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Las claves de un tema que nos afecta a todos

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El dinero vira al verde

Por Manuel Peinado Lorca – Catedrático de la Universidad de Alcalá 

La necesidad de un cambio de modelo energético basado en el ahorro, la eficiencia y la sustitución progresiva de los combustibles fósiles por energía limpia es más que evidente en este primer cuarto de siglo. Parece que ha llegado el momento en el que las empresas vayan más allá del “condimento” publicitario verde y empiecen a adaptar sus productos, sus servicios y, sobre todo, sus estrategias de negocio a una economía baja en carbono.

En un artículo del año pasado en el que me ocupé del anunciado colapso de la industria petrolera, conté que los grandes inversores como el fondo soberano de Noruega o la Fundación Rockefeller, cuyos patronos lograron su vasta fortuna con el petróleo, estaban retirando sus inversiones en la industria de los combustibles fósiles. Otros grandes fondos de inversión ya se han unido a una tendencia que parece imparable, como es el caso del mayor fondo de pensiones sueco, AP7, y de su equivalente neozelandés NZSF, que han anunciado que retirarán paulatinamente todas sus inversiones en activos asociados a los combustibles fósiles. También lo han hecho algunos de los mayores bancos del mundo, como HSBC, que el pasado mes de abril anunció que no financiará más centrales eléctricas de carbón.

Ahora aparecen nuevos síntomas de que el dinero, tradicionalmente unido al pegajoso y contaminante negro de los combustibles fósiles, está virando hacia el verde de las renovables

Ahora aparecen nuevos síntomas de que el dinero, tradicionalmente unido al pegajoso y contaminante negro de los combustibles fósiles, está virando hacia el verde de las renovables. A ello no es ajena la alta rentabilidad de las empresas del sector renovables. Por citar el caso español, los dos mejores valores de la bolsa en el primer tramo de este año son de ese sector. Tanto Solaria como Audax Renovables (antiguamente Fersa) acumulan subidas de tres dígitos (160% y 380%, respectivamente), mientras que Saeta Yield se dispara un 26%.

Otra señal muy positiva es que más de una treintena de compañías del Ibex-35 (Ferrovial, Acciona, Iberdrola, Enagás, Abertis, Endesa, Gas Natural Fenosa, Telefónica, Santander, Ineco, Ecoterrae, Ecoembes, Logista, y BBVA, entre otras) se han unido para buscar oportunidades de negocio, crecimiento y empleo en el que a todas luces será un nuevo escenario económico.

fondos

Esas y otras empresas han constituido el Grupo Grupo Español para el Crecimiento Verde (GECV), cuyo presidente, Valentín Alfaya, reveló en una entrevista el principal objetivo del grupo: «[…] liderar en nuestro país la transición industrial que impone el Acuerdo de París (2015) y abordar junto a las administraciones públicas los grandes retos medioambientales».

En abril, GECV publicó un manifiesto reclamando al Gobierno la aprobación “urgente” de la Ley de Cambio Climático y Transición Energética. La declaración de intenciones del manifiesto estaba patente desde su enunciado: «Tenemos ante nuestros ojos uno de los mayores retos a los que se ha enfrentado la humanidad a lo largo de su historia.  Si miramos hacia la mayor parte de los países de nuestro entorno, podremos contemplar una evolución inminente hacia una economía baja en carbono, un proceso iniciado a escala global que se traducirá necesariamente, en fuente de numerosas oportunidades. Las economías que se erijan como líderes de esa transición serán las primeras de la fila en aprovechar las bondades que la descarbonización ofrece. Y es que el actual sistema energético basado en combustibles fósiles es la principal causa del temido cambio climático cuyos tentáculos ya han empezado a dejar graves huellas en el planeta».

Los inversores que no reconozcan a tiempo los cambios tectónicos que se avecinan en el sector de la energía serán los que sufrirán las peores consecuencias.

El GECV está en la línea de la reciente iniciativa Climate Action 100+, que ha conseguido la adhesión de las principales empresas emisoras de gases de efecto invernadero de todo el mundo. Estas empresas han adquirido el compromiso de reducir las emisiones en sus instalaciones y de ofrecer una información transparente sobre su exposición al cambio climático y al cumplimiento del Acuerdo de París, lo que incluye los riesgos de no poder utilizar todas las reservas fósiles incluidas en sus balances contables. Según la comunidad científica, el 35% de las reservas de petróleo, el 50% de las reservas de gas y un 90% de las reservas de carbón deberán quedarse bajo tierra para cumplir con los objetivos climáticos del Acuerdo de París. Los inversores que no reconozcan a tiempo los cambios tectónicos que se avecinan en el sector de la energía serán los que sufrirán las peores consecuencias.

Siguen llegando señales de que el tiempo del cambio ya está aquí. Una parte importante del sector financiero ha llegado a la conclusión de que las empresas en las que invierten sus fondos han de cumplir con su responsabilidad social y ser respetuosas con el medio ambiente para ser rentables. Como ha señalado en un reciente artículo Mikel González-Eguino, la primera señal vino de la mano de una entrevista concedida a Financial Review por Jim Barry, director de inversiones e infraestructuras de Blackrock, el mayor gestor de fondos privados del mundo, en la que alertaba de que los planes para invertir más dinero en centrales de carbón eran como «negar la ley de la gravedad», una temeridad financiera. Blackrock no se ha quedado ahí.

Una parte importante del sector financiero ha llegado a la conclusión de que las empresas en las que invierten sus fondos han de cumplir con su responsabilidad social y ser respetuosas con el medio ambiente para ser rentables.

En una carta enviada a los consejeros delegados (CEOs) de las empresas de las que es accionista, Larry Fink, presidente de la financiera, da la alerta de los riesgos que corren si no se adaptan al nuevo tiempo que nos toca vivir. Según Fink, las empresas «no solo deben ofrecer un rendimiento financiero, sino también mostrar cómo contribuyen de forma positiva a la sociedad» y cómo «responden a desafíos sociales más amplios», porque de lo contrario podrían perder la «licencia social» para seguir operando. Fink advierte que los más ricos han cosechado ingentes beneficios tras la Gran Recesión, mientras que la gente común ha tenido que conformarse con salarios estancados. En la carta también advierte de los riesgos que supone el aumento de la desigualdad y de la «polarización», poniendo el dedo en la llaga del incremento de los gobiernos populistas y autoritarios en todo el mundo.

La segunda señal apareció en un monográfico de la revista The Economist, en el que se anunciaba el declive de los coches convencionales ante la expansión de los automóviles eléctricos. La tercera señal proviene de un informe publicado en noviembre de 2017 por Lazard, un banco de inversiones especializado en energía, cuyo último informe situaba el coste medio de la producción de electricidad de las centrales nucleares estadounidenses en 148 dólares por megavatio-hora, muy superior al coste de la producida por eólicas y solares fotovoltaicas, cifrada en 45 y 50 dólares, respectivamente.

En pleno Antropoceno, por convicción o por conveniencia, los inversores saben que la rentabilidad de sus fondos no puede ser una variable independiente de los límites ecológicos y sociales del planeta

La sinergia pública-privada también está ejerciendo un papel muy importante de liderazgo cuando los gobiernos fallan a la hora de dar certidumbre y establecer políticas claras para las inversiones en el largo plazo. Sin duda, este es el caso de Estados Unidos, donde el manifiesto We Are Still in (Nosotros seguimos todavía dentro), firmado por las principales empresas del país junto con 9 estados y 125 ciudades, reclama que Estados Unidos vuelva al Acuerdo de París. Las ciudades y estados participantes representan 120 millones de estadounidenses y contribuyen con 6,2 billones de dólares a la economía americana, e incluyen a ciudades como Nueva York, Los Ángeles, Houston, Pittsburgh, Pennsilvania y Dubuque. Una mezcla de universidades, públicas y privadas, grandes y pequeñas, han incluido a su institución en la declaración. En total las empresas y los inversores signatarios tienen un ingreso anual de 1,4 billones de dólares e incluyen a más de 20 empresas de la lista Fortune 500, entre las que se encuentran Apple, eBay, Gap Inc., Google, Intel, Microsoft, y Nike, además de cientos de pequeñas empresas que también firmaron la declaración.

En definitiva, que la veta más granada del sector financiero ha llegado a la conclusión de que para que sus inversiones sean rentables deben ser respetuosas con el medio ambiente y con las sociedades en las que operan. Saben que durante demasiado tiempo la maximización de los beneficios a corto plazo ha primado sobre la sostenibilidad a largo y sobre la función social a que están obligadas, y son conscientes de que la vieja forma de rentabilizar sus inversiones no podrá continuar mucho más allá.

En pleno Antropoceno, por convicción o por conveniencia, los inversores saben que la rentabilidad de sus fondos no puede ser una variable independiente de los límites ecológicos y sociales del planeta. © Manuel Peinado Lorca. @mpeinadolorca.

Energía y cambio climático: España no puede seguir siendo diferente

José Luis García – Área de energía y cambio climático de Greenpeace

Hay ahora mismo un debate abierto en la comunidad internacional sobre la necesidad de asumir compromisos mucho más ambiciosos que los adoptados hasta ahora, porque el cambio climático avanza cada vez más rápido y lo que tenemos decidido hacer sabemos que no es suficiente. Siete países se han aliado para pedir una revisión de los compromisos europeos, para hacerlos más ambiciosos y permitir alcanzar los objetivos del Acuerdo de París (o sea, evitar un calentamiento global de más de 1,5 ºC). Esos 7 países son Alemania, Francia, Holanda, Suecia, Finlandia, Portugal y Luxemburgo.

Escribíamos en este blog sobre el caso de Alemania, cuyo nuevo gobierno ha asumido el compromiso de adoptar un plan de abandono del carbón, en un país que ya decidió abandonar la energía nuclear. El ejemplo nos permitía concluir que acordar una política climática valiente es posible.

Y no es solo Alemania. Cada uno de esos países está dando pasos importantes en esa dirección. Por ejemplo, Holanda es de los países comprometidos a abandonar el carbón para 2030. Finlandia ha reafirmado ese mismo compromiso y lo ha adelantado a 2029. Pero claro, alguien pensará que todos son países ricos, que se pueden permitir hacer cosas que en la “pobre España” no son posibles.

Fijémonos entonces en Portugal. Este mes de marzo, nuestro vecino alcanzó un nuevo récord: por primera vez en este siglo, la producción de electricidad renovable en el territorio peninsular de Portugal ha sido superior a la electricidad consumida durante un mes completo. No quiere decir que en todo momento haya estado suministrándose con energía 100% renovable, en realidad la producción de electricidad renovable ha oscilado entre un 86% y un 143% del consumo, aunque los periodos de cobertura continua al 100% con renovables han llegado a las 70 horas seguidas. Este logro se ha basado en el aprovechamiento de los recursos hidroeléctricos que ya tenía y la energía eólica desarrollada en este siglo. Su gran potencial solar está casi todo aún por desarrollar.

Portugal no tiene ni ha tenido nunca energía nuclear, ni falta que le hace (aunque no está libre de los riesgos que las nucleares implican, las tiene muy cerca). Sus planes de futuro incluyen abandonar el carbón en 2030 y llegar a ser 100% renovable de forma permanente en 2040. Y claro, con esas políticas, está en el grupo de países que piden más compromiso en la lucha contra el cambio climático.

Portugal no tiene ni ha tenido nunca energía nuclear, ni falta que le hace (aunque no está libre de los riesgos que las nucleares implican, las tiene muy cerca). Sus planes de futuro incluyen abandonar el carbón en 2030 y llegar a ser 100% renovable de forma permanente en 2040

Alguien dirá que todo eso es posible gracias a que está interconectado con España. Bueno, el beneficio de la interconexión es mutuo, la diferencia está en las políticas de uno y otro. Y si bien las interconexiones son una ayuda, no son el factor decisivo para adoptar una transición energética que permita prescindir de energía nuclear y carbón, como ha demostrado el “Estudio técnico de viabilidad de escenarios de generación eléctrica en el medio plazo en España” realizado por el IIT para Greenpeace.

Otros países de economía más similar a la española también tienen planes claros de transición energética:

  • Italia no tiene energía nuclear y tiene decidido abandonar el carbón en 2025.
  • Bélgica abandonó el carbón en 2016 y va a abandonar la nuclear en 2025.
  • Irlanda tampoco tiene energía nuclear y va a abandonar el carbón en 2025, prohibirá la venta de vehículos diesel y gasolina en 2030, y ya ha prohibido la exploración petrolífera.
  • El Reino Unido también tiene el compromiso de abandonar el carbón en 2025 y acaba de alcanzar 3 días seguidos sin quemar carbón.

Y no solo son los estados, también las ciudades se mueven en la transición energética. Este mapa muestra las más de 100 ciudades de distintos países del mundo que ya adquieren la mayor parte de su electricidad con fuentes renovables. Algo que las ciudades españolas pueden empezar a hacer tras la batalla legal ganada por el Ayuntamiento de Madrid a las eléctricas Endesa, Iberdrola y Gas Natural.

¿Y qué hace el gobierno de España? España fue un país líder en energías renovables, pero cuando el crecimiento de estas empezó a amenazar los intereses de las viejas energías sucias, vino el frenazo y marcha atrás. En las coaliciones internacionales para asumir compromisos más ambiciosos a España ni se la ve ni se la espera. Es más, en las negociaciones europeas en curso, nuestro gobierno se opone a objetivos más ambiciosos a los actuales y a cualquier intento de restringir las subvenciones a los combustibles fósiles, mientras trata de asegurar la permanencia del vergonzoso “impuesto al sol”.

Pero las cosas se pueden hacer de otra manera, también en España. Greenpeace ha demostrado la viabilidad de cerrar todas las centrales nucleares y de carbón en 2025. La Fundación Renovables ha presentado una amplia batería de medidas para hacer viable la transición energética en nuestro país.

Ahora estamos a la espera de una prometida ley de cambio climático y transición energética que debería reconducirnos a la senda que nos lleve a un sistema 100% renovable. ¿Lo veremos o seguiremos sufriendo la lacra del “Spain is different”?

Imagen del mapa de CDP World Renewable Energy Cities

Carta del Ministro de Energía a SSMM los Reyes Magos de Oriente

Por Juan Castro – Gil – Abogado y secretario de ANPIER

Queridos Reyes Magos:

Álvaro Nadal, Ministro de Energía

Soy Álvaro, el Ministro de Energía de España, ese país tan bonito al que venís al final de vuestra ruta por Europa. Lo primero que me gustaría deciros es que en casa siempre hemos sido fieles seguidores de vuestro trabajo. Realmente, sois una referencia de hondo calado para nosotros. Por ello, hacemos todo lo posible por agradaros con nuestras actuaciones.

Por ejemplo, poco a poco, estamos consiguiendo que nuestro pequeño país se desertifique de forma inexorable y así se parezca un poco más a esos lejanos arenales donde vosotros vivís; mantenemos una relación muy estrecha con vuestros vecinos, los jeques y emires que manejan la venta del gas y del petróleo que queman en sus casas y vehículos. Las familias que gobernamos, y hacemos todo lo posible para que esas relaciones se mantengan duraderas en el tiempo; con el único objetivo de agradaros, nos quedamos con todo el carbón que lleváis y que desprecian casi todos los niños del mundo en sus cartas; nos mantenemos firmes en nuestro deseo de que los precios de la energía sean lo más altos posibles, provocando señaladas cotas de pobreza energética, haciendo que vuestra aparición en la noche de cada 5 de enero en los hogares españoles, se parezca lo máximo posible a aquella de hace 2018 años; y nos negamos categóricamente a seguir el camino de la defensa medioambiental de los países del norte de Europa, pues son los mismos que acogen en su territorio a ese tal Santa Claus, burdo suplantador de vuestro trabajo.

Como podéis ver, trabajamos duro a lo largo del año para que nada cambie. Y no creáis que nos lo ponen fácil. Muchos son los que en nuestra tierra creen que eso del cambio climático es un problema que terminará con la especie humana. ¡Insensatos! Cualquier persona bien informada sabe que lo que cambiará el devenir de los tiempos y de la humanidad es que en un pequeño barrio de Madrid, en la cabalgata de Reyes, se vistan a aquellos que reparten caramelos a los niños en vuestro nombre, con ropajes claramente indignos de vuestra majestuosidad. Eso sí que es realmente grave y haremos todo lo posible por impedirlo, sin perder el tiempo en cuestiones de baja enjundia como que suba un poco la temperatura.

En cualquier caso y por no extenderme más, espero que entendáis lo difícil de nuestra labor. De hecho, en el terminado 2017, no hemos podido batir el récord de año con más emisiones de CO2 a la atmósfera por producir energía y nos hemos quedado en el 2º lugar del ranking (aunque no os olvidéis que el 1º puesto del 2015 también fue gracias a nosotros). Espero que esta pequeña falta no sea impedimento para que esta noche nos tengáis en vuestra mente y nos dejéis todo el lignito posible, pues contamina mucho más que la antracita, y a nosotros nos gusta hacer las cosas bien.

Siempre vuestro, Álvaro.

El principio del fin del carbón

José Luis García – Área de energía y cambio climático de Greenpeace

central térmicaLas cumbres de cambio climático, como la que estos días tiene lugar en Bonn, son propicias para muchas novedades: mientras los representantes de los gobiernos negocian cómo aplicar el Acuerdo de París, organizaciones sociales, científicas o empresariales aprovechan para presentar sus últimos estudios y propuestas.

El más reciente que hemos conocido alerta de cómo las emisiones de CO2, causantes del cambio climático, han vuelto a repuntar, tras varios años estancadas. Esperemos que no se trate de un cambio de tendencia, pero tras vivir en 2016 el año más caluroso jamás registrado, viendo que 2017 lleva el mismo camino (lo que va de año es ya el más cálido de los registrados sin el fenómeno del Niño activo) y con las concentraciones de CO2 en su nivel más alto en 800.000 años, sobran los motivos para reducir las emisiones con urgencia.

Y eso es lo que implica el anuncio de Iberdrola de solicitar el cierre de sus dos últimas centrales térmicas de carbón, ambas situadas en el norte de España. Estas centrales emiten más de 2 millones de toneladas de CO2 al año. Así que cerrar estas centrales cuanto antes es lo mejor que se puede hacer.

Con este paso, Iberdrola reduce su impacto en el cambio climático y en la salud ciudadana, con una decisión que marca el camino para las demás eléctricas y para el gobierno.

El plan incluye el compromiso de mantenimiento del empleo, al recolocar al 100% de la plantilla en labores de desmantelamiento y cierre, algo fundamental para la necesaria transición justa del carbón a la energía sostenible. Sería inadmisible que, tras décadas de explotar un monocultivo energético en una comarca, la empresa se marchase dejando abandonadas a las personas que han trabajado y vivido de esa actividad.

La decisión de cerrar el carbón viene tras muchos años de crítica por parte de Greenpeace y muchas organizaciones sociales, que denunciaban la falsa imagen verde tras la que Iberdrola ha estado haciendo negocio a costa del medio ambiente. Fue gracias a la presión pública y al diálogo como se consiguió que la compañía decidiese cerrar la central térmica de carbón de Pasajes (Guipúzcoa) o que asumiera que había que cerrar la controvertida nuclear de Garoña.

De manera que la primera conclusión de este caso es que, aunque cueste años de esfuerzo, protestar, dialogar y demostrar con datos que se tiene razón, merece la pena.

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Política energética en clave de avestruz

Ana Barreira – Directora del Instituto Internacional de Derecho y Medio Ambiente 

¿Por qué desde diversos sectores sociales, gubernamentales y económicos de España se insiste en seguir negando la urgente, inaplazable y necesaria transición energética?

Esta es la estrategia del Gobierno tras anunciar la italiana Enel, principal accionista de Endesa, el cierre en 2020 de las centrales térmicas de carbón de Andorra (Teruel) y Compostilla (León). Mientras UGT ha calificado el cierre de “escándalo”, el gobierno de Aragón hizo una ronda de visitas en Madrid para evitar lo inevitable y, según los medios, el ministro de energía Álvaro Nadal parece que prepara un Real Decreto Ley para impedirlo. Por otro lado, el PSOE presentó una fracasada moción en el Senado, contraria a la legislación de la UE, para seguir incentivando el carbón nacional… ¿Estos son los planes de descarbonización para nuestra economía anunciados por el Gobierno la semana pasada en las jornadas preparatorias de la futura Ley de Cambio Climático y Transición Energética? En palabras de la propia Ministra de Agricultura y Pesca, Alimentación y Medio Ambiente en la apertura de esas jornadas “todos estamos llamados a garantizar una transformación ordenada hacia una economía baja en carbono y resiliente al clima”. ¿Responde esa actuación de representantes políticos y sociales a una transformación?

Está en riesgo nuestra salud. Según el último informe que hemos elaborado en el Instituto Internacional de Derecho y Medio Ambiente (IIDMA), a las 15 térmicas de carbón en España se les atribuyen, en 2014, la muerte prematura de 709 personas en España, 459 hospitalizaciones por enfermedades cardiovasculares y respiratorias, más de 10.500 nuevos episodios de asma en niños y pérdidas económicas de entre 800 y casi 1.700 millones de euros anuales, derivadas del gasto sanitario y la reducción de productividad causada por el absentismo laboral. Tenemos derecho a respirar aire no contaminado.

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Las políticas anticlimáticas de Trump no crearán empleo, lo destruirán

Por Laura Martín Murillo – Directora de la Fundación Renovables

Presidente EEUU

En la época de la posverdad, un presidente puede decir cualquier cosa, porque él utiliza la mentira como herramienta política estratégica y la mayor parte de sus votantes no buscarán fuentes fiables para su contraste.

Trump ha basado su ataque a la legislación ambiental y en concreto a la legislación climática en la necesidad de proteger la industria americana y conseguir que vuelvan empleos al país. Estos años de avances en estándares ambientales (en general, menores a los europeos) han supuesto, según su argumentario, graves pérdidas de beneficios y empleos para las industrias del país. Por tanto, ahora hay que traer esos empleos de vuelta a casa, y especialmente los empleos de la minería del carbón, que personalizan como ningún otro, el empleo del americano de verdad, americano en masculino, al que el establishment de Washington ha abandonado a su suerte.

Sin embargo, los datos demuestran que la mejora de estándares ambientales no ha generado pérdida de empleos en Estados Unidos ni, en general, en ningún sitio del planeta. 30 años de investigaciones sustentan esta afirmación.  El empleo en la industria americana se ha reducido por aumento de la productividad y automatización, acercamiento a mercados y sobre todo, por encontrar unos menores costes laborales en otros países. Donald Trump quizás podría recuperar empleos industriales en su país si los estadounidenses estuvieran dispuestos a cobrar lo mismo que los vietnamitas o los chinos, pero no parece que sus votantes estén dispuestos a ello.

La lucha contra la contaminación de las industrias del papel, petróleo, plásticos y manufactura a través de regulaciones ambientales en las décadas de los 70 a los 90 hizo que se crearan más empleos de los que se perdieron y supusieron mejoras en la productividad. En la progresiva mejora de los estándares de eficiencia de vehículos, por ejemplo, se calcula que se han generado 5 empleos por cada 1 destruido.

En particular, las políticas de la Administración Obama para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero a través del apoyo a las energías renovables han sido un generador neto de empleo. En el paquete de estímulo económico que se lanzó para recuperarse de la crisis económica, las inversiones en energías renovables generaron más empleo que las producidas en otros sectores. Todas juntas ayudaron a recuperar el empleo en Estados Unidos mucho más rápido que en Europa, por ejemplo.

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Liberémonos de los combustibles fósiles

Por José Luis García – Área de Energía y Cambio Climático de Greenpeace

central de carbón

Este mes de marzo, un movimiento de personas de todos los rincones del planeta se pone en pie para hacer frente al cambio climático: un movimiento que exige liberar al planeta de la tiranía de los combustibles fósiles.

Cada vez más personas, comunidades, países, sufren las consecuencias del cambio climático, y no están dispuestas a permanecer impasibles hasta que esos impactos hagan su tierra inhabitable. Con el lema común de “Break Free”, una ola mundial de personas se levanta contra las energías sucias que causan el cambio climático. Unimos fuerzas para proteger a las comunidades vulnerables de los sucesos meteorológicos extremos y de las corporaciones del petróleo, carbón o gas que envenenan nuestro aire, ocupan nuestra tierra y secuestran a nuestros gobiernos. Es un movimiento ciudadano pacífico, unido y decidido a acabar con la era de la energía sucia y a empujar una transición justa a un futuro más limpio y sostenible.

La realidad del cambio climático exige una reacción inmediata y ambiciosa: para evitar sus peores consecuencias, no hay que permitir que el calentamiento global supere 1,5ºC, tal como ha quedado recogido en el Acuerdo de París. Es el gran reto de nuestro siglo. Puede parecer algo de un futuro lejano, pero un niño o niña que nace hoy, aún estará en la escuela en 2030, y puede seguir viviendo en el año 2100. Las decisiones que tomemos hoy determinarán si estas personas y sus hijos e hijas heredarán un planeta habitable.

Los datos científicos indican que más del 80% de las reservas conocidas de carbón, la mitad de las de gas y un tercio de las de petróleo deben dejarse bajo tierra para evitar un calentamiento de 2ºC. Para no superar 1,5ºC, no puede abrirse ni una nueva mina de carbón, ni pozo de petróleo ni de gas. Las centrales térmicas tienen que tener fecha de caducidad, empezando por las de carbón, que en nuestro país deberían estar cerradas todas en 2025.

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Ambición renovable en la India. Una grata sorpresa a final de año

Por Laura Martín Murillo – Directora de la Fundación Renovables

El gobierno de la India ha ocupado numerosas portadas en la última semana con sus planes de obtener un 60% de su electricidad de fuentes renovables en diez años, superando sus compromisos en el Acuerdo de París. Para 2027 la India pretende tener 275GW de energías renovables que se suman a 72GW de hidroeléctrica.

Hasta hace poco en Europa se hablaba de la India como uno de los principales escollos en las negociaciones del clima. El gobierno americano y los negociadores europeos se quejaban amargamente de sus posiciones duras en la negociación, sobre todo respecto a su defensa de justicia climática,  y de la expansión en las últimas décadas de su potencia instalada en térmicas de carbón. Ahora parece más bien que son los más desarrollados los que no están avanzando al ritmo requerido.

Efectivamente, India había instalado muchas centrales de carbón últimos años. Greenpeace India calculaba en un reciente estudio que existían 65 GW en construcción y 178 Gw en diferentes estadios de aprobación y que se estaba creando una burbuja de las térmicas del carbón.

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Hay futuro más allá del carbón

José Luis García – Área de Energía y Cambio Climático de Greenpeace

central de carbón

La nueva legislatura, en materia energética, empieza con la promesa de Rajoy de encargar al ministro Álvaro Nadal que consiga una pacto de Estado sobre energía. De esto tendremos que hablar mucho en los próximos meses, y la Fundación Renovables tiene muchas propuestas que defender, pero un tema candente que tendrá que estar en la mesa de ese pacto será, sin duda, qué hacer con el carbón.

Hasta ahora, hablar de carbón era hablar de subvenciones, porque es una fuente de energía a la que no se salen las cuentas, y que se ha mantenido a base de dinero público, que por ley se tenía que dedicar a salir del carbón, pero que a la postre nos dejaba siempre con el problema sin resolver. Con mucho dinero gastado, con cada vez más contaminación acumulada, pero daba igual, porque no hay gobierno, ni de derechas ni de izquierdas, que se atreva a decidir que no podemos seguir quemando carbón. Los mismos gobiernos que van a las cumbres del clima a proclamar lo que les preocupa el cambio climático y lo dispuestos que están a hacer lo que sea para hacerle frente. Lo que sea, pero el carbón no me lo toques.

Y esto es y será así mientras el discurso del carbón se plantee como un dilema entre ecología y empleo, entre sostenibilidad ambiental y desarrollo, presentando a los ecologistas como enemigos de los mineros, en una dialéctica en la que siempre ganaban los mismos: la patronal del carbón.

Pero en la última cumbre del clima, la semana pasada en Marrakech, se ha presentado una propuesta que rompe esos moldes. En un acto organizado por los sindicatos (concretamente por la Confederación europea de sindicatos y la Organización Internacional del Trabajo), estos invitaron a Greenpeace a presentar un estudio que analiza el futuro del carbón bajo una nueva óptica.

Según el informe, en España se han invertido miles de millones de euros en los programas de ayuda al sector en las últimas décadas, pero existe una falta absoluta de transparencia y de control administrativo en cómo se han destinado los fondos para la transición de las cuencas mineras. Además de las ayudas directas, desde 1987 y hasta 2014 se involucró a las empresas eléctricas en las ayudas económicas para la extracción del carbón, con esquemas en los que se premiaba a las eléctricas por el carbón nacional que compraban y quemaban. Unas ayudas con las que las eléctricas han hecho caja, como ayer mismo alardeaba Endesa en la presentación de sus nuevos planes de negocio: la empresa estima que recibirá 120 millones de impacto neto positivo de las liquidaciones de 2012 a 2014 por el carbón.

Todo un despropósito, ajeno a toda lógica económica y ecológica, que ha cronificado una situación insostenible: La falta de aceptación de un escenario futuro y cierto sin carbón ha frenado de forma significativa el proceso de transición hacia una economía apoyada en actividades económicas alternativas.

Muy interesante es que el informe presenta una recopilación de casos internacionales de reconversión justa y sostenible en las cuencas mineras de carbón, para demostrar que el fin del carbón es posible. Si las cosas se hacen bien, hay futuro más allá del carbón.

Y además, el estudio baja a tierra y analiza un caso concreto: el de la cuenca turolense de Andorra, que también depende de una gran central térmica propiedad de Endesa. La zona cuenta con importantes reservas de lignito, un carbón especialmente contaminante. El estudio desarrolla un análisis específico sobre posibles alternativas sostenibles al carbón en esta zona y constata que allí también hay futuro después del carbón, aunque es necesaria la implicación de empresas y administraciones. Y es que, a pesar de todas las ayudas, el negocio del carbón no es rentable, y cualquier eléctrica responsable tiene que planificar el cierre progresivo de sus térmicas de carbón, como Greenpeace le ha recordado a Endesa.

Pero además del contenido, lo más interesante del informe es que los autores son los propios trabajadores, a través del Instituto Sindical de Trabajo, Ambiente y Salud de CCOO, junto con la consultora Abay Analistas Económicos y Greenpeace. Esto demuestra que ecologistas y sindicalistas pueden trabajar juntos y mirar más allá del carbón, reconociendo que dicha fuente de energía no tiene futuro, pero quienes han dependido de ella necesitan y tienen derecho a un futuro.

Todas esas voces tienen que ser escuchadas a la hora de establecer un pacto de Estado. Y respecto al carbón, el pacto tiene que reflejar como mínimo estos puntos:

  • Concretar un plan de transición justa del carbón, que incluya la fecha de cierre progresivo, con fecha límite en el año 2025, de todas las térmicas de carbón en España; el descenso paulatino del uso del carbón en todos los sectores; el fin de la minería del carbón y de la importación de carbón; y la transición justa hacia nuevas actividades
    productivas sostenibles para todas las personas que trabajan en el sector y para las comarcas cuya economía es altamente dependiente de dicha actividad.
    Eliminar todas las subvenciones a las energías sucias e ineficientes, incluidos los incentivos procedentes de fondos públicos o de la factura de la luz a la inversión medioambiental de las empresas eléctricas, por ser un mecanismo supeditado a la continuidad de uso de combustible fósil.

Si eso se cumple, España se podrá sumar a la creciente lista de países que han puesto fecha de caducidad al uso del carbón. Y tendremos una posibilidad más razonable de evitar un cambio climático catastrófico. La transición está en marcha, lo que hace falta es que sea justa y rápida.

El origen de nuestra energía

Por Juan Castro – Gil – Abogado y Secretario de ANPIER

Mapa

Escribo este artículo el mismo día en que hemos conocido que el planeta ha batido todos los récords de emisiones de CO2, en la misma semana en la que el secretario de estado de energía se ha preguntado públicamente ¿qué significa eso de la transición energética?, en el mismo mes en que hemos descubierto que el gobierno en funciones tiene previsto seguir subvencionando carbón para generar electricidad, en el mismo año en el que prácticamente no se ha instalado ni una chispa de potencia renovable en España.

Un lector objetivo podría preguntarse sobre la conveniencia de todos estos acontecimientos amparados por cuestiones económicas o  geoestratégicas de mayor calado. Puede ser.

Para analizar esa cuestión, es muy interesante vincular varios datos de fuentes públicas: por un lado, el origen de las materias primas fósiles que se queman o procesan en España para generar energía, para lo que sugiero el interesante trabajo de ODG; por otro, con cualquiera de los enlaces de información del Ministerio de Asuntos Exteriores o páginas  independientes sobre conflictos armados.

Así, podemos encontrarnos con que en España compramos en torno al 65% del gas y del petróleo que quemamos y transformamos a países con conflictos armados endémicos y/o con sistemas de gobierno muy complejos o al borde del colapso, tales como Argelia, Nigeria, Libia, Irán, Egipto o Rusia. Asimismo, compramos más de la mitad del uranio que procesan nuestras plantas nucleares a países que nos inspiran tanta confianza sus relaciones comerciales como Rusia, Namibia o Níger.

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