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Ciudades energéticamente sostenibles a partir de barrios sin emisiones

Llevamos casi 10 años volcando las esperanzas de renovación de la ciudad en la necesidad urgente de abordar la actualización de muchos de los barrios construidos en las décadas de 1960 a 1980. Esto se debe, en gran parte, a la propia exigencia de actuación frente a la obsolescencia técnica y medioambiental de los mismos, pero también a que se ha entendido la rehabilitación como una oportunidad de reconversión y reactivación del sector de la construcción tras la crisis económica mundial de 2008, agravada en nuestro país por las importantes repercusiones del estallido de la llamada burbuja inmobiliaria.

A partir de 2011, se empiezan a redactar informes y documentos que apoyan la teoría de que la rehabilitación de edificios puede ser una de las medidas clave para superar la recesión económica y ser un motor para la reactivación del sector de la construcción. En concreto, en España, la ley 8/2013 de Rehabilitación, Regeneración y Renovación urbanas -conocida popularmente como la ley de las tres erres- intenta constituirse como una herramienta legal para propiciar estas operaciones. En los Planes Estatales de vivienda (2013-2016 y 2018-2021), aparecen programas específicos para la renovación integral de barrios, llamados Fomento de la regeneración y renovación urbanas. También aparecen incentivos que intentan fomentar la rehabilitación de viviendas, en especial en los aspectos relacionados con la eficiencia energética: subvenciones, campañas publicitarias, publicaciones divulgativas, proyectos de investigación …

En paralelo, frente al reto del cambio climático, nos encontramos sujetos a varios objetivos europeos para distintos horizontes temporales -2020,2030 y 2050- que se estructuran en tres pilares fundamentales: la reducción de emisiones de gases de efecto invernadero, el aumento de las energías renovables y la disminución de la demanda energética, fundamentalmente asociada al aumento de la eficiencia energética.

En este contexto parecía que la rehabilitación de los barrios podría ser una vía que consiguiera incrementar la eficiencia energética de las ciudades, incorporar energías renovables y en definitiva mejorar la vida de los vecinos, ofreciendo a la vez oportunidades de negocio para muchas empresas del sector de la construcción.

Sin embargo, esto no ha sido así. Tras un prometedor inicio lleno de buenas ideas e intenciones, la progresiva recuperación del mercado inmobiliario ha hecho que prácticamente todo el sector vuelva la vista de nuevo hacia la construcción de nuevos inmuebles, dejando de lado una vez más la necesidad -y la oportunidad- de intervenir sobre el parque inmobiliario existente tan necesitado de renovación.

La mayoría de los edificios que integran las periferias de las ciudades, y que responden en su mayor parte a la edificación masiva de barrios entre las décadas de 1960 y 1980, se construyeron atendiendo a unas normas técnicas que no exigían aislamiento térmico ni acústico, por lo que es evidente que su obsolescencia frente a los estándares actuales de eficiencia energética, calidad constructiva y confort es enorme.

Sin embargo, esta parte importante del proceso rehabilitador no debe ser la principal, ni mucho menos la única. Cuando se habla de regeneración o revitalización de barrios, se están incluyendo algunos aspectos fundamentales para mejorar la calidad de vida de los habitantes de los mismos que van más allá de la rehabilitación de edificios, y que tienen que ver más con un modelo de ciudad más sostenible y eficiente. En el centro de todas estas medidas, está la recuperación de la ciudad como espacio público y convivencial.

La mayoría de los barrios a los que nos referimos carecen de espacios públicos de calidad -en su lugar contienen áreas residuales entre edificios que en la mayor parte de los casos se convierten en aparcamientos improvisados, por lo que los espacios libres se encuentran masivamente ocupados por el vehículo privado- y en su mayoría no cuentan con equipamientos suficientes.

Pero ¿realmente podríamos mejorar una ciudad a través de la revitalización progresiva de sus barrios? La respuesta es sí, pero sólo desde un proceso de cambio radical, en el que los ciudadanos sean conscientes del gran potencial del cambio que supone la adopción de hábitos sostenibles, que no sólo mejoran el espacio doméstico propio sino el espacio común de todos, sobre el que se sustenta la existencia verdadera de la ciudad.

Frente a la mera rehabilitación de edificios, el desarrollo de proyectos integrales de regeneración de barrios ofrece las mayores oportunidades para la mejora de la sostenibilidad energética global de una ciudad. Evidentemente la gestión de estas actuaciones es compleja, ya que requiere la participación de muchos y muy diversos agentes, desde las administraciones hasta las empresas, por supuesto otorgando el protagonismo absoluto de aquellos que viven en los barrios, es decir, sus vecinas y vecinos.

Este es el punto de partida del proyecto Barrios Zero como germen de ciudades sin emisiones (Fundación Renovables-Universidad de Málaga, 2018), que trata de establecer las bases para conseguir ciudades en las que la calidad del aire que respiramos sea saludable, y en las que la repercusión de nuestros consumos energéticos (edificios, infraestructuras y movilidad) no tenga excesivas consecuencias negativas para el medioambiente.

Fig. 1. Consumos energéticos y emisiones equivalente de CO2 por sectores del barrio Sixto-Cortijo Vallejo, Málaga. Proyecto Barrios Zero como germen de ciudades sin emisiones. (Fundación Renovables-Universidad de Málaga, 2018. Autora Infografía, Laura Montiel Vega).

La mejora de la eficiencia en edificios y la incorporación de energías renovables es un proceso complejo pero factible, los datos así nos lo han confirmado. La electrificación de los edificios es casi total (prácticamente al 100% en terciario y al 70% en residencial). Si la energía eléctrica que abastece a edificios e infraestructuras tuviera origen renovable, con producción en consumo y con comercializadoras 100% renovables, se podría conseguir un barrio cero emisiones en estos sectores. Sin embargo, la mayor parte de las emisiones de CO2 equivalentes de la ciudad se debe a las asociadas al transporte privado. Mención aparte merecen las graves consecuencias para la salud que tiene la exposición a altos niveles de contaminantes como las partículas PM10 y PM2.5, NOx y SO2, asociados a los combustibles del transporte. Por ello, tras un año trabajando con este proyecto en un barrio de Málaga, podemos afirmar que el gran reto para la ciudad sigue siendo la movilidad.

A día de hoy, la necesaria recuperación de los espacios públicos para las personas -desplazando al vehículo privado de ellos- es en realidad una entelequia. Por eso nunca deberíamos abandonar el modelo de ciudad en la que los servicios y comercios son de cercanía, en la que los desplazamientos diarios puedan hacerse andando o en bicicleta, y en la que prime el uso del transporte colectivo frente al privado.

En resumen, solamente podremos conseguir barrios y ciudades sin emisiones si , además de mejorar la eficiencia de edificios e infraestructuras e introducir las energías renovables en el espacio urbano, abandonamos el modelo de movilidad actual, favoreciendo el uso peatonal de la ciudad y los desplazamientos en bicicleta o transporte público y fomentando el uso compartido de vehículos. Todo esto implica un cambio radical del modelo de ciudad insostenible en el que estamos viviendo, por lo que supone un reto tan complejo como necesario de acometer de manera cada vez más apremiante.

 

Por Maria José Márquez Ballesteros – , Doctora arquitecta. Miembro del Instituto de Investigación Hábitat Turismo y Territorio de la Universidad de Málaga. Socia Protectora Fundación Renovables "

El autoconsumo nos hará cambiar muchos hábitos, para bien.

Todos tenemos metido en la cabeza algunos hábitos relacionados con el mejor momento para usar algunos equipos en nuestras casas en función de las tarifas empleadas: el lavavajillas, los acumuladores eléctricos y los equipos que consumen mucha energía, mejor por la noche y aprovechamos la tarifa nocturna. Tiene su sentido en el modelo actual. La producción energética que se realiza por la noche, dado que no pueden desconectarse algunas energías como la nuclear, eólica nocturna,.. no tiene una demanda de consumo igual que durante el día. La industria y la actividad en general demanda más por el día. Hay más oferta que demanda por la noche y se abarata el precio para facilitar su consumo. Por eso, por ejemplo, es muy adecuado apostar por el transporte ferroviario electrificado de mercancías por la noche.

Pero esto era y es así cuando producen otros y respondemos a la ley de oferta y demanda. Ahora empieza a ser distinto. Ahora yo paso de ser “solamente” cliente del mercado eléctrico a formar parte del sistema energético. Suena mejor y lo es.

El denominado autoconsumo, que por fin ha sido, no solamente permitido, sino que comienza a ser promovido y apoyado claramente por la administración española, significa un proceso de democratización de la energía. Yo puedo comprar y producir, el proceso es bidireccional. Y puedo producir para mi consumo, para vender o para las dos situaciones. Es similar a si tuviese un huerto en casa, podría usarlo para mi propio consumo, para vender mis productos y las dos cosas a la vez; nadie entendería que estuviese prohibido y que fuese obligatorio comprar solamente en grandes superficies.

La tecnología nos está dando buenas noticias y seguro que seguirá igual. Los paneles fotovoltaicos son cada vez más eficientes y mucho más baratos, los sistemas de acumulación son igualmente mejores y más asequibles, otras formas de reducir energía de forma limpia se están incorporando: geotermia, mini eólica, etc. El futuro nos indica que además podremos producir energía con nuestros coches eléctricos, no solo consumen, sino que producen y recargan electricidad aprovechando el movimiento, son acumuladores energéticos. El mundo cambia, yo ya podré comprar, producir y acumular de forma eficiente y asequible cada vez más. Y por consiguiente, mis hábitos de vida cambiarán.

El precio al que yo pueda “colocar” la energía que genero con mis sistemas de autoconsumo siempre será inferior al precio que pagaré por comprar energía a un suministrador, aunque sea solamente por el coste o el pago por la gestión de la red. Dicho de otra forma, el “negocio” a nivel particular no estará en la venta sino en el aprovechamiento eficaz de la energía que generamos y en al ahorro energético de la no necesitemos. Esto suena además bien para el planeta: eficiencia, ahorro energético y auto producción.

En el plano práctico, varios ejemplos.

Cambiaremos nuestros horarios de poner la lavadora, lavavajillas y similares de la noche a los momentos de máxima insolación, es decir pasaremos a ponerlo o programarlo entre las 12 y las 17 horas. Mejor consumir nuestra energía que comprarla.

En breve, cuando vayamos con nuestro vehículo eléctrico a una gran superficie, un centro público o un parking, podremos lógicamente cargar estos coches usando para ello cargadores que usarán la energía solar (en La Granja de San Ildefonso, por ejemplo, ya se puede hacer), pero también podremos en breve “vender” la energía que hemos generado al conducir en esos mismos cargadores.

Y finalmente, algo que ya está haciendo en Madrid y Barcelona, que es el aprovechar las plazas de aparcamiento de comunidades de vecinos, empresas, hoteles, parking en las hora en las que los propietarios no ocupan sus plazas para cargar los vehículos de carsharing que se mueven por la ciudad.

Se trata de optimizar recursos, coordinar y cooperar. Gracias a la energía, vienen buenos tiempos.

 

Por Miguel Aguado – Director de B Leaf y divulgador ambiental "

Las energías renovables, un valor seguro para Asturias

Una de las características de la economía asturiana es la relevancia de sus sectores energético e industrial en términos de empleo, de contribución al Valor Añadido Bruto de la región y número de empresas. Ambos sectores emplean a casi 48.000 personas en más de 3.500 empresas que  concentran su actividad en tres subsectores principales: un 30% de industria extractiva, energía, agua y residuos; un 42% de metalurgia, siderurgia y fabricación de productos metálicos y un 10% de alimentación, bebida y tabaco.

El carbón ha sido protagonista en la producción de energía y un elemento fundamental para el desarrollo y prosperidad de la región como consecuencia de la disponibilidad local de este combustible, la actividad de las centrales térmicas y la aplicación siderúrgica del coque.

El cierre de las explotaciones mineras no competitivas el pasado 31 de diciembre y el anuncio de clausura de las centrales termoeléctricas, ha imprimido un nuevo golpe a una región que muestra otras fragilidades. Asturias ha sido la última Comunidad Autónoma en recuperar su PIB previo a la crisis. Demográficamente tiene una población muy envejecida que lleva casi una década decreciendo. Y desde un punto de vista territorial existen muchas desigualdades de equipamiento, servicios y actividad económica entre el triángulo industrial y área central metropolitana respecto a otras comarcas de carácter más rural.

La reconversión de las cuencas mineras y la búsqueda de nuevos yacimientos de empleo son urgentes, no hay mucho margen para el error. Hoy más que nunca una transición energética justa tiene que representar una oportunidad sólida para la industria asturiana y generar alternativas económicas creíbles. Y en este contexto las energías renovables son un valor seguro.

En 2018 trabajaron 5.300 personas de forma directa en el sector de las energías renovables en Asturias, según el último informe de ISTAS presentado el 10 de julio. Por tecnologías, se estiman unos 1.800 empleos en fotovoltaica, 1.400 en la energía eólica offshore y terrestre, 1.200 en biomasa, 200 en biogás, 400 en solar termoeléctrica y 300 en energía solar térmica.

El nuevo informe de ISTAS “El potencial de las energías renovables y su industria asociada en Asturias”

El potencial de crecimiento del sector renovable en Asturias se basa en dos estrategias, el mayor aprovechamiento de sus recursos renovables y, en segundo lugar, en sacar partido a su fuerte sector industrial como soporte para la fabricación de estructuras, equipos y componentes en el mercado nacional y global de las tecnologías renovables.

Entre las medidas más apropiadas para el desarrollo renovable se proponen (por tecnología):

  • Lanzar un plan de repotenciación de eólica terrestre que aproveche las zonas de mayor recurso y minimice el impacto ambiental. El 20% de los parques eólicos asturianos cumplirá más de 15 años en 2020 y el 75% de los aerogeneradores tienen menos de 2MW de potencia.
  • Apoyo público a la generación distribuida y al autoconsumo fotovoltaico (y no sólo a las instalaciones aisladas) que compensen el mayor plazo de amortización de las inversiones por una menor disponibilidad de recuso solar.
  • Promover el uso térmico de biomasa en el ámbito rural, en detrimento de poblaciones urbanas donde puede haber un impacto negativo en la calidad del aire.
  • Planificar la política forestal para el aprovechamiento de la biomasa residual y fomentar el uso de la biomasa y el biogás en la industria agroalimentaria.
  • Activar la recogida de residuos ganaderos, su valorización energética y la inyección a red para solucionar un problema ambiental relevante dado el tamaño de la cabaña ganadera asturiana.
  • Ampliar los proyectos de aprovechamiento geotérmico del agua de pozos mineros clausurados para redes de calor urbanas. El potencial energético del agua de mina de Hunosa es el equivalente al consumido en calefacción por 21.900 viviendas y 87.600 habitantes.
  • En energías marinas, se debe procurar mantener o expandir la actividad actual en base a la participación en proyectos internacionales. Los encargos de energía offshore son una fuente muy importante de empleo para diversificar la actividad de los astilleros y puertos asturianos. En el medio plazo el desarrollo y comercialización de estructuras flotantes de eólica offshore, permitirá poder hablar de proyectos de eólica marina adecuados a las características de la plataforma continental de la costa española.
  • Procurar que los nuevos proyectos de energía termosolar para 2030 en España -en el PNIEC se prevén 5.000 MW adicionales- se provean en base a la cadena de suministro industrial asturiana, capaz de construir al completo una central termosolar, y que ya proporcionó las estructuras para una parte importante de las centrales construidas en el resto de España (cuya máxima actividad fue en 2011-2013).

Para lograr maximizar las oportunidades de crecimiento del sector renovable será crucial la adopción de un Plan Regional de Energías Renovables -con un análisis de empleo adhoc- que explore y explote todos los recursos y capacidades locales; la celebración de subastas de renovables específicas por tecnologías y por nodos, y la implementación de una buena política industrial que deje los mayores beneficios para la industria autóctona.

Mariano Sanz, Joan Herrera y Begoña María-Tomé en la presentación pública del informe el pasado 10 de julio en el IDAE

Otras de las medidas importantes es la de fomentar las comunidades energéticas en el ámbito urbano e industrial.

  • El ámbito municipal las Administraciones Públicas deben jugar un papel activo y ejemplarizante en la integración de energías renovables en edificios públicos y en el espacio urbano. Además el desarrollo renovable es imprescindible para dar coherencia a otras de las estrategias del Principado de Asturias, en el campo de la rehabilitación energética, con un entramado empresarial de referencia y una elevada financiación pública, y en el campo de la electromovilidad, con 70 puntos de recarga ya instalados.
  • La incorporación de renovables en los entornos industriales y centros de alta actividad (comerciales y/o de ocio), mediante el autoconsumo compartido, agregadores de demanda y las redes inteligentes, son muy útiles para fomentar la colaboración entre empresas y estrechan lazos con la comunidad. De hecho contribuyen a la puesta en práctica de la economía circular en los polígonos industriales o áreas empresariales, y la mejora de la eficiencia en el uso de los recursos mediante el intercambio y uso compartido de materiales, energía, medios logísticos y de transporte.

Por último, para la cualificación y reempleabilidad de la fuerza trabajadora en el sector de las energías renovables habrá que reforzar la formación ocupacional, profesional y universitaria. La inversión en conocimiento y educación condicionará el futuro de Asturias.

Para más información se puede consultar el informe “El potencial de las energías renovables y su industria asociada en Asturias”, publicado por ISTAS con el apoyo de la Fundación Europea del Clima.

emisionesPor Begoña María Tomé – Gil – Experta en Cambio Climático y en Energía en ISTAS

¿Hay igualdad de género en el sector renovable?

La Agencia Internacional de la Energía (IRENA) acaba de publicar un informe sobre la perspectiva de género en el sector renovable (Renewable Energy: A gender Perspective). Los resultados analizados se basan en una encuesta que han respondido 1500 personas relacionadas con el sector, procedentes de 144 países distintos. Uno de los resultados que destaca el informe es que en el sector renovable existe desigualdad de género, pero esta es inferior a la de otros sectores. Mientras que el 32% de los empleos en renovables son cubiertos por mujeres, esta cifra apenas alcanza el 22% si incluimos todo el sector energético. Sin embargo, tal y como ocurre en otros ámbitos, en el sector renovable la participación de las mujeres en trabajos relacionados con la ciencia, la tecnología, la ingeniería o las matemáticas (STEM) es muy inferior a su presencia en trabajos administrativos. Así pues, la respuesta a la pregunta que da título a este artículo es que queda mucho por hacer para llegar a la igualdad real en el sector.

Resulta interesante analizar las respuestas desagregadas. Mientras que el 75% de las mujeres encuestadas perciben la existencia de barreras de género, solo el 40% de los hombres las ven. Ante la pregunta de si existe diferencia en la retribución salarial de hombres y mujeres en las mismas posiciones, el 29% de las mujeres cree que no existe mientras que esta cifra representa el 60% si los encuestados son hombres. Parece que es más fácil que la presencia de barreras pase desapercibida a quien no tiene que saltarlas. Estos resultados coinciden con lo que muchas experimentamos cuando estos temas se debaten en el ambiente laboral: casi irremediablemente suele participar en la conversación alguien que nunca había pensado sobre el asunto, no cree que exista una diferencia de género notable o simplemente no lo considerara un problema importante.

En España, 2018 ha sido un año clave para el feminismo también en el sector energético. En febrero, se celebró el I Encuentro de Mujeres sobre Género y Energía, con el que comenzamos a poner en práctica una de las herramientas de transformación que se mencionan en el informe de IRENA, la creación de redes de apoyo. En septiembre, se publicó el manifiesto En Energía, No sin mujeres cuyo objetivo es promover la presencia pública de mujeres en el sector energético. Los firmantes del mismo se comprometen a no participar en ningún evento, de más de dos ponentes, donde no se haya contado con, al menos, una mujer en calidad de experta.

El informe de IRENA incluye también un pequeño diccionario en el que se definen términos como techo de cristal, empoderar o sororidad. Es posible que alguien piense que estos términos ya deberían ser conocidos por todos, pero creo que una de las grandes tareas del movimiento feminista para los próximos años es permear en todos los sectores de la sociedad, mantener una lluvia fina que incluye debatir con perspectiva de género, repetir las estadísticas que muestran la desigualdad actual y continuar señalando las barreras que existen para que todos las veamos. El informe de IRENA contribuye a ello y resulta particularmente importante en un sector con un enorme potencial de creación de empleo en los próximos años.  Hagamos que las mujeres también pueden acceder a estos empleos.

Por Marta Victoria – Observatorio Crítico de la Energía marta victoria

Acordar una política climática valiente es posible

José Luis García – Área de energía y cambio climático de Greenpeace

Francia en el mapa

Celso Flores / Flickr

No es ciencia ficción. Es posible llegar a un acuerdo entre fuerzas políticas en principio antagónicas para decidir acabar con el uso del carbón, forzar a las empresas a reducir sus emisiones e incluso exigirles responsabilidades por su papel en el cambio climático.

El ejemplo nos viene de Alemania, donde hace justo un mes (miércoles 7 de febrero) se cerró el acuerdo entre el partido de Angela Merkel (el conservador CDU), su socio bávaro CSU y el partido socialista SPD, para formar un gobierno de coalición, acuerdo que han ratificado las bases socialistas este mismo fin de semana. No debe haber sido tarea fácil, dado que las elecciones fueron en septiembre, pero la voluntad política ha sido capaz de sobreponerse a las dificultades.

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No mirar para otro lado, las renovables son la solución

Por Luis Crespo – Presidente de Protermosolar 

 

Los costes a los que las energías renovables pueden hoy en día generar electricidad son imbatibles comparados con los de las tecnologías convencionales como el carbón, el gas o la nuclear y seguirán bajando.

Tecnologías renovables fluyentes como el viento o la fotovoltaica están en condiciones de ofertar en nuestro país a 4 c€/kWh y las centrales termosolares con almacenamiento, que permitirían suministrar la electricidad a cualquier hora del día o de la noche a 6 c€/kWh.

En un país soleado como España una parte del mix de generación al 50% entre instalaciones de autoconsumo fotovoltaicas en industrias y domicilios y centrales termosolares tendría unos costes de generación en torno a 5 c€/kWh. En términos de potencia instalada equivaldría a 2/3 fotovoltaica y 1/3 termosolar, ya que estas últimas, con un campo de espejos sobredimensionado y su correspondiente almacenamiento, operarían prácticamente el doble de horas nominales que las fotovoltaicas.

Estas dos tecnologías juntas podrían representar en 2030 más del 50% de la electricidad generada en España, ofreciendo costes inferiores al mantenimiento de las centrales de carbón y a los ciclos combinados y su instalación actuaría como una potente palanca para la dinamización de nuestra economía y la generación de empleo de calidad.

Estas dos tecnologías juntas podrían representar en 2030 más del 50% de la electricidad generada en España, ofreciendo costes inferiores al mantenimiento de las centrales de carbón y a los ciclos combinados.

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Si la sociedad decide cambio, todo cambia

Hugo Morán Secretario para la Transición ecológica de la economía de la CEF-PSOE


La historia nos demuestra que cuando la ciudadanía toma las riendas de su destino, éste es capaz de asumir determinados saltos de innovación que las estructuras económicas imperantes tienden a rechazar, en la medida en que vienen a cuestionar estructuras sólidamente asentadas y cuotas de poder solidificadas y comúnmente aceptadas.

Así, todo cambio de era, medido en tiempos antropológicos, viene precedido de convulsos procesos de cambios sociales que se traducen en movimientos revolucionarios cuyo alcance último no es posible determinar más que cuando el período consumido queda atrás.

Vemos pues que las edades del hombre (hasta ahora medidas con patrones que preterían el papel que el 50% femenino de la humanidad protagonizaba) se comprenden en su dimensión en tiempo pasado, esto es cuando pueden ser objetivados  en narrativas que cuentan con herramientas empíricas para su evaluación.

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Si llegamos tarde, perdemos

Hugo Morán – Secretario para la transición ecológica de la economía

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Si el mercado eléctrico no estuviese revestido de unas características que lo distancian de forma notable de otros mercados al uso, el pulso que hoy se libra en nuestro país entre tecnologías renovables y tecnologías convencionales se habría producido ya diez años atrás. Más aún, el protagonismo de la administración en el proceso de transición no iría más allá de un limitado papel de vigilancia en evitación de abusos entre competidores y de defensa de los derechos del consumidor.

Así sucede en uno de los sectores que más reticente se ha venido demostrando a la hora de enfrentar su inevitable mutación, como es el que comparten los imperios del petróleo y del automóvil. Por más que la industria del motor se ha resistido a aceptar su destino, y los gobiernos han venido arrastrando los pies haciendo gala de una injustificable miopía, el vehículo eléctrico va ganando terreno a su predecesor cubriendo a velocidad anual etapas que los más optimistas habían calculado en lustros.

En uno de sus primeros discursos como presidente, Barack Obama asignaba a quienes más rápido avanzasen en la implantación de las energías renovables el papel de líderes económicos del futuro; siendo así que los países que antes culminen sus transiciones energéticas, estarán en condiciones de garantizar plataformas de certidumbre para la inversión en la práctica totalidad de sectores industriales.

Plantear en este escenario una propuesta de prolongación de la vida útil del parque nuclear, como el Gobierno acaba de hacer público en estas últimas semanas, equivale a ralentizar y encarecer nuestra transición energética como país y, en consecuencia, a renunciar en favor de terceros a toda expectativa de modernización industrial.

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Canibalismo energético

 Fernando Ferrando – Vicepresidente de la Fundación Renovables

Es imprescindible cambiar el modelo de fijación de precios mayoristas de electricidad y de diseño de las subastas para no canibalizar las decisiones de inversión

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Mañana, 26 de julio, se celebrará la tercera subasta de potencia renovable, la segunda en poco más de un mes, y todas las propuestas de inversión que resulten ganadoras, si es que se ejecutan, se pueden considerar sobrevaloradas.

James Tobin, premio Nobel de Economía en 1981, publicó en 1968 un indicador básico de rentabilidad, conocido como la “Q de Tobin”, que comparaba el valor de mercado de un activo, como suma de los flujos de caja descontados y el valor de reposición del mismo. Si el indicador era superior a la unidad la inversión en dicho activo podía considerarse como sobrevalorada y, por lo tanto, en un mercado futuro competitivo y abierto existirían otros activos con capacidad de generación del kWh a menor coste dejando constancia en libros del sobrevalor de dicho activo.

La incorporación de las fuentes de energía renovable, caracterizadas por ser altamente intensivas en capital, con una evolución en sus costes de inversión marginalmente decreciente en el tiempo, y con costes variables muy reducidos, requiere que su entrada en el mercado energético sea diferente a lo que hasta ahora estamos acostumbrados con inversiones en fuentes de energía, como el carbón y el gas, que se caracterizan por altos costes variables y por ser no tan intensivas en capital.

Necesitamos un sistema de fijación de precios de la electricidad en el mercado mayorista que permita por un lado aprovechar la progresión marginalmente decreciente de los costes de inversión de las tecnologías renovables y por otro que, dentro de una planificación energética nacional, hoy día inexistente, estas se vayan incorporando de forma competitiva según el crecimiento de la demanda de electricidad y el cierre programado de las centrales de carbón y nucleares.

Por la composición actual y futura del mix energético en España la fijación de precios en el mercado mayorista de forma marginalista no es la solución, dado que la propia evolución de los costes de las renovables canibaliza las inversiones ya realizadas, lo que exige no solo cambiar el modelo de fijación de precios y de diseño de las subastas sino proteger las decisiones de inversión anteriormente realizadas.

El Gobierno del PP, que no quiere reconocer el valor ni el papel que las energías renovables van a tener en el futuro, se ha empeñado en definir un modelo de entrada de las inversiones renovables mediante la subasta de potencia en función de costes de inversión y sin planificación de entrada según necesidades, sin darse cuenta que de esta forma han convertido a las inversiones futuras de generación de energía eléctrica en un producto financiero que nace sobrevalorado porque su entrada ni obedece a un criterio de necesidad ni a un criterio de fijación de precios de la energía casados para demandas ciertas.

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Alberto Nadal debe revisar sus datos sobre las renovables

Carlos Bravo – Coordinador del Secretariado Técnico de la Alianza Mar Blava

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Hace unos días leí que el actual Secretario de Estado de Energía en funciones, Alberto Nadal, quiere ser ministro de Energía y Cambio Climático, la nueva cartera que el Partido Popular parece estar perfilando de cara a un posible futuro gobierno en esta legislatura.

La noticia tiene una parte buena y una mala. La buena es que el PP parece haber asumido ya algunos de los planteamientos de la Fundación Renovables, la cual reclamó públicamente, el pasado mes de abril, la necesidad de que en esta legislatura se creara un ministerio de Energía y Cambio Climático. Ese ministerio, si estuviera dotado con todas las competencias en la materia, permitiría acoplar la política energética con el desafío del cambio climático, cosa que hasta ahora no se ha hecho en España. Su primera misión debería ser la de elaborar una eficaz Ley de Transición Energética, que permita eliminar los obstáculos de todo tipo que se interponen en la meta de alcanzar un sistema energético eficiente y 100% renovable.

La parte mala es que, si ese ministerio recayese finalmente en Alberto Nadal, sería poco menos que inservible, porque, conociendo los planteamientos energéticos que defiende el Sr. Nadal, es seguro que no se avanzaría hacia esa meta, sino todo lo contrario. No en vano, Alberto Nadal ha sido uno de los principales artífices de la nefasta política energética desarrollada por el gobierno de Rajoy en estos últimos años, caracterizada por ignorar el potencial del ahorro y la eficiencia energética, torpedear el desarrollo de las renovables y favorecer la permanencia de los combustibles fósiles y la energía nuclear en el mix energético español y, de paso, lograr que España haya aumentado sus emisiones de CO2 en 2015.

Hace unos días, en este mismo blog, Domingo Jiménez Beltrán lamentaba que Alberto Nadal, pudiera seguir mintiendo, impunemente, sobre las energías renovables, al mantener, en un foro energético recientemente celebrado, su habitual mantra de que las renovables siguen siendo más caras que las energías convencionales y que habrá que esperar hasta 20 años para revertir la situación.

Como afirmaba Jiménez Beltrán, todos los informes de situación y tendencias del sector energético contradicen esa afirmación del Sr. Nadal, puesto que en ellos se puede comprobar que en 2015 ya se han realizado más inversiones en generación eléctrica de fuentes renovables que en cualquier tipo de fuente energética convencional.

En efecto, también en el riguroso informe “The World Nuclear Industry Status Report 2016”, de Mycle Schneider, Antony Froggatt y colaboradores, recientemente publicado, se puede comprobar, otra vez más, que las renovables son las fuentes de energías más pujantes, las que más están creciendo y las que tienen un futuro más prometedor.

Así, como destaca este informe, en 2015 la inversión mundial en energías renovables alcanzó un récord histórico de 286.000 millones de US$, superando el máximo anterior de 2011 en un 2,7%. China invirtió el año pasado en renovables más de 100.000 millones de US$, casi el doble que en 2013. Chile y México entraron por primera vez en el Top Ten de inversores en renovables, duplicando ambos su inversión en estas energías con respecto al año anterior. Un importante impulso a la inversión energías renovables también se dio en la India (con un crecimiento del 44%), en el Reino Unido (en su caso, aumento del 60%) y en los Estados Unidos (incremento del 21,5%). En comparación, las decisiones de inversión en nuevas plantas de energía nuclear a nivel mundial fue un orden de magnitud inferior al de las inversiones en energías renovables.

Siguiendo la comparación entre las renovables y la energía nuclear, en cuanto a potencia instalada, los 147 GW de energía renovable instalados en 2015 representaron más del 60% de las adiciones netas de capacidad mundial de generación de energía. La energía eólica y la solar fotovoltaica tuvieron aumentos récord por segundo año consecutivo, lo que representa alrededor del 77% de toda la capacidad de energía renovable añadida, con 63 nuevos GW en energía eólica y 50 GW en energía solar, en comparación con un aumento de 11 GW en energía nuclear.

China continuó la aceleración de su despliegue de energía eólica con 31 GW añadidos en 2015, casi el doble de la cantidad que instaló en 2013, y alcanzó en 2015 un total de 146 GW de capacidad eólica instalada, excediendo así significativamente su objetivo inicial de 100 GW eólicos para 2015. China añadió también 14 GW de energía solar y logró superar a Alemania como el mayor operador solar mundial, aunque, lamentablemente, comenzó hasta 7,6 GW de nueva capacidad nuclear, lo que supone más del 68% del aumento global, que el país asiático acapara casi en solitario.

Desde el año 2000, se han añadido 417 GW de energía eólica y 229 GW de energía solar a las redes eléctricas de todo el mundo. Paralelamente, teniendo en cuenta el hecho de que 37 GW nucleares se encuentran actualmente en parada de muy larga duración (LTO), la capacidad nuclear operativa mundial cayó en 8 GW.

En cuanto a producción de electricidad, el crecimiento anual en 2015 de la generación mundial de energía solar fue de más del 33% y la de energía eólica se incrementó en más del 17%, mientras que la de energía nuclear aumentó tan sólo un 1,3%, y ello debido exclusivamente a China.

Desde 1997, cuando se firmó el Protocolo de Kioto sobre el cambio climático, al año 2015, a nivel mundial, la producción eléctrica con energía eólica se ha incrementado en 829 TWh, con energía solar fotovoltaica en 252 TWh, y, en comparación, con energía nuclear, sólo en 178 TWh.

En el país que más está apostando en los últimos tiempos por la energía nuclear, es decir China, en 2015 (al igual que en los tres años anteriores) la producción de electricidad a partir del viento (185 TWh) superó a la de la energía nuclear (161 TWh). El mismo fenómeno se observa en la India, donde la energía eólica (41 TWh) superó a la nuclear (35 TWh) por cuarto año consecutivo. Del consumo total de electricidad de Estados Unidos, el 8% fue generada por energías renovables no hidráulicas en 2015, frente a un 2,7% en 2007.

Las cifras de la Unión Europea ilustran el rápido declive del papel de la energía nuclear: durante el periodo 1997-2014, el viento produjo 303 TWh adicionales y la solar 109 TWh, mientras que la generación de energía nuclear se redujo en 65 TWh.

En resumen, los datos de 2015 muestran que la generación de energía a base de energías renovables está disfrutando de un rápido y continuado crecimiento, mientras que la producción de energía nuclear, con exclusión de China, se está reduciendo en todo el mundo.

De acuerdo con los autores del citado informe, los plazos de entrega cortos, su fácil fabricación e instalación y la producción en masa rápidamente escalable, son factores clave que explican el acelerado ritmo de implantación de las energías renovables. Su alto nivel de aceptación y la rápida caída de los costes del sistema acelerarán aún más su desarrollo en los próximos años.

No sabemos si Alberto Nadal será ministro de Energía y Cambio Climático, pero, si quisiera serlo sin hacer el ridículo internacional, por lo menos debería actualizar sus datos sobre energías renovables y ponerse a la altura de los nuevos tiempos, más aún después de la firma del Acuerdo de París.