El transporte pesado por carretera, un sector olvidado en el PNIEC

La pandemia provocada por el coronavirus, lógicamente, ha relegado temporalmente (ojalá que sólo sea de forma breve) a un segundo plano otros asuntos sumamente importantes, como es el caso de la crisis climática. Ésta última es otra emergencia planetaria que también pone en riesgo nuestra supervivencia y para cuya solución (en este caso la “vacuna” ya existe) se necesita igualmente la adopción de medidas urgentes y de gran calado. Esperemos que, una vez superada esta grave crisis sanitaria, los gobiernos y las diversas fuerzas políticas sigan actuando con responsabilidad y den la prioridad necesaria a la lucha conjunta contra el cambio climático.

Mientras nuestros sanitarios luchan con mucho esfuerzo contra la enfermedad, con el encomiable apoyo de muchos otros profesionales de diferentes estamentos-desde aquí expresamos un sincero reconocimiento a su gran trabajo y nuestro agradecimiento a todos ellos-, otros asuntos, ordinarios pero muy relevantes, como el Plan Nacional Integrado de Energía y Clima (PNIEC) 2021-2030, han quedado en un discreto segundo plano.

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El autoconsumo colectivo y las barreras que deben superarse para su amplia implementación. Lecciones de nuestro viaje

Este artículo explicará las oportunidades y barreras del autoconsumo y, con más detalle, el autoconsumo colectivo. Trataremos de contar nuestra experiencia en el sector y cómo creemos que este problema debería abordarse, ya que ha habido una gran cantidad de revisiones con respecto a todas las regulaciones que afectan el autoconsumo, tanto individual como colectivo.

Dado que el asunto ha sido analizado por otros con más experiencia en temas regulatorios, me gustaría destacar lo que hemos aprendido en nuestro camino en el sector y, al menos, ayudar a otros a no cometer los mismos errores.

Si hemos aprendido algo de nuestros esfuerzos en el mercado, desde el comienzo de Pylon Network en los últimos 3 años, es lo siguiente: los consumidores no se preocupan por la tecnología que utilizan; lo que les importa es su experiencia de usuario (su viaje) al usar un servicio o producto. En otras palabras, conveniencia, simplicidad y servicios personalizados con mínimas interacciones.

En la era de la digitalización del sector energético, los servicios digitales que mejoren la experiencia de todo el “ciclo de vida” del autoconsumo colectivo y cubran las necesidades de los consumidores, pueden desempeñar el papel de catalizador que necesitamos para la implementación a gran escala del autocontrol colectivo.

En base a estas lecciones, destacar algunos temas importantes desde el punto de vista legal y técnico.

Obstáculos técnicos y legales en el autoconsumo

Procedimientos para la legalización de instalaciones

En la etapa de permiso y planificación hay varios cuellos de botella y hemos identificado estos dos como los más importantes:

  • Gran parte del proceso de permisos corresponde a la jurisdicción de las comunidades/municipios. Debido a la novedad de los esquemas colectivos de autoconsumo, muchas regulaciones en este nivel están desactualizadas (o aún por modernizarse), lo que ocasiona inconvenientes y/o costes  adicionales para la instalación. Además, el que difieran de un municipio a otro, agrega complejidad al proceso.
  • Por lo tanto, es necesaria la unificación y modernización de los procedimientos de planificación y permisos. Su digitalización tiene, por supuesto, un papel central que desempeñar. Los gobiernos regionales serían la opción más lógica para organizar y asumir la responsabilidad de la operación de un proceso de permisos digitales unificados.

No se puede poner barreras a la legalización porque  la consecuencia será la no legalización de los proyectos.

Compensación de excedentes en autoconsumo colectivo, inyectado a la red

Desde el 1 de marzo, los prosumidores españoles pueden ser compensados por sus comercializadoras por el exceso de electricidad que inyectan en la red.

Las nuevas tarifas tienen el potencial de crear un océano azul en el sector de la comercialización de electricidad con oportunidades para nuevos modelos de negocio, ofertas personalizadas para los consumidores, mayor competencia y mayor compromiso de los consumidores finales con el mercado energético.

Sin embargo, una gran incognita es si los consumidores podrán comprender los beneficios potenciales en un entorno más complejo que el actual y si estos nuevos modelos y servicios serán suficientes para involucrar y recuperar la confianza de los consumidores finales.

Es importante destacar los cambios que provocará  la introducción de las nuevas tarifas al consumidor, que también afectarán al mercado de autoconsumo y, más específicamente, la compensación, y por lo tanto, el retorno financiero de las instalaciones de autoconsumo.

Coeficientes “dinámicos” VS “estáticos”

Está claro que un coeficiente estático de distribución de energía no es la forma óptima de distribuir la energía producida por una instalación colectiva. En Pylon Network, consideramos necesario integrar un sistema dinámico de distribución de energía que permita que la energía producida se distribuya cada hora a todos los participantes del autoconsumo colectivo. De esta manera, logramos autoconsumir la máxima cantidad de energía posible durante cada hora, aumentando el rendimiento financiero de la instalación y los ahorros logrados por los autoconsumidores (ahorros del 50% en el precio de la energía autoconsumida). En otras palabras, una situación de beneficio mutuo para inversores y consumidores. Además, no temenos que olvidarnos  de las comercializadoras de electricidad, que son libres de unirse a este modelo, y dado que son las que financian y administran la producción entre los clientes asociados, estaríamos hablando de una situación de triple ganancia.

 

¿Quién gestionará el funcionamiento de la instalación colectiva de autoconsumo?

En primer lugar, no es una tarea fácil ya que requiere flujos de energía complejos e interacciones de múltiples agentes, por lo que no hacerlo de manera eficiente puede ser costoso (o incluso no factible).

Utilizar un software o protocolo estandarizado, o un agente neutro, para gestionar todas estas interacciones es clave. Simplificar y optimizar el cálculo de coeficientes estáticos y dinámicos e incluso readaptar todos estos parámetros en función del alta y la baja de nuevos consumidores (CUPS) asociados a una instalación colectiva es algo muy necesario.

Por ejemplo, en Portugal, las regulaciones permiten que un tercero, el gestor de autoconsumo, asuma la responsabilidad operativa de la instalación, actuando como gerente, y siendo el interlocutor central entre los consumidores, las comercializadoras, el dueño o los dueños de la instalación y las distribuidoras. Esto facilitaría la operación a los clientes y ayudaría a las comercializadoras a realizar la liquidación a sus clientes asociados a una instalación colectiva, además de mejorar la interoperabilidad de intercambio de información entre los Sistema de gestión de clientes por Internet (COMS, por sus siglas en inglés) y las distribuidoras.

Sin embargo, en España, este tema sigue abierto y no se han proporcionado especificaciones.

Gerard Bel Piñero – CEO – Pylon Network

 

El día de mañana quiero poder mirar a la cara a mis hijos

Lejos quedó ya el tiempo en el que Roger Revelle, allá por finales de los 50 del siglo pasado, enviase a la alta atmósfera sus primeros globos sonda para analizar la variación en la concentración de CO2. No pasaron más de 10 años hasta que comprobó, con gran preocupación, que más allá de la lógica variación entre el invierno y el verano, cada año las concentraciones eran más altas. Las primeras voces de alarma surgen en los años 70, convirtiéndose en un clamor para la comunidad científica durante la década de los 80. Por ello, en 1992 tiene lugar la primera Cumbre de la Tierra, la de Río, que puso el cambio climático como una prioridad a la que la humanidad debe hacer frente de forma drástica y urgente si queremos evitar los efectos que puede tener un sobre calentamiento de la atmósfera, más allá de ciertos límites, sobre los fenómenos meteorológicos. Posteriormente, vino el imperfecto y asimétrico Protocolo de Kioto y, después, el aun no aplicado Acuerdo de París.

En total, suponen más de 60 años. En este tiempo la concentración de CO2 ha pasado de las 315 parte por millón (ppm), que observó Revelle, a las actuales que se sitúan alrededor de las 415 ppm. Nunca antes se había experimentado un aumento tan drástico y, de hecho, en los últimos 3 millones de años esta concentración se había mantenido constante entre las 180 ppm y las 300 ppm.

emisiones

Sin embargo, como si de una cantinela molesta se tratase, en este tiempo se han escuchado todo tipo de voces quitando hierro al asunto o, incluso, negándolo de raíz. Los intereses en juego de la quema masiva de combustibles fósiles han sido demasiados y los beneficios muy tentadores. Como decía Upton Sinclair:

“Es muy difícil que alguien comprenda algo cuando su sueldo depende de que siga sin comprenderlo”.

Por otro lado, algo sí que ha cambiado en los últimos años y, además, permite que todo sea muy diferente. Lo que los científicos han venido diciendo que iba a ocurrir si seguíamos con la quema frenética de combustibles fósiles y un modelo económico basado en el consumo compulsivo y sin límite, está ocurriendo en la actualidad. Encima, se está produciendo de forma generalizada y afectando a la realidad diaria de miles de millones de personas.

En España, por poner un ejemplo cercano, hemos sufrido tres huracanes en los últimos tres años a unos pocos kilómetros de nuestras costas, cuando nunca había habido huracanes en esta orilla del Atlántico. El primero de ellos, Ophelia, coincidió con los grandes incendios que llevaban asolando Portugal todo el verano de 2017 y ayudó a que estos se extendieran de forma imparable por Galicia y Asturias.

Este año, la borrasca Gloria ha alcanzado el nivel de huracán Mediterráneo o “Medicane”, con récord de altura de olas, de precipitación máxima en 24h en el mes de enero y de rayos caídos en un día en el mismo mes. La imagen del Delta del Ebro completamente barrido por esta tormenta ha sido, sin duda alguna, impactante.

Las olas de calor son más largas y con temperaturas cada vez más elevadas, generando unas sequías mucho más profundas. Además, cuando llueve es cada vez más frecuente que la lluvia llegue en forma de tromba, provocando que nuestras infraestructuras sean absolutamente inútiles y veamos los coches flotando por las calles, como sucedió en septiembre del pasado año en Arganda del Rey o anteriormente en Mallorca, llevándose la vida de 13 personas.

El aumento de la temperatura ha hecho que nuestras mínimas nocturnas ya no maten las larvas de ciertos insectos, ocasionando que se hayan encontrado los mosquitos de la malaria o del dengue en nuestro país. Los récords de temperatura se van batiendo uno tras otro, como demuestran los 46,9ºC de Córdoba de hace 2 años, que el verano en España haya aumentado en 5 semanas desde 1971 o que en los últimos 30 años la vendimia se haya adelantado un mes.

Somos el país de Europa que, según todas las previsiones científicas, más va a sufrir y donde mayor impacto van a tener los efectos de la crisis climática. Al sur tenemos el Sahara, como la calima se está encargando de recordarnos estos días en Canarias, y de nosotros depende que no acabe sobre nosotros en las próximas décadas.

Para evitar estos efectos catastróficos, todavía tenemos una oportunidad de reducir drásticamente nuestras emisiones, pero para ello hay varias líneas de acción que debemos acometer. La mejora de la eficiencia energética de nuestras ciudades y el impulso de un modelo energético 100% renovable son dos de las medidas más claras. Aunque, por otro lado, también hemos de cambiar nuestra movilidad y dar prioridad, frente al vehículo privado de combustión interna, a los medios de transporte colectivos y eléctricos, a la bicicleta y a las zonas peatonales. Hemos de priorizar el tren electrificado al avión, el coche compartido cero emisiones frente al coche privado y exclusivo.

Nuestras ciudades habrán de ser más transitables, con un mejor uso de la energía y del agua y con tejados verdes. La economía circular deberá saltar de las campañas publicitarias a la realidad cotidiana haciendo de la reducción de residuos, con productos que duren más y sean reparables, y de la reutilización las claves por delante del reciclaje y, en cualquier caso, desterrando el vertedero como modo de gestión de los residuos. La reforestación tiene que estar en la cabeza de nuestras acciones para fijar el suelo, atraer la humedad y capturar el CO2. La permacultura y la agricultura regenerativa han de ser una prioridad. Debemos consumir productos de temporada y lo más cercanos a nosotros posible, disminuyendo también la ingesta de carne desproporcionada.

No hay una solución mágica por lo que no va a ser sencillo ni rápido; pero, sin duda, merecerá la pena.

Debemos y necesitamos adaptarnos a lo que está por llegar para que nuestros hijos e hijas tengan un futuro y nosotros podamos mirarlos a la cara dentro de 20 años. El momento es ahora y de nosotros dependerá pasar a la historia como la generación que pudo y no quiso o como la que reunió todo el valor necesario para enfrentar el problema y lo doblegó, abriendo así un futuro para los que vengan después.

No es una cuestión ni de ideología ni de economía, es pura y simplemente una cuestión de humanidad y de fuerza de voluntad.

Por Álvaro Rodriguez de Sanabria – Coordinador general de The Climate Reality Project en España Soledad Montero

¿No urge la emergencia?

Asistimos a una abrumadora aportación de informes desde la comunidad científica sobre la aceleración de los efectos del cambio climático, que propiciaron que en la 21 Conferencia de las Partes firmantes del Convenio sobre el Cambio Climático de la ONU (COP21), celebrada en 2015, se acordaran medidas voluntarias de reducción de emisiones de Gases de Efecto Invernadero (GEI) por cada país, con el objetivo de “mantener el aumento de la temperatura media mundial muy por debajo de 2 °C con respecto a los niveles preindustriales y de proseguir con los esfuerzos para limitar ese aumento de la temperatura a 1,5 °C con respecto a los niveles preindustriales, reconociendo que ello reduciría considerablemente los riesgos y los efectos del cambio climático”.

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El reto de la pobreza energética: causas, situación y soluciones

La Semana Europea de la pobreza energética conmemora la tercera y última de las oleadas de frío extremo que en 1956 sufrió Europa, convirtiendo ese invierno en el más duro desde que existen registros.

El documento “Estrategia Nacional contra la pobreza energética 2019 – 2024”, aprobado por el Consejo de Ministros en abril de 2019 es, por fin, un reconocimiento “oficial” del problema y esperamos que una herramienta para combatirla.

En él se reconoce que –el objetivo de la política energética es conseguir un nuevo modelo energético sostenible y totalmente descarbonizado, dirigido al consumidor y en el que se configure el acceso a la energía como un derecho del ciudadano. La estrategia integra las políticas públicas necesarias para garantizar el ejercicio efectivo de ese derecho de todos los ciudadanos a la energía-, haciendo referencia a que el objetivo nº 7 de los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), es – asegurar el acceso a energías asequibles, fiables, sostenibles y modernas para todos-. Y no sólo eso, sino que para no dejar a nadie atrás, se señalan otras metas de los ODS, como son:

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Descarbonización del transporte marítimo y aéreo

“Si queremos que el barrio esté limpio, cada cual deberá barrer su trozo de acera”.

Los casi cien mil grandes buques que transportan todo tipo de productos en el comercio internacional emiten unos 900 millones de toneladas de CO2 (Mt). No parece demasiado, pero, si entramos en comparativas, supone el triple que toda la economía española. Los cincuenta mil aviones que surcan los cielos emiten prácticamente lo mismo. Según las previsiones de las asociaciones internacionales de tráfico marítimo (IMO) y aéreo (ICAO), y de los dos fabricantes de aviones (Airbus y Boeing); las necesidades de transporte global van a triplicarse antes de 2050. Es decir, que, si nadie lo remedia, allá por 2050 estas dos actividades económicas podrían llegar a suponer más de 5.000 Mt, anulando de manera sobrada los esfuerzos de reducción de emisiones de toda Europa y parte de Asia. Eso no puede llegar a ocurrir.

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¿Por qué los grandes descuidan su imagen de marca en el mercado regulado de electricidad?

A lo largo de 2019 asistimos a un fenómeno inusual en el mundo actual en el que las grandes empresas dan una importancia prioritaria a su imagen de marca. Efectivamente, durante el pasado año las grandes compañías energéticas presentaron  el nuevo nombre y logomarca de sus comercializadoras de electricidad reguladas y, como puede verse en los ejemplos que ilustran este artículo, parece que no convocaron a los mejores expertos en naming y diseñadores del país para llevar a cabo este proceso.

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Australia, crónica de una tragedia por venir

La crisis provocada por los incendios de Australia constituye otra advertencia más sobre la dimensión catastrófica que conlleva el cambio climático. Los peligros del calentamiento global ya no son profecías distópicas, sino procesos globales con enormes inercias que hay que tratar de reconducir para evitar sus escenarios más dramáticos. Para entender lo que significan los sucesos australianos, primero hay que saber que la temperatura media, respecto a la etapa preindustrial, apenas ha aumentado en 1ºC y actualmente nos situamos dentro de un escenario en el que los compromisos post-París apuntan a incrementos superiores a los 3ºC en este siglo; es decir, más del doble del límite recomendado por la ciencia para tratar de evitar un drama existencial para la humanidad.

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Climatización de terrazas: una irresponsabilidad consentida

Si hay una práctica ineficiente, y totalmente absurda e irresponsable, es la calefacción de las terrazas en los emplazamientos de hostelería mediante la utilización de estufas que funcionan con bombonas de butano, algo muy habitual en muchas ciudades de España y, especialmente, en Madrid.

En 2011, la modificación de la Ley antitabaco, que prohibió fumar en los espacios cerrados de los establecimientos hosteleros, sentó las bases para la proliferación de las terrazas durante todo el año. La hostelería vio una oportunidad de extender su negocio más allá del local que regentaban y los ayuntamientos de ampliar su recaudación. Esta línea de crecimiento ha sido ampliamente utilizada en los últimos años como demuestran los datos en Madrid, donde, desde 2009, se han multiplicado por más de 3 el número de terrazas disponibles. Sin embargo, Madrid no es la excepción, ya que sucede lo mismo en muchas ciudades y capitales de provincias españolas.

La calefacción de los espacios habitables está regulada por el Reglamento de Instalaciones Térmicas en los Edificios (RITE), aprobado por Real Decreto 1027/2007, en el que específicamente se menciona:

La climatización de espacios abiertos sólo podrá realizarse mediante la utilización de energías renovables o residuales. No podrá utilizarse energía convencional para la generación de calor y frío destinado a la climatización de estos espacios”.

Hasta aquí todos podríamos pensar que calefactar espacios abiertos mediante la quema indiscriminada de gas butano está fuera de la legalidad, pero en el artículo 2 del mismo reglamento se señala que, a efectos de aplicación de este, “se considerarán como instalaciones térmicas las instalaciones fijas de climatización (calefacción, refrigeración y ventilación) y de producción de agua caliente sanitaria, destinadas a atender la demanda de bienestar térmico e higiene de las personas.” Es decir, que si los sistemas de calefacción no son fijos sino móviles no se les aplican las restricciones del reglamento, de modo que cualquier establecimiento hostelero puede libremente quemar combustibles al aire libre y contaminar sin ninguna restricción.

 

El gas butano, como combustible fósil, y al margen de componentes adicionales a efectos del cómputo de emisiones de CO2, emite aproximadamente 3 kg de CO2 por cada kg de gas quemado, es decir, por cada bombona utilizada en las terrazas se lanzan a la atmosfera 37 kg de CO2. Considerando que una estufa de estas características (modelo sombrerete) consume 0,8 kg/h de gas butano, podemos decir que, por cada hora de funcionamiento de la estufa en la terraza, estamos emitiendo 2,4 kg de CO2.

No se dispone del inventario del número de estufas que están en funcionamiento en Madrid, entre otras razones porque nadie va a declarar que dispone de algo que va en contra de las normas más básicas de comportamiento sostenible. Según el último censo, en Madrid hay más de 5.000 terrazas y, de ellas, más de 3.000 tienen uso anual ocupando una superficie superior a los 100.000 m2. Pues bien, con estos datos podemos empezar a discernir qué supone, a efectos de emisiones, la calefacción indiscriminada de estos espacios abiertos. De hecho, si hacemos una inferencia rápida y consideramos que la mayoría de las terrazas anuales están calefactadas con estufas y que se suele colocar, como mínimo, una por cada 20 m2; obtendremos un inventario en torno a las 5.000 estufas de butano que están potencialmente funcionando en Madrid, con una capacidad de emisiones a la atmósfera de 4.000 kg de CO2 por cada hora de funcionamiento.

Esto vendría a ser el equivalente a las emisiones de un coche que recorriese 35.000 km, que es dos veces la distancia, en línea recta, entre Madrid y Sídney o, para los que conocen Madrid, 1.000 coches recorriendo la M30 de principio a fin.

Pues bien, esto es lo que están emitiendo, cada hora, el conjunto de estufas que hay en las terrazas de Madrid. Para completar el cálculo debemos tener en cuenta también el número de horas que estas estufas están en funcionamiento al cabo del día. Siendo conservadores, podemos afirmar que son unas 5 horas diarias, por lo que cada día se emitirían el equivalente de las emisiones de un coche que recorriese unos 175.000 km, poco menos de la mitad de la distancia que hay entre la Tierra y la Luna.

Frente a la barbaridad que supone, ya de por sí, calentar un espacio abierto, si añadimos el agravante de que esto se está haciendo sin considerar unos requisitos mínimos en cuanto al aislamiento de su cerramiento (que en muchos casos ni existe) y con sistemas de climatización altamente ineficientes, debido a que la transmisión de calor no se hace por convección sino por radiación, podemos afirmar que mantener esta práctica de forma legal no solo es insostenible, sino que también es tremendamente irresponsable.

Que los sistemas de calefacción con estufas de butano sean una práctica no responsable, medioambiental y energéticamente; no debe hacernos olvidar que también lo son los sistemas de calefacción mediante resistencias eléctricas, pues, aunque no emitan CO2 in situ, siguen siendo una práctica energéticamente ineficiente sobre todo si consideramos la energía como un bien básico y de primera necesidad que no se puede despilfarrar.

La anterior corporación municipal de Madrid intentó regular, en 2017, en aras de la sostenibilidad energética, y después de muchas reclamaciones y exigencias, la colocación de calefactores de butano, pero la presión de los establecimientos hosteleros hizo que, como pasa siempre, se antepusiera el negocio a la salud, esto es, que se antepusiera el interés particular al interés general.

Recientemente, estamos viendo que, en ciudades de Europa como París o Rennes, se están tomando medidas para acotar el uso de esta práctica, situación que, en España, por desgracia, no se está considerando. Pensar en restricciones del tráfico motorizado privado, necesarias sin ninguna discusión, y permitir el uso indiscriminado de estufas de butano quemando combustible al aire libre; es una contradicción que debería ser revisada con la mayor urgencia.

Con el compromiso que nace del Plan Nacional Integrado de Energía y Clima (PNIEC) enviado a la Comisión Europea por el Gobierno español, en el que se apuesta por un pacto por la eficiencia y las renovables, liderado por el Ministerio para la Transición Ecológica, es importante adaptar las normativas hacia una realidad que refleje un comportamiento energético y medioambiental responsable. Por ello, consideramos fundamental la prohibición del uso de sistemas de calefacción en espacios abiertos, sea cual sea la fuente de origen, que no cumplan con unos mínimos requisitos de aislamiento de los cerramientos que separan dichos espacios del exterior.

El Gobierno que ahora nace debe legislar para que los comportamientos de consumo irresponsable sean prohibidos y erradicados, y la calefacción de espacios abiertos es claramente una práctica, no solo absurda e ineficiente, sino también irresponsable.

 

Fernando Ferrando – Presidente de la Fundación Renovables

Conflicto en las redes eléctricas alemanas. El poder de la remunicipalización

La liberalización del sistema eléctrico europeo a finales de la década de los 90 fue promocionada, por parte de sus defensores, como el mejor paso hacia la libertad energética particular y ciudadana. Sin embargo, también es una muestra de debilidad del sistema. Sin duda, el mayor punto de crítica es el elevado precio de la electricidad que pagan los ciudadanos mes a mes. Pero hay otro punto de controversia en Alemania que ha ido ganando importancia en los últimos años: la recuperación de la operación de las redes de electricidad por parte de la ciudadanía.

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