Desatando el potencial de la energía comunitaria: las “comunidades de energía renovable”

La transición energética ya está en marcha en España, y queremos que la ciudadanía, las autoridades locales y los colectivos ciudadanos se sitúen a la cabeza para producir y controlar su propia energía renovable, y fomentar la transición hacia un sistema más equitativo, democrático y descentralizado.

Durante décadas, las reglas del mercado han sido diseñadas a la medida de las grandes empresas energéticas, y términos como “autoabastecimiento” y “cooperativa de energía” han estado desubicados en el panorama político. Pero tras haber luchado contra viento y marea para salir a flote, estas iniciativas pioneras basadas en poner la energía en manos de las personas han sido finalmente reconocidas por la legislación europea. El nuevo paradigma ya está aquí: pasamos de ser meros consumidores a participar activamente en el sistema.

Y es que ahora, las comunidades y las personas tenemos el derecho a generar, consumir, gestionar y vender nuestra propia energía. Así lo especifica la nueva normativa europea. Pero ahora viene lo más difícil: empezar a aplicar dichos derechos y, por ello, es crucial que el próximo Gobierno transponga cuanto antes -y en su totalidad- los artículos aprobados en la nueva Directiva de Energía Renovable (REDII). Habrá que volver a revisar y armonizar la legislación existente para ponerla en consonancia con la nueva Directiva. En nuestra opinión, estos deben ser los principales beneficiarios.

Las “comunidades de energía renovable”

España va a tener que definir qué entidades o formas legales específicas pueden ser consideradas como tales ateniéndose siempre a la definición presente en la REDII y, de acuerdo con la misma, habría que tener a bien tres condiciones:

(a) deben estar basadas en una participación abierta y voluntaria, ser autónomas y estar controladas de manera efectiva por los y las participantes ubicados en las proximidades de los proyectos de energía renovable que desarrollan estas entidades legales;

(b) deben ser personas físicas, pymes o autoridades locales, incluyendo a los ayuntamientos;

(c) se deben evitar los fines lucrativos. Es decir, su principal propósito debe consistir en ofrecer beneficios medioambientales y socioeconómicos a sus co-participantes o a los territorios donde se realicen los proyectos.

Además de tener garantizado su derecho a generar, consumir, gestionar y vender energía renovable, las iniciativas deben poder acceder a unos mercados adecuados, ya sea de forma individual o mediante agregación.

Dentro de la propia comunidad energética, cualquier persona debe tener el derecho a participar sin condiciones discriminatorias, se deben respetar sus derechos como consumidor y se le debe ofrecer toda la información disponible en todo momento, especialmente en el caso de que se desarrolle un sistema de ayudas públicas.

Los hogares

La nueva Directiva ofrece a las personas que viven en inmuebles el derecho a crear colectivamente proyectos de energías renovables. La legislación debería contemplar medidas que se ajusten a las necesidades de las personas (propietarias o inquilinas) que viven en apartamentos, teniendo en cuenta cosas como la falta de acceso a tejado o las instalaciones compartidas por varios hogares. Si tenemos en cuenta que más del 65% de la ciudadanía española vive en apartamentos, el potencial para generar y compartir electricidad entre viviendas es enorme.

En este sentido, Fundación Renovables y Amigos de la Tierra, junto a otras organizaciones de la Alianza por el Autoconsumo, critican que, si bien el nuevo Real Decreto de Autoconsumo permite realizar instalaciones compartida de autoconsumo en bloques de viviendas, el documento hace una apuesta por un reparto estático que impide intercambiar los excedentes de la producción entre las mismas.

Finalmente, están las autoridades locales, entidades que pueden influir significativamente en el desarrollo de una energía de propiedad y gestión comunitarias. No solo tienen a su entera disposición una palanca legal para apoyar nuevos modelos empresariales en torno a la gestión y control comunitario de la energía renovable, si no que además pueden, por derecho, participar como partes interesadas en las comunidades de energía renovable. Huelga decir que como ciudadano de a pie, ver a mi ayuntamiento implicado en un proyecto de estas características me generaría confianza a la par que ganas de participar.

Desde la administración local se pueden crear nuevas herramientas para favorecer los proyectos de energía comunitaria, asignando partidas presupuestarias específicas para ello, así como planes enfocados a la descarbonización que sirvan para apuntalar el florecimiento de este tipo de proyectos.

En el cuaderno “Desatando el potencial de la energía comunitaria renovable” que publicó Amigos de la Tierra, Greenpeace, Energy Cities y RESCoop.eu hace unas semanas, podemos encontrar ejemplos concretos de iniciativas pioneras y diversas buenas prácticas que ya se están dando a lo largo y ancho de Europa. Os invitamos a ampliar vuestro conocimiento sobre “energía comunitaria renovable” en este enlace.

Héctor de Prado – socio protector de la Fundación Renovables, y responsable del área de clima y energía de la asociación Amigos de la Tierra

Lo que nos cuesta el cambio climático

Nuestro país es uno de los más afectados por el cambio climático. Según el informe que acaba de publicar la Agencia Europea de Medio Ambiente sobre las pérdidas económicas por fenómenos relacionados con clima extremo en el espacio económico europeo, el cambio climático nos ha costado  889 euros en el periodo 1980-2017 a cada ciudadano español, más de 37.000 millones en total, ¡similar a un rescate bancario! Solo el 12% de las pérdidas están respaldadas por seguros. Y 14.611 personas pierden la vida por ese tipo de fenómenos, aunque otras fuentes dan cifras aún mayores.

El coste no es solo económico. Hay otros muchos impactos del cambio climático que ya estamos sintiendo, que tienen difícil cuantificación económica, y que por el camino que vamos irán cada vez a peor. Veranos cinco semanas más largos, aumento de las noches tropicales, olas de calor más largas e intensas, incremento de la temperatura del agua del Mediterráneo y avance de la desertificación. Estas son algunas de las conclusiones de la Agencia Estatal de Meteorología en su último informe, perfectamente ilustrado por la propia Agencia.

Más de 32 millones de españoles, es decir, el 70% de la población, ya se están viendo afectados por los impactos del cambio climático, según estos datos. Quienes peor salen parados son los habitantes de las zonas costeras y las grandes ciudades, las zonas más vulnerables al cambio climático.

Según los datos científicos de Naciones Unidas, puede que nos queden solo 11 años para evitar que el cambio climático supere un punto de no retorno. Si no reducimos a la mitad las emisiones de CO2 actuales, el peligroso límite de 1,5 °C de aumento de la temperatura media mundial podría superarse en la próxima década. Por eso somos la última generación que puede hacer frente al desafío para evitar los peores impactos del cambio climático, el mayor problema al que se enfrenta la humanidad.

La excusa para no actuar siempre era económica. Hasta ahora se decía que luchar contra el cambio climático supone un gran esfuerzo económico. Pero afortunadamente, los datos muestran que la realidad ha cambiado

La excusa para no actuar siempre era económica. Hasta ahora se decía que luchar contra el cambio climático supone un gran esfuerzo económico. Pero afortunadamente, los datos muestran que la realidad ha cambiado para bien: luchar contra el cambio climático no solo es una cuestión de supervivencia y justicia, es que además es lo más sensato desde el punto de vista económico.

Hasta ahora, la mayoría de estudios comparaban los costes energéticos en igualdad de condiciones: nueva instalación de renovables frente a nueva instalación de carbón, y en esa comparación ya hace años que el balance de costes y beneficios favorece a las renovables. La dificultad estaba en que instalar nuevas renovables para reemplazar el carbón existente  aún se consideraba más caro que dejar que las centrales funcionen hasta el final de su vida útil, ya que la mayoría de las inversiones de capital no se habían amortizado.

Reemplazar el carbón existente con nueva generación solar y eólica es ya más barato, para unas tres cuartas partes de la potencia instalada de carbón en EEUU, que dejar esas centrales de carbón funcionando hasta el final de su vida útil

Pero el avance de las renovables permite ahora vencer incluso al carbón ya instalado. El último estudio que avala esta tesis se ha publicado en Estados Unidos. En ese país, las energías renovables más desarrolladas (solar y eólica) ya están preparadas para cruzar el “Rubicón económico”, pues según dicho estudio reemplazar el carbón existente con nueva generación solar y eólica es ya más barato, para unas tres cuartas partes de la potencia instalada de carbón en EEUU, que dejar esas centrales de carbón funcionando hasta el final de su vida útil. Esta conclusión viene de una comparación de lo que cuesta producir una unidad de electricidad con cada tecnología a lo largo de su vida útil, en términos de economía convencional, es decir, sin ni siquiera contar los enormes costes ambientales del carbón.

El efecto potencial de abandonar el carbón en EEUU no es trivial. Recordemos que el sector estadounidense del carbón, a pesar de que se ha ido reduciendo significativamente en los últimos años, aún emite (datos de 2016) tanto CO2 como el total de España, Turquía, Polonia, Reino Unido  y República Checa juntas.

Si cada país decidiese ahora que su política energética y climática se rija por criterios puramente económicos: se tendría que cerrar todo el carbón y sustituirlo por renovables ya

Obviamente, la situación política en EEUU no hace esperar que esta nueva lógica  económica se imponga a corto plazo, pero imaginemos lo que pasaría si cada país decidiese ahora que su política energética y climática se rija por criterios puramente económicos: se tendría que cerrar todo el carbón y sustituirlo por renovables ya. Y habría que preguntarse cuáles serían los datos aplicados al resto de combustibles fósiles, porque seguramente muy pronto estemos en esa misma situación.

Pero aunque los datos hablan por sí solos, los gobiernos siguen ignorándolos. El Gobierno español tiene que aumentar mucho la ambición: para 2030 deberíamos tener un sistema eléctrico prácticamente 100% renovable y en 2025 las centrales de carbón y nucleares deberían estar todas cerradas.

Ante la emergencia climática actual, los partidos políticos tienen que poner la salud de las personas y el planeta por encima de los intereses económicos de las compañías eléctricas y las grandes empresas. Es lo que están pidiendo los millones de jóvenes que el pasado 15 de marzo salieron a las calles de todo el mundo reclamando acción climática urgente.

Este periodo electoral es un momento clave para que los candidatos expliquen sus propuestas concretas y ambiciosas en la lucha contra el cambio climático. ¿A qué esperan? ¿Estarán a la altura del reto que enfrentamos?

José Luis García – Responsable del Programa de Cambio Climático de Greenpeace España

Una precampaña que nos está dejando sin energía

La precampaña electoral arrancó el 15 de febrero y por desgracia si hay algo que ha quedado claro en estas seis semanas es que la energía no está en la agenda. No será por el abanico de informes que nos advierten del problema del cambio climático ni por la contundencia de estos, pero en nuestro país pasan inadvertidos y vivimos enterrados en un denso fango que mezcla lazos amarillos con multitud de debates estériles o superados.

Jorge Valdano siempre ha dicho del fútbol que de las cosas menos importantes es la más importante. Pues bien, estos años ayudando a comunicar a empresas del sector me han dejado el siguiente poso: la energía es lo más importante de las cosas IMPORTANTES.

Y es que en el ahorro de energía y en las renovables está en gran medida la solución al cambio climático, la gran amenaza de nuestro tiempo y el mayor problema global de la humanidad por sus múltiples derivadas. Incluso dejando fuera de la ecuación semejante desafío la energía tiene una importancia tremenda como vector económico. Por ejemplo, más del 70% de la energía que consumimos en España la importamos de otros países (el 82% si consideramos la nuclear), lo que nos convierte en una de las naciones más dependientes de Europa, con los lastres de toda índole que conlleva. Las renovables son, además, un nicho generador de empleo digno y el camino para abaratar el acceso a la energía y la factura de la luz.

 

Nuestros líderes políticos y sus sociólogos de cabecera parece que no quieren prestar atención igual que no quieren afrontar otros debates realmente importantes como el de la deuda pública, las pensiones, la justicia o la sanidad.

Otra muestra son las listas electorales en las que aparecen profesionales de la tertulia, de la tauromaquia, del cine, militares retirados… Cuesta más, en cambio, encontrar en buenos puestos de salida a climatólogos, científicos, investigadores o activistas del cambio de modelo energético. Al menos alivia ver a la tenaz Teresa Ribera, ministra para la Transición Ecológica, en el número 4 por la circunscripción de Madrid.

Vivimos inmersos en el ruido permanente con la app WhatsApp al mando de las operaciones que hace el mismo efecto que un altavoz grande al máximo de volumen cuando pegas la oreja. Por suerte siempre hay tiempo de tomar distancia e intentar hablar de los problemas de verdad en un tono sosegado. La energía es uno de ellos ¿empezamos?

Por Iván de Otto – consultor en SdeO Comunicación y socio de FR

Blockchain y Energía

El sector energético está pasando por algunos cambios estructurales como parte de la transformación en comparación con el modelo preexistente. Esto es lo que se conoce como la “Transición Energética” y es un proceso que tiene lugar a medida que se escriben estas líneas, y además a una escala global.

Los elementos de la transición energética son numerosos y las fuerzas que actúan a favor (o en su contra) son complejas y se ejercen en múltiples niveles (económico, financiero, social, político, etc.).

Sin embargo, dos de las tendencias más importantes que son el denominador común en todos los casos, son:

i) La penetración de los recursos energéticos distribuidos (DER). Por ejemplo, las instalaciones solares en los tejados. Cuanto más DER hay en el sistema energético, más complejo se vuelve el funcionamiento de la red.

ii) La ola de la digitalización, que está a punto de golpear al sector energético. Esto significa un funcionamiento más eficiente, automatizado e inteligente de la red, así como un brote de servicios digitales dirigidos a todos los actores del mercado energético (desde consumidores hasta operadores de red).

Ambas tendencias pueden colocar a los consumidores en el centro de la transición energética. Por un lado, los consumidores están llevando la producción a sus propios techos; por otro lado, la digitalización del sector energético promete a los consumidores una relación más atractiva con su energía, a través de un valor agregado y servicios digitales innovadores, una mayor transparencia y un panorama más competitivo/menos oligopolístico, todo para su propio beneficio.

Construyendo un mercado centrado en el consumidor desde la confianza

La importancia de un mercado energético que incluya al consumidor en el centro ya está siendo reconocido por los organismos de la Unión Europea, junto con el resto de los ambiciosos objetivos relacionados con el clima y la energía. De hecho, los consumidores se representan como el elemento más crítico para un proceso exitoso de transición energética y estamos totalmente de acuerdo con eso.

Sin embargo, vemos señales claras de que estamos lejos de lograrlo. Los consumidores siguen estando muy desconectados del sector energético y la falta de confianza hacia las partes interesadas de la energía sigue siendo alta.

Y hablando de confianza, llegamos al tema principal de este artículo: la tecnología blockchain y los verdaderos beneficios que puede ofrecer al sector energético.  ¿Qué es la tecnología blockchain? ¿Qué puede (y no puede) hacer para el sector energético? y ¿para qué usos específicos se puede implementar?

Tecnología blockchain

Hemos experimentado de primera mano lo difícil que puede ser explicar qué es blockchain y especialmente explicarlo en relación con el sector energético. Es una tecnología que combina el cifrado con hashes y el diseño de red P2P, lo que lo hace complejo desde un punto de vista técnico y, por lo tanto, difícil de comprender.

Sin embargo, las funciones esenciales de blockchain son en realidad muy fáciles de entender.

Blockchain es esencialmente una base de datos descentralizada y compartida que registra las transacciones entre sus usuarios. Lo que lo hace diferente de una base de datos tradicional es que todas las transacciones son validadas por todos los usuarios y se revelan simultáneamente a todos ellos (todos llevan una copia de la base de datos y su historial).

Blockchain es esencialmente una base de datos descentralizada y compartida que registra las transacciones entre sus usuarios

Una idea falsa y que escuchamos a menudo es que cualquier aplicación/caso de uso se puede mejorar si se ejecuta en blockchain. Esto no es cierto: en la práctica, blockchain puede ofrecer una ventaja incomparable en la creación de confianza entre una red de personas/organizaciones que normalmente no confiarían entre sí y no cooperarían. Este es su poder real y los casos en que realmente tiene sentido implementarlo.

Lo que significa es que solo puede desempeñar un papel en entornos digitales, donde puede ofrecer ventajas incomparables en términos de transparencia, simetría de la información y capacidad de rastreo de todas las transacciones entre redes de múltiples agentes. Es decir, si ese no es el caso, normalmente no tiene sentido implementarlo.

Al mismo tiempo, la tecnología tiene sus propios desafíos y limitaciones, por lo que los posibles casos de uso se demuestran y se prueban todos los días.

Casos de uso de blockchain en el sector energético

Los casos de uso más populares que se han identificado y se están explorando actualmente se pueden separar en las siguientes categorías:

 

¡La importancia está en los datos!

Detrás de todos los casos de uso (que vemos implementables dentro de un mínimo de 2-3 años a partir de ahora) hay un elemento fundamental que, en mi opinión, es el elemento más crítico que definirá estos futuros servicios y aplicaciones de la tecnología blockchain: los datos energéticos abiertos.

En este momento, varios organismos consultores y reguladores, tanto a nivel nacional como de la UE, abogan por la creación de bases de datos abiertas para datos energéticos. La creación de una plataforma neutral, de un “data hub”, es esencial para que el usuario pueda acceder a los datos y los perfiles de su propio consumo o generación de energía y pueda asignar dichos datos a otros comercializadores, a empresas de servicios energéticos o al agregador.

El acceso fácil y detallado de los usuarios a sus datos también les permite comprender mejor sus perfiles de consumo e identificar medidas para ahorrar en la factura. El propietario de los datos debe ser el usuario. Y esta propiedad y la posible asignación a terceros es lo que debe introducir la competencia. Dicha plataforma debe permitir, a su vez, preservar la privacidad del usuario, que las diferentes administraciones puedan detectar las áreas más ineficientes multiplicando en estas sus estrategias de ahorro, eficiencia y autoconsumo.

Al observar el estado actual de la infraestructura de datos de energía en los mercados de energía de la UE, vemos que los datos energéticos son propiedad y están administrados por entidades centrales (en la mayoría de los casos dentro de la UE, como los Operadores de Redes de Distribución – DSO). Si esta situación persiste, existe el riesgo previsible de:

  • poner barreras a la transparencia (la tan necesaria) entre los diferentes actores energéticos;
  • bloquear la creación de nuevos modelos de negocio y servicios energéticos innovadores;
  • socavar un entorno competitivo saludable en el mercado energético y plantear más riesgos para una mayor desconexión de los consumidores.

Está validado que ya hay fricciones con respecto a la accesibilidad/disponibilidad de datos entre las partes interesadas de la cadena de suministro de electricidad.

Neutralidad de los datos: los pasos a seguir

El acceso abierto a los datos se ha caracterizado como el oro del siglo XXI. Las bases de datos de energía abiertas y neutrales son la clave para un mercado energético más transparente y competitivo que beneficie el funcionamiento de nuestros sistemas energéticos y al consumidor final.

La transición energética habla de transparencia, sostenibilidad, democratización, trazabilidad y confianza. Ha llegado el momento de dar un paso más en esa transición energética al vincular la innovación tecnológica con el sector energético y aprovechar las oportunidades que la tecnología nos ofrece para un mayor desarrollo e impacto de acuerdo con nuestras realidades, los patrones actuales de consumo y los aspectos sociales.

Por eso creo que debemos hablar el mismo idioma. Un idioma neutral, entre consumidores, prosumidores y comunidades, por un lado, y empresas y organizaciones, por otro, que buscan responder a sus necesidades con productos y servicios digitales.

Gerard Bel Piñero – CEO – Pylon Network

La fuerza de “Youth For Climate”

Una vez más y por décima semana consecutiva, el pasado viernes la juventud belga estuvo a la vanguardia con 35.000 manifestantes en Bruselas y decenas de miles en otras ciudades. Tomaron hace semanas el testigo de su heroína, la joven activista sueca de 16 años Greta Thumberg, y son la punta de lanza de este amplio movimiento “Youth For Climate” que está poniendo en pie a la juventud mundial y puede convertirse en una fuerza decisiva. Con un lema claro y sencillo: Si el sistema no puede cambiar el clima, cambiemos el sistema.

Todo empezó con su contundente intervención en la última Cumbre del Clima (COP 24) en Katowice donde afirmó que los actuales políticos de todo el mundo serán considerados como “los mayores villanos de todos los tiempos” y su legado será “el mayor fracaso de la historia de la humanidad” si no hacen todo lo necesario en los próximos años para conseguir frenar el cambio climático.

Autor: gianlucacostantini.com

Hace ya 26 años que la cumbre de la Tierra de 1992 en Río de Janeiro hizo visible el principal problema ambiental global al que se enfrenta la humanidad: “el cambio climático”, causado por el despilfarro masivo de combustibles fósiles, especialmente en el último siglo, por parte del 25% más rico de la población mundial que ha consumido el 80% de los recursos mientras el 75% restante consumía el 20% y 1.500 millones de seres humanos seguían sin tener acceso a la energía. Y desde entonces hemos avanzado muy poco.

Se hizo evidente que no es posible extender el modelo occidental al conjunto de la humanidad, sino más bien al contrario. Los países ricos debemos reducir urgentemente de forma masiva los consumos e impedir que los países en desarrollo copien nuestro modelo como en el caso de China, ya segunda economía mundial que en 40 años ha sacado de la pobreza a 800 millones de personas y que cuenta con el 50% las energías renovables y vehículos eléctricos del mundo, aunque también ha alcanzado niveles de emisiones per cápita similares a los de España, que superan claramente la huella ecológica.

Por otra parte, el petróleo ya ha alcanzado su pico y su producción irá decreciendo mientras los precios irán subiendo. Además, estamos viendo como en el siglo XXI se están multiplicando las guerras coloniales por el control de los recursos, destruyendo países y masacrando pueblos como en Irak, Siria o Libia o como las amenazas contra Venezuela e Irán son continuas y resurge la posibilidad de una devastadora III Guerra Mundial, que también pondría en peligro la supervivencia de la humanidad.

¿Qué hacer?

 Hay que atender las recomendaciones del último informe del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre Cambio Climático (IPCC) que pide un cambio “urgente y sin precedentes” para frenar el aumento de la temperatura media del planeta en 1,5 grados centígrados respecto a niveles preindustriales.

Esto pasa por reducir al máximo nuestros consumos energéticos y usar las energías renovables que existen en cantidades suficientes para cubrir muchas veces los consumos actuales del planeta. Sin embargo, se multiplican las voces que afirman que la revolución energética es incompatible con nuestra forma de vida y con el capitalismo.

Hay que atender las recomendaciones del último informe del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre Cambio Climático (IPCC) que pide un cambio “urgente y sin precedentes” para frenar el aumento de la temperatura media del planeta en 1,5 grados centígrados respecto a niveles preindustriales.

El actual nivel de consumo no se podrá mantener y será inevitable decrecer en los países ricos. La alternativa socialista ya no puede aspirar a superar la producción capitalista como hace un siglo, mucho menos para 9.000 millones de seres humanos, y pasa por un reparto equitativo y justo de los recursos limitados que tenemos. El reto es muy complicado y desconocido, pero urgente.

¿Cuánta energía consume cada ciudadano en España?

De acuerdo con los datos del Ministerio de Industria, Comercio y Turismo para 2016, el consumo primario (bruto) por habitante era de 30.937 kWh y de 20.418 de consumo final (consumido), cantidad superior al consumo medio de dos viviendas y más del 80% de esa energía es importada.

El transporte absorbe la parte principal con un 43%, la industria el 23%, la vivienda el 18%, el sector servicios el 13% y la agricultura un 3%. El consumo de electricidad es de 5.800 kWh,  según datos de REE en 2017, un 28,4% del consumo final.

La forma más eficaz de integrar las renovables pasa por electrificar nuestros consumos en  las viviendas y los servicios, pero también en la industria y, sobre todo, en el transporte que consume el 43%

En 2017 solamente el 34% de la electricidad fue renovable y un 40% en 2018. Datos del IDAE nos indican que en la vivienda un 40% del consumo es eléctrico y otro 18% renovable principalmente con solar térmica y biomasa, es decir que la penetración media de energías renovables en viviendas supera el 30% en España. Es un dato positivo pero el esfuerzo para alcanzar el 100% es colosal.

Fuente: IDAE

La forma más eficaz de integrar las renovables pasa por electrificar nuestros consumos en  las viviendas y los servicios, pero también en la industria y, sobre todo, en el transporte que consume el 43%. Son retos enormes que no se pueden posponer más.

El sistema eléctrico español

Tenemos un sistema eléctrico centralizado privado y poco transparente, controlado por las grandes empresas del oligopolio que garantiza un servicio eficaz que ha sabido integrar un 40% de generación renovable, pero con un coste creciente.

La transición energética debe construir un mix eléctrico 100% renovable antes de 2050 en el que el consumo total sea muy mayoritariamente eléctrico. Será un sistema distribuido muy descentralizado y democrático que deberá garantizar un servicio de calidad con costes reducidos.

Hay que multiplicar los esfuerzos en la formación profesional también para reconvertir empresas y trabajadores afectados por la transición energética.

Los objetivos “insuficientes” de renovables a 2030 para España prevén inversiones de 70.000 millones de euros en fotovoltaica: el desarrollo de las renovables debe ser un importante motor económico y una gran fuente de creación de empleo en España, junto a la rehabilitación de edificios.

En Alicante, desde donde escribo, nuestra mayor riqueza es el sol que atrae a millones de turistas al año y la energía fotovoltaica debe jugar un papel fundamental para superar el 30% de la producción eléctrica en 2030 y abaratar el recibo eléctrico. Esto permitirá crear miles de puestos de trabajo. Hay que multiplicar los esfuerzos en la formación profesional también para reconvertir empresas y trabajadores afectados por la transición energética.

¿Qué hacer desde los ayuntamientos?

 Asumir los objetivos de la Fundación Renovables para 2050 (base 1990) recogidos en el documento Ciudades con futuro. Necesidad y oportunidad de un sistema energético sostenible:

  • Compromiso de Emisiones Cero (CO2) para el 2050.
  • Reducir un 50% la demanda de energía.
  • Mejorar la eficiencia energética en un 60%.
  • Cubrir el 100% con energías renovables: la mitad con producción local.

Las tareas más urgentes son reducir el consumo, la rehabilitación de edificios, el ahorro de energía y la creación de empleo.

La inversión para rehabilitar edificios poco eficientes se amortiza en 5 o 6 años y crea mucho empleo local. En su último informe de abril de 2018 la Asociación de Ciencias Ambientales (ACA)  dice que cada millón de euros  para rehabilitación permite crear 17 puestos de trabajo de un año de duración y combatir la pobreza energética.

  • Mejorar el aislamiento de envolvente y ventanas, reduce hasta un 30% el gasto en climatización.
  • Las instalaciones de autoconsumo aportan del 30% al 50% de la energía eléctrica.
  • La energía solar térmica aporta del 40% al 70% de la energía anual para el agua caliente.

El transporte ocasiona nuestro mayor gasto de energía y debemos dotarnos de un transporte público electrificado a gran escala (autobús, tranvía en superficie y trenes de cercanía) y  fomentar los desplazamientos a pie, en bicicleta y el uso del vehículo eléctrico compartido.

Lo tenemos todo a favor, solamente falta voluntad política y las jóvenes generaciones están tomando conciencia y se movilizan. 10 viernes seguidos de huelga en Bélgica son el mejor ejemplo. Su lema: “Faltamos a clase porque estamos haciendo nuestros deberes”.

Es la mejor noticia de este 2019, el futuro de las generaciones venideras dependerá de su fuerza.

Miguel Ángel Padilla Sáez – Profesor de energía solar en el IES Gran Vía de Alicante y socio protector de la Fundación Renovables

Fridays for Future, cargados de razón

La juventud siempre mira para adelante y por eso siempre ha sido visionaria. Les preocupa su futuro y, sin embargo, no tienen acceso a las instituciones y en muchos casos ni siquiera la edad para votar. De ahí viene su fuerza, de su frustración de no poder actuar, cuando los jóvenes de ahora, nacidos en plena era digital, son las generaciones más informadas de la historia. Pero han encontrado los medios para hacer valer sus preocupaciones: las redes sociales para multiplicarse y contagiarse, y la huelga estudiantil, en este caso con el apellido de climática.

La rebeldía de Greta Thumberg, la niña sueca de 15 años que conocemos a raíz de su intervención a finales de enero en el Foro de Davos, ha alumbrado un movimiento global, organizado, histórico y esperanzador y le ha valido ser nominada al Nobel de la Paz, tal y como se ha conocido hoy mismo.  La iniciativa de Greta de no presentarse a clase los viernes para denunciar ante el Parlamento de Estocolmo que el mundo financiero, empresarial y político no está asumiendo la responsabilidad que le corresponde en la lucha contra el cambio climático ha sido secundada con el apoyo de muchos jóvenes a lo largo del planeta que se han movilizado para hacer lo propio en sus ciudades.

Hay especialmente una frase de Thumberg, que pronunció a finales de febrero ante el Consejo Económico y Social Europeo, que resume el espíritu de este movimiento: “Nos dicen que somos jóvenes, pero no hay tiempo para esperar a que crezcamos y nos hagamos cargo“. Tanta pasión nunca estuvo respaldada por tanta razón. De ahí que, desde todas las esferas de la política, de la empresa y de la sociedad civil, sean pocos los que no animen a los estudiantes a secundar la huelga que el movimiento -conocido como #FridaysforFuture, el hashtag que usan en Twitter- ha convocado para hoy.

El espíritu de este movimiento: “Nos dicen que somos jóvenes, pero no hay tiempo para esperar a que crezcamos y nos hagamos cargo

Argumentos no les faltan. Esta misma semana hemos conocido en España el primero de tres informes sobre “Descarbonización en España”, elaborado por el Observatorio de la Sostenibilidad, que afirma que la temperatura media de nuestro país ha subido 1,57 grados centígrados desde 1965. El gran acelerón ha sido entre 1988 y 2018 cuando aumentó 0,87 grados. Las previsiones que recoge el documento para el año 2050 apuntan a que podríamos alcanzar 2,61 grados centígrados de subida media de las temperaturas si no somos más ambiciosos tanto en la reducción de emisiones como en la aplicación de medidas de mitigación.

Fuente: Observatorio de la Energía

Todo ello, unido al cambio en los patrones de las lluvias hará que se resienta nuestra economía, y nuestra salud. La reducción de emisiones y partículas contaminantes -que conduce a un único camino que es el de la descarbonización en todos los sectores- no sólo encuentra justificación, por otra parte más que suficiente, en la lucha contra el cambio climático: nuestra salud, en sí misma, está en juego. Lo estamos viendo continuamente en los medios de comunicación.

En el caso de España, la principal fuente de contaminación atmosférica se encuentra en la quema de combustibles fósiles por los sectores energético, del transporte y de la industria“, afirmaba la semana pasada el Instituto Internacional de Derecho y Medio Ambiente (IIDMA) con motivo de la presentación de su informe “Un oscuro panorama: las secuelas del carbón” que vincula las emisiones de las centrales térmicas de carbón con 1,529 muertes prematuras.

Esta misma semana el European Heart Journal ha publicado los resultados de un estudio realizado por investigadores del Instituto Max-Plank de Química y la Universidad Médica de Mainz que afirma que la tasa de mortalidad mundial debida a la contaminación del aire es de alrededor de 8,8 millones por año, cuando hasta ahora se asumía que ascendía a la mitad, 4,5 millones de personas al año.

La investigación afirma que la mala calidad del aire se encuentra entre los riesgos de salud más graves (hipertensión, diabetes, obesidad o tabaquismo). Especialmente asocia las partículas finas con un alto riesgo de mortalidad y advierte de que puede conducir a enfermedades respiratorias y cardiovasculares.

Greta suele aludir en sus intervenciones el “Informe Especial sobre un 1,5ºC de calentamiento global” que dio a conocer el  Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) el pasado mes de octubre, un documento tajante y taxativo: con los objetivos climáticos actuales a partir de 2030 ya será imposible lograr contener durante este siglo la subida de la temperatura media del planeta a 1.5°C respecto a los niveles preindustriales, como aconseja. Es decir, quedarían doce años. Parece que la urgencia es necesaria y no retórica fácil del discurso ecologista.   

Con los objetivos climáticos actuales a partir de 2030 ya será imposible lograr contener durante este siglo la subida de la temperatura media del planeta a 1.5°C respecto a los niveles preindustriales, según el IPCC

El informe destaca que si en vez de limitar el calentamiento global a 2ºC nos comprometemos a limitarlo a 1.5°C (el compromiso del Acuerdo de París es mantener el aumento por debajo de los 2˚C y proseguir con los esfuerzos para limitar el aumento a 1,5˚C) conseguiríamos: que para 2100 el aumento del nivel del mar global fuera 10 cm más bajo; que la probabilidad de ver el Océano Ártico libre de hielo marino en verano se diera una vez por siglo y no una vez por década, como poco, o que los arrecifes de coral disminuyesen en un 70-90 por ciento y no que desaparezcan prácticamente todos (> 99 por ciento).

Además, como recuerda Greenpeace en su documento “El momento de la verdad. Las principales conclusiones del informe especial del IPCC sobre 1,5°C de calentamiento“, si aspiramos a un escenario de 1,5°C en lugar de a uno con un incremento de la temperatura media del planeta de 2ºC conseguiríamos:

-Salvar a 420 millones de personas de la exposición a olas de calor extremas frecuentes

-Reducir en un 50% el porcentaje de población mundial expuesta a un aumento de escasez de agua por el clima

-Evitar exponer a 10 millones de personas a riesgos relacionados con la subida del nivel del mar

-Disminuir en un 50% el número de especies de plantas y vertebrados proyectadas a perder más de la mitad de su diversidad.

También lograríamos reducir cuatro veces el número de personas expuestas a riesgos climáticos multisectoriales y vulnerables a la pobreza. Los jóvenes lo saben. Y nosotros. Y cómo combatirlo también. Ahí lo dejo.

Elena Alonso Asensio – Responsable de Comunicación de Fundación Renovables

Las Islas Baleares ya pueden iniciar su transición energética

Las Islas Baleares ya disponen de un marco legal para poder iniciar su proceso de transición hacia un sistema energético descarbonizado, eficiente y 100% renovable. En efecto, el pasado 12 de febrero el Parlament balear aprobó la Ley de Cambio Climático y Transición Energética de esta comunidad autónoma.

Desde la Alianza Mar Blava queremos felicitar la aprobación de esta ley tan necesaria, la cual, aunque sea mejorable, es sin duda un buen punto de arranque para transformar el lamentable sistema energético balear actual (tremendamente dependiente de los combustibles fósiles en todos los sectores) en otro mucho más sano, limpio, seguro y sostenible, basado en la eficiencia y las energías renovables.

Los objetivos generales de esta nueva Ley de Cambio Climático y Transición Energética de las Islas Baleares (LCCyTE) son la mitigación de las causas del cambio climático y la adaptación de la economía, la sociedad y los ecosistemas a los impactos que éste provocará, además de impulsar la democratización de la energía y, por supuesto, dar cumplimiento al Acuerdo de París.

El conjunto de medidas previstas en la citada ley, permitirán, según lo que en ella se establece, una reducción de las emisiones de CO2 del 40% en 2030 y de un 90% para el 2050, siempre tomando como año base el 1990.

Para lograrlo, esta Ley plantea la estabilización y el decrecimiento de la demanda energética, por un lado, y lograr la reducción de la dependencia energética exterior y el avance hacia un escenario con la máxima autosuficiencia energética (entendida ésta como la capacidad de generar en el territorio balear la mayor parte de la energía que en éste se consume).

Ello implica el abandono progresivo de los combustibles fósiles, el incremento de la eficiencia energética (reducción del consumo primario en un 26% para 2030 y un 40% para 2050 con respecto a los niveles de 2005) y aumentar la capacidad para generar, mediante energías renovables, en el territorio de las Islas Baleares al menos el 70% de la energía final que se consuma en el 2050.

En este contexto de llegar a tener un 70% de autosuficiencia energética, la ley se plantea que en 2050 el 100% de la electricidad que se produzca en Baleares sea mediante energías renovables (y un 35% en 2030).

En torno a este planteamiento surgen algunas preguntas como ¿por qué el nivel de autosuficiencia energética de Baleares debe ser un 70% y no un 90% o incluso un 100%? De hecho la isla de Menorca se ha planteado un objetivo propio de tener una autosuficiencia de un 85%, basándose en la eficiencia energética y en una generación de energía 100% renovable ¿Va ser siempre necesaria, en el escenario a 2050 (con un sistema de generación teóricamente muy descentralizado y basado en energías renovables), la interconexión eléctrica con la península para garantizar el suministro en las Baleares? En caso de que sí fuera necesario: ¿tiene que aumentarse próximamente el grado de interconexión con respecto al ahora existente?

En las Islas Baleares la generación de electricidad está, a día de hoy, predominantemente basada en centrales térmicas de combustibles fósiles (carbón, fueloil, gasóleo y gas). A finales de 2018, en toda la comunidad autónoma sólo había 4,5 MW instalados de energía eólica y 80 MW de solar fotovoltaica, según datos de Red Eléctrica de España.

En Mallorca la principal instalación termoeléctrica es la central de carbón de Es Murterar, en la bahía Alcudia (Mallorca), con 585 MW (4 grupos de vapor que consumen hulla, que suman 510 MW, y 2 unidades de reserva basadas en turbinas de gas, con un total de 75 MW, que queman gasoil como combustible). La LCCyTE plantea el cierre de los grupos 1 y 2 de carbón de Es Murterar en 2020 y de los grupos 3 y 4 en 2025. Para las centrales de ciclo combinado con gas natural de Cas Tresorer y Son Reus, la ley prevé incrementar su uso de forma transitoria mientras se incorporan las energías renovables.

En Menorca, se prevé la conversión de la central térmica de Maó, que actualmente quema fuel y gasoil, a gas natural, transformación que es urgente. Igualmente, en Ibiza se pretende la eliminación del uso de fuel y gasóleo en su central térmica para que ésta funcione solo con gas natural. En Formentera también se genera electricidad con una turbina de gas a base de gasóleo, central cuyo cierre también está previsto en la LCCyTE.

En cuanto al transporte terrestre, su Disposición adicional tercera establece, en relación con los vehículos de combustión interna, que:

  1. a) A partir del 1 de enero de 2025 quedará prohibida la circulación en las Illes Balears de motocicletas y turismos que utilicen diésel como combustible, salvo aquellos vehículos respecto a los que se establezcan reglamentariamente excepciones por razones de servicio público o de su radicación previa en el territorio de la comunidad autónoma.
  2. b) A partir del 1 de enero de 2035, quedará prohibida la circulación en las Illes Balears de motocicletas, turismos, furgones y furgonetas que no sean libres de emisiones, salvo aquellos vehículos respecto a los que se establezcan reglamentariamente excepciones por razones de servicio público o de su radicación previa en las Illes Balears.

Esta ha sido una de las medidas de la LCCyTE que más críticas han suscitado en determinados sectores.

Otro aspecto interesante de la LCCyTE es que incorpora en su articulado la perspectiva climática de forma transversal en la actividad legislativa y de planificación. Es decir, establece que toda nueva ley o política pública (leyes, reglamentos, presupuestos generales, instrumentos de planificación territorial, etc.) deberá evaluar si su aplicación supone aumentar o reducir las emisiones de gases de efecto invernadero y si es apropiada ante nuevas vulnerabilidades derivadas del cambio climático.

Consenso político

A lo largo de su recorrido como Anteproyecto de Ley y posteriormente en la tramitación parlamentaria del posterior Proyecto de Ley aprobado por el Govern balear, la Alianza Mar Blava siempre defendió que, dada la urgencia de actuar frente al problema del cambio climático, la LCCyTE debía contar con el máximo apoyo político posible y que además fuese avalada por la inmensa mayoría de la sociedad civil, el sector privado y las Administraciones públicas de las islas Baleares.

Es decir, que la LCCyTE fuera considerada como una ley de las Islas Baleares y no la ley de un determinado Govern, con el fin de que, una vez aprobada, pudiera ser desarrollada y aplicada de forma efectiva, sin contratiempos ni retrocesos, no sólo en la próxima legislatura (tras las elecciones del 26 de mayo de 2019) sino en un marco temporal mínimo de más de una década (hasta 2030) y más allá.

En ese sentido, la primera buena noticia se produjo el 29 de octubre de 2018, cuando en una jornada de debate entre los grupos parlamentarios organizada por la Alianza Mar Blava y la European Climate Foundation en el Parlament balear todos los grupos parlamentarios manifestaron públicamente su acuerdo en que, pese a algunas discrepancias con el texto enviado por el Govern para su tramitación en la cámara, era necesario que las Islas Baleares contaran con una LCCyTE ambiciosa y ampliamente consensuada para que dicha ley pudiera tener una eficaz aplicación en el corto, medio y largo plazo. Eso se concretó en que ningún partido político balear presentó enmiendas a la totalidad al proyecto de LCCyTE.

La lucha contra el cambio climático necesita de un amplio y estable consenso político para avanzar con certidumbre y eficacia en la indispensable transición energética hacia la descarbonización profunda de la economía

El pasado 20 de febrero, una semana después de que la ley fuera aprobada en el Pleno del Parlament balear, en otra mesa redonda de partidos políticos, moderada por Alianza Mar Blava dentro de un evento organizado en Palma por el proyecto WinWind, todos los partidos políticos presentes (PP, PSOE, Podem, Mès por Mallorca, Més per Menorca y El Pi) manifestaron su apoyo a la LCCyTE y a la necesidad de avanzar en la transición energética hacia un escenario 100% renovable.

Así pues, según esas recientes declaraciones políticas, no parece que hubiera que albergar dudas sobre la continuidad de la LCCyTE incluso en el escenario de un cambio de gobierno tras las elecciones autonómicas. Ojalá sea así, porque la lucha contra el cambio climático necesita de un amplio y estable consenso político para avanzar con certidumbre y eficacia en la indispensable transición energética hacia la descarbonización profunda de la economía.

Y en Baleares ese amplio consenso político y social es especialmente necesario porque el punto de partida es muy malo.

En efecto, en Baleares hay una tarea inmensa por hacer pues se parte casi de cero. La dependencia de las energías fósiles en el ámbito energético (generación de electricidad y transporte, fundamentalmente) es enorme. En contraposición, la participación de las renovables es, actualmente, prácticamente marginal.

Por ejemplo, de los 2.285 MW del total de potencia eléctrica instalada a finales de 2018 en Baleares, sólo el 5,4% era renovable, según datos de Red Eléctrica de España (REE). Siempre según REE, en lo que respecta a la cobertura de la demanda de electricidad en 2018 (6.052 GWh), el porcentaje conseguido mediante fuentes renovables propias en el archipiélago fue un mísero 4,2% (desglosado en: 1,9% solar fotovoltaica; 0,1% eólica y 2,2% residuos renovables), el 20,4% lo aportó la conexión eléctrica con el sistema eléctrico peninsular y el 75,4% restante por fuentes no renovables (39,5% carbón; 2,2% residuos no renovables y un 33,7% gas y derivados del petróleo).

Otro problema de las islas Baleares es el transporte, en todas sus modalidades, terrestre, marítimo y aéreo, que actualmente dependen también mayoritariamente del uso de combustibles fósiles, algunos especialmente contaminantes como el fuelóleo pesado de los barcos o el queroseno de los aviones. En gran medida, la aviación y el tráfico marítimo dependen de regulaciones nacionales e internacionales; sin embargo, el transporte terrestre es competencia de los territorios insulares.

El hecho insular es una oportunidad para la transición energética hacia un modelo sostenible, tal y como reconoce la Comisión Europea en su iniciativa ”Energía limpia para las islas de la Unión Europea”

El problema de la movilidad terrestre en Baleares es doble. En primer lugar, se basa mayoritariamente en el uso del vehículo privado. Así, la ratio de coches privados por habitante es superior a la media estatal, entre otras cosas, porque no se ha hecho hasta ahora una apuesta decidida por el transporte público colectivo ni la intermodalidad.

Según datos del Instituto Balear de Estadística (IBESTAT), el total de vehículos de todo tipo en el archipiélago superaba ligeramente el millón de unidades (1.001.842) en 2017, un incremento de más del 65% desde 1997 (604.365), lo que implica un incremento medio del 3,4% anual. A este número hay que sumarle en la temporada alta turística, cuando la proliferación de coches de alquiler es máxima, la movilización de unos 100.000 vehículos más (cerca de 50.000 coches de rent a car domiciliados en las Islas y una cifra similar que no lo están).

En segundo lugar, la inmensa mayoría (un 99,09%) de ese millón de vehículos utiliza como combustible gasóleo (38,49%) o gasolina (60,60%), según datos de 2017 del IBESTAT. Es decir, vehículos con motor de combustión interna de combustibles fósiles derivados del petróleo. Sólo el 0,91% restante (9.148 vehículos) funcionaban con “Otros carburantes”, según la estadística del IBESTAT (que no desglosa más ese apartado), un pequeño porcentaje que agrupa a vehículos eléctricos, híbridos, y a todos los demás térmicos que funcionan con gas licuado de petróleo (GLP) y otros derivados que son también combustibles fósiles.

Pese a esta difícil situación de partida, el hecho insular es una oportunidad para la transición energética hacia un modelo sostenible, tal y como reconoce la Comisión Europea en su iniciativa ”Energía limpia para las islas de la Unión Europea” y se recoge también la Exposición de Motivos de la Ley de Cambio Climático y Transición Energética de las Islas Baleares, a la que deseamos una larga y eficaz vida.

Por Carlos Bravo – Coordinador del Secretariado Técnico de la Alianza Mar Blava

Impidiendo la electrificación, el sector del automóvil está agravando su propia crisis

“¡Uff, un coche eléctrico…!, sin duda es la movilidad del futuro, pero yo me esperaría unos años: eso es como los móviles, se compra Ud. uno ahora y dentro de dos años ya no le vale porque lo habrán cambiado todo… Mire, tenemos unos modelos diésel impresionantes y con grandes descuentos.” Eso decía un comercial, en el servicio técnico de un gran fabricante alemán, a unos clientes en la mesa de al lado de la mía hace un par de semanas…

No quieren vender coches eléctricos. Ni siquiera los tienen. Tienen demasiados stocks de diésel y gasolina. En los concesionarios, en las campas de las fábricas, en las cadenas de montaje y en el inmovilizado inmaterial: patentes. Pero ven que Tesla se los come en el segmento de lujo, ahora en  el segmento medio y ven la amenaza china e india en el segmento de utilitarios. Entonces prometen, prometen y prometen. Pero no cumplen. Retrasan el lanzamiento de nuevos modelos meses, años.

Tienen un grave problema y corren el riesgo de no gestionar adecuadamente la transición hacia la movilidad eléctrica. Y lo trasladan a los compradores: Es un milagro comprar un coche eléctrico en España. Pocos modelos y, cuando eliges, no hay oferta. Se retrasa la llegada de los modelos: “Tenemos ese mismo modelo pero híbrido enchufable, híbrido, a gasolina e incluso diésel, con fuertes descuentos”, te dicen. Hay que vaciar los stocks…

El mercado americano de vehículo eléctrico (VE) ha explotado por la irrupción de Tesla, sobre todo, con el Model 3. El mercado chino casi triplica el europeo. Europa va demasiado despacio. El que quiera más detalles de por qué el mercado europeo frena la penetración del VE, puede  consultar este trabajo de Transport&Environment.

No quieren vender coches eléctricos. Ni siquiera los tienen. Tienen demasiados stocks de diésel y gasolina. En los concesionarios, en las campas de las fábricas, en las cadenas de montaje y en el inmovilizado inmaterial: patentes

Yo quiero añadir esta reflexión: Muchos compradores están retrasando su decisión de compra: quieren VE, pero no hay oferta ni disponibilidad y no quieren diésel ni gasolina. Esperarán uno o dos años hasta que eso se arregle. Si no se lo ofrece un fabricante alemán, comprarán francés, japonés o norteamericano.  Simultáneamente, el abaratamiento de las baterías hará cada vez más atractivo el VE: menos caro y con más autonomía. Ocurrirá lo mismo con las infraestructuras de recarga. Este fenómeno realimenta el anterior.

Como ya pasaba con los ordenadores: “me espero al siguiente, que será más potente y más barato…”. Lo que implicará una fuerte caída en las ventas de coches en toda Europa, al menos para los próximos años. Con graves implicaciones industriales y económicas. Y eso no hará más que empezar, pues luego sobrarán mecánicos y faltarán electricistas. Agravada por el efecto de la movilidad compartida, de otras formas de movilidad y de la conducción autónoma. Toda una Disrupción y Revolución en el horizonte.

No digo que sea fácil. Pero lo están haciendo fatal. Protegiendo un mercado que creen cautivo, ordeñando las vacas de BCG (los modelos diésel y gasolina), están dando la espalda a las estrellas del futuro (la movilidad eléctrica). Acaba de pasarle lo mismo a Kodak, a Nokia, al correo postal y a todo aquel que se aferra al pasado.

Y si la crisis de la industria del automóvil va a ser tremenda, la de los hidrocarburos será un poco más tarde, pero explosiva.

Por Emilio de las Heras – Experto en Cambio Climático y Economía "

Las lecciones climáticas de nuestros jóvenes

Si los titulares de las noticias o las conversaciones en las redes sociales fueran un reflejo de la realidad, uno podría pensar que lo que más preocupa a nuestra sociedad estos días son las elecciones que vienen, o el juicio del procés, o si me apuras, la crisis de Venezuela.

Pero lo cierto es que hay otras noticias, que tienen más difícil acaparar titulares, que nos deberían preocupar mucho más. Por ejemplo, que estemos viviendo una primavera en pleno mes de febrero. Algo que si fuera un hecho aislado no tendría mayor importancia, y es incluso agradable, pero que sucede en el marco de una tendencia de ascenso global de las temperaturas sobre la que la ciencia nos está llamando insistentemente la atención. De hecho, los cuatro últimos años han sido los más calurosos desde que tenemos registros, corroborando los datos científicos que muestran el cambio climático ya está aquí.

Pero esto no ha hecho más que empezar, y el mismo cambio climático que provocamos puede a su vez provocar más cambio climático, entrando en una espiral imparable. Así lo ilustra una simulación hecha con superordenadores que indica que uno esos efectos de retroalimentación se puede producir cuando, a partir de cierto nivel de calentamiento, se dejen de formar nubes, lo que a su vez dejaría entrar más radiación solar y aceleraría el calentamiento. El punto de no retorno se podría alcanzar este mismo siglo.

Afortunadamente (?), se supone que nuestros políticos y gobiernos tienen toda la información que necesitan para evitar que el problema se nos vaya de las manos. El Gobierno español acaba de presentar un amplio paquete de medidas, que han llamado Marco Estratégico de Energía y Clima, que incluye tres elementos muy importantes: un plan (Plan Nacional Integrado de Energía y Clima) que marca los objetivos que tendrá que alcanzar nuestro país para reducir las emisiones causantes del cambio climático; una ley (proposición de Ley de Cambio Climático y Transición Energética) que establece el marco normativo para saber cómo aplicar el plan; y una Estrategia de Transición Justa, fundamental para asegurar la cohesión social y que ningún colectivo ni comarca quede relegado por la imprescindible transición, que permita construir alternativas sostenibles para quienes se vean afectados por el cierre del carbón, la energía nuclear o la electrificación de la industria automovilística.

Lamentablemente, la ley ha llegado tan tarde que se queda fuera de ninguna posibilidad de ser debatida en esta legislatura, por lo que habrá que esperar a que pasen las elecciones para que se retome, esperemos que como prioridad número uno.

El Plan, sin embargo, no se puede detener por el proceso electoral, ya que su presentación es una obligación europea. Ese plan recoge objetivos y medidas que pueden transformar profundamente nuestro sistema energético, que es lo que más contribuye al cambio climático. Que España se proponga alcanzar un sistema eléctrico 100% renovable es un triunfo de quienes en un principio demostramos que esto es posible y necesario, aunque necesitamos que se haga extensible a toda la energía, no solo la electricidad, como señalamos desde Greenpeace. Una vez se apruebe este paquete de medidas, España dejará de ser el único país de Europa occidental sin fechas de abandono del carbón.

La transformación de todo el sistema energético debe adelantarse acorde con alcanzar emisiones netas cero en 2040 y no se debe retrasar el cierre de las viejas centrales de carbón y nucleares más allá de 2025.

En cuanto a las emisiones, el Plan fija un 20% de reducción de emisiones de gases de efecto invernadero en 2030 respecto a 1990. Pero, ¿es esto suficiente? Desde el gobierno se dice que es lo máximo que podemos hacer, porque España ha estado durante décadas aumentando sus emisiones y ahora es muy difícil hacer que bajen más rápido. Pero tanto Greenpeace como la Fundación Renovables coinciden en señalar que se trata de un objetivo claramente insuficiente. El gran debate ambiental actualmente en la Unión Europea es cuánto elevar el objetivo de reducción de emisiones para 2030 para hacer posible cumplir con el Acuerdo de París. El objetivo actual de la Unión Europea es del 40%. La Comisión Europea se plantea pasar al 45%. El Parlamento Europeo pide elevar el objetivo al menos al 55%. De manera que no puede ser que España pretenda quedarse solo en un 20%, que no es ni la mitad de lo que pide el Parlamento Europeo.

No solo es solo cuestión de cifras y porcentajes, el hecho es que, para contribuir en la medida necesaria y proporcional a nuestra responsabilidad de evitar un cambio climático que supere el peligroso umbral de 1,5 ºC de calentamiento, la transformación de todo el sistema energético debe adelantarse acorde con alcanzar emisiones netas cero en 2040 y no se debe retrasar el cierre de las viejas centrales de carbón y nucleares más allá de 2025.

Los científicos advierten de la brecha que separa los compromisos actuales de todos los países y lo que se necesita hacer para evitar un cambio climático desastroso. Al ritmo actual de emisiones, se espera que el calentamiento global supere los 1,5°C entre 2030 y 2052. El Informe sobre la Brecha de Emisiones 2018 del PNUMA revela que las naciones deben aumentar sus ambiciones climáticas en 5 veces para alcanzar la meta de 1,5°C.

El Informe sobre la Brecha de Emisiones 2018 del PNUMA revela que las naciones deben aumentar sus ambiciones climáticas en 5 veces para alcanzar la meta de 1,5°C.

Pero quienes son más conscientes de esa brecha no son los políticos, son nuestros propios hijos e hijas. Hartos de la falta de respuesta por parte gobiernos, políticos y empresas, estudiantes de todo el mundo están saliendo a la calle en un movimiento espontáneo que está promoviendo marchas y huelgas escolares. Muchas de esas acciones suceden los viernes, y lo están haciendo con el paraguas común de #FridaysforFuture. Extendiéndose como una balsa de aceite, las movilizaciones ya están llegando a nuestro país.

Estas personas son las que han aprendido lo del cambio climático en su escuela o instituto, y no pueden entender, ni aceptar, que no se esté haciendo nada para evitarlo. El movimiento no para de crecer y su próxima movilización será el 15 de marzo, en que han convocado la primera huelga mundial de jóvenes por el clima. Saldrán a enarbolar la única bandera que es de todos y que necesita que la defendamos, la bandera del planeta. Aprendamos la lección nos están dando.

José Luis García – Responsable del Programa de Cambio Climático de Greenpeace España

¿Hay igualdad de género en el sector renovable?

La Agencia Internacional de la Energía (IRENA) acaba de publicar un informe sobre la perspectiva de género en el sector renovable (Renewable Energy: A gender Perspective). Los resultados analizados se basan en una encuesta que han respondido 1500 personas relacionadas con el sector, procedentes de 144 países distintos. Uno de los resultados que destaca el informe es que en el sector renovable existe desigualdad de género, pero esta es inferior a la de otros sectores. Mientras que el 32% de los empleos en renovables son cubiertos por mujeres, esta cifra apenas alcanza el 22% si incluimos todo el sector energético. Sin embargo, tal y como ocurre en otros ámbitos, en el sector renovable la participación de las mujeres en trabajos relacionados con la ciencia, la tecnología, la ingeniería o las matemáticas (STEM) es muy inferior a su presencia en trabajos administrativos. Así pues, la respuesta a la pregunta que da título a este artículo es que queda mucho por hacer para llegar a la igualdad real en el sector.

Resulta interesante analizar las respuestas desagregadas. Mientras que el 75% de las mujeres encuestadas perciben la existencia de barreras de género, solo el 40% de los hombres las ven. Ante la pregunta de si existe diferencia en la retribución salarial de hombres y mujeres en las mismas posiciones, el 29% de las mujeres cree que no existe mientras que esta cifra representa el 60% si los encuestados son hombres. Parece que es más fácil que la presencia de barreras pase desapercibida a quien no tiene que saltarlas. Estos resultados coinciden con lo que muchas experimentamos cuando estos temas se debaten en el ambiente laboral: casi irremediablemente suele participar en la conversación alguien que nunca había pensado sobre el asunto, no cree que exista una diferencia de género notable o simplemente no lo considerara un problema importante.

En España, 2018 ha sido un año clave para el feminismo también en el sector energético. En febrero, se celebró el I Encuentro de Mujeres sobre Género y Energía, con el que comenzamos a poner en práctica una de las herramientas de transformación que se mencionan en el informe de IRENA, la creación de redes de apoyo. En septiembre, se publicó el manifiesto En Energía, No sin mujeres cuyo objetivo es promover la presencia pública de mujeres en el sector energético. Los firmantes del mismo se comprometen a no participar en ningún evento, de más de dos ponentes, donde no se haya contado con, al menos, una mujer en calidad de experta.

El informe de IRENA incluye también un pequeño diccionario en el que se definen términos como techo de cristal, empoderar o sororidad. Es posible que alguien piense que estos términos ya deberían ser conocidos por todos, pero creo que una de las grandes tareas del movimiento feminista para los próximos años es permear en todos los sectores de la sociedad, mantener una lluvia fina que incluye debatir con perspectiva de género, repetir las estadísticas que muestran la desigualdad actual y continuar señalando las barreras que existen para que todos las veamos. El informe de IRENA contribuye a ello y resulta particularmente importante en un sector con un enorme potencial de creación de empleo en los próximos años.  Hagamos que las mujeres también pueden acceder a estos empleos.

Por Marta Victoria – Observatorio Crítico de la Energía marta victoria