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COVID-19 en Loreto: la región olvidada del Perú que se enfrenta sola a la pandemia

Por Stefanny Peláez – técnico de comunicación de Plan International Perú

América Latina y el Caribe están viviendo un “rápido aumento” de casos de COVID-19, lo que amenaza con desestabilizar una región con sistemas de salud ya de por sí precarios, tal y como ha advertido la Organización Mundial de la Salud. Cinco de los diez países que han registrado el mayor número de nuevos casos -hasta el 2 de junio de 2020-, se encuentran en el continente americano: Brasil, Estados Unidos, Perú, Chile y México.

En Perú, una de las regiones más afectadas por la pandemia es Loreto. La región está ubicada en el noreste del país y es la más extensa, cubriendo el 28.7% del territorio nacional. Loreto se encuentra en la Amazonía peruana y tiene una población de 1.076,937 habitantes; de los cuales, el 11,9% son indígenas. La región está aislada del resto del Perú y la situación de su población requiere de atención urgente por parte del estado y de las organizaciones humanitarias.

El sistema de salud de Loreto está sobrepasado, con más de 6.000 personas infectadas y 305 muertes por COVID-19, según el Ministerio de Salud. Sin embargo, el Dr. Carlos Calampa, director regional de salud, ha indicado en entrevistas que el número real de muertes supera las 1.700. De manera devastadora, el 90% del personal de salud se ha infectado y al menos 20 sanitarios han perdido la vida.

La pandemia de la COVID-19 también ha afectado la economía de Loreto. Los empleos son escasos y la población es cada vez más incapaz de obtener alimentos.

Silvia es voluntaria comunitaria en Plan International Perú en Loreto. Ella ha visto de primera mano el desastre provocado por la COVID-19: “Las familias no tienen trabajo. No pueden comprar sus alimentos ni sus medicinas”.

Como en la mayoría de países del mundo, las escuelas han cerrado debido a la pandemia.

“Sé que tengo la suerte de poder seguir mis clases online, puedo repetir las lecciones y descargar mis materiales”, dice Mallory, un adolescente de 15 años.

Sin embargo, aunque algunas niñas y niños en Loreto tengan la opción de asistir a clases virtuales, la mayoría no tiene acceso y ven negado su derecho a la educación.

“Los niños y las niñas no pueden atender a las clases virtuales porque no tienen televisores o radios. No tienen acceso a Internet y no pueden tener clases, pero además es que algunas casas ni siquiera tienen luz eléctrica “, explica Silvia.

La mayoría de los y las adolescentes tienen que usar los teléfonos móviles de sus padres cuando han terminado sus tareas domésticas. Como resultado, los niños y niñas del país corren el riesgo de perder el resto del curso, y las niñas son especialmente vulnerables al fracaso y el abandono escolar.

Los dos hospitales en Iquitos, la capital de Loreto, están desbordados. “La morgue tiene la capacidad de incinerar entre dos y cuatro cuerpos por día. Entre ayer y hoy llegaron más de ocho cuerpos. Eso es el doble de lo que la morgue puede manejar “, señala el gobernador de Loreto, Elisban Ochoa Sosa. Es por eso que la gente muere en sus casas.

“Los médicos no pueden atender a las familias en casa y si llegan al hospital, a menudo no pueden recibir tratamiento porque el sistema de salud está colapsado”, cuenta Silvia.

La incapacidad para trabajar está exacerbando el problema. La gente tiene hambre y está débil. Eso, combinado con la COVID-19 y un sistema de salud pública ineficiente, es mortal.

“En algunos sectores de la región, la gente ya está poniendo banderas blancas, como alerta, pidiendo ayuda para que puedan recibir víveres para alimentarse. Es desesperante, la verdad, porque lo estamos sintiendo en carne propia”, manifiesta Silvia.

Los retornados de la ciudad u otras regiones conllevan un riesgo adicional para la población indígena: pueden infectarse de COVID-19 en sus viajes y llevarlo de regreso a sus comunidades de origen. Otro factor de riesgo proviene de las donaciones de alimentos y medicamentos, que se transportan a través de embarcaciones, que a menudo carecen de las condiciones higiénicas mínimas requeridas.

El apu de la comunidad indígena de Nueva Alianza, Regner Flores Cariajano, está solicitando pruebas para detectar COVID-19: “No queremos convertirnos en un cementerio (…) No nos dejen morir de esta manera”.

También ha habido situaciones en las que el personal médico ha abandonado sus puestos por temor al contagio, debido a la inexistencia de equipos de protección y protocolos de tratamiento. Alrededor de veinte comunidades indígenas están expuestas a COVID-19 después de que once casos positivos llegaron a su territorio. Esto significa que el riesgo de una infección generalizada sin posibilidad de tratamiento está aumentando.

A pesar de estos desafíos, Plan International ha estado respondiendo a la emergencia sanitaria por la COVID-19 en Loreto en las áreas de salud, educación, transferencias de efectivo y agua, saneamiento e higiene (WASH). Se ha conseguido la entrega de Equipo de Protección Individual (EPIs) al personal de salud, así como la transferencia de efectivo a 466 familias a través del “Bono Plan Familiar”, que han usado el dinero para comprar alimentos, material escolar y medicamentos. Además, se han entregado kits educativos, de higiene y de higiene femenina y se han instalado estaciones de lavado de manos.

Plan International ha adquirido 25 altavoces para retrasmitir clases por radio en 25 comunidades donde niñas, niños y adolescentes no tienen acceso a educación a distancia. Además, el equipo de Loreto está difundiendo mensajes clave sobre hábitos saludables de higiene, ofreciendo protección y prevención de la violencia y educando sobre salud sexual y reproductiva en el contexto de COVID-19.

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