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La energía como derecho La energía como derecho

Las claves de un tema que nos afecta a todos

Entradas etiquetadas como ‘Sostenibilidad’

Ni el gas natural es ecológico ni la energía nuclear es sostenible

Mariano Sidrach de Cardona – Catedrático de la Universidad de Málaga

Cuando empieza a haber un amplio consenso entre la ciudadanía sobre la necesidad de tomar medidas urgentes para actuar frente al cambio climático, los sectores energéticos tradicionales maniobran, poniendo en marcha toda su capacidad de influencia mediática, ofreciéndose como parte de la solución, confundiendo y engañando a los ciudadanos, con el único fin de seguir salvaguardando sus intereses y, por tanto, asegurarse durante más tiempo sus pingües beneficios. En este contexto, llama la atención el fuerte interés por apostar por el gas natural y la energía nuclear como energías válidas para la transición energética.

En una reciente visita a la hermosa ciudad de Salamanca, observo que muchos de los autobuses urbanos de esta ciudad funcionan con gas natural. Para mi sorpresa, en todos ellos pone “Soy ecológico: propulsado con gas natural”. Vayamos por partes. Según los conceptos ampliamente aceptados, un producto lleva la etiqueta de ecológico cuando no produce daños al medio ambiente. El gas natural es una fuente de energía fósil, formada por una mezcla de hidrocarburos gaseosos ligeros. Su combustión produce gases de efecto invernadero, si bien es cierto que en menor medida que los derivados del petróleo y que el carbón. La razón por la que produce menos C02 es que su principal componente es el metano. Sin embargo este gas cuando se escapa, bien durante su extracción o en su distribución, supone un daño 23 veces mayor al efecto invernadero que el dióxido de carbono.

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Canibalismo energético

 Fernando Ferrando – Vicepresidente de la Fundación Renovables

Es imprescindible cambiar el modelo de fijación de precios mayoristas de electricidad y de diseño de las subastas para no canibalizar las decisiones de inversión

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Mañana, 26 de julio, se celebrará la tercera subasta de potencia renovable, la segunda en poco más de un mes, y todas las propuestas de inversión que resulten ganadoras, si es que se ejecutan, se pueden considerar sobrevaloradas.

James Tobin, premio Nobel de Economía en 1981, publicó en 1968 un indicador básico de rentabilidad, conocido como la “Q de Tobin”, que comparaba el valor de mercado de un activo, como suma de los flujos de caja descontados y el valor de reposición del mismo. Si el indicador era superior a la unidad la inversión en dicho activo podía considerarse como sobrevalorada y, por lo tanto, en un mercado futuro competitivo y abierto existirían otros activos con capacidad de generación del kWh a menor coste dejando constancia en libros del sobrevalor de dicho activo.

La incorporación de las fuentes de energía renovable, caracterizadas por ser altamente intensivas en capital, con una evolución en sus costes de inversión marginalmente decreciente en el tiempo, y con costes variables muy reducidos, requiere que su entrada en el mercado energético sea diferente a lo que hasta ahora estamos acostumbrados con inversiones en fuentes de energía, como el carbón y el gas, que se caracterizan por altos costes variables y por ser no tan intensivas en capital.

Necesitamos un sistema de fijación de precios de la electricidad en el mercado mayorista que permita por un lado aprovechar la progresión marginalmente decreciente de los costes de inversión de las tecnologías renovables y por otro que, dentro de una planificación energética nacional, hoy día inexistente, estas se vayan incorporando de forma competitiva según el crecimiento de la demanda de electricidad y el cierre programado de las centrales de carbón y nucleares.

Por la composición actual y futura del mix energético en España la fijación de precios en el mercado mayorista de forma marginalista no es la solución, dado que la propia evolución de los costes de las renovables canibaliza las inversiones ya realizadas, lo que exige no solo cambiar el modelo de fijación de precios y de diseño de las subastas sino proteger las decisiones de inversión anteriormente realizadas.

El Gobierno del PP, que no quiere reconocer el valor ni el papel que las energías renovables van a tener en el futuro, se ha empeñado en definir un modelo de entrada de las inversiones renovables mediante la subasta de potencia en función de costes de inversión y sin planificación de entrada según necesidades, sin darse cuenta que de esta forma han convertido a las inversiones futuras de generación de energía eléctrica en un producto financiero que nace sobrevalorado porque su entrada ni obedece a un criterio de necesidad ni a un criterio de fijación de precios de la energía casados para demandas ciertas.

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Sostenibilidad: la constatación del fracaso frente a la complacencia

Por Fernando Ferrando – Vicepresidente de la Fundación Renovables

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Se ha presentado el Informe sobre energía y sostenibilidad en España para 2015, elaborado por la Cátedra BP de Energía y Sostenibilidad de la Universidad Pontificia de Comillas. El panorama que el informe describe es desolador y refleja de forma exhaustiva y pormenorizada cómo en España en el 2015 empeoraron todos los índices que reflejan la evolución en materia energética y medioambiental de nuestro país.

El deterioro continuo de los distintos parámetros analizados es, no solo un fiel reflejo de la ausencia de una política energética racional, sino la constatación del fracaso de un modelo energético basado exclusivamente en el dictado del mercado, que antepone el beneficio económico a corto plazo, de un sector energético altamente concentrado, a la cobertura de las necesidades energéticas de la ciudadanía en volumen y precio. Olvidando que la energía es un bien básico para el desarrollo humano y que no disponemos de fuentes de energía propias con la excepción de las Energías Renovables a las que este Gobierno nunca ha considerado.

Las conclusiones del informe, en línea con lo esperado, no me habrían llevado a escribir este artículo si en paralelo no se hubiera presentado, con la participación de todas las patronales del sector energético y del propio Ministerio, el Balance Energético de España, en un acto organizado por el Club Español de la Energía, en el que la autocomplacencia y satisfacción por la situación sectorial y global de la energía en nuestro país se contraponía con la realidad mostrada en el trabajo de la Universidad Pontificia.

La diferencia de criterios y de visión se refleja todavía de forma más alarmante si alguien se preocupa en revisar los informes de sostenibilidad, para el mismo periodo, de las diferentes compañías del sector energético tradicional, presentados en las Juntas de Accionistas de 2016, en los que de forma unánime se refleja no solo la bondad de sus comportamientos, en cuanto a sostenibilidad, sino el avance producido en relación con los años anteriores.

El antagonismo entre ambas realidades exige una profunda reflexión centrada en la necesidad de asumir y poner en marcha normas básicas de buen gobierno y de transparencia, al menos en línea con el Libro Blanco de la Gobernanza Europea de julio de 2001, magnífico documento que políticos y gestores públicos deberían incorporar en sus normas de comportamiento y en la adopción de sus decisiones.

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Empresas 100% renovables, un compromiso con el futuro

Raquel Manrique – Responsable de comunicación en Fundación Renovables

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Ante la ausencia de objetivos ambiciosos de renovables y de avances significativos en los marcos regulatorios nacionales y europeos en materia de reducción de emisiones, el papel de las empresas en el impulso de la transición energética vuelve a estar en el punto de mira.

En los últimos años se ha experimentado un aumento notorio del consumo de energía renovable por parte de grandes corporaciones a nivel global. Es el caso de las 88 empresas líderes que han entrado a formar parte del grupo RE100, una iniciativa global y colaborativa de entidades comprometidas con el uso de electricidad 100% renovable.

Que esta electricidad cuente además con garantías de origen es algo a lo que se están comprometiendo cada vez más empresas, como las 65 que han firmado los Principios de Compradores de Energía Renovable,  promovidos por WWF y WRI, lo que representa más de 48 millones de MWh de demanda anual para 2020 (el equivalente a abastecer a 4,4 millones de hogares estadounidenses con energía renovable). Otras firmas van un paso más allá y realizan inversiones para generar su propia energía limpia.

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Energía y competitividad

Por Mª Concepción Cánovas del Castillo – Experta en energías renovables

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Bajo el mismo paraguas de preservar la  competitividad de nuestra economía  y por ende la defensa de nuestros puestos de trabajo, se han venido acogiendo posicionamientos energéticos tan  dispares  como los del actual equipo de Gobierno en funciones de mantener el mix de generación existente  y dejar para un medio y largo plazo una política activa a favor de la penetración de renovables, bajo la premisa de que todavía quedan años de investigación  para que estas tecnologías sean competitivas; a posicionamientos como  los  que promueve  la Fundación Renovables junto con otros amplios  colectivos sociales, que entienden que es obligación de todos nosotros aprovechar la tecnología renovable bajo parámetros de rentabilidad, lo que unido a una  mayor racionalidad y electrificación de nuestra demanda energética  se traducirá, además de en una mejora medioambiental,  en un efecto positivo para nuestra economía y en un claro desarrollador de puestos de trabajo.

¿Cómo es posible que posturas tan dispares se amparen bajo este paraguas común de la competitividad?, la postura que eufemísticamente podríamos llamar “negacionista”, más allá  de mantener el estatus quo  el máximo tiempo que sea posible, parece no percibir que competitividad y sostenibilidad hoy en día van de la mano y que no necesariamente cuanto más sostenible es una tecnología es más cara. Prueba de ellos es  que la eólica ya es la tecnología más barata para producir electricidad en Europa como acaba de publicar Bloomberg New Energy Finance; y que  las increíbles reducciones de costes que están experimentando las tecnologías renovables han  llevado a reconocer  al propio  secretario de Energía de Estados Unidos , Ernest Moniz , que aunque la revolución de la energía limpia es demasiado a menudo algo que uno piensa que podría venir dentro de 10 o 20 años, el mensaje que lanza  es que “miren a su alrededor, está sucediendo ahora”.  Estas palabras no pueden menos que producirnos envidia por la capacidad que demuestran de  mantener un espíritu abierto sobre lo que pasa a nuestro alrededor , sin ideas preconcebidas que impidan dar los pasos en la dirección adecuada.

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El suicidio del sector eléctrico

Por Fernando Ferrando – Vicepresidente de la Fundación Renovables

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Del análisis de la realidad energética de los últimos años, definida por el incremento de los precios finalistas de la energía y por la existencia de un compromiso cada vez más fuerte con el medio ambiente y con la sostenibilidad, y de su proyección futura, se puede concluir la necesidad de un cambio profundo en nuestro modelo energético. Ahora bien, el cambio de modelo de suministro no se producirá como consecuencia del liderazgo empresarial del sector eléctrico actual sino más bien por la voluntad social de romper un modelo de suministro que no responde a las necesidades ni a las expectativas depositadas en él.

Las razones que avalan esta premisa hay que buscarlas en una doble dirección: la incapacidad manifiesta y voluntaria de las empresas del sector y la disponibilidad de herramientas para que el consumidor se convierta en un elemento activo y no pasivo.

En todos los preámbulos de la legislación vigente y en la mayoría de informes y artículos que podemos leer, se parte de la base de que el sistema actual ha evolucionado hacia un modelo de mercado liberalizado, calificativo que nos incita a pensar que ya es suficiente para certificar su adecuado funcionamiento.

La realidad no puede ser más contradictoria porque si el modelo es de mercado y liberalizado ¿cómo se explica que cuando la demanda de electricidad baja y la oferta se incrementa el precio suba?

La principal razón de este sinsentido es que ha primado más, dentro de la estructura accionarial y ejecutiva del sector eléctrico, el mantenimiento de la rentabilidad del capital que la prestación de un servicio público.

La exigencia de tasas de rentabilidad sobre el capital invertido de más de 2 dígitos (entre el 12 y el 15%) en todos los proyectos que los fondos de inversión, especialmente activos en la caza de oportunidades en la actualidad, y que también exigen los accionistas a las nuevas iniciativas, lleva implícito que los costes de la electricidad seguirán subiendo. Por supuesto, para mantener el estatus cuentan con la necesaria aquiescencia y colaboración de los poderes públicos, más interesados en satisfacer la voluntad económica y empresarial que las necesidades de quien los eligió para ejercer sus funciones.

El sector eléctrico actual ha tenido y tiene la capacidad para liderar un cambio en el modelo energético actual pero su cada vez más deteriorada reputación y su necesidad de mantener una estructura operativa no sostenible hace que la sociedad los vea más como los agentes causantes del encarecimiento de la energía que como los agentes sobre los que se debe construir el futuro.

Si por otro lado analizamos los avances tanto en las tecnologías de información y comunicación como en las tecnologías comercialmente disponibles para generar energía eléctrica y cubrir nuestras necesidades con eficiencia, podemos observar que ya es posible hacerlo no solo con la mitad de energía, sino que ésta, además, puede ser producida, en un alto porcentaje, con fuentes de energía renovables y desde los lugares de consumo.

Esta situación, obviamente, pone en riesgo el modelo actual centralizado y de oferta porque supondría continuar con la reducción de la actividad de muchas de las centrales que hasta ahora funcionan para cubrir nuestras necesidades, causa original de que el sistema empresarial actual intente retrasar la aparición de nuevas formas de abastecimiento de energía más baratas y más respetuosas con el medio ambiente como son las energías renovables, o incluso descalifique iniciativas como las anunciadas por algunos ayuntamientos que pretenden asumir la cobertura de suministros que actualmente el sistema realiza satisfactoriamente.

El modelo energético del futuro va a seguir necesitando empresas que se encarguen de la gestión de los excedentes y del suministro de la energía no cubierta por los sistemas de generación del consumidor, pero su configuración deberá estar más cercana a la prestación de servicios finalistas que a la oferta actual de venta de energía exclusivamente.

La sociedad tiene la palabra para exigir y adoptar nuevos modelos de cobertura de sus necesidades energéticas partiendo tanto de una realidad tecnológica y económica ya disponible, como de la aparición de nuevas empresas que están cubriendo las oportunidades que el sistema tradicional no está asumiendo en la oferta de energía y en la prestación de servicios. Hay que hacer una especial mención a los primeros pasos que la economía colaborativa está dando también en materia energética y que permitirá que las relaciones de intercambio entre consumidores sean una realidad en el futuro cercano.

Las empresas del sector eléctrico deben adaptar su modelo de negocio, asumiendo la pérdida del poder hegemónico que ahora tienen con el control de toda la oferta de  energía que demandamos como consumidores.

Retrasar la llegada del nuevo modelo por parte del sector tradicional supone mantener la rentabilidad a corto plazo, pero también supone quemar la credibilidad necesaria para asumir los retos del futuro.

Es cuestión de elegir y me temo que la mayoría ya han apostado por el corto plazo o lo que es lo mismo por el suicidio.

 

 

¿Qué estamos haciendo mal, también en energía?

Por Domingo Jiménez – Presidente de la Fundación Renovables

Hace años  explicaba en una conferencia en Zaragoza, mi tierra, lo que significaba la sostenibilidad como modelo para el progreso (mayor calidad ahora y en el futuro y para una mayoría creciente) y lo traducía de forma simple como “progreso inteligente” lo que implicaba, decía yo, “repensar el actual modelo de desarrollo, nuestros modelos de producción y consumo y en particular el energético”.

Un paisano me interrumpió y me espeto “repensar no maño, pensar” pues sí, y de pensar va este texto ya que está claro que lo que estamos haciendo mal es que no se piensa lo que se hace.

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El domingo 14 de agosto el periódico La Verdad de Murcia, llevaba en portada un titular “La Comunidad se propone construir nuevas autovías sin incrementar el déficit” como si hubieran encontrado una  panacea.

¿Y por qué es alarmante este planteamiento para construir nuevas autovías? Porque, una vez más, se vende como innovador el hacer fácil o viable lo que no se debe hacer. No hay nada peor que hacer viable y a tope lo que no se debe hacer, como hicimos con el boom de la construcción, el urbanismo salvaje, la fiebre de las infraestructuras viales, aeropuertos, centrales de gas de ciclo combinado…

El primer criterio económico no es ser eficiente en lo que se hace sino hacer lo que es necesario ya que, rememorando lo que decía Bill McDonaugh de que “hay algo peor que un nazi, un nazi eficiente”, el primer criterio es ser eficaz, hacer lo que el país necesita y por supuesto hacerlo de forma viable y eficiente y esto es lo que estamos haciendo mal: hacer lo que no se debe y hacerlo  a tope.

Puede afirmarse con rotundidad que en general (puede haber honrosas excepciones) Murcia no necesita nuevas autovías ni aeropuertos, como tampoco necesita nuevas urbanizaciones, ni campos de golf ni parques temáticos, de los que hay cantidad construidos y sin utilizar por haberse construido “sin pensar” (Autopista Cartagena-Vera, Aeropuerto de Corbera, Lorca Resort, Mosa Trayectum,Trampolin Hills…).

Lo que si necesita Murcia además de otro tipo de nuevas infraestructuras, ferrocarriles, energías renovables (con desalinizadoras que así sean sostenibles) y redes malladas de distribución eléctrica, plazas hoteleras…es poner en valor las ya existentes, siempre que tengan sentido  (algunas hay que clausurarlas), y todo el patrimonio construido recuperable  (imaginemos urbanizaciones fantasmas trasformadas en complejos hoteleros), rehabilitar sus edificaciones, ciudades y pueblos …que sí es algo necesario que, además de ayudar más y mejor a la salida de la crisis, forma parte de un futuro necesariamente más sostenible.

Algunos ejemplos de alternativas para Murcia en materia energética:

  • Con solo poblar de placas fotovoltaicas (un millón de kilovatios de potencia) los 14,2 Km2 de tejados de edificios de la región se podría cubrir en “balance neto” el consumo residencial de la región a un coste de menos de la mitad del recibo actual y generar una gran cantidad de empleo.
  • Con la sola puesta en marcha de la planta de generación de 380 Mw con fotovoltaica proyectada en Lorca se podría producir la energía eléctrica para disponer de 200 millones de metros cúbicos de agua desalinizada anualmente y a un precio asequible, que podría calificarse de “agua renovable”, y  que es  el doble del caudal que necesita el extenso y productivo Campo de Lorca y la vecina Aguilas donde ya hay una planta de 70 millones de metros cúbicos, aunque desgraciadamente no dispone de electricidad renovable asociada .
  • Otra Murcia es posible, una “Murcia Solar y para Desalar” con lo que se podría conseguir la “autosuficiencia conectada” ciertamente en electricidad y prepararse para un futuro que exigirá más autosuficiencia también en agua. Y esto es extensible a otras regiones y a España en general.

Hasta ahora lo hemos hecho rematadamente mal y pretendemos seguir haciéndolo, como si fuera lo único viable. Se puede hacer bien, solo hay que pensarlo. Por ello, porque no solo es necesario sino posible, la Fundación Renovables ha trabajado, desde sus inicios, en diferentes propuestas y hojas de ruta –pueden consultarse en su página web – que permitirían alcanzar, de manera decidida, ese nuevo modelo energético sostenible, basado en el ahorro, la eficiencia y las renovables como principios básicos. 

 

¿Qué significa eso del día de la sobrecarga (overshoot) del planeta?

Laura Martin Murillo – Directora Fundación Renovables

globe-1114660_1280Los economistas ambientales llevan años intentando que comprendamos que vivimos por encima de nuestras posibilidades ecológicas. Nuestros sistemas de producción y consumo están agotando recursos naturales a ritmo creciente, recursos que son finitos, o cuyo ritmo de extracción es más rápido de lo necesario para su regeneración.

El concepto huella ecológica pretende facilitar la comprensión de este hecho midiendo la oferta y la demanda de los recursos naturales y los servicios ecológicos usados por la humanidad. Necesitamos conocer cual es nuestro impacto, nuestra huella, sobre el planeta para poder tomar decisiones acertadas. Necesitamos ser capaces de contabilizar los recursos existentes y los que vamos consumiendo para documentar si estamos viviendo dentro del presupuesto ecológico o consumiendo recursos de la naturaleza más rápido de lo que el planeta pueda renovarlos. Resulta dramático que, en contra del espacio informativo y político en la contabilización nacional a través de indicadores como el producto interior bruto o la renta nacional, la contabilización del consumo de nuestros recursos naturales no tenga apenas espacio en las reflexiones económicas. Probablemente porque sus conclusiones no son halagüeñas.

  • Estamos en déficit. En 2015 la humanidad utilizó los recursos de 1,6 planetas (al ritmo de renovación que tiene los recursos). Vivimos muy por encima de nuestras posibilidades ecológicas.
  • Cada vez nos gastamos el presupuesto anual antes. Para sensibilizar mejor sobre el problema se ha calculado qué día del año habríamos consumido un planeta y este día se conoce como el “día de sobrecarga del planeta”, o “world overshoot day” en inglés. Si cuando se lanzó el indicador por primera vez en 1987, la humanidad se gastó el presupuesto el 16 de diciembre y en el año 2000 los expertos lo calcularon para finales de septiembre, este 2016 hemos consumido la cuota el 8 de Agosto. El resto del año consumiremos más de lo que se puede renovar. Desde ya vivimos a cuenta.
  • Estos son los cálculos globales. Para España son aún peores. Nuestro déficit en huella ecológica se puede mirar de dos formas. Si todos los habitantes del planeta produjeran y consumieran como los españoles necesitaríamos más de 2 planetas (recordemos que ahora consumimos 1,6 porque hay otros que consumen menos y mucho menos que nosotros). Las variaciones entre países son muy grandes y tienen mucho que ver con el poder adquisitivo: por ejemplo, si todos consumiéramos como australianos necesitaríamos la friolera de 5,4 planetas y como los indios e indias, solo 0,7.
  • ¿Cuántas Españas consumimos actualmente? También podemos hacer los cálculos referidos a nuestro patrimonio natural exclusivamente. Si utilizamos esta contabilidad nacional el resultado es que los que vivimos en este país consumimos en recursos el equivalente a 3 Españas, 2,9, para ser más exactos. Hay otros países que son menos deficitarios que nosotros, ya sea porque consumen más responsablemente o porque su patrimonio natural es más vasto. Los ciudadanos de los países ricos naturales estamos acostumbrados a consumir nuestros recursos y los de otros países más pobres, por eso, por ejemplo, los japoneses consumen en recursos el equivalente a 7 veces Japón.

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Los ayuntamientos tienen la llave para la transición energética

Por Sergio de Otto – Periodista especializado en energía y sostenibilidad

 

El pasado miércoles, coincidiendo con el primer número de la nueva etapa de 20Minutos, tanto en versión papel como en digital, la Fundación Renovables presentaba un manifiesto dirigido a la Alcaldesa de Madrid instándola a llevar a cabo, con el apoyo de todas las fuerzas políticas representadas en el Ayuntamiento, una apuesta decidida para hacer de la capital de España una ciudad sostenible, una ciudad más habitable y comprometida con el futuro. Una iniciativa que la Fundación pretende extender a otras ciudades, y que obviamente deseamos para todas las de nuestro país, si bien consideramos importante que sea la ciudad más grande la que emprenda esa vía en la que otras urbes como Barcelona, Vitoria o Málaga le llevan ya cierta ventaja.

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Casa Consistorial (Iglesia en Valladolid)

Pedirle a la máxima responsable de este ayuntamiento y a los representantes de todos los partidos políticos con presencia en él que aborden medidas valientes, por ejemplo, en movilidad, rehabilitación energética de los edificios o en eficiencia y autoabastecimiento energético no es una ocurrencia puntual. Parte de nuestro convencimiento de que la ciudad va a ser el escenario del cambio de modelo energético, en primer lugar porque es donde vive en la actualidad más de la mitad de la población mundial y para el 2050 se espera que este porcentaje sea del 70%. Hoy en la Unión Europea ya se han alcanzado esos niveles y el 73% de la población vive en las ciudades, porcentaje que en España alcanza ni más ni menos que el 80%. La segunda razón es consecuencia de la primera: el consumo de energía en el ámbito urbano supone ya más del 75% del consumo de energía mundial y en una superficie útil que ocupa solamente el 2% del total.

Estos datos ya los ponía de relieve la Fundación Renovables en noviembre de 2014 cuando presentaba el documento “Ciudades con futuro. Necesidad y oportunidad de un sistema energético sostenible” con una nutrida batería de medidas para debate en la campaña electoral de las municipales de 2015 y guía para los responsables de los gobiernos locales que surgieran de las urnas. Una línea de trabajo primordial para la Fundación que esta misma semana (jueves 26) organiza la Jornada “Ciudades sostenibles, ciudades con futurodirigida a concejales y técnicos municipales implicados en este ámbito y cuyo programa aporta la experiencia de las ciudades que más recorrido han hecho ya como Copenhague, Barcelona o Málaga y las propuestas de actuación en campos como la movilidad, la pobreza  energética, el autoconsumo, la eficiencia, la rehabilitación o la implicación social por parte de expertos vinculados a la Fundación y que tendrá continuidad en los próximos meses en otras grandes ciudades.

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Y tu ciudad… ¿es sostenible?

Raquel García Monzón – Técnico de energía en WWF España

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Actualmente nuestro Planeta está sufriendo una rápida urbanización además del crecimiento de economías de países como India, China y África. Las ciudades son responsables de más del 70% de las emisiones de dióxido de carbono derivadas del consumo insostenible de combustibles fósiles (petróleo, gas y carbón). En 2050 más de 2/3 de la población global se concentrarán en las ciudades y se prevé que 350.000 millones de dólares serán invertidos en mejora de las infraestructuras urbanas en los próximos 30 años. Si todas las personas en el planeta vivieran como actualmente vive un residente urbano de un país desarrollado, necesitaríamos más de tres planetas para abastecer los recursos naturales y la absorción de las emisiones de dióxido de carbono resultantes, pero solo tenemos un Planeta.

Si las inversiones futuras en las ciudades siguen su trayectoria tendencial o “Business As Usual” (BAU), nuestra dependencia en la energía procedente de combustibles fósiles continuará en ascenso. Como resultado, las infraestructuras intensivas en energía y los estilos de vida necesitarán mayores inversiones y más de la mitad de las emisiones totales de carbono se emitirán a la atmósfera en tan sólo 30 años. En consecuencia, miles de millones de personas tendrían que pagar los altos costes económicos, sociales y ecológicos de una economía basada en el carbono.

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