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La energía como derecho La energía como derecho

Las claves de un tema que nos afecta a todos

Transición energética, ¡la decisión es política!

Domingo Jiménez Beltrán – Presidente de la Fundación Renovables

Decisión

Estamos ante una opción estratégica de enorme trascendencia para el futuro de nuestra economía, medio ambiente, progreso y el bienestar de la sociedad española en general. Tenemos que conformar nuestro futuro energético y hacerlo de forma urgente ante la ausencia de planificación y política energética en general, sobre todo de la última década o, lo que es peor ante la existencia de una “contrapolítica” nefasta, iniciada ya en la segunda legislatura de Zapatero y perfeccionada con perversa eficiencia (decía Bill McDonaugh que “hay algo peor que un nazi, y es un nazi eficiente”) en las legislaturas de Rajoy con los hermanos Nadal como preclaros agentes.

Una reciente artículo de Javier San Pedro en El País, glosando al nuevo Nobel de Economía, Richard Thaler (quien ha demostrado que somos irracionales como agentes económicos, en contra de lo establecido), concluía con algo que viene a cuento y es que “la política puede ayudarnos a planificar mejor”. Para el Nobel de Economía las decisiones complejas requieren ciertamente el concurso de políticos, expertos y ciudadanos en democracias maduras participativas, aunque reservando un papel primordial a la política como gestora de los riesgos a asumir en estos casos. Política que, como bien se viene mostrando en el caso español, debería hacerse en el Congreso en casos como el de la transición energética y en base a propuestas del Gobierno o, en su ausencia, a iniciativa del Congreso si, como es el caso actual, puede haber una mayoría suficiente en la oposición.

Me meto en estas honduras para exigir que la respuesta al desafío del cambio climático y a la conformación de la necesaria y oportuna transición energética que se pretende instrumentar en una cacareada Ley venga de la política y ya, urgentemente. Y es que, con la habilidad y eficiencia que caracterizan al ministro Álvaro Nadal, se ha puesto en marcha un proceso por el que se hurta a la política, al Congreso y a la ciudadanía la conformación urgente de la transición energética.

En primer lugar, el Gobierno no ha dado unas mínimas referencias en cuanto a su propósito, visión y objetivos en el tiempo de la política energética que pretendería instrumentar con la citada Ley. Lo que sí ha hecho en cambio el Ministro Nadal recientemente es criticar la política y estrategias de descarbonización de la Unión Europea (Hoja de Ruta para una Europa  baja en Carbono, Hoja de Ruta de la Energía para 2050, Paquetes 2020 y 2030 y Unión Energética) contraponiéndolas a las medidas ahora iniciadas por EEUU con Donald Trump para reforzar la carbonización de su economía lo que, según Nadal, colocaría a la UE en desventaja en los mercados. Tal afirmación, además de irresponsable es falsa como bien han demostrado las ventajas competitivas de la UE por haber firmado y cumplido con el protocolo de Kioto.

En segundo lugar, en este contexto de falta de referencias políticas, o más bien equívocas, el Gobierno se tira el pegote de abrir una extensa consulta pública pidiendo aportaciones de colectivos, agentes socioeconómicos, ONGs …que, por supuesto serán, además de bien intencionadas, bien informadas, pero siempre sin saber muy bien para qué. Muchos parecen contentarse con la falsa esperanza de que les servirá para presentar alegaciones cuando se presente el Proyecto de Ley, lo que ya es un indicador de lo baldío del ejercicio.

En tercer lugar, el Gobierno, también humildemente, se ha sometido a atender el dictamen y propuestas en materia de transición energética de un grupo de 14 expertos identificados a propuesta de partidos políticos y agentes socioeconómicos. Aunque siempre sin someter cuál es la política a futuro a la que deben dar respuestas técnicas.

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Una verdad muy incómoda

José Luis García – Área de energía y cambio climático de Greenpeace

cambio climático

En estos tiempos de turbulencia política, cuesta hablar de algo que no sea la disputa sobre la independencia de Cataluña. Pero la incómoda verdad es que donde nos jugamos el futuro es en la capacidad del único planeta en el que vivimos de seguir albergando nuestra vida, sean cuales sean las fronteras que hayamos dibujado en su superficie, y que en la atmósfera no existen.

Tomo prestado el título de la última película del exvicepresidente de EEUU Al Gore, a cuyo estreno en Madrid asistí la semana pasada. En este impactante documental (sobre todo para quienes no vieran el primero) Gore vuelve a poner ante los ojos del mundo lo que cada vez más personas de distintos lugares están sufriendo ya en sus propias carnes: el cambio climático arruina la vida a poblaciones enteras. Y eso que, cuando se grabó, aún el huracán Harvey no había inundado Houston, ni Irma había devastado Florida, ni María había arrasado Puerto Rico…

Con todo, el mensaje principal de la película no es el del daño desatado del cambio climático sino la buena noticia del avance imparable de la revolución renovable, de manera que se anuncia sin ambages que la solución es 100% renovable. Un mensaje imprescindible que la ha hecho merecedora del premio Lurra otorgado por Greenpeace en el festival de cine de San Sebastián.

Pues bien, si diagnosticado el problema, conocemos la solución, ¿qué más queremos? Bueno, hay un pequeño detalle a tener en cuenta: el tiempo. No solo el futuro ha de ser 100% renovable, cosa que, como ya hemos señalado en este blog, ya es comúnmente aceptado, sino que la transición tiene que hacerse antes de que agotemos la cantidad de carbono disponible que nos evite traspasar la frontera de 1,5ºC de aumento de temperatura.

Y eso nos lleva necesariamente a la acción política. Justamente ayer acabó el periodo de consultas abierto por el Gobierno para la propuesta de Ley de Cambio Climático y Transición Energética. Greenpeace ha propuesto que la ley que se apruebe marque claramente, con objetivos, plazos, presupuestos (no solo económicos, sino también de carbono) y herramientas, la hoja de ruta para alcanzar un sistema eficiente, inteligente y 100% renovable. Y que permita, facilite e incentive la participación de la ciudadanía en la producción, consumo y gestión de la demanda de energía renovable.

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Unidos por el futuro de las renovables

José Mª González Moya – Director general de APPA

energía renovable

El futuro de las renovables, tras las subastas celebradas en 2016 y 2017, es prometedor. Más de 8.700 megavatios que deberán instalarse en nuestro país antes de 2020 es una magnífica noticia. Se le pueden poner muchos “peros” a estas subastas, y desde el sector lo hemos hecho, pero tras los años de parálisis, bienvenidas son las subastas.

Cuando hemos incidido en esos “peros” a la subasta, ha estado siempre presente la falta de planificación. Falta de previsión que nos ha llevado a desarrollos en ocasiones precipitados, que después se han traducido en paralización y recortes con regulaciones retroactivas para, ahora, volver a acelerar la inevitable transición energética. Los 142.940 trabajadores que en nuestro país se dedicaban a las energías renovables en 2008 y las más de 300 empresas presentes en nuestra asociación habrían preferido que el desarrollo hubiera sido más pausado y más constante en el tiempo.

La planificación, necesaria en un sector cuyas inversiones se miden en décadas y no en años, solo se consigue desde el consenso, el diálogo y el entendimiento. Solo cuando los distintos actores establecen una conversación y un análisis de lo que ha sucedido, y lo que queremos que suceda, podemos plantearnos una transición energética adecuada. Como ya dijo Confucio hace muchos siglos, “estudia el pasado si quieres pronosticar el futuro”. APPA Renovables lleva luchando por el sector 30 años y sabemos que es fundamental aprender de los errores cometidos para no repetirlos, algo imprescindible en todo aprendizaje y más aún en uno en el que nos jugamos tanto.

Con este doble objetivo en mente: aprender de los errores del pasado y dialogar entre todos, hemos planificado el Congreso Nacional de Energías Renovables – Renovables 2017. Un congreso que, por primera vez en España, reunirá a expertos, profesionales, académicos, políticos, abogados… para analizar el futuro renovable.

Un futuro renovable que necesita este análisis porque las reglas del juego han cambiado. Los paradigmas del sector que eran válidos hace apenas una década ya no sirven. Las más esperanzadas previsiones sobre el futuro de las renovables no solo se han hecho realidad sino que, como en muchos aspectos de la vida, la realidad ha superado a la ficción. Cuando hace algunos años reclamábamos desde la asociación marcos estables y condiciones favorables para poder recorrer la curva de aprendizaje de las tecnologías y reducir los costes, las críticas – cuando no las burlas – por parte de otras formas de generación eran habituales.

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100% renovables

Por Juan Castro – Gil – Abogado y secretario de ANPIER

renovables

En tiempos en los que es difícil hablar de algo que no tenga que ver con Cataluña, o con la multitud de procesos judiciales abiertos contra diferentes responsables políticos del partido del gobierno, o de si España es una “plurinacionalidad-monárquico-republicana-parlamentaria”, o de si la pasta que le hemos prestado a los bancos se ha perdido en el “limbo de los niños”… a la chita callando, el principal problema que tenemos sobre nuestras cabezas sigue creciendo, y parece que a nadie le inquieta demasiado.

Alguien me preguntó sobre qué pasaría con el sistema eléctrico y las instalaciones renovables a partir del 2-O. Le contesté que, pase lo que pase, lo único seguro es que España (seccionada o no) seguirá produciendo energía de forma contaminante y complicando gravemente el ambiente y el clima que nos rodea. Se separe o no Cataluña, acabe o no en la cárcel hasta el último político imputado, sea cual sea nuestra identidad nacional… lo único seguro es que seguirán muriendo cada vez más españoles por culpa de la contaminación y de los efectos del cambio climático.

El debate ambiental se le está ocultando a la ciudadanía, pese a que es el único gran problema que sobrevivirá al resto de los problemas.

Los intereses en juego son evidentes. Sin embargo, lo que más hilaridad me provoca es ver como algunas personas informadas sobre la cuestión, parecen mantener una falsa objetividad, mostrando equidistancia frente a un drama que no permite esos equilibrios. Cuando los que estamos claramente posicionados en la necesidad de un cambio radical que nos conduzca hacia la generación eléctrica 100% renovable y a la inmediata electrificación de la economía, se nos echa en cara que es una reflexión disparatada, que la tecnología no está preparada, que es necesaria la generación fósil para el respaldo, que el sostenimiento de los costes de las redes no permite muchos cambios…

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Si llegamos tarde, perdemos

Hugo Morán – Secretario para la transición ecológica de la economía

tiempo

Si el mercado eléctrico no estuviese revestido de unas características que lo distancian de forma notable de otros mercados al uso, el pulso que hoy se libra en nuestro país entre tecnologías renovables y tecnologías convencionales se habría producido ya diez años atrás. Más aún, el protagonismo de la administración en el proceso de transición no iría más allá de un limitado papel de vigilancia en evitación de abusos entre competidores y de defensa de los derechos del consumidor.

Así sucede en uno de los sectores que más reticente se ha venido demostrando a la hora de enfrentar su inevitable mutación, como es el que comparten los imperios del petróleo y del automóvil. Por más que la industria del motor se ha resistido a aceptar su destino, y los gobiernos han venido arrastrando los pies haciendo gala de una injustificable miopía, el vehículo eléctrico va ganando terreno a su predecesor cubriendo a velocidad anual etapas que los más optimistas habían calculado en lustros.

En uno de sus primeros discursos como presidente, Barack Obama asignaba a quienes más rápido avanzasen en la implantación de las energías renovables el papel de líderes económicos del futuro; siendo así que los países que antes culminen sus transiciones energéticas, estarán en condiciones de garantizar plataformas de certidumbre para la inversión en la práctica totalidad de sectores industriales.

Plantear en este escenario una propuesta de prolongación de la vida útil del parque nuclear, como el Gobierno acaba de hacer público en estas últimas semanas, equivale a ralentizar y encarecer nuestra transición energética como país y, en consecuencia, a renunciar en favor de terceros a toda expectativa de modernización industrial.

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El “fracking” sobrevive con respiración asistida

Manuel Peinado Lorca – Catedrático de la Universidad de Alcalá

Mientras que los principales medios de comunicación continúan propagando que el avance tecnológico traerá consigo suministros de combustibles fósiles cada vez más abundantes, la industria se automedica para mantenerse viva. La disminución de las reservas de petróleo y de las inversiones en el sector, y el aumento de los costes financieros asociados a la explotación, son los factores que están diezmando la que parecía ser una inagotable mina de oro negro. La burbuja comenzó a desinflarse en 2014 y sigue haciéndolo.

El consumo mundial de petróleo en 2016 fue de 25,1 miles de millones de barriles (KMB; Figura 1). Ese año, la industria petrolífera mundial sólo descubrió 2,4 KMB de petróleo convencional, menos de la tercera parte de los descubrimientos medios en quince años (9 KMB). El petróleo convencional es el más rentable, y su tasa de retorno energético TRE es mucho mayor que la de los crudos “no convencionales” como los que se obtienen offshore, de las arenas asfálticas, del chapapote venezolano o mediante fracking. Hay una buena razón para el aprovechamiento reciente de estas fuentes. Por decirlo brevemente, estamos rebañando el fondo del tarro de miel: eso es todo lo que nos queda del barril global.

Figura 1: consumo y descubrimientos de petróleo convencional en 2016 (Agencia Internacional de la Energía (2017).

Ahora, para poner el gráfico anterior en perspectiva, en la Figura 2 aparecen los descubrimientos globales anuales de petróleo convencional desde 1947. Se puede observar que los 2,4 KMB descubiertos en 2016 son apenas una charca cuando se comparan con los años gloriosos de la industria, y más si consideramos que desde el año 2000 el mundo ha estado consumiendo anualmente unos 25,5 KMB de petróleo convencional.

Figura 2. Descubrimientos globales anuales de petróleo convencional desde 1947 ( Bloomberg, 2017)

Como podemos deducir de esa figura, durante bastante tiempo no reemplazamos lo que consumimos. Excepto en 2000 (cuando se produjeron 35 KMB), todos los años la producción ha sido inferior a los 25 KMB. Eso quiere decir, básicamente, que la industria petrolera global ha estado sobreviviendo gracias a su cartilla de ahorros, es decir, al petróleo encontrado en años anteriores.

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Un ejemplo a seguir en materia de hidrocarburos

Carlos Bravo – Coordinador del Secretariado Técnico de la Alianza Mar Blava

Francia en el mapa

Celso Flores / Flickr

Mientras que el Gobierno francés ha decidido aprobar una ley para poner fin a la producción de hidrocarburos en todo el territorio galo, aquí en España, el Ministerio de Energía, Turismo y Agenda Digital (MINETAD) de Mariano Rajoy sigue anclado en planteamientos de épocas pretéritas, ajeno a la realidad cada vez más preocupante del cambio climático, apostando por la continuidad en la búsqueda y en la explotación de estos combustibles fósiles, en lugar de emprender el camino hacia la necesaria descarbonización urgente de nuestra economía.

Hace años, en 2011, Francia, siendo Presidente de la República el conservador Nicolás Sarkozy, prohibió por ley la utilización de la técnica de la fracturación hidráulica (fracking) para la exploración y explotación de hidrocarburos. También se instauró una moratoria a las prospecciones de gas y petróleo en aguas del Mediterráneo bajo jurisdicción francesa.

Ahora Francia va más allá: hace unas semanas, el ministro de Transición Ecológica y Solidaria, Nicolás Hulot, presentó el Proyecto de Ley que establecerá el proceso de salida, progresiva e irreversible, de la producción de petróleo y gas en la totalidad del territorio francés, con el horizonte puesto en 2040. Esa Ley, establecerá, que, inmediatamente tras su entrada en vigor, no se concederá ningún nuevo permiso de exploración e investigación de hidrocarburos convencionales y no convencionales, ni en tierra ni en el mar.

Igualito que en España, donde el Gobierno de Mariano Rajoy vetó el pasado mes de junio en la Mesa del Congreso de los Diputados, con el apoyo del partido Ciudadanos de Albert Rivera, la tramitación de una Proposición de Ley para proteger las aguas españolas del mar Mediterráneo de los daños que pudieran producir la exploración, investigación y explotación de hidrocarburos.

El veto del Partido Popular a esa Proposición de Ley, impulsada desde el Parlamento balear, donde se aprobó por unanimidad (y por tanto también con el apoyo de Ciudadanos y del Partido Popular en esa cámara autonómica), se basa en un informe anónimo y plagado de falsedades. Es un informe con el membrete del Gabinete del MINETAD pero en el que no se identifica a la persona que lo ha realizado y que tendría que responsabilizarse de su contenido. El hecho de que el citado informe del MINETAD aporte sólo argumentos que no se sostienen jurídicamente, debe ser el motivo por el cual nadie (ningún funcionario ni responsable político) se ha atrevido a firmarlo.

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Irresponsabilidad y falta de rigor en la política energética

Fernando Ferrando – Vicepresidente de la Fundación Renovables

Mercado bursátil

El pasado jueves la cotización bursátil de todo el sector eléctrico español sufrió un importante retroceso con una pérdida de valor en bolsa de 2.300M€ en una jornada en la que el resto de valores no tuvo prácticamente variación.

Las razones de dicho descalabro están asociadas a la publicación de un informe del banco de inversión Goldman Sachs en el que consideraba que el sector eléctrico español estaba sobrevalorado a tenor de las informaciones que analistas del banco habían recibido directamente, como previsiones, por parte del Secretario de Estado de Energía, David Navia.

De esta situación se pueden sacar al menos dos conclusiones: la primera es la capacidad de los bancos de inversión de alterar el valor de mercado de las empresas y la segunda la irresponsabilidad política y económica del equipo del Ministro de Energía, Alberto Nadal. Irresponsabilidad no solo por las consecuencias de crear una alarma gratuita y sin soporte real en los mercados y en los inversores al trasladarles como reales las consecuencias de una política energética de ficción, sino también por la continua banalización de la proyección de magnitudes a las que el ministro y su secretario de estado nos tienen acostumbrados.

La información trasladada a Goldman Sachs estaba centrada en dos previsiones fundamentales: la pérdida de retribución, a partir del 2020, del 40% de los negocios regulados (base de la cuenta de resultados del sector eléctrico español) y la reducción del 30% de la retribución a las renovables, como si no les hubieran infringido suficiente castigo en el pasado, situación que puede originar un nuevo agujero financiero en los bancos por la imposibilidad de pago de la deuda existente en sus balances al financiar inversiones en energías renovables.

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¿Harto de las eléctricas? La energía colaborativa es tu derecho

José Luis García – Área de energía y cambio climático de Greenpeace

La gente está harta de las eléctricas. No es un dato sorprendente, pues la mala fama se la han ganado a pulso al haber convertido el servicio eléctrico en un negocio de multimillonarios, al ejercer de capos de la política con sus puertas giratorias, al negarse a poner fin a sus peligrosas centrales nucleares o a sus sucias térmicas de carbón, al haber promovido el invento del impuesto al sol… sigue tú poniendo ejemplos.

El caso es que el hartazgo de las eléctricas es el más común de los motivos por los que las personas querrían participar en la transformación del sistema eléctrico para hacerlo más democrático y limpio. Así lo ha constatado Greenpeace en una investigación realizada sobre más de tres mil internautas de entre 25 y 65 años, residentes en España, para detectar cuál es el interés ciudadano en abandonar el actual papel pasivo de consumidor de electricidad para ejercer un mayor control activo, no solo sobre lo que consumimos, sino sobre lo que podríamos producir, autoconsumir, ahorrar, intercambiar, acumular… de energía con otras personas o entidades, siempre que la normativa no lo impida.

Los resultados de la investigación, publicada en el informe “Energía colaborativa: El poder de la ciudadanía de crear, compartir y gestionar renovables”, muestran que una de cada tres personas en España está dispuesta a participar en la transición a un sistema eficiente, inteligente y 100% renovable.

¿Pero qué es eso de energía colaborativa? Durante más de un siglo, lo único que podían hacer las personas con la electricidad era darle a un interruptor y ver cómo se encendía la luz. Con el tiempo, se fueron añadiendo aparatos que funcionan con electricidad, pero siempre con el mismo esquema: alguien que no conocemos produce electricidad, nos la trae por un cable y nosotros conectamos nuestros aparatos, y a cambio pagamos una tarifa.

Las cosas empezaron a cambiar cuando, a las centrales térmicas, nucleares o hidráulicas de las grandes compañías eléctricas se les añadieron otras “fábricas” de electricidad, más pequeñas, limpias y distribuidas por el territorio, que en vez de quemar combustibles usaban energías renovables como el sol, el viento, materia orgánica o pequeños saltos de agua. Esas actividades las pueden hacer empresas más pequeñas, algo que no gustó nada a las eléctricas de siempre. Con todo, para las personas ser consumidoras seguía siendo solo ser las que pagan.

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Vidrio fotovoltaico para los edificios sostenibles del futuro

L. Marino y S. Monreal – Comunicación y Marketing en Onyx Solar

Junto con la pintura fotovoltaica a partir del material de moda –el grafeno–, el vidrio fotovoltaico promete cambiar radicalmente el panorama energético y de la construcción.

Imaginen las posibilidades. Las lunas de los vehículos del futuro podrían utilizar vidrio fotovoltaico o, incluso, por qué no, las gafas con las que usted lee este artículo. Esta poderosa tecnología avanza a gran velocidad en diferentes ámbitos, aunque es quizá en la arquitectura urbana donde mejor acogida encuentra en la actualidad.

Las ciudades, responsables del 60% de las emisiones de Gases de Efecto Invernadero, continúan buscando fórmulas para incrementar su eficiencia energética y reducir sus niveles de contaminación. Según la OCDE, si no se toman medidas el crecimiento económico y demográfico concentrado en las ciudades tendrá un grave impacto medioambiental y social para el año 2050.

Surge de este modo la necesidad de implementar soluciones integradas de energía, orientadas a un desarrollo basado en la sostenibilidad. Así, el concepto de Smart cities se ha ido introduciendo en nuestro vocabulario hasta formar parte cotidiana del mismo. Vehículos eléctricos, huertos urbanos o hasta molinos eólicos en farolas son algunas de las tendencias que se observan y que apuntan a convertirse en elementos imprescindibles del paisaje urbano.

Esta imparable tendencia al alza tiene un fuerte impacto en los edificios, seña de identidad de las ciudades y que por tanto desempeñan un rol clave en las ya mencionadas ciudades inteligentes. A la búsqueda de mejoras en materia de habitabilidad se añade ahora la búsqueda de soluciones para el autoabastecimiento. La sostenibilidad es ya la protagonista de las construcciones más recientes, así como de las rehabilitaciones de inmuebles.

Si bien esto se debe en parte a normativas cada vez más exigentes en este campo, la creciente popularidad de los edificios sostenibles responde también a otros factores. Un edificio sostenible no implica sólo una cuestión de responsabilidad medioambiental, sino que también supone un considerable ahorro económico gracias al menor consumo energético que necesita. Entre otras medidas para el autoabastecimiento, destaca el uso de fuentes de energía renovables como la fotovoltaica.

La energía fotovoltaica presenta cada vez mayor facilidad de integración en edificios de todo tipo. La arquitectura solar no es una moda, ni un lujo. Es una respuesta económica y ecológica a los retos de la construcción y del bienestar. De los paneles solares instalados en azoteas, la innovación nos ha llevado a tejas solares y, como último hito, al vidrio fotovoltaico. Este material está revolucionando la industria y se está consagrando como la perfecta solución de integración fotovoltaica. Con las mismas características funcionales y arquitectónicas que un vidrio convencional ofrece, además, la capacidad de generar energía a partir del sol.

En este campo, es precisamente una empresa española, Onyx Solar, la que destaca en el mercado global. La compañía, con sede en Ávila, fabrica vidrio fotovoltaico transparente de baja emisividad y lo distribuye por todo el mundo. El producto permite una completa personalización en términos de color, tamaño y forma para lograr la máxima integración sin perjudicar la estética del edificio.

En las grandes ciudades de todo el globo ya se pueden ver ejemplos de edificios que integran vidrio fotovoltaico. La sede de la multinacional FEMSA en Monterrey incorpora una impresionante fachada ventilada para la optimización del rendimiento energético del edificio. Las oficinas de la farmacéutica Novartis en Nueva Jersey cuentan con un lucernario fotovoltaico que genera casi 300.000 kWh al año y el edificio de Bursagaz en Turquía presenta un rompedor diseño arquitectónico con una fachada fotovoltaica en forma de mosaico.

En definitiva, un novedoso material que marca tendencia y al que debemos seguir la pista.