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La NASA empieza a detallar su plan para viajar a Marte

Ante todo, las cosas claras: a día de hoy, los planes de la NASA para la exploración tripulada de Marte se reducen a unos cuantos Power Point. Si hubiera alguna raza alienígena por ahí fuera observándonos y estudiándonos, le costaría comprender cómo y por qué una especie que conquistó la Luna hace casi medio siglo ha vuelto desde entonces a encerrarse en su planeta; y cómo y por qué la agencia espacial responsable de aquel logro hoy ya ni siquiera tiene naves para enviar a los suyos a la órbita terrestre.

Probablemente no sería necesario explicarles a esos hipotéticos alienígenas todo aquello de la carrera espacial y la guerra de Vietnam. Bastaría con resumirles las dos razones básicas de lo anterior: falta de dinero y falta de voluntad. Una financiación que se ha desplomado desde el 4% del presupuesto de EEUU hasta el 0,5%, y una opinión pública con intereses y enfoques muy diferentes a los que primaban hace medio siglo.

Para viajar a Marte se necesita mucho, mucho dinero; algo fácilmente comprensible para cualquiera, excepto al parecer para Donald Trump. El presidente de EEUU ha expresado su apoyo a la exploración humana del espacio, y en concreto de Marte. Y sin embargo, su propuesta de presupuesto anual para la NASA recorta en 400 millones de dólares el aprobado por el Congreso de EEUU, y en 200 el de 2016.

La ley aprobada por el Congreso y firmada por Trump a finales de marzo obliga a la NASA a empezar a convertir sus Power Point sobre Marte en una realidad. En concreto y entre otros mandatos, la ley impone a la NASA el desarrollo de una hoja de ruta para la exploración humana del espacio “con el objetivo a largo plazo de misiones humanas en o cerca de la superficie de Marte en la década de 2030”. El documento añade que la NASA deberá entregar una primera hoja de ruta tentativa el 1 de diciembre de este año.

La agencia espacial estadounidense está inmersa en el desarrollo de su nueva generación de cohetes y naves tripuladas, que en los próximos años deberán llevar astronautas a la Estación Espacial Internacional y a la Luna. El Space Launch System (SLS), el mayor cohete construido desde los Saturno V del programa Apolo, debería despegar por primera vez en noviembre de 2018, aunque noticias recientes sugieren que probablemente se retrasará.

La nueva cápsula tripulada, Orión, superó su primera prueba de vuelo sin tripulación en diciembre de 2014, que conté en directo en este blog. Pero fíjense: según la NASA, aquella misión, llamada Exploration Flight Test 1, se correspondía en su concepto y objetivos con la Apolo 4 de 1967. Solo dos años después, Armstrong y Aldrin pisaban la Luna. Hoy, sin embargo, las primeras misiones tripuladas de las Orión al espacio no se esperan antes de 2021, y probablemente aún después.

Esta dilatación de los plazos, que no parece llevar a ningún objetivo visible en el horizonte, debería cesar si la agencia espacial tiene que cumplir los plazos impuestos ahora legalmente por el Congreso. Y parece que la fusta de los legisladores en el culo de la NASA ya ha empezado a surtir efecto: recientemente el jefe de exploración humana de la agencia, William Gerstenmeier, ha presentado al consejo asesor de la NASA un documento que comienza a definir las fases a abordar para el regreso a la Luna y el viaje a Marte.

Ilustración de la estación lunar DSG y la lanzadera marciana DST. Imagen de NASA.

Ilustración de la estación lunar DSG y la lanzadera marciana DST. Imagen de NASA.

El documento desglosa el proceso en cinco fases. En resumen, plantea el establecimiento de una pequeña estación en la órbita lunar, llamada Deep Space Gateway (DSG), que servirá como apoyo a las misiones lunares de la NASA y otras agencias, y como escala en el viaje hacia Marte. Los astronautas volarán hasta la DSG en las Orión, pero allí tendrán que hacer transbordo a la línea marciana que estará operada por una nave más grande y capaz: el Deep Space Transport (DST), un tubo de 41 toneladas que servirá como lanzadera reutilizable para los trayectos Luna-Marte y Marte-Luna. Los plazos van más o menos así:

Fase 0: es el momento actual. El objetivo es desarrollar las tecnologías necesarias y probarlas en la Estación Espacial Internacional, además de estudiar el posible aprovechamiento de recursos lunares para las futuras misiones. Durante el proceso se consolidará una colaboración con las compañías espaciales privadas, como SpaceX y Boeing.

Fase 1: de 2018 a 2025 se lanzarán seis misiones que sostendrán la construcción de la DSG.

Fase 2: en 2027 se lanzará el DST a la DSG. Como ensayo general antes de la travesía hacia Marte, cuatro astronautas permanecerán en órbita lunar durante 400 días a bordo del DST.

Fase 3: a partir de 2030, nuevas misiones abastecerán a la DSG y al DST y transportarán a este último a cuatro astronautas, los tripulantes del primer viaje a Marte. La misión durará tres años y no incluirá el aterrizaje, sino solo la aproximación.

Fase 4: en esta última etapa es cuando deberían llevarse a cabo las misiones tripuladas a la superficie de Marte y el establecimiento de una base marciana, pero el documento de Gerstenmeier no lo detalla.

Sí, por el momento todo esto es solo… ¿adivinan? Eso es, un Power Point. Pero la fusta amenaza, y para el 1 de diciembre deberá ser algo más. Como mínimo, un PDF.

Pasen y vean: no es un vídeo ovni, es la reentrada de Orión

El pasado 5 de diciembre, la nave Orión de la NASA debutó en el espacio con un vuelo de cuatro horas y media que se ejecutó con total perfección. Tanta que el editor de la web NASA Watch, Keith Cowing –antiguo empleado de la agencia, hoy voz crítica y fuente imprescindible– escribió en su Twitter: “Alguien en la NASA debería derramar su café sobre el teclado ahora mismo. Ninguna misión puede ser tan perfecta”. Pero lo fue, con un resultado tan brillante que la puerta de acceso del ser humano al espacio exterior –el verdaderamente exterior, no el de los gansos de la Estación Espacial Internacional pateando pelotitas en gravedad cero– parece reabrirse lentamente, chirriando sobre sus viejos goznes oxidados tras 42 años de clausura.

Aún quedan largos años de espera hasta que Orión viaje en misiones reales con astronautas a bordo; para empezar, el cohete que deberá lanzarla al espacio aún no existe. Pero de momento, el vuelo de prueba nos ha dejado un vídeo que la NASA publicó ayer en su web y que nos muestra lo que habríamos contemplado desde la pequeña cápsula si hubiéramos viajado en su interior durante su primera misión. Para los terrícolas sin esperanza ni posibilidades de viajar jamás al espacio, diez minutos es el tiempo que tardamos en desplazarnos desde el punto A del atasco de la A-6 hasta el punto B del mismo atasco. Pero en esos diez minutos, Orión regresa del espacio a la Tierra, hundiéndose en la atmósfera terrestre a 32.000 kilómetros por hora.

Una parte de este vídeo fue retransmitida en directo por NASA TV a través de la web de la agencia, ofreciéndonos un seguimiento del descenso en directo. Pero en la fase más crítica, cuando el escudo térmico de Orión soportaba temperaturas de 2.200 grados centígrados, la comunicación sufría un corte temporal que nos impidió comprobar cómo se veía esa travesía del infierno desde las ventanas de la cápsula. Una vez que la nave fue recogida después de su amerizaje en el Pacífico, los técnicos de la misión han recuperado la grabación que ahora se publica íntegra.

La inmersión vertiginosa de Orión en la atmósfera produce un rozamiento brutal que crea una capa de plasma o gas ionizado alrededor de la nave. Desde el interior, el fenómeno se aprecia con la aparición de una mancha luminosa en el cielo –en el mejor estilo de los presuntos avistamientos de ovnis– que va transformándose en una especie de medusa y cambiando de color hacia el magenta a medida que sube la temperatura. Durante la reentrada tenemos la referencia de la superficie terrestre, que luego desaparece cuando los reactores de Orión la orientan en posición para desplegar los paracaídas.

Una curiosidad del vídeo es cómo la línea del horizonte se aprecia plana, incluso cóncava. Aunque la NASA no aclara detalles respecto a la lente utilizada, es de suponer que se empleó un gran angular próximo al ojo de pez, lo que produce la curvatura de las líneas horizontales que es más acusada cuanto más se alejan estas del centro de la imagen. En este caso la inversión de la curvatura terrestre no es más que un efecto de la lente, pero lo más interesante es que este fenómeno puede producirse también por causas naturales en el interior de la capa atmosférica.

Supe por primera vez de este fenómeno a través de un relato de Edgar Allan Poe, uno de mis autores de cabecera (y sobre el que girará mi cuarta novela, en preparación). La incomparable aventura de un tal Hans Pfaall cuenta el viaje ficticio de un hombre a la Luna en globo, una posibilidad que hoy nos resulta tan ridícula que ni nos paramos a pensarla, pero que no parece teóricamente imposible. “Lo que más me asombró del aspecto de las cosas de abajo fue la aparente concavidad de la superficie del globo”, escribía Poe en boca de su aeronauta a medida que ascendía al cielo.

Hay que tener en cuenta que en tiempos de Poe aún no existía prueba directa de la esfericidad de la Tierra. Solemos pensar que el primer viaje de Colón probó que la Tierra es redonda, pero lo cierto es que el navegante no llegó a Oriente, sino a América. A pesar de que los experimentos indirectos sugerían un planeta esférico, muchos desafiaban esta hipótesis. Poe no dudaba sobre la esfericidad de la Tierra, a juzgar por sus escritos (aunque sí se sumó a la errónea teoría de la Tierra Hueca). Ignoro de dónde sacó el escritor la idea de que a cierta altura la superficie de la Tierra parecería cóncava, pero Poe lo justifica con una presunta explicación geométrica que suena a mojiganga, a sátira seudocientífica disfrazada de verosimilitud, como es el propio relato entero de Hans Pfaall.

Lo más sorprendente es que existen circunstancias meteorológicas en las que este efecto puede producirse: se llama efecto Hillingar, y consiste en que el gradiente de densidad de la atmósfera puede combar los rayos de luz horizontales, llevando nuestra vista más allá del horizonte y ofreciendo una perspectiva de “tierra plana”. El efecto es aún mayor cuando se produce lo que los meteorólogos llaman una inversión térmica, es decir, que el aire caliente asciende y la temperatura es mayor a cotas superiores. Cuando un gradiente preciso de temperatura produce una curvatura mayor en la luz que la que compensa la curvatura terrestre, el efecto es el de una superficie terrestre cóncava.

En el siglo XIX, la interferencia de esta ilusión óptica en el famoso experimento de Bedford Level hizo creer a muchos que la Tierra era plana, y esta fue una inspiración principal de un movimiento que ha perdurado hasta hoy. Sí, sí, hasta hoy. Por pasmoso que parezca, la Sociedad de la Tierra Plana continúa existiendo y hasta dispone de página web, en la que se afirma que “la doctrina de la Tierra redonda es poco más que un bulo elaborado”. En un artículo publicado hace algunos años en la BBC, uno de sus miembros, un tal John Davis, decía que estaba creando un repositorio de información online “para ayudar a reunir las comunidades locales de la Tierra Plana en una comunidad global”. ¿Cómo? ¿Global?

Y sin más, he aquí el vídeo de Orión:

Por qué Orión es lo más importante desde el “pequeño paso” de Armstrong

Lanzamiento de la nave Orión en un cohete Delta IV Heavy el pasado 5 de diciembre desde Cabo Cañaveral. Imagen de NASA / Bill Ingalls.

Lanzamiento de la nave Orión en un cohete Delta IV Heavy el pasado 5 de diciembre desde Cabo Cañaveral. Imagen de NASA / Bill Ingalls.

Quizá algún visitante asiduo de este blog se pregunte por qué no me he ocupado aquí de la proclama lanzada por la NASA la semana pasada sobre una misión tripulada a Marte prevista para la década de 2030. El proyecto se anunció a bombo y platillo aprovechando la ocasión de la primera prueba de la cápsula Orión, el nuevo vehículo de la agencia espacial estadounidense capaz de acoger tripulación desde la jubilación de los transbordadores, y que en el futuro servirá para enviar astronautas más allá de la órbita baja terrestre por primera vez desde la última misión Apolo en 1972.

Hay dos motivos por los que no lo he comentado aquí. El primero es que no se anunció nada nuevo, sino que tan solo se aprovechó la atención popular al despegue de la Orión para pregonar algo ya sabido. Pero sobre todo, el segundo motivo es que no me lo creo. Y si bien es cierto que importa un ardite lo que yo me crea o me deje de creer, se da la circunstancia de que son muchas las fuentes autorizadas del propio sector en EE. UU. las que ponen en duda la viabilidad de lo que se ha acuñado como NASA’s Journey to Mars. Y la cosa cobra una especial relevancia cuando quien tampoco se lo cree es John Holdren, asesor científico principal del presidente Barack Obama. En declaraciones a la cadena pública estadounidense PBS previas al lanzamiento de Orión, Holdren decía:

No creo que los actuales presupuestos alcancen para patear la lata por la carretera [traducción literal]. Alcanzan para, dentro de límites razonables, dar los pasos que necesitamos con vistas a, en último término, ir a Marte. Eventualmente, sí, entre ahora y 2030, necesitaríamos aumentar el presupuesto. Con el presupuesto actual no llegaríamos a Marte, eso es correcto.

Es decir. Que según Holdren, la NASA tiene el proyecto de viajar a Marte del mismo modo que yo tengo el proyecto de construirme una casa en Kenya y marcharme a vivir allí cuando mis hijos crezcan y se emancipen. O sea, una aspiración concebible, pero absolutamente inviable con los presupuestos de la NASA y los míos.

Siendo así, parecería que mis próximos movimientos deberían ser criticar el suflé del márketing de la NASA, tan vacío como la parcela en la que nunca construiré mi casa kenyana, y desacreditar la Orión calificándola como una flecha sin blanco. Pero no. Nada de esto. En cuanto al márketing de la NASA, más abajo explicaré por qué lo considero un instrumento valiosísimo. Y respecto a la Orión, como afirmo en el título de este artículo, es lo más importante que ha sucedido en el espacio desde el “pequeño paso” de Neil Armstrong sobre la Luna.

A EE. UU. le ha costado 42 años poner el primer raíl para comenzar a encaminarse hacia el lugar a donde llegó hace 47 años. No es fácil de comprender. Pero como hace unos días alegué en una respuesta a un comentario en este blog, las varias razones por las que esto ha sucedido pueden resumirse en una palabra, una que representa el gran obstáculo al que el programa espacial de EE. UU. ha tenido que enfrentarse a lo largo de los años. Esa palabra es democracia.

Mientras que la exURSS, hoy Rusia, ha podido mantener una trayectoria más o menos constante y firme en lo que respecta a su presencia en el espacio, la exploración espacial de EE. UU. está sujeta al control de los votantes. A comienzos de la década de 1970, con el fin de la carrera espacial y una guerra en Vietnam que se desplomaba hacia el desastre, ya no era pertinente ni justificable que más del 4% del presupuesto federal fuera destinado a la NASA, como ocurría en los gloriosos tiempos de mediados de los 60. Este es el único y exclusivo motivo por el que a la Luna no siguió Marte como próxima estación: ni teorías de conspiración, ni gaitas. Simplemente, se acabó el dinero, y sin dinero no hay billete.

Desde entonces, EE. UU. renunció a permanecer en el espacio más allá de la órbita baja terrestre. Los nuevos shuttles o transbordadores espaciales fueron vendidos y contemplados en su día como el autobús directo del hombre hacia las estrellas, un clímax de tecnología futurista que adornó incluso una película del mejor 007 que ha existido, Roger Moore (esperen a que me ponga el casco antes de empezar a lanzarme objetos). Pero en realidad, los shuttles fueron una aparatosa cortina de humo y un sistema destinado a periclitar.

A lo largo de las pasadas cuatro décadas, la exploración humana del espacio ha encontrado en EE. UU. escasos apoyos y numerosos detractores, sobre todo entre los científicamente conservadores, que no necesariamente coinciden con los ideológicamente conservadores. Y cuatro décadas es demasiado tiempo para conservar lo aprendido. No es que la tecnología del programa Apolo desapareciera o quedara confinada en ordenadores obsoletos a los que ya no se puede acceder. Según Keith Cowing, uno de los tipos que mejor conocen la NASA en todo el mundo –exempleado de la agencia y fundador del blog NASA Watch–, se trata de una leyenda urbana: todos los planos de las Apolo están microfilmados y los almacenes de la NASA aún conservan toneladas de tecnología de entonces. Pero lo que sí es cierto es que los ingenieros de entonces se retiraron o murieron sin que nadie tomara su relevo, y se dice que hoy no existe una sola persona que conserve todo el conocimiento global de aquellas misiones. Y si una fábrica de zapatos abandona esta actividad y decide dedicarse en su lugar a curar jamones durante 40 años, volver a fabricar zapatos supondrá un regreso a la casilla de salida. Las máquinas seguirán ahí, pero lo que se conoce como know-how se habrá volatilizado.

La cápsula Orión después de su amerizaje en el Pacífico el pasado 5 de diciembre. Imagen de U. S. Navy.

La cápsula Orión después de su amerizaje en el Pacífico el pasado 5 de diciembre. Imagen de U. S. Navy.

Es por esto que el programa Orión ha obligado a la NASA a practicar una verdadera excavación arqueológica en sus archivos y en sus almacenes para alcanzar algo parecido a lo que se logró hace más de cuatro decenios. Por ejemplo, el escudo térmico de la Orión es básicamente el mismo que se utilizó en las Apolo. En 2008, un equipo de la NASA viajó a un almacén de la Smithsonian Institution en Maryland para abrir una vieja caja en la que se guardaban fragmentos del escudo térmico de las Apolo, con el fin de estudiar su diseño y la respuesta de los materiales.

Todo lo anterior explica el inmenso logro que supone haber llegado al momento en que la Orión ya es una realidad, aunque el cohete destinado a llevarla al espacio aún no lo sea. Y que el primer vuelo de prueba de la nave la pasada semana se completara con una perfección milimétrica en todos sus pasos y todos sus sistemas nos confirma que estamos en los primeros días del regreso del hombre al espacio, la exploración humana 2.0.

No obstante, como decía Holdren, para dar el salto efectivo hará falta mucho más dinero. Y es dudoso que el contribuyente actual compre. Sin embargo, en los últimos años otro jugador ha entrado en el tablero de la exploración espacial: el sector privado. La iniciativa empresarial ya ha remolcado al espacio a las agencias estatales en sentido literal, gracias a las misiones privadas a la Estación Espacial Internacional. Pero también en un sentido menos literal, el acceso de las compañías a la carrera de las misiones tripuladas puede remolcar el peso muerto de las agencias estatales que no desean convertirse en actores secundarios, además de suplementar los fondos necesarios. La nueva exploración humana del espacio será en parte privada, o no será. Aunque a muchos no les guste.

Pero decía que iba a elogiar el márketing de la NASA, y con esto termino. Gracias a ese amplio esfuerzo publicitario, quienes tenían uso de razón en julio de 1969 pudieron disfrutar de la retransmisión televisiva más trascendental de la historia. Gracias a ese márketing pudimos seguir en directo la primera prueba de la Orión. Frente a la criticada actitud, digamos traslúcida, de nuestra propia agencia europea del espacio (la ESA), la NASA es una constante ventana abierta hacia el espacio. Digámoslo de esta manera: si algún día los chinos llegan a la Luna, nos enteraremos después y a medias, y difícilmente llegaremos a sentirlo como algo propio. En cambio, la NASA nos sienta a todos en primera fila como testigos directos, nos hace partícipes de sus logros como si realmente representaran a la humanidad en su conjunto. Por algo fueron ellos quienes inventaron Hollywood. En una entrevista el día del debut de Orión, el director de la NASA, Charlie Bolden, dijo: “El mundo quiere que volvamos a asumir el liderazgo en el espacio”. Por mi parte, si esto significa que podré verlo en vivo, sí, quiero.

La nueva nave Orión de la NASA completa su primera misión con éxito

Como ayer conté aquí, hoy viernes la NASA emprende el segundo intento de lanzamiento de su nueva cápsula Orión, que supone el regreso de la agencia espacial estadounidense a las naves tripuladas después de la jubilación de los transbordadores. La Orión, diseñada para acomodar a cuatro tripulantes, servirá en el futuro para llevar astronautas más allá de la órbita baja terrestre, quizá a Marte. El lanzamiento de hoy es el primer vuelo de prueba de la Orión, que en esta ocasión despegará sin tripulación para ascender a casi 5.800 kilómetros de distancia de la superficie terrestre antes de reentrar en la atmósfera y amerizar en el océano Pacífico.

Con Orión, la NASA ha abandonado el modelo de avión reutilizable que inspiró la creación de los shuttles, regresando al esquema clásico de cápsula y cohete que tan buenos resultados dio en tiempos del programa Apolo y que Rusia ha continuado empleando en sus Soyuz con una hoja de servicio casi impecable. Para la NASA supone un gran cambio, e incluso en su momento los ingenieros de la agencia debieron emprender casi una labor arqueológica en sus propios archivos para recuperar detalles del diseño de las misiones Apolo. La NASA regresa además a un sistema de reentrada y recuperación que no empleaba desde hace 40 años, el amerizaje de las cápsulas en el océano.

Las futuras misiones reales llevarán las Orión al espacio a bordo de un cohete que aún no existe, el Space Launch System (SLS), que probablemente no estará listo para despegar antes de 2018. Por el momento, la Orión utilizará el cohete Delta IV Heavy, fabricado por United Launch Alliance (ULA) y que ya ha volado anteriormente en siete ocasiones. En su vuelo inaugural en 2004, esta lanzadera se vio aquejada por un fallo en la canalización del combustible que no le impidió despegar, pero que la obligó a quedarse en una órbita más baja de la prevista. Los seis lanzamientos restantes se completaron con éxito.

El lanzamiento del cohete Delta IV Heavy con la cápsula Orión estaba inicialmente previsto para ayer jueves a las 13:05 (hora peninsular española) desde Cabo Cañaveral (Florida), pero el despegue tuvo que cancelarse por una acumulación de problemas. Primero, un barco no autorizado invadió la zona de seguridad en torno a la plataforma de lanzamiento. Una vez resuelta la intrusión, los detectores automáticos de viento abortaron la cuenta atrás en dos ocasiones. Cuando por fin todo parecía dispuesto y en orden, una nueva cuenta atrás fue interrumpida debido a un contratiempo técnico. Al parecer, las válvulas de llenado y drenaje de dos de los propulsores no se cerraban.

Los ingenieros trabajaron a toda prisa para tratar de subsanar la avería, pero finalmente se consideró más prudente suspender el lanzamiento y revisar los sistemas con más calma. Según dijo ayer en rueda de prensa el jefe de operaciones de ULA, Dan Collins, este problema con las válvulas ya se había presentado en un vuelo anterior, pero en aquella ocasión la ventana de lanzamiento era más prolongada y los técnicos consiguieron solucionar el percance para que el cohete pudiera despegar.

La ventana de lanzamiento se abre de nuevo hoy a las 13:05. Esto quiere decir que el despegue está previsto para esa hora, pero en caso de retraso se puede reprogramar en cualquier momento hasta las 15:44, siempre hora peninsular española. Si no se ha logrado para entonces, aún sería posible aplazar la misión otras 24 horas hasta el sábado. Y si esto tampoco funciona habría que buscar nuevas fechas, según Collins.

Como ayer, abro aquí la ventana del canal de televisión de la NASA que retransmitirá la misión. Debajo del vídeo iré actualizando la información en directo, lo que también haré en mi Twitter @yanes68.

Broadcast live streaming video on Ustream

Actualización (12:42): el pronóstico del tiempo da un 40% de posibilidades de despegue, pero en los últimos 20 minutos el viento se ha mantenido en los límites aceptables. Media hora para el despegue.

12:55: el tiempo es adecuado para el despegue.

12:59: todos los equipos dan luz verde al lanzamiento.

13:01: comienza la cuenta atrás de 4 min.

13:05: ¡LANZAMIENTO!

13:12: el cohete asciende después de la separación de los propulsores laterales y central.

13:23: Orión se ha insertado en su órbita después de parar el motor de la fase superior.

15:00: reignición de la segunda fase del cohete Delta IV. La Orión sale de la órbita baja terrestre y se dirige a su altura máxima a 5.800 km.

15:05: segunda parada del motor de la segunda fase. La nave Orión sube ahora hacia su altura máxima.

15:23: Orión está atravesando el cinturón de radiación de Van Allen. Las cámaras se han apagado.

16:11: Orión alcanza su altura máxima de 3.604,2 millas.

16:30: Orión se separa de la segunda fase del cohete Delta IV Heavy y vuela libre descendiendo hacia la Tierra.

17:20: Orión está reentrando en la atmósfera terrestre.

17:26: Orión despliega sus paracaídas.

17:29: Orión ameriza en el Pacífico al oeste de Baja California.

La primera potencia espacial ya tiene nave nueva

Hoy no se puede hablar de otra cosa. Mientras escribo estas líneas, continúa la cuenta atrás hacia las 13:05, hora peninsular española, momento en que la nave Orión despegará por primera vez hacia el cielo. Se trata del primer vuelo de prueba de la nueva cápsula que la NASA utilizará en el futuro para llevar astronautas más allá de la órbita terrestre, incluso a Marte.

Desde que EE. UU. jubiló sus transbordadores espaciales, los astronautas de aquel país han viajado a la Estación Espacial Internacional (ISS) –el único destino actual de los vuelos tripulados– en las siempre fiables Soyuz rusas. Orión supone el regreso de la primera potencia espacial a la arena de los viajes espaciales tripulados. En este primer vuelo, Orión viajará de vacío, cubriendo un vuelo de cuatro horas y media hasta una altura de unos 5.800 kilómetros (como comparación, la ISS vuela a unos 400 km de la Tierra) antes de efectuar su reentrada en la atmósfera y amerizar en el océano Pacífico, un método de reentrada que EE. UU. no ha utilizado desde hace 40 años.

En este primer vuelo, Orión no empleará el que será su lanzador definitivo, el Space Launch System (SLS), aún en fase de desarrollo. Para este debut se utilizará el cohete Delta IV Heavy fabricado por United Launch Alliance, que ya ha volado en siete ocasiones.

Dejo aquí abajo una ventana del canal de la NASA donde se podrá seguir toda la operación a lo largo del día de hoy. Debajo del vídeo iré actualizando la información.

Broadcast live streaming video on Ustream

Actualización (13:05): se retrasa el lanzamiento debido a cuestiones técnicas y a la intrusión de un barco que se ha colado en la zona de seguridad. Lanzamiento previsto a las 13:17.

13:13: el viento aborta la cuenta atrás. La ventana se extiende hasta las 15:44 hora peninsular española.

13:29: sigue el viento. A la espera.

13:46: lanzamiento fijado a las 13:55.

13:53: cuenta atrás abortada de nuevo por el viento.

14:16: lanzamiento fijado para las 14:26.

14:23: cuenta atrás.

14:24: abortada por problema técnico con válvulas de los tanques de combustible.

15:29: lanzamiento fijado para las 15:44, última posibilidad de lanzar hoy.

15:35: cancelado el lanzamiento.

15:36: los problemas técnicos con las válvulas de los propulsores han aconsejado cancelar el lanzamiento de hoy. La NASA lo intentará de nuevo mañana viernes a las 13:05, hora peninsular española.

15:37: offline. Luego, más.