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Somos la civilización de la electricidad ¿Por qué nos cuesta tanto entender su potencial transformador? ( parte 1)

El invento de la electricidad masiva y en red, hace apenas 140 años, ha marcado la evolución de nuestra civilización. Desde su invención hemos transformado radicalmente las ciudades. ¿Alguien se imagina como sería la ciudad de Nueva York si los ascensores eléctricos no hubieran irrumpido en nuestra sociedad? Sí, esa tecnología ha hecho posible que se desarrollen ciudades compactas en las que el transporte masivo y eléctrico, el metro, permiten la movilidad de miles de personas sin que sus calles queden literalmente bloqueadas y asfixiadas por los coches térmicos.

Edison construyó las primeras centrales de generación eléctrica en Pearl Street en Manhattan (Nueva York) y en Holborn (Londres) en 1881. Al año siguiente empezaba el negocio de venta de electricidad y en menos de un año los industriales más innovadores instalaron los primeros motores eléctricos que sustituirían a las máquinas de vapor que quemaban carbón en el centro de las ciudades, asfixiando con sus humos de combustión a sus poblaciones crecientes de ciudadanos que se desplazaban desde el campo en busca de trabajo.

Pero, 10 años después menos del 5% de las industrias habían implementado la electricidad en sus procesos de fabricación y seguían instaladas en la era del vapor. La mayoría cuando renovaban equipos lo hacían de nuevo con motores de vapor.

El tema es que esos industriales innovadores no apreciaron ninguna mejora en la competitividad de su industria. La electricidad parecía tener poca relación en la mejora de la productividad. Y es que, esos pocos “early adopters” que implementaron algún motor eléctrico a la vez que empezaban a comprar energía “limpia y moderna” desde alguna central eléctrica próxima, continuaban manteniendo la estructura de fábrica industrial centralizada alrededor del eje de transmisión de la máquina de vapor, una máquina permanentemente en funcionamiento y sobre la que se planteaba todo el proceso manufacturero.

El problema es que la tecnología había cambiado pero la forma de pensar no. Los motores eléctricos hacían exactamente los mismos procesos que los de vapor, por tanto, eran perfectamente sustituibles, pero hacían muchas otras cosas que esos industriales eran incapaces de entender y, por tanto, de aprovechar.

Instalados en nuestra cultura industrial del siglo XIX, nos costó 30 años entender que no necesitábamos una gran máquina que girase para hacer llegar la energía, solo necesitábamos cables.

Las fábricas ganaron espacio y los procesos fabriles dejaron atrás la logística del eje de transmisión para abrirse camino en la línea de producción. Henry Ford lo entendió a la perfección, de algo le debían servir los años de trabajo en la compañía de Thomas Edison, y allí empezó su aventura cuando lanzó la primera línea de montaje para su fábrica de Highland Park en Detroit. Consiguió reducir el tiempo de montaje del Ford T de 12 horas a tan solo 93 minutos; o sea, que multiplicó por 10 la producción en un día. No pasó mucho tiempo para que consiguiera fabricar 1.000 coches al día. En el año 1903 la V avenida de Nueva York estaba congestionada por carruajes de caballos. En 1913 la congestión era de vehículos térmicos. Cuentan que la mayor parte de preguntas que la gente hacia a Henry Ford estaban relacionadas con la alimentación de esos caballos tan potentes que él comercializaba. De hecho, no se estaban refiriendo a las gasolineras puesto que no sabían ni que existían.

Definimos un modelo de mercado al que cualquier tecnología que aparezca tendrá que someterse, porque esa es nuestra cultura, la que parece que todo es para siempre, olvidándonos de que la única constante humana es que todo cambia.

Pero, volvamos a la electricidad. Siempre ha tenido un tendón de Aquiles. La electricidad es una mercancía peculiar. El sistema eléctrico debe estar en permanente equilibrio, es decir,  que cuando se produce también se tiene que consumir. Un “just in time” que debe funcionar a la perfección. Bajo ese principio físico se ha construido todo un sistema de centrales de generación térmica que, según determinados avisos del gestor del sistema van ajustando su producción a lo que los consumidores necesitamos en cada momento. Además, no estamos dispuestos a que esos ascensores de los que hablábamos al principio del artículo nos dejen suspendidos en el aire si no hay electricidad para todos en momentos de elevada demanda. Ello nos ha obligado a disponer de un sistema redundante en el que algunas centrales funcionan muy pocas horas al año. Y claro, sus costes deben ser cubiertos y es aquí cuando entramos en esas extrañas fórmulas de precios variables y con pagos de capacidad a grandes oligopolios que nadie entiende con lo que, su opacidad puede ser de nivel inimaginable si los organismos reguladores están capturados y los políticos se preocupan poco por saber y entender sobre el tema. El exministro Soria reconoció que el redactado de los decretos y leyes venía “hecho” por las mismas empresas eléctricas.

Pues bien, este es el mundo de la electricidad que tiene su origen en los combustibles fósiles que, si alguna cosa buena tiene, es que las tecnologías y recursos energéticos a quemar son flexibles. Es decir, con un sistema de gestión ideado en el siglo XX se da respuesta a ese “just in time”, aunque sea una repuesta bastante cara y oscura. Tema aparte merece la energía nuclear, muy poco flexible, y que por tanto está en el sistema siempre de base. Y con todo ello, definimos un modelo de mercado al que cualquier tecnología que aparezca tendrá que someterse, porque esa es nuestra cultura, la que parece que todo es para siempre, olvidándonos de que la única constante humana es que todo cambia.

Esas nuevas tecnologías, a las que voy a referirme como el primer gran cambio del siglo XXI, ya están en el mercado y a partir de 2020 en España la energía eólica va a superar “para siempre” a la energía nuclear, que hoy presenta un mayor volumen de energía en el sistema eléctrico español, y eso que para esa fecha no vamos a cerrar ninguna central nuclear, a no ser, claro, que tengamos algún accidente catastrófico por el camino. Y la solar acelera a nivel mundial y España está en el foco de atención de sus inversores. Para 2030 está previsto que la energía solar y la eólica en España supongan más del 50% de la energía eléctrica que consumimos. Pues bien, eso tiene algo de malo. La energía solar y la eólica son variables e intermitentes con lo que esa bondad de flexibilidad que se atribuía a los combustibles fósiles se volatiliza literalmente y me parece que a pocos les va a gustar quedarse colgados en el ascensor. Los gurús del siglo XX dicen que la solución va a ser el gas natural. No desesperemos, a lo mejor es que tampoco lo hemos entendido todavía.

La civilización de la electricidad se acelera. Hoy apenas supone el 25% de la energía que consumimos, pero la descarbonización de la economía hace imprescindible su incremento a porcentajes cercanos al 70%.

El segundo gran cambio del siglo XXI también está entre nosotros, pero como ya viene siendo costumbre, tampoco lo entendemos. El vehículo eléctrico.

Una tecnología nueva (si pensamos en los que utilizan batería ion litio), con poca oferta en el mercado, pero creciendo y con menos del 1% de la renovación del parque en España. Una tecnología más cara “casi” con las mismas prestaciones que su equivalente térmico, pero con una energía más limpia. La mayor parte de consumidores y políticos no le ve una mejora competitiva. El precio más elevado de adquisición y la posible destrucción de empleo en refinerías y plantas de automoción hace que pocos se esfuercen en pensar cómo introducirlo (a lo mejor se esfuerzan por todo lo contrario). La mayoría piensan que la solución es una buena red de recarga rápida en calles y carreteras equivalente a las gasolineras. Algunos fabricantes europeos, líderes en motor diésel, hablan de que hay que implementar una red de carga super rápida de potencia superior a 400 KW para cargar en menos de 5 minutos en la carretera. Sin ella, el coche eléctrico no tiene futuro.

Es fácil establecer un paralelismo de las primeras etapas de implementación del motor eléctrico versus la línea de transmisión de vapor; el coche eléctrico versus el coche térmico o las energías renovables intermitentes y los combustibles fósiles flexibles. La tecnología ha cambiado pero la forma de pensar, NO.

Lo voy a dejar aquí para que nos rompamos la cabeza pensando que más pueden hacer esos coches eléctricos y esas energías renovables. En el siguiente blog os voy a contar cual es mi visión. Doy por supuesto que lo de la mejora de la calidad del aire, la reducción de los costes sanitarios y dejar de incrementar los Gases de Efecto Invernadero ya lo tenemos internalizado con lo que no voy a ir por ahí, aunque tengamoslo claro, la salud es el motor del cambio (siempre lo ha sido) y la supervivencia de la especie humana, ni os lo cuento.

Por cierto, estaría bien que en momentos de cambio (¡¡¡y lo estamos!!!) las políticas industriales apostasen por abrir la mente a eso que aún no entendemos y que va a suponer la diferencia entre los que van a ganar la siguiente revolución industrial y los que sencillamente van a quedarse en la era de los combustibles fósiles y el uranio una generación más como mínimo. Eso sí, una generación contenta de ser conectada y digital pero posiblemente sin empleo.

Por Assumpta Farran – patrona de la Fundación Renovables y ex directora del Institut Català d’Energia

La movilidad, motor del cambio en las ciudades (I)

El acuerdo derivado de la Conferencia sobre el Cambio Climático (COP21) que tuvo lugar en París en 2015 exige a los Estados metas concretas para reducir las emisiones y fija obligaciones a las autoridades locales que sitúen la eficiencia energética y la protección del clima en el centro de sus políticas de movilidad. En este sentido, propone impulsar acciones concretas para transformar la movilidad de los centros urbanos y reducir progresivamente la circulación de los automóviles diésel y gasolina a partir de 2030, hasta su eliminación completa en 2050.

A partir de estas condiciones incuestionables se daría paso también a un uso extensivo de las energías no fósiles al servicio de la movilidad urbana. Este es un requisito esencial para que la Unión Europea, y nuestro país incluido, pueda cumplir sus compromisos, tanto en lo que se refiere a esta cuestión como en relación con la reducción de las emisiones de efecto invernadero y de la contaminación atmosférica.

Para alcanzar estos objetivos deberá darse prioridad en los planes de movilidad a los modos de transporte limpios como los tranvías, trolebuses, ferrocarril de cercanías, vehículos eléctricos, bicicletas y coches compartidos. Es importante que los diferentes niveles de la Administración –estatal, regional y local– realicen esfuerzos más decididos para impulsar el cambio modal de la carretera al transporte ferroviario y que concedan particular importancia a sistemas intermodales que combinen los desplazamientos a pie, en bicicleta y en transporte público colectivo. A este respecto, es fundamental impulsar el uso de la bicicleta en las áreas urbanas y ampliar la densidad de vías ciclables, así como las redes de transporte colectivo público y la frecuencia del servicio.

Los estados y las autoridades locales deben disponer de planes de movilidad urbana sostenible y de planes de desplazamiento de empresa (PDE) para todas las administraciones públicas y organizaciones –públicas y privadas–, además de incorporar a gestores y gestoras de la movilidad cotidiana al trabajo.

A partir de ahora el coche pasa de su condición de anfitrión a ser un invitado en nuestras ciudades, abriéndose paso a la ciudad vivible o la ciudad del postcarcity.

Además, no hay que olvidar integrar los planes de movilidad y los planes de desplazamiento al trabajo (PDE) en una estrategia más amplia de desarrollo territorial o urbano sostenible. Se debe alentar a las autoridades a que, en el marco de estos planes, sitúen a los ciudadanos en el centro de las políticas de movilidad y les ofrezcan la posibilidad de ser consultados antes, durante y después de su aplicación. Estos planes son también un medio para promover acciones en favor de los objetivos de la Unión Europea en materia de emisiones de efecto invernadero, de contaminación acústica, de accidentalidad y de exclusión social relacionada con la movilidad.

Para que la movilidad sostenible tenga mayor presencia en las ciudades, hay que replantearse seriamente la cuestión de la velocidad de los vehículos, calmando el tráfico y adoptando un nuevo límite de velocidad de 30 km/h como medida realmente efectiva para reducir el número de muertos y heridos en accidentes de tráfico. De este modo se conseguirá que los vehículos de motor sean más compatibles con otras formas de desplazamiento más eficientes, saludables y seguras. Un buen ejemplo es la limitación de la circulación de vehículos contaminantes, creando zonas de bajas emisiones en el centro de Madrid.

Las conductas negacionistas del cambio climático y las conductas negacionistas del mal de los coches, no tienen futuro. A partir de ahora el coche pasa de su condición de anfitrión a ser un invitado en nuestras ciudades, abriéndose paso a la ciudad vivible o la ciudad del postcarcity.

Por Manel Ferri – experto en movilidad

Transición energética justa ¿un nuevo eslogan político? (I)

Pocos medios de comunicación, por no decir ninguno, abren portadas con las negociaciones climáticas que se están llevando a cabo a lo largo de esta semana en la ciudad polaca de Katowice. Qué lejos queda aquella ilusión, y no menos ambición, del Acuerdo de París de 2015.

De lo que tengo pocas dudas es de que la Cumbre Climática estaría en primera página si Polonia, anfitrión de la Conferencia de las Partes de 2018 (COP24), dejase sin luz a la ciudad de Katowice durante más de 48 horas. Los conferenciantes, asistentes y negociadores de más de 200 países de “la COP a oscuras” saldrían en todas las portadas y el primer ministro polaco se podría olvidar de toda felicitación por los avances conseguidos, si es que hay alguno.

Y es que, en pleno siglo XXI, con una sociedad cada vez más dependiente de la electricidad y los carburantes, no garantizar la seguridad energética te puede costar no revalidar el gobierno en las siguientes elecciones.

Garantizar el suministro energético por parte de los representantes políticos, al coste que sea necesario, es uno de los temas que se encuentran “ocultos” tras la Cumbre Climática de Katowice, ciudad situada en la región de Silesia, la comarca minera más importante de Europa y la segunda región con más desempleo de Polonia. Con más de 80.000 mineros, Katowice alberga la central de carbón más grande de Europa.

No superar el incremento global de temperatura media de 2ºC comprometido en el Acuerdo de París, requiere afrontar la descarbonización absoluta de un modelo energético fósil y contaminante. Y eso no es una utopía. Las tecnologías energéticas renovables y, en especial, la energía solar y la eólica son hoy plenamente competitivas en costes e incluso son las más baratas cuando se dispone de un buen recurso solar, como es el caso de España.

Las tecnologías energéticas renovables y, en especial, la energía solar y la eólica son hoy plenamente competitivas en costes e incluso son las más baratas cuando se dispone de un buen recurso solar, como es el caso de España.

Pero los flujos energéticos renovables en su mayoría son intermitentes, no siempre hace sol ni sopla el viento. Para garantizar la viabilidad de tecnologías de respaldo para esas situaciones, desde la década pasada los países europeos incorporaron en el recibo de la luz lo que se llama “mecanismos de capacidad”. Se trata de unos pagos, subsidios, subvenciones (que escoja el lector la palabra que quiera) que los consumidores pagamos mediante un gravamen impuesto en el recibo de la luz para garantizar el suministro, o sea, la seguridad ante posibles cortes de luz por intermitencia de las renovables pero también, y muy especialmente, para hacer frente a las puntas de consumo.

Las centrales que se llevan la cantidad más grande de “esos pagos” son las de gas y las de carbón. Bajo el concepto de “seguridad” muchos países instrumentalizan una política de subvención pública a los combustibles fósiles. Un apunte: España se lleva la palma en este tema. La falta de transparencia para identificar cuál es la capacidad necesaria que necesitamos para esa seguridad nos ha puesto los primeros de la lista europea en subvenciones que reciben las centrales más contaminantes. Y no hablamos de calderilla sino de 800 millones de euros anuales, una cifra mucho más alta que la que se calcula necesaria para hacer frente a la pobreza energética y que ha supuesto la abertura de un expediente informativo por parte de la UE al Reino de España por considerar que esconden ayudas de Estado a combustibles fósiles.

Estos pagos o subvenciones a los combustibles fósiles, instrumentados en el recibo de la luz que pagamos todos, no han supuesto ninguna portada en medios de comunicación ni tampoco ninguna protesta social, pero algunos europarlamentarios han querido dotarles de transparencia y limitarlos a unos valores razonables y acotados en el tiempo, que puedan ser auditados y, además, que ninguna central con emisiones de CO2 superiores a 550 g/Kwh pueda beneficiarse de ellos. Ese valor de emisiones implica, de facto, el cierre de las plantas de carbón por inviabilidad económica y, en consecuencia, el desempleo de la actividad minera asociada.

Esa es la gran discusión que afronta la UE de manera simultánea a la celebración de la Cumbre Climática y que está frenando la aprobación de la Directiva del diseño del mercado eléctrico y, por tanto, bloqueando el Paquete Energía Limpia con el que la UE pretende dar respuesta a los acuerdos de París en el horizonte del 2030.

Y claro, el límite de emisiones no es lo que más discusión genera, porque afea a los políticos que se pongan en contra sino el año en el que va a entrar en vigencia esa limitación.

Y claro, el límite de emisiones no es lo que más discusión genera, porque afea a los políticos que se pongan en contra sino el año en el que va a entrar en vigencia esa limitación. Sobre la mesa hay diversos horizontes: el 2025 que propone la Comisión y el 2035 que propone el país anfitrión de la cumbre. De forma lógica, Polonia, con más del 80% de generación eléctrica procedente del carbón, recurso energético autóctono, presiona para que esa limitación se dilate el máximo en el tiempo.

La justicia climática no se puede desligar de la transición energética y ello, sin ninguna duda, va a suponer que algunos sectores como el del carbón, estén sometidos a medidas nada agradables, dolorosas y posiblemente injustas sino se afrontan con el tiempo y las medidas necesarias. Tiempo que, por cierto, empezó con las directivas europeas de finales de los años 80 que limitaban las emisiones contaminantes de azufre, óxidos de nitrógeno y partículas de las grandes centrales de combustión. Entre otros, se establecían planes de cierre si no se conseguían los niveles de emisión permitidos. Y aquí estamos, 30 años más tarde, viendo como algunos países piden 18 años más de tiempo.

Entre los logros de la Cumbre Climática de Katowice va a destacar la “Declaración de Silesia para una transición justa y solidaria” a la que España seguramente se va a adherir.  Sin duda, la transición energética no se puede desligar de una transición justa tanto desde el ámbito social como económico pero me temo que ello sirva, una vez más, para que las administraciones actuales puedan recoger beneficios políticos inmediatos aparentado ecologismo y sensibilidad social mientras que aplazan de nuevo las medidas a tomar que les puedan suponer un elevado precio político y que dejarán para administraciones futuras.

Por Assumpta Farran – patrona de la Fundación Renovables y ex directora del Institut Català d’Energia

Resumen del mercado eléctrico en noviembre: ¡Seguimos con las bajadas!

Se han cumplido las previsiones de octubre y noviembre ha pronunciado las bajadas de precios comenzadas el mes anterior, aunque seguimos hablando de un mes caro, tanto en mayorista como para domésticos. Y los medios de comunicación, salvo honrosas excepciones, siguen sin decir nada al respecto: las bajadas no son noticia y no generan alarma…

Precios regulados domésticos – PVPC

La factura baja sólo un 1,1% hasta los 67,4 € y toma un valor muy parecido al del año pasado 67,1€. A pesar de la bajada es un valor ligeramente alto para noviembre ya que si la comparamos con la media de los 4 últimos noviembres, es superior en un 2,6% (65,7 €) y al igual que ya pasara el mes pasado, es el noviembre más caro de la historia de precios regulados.

La diferencia de precios con respecto a otros noviembres se ha encontrado, como viendo siendo norma últimamente, más en las horas valle que en las punta. De hecho podemos observar como el spread medio de precios (la diferencia de precios entre máximos y mínimos) para los meses de noviembre, cada año es más reducido, o dicho en otras palabras, año tras año cada vez hay menos diferencia entre los precios caros y los baratos. Esto es algo que también está sucediendo en el mercado mayorista OMIE, del cual depende en parte el PVPC.

La mayoría de días el precio del kWh ha estado oscilando entre los 12 y los 13 céntimos, quedando finalmente y según el perfilado de REE en 0,129843 €/kWh.

La previsión para diciembre es que la factura repunte algo, según está evolucionando el mercado de futuros, situándose de momento sobre los 68,4 € (subida de un 1,5%). Para el global del año sigue empatada, con la de 2014 en 785 €, esto es, la segunda más cara de la historia tras la de 2012 (793 €). Recordemos también que son menos de la mitad de los consumidores los que están en mercado regulado, el resto, los de mercado libre, la mayoría de ellos seguramente se encuentran peor y desde hace más tiempo (los que lleven tiempo con las grandes).

Mercado mayorista de electricidad – OMIE

Noviembre ha cerrado precio en 61,9 €/MWh (0,33 € por debajo de su última cotización) con una bajada del 4,8 % con respecto a octubre, subida del 4,7 % con respecto al mismo mes del año pasado o la más importante para mí, del 16,2 % con respecto a la media de los últimos 4 noviembres. Al igual que sucedía con los precios domésticos y a pesar de la bajada, estamos ante un mes caro. De hecho ha sido el noviembre más caro desde el del año 2008 (66,52 €/MWh).

 

El alza de precios se ha dado a todas horas, excepto quizás en el pico de la noche, con valores medios muy parecidos a los de 2017. Al igual que pasara con los precios domésticos, el spread medio para este mes se ha ido reduciendo año tras año y si en el 2014 era de 35 €/MWh en este queda en poco más de 22 €/MWh.

Aunque las horas baratas son función del viento y demanda en ese momento y por tanto bastante variables, las horas caras parecen haber tenido el techo rondando los 70 €/MWh.

A nivel de contratación bilateral este mes la nuclear sigue colocando así la mayor parte de su energía (85,3%), no pasando por tanto a formar parte del sistema de fijación de precios. Lo mismo sucede con otras fuentes como la eólica donde la contratación bilateral supuso el 14,9% de la energía generada, la gran hidro (53,8%), el carbón (6,1%) y la fotovoltaica a modo testimonial (0,1%). La contratación bilateral supuso el 22,4% de la energía generada. La contratación bilateral entre comercializadoras (comercializadoras que le venden energía a otras, normalmente más pequeñas y que no son capaces de tener una infraestructura de compras) supuso el 29,3% del total de la energía gestionada en bilaterales (10,47 GWh).

Nuevo retroceso en el número de horas fijadas por el agua y en este mes también por la cogeneración, que se las ceden al carbón y en menor medida los ciclos. Las horas en que el agua fija los precios son las diurnas mientras que las nocturnas son las del carbón y en menor medida la cogeneración.

El precio medio del año hasta el 30 de noviembre es de 56,87 €/MWh y el estimado para todo el año completo baja 4 céntimos respecto al de octubre y asciende a 57,24 €/MWh, así que finalmente ¡2008 será un año muy caro!

Futuros

Bajadas generalizadas en los próximos meses, excepto para febrero del 19 que sube precios y a más largo plazo los 2 últimos trimestres del año 19, Q3 (62,33 €/MWh) y Q4 (63,63 €/MWh). Ligero repunte también para el año completo 2019, que parece empeñarse en quedar por encima de los 60 €/MWh valor increíblemente alto y que debería ser incompatible con la nueva renovable que debe empezar a entrar ya en ese año (todo dependerá de la eólica, la solar, hasta que no haya una incorporación tan masiva como la eólica, no creo que haga bajar mucho el precio).

Aunque queda un mes para cerrar el trimestre actual Q4, el precio quedó en noviembre en 63,56 €/MWh que si promediamos con la última previsión de diciembre (61,22) entonces Q4 debería quedar sobre los 62,4 €/MWh, esto quiere decir que el corte beneficio/pérdidas para el aseguramiento del trimestre estará sobre mediados de mayo

Fuentes de generación y emisiones

Impresionante desplome de la generación termosolar, que aunque le corresponde por pura estacionalidad, ha tenido el peor resultado desde noviembre del 2014, con una generación de menos de la mitad de lo que le correspondería en este mes, le sigue la otra solar, la fotovoltaica y la nuclear con 2 reactores parados por recarga (Almaraz I y Ascó I) casi todo el mes.

En el otro lado y para compensar la energía no generada por las nucleares, tenemos fuerte repunte de las fuentes más caras: Gran hidro, Ciclos y en menor medida el Carbón. Curioso el comportamiento de los ciclos este año, con más generación de lo habitual desde Marzo, justo al revés que el carbón, pero es que en este noviembre se ha generado mucho con gas, casi tanto como el noviembre de 2016. Esto puede ser debido al fuerte incremento de precios que ha tenido hasta octubre el precio del carbón mayorista y también el de los derechos de emisión que afecta particularmente al carbón (la generación con ciclos emite menos de la mitad de GEI que con carbón). Y aunque en noviembre los precios del carbón han caído un 9% el de los derechos de emisión ¡se han incrementado nada menos que un 23%! Esto unido a la eliminación del céntimo verde al gas del RD 15/2018 puede haber provocado esta situación este mes.

Igual que el año pasado fue un año solar excepcional, este está siendo francamente malo, con una generación muy por debajo de lo normal y aún así, como tenemos tan poca instalada, no influye demasiado en el cómputo de generación renovable que este año vuelve a recuperar cuotas y acabará rondando el 40%, por encima de los 3 años anteriores y será debido, en este mes, sobre todo al agua (10,6% de cuota) y al viento (21,6% de cuota) que han destacado por encima de lo habitual para noviembre.

Así que alta cuota renovable y baja generación con carbón (aunque mayor con ciclos), se traducen nuevamente en un moderado incremento de Gases de Efecto Invernadero (GEI), que aunque baten récord del año ya que habrá un aporte de 6,61 millones de toneladas de CO2 (a confirmar por REE cuando salga el dato oficial. El anterior máximo del 2018 fue en septiembre con 6,57 Mt/CO2), no se había dado una emisión tan baja para este mes desde el de 2014. En lo que va de año, el sistema eléctrico habrá emitido a la atmósfera 58,7 Mt/CO2, un 13,6% menos que el mismo periodo del año pasado (67,9 Mt/CO2). Terminará el año rondando los 65 Mt/CO2 emitidos. El factor de emisión se sitúa en 0,297 tCO2/MWh (a confirmar por REE) y para lo que va de año en 0,246 tCO2/MWh.

Sin cambios en el ranking de fuentes que más han generado en lo que va de año, que son, por orden: nuclear, eólica e hidráulica

Debido a los altos precios de Francia, el saldo neto de la interconexión pasa de importador a exportador en noviembre, algo que no sucedía desde Marzo, mes récord de eólica. Justo lo contrario ha pasado con la de Portugal.

Mercados europeos

Es divertido comprobar qué ha pasado este mes en los mercados europeos: los que tradicionalmente son más caros, Reino Unido, Italia y España son los únicos que bajan precios respecto al mes anterior (Italia la que lo hace con mayor intensidad) y el resto suben.

Los países más caros han sido Bélgica (77,75 €/MWh), Reino Unido (70,25 €/MWh) y Francia (67,81 €/MWh) mientras que los más baratos fueron nórdicos (48,37 €/MWh), Alemania (56,68 €/MWh)…. y ESPAÑA (61,97 €/MWh) (quitándole el puesto, por muy poquito, a Holanda)

Noviembre ha sido un mes especialmente caro para Alemania y nórdicos (un 54% más caros que sus respectivos últimos 4 noviembres) y los que han tenido precios más “normalitos” aunque también algo más caros de lo normal, han sido Italia (14%) e Ibéricos (16%).

Bélgica ha seguido sufriendo con su mayoría del parque nuclear apagado (6 de 7 reactores) por recarga y obras en de refuerzo de hormigón y ha estado 4 días por encima de los 80 €/MWh (días 2, 5, 21 y 26, siendo especialmente duro el día 21 que llegó a cotizar a 184,86 €/MWh), arrastrando a Francia.

El frío notable de la segunda quincena del mes y el consiguiente aumento de la demanda han ayudado a este incremento de precios en casi toda Europa.

España ha sido el país con menor volatilidad de precios diarios mientras que el mayor esta vez ha sido Bélgica en vez del tradicional puesto reservado a Alemania.

En la media anual, seguimos en nuestro habitual tercer puesto tras Reino Unido e Italia, pero Bélgica, si continua en diciembre con su mayoría del parque nuclear parado (y fácilmente así seguirá, puesto que la primera en reconectarse será DOEL4 para mediados de mes) y vuelve el frío, quizás nos adelante. Los países más baratos del año son Nórdicos y Alemania (muy cerca) y a mayor distancia Francia.

Por Francisco Valverde – Analista del mercado eléctrico "

La transición energética es cosa de todos

El cambio climático supone una alteración anómala de los fenómenos meteorológicos, debido al incremento de gases de efecto invernadero en la atmósfera. Esto hace que aumente la temperatura y haya más energía disponible en la atmósfera. Así, como estamos viendo, los fenómenos meteorológicos son cada vez más intensos. De manera que, o dejamos de emitir gases a la atmósfera, o las condiciones para la vida se van a volver cada vez más complicadas.

Todos los estudios científicos demuestran que el cambio climático es ya una realidad a la que tenemos que enfrentarnos diariamente y que la intensidad de este cambio y sus efectos irán en aumento en los próximos años. Los científicos estiman que el tiempo de reacción que nos queda, si no hacemos nada, para que se produzcan efectos catastróficos irreversibles, es tan sólo de doce años (2030). Esta es la razón de que 2030 aparezca como una fecha objetivo en los planes de reducción de emisiones de la Unión Europea y de muchos países del planeta. También nos dicen los últimos informes que las emisiones globales a la atmósfera siguen aumentando.

La llamada Transición Energética consiste en ser capaces de cambiar nuestro modelo energético actual a otro más respetuoso con el medio ambiente, lo que significa básicamente dejar de utilizar combustibles fósiles y cubrir nuestras necesidades de energía a partir de fuentes renovables. Sólo así podremos frenar el cambio climático y necesitamos hacerlo de forma urgente.

El nuevo Anteproyecto de Ley de Cambio Climático y Transición Energética, presentado hace unos días por el Gobierno, es, sin duda, una buena noticia, aunque debe considerarse sólo como un primer paso para afrontar la necesaria descarbonización de la economía española. En su tramitación parlamentaria y, sobre todo, en su desarrollo normativo posterior y en su aplicación, podremos calibrar la profundidad y efectividad de las medidas que se anuncian para luchar contra el cambio climático. Un documento que, como hemos denunciado desde la Fundación Renovables, carece de la ambición necesaria para llevar a cabo la Transición Energética y que no es coherente ni con la urgencia del problema ni con los objetivos de emisiones cero en 2050 que recomiendan los expertos.

No se trata de un problema ideológico. Las energías renovables han alcanzado una madurez tecnológica que hacen posible su utilización a gran escala a precios competitivos respecto a otras tecnologías. Las ventajas son evidentes para un país con una muy alta dependencia de los combustibles fósiles, que lastran nuestra balanza comercial, y que tiene gran disponibilidad de recursos renovables, principalmente sol y viento. Por tanto, debería resultar sencillo que los diferentes partidos políticos se pusieran rápidamente de acuerdo en este tema.

En las sociedades democráticas, donde los ciudadanos elegimos a nuestros representantes políticos, medidas como las que hay que tomar para afrontar este cambio, a menudo drásticas, e implementadas en un corto plazo tiempo, requieren que los ciudadanos estemos convencidos y participemos activamente en este cambio, toda vez que los responsables políticos no parecen estar muy dispuestos a tomar medidas que puedan poner en riesgo inmediato su empleo. Tendremos que exigírselo y las próximas convocatorias electorales es un buen momento para ello.

Las energías renovables han alcanzado una madurez tecnológica que hacen posible su utilización a gran escala a precios competitivos respecto a otras tecnologías

Una de las cosas que más llama la atención de esta Ley es la ausencia de medidas para la democratización del sistema energético y la participación de la ciudadanía, aspectos claves para el éxito de la misma.

Por tanto, bienvenida la nueva Ley, pero recordemos que no es posible  llevar a cabo la Transición Energética sin la participación ciudadana. Participación política, organización social y responsabilidad deben jugar un papel clave.

Durante muchos años, hemos diseñado un modo de vida totalmente dependiente de los combustibles fósiles que, ahora, por un problema de supervivencia, tenemos urgentemente que cambiar.  ¿Cómo nos convencemos, cada uno de nosotros, de que no hay otro camino, de que es urgente hacerlo?

En este debate político y social, aquellos que ven peligrar sus intereses económicos van a intentar oponerse y retrasar todo lo posible este cambio. Pero las evidencias son abrumadoras. Cuanto más tardemos peor.

Nos movemos en permanentes contradicciones que dificultan este proceso:

  • Confundimos nuestros derechos fundamentales con hábitos, costumbres y usos. Poder respirar aire limpio es un derecho, tener vehículo privado no, como no lo es tener un barco o un avión privado, por más que en casi todas las familias tengamos al menos un coche y lo consideremos parte fundamental de nuestro modo de vida.
  • Nos parece bien que se mejore la calidad del aire en las ciudades que vivimos, pero nos oponemos a que se tomen medidas para restringir el uso de vehículos privados en las mismas, sobre todo si eso implica dejar el vehículo propio en casa. Lo mismo ocurre con el tiempo que pasamos en atascos de tráfico, que nos parecen insoportables. No acabamos de visualizar que somos a la vez responsables y víctimas de un problema que nosotros mismos provocamos con nuestros comportamientos diarios y que, por lo tanto, somos parte de la solución. Bajo el argumento, muchas veces cierto, de que el transporte público, que nos permitiría una alternativa de movilidad sostenible, es deficiente no cambiamos nuestros hábitos ni exigimos un transporte público eficiente. No queremos ni oír hablar de subidas de impuestos, ni de impuestos a los combustibles fósiles. Tampoco invertimos dinero en instalaciones de autoconsumo ni en medidas de ahorro energético, a no ser que estén subvencionadas.

Si democratizamos nuestro sistema energético y empoderamos a los ciudadanos para que sean responsables y artífices de la transición energética estaremos poniendo las bases de una transformación económica mucho más profunda, donde la tasa de crecimiento deje de ser el único parámetro económico que mida nuestro bienestar.

La frase que el  economista británico Kenneth Boulding utilizaba allá por los años 60, “Quién cree que un crecimiento infinito es compatible con un planeta finito o está loco o es un economista”, recobra con la transición energética todo su sentido y vigencia. Mi experiencia me dice que economistas no hay tantos.

Mariano Sidrach de Cardona – Catedrático de la Universidad de Málaga

¿Pero qué está pasando con el recibo de la luz?

Por Soledad Montero – Área de energía de Ecologistas en Acción y miembro de la Plataforma por un Nuevo Modelo Energético Soledad Montero

Estos días volvemos a tener en el centro de la actualidad la subida del precio de la luz, y me recuerda a la situación vivida a finales de 2013, cuando la presión mediática caldeó tanto el ambiente que el Gobierno eliminó las subastas CESUR y se implantó la tarifa indexada para el PVPC (precio regulado), es decir, trasladar al usuario doméstico el concepto de funcionamiento del mercado mayorista para que, en teoría, pueda decidir por sí mismo cuando le conviene consumir y adapte su demanda a la mejor oferta.

Si analizamos los últimos acontecimientos nos damos cuenta que estas situaciones parecen ser recurrentes y acaban en algún tipo de reforma legislativa; que esa reestructuración nos conduzca a una solución efectiva del problema, ya se verá, pero que la habrá, eso es seguro. Y esto es una buena noticia, porque el sistema eléctrico necesita una modificación estructural profunda.

Lo primero que hay que aclarar es que estas subidas se producen en el término de energía, que supone algo así como un 34% de lo que pagamos en nuestros recibos. El término de potencia o fijo, como lo conocemos mejor, no se ve afectado, y supone un 40% del recibo. El resto, casi un 27% corresponde a impuestos (IVA, impuesto eléctrico y municipal).

Otra cosa que debemos dejar claro es que frecuentemente se oye que éstas subidas solo afectan a los usuarios con contratos de tarifa regulada PVPC, pero no es así. Nos afecta a todos, lo que ocurre es que si tienes contratada una tarifa de precio no indexado la subida te repercutirá más adelante, cuando la comercializadora actualice los precios, porque ha comprado esta energía que tú estás consumiendo a un precio más elevado y tendrá finalmente que revertirte (de otro modo, la comercializadora vende a pérdidas) a no ser que te esté cobrando un precio fijo tan elevado que le permita absorber estas subidas sin perjuicio económico para ella.

Así que focalicemos los “puntos calientes” que influyen a la hora de la subida de los precios de la luz. Y aquí son diversos los factores que nos encontramos. Tenemos como figura principal el sistema marginalista de conformación de precios del mercado mayorista, (el precio final lo fija la oferta más cara que entra en el mercado), que no resulta ser el más conveniente debido a las características de nuestro mercado, sin competencia real o efectiva, puesto que son tres las compañías verticalmente integradas que lo controlan, a lo que hay que añadir que nuestro mix energético es demasiado variado, conviviendo tecnologías muy diversas.

Otro factor serían los servicios de ajuste, que gracias a que tenemos un mercado libre, permiten a las empresas generadoras de energía aprovechar el llamado “coste de oportunidad” para marcar el precio de la energía “no programada”, de la misma forma que para los desvíos en los que incurren las comercializadoras inevitablemente, y que permiten que se puedan cobrar hasta 100 veces por encima de su precio. Esta fórmula, si bien en cualquier otro sector no tendría por qué ser criticable, en energía si, por tratarse de un servicio público y una necesidad para el desarrollo de la vida humana. Por tanto, una de las propuestas sería que se pusiera un máximo a este coste de oportunidad y evitar así la especulación con este mecanismo.

Mientras “el milagro” llega, revisa tu potencia y no contrates más que lo que necesitas, comprueba si la tarifa que pagas es adecuada a tu consumo, adopta medidas de ahorro y eficiencia (tu bolsillo y el planeta lo agradecerán) y si puedes, autoconsume

Los impuestos suponen una cuarta parte de lo que pagamos en nuestros recibos. Desde septiembre de 2012 estamos pagando el IVA de lujo, 21%, sobre un bien esencial y necesario para el desarrollo de nuestra salud y economía. Solo en tarifas domésticas (hasta 15 kW de potencia contratada) hay 29 millones de puntos de suministro (29 millones de facturas al mes con “su 21% de IVA”), de modo que a poco que hagamos un cálculo, es difícil que cualquier gobierno se preste a renunciar a estos ingresos. Pero hay que hacerlo, y yo propongo varias opciones, desde reducir el IVA a la cantidad de energía mínima necesaria, de modo que se penaliza a los derrochadores y se incentiva el ahorro y la eficiencia energética (y de paso se deja de penalizar la pobreza energética, porque tiene poco sentido hacer un descuento por bono social de un 25% o un 40% para después aplicar un IVA del 21%), hasta utilizar los niveles de renta de cada usuario de energía para grabarle o bien con un IVA de lujo o con un IVA reducido.

Si el Ministerio no se anima antes, (estoy segura de que lo hará), lo que sí sabemos es que a final de año tienen que presentar la Ley de Cambio Climático y Transición Energética en la Unión Europea, así que algo cambiarán, ¿no? Si las medidas servirán para bajar el importe de nuestros recibos, el tiempo lo dirá, pero mientras “el milagro” llega, revisa tu potencia y no contrates más que lo que necesitas, comprueba si la tarifa que pagas es adecuada a tu consumo, adopta medidas de ahorro y eficiencia (tu bolsillo y el planeta lo agradecerán) y si puedes, autoconsume. La mejor energía es la que no se consume y si la que consumes es autoproducida, mucho mejor.

Berlín, motor de cambio de modelo energético

Por Jordi Ortega – Experto en Energía jordi ortega

Quien lee este blog conocerá los puntos centrales del Manifiesto “Las ciudades se renuevan con energía”, impulsado por la Fundación Renovables. Recoge las conclusiones del curso de verano “La ciudad como motor del cambio de modelo energético” celebrado en la sede tecnológica de la Universidad Internacional de Andalucía en Málaga el pasado mes de julio.

Berlín, rebeldes energéticos locales

Alemania tiene una tradición de rebeldes energéticos locales. Por un lado, Aquisgrán creó una tasa por kWh para retribuir el vertido de renovable con 50 Marcos al final de los 80; un modelo seguido por tres Länders y, luego, plasmado en la Ley de Energía Renovables (EEG, siglas en alemán) del 2000. Por otro lado, Berlín celebró en diciembre de 2013 un referéndum para municipalizar electricidad y gas. Se sumaba a cientos de ciudades con una titularidad pública de las redes locales. Su modelo no es el de Múnich, cuya red fue expropiada en 2006 por Christian Ude para lograr el 100%de renovables, ni el de Aquisgrán… sino el de Sacramento (California). La junta de SMUD (siglas en inglés de la empresa pública local) es elegida por los ciudadanos en distritos. Impulsa con UBER coches eléctricos compartidos. Berlín quería una junta abierta a los ciudadanos, elegida por éstos, con agendas transparentes y asequibles.

El referéndum de Berlín tuvo un abrumador apoyo del 83% (más que la suma de CDU y SPD) a la propuesta de recuperar titularidad pública. Pero representaba sólo el 24,2% de la población, requería un quorum del 25%. A pesar de ello, en 2014 el Senado de Berlín creó una comisión y en 2015 un gobierno de CDU-SPD llevó a cabo la compra de las redes eléctricas y de gas. Berlín Stadtwerke compite con BürgeEnergie, incluso con EWS de Schönau, etc.

Las cosas no son fáciles. Por un lado, Daniel Buchholz, miembro del consejo asesor Berlin Stadtwerke y senador del SPD, está “muy irritado”, apoya a la comercializadora EWS como proveedor local verde. Mientras, el ministro de Energía, Peter Altmaier (CDU) quiere una Energiewende más lenta.

Enmienda a la ley de renovable y nuevo modelo para autoconsumo

El objetivo de Berlin Stadwerke es lograr que el 85% de tejados estén dotados de fotovoltaica. La base de la política de Berlín reside en la enmienda de la ley de renovables de 25 de julio de 2017. Alemania cambió de “precios regulados” a “precios competitivos” a través de licitaciones. En 2017 la eólica bajo un 43% respecto al año anterior (de 2,88 GW a 1,63 GW, miles de empleos se están perdiendo). La energía solar de 7,6 GW en 2012, a 1,9 GW 2014, 1,52 GW en 2025 y 0,48 GW en 2017: en tres años cae un 80%. El objetivo era una expansión de 2,8 GW anual. No es que la renovable no logre reducir el carbón, el carbón pone el freno a la renovable.

La enmienda permite que Berlín Stadtwerke instale fotovoltaica en un edificio residencial; los inquilinos tienen un contrato pero aquella energía generada en el propio edificio con fotovoltaica no tiene no tiene costes de transmisión, peajes, impuestos, etc. La energía que sobra Berlin Stadtwerke la destina a cargar coches eléctricos o la vierte a la red. Cuando no hay sol se obtiene de ésta, con un certificado de origen 100% renovable; no paga el recargo para promoción de renovables (6 céntimos €/kWh).

Es una fórmula de “arrendamiento financiero” (leasing) al autoconsumo pagado con la energía que consumes. Berlín modificó algunas ordenanzas municipales para facilitar tramitaciones. Se pueden beneficiar del cambio Berlin Stadwerke, también iniciativas ciudadanas, cooperativas de energía, asociación de inquilinos, etc. Imagina que la empresa local con la energía que sobra, en lugar de verterla a la red, la almacena en baterías; podría alquilarte, como inquilino, el uso de la batería de tu coche eléctrico y, cuando lo uses, alquilar la plaza de parking y la batería a un coche eléctrico que quiera aparcar. Es lo que hace Sacramento con UBER. Se logran nuevo beneficiarios. Permite mejorar la productividad de la fotovoltaica sin el rodeo anti-producción y antieconómico de las redes centralizadas. Permite ofrecer a Berlin Stadtwerke tarifas más económicas que adquirir la energía en centrales de carbón de la sueca Vattenfall.

Un argumento para municipalizar la red es que Berlín no llegaba al 1% de energía renovable, cuando el pasado mes de julio la solar superó a la nuclear con un 13%, 30 GW en hora punta, lo que representa el 50% de la demanda.

Quien se opone a la transición energética: una parodia de mercado

La Transición Energética que permitió abaratar el coste de las renovables empezó en las ciudades. Alemania se inspiró en el programa de 100.000 techos solares de Japón en 1999. En tres años logró 400 MW. Algunos gobiernos regionales ponen en marcha programas actualizados, como Baviera (incluye bomba de calor, baterías, etc., que optimizan la fotovoltaica). En el 2004 se crea, en la Conferencia de Bonn, la Agencia Internacional de Energías Renovables (IRENA por sus siglas en inglés). Es  la entrada de comercio de carbono la que marca el inicio de la campaña contra la ley de renovable. Con la política europea climática y con un precio para el CO2 el mercado se ve entorpecido por dicha ley.

La FAES lo exponía de forma cruda: “lucha titánica entre políticas y mercado”. Se cayó en la fobia a los precios regulados. Se acusó que favorecían políticamente a determinadas tecnologías inmaduras. La ley calificada fue de “monstruo burocrático”. Craig Morris respondía: 50 países del mundo copian dicho “monstruo” que consiste en una página pdf que permite ir al banco y obtener de forma sencilla financiación: retribución previsible y transparente. En Estados Unidos, en cambio, a una consultora le puede llevar 6 meses calcular la retribución, luego el banco exige una prima de riesgo… El coste se multiplica por cuatro respecto Alemania. El precio que marca una “subasta competitiva”, aunque sea ineficiente, expulse ciudadanos del concurso, fije límites a las renovables, etc., se deja de considerar “subvención”. Son “precios competitivos”. Convierte la economía de mercado en una caricatura de sí misma.

La propia FAES ha calificado como de enorme complejidad la subasta ¿Cuál es el argumento que justifica la subasta del 17 de mayo de 2017 en España? Que las mega adjudicaciones “minimizan el sobrecoste unitario marginal” ¿Y el modelo de generación distribuida? Las subastas acaban creando productos financieros especulativos que suspenden la libre entrada y competencia.

El futuro se dice de muchas maneras

Un artículo publicado por Jesús Mota en El País a finales del pasado mes de julio consideraba que el Ministerio de Transición Ecológica cae en un “exceso de entusiasmo” hasta convertir en inverosímil la exaltación del objetivo de renovables de la UE en 2030 del 32% ¡Es inferior al objetivo de California en 2020! Pasar del 27% anterior al 32% supone pasar del 64% al 76% de producción eléctrica renovable. El Informe del Comité de Expertos sobre la Transición Energética proponía para 2030 47 GW solares; pero el despegue del coche eléctrico no llegaría antes de 2030. Ello manteniendo el actual mix nuclear y una parte de carbón que aporta potencia flexible. Alemania, que  tiene nuclear y un 50% de pico solar lo soluciona exportando 15 GW. Pasó de exportar al año 6TW a exportar 60 TWh. Multiplicar la solar por 3 (del 13% al 40%), en Alemania, le llevaría a tener picos del 150%. Toda la “potencia base” sobra del sistema. Requiere vehículos eléctricos, bombas de calor, etc., con demanda flexible y potencia flexible como la que da la batería, la biomasa, la hidráulica, los sistemas de interruptibilidad, etc.

El artículo de El País no hay otra cosmovisión que el actual modelo energético. Con esta lógica, ese 73% de renovable, dado que en algunas jornadas no habrá sol, supone que unos días deberá de lograrse el 150% ¿Entonces el pico estaría en el 450%? Al autor no se le ocurre nada más que la pregunta retórica de: “Confía el Gobierno de España en intercambio, para colocar ese monumental superávit?” ¿Qué va hacer Francia, lo mismo que hace ahora Alemania, exportar cuando le sobra y tomar cuando le falta? No es irracional el objetivo europeo de renovables sino contemplar dicho objetivos con las gafas del viejo modelo fósil.

Un papel de equilibrio la tienen las ciudades. Y, en concreto, los edificios. Las Stadtwerke apuestan por aprovechar la multifuncionalidad de las energías renovables integradas en edificios. Pero, también, la “Municipal Utility” en Estados Unidos. Hay vida más allá de Trump, incluso está empujando a un cambio de la “conciencia pública” y “abriendo las mentes”. Solo faltaba que El País acusara a las renovables del fracaso de los “mercados de carbono” y de los “mercados marginalistas eléctricos”. En un artículo anterior acusaba a los que optan por el autoconsumo de “gorrones”, “polizones”, “free riders”

Errores metodológicos identificados por Claudia Kemfert

Un estudio de Hans-Warner Sinn advertía, en el 2016, con argumentos menos toscos que el artículo de El País, que la transición energética tiene un obstáculo: la capacidad de almacenamiento. No se refería a tener picos del 450% sobre la demanda y abastecer, con exportaciones, a media Europa. Es interesante la respuesta de Claudia Kemfert. Muestra las debilidades metodológicas de Hans-Werner Sinn; se puede alcanzar el 100% de renovables sin sobredimensionar, tanto la energía renovable como el almacenamiento. Existen renovables como la biomasa, la hidráulica, solar termoeléctrica, etc. que permiten cubrir huecos que no cubre solar y eólica. Tenemos, como señalamos, el coche eléctrico, las bombas de calor, etc., con demanda gestionable.

¿Qué ocurre? Existe una desigualdad en las cargas probatorias entre el viejo y el nuevo modelo; a las energías renovables se les obligan a demostrar, bajo parámetros del modelo fósil, algo que jamás pueden demostrar; mientras las energías fósiles tienen la carga de la prueba a su favor haciendo lo que les da la gana ¿Puede un sistema fósil, de una complejidad hasta el infinito, dar estabilidad a un sistema renovable, para el que no está creado? Se aferran a las viejas metodologías y cosmovisión para impedir la transición ecológica.

En una entrevista, la ministra de Transición Ecológica, Teresa Ribera, señalaba que Holanda ha anunciado que para 2030 eliminará el gas de la edificación. Algo que aquí no se ha osado ni en pensar. En línea con la reflexión de Claudia Kemfert: bombas de calor, etc., permiten, no solo electrificar la calefacción, sino también obtener esa tecnología flexible. Suponen eliminar los picos de generación (excedentes) y rellena los huecos (déficit). No será fácil la transición ecológica cuando el glifosato se defiende calificando la sentencia contraria de decisión arbitraria no basada en la ciencia o se ataca la agroecología como alejada de la evidencia científica, etc. Solo falta que se contraponga a la “ecología científica” de Patrick Moore que no renuncia ni a la física nuclear o negaba que el glifosato fuera cancerígeno diciendo que se podía beber, pero rehusó hacerlo. Nicolas Hulot ve como la alternativa a la agricultura intensiva la agroecología que impulsa su amigo Pierre Rabhi. Este verano era calificada de “l’idéologie aveugle à tout raisonnement scientifique”. Una escuela de la calumnia, en la que participó Le Monde Diplomatique, contra la transición ecológica. Ha dimitido Hulot.

El racionalismo reformista heredado del siglo XVIII y sus errores

Los escenarios para una transición ecológica ordenada se hacen, más que para acelerarla, conscientes de que la industria fósil necesita tiempo para adaptarse. Aprovecha el tiempo para poner barricadas a cambio. Cuándo proponen el cierre del carbón, por ejemplo, en 2040; es alargar vida al carbón y frenar las renovables. Aparece, tras las guerras de religiones en Europa, el imperativo de reformas. Nunca las reformas requirieron de reformistas. Cuando Alemania empieza a prefigurar, planificar, controlar, planificar la transición energética vemos como es frenada. Ningún cambio energético ha surgido de acuerdos internacionales y del consenso. Los cambios tecnológicos ni surgen desde la política, ni desde la economía sino desde la educación, la cultura, o, si se quiere, desde la polis, como cuna de la democracia impulsada por motivaciones ciudadanas.

Hermann Scheer recuerda que ninguna revolución energética fue planificada, al revés, surgieron de forma espontánea en forma de millones de iniciativas impulsadas desde debajo. Coincide con Ortega y Gasset, en otros términos, al describir como el “racionalismo reformista” en el siglo XVIII agudizó la polaridad de creencias y ciencia. Lo que permitió el avance de la medicina no fue la biología sino que los médicos adelantasen hipótesis e investigar tratamientos naciendo la fisiología. Renace, como diría Walter Benjamín, la antigua moral protestante del trabajo secularizada, haciendo pensar que nadamos a favor de la historia, esas fantasías ridiculizadas por Fourier. No son los supermercados llenos de hipótesis apocalípticas los que impulsan la transición energética sino ideas sencillas, como expuso Jürgen Schmidt del Fraunhofer Institut, a saber, retribuir a un “precio regulado” la electricidad acumulada en baterías que incentive el autoconsumo y el ahorro.

Hoy pensamos más en cómo las tecnologías disruptivas se adecuan a la norma que en cómo las normas se adecuan a las nuevas tecnologías. Por ejemplo, la cámara digital ha reeinventado el negocio de la fotografía, que se basaba en el revelado y el carrete han sucumbido. Nokia se aferró a la telefonía móvil, no vio el cambio a la Smartphone y desapareció. En cambio, el carbón resiste como puede a la fotovoltaica. La Energiewende (transición energética) no tiene nada de cartesianismo; quizás tengan razón quien considera que Alemania se hunde en las raíces de irracionalismo romántico y el temor, pero un temor, como señala Ulrich Beck, astuto, capaz de descubrir en él las oportunidades en lugar de quedar presos en la cosmovisión lavaría del gusano que temer perder el capullo.

El futuro solar de las ciudades

Acierta la Fundación Renovables al situar a las ciudades como sujetos del cambio. En las ciudades nació la política y la democracia, antes de depender de monarquías e imperios. Las ciudades son el terreno de la libertad, creatividad del espíritu. Ecologistas conscientes caen en el error de derivar del inminente colapso climático un plan de acción; ante su ausencia quieren imponer reformas ordenadas, controladas, etc., de forma autoritaria. Carecen de sentido de la realidad.

Quien pide una transición energética ordenada busca pisar el freno. Las transición surge de esas miles de iniciativas desde abajo, solo requiere libertad. Algo propio de las ciudades. Hay preguntas retorcidas, como la que hace Jesús Mota en el artículo citado más arriba: “cómo sería el recibo de la luz con un 76% de renovable en el mercado eléctrico actual manejados a su antojo por las eléctricas”. Unas eléctricas sin el 95% de generación convencional ni tendrían ningún papel en el mercado, ni manejan el precio a su antojo. La esperanza reside en el despertar de las ciudades y los ciudadanos.

Un nuevo paso hacia un Mediterráneo libre de prospecciones de hidrocarburos, pero hacen falta más

Por Carlos Bravo – Coordinador del Secretariado Técnico de la Alianza Mar Blava

De las medidas urgentes para la protección del Mediterráneo que Alianza Mar Blava solicitó al nuevo Gobierno, una ya es realidad. Se trata de la aprobación, efectuada en el Consejo de Ministros del pasado 29 de junio, del Real Decreto 669/2018, de protección del Corredor de Migración de Cetáceos de la demarcación marina levantino-balear como Área Marina Protegida, que establece además la adopción de un régimen de protección preventiva en esa zona y su inclusión dentro de la lista de Zonas Especialmente Protegidas de Importancia para el Mediterráneo (Lista ZEPIM) en el marco del Convenio de Barcelona, tal y como Mar Blava venía solicitando desde mediados de 2015.

Este nuevo espacio marino protegido tiene una superficie de 46.385,70 km2. Es una franja de aguas de unos 85 km de anchura media, que discurre entre la costa catalana y la valenciana, y el archipiélago balear. Se extiende por el norte dentro de las aguas de soberanía española a la altura del Cabo de Creus, en Gerona, hasta el Cabo de la Nao, en Alicante, por el sur; por el este, discurre paralela a las costas de islas de Ibiza, Mallorca y Menorca, a una distancia de unos 13 km; y por el oeste, también paralela a las costas catalana y valenciana, se mantiene a unos 38 km de distancia media.

La zona protegida comprende la totalidad del espacio marino, incluidas las aguas en las que está integrado, el lecho, el subsuelo y los recursos naturales existentes dentro de los límites establecidos por las coordenadas geográficas que marca el Real Decreto.

Para lograr la protección del Corredor de Migración de Cetáceos, a lo largo de 2016 y 2017 Alianza Mar Blava promovió, entre otras cosas, la consecución de apoyos institucionales, políticos, sociales y científicos, dentro y fuera de España.

El citado corredor tiene un altísimo valor ecológico por albergar una gran diversidad de especies de cetáceos (incluyendo la segunda y tercera especies más grandes de la Tierra: los rorcuales y los cachalotes, así como el delfín mular y el delfín listado y especies de cetáceos buceadores de gran profundidad como el calderón gris, el calderón común y el zifio de Cuvier) y, además, es de especial relevancia por ser utilizado como zona de paso migratorio por el rorcual común hacia sus áreas de cría y alimentación en el norte del Mediterráneo. Todas estas especies han recibido ya estatus de protección por parte de varios regímenes de conservación tanto nacionales como  internacionales. Por no citar otras muchas especies de fauna marina (aves, tortugas, peces -incluidos los tiburones-, e invertebrados).

A mediados de 2015, Alianza Mar Blava incluyó entre sus objetivos la protección del Corredor de Migración de Cetáceos del Mediterráneo como Área Marina Protegida (AMP) por el Gobierno español y como Zona Especialmente Protegida de Importancia para el Mediterráneo (ZEPIM) por el Convenio de Barcelona. Y así lo decidió, no sólo por la relevancia de este espacio marino desde el punto de vista de la protección de los ecosistemas y de la fauna marina del mar Mediterráneo, sino también para imposibilitar que se pudieran llevar a cabo diversos proyectos de prospecciones de hidrocarburos que distintas compañías petroleras habían solicitado en esta misma zona.

Algunos de éstos están aún en tramitación (ver más abajo) y otros cuyo archivo ya se ha logrado en los últimos años mediante otras estrategias. Así, en 2015 se consiguió el archivo de los permisos de investigación de hidrocarburos otorgados (en 2010) en el golfo de Valencia a la petrolera Cairn Energy; en 2016, el archivo del proyecto de prospecciones de Services Petroliers Schlumberger en el golfo de León; y en 2017, el de Spectrum Geo Limited en el mar Balear.

Mediterraneo

Para lograr la protección del Corredor de Migración de Cetáceos, a lo largo de 2016 y 2017 Alianza Mar Blava promovió, entre otras cosas, la consecución de apoyos institucionales, políticos, sociales y científicos, dentro y fuera de España. Entre los apoyos que logró sumar para consolidar esta iniciativa están los del Parlament balear, el Govern balear, la Generalitat de Cataluña, la Generalitat de Valencia, los Consells insulares de Mallorca, Menorca, Formentera e Ibiza, más de 10 ayuntamientos de las Islas Baleares y los ayuntamientos de Barcelona y Valencia, el Congreso de los Diputados y el Senado, las mayores ONG ecologistas de ámbito estatal, así como numerosos expertos y entidades científicas tanto nacionales como internacionales.

Con el fin de garantizar que no exista una merma del estado de conservación de las especies presentes en este espacio marino, en este Real Decreto se aprueba la aplicación de un régimen de protección preventiva que determina que quedará prohibido cualquier tipo de actividad extractiva de hidrocarburos, salvo aquéllas relacionadas con permisos de investigación o explotación en vigor” y también que no se permitirá el uso de sistemas activos destinados a la investigación geológica subterránea  (tanto por medio de sondas, aire comprimido o explosiones controladas como por medio de perforación subterránea), salvo aquéllas relacionadas con permisos de investigación o explotación en vigor”.

Sobre este espacio marino no hay actualmente ningún permiso de investigación o explotación en vigor. Pero lo que sí hay son varias solicitudes de permisos de investigación de hidrocarburos, cuyas superficies de actuación prevista se solaparían con grandes áreas del citado Corredor. En concreto, los doce permisos denominados “Nordeste 1” a “Nordeste 12”, solicitados por la petrolera escocesa Cairn Energy en el golfo de León y el denominado “Medusa”, solicitado por las petroleras Repsol, CEPSA, CNWL Oil España y POG, frente a las costas de Tarragona.

 Por lo tanto,Alianza Mar Blava considera que la consecuencia inmediata derivada de la protección del Corredor, en cumplimiento de lo establecido en el Real Decreto y especificado en su régimen de protección preventiva, es que el Ministerio para la Transición Ecológica proceda al archivo definitivo de los citados proyectos de prospecciones petrolíferas actualmente en tramitación.

Alianza Mar Blava considera que la consecuencia inmediata derivada de la protección del Corredor, es que el Ministerio para la Transición Ecológica proceda al archivo definitivo de los citados proyectos de prospecciones petrolíferas actualmente en tramitación.

La protección del Corredor de Migración de Cetáceos era una medida muy importante y urgente. En primer lugar, por la extraordinaria importancia ecológica que este Corredor tiene por sí mismo. En segundo lugar, para posibilitar la puesta en marcha de medidas de protección que impidan que puedan materializarse una serie de proyectos de exploración, investigación y explotación de hidrocarburos que amenazan seriamente sus valores naturales y su viabilidad. Y, por último, para poner actuar sobre procesos que ya están actuando negativamente sobre las especies que pueblan este corredor, como es el caso de la contaminación acústica submarina, para lo cual es fundamental que el Gobierno inicie de inmediato la elaboración de un eficaz Plan de Uso y Gestión de este nuevo espacio marino protegido.

Evidentemente con la declaración de esta nueva Área Marina Protegida no basta. Hacen falta nuevos pasos, que el Gobierno puede dar, mientras se tramita en las Cortes Generales una ley que prohíba definitivamente la realización de las actividades de exploración y explotación de hidrocarburos y otros recursos minerales en las aguas bajo jurisdicción española.

El primero es decretar una moratoria de efecto inmediato a la presentación de nuevas solicitudes de permisos de investigación de hidrocarburos, de nuevos proyectos de prospecciones de hidrocarburos y de cualquier otro proyecto para la realización de campañas de adquisición sísmica con cañones de aire comprimido u otras tecnologías generadoras de niveles inadmisibles de contaminación acústica submarina, que son muy lesivas para la fauna marina.

El segundo, el archivo definitivo de todas las solicitudes de permisos de investigación de hidrocarburos y de todos los proyectos de exploración de hidrocarburos o de adquisiciones sísmicas que están aún en tramitación fuera del Corredor de Migración de Cetáceos: el proyecto “Uncovering the Mediterranean Salt Giant (MEDSALT-2)”, solicitado por INOGS de Trieste, Italia, en aguas situadas entre Mallorca e Ibiza y Formentera; y el proyecto de perforación de pozos de Repsol Investigaciones Petrolíferas S.A. en el área “Ampliación de Casablanca”, frente a las costas de Tarragona, denominado “Sondeos exploratorios desde la plataforma Casablanca: Rodaballo Este 1, Casablanca Oeste 1 a 3″;

No tiene sentido seguir buscando nuevos yacimientos de hidrocarburos, ni en el mar ni en la tierra, si queremos ser coherentes con nuestros compromisos frente al desafío del cambio climático: #KeepItInTheGround.

Islas Baleares señala el camino con su Ley de Cambio Climático y Transición Energética

Por Carlos Bravo – Coordinador del Secretariado Técnico de la Alianza Mar Blava

Imagen: Wikipedia

La Consejería de Territorio, Energía y Movilidad del Gobierno balear ha anunciado públicamente de forma reciente las líneas generales del Anteproyecto de la Ley de Cambio Climático y Transición Energética que está preparando.

Por lo que hemos podido conocer se trata de una ley con objetivos muy ambiciosos de cara a la reducción de emisiones de CO2 y la descarbonización del sistema energético balear, actualmente inmensamente dependiente de los combustibles fósiles.

Los objetivos generales de esta ley son la mitigación de las causas del cambio climático y la adaptación de la economía, la sociedad y los ecosistemas a los impactos que éste provocará. Para ello, se pretende avanzar hacia la soberanía energética mediante el abandono progresivo de los combustibles fósiles y el incremento de la eficiencia energética (un 20% para 2030 y un 40% para 2050) y de la generación eléctrica con energías renovables (que supondrían el 35% en 2030 y el 100% en 2050), hacer una gestión inteligente de la demanda de energía, impulsar su democratización y, por supuesto, dar cumplimiento al Acuerdo de París.

Los objetivos generales de esta ley son la mitigación de las causas del cambio climático y la adaptación de la economía, la sociedad y los ecosistemas a los impactos que éste provocará.

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Ya están tardando en investigar el mercado eléctrico

Por Sergio de Otto – Periodista especializado en energía

Señor Presidente de la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia:

Hasta el momento de redactar esta carta no tenemos constancia de que haya abierto expediente sobre las circunstancias en que se han producido los altos precios con los que se ha cerrado en los últimos días el mercado diario de la electricidad, aunque sí lo ha hecho la Fiscalía del Tribunal Supremo. Entendemos que este insólito incremento, que ha supuesto alcanzar precios desconocidos en el pool (91,88 €/MWh hoy) y que ha causado una más que justificada alarma social, reclama una investigación a fondo por parte de su organismo como “garante de una competencia efectiva del mercado eléctrico”.

Son muchas las voces en nuestra sociedad que entienden que detrás de los argumentos esgrimidos oficialmente (nucleares cerradas en Francia, alto precio del gas, escasa presencia de las renovables, etcétera) podría haber, además, una alteración artificial de los precios de casación en nuestro mercado marginalista, en una maniobra que podría resumir coloquialmente con la expresión “a río revuelto ganancia de pescadores”.

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