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La energía como derecho La energía como derecho

Las claves de un tema que nos afecta a todos

Archivo de la categoría ‘Cambio climático’

Una nueva oportunidad para que el Gobierno español muestre coherencia ante el desafío climático

Carlos Bravo – Coordinador del Secretariado técnico de Alianza Mar Blava

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Hace poco más de dos meses, el pasado 2 de febrero, el Boletín Oficial del Estado (BOE) publicaba el instrumento de ratificación del Acuerdo de París, hecho en esta ciudad el 12 de diciembre de 2015 y que había sido ya firmado por España en Nueva York el 22 de abril de 2016.

Unos meses antes de la ratificación por parte de España, exactamente el 4 de noviembre de 2016, el Acuerdo de París entró en vigor. El reconocimiento por parte de la inmensa mayoría de los líderes mundiales de la necesidad urgente de tomar medidas contra el cambio climático fue clave para su rápida aprobación y entrada en vigor.

En la Disposición publicada en el citado BOE se plasman las palabras de su Majestad el Rey Felipe VI: “MANIFIESTO el consentimiento de España en obligarse por este Acuerdo y EXPIDO el presente instrumento de ratificación firmado por Mí y refrendado por el Ministro de Asuntos Exteriores y de Cooperación (…)”.

Así pues, España se ha obligado a cumplir el Acuerdo de París cuyo principal objetivo es: “Mantener el aumento de la temperatura media mundial muy por debajo de 2 °C con respecto a los niveles preindustriales, y proseguir los esfuerzos para limitar ese aumento de la temperatura a 1,5 °C con respecto a los niveles preindustriales, reconociendo que ello reduciría considerablemente los riesgos y los efectos del cambio climático”.

El Acuerdo de París ha tenido la virtud de lograr que prácticamente todo el mundo haya reconocido y asumido que para cumplir sus objetivos es necesario poner en marcha de forma urgente planes que conduzcan a una descarbonización profunda de nuestra economía. Sustituir el modelo energético actual, fundamentado en el uso de energías sucias y peligrosas, mayoritariamente combustibles fósiles, es una ardua tarea, para la que no nos queda mucho tiempo y, como hemos visto (hace unos días, Trump firmó una orden ejecutiva con una serie de medidas para recuperar la producción de energías fósiles en Estados Unidos), no van a faltar obstáculos en el camino.

No obstante, pese a la existencia de trabas que habrá que superar, no tenemos más remedio que alcanzar lo más pronto posible, antes de 2050, un sistema energético eficiente e inteligente basado al 100% en el ahorro, la eficiencia y las energías renovables, únicos recursos energéticos sostenibles con los que plantar cara eficazmente el problema del cambio climático.

En la Alianza Mar Blava, plataforma surgida en Ibiza y Formentera que agrupa actualmente a más de 110 entidades tanto de Administraciones públicas (Govern balear, los cuatro Consells y diversos ayuntamientos de estas islas, así como el Ayuntamiento de Barcelona) como del sector privado (entidades de sectores económicos como el turismo, la pesca o el náutico) y de la sociedad civil (organizaciones sociales, sindicales y ecologistas), estamos convencidos de que hay que sacar cuanto antes a los combustibles fósiles de nuestro modelo energético.

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Liberémonos de los combustibles fósiles

Por José Luis García – Área de Energía y Cambio Climático de Greenpeace

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Este mes de marzo, un movimiento de personas de todos los rincones del planeta se pone en pie para hacer frente al cambio climático: un movimiento que exige liberar al planeta de la tiranía de los combustibles fósiles.

Cada vez más personas, comunidades, países, sufren las consecuencias del cambio climático, y no están dispuestas a permanecer impasibles hasta que esos impactos hagan su tierra inhabitable. Con el lema común de “Break Free”, una ola mundial de personas se levanta contra las energías sucias que causan el cambio climático. Unimos fuerzas para proteger a las comunidades vulnerables de los sucesos meteorológicos extremos y de las corporaciones del petróleo, carbón o gas que envenenan nuestro aire, ocupan nuestra tierra y secuestran a nuestros gobiernos. Es un movimiento ciudadano pacífico, unido y decidido a acabar con la era de la energía sucia y a empujar una transición justa a un futuro más limpio y sostenible.

La realidad del cambio climático exige una reacción inmediata y ambiciosa: para evitar sus peores consecuencias, no hay que permitir que el calentamiento global supere 1,5ºC, tal como ha quedado recogido en el Acuerdo de París. Es el gran reto de nuestro siglo. Puede parecer algo de un futuro lejano, pero un niño o niña que nace hoy, aún estará en la escuela en 2030, y puede seguir viviendo en el año 2100. Las decisiones que tomemos hoy determinarán si estas personas y sus hijos e hijas heredarán un planeta habitable.

Los datos científicos indican que más del 80% de las reservas conocidas de carbón, la mitad de las de gas y un tercio de las de petróleo deben dejarse bajo tierra para evitar un calentamiento de 2ºC. Para no superar 1,5ºC, no puede abrirse ni una nueva mina de carbón, ni pozo de petróleo ni de gas. Las centrales térmicas tienen que tener fecha de caducidad, empezando por las de carbón, que en nuestro país deberían estar cerradas todas en 2025.

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Un invierno diferente

Por Mariano Sidrach de Cardona – Catedrático de la Universidad de Málaga

 copos de nieveMás para mal que para bien, estamos viviendo un invierno diferente. Aquellos que nos anunciaban que el cambio climático ya es una evidencia incuestionable van a tener razón.

Hasta hace pocas fechas el invierno no ha existido. Hemos soportado temperaturas anormalmente altas y sequías prolongadas. El aire de nuestras ciudades es cada vez más irrespirable, produciendo graves problemas de salud. Cuando ha llovido, lo ha hecho de forma torrencial, perjudicando tanto a los cultivos como a las ciudades. Estamos viendo tornados en la costa. Ahora empieza una ola de frío polar como hace tiempo no se recuerda, por no hablar de las alteraciones que se están produciendo en nuestros ecosistemas.

Es verdad que es muy difícil establecer una relación causa-efecto y afirmar sin equivocación que todos estos fenómenos climatológicos extremos están asociados únicamente al cambio climático, pero los científicos cuando nos encontramos ante problemas complejos, como sin duda es este, nos gusta estudiar las tendencias y las evidencias, y estas nos dicen que en este caso, el aumento de las partículas de CO2 en la atmosfera está relacionada con las modificaciones climáticas que estamos viviendo. Aunque la cuantificación exacta de esta influencia sea difícil, la razón última cualitativa es muy fácil de explicar. Sólo hay que entender que el sistema tierra-atmósfera es, en realidad, un gran invernadero que recibe luz solar y donde la atmósfera regula los intercambios de energía y, por ello, las temperaturas. Si oscurecemos la atmósfera, cosa que hacemos con la emisión de contaminantes, alteramos los intercambios energéticos y como consecuencia se produce un calentamiento a nivel global, existiendo ahora más cantidad de energía que queda atrapada en nuestro invernadero, que es la tierra en la que vivimos. Esta mayor energía es la que alimenta los fenómenos meteorológicos que, por lo tanto, se hacen más extremos, más frecuentes y también más impredecibles.

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El cambio climático y los médicos

Por Juan Castro – Gil – Abogado y Secretario de Anpier

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Ciclista con mascarilla circulando por las calles de Madrid (Emilio Naranjo /EFE)

Hace tan solo unas semanas, acudí como invitado a un estupendo y numerosísimo congreso médico organizado en Sevilla. Mi labor entre tanto doctor, se circunscribía a hablar sobre los efectos no convencionales del cambio climático y la importancia de la actuación ciudadana contra este.

La primera sorpresa con la que me encontré, fue el escaso interés que muestran los médicos  en el área de trabajo de los compañeros que estudian las enfermedades medioambientales. Por ello, empecé mi charla advirtiendo, sin temor a equivocarme, que de las cinco ponencias que se estaban desarrollando al mismo tiempo, el problema del que se iba a hablar en aquella sala, era el único que afectaría a todas las personas que se encontraban en las otras salas, en todo el hotel, en toda la ciudad, en todo el país y en todo el planeta.

Y efectivamente, al margen de las cuatro o cinco “aventuras” que les conté, entre aquellas cuatro paredes, personas que dedican su vida a analizar las enfermedades que sufrimos, nos explicaron cómo la contaminación atmosférica no solo está aumentando el número de alérgicos, sino que está matando a los españoles de cáncer y de otras enfermedades respiratorias, nos contaron que perjudica gravemente a los enfermos de Parkinson y otras enfermedades degenerativas,  que está provocando centenares de partos prematuros con lo que eso puede suponer en las vidas de esas personas, que miles de personas (sí miles), están falleciendo en España por las situaciones extremas de calor y frío que provoca el cambio climático, que las enfermedades infecciosas proliferan por el aumento de la temperatura… y un sinfín de cosas más que mi mente de picapleitos casi no podía (o no estaba dispuesto) a entender.

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La política del Gobierno sobre cambio climático: “(…) y ya llegaremos al 2050”

Por Carlos Bravo – Coordinador del Secretariado Técnico de la Alianza Mar Blava

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“Lo que va a ocurrir en 2020 está claro, en 2030 quedan las cosas por definir y ya llegaremos a 2050”, eso es lo que, de forma evasiva, respondió el nuevo ministro de Energía, Turismo y Agenda Digital, Álvaro Nadal, en la Cumbre de Naciones Unidas sobre Cambio Climático (COP 22) celebrada recientemente en Marrakech, al ser preguntado por los planes del Gobierno español para llegar a un horizonte descarbonizado en 2050, que es la meta que se ha marcado la comunidad internacional para hacer frente al desafío del cambio climático.

No deja de sorprenderme la irresponsabilidad de esta lamentable respuesta del ministro Nadal, sobre todo porque España es un país especialmente vulnerable al cambio climático. Esa afirmación evidencia que no existe un compromiso activo por parte del Gobierno español para hacer frente de forma eficaz a este problema.

Sí, sin duda, algún día llegaremos al 2050. Quizá no el ministro Nadal y tampoco muchos de nosotros, pero sí nuestros hijos y nuestros nietos. Pero la pregunta es: ¿en qué condiciones llegarán a esa fecha? ¿Cuál será la temperatura media del planeta entonces y cuales los efectos del cambio climático que tendrán que sufrir? Lo cierto es que las previsiones no son nada  halagüeñas. En cualquier caso, dependerá en gran medida de la mayor o menor ambición de las políticas energéticas y climáticas de España y los demás países de la comunidad internacional.

Todo parece indicar que el cambio climático se está acelerando a nivel global. Cambios previstos para dentro de unas décadas, están sucediendo hoy día. Un reciente estudio publicado en Science concluye que el 80% de los procesos ecológicos del planeta ya se están viendo alterados por el calentamiento global.

Seguramente prueba de ello es que, con los datos disponibles hasta ahora, es muy probable que 2016 termine por batir el récord de incremento de la temperatura que actualmente ostenta 2015, tal y como informó el pasado 14 de noviembre la Organización Meteorológica Mundial (OMM) de Naciones Unidas. Los datos preliminares que maneja la OMM indican que el aumento de la temperatura mundial en 2016 será de aproximadamente 1,2 °C por encima de los niveles preindustriales.

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Transición energética: en juego nuestra salud y la del planeta

Por Begoña María Tomé – Gil – Responsable de Cambio Climático en ISTAS

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El cambio climático es un problema presente, y muestra de ello es que en el año 2015 se batieron varios récords históricos de concentración de dióxido de carbono en la atmósfera (400 ppm), de aumento de temperatura mundial de más de un grado por encima de los niveles preindustriales, de reducción drástica del hielo del Ártico (un 40% menor que en los 80) y de aumento del nivel del mar. Las zonas afectadas por sequía ya representan un 30% de la superficie del planeta, con un 14% en sequía grave o extrema, así que hemos comprometido la capacidad natural del planeta de fijar CO2 de las regiones tropicales, de nuestros bosques y océanos, que absorben alrededor de la mitad de lo que emitimos. La tendencia continúa en 2016. Nos dirigimos a un territorio desconocido.

El cambio climático nos enferma, nos mata. El cambio climático influye negativamente en los factores sociales y ambientales que determinan la salud, como el aire limpio, el agua potable, los alimentos suficientes y la vivienda segura. La Organización Mundial de la Salud estima que el calentamiento global causará más de 250.000 muertes al año entre 2030-2050 (95.000 muertes por desnutrición infantil). Entre los impactos en la salud más importantes se encuentran  aquellos por efecto de la subida de las temperaturas y las olas de calor, por los eventos meteorológicos extremos, por su incidencia en el incremento de ciertos contaminantes atmosféricos, por la proliferación de alergias y por el aumento de las enfermedades transmitidas por vectores infecciosos, por alimentos o por el agua.

El cambio climático afecta a la productividad laboral y a las condiciones de trabajo, poniendo en riesgo especial la salud de quienes desarrollan su actividad en el exterior.

Las estimaciones disponibles sobre las consecuencias económicas de la reducción de la productividad del trabajo debido al cambio climático, proyectan una pérdida de 2 billones de dólares por año para 2030 y una pérdida del 23% del PIB mundial en 2100.

En los entornos rurales, las ocupaciones de agricultura, gestión forestal, ganadería, o pesca se ven muy afectadas por el cambio climático debido al aumento de la frecuencia de las olas de calor, las sequías y plagas, así como el uso creciente de plaguicidas, fertilizantes y otros químicos. Por otro lado, se pueden ver más expuestos a infecciones transmitidas por vectores como mosquitos o garrapatas.

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¿Una ley de Transición Energética y Cambio Climático ágil y coherente?

Concha Cánovas – Experta en Energías Renovables

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No deja de sorprender que justo una semana después de la formación de un nuevo Gobierno en el que se ha optado por mantener separadas las carteras  de Medioambiente  y Energía, el mismo partido que está en el Gobierno promueva en el Congreso una Ley de Transición Energética y Cambio Climático, con el fin de “ dotar de agilidad y coherencia las actuaciones encaminadas a que España cumpla sus compromisos en materia de energía, cambio climático y descarbonización de la economía” tal y como señala la nota de prensa  emitida  con ocasión de su presentación.

Si de verdad se pretende que haya coherencia no se entiende por qué se mantienen separadas administrativamente ambas competencias cuando no dejan de ser dos caras de una misma  moneda dada indisoluble incidencia medioambiental de la energía. Es precisamente por este motivo por el que desde la Fundación Renovables hemos venido reclamando un único responsable con todas las competencias en materia de energía y cambio climático para garantizar que la Ley sea eficaz; y es así también como lo entienden un número creciente de países de nuestro entorno que han optado por una estructura administrativa integradora de ambas competencias, sirva de ejemplo Francia, Reino Unido o Suecia, entre otros.

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El día después

Por Juan Castro – Gil – Abogado y Secretario de ANPIER

Las pasadas semanas, después de ver el espectáculo que cierta agrupación política dio autoacuchillándose a sí misma “como si no hubiera un mañana”, dejando con tembleque a un segmento político de la población, que en algún momento llegó a ser mayoritario en nuestro país, me vino a la memoria una secuencia de aquella película de principios de los 80 que nos había dejado sobrecogidos a todos: “El día después”.

Para los más jovenzuelos que no la recuerden, ni tengan ánimo de ver lo mal que le ha pasado el tiempo por encima, transcurría el telefilme durante unos días antes y unos días después del inicio de una supuesta tercera guerra mundial, en la cual, el despipote nuclear nos acercaba a la aniquilación total de unos y otros.

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El día después del desastre, una vez fallecidos el 90% de la población mundial y con el otro 10% metido en túneles de los que no podrían salir hasta que muriesen de cáncer, un grupo de desgraciados se preguntaba: “Pero, ¿quién ha ganado? ¿Nosotros verdad?”.

Triste realidad es que la codicia de unos pocos no permita ver el camino del desastre.

En España contemplamos atónitos como nuestro gobierno en funciones no quiere ni oír hablar de ratificar el Acuerdo de París contra el cambio climático, al que ya se ha sumado hasta la Unión Europea, porque de alguna manera tiene que seguir dando cancha a aquellos codiciosos que les parece mejor pegar una tajada monumental a la ciudadanía cerrando acuerdos multimillonarios de compra de gas argelino, o manteniendo a dos o tres empresarios del carbón en su cúspide de oro, bajo mantras de que las cuencas mineras no pueden vivir de otra forma, prolongando plantas y cementerios nucleares por los siglos de los siglos, mientras se prohíbe y penaliza a toda aquel osado perroflauta que quiera defender la energía verde.

¿Tan limitada es su visión de la realidad que esta gente no es consciente de que ese camino está llevándose por delante el futuro de sus hijos? ¿Realmente creen que la herencia que les dejan, no les va a pasar factura? Cuánto tiempo pasará hasta que alguno de ellos, devorado por la contaminación que asola silenciosamente su ciudad, vuelva a decir: Hemos  ganado, ¿verdad?

La UE nos da una sorpresa agradable: la ratificación conjunta del Acuerdo de París.

Por Laura Martín Murillo – Directora de la Fundación Renovables

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Cumbre del Clima (ARCHIVO)

El viernes la UE acordó la ratificación en grupo del Acuerdo de París y aunque esta decisión se venía impulsando en las últimas semanas, no ha dejado de ser una sorpresa agradable.

Me parece siempre que las lecturas sobre el acuerdo de París de cambio climático del año pasado se han movido en general entre la realidad y el deseo: la realidad de unos resultados poco ambiciosos y el deseo de que el acuerdo internacional impulse por fin en los gobiernos el compromiso de actuar sobre un desafío planetario que está modificando nuestro mundo a una velocidad impensable hace solo algunas décadas y cuyos impactos van a ser devastadores.

Aunque parezcan contradictorias, ambas lecturas son necesarias, la que nos recuerda que con lo que hay hoy encima de la mesa en compromisos por parte de los países no hay suficiente, ni de cerca, para salvarnos de un calentamiento peligroso y la que, poniendo un pie en el acuerdo de París, quiere dejar de mirar atrás y comenzar la marcha firme hacia la descarbonización de nuestras economías.

El proceso de ratificación

Para avanzar el acuerdo tiene que entrar en vigor cuanto antes y para eso tienen que estar ratificado por 55 paises que sumen el 55% de las emisiones de gases de efecto invernadero. Hasta el viernes, 61 países habían firmado el acuerdo, pero representaban solo un 48% de las emisiones de efecto invernadero.

Lo cierto es que si lo comparamos con otros procesos, la ratificación de este acuerdo se está produciendo de una manera rápida en muchas regiones del mundo. Las razones son varias, una de las principales es el temor a que las elecciones en Estados Unidos lleven a Trump al poder. El que puede ser el peor presidente nunca imaginado cuenta entre sus numerosos defectos con ser negacionista climático. Si Trump gana, puede ser que le resultase más difícil bajarse de un acuerdo que ya está en vigor, por lo que los países están acelerando su consecución. Y hay también por supuesto otras razones: que por fin China se ha decidido a liderar, que los signos de la catástrofe que se nos avecina son más alarmantes cada día y que los compromisos no son lo suficientemente ambiciosos para que en los países se genere mucha oposición interna a la ratificación. En cualquier caso el proceso hasta el viernes iba como un rayo, pero sin Europa.

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La Corte Penal Internacional y el cambio climático

Por Juan Castro – Gil – Abogado y Secretario de ANPIER

cambiclimaticoHace tan solo unos días, la Corte Penal Internacional, asomó su patita medioambiental fuera del armario.

La Corte Penal Internacional es un Tribunal creado con el impulso de la ONU (aunque al margen de ella) a finales del siglo pasado, con el objeto de juzgar a personajes acusados de cometer crímenes de esos que no caben en cabeza humana (si es que cabe alguno), tales como los genocidios, guerras, esclavitud…

Los países del mundo, después de mucho tiempo discutiendo sobre la posibilidad de crear un tribunal penal supranacional para asuntos que superaban límites territoriales e incluso de derecho natural, tuvieron que vivir en sus propias carnes el genocidio ruandés y la barbarie de los Balcanes para dar el paso finalmente y aceptar compromisos de cesión de soberanía de Jueces no nacionales. Todo el mundo entiende que haya determinados delitos que superan la imaginación de la jurisdicción doméstica, en los que además, la triste realidad demuestra que terminarían resultando impunes si un organismo semejante no los abordase.

Hasta ahora, en el imaginario colectivo, este tipo de procesos se destinaba a sanguinarios criminales que asesinaban sin pudor a centenares de miles de inocentes, o a los que usaban armas químicas contra la población, o esclavizaban a niños y mujeres en beneficio de guerras miserables,… Pero, ¿qué incidencia penal pueden tener determinadas actividades humanas que inducen de forma directa a un cambio del sistema de vida radical provocado por el cambio climático?

No se rasquen los ojos todavía.

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