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La energía como derecho La energía como derecho

Las claves de un tema que nos afecta a todos

Archivo de la categoría ‘Cambio climático’

De aquellos polvos (humos energéticos), estos lodos (sequías)

Hugo Morán Secretario para la Transición ecológica de la economía de la CEF-PSOE

La sequía que venimos padeciendo desde 2014, en coincidencia a su vez con el encadenamiento de tres años excepcionalmente cálidos del clima global, no es sino el anticipo de lo que serán las condiciones de vida normales en un futuro que ya se nos ha echado encima con todas sus consecuencias.

España ha convivido históricamente con la sequía como un fenómeno recurrente y, confiado el país en su secular experiencia, sigue utilizando para gestionar aquella un manual cuya planificación no ha sido acompasada a la nueva realidad global del cambio climático. Ese hándicap supone una seria amenaza para la seguridad y la estabilidad de la nación en el medio plazo. Es urgente abordar una Ley de Transición Hidrológica sólidamente asentada sobre bases de certidumbre científica, que asegure la sostenibilidad del recurso, el equilibrio territorial, la cohesión social y el desarrollo económico.

No será porque no nos lo hubiesen advertido. Todos los análisis y prospectivas del Panel Intergubernamental de Naciones Unidas venían alertando de los efectos que el cambio climático va a desencadenar (ya lo está haciendo) sobre la disponibilidad de recursos hídricos a nivel global; y señalaba específicamente a España como la región europea más vulnerable frente a la sequía y la desertificación.

Pero no sólo tenemos abundantemente diagnosticadas las consecuencias del cambio climático, sino que también han sido identificadas con absoluta certeza las causas que lo aceleran, y estas no son otras que las que se derivan del uso de fuentes energéticas fósiles como alimento del patrón productivo que alumbró la revolución industrial, y que ha pervivido hasta nuestros días.

Salvo los últimos recalcitrantes negacionistas, ciertamente estimulados por la actitud de Donald Trump, quien ha decidido excluir a su país del concierto internacional rubricado en París, podemos hablar de un consenso prácticamente unánime en el objetivo de descarbonizar el Planeta. El debate se centra ahora en una variable en absoluto menor, cual es la del calendario y los ritmos con que debe acometerse el reto.

El reto de la transición hidrológica

Ahora bien, con independencia de que la hoja de ruta sea capaz de anticipar los tiempos de la transición energética, lo que no va a producirse es una vuelta al pasado hidrológico que conocimos. Sabemos que es posible evolucionar hacia un nuevo patrón energético ambiental, social y económicamente sostenible; que disponemos de recursos tecnológicos y financieros para hacerlo viable; pero hemos de ser también conscientes de que la transición hidrológica que debemos abordar requerirá una revisión del modelo de similar alcance al del energético.

Serán las energías renovables las que, en buena medida, hagan económicamente viable el acceso a tecnologías que han demostrado su eficacia como alternativas de abastecimiento en territorios muy vulnerables al impacto climático

Por fortuna, algunas de las exigencias que nos obligan a repensar la gestión integral del ciclo del agua, tienen respuesta en el campo de la propia revolución energética. Serán las energías renovables las que, en buena medida, hagan económicamente viable el acceso a tecnologías que han demostrado su eficacia como alternativas de abastecimiento en territorios muy vulnerables al impacto climático.

No caben atajos. De aquellos polvos (humos energéticos), derivan estos lodos en los pantanos y ríos por los que debería discurrir agua. Que las energías renovables compensen lo que aquellas otras se llevaron.

Carta del Ministro de Energía a SSMM los Reyes Magos de Oriente

Por Juan Castro – Gil – Abogado y secretario de ANPIER

Queridos Reyes Magos:

Álvaro Nadal, Ministro de Energía

Soy Álvaro, el Ministro de Energía de España, ese país tan bonito al que venís al final de vuestra ruta por Europa. Lo primero que me gustaría deciros es que en casa siempre hemos sido fieles seguidores de vuestro trabajo. Realmente, sois una referencia de hondo calado para nosotros. Por ello, hacemos todo lo posible por agradaros con nuestras actuaciones.

Por ejemplo, poco a poco, estamos consiguiendo que nuestro pequeño país se desertifique de forma inexorable y así se parezca un poco más a esos lejanos arenales donde vosotros vivís; mantenemos una relación muy estrecha con vuestros vecinos, los jeques y emires que manejan la venta del gas y del petróleo que queman en sus casas y vehículos. Las familias que gobernamos, y hacemos todo lo posible para que esas relaciones se mantengan duraderas en el tiempo; con el único objetivo de agradaros, nos quedamos con todo el carbón que lleváis y que desprecian casi todos los niños del mundo en sus cartas; nos mantenemos firmes en nuestro deseo de que los precios de la energía sean lo más altos posibles, provocando señaladas cotas de pobreza energética, haciendo que vuestra aparición en la noche de cada 5 de enero en los hogares españoles, se parezca lo máximo posible a aquella de hace 2018 años; y nos negamos categóricamente a seguir el camino de la defensa medioambiental de los países del norte de Europa, pues son los mismos que acogen en su territorio a ese tal Santa Claus, burdo suplantador de vuestro trabajo.

Como podéis ver, trabajamos duro a lo largo del año para que nada cambie. Y no creáis que nos lo ponen fácil. Muchos son los que en nuestra tierra creen que eso del cambio climático es un problema que terminará con la especie humana. ¡Insensatos! Cualquier persona bien informada sabe que lo que cambiará el devenir de los tiempos y de la humanidad es que en un pequeño barrio de Madrid, en la cabalgata de Reyes, se vistan a aquellos que reparten caramelos a los niños en vuestro nombre, con ropajes claramente indignos de vuestra majestuosidad. Eso sí que es realmente grave y haremos todo lo posible por impedirlo, sin perder el tiempo en cuestiones de baja enjundia como que suba un poco la temperatura.

En cualquier caso y por no extenderme más, espero que entendáis lo difícil de nuestra labor. De hecho, en el terminado 2017, no hemos podido batir el récord de año con más emisiones de CO2 a la atmósfera por producir energía y nos hemos quedado en el 2º lugar del ranking (aunque no os olvidéis que el 1º puesto del 2015 también fue gracias a nosotros). Espero que esta pequeña falta no sea impedimento para que esta noche nos tengáis en vuestra mente y nos dejéis todo el lignito posible, pues contamina mucho más que la antracita, y a nosotros nos gusta hacer las cosas bien.

Siempre vuestro, Álvaro.

Desafío climático: Francia ya ha dado el paso, ¿para cuándo España?

Carlos Bravo – Coordinador del Secretariado Técnico de Alianza Mar Blava

Emmanuel Macron

El presidente francés, Emmanuel Macron, durante un discurso antes de la cumbre ‘One Planet’ en París. (EFE/Philippe Wojazer)

Francia ya ha dado el paso que hace unos meses comentábamos en este blog. En efecto, el pasado 19 de diciembre, la Asamblea Nacional gala aprobó el proyecto de Ley del Gobierno Macron por medio de la cual Francia se convierte en el primer país del mundo en prohibir de forma efectiva la producción de hidrocarburos en su territorio.

La flamante y reciente ley francesa prohíbe con efecto inmediato el otorgamiento de cualquier nueva licencia de exploración de hidrocarburos por el método que sea. Las explotaciones actualmente vigentes se irán eliminando a medida que acabe su periodo concesional de manera que para el año 2040 habrá terminado totalmente la extracción de hidrocarburos en todo el ámbito territorial francés, tanto en el mar como en tierra firme.

Francia se convierte así en una referencia, en un ejemplo a seguir, no tanto porque sea un gran productor de hidrocarburos, que no lo es, sino porque se trata de una medida tomada por una potencia económica con gran influencia mundial. Que uno de los países más industrializados del planeta, miembro del  denominado G8, haga suyo el lema de #KeepItInTheGround, es muy significativo y lanza un mensaje muy importante al resto de la comunidad internacional sobre lo que es tomarse en serio el desafío del cambio climático.

De manera más coloquial, y tomando el símil entre energía y colesterol que se hacía en este mismo blog hace unos días, Francia ha tomado una medida saludable, además de coherente con su compromiso en la lucha contra el cambio climático, al decidir reducir de su dieta energética su propia contribución a la producción de fuentes de energía nocivas para la salud pública, la economía y el medioambiente como son estos combustibles fósiles: el petróleo y el gas.

Para quienes consideren que esta decisión de nuestros vecinos galos es un acto más bien simbólico pues Francia importa el 99% de su petróleo (España tiene una situación similar y, sin embargo, el Ministerio de Energía de Álvaro Nadal hace todo lo contrario pues sigue fomentando la producción de hidrocarburos) hay que decirles que ésta no es la única decisión que ha tomado el Gobierno francés al respecto de la reducción de la aportación de las energías sucias a su mix energético.

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Acción ciudadana ante la inacción política: ¡Hay que actuar ya para mitigar el cambio climático!

Domingo Jiménez Beltrán – Patrono fundador de la Fundación Renovables

La reciente Cumbre de Cambio Climatico de Naciones Unidas que ha acogido la ciudad de Bonn (COP23) ha confirmado, después de la mejora en los augurios de la COP21 de París de 2015, que nuestros mandatarios siguen condicionados y frenados por los intereses económicos ligados a la economía fósil, las empresas energéticas, las eléctricas, las automovilísticas… Las presiones de sus potentes oligopolios ralentizan continuamente la inexorable descarbonización de la economía y con ello no solo la mitigación del cambio climático, cuyas consecuencias aparecen ya como devastadoras, sino también la de la contaminación atmosférica de nuestras ciudades que sigue mostrándose inadmisible y afectando seriamente a nuestra salud y calidad de vida.

Una muestra evidente de esta resistencia al cambio es la posición mostrada durante la COP por muchos países contrarios al cierre de las centrales térmicas alimentadas por el más contaminante de los combustibles fósiles, el carbón; entre estos países están algunos europeos como España o Polonia y uno tan señero en su transición energética como Alemania. Otra muestra la encontramos en las noticias recientes sobre las presiones empresariales y sindicales del sector automovilístico español para que el Gobierno se tome con calma la también inexorable introducción de los vehículos eléctricos.

Y lo más irresponsable e inadmisible  de esta inacción, también en la UE aunque lo sea en menor grado, es que este proceso de abandono de los combustibles fósiles y su sustitución por energías de fuentes renovables no solo tiene ventajas ambientales sino también económicas (costes menores y en continua caída  y más si se internalizan costes ambientales), sociales (más empleo, energías más seguras y accesibles, autóctonas e integrables en el entorno) y estratégicas (seguridad de suministro) de las que se benefician principalmente los ciudadanos y las ciudades, las cuales pueden convertirse no solo en espacios urbanos limpios, habitables e incluso autosuficientes energéticamente

Siendo los ciudadanos y las ciudades los principales perjudicados por la inacción política y los agentes principales y beneficiarios del modelo alternativo ¿a qué esperamos? O mejor, ¿por qué tenemos que esperar a que nuestros mandatarios superen su confusión – que la tienen y mantienen –   sobre los intereses generales y los de los oligopolios y sectores económicos dominantes?  Y más sabiendo que cuando la superen será demasiado tarde, sobre todo para hacer de que el cambio climático pase de ser un desafío a una oportunidad o “clímax para el cambio”.

Quien no lo crea que se atreva a ojear los dos incontrovertibles informes de la Agencia Europea de Medio Ambiente, “Lecciones tardías de alertas tempranas”, que recoge  ejemplos de desastres ambientales, con daños a la naturaleza y la salud que, pese a ser conocidos suficientemente durante años y decenios, tuvieron una respuesta tardía que impidió en muchos casos evitar los daños. El cambio climático es ya el desastre a cuyos impactos más tiempo hemos tardado en responder (hace mas de 120 años que ya lo predijo con bastante precisión Arrhenius) y, a este paso, va a ser con diferencia el más devastador. La experiencia da por buenas dos de las lecciones de estos informes en las que se recogen las razones de esta tardía e irresponsable falta de respuesta, la de existencia de intereses económicos dominantes ligados al desastre y la de su cercanía o cohabitación con el poder.

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Avance tecnológico sin liderazgo político

Fernando Ferrando – Presidente de la Fundación Renovables

Cumbre del clima

En la Cumbre sobre Cambio Climático celebrada en Copenhague en diciembre de 2009, Juantxo López de Uralde, actual Diputado de EQUO y en esa fecha Director de Greenpeace España, fue detenido por mostrar en la cena oficial una pancarta en la que se podía leer: “Los políticos hablan los lideres actúan”.

Hoy, 8 años después, podríamos decir que la situación ha cambiado, pero no por el compromiso claro de los líderes mundiales sino porque la tecnología está dando señales que los políticos no quieren ni oír ni asumir. Esta misma semana en la subasta de compra de energía eléctrica celebrada en México las ofertas casadas en la misma, para la eólica y para la fotovoltaica se cerraron con precios en un valor medio de 20,7 $/MWh (17,7€/MWh) muy por debajo que los precios de referencia para cualquier tecnología que use combustibles fósiles o para la energía eléctrica de origen nuclear.

Este paso de gigante dado por la tecnología no ha tenido reflejo entre los líderes, o mejor dicho parafraseando a Juantxo Lopez de Uralde, políticos más que líderes, que asistían a la cumbre de Bonn COP23, celebrada la  semana pasada, en la que no han sido capaces de asumir los compromisos que el mundo demanda y que ahora la tecnología si permite.

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¿Habrá árboles para ver el bosque?

Por Juan Castro – Gil – Abogado y secretario de ANPIER

fuego

Incendio en Serra de San Madede (Ourense).

Una de las experiencias más inspiradoras para mí, siempre ha sido el poder compartir con mis hijos alguna emoción concreta que, por una razón u otra, me haya impactado a lo largo de mi vida. Así, me encantará descubrir en sus ojos la emoción de ver a Denys Finch Hatton y a Karen Dinesen sobrevolando Masái Mara mientras suena Flying over Africa, o poder ir con ellos a un concierto de Javier Ruibal y que sientan algo parecido a lo que sentimos su madre y yo la primera vez que lo escuchamos, o lo que me relataba un buen amigo, que celebró emocionado junto a sus hijos pequeños, hace unas semanas y sin haberles adelantado el resultado, el gol de Señor con el que la selección española cerraba el 12-1 frente a Malta y lograba su clasificación para la Eurocopa del 84. Son pequeños anclajes de nuestra historia vital que nos hacen sonreír y que pensamos que, quizás, podamos revivir de forma efímera en la piel de nuestros hijos.

Pero sucede, y no pocas veces, que esos déjà vu en los que nos vemos reflejados con los niños, nos muestran realidades mucho más dramáticas de lo que nos gustaría reconocer.

Mi preocupación ambiental por lo que sucede con el clima, es un hecho con el que conviven mis hijos de forma natural. Vivimos en Galicia, un lugar donde la vegetación nos rodea prácticamente en todo lo que hacemos. Seis meses sin llover y con temperaturas por encima de los 25 grados a finales de octubre, están provocando problemas enormes en circunstancias mundanas que percibimos los mayores en el día a día, pero que no estaba tan seguro que los pequeños también fueran capaces de reconocer y padecer.

El día 16 de octubre, pese a que no habíamos tenido incendios en 50 kms a la redonda, la ciudad donde vivimos vestía su cielo con un sobrecogedor violeta oscuro e impregnaba toda la ciudad de un olor insoportable. Varios compañeros de mis hijos no pudieron ir al colegio por no poder respirar y la sensación de congoja de todos era extraordinaria.

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Es inmoral contaminar el planeta y destruir el equilibrio climático

Carlos Bravo – Coordinador del Secretariado Técnico de la Alianza Mar Blava

incendio en galicia

Brais Lorenzo / EFE

No sé si con las lluvias y la bajada de temperaturas de los últimos días se habrá acabado por fin este espantoso “verano” de interminable duración, tan avariento en precipitaciones que nos ha situado en una grave sequía generalizada (aunque el despilfarro generalizado en los usos del agua también tiene su parte de culpa) y ha propiciado las condiciones de sequedad adecuadas para los devastadores incendios que han asolado la Península Ibérica, provocando decenas de muertes en Portugal y Galicia.

Lo cierto es que, como nos advierten numerosos informes  sobre escenarios de cambio climático en la Península Ibérica (algunos ya publicados hace muchos años),  la tendencia es que la temporada seca empezará cada vez más pronto y acabará más tarde: el cambio climático nos está robando las primaveras y los otoños, al menos tal y como las conocíamos hace no mucho tiempo.

Por supuesto, no quiero decir que esos incendios en particular hayan sido provocados específicamente por el cambio climático. Es público y notorio que muchos de ellos, sino la mayoría, han sido provocados por gente malnacida con inconfesables intereses y, además, hay que añadir otros factores como la desidia de las Administraciones con su falta de previsión y la dotación escasa de medios para la extinción de incendios, sin olvidar que nos pasan factura las pésimas políticas forestales de muchas CC.AA.

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Una verdad muy incómoda

José Luis García – Área de energía y cambio climático de Greenpeace

cambio climático

En estos tiempos de turbulencia política, cuesta hablar de algo que no sea la disputa sobre la independencia de Cataluña. Pero la incómoda verdad es que donde nos jugamos el futuro es en la capacidad del único planeta en el que vivimos de seguir albergando nuestra vida, sean cuales sean las fronteras que hayamos dibujado en su superficie, y que en la atmósfera no existen.

Tomo prestado el título de la última película del exvicepresidente de EEUU Al Gore, a cuyo estreno en Madrid asistí la semana pasada. En este impactante documental (sobre todo para quienes no vieran el primero) Gore vuelve a poner ante los ojos del mundo lo que cada vez más personas de distintos lugares están sufriendo ya en sus propias carnes: el cambio climático arruina la vida a poblaciones enteras. Y eso que, cuando se grabó, aún el huracán Harvey no había inundado Houston, ni Irma había devastado Florida, ni María había arrasado Puerto Rico…

Con todo, el mensaje principal de la película no es el del daño desatado del cambio climático sino la buena noticia del avance imparable de la revolución renovable, de manera que se anuncia sin ambages que la solución es 100% renovable. Un mensaje imprescindible que la ha hecho merecedora del premio Lurra otorgado por Greenpeace en el festival de cine de San Sebastián.

Pues bien, si diagnosticado el problema, conocemos la solución, ¿qué más queremos? Bueno, hay un pequeño detalle a tener en cuenta: el tiempo. No solo el futuro ha de ser 100% renovable, cosa que, como ya hemos señalado en este blog, ya es comúnmente aceptado, sino que la transición tiene que hacerse antes de que agotemos la cantidad de carbono disponible que nos evite traspasar la frontera de 1,5ºC de aumento de temperatura.

Y eso nos lleva necesariamente a la acción política. Justamente ayer acabó el periodo de consultas abierto por el Gobierno para la propuesta de Ley de Cambio Climático y Transición Energética. Greenpeace ha propuesto que la ley que se apruebe marque claramente, con objetivos, plazos, presupuestos (no solo económicos, sino también de carbono) y herramientas, la hoja de ruta para alcanzar un sistema eficiente, inteligente y 100% renovable. Y que permita, facilite e incentive la participación de la ciudadanía en la producción, consumo y gestión de la demanda de energía renovable.

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Las ciudades se renuevan con energía. Si la ciudad cambia, todo cambia

Domingo Jiménez Beltrán – Presidente de la Fundación Renovables

El cambio climático nos ha cargado de razón para hacer lo que en cualquier caso habría que hacer, cambiar nuestro modelo de producción y consumo, ahora insostenible, para alcanzar un progreso más sostenible, mayor calidad de vida para el presente y el futuro y para una mayoría creciente de los ciudadanos lo que implica una economía prácticamente descarbonizada y suficientemente desenergizada y desmaterializada.

Además, el cambio climático nos ha puesto fecha para ultimar este cambio que, en el caso de la Unión Europea, como región desarrollada y responsable de gran parte de las emisiones de Gases de Efecto Invernadero, sería el 2050 como reconocen ya las Hojas de Ruta Comunitarias para escenarios bajos en carbono, energía y materiales y con hitos ya concretados para 2020 y en vía de cerrarse para 2030.

En este significativo cambio de paradigma de nuestro modelo de progreso socioeconómico, la energía, el cambio hacia un sistema energético sostenible, es el gran vector de cambio, con el proyecto de Unión Energética lanzado por la Comisión Europea en 2015, y que desde la Fundación Renovables esperamos dé paso a una Política Energética Común, con más razones que la actual PAC.

Y las ciudades europeas y sus ciudadanos, más del 50% de la población, se consideran los grandes agentes y beneficiaros de este cambio. Agentes por ser las ciudades y su entorno cercano responsables, según la CE, de hasta el 80% del consumo energético y tener en su mano actuar al respecto y beneficiarios porque la “renovación con energía” de las ciudades es una gran dinamizadora de la tan necesaria renovación urbana integrada, de la recuperación de las ciudades para los ciudadanos y de los ciudadanos para las ciudades.

Esta renovación de la ciudad en clave energética, con una racionalización de la demanda con más eficacia (para lo necesario) y eficiencia, la reducción considerable de los consumos energéticos finales (más de un 50%), en lo posible eléctricos, y la optimización de la oferta basada en la generalización de las renovables, así como la integración de ambas a través del autoconsumo, puede permitir  llegar a la autosuficiencia energética conectada a todos los niveles: viviendas, polígonos industriales, barrios, municipios…

En este proceso, la ciudad se renueva con la energía, a través de la necesaria mejora de la accesibilidad a bienes y servicios “de cercanía”, de una movilidad sostenible en la que predominen los traslados a pie, en bicicleta y con transporte público, con vehículos básicamente electricos, y de la rehabilitación de edificios (reconstruir más que construir) para hacerlos más eficaces y eficientes energéticamente y en lo posible autosuficientes  en balance neto (generación en autoconsumo con placas fotovoltaicas, FV) y, en general,  más habitables. Y, por supuesto, el primer resultado de esta renovación con energía de las ciudades es la recuperación de la calidad del aire urbano, ya que las emisiones contaminantes se reducen drásticamente.

Este “empoderamiento” energético de los ciudadanos y de las ciudades necesario para mitigar el cambio climático y oportuno por lo que implica de regeneración y renovación urbana, no es utópico, está en marcha, urge acelerarlo dados los plazos disponibles y la mejor forma de hacerlo es difundiendo, por un lado, todas las iniciativas en curso a  las que pueden sumarse las ciudades o de las que tomar ejemplo nuestros municipios y, por otro, las propuestas y herramientas de aplicación general disponibles, con las consiguientes adaptaciones.

En cuanto a iniciativas quizás la más operativa a nivel UE es la del nuevo Pacto de los Alcaldes para el Clima y la Energía lanzado por la Comisión Europea en 2015 (enlace), por el que los firmantes (más de 1.800 alcaldes españoles) se comprometen a cumplir en sus ciudades los objetivo de la UE en mitigación de emisiones y energía para 2020 y 2030 y presentar Planes de Acción para Energía Sostenible y Clima (PAESC) y rendir cuentas cada dos años.

Y lo más importante es que, como muestran algunas ciudades, caso de Copenhague, Ámsterdam y otras grandes ciudades europeas, que pretenden llegar a emisiones cero en 2025, superar estos compromisos es un instrumento deseable para convertirse en ciudades del futuro y estos son casos a emular que es lo que están haciendo ya grandes ciudades españolas como Barcelona, Madrid o Málaga y no tan grandes como los municipios murcianos acogidos a la Red de Municipios Sostenibles de la Fundación Desarrollo Sostenible, que ya hace varios años mostró como la sola utilización de los 14,2 km2 de tejados de edificios de la Región podría acoger casi un millón de kW de potencia con placas FV y generar la energía eléctrica equivalente al consumo residencial total.

En cuanto al método para alcanzar este escenario “chollo” de renovación urbana con energía, la Fundación Renovables ya lanzó su propuesta de “Ciudades con Futuro”, “Ciudades Emisiones Cero” en 2015 que se ha ido contrastando en su uso y que esperamos vaya perfeccionándose en sus adaptaciones prácticas y en los debates en curso como el que se inicia esta misma semana con ocasión del Curso en la Universidad de Málaga “La ciudad y la energía: propuestas para el progreso sostenible urbano”.

Sabemos lo que está ocurriendo en nuestras ciudades y lo que estamos contribuyendo no solo a la baja calidad del aire y de nuestra vida urbana sino a la del Planeta. Sabemos lo que habría que hacer al respecto para recuperar nuestra ciudad y nuestra calidad de vida urbana, Solo nos falta organizarnos para hacerlo. El desafío del cambio climático nos ofrece una oportunidad única para renovar nuestras ciudades con energía y convertirnos en agentes y beneficiarios del cambio.

 

 

 

 

Una nueva oportunidad para que el Gobierno español muestre coherencia ante el desafío climático

Carlos Bravo – Coordinador del Secretariado técnico de Alianza Mar Blava

climate change

Hace poco más de dos meses, el pasado 2 de febrero, el Boletín Oficial del Estado (BOE) publicaba el instrumento de ratificación del Acuerdo de París, hecho en esta ciudad el 12 de diciembre de 2015 y que había sido ya firmado por España en Nueva York el 22 de abril de 2016.

Unos meses antes de la ratificación por parte de España, exactamente el 4 de noviembre de 2016, el Acuerdo de París entró en vigor. El reconocimiento por parte de la inmensa mayoría de los líderes mundiales de la necesidad urgente de tomar medidas contra el cambio climático fue clave para su rápida aprobación y entrada en vigor.

En la Disposición publicada en el citado BOE se plasman las palabras de su Majestad el Rey Felipe VI: “MANIFIESTO el consentimiento de España en obligarse por este Acuerdo y EXPIDO el presente instrumento de ratificación firmado por Mí y refrendado por el Ministro de Asuntos Exteriores y de Cooperación (…)”.

Así pues, España se ha obligado a cumplir el Acuerdo de París cuyo principal objetivo es: “Mantener el aumento de la temperatura media mundial muy por debajo de 2 °C con respecto a los niveles preindustriales, y proseguir los esfuerzos para limitar ese aumento de la temperatura a 1,5 °C con respecto a los niveles preindustriales, reconociendo que ello reduciría considerablemente los riesgos y los efectos del cambio climático”.

El Acuerdo de París ha tenido la virtud de lograr que prácticamente todo el mundo haya reconocido y asumido que para cumplir sus objetivos es necesario poner en marcha de forma urgente planes que conduzcan a una descarbonización profunda de nuestra economía. Sustituir el modelo energético actual, fundamentado en el uso de energías sucias y peligrosas, mayoritariamente combustibles fósiles, es una ardua tarea, para la que no nos queda mucho tiempo y, como hemos visto (hace unos días, Trump firmó una orden ejecutiva con una serie de medidas para recuperar la producción de energías fósiles en Estados Unidos), no van a faltar obstáculos en el camino.

No obstante, pese a la existencia de trabas que habrá que superar, no tenemos más remedio que alcanzar lo más pronto posible, antes de 2050, un sistema energético eficiente e inteligente basado al 100% en el ahorro, la eficiencia y las energías renovables, únicos recursos energéticos sostenibles con los que plantar cara eficazmente el problema del cambio climático.

En la Alianza Mar Blava, plataforma surgida en Ibiza y Formentera que agrupa actualmente a más de 110 entidades tanto de Administraciones públicas (Govern balear, los cuatro Consells y diversos ayuntamientos de estas islas, así como el Ayuntamiento de Barcelona) como del sector privado (entidades de sectores económicos como el turismo, la pesca o el náutico) y de la sociedad civil (organizaciones sociales, sindicales y ecologistas), estamos convencidos de que hay que sacar cuanto antes a los combustibles fósiles de nuestro modelo energético.

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