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Las claves de un tema que nos afecta a todos

Rehabilitación de viviendas y edificios para “destetar“ la economía y “energizarla”

Por Domingo J. Beltrán – Presidente de la Fundación Renovables

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En un artículo anterior planteaba el “destete” de nuestra economía, modular las tres tes, Turismo, Transporte y Territorio, muy abusadas, como motores principales de una economía sin futuro, para establecer nuevas prioridades, redirigir los recursos y aspirar a un progreso sostenible, con futuro basado en el conocimiento y el uso sostenible de nuestros recursos. Una verdadera “energización” de la economía empezando por la sostenibilidad energética como vector de cambio.

Y proponía hacerlo sustituyendo los gastos anuales (hasta 40000 millones de euros al año) en combustibles fósiles por inversión en sostenibilidad energética en diversos sectores y actuaciones sostenidas en el tiempo a los cuales podíamos dedicar simplemente un 10% anual de este gasto, 4.000 millones de euros, durante 25 años, o sea hasta el 2040. En este horizonte temporal deberíamos haber alcanzado una mayor electrificación y desenergización de nuestra economía y una generación eléctrica (en gran parte distribuida y en autoconsumo y prácticamente toda basada en renovables) con una dependencia energética inferior, opuesta a la actual, es decir, pasar de solo el 20% de interdependencia a solo el 20% de dependencia.

Lo más relevante, urgente, agradecido y oportuno es sin duda la rehabilitación de viviendas y edificios en clave energética (aunque también y no menos importante de habitabilidad y accesibilidad) para conseguir un mayor confort y calidad de vida para sus moradores o usuarios, además de unos ahorros importantes en su factura energética contribuyendo además a reducir de forma estructural la arraigada pobreza energética.

Tenemos el mayor parque de viviendas de Europa, más de 24 millones, alimentado por una presión abusiva de la oferta de segundas residencias y de turismo residencial, promovida desde el potente y especulador sector de la construcción que prefiere la nueva construcción (menos mano de obra y más rentabilidad y a corto plazo) a la rehabilitación del parque existente. Animado además por las Administraciones públicas que buscan siempre los desarrollos urbanísticos como motores fáciles de recuperación de la economía y del empleo precario, de la puesta en valor cortoplacista del suelo y territorio, de animación de la inversión en infraestructuras de transporte…y en general, de esas tres tes que nos han llevado a exacerbar la crisis actual y con las que se quiere volver ahora para salir de la crisis (¡las constructoras vuelven  a pedir construir 200 000 viviendas al año!).

Y tenemos uno de los parques de viviendas más ineficientes energéticamente y consiguientemente menos confortables que solo atenúa en una parte nuestra climatología más benigna que no aprovechamos adecuadamente. La situación es tan deficitaria que, con una rehabilitación intensiva (con cambio de las envolventes de los edificios, con aperturas y aislamiento de muros y ventanas, mayor electrificación y eficiencia de equipamientos, generación eléctrica con placas fotovoltaicas, con autoconsumo individual y colectivo, etc.) se podrían alcanzar reducciones de hasta el 80% en el consumo energético de viviendas existentes, aunque con inversiones significativas de unos 20.000 € por vivienda de media.

¿Qué conseguiríamos entonces invirtiendo esos 4.000 millones de euros anuales en rehabilitación de edificios y viviendas durante 25 años?

Se pueden rehabilitar energéticamente y en habitabilidad 200.000 viviendas al año (cerca del 1% del parque de viviendas, un total de 5 millones de viviendas hasta 2040 (más de la quinta parte del parque de viviendas español) con ahorros energéticos de hasta el 80%. En 2040 significarían 8 millones de Toneladas equivalentes de petróleo (Tep) ahorradas anualmente, unas 50 Tep acumuladas, con sus correspondientes reducciones en emisiones de CO en esos 25 años y 200 000 empleos fijos directos generado en el sector y otros tantos indirectos.

Son cifras gruesas pero que muestran como con solo una décima parte de los gastos anuales en combustibles fósiles trasformados en inversión en rehabilitación de viviendas y edificios podemos reducir dichos gastos y mejorar la economía, el empleo y nuestra calidad de vida además de contribuir también a un futuro más sostenible.

No es ninguna utopía, la Comisión Europea propone rehabilitar de forma permanente un 2% del parque de viviendas anuales en su Hoja de Ruta 2050 para una EU eficiente en el uso de recursos.

Con ello, se conseguiría sustituir construcción insostenible por reconstrucción sostenible, empleo estable y de calidad ya que ese ritmo se puede mantener de forma permanente, mejorar la calidad de vida y para una mayoría creciente de la población, regenerar nuestras ciudades y los barrios más marginados, reactivar de forma sostenible el “sector de la reconstrucción” así como el de la eficiencia energética y energía fotovoltaica… Y finalmente, empezar a reducir drásticamente nuestras importaciones “fósiles” y la factura externa, “destetar” progresivamente nuestra economía y contribuir a mitigar un cambio climático que nos afecta singularmente.

Vamos, que solo tendría ventajas, ¿a qué esperamos? A que este tema entre ya, urgentemente en el debate político, en el Congreso y en el Gobierno como una exigencia social, económica y ambiental

 

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