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Las claves de un tema que nos afecta a todos

Quo vadis reforma eléctrica

Por Juan Castro – Gil – Abogado y Secretario de ANPIER

Qué tiempos aquellos en los que el entonces secretario de estado de energía Alberto Nadal, aseguraba que su reforma eléctrica acabaría con todos los males del sistema eléctrico, dando estabilidad, bajando los precios y acabando con el déficit tarifario. Momentos que ya entonces me recordaron a aquella fantástica secuencia de la película Quo vadis, cuando Nerón (encarnado por el fantástico Peter Ustinov), cantaba con su arpa y con voz de pito las maravillas de su propio arte.

Qué decir de tantos recuerdos en los que los aduladores del imperio loaban las virtudes de tanta magnificencia.

La gobernanza de la energía, regentada con mano de hierro en los últimos cinco años por los hermanos Nadal, se ha llevado por delante la seguridad jurídica del país, ha reventado un sector en el que España era puntero haciendo desaparecer 75.000 puestos de trabajo, se ha puesto a la cola de Europa en la defensa de la sostenibilidad medioambiental y todo ello, bajo el supuesto mantra de reducir el déficit de tarifa.

Las grandes decisiones imperiales de nuestros nerones de andar por casa fueron: recortar drásticamente y de forma retroactiva los derechos de los productores renovables (muy significadamente los de tecnología solar), poner un impuesto medioambiental que curiosamente pagaban todos los productores (contaminasen o no), y endiñarle un hermoso impuesto a la generación producida en nuestras propias casas (impuesto al sol). Fundamentalmente estas eran las medidas estrella con las que se enviaba a los leones al déficit eléctrico.

O tempora, o mores. Resultó que el tiempo, como un martillo pilón, va poniendo los acontecimientos y a las personas en su sitio.

La semana pasada, el CIADI, cual horda de bárbaros invadiendo el imperio, ha resuelto el primer laudo de los 27 que tiene que deliberar sobre el daño provocado por tanto recorte retroactivo a los inversores extranjeros en España, condenándonos a pagar 128 millones del ala, más los intereses correspondientes. Al día siguiente de conocerlo, cual rayo de Júpiter, su “Excelsa Imperialidad” decidió modificar los presupuestos generales del estado y recaudar los denarios necesarios entre las cantidades que previamente les había sisado a los cristianos del terruño, conocedor de que el estacazo por sus dislates normativos, no hacía nada más que empezar.

Por otro lado, en este mismo momento, entre los tribunos de los Jueces, se debaten quién habrá de resolver antes sobre la ilegalidad del impuesto a la generación, si los magistrados patrios, o los de Bruselas, reconociendo todo el foro, que es cuestión de tiempo que dicho tributo caiga por sus temerarios vicios de elaboración. Por supuesto, otro buen puñado de sestercios que habrá que endilgarle al erario público por la actuación imperial.

Y por último, desde la propia Comisión Europea, se han avanzado este invierno nuevas propuestas de Directivas que volatilizan cualquier posibilidad de supervivencia a futuro de las trabas y recargos que los emperadores españoles le han ido incorporando al autoconsumo, bajo amenaza, por supuesto, de sanciones ejemplarizantes ante futuribles incumplimientos.

Por tanto, las tres grandes medidas adoptadas por nuestros próceres, en vez de conseguir su anunciado propósito de reducir el déficit, lo que están consiguiendo no es más que arrasar de forma inmisericorde un sector clave de la economía española, como si del incendio de Roma se tratase, atribuyéndoles un pecado (el déficit de tarifa) que jamás cometieron, sino que más bien venían a paliar.

Quo vadis reforma eléctrica, ¿a dónde nos llevas con tanto dislate?

 

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