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Un blog desde el terreno sobre cooperación al desarrollo y ayuda humanitaria, de la mano de Ayuda en Acción, Cruz Roja, Ingeniería Sin Fronteras, Unicef,Médicos del Mundo, Médicos Sin Fronteras y PLAN Internacional.

¡Qué difícil es cuando nuestros hijos o hijas deciden nacer antes de tiempo!

Por Gabriela Pérez-Noceti, delegada de Cruz Roja Española en el campo de refugiados de Ritsona, Grecia.

Qué difícil es pasar por ese duelo y volverse padres y madres de golpe, haciéndose los fuertes para que a pesar de todo nuestro dolor, físico y también psíquico, esa mezcla de alegríatristezafrustraciónmiedoesperanza no se interponga en nuestra capacidad de darle a nuestro pequeño prematuro todo nuestro amor y cuidados. Las madres, nuestra leche.

Qué difícil, qué exigente, sin tener a nuestro bebé en brazos aún, ser capaces de mantenernos conectadas a esa máquina llamada extractor del que en el mejor de los casos alguna vez habíamos escuchado hablar, y que nos ayudará a que apenas podamos, demos a nuestro hijo lo mejor que tenemos: nuestra leche. Ojeras, noches sin dormir, agotamiento, incertidumbre, pasando de golpe a vivir entre una casa vacía y esa “nave espacial” que parece ser la unidad especial de cuidados de cualquier gran hospital. Las palabras del médico y enfermera, en quien confiamos, nos pueden resultar a veces indescifrables….

Qué fundamental es en esos casos no sólo contar con la tecnología necesaria, sino con una atención humana, que nos escuche, que nos entienda y respete, que valore nuestra capacidad de cuidar y de alimentar, nuestros tiempos…. Todo el apoyo del mundo en estos casos es más que trascendental. Una atención centrada en las familias y sus necesidades particulares pueden hacer que te cambie radicalmente la vivencia que te ha tocado atravesar…Admirable lo que pasan esas familias, y el personal que los asiste.

Me saco el sombrero con lo que están avanzando hospitales como Vall d’Hebron o Sant Joan de Deu en ese sentido. ¡Qué cracks!

Ahora piensen por un momento lo que puede ser vivir esta experiencia estando muy lejos de tu hogar, y de tu gente. Sin poder ni siquiera entender el idioma de los cuidadores de nuestro bebé. Cuando lo único que podemos hacer es rezar a cualquiera que sea nuestro Dios, si tenemos la suerte de creer en uno, y sacarnos leche, esperando pronto poder hacérsela llegar a nuestro pequeño.

Recién llegados, en un campo de refugiados en una caravana sin luz ni agua potable, echando mano a un extractor de leche manual, y esperando que la próxima semana su bebé prematuro de dos meses tenga el alta, así me encontré hoy en una visita.

No vamos a tener grandes tecnologías, pero tendremos nuestros brazos abiertos y una mamá y papá canguros, que están esperando desde hace meses, en esa mezcla de alegríatristezafrustraciónmiedoesperanza, pero con todo su amor a esa bebé que ha decidido nacer antes de tiempo.

Hoy me he sentido privilegiada de estar aquí ahora.

Campo de refugiados de Ritsona. Foto Ovi Vega @ovitveo

Campo de refugiados de Ritsona. Foto Ovi Vega @ovitveo

El sueño de Narmin

Por Javier Enrique Hernández Cordero, delegado de Cruz Roja Española en el campo de refugiados de Ritsona, Grecia.

Cuando llegué a Ritsona tenía muchas interrogantes y estaba algo inconforme con lo que me deparaba el futuro durante mi primera misión en Grecia. Siempre había anhelado ir con la Cruz Roja Española de misión. Nunca imaginé que la vida me iba a brindar la oportunidad de participar en una misión humanitaria de esta envergadura. Esa oportunidad llegó antes de lo esperado.

Cuando eres enfermero y sales en tu primera misión lo último que te esperas es no estar en contacto diario y permanente con los pacientes en la clínica. Un enfermero en su día a día desea llegar al sitio estar en primera línea y dar lo mejor de  sí y  aprovechar sus conocimientos y habilidades adquiridas para aliviar el sufrimiento  de aquellos que lo necesiten.
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Mi caso fue  distinto desde mi llegada a Grecia. De hecho vine con el encargo de gestionar la farmacia de ‘mi’ campo, Ritsona, y, a la vez, realizar la función de almacén general para los dos campos en los que opera la Cruz Roja Española. Honestamente, en el momento que recibí la noticia, pensé que se trataba de una mala broma. Pocos días después, me di cuenta de que lo que me esperaba era estar entre cajas y papeles. Sin embargo, con el tiempo descubrí, que en cierto modo aquello era también muy importante, y que aunque no estaba en contacto directo con los pacientes, con la gente, al fin y al cabo podía hacerles la vida un poco mejor desde mi posición realizando mis funciones como delegado internacional de la Cruz Roja Española. El trabajo evidentemente tiene sus complicaciones, como cualquier trabajo en España, pero con el añadido de que estás en un país extranjero, con sus características particulares, tratando con personas refugiadas, con una cultura y costumbres totalmente distintas a la nuestra.

Después de un tiempo y con los cambios imperceptibles en situaciones como ésta, fui asumiendo otras funciones que me permitieron tener más contacto con la clínica, cosa que me aportó muchísima satisfacción personal porque finalmente estaba realizando aquello que sabía hacer y todo aquello que había imaginado desde el principio.

La experiencia en Grecia ha sido satisfactoria a nivel personal, aunque algunos recuerdos se me quedarán en la retina para siempre. Recuerdo especialmente, un día estresante durante mi guardia, con la mitad del personal en España de capacitación y con mil personas alrededor nuestro haciendo distribuciones.

Aquel día, teníamos la sensación de que había problemas cada cinco minutos y cuando pensábamos que ya no podía ir a más justo en ese momento de caos llega una madre con una bebe de nueve meses en  brazos corriendo y con cara desesperación suplicando ayuda porque la niña se había quemado con té hirviendo el brazo.

¿Qué es lo primero que haces en una situación como ésa?  Cuando eres enfermero y sabes lo que tienes que hacer, vas directo al problema, te preocupa dar los primeros auxilios sin hacer más daño. Haces la cura de la herida de la mejor manera que puedas. Después de los momentos de tensión, te debes decidir cuál es la mejor opción y los pasos a seguir para proporcionar los mejores cuidados y el mejor tratamiento para una niña tan pequeña. Conociendo los riesgos de infección, las curas dolorosas, etc, conversamos el equipo de salud y, junto con la pediatra, decidimos derivarla con urgencia en ambulancia al hospital. Con la esperanza de que la niña fuese tratada en una unidad de quemados especializada.

La niña como era de esperar estuvo hospitalizada durante unos días antes de volver al campo de refugiados. Volvió con las respectivas instrucciones para hacerle las curas. Desafortunadamente no contaban con que las condiciones que tienen las personas refugiadas en los campos no son las idóneas ni se pueden comparar con las que tendría cualquier familia en Europa. Sin embargo, intentamos explicar los cuidados que deberían tener en cuenta pese a las barreras culturales e idiomáticas que supone un contexto como el campo de refugiados.

A la mañana siguiente nos encontramos a la madre con la niña en brazos en la puerta de la clínica esperándonos para que le tratásemos las heridas. La niña durante la noche se había tocado la herida y se había desprendido parte de la piel superficial. Consultando con el equipo médico y con todas nuestras limitaciones asumimos el riesgo de realizar las curas en nuestra clínica. Fueron momentos difíciles con Narmin, nunca en mis años de carrera se me ha dormido una niña en los brazos durante una cura tan dolorosa.

El verla sonreír y seguirme con la mirada dondequiera que fuera era mi mayor alegría y satisfacción. No sé explicar lo que sentí cuando Narmin me extendía los brazos, aun estando en los brazos de su madre o de su padre.

Tiempo después, Narmin ya tenía la herida mucho mejor, ya no sentía dolor cuando la curábamos, le quedaba menos tiempo hasta que se recuperase del todo; pero aun así, seguía durmiéndose en los brazos todos los días cuando la trataba. No le importaba si le hablaba en castellano o no, me tiraba de la barba y me mordía jugando los dedos. Cada día venía con una sonrisa que hace olvidar todo lo demás.

Ya me despido de mi misión en Grecia, fueron unos meses muy intensos pero también gratificantes. Conocí y compartí con gente excepcional. Nunca olvidaré todos aquellos momentos y aquellas situaciones que hemos  vivido, pero el recuerdo del sueño de Narmin me quedará el resto de mi vida. Sinceramente Narmin, te deseo lo mejor en la vida y que esa quemadura no deje nunca huella en tu camino hacía el futuro.

Gracias a mis compañeros y a la Cruz Roja Española por ésta grandiosa oportunidad.

Kike.

La silenciosa crisis del este de Camerún

Asentamiento de refugiados en la región Este de Camerún. UNICEF/A.Brecher

Asentamiento de refugiados en la región Este de Camerún. UNICEF/A.Brecher

Después de la guerra civil, 260.000 refugiados centroafricanos encontraron asilo en su vecino Camerún. De ellos el 62% son niños, que viven en condiciones verdaderamente precarias en asentamientos de refugiados o en comunidades de acogida. Más de 88.000 niños siguen sin poder ir al colegio. Debido a la grave falta de financiación, es imposible actualmente para UNICEF y sus aliados dar una respuesta que asegure que ningún niño queda atrás.

“No soy feliz en casa. No quería casarme, no quería tener un bebé. Quería ir al colegio. Con 13 años se es demasiado joven para ser una adulta”.

Kulsumi intenta sonreír, pero sus ojos están llenos de esa tristeza que ningún niños debería sentir jamás. Estamos en Tongo Gandima, un pequeño pueblo de la región este de Camerún, a cien kilómetros de la frontera con la República Centroafricana (RCA), el país del que huyó en 2014 cuando la violencia llegó a su pueblo.

“A mis padres les asesinaron delante de mí”, recuerda Kulsumi. “A mi hermano mayor también, al final hui sola. Seguí a un pastor, cuando se puso a dormir lo hice yo también. Por la mañana nos marchamos. Nunca he vuelto”.

Después de unas semanas de camino llegó a Camerún. Primero vivió en el asentamiento de refugiados de Gado. Después cuando encontró una familia de acogida, se mudó al pueblo de Tongo Gandima.

“Ahí es cuando las cosas fueron mal. Mi familia de acogida no tenía dinero para mandarme al colegio. Me casaron con un chico mayor que yo. No quería, pero no tenía otra opción. Ahora soy la madre de un bebé de 4 meses. Quiero a mi hijo, pero a veces siento que me han robado mi infancia”.

Kulsumi con su hijo. Foto: UNICEF/A.Brecher

Kulsumi con su hijo. Foto: UNICEF/A.Brecher

Kulsumi es una de las miles de niñas con historias desgarradoras similares. Un matrimonio temprano es el destino de más de la mitad de las chicas jóvenes que viven en una de estas dos regiones afectadas por la crisis: la región Este y Adamawa. Los padres prefieren no enviar a sus hijos al colegio para que puedan ayudar en casa en el trabajo del campo, y entregan a sus hijas para casarlas.

Cuando una niña llega a la pubertad, se la aparta del colegio”, explica Sylvie Ndoume, una directora de colegio del pueblo de Gado. “Hace 10 años que trabajo aquí y en todo este tiempo he visto solo a una niña llegar a noveno. Aquí el precio de una niña es un pack de cervezas y una gallina, que se le da al padre. Y ahí se acaba la historia”.

Desde el principio de la crisis, el Ministerio de Educación, UNICEF y sus aliados han llevado a cabo campañas públicas a gran escala para convencer a los padres de que envíen a sus hijos al colegio. Pero de los 250 pueblos a los que iba dirigida solo se ha llegado hasta el momento a 59, debido a una falta de recursos que obstaculiza seriamente los esfuerzos que se realizan para que los niños vuelvan al colegio. Este año, la sección de educación de UNICEF solo ha recibido el 20% de la financiación necesaria para las crisis de las regiones de Adamawa y del Este.

Niños frente a espacios de aprendizaje construidos por UNICEF y sus aliados en asentamientos de refugiados en las regiones Este y Adamawa de Camerún. Foto: UNICEF/A.Brecher

Niños frente a espacios de aprendizaje construidos por UNICEF y sus aliados, en asentamientos de refugiados en las regiones Este y Adamawa de Camerún. Foto: UNICEF/A.Brecher

“Hoy en día hay 88.000 niños que no pueden ir al colegio. ¿Qué tipo de futuro les espera?” se preguntaba Felicite Tchibindat, representante de UNICEF en Camerún. “Solo el 12% de los niños iban al colegio en la RCA. Con nuestras intervenciones, hemos conseguido aumentar esta cifra hasta el 30%, pero sigue sin ser suficiente. Cuando los niños no están en el colegio, su capacidad para alcanzar su pleno potencial desaparece”.

Leila es la madre de seis niños. Escapó de la RCA en lo que recuerda como la peor noche de toda su vida. “Disparaban por todas partes”, recuerda. “Asesinaron a todos mis vecinos. Milagrosamente conseguí llegar con mis hijos al asentamiento de refugiados de Gado, pero sigo sin noticias de mi marido”.

Aunque consiguió que cuatro de sus hijos accediesen a la escuela, los dos pequeños Amadou, de 3 años y Hissen de 4, tienen que quedarse en casa todo el día. No hay actividades para los niños de su edad.

“Mis hijos han visto la guerra, a la gente morir, han escuchado el ruido de las armas. Sé que no están bien. Están muy callados, y a veces se ponen a llorar sin motivo. ¿Qué les pasará cuando tengan que ir al colegio?”

En 2016 UNICEF consiguió dar apoyo psicosocial a través de ONG aliadas a 15.000 niños, pero se estima que otros 75.000 niños necesitan este tipo de apoyo para recuperarse de sus horribles experiencias durante el conflicto.

Más de 200 alumnos en una sola clase. No es una imagen inusual en el este de Camerún Photo: UNICEF/A.Brecher

Más de 200 alumnos en una sola clase. No es una imagen inusual en el este de Camerún Photo: UNICEF/A.Brecher

Este estatus quo conduce a una “tormenta perfecta” que pone en peligro el futuro de miles de niños. La ausencia de servicios de protección significa que estos niños no se pueden recuperar como debieran de su sufrimiento. Cuando llegan al colegio se enfrentan a condiciones muy duras por falta de profesores e infraestructuras. No es inusual encontrarse en el este de Camerún con 250 alumnos para un solo profesor. Además es frecuente que dejen de ir a la escuela cuando llegan a la edad en la que pueden trabajar con sus padres o casarse.

“La situación es extremadamente difícil, pero no irreversible”, añadía Felicite Tchibindat. “Podemos convertirla en una oportunidad para que los padres puedan ofrecer una vida mejor a sus hijos. Pido a la comunidad internacional que no se olvide de estos niños. Esta no puede convertirse en una crisis silenciosa. Todavía estamos a tiempo de actuar, pero si no lo hacemos ahora mismo, deberemos hacer frente a consecuencias mucho peores en el futuro”.

Alexandre Brecher, especialista en comunicación de UNICEF Camerún

 

 

Una mirada a las personas mayores de Tanzania

Por Lianne Murphy, Responsable de Programas de Envejecimiento y Desarrollo de Age Action/HelpAge International

Un grupo de personas mayores en el centro de mayores de Sumaka, Tanzania © Lianne Murphy

Un grupo de personas mayores en el centro de mayores de Sumaka, Tanzania © Lianne Murphy

Recientemente he visitado Tanzania para ver cómo se ha desarrollado un programa que hemos financiado para mejorar la calidad de vida de las personas mayores en Tanzania en colaboración con la organización local, Malperece. La destinación ha sido el distrito Magu, una región rural cerca del Lago Victoria en el norte de Tanzania. Después de un viaje de dos días y medio, ha sido maravilloso llegar a conocer el lugar tan bonito donde estos mayores viven y empezar a escuchar sus historias y las mejoras que hemos podido hacer.

El distrito Magu en Tanzania © Lianne Murphy

El distrito Magu en Tanzania © Lianne Murphy


El pueblo Lugeye

Los mayores del pueblo Lugeye que pertenecen al foro de las personas mayores que monitoriza Malperece me recibieron de la mejor manera posible, con canciones y bailes. Me reuní con un grupo mixto de hombre y mujeres mayores bajo la sombra de unos árboles. Ellos compartieron conmigo las actividades que hacían en su día a día, entre los cuales recopilar datos sobre los adultos mayores, seguir de cerca los servicios sanitarios que los mayores reciben, identificar casos de abuso y acoso que el colectivo mayor enfrenta y reivindicar la implementación de un sistema social de pensiones en Zanzíbar, la región semiautónoma de Tanzania. Tienen reuniones permanentes con las autoridades locales para informar sobre sus resultados y proponer soluciones para resolver los problemas a los que los mayores se enfrentan en Tanzania.

Ann Masonge ©Lianne Murphy

Ann Masonge ©Lianne Murphy

Ann Masonge, tiene 68 años y forma parte del foro de las personas mayores de Magu. Me ha contado el cambio que ha sido recibir un subsidio para abrir un pequeño negocio. Actualmente, fabrica y vende jabones, desinfectantes, sales de baño y aceites para masajes, lo que le genera ingresos suficientes para mantenerse. Ella también me explica los beneficios sociales y psicológicos de las reuniones y las actividades que organizan en el foro de las personas mayores: “Me reúno con mis amigos, cambiamos opiniones, participamos en actividades distintas y tenemos una identidad como grupo. Estamos fortaleciendo la unidad del colectivo mayor.”

El día siguiente visité el pueblo de Sukuma; al igual, fui recibida con un ritual maravilloso de canciones y bailes. Aquí el grupo de mayores estaba formado principalmente por mujeres mayores ya que los hombres estaban cuidando del ganado. Cada una de las mujeres mayores empezó a relatar cuáles han sido los beneficios que les ha traído este foro de las personas mayores al que se han incorporado.

Tabu Busumabu ©Lianne Murphy

Tabu Busumabu ©Lianne Murphy

Tabu Busumabu es la portavoz del foro y asiste a las reuniones con el comisionado del distrito. Además, ha recibido formación jurídica y ahora informa a las mujeres y hombres mayores sobre aspectos legales y los derechos relacionados con el abuso de las personas mayores, derechos de propiedad y la importancia de dejar un testamento.

Me he reunido también con un grupo de asistentes sociales que ofrecen servicios a domicilio a las personas mayores. Este ha sido uno de los resultados del activismo del foro de los mayores. El hospital del distrito coordina la labor de los asistentes sociales que desempeñan un trabajo voluntario. Ellos informan a las personas mayores sobre cuestiones básicas de salud: agua potable, higiene, el control de la malaria. Además, ofrecen masajes a los mayores que tienen problemas de movilidad y facilitan ayudas con tareas de cocina y limpieza para los mayores que viven solos.

Marianna Kang – Tanzania ©Lianne Murphy

Marianna Kang – Tanzania ©Lianne Murphy

Marianna Kang, tiene 89 años y por culpa de los fuertes dolores en las rodillas, ya no podía caminar. Después de recibir los masajes de los asistentes sociales, Marianna me cuenta el cambio que esto ha hecho en su vida “Puedo hacer yo sola mis tareas ahora; he recobrado mi movilidad y también la dignidad y el respeto de los miembros de mi familia. Soy independiente de nuevo”.

Trabajando juntos

Este viaje me ha sorprendido positivamente al ver el compromiso de las personas mayores y las respuestas efectivas que las autoridades locales han dado para solucionar las necesidades del colectivo mayor. Han encontrado una manera muy constructiva de trabajar juntos y esto ha hecho que la vida de las personas mayores en sus comunidades mejore significativamente.

El invierno llega. También para los refugiados en Grecia

Por Anita Dullard, Federación Internacional de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja.

Amina Sulimán y Klaled Al Khedur, voluntarios y refugiados en el campamento de Nea Kavala, Grecia.

Amina Sulimán y Klaled Al Khedur, voluntarios y refugiados en el campamento de Nea Kavala, Grecia.

Klaled Al Khedur y Amna Sulimán vinieron a Grecia para quedarse por poco en principio, antes de continuar su viaje a través de Europa. Nueve meses después, están todavía en el norte de Grecia, tratando de hacerse a la idea de que permanecerán aquí durante al menos nueve más.

“No tenemos ningún plan para el futuro porque estamos atrapados aquí. Estamos esperando al programa de reasentamiento de la UE. Pero ahora mismo no tenemos ni idea de cómo va a ser nuestro futuro,” afirma Khaled.

Khaled y Amina son solo dos de las más de 60.000 personas que se han quedado varadas en Grecia desde que la frontera norte cerrara, la puerta hacia el resto de Europa.

Se mantienen activos como voluntarios en el grupo de fomento de la higiene de la Cruz Roja, concienciando a sus compañeros en el campamento de migrantes de Nea Kavala donde viven, sobre temas de salud y gestión de desechos, y recientemente, distribuyendo artículos para combatir el invierno.

“Estamos contentos de ayudar a la gente que vive en el campamento para mejorar su situación y hacer que sea un lugar más habitable.”

“Nuestras tiendas se inundan cuando llueve”

En Grecia central, las familias hacen frente a problemas similares. Anima comparte una tienda con su madre, cuatro hermanos y tres hermanas. La familia vivió durante ocho meses en el campamento de migrantes de Ritsona. Para afrontar el invierno, Amina ha estado tejiendo bufandas de lana y gorros de punto para que la familia no pase frío.

Al describir la vida en el campamento, Amina señala, “Es realmente dura. Ayer había una rata en los aseos. Y nuestras tiendas se inundan cuando llueve.”

Tanto Nea Kavala como Ritsona están trasladando a sus residentes a módulos prefabricados que cuentan con electricidad, calefacción, duchas y aseos. Pero no en todos los campamentos son tan afortunados. En otros campamentos, donde la gente va a quedarse en tiendas durante todo el invierno, la Cruz Roja ha estado trabajando con otras asociaciones humanitarias para proporcionar aislamiento y revestimiento a las tiendas a fin de proteger a sus inquilinos del viento y la lluvia.

“¿Qué clase de vida es esta?”

En el campamento de migrantes de Cherso, Mohammad Ali Alshekh vive con sus dos hijos adolescentes. Él y sus hijos pasarán el invierno en una tienda. Dice “en Siria, era el propietario de un negocio de piezas de recambio para automóviles europeos. Ahora me tengo que conformar con vivir en una tienda, sin que se vislumbre una solución. ¿Qué clase de vida es esta para mis hijos?”

La Cruz Roja exige la reubicación para la gente que se ha quedado varada en Grecia. Más de 12 meses tras el inicio de la crisis, la Cruz Roja sostiene es preciso ayudar a esta gente para que abandone los campamentos y sea trasladada a viviendas más duraderas y dignas.

El Jefe de oficina de la IFRC, Rubén Cano, señala que “es esencial que la respuesta en Grecia pase del estado de urgencia a soluciones más sostenibles y duraderas. Esto incluye viviendas para gente que va a quedarse durante los próximos meses y el rápido reasentamiento de los solicitantes de asilo y refugiados en el marco de los esquemas de reasentamiento y de la reunificación familiar de la UE.

 

“Macarrones, solo macarrones”

La doctora Erna Rijnierse trata las secuelas de la violencia de Anon a bordo del Aquarius. Fotografía: Alva White/MSF.

La doctora Erna Rijnierse trata las secuelas de la violencia de Anon a bordo del Aquarius. Fotografía: Alva White/MSF.

Sarah Giles, doctora de urgencias a bordo del Aquarius, barco de rescate operado conjuntamente por Médicos Sin Fronteras y SOS Méditerranée.

Es difícil reconocer que he desarrollado una reacción visceral negativa hacia el nombre del alimento que más me gusta comer. Los ‘macarrones’ ahora me llenan de una sensación de desesperanza y temor.

Llevo dos meses trabajando como médico en el equipo de Médicos Sin Fronteras en el barco de búsqueda y rescate Aquarius en el Mediterráneo central. Prácticamente todas las personas que hemos rescatado de embarcaciones de goma y madera peligrosamente atestadas nos dicen que los han mantenido en cautividad en Libia.

Hay diferentes tipos de centros de detención. Algunos de ellos son instalaciones autorizadas por las autoridades libias donde las personas sin documentación son retenidas. Otros son centros son auténticos tugurios carentes de aseos y ventanas y llenos de desesperación donde las personas son secuestradas a la espera del pago de un rescate. En esas ‘prisiones’ pasan mucho tiempo hasta que sus familias reúnen el dinero suficiente para pagar su liberación.

Las personas a las que rescatamos nos cuentan que, a menudo, son privadas de comida, golpeadas y violadas en los centros. Mientras les torturan, llaman a sus familias para que escuchen los gritos de sus seres queridos y paguen rápidamente. Algunos nos cuentan que el precio de la libertad es muy alto: unos 6.000 dólares (5.450 euros). Según nos relatan, es habitual que, en el caso de darles de comer, les alimenten con exiguas raciones de macarrones sin nada más.

Hace unos días, una mujer me contó que había estado detenida durante nueve meses. Antes de su cautiverio pesaba 58 kilos, pero cuando la subimos a una báscula en el Aquarius esta solo marcó 36. Había pasado de ser una mujer más o menos de mi tamaño a casi un esqueleto tan falto de aliento y tan débil que caminar unos pasos la hacían jadear. Cuando le pregunté lo que había comido durante los últimos nueve meses, me respondió con las palabras habituales: “Solo macarrones”.

Refugiados, migrantes y solicitantes de asilo cautivos en un centro de detención de Trípoli, Libia. Fotografía: Ricardo García Vilanova.

Y cuando digo macarrones, me refiero a la pasta sin nada, sin una salsa de tomate (que podría tener algunas vitaminas) ni salsa de carne (que podría aportar algunas proteínas), no, solo la pasta. Junto a la desnutrición generalizada, he visto personas con signos clásicos de escorbuto (por la falta de vitamina C): llagas en boca y labios, dientes sueltos y úlceras en el cuerpo.

Antes de esta misión, había visto casos de desnutrición severa en menores y adultos con enfermedades crónicas o en contextos en los que había escasez de alimentos debido al conflicto. Sin embargo, no había visto una desnutrición severa provocada por una negligencia intencionada en un lugar donde sí hay comida. Me horroriza la capacidad de las personas para torturar a otros seres humanos.

La mayoría de nuestros pasajeros nos dicen que no comerán pasta el resto de sus vidas. Resulta cruelmente irónico que desembarquen en Italia. Sus historias me generan sentimientos encontrados respecto a la pasta en general y, muy probablemente, derivarán en una aversión irracional y prolongada a los macarrones.

Huracán Matthew: un mes después en Haití

Por UNICEF Comité Español, que lanza su Campaña centrada en niños en emergencias, como la de Haití

© UNICEF/UN035940/LeMoyne and © UNICEF/UN034856/Abassi, UN-MINUSTAH

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Durante todo el año pasado, 98 millones de personas, más de 2 veces la población de España, sufrieron las consecuencias de graves desastres naturales. Una gran parte de todas estas personas eran niños. Durante el pasado 2015 UNICEF respondió a 310 emergencias humanitarias, una cifra que se eleva muy por encima de la media de las últimas décadas.

En Haití, un país que ya sufrió las consecuencias de un terremoto terrible en el año 2010, más de 2 millones de personas a día de hoy siguen afectadas por el Huracán Matthew. De ellas 900.000 son niños, de los cuales 600.000 necesitan ayuda inmediata.

© UNICEF/UN035940/LeMoyne and © UNICEF/UN034856/Abassi, UN-MINUSTAH

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Unos 500.000 niños viven en los departamentos Sur y Grande Ansa de Haití, las zonas más afectadas por la peor ráfaga del huracán Matthew, de categoría cuatro. (Izquierda) Un cuenco de habichuelas recogidas de un cultivo devastado de Júreme. (Derecha) Vista aérea del sur de Haití.

Las ciudades costeras quedaron gravemente dañadas, al igual que numerosas viviendas de regiones montañosas remotas. Muchas personas están viviendo en refugios temporales. (Izquierda) Preparación de comida frente a una iglesia de Jeremie que acoge a desplazados por el huracán.

© UNICEF/UN035881/LeMoyne and © UNICEF/UN035886/LeMoyne

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Los casos crecientes de diarrea y de posible cólera son preocupantes, pues sus consecuencias pueden ser mortales en los niños. Antes del huracán, uno de cada cinco niños ya sufría desnutrición crónica. (Izquierda) En una escuela de Les Cayes, una niña sostiene un cuenco vacío. (Derecha) Unas niñas en una iglesia de Jeremie.

© UNICEF/UN035881/LeMoyne and © UNICEF/UN035886/LeMoyne

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“La destrucción masiva de campos de cultivo, ganado y otras formas de sustento está poniendo aún más vidas en peligro”, asegura Marc Vincent, Representante de UNICEF en Haití.

(Izquierda) Preparación de comida junto a una iglesia de Jeremie mientras (derecha) una niña prepara arroz dentro”.

© UNICEF/UN035147/LeMoyne and © UNICEF/UN035942/LeMoyne

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Hasta un 90% de los cultivos se han perdido con el paso devastador de Matthew, y 800.000 personas necesitan ayuda urgente para comer. (Izquierda) Una olla con maíz en la escuela de Catiche. (Derecha) Una mujer rodeada de aguacates podridos y un árbol caído al exterior de su casa, en Duchity.

 

Gaza, más allá de la rehabilitación médica

Por Raquel Val Rivas, delegada de Cruz Roja Española en Gaza.

cruzNour al Farrah es fisioterapeuta en el equipo de rehabilitación de la Media Luna Roja Palestina en Khan Younis y Rafah (al sur de la Franja de Gaza) en el marco del proyecto financiado por el Gobierno belga y apoyado por la Cruz Roja española y la Cruz Roja belga. Nour comenta que “la situación de la población en Gaza es muy difícil, pero lo es aún más para las personas con discapacidad”.

Desde el 1 de febrero de 2016, 274 personas (un 55% son mujeres y niñas) han recibido distintos servicios de rehabilitación, como fisioterapia, terapia ocupacional, apoyo psicosocial y consulta médica. Se establece un plan de intervención integral; sin embargo, Nour apunta que “no todas las personas alcanzan los objetivos marcados; principalmente en estos casos es cuando menos debemos perder la esperanza”.

El apoyo no se limita simplemente a la rehabilitación médica, sino que los familiares, que en muchas ocasiones se sienten desamparados, reciben atención psicosocial y el calor humano que emana del equipo. “Hay personas que lloran de emoción cuando nos ven llegar“, recuerda Nour, “se alegran de que haya alguien preguntando por ellos, que se acuerde de ellos”.

En algunos casos, las condiciones de vida de la familia son tan precarias que el equipo siente que tiene que hacer más por mejorar la situación de estas personas. “Las necesidades son innumerables, desde salud, a vivienda, sustento, carencias sociales, educativas…”. Es entonces cuando deciden movilizar a la comunidad, hacerla partícipe de los problemas de sus vecinos, evitar que las personas con discapacidad y sus familiares sean ignoradas.

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“En una ocasión, la vivienda de una familia de 15 miembros ardió. Sólo tenían un retrete y las condiciones de habitabilidad eran muy precarias. Entre nosotros y algunos vecinos, les ayudamos a limpiar lo que quedaba de la casa, y conseguimos dinero y comida”. No es el único caso complejo en el que se han visto involucrados Nour y sus colegas.

Normalmente es fácil acordarse de sensaciones, vivencias, imágenes, pero difícilmente se recuerdan los olores. Pero Nour dice poder recordar el olor de algunas de las casas que visita con regularidad durante su labor, debido a las pésimas condiciones de habitabilidad y la negligencia en el cuidado personal. “Necesitan absolutamente de todo”, recalca Nour.

“Afortunadamente no siempre es así”, cuenta el fisioterapeuta, “hay numerosas personas con discapacidad que están bien cuidadas, cuyas familias se preocupan por ellos y que siguen los ejercicios que les indicamos. Este compromiso es fundamental para conseguir los objetivos del plan de rehabilitación”.

Nour, al hacer balance de su equipo de rehabilitación y de la labor que desarrollan, lo tiene claro: “cuando acabo la jornada me siento feliz por lo que hemos conseguido; es cierto que hay casos muy complicados, pero nunca perdemos la esperanza”.

  • En las fotos, Nour al Farrah, fisioterapeuta de la Media Luna Roja Palestina, atiende a distintos pacientes en la Franja de Gaza.

Desde entrenadores de fútbol a peluqueros: los refugiados se hacen cargo de la formación de niños

Por Anita Dullard, Federación Internacional de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja.

En el campamento de Skaramagás en Grecia, hay profesores, médicos, abogados, traductores, costureras, peluqueras, entrenadores de fútbol… lo que quieras. Huyendo de la guerra y la violencia, esta gente ha dejado atrás no sólo sus casas sino también sus profesiones, por el momento.

“Todas las respuestas están ya en la comunidad,” explica Helen Pardo Riikonen, delegada de apoyo psicológico que trabaja para la Cruz Roja Helénica en Grecia. “No nos hace falta empezar desde el principio porque la gente que vive en los campamentos tiene muchísimas aptitudes y estamos trabajando junto a ellos para empezar y poner en marcha actividades sociales.”

Riikonen forma parte del equipo de apoyo psicológico de la Cruz Roja, que trabaja con personas que sufren los efectos del estrés y situaciones traumáticas, y procura velar por el bienestar mental y físico de la gente que se ha quedado desamparada en Grecia. Afirma que crear oportunidades para que la gente emplee y adapte sus conocimientos y experiencia es fundamental para que ellos pasen a ser supervivientes en lugar de víctimas.

 

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“Es importante que la gente se sienta útil para su comunidad, dondequiera que esté,” asegura. “Quieren sentirse implicados. Los propios emigrantes detectan las necesidades y elaboran el programa y la gestión de las actividades y la formación para niños y adolescentes. Procuramos capacitar a la gente para que pueda hacerse cargo de organizar actividades y gestionar el espacio del campamento.”

Este enfoque centrado en la comunidad aporta numerosos beneficios psicológicos y sociales para la gente que vive en los campamentos.

Riikonen explica: “Nuestras actividades psicosociales constituyen un lugar seguro para niños y adultos que, a menudo, han vivido en carne propia y han sufrido las calamidades de la violencia en sus hogares, así como el terrible camino que han tenido que hacer para escapar.

La Dirección General de Ayuda Humanitaria y Protección Civil (ECHO) de la Comisión Europea apoya la obra de la Cruz Roja en territorio griego, que incluye la puesta en marcha de sus programas de apoyo psicológico.

Marilena Jatziantoniu de ECHO declaró: “Mucha gente ha sufrido múltiples pérdidas y están de luto por sus seres queridos, por sus hogares y la vida que han dejado atrás. Asimismo hay niños que no tienen familia con ellos o que han perdido a su familia por el camino.

“Este el motivo por el que la Comisión Europea apoya a la Cruz Roja para proporcionar ayuda psicológica en sitios como Skaramagás y otros lugares.”
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Haití y el Huracán Mathew: le dijo Peter Pan a Campanilla…

Por Sara Escudero, delegada de Cruz Roja Española.

Atravesamos las carreteras de norte a sur, la calle Isabel la Católica, La calle de las Damas, la 19 de marzo, la 27 y por fin la calle de la Cruz Roja. Aquí entre caja y caja, entre compra y arreglo comparto mi día a día con Enrique, Antonio y nuestros nuevos compañeros de la Cruz Roja Dominicana. Me encanta no sentirme sola y saber que todos remamos en una misma dirección. Me encanta la sensación de sentirme equipo, de tener una red por si nos precipitamos al vacío. Me encanta saber que estamos de nuevo siendo una pieza de un puzle más que complejo, donde “si crees en los sueños, ellos se crearán”

Empezamos el puzle por las equinas, los bordes, las piezas fáciles para construir un marco, las lisas sin forma. Así se empiezan todos los puzles ¿verdad? Coger las piezas del borde para empezar, poco a poco, a estar preparados, y en este punto de partida nos encontramos. Preparando, arreglando, rematando, creando un marco de inicio para este puzle. Me ha dado mucho para reflexionar esta misión, porque trabajar a ciegas es difícil y no ver el escenario es como ver las piezas y que todas sean en blanco y negro. Barreras que nos pone el destino. Pero ahí estamos, dando forma a una nueva actuación. Y ahora empieza el engranaje de las figuras y los colores.

Este puzle se llama huracán Matthew, que no ha arrollado un territorio por explorar sino que ha cogido un camino muy conocido, el país de Nunca Jamás, y vuelve a pasar por los lugares que ya han sido destruidos por inundaciones, terremotos, huracanes… y no sé si queda algo más. ¡En realidad no sé si puede ocurrirle algo más al pueblo haitiano!. Posiblemente no. Porque hoy tenemos la vista puesta en el lugar donde se mueren los sueños, donde las personas no tienen ilusiones, donde acaba el futuro en el mismo momento que empieza el presente, y “vivir no es una fantástica aventura”. Porque sí existe el país de Nunca Jamás, donde los niños y las niñas no quieren crecer, como Peter Pan, porque no piensan en cosas felices para poder volar. Porque la dignidad de una persona jamás se podrá medir por el cuanto tienes, sino por la humanidad que dejamos a nuestro paso “volando hasta lo más alto del cielo, girando en la segunda estrella a la derecha, y todo recto hasta el amanecer”

Y así, seguimos construyendo, dejando paso ahora otros compañeros que pondrán las piezas del medio, las de otros bordes, que unirán todas las de un mismo color, las de las mismas formas y que al final harán un cuadro perfecto, que solo desde la distancia, se puede ver completo desde el país de Neverland.

Pero esta reflexión también me da un aprendizaje que me llevo como tarea pendiente: aprender sobre la importancia de cada pieza, sin importar si te toca ser esquina o centro, porque el puzle nunca se termina si falta una pieza. Aprender sobre lo importante que es humanizar los dramas tras una catástrofe. Aprender sobre el levantarse, respirar hondo, mirar de frente a los problemas y luchar por nuestros objetivos: las personas. Aprender cada día sobre la máxima expresión que es ser un equipo. Aprender a echar de menos, a llorar y el reír al mismo tiempo.

Aprender sobre la vida y repetir las palabras de Peter Pan a Campanilla “como cada día a esta hora… lo mejor está por llegar”.

Sara Escudero, preparando el despliegue de plantas potabilizadoras desde República Dominicana a Haití.

Sara Escudero, preparando el despliegue de plantas potabilizadoras desde República Dominicana a Haití.