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La energía como derecho La energía como derecho

Las claves de un tema que nos afecta a todos

Archivo de la categoría ‘Eficiencia energética’

El pequeño gran poder de los ciudadanos y de las ciudades en el ámbito energético

Domingo Jiménez Beltrán – Patrono fundador de la Fundación Renovables

Ciudad sostenible
El futuro empieza a estar en nuestras manos si nos organizamos y empoderamos con energía.

Disponemos de tecnologías energéticas y a precios cada vez más asequibles  en un sistema energético  cada vez más electrificado. En España, según la reciente propuesta de la Fundación Renovables, para el escenario energético español en la próxima década, horizonte 2030, se puede duplicar la electrificación de la energía final consumida que en el caso de los hogares puede ser  del 100%. Podemos reducir nuestro consumo residencial de energía eléctrica y cubrir este menor consumo con electricidad de fuentes renovables implantadas en nuestro entorno cercano y funcionando en régimen de balance neto o autosuficiencia conectada. Disponemos de Instalaciones de renovables, solar fotovoltaica con o sin baterías, que se pueden implantar en nuestro hogar, edificios comunales o en el entorno cercano, barrio, ciudad, municipio y con múltiples variantes en cuanto a la propiedad: privada, compartida, mancomunada, municipal … o sea nuestras, como “prosumidores” o de alguna forma nuestras en común como “prosumidores” cooperativos.

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Fracking en Estados Unidos: más dura será la caída

Por Manuel Peinado Lorca – Catedrático de la Universidad de Alcalá 

«EEUU está produciendo mucho petróleo. Según vaticinan los analistas del banco alemán Commerzbank, EEUU producirá de media unos 10,6 millones de barriles al día en 2018, lo que supone un incremento de 1,3 millones de barriles por día. Este espectacular incremento es producto de la revolución del shale oil que está llevando a formaciones como la Cuenca Pérmica (entre Texas y Nuevo México) a producir casi el doble de crudo que Venezuela. Esta situación, junto con las sanciones impuestas a Qatar por parte de la comunidad árabe, está permitiendo que el petróleo de EEUU conquiste Oriente Próximo» (elEconomista.es, 7/2/2018).

Como en la novela de Budd Schulberg The Harder They Fall, llevada al cine por Mark Robson en una película homónima, más dura será la caída. Aunque la producción de petróleo de Estados Unidos alcanzó este año un nuevo récord de 10,25 millones de barriles diarios (Mbd), cuanto más suba, más impresionante será su inevitable colapso. A medida que los medios de comunicación, cuyos ingresos publicitarios dependen en gran medida de la industria petrolíferapregonan el glorioso nuevo récord productivo estadounidense, que ha sobrepasado su máximo anterior de 1970 y la producción actual de Arabia Saudita, ocultan o no son conscientes de varios factores. De algunos de ellos me he ocupado en artículos anteriores (1, 2, 3), en los que he subrayado que el gran problema no es la producción, sino sus costes, que superan los ingresos obtenidos por las ventas de crudo. Se trata, en definitiva, de ocultar la realidad de un inevitable declive y de mantener la ilusión en los inversores de que un negocio ruinoso es una inversión rentable.

El gran problema no es la producción, sino sus costes, que superan los ingresos obtenidos por las ventas de crudo

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Carta del Ministro de Energía a SSMM los Reyes Magos de Oriente

Por Juan Castro – Gil – Abogado y secretario de ANPIER

Queridos Reyes Magos:

Álvaro Nadal, Ministro de Energía

Soy Álvaro, el Ministro de Energía de España, ese país tan bonito al que venís al final de vuestra ruta por Europa. Lo primero que me gustaría deciros es que en casa siempre hemos sido fieles seguidores de vuestro trabajo. Realmente, sois una referencia de hondo calado para nosotros. Por ello, hacemos todo lo posible por agradaros con nuestras actuaciones.

Por ejemplo, poco a poco, estamos consiguiendo que nuestro pequeño país se desertifique de forma inexorable y así se parezca un poco más a esos lejanos arenales donde vosotros vivís; mantenemos una relación muy estrecha con vuestros vecinos, los jeques y emires que manejan la venta del gas y del petróleo que queman en sus casas y vehículos. Las familias que gobernamos, y hacemos todo lo posible para que esas relaciones se mantengan duraderas en el tiempo; con el único objetivo de agradaros, nos quedamos con todo el carbón que lleváis y que desprecian casi todos los niños del mundo en sus cartas; nos mantenemos firmes en nuestro deseo de que los precios de la energía sean lo más altos posibles, provocando señaladas cotas de pobreza energética, haciendo que vuestra aparición en la noche de cada 5 de enero en los hogares españoles, se parezca lo máximo posible a aquella de hace 2018 años; y nos negamos categóricamente a seguir el camino de la defensa medioambiental de los países del norte de Europa, pues son los mismos que acogen en su territorio a ese tal Santa Claus, burdo suplantador de vuestro trabajo.

Como podéis ver, trabajamos duro a lo largo del año para que nada cambie. Y no creáis que nos lo ponen fácil. Muchos son los que en nuestra tierra creen que eso del cambio climático es un problema que terminará con la especie humana. ¡Insensatos! Cualquier persona bien informada sabe que lo que cambiará el devenir de los tiempos y de la humanidad es que en un pequeño barrio de Madrid, en la cabalgata de Reyes, se vistan a aquellos que reparten caramelos a los niños en vuestro nombre, con ropajes claramente indignos de vuestra majestuosidad. Eso sí que es realmente grave y haremos todo lo posible por impedirlo, sin perder el tiempo en cuestiones de baja enjundia como que suba un poco la temperatura.

En cualquier caso y por no extenderme más, espero que entendáis lo difícil de nuestra labor. De hecho, en el terminado 2017, no hemos podido batir el récord de año con más emisiones de CO2 a la atmósfera por producir energía y nos hemos quedado en el 2º lugar del ranking (aunque no os olvidéis que el 1º puesto del 2015 también fue gracias a nosotros). Espero que esta pequeña falta no sea impedimento para que esta noche nos tengáis en vuestra mente y nos dejéis todo el lignito posible, pues contamina mucho más que la antracita, y a nosotros nos gusta hacer las cosas bien.

Siempre vuestro, Álvaro.

Vidrio fotovoltaico para los edificios sostenibles del futuro

L. Marino y S. Monreal – Comunicación y Marketing en Onyx Solar

Junto con la pintura fotovoltaica a partir del material de moda –el grafeno–, el vidrio fotovoltaico promete cambiar radicalmente el panorama energético y de la construcción.

Imaginen las posibilidades. Las lunas de los vehículos del futuro podrían utilizar vidrio fotovoltaico o, incluso, por qué no, las gafas con las que usted lee este artículo. Esta poderosa tecnología avanza a gran velocidad en diferentes ámbitos, aunque es quizá en la arquitectura urbana donde mejor acogida encuentra en la actualidad.

Las ciudades, responsables del 60% de las emisiones de Gases de Efecto Invernadero, continúan buscando fórmulas para incrementar su eficiencia energética y reducir sus niveles de contaminación. Según la OCDE, si no se toman medidas el crecimiento económico y demográfico concentrado en las ciudades tendrá un grave impacto medioambiental y social para el año 2050.

Surge de este modo la necesidad de implementar soluciones integradas de energía, orientadas a un desarrollo basado en la sostenibilidad. Así, el concepto de Smart cities se ha ido introduciendo en nuestro vocabulario hasta formar parte cotidiana del mismo. Vehículos eléctricos, huertos urbanos o hasta molinos eólicos en farolas son algunas de las tendencias que se observan y que apuntan a convertirse en elementos imprescindibles del paisaje urbano.

Esta imparable tendencia al alza tiene un fuerte impacto en los edificios, seña de identidad de las ciudades y que por tanto desempeñan un rol clave en las ya mencionadas ciudades inteligentes. A la búsqueda de mejoras en materia de habitabilidad se añade ahora la búsqueda de soluciones para el autoabastecimiento. La sostenibilidad es ya la protagonista de las construcciones más recientes, así como de las rehabilitaciones de inmuebles.

Si bien esto se debe en parte a normativas cada vez más exigentes en este campo, la creciente popularidad de los edificios sostenibles responde también a otros factores. Un edificio sostenible no implica sólo una cuestión de responsabilidad medioambiental, sino que también supone un considerable ahorro económico gracias al menor consumo energético que necesita. Entre otras medidas para el autoabastecimiento, destaca el uso de fuentes de energía renovables como la fotovoltaica.

La energía fotovoltaica presenta cada vez mayor facilidad de integración en edificios de todo tipo. La arquitectura solar no es una moda, ni un lujo. Es una respuesta económica y ecológica a los retos de la construcción y del bienestar. De los paneles solares instalados en azoteas, la innovación nos ha llevado a tejas solares y, como último hito, al vidrio fotovoltaico. Este material está revolucionando la industria y se está consagrando como la perfecta solución de integración fotovoltaica. Con las mismas características funcionales y arquitectónicas que un vidrio convencional ofrece, además, la capacidad de generar energía a partir del sol.

En este campo, es precisamente una empresa española, Onyx Solar, la que destaca en el mercado global. La compañía, con sede en Ávila, fabrica vidrio fotovoltaico transparente de baja emisividad y lo distribuye por todo el mundo. El producto permite una completa personalización en términos de color, tamaño y forma para lograr la máxima integración sin perjudicar la estética del edificio.

En las grandes ciudades de todo el globo ya se pueden ver ejemplos de edificios que integran vidrio fotovoltaico. La sede de la multinacional FEMSA en Monterrey incorpora una impresionante fachada ventilada para la optimización del rendimiento energético del edificio. Las oficinas de la farmacéutica Novartis en Nueva Jersey cuentan con un lucernario fotovoltaico que genera casi 300.000 kWh al año y el edificio de Bursagaz en Turquía presenta un rompedor diseño arquitectónico con una fachada fotovoltaica en forma de mosaico.

En definitiva, un novedoso material que marca tendencia y al que debemos seguir la pista.

 

Rehabilitación de viviendas y edificios para “destetar“ la economía y “energizarla”

Por Domingo J. Beltrán – Presidente de la Fundación Renovables

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En un artículo anterior planteaba el “destete” de nuestra economía, modular las tres tes, Turismo, Transporte y Territorio, muy abusadas, como motores principales de una economía sin futuro, para establecer nuevas prioridades, redirigir los recursos y aspirar a un progreso sostenible, con futuro basado en el conocimiento y el uso sostenible de nuestros recursos. Una verdadera “energización” de la economía empezando por la sostenibilidad energética como vector de cambio.

Y proponía hacerlo sustituyendo los gastos anuales (hasta 40000 millones de euros al año) en combustibles fósiles por inversión en sostenibilidad energética en diversos sectores y actuaciones sostenidas en el tiempo a los cuales podíamos dedicar simplemente un 10% anual de este gasto, 4.000 millones de euros, durante 25 años, o sea hasta el 2040. En este horizonte temporal deberíamos haber alcanzado una mayor electrificación y desenergización de nuestra economía y una generación eléctrica (en gran parte distribuida y en autoconsumo y prácticamente toda basada en renovables) con una dependencia energética inferior, opuesta a la actual, es decir, pasar de solo el 20% de interdependencia a solo el 20% de dependencia.

Lo más relevante, urgente, agradecido y oportuno es sin duda la rehabilitación de viviendas y edificios en clave energética (aunque también y no menos importante de habitabilidad y accesibilidad) para conseguir un mayor confort y calidad de vida para sus moradores o usuarios, además de unos ahorros importantes en su factura energética contribuyendo además a reducir de forma estructural la arraigada pobreza energética.

Tenemos el mayor parque de viviendas de Europa, más de 24 millones, alimentado por una presión abusiva de la oferta de segundas residencias y de turismo residencial, promovida desde el potente y especulador sector de la construcción que prefiere la nueva construcción (menos mano de obra y más rentabilidad y a corto plazo) a la rehabilitación del parque existente. Animado además por las Administraciones públicas que buscan siempre los desarrollos urbanísticos como motores fáciles de recuperación de la economía y del empleo precario, de la puesta en valor cortoplacista del suelo y territorio, de animación de la inversión en infraestructuras de transporte…y en general, de esas tres tes que nos han llevado a exacerbar la crisis actual y con las que se quiere volver ahora para salir de la crisis (¡las constructoras vuelven  a pedir construir 200 000 viviendas al año!).

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Receta para combatir el cambio climático desde las ciudades: objetivos ambiciosos y control más democrático de la energía

Por Laura Martín Murillo – Directora de la Fundación Renovables

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En los últimos años se ha hablado mucho de que la batalla más dura contra el cambio climático se estaba librando desde algunas ciudades. Durante la negociación del acuerdo de París, que se aprobó el año pasado, no se consiguió que ningún país, desde luego ninguno de los mayores emisores, pusiera sobre la mesa compromisos suficientes y acordes con su responsabilidad sobre el cambio climático. Así los países están ratificando un acuerdo que obliga a mantener la temperatura del planeta muy por debajo de los 2 grados, pero las reducciones de emisiones que se han propuesto los países y que presentaron en París, implican que aumentaremos la temperatura más allá de 4 grados, muy lejos de lo tolerable para las sociedades humanas.

En este contexto de falta de ambición generalizada, algunas ciudades empezaron a marcar un camino diferente, proponiéndose objetivos ambiciosos de reducción de emisiones y de uso de renovables en la ciudad. Esto es especialmente importante porque en las ciudades se genera el 70% del CO2 que causa el cambio climático.

Plantearse objetivos ambiciosos empuja a la excelencia y a la búsqueda de soluciones verdaderamente innovadoras y, además, ayuda a movilizar a toda clase de actores con un mismo objetivo: dialogar, participar y buscar soluciones conjuntamente. Muchas ciudades están poniéndose como objetivo ser 100% renovables en las próximas décadas trayendo esperanza al futuro climático del mundo y dinamizando diálogos importantísimos sobre la organización económica y social de sus ciudades, involucrando a un número creciente de ciudadanos y ciudadanas. Más allá de la renovación de las ciudades se está discutiendo el tejido económico de las mismas y la garantía de un servicio básico universal como la energía.

Como los proyectos necesitan financiación, en muchos casos la revolución renovable en las ciudades viene de la mano de la inversión directa de las autoridades locales, de la participación y el control público de los proyectos que puede ayudar a redistribuir los beneficios a nivel local. En muchos casos las hojas de ruta para la descarbonización de las ciudades van de la mano de la democratización del sistema energético y de una mayor participación social.  Existen ejemplos muy interesantes.

Uno pionero es Copenhague, ciudad que aprobó el objetivo de alcanzar el 100% renovable y convertirse en la primera capital neutra en carbono para el año 2025, un objetivo muy ambicioso. Pensemos que la Unión Europea, por ejemplo, solo se ha comprometido a reducir un 40% sus emisiones para 2030 y a producir un 40% de energía renovable para la misma fecha.

El parque eólico marino de Middelgrunde, enfrente de la ciudad, ha ayudado a recorrer gran parte de este camino. La energía eólica marina ya suministra energía suficiente para cubrir la mayor parte de las necesidades de electricidad de la ciudad. Estas instalaciones aportan a la red nacional  el 10% de las necesidades totales de electricidad. Pero además Middelgrunde es en buena parte propiedad de una cooperativa de ciudadanos que están haciendo suyo, y de todos, el sueño de una verdadera transición energética.

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Contadores inteligentes. ¿Inteligentes para quién?

Por Emilio Ballester – Presidente de la Fundación Desarrollo Sostenible

Instalación de contadores inteligentes

Probablemente esta sea la historia de otra oportunidad perdida para acercar, para situar a los ciudadanos en el centro del sistema energético. Cuando conocí la noticia por primera vez, sin profundizar en ella, me dije: por fin una medida que merece la pena. A partir de ahora cada consumidor  va a poder seguir en tiempo real su consumo, la potencia que  utiliza, el coste energético de su asado, de su lavaplatos o de su plancha y lo que le cuestan esas luces que iluminan el pasillo en el que se puede leer el periódico. También  lo tendrá traducido a euros y podrá calcular los usos que puede hacer de su secadora si no quiera pasarse del presupuesto. Podrá contratar diferentes tarifas, una  para fines de semana otra para verano, etc. Además  podrá conocer las  emisiones contaminantes que su consumo está enviando a la atmósfera. Todo ello sin salir de su casa o desde su teléfono móvil. Un paso más hacia una mayor cultura energética y ambiental.

Sin embargo la realidad es otra muy diferente. Podremos conocer nuestro consumo horario y la potencia utilizada solo a posteriori, a través de la web de la distribuidora. Nada en tiempo real. Los contadores seguirán estando alojados en el cuarto de contadores o en el exterior de nuestra vivienda, a pesar de que ya no es necesario que nadie vaya a tomar lectura. Lo que antes era una ruleta que giraba a distinta velocidad según el consumo, ahora son lucecitas de diferentes colores según el modelo, que parpadean a diferentes frecuencias según el consumo, o se quedan fijas según los casos. Para conocer nuestros consumos parciales o totales tendremos que especializarnos en sistemas digitales. Un botoncito que cambia el código y los números sin mucha más explicación. Eso sí, cuando nos corten el suministro por falta de pago lo pondrá claramente en la pantalla. Y cuando se nos vaya la luz por exceso de potencia tendremos que poner en marcha el protocolo de rearme o bajar, a oscuras, al cuarto de contadores para pulsar el botón adecuado.

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Un futuro iluminado por LED

Por Laura Martín Murillo – Directora de la Fundación Renovables

bombilla tradicional

Tal día como ayer, en 2012, decíamos adiós a las bombillas incandescentes. Cuatro años después le llega el turno a las ineficientes luces halógenas que aún iluminan muchos hogares. Desde ayer, 1 de septiembre se han dejado de comercializar estas lámparas de filamento (salvo el stock de los comercios y almacenistas).

Frente a este tipo de luminarias, la Comisión Europea busca potenciar como alternativa las lámparas LED tanto por eficiencia energética y durabilidad.  Cada bombilla led consume un 90% menos de energía que una halógena y alarga su vida útil entre 10.000 y 75.000 horas. En términos de ahorro, sustituir un tipo de dispositivo por otro más eficiente supondrá al usuario un ahorro de 115 euros de media a lo largo de la vida de uso de la bombilla. Además, a diferencia de las las lámparas fluorescentes compactas o de bajo consumo, que contienen entre 3 y 6 miligramos de mercurio, las luces led están libres de este elemento químico tan contaminante para el medio ambiente.

Se trata por tanto de una noticia muy positiva que, sin embargo, debería haber llegado antes y cuyos plazos de implantación no responden a la urgencia de nuestro planeta. Hay que tener en cuenta que la normativa afecta solo a los focos, habitualmente utilizados en tiendas, y no a las bombillas halógenas que se instalan en viviendas, que podrán seguir vendiéndose hasta 2018. Nuestro ya maltrecho medioambiente no permite que perdamos ni un solo segundo más, menos dos años.

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Una gran idea para ahorrar si tienes calefacción central

Carlos Bravo – Gerente de la Fundación Renovables carlosbravomini

La casa donde vivían mis padres y en la que mis hermanos y yo pasamos nuestra infancia y juventud estaba en un edificio de 14 plantas con calefacción central. En aquella época, tener un sistema centralizado de calefacción parecía el no va más en cuanto a comodidad, aunque en realidad era muy ineficiente y conllevaba muchas desventajas.

En primer lugar, dado que todos los apartamentos eran prácticamente iguales, los costes de la calefacción se repartían de forma equivalente entre los vecinos, es decir, todos pagaban lo mismo en la factura, independientemente de que unos quisieran tener la casa a menor temperatura que otros, ya fuera por su diferente percepción del confort térmico o por motivos económicos.

Además, debido a la mala calidad del aislamiento del edificio, los que vivían en el último piso sufrían grandes pérdidas de calor por lo que ponían los radiadores al máximo de su potencia.

imagen de una aparato repartidor de coste de calefaccion

Debido a ello, aunque los radiadores tenían un sencillo regulador manual para graduar el paso del agua caliente a su circuito, todo el mundo los ponía al máximo. El pensamiento común era: “Total, si al final voy a pagar lo mismo que los del piso 14º, pues pongo yo también la calefacción a tope y cuando tenga calor abro la ventana para que entre el fresco de la calle”. Y así se hacía, aunque fuera invierno y cayeran chuzos de punta. Hace ya muchos años de ello, pero aún recuerdo las peleas con mi madre para que bajara la calefacción en lugar de permitir que el calor de la casa escapara absurdamente por las ventanas abiertas a calentar las calles.

El pensamiento común era: “Total, si al final voy a pagar lo mismo que los del piso 14º, pues pongo yo también la calefacción a tope y cuando tenga calor abro la ventana para que entre el fresco de la calle”

No sólo es eso, pues dado que la caldera central del edificio funcionaba con combustibles fósiles, primero con gasoil y luego con gas ciudad, esa forma de actuar (el “efecto ventana”) era una manera estúpida de emitir, además de otros contaminantes atmosféricos, un montón de dióxido de carbono (CO2), el principal gas de efecto invernadero; es decir, que era contribuir al cambio climático de una de las formas más tontas e inútiles posibles.

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Y tu ciudad… ¿es sostenible?

Raquel García Monzón – Técnico de energía en WWF España

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Actualmente nuestro Planeta está sufriendo una rápida urbanización además del crecimiento de economías de países como India, China y África. Las ciudades son responsables de más del 70% de las emisiones de dióxido de carbono derivadas del consumo insostenible de combustibles fósiles (petróleo, gas y carbón). En 2050 más de 2/3 de la población global se concentrarán en las ciudades y se prevé que 350.000 millones de dólares serán invertidos en mejora de las infraestructuras urbanas en los próximos 30 años. Si todas las personas en el planeta vivieran como actualmente vive un residente urbano de un país desarrollado, necesitaríamos más de tres planetas para abastecer los recursos naturales y la absorción de las emisiones de dióxido de carbono resultantes, pero solo tenemos un Planeta.

Si las inversiones futuras en las ciudades siguen su trayectoria tendencial o “Business As Usual” (BAU), nuestra dependencia en la energía procedente de combustibles fósiles continuará en ascenso. Como resultado, las infraestructuras intensivas en energía y los estilos de vida necesitarán mayores inversiones y más de la mitad de las emisiones totales de carbono se emitirán a la atmósfera en tan sólo 30 años. En consecuencia, miles de millones de personas tendrían que pagar los altos costes económicos, sociales y ecológicos de una economía basada en el carbono.

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