone un grave problema social y económico y es por eso que en las sociedades democráticas se desarrollan mecanismos sociales y políticos que, en forma de contrapeso, permiten contrarrestar este poder y poner el acceso a la energía al servicio del interés general.

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