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En Nepal, escapar de una suerte incierta

Rescatan en la frontera a una niña de Nepal cuando estaba a punto de ser llevada a la India. Es una de entre los cientos de menores que se han salvado de la trata de seres humanos después del devastador seísmo del 25 de abril.

Por Naresh Newar, UNICEF

Sapana*, de 15 años, aún tiembla cuando piensa que estuvo a un paso de que la engañaran para llevársela a la India.

“Nunca olvidaré ese día en que casi cometí un terrible error debido a mi desesperada situación”, dice.

Sapana tenía solo 13 años cuando dejó de asistir a la escuela de su aldea de Chhatiwan, en el distrito de Makwanpur, Nepal, para ir trabajar a una fábrica de alfombras situada a 130 km de Katmandú con el fin de ayudar a mantener a su familia.

Las condiciones de trabajo en la fábrica eran atroces. Sapana trabajaba 16 horas al día, desde las 4 de la madrugada hasta tarde por la noche. Los patrones empleaban métodos crueles para mantenerlas despiertas cuando ella y sus compañeras se quedaban dormidas durante las horas de trabajo; por ejemplo, les ponían polvo de chile en los ojos.

Sapana estaba desesperada por escapar de la fábrica. Y no era la única. Muchas niñas como ella, que trabajan para mantener a sus familias pobres, también deseaban huir; algo que parecía imposible dado que los guardas las mantenían bajo estrecha vigilancia.

© UNICEF Nepal/2015/Newar

Sapana, de 15 años, estuvo a punto de que un hombre se la llevara a la India con la promesa de un trabajo © UNICEF Nepal/2015/Newar

La oportunidad

El seísmo que sacudió Nepal el 25 de abril fue devastador: acabó con la vida de miles de personas y dejó a muchas otras sin hogar y necesitadas de ayuda urgente.

Sin embargo, Sapana y sus compañeras de trabajo, cuya situación era ya desesperante, lo veían de otra manera, como una oportunidad. El edificio de la fábrica se había derrumbado y todas las niñas estaban refugiadas en un campamento cercano de tiendas de campaña: la huída parecía fácil.

Sapana y una colega de 18 años no se lo pensaron dos veces cuando un hombre comenzó a trabar amistad con ellas. En los días que siguieron, éste se ganó su confianza y les ofreció trabajo en Nepalgunj, una ciudad del distrito de Banke, en la frontera entre Nepal y la India. Les dijo que allí estarían a salvo del terremoto y que había oportunidades de trabajo en un hotel.

Pero Sapana comenzó a sentir pánico cuando llegaron a la frontera cercana a Nepalgunj, a unos 500 km al sur de Katmandú. Su nerviosismo al parecer era manifiesto en su rostro, porque un equipo de coordinadores fronterizos de la organización no gubernamental Maiti Nepal, aliada de la oficina de UNICEF en Nepal, se percató de su estado. Maiti Nepal se llevó a las niñas en detención preventiva y les dio cobijo.

Sapana facilitó información sobre la fábrica a la policía, con la que se pudo rescatar al resto de las niñas menores de edad que habían estado trabajando allí.

Mirando por la ventana del refugio de Maiti Nepal, Sapana dice: “Me da miedo pensar en lo que nos habría ocurrido de haber cruzado la frontera. Casi caí en la trampa. Pero al menos mi amiga y yo estamos seguras ahora. Eso me hace feliz”.

Un esfuerzo conjunto

Desde que acaeciera el terremoto el 25 de abril, Maiti Nepal ha logrado interceptar en la frontera entre la India y Nepal a 395 niñas y mujeres, la mitad de ellas menores de edad.

Sapana comenzará en breve a estudiar formación profesional gracias al apoyo de Maiti Nepal. Ha escogido la carrera de esteticista, con la que espera poder ganarse la vida.

Lo que más preocupa a Sabana en este momento es su hermana de 10 años, que continúa en la aldea.

“No quiero que corra la misma suerte que yo” dice Sapana. “Mi padre siempre me hizo sentir que no valía nada, hasta el punto de que tuve que tomar la decisión de dejar la escuela para ganar dinero. Así que me pregunto cómo puedo ayudarla a ella”.

Agradecida porque ahora está a salvo, Sapana se deshace en elogios hacia Maiti Nepal, que tanto se ha esforzado en rescatarla.

Es también una de las pocas que está agradecida por el seísmo.

“Mi huida de ese ingrato trabajo no habría sido posible sin el terremoto”, afirma.
*Se ha cambiado el nombre

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