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¿Pánico a hablar en público? Estos trucos (no tan típicos) pueden ayudarte

No nos entrenan para ello. Personalmente creo que ese es el problema. Al menos en España, no nos educan para aprender a hablar en público correctamente y como algo habitual. Esto está cambiando sutilmente en la actualidad, implementando ejercicios con breves exposiciones, historietas, etc, en las clases de los más pequeños.

Tradicionalmente ha sido un ejercicio que se ha obviado, y claro, llegamos a adultos y tenemos que enfrentarnos a ello casi en cualquier trabajo u ocasiones sociales varias, entonces aparecen la vergüenza, los nervios, la tensión, el miedo e incluso un terrible pánico que puede trasformarse en fobia a hablar en público.

Todos conocemos las pautas teóricas: imaginarnos a nuestra audiencia desnuda para quitarle hierro al asunto, llevar notas para no temer quedarnos en blanco, prepararse muy bien y ensayar muchísimas veces nuestra intervención… y sí, todo esto suma para superar la situación, pero lo que yo hoy os quería contar son 4 acciones muy sencillas y muy simples que, a mí particularmente, me ayudaron a sentirme más segura cuando con tan sólo 22 años tuve que enfrentarme a cantidades ingentes de personas que me atendían sedientos de información.

Una de las claves más productivas era la de hablar, previamente a mi charla, con los asistentes. Antes de entrar a la sala o ya una vez en ella mientras esperábamos al resto, me ayudaba muchísimo conocer poco a poco a los que iban llegando. Nos presentábamos, les preguntaba qué esperaban de la formación, les contaba mi trayectoria y les interrogaba por la suya, y bueno, un poco de lo que se me iba ocurriendo e iba surgiendo entre todos.

Lo que quiero decir con esto es: Intenta divertirte e iniciar tu intervención con ganas y buen ánimo, con buena sintonía con la gente que estará sentada expectante frente a ti. Es una forma ideal de conectar con la audiencia y de que te perdonen cualquier nerviosismo o alteración que pueda ocurrir a continuación. Las personas serán más benevolentes con quien ya ‘conocen’.

Los momentos iniciales son los más importantes. Otro de los ‘trucos’ que utilizaba en mis clases era el de empezar la ponencia sin tener que hablar yo. Al principio es cuando uno está más nervioso, por tanto, deberemos evitar, en la medida de lo posible, intervenir. ¡Deja que hablen ellos! Haz que se presenten, si tienes tiempo. O en mi caso, por ejemplo, solía siempre introducir mi clase con algún vídeo, ejercicio práctico, role playing, etc, que hiciera que todos nos soltáramos y rompiéramos la frialdad del momento inicial.

Seguimos. Lo ideal y lo bonito es mirar a todos los asistentes para conectar con cada uno de ellos, si bien es cierto que la realidad es que hay gente que te lo pone muy difícil, bien porque te miran fijamente con cara de póker, o porque tienen el ceño fruncido, o están distraídos, o con gesto aburrido. Esto siempre va a ser así en algún momento de la clase, es algo normal, no lo tomes como algo personal y, sobre todo, que no enturbie tu actitud. Engánchate a los rostros amables, también siempre habrá gente que te sonría, que escuche activamente con interés, que participe y que te lo haga fácil.

Por último, no te excuses continuamente, pase lo que pase sonríe y evita frases del tipo: “perdón, estoy muy nervioso”, “lo siento, me he perdido”, “ay, me he equivocado”… El mayor porcentaje de tu audiencia no va a notar si has cometido algún error, o te has olvidado de exponer una idea en una diapositiva, por tanto, ¡no te delates a ti mismo!