Lo que el BEI puede hacer por la transición energética en España

La Unión Europea está encaminada hacia un claro objetivo: la descarbonización total para el año 2050. En 2018, se actualizó la hoja de ruta hacia una descarbonización sistémica con la intención de conseguir este objetivo. En esta senda, todos los Estados miembro están desarrollando en 2019 su Plan Nacional de Energía y Clima (PNIEC) y una Estrategia de Descarbonización a 2050, para plasmar el camino y el logro de los objetivos y metas a 2030 y 2050.

El PNIEC en España fijará el camino de la transformación económica y energética del país, fijando las medidas y señales adecuadas para atraer la confianza de los inversores. Según el plan, la transformación generará un aumento del PIB de un 1,8% al año y reducirá la dependencia energética exterior, actualmente en un 83%, al considerar la aportación de la energía nuclear como autóctona, además de procurar un incremento anual de empleo de entre 250.000 y 364.000 puestos al año.

Las inversiones necesarias para lograrlo alcanzan unos 236.124 M€ entre 2021 y 2030, y aquí es donde aparece el papel del Banco Europeo de Inversiones (BEI), el mayor financiador multilateral de proyectos de acción climática del mundo, la mayor institución financiera internacional (IFI) en la digitalización, eficiencia energética y agua. En 2016, registró su mayor volumen de préstamos y un cambio en el destino de las inversiones de la energía tradicional a la eficiencia energética y las energías renovables, motivado por los nuevos criterios de préstamo del banco que se estableció en 2013 y que este año se actualizará de nuevo.

En los próximos días se actualizarán de nuevo los criterios de inversión del BEI, una oportunidad que no se puede desperdiciar si realmente se quiere acometer la transición energética

España, uno de los destinos más importantes en las inversiones del BEI, debe aprovechar esta situación y no desviar estas inversiones hacia otros destinos. Los beneficios recibidos hasta ahora por el BEI en España corresponden únicamente un 3% (751 M€) a la eficiencia energética, un 13% a las energías renovables, y el gas, combustible cuyo objetivo es reducir su uso en el futuro, llega al 24% de las inversiones, con las redes de transmisión y distribución suman un 51%.

Apostar por inversiones en infraestructuras gasistas no es una práctica justa cuando el dinero viene de organismos internaciones de carácter público, tanto por ser innecesarias en la actualidad como porque solamente van a servir para hipotecar nuestro futuro en activos que en la senda en la que nos encontramos difícilmente llegarán a rentabilizarse y que acabarán por hacer que estos costes recaigan, directa o indirectamente, en la sociedad.

Los nuevos modelos de negocio y los cambios regulatorios en España están encaminados hacia la electrificación de la economía y la descarbonización. Ejemplo de ello son la nueva legislación favorable al autoconsumo eléctrico o la próxima introducción de los criterios de edificios de consumo de energía casi nulo para nueva construcción en el Código Técnico de la Edificación o la electrificación de la demanda en el entorno urbano que requerirá adaptar y digitalizar, las redes de distribución actualmente existentes.

En los próximos días se actualizarán de nuevo los criterios de inversión del BEI, una oportunidad que no se puede desperdiciar si realmente se quiere acometer la transición energética, descarbonizando la economía, protegiendo a los consumidores y eligiendo un camino más sostenible y eficiente.

Fernando Ferrando – Presidente de la Fundación Renovables

Domingo Jiménez Beltrán – Patrono fundador de la Fundación Renovables

Nueva Iniciativa Ciudadana Europea: “Quien contamina, paga”

Algunos amigos ecologistas me dicen que eso acaba en: “El que paga, contamina”. Y yo replico: “Hoy, el que contamina, no paga, y el que no contamina, pagará las consecuencias, en gasto sanitario y en un planeta incompatible con una sociedad humana organizada…”. O sea, hagamos que el que contamina, pague cada vez más. Y repartamos la recaudación entre los ciudadanos.

El cambio climático es, sobre todo, un problema de injusticia: norte-sur, ricos-pobres y generación actual- generaciones futuras. Las cuestiones de justicia y responsabilidad se evitan en el debate. Y cuando se mencionan, se hace recaer esa responsabilidad sobre los consumidores, cuando la responsabilidad máxima recae en los gobernantes que son los que realmente tienen capacidad para cambiar las cosas. O dejarlas como están, que es lo que llevan haciendo décadas. En los últimos 25 años poco o nada se ha hecho para corregir esta injusticia y las emisiones de CO2 siguen subiendo año tras año.

Las empresas de combustibles fósiles ganan miles de millones cada año, mientras sus negocios destruyen las condiciones de vida en el planeta. “Satisfacemos la demanda energética”, dicen. Ciertamente. Pero ya hay alternativas que pueden satisfacer esa demanda, sin destruir el clima. El caso es que no pagan por los daños que sus productos causan a la salud y al clima. Es la gente la que sufre las consecuencias de la mala calidad del aire y de un clima cada vez más dañino. Es la gente la que YA paga esos daños, en forma de mayor gasto sanitario y devastadores daños causados por el cambio climático: precios crecientes de los alimentos; daños a edificios e infraestructuras por tormentas, huracanes, lluvias torrenciales y eventos climáticos extremos; muertes por olas de calor; extinción de la biodiversidad; mayores y más devastadores incendios forestales; daños en ciudades costeras por la subida del nivel del mar; sequías, migraciones y un larguísimo etcétera.

Esta injusticia continúa solo para hacer aún más ricos a un puñado que ya son multimillonarios. Es la mayor transferencia de riqueza de miles de millones hacia unos pocos billonarios.

Hay una propuesta de acción climática que puede poner fin a esta transferencia masiva de riqueza: se la conoce como Cargo al Carbono con Devolución o Renta Climática. Consiste en hacer que los que contaminan paguen por el daño que causan y devolver el 100% de lo recaudado a los ciudadanos, a todos igual, por tarifa plana. Poco a poco, año tras año, para dar tiempo a empresas y consumidores a ir cambiando a productos y servicios sin CO2 en su proceso de fabricación. En varias décadas podríamos haber acabado con la adicción a los combustibles fósiles y frenar la emergencia climática hacia la que nos dirigimos.

El cargo al CO2 debe ser creciente. Empezar bajo para no causar un shock a la economía, pero subir año tras año de manera irreversible.

Los que apoyamos esta Iniciativa podríamos estar equivocados. O no haber tenido en cuenta posibles consecuencias indeseadas. Pero hay más de 3.500 economistas del máximo prestigio internacional, profesores en cientos de universidades, 27 premios Nobel, varios ex Secretarios del Tesoro de los EEUU y un sinfín de empresas, analistas y ONGs que afirman que un sistema de Precio al CO2 con Devolución es esencial para reducir las emisiones a CERO en varias décadas y frenar el cambio climático.

Se han firmado declaraciones de apoyo a este proyecto en los EEUU, Bélgica, Holanda y otros países. Recientemente, un grupo de ciudadanos europeos ha presentado una Iniciativa Ciudadana para que la Unión Europea estudie la viabilidad de una política de Cargo al CO2 con Devolución en los Estados Miembros.

Será un largo proceso pues se necesita un millón de firmas de ciudadanos europeos que respalden la Iniciativa para que pueda ser defendida ante el Parlamento Europeo.

El cargo al CO2 debe ser creciente. Empezar bajo para no causar un shock a la economía, pero subir año tras año de manera irreversible. La contaminación no debe ser gratis nunca más. El sistema propuesto de gravar el CO2 y repartir la recaudación es justo y transparente. Y devuelve el dinero recaudado en cada país a los ciudadanos de ese país, a todos por igual.

Por favor, ayuda a combatir tanto el cambio climático como la injusticia empleando un minuto en  apoyar esta Iniciativa urgente y justa ante la Comisión Europea. Y comparte este mensaje con tus contactos. Necesitamos un millón de firmas. Tus hijos te lo agradecerán.

La Iniciativa:

https://eci.ec.europa.eu/007/public/#/initiative

Por Emilio de las Heras – Experto en Cambio Climático y Economía "

Máximo entendimiento y ambición climática en el Día Mundial del Medio Ambiente

Corremos el serio riesgo de no cumplir con nuestros compromisos de reducción de emisiones de gases de efecto invernadero, y con ello agravar aún más la crisis climática que ya está entre nosotros, de consecuencias devastadoras. Lo asegura un reciente informe de la Red Europea de Acción Climática y el think tank Sandbag, tras analizar los borradores de los planes energéticos que los distintos países de la Unión Europea han remitido a la Comisión Europea para su valoración. El análisis revela que solo 8 países, entre los que no se encuentra España, han fijado fechas para el fin de la generación de electricidad con la quema de carbón, el combustible que más CO2 expulsa al ser quemado. Con otras palabras, un buen número de países europeos todavía seguirá quemando carbón en 2030, lo cual va exactamente en la dirección contraria de elevar la ambición climática y cumplir con el Acuerdo de París sobre cambio climático.

De hecho, España es el país de la UE en el que más han crecido las emisiones desde 1990, un 17,9% concretamente, cuando en el conjunto de la UE se han reducido un 23,5%. La generación de electricidad con carbón explica parte de este crecimiento en las emisiones, pero también hay otros factores, como la generación de electricidad con gas, la fiebre constructiva de la anterior burbuja inmobiliaria, el incremento del transporte por carretera (y de las distancias recorridas) y las calderas que aún persisten en muchos hogares junto al pésimo aislamiento térmico de nuestras viviendas (más de 1,5 millones de hogares necesitan rehabilitación energética urgente en nuestro país).

A nivel global tenemos más datos que certifican que vamos en la dirección equivocada: según la Agencia Internacional de la Energía (AEI), la inversión en eficiencia energética y renovables se estancó en 2018; y, según datos del Fondo Monetario Internacional (FMI), los subsidios a los combustibles fósiles siguen creciendo actualmente. La situación actual es absolutamente inaceptable. Necesitamos cambiar de rumbo ya, sin más demora, para llegar a 2050 con una economía completamente descarbonizada.

Volviendo al carbón, España fía a las condiciones del mercado (menor precio de las fuentes renovables de energía frente a los precios, en alza, del CO2) la desaparición en 2030 de la generación de electricidad a través de la quema de carbón. Ello es arriesgado, más aún en los tiempos de emergencia climática en los que estamos: ¿qué pasa si futuros gobiernos con escasa o nula sensibilidad por el clima y nuestro futuro subvencionan y abaratan deliberadamente el precio del CO2 para proteger a la industria fósil? Podría suceder que siguiéramos quemando carbón en nuestro país más allá de 2030. Con el envío a la Comisión Europea del borrador de nuestro plan energético hemos perdido por tanto una fantástica oportunidad para poner fecha, políticamente, al fin del carbón y así no tener que confiar su fin a los vaivenes del mercado. La buena noticia es que aún estamos a tiempo de elevar la ambición y mejorar nuestro plan, pues la Comisión Europea tiene que hacernos llegar, a los Veintiocho, sus apreciaciones y comentarios al borrador enviado, los cuales debemos incorporar a la versión final antes de su aprobación y entrada en vigor.

Aprovechemos que aún estamos a tiempo de fijar metas más ambiciosas y abordemos el mayúsculo reto que tenemos por delante, diseñando la senda de descarbonización de nuestro país y transformando nuestro tejido socioproductivo con la incorporación de las energías limpias, la economía circular, la restauración ecológica, la innovación social, la economía de los cuidados, el ecofeminismo, etc. Ello es además fuente de oportunidades de empleo y cohesión social.

Nuestros jóvenes nos están reclamando desde hace meses, con toda la razón, una acción climática urgente y que no hipotequemos su futuro. Nos piden menos declaraciones políticas y mucha más acción, acompañada de objetivos ambiciosos y medidas contundentes. Dejemos pues nuestras diferencias a un lado y pongamos la vida y las personas en el centro. Ojalá estas líneas, en el Día Mundial del Medio Ambiente, muevan a la reflexión colectiva y faciliten el máximo entendimiento posible, pero sin rebajar la ambición y la altura de miras que necesitamos.

Luis Morales – Técnico de Proyectos de Fundación Renovables

Oportunidades de la transición energética en Asturias

La transición que se está produciendo en el sistema energético europeo además de necesaria es imparable. La Unión Europea se ha propuesto un claro objetivo: la descarbonización total, incluida la economía, para el año 2050. Para lograrlo, entre otras cosas, todos los Estados miembros están obligados a presentar a finales de este año su ‘’Plan Nacional Integrado de Energía y Clima’’.

Como cualquier otro cambio, la descarbonización tendrá impactos tanto en sectores económicos como en regiones geográficas, sobre todo en aquellas más asociadas al carbón, que será el primero de los combustibles en desaparecer de la matriz energética.

En España una de las regiones más ligadas al carbón históricamente es Asturias. Aunque la mayoría de sus minas ya estén cerradas, la mayor parte de la producción de energía eléctrica en esta región es mediante plantas térmicas de carbón. De los 4.400 MW de generación eléctrica instalada en Asturias el 47% procede de este tipo de centrales. En el caso de la energía eléctrica generada la situación es similar: de los alrededor de 10.500 GWh que se consumen al año más de la mitad proviene del carbón.

Esta situación provocará que Asturias se vea afectada por el cambio de modelo energético en mayor medida que otras zonas geográficas de España. Sin embargo, más que como un escollo, esta transformación debe tomarse como una oportunidad que hay que aprovechar antes de que sea tarde. La transición energética encaminada hacia la electrificación y la producción de energía mediante fuentes renovables abre un abanico de posibilidades para la región.

La biomasa para producción de energía eléctrica, bien conocida en la región, tiene una vital importancia en el desarrollo de un modelo energético 100% renovable pudiendo ser uno de los pilares de recuperación de las zonas deterioradas laboral y medioambientalmente por las explotaciones mineras.

Eso sí, hay que tener en cuenta que es una fuente de energía local, ya que si bien el ciclo de su uso es neutro en carbono, deja de serlo si se concentra en los entornos urbanos donde ya se generan el 80% de las emisiones. Se debe consumir donde se genera y nunca sustituir cultivos destinados a la producción agrícola para la producción de biomasa, lo que provocaría sustituir un problema por otro.

Otro de los grandes recursos renovables de Asturias es el viento, lo que supone una gran oportunidad para la energía eólica. Actualmente tiene 472 aerogeneradores repartidos en 18 concejos. El 75% son de menos de 2 MW de potencia y, de éstos, gran parte son de baja potencia y con varios años de antigüedad. Ahora, pasado el tiempo y amortizados tienen una gran capacidad de repotenciación.

Además, según el estudio del IDAE sobre recurso eólico en España “Análisis del recurso. Atlas eólico de España. Estudio Técnico PER 2011-2020” en el que se tiene en cuenta la velocidad del viento, la densidad de potencia, la superficie disponible y el filtrado técnico por las condiciones del terreno, un 11,6% de la superficie de Asturias tendría un recurso eólico favorable.

La derogación del ‘’impuesto al sol’’ y la nueva regulación sobre el autoconsumo abre un escenario de grandes posibilidades para la energía solar fotovoltaica también en Asturias

Por último, la derogación del ‘’impuesto al sol’’ y la nueva regulación sobre el autoconsumo abre un escenario de grandes posibilidades para la energía solar fotovoltaica también en Asturias. El autoconsumo es una herramienta de especial importancia para los entornos urbanos, base de un nuevo modelo energético descentralizado que, además, contribuye a que las ciudades dejen de ser sumideros energéticos.

En respuesta a la cuestión que muchas veces se plantea sobre que en el norte de España el recurso solar no es suficiente, el claro ejemplo de que esto no es así es que en Alemania la radiación solar media anual es de 3 kWh/m2 y en Asturias es de 4 kWh/m2. Sin embargo, en Alemania hay unos 45.000 MW de potencia instalada de autoconsumo. Alternativas y oportunidades las hay, la cuestión es si se aprovechan y se mira al futuro o se sigue mirando al pasado y luchando por algo que está abocado al fin.

Fernando Martínez Sandoval – Técnico de Proyectos de Fundación Renovables

Ecofiscalidad, eficiencia y pobreza energética

Desde la Fundación Renovables consideramos que hay medidas de carácter fiscal que se pueden poner en marcha y que constituyen una herramienta esencial para facilitar que la ciudadanía realice cambios en los hábitos de consumo. Se trata de favorecer las actitudes que se quieren fomentar, de manera que podamos culminar a tiempo, con éxito y de manera justa la Transición Energética.

Teniendo esto en cuenta, y dado que consideramos que mejorar la eficiencia energética y la habitabilidad del parque inmobiliario actual constituyen un pilar fundamental para reducir la pobreza energética y para que España alcance un escenario de reducción del 100% de emisiones GEI con respecto a 1999 para mediados de siglo, entre nuestras propuestas apostamos por el establecimiento de un plan de inversión pública y fiscal para el fomento de la rehabilitación energética de edificios. También por la reducción del IVA para instalaciones de autoconsumo y para bienes dirigidos a aumentar el ahorro y la eficiencia energética de viviendas.

Respecto a la rehabilitación energética de edificios, apostamos por una batería medidas que incluye la posibilidad de ejecución de la rehabilitación de forma compartida para segmentos vulnerables, la reducción del IBI, la existencia de subvenciones y el acceso a crédito o la reducción de los costes de legalización.

Por otra parte, para una mayor eficacia, en nuestra propuesta de medidas fiscales buscamos tanto modificar el origen de los fondos recaudados como su destino. Es el caso de nuestra apuesta por aumentar y modificar el Impuesto Especial de Hidrocarburos para destinarlo al desarrollo de planes urbanos; la rehabilitación de viviendas; la sustitución de calderas por bombas de calor; el impulso del uso de la domótica y otras medidas de gestión de la demanda y el fomento del vehículo eléctrico y de instalaciones de recarga. Sólo con incrementar el gravamen de los combustibles derivados del petróleo líquido en 5 céntimos de euro por litro y del gas natural en 1 euro por MWh en un año se recaudarían 3.500 M€.

Proponemos, además, la recaudación por recargo de un 10% en el IBI por cada letra que supere la C en la certificación energética de las viviendas no clasificadas como vulnerables que se destinaría a un plan ambicioso para la rehabilitación y adecuación de viviendas con alto grado de deterioro, aproximadamente un millón y medio, que tenga en cuenta la vulnerabilidad y la falta de recursos de sus usuarios. En esta línea consideramos que se debe marcar un objetivo de adecuar 250.000 viviendas/año, lo que supondría erradicar el problema en 6 años.

Elena Alonso Asensio – Responsable de Comunicación de Fundación Renovables

Repsol pone en riesgo el Medio Ambiente y la economía de las Islas Griegas

Pese a la gravedad creciente del cambio climático, las compañías petroleras tratan de continuar con su contaminante negocio como si ese problema no existiera. Y Repsol no es una excepción al respecto.

En realidad, la actitud de Repsol ante el calentamiento global del planeta es aún más hipócrita. Ahora esta compañía ya no se atreve a negar la abrumadora evidencia científica al respecto y se dedica, como refleja su página web, a hacer afirmaciones como estas: “Apoyamos el Acuerdo de París sobre cambio climático” o “Estamos firmemente comprometidos con la aspiración de limitar a 2 grados centígrados el incremento de la temperatura media global del planeta respecto a los niveles preindustriales. Este escenario supone que, en la segunda mitad de este siglo, las emisiones netas de CO2 a la atmósfera deberán ser cero y, como firmantes del documento “Paris Pledge for Action”, trabajamos para que nuestra compañía sea una parte de la solución al problema climático”.

Bellas palabras, sin duda, como lo son también estas otras referidas a los Objetivos de Desarrollo Sostenible de Naciones Unidas. A ese respecto, dice Repsol: “Trabajamos para cumplir los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) -definidos por Naciones Unidas en la Agenda 2030. Conforme a nuestra actividad, nos enfocamos en el suministro de energía accesible y no contaminante (ODS 7) y la acción por el clima (ODS 13). Los ODS, que instan a los países, organizaciones, empresas e instituciones a que aborden los desafíos medioambientales, sociales y económicos, son una oportunidad única para construir un mundo mejor”.

Seguramente, en aplicación de ese “enfoque” “en el suministro de energía no contaminante” y “en la acción por el clima”, es por lo que Repsol ha decidido abrir nuevos frentes de exploración y explotación de hidrocarburos en Grecia, tanto en tierra como en las islas del mar Jónico y del mar de Creta. Estas islas basan su economía en el turismo de calidad, el cual a su vez depende del buen estado del medio ambiente.

Un reciente estudio de WWF Grecia ha concluido que un escenario de un gran accidente de vertido de petróleo podría costarle a la economía griega más de 5.000 millones de euros, siendo ésta una estimación conservadora pues en ese análisis no se han cuantificado las pérdidas en los servicios ecosistémicos y en la biodiversidad en sentido más amplio.

¿Serán estos nuevos proyectos de desarrollo de hidrocarburos a lo que se refiere Repsol cuando dice en su web: “Analizamos, desarrollamos y ponemos en marcha acciones para combatir el cambio climático”?

Si queremos evitar las efectos más desastrosos del cambio climático, debemos realizar con urgencia “cambios de gran alcance y sin precedentes” en la descarbonización de nuestra economía y de nuestro sistema energético.

Estos proyectos petrolíferos/gasísticos de Repsol en Grecia no sólo resultan antagónicos con los  supuestos compromisos climáticos de esta compañía, sino también son incompatibles con los objetivos del Acuerdo de París y con los hallazgos del último informe del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC) de Naciones Unidas, el cual nos ha avisado de que, si queremos evitar las efectos más desastrosos del cambio climático, debemos realizar con urgencia “cambios de gran alcance y sin precedentes” en la descarbonización de nuestra economía y de nuestro sistema energético.

El área afectada en aguas griegas para la búsqueda y explotación de hidrocarburos, unos 56.000 km2 de superficie, se extiende desde el norte de Corfú hasta el sur de Creta y se solapa con casi toda la parte este y sur de la Fosa Helénica, un punto caliente de biodiversidad marina de importancia ecológica mundial.

Las islas Jónicas, Creta y las zonas de Grecia Occidental donde Repsol planea buscar y explotar hidrocarburos (para así seguir agravando el problema del cambio climático), no solo son un importante destino turístico, sino también un excepcional activo natural de importancia europea y mundial, que no puede ponerse en riesgo a causa de la hipocresía climática de Repsol y otras compañías petroleras que también están activas en la zona.

La Fosa Helénica, con profundidades de más de 5.000 metros en algunas zonas, es un hábitat fundamental para la subpoblación mediterránea de cachalote, en peligro de extinción. Se estima que solo 250 ejemplares de esta especie viven en toda la cuenca del Mediterráneo oriental; la Fosa Helénica constituye la única zona de reproducción conocida para ellos. Así mismo, es la más grande de las cinco áreas de alta densidad conocidas en el Mediterráneo para el zifio de Cuvier. La Fosa Helénica es también hábitat del rorcual común, el calderón gris, el delfín mular, el delfín de dientes rugosos, el delfín común y el delfín listado así como de la foca monje del Mediterráneo y diversas especies de tortugas marinas. Estas especies están incluidas en el Anexo II del Protocolo del Convenio de Barcelona sobre Áreas Especialmente Protegidas y Diversidad Biológica en el Mediterráneo y en el Anexo IV de la Directiva de Hábitats 92/43/EEC de la Unión Europea. Las partes de la Convención y los Estados miembros de la Unión Europea están obligados a establecer medidas estrictas para garantizar su conservación efectiva.

La importancia ecológica primordial de la Fosa Helénica ha sido reconocida por acuerdos internacionales, como el Acuerdo para la Conservación de los Cetáceos en el Mar Negro, el Mar Mediterráneo y las aguas del Atlántico adyacentes (ACCOBAMS). En este contexto, se han identificado en la Fosa Helénica dos Áreas Importantes para los Mamíferos Marinos (IMMA), mientras que el conjunto de la Fosa Helénica se ha propuesto como un Área Marina Protegida. Sin embargo, hasta la fecha, solo una sección muy pequeña, en su mayoría costera, del área se ha convertido en parte de la Red Natura 2000 de la UE, donde los cetáceos no solo tienen una presencia limitada, sino que también están inadecuadamente protegidos.

Las áreas protegidas importantes caen total o parcialmente dentro de la superficie de los bloques de concesión de hidrocarburos o serán impactadas por los programas de investigación y extracción de hidrocarburos. Se trata de nada menos que diez áreas de protección especial y seis sitios de importancia comunitaria a lo largo de la Fosa Helénica. Estos incluyen el Parque Nacional Marino de Zakynthos (que incluye los islotes Strofades), el Parque Nacional Kotychi-Strofilia, las lagunas Messolongi (sitio Ramsar y parque nacional), las lagunas Amvrakikos (sitio Ramsar y parque nacional) y el área marina de Kyparissia (bajo la designación de parque nacional).

Los cetáceos de la Fosa Helénica se enfrentan actualmente a una serie de amenazas directas y graves, como el ruido submarino de origen antropogénico, las colisiones con barcos, las interacciones con la pesca, la contaminación por plásticos y el cambio climático, que ponen continuamente en riesgo su ya comprometida supervivencia. De ponerse en marcha, estos proyectos petrolíferos de Repsol y otras petroleras darían la puntilla a todas esas especies protegidas de mamíferos marinos.

Existe abundante evidencia científica que demuestra que los impactos de los proyectos de desarrollo de hidrocarburos causan efectos perjudiciales para los mamíferos marinos en todo su ciclo vital al:

  • Causar lesiones auditivas, a menudo letales, a los mamíferos marinos por la contaminación acústica producida por los cañones de aire comprimido utilizados durante las actividades de exploración para buscar potenciales depósitos de petróleo y gas.
  • Provocar el desplazamiento de los mamíferos marinos de su hábitat, alterando su comportamiento y causando estrés, debido al aumento del ruido marino durante las actividades de exploración y extracción y el aumento del tráfico marítimo.
  • Incrementar la contaminación del aire y del mar debido a las descargas de efluentes, el aumento del tráfico marítimo, los derrames operativos y accidentales.
  • Causar daños físicos al bentos y perturbar a las poblaciones de mamíferos marinos en áreas marinas costeras y en alta mar durante la fase de construcción de las instalaciones portuarias, plataformas y tuberías.

La organización internacional WWF, con el apoyo de científicos de todo el mundo, está trabajando activamente para que el Gobierno griego otorgue una protección legal efectiva a la Fosa Helénica y para que cancele todos los procedimientos actualmente en marcha de concesión de licencias para las operaciones de exploración y explotación de perforación de petróleo y gas, con vistas a una prohibición permanente de estas actividades en Grecia.

No tiene ningún sentido, ni en Grecia ni en ninguna otra parte, continuar buscando nuevos depósitos de hidrocarburos, cuya explotación solo perpetuaría de manera incoherente la presencia de estos combustibles fósiles en nuestro sistema energético

No tiene ningún sentido, ni en Grecia ni en ninguna otra parte, continuar buscando nuevos depósitos de hidrocarburos, cuya explotación solo perpetuaría de manera incoherente la presencia de estos combustibles fósiles en nuestro sistema energético. Actuando consecuentemente al respecto, Francia y Nueva Zelanda ya tienen en vigor leyes que prohíben la exploración de nuevos yacimientos de hidrocarburos. En el caso de Nueva Zelanda la prohibición se limita a proyectos en el mar, mientras que en el de nuestro vecino galo afecta a todo su territorio.

Estas decisiones de estos dos gobiernos han sido motivadas en gran medida por la necesidad, derivada de la lucha contra el cambio climático, de invertir en un futuro de energía limpia y en la protección del medio ambiente marino, como pilar de una economía turística próspera.

Dice Repsol en su página web: “En Repsol compartimos la preocupación de la sociedad por los efectos que la acción del hombre causa en el clima y queremos ser parte activa de la solución.”

Ha llegado el momento de que Repsol actúe de forma coherente con sus declaraciones y pase de las palabras a los hechos para ayudar de verdad a frenar las causas del cambio climático. Hasta ahora sus actos, en lugares como Grecia, demuestran que Repsol lo que en realidad está haciendo es minar, socavar y retrasar la agenda de la transición energética hacia un modelo descarbonizado.

Repsol debe cancelar sus planes de exploración y explotación de hidrocarburos en Grecia y pasar a promover globalmente un modelo de negocio alternativo basado en la eficiencia energética y las energías renovables. Eso o que reconozca que su “compromiso climático” es pura verborrea.

Por Carlos Bravo – Consultor en Salvia EDM y socio protector de la Fundación Renovables

Desatando el potencial de la energía comunitaria: las “comunidades de energía renovable”

La transición energética ya está en marcha en España, y queremos que la ciudadanía, las autoridades locales y los colectivos ciudadanos se sitúen a la cabeza para producir y controlar su propia energía renovable, y fomentar la transición hacia un sistema más equitativo, democrático y descentralizado.

Durante décadas, las reglas del mercado han sido diseñadas a la medida de las grandes empresas energéticas, y términos como “autoabastecimiento” y “cooperativa de energía” han estado desubicados en el panorama político. Pero tras haber luchado contra viento y marea para salir a flote, estas iniciativas pioneras basadas en poner la energía en manos de las personas han sido finalmente reconocidas por la legislación europea. El nuevo paradigma ya está aquí: pasamos de ser meros consumidores a participar activamente en el sistema.

Y es que ahora, las comunidades y las personas tenemos el derecho a generar, consumir, gestionar y vender nuestra propia energía. Así lo especifica la nueva normativa europea. Pero ahora viene lo más difícil: empezar a aplicar dichos derechos y, por ello, es crucial que el próximo Gobierno transponga cuanto antes -y en su totalidad- los artículos aprobados en la nueva Directiva de Energía Renovable (REDII). Habrá que volver a revisar y armonizar la legislación existente para ponerla en consonancia con la nueva Directiva. En nuestra opinión, estos deben ser los principales beneficiarios.

Las “comunidades de energía renovable”

España va a tener que definir qué entidades o formas legales específicas pueden ser consideradas como tales ateniéndose siempre a la definición presente en la REDII y, de acuerdo con la misma, habría que tener a bien tres condiciones:

(a) deben estar basadas en una participación abierta y voluntaria, ser autónomas y estar controladas de manera efectiva por los y las participantes ubicados en las proximidades de los proyectos de energía renovable que desarrollan estas entidades legales;

(b) deben ser personas físicas, pymes o autoridades locales, incluyendo a los ayuntamientos;

(c) se deben evitar los fines lucrativos. Es decir, su principal propósito debe consistir en ofrecer beneficios medioambientales y socioeconómicos a sus co-participantes o a los territorios donde se realicen los proyectos.

Además de tener garantizado su derecho a generar, consumir, gestionar y vender energía renovable, las iniciativas deben poder acceder a unos mercados adecuados, ya sea de forma individual o mediante agregación.

Dentro de la propia comunidad energética, cualquier persona debe tener el derecho a participar sin condiciones discriminatorias, se deben respetar sus derechos como consumidor y se le debe ofrecer toda la información disponible en todo momento, especialmente en el caso de que se desarrolle un sistema de ayudas públicas.

Los hogares

La nueva Directiva ofrece a las personas que viven en inmuebles el derecho a crear colectivamente proyectos de energías renovables. La legislación debería contemplar medidas que se ajusten a las necesidades de las personas (propietarias o inquilinas) que viven en apartamentos, teniendo en cuenta cosas como la falta de acceso a tejado o las instalaciones compartidas por varios hogares. Si tenemos en cuenta que más del 65% de la ciudadanía española vive en apartamentos, el potencial para generar y compartir electricidad entre viviendas es enorme.

En este sentido, Fundación Renovables y Amigos de la Tierra, junto a otras organizaciones de la Alianza por el Autoconsumo, critican que, si bien el nuevo Real Decreto de Autoconsumo permite realizar instalaciones compartida de autoconsumo en bloques de viviendas, el documento hace una apuesta por un reparto estático que impide intercambiar los excedentes de la producción entre las mismas.

Finalmente, están las autoridades locales, entidades que pueden influir significativamente en el desarrollo de una energía de propiedad y gestión comunitarias. No solo tienen a su entera disposición una palanca legal para apoyar nuevos modelos empresariales en torno a la gestión y control comunitario de la energía renovable, si no que además pueden, por derecho, participar como partes interesadas en las comunidades de energía renovable. Huelga decir que como ciudadano de a pie, ver a mi ayuntamiento implicado en un proyecto de estas características me generaría confianza a la par que ganas de participar.

Desde la administración local se pueden crear nuevas herramientas para favorecer los proyectos de energía comunitaria, asignando partidas presupuestarias específicas para ello, así como planes enfocados a la descarbonización que sirvan para apuntalar el florecimiento de este tipo de proyectos.

En el cuaderno “Desatando el potencial de la energía comunitaria renovable” que publicó Amigos de la Tierra, Greenpeace, Energy Cities y RESCoop.eu hace unas semanas, podemos encontrar ejemplos concretos de iniciativas pioneras y diversas buenas prácticas que ya se están dando a lo largo y ancho de Europa. Os invitamos a ampliar vuestro conocimiento sobre “energía comunitaria renovable” en este enlace.

Héctor de Prado – socio protector de la Fundación Renovables, y responsable del área de clima y energía de la asociación Amigos de la Tierra

Lo que nos cuesta el cambio climático

Nuestro país es uno de los más afectados por el cambio climático. Según el informe que acaba de publicar la Agencia Europea de Medio Ambiente sobre las pérdidas económicas por fenómenos relacionados con clima extremo en el espacio económico europeo, el cambio climático nos ha costado  889 euros en el periodo 1980-2017 a cada ciudadano español, más de 37.000 millones en total, ¡similar a un rescate bancario! Solo el 12% de las pérdidas están respaldadas por seguros. Y 14.611 personas pierden la vida por ese tipo de fenómenos, aunque otras fuentes dan cifras aún mayores.

El coste no es solo económico. Hay otros muchos impactos del cambio climático que ya estamos sintiendo, que tienen difícil cuantificación económica, y que por el camino que vamos irán cada vez a peor. Veranos cinco semanas más largos, aumento de las noches tropicales, olas de calor más largas e intensas, incremento de la temperatura del agua del Mediterráneo y avance de la desertificación. Estas son algunas de las conclusiones de la Agencia Estatal de Meteorología en su último informe, perfectamente ilustrado por la propia Agencia.

Más de 32 millones de españoles, es decir, el 70% de la población, ya se están viendo afectados por los impactos del cambio climático, según estos datos. Quienes peor salen parados son los habitantes de las zonas costeras y las grandes ciudades, las zonas más vulnerables al cambio climático.

Según los datos científicos de Naciones Unidas, puede que nos queden solo 11 años para evitar que el cambio climático supere un punto de no retorno. Si no reducimos a la mitad las emisiones de CO2 actuales, el peligroso límite de 1,5 °C de aumento de la temperatura media mundial podría superarse en la próxima década. Por eso somos la última generación que puede hacer frente al desafío para evitar los peores impactos del cambio climático, el mayor problema al que se enfrenta la humanidad.

La excusa para no actuar siempre era económica. Hasta ahora se decía que luchar contra el cambio climático supone un gran esfuerzo económico. Pero afortunadamente, los datos muestran que la realidad ha cambiado

La excusa para no actuar siempre era económica. Hasta ahora se decía que luchar contra el cambio climático supone un gran esfuerzo económico. Pero afortunadamente, los datos muestran que la realidad ha cambiado para bien: luchar contra el cambio climático no solo es una cuestión de supervivencia y justicia, es que además es lo más sensato desde el punto de vista económico.

Hasta ahora, la mayoría de estudios comparaban los costes energéticos en igualdad de condiciones: nueva instalación de renovables frente a nueva instalación de carbón, y en esa comparación ya hace años que el balance de costes y beneficios favorece a las renovables. La dificultad estaba en que instalar nuevas renovables para reemplazar el carbón existente  aún se consideraba más caro que dejar que las centrales funcionen hasta el final de su vida útil, ya que la mayoría de las inversiones de capital no se habían amortizado.

Reemplazar el carbón existente con nueva generación solar y eólica es ya más barato, para unas tres cuartas partes de la potencia instalada de carbón en EEUU, que dejar esas centrales de carbón funcionando hasta el final de su vida útil

Pero el avance de las renovables permite ahora vencer incluso al carbón ya instalado. El último estudio que avala esta tesis se ha publicado en Estados Unidos. En ese país, las energías renovables más desarrolladas (solar y eólica) ya están preparadas para cruzar el “Rubicón económico”, pues según dicho estudio reemplazar el carbón existente con nueva generación solar y eólica es ya más barato, para unas tres cuartas partes de la potencia instalada de carbón en EEUU, que dejar esas centrales de carbón funcionando hasta el final de su vida útil. Esta conclusión viene de una comparación de lo que cuesta producir una unidad de electricidad con cada tecnología a lo largo de su vida útil, en términos de economía convencional, es decir, sin ni siquiera contar los enormes costes ambientales del carbón.

El efecto potencial de abandonar el carbón en EEUU no es trivial. Recordemos que el sector estadounidense del carbón, a pesar de que se ha ido reduciendo significativamente en los últimos años, aún emite (datos de 2016) tanto CO2 como el total de España, Turquía, Polonia, Reino Unido  y República Checa juntas.

Si cada país decidiese ahora que su política energética y climática se rija por criterios puramente económicos: se tendría que cerrar todo el carbón y sustituirlo por renovables ya

Obviamente, la situación política en EEUU no hace esperar que esta nueva lógica  económica se imponga a corto plazo, pero imaginemos lo que pasaría si cada país decidiese ahora que su política energética y climática se rija por criterios puramente económicos: se tendría que cerrar todo el carbón y sustituirlo por renovables ya. Y habría que preguntarse cuáles serían los datos aplicados al resto de combustibles fósiles, porque seguramente muy pronto estemos en esa misma situación.

Pero aunque los datos hablan por sí solos, los gobiernos siguen ignorándolos. El Gobierno español tiene que aumentar mucho la ambición: para 2030 deberíamos tener un sistema eléctrico prácticamente 100% renovable y en 2025 las centrales de carbón y nucleares deberían estar todas cerradas.

Ante la emergencia climática actual, los partidos políticos tienen que poner la salud de las personas y el planeta por encima de los intereses económicos de las compañías eléctricas y las grandes empresas. Es lo que están pidiendo los millones de jóvenes que el pasado 15 de marzo salieron a las calles de todo el mundo reclamando acción climática urgente.

Este periodo electoral es un momento clave para que los candidatos expliquen sus propuestas concretas y ambiciosas en la lucha contra el cambio climático. ¿A qué esperan? ¿Estarán a la altura del reto que enfrentamos?

José Luis García – Responsable del Programa de Cambio Climático de Greenpeace España

Una precampaña que nos está dejando sin energía

La precampaña electoral arrancó el 15 de febrero y por desgracia si hay algo que ha quedado claro en estas seis semanas es que la energía no está en la agenda. No será por el abanico de informes que nos advierten del problema del cambio climático ni por la contundencia de estos, pero en nuestro país pasan inadvertidos y vivimos enterrados en un denso fango que mezcla lazos amarillos con multitud de debates estériles o superados.

Jorge Valdano siempre ha dicho del fútbol que de las cosas menos importantes es la más importante. Pues bien, estos años ayudando a comunicar a empresas del sector me han dejado el siguiente poso: la energía es lo más importante de las cosas IMPORTANTES.

Y es que en el ahorro de energía y en las renovables está en gran medida la solución al cambio climático, la gran amenaza de nuestro tiempo y el mayor problema global de la humanidad por sus múltiples derivadas. Incluso dejando fuera de la ecuación semejante desafío la energía tiene una importancia tremenda como vector económico. Por ejemplo, más del 70% de la energía que consumimos en España la importamos de otros países (el 82% si consideramos la nuclear), lo que nos convierte en una de las naciones más dependientes de Europa, con los lastres de toda índole que conlleva. Las renovables son, además, un nicho generador de empleo digno y el camino para abaratar el acceso a la energía y la factura de la luz.

 

Nuestros líderes políticos y sus sociólogos de cabecera parece que no quieren prestar atención igual que no quieren afrontar otros debates realmente importantes como el de la deuda pública, las pensiones, la justicia o la sanidad.

Otra muestra son las listas electorales en las que aparecen profesionales de la tertulia, de la tauromaquia, del cine, militares retirados… Cuesta más, en cambio, encontrar en buenos puestos de salida a climatólogos, científicos, investigadores o activistas del cambio de modelo energético. Al menos alivia ver a la tenaz Teresa Ribera, ministra para la Transición Ecológica, en el número 4 por la circunscripción de Madrid.

Vivimos inmersos en el ruido permanente con la app WhatsApp al mando de las operaciones que hace el mismo efecto que un altavoz grande al máximo de volumen cuando pegas la oreja. Por suerte siempre hay tiempo de tomar distancia e intentar hablar de los problemas de verdad en un tono sosegado. La energía es uno de ellos ¿empezamos?

Por Iván de Otto – consultor en SdeO Comunicación y socio de FR

Blockchain y Energía

El sector energético está pasando por algunos cambios estructurales como parte de la transformación en comparación con el modelo preexistente. Esto es lo que se conoce como la “Transición Energética” y es un proceso que tiene lugar a medida que se escriben estas líneas, y además a una escala global.

Los elementos de la transición energética son numerosos y las fuerzas que actúan a favor (o en su contra) son complejas y se ejercen en múltiples niveles (económico, financiero, social, político, etc.).

Sin embargo, dos de las tendencias más importantes que son el denominador común en todos los casos, son:

i) La penetración de los recursos energéticos distribuidos (DER). Por ejemplo, las instalaciones solares en los tejados. Cuanto más DER hay en el sistema energético, más complejo se vuelve el funcionamiento de la red.

ii) La ola de la digitalización, que está a punto de golpear al sector energético. Esto significa un funcionamiento más eficiente, automatizado e inteligente de la red, así como un brote de servicios digitales dirigidos a todos los actores del mercado energético (desde consumidores hasta operadores de red).

Ambas tendencias pueden colocar a los consumidores en el centro de la transición energética. Por un lado, los consumidores están llevando la producción a sus propios techos; por otro lado, la digitalización del sector energético promete a los consumidores una relación más atractiva con su energía, a través de un valor agregado y servicios digitales innovadores, una mayor transparencia y un panorama más competitivo/menos oligopolístico, todo para su propio beneficio.

Construyendo un mercado centrado en el consumidor desde la confianza

La importancia de un mercado energético que incluya al consumidor en el centro ya está siendo reconocido por los organismos de la Unión Europea, junto con el resto de los ambiciosos objetivos relacionados con el clima y la energía. De hecho, los consumidores se representan como el elemento más crítico para un proceso exitoso de transición energética y estamos totalmente de acuerdo con eso.

Sin embargo, vemos señales claras de que estamos lejos de lograrlo. Los consumidores siguen estando muy desconectados del sector energético y la falta de confianza hacia las partes interesadas de la energía sigue siendo alta.

Y hablando de confianza, llegamos al tema principal de este artículo: la tecnología blockchain y los verdaderos beneficios que puede ofrecer al sector energético.  ¿Qué es la tecnología blockchain? ¿Qué puede (y no puede) hacer para el sector energético? y ¿para qué usos específicos se puede implementar?

Tecnología blockchain

Hemos experimentado de primera mano lo difícil que puede ser explicar qué es blockchain y especialmente explicarlo en relación con el sector energético. Es una tecnología que combina el cifrado con hashes y el diseño de red P2P, lo que lo hace complejo desde un punto de vista técnico y, por lo tanto, difícil de comprender.

Sin embargo, las funciones esenciales de blockchain son en realidad muy fáciles de entender.

Blockchain es esencialmente una base de datos descentralizada y compartida que registra las transacciones entre sus usuarios. Lo que lo hace diferente de una base de datos tradicional es que todas las transacciones son validadas por todos los usuarios y se revelan simultáneamente a todos ellos (todos llevan una copia de la base de datos y su historial).

Blockchain es esencialmente una base de datos descentralizada y compartida que registra las transacciones entre sus usuarios

Una idea falsa y que escuchamos a menudo es que cualquier aplicación/caso de uso se puede mejorar si se ejecuta en blockchain. Esto no es cierto: en la práctica, blockchain puede ofrecer una ventaja incomparable en la creación de confianza entre una red de personas/organizaciones que normalmente no confiarían entre sí y no cooperarían. Este es su poder real y los casos en que realmente tiene sentido implementarlo.

Lo que significa es que solo puede desempeñar un papel en entornos digitales, donde puede ofrecer ventajas incomparables en términos de transparencia, simetría de la información y capacidad de rastreo de todas las transacciones entre redes de múltiples agentes. Es decir, si ese no es el caso, normalmente no tiene sentido implementarlo.

Al mismo tiempo, la tecnología tiene sus propios desafíos y limitaciones, por lo que los posibles casos de uso se demuestran y se prueban todos los días.

Casos de uso de blockchain en el sector energético

Los casos de uso más populares que se han identificado y se están explorando actualmente se pueden separar en las siguientes categorías:

 

¡La importancia está en los datos!

Detrás de todos los casos de uso (que vemos implementables dentro de un mínimo de 2-3 años a partir de ahora) hay un elemento fundamental que, en mi opinión, es el elemento más crítico que definirá estos futuros servicios y aplicaciones de la tecnología blockchain: los datos energéticos abiertos.

En este momento, varios organismos consultores y reguladores, tanto a nivel nacional como de la UE, abogan por la creación de bases de datos abiertas para datos energéticos. La creación de una plataforma neutral, de un “data hub”, es esencial para que el usuario pueda acceder a los datos y los perfiles de su propio consumo o generación de energía y pueda asignar dichos datos a otros comercializadores, a empresas de servicios energéticos o al agregador.

El acceso fácil y detallado de los usuarios a sus datos también les permite comprender mejor sus perfiles de consumo e identificar medidas para ahorrar en la factura. El propietario de los datos debe ser el usuario. Y esta propiedad y la posible asignación a terceros es lo que debe introducir la competencia. Dicha plataforma debe permitir, a su vez, preservar la privacidad del usuario, que las diferentes administraciones puedan detectar las áreas más ineficientes multiplicando en estas sus estrategias de ahorro, eficiencia y autoconsumo.

Al observar el estado actual de la infraestructura de datos de energía en los mercados de energía de la UE, vemos que los datos energéticos son propiedad y están administrados por entidades centrales (en la mayoría de los casos dentro de la UE, como los Operadores de Redes de Distribución – DSO). Si esta situación persiste, existe el riesgo previsible de:

  • poner barreras a la transparencia (la tan necesaria) entre los diferentes actores energéticos;
  • bloquear la creación de nuevos modelos de negocio y servicios energéticos innovadores;
  • socavar un entorno competitivo saludable en el mercado energético y plantear más riesgos para una mayor desconexión de los consumidores.

Está validado que ya hay fricciones con respecto a la accesibilidad/disponibilidad de datos entre las partes interesadas de la cadena de suministro de electricidad.

Neutralidad de los datos: los pasos a seguir

El acceso abierto a los datos se ha caracterizado como el oro del siglo XXI. Las bases de datos de energía abiertas y neutrales son la clave para un mercado energético más transparente y competitivo que beneficie el funcionamiento de nuestros sistemas energéticos y al consumidor final.

La transición energética habla de transparencia, sostenibilidad, democratización, trazabilidad y confianza. Ha llegado el momento de dar un paso más en esa transición energética al vincular la innovación tecnológica con el sector energético y aprovechar las oportunidades que la tecnología nos ofrece para un mayor desarrollo e impacto de acuerdo con nuestras realidades, los patrones actuales de consumo y los aspectos sociales.

Por eso creo que debemos hablar el mismo idioma. Un idioma neutral, entre consumidores, prosumidores y comunidades, por un lado, y empresas y organizaciones, por otro, que buscan responder a sus necesidades con productos y servicios digitales.

Gerard Bel Piñero – CEO – Pylon Network