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La energía como derecho La energía como derecho

Las claves de un tema que nos afecta a todos

Archivo de la categoría ‘Transición energética’

Aviso a navegantes: antes de comprarte un coche este año lee este artículo por favor

Domingo Jiménez Beltrán – Patrono fundador de la Fundación Renovables

Gran parte de los vehículos adquiridos en 2017 tienen ya fecha de caducidad por las emisiones de los combustibles fósiles

Fuente Pixabay

Hay que imaginar el futuro para decidir en el presente. Esto sirve también para cuando uno decide comprarse un coche. Es evidente que el futuro será sostenible o no tendremos futuro; es evidente que inexorablemente el sistema energético español será en solo tres décadas descarbonizado (y desnuclearizado) y desenergizado, es decir sin carburantes ni combustibles fósiles ni nucleares; y, es evidente que será mucho más eficaz (para lo necesario) y eficiente (con menos uso de recursos) en el consumo de energía.

Para alcanzar este escenario la economía en general tendrá que ser descarbonizada (y para ello muy desenergizada y desmaterializada) incluyendo la industria, la agricultura, el transporte, nuestras ciudades, nuestros edificios, los vehículos, etc. Todo ello exige cambios drásticos ya en esta década, antes de 2030, que se considera el horizonte más desafiante pues supone acciones rupturistas, cambios de prioridades y revertir tendencias muchas de ellas muy establecidas, y lo exige ¡ya!

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¿Quién es el responsable de la contaminación?

José Luis García – Área de energía y cambio climático de Greenpeace


quien es el responsable de la contaminación en las ciudades

El problema de la contaminación en las ciudades se está convirtiendo en una crisis de saludpública. Las emanaciones tóxicas producidas al quemar combustibles fósiles se concentran allí donde hay más personas, porque es allí también donde hay más coches.

Excepción hecha de las grandes áreas industriales, donde las centrales térmicas de carbón y otras grandes instalaciones son las que más determinan la mala calidad del aire, en la mayoría de las urbes de nuestro territorio es la masiva concentración de tubos de escape de los coches la que convierte el aire en irrespirable.

Que los mayores niveles de contaminación se den en Madrid y Barcelona se debe simplemente a que es allí donde más coches circulan, pero el modelo es el mismo en todo el territorio: la gran dependencia del coche para la movilidad y la casi total dependencia del petróleo para mover los vehículos.

Las consecuencias son dramáticas. Solo el dióxido de nitrógeno (NO2) se lleva la vida de 75000 personas en Europa cada año, además de provocar el aumento de crisis asmáticas y enfermedades cardiovasculares. Ese gas no está ahí en esas concentraciones por causas naturales, proviene de los tubos de escape de los vehículos y sobre todo de los diésel.

La crisis es de tal magnitud que el comisario europeo de medio ambiente ha “llamado a filas” a los ministros de medio ambiente de los países donde la contaminación es mayor, entre ellos a la ministra española Isabel García Tejerina. ¿Y qué ha hecho la ministra? Pues pasar de acudir a la cita y delegar en su secretaria de Estado, en un gesto que muestra lo poco que le importa la contaminación. Y eso que el comisario quería dar una última oportunidad a los gobiernos para que tomen medidas de urgencia antes de aplicarles sanciones por incumplir las normas europeas. El plazo se les ha terminado.

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Energía y cambio climático… la hora de la verdad

Mariano Sidrach de Cardona – Catedrático de la Universidad de Málaga

 

Fuente: pixabay

El Parlamento Europeo acaba de aprobar, dentro de la Directiva de Renovables, una enmienda al texto de la Comisión Europea para que los estados miembros garanticen el derecho de los consumidores a generar y consumir mediante energías renovables, sin que la energía autoconsumida esté sujeta a ningún tipo de tasas ni impuestos. Una buena noticia sin duda, que debería suponer a corto plazo el fin en España del llamado “impuesto al Sol”. Una vez más nuestro gobierno se ha quedado sólo en la defensa de este impuesto. Ni siquiera los demás partidos de la derecha europea lo han apoyado. ¿A lo mejor es que no era ni justo ni aceptable este impuesto? Veremos que hace nuestro gobierno. ¿Se dará por enterado Ciudadanos y permitirá ahora que nuestro parlamento derogue el RD de autoconsumo?

En la vida, como si de una noria se tratara, las buenas y las malas noticias siempre llegan juntas, y las buenas se acaban aquí. El texto aprobado, que pone como objetivo que el 35% de la energía que se usa en la Unión Europea provenga de fuentes renovables, no es una buena noticia; primero porque no incluye objetivos vinculantes por países, lo que pone en peligro que se pueda alcanzar el objetivo conjunto; segundo, porque es poco ambicioso, tal y como han puesto de manifiesto los partidos del Grupo Confederal de la Izquierda Unitaria Europea/Izquierda Verde Nórdica (GUE/NGL) en el Parlamento Europeo y tal y como venimos denunciado desde hace tiempo desde la Fundación Renovables. No es posible que queramos alcanzar en 2050 un objetivo de 100% renovable y que para el 2030 nos conformemos con llegar al 35%. Teniendo en cuenta, además, que los objetivos iniciales siempre son más fáciles de alcanzar que los últimos. Esto pone en peligro directamente los acuerdos alcanzados en la Conferencia del Clima de París.

No es posible que queramos alcanzar en 2050 un objetivo de 100% renovable y que para el 2030 nos conformemos con llegar al 35%

¿Estará España entre los países decididamente comprometidos con estos objetivos, o seremos de los países que presumiblemente no van a hacer ningún tipo de esfuerzo en este sentido? Esperemos que entre los primeros. En cualquier caso, no es difícil imaginar que no va ser fácil cumplir con estos objetivos. Muy mala noticia para la sociedad y para el clima.

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De aquellos polvos (humos energéticos), estos lodos (sequías)

Hugo Morán Secretario para la Transición ecológica de la economía de la CEF-PSOE

La sequía que venimos padeciendo desde 2014, en coincidencia a su vez con el encadenamiento de tres años excepcionalmente cálidos del clima global, no es sino el anticipo de lo que serán las condiciones de vida normales en un futuro que ya se nos ha echado encima con todas sus consecuencias.

España ha convivido históricamente con la sequía como un fenómeno recurrente y, confiado el país en su secular experiencia, sigue utilizando para gestionar aquella un manual cuya planificación no ha sido acompasada a la nueva realidad global del cambio climático. Ese hándicap supone una seria amenaza para la seguridad y la estabilidad de la nación en el medio plazo. Es urgente abordar una Ley de Transición Hidrológica sólidamente asentada sobre bases de certidumbre científica, que asegure la sostenibilidad del recurso, el equilibrio territorial, la cohesión social y el desarrollo económico.

No será porque no nos lo hubiesen advertido. Todos los análisis y prospectivas del Panel Intergubernamental de Naciones Unidas venían alertando de los efectos que el cambio climático va a desencadenar (ya lo está haciendo) sobre la disponibilidad de recursos hídricos a nivel global; y señalaba específicamente a España como la región europea más vulnerable frente a la sequía y la desertificación.

Pero no sólo tenemos abundantemente diagnosticadas las consecuencias del cambio climático, sino que también han sido identificadas con absoluta certeza las causas que lo aceleran, y estas no son otras que las que se derivan del uso de fuentes energéticas fósiles como alimento del patrón productivo que alumbró la revolución industrial, y que ha pervivido hasta nuestros días.

Salvo los últimos recalcitrantes negacionistas, ciertamente estimulados por la actitud de Donald Trump, quien ha decidido excluir a su país del concierto internacional rubricado en París, podemos hablar de un consenso prácticamente unánime en el objetivo de descarbonizar el Planeta. El debate se centra ahora en una variable en absoluto menor, cual es la del calendario y los ritmos con que debe acometerse el reto.

El reto de la transición hidrológica

Ahora bien, con independencia de que la hoja de ruta sea capaz de anticipar los tiempos de la transición energética, lo que no va a producirse es una vuelta al pasado hidrológico que conocimos. Sabemos que es posible evolucionar hacia un nuevo patrón energético ambiental, social y económicamente sostenible; que disponemos de recursos tecnológicos y financieros para hacerlo viable; pero hemos de ser también conscientes de que la transición hidrológica que debemos abordar requerirá una revisión del modelo de similar alcance al del energético.

Serán las energías renovables las que, en buena medida, hagan económicamente viable el acceso a tecnologías que han demostrado su eficacia como alternativas de abastecimiento en territorios muy vulnerables al impacto climático

Por fortuna, algunas de las exigencias que nos obligan a repensar la gestión integral del ciclo del agua, tienen respuesta en el campo de la propia revolución energética. Serán las energías renovables las que, en buena medida, hagan económicamente viable el acceso a tecnologías que han demostrado su eficacia como alternativas de abastecimiento en territorios muy vulnerables al impacto climático.

No caben atajos. De aquellos polvos (humos energéticos), derivan estos lodos en los pantanos y ríos por los que debería discurrir agua. Que las energías renovables compensen lo que aquellas otras se llevaron.

Carta del Ministro de Energía a SSMM los Reyes Magos de Oriente

Por Juan Castro – Gil – Abogado y secretario de ANPIER

Queridos Reyes Magos:

Álvaro Nadal, Ministro de Energía

Soy Álvaro, el Ministro de Energía de España, ese país tan bonito al que venís al final de vuestra ruta por Europa. Lo primero que me gustaría deciros es que en casa siempre hemos sido fieles seguidores de vuestro trabajo. Realmente, sois una referencia de hondo calado para nosotros. Por ello, hacemos todo lo posible por agradaros con nuestras actuaciones.

Por ejemplo, poco a poco, estamos consiguiendo que nuestro pequeño país se desertifique de forma inexorable y así se parezca un poco más a esos lejanos arenales donde vosotros vivís; mantenemos una relación muy estrecha con vuestros vecinos, los jeques y emires que manejan la venta del gas y del petróleo que queman en sus casas y vehículos. Las familias que gobernamos, y hacemos todo lo posible para que esas relaciones se mantengan duraderas en el tiempo; con el único objetivo de agradaros, nos quedamos con todo el carbón que lleváis y que desprecian casi todos los niños del mundo en sus cartas; nos mantenemos firmes en nuestro deseo de que los precios de la energía sean lo más altos posibles, provocando señaladas cotas de pobreza energética, haciendo que vuestra aparición en la noche de cada 5 de enero en los hogares españoles, se parezca lo máximo posible a aquella de hace 2018 años; y nos negamos categóricamente a seguir el camino de la defensa medioambiental de los países del norte de Europa, pues son los mismos que acogen en su territorio a ese tal Santa Claus, burdo suplantador de vuestro trabajo.

Como podéis ver, trabajamos duro a lo largo del año para que nada cambie. Y no creáis que nos lo ponen fácil. Muchos son los que en nuestra tierra creen que eso del cambio climático es un problema que terminará con la especie humana. ¡Insensatos! Cualquier persona bien informada sabe que lo que cambiará el devenir de los tiempos y de la humanidad es que en un pequeño barrio de Madrid, en la cabalgata de Reyes, se vistan a aquellos que reparten caramelos a los niños en vuestro nombre, con ropajes claramente indignos de vuestra majestuosidad. Eso sí que es realmente grave y haremos todo lo posible por impedirlo, sin perder el tiempo en cuestiones de baja enjundia como que suba un poco la temperatura.

En cualquier caso y por no extenderme más, espero que entendáis lo difícil de nuestra labor. De hecho, en el terminado 2017, no hemos podido batir el récord de año con más emisiones de CO2 a la atmósfera por producir energía y nos hemos quedado en el 2º lugar del ranking (aunque no os olvidéis que el 1º puesto del 2015 también fue gracias a nosotros). Espero que esta pequeña falta no sea impedimento para que esta noche nos tengáis en vuestra mente y nos dejéis todo el lignito posible, pues contamina mucho más que la antracita, y a nosotros nos gusta hacer las cosas bien.

Siempre vuestro, Álvaro.

La transición energética: un seguro de vida en 2018

Hugo Morán – Secretario para la transición ecológica de la economía

En desarrollo del artículo 132.2 de la Constitución Española que los consagra como  bienes de dominio público estatal, la Ley de Costas declara que tienen tal consideración la zona marítimo-terrestre, la ribera del mar y de las rías, el mar territorial y las aguas interiores, con su lecho y subsuelo, los recursos naturales de la zona económica y la plataforma continental, estableciendo que la actividad administrativa ha de ir dirigida a asegurar su integridad y adecuada conservación, adoptando las medidas de protección y restauración necesarias y, cuando proceda, de adaptación, teniendo en cuenta los efectos del cambio climático.

Para un país como el nuestro, secularmente volcado al mar, y una realidad económica y social extraordinariamente dependiente de sus recursos en sectores estratégicos como son el turismo y la pesca, el mandato constitucional debería haberse mantenido por encima de cualesquiera otros intereses que, como hemos tenido dolorosa ocasión de constatar en varios momentos, hacen pagar en forma de desastres ambientales precios inasumibles a cambio de vacuas expectativas.

En aras de esa preservación no han sido pocas las iniciativas surgidas en los últimos años en demanda de compromisos legislativos efectivos, para prohibir determinadas actividades incompatibles con la defensa de la integridad ambiental de nuestros mares; la última de ellas en forma de una proposición de ley que el Parlamento Balear, en el marco de un gran consenso social cristalizado en la Alianza Mar Blava, decidió elevar a la consideración de las Cortes Generales, y que permanece varada en la mesa del Congreso, vetada su admisión a trámite por parte del Gobierno de la Nación.

A esa reivindicación social especialmente arraigada en los territorios que se encadenan en los casi seis mil kilómetros de costa de nuestro país, se ha venido a sumar el clamor internacional de una comunidad científica que anticipa consecuencias catastróficas para la Humanidad, si los gobiernos no asumen el compromiso de renunciar a la extracción de no menos de dos tercios de las reservas de hidrocarburos que aún reposan en las entrañas del Planeta.

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El principio del fin del carbón

José Luis García – Área de energía y cambio climático de Greenpeace

central térmicaLas cumbres de cambio climático, como la que estos días tiene lugar en Bonn, son propicias para muchas novedades: mientras los representantes de los gobiernos negocian cómo aplicar el Acuerdo de París, organizaciones sociales, científicas o empresariales aprovechan para presentar sus últimos estudios y propuestas.

El más reciente que hemos conocido alerta de cómo las emisiones de CO2, causantes del cambio climático, han vuelto a repuntar, tras varios años estancadas. Esperemos que no se trate de un cambio de tendencia, pero tras vivir en 2016 el año más caluroso jamás registrado, viendo que 2017 lleva el mismo camino (lo que va de año es ya el más cálido de los registrados sin el fenómeno del Niño activo) y con las concentraciones de CO2 en su nivel más alto en 800.000 años, sobran los motivos para reducir las emisiones con urgencia.

Y eso es lo que implica el anuncio de Iberdrola de solicitar el cierre de sus dos últimas centrales térmicas de carbón, ambas situadas en el norte de España. Estas centrales emiten más de 2 millones de toneladas de CO2 al año. Así que cerrar estas centrales cuanto antes es lo mejor que se puede hacer.

Con este paso, Iberdrola reduce su impacto en el cambio climático y en la salud ciudadana, con una decisión que marca el camino para las demás eléctricas y para el gobierno.

El plan incluye el compromiso de mantenimiento del empleo, al recolocar al 100% de la plantilla en labores de desmantelamiento y cierre, algo fundamental para la necesaria transición justa del carbón a la energía sostenible. Sería inadmisible que, tras décadas de explotar un monocultivo energético en una comarca, la empresa se marchase dejando abandonadas a las personas que han trabajado y vivido de esa actividad.

La decisión de cerrar el carbón viene tras muchos años de crítica por parte de Greenpeace y muchas organizaciones sociales, que denunciaban la falsa imagen verde tras la que Iberdrola ha estado haciendo negocio a costa del medio ambiente. Fue gracias a la presión pública y al diálogo como se consiguió que la compañía decidiese cerrar la central térmica de carbón de Pasajes (Guipúzcoa) o que asumiera que había que cerrar la controvertida nuclear de Garoña.

De manera que la primera conclusión de este caso es que, aunque cueste años de esfuerzo, protestar, dialogar y demostrar con datos que se tiene razón, merece la pena.

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Tú dices transición suave, yo digo transición justa

Hugo Morán – Secretario para la transición ecológica de la economía

energía eólica

Leo en un conocido medio especializado en información sobre energía el siguiente titular: “El Gobierno quiere convencer al PSOE de llevar a cabo una transición energética suave”; y en el cuerpo de la noticia algunas referencias entrecomilladas sobre la intervención del secretario de Estado de Energía, Daniel Navia, en una jornada organizada por Energía y Sociedad sobre el tema “Cuenta atrás para la transición energética en España”.

Al secretario de Estado se le atribuyen en el referido artículo algunas consideraciones sobre las cuales merece la pena apuntar determinados interrogantes al socaire de su intervención:

  • “Vivimos un cambio tecnológico permanente y a tal ritmo, que podría decirse que estamos en una fase de aceleración de las tecnologías”.
  • “Es evidente que vamos a ver un cambio radical en los usos de la energía, y esto afectará a la producción, la distribución y el consumo”.
  • “La transición energética tiene que ser al mejor coste, por eso preferimos una línea de orientación a largo plazo y gradualidad, que una transición agresiva que quiere ir por caminos cortos”.
  • “Venimos de una transición dramática del sector y por tanto, de cara al futuro, es necesario que tengamos una política lo más predecible posible”.

Y las preguntas que cabría hacerse serían tales que las siguientes:

  • ¿Es razonable detener el tiempo político, cuando el tecnológico y el social se aceleran?

En  mi opinión todo retraso que el país acumule en su adaptación a la nueva realidad energética global, supondría una irreparable pérdida de competitividad en relación con otros países y otros mercados, lo cual redundaría en un empobrecimiento del sistema productivo con nefastas consecuencias en el empleo.

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¿Harto de las eléctricas? La energía colaborativa es tu derecho

José Luis García – Área de energía y cambio climático de Greenpeace

La gente está harta de las eléctricas. No es un dato sorprendente, pues la mala fama se la han ganado a pulso al haber convertido el servicio eléctrico en un negocio de multimillonarios, al ejercer de capos de la política con sus puertas giratorias, al negarse a poner fin a sus peligrosas centrales nucleares o a sus sucias térmicas de carbón, al haber promovido el invento del impuesto al sol… sigue tú poniendo ejemplos.

El caso es que el hartazgo de las eléctricas es el más común de los motivos por los que las personas querrían participar en la transformación del sistema eléctrico para hacerlo más democrático y limpio. Así lo ha constatado Greenpeace en una investigación realizada sobre más de tres mil internautas de entre 25 y 65 años, residentes en España, para detectar cuál es el interés ciudadano en abandonar el actual papel pasivo de consumidor de electricidad para ejercer un mayor control activo, no solo sobre lo que consumimos, sino sobre lo que podríamos producir, autoconsumir, ahorrar, intercambiar, acumular… de energía con otras personas o entidades, siempre que la normativa no lo impida.

Los resultados de la investigación, publicada en el informe “Energía colaborativa: El poder de la ciudadanía de crear, compartir y gestionar renovables”, muestran que una de cada tres personas en España está dispuesta a participar en la transición a un sistema eficiente, inteligente y 100% renovable.

¿Pero qué es eso de energía colaborativa? Durante más de un siglo, lo único que podían hacer las personas con la electricidad era darle a un interruptor y ver cómo se encendía la luz. Con el tiempo, se fueron añadiendo aparatos que funcionan con electricidad, pero siempre con el mismo esquema: alguien que no conocemos produce electricidad, nos la trae por un cable y nosotros conectamos nuestros aparatos, y a cambio pagamos una tarifa.

Las cosas empezaron a cambiar cuando, a las centrales térmicas, nucleares o hidráulicas de las grandes compañías eléctricas se les añadieron otras “fábricas” de electricidad, más pequeñas, limpias y distribuidas por el territorio, que en vez de quemar combustibles usaban energías renovables como el sol, el viento, materia orgánica o pequeños saltos de agua. Esas actividades las pueden hacer empresas más pequeñas, algo que no gustó nada a las eléctricas de siempre. Con todo, para las personas ser consumidoras seguía siendo solo ser las que pagan.

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No le digo que me lo supere, ¡iguálemelo! También en energía

Domingo Jiménez Beltrán – Presidente de la Fundación Renovables

vehículo eléctrico

Es “doctrina Mota”, del humorista, y tiene su aplicación al mundo de la energía con futuro, de la racionalización de la demanda energética con ahorro y eficiencia y de la optimización de la oferta energética con energía eléctrica como energía final, con renovables a tope, generación distribuida, autoconsumo…y alcanzando también al transporte.

¿Qué pasaría si España igualara a algunos países europeos en áreas tan determinantes como la generación eléctrica con renovables o la implantación del vehículo eléctrico? Pues ocurriría que podríamos alcanzar en 2030 – 2040 los objetivos que se proponen desde la Fundación Renovables u otras ONGs que, en general, se consideran utópicos.

Para conseguir en 2030 el objetivo de que el 80% de la generación eléctrica sea de fuentes renovables bastaría que España llegase al nivel actual (en 2016) de Alemania en potencia eólica y fotovoltaica instalada, unos 40 000 MW en cada caso.

Si Alemania puede con menos potencial y razones para hacerlo ¿por qué España no puede? No puede por una simple razón: porque las prioridades del Gobierno y de las empresas energéticas y eléctricas son otras ya que como repetía el exministro del ramo, ni los cambios regulatorios deben afectar a los “intereses del sistema” ni se necesita nueva potencia de generación ante el exceso que tenemos de potencia, aunque sea de la mala en términos ambientales y para el interés general

Y para conseguir que también en 2030 más del 60% (y en 2040 el 100%) de los vehículos nuevos sean eléctricos o en general “limpios”, o sea, emisiones cero, bastaría con comprometerse desde ya con el vehículo eléctrico como ha hecho Noruega, que va más allá ya y donde en 2025 solo se podrán comercializar dichos vehículos. Y lo mismo acaba de hacer Francia para el horizonte 2040.

Noruega, de hecho, ya va muy avanzada en alcanzar su objetivo ya que en este momento los coches eléctricos matriculados superan al resto y siguen creciendo anualmente. Ya hay casi 140.000 vehículos en circulación en el país, uno por cada 40 habitantes, mientras que en España con una población nueve veces mayor, no llegamos a los 20.000, uno cada 2.400 habitantes.

Si Noruega puede que es productor de petróleo, que no tiene industria del automóvil, que no tiene tan alta contaminación urbana, ¿por qué España, que tiene que importar los carburantes, que tiene una industria automovilística de las más potentes del mundo y una alta contaminación urbana no puede?

No puede porque el sector automovilístico español, aun siendo tan potente, es dependiente del exterior y las multinacionales del sector, por más que generen empleos aquí y contribuyan a nuestras exportaciones, que es todo lo que parece interesar al Gobierno, se siguen quedando con gran parte del valor añadido del negocio y rentabilizando sus inversiones en la “economía fósil” (como el oligopolio energético y eléctrico), incluso con ayudas públicas. Lo paradójico es que tanto Francia como Alemania (un millón de vehículos limpios ya en 2020), países en los que tienen su sede buena parte de las empresas que fabrican en España, ya se han subido al coche eléctrico. ¿Quién los fabricará? ¿Quién piensa en la industria automovilística española del futuro forzosamente productora de vehículos limpios? Este Gobierno parece que no.

Así que no pedimos nada más que igualarnos a otros países que con menos razones, capacidades y necesidades que nosotros están ya en la pomada mientras que nosotros, como suele repetir el Ministro del ramo, tenemos que esperar a que estas tecnologías (las renovables, los coches eléctricos…) “maduren” y que sean otros países los que corran el riesgo de liderar el cambio, la innovación, el mercado… que España ya lo corrió en su incursión en las renovables. ¿Será que están locos estos noruegos, franceses, alemanes, daneses, chinos, indios, californianos… de Guinea Papúa, Samoa o Cabo Verde?

Señor Ministro, no le pido que me lo supere, ¡iguálemelo!