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Los beneficios del deporte, en un minuto (y sin sus riesgos)

Tal vez algún día los responsables de los mensajes que orientan la opinión pública deberían comenzar a tomarse en serio que el deporte no siempre es beneficioso para la salud. El ejercicio moderado regular lo es. Exprimir los límites del organismo sometiendo el cuerpo a esfuerzos brutales prolongados y repetidos que no forman parte del repertorio físico natural de los humanos no solamente no lo es, sino que puede ser letal.

En sólo un mes han muerto cuatro personas que participaban en carreras populares. Y esto no es producto de la fatalidad, los imponderables o el destino, sino de la peligrosa difusión de mensajes erróneos que calan en una población poco informada. Como decía la nota de prensa de una revisión publicada el pasado febrero en la revista Canadian Journal of Cardiology, “hay pruebas crecientes de que altos niveles de ejercicio intenso pueden ser cardiotóxicos y provocar cambios estructurales permanentes en el corazón, los cuales pueden, en algunos individuos, predisponerlos a experimentar arritmias”.

Y no se pierdan lo que decía el autor de la revisión, André La Gerche, médico especializado precisamente en cardiología deportiva: “Gran parte de la discusión sobre los riesgos y beneficios relativos de los deportes de resistencia a largo plazo está secuestrada por mensajes pregonados por los medios, lo que ha alimentado un ambiente en el que uno puede ser criticado simplemente por cuestionar los beneficios del ejercicio físico”.

La Gerche, cardiólogo del deporte, ha demostrado gran valentía al pronunciarse públicamente en contra de una moda que glorifica al atleta de élite y favorece la popularización de deportes extremos como maratones, ene-tlones y Iron Mans (o Men). Los medios suelen presentar a sus practicantes como ejemplos a imitar, cuando en realidad están castigando su organismo con actividades potencialmente nocivas. Imagino que a La Gerche le habrán llovido palos de otros colegas de profesión; aunque, haciendo realidad su propia predicción, su mensaje apenas tuvo eco público. En efecto, hablar en contra del deporte suele acarrear el silencio o la descalificación.

Pero mientras los concernidos deciden, si es que lo hacen, valorar su cuota de responsabilidad en la promoción de actividades perjudiciales para la salud, quedémonos con los beneficios, los del ejercicio moderado. Aquellos a quienes el deporte no nos interesa, nos aburre y nos obliga a consumir un tiempo que preferiríamos emplear en otra actividad menos repetitiva y más estimulante, desearíamos que los frutos del ejercicio suave pudieran venir en una píldora. Aunque suene a coña, desde el punto de vista biológico tiene todo el sentido. No hay ninguna magia ritual en el provecho del ejercicio físico, sino sólo procesos bioquímicos que podrían inducirse por otros medios.

Imagen de Wikipedia.

Imagen de Wikipedia.

Hasta el día en que llegue esa píldora, de momento tenemos otra solución intermedia muy aceptable. Un nuevo estudio descubre que 60 segundos de ejercicio intenso, tres veces a la semana, igualan los beneficios cardiometabólicos de 45 minutos de ejercicio moderado con la misma periodicidad.

Los autores, de la Universidad canadiense de McMaster, partieron en tres un grupo de voluntarios sin actividad física regular. A los primeros los dejaron como estaban. A los segundos les impusieron un programa de 45 minutos de bicicleta a un 70% del máximo ritmo cardíaco, precedidos por dos minutos de calentamiento y seguidos por tres minutos de recuperación, tres veces a la semana durante 12 semanas. Por último, el tercer grupo siguió el mismo plan, excepto que los 45 minutos a ritmo medio se sustituían por tres tandas de 20 segundos (en total, un minuto) de esprint separadas por dos minutos de pedaleo suave; en total, sumando calentamiento y recuperación, diez minutos.

Los tres grupos fueron sometidos a un seguimiento a través de mediciones de capacidad aeróbica (VO2 máx), consumo de glucosa, sensibilidad a insulina y actividad enzimática muscular. Según el estudio, publicado en la revista PLOS One, todos los parámetros mejoraban a niveles similares en los dos grupos de ejercicio, sin cambios apreciables en el grupo de control.

El director del estudio, Martin Gibala, dice que su modelo no sólo es válido para la bicicleta: “los principios básicos se aplican a muchas formas de ejercicio”. La idea es muy sencilla, pero funciona: un millón de euros es un millón de euros, ya sea todo de una vez o céntimo a céntimo. Y la opción del minuto no requiere apuntarse a un gimnasio, ni siquiera comprarse un chándal: “Subir unos cuantos tramos de escaleras en la hora de la comida puede proporcionar un ejercicio rápido y eficaz; los beneficios para la salud son significativos”, dice Gibala.

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