Entradas etiquetadas como ‘Autoconsumo’

100% renovables no es suficiente

Carlos Esteban González – Jefe de Servicio de contratación de energía y eficiencia energética del Ayuntamiento de Madrid

Ciudad sostenible

El Ayuntamiento de Madrid anunció a finales del año pasado que desde enero de 2017 la energía eléctrica consumida por los edificios municipales, lo que equivale al consumo de unos 52.000 hogares, será certificada como de origen renovable.

Con ello se pretendía mostrar el compromiso de la Ciudad de Madrid con la lucha contra el cambio climático y la sostenibilidad. Otras grandes ciudades y empresas se han sumado a este compromiso, con el que se pone de manifiesto que las ciudades y la sociedad civil están al frente de la transición energética.

De este modo se ha puesto encima de la mesa la necesidad de que más consumidores exijan a sus compañías eléctricas que le suministren exclusivamente energía de origen renovable. Sin embargo, hasta que no se llegue a una cifra muy significativa de exigencia de origen renovable, dichas certificaciones no supondrán un cambio en la oferta de generación renovable y por lo tanto no tendrán efecto en el mercado eléctrico.

Trataré de explicarlo:

Según el informe “El sistema eléctrico español 2016” publicado por Red Eléctrica hace unos días, el 40,8% de la generación eléctrica en España provino de fuentes renovables con el siguiente desglose: 19,3% eólica, 14,6% hidráulica, 3,1% fotovoltaica. Mientras que entre las no renovables sigue líder la nuclear con un 22,9% seguida del carbón con un 14,4%, tecnologías del siglo XX y XIX respectivamente que se reducirá drásticamente en los próximos años. Completan el panorama energético los ciclos de gas y la cogeneración con un 10% cada una.

En países de nuestro entorno mediterráneo los porcentajes de generación renovable no andan lejos, salvo Portugal que nos supera ampliamente con un 55,6% renovable. Muy lejos quedan los utópicos países nórdicos con Islandia y Suecia, que casi han alcanzado el 100% renovable, o Dinamarca con un 62,3% renovable.

Según datos de la CNMC correspondientes al año 2016, el 65% de la producción renovable estaba acogida el sistema de Garantías de Origen, emitiéndose certificados por 85.823 GWh. Solamente un tercio de dichos certificados son entregados a los consumidores finales (26.800 GWh). Esto supone aproximadamente 1 de cada 10 kilovatios generados en España y solo 1 de cada 4 kilovatios verdes.

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Celebramos el sol, fuente de energía limpia e inagotable

Por Elisa Noli – Responsable de Comunicación de UNEF

Sol y bombilla

En el Día Internacional del sol, que conmemoramos hoy, celebramos la estrella de nuestro sistema planetario, que es además fuente de energía limpia, renovable e inagotable, y que puede ser una grande aliada en la lucha contra el cambio climático.

Es muy desolador ver cómo, a pesar de disponer de un recurso abundante, nuestro país en los últimos años haya dado la espalda a esta fuente de energía. Y los datos lo demuestran: en España, en 2016, se instalaron solo 55 MW de nueva potencia fotovoltaica, mientras que en todo el mundo se instalaron 75 GW. Aún más llamativa es la comparación con países europeos más cercanos, como Alemania, Francia, Reino Unido e Italia – algunos de los cuales no son conocidos por el buen tiempo o los altos niveles de irradiación – en los que se instalaron respectivamente 1.52 GW, 559 MW, 1.97 GW y 373 MW.

Además de contribuir a reducir la contaminación y a cumplir con los compromisos definidos en el Acuerdo de París, la energía solar aporta numerosos beneficios para España, entre los cuales destacan la reducción de las importaciones de combustibles fósiles, la generación de riqueza y empleo local y el desarrollo de aplicaciones para generar electricidad en forma distribuida.

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Claves para salir de la crisis, orientados hacia la sostenibilidad energética y en general

Por Domingo J. Beltrán – Presidente de la Fundación Renovables

brujula

Hace unos días me pidieron intervenir en un evento sobre el tema que reza el titular, el cual me pareció no solo desafiante sino oportunísimo. La idea era hacer algo imitando a Iniesta o Isco que, cuando reciben el balón, su primer toque es para salir ya orientados hacia la meta o, en cualquier caso, para dar salida al balón. Esto es precisamente lo que necesitamos ahora en España, que las acciones inmediatas que se emprenden para responder a la crisis formen parte de un proyecto de futuro que nos permita no volver a ella o, lo que es más deseable, que inicien el proceso hacia un “progreso sostenible” que, actualizando la definición original de la Comisión Brundtland, significa: “progreso ahora y en el futuro y para una mayoría creciente y tendente al pleno empleo”. Es decir, un progreso justo y duradero como piden algunos políticos más avezados, ¿alguien puede dudar de que esto es lo deseable para España?

Se me ocurría que, dada la situación de insostenibilidad de la desnortada socioeconomía española, minada por el cortoplacismo y el desgobierno, debíamos abordar dos procesos paralelos, aunque coincidentes en su tramo inicial:

  • Un proceso a largo plazo. Poner las luces largas para, con “propósito, visión y sentido de la dirección”, establecer la hoja de ruta hacia el progreso sostenible de aquí hasta 2050 (por poner un hito en el que se nos ha emplazado con el desafío del cambio climático) que implicaría, tanto para la Unión Europea como para España, la descarbonización, y por ende desenergización y desmaterialización de la economía a través de la innovación. Estamos hablando de un cambio del modelo de producción y consumo al que bastaría añadir la dimensión de cohesión, justicia social y pleno empleo para poder hablar de un escenario de progreso sostenible. Se trata simplemente de tener un “proyecto de país”, como reivindicaba hace poco, como gran carencia de España, Iñaki Gabilondo en una entrevista del Gran Wyoming.
  • Otro proceso, o más bien acción, a corto y medio plazo. Un plan de choque que implicaría simplemente reorientar las prioridades actuales de nuestra economía para, simplemente con los recursos económicos, tecnológicos y humanos disponibles, avanzar en sectores que forman inexorablemente parte de ese escenario de progreso sostenible. Como repite Naciones Unidas la crisis no es de recursos, no faltan recursos, la crisis es simplemente de gestión.

En este artículo me centraré en el plan de choque. Se trataría de un proceso que identifico como “destetar la economía para energizarla”: destetarla de las 3 tes para energizarla con 3 ees.

Destetarla de las tres tes, reduciendo su adición al abuso del turismo (sobre todo de masas y residencial), del Territorio (urbanización a tope, sobre todo para el turismo y uso residencial y agricultura intensiva) y consiguientemente del Tráfico y transporte sobre todo por carretera. Las tres tes, que, aunque fueron las que nos llevaron a mayorar en España la crisis global de 2008, siguen siendo el recurso que ahora se vuelve a utilizar para salir de la crisis y por tanto nos condenan a repetirla. Curioso, ¿no?

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Quo vadis reforma eléctrica

Por Juan Castro – Gil – Abogado y Secretario de ANPIER

Qué tiempos aquellos en los que el entonces secretario de estado de energía Alberto Nadal, aseguraba que su reforma eléctrica acabaría con todos los males del sistema eléctrico, dando estabilidad, bajando los precios y acabando con el déficit tarifario. Momentos que ya entonces me recordaron a aquella fantástica secuencia de la película Quo vadis, cuando Nerón (encarnado por el fantástico Peter Ustinov), cantaba con su arpa y con voz de pito las maravillas de su propio arte.

Qué decir de tantos recuerdos en los que los aduladores del imperio loaban las virtudes de tanta magnificencia.

La gobernanza de la energía, regentada con mano de hierro en los últimos cinco años por los hermanos Nadal, se ha llevado por delante la seguridad jurídica del país, ha reventado un sector en el que España era puntero haciendo desaparecer 75.000 puestos de trabajo, se ha puesto a la cola de Europa en la defensa de la sostenibilidad medioambiental y todo ello, bajo el supuesto mantra de reducir el déficit de tarifa.

Las grandes decisiones imperiales de nuestros nerones de andar por casa fueron: recortar drásticamente y de forma retroactiva los derechos de los productores renovables (muy significadamente los de tecnología solar), poner un impuesto medioambiental que curiosamente pagaban todos los productores (contaminasen o no), y endiñarle un hermoso impuesto a la generación producida en nuestras propias casas (impuesto al sol). Fundamentalmente estas eran las medidas estrella con las que se enviaba a los leones al déficit eléctrico.

O tempora, o mores. Resultó que el tiempo, como un martillo pilón, va poniendo los acontecimientos y a las personas en su sitio.

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Los dueños del fuego sagrado

Por Mariano Sicrach de Cardona – Catedrático de la Universidad de Málaga

energía

Es bien conocida la importancia de la energía para el desarrollo de las actividades humanas, de manera que el control de la energía ha sido, probablemente, la causa última de una gran cantidad de las guerras y conflictos que han sucedido a lo largo de la historia de la humanidad. Y ha sido así desde la prehistoria, cuando el hombre aprendió a controlar el fuego y lo convirtió en una energía que al usarla empezó a mejorar el bienestar humano, pero que se convirtió a su vez en una gran fuente de poder. Poseer el control del fuego, primero, y de las fuentes de energía, después, que hemos venido utilizando para nuestro desarrollo económico siempre ha asegurado grandes beneficios económicos y sobre todo mucho poder, con mayúsculas, poder de verdad, ya que toda la sociedad necesita de estos recursos para el desarrollo de sus actividades diarias.

Que este poder esté concentrado en unos pocos supone un grave problema social y económico y es por eso que en las sociedades democráticas se desarrollan mecanismos sociales y políticos que, en forma de contrapeso, permiten contrarrestar este poder y poner el acceso a la energía al servicio del interés general.

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La (enorme) hipoteca nuclear

Por Joan Herrera – Abogado

Abro la prensa y veo que el presidente de Endesa tiene hoy semáforo verde en la prensa escrita. El motivo no es otro que la demandada de alcanzar un nuevo pacto energético bajo la premisa de alargar la vida útil de las centrales nucleares existentes. Continúo mi lectura y compruebo cómo en el mismo periódico que le da semáforo verde, en la página impar, hay un anuncio de la misma compañía, mientras que en la página par hay un desarrollo de la noticia en la que Endesa pide ese pacto para la energía, cuya principal propuesta es el alargamiento de las centrales nucleares, bajo la amenaza de que de no ser así aumentará el precio en 10 euros el megavatio-hora.

Curioso país este. El debate energético, aquello de lo que va el cambio de modelo productivo en uno de los países más dependientes del mundo (72% de dependencia energética, más del 80% si añadimos el uranio importado, 20 puntos más que el entorno europeo, que a su vez es el escenario regional más dependiente del planeta) no existe. Pero se introduce para hablar del alargamiento de la vida útil de las centrales nucleares. Una propuesta que, de ser realidad, marcará el futuro de muchas generaciones. Si posponemos o no el funcionamiento de las centrales.

Tenemos centrales que todas ellas están a las puertas de cumplir los 40 años (más allá de su vida útil). Centrales que necesitan de una inversión extraordinaria de acuerdo con los estándares establecidos tras el accidente de Fukushima. Dicha tecnología es claramente incompatible con las energías renovables, ya que estas últimas necesitan de tecnologías complementarias que se puedan activar cuando no hay fuentes de origen renovable, y que se puedan apagar cuando la potencia instalada en renovables está a su máxima producción.

De hecho, hoy, el modelo en la fijación del precio en la nuclear es uno de los factores por los que pagamos una de las energías más caras de Europa entre el pequeño consumidor. Jorge Fabra, economista especializado en la materia, ha explicado de forma reiterada como, bajo hipótesis generosas, los costes asociados a la producción en una planta se sitúan en torno a los 22€ el MWh) pero sus ingresos se multiplican por dos y por tres por MWh en función del año.

Mientras tanto, en el mundo se invierte cada vez más en renovables: el 2016 ha habido casi tanta inversión en renovables y ahorro y eficiencia como en extracción de petróleo y gas, según datos de la Agencia Internacional de la Energía. En el Reino Unido se ha instalado 32 veces la potencia fotovoltaica que España el 2016 (72 veces en 2015). Y en EEUU, que representa el 20% de la inversión global en renovables, un tercio de la inversión se ha producido en autoconsumo. Si el carbón fue la palanca de cambio (de control y contaminación) del siglo XIX y el petróleo la del siglo XXI, hoy las renovables pueden cambiar el modelo productivo. Con un elemento añadido, que la gestión de las renovables puede pasar por una gestión democrática de la energía (y no necesariamente por oligopolios).

Pero España a su rollo. Tenemos un traje eléctrico que nos van grande. Con mucha potencia instalada, ineficiente, antigua, e incompatible en muchos casos con un mix energético en que entren con más fuerza aún las renovables y especialmente el autoconsumo. Pero, a pesar de ello, el autoconsumo continúa parado, debido al veto del gobierno del PP a la proposición de ley unitaria sobre la materia (con la aquiescencia de Ciudadanos). Se anuncia una subasta para renovables porque la Unión Europea obliga, pero se imposibilita que el pequeño inversor pueda entrar en la subasta. Las micro redes no se permiten. Los contadores inteligentes se instalan, pero se deja la gestión de los datos en manos de quien tiene el monopolio natural de la distribución, dificultando una gestión de la demanda eficiente, permitiendo que quien tiene hoy el monopolio de la distribución pase a tener el monopolio del saber.

Pero el debate energético que nos encontramos es el de alargar la vida útil de las centrales, bajo la amenaza que si o es así aún se encarecerá mas el precio de la luz.

Pues bien. Dejemos las cosas claras. Si lo consiguen, si ahora alargan la vida de las centrales no será necesario ni autoconsumo ni renovables. Incluso será inconveniente: ¿cómo tener renovables que no son compatibles con un modelo con fuerte peso de la nuclear? Es más; continuaran haciéndolo todo para que no haya más potencia renovable para poder así sacar provecho de la potencia instalada, y para poder hacer que los ciclos combinados funcionen más horas. Por supuesto que no habrá modelo cambio de modelo productivo. Ni se generará puestos de trabajo. Ni tendremos las figuras del agregador energético que ya proliferan en otros países. Es posible que al cabo de los años Europa obligue. Y para entonces tendremos que cerrar abruptamente la centrales nucleares. Unas centrales más antiguas, más inseguras, pero que hoy por hoy son la gallina de los huevos de oro para sus titulares, y uno de los motivos por los cuales tenemos un sector energético tan reacio a los cambios que se dan en otras latitudes. Pero las cerraremos con la correspondiente indemnización, multiplicando el negocio de unos pocos y añadiendo hipotecas al conjunto de la sociedad y la economía.

Hoy somos, un país rico, muy rico en sol y viento. Pero pobre, muy pobre, en la voluntad política necesaria para protagonizar un cambio de modelo energético.

El triunfo de la mediocridad, también en energía

Domingo Jiménez Beltrán – Presidente de la Fundación Renovables

bombilla encendida

En un artículo, “El triunfo de los mediocres”,  que recirculó recientemente como atribuido a Forges (que bien podría haberlo escrito), se denunciaba como sistémica la crisis española marcada por un enseñoramiento de la mediocridad bien ilustrada por síntomas como que, teniendo dos universidades entre las cinco más antiguas del mundo, no tengamos ninguna entre las cincuenta mejores, que estemos entre los países europeos con mayor abandono escolar o que no hayamos tenido todavía un presidente que hable inglés.

Esta denuncia, más que certera, me ha hecho volver sobre mi tesis para actualizarla: la insostenibilidad en general del mal llamado desarrollo español es producto de haber obviado el conocimiento como opuesto al deseable progreso sostenible. Progreso ahora, en el futuro y para una mayoría creciente, cuya condición sine qua non es estar basado en el conocimiento y en decisiones bien informadas y no en la ignorancia, lo que permitiría esa discrecionalidad que tanto aprecian muchos políticos con intereses predeterminados y no necesariamente coincidentes con los intereses generales.

Y esta tesis se ejemplariza aún mejor con el insostenible sistema energético en el que se ha enseñoreado la mediocridad y la ignorancia, aunque, eso sí, interesadas al haberse sustituido el conocimiento por las falsas certezas, un gran indicador de la mediocridad y la agudeza manipuladora.

Este trueque, que permite situaciones tan kafkianas como las que denunciaba en este mismo blog hacía unos días Fernando Ferrando al escenificar el contraste entre el  Informe sobre energía y sostenibilidad en España para 2015, de la UPC, bien anclado en el conocimiento y la información objetiva, sobre el sistema energético español y su flagrante insostenibilidad, que con la participación del Ministerio se hacía con ocasión de la presentación del Balance Energético de España, mostrando la satisfacción por la situación sectorial y global de la energía en nuestro país. Satisfacción que, manifiestamente ignora el diagnóstico de la UPC en un claro ejemplo de apología de la ignorancia y que deberíamos denunciar como insulto a la inteligencia de la sociedad española y como un indicador de la mediocridad de nuestros gobernantes energéticos en lo que se refiere, al menos, al ejercicio de gobernanza o buen gobierno para el que les hemos elegido.

Según la Comunicación de la Comisión Europea del año 2000 sobre Gobernanza, esta requiere buenas políticas, eficaces (satisfacer necesidades), eficientes (satisfacerlas con los menos recursos posibles) y coherentes, así como buenas formas democráticas de hacerlas, con transparencia, información, participación pública y rendimiento de cuentas. Según estas claves, la política energética española sería el claro ejemplo de desgobierno, con gobernantes energéticos mediocres y no sólo del Gobierno actual sino de al menos los tres últimos que la entregaron a los sí avezados oligopolios eléctricos y energéticos.

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Redes que dan libertad

Por Joan Herrera – Abogado

“Redes que dan libertad” es un libro de Jorge Riechmann y Paco Fernández Buey. Una introducción a los movimiento sociales, que allá por el año 1995 explicaba como los nuevos movimientos sociales que emergieron a partir de los años sesenta en respuesta a las desigualdades sociales y devastación ambiental provocadas por la sociedad postindustrial capitalista eran quizás la mejor respuesta ante un mundo que en el año 1995 ya no funcionaba.

Redes que dan libertad porque hoy, en un polígono industrial, una empresa a la que le sobra energía puede desarrollar una micro red que le permita abastecer a empresas que pueden adquirir y utilizar esa energía sobrante. Redes que dan libertad porque en un edificio de varios vecinos, en vez de tener la red de la distribuidora que nos llega a la puerta de casa, podríamos tener una única unidad de compra en todo el edificio, reduciendo substancialmente la potencia contratada, y permitiendo que el autoconsumo que se produce en el edificio no tenga que verterse a la red, ya que la energía producida serviría para abastecer los consumos más básicos. Esto podría recudir la factura eléctrica, por el simple hecho de ser una única de compra, hasta un 40%.

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La energía de la razón

Por Mariano Sidrach de Cardona – Catedrático de la Universidad de Málaga

energías renovables

Hace ya más de un año que desde la Fundación Renovables pusimos en marcha este blog de ‘La Energía como Derecho’, con el objetivo de visualizar los problemas energéticos actuales y proponer y debatir sobre las posibles soluciones al llamado problema energético. Todo bajo el convencimiento de que la situación actual de las energías renovables permiten ofrecen soluciones tecnológicas viables y económicamente rentables a la situación energética actual.

Durante este tiempo, y en la medida de mis posibilidades, he intentado colaborar exponiendo de forma clara, lo más amena y didácticamente posible, mis ideas sobre los temas que considero que es importante debatir y actuar de forma urgente, para que podamos evitar la catástrofe medioambiental que nos amenaza en forma, sobre todo, de cambio climático y contaminación atmosférica.

Sin duda, durante este tiempo, las energías renovables han seguido desarrollándose a buen ritmo a nivel mundial y sin embargo tengo la sensación de que en España estamos exactamente en el mismo punto, sin que nada haya cambiado. Por medio, hemos tenido una cumbre sobre cambio climático y un cambio de gobierno, con la pérdida de la mayoría absoluta del Partido Popular y la llegada al parlamento de nuevos partidos políticos. Sin embargo las políticas energéticas en España siguen siendo exactamente las mismas.

No debe ser sólo una sensación mía, ya que el Observatorio de Sostenibilidad en su informe del 2016 afirma que “el sistema energético español continua en una senda de la insostenibilidad, sin mejorar su eficiencia energética con un aumento de las emisiones de CO2 y otros contaminantes, así como de la dependencia exterior”.

Hasta lo que parecía más evidente e inmediato, como era la derogación de la ley que regula el autoconsumo en cuanto el PP perdiera la mayoría absoluta, debido al acuerdo de todos los demás partidos, se ha parado en seco debido a la abstención de Ciudadanos. Sus razones no han convencido, veremos cómo sigue este tema, aunque no veo al gobierno precisamente nervioso con esta cuestión.

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El futuro energético que viene. La autosuficiencia conectada, un concepto “disruptivo”

Por Domingo Jiménez Beltrán – Presidente de la Fundación Renovables

Placas solares

La Comisión Europea ha llegado a la conclusión, en su llamado Paquete de Invierno “Energía Limpia para todos”, presentando en noviembre de 2016, de que no se puede racionalizar la demanda sin optimizar la oferta ni viceversa. Algo que ya se intuía en sus paquetes Energía 2020-2030 al fijar objetivos conjuntos para la eficiencia energética (demanda) y para las renovables (oferta) con el fin de que, explotando ambos simultáneamente, se consiguiese la reducción de gases de efecto invernadero y de CO2 de forma eficaz y eficiente.

Integrar la oferta y la demanda es clave. Llevado al extremo, puede traducirse de forma operativa en que ambas acciones concurran en el mismo sujeto: el consumidor de electricidad también como productor, o “prosumidor”, como repite machaconamente mi colega Fernando Ferrando; es decir, lo que se conoce ya como “autoconsumo”, sobre cuya extensión conceptual versa este texto y de cuya trascendencia nos da una idea la enorme oposición a su desarrollo por parte de las eléctricas y la consiguiente limitación por parte del Gobierno.

El no hacer esta integración oferta-demanda, es decir, la falta de una planificación energética, en particular en energía eléctrica que integre ambos conceptos, ha llevado a grandes despropósitos al diseñar el sistema de infraestructuras en función de la oferta, lo que en el caso español se traduce en una capacidad de generación eléctrica de más de 100.000 MW, cuando la demanda pico apenas supera los 40.000 MW.

Este sobredimensionamiento es parte de la resistencia al cambio de las empresas eléctricas (léase también del Gobierno actual, secuestrado por las empresas) las cuales querrían seguir rentabilizando capacidades de generación, no solo por intentar recuperar el valor que figura en su balance y que podía ser considerado como activo tóxico sino porque están gran parte del tiempo sin operar al no existir demanda (cuando se pueden parar, que no es el caso de las nucleares) con el consecuente lastre económico. A lo que hay que añadir que además deberían desaparecer en gran parte y lo antes posible por su insostenibilidad al estar basadas en combustibles fósiles o nucleares.

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