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Las claves de un tema que nos afecta a todos

Archivo de la categoría ‘Cambio climático’

Una verdad muy incómoda

José Luis García – Área de energía y cambio climático de Greenpeace

cambio climático

En estos tiempos de turbulencia política, cuesta hablar de algo que no sea la disputa sobre la independencia de Cataluña. Pero la incómoda verdad es que donde nos jugamos el futuro es en la capacidad del único planeta en el que vivimos de seguir albergando nuestra vida, sean cuales sean las fronteras que hayamos dibujado en su superficie, y que en la atmósfera no existen.

Tomo prestado el título de la última película del exvicepresidente de EEUU Al Gore, a cuyo estreno en Madrid asistí la semana pasada. En este impactante documental (sobre todo para quienes no vieran el primero) Gore vuelve a poner ante los ojos del mundo lo que cada vez más personas de distintos lugares están sufriendo ya en sus propias carnes: el cambio climático arruina la vida a poblaciones enteras. Y eso que, cuando se grabó, aún el huracán Harvey no había inundado Houston, ni Irma había devastado Florida, ni María había arrasado Puerto Rico…

Con todo, el mensaje principal de la película no es el del daño desatado del cambio climático sino la buena noticia del avance imparable de la revolución renovable, de manera que se anuncia sin ambages que la solución es 100% renovable. Un mensaje imprescindible que la ha hecho merecedora del premio Lurra otorgado por Greenpeace en el festival de cine de San Sebastián.

Pues bien, si diagnosticado el problema, conocemos la solución, ¿qué más queremos? Bueno, hay un pequeño detalle a tener en cuenta: el tiempo. No solo el futuro ha de ser 100% renovable, cosa que, como ya hemos señalado en este blog, ya es comúnmente aceptado, sino que la transición tiene que hacerse antes de que agotemos la cantidad de carbono disponible que nos evite traspasar la frontera de 1,5ºC de aumento de temperatura.

Y eso nos lleva necesariamente a la acción política. Justamente ayer acabó el periodo de consultas abierto por el Gobierno para la propuesta de Ley de Cambio Climático y Transición Energética. Greenpeace ha propuesto que la ley que se apruebe marque claramente, con objetivos, plazos, presupuestos (no solo económicos, sino también de carbono) y herramientas, la hoja de ruta para alcanzar un sistema eficiente, inteligente y 100% renovable. Y que permita, facilite e incentive la participación de la ciudadanía en la producción, consumo y gestión de la demanda de energía renovable.

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Las ciudades se renuevan con energía. Si la ciudad cambia, todo cambia

Domingo Jiménez Beltrán – Presidente de la Fundación Renovables

El cambio climático nos ha cargado de razón para hacer lo que en cualquier caso habría que hacer, cambiar nuestro modelo de producción y consumo, ahora insostenible, para alcanzar un progreso más sostenible, mayor calidad de vida para el presente y el futuro y para una mayoría creciente de los ciudadanos lo que implica una economía prácticamente descarbonizada y suficientemente desenergizada y desmaterializada.

Además, el cambio climático nos ha puesto fecha para ultimar este cambio que, en el caso de la Unión Europea, como región desarrollada y responsable de gran parte de las emisiones de Gases de Efecto Invernadero, sería el 2050 como reconocen ya las Hojas de Ruta Comunitarias para escenarios bajos en carbono, energía y materiales y con hitos ya concretados para 2020 y en vía de cerrarse para 2030.

En este significativo cambio de paradigma de nuestro modelo de progreso socioeconómico, la energía, el cambio hacia un sistema energético sostenible, es el gran vector de cambio, con el proyecto de Unión Energética lanzado por la Comisión Europea en 2015, y que desde la Fundación Renovables esperamos dé paso a una Política Energética Común, con más razones que la actual PAC.

Y las ciudades europeas y sus ciudadanos, más del 50% de la población, se consideran los grandes agentes y beneficiaros de este cambio. Agentes por ser las ciudades y su entorno cercano responsables, según la CE, de hasta el 80% del consumo energético y tener en su mano actuar al respecto y beneficiarios porque la “renovación con energía” de las ciudades es una gran dinamizadora de la tan necesaria renovación urbana integrada, de la recuperación de las ciudades para los ciudadanos y de los ciudadanos para las ciudades.

Esta renovación de la ciudad en clave energética, con una racionalización de la demanda con más eficacia (para lo necesario) y eficiencia, la reducción considerable de los consumos energéticos finales (más de un 50%), en lo posible eléctricos, y la optimización de la oferta basada en la generalización de las renovables, así como la integración de ambas a través del autoconsumo, puede permitir  llegar a la autosuficiencia energética conectada a todos los niveles: viviendas, polígonos industriales, barrios, municipios…

En este proceso, la ciudad se renueva con la energía, a través de la necesaria mejora de la accesibilidad a bienes y servicios “de cercanía”, de una movilidad sostenible en la que predominen los traslados a pie, en bicicleta y con transporte público, con vehículos básicamente electricos, y de la rehabilitación de edificios (reconstruir más que construir) para hacerlos más eficaces y eficientes energéticamente y en lo posible autosuficientes  en balance neto (generación en autoconsumo con placas fotovoltaicas, FV) y, en general,  más habitables. Y, por supuesto, el primer resultado de esta renovación con energía de las ciudades es la recuperación de la calidad del aire urbano, ya que las emisiones contaminantes se reducen drásticamente.

Este “empoderamiento” energético de los ciudadanos y de las ciudades necesario para mitigar el cambio climático y oportuno por lo que implica de regeneración y renovación urbana, no es utópico, está en marcha, urge acelerarlo dados los plazos disponibles y la mejor forma de hacerlo es difundiendo, por un lado, todas las iniciativas en curso a  las que pueden sumarse las ciudades o de las que tomar ejemplo nuestros municipios y, por otro, las propuestas y herramientas de aplicación general disponibles, con las consiguientes adaptaciones.

En cuanto a iniciativas quizás la más operativa a nivel UE es la del nuevo Pacto de los Alcaldes para el Clima y la Energía lanzado por la Comisión Europea en 2015 (enlace), por el que los firmantes (más de 1.800 alcaldes españoles) se comprometen a cumplir en sus ciudades los objetivo de la UE en mitigación de emisiones y energía para 2020 y 2030 y presentar Planes de Acción para Energía Sostenible y Clima (PAESC) y rendir cuentas cada dos años.

Y lo más importante es que, como muestran algunas ciudades, caso de Copenhague, Ámsterdam y otras grandes ciudades europeas, que pretenden llegar a emisiones cero en 2025, superar estos compromisos es un instrumento deseable para convertirse en ciudades del futuro y estos son casos a emular que es lo que están haciendo ya grandes ciudades españolas como Barcelona, Madrid o Málaga y no tan grandes como los municipios murcianos acogidos a la Red de Municipios Sostenibles de la Fundación Desarrollo Sostenible, que ya hace varios años mostró como la sola utilización de los 14,2 km2 de tejados de edificios de la Región podría acoger casi un millón de kW de potencia con placas FV y generar la energía eléctrica equivalente al consumo residencial total.

En cuanto al método para alcanzar este escenario “chollo” de renovación urbana con energía, la Fundación Renovables ya lanzó su propuesta de “Ciudades con Futuro”, “Ciudades Emisiones Cero” en 2015 que se ha ido contrastando en su uso y que esperamos vaya perfeccionándose en sus adaptaciones prácticas y en los debates en curso como el que se inicia esta misma semana con ocasión del Curso en la Universidad de Málaga “La ciudad y la energía: propuestas para el progreso sostenible urbano”.

Sabemos lo que está ocurriendo en nuestras ciudades y lo que estamos contribuyendo no solo a la baja calidad del aire y de nuestra vida urbana sino a la del Planeta. Sabemos lo que habría que hacer al respecto para recuperar nuestra ciudad y nuestra calidad de vida urbana, Solo nos falta organizarnos para hacerlo. El desafío del cambio climático nos ofrece una oportunidad única para renovar nuestras ciudades con energía y convertirnos en agentes y beneficiarios del cambio.

 

 

 

 

Una nueva oportunidad para que el Gobierno español muestre coherencia ante el desafío climático

Carlos Bravo – Coordinador del Secretariado técnico de Alianza Mar Blava

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Hace poco más de dos meses, el pasado 2 de febrero, el Boletín Oficial del Estado (BOE) publicaba el instrumento de ratificación del Acuerdo de París, hecho en esta ciudad el 12 de diciembre de 2015 y que había sido ya firmado por España en Nueva York el 22 de abril de 2016.

Unos meses antes de la ratificación por parte de España, exactamente el 4 de noviembre de 2016, el Acuerdo de París entró en vigor. El reconocimiento por parte de la inmensa mayoría de los líderes mundiales de la necesidad urgente de tomar medidas contra el cambio climático fue clave para su rápida aprobación y entrada en vigor.

En la Disposición publicada en el citado BOE se plasman las palabras de su Majestad el Rey Felipe VI: “MANIFIESTO el consentimiento de España en obligarse por este Acuerdo y EXPIDO el presente instrumento de ratificación firmado por Mí y refrendado por el Ministro de Asuntos Exteriores y de Cooperación (…)”.

Así pues, España se ha obligado a cumplir el Acuerdo de París cuyo principal objetivo es: “Mantener el aumento de la temperatura media mundial muy por debajo de 2 °C con respecto a los niveles preindustriales, y proseguir los esfuerzos para limitar ese aumento de la temperatura a 1,5 °C con respecto a los niveles preindustriales, reconociendo que ello reduciría considerablemente los riesgos y los efectos del cambio climático”.

El Acuerdo de París ha tenido la virtud de lograr que prácticamente todo el mundo haya reconocido y asumido que para cumplir sus objetivos es necesario poner en marcha de forma urgente planes que conduzcan a una descarbonización profunda de nuestra economía. Sustituir el modelo energético actual, fundamentado en el uso de energías sucias y peligrosas, mayoritariamente combustibles fósiles, es una ardua tarea, para la que no nos queda mucho tiempo y, como hemos visto (hace unos días, Trump firmó una orden ejecutiva con una serie de medidas para recuperar la producción de energías fósiles en Estados Unidos), no van a faltar obstáculos en el camino.

No obstante, pese a la existencia de trabas que habrá que superar, no tenemos más remedio que alcanzar lo más pronto posible, antes de 2050, un sistema energético eficiente e inteligente basado al 100% en el ahorro, la eficiencia y las energías renovables, únicos recursos energéticos sostenibles con los que plantar cara eficazmente el problema del cambio climático.

En la Alianza Mar Blava, plataforma surgida en Ibiza y Formentera que agrupa actualmente a más de 110 entidades tanto de Administraciones públicas (Govern balear, los cuatro Consells y diversos ayuntamientos de estas islas, así como el Ayuntamiento de Barcelona) como del sector privado (entidades de sectores económicos como el turismo, la pesca o el náutico) y de la sociedad civil (organizaciones sociales, sindicales y ecologistas), estamos convencidos de que hay que sacar cuanto antes a los combustibles fósiles de nuestro modelo energético.

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Liberémonos de los combustibles fósiles

Por José Luis García – Área de Energía y Cambio Climático de Greenpeace

central de carbón

Este mes de marzo, un movimiento de personas de todos los rincones del planeta se pone en pie para hacer frente al cambio climático: un movimiento que exige liberar al planeta de la tiranía de los combustibles fósiles.

Cada vez más personas, comunidades, países, sufren las consecuencias del cambio climático, y no están dispuestas a permanecer impasibles hasta que esos impactos hagan su tierra inhabitable. Con el lema común de “Break Free”, una ola mundial de personas se levanta contra las energías sucias que causan el cambio climático. Unimos fuerzas para proteger a las comunidades vulnerables de los sucesos meteorológicos extremos y de las corporaciones del petróleo, carbón o gas que envenenan nuestro aire, ocupan nuestra tierra y secuestran a nuestros gobiernos. Es un movimiento ciudadano pacífico, unido y decidido a acabar con la era de la energía sucia y a empujar una transición justa a un futuro más limpio y sostenible.

La realidad del cambio climático exige una reacción inmediata y ambiciosa: para evitar sus peores consecuencias, no hay que permitir que el calentamiento global supere 1,5ºC, tal como ha quedado recogido en el Acuerdo de París. Es el gran reto de nuestro siglo. Puede parecer algo de un futuro lejano, pero un niño o niña que nace hoy, aún estará en la escuela en 2030, y puede seguir viviendo en el año 2100. Las decisiones que tomemos hoy determinarán si estas personas y sus hijos e hijas heredarán un planeta habitable.

Los datos científicos indican que más del 80% de las reservas conocidas de carbón, la mitad de las de gas y un tercio de las de petróleo deben dejarse bajo tierra para evitar un calentamiento de 2ºC. Para no superar 1,5ºC, no puede abrirse ni una nueva mina de carbón, ni pozo de petróleo ni de gas. Las centrales térmicas tienen que tener fecha de caducidad, empezando por las de carbón, que en nuestro país deberían estar cerradas todas en 2025.

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Un invierno diferente

Por Mariano Sidrach de Cardona – Catedrático de la Universidad de Málaga

 copos de nieveMás para mal que para bien, estamos viviendo un invierno diferente. Aquellos que nos anunciaban que el cambio climático ya es una evidencia incuestionable van a tener razón.

Hasta hace pocas fechas el invierno no ha existido. Hemos soportado temperaturas anormalmente altas y sequías prolongadas. El aire de nuestras ciudades es cada vez más irrespirable, produciendo graves problemas de salud. Cuando ha llovido, lo ha hecho de forma torrencial, perjudicando tanto a los cultivos como a las ciudades. Estamos viendo tornados en la costa. Ahora empieza una ola de frío polar como hace tiempo no se recuerda, por no hablar de las alteraciones que se están produciendo en nuestros ecosistemas.

Es verdad que es muy difícil establecer una relación causa-efecto y afirmar sin equivocación que todos estos fenómenos climatológicos extremos están asociados únicamente al cambio climático, pero los científicos cuando nos encontramos ante problemas complejos, como sin duda es este, nos gusta estudiar las tendencias y las evidencias, y estas nos dicen que en este caso, el aumento de las partículas de CO2 en la atmosfera está relacionada con las modificaciones climáticas que estamos viviendo. Aunque la cuantificación exacta de esta influencia sea difícil, la razón última cualitativa es muy fácil de explicar. Sólo hay que entender que el sistema tierra-atmósfera es, en realidad, un gran invernadero que recibe luz solar y donde la atmósfera regula los intercambios de energía y, por ello, las temperaturas. Si oscurecemos la atmósfera, cosa que hacemos con la emisión de contaminantes, alteramos los intercambios energéticos y como consecuencia se produce un calentamiento a nivel global, existiendo ahora más cantidad de energía que queda atrapada en nuestro invernadero, que es la tierra en la que vivimos. Esta mayor energía es la que alimenta los fenómenos meteorológicos que, por lo tanto, se hacen más extremos, más frecuentes y también más impredecibles.

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El cambio climático y los médicos

Por Juan Castro – Gil – Abogado y Secretario de Anpier

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Ciclista con mascarilla circulando por las calles de Madrid (Emilio Naranjo /EFE)

Hace tan solo unas semanas, acudí como invitado a un estupendo y numerosísimo congreso médico organizado en Sevilla. Mi labor entre tanto doctor, se circunscribía a hablar sobre los efectos no convencionales del cambio climático y la importancia de la actuación ciudadana contra este.

La primera sorpresa con la que me encontré, fue el escaso interés que muestran los médicos  en el área de trabajo de los compañeros que estudian las enfermedades medioambientales. Por ello, empecé mi charla advirtiendo, sin temor a equivocarme, que de las cinco ponencias que se estaban desarrollando al mismo tiempo, el problema del que se iba a hablar en aquella sala, era el único que afectaría a todas las personas que se encontraban en las otras salas, en todo el hotel, en toda la ciudad, en todo el país y en todo el planeta.

Y efectivamente, al margen de las cuatro o cinco “aventuras” que les conté, entre aquellas cuatro paredes, personas que dedican su vida a analizar las enfermedades que sufrimos, nos explicaron cómo la contaminación atmosférica no solo está aumentando el número de alérgicos, sino que está matando a los españoles de cáncer y de otras enfermedades respiratorias, nos contaron que perjudica gravemente a los enfermos de Parkinson y otras enfermedades degenerativas,  que está provocando centenares de partos prematuros con lo que eso puede suponer en las vidas de esas personas, que miles de personas (sí miles), están falleciendo en España por las situaciones extremas de calor y frío que provoca el cambio climático, que las enfermedades infecciosas proliferan por el aumento de la temperatura… y un sinfín de cosas más que mi mente de picapleitos casi no podía (o no estaba dispuesto) a entender.

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La política del Gobierno sobre cambio climático: “(…) y ya llegaremos al 2050”

Por Carlos Bravo – Coordinador del Secretariado Técnico de la Alianza Mar Blava

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“Lo que va a ocurrir en 2020 está claro, en 2030 quedan las cosas por definir y ya llegaremos a 2050”, eso es lo que, de forma evasiva, respondió el nuevo ministro de Energía, Turismo y Agenda Digital, Álvaro Nadal, en la Cumbre de Naciones Unidas sobre Cambio Climático (COP 22) celebrada recientemente en Marrakech, al ser preguntado por los planes del Gobierno español para llegar a un horizonte descarbonizado en 2050, que es la meta que se ha marcado la comunidad internacional para hacer frente al desafío del cambio climático.

No deja de sorprenderme la irresponsabilidad de esta lamentable respuesta del ministro Nadal, sobre todo porque España es un país especialmente vulnerable al cambio climático. Esa afirmación evidencia que no existe un compromiso activo por parte del Gobierno español para hacer frente de forma eficaz a este problema.

Sí, sin duda, algún día llegaremos al 2050. Quizá no el ministro Nadal y tampoco muchos de nosotros, pero sí nuestros hijos y nuestros nietos. Pero la pregunta es: ¿en qué condiciones llegarán a esa fecha? ¿Cuál será la temperatura media del planeta entonces y cuales los efectos del cambio climático que tendrán que sufrir? Lo cierto es que las previsiones no son nada  halagüeñas. En cualquier caso, dependerá en gran medida de la mayor o menor ambición de las políticas energéticas y climáticas de España y los demás países de la comunidad internacional.

Todo parece indicar que el cambio climático se está acelerando a nivel global. Cambios previstos para dentro de unas décadas, están sucediendo hoy día. Un reciente estudio publicado en Science concluye que el 80% de los procesos ecológicos del planeta ya se están viendo alterados por el calentamiento global.

Seguramente prueba de ello es que, con los datos disponibles hasta ahora, es muy probable que 2016 termine por batir el récord de incremento de la temperatura que actualmente ostenta 2015, tal y como informó el pasado 14 de noviembre la Organización Meteorológica Mundial (OMM) de Naciones Unidas. Los datos preliminares que maneja la OMM indican que el aumento de la temperatura mundial en 2016 será de aproximadamente 1,2 °C por encima de los niveles preindustriales.

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Transición energética: en juego nuestra salud y la del planeta

Por Begoña María Tomé – Gil – Responsable de Cambio Climático en ISTAS

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El cambio climático es un problema presente, y muestra de ello es que en el año 2015 se batieron varios récords históricos de concentración de dióxido de carbono en la atmósfera (400 ppm), de aumento de temperatura mundial de más de un grado por encima de los niveles preindustriales, de reducción drástica del hielo del Ártico (un 40% menor que en los 80) y de aumento del nivel del mar. Las zonas afectadas por sequía ya representan un 30% de la superficie del planeta, con un 14% en sequía grave o extrema, así que hemos comprometido la capacidad natural del planeta de fijar CO2 de las regiones tropicales, de nuestros bosques y océanos, que absorben alrededor de la mitad de lo que emitimos. La tendencia continúa en 2016. Nos dirigimos a un territorio desconocido.

El cambio climático nos enferma, nos mata. El cambio climático influye negativamente en los factores sociales y ambientales que determinan la salud, como el aire limpio, el agua potable, los alimentos suficientes y la vivienda segura. La Organización Mundial de la Salud estima que el calentamiento global causará más de 250.000 muertes al año entre 2030-2050 (95.000 muertes por desnutrición infantil). Entre los impactos en la salud más importantes se encuentran  aquellos por efecto de la subida de las temperaturas y las olas de calor, por los eventos meteorológicos extremos, por su incidencia en el incremento de ciertos contaminantes atmosféricos, por la proliferación de alergias y por el aumento de las enfermedades transmitidas por vectores infecciosos, por alimentos o por el agua.

El cambio climático afecta a la productividad laboral y a las condiciones de trabajo, poniendo en riesgo especial la salud de quienes desarrollan su actividad en el exterior.

Las estimaciones disponibles sobre las consecuencias económicas de la reducción de la productividad del trabajo debido al cambio climático, proyectan una pérdida de 2 billones de dólares por año para 2030 y una pérdida del 23% del PIB mundial en 2100.

En los entornos rurales, las ocupaciones de agricultura, gestión forestal, ganadería, o pesca se ven muy afectadas por el cambio climático debido al aumento de la frecuencia de las olas de calor, las sequías y plagas, así como el uso creciente de plaguicidas, fertilizantes y otros químicos. Por otro lado, se pueden ver más expuestos a infecciones transmitidas por vectores como mosquitos o garrapatas.

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¿Una ley de Transición Energética y Cambio Climático ágil y coherente?

Concha Cánovas – Experta en Energías Renovables

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No deja de sorprender que justo una semana después de la formación de un nuevo Gobierno en el que se ha optado por mantener separadas las carteras  de Medioambiente  y Energía, el mismo partido que está en el Gobierno promueva en el Congreso una Ley de Transición Energética y Cambio Climático, con el fin de “ dotar de agilidad y coherencia las actuaciones encaminadas a que España cumpla sus compromisos en materia de energía, cambio climático y descarbonización de la economía” tal y como señala la nota de prensa  emitida  con ocasión de su presentación.

Si de verdad se pretende que haya coherencia no se entiende por qué se mantienen separadas administrativamente ambas competencias cuando no dejan de ser dos caras de una misma  moneda dada indisoluble incidencia medioambiental de la energía. Es precisamente por este motivo por el que desde la Fundación Renovables hemos venido reclamando un único responsable con todas las competencias en materia de energía y cambio climático para garantizar que la Ley sea eficaz; y es así también como lo entienden un número creciente de países de nuestro entorno que han optado por una estructura administrativa integradora de ambas competencias, sirva de ejemplo Francia, Reino Unido o Suecia, entre otros.

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El día después

Por Juan Castro – Gil – Abogado y Secretario de ANPIER

Las pasadas semanas, después de ver el espectáculo que cierta agrupación política dio autoacuchillándose a sí misma “como si no hubiera un mañana”, dejando con tembleque a un segmento político de la población, que en algún momento llegó a ser mayoritario en nuestro país, me vino a la memoria una secuencia de aquella película de principios de los 80 que nos había dejado sobrecogidos a todos: “El día después”.

Para los más jovenzuelos que no la recuerden, ni tengan ánimo de ver lo mal que le ha pasado el tiempo por encima, transcurría el telefilme durante unos días antes y unos días después del inicio de una supuesta tercera guerra mundial, en la cual, el despipote nuclear nos acercaba a la aniquilación total de unos y otros.

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El día después del desastre, una vez fallecidos el 90% de la población mundial y con el otro 10% metido en túneles de los que no podrían salir hasta que muriesen de cáncer, un grupo de desgraciados se preguntaba: “Pero, ¿quién ha ganado? ¿Nosotros verdad?”.

Triste realidad es que la codicia de unos pocos no permita ver el camino del desastre.

En España contemplamos atónitos como nuestro gobierno en funciones no quiere ni oír hablar de ratificar el Acuerdo de París contra el cambio climático, al que ya se ha sumado hasta la Unión Europea, porque de alguna manera tiene que seguir dando cancha a aquellos codiciosos que les parece mejor pegar una tajada monumental a la ciudadanía cerrando acuerdos multimillonarios de compra de gas argelino, o manteniendo a dos o tres empresarios del carbón en su cúspide de oro, bajo mantras de que las cuencas mineras no pueden vivir de otra forma, prolongando plantas y cementerios nucleares por los siglos de los siglos, mientras se prohíbe y penaliza a toda aquel osado perroflauta que quiera defender la energía verde.

¿Tan limitada es su visión de la realidad que esta gente no es consciente de que ese camino está llevándose por delante el futuro de sus hijos? ¿Realmente creen que la herencia que les dejan, no les va a pasar factura? Cuánto tiempo pasará hasta que alguno de ellos, devorado por la contaminación que asola silenciosamente su ciudad, vuelva a decir: Hemos  ganado, ¿verdad?