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Los secretos de las ciencias para
los que también son de letras

¿Las ancianas británicas tienen la culpa del crecimiento del autismo?

Hay dos maneras de enfocar el asunto que vengo a tratar hoy. Una, la comprensiva. Ignoro si Stephanie Seneff, investigadora del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), tiene cerca a alguien querido que sufra de una enfermedad incurable de origen desconocido. Es probable que sí, dado que la mayoría tenemos algún caso próximo a nosotros: alzhéimer, autismo, párkinson o esclerosis múltiple, por citar ejemplos, son terribles trastornos cuyas causas aún son oscuras, pero que siempre vienen a cercenar drásticamente la idea que nos habíamos formado sobre cómo debería ser la vida, la nuestra y la de los nuestros.

Imagino que cuando nos encontramos de repente en alguna de estas situaciones nuestra mente atraviesa fases muy dispares, pero es natural que al fondo de todo ello se enquiste una pregunta: ¿por qué? ¿Por qué a mí? ¿Por qué a los míos? Y ante la incapacidad de respondernos, es natural que fabriquemos las respuestas que mejor encajan con nuestra visión del mundo. Sean las que sean.

La segunda manera es mucho menos tolerante, pero es la que me toca. Uno no suele caer simpático cuando hace esto; qué le vamos a hacer. Como dice el tópico, es un trabajo sucio, pero alguien tiene que hacerlo. Esta segunda manera consiste en denunciar el inmenso daño que Stephanie Seneff y otros como ella producen sobre todo a los familiares de las personas afectadas, pero también a la credibilidad de la ciencia en una época en que la información científica que discurre por los canales mayoritarios de información (internet y sus redes sociales) es muchas veces indistinguible de la seudociencia o el simple camelo.

Esta es la historia. Seneff es una licenciada en biofísica en 1968 que después de su graduación enfocó su trabajo hacia el campo de la computación. Desde hace años ejerce como investigadora del Laboratorio de Ciencias de la Computación e Inteligencia Artificial del MIT, áreas en las que al parecer ha desarrollado una carrera solvente, según se deduce de su trayectoria y su registro de publicaciones. Pero en los últimos años, Seneff ha derivado hacia una línea de intereses muy diferente. Así lo expone ella misma en su reseña biográfica en la web del MIT:

En los años recientes, la doctora Seneff ha focalizado el interés de sus investigaciones de regreso a la biología. Se está concentrando principalmente en la relación entre nutrición y salud. Desde 2011, ha escrito diez estudios (siete como primera autora) en varias revistas médicas y relacionadas con la salud sobre temas tales como las enfermedades modernas (por ejemplo, alzhéimer, autismo, enfermedades cardiovasculares), el análisis y la búsqueda de bases de datos sobre efectos secundarios de los fármacos utilizando técnicas de procesamiento de lenguaje natural, y el impacto de deficiencias nutricionales y toxinas ambientales en la salud humana.

De todo esto, queda claro que Seneff no es doctora en biología; ni siquiera es bióloga. Sus intereses actuales regresan a un lugar en el que nunca ha estado antes. Seneff no tiene la más mínima autoridad ni cualificación para pontificar sobre efectos secundarios de los fármacos, deficiencias nutricionales o toxinas ambientales. Todo lo que ella diga o escriba sobre lo que se permite llamar enfermedades “modernas” (lo cual es tanto como llamar moderno a Plutón, ya que no se descubrió hasta el siglo XX) tiene el mismo valor que lo que pueda decir cualquier persona de la calle.

El de Seneff no es un caso único, sino que sigue una larga tradición de científicos que se han distinguido por elevar proclamas fantasiosas o estrambóticas sobre materias ajenas a sus investigaciones. Como ya he contado aquí anteriormente, Francis Crick, el codescubridor de la estructura del ADN, creía que la vida en la Tierra había sido sembrada por una raza de alienígenas sumamente avanzados; su compañero James Watson saltó a la infamia hace unos años al afirmar que los negros son menos inteligentes que los blancos; Kary Mullis, el inventor de la PCR, rechaza que el VIH sea el causante del sida y en su autobiografía narró su encuentro con un mapache alienígena; el astrónomo Fred Hoyle negaba la evolución de las especies y el origen biológico del petróleo; el codescubridor del VIH, Luc Montagnier, cree que el agua es capaz de recordar los compuestos que contuvo, el principio en el que se basa la homeopatía.

A propósito de este peculiar fenómeno, el astrónomo y presidente de la Royal Society de Reino Unido, Martin Rees, comentaba al diario The New York Times que los científicos no suelen hacer sus grandes descubrimientos en su vejez, y que muchos de ellos deciden remediarlo metiéndose en terrenos desconocidos donde el agua les cubre. Y por supuesto, comparar a Seneff con todos estos casos es hacerle un enorme favor, ya que en el currículum de esta investigadora no figuran premios notorios ni distinciones de ninguna otra clase.

Seneff parece haber desarrollado una especie de obsesión por demostrar que ciertos compuestos de uso actual son los causantes de trastornos como el autismo. Entre esas sustancias están (cómo no) ciertos ingredientes de las vacunas, así como un herbicida llamado glifosato que la multinacional de cultivos transgénicos Monsanto comercializa bajo el nombre de Roundup. Sobre el glifosato se ha escrito y estudiado mucho, y su toxicidad aún es materia de discusión. A nadie se le escapa que los herbicidas no son los compuestos más saludables del mundo. Probablemente los efectos del glifosato sobre la salud sean nocivos, y quizá incluso debería prohibirse su uso. Pero de ahí a atribuirle el origen de ciertos trastornos concretos media un abismo científico que hay que superar con pruebas contundentes.

La investigadora del MIT parte de un convencimiento personal de que el glifosato es la causa del autismo. Y su manera de demostrarlo es tirar de estadísticas; comparar conjuntos de datos sobre el uso de glifosato y los casos de autismo, correlacionarlos y decir, “ahí lo tenéis”. Recientemente, Seneff participó en una conferencia sobre productos transgénicos organizada en Massachusetts por un negocio de presuntas terapias alternativas llamado Groton Wellness, y allí presentó el siguiente gráfico:

Número de casos de autismo (en rosa) frente al uso de glifosato en miles de toneladas (en rojo), de 1995 a 2010. Gráfico de Stephanie Seneff.

Número de casos de autismo (en rosa) frente al uso de glifosato en miles de toneladas (en rojo), de 1990 a 2010. Gráfico de Stephanie Seneff.

Impresionante, ¿no? Suficiente para que las palabras y la presentación de Seneff encontraran eco en numerosas webs aficionadas al sensacionalismo, a las teorías conspirativas y a las llamadas terapias alternativas; pero también incluso en algún medio serio que, claro está, no puede andar siempre aplicando los mismos criterios de rigor y contrastación cuando se trata de asuntos menores, como un mal que afecta a millones de personas en todo el mundo, que cuando se habla de cuestiones verdaderamente trascendentales para el destino del universo, como la pelea entre Tomás Sánchez y Pedro Gómez (no, espera, ¿o era al revés?).

El problema es que, no me canso de insistir aquí (y aquí, y aquí), correlación no implica causalidad. Una correlación no demuestra absolutamente nada. Cualquiera puede tirar de un conjunto de datos y demostrar una perfecta correlación estadística con otra serie de cifras con las que no existe ningún vínculo, e incluso existe una web dedicada humorísticamente a demostrar cómo, por ejemplo, el número de películas protagonizadas por Nicolas Cage se asocia con las cifras de ahogamientos en piscinas en EE. UU.

Para ilustrarlo, me he tomado la molestia de buscar otras causas del autismo al margen de la propuesta por Seneff. Para empezar, he tomado los datos de la investigadora y he reproducido su gráfico en Excel. Me queda así:

Número de casos de autismo (en azul) frente a uso de glifosato en miles de toneladas (en rojo), de 1990 a 2010. Reproducción del gráfico de Stephanie Seneff.

Número de casos de autismo (en azul) frente a uso de glifosato en miles de toneladas (en rojo), de 1990 a 2010. Reproducción del gráfico de Stephanie Seneff.

A continuación, me han bastado diez minutos de búsqueda en Google para encontrar otra serie de datos que se correlaciona tan milagrosamente bien con las cifras de autismo como el uso del glifosato. En este caso se trata de las importaciones de petróleo en China, en miles de barriles al día entre 1990 y 2010, el mismo período del gráfico de Seneff. Este es el resultado:

Número de casos de autismo (en azul) frente a importaciones de petróleo en China en miles de barriles al día (en rojo), de 1990 a 2010. Gráfico de elaboración propia.

Número de casos de autismo (en azul) frente a importaciones de petróleo en China en miles de barriles al día (en rojo), de 1990 a 2010. Gráfico de elaboración propia.

Fantástico, ¿no? Cuantos más barriles de petróleo importa China, más crece el autismo en EE. UU. ¿Cuál será el mecanismo biológico implicado?

Pero ni siquiera es necesario encontrar una serie de cifras que se correlacione tan exactamente. Como ya he explicado también anteriormente a propósito de correlaciones y causalidades, existe eso que habitualmente suele denominarse la “cocina” de los datos cuando se trata de encuestas políticas, y que consiste, simple y llanamente, en una manipulación. No se trata de falsear los datos, sino, por ejemplo, de elegirlos cuidadosamente, agregarlos, desagregarlos, o retorcerles el cuello de cualquier otra manera para que el resultado sea el que previamente queríamos obtener. Aquí van dos ejemplos. Veamos qué ocurre si correlacionamos de nuevo las cifras de autismo con otros dos conjuntos de datos elegidos casi al azar en Google: por un lado, el número de mujeres centenarias en Reino Unido; y por otro, la facturación global de la industria turística en miles de millones de dólares.

Número de casos de autismo (en azul) frente a número de mujeres centenarias en Reino Unido (en rojo), de 1990 a 2010. Gráfico de elaboración propia.

Número de casos de autismo (en azul) frente a número de mujeres centenarias en Reino Unido (en rojo), de 1990 a 2010. Gráfico de elaboración propia.

Número de casos de autismo (en azul) frente a la facturación global de la industria turística en miles de millones de dólares (en rojo), de 1990 a 2010. Gráfico de elaboración propia.

Número de casos de autismo (en azul) frente a la facturación global de la industria turística en miles de millones de dólares (en rojo), de 1990 a 2010. Gráfico de elaboración propia.

No está mal, ¿no? Pero podemos mejorarlo. ¿Qué tal si aplicamos un poco de “cocina”? Digamos, por ejemplo, que eliminamos los cinco primeros años del intervalo y nos quedamos con los datos de 1995 a 2010. Tenemos la perfecta libertad de hacer esto, ya que el plazo de Seneff también es arbitrario: el glifosato comenzó a utilizarse en 1976, no en 1990. En nuestro caso, esto es lo que resulta:

Número de casos de autismo (en azul) frente a número de mujeres centenarias en Reino Unido (en rojo), de 1995 a 2010. Gráfico de elaboración propia.

Número de casos de autismo (en azul) frente a número de mujeres centenarias en Reino Unido (en rojo), de 1995 a 2010. Gráfico de elaboración propia.

Número de casos de autismo (en azul) frente a la facturación global de la industria turística en miles de millones de dólares (en rojo), de 1995 a 2010. Gráfico de elaboración propia.

Número de casos de autismo (en azul) frente a la facturación global de la industria turística en miles de millones de dólares (en rojo), de 1995 a 2010. Gráfico de elaboración propia.

Mucho mejor, ¿no? Así, ahora al glifosato hemos añadido al menos otras tres causas del autismo: la importación de petróleo en China, el aumento de la longevidad en las mujeres de Reino Unido y el crecimiento de la industria turística global. Ahora simplemente será tarea de los investigadores encontrar la manera de explicar cómo todos estos factores se alían para provocar el trastorno en los niños. Y en especial habrá que someter a un tercer grado a todas esas malévolas ancianas británicas para obligarlas a confesar en qué clase de terrible conspiración están involucradas.

Espero que nadie concernido con este trastorno neurológico sienta que estoy frivolizando sobre ello. Mi intención es justamente la contraria, denunciar la frivolización que Seneff y otros personajes como ella realizan alegremente sin ningún respeto a la preocupación de los afectados. Más allá de las proclamas estrambóticas de Seneff, el atrevimiento de esta señora al afirmar que “al ritmo actual, en 2025 uno de cada dos niños será autista” rebasa la barrera de la excentricidad para entrar en el terreno de la peligrosa irresponsabilidad. Y aunque tales casos estén fuera de la competencia de los tribunales ordinarios, las instituciones científicas no deberían permanecer impávidas ante los charlatanes ávidos de notoriedad que no hacen otra cosa sino sembrar confusión y cebarse en el dolor ajeno.

20 comentarios

  1. Dice ser Jon

    Un fuerte aplauso. Tienes mas razon que un santo.

    A ver si hay suerte y no empeiza ningun movimiento antivacunas en españa porque esos son para darles de comer aparte (no estaria mal un articulo sobre eso, hace poco lei que las autoridades medicas europeas estas muy precoupadas por este asunto, por si algun movimiento de estos atterizaba en europa).

    Un saludo y felicidades por el articulo (de cientifico a cientifico, con suerte leo la tesis en septiembre en temas de nanocelulosa:))

    15 febrero 2015 | 14:04

  2. Dice ser Julián

    Buenos días

    Totalmente de acuerdo con tu artículo, e incluso puedo aportar un dato más.
    Tengo un hijo recientemente diagnosticado con Asperger, lo cual me ha hecho interesarme más por estos temas.
    Hace unas semanas tuve conocimiento de el estudio de esta doctora que relacionaba el glifosato con el autismo. Merced a una campaña que hay en contra del herbicida en Argentina.
    No discuto que el herbicida sea malo o inofensivo para la salud. Pero relacionar causa y efectos con una estadística es de risa.
    Principalmente, porque la estadística del autismo tiene truco. Es un trastorno que ha sido recientemente estudiada y clasificada, incluso el asperger no ha sido reconocido como espectro autista hasta hace 30 años.
    Aún hoy en día, hay países donde no se trata y valora estos problemas. Se está mejorando, y cada vez se conoce más, pero adonde quiero ir, es que no han aumentado los casos, han aumentado los diagnósticos. Autistas ha habido siempre pero antes no se catalogaban como tal. Einstein, Newton y Tesla han sido diagnosticados con asperger en la actualidad gracias a documentos que hablan de su niñez y sus pecurialidades. ¿cuantos más han existido y no se han catalogado?

    Un saludo

    15 febrero 2015 | 14:26

  3. Dice ser Madre Reciente

    Gracias Javier. Gracias de verdad una y mil veces.

    15 febrero 2015 | 14:33

  4. Dice ser Miguel

    Magnífico artículo, Javier.

    15 febrero 2015 | 14:39

  5. Dice ser gorrion

    De todo el texto me quedo con la parte

    “Probablemente los efectos del glifosato sobre la salud sean nocivos, y quizá incluso debería prohibirse su uso. ”

    La verdad es que de los creadores del agente naranja, no se espera nada bueno para la humanidad. No se si será prejuicio, correlación o causalidad.

    Tu frase, sin el “probablemente”, creo que estaría mejor. Lo que no es bueno para la vida, no puede ser bueno para los seres humanos, en general.

    No se si será correlación o causalidad. Demuéstralo tú. (De científico a cientifico)

    15 febrero 2015 | 16:40

  6. Dice ser mili KK

    para decir que es un blog cientifico… lo unico que dices, son gilipolleces.

    Me parece que tu sobrevaloras a la gente del MIT, he trabajado, con gente del MIT, y tienene los mismos problemas, y las mismas inquietudes…

    si crees que la gente pierde el tiempo en hacer el subnormal, o en hacer el gilipollas, me parece que no entiendes, que es la investigacion y el desarrollo.

    15 febrero 2015 | 16:57

  7. Dice ser Payaso

    Cuando los farmers americanos trabajaban en los fields en el siglo XIX y realizaban sus labores sin utilizar pesticidas, lo del autismo era una rareza ¿do you get that, don’t you?. Por lo tanto, hay relación causa-efecto, me juego what you want a que los hijos de granjeros sufren en mayor medida esa discapacidad.

    En cuanto a la inteligencia, yo tengo una teoría muy básica pero muy sólida sobre eso que no te voy a explicar porque a lo mejor no la entiendes.

    En cuanto a lo del autismo, también está relacionado con la edad cada vez mayor de la madre, eso es evidente. Mientras ayudamos a los matrimonios inmigrantes a que puedan tenerlos bien jovenes, a los nacionales nadie ayuda a poder formar familias a una edad conveniente y apropiada.

    Las personas de raza negra, no son más inteligentes ni más tontas a un nivel individual pero si a un nivel global. Esa es mi teoría. Si nos pensábamos que los medicos y los cientificos serían inmigrantes desde luego nos salió el tiro por la culata, se vive mejor de las ayudas, y tampoco son brillantes.

    Hablas despectivamente de cientificos muy importantes, Isaac Newton por ejemplo, dedico su vejez a estudiar codigos ocultos en la Biblia ¿y qué?

    15 febrero 2015 | 17:44

  8. Dice ser Payaso

    Fíjate en un país como Francia, la mayoría de los que hacen trabajos manuales en fábricas son inmigrantes, los bajos funcionarios también, pero los científicos, matemáticos, etc… son en su mayoría franceses de origen francés, ¿Cómo es posible? no tiene explicación, se supone que las personas con menos recursos son las personas con más ambición, que se entregan con mayor sacrificio en sus estudios para obtener los mejores resultados y poder acceder a los trabajos más complicados, los que están arriba del todo de la pirámide, entonces algo falla en el sistema o simplemente entran grandes masas de parásitos o de gente estúpida. Cuando en la antigüedad una raza (judíos sobre todo) quedaba marginada del resto, esa raza o sector de la población se esforzaba por convertirse en la élite, en los mejores, eso Javier Yanes es siempre una constante en la Historia, ya se que entonces era todo más duro y que nadie recibía ayudas por ser de otra raza o confesión religiosa, pero los inmigrantes actuales se quejan y se quejan y reciben y reciben, y en la época medieval si el judío se quejaba podía meterse en problemas muy gordos y la vida no era tan fácil ¿Lo comprendes?.

    15 febrero 2015 | 18:06

  9. Dice ser Chirimoya

    Tengo dos cosas que comentar:

    Primero, Payaso es evidentemente un payaso. ¿Qué narices se sabría sobre el autismo en el siglo XIX como para poder tener la más mínima idea sobre las cifras de casos de entonces, tanto en general como entre hijos de granjeros, cuando hasta hace cuatro días se consideraba “subnormal”, “retrasado” o “el tonto del pueblo” a todo el que tuviera alguna discapacidad intelectual o, simplemente tuviera un carácter algo “fuera de lo normal”? Luego su velado racismo ya es de traca, tanto lo de que se favorece el que los inmigrantes procreen frente a los “nacionales” (tremenda chorrada). Por no hablar de lo de que “la mayoría de científicos son ‘nacionales'”, cuando está lleno de chinos, japoneses o hindúes -etnias que precisamente destacan por, lo que parece ser, tener un montón de mentes brillantes-, o lo de que “pensábamos que los médicos serían inmigrantes”, cuando ya hace lustros que cada vez que voy al médico la probabilidad de que me toque un médico árabe o sudamericano es del 70%.

    Segundo: 100% de acuerdo con el artículo.

    Por cierto, lo de que los descubrimientos relevantes se hagan durante la juventud y que durante la vejez a la mayoría les de por soplapolleces estrafalarias varias tiene una explicación más que plausible: se llama senectud, senilitud o chochear.

    15 febrero 2015 | 22:30

  10. Dice ser Gema

    Gracias por este artículos, tengo una hija recientemente diagnosticada de TEA, nosotros estamos todavía en la fase de aceptación, y miramos mucho en internet, hablamos mucho con otros padres con los que coincidimos en el centro de atención temprana donde la están tratando, y la verdad es que hay estudios para todos los gustos, y cada día tienes que escuchar mil tonterías sobre el origen del autismo, y además, me voy dando cuenta, que cada vez van más dirigidos a culpabilizar a la madre. Esta semana una madre comentaba que todo era culpa suya porque habia leído un artículo que lo relacionaba con pasar por un arco de detección de metales de un aeropuerto, hace unas semanas otra madre que si por comer determinado grupo de alimentos, yo misma hace un par de meses que si por cocinar en cocinas de inducción.
    Así que muchísimas gracias por darnos un respiro y demostrarnos que no todas las estadísticas son reales.

    15 febrero 2015 | 23:26

  11. Dice ser Josep

    Cada vez que leo un artículo oponiéndose de una manera irrespetuaosa y visceral, a una propuesta cientifica, cualquiera que sea, y se ataca sin presentar ninguna prueba, (mas que palabrería pseudocientífica) pienso dos cosas: Hay algo interesante ahí, “en-lo-que-no-se-dice” o el que escribibe el artículo es un gil. Gracias por indicarnos hacia donde no debemos mirar. Seguro que hay algo interesante !!!!

    16 febrero 2015 | 07:18

  12. Javier Yanes

    Gema,

    Lo que cuentas es realmente horroroso. Al sufrimiento que ya soportáis los padres y madres con un diagnóstico reciente se une además esa incesante e intolerable corriente de rumores y tonterías. Fíate solo de las fuentes científicamente contrastadas. Por si aún no lo conoces, el blog de mi compañera Madre Reciente aquí en 20M te ayudará mucho.

    Un saludo,
    Javier

    16 febrero 2015 | 12:03

  13. Dice ser Daniel Comin

    Buen artículo,
    solo dos puntualizaciones:
    A) El aumento de los casos de autismo está debido al aumento de comida orgánica. En la línea de lo expuesto, correlación, causalidad, casualidad. Más información aquí –> http://autismodiario.org/2013/05/14/autismo-vacunas-neuroinflamacion-toxicos-y-aspectos-relacionados/

    B) Los Trastornos del Espectro del Autismo no se consideran realmente una enfermedad. http://autismodiario.org/2012/03/14/los-trastornos-del-espectro-del-autismo-no-son-una-enfermedad/
    Están tan sanos o poco sanos como cualquiera. Distinto es cuando existen comorbilidades como epilepsia, esclerosis tuberosa,…

    16 febrero 2015 | 12:58

  14. Dice ser Chirimoya payaso

    ignorante,
    los medicos y cientificos chinos y asiaticos (indios sobretodo) vienen con el titulo bajo el brazo, la criba ya ha sido realizada en sus países, Un pais como Suecia que aporta mas ayudas y tiene mas inmigrantes que nacionales es la prueba de que un bajisimo porcentaje de poblacion puede liderar un pequeño pais en innovacion y tecnologia, y los inmigrantes no colaboran, todo lo contrario son el mayor lastre para los suecos.
    No hay criba en el tercer mundo y por eso la mayoria tiene un bajo nivel y capacidad intelectual, Europa lleva siglos de seleccion y de criba al igual que los judios, lideres en todo a pesar del bajo numero de habitantes, eres un o una ignorante Chirimoya

    16 febrero 2015 | 13:24

  15. Dice ser a cagar Chirimoyas

    Cuantas tonterías en tan poco espacio.
    Esa cientifica habra recibido presiones, De verdad que esa cientifica no ha realizado un estudio pormenorizado del asunto ¿y que no hay estudios sobre los efectos de esos productos quimicos en la salud de los granjeros? por otro lado, la medicina psiquiatrica no es cosa de hace dos dias, el trabajo en el campo esta mecanizado en America, pero todavia hay gente trabajando a destajo y granjeros tradicionales, no debe ser dificil hacer comparaciones, mirar en los registros civiles las partidas de nacimientos, etc….

    Lamentable!

    16 febrero 2015 | 13:41

  16. Dice ser Piris

    Estoy de acuerdo con lo que dice el articulo, pero creo que no tenia ninguna necesidad, para tener razon, de recurrir a ataques “ideologicamente correctos”; como cuando dice:
    “James Watson saltó a la infamia hace unos años al afirmar que los negros son menos inteligentes que los blancos”
    ¿desde cuando decir una verdad te convierte en infame?
    http://es.wikipedia.org/wiki/IQ_and_the_Wealth_of_Nations
    67 Zambia 77
    68 República del Congo 73
    68 Uganda 73
    70 Jamaica 72
    70 Kenia 72
    70 Sudáfrica 72
    70 Sudán 72
    70 Tanzania 72
    75 Ghana 71
    76 Nigeria 67
    77 Guinea 66
    77 Zimbabue 66
    79 República Democrática del Congo 65
    80 Sierra Leona 64
    81 Etiopía 63
    82 Guinea Ecuatorial 59

    16 febrero 2015 | 13:47

  17. Dice ser payaso

    Cuando se destinan billones en ayudas a inmigrantes y ves que las mujeres magrebies no trabajan porque se dedican a procrear y recibir ayudas y que las mujeres nacionales deben trabajar para pagar esas ayudas a los inmigrantes y no solo eso, son despedidas si necesitan la baja por maternidad, entonces se esta favoreciendo que los inmigrantes superen en numero a los nacionales. Es lo que pasa cuando tu ayudas a los inmigrantes y niegas flexibilidad laboral e inversiones para el bienestar de los nacionales, que los nacionales se desvanecen en favor de los inmigrantes

    16 febrero 2015 | 14:03

  18. Dice ser Rompecercas

    Javier, puedes decir cómo demostrar la causalidad de dos sucesos que no ocurran simultáneamente, si eres capaz…

    16 febrero 2015 | 23:26

  19. Dice ser Rompecercas

    Javier, ¿puedes decir cómo demostrar la causalidad entre dos sucesos que no ocurran simultáneamente, si eres capaz?

    16 febrero 2015 | 23:30

  20. Javier Yanes

    Rompecercas,

    Pero cómo, ¿acaso la epidemiológica es la única investigación posible? La investigación, tanto en casos como el autismo o en el de mi último post, el papel de las grasas y los azúcares en la enfermedad coronaria, debe probar causas y efectos, y esto se hace en el laboratorio, no en el papel ni en el ordenador. Investigación básica. Desde el estudio de estructuras e interacciones moleculares, hasta los estudios in vivo en modelos animales, anda que no hay camino que recorrer. Los epidemiólogos pueden y deben ayudarnos mucho a saber cómo funcionan las epidemias, cómo se propagan, cómo se controlan. Pero cuando se ponen a comparar datos, echémonos a temblar. Este es el origen de enormes catástrofes. El problema de fondo es que la mayoría de las revistas médicas viven en gran medida de esto.

    Un saludo,
    Javier

    17 febrero 2015 | 09:55

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