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Las claves de un tema que nos afecta a todos

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Tiempo de descuento

La lucha contra el Cambio Climático nace como respuesta desde la responsabilidad común de todas las naciones ante lo que es una de las mayores amenazas a la biosfera derivada de la actividad humana. Sin embargo, en menos ocasiones se concibe como una estrategia propia para la dinamización económica, la relocalización industrial, la innovación tecnológica, la cohesión territorial y la creación de empleo. Tener este enfoque puede ayudarnos a visionar el pozo en el que estamos enfangados y cómo salir de él.

No salir de la crisis energética impedirá una recuperación económica real. Gran parte de los problemas económicos (como los de endeudamiento) del Estado Español tienen que ver con nuestro modelo energético y el tejido productivo existente. Hoy en día la compra de productos energéticos es la mayor generadora de déficit comercial.
España, que ya es reconocido como un país vulnerable a los efectos del Cambio Climático, aumentará su vulnerabilidad si basa su economía en los combustibles fósiles. La Transición Energética orientada hacia el ahorro de la energía y las energías renovables es la hoja de ruta adecuada. Estamos veinte puntos por encima de la media europea en dependencia energética. Tenemos que pensar que en el futuro inmediato debemos favorecer la autosuficiencia energética de todos los territorios.

La lógica de un modelo energético centralizado donde unas zonas abastecen a otras a costa de altos impactos ambientales, sociales y económicos ha cambiado. Se abre paso un nuevo modelo energético, productivo y económico que debe reconocer el bienestar y riqueza que han generado personas y regiones para el conjunto de la ciudadanía, poner en valor sus identidades y crear puentes entre el pasado y el futuro para que nadie quede abandonado a su suerte.

En la actualidad existe un consenso global en la necesidad de que la lucha contra el Cambio Climático requiere del acompañamiento de un gran pacto social. En 2015 se adoptó el Acuerdo de París que reconocía el papel de la transición justa para la fuerza del trabajo y la creación de empleos decentes y de calidad. Ese mismo año la Organización Internacional del Trabajo adoptó unas Directrices sobre Transición Justa.

En este sentido, el pasado 11 de septiembre Joaquín Nieto, director de la Oficina española de la OIT, anunciaba el establecimiento de un marco de colaboración con el Ministerio de Transición Ecológica para velar por una aplicación exitosa de la Transición Justa. Antes del verano, el Gobierno español ya había hecho público su compromiso en la elaboración de una Estrategia de Transición Justa y en la incorporación de sus principios en la próxima Ley de Cambio Climático y Transición Energética.

Este nuevo marco abre, en primer lugar, una buena oportunidad para reconocer y recuperar el Diálogo Social en materia climática, que en su día fue un espacio de diálogo pionero a nivel internacional y que ahora está completamente desaparecido. Hablamos de un verdadero proceso de negociación y concertación (no simples consultas) en el marco laboral, con los agentes sociales, para abordar con profundidad los impactos y reestructuraciones que van a sucederse con motivo de la Transición Energética y productiva que supone la lucha contra el Cambio Climático y que va a tener una clara incidencia en las empresas y en el empleo. Negociación para anticipar cambios, para ordenar la transición y, en definitiva, para prepararnos para una acción climática decidida, nunca para la inmovilidad. Porque no hay empleo en un planeta muerto.

Ahora que el Ministerio de Transición Ecológica va a dar un giro de timón respecto al anterior Ejecutivo, es preciso que las autoridades locales se resitúen en un contexto para el que ganemos todos y todas

La situación actual también abre una oportunidad de emprender un espacio de entendimiento, colaboración y coordinación efectiva entre las administraciones públicas estatales, autonómicas y locales. Y es urgente que todas ellas remen en la misma dirección, porque el reto que tenemos por delante lo exige. Ahora que el Ministerio de Transición Ecológica va a dar un giro de timón respecto al anterior Ejecutivo, es preciso que las autoridades locales se resitúen en un contexto para el que ganemos todos y todas.

En el informe que hizo ISTAS para Greenpeace sobre experiencias de transición postcarbón en otros países se ponía de manifiesto que el elemento común para el éxito en las comarcas mineras había sido el hecho, en primer lugar, “de asumir que el carbón formaba parte de la economía del siglo pasado y apostar por nuevos sectores económicos para crear empleo local y un impacto positivo directo en la vida de la gente”.

De hecho, el liderazgo de los gobiernos regionales y locales fue imprescindible para hacer posible que los cambios regulatorios desfavorables al carbón se tradujeran en marcos de innovación y desarrollo empresarial en las zonas afectadas.

Así ocurrió en el Valle del Ruhr en Alemania, centro histórico en la producción de carbón y acero. El gobierno regional fue quien lideró la coordinación de los esfuerzos para desarrollar nuevos clusters empresariales a lo largo de la cuenca. Más de 70 empresas presentes en la región del Ruhr formaron la iniciativa ‘Ruhr Initiative Group’. Se iniciaron más de 125 proyectos relacionados con la eficiencia energética y el uso de energías renovables. Entre ellos, la rehabilitación energética de las casas de los mineros, la instalación de más de 100 plantas de cogeneración en hogares y empresas y la promoción del autoconsumo.

Es más, los fondos económicos necesarios para poner en marcha esta iniciativa fueron aportados por el gobierno local, el estado federal de Renania del Norte-Westfalia y por las empresas miembros de la iniciativa. La inversión inicial fue recuperada posteriormente en forma de nuevos impuestos provenientes de las actividades de las empresas de construcción, energéticas y de ingeniería, además de la reducción de las facturas energéticas de hogares, empresas y administración.

También el liderazgo del alcalde de Loos-en-Gohelle, antigua comarca minera de la región francesa de Nord-Pas de Calais, fue decisivo en una transición energética y económica después de 130 años de dedicación exclusiva al carbón. Las condiciones de partida no fueron nada halagüeñas. El cierre de la industria del carbón en la región de Nord-Pas-de Calais supuso la pérdida de alrededor del 45% del empleo industrial entre 1975 y 1995, lo que se tradujo en desempleo, colapso económico y precariedad. El miedo a la depresión y pérdida definitiva de capacidad productiva sirvió esta vez de acicate para la búsqueda de un modelo alternativo.

El líder local inició un debate local con colectivos sociales, empresariales y servicios técnicos institucionales que sirvió para elaborar un diagnóstico y una hoja de ruta para una nueva economía basada en la producción de energía limpia y la economía circular. Y desde entonces la toma de decisiones participada ha sido la tónica habitual en la región. Entre todos decidieron apoyar la creación de actividades locales no deslocalizables, por la que se aprovecharan los recursos autóctonos. Y se apostó por la diversidad de proyectos en detrimento de un único nuevo monocultivo industrial.

El declive del empleo en las comarcas mineras, o en las zonas con centrales nucleares, se está produciendo sin vislumbrar una alternativa local

Las propuestas de nuevos proyectos fueron presentadas a diferentes líneas de financiación del Estado francés y de la Unión Europea. Y a partir de ahí, la UNESCO declaró patrimonio de la humanidad los restos mineros. Las escombreras pasaron a ser elementos culturales y de ocio. Se llevaron a cabo tareas de forestación, peatonalización y construcción de praderas accesibles y de un cinturón ecológico. Se creó un Centro de Eco-empresas, especializado en materiales de eco-construcción, un vivero de empresas y un centro de formación profesional especializado en este sector, que atrajo a otras empresas de la región. La reforma energética de viviendas y de la central solar fue financiada colectivamente. Hoy en día se invierten 12 millones de euros al año para I+D.

En las lecciones aprendidas de transiciones industriales pasadas, no solo se cuentan estas experiencias positivas. En nuestro país, sin ir más lejos, se han vivido reestructuraciones con resultados muy insatisfactorios que ahora lastran lógicamente las expectativas de los actores locales. Además, no nos encontramos ya en el terreno de la anticipación. El declive del empleo en las comarcas mineras, o en las zonas con centrales nucleares, se está produciendo sin vislumbrar una alternativa local. No va a ser un camino de rosas, pero habrá que trabajar mucho entre todos y todas para lograr los mejores resultados en este tiempo de descuento.

emisionesPor Begoña María Tomé – Gil – Experta en Cambio Climático y en Energía en ISTAS

Un otoño caliente para el clima

José Luis García – Área de energía y cambio climático de Greenpeace


No sabemos qué tiempo meteorológico va a hacer en este próximo otoño, pero sí sabemos que los próximos meses van a ser decisivos para comprobar si podemos mantener el Cambio Climático bajo control o se nos escapará de las manos.

La preocupación ha subido muchos enteros con la publicación este verano de un estudio científico que advierte del grave riesgo de sobrepasar un umbral a partir del cual los efectos del Cambio Climático se convierten en causas que lo aceleran aún más, entrando en un círculo de retroalimentaciones que nos llevaría a un planeta inhabitable para la mayoría de la población humana (y de muchas especies). Mientras ese proceso de clima descontrolado se prolongaría durante siglos o milenios, el margen de tiempo para evitarlo es de tan solo diez o veinte años a lo sumo.

Esto reafirma la necesidad de hacer todo lo posible para evitar que el calentamiento global sobrepase 1,5ºC, tal como se establece en el Acuerdo de París.

Afortunadamente, hay señales que indican que la capacidad y la disposición de hacer frente al problema han mejorado, aunque la disposición es mayor en los actores no gubernamentales (empresas, municipios, sociedad civil) que en muchos gobiernos. Repasemos algunas recientes señales esperanzadoras:

  • El gigante electrónico Samsung se ha comprometido a suministrarse al 100% con energía renovable para las necesidades energéticas de sus instalaciones en Estados Unidos, Europa y China para 2020, y a influir positivamente en los esfuerzos del gobierno coreano en esa dirección.
  • La “Powering Past Coal Alliance” (una alianza global de más de 20 países para la eliminación progresiva del carbón) ha empezado a trabajar más allá de hacer declaraciones, de manera que los países que ya tienen decidido acabar con el uso del carbón se están organizando para influir en otros países que están en el proceso de decidirlo, como es el caso de Alemania.
  • Los cambios de gobierno en España e Italia han modificado el equilibrio de fuerzas dentro de la Unión Europea a favor de la lucha contra el cambio climático, de las renovables y la eficiencia energética, como ya se ha visto en las negociaciones que culminaron en la aprobación de una nueva directiva de energías renovables con un objetivo más ambicioso que el inicial y que deja fuera de juego el impuesto al sol.
  • En Latinoamérica también ha habido cambios de gobierno significativos. A efectos del cambio climático, destaca el de Costa Rica, que quiere que el país sea libre de combustibles fósiles en 2021.

Por otro lado, el IPCC (grupo de expertos de Cambio Climático de la ONU) va a publicar a principio de octubre un informe decisivo sobre la ambición y urgencia, necesaria y posible, de evitar un calentamiento de 1,5ºC. También advertirá de las graves consecuencias de no hacerlo: ese umbral puede ser suficiente para desequilibrar las cubiertas de hielo de Groenlandia o la península Antártica, matar al 90% de los corales de aguas cálidas, causar severos problemas al Ártico y los océanos, etc. No es fácil evitarlo, no estamos en camino, pero no hay más remedio que hacer todo lo posible. Este informe ha de ser la referencia científica que ilumine las negociaciones de Cambio Climático hacia la cumbre del clima (COP 24) de Polonia y más allá.

Con estos y otros elementos sobre la mesa, la hoja de ruta para conseguir que los compromisos mundiales permitan evitar el calentamiento de 1,5ºC tendría estos hitos:

  • En la UE, se han de identificar en 2018 los países que quieren participar de una “coalición de alta ambición”, que se formalizaría en 2019, cuando la Comisión Europea ha de publicar su nueva hoja de ruta de emisiones para mitad de siglo, de forma que en 2020 se adopten nuevos objetivos para 2030 alineados con el Acuerdo de París. España debe estar en esa coalición.
  • China activa este año sus relaciones internacionales, para anunciar en 2019 la revisión de su compromiso nacional, que formalizaría junto con la UE en 2020 en forma de objetivos más ambiciosos para 2030. El papel de China es clave, puesto que, siendo el mayor emisor del mundo, ha alcanzado su objetivo de emisiones para 2020 con tres años de antelación. Está por ver si ejercerá la influencia en renovables que necesitan otros grandes países emisores como India, Brasil, Sudáfrica, Indonesia o Turquía, que compense la negativa influencia de los EE.UU. de Trump.
  • Los líderes mundiales de los actores no gubernamentales se identifican y reúnen este año (la cumbre de California en septiembre es el momento), se organizan y expanden durante 2018 y ejercen su presión positiva sobre los gobiernos en 2020.
  • La comunidad científica consigue este año que su llamada de atención sobre la necesidad de aumentar la ambición entre en la agenda política. Esa influencia ha de manifestarse en los discursos políticos durante 2019 y reflejarse en los compromisos a adoptar en 2020.

Todo dependerá de lo que veamos este otoño. La clave será que los gobiernos escuchen la llamada de atención de los científicos del IPCC y se decidan a aumentar su ambición climática (o sea, que se dispongan a asumir compromisos mayores que los asumidos hasta ahora) de cara a la cumbre del clima de Polonia. Allí el tema candente será el carbón, el combustible fósil que más incide en el Cambio Climático, puesto que la cumbre tiene lugar en Katowice, el corazón de la región carbonera de Polonia, el país que en mayor proporción usa el carbón en toda Europa.

En un otoño donde será patente la urgencia, la posibilidad y la responsabilidad de poner límite al Cambio Climático, el gobierno español tiene la oportunidad de demostrar que va en serio y aprovechar la cumbre de Polonia para que España deje de ser el único país de Europa occidental sin un plan de abandono del carbón aprobado ni en discusión, asumiendo el compromiso de que España deje de quemar carbón para 2025.

El necesario cambio de la acción climática de incremental a transformacional

Por Concha Cánovas – Experta en Energías Renovables

Cada día son más las voces que denuncian que la velocidad a la que nos adaptamos a un sistema energético sostenible es demasiado lenta y que no podemos permitirnos más retrasos en la intensidad de las medidas regulatorias y en la adaptación de los comportamientos de los consumidores.

En un contexto en el que tan solo para el 2030 se estima un crecimiento de la población a nivel mundial de unos 1.000 millones según Naciones Unidas, con el  consiguiente crecimiento en la demanda de bienes y servicios, se nos presenta el doble reto de atender este crecimiento de la demanda al mismo tiempo que tenemos que contribuir a ser más sostenibles. Lo que requiere acelerar la mejora en eficiencia energética y el cambio de nuestro mix energético global.

Los efectos del cambio climático son ya visibles en toda Europa, con unas pérdidas económicas relacionadas que ascendieron a 11.600 millones de euros tan solo en 2015 según ha puesto de manifiesto Eurostat

Los efectos del cambio climático son ya visibles en toda Europa, con unas pérdidas económicas relacionadas que ascendieron a 11.600 millones de euros tan solo en 2015 según ha puesto de manifiesto Eurostat, además de los serios impactos causados por los desastres naturales que estamos sufriendo. Y sin embargo, seguimos pecando de falta de ambición, seguimos abordando el cuánto sin darnos cuenta que lo que subyace es un necesario e irreversible  cambio en nuestro estilo de vida. No solo con objetivos a largo plazo, sino también con compromisos más ambiciosos en el corto y medio, podremos abordar el problema al que nos enfrentamos en toda su dimensión.

Es precisamente bajo esta óptica desde la que hemos venido denunciando desde la Fundación Renovables el que no se hayan aprovechado las discusiones del paquete de invierno de la Unión Europea para consensuar esta necesaria mayor ambición para después de 2020 con unos objetivos nacionales vinculantes, tanto para la energía renovable como para la eficiencia energética.

Una  estrategia de la UE  capaz de ampliar la acción climática de incremental a transformacional para todos los sectores de nuestra economía,  capaz de identificar los  incentivos perversos que actualmente causan emisiones, es fundamental para descarbonizar nuestra sociedad a partir de la energía renovable combinada con el ahorro de energía.

Entre las numerosas ventajas  que conlleva esta descarbonización  de nuestra sociedad,  además de su reducción de CO2, se encuentran la reducción de la contaminación del agua, del suelo y del aire, la mayor independencia energética, la reducción de las importaciones y el impulso de la creación de trabajos locales en áreas urbanas y rurales.

Este cambio no puede basarse exclusivamente en la innovación tecnológica como se ha venido haciendo hasta ahora, sino que necesariamente tiene que abarcar medidas que van desde cómo abordar nuestro consumo excesivo de energía, nuestros patrones de movilidad, hasta los envoltorios de nuestra dieta alimentaria, entre otras. Necesitamos ser más proactivos en habilitar cambios en nuestro estilo de vida.

Necesariamente tiene que abarcar medidas que van desde cómo abordar nuestro consumo excesivo de energía, nuestros patrones de movilidad, hasta los envoltorios de nuestra dieta alimentaria, entre otras

En los últimos años en el contexto europeo han surgido iniciativas como el reciclaje, el car sharing,  la eliminación de bolsas en los supermercados,  etc.  que ya están demostrando su éxito a partir de enfoques que involucran la participación ciudadana y las comunidades locales para cambiar nuestros estilos de vida, promoviendo estilos más equitativos y sostenibles; acciones que deben abarcar desde el nivel político al cultural.

Son ya varios los países que como Holanda, Islandia, Suecia, Finlandia, Portugal o Francia se han comprometido a establecer medidas para alcanzar emisiones netas cero, demostrando que es políticamente factible adoptar estos objetivos en un contexto en el que además la evolución de  los costos de la tecnología necesaria para abordarlos lleva años demostrándonos que evoluciona más favorablemente que nuestras propias estimaciones. Esperemos que nuestro país sepa estar a la altura del reto que tenemos planteado y sepamos utilizar las herramientas que tenemos al alcance de nuestra mano para contribuir con éxito a su necesaria transformación.

 

La evolución de emisiones en España, radiografía de un fracaso

emisionesPor Begoña María Tomé – Gil – Responsable de Cambio Climático en ISTAS

El último informe de Comisiones Obreras sobre la evolución de las emisiones de gases de invernadero en España no trae buenas noticias. Hace 15 años que no aumentaban tanto las emisiones. El informe estima que en 2017 las emisiones de estos gases fueron 339,2 millones de toneladas de CO2 equi­valente y que aumentaron un 4,5% respecto al año anterior. Se trataría del crecimiento anual más alto de emisiones desde el año 2002, antes de que entrara en vigor el Protocolo de Kioto.

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Actualmente la mayor parte de las emisiones se generan en el consumo y procesado de los combustibles fósiles. El incremento de las emisiones en 2017 se explica principalmente por el aumento del uso de carbón para la generación eléctrica en un 21% y del gas natural en las centrales de ciclo combinado en un 31,8%. También subió el consumo de petróleo en un 0,5% y el de gas natural un 9,8%. En el sector del transporte por carretera las emisiones crecieron un 2,4% ese año.

La evolución de las emisiones de gases de efecto invernadero en España es una radiografía perfecta del fracaso en la acción climática.

Hasta el momento no se han tomado medidas contundentes para la reducción y gestión de la demanda de energía. Más bien lo contrario. La política energética española se ha caracterizado en las últimas décadas por desarrollar una política activa de oferta. Esto ha sido así en el sector eléctrico, con una sobrecapacidad del parque generador más que reconocida y unos gastos derivados injustamente soportados por los consumidores particulares y más vulnerables.

Hasta el momento no se han tomado medidas contundentes para la reducción y gestión de la demanda de energía. Más bien lo contrario.

Y de forma calcada ha ocurrido con las políticas públicas del transporte que se han basado en el crecimiento continuado de infraestructuras innecesarias que han depredado el medio ambiente y acaparado el gasto público. Así, tras una política expansiva en la construcción y el urbanismo, las emisiones en 2007 llegaron a estar por encima del 50% los niveles de 1990.

A partir de 2008, las reducciones en las emisiones se explican fundamentalmente por la crisis económica y la caída de la producción industrial.

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Más tarde con la estabilización y crecimiento de la economía las emisiones se vuelven a recuperar lo que demuestra la ineficacia e inconsistencia de las políticas climáticas para sustituir los combustibles fósiles por energías renovables, promover el ahorro y la eficiencia energética en empresas y hogares y fomentar una movilidad sostenible de pasajeros y mercancías, entre otras.

A pesar de que las energías renovables han sido hasta ahora el principal factor de reducción real de las emisiones en nuestra sociedad, en 2012 el actual Gobierno frenó drásticamente la instalación de nueva potencia y en los últimos años las emisiones españolas han fluctuado muy influenciadas por la hidraulicidad de cada año. Es decir, con menos lluvias se quema más carbón y gas.

España previsiblemente cumplirá con los objetivos climáticos a 2020 gracias al efecto de la crisis en la reducción de emisiones, pero va a tener muy difícil alcanzar los objetivos europeos a 2030 sino acelera el ritmo de la transición energética

España previsiblemente cumplirá con los objetivos climáticos a 2020 gracias al efecto de la crisis en la reducción de emisiones, pero va a tener muy difícil alcanzar los objetivos europeos a 2030 sino acelera el ritmo de la transición energética. Y eso que los compromisos se establecen en base al segundo año más alto en emisiones en nuestra historia, el año 2005.

Los compromisos para España para 2030 son una disminución del 26% de las emisiones de los sectores difusos (transporte, residencial, comercial, agricultura y ganadería, residuos, ….) y una reducción del 43% para los sectores sujetos al comercio de derechos de emisión (sectores energéticos e industriales, ETS) respecto a 2005.

Según CCOO, en 2017 las emisiones totales fueron un 22,8% superiores a las de 2005, y con estas cifras no se llega.

Basta con mirar las previsiones que daba el Gobierno español de incumplimiento de los objetivos a 2030 en base a las emisiones de 2016 que fueron mejores que las de 2017.

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España, la peor evolución del top 10 en la Unión Europea

La evolución de las emisiones de gases de efecto invernadero en el último cuarto de siglo ha sido positiva en Europa pero muy negativa en España. España es uno de los países más emisores de la UE-28 y de los que más ha aumentado sus emisiones.

El análisis de la evolución de las emisiones respecto a los niveles del año base de 1990, referencia del Protocolo de Kioto, refleja que las emisiones crecieron un 17,91% en 2017. Una foto que también nos deja mal en comparación con otros países que ya han publicado un avance provisional de sus emisiones en ese período. Alemania habría disminuido un 27,70%, Reino Unido un 43% y Finlandia un 21%.

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Los datos de 2017 consolidan el mal comportamiento en emisiones de España, uno de los países con mayor recurso solar y de los más vulnerables a los impactos climáticos en Europa. De los 10 de países europeos más emisores de gases de efecto invernadero en 1990, el nuestro es el que muestra peor balance. En el período 1990-2015 fue el único que aumentó sus emisiones, mientras que el resto del top 10 redujeron sus emisiones de media un 26%.

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España es un lastre para que el conjunto de la Unión Europea cumpla con el Acuerdo de París. Esperemos que el nuevo gobierno entienda la descarbonización de la economía como una estrategia propia, como una oportunidad inmejorable para el cambio del modelo energético y productivo, para impulsar políticas sectoriales de innovación, para poner en pie una industria intensiva en conocimiento, para rehabilitar nuestras ciudades y nuestros edificios y en definitiva para impulsar la creación de empleo de calidad no deslocalizable.

 

Energía y cambio climático: España no puede seguir siendo diferente

José Luis García – Área de energía y cambio climático de Greenpeace

Hay ahora mismo un debate abierto en la comunidad internacional sobre la necesidad de asumir compromisos mucho más ambiciosos que los adoptados hasta ahora, porque el cambio climático avanza cada vez más rápido y lo que tenemos decidido hacer sabemos que no es suficiente. Siete países se han aliado para pedir una revisión de los compromisos europeos, para hacerlos más ambiciosos y permitir alcanzar los objetivos del Acuerdo de París (o sea, evitar un calentamiento global de más de 1,5 ºC). Esos 7 países son Alemania, Francia, Holanda, Suecia, Finlandia, Portugal y Luxemburgo.

Escribíamos en este blog sobre el caso de Alemania, cuyo nuevo gobierno ha asumido el compromiso de adoptar un plan de abandono del carbón, en un país que ya decidió abandonar la energía nuclear. El ejemplo nos permitía concluir que acordar una política climática valiente es posible.

Y no es solo Alemania. Cada uno de esos países está dando pasos importantes en esa dirección. Por ejemplo, Holanda es de los países comprometidos a abandonar el carbón para 2030. Finlandia ha reafirmado ese mismo compromiso y lo ha adelantado a 2029. Pero claro, alguien pensará que todos son países ricos, que se pueden permitir hacer cosas que en la “pobre España” no son posibles.

Fijémonos entonces en Portugal. Este mes de marzo, nuestro vecino alcanzó un nuevo récord: por primera vez en este siglo, la producción de electricidad renovable en el territorio peninsular de Portugal ha sido superior a la electricidad consumida durante un mes completo. No quiere decir que en todo momento haya estado suministrándose con energía 100% renovable, en realidad la producción de electricidad renovable ha oscilado entre un 86% y un 143% del consumo, aunque los periodos de cobertura continua al 100% con renovables han llegado a las 70 horas seguidas. Este logro se ha basado en el aprovechamiento de los recursos hidroeléctricos que ya tenía y la energía eólica desarrollada en este siglo. Su gran potencial solar está casi todo aún por desarrollar.

Portugal no tiene ni ha tenido nunca energía nuclear, ni falta que le hace (aunque no está libre de los riesgos que las nucleares implican, las tiene muy cerca). Sus planes de futuro incluyen abandonar el carbón en 2030 y llegar a ser 100% renovable de forma permanente en 2040. Y claro, con esas políticas, está en el grupo de países que piden más compromiso en la lucha contra el cambio climático.

Portugal no tiene ni ha tenido nunca energía nuclear, ni falta que le hace (aunque no está libre de los riesgos que las nucleares implican, las tiene muy cerca). Sus planes de futuro incluyen abandonar el carbón en 2030 y llegar a ser 100% renovable de forma permanente en 2040

Alguien dirá que todo eso es posible gracias a que está interconectado con España. Bueno, el beneficio de la interconexión es mutuo, la diferencia está en las políticas de uno y otro. Y si bien las interconexiones son una ayuda, no son el factor decisivo para adoptar una transición energética que permita prescindir de energía nuclear y carbón, como ha demostrado el “Estudio técnico de viabilidad de escenarios de generación eléctrica en el medio plazo en España” realizado por el IIT para Greenpeace.

Otros países de economía más similar a la española también tienen planes claros de transición energética:

  • Italia no tiene energía nuclear y tiene decidido abandonar el carbón en 2025.
  • Bélgica abandonó el carbón en 2016 y va a abandonar la nuclear en 2025.
  • Irlanda tampoco tiene energía nuclear y va a abandonar el carbón en 2025, prohibirá la venta de vehículos diesel y gasolina en 2030, y ya ha prohibido la exploración petrolífera.
  • El Reino Unido también tiene el compromiso de abandonar el carbón en 2025 y acaba de alcanzar 3 días seguidos sin quemar carbón.

Y no solo son los estados, también las ciudades se mueven en la transición energética. Este mapa muestra las más de 100 ciudades de distintos países del mundo que ya adquieren la mayor parte de su electricidad con fuentes renovables. Algo que las ciudades españolas pueden empezar a hacer tras la batalla legal ganada por el Ayuntamiento de Madrid a las eléctricas Endesa, Iberdrola y Gas Natural.

¿Y qué hace el gobierno de España? España fue un país líder en energías renovables, pero cuando el crecimiento de estas empezó a amenazar los intereses de las viejas energías sucias, vino el frenazo y marcha atrás. En las coaliciones internacionales para asumir compromisos más ambiciosos a España ni se la ve ni se la espera. Es más, en las negociaciones europeas en curso, nuestro gobierno se opone a objetivos más ambiciosos a los actuales y a cualquier intento de restringir las subvenciones a los combustibles fósiles, mientras trata de asegurar la permanencia del vergonzoso “impuesto al sol”.

Pero las cosas se pueden hacer de otra manera, también en España. Greenpeace ha demostrado la viabilidad de cerrar todas las centrales nucleares y de carbón en 2025. La Fundación Renovables ha presentado una amplia batería de medidas para hacer viable la transición energética en nuestro país.

Ahora estamos a la espera de una prometida ley de cambio climático y transición energética que debería reconducirnos a la senda que nos lleve a un sistema 100% renovable. ¿Lo veremos o seguiremos sufriendo la lacra del “Spain is different”?

Imagen del mapa de CDP World Renewable Energy Cities

Carta del Ministro de Energía a SSMM los Reyes Magos de Oriente

Por Juan Castro – Gil – Abogado y secretario de ANPIER

Queridos Reyes Magos:

Álvaro Nadal, Ministro de Energía

Soy Álvaro, el Ministro de Energía de España, ese país tan bonito al que venís al final de vuestra ruta por Europa. Lo primero que me gustaría deciros es que en casa siempre hemos sido fieles seguidores de vuestro trabajo. Realmente, sois una referencia de hondo calado para nosotros. Por ello, hacemos todo lo posible por agradaros con nuestras actuaciones.

Por ejemplo, poco a poco, estamos consiguiendo que nuestro pequeño país se desertifique de forma inexorable y así se parezca un poco más a esos lejanos arenales donde vosotros vivís; mantenemos una relación muy estrecha con vuestros vecinos, los jeques y emires que manejan la venta del gas y del petróleo que queman en sus casas y vehículos. Las familias que gobernamos, y hacemos todo lo posible para que esas relaciones se mantengan duraderas en el tiempo; con el único objetivo de agradaros, nos quedamos con todo el carbón que lleváis y que desprecian casi todos los niños del mundo en sus cartas; nos mantenemos firmes en nuestro deseo de que los precios de la energía sean lo más altos posibles, provocando señaladas cotas de pobreza energética, haciendo que vuestra aparición en la noche de cada 5 de enero en los hogares españoles, se parezca lo máximo posible a aquella de hace 2018 años; y nos negamos categóricamente a seguir el camino de la defensa medioambiental de los países del norte de Europa, pues son los mismos que acogen en su territorio a ese tal Santa Claus, burdo suplantador de vuestro trabajo.

Como podéis ver, trabajamos duro a lo largo del año para que nada cambie. Y no creáis que nos lo ponen fácil. Muchos son los que en nuestra tierra creen que eso del cambio climático es un problema que terminará con la especie humana. ¡Insensatos! Cualquier persona bien informada sabe que lo que cambiará el devenir de los tiempos y de la humanidad es que en un pequeño barrio de Madrid, en la cabalgata de Reyes, se vistan a aquellos que reparten caramelos a los niños en vuestro nombre, con ropajes claramente indignos de vuestra majestuosidad. Eso sí que es realmente grave y haremos todo lo posible por impedirlo, sin perder el tiempo en cuestiones de baja enjundia como que suba un poco la temperatura.

En cualquier caso y por no extenderme más, espero que entendáis lo difícil de nuestra labor. De hecho, en el terminado 2017, no hemos podido batir el récord de año con más emisiones de CO2 a la atmósfera por producir energía y nos hemos quedado en el 2º lugar del ranking (aunque no os olvidéis que el 1º puesto del 2015 también fue gracias a nosotros). Espero que esta pequeña falta no sea impedimento para que esta noche nos tengáis en vuestra mente y nos dejéis todo el lignito posible, pues contamina mucho más que la antracita, y a nosotros nos gusta hacer las cosas bien.

Siempre vuestro, Álvaro.

Elementos necesarios de mejora de la regulación energética para la próxima década

Por Concha Cánovas – Experta en Energías Renovables

A lo largo de los próximos meses se aprobaran las bases de lo que será la política energética europea de la próxima década. De su desarrollo dependerá  cómo, cuándo y de qué manera seremos capaces de dirigirnos hacia un modelo 100% renovables, con un uso mucho más eficiente de nuestra energía y con la consecuente disminución de nuestra dependencia de los combustibles fósiles. De ahí las alertas que venimos lanzando desde  la Fundación Renovables y desde otros muchos organismo nacionales e internacionales sobre la necesidad de  mejorar elementos importantes de las propuestas normativas europeas que además de no estar alineadas con los compromisos adoptados en el Acuerdo de París, supondrían un freno hacia un sistema energético más limpio, eficiente y justo.

Lejos de apostar por maximizar este potencial social, económico y medioambiental  y de atender las peticiones que cada vez con más insistencia demanda la sociedad en razón a los graves problemas medioambientales que estamos ya padeciendo con especial incidencia en nuestro país, el Consejo de Energía de la Unión Europea ha dado marcha atrás  en aspectos clave aprobados por la Comisión de Energía del Europarlamento el pasado mes de noviembre y cuya propuesta era incluso manifiestamente mejorable. Sin ánimo de ser exhaustivos, entre los principales temas  normativos que deberían ser objeto de revisión debería considerarse:

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Desafío climático: Francia ya ha dado el paso, ¿para cuándo España?

Carlos Bravo – Coordinador del Secretariado Técnico de Alianza Mar Blava

Emmanuel Macron

El presidente francés, Emmanuel Macron, durante un discurso antes de la cumbre ‘One Planet’ en París. (EFE/Philippe Wojazer)

Francia ya ha dado el paso que hace unos meses comentábamos en este blog. En efecto, el pasado 19 de diciembre, la Asamblea Nacional gala aprobó el proyecto de Ley del Gobierno Macron por medio de la cual Francia se convierte en el primer país del mundo en prohibir de forma efectiva la producción de hidrocarburos en su territorio.

La flamante y reciente ley francesa prohíbe con efecto inmediato el otorgamiento de cualquier nueva licencia de exploración de hidrocarburos por el método que sea. Las explotaciones actualmente vigentes se irán eliminando a medida que acabe su periodo concesional de manera que para el año 2040 habrá terminado totalmente la extracción de hidrocarburos en todo el ámbito territorial francés, tanto en el mar como en tierra firme.

Francia se convierte así en una referencia, en un ejemplo a seguir, no tanto porque sea un gran productor de hidrocarburos, que no lo es, sino porque se trata de una medida tomada por una potencia económica con gran influencia mundial. Que uno de los países más industrializados del planeta, miembro del  denominado G8, haga suyo el lema de #KeepItInTheGround, es muy significativo y lanza un mensaje muy importante al resto de la comunidad internacional sobre lo que es tomarse en serio el desafío del cambio climático.

De manera más coloquial, y tomando el símil entre energía y colesterol que se hacía en este mismo blog hace unos días, Francia ha tomado una medida saludable, además de coherente con su compromiso en la lucha contra el cambio climático, al decidir reducir de su dieta energética su propia contribución a la producción de fuentes de energía nocivas para la salud pública, la economía y el medioambiente como son estos combustibles fósiles: el petróleo y el gas.

Para quienes consideren que esta decisión de nuestros vecinos galos es un acto más bien simbólico pues Francia importa el 99% de su petróleo (España tiene una situación similar y, sin embargo, el Ministerio de Energía de Álvaro Nadal hace todo lo contrario pues sigue fomentando la producción de hidrocarburos) hay que decirles que ésta no es la única decisión que ha tomado el Gobierno francés al respecto de la reducción de la aportación de las energías sucias a su mix energético.

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El Paquete de Energía Limpia: una década perdida para la energía y el clima

Por Concha Cánovas – Experta en Energías Renovables

Bandera con estrellas amarillas

“El Paquete de Energía Limpia propuesto por la Comisión Europea y actualmente en fase de discusión supone, más allá de una transición energética suave, un retraso para el cumplimiento del Acuerdo de Paris”, así lo manifestaba el eurodiputado Claude Turmes, uno de los principales impulsores de las renovables en Europa, en la presentación que realizó durante la pasada Asamblea General de Climate Action Network Europe (CAN Europe).

En su intervención abogó por establecer al 2030 unos objetivos más ambiciosos que los propuestos por la Comisión y vinculantes a nivel nacional. Una transición continua para poder alcanzar en 2050 una economía basada en energías renovables y completamente eficiente debería implicar al 2030 una reducción de nuestras emisiones contaminantes en al menos un 50% respecto a los niveles de 1990, frente al 40% actualmente propuesto, y unos objetivos de renovables del 45% y del 40% en eficiencia energética, muy superiores al 27% y 30% propuestos por la Comisión Europea.
Como se puede observar en el gráfico adjunto, trasladar a la siguiente década acciones que se deberían adoptar en el periodo 2020-30, supone de facto generar un volumen de emisiones superior al que correspondería a esa década a partir del “presupuesto de carbono” de la Unión Europea- cantidad de CO2 que se puede emitir al 2050 con el fin de permanecer por debajo de los 2 ºC respecto a los niveles pre-industriales establecido en el Acuerdo de París. Lo que obligaría a la siguiente década implantar actuaciones adicionales mucho más ambiciosas y acortar el horizonte temporal de reducción a poco más del 2040.

En estos momentos en que en España se acaba de cerrar el periodo de consultas para la elaboración de la tan necesaria y urgente Ley de Cambio Climático y Transición Energética en la que se establecerá la senda de descarbonización a medio y largo plazo para garantizar una transición ordenada de nuestra economía hacia una economía baja en carbono, no dejan de sorprender las continuas declaraciones que se vienen realizando, precisamente desde el Departamento de Energía, orientadas a preservar el statu quo del modelo actual y proteger instalaciones obsoletas.

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¿Habrá árboles para ver el bosque?

Por Juan Castro – Gil – Abogado y secretario de ANPIER

fuego

Incendio en Serra de San Madede (Ourense).

Una de las experiencias más inspiradoras para mí, siempre ha sido el poder compartir con mis hijos alguna emoción concreta que, por una razón u otra, me haya impactado a lo largo de mi vida. Así, me encantará descubrir en sus ojos la emoción de ver a Denys Finch Hatton y a Karen Dinesen sobrevolando Masái Mara mientras suena Flying over Africa, o poder ir con ellos a un concierto de Javier Ruibal y que sientan algo parecido a lo que sentimos su madre y yo la primera vez que lo escuchamos, o lo que me relataba un buen amigo, que celebró emocionado junto a sus hijos pequeños, hace unas semanas y sin haberles adelantado el resultado, el gol de Señor con el que la selección española cerraba el 12-1 frente a Malta y lograba su clasificación para la Eurocopa del 84. Son pequeños anclajes de nuestra historia vital que nos hacen sonreír y que pensamos que, quizás, podamos revivir de forma efímera en la piel de nuestros hijos.

Pero sucede, y no pocas veces, que esos déjà vu en los que nos vemos reflejados con los niños, nos muestran realidades mucho más dramáticas de lo que nos gustaría reconocer.

Mi preocupación ambiental por lo que sucede con el clima, es un hecho con el que conviven mis hijos de forma natural. Vivimos en Galicia, un lugar donde la vegetación nos rodea prácticamente en todo lo que hacemos. Seis meses sin llover y con temperaturas por encima de los 25 grados a finales de octubre, están provocando problemas enormes en circunstancias mundanas que percibimos los mayores en el día a día, pero que no estaba tan seguro que los pequeños también fueran capaces de reconocer y padecer.

El día 16 de octubre, pese a que no habíamos tenido incendios en 50 kms a la redonda, la ciudad donde vivimos vestía su cielo con un sobrecogedor violeta oscuro e impregnaba toda la ciudad de un olor insoportable. Varios compañeros de mis hijos no pudieron ir al colegio por no poder respirar y la sensación de congoja de todos era extraordinaria.

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