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Entradas etiquetadas como ‘trata’

“Déjame tu pasaporte y todo irá bien, te prometo que vivirás como una reina”

Beatriz Garlaschi. Cruz Roja Española. Belgrado-Atenas. Enero 2018

  • Chantajes, cambio de identidad, secuestro, malos tratos, violaciones, matrimonios forzados, tráfico de órganos o asesinato, son solo algunos de los patrones que se repiten en los millones de casos de trata de personas en todo el mundo.
  • Resulta un tanto anacrónico tener que hablar de esclavitud en el siglo XXI, pero la realidad es que la trata de seres humanos, responde a una versión moderna de esclavitud, reconocida como tal por Naciones Unidas.
  • “La trata” es un problema difícil de identificar en sus primeras fases, que puede afectar a cualquiera y puede darse en cualquier país.
  • Esta crónica cuenta cómo, en Serbia, la Cruz Roja se ha convertido en un referente en la prevención de trata de personas, a través de un proyecto en el que colabora Cruz Roja Española desde el año 2011, una experiencia que puede trasladarse a otros países de Europa.

En Belgrado, las mañanas son ya bastante frías en este mes del año, pero hay multitud de gente caminando hacia el trabajo en las calles del centro. En los parques, deambulan grupos de hombres, cabizbajos, con las manos metidas en los bolsillos. Algunos de ellos son mercaderes modernos, traficantes, que se citan en los lugares públicos y abiertos para discutir sobre los precios de viajes y personas migrantes; prometen una agradable bienvenida a Europa: con la llegada todo será fácil, encontrarán a sus seres queridos y serán felices para siempre.

Entre las mafias que actúan como agencias de viaje para las personas migrantes y los traficantes de personas, hay diferencias, pero se trata solo de una delgada línea que se cruza con frecuencia.

La historia sobre Ana Doula (nombre ficticio), es una de esas historias que te dejan paralizada: Ana era una niña bosnia de 17 años, cuando un familiar convenció a sus padres para llevarla a algún lugar de la Ex-Yugoslavia, prometiéndoles una vida mejor para ella. Esta fue una mala decisión de unos padres con poca información, que solo querían lo mejor para su hija; pero Ana se fue para no volver jamás con ellos, y se convirtió en una esclava sexual, obligada a perpetrar robos, a captar a otras víctimas y a consumir drogas que pagaba con sus horas de esclavitud.

Aunque era triste pegar a otras chicas, había que hacerlo, para sobrevivir, estaba muy perdida, pero en los días en los que le encargaban salir y “hacer negocios”, se sentía grandiosa e importante.

Pasados algunos años de cautiverio, los captores de Ana fueron identificados y encarcelados, se había convertido en una adulta, y tuvo una segunda oportunidad: intentó rehabilitarse y recuperar cierta normalidad; quiso ayudar a otras chicas a ser conscientes de los escurridizos trucos de los traficantes. Pero al final, no fue posible escapar de su pasado; las secuelas psicológicas fueron en su caso más profundas que las huellas físicas que había en su cuerpo. Volvió a enfrentarse con las amenazas de otros traficantes, hasta que entró de nuevo en el bucle del mercado de seres humanos. Hoy, si está viva, tendrá unos 35 años.

Esta es la imagen principal del proyecto de prevención de trata de personas de la Cruz Roja de Serbia, y simboliza a personas tratadas como objetos, privadas de dignidad, de libertad, y de su condición humana. La figura parece humana, pero en realidad, su humanidad se ha convertido en un objeto. La brecha en la cabeza simboliza las secuelas psicológicas de la trata.

La trata puede estar al lado de casa

A muchos padres, madres y docentes de nuestro país, el término esclavitud les puede sonar a problema ajeno y lejano, pero se trata de una situación que puede afectar a cualquiera, y en la que si se invierten recursos y esfuerzos,  (no en atemorizar, sino en educar) se puede hacer bastante para prevenir.

“La trata”, aunque suene a asunto peligroso y oscuro, es un tema de conversación en Serbia, país en el que la Cruz Roja tiene una reconocida experiencia por su trabajo de prevención, gracias a su proyecto “Contra la  trata de personas”, en el que colabora Cruz Roja Española desde el año 2011. Jelena Anjelic, es la coordinadora del proyecto, y para ella, la trata “es un problema relativamente escondido, porque se habla de ello, y se trata de una situación compleja que tiene muchas capas. Los jóvenes saben que existe, pero no son conscientes de que podrían tener el problema en casa, teniendo en cuenta que muchos de ellos quieren salir de Serbia para buscar mejores oportunidades”.

España está a la cabeza en la lista de países demandantes de prostitución, según Naciones Unidas, por lo que somos parte del problema también por ese lado. Pero, es sin embargo en los países de tránsito de personas migrantes hacia la Unión Europea, (y sobre todo en Macedonia, Montenegro, Serbia o Hungría) donde existe un fuerte foco de personas víctimas de trata, debido en parte a la llegada de personas migrantes y refugiadas procedentes de la misma Europa, de Asia o África, sobre todo de menores que viajan a Europa solos.

La situación de los niños y niñas que viajan solos es de lo más desgarrador que puede ver un trabajador del ámbito social

Las mafias han abierto los ojos y los bolsillos ante la llegada de tanta “mercancía”  fácil de menores migrantes no acompañados durante los dos últimos años. A veces, caer en estas redes surge de la pura necesidad por sobrevivir, y los menores solos se dejan llevar por las falsas promesas, en un país cuyo nombre a veces desconocen, que no es el suyo y donde ellos no son de nadie (hasta que un desconocido se encarga de ponerles un dueño, un nombre falso y unas cadenas).

Salimos de Belgrado y después de un recorrido de unos 100 kilómetros  hacia el Oeste por la autopista A3, en dirección a Zagreb, llegamos a Sid, una ciudad de unos 14.000 habitantes, que se encuentra a tan solo tres kilómetros de la frontera con Croacia, donde todavía hay calles sin asfaltar y el barro que han dejado las lluvias acentúa el color gris de los edificios. Cruz Roja da de comer aquí  a 350 personas sin recursos cada día, y trabaja también en el centro de acogida de migrantes y solicitantes de asilo.

En Serbia, el problema de la trata tiene su versión doméstica y la de la inmigración. Por un lado, en la escuela infantil los horarios cambian cada semana, lo que hace muy difícil la logística familiar. Al final, muchos se quedan solos en casa. Y por otro lado, “el problema es que muchos jóvenes quieren irse de Serbia y no están informados, o no saben a quién acudir”, cuenta Vanja Stevanovic, una voluntaria de Cruz Roja de Sid que dedica gran parte de su día a capacitar a niños y niñas para que no caigan en las redes de los traficantes: “En nuestro país, cualquiera puede ser víctima de trata. El problema es que muchos jóvenes quieren irse de Serbia y no están informados o no saben a quién acudir. Nos asusta mucho, porque piensan que es fácil llegar a la Unión Europea. El año pasado se identificaron solo 55 casos, pero se sabe que hay muchos más”, añade.

Sid, Sombor y Subotica son tres de las ciudades fronterizas de Serbia que recibieron un mayor número de personas migrantes a principios de 2016. Los voluntarios de la Cruz Roja de Sid, expertos en trata de personas, han vivido todo tipo de casos, sobre todo después de que la ciudad se convirtiera en la última parada antes de la Unión Europea. Han conocido a familias que enviaban a sus hijos solos a Europa desde Afganistán o Irán. Las mafias les decían que el gobierno europeo pagaría por su reunificación, y así han viajado algunos niños solos hasta aquí, gracias al lavado de cerebro que los traficantes hacen a las familias.

La Cruz Roja Serbia imparte diariamente sesiones para prevenir la trata de personas, es una actividad que se realiza en todo el país y que comienza en la infancia con juegos adaptados a su edad. En la adolescencia, los mensajes son más contundentes, como la imagen que aparece en la pantalla del taller y que simboliza personas privadas de su dignidad humana y de libertad, a causa de la trata.

Una fórmula de Cruz Roja para aliviar el sufrimiento

La Cruz Roja de Serbia trabaja para proteger los derechos humanos,  convertida en una organización referente sobre trata de personas en el país, y en un reclamo muy atractivo para el voluntariado universitario, interesado en la prevención de trata de personas.

Vesna Milenovic, Secretaria General de la Cruz Roja de Serbia, sabe que el “peer to peer” (educación entre iguales) es un buen método,  y comenta que está “convencida de que la educación entre pares es el camino a seguir.  Ahora mismo, con la llegada de inmigrantes, el problema es aún mayor y estamos trabajando contrarreloj para prevenir que se den casos de trata de personas entre los menores no acompañados”.

Las formas de captación de personas en el mercado de la explotación son cada vez más “originales” y en Internet se libra otra batalla contra la trata. Por eso la Cruz Roja de Serbia trabaja también en un proyecto conjunto con Wikipedia en el que una selección de voluntarios, debidamente capacitados, está autorizada para publicar en nombre de Cruz Roja el contenido disponible sobre prevención de trata en esta plataforma para que sea accesible a todo el mundo.

En un día cualquiera que podría ser hoy, en un lugar de Europa fuera del espacio Schengen, una niña de 17 años entrega su pasaporte a un conocido durante un esperanzador viaje por carretera que le cambiará la vida. Confía en él, pues es el hijo de una prima de su madre, el chico tiene un coche y un look impecables. Antes de iniciar el viaje, el chico se muestra contento porque, le dice a la chica, “eres la mujer de mi vida, y te voy a hacer muy feliz…; déjame tu pasaporte”.

Historias de falsas promesas como ésta las cuenta el cortometraje The Observers, realizado por la organización UNITAS-Serbia. Estamos en Belgrado, la ruta por los caminos de la trata en Serbia termina curiosamente en el Festival de Cine serbo-japonés de la capital. El film es un recorrido por el lado más salvaje y aterrador de la vida de las personas víctimas de trata.

Vojin Milosavgevic, estudiante de medicina y voluntario de la Cruz Roja Serbia del proyecto contra la trata, en el Festival de Cine Serbo-japonés de Serbia, entes de la proyección de la película The Observers.

Escuecen los ojos cuando lees “trata de personas”, y nos resulta insoportable, inaceptable y psicológicamente difícil de digerir que esta lacra exista.  Pero lo cierto es que millones de personas en el mundo soportan sufrimientos parecidos a los de Ana Doula o a los de la joven de la película The Observers. Según la ONU, existen alrededor de 21 millones de personas explotadas, laboral o sexualmente, en un mercado inhumano que ya mueve mayores dividendos que el narcotráfico.

Tamara Vicanovic, estudiante de la facultad de Ciencia Política de Belgrado y voluntaria del proyecto de la Cruz Roja de Serbia, dice que para ella, “trabajar como voluntaria para prevenir la trata de personas es una forma de vivir”, y que está “segura de que en el futuro habrá una nueva generación más informada que la nuestra sobre la trata de seres humanos, ese es nuestro objetivo”.

Jóvenes sensibilizadas contra la trata a través del proyecto de Cruz Roja Serbia, en una de las aulas del Instituto de Enseñanza Secundaria de Sid (Serbia). Este centro participa muy activamente en campañas y aportando voluntarios y voluntarias al proyecto. Se trata de chicos y chicas que con un alto porcentaje de seguridad, ya no están en riesgo de caer en las redes de traficantes.

En Nepal, escapar de una suerte incierta

Rescatan en la frontera a una niña de Nepal cuando estaba a punto de ser llevada a la India. Es una de entre los cientos de menores que se han salvado de la trata de seres humanos después del devastador seísmo del 25 de abril.

Por Naresh Newar, UNICEF

Sapana*, de 15 años, aún tiembla cuando piensa que estuvo a un paso de que la engañaran para llevársela a la India.

“Nunca olvidaré ese día en que casi cometí un terrible error debido a mi desesperada situación”, dice.

Sapana tenía solo 13 años cuando dejó de asistir a la escuela de su aldea de Chhatiwan, en el distrito de Makwanpur, Nepal, para ir trabajar a una fábrica de alfombras situada a 130 km de Katmandú con el fin de ayudar a mantener a su familia.

Las condiciones de trabajo en la fábrica eran atroces. Sapana trabajaba 16 horas al día, desde las 4 de la madrugada hasta tarde por la noche. Los patrones empleaban métodos crueles para mantenerlas despiertas cuando ella y sus compañeras se quedaban dormidas durante las horas de trabajo; por ejemplo, les ponían polvo de chile en los ojos.

Sapana estaba desesperada por escapar de la fábrica. Y no era la única. Muchas niñas como ella, que trabajan para mantener a sus familias pobres, también deseaban huir; algo que parecía imposible dado que los guardas las mantenían bajo estrecha vigilancia.

© UNICEF Nepal/2015/Newar

Sapana, de 15 años, estuvo a punto de que un hombre se la llevara a la India con la promesa de un trabajo © UNICEF Nepal/2015/Newar

La oportunidad

El seísmo que sacudió Nepal el 25 de abril fue devastador: acabó con la vida de miles de personas y dejó a muchas otras sin hogar y necesitadas de ayuda urgente.

Sin embargo, Sapana y sus compañeras de trabajo, cuya situación era ya desesperante, lo veían de otra manera, como una oportunidad. El edificio de la fábrica se había derrumbado y todas las niñas estaban refugiadas en un campamento cercano de tiendas de campaña: la huída parecía fácil.

Sapana y una colega de 18 años no se lo pensaron dos veces cuando un hombre comenzó a trabar amistad con ellas. En los días que siguieron, éste se ganó su confianza y les ofreció trabajo en Nepalgunj, una ciudad del distrito de Banke, en la frontera entre Nepal y la India. Les dijo que allí estarían a salvo del terremoto y que había oportunidades de trabajo en un hotel.

Pero Sapana comenzó a sentir pánico cuando llegaron a la frontera cercana a Nepalgunj, a unos 500 km al sur de Katmandú. Su nerviosismo al parecer era manifiesto en su rostro, porque un equipo de coordinadores fronterizos de la organización no gubernamental Maiti Nepal, aliada de la oficina de UNICEF en Nepal, se percató de su estado. Maiti Nepal se llevó a las niñas en detención preventiva y les dio cobijo.

Sapana facilitó información sobre la fábrica a la policía, con la que se pudo rescatar al resto de las niñas menores de edad que habían estado trabajando allí.

Mirando por la ventana del refugio de Maiti Nepal, Sapana dice: “Me da miedo pensar en lo que nos habría ocurrido de haber cruzado la frontera. Casi caí en la trampa. Pero al menos mi amiga y yo estamos seguras ahora. Eso me hace feliz”.

Un esfuerzo conjunto

Desde que acaeciera el terremoto el 25 de abril, Maiti Nepal ha logrado interceptar en la frontera entre la India y Nepal a 395 niñas y mujeres, la mitad de ellas menores de edad.

Sapana comenzará en breve a estudiar formación profesional gracias al apoyo de Maiti Nepal. Ha escogido la carrera de esteticista, con la que espera poder ganarse la vida.

Lo que más preocupa a Sabana en este momento es su hermana de 10 años, que continúa en la aldea.

“No quiero que corra la misma suerte que yo” dice Sapana. “Mi padre siempre me hizo sentir que no valía nada, hasta el punto de que tuve que tomar la decisión de dejar la escuela para ganar dinero. Así que me pregunto cómo puedo ayudarla a ella”.

Agradecida porque ahora está a salvo, Sapana se deshace en elogios hacia Maiti Nepal, que tanto se ha esforzado en rescatarla.

Es también una de las pocas que está agradecida por el seísmo.

“Mi huida de ese ingrato trabajo no habría sido posible sin el terremoto”, afirma.
*Se ha cambiado el nombre