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Un blog desde el terreno de la mano de Ayuda en Acción, Cruz Roja, Ingeniería Sin Fronteras, Unicef, Médicos del Mundo, HelpAge, Fundación Vicente Ferrer, Médicos Sin Fronteras, PLAN Internacional y Farmamundi.

Volver a empezar tras un terremoto

Por Leticia Diego, delegada de Cruz Roja Española en Ecuador.

Barón Zambrano vive en Coaque, Pedernales una comunidad afectada por el terremoto que azotó a Ecuador el 16 de abril.

Padre soltero con dos hijos, vivía en su terreno junto a su hermana y familia antes del fatídico 16 de abril.

Barón trabaja en una empacadora de camarones y es el único miembro de la familia con trabajo fijo. Los gastos de su familia y de la de su hermana recaen sobre sus hombros.

El día del terremoto Quedamos en la calle, con lo que teníamos puesto. Las paredes colapsaron, deteriorando todo lo que estaba adentro. Pudimos rescatar pocas cosas como platos y cucharas, el resto se echó a perder, comentó Barón, con sus ojos llenos de lágrimas al recordar el día del desastre.

Durante el terremoto, Barón y su pequeña hija estaban dentro de casa. La tierra tembló tan fuerte que no pudieron salir y quedaron atrapados durante varias horas bajo los escombros. Esperaron ayuda, con la esperanza de sobrevivir.

Tras el duro golpe decidieron empezar de cero. Limpiaron los escombros e improvisaron un nuevo hogar construido con carpas y caña guadua. Barón confiesa que entre sus planes estaba vivir este lugar por mucho tiempo, puesto que asumía que no podría recuperarse de un desastre de esa magnitud y no podía reconstruir una vivienda fácilmente.

Cruz Roja Española interviene junto a Cruz Roja Ecuatoriana y la Federación Internacional de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja en la mejora de las condiciones de habitabilidad de la población afectada por el terremoto del 16 de abril. Barón Zambrano y su familia fueron los primeros beneficiarios del proyecto.

Me había resignado a esperar, quién sabe cuántos años para volver a levantar mi casa, pero gracias a Cruz Roja Ecuatoriana hoy puedo dormir tranquilo al saber que en poco tiempo mi familia tendrá un lugar digno para vivir” asegura Barón con entusiasmo.

Víctima de Boko Haram: nacido entre las bombas

Badre Bahaji, miembro del equipo de comunicación de UNICEF-Chad en Yamena 

La primera vez que vi a Kaltouma Ali, una mujer de 33 años y madre de 5 hijos —incluyendo el bebé de 12 meses, Hissein, nacido entre bombas — me llamó la atención lo fatigada que se la veía, pero también la dignidad que reflejaban sus ojos. En el mismo momento en el que nos conocimos, Hissein trepó a mi regazo, sin mostrar el menor atisbo de temor hacia los extranjeros.

“Hace dos años que ocurrió aquello. Era ya de noche y recibimos una llamada de la isla en el Lago Chad donde vivía mi madre. Estaba muy enferma y necesitaba mi ayuda. Dejé a mis hijos aquí y encontré una canoa que me llevaría hasta la isla. Sabía que Boko Haram andaba por la zona, pero necesitaba traerla aquí, al continente, donde podría recibir tratamiento médico” comienza su historia Kaltouma.

Víctima de Boko Haram: nacido entre las bombas

Kaltouma con su hijo Hissein, que nació mientras su madre estaba secuestrada por Boko Haram / © UNICEF Chad/2017/Bahaji

“Llegué poco después de la puesta de sol. Había electricidad en el ambiente. Encontré a mi madre tumbada sobre una colchoneta a la sombra de un árbol del barniz. Decidimos pasar la noche allí y salir temprano por la mañana hacia el continente”, me cuenta.

En mitad del relato, Hissein empieza a quejarse y Kaltouma hace una pausa en su relato para darle de mamar mientas vigila al resto de sus hijos, que juegan fuera. Juegan a las cocinitas como si la arena fuera comida, mientras que las ramitas del suelo hacen las veces de los utensilios.

Su ataque nos sorprendió en mitad de la noche. Dispararon al aire y nos hicieron salir al exterior. Nos obligaron a acompañarles, pero mi madre decidió quedarse. Dijeron que los que trataran de escapar pagarían por ello”, añade con voz temblorosa.

Kaltouma tuvo que quedarse 18 meses en aquella isla remota en compañía de los soldados de Boko Haram y del resto de personas secuestradas. Apenas las alimentaban, en función del ganado y las cosechas que robaban de las islas vecinas. Recuerdo que pensé que la voz de Kaltouma, mientras me describía este terrible suceso e intentaba dormir al bebé, sonaba monótona y ausente.

“Nada más llegar me obligaron a casarme, como al resto de mujeres, pero apenas veía a mi marido. Me quedaba sola en una cabaña y él solo venía por las noches. A las pocas semanas supe que estaba embarazada y 9 meses después nació Hissein. Lo llamé como a mi primer marido, al que dejé en la aldea. No he sabido hasta ahora, que he vuelto, que ha muerto. No quiero que Hissein sepa nada de esto”, prosigue amargamente.

“Una noche escuchamos el sonido de un helicóptero sobrevolando la isla. Estábamos todas escondidas en las cabañas y yo protegí a mi bebé bajo el vestido. Nos hirieron, pero fue leve y salimos vivos. El padre de Hissein murió durante el ataque”.

A medida que el relato de Kaltouma avanza, estoy cada vez más horrorizado por la dureza de lo que me está contando. No puedo dejar de mirar a su bebé, que me mira sonriente ajeno a lo que está pasando.

“Tras el ataque los soldados que sobrevivieron quedaron débiles, y algunos de ellos enfermaron. Un grupo de mujeres pensamos que era el momento de intentar escapar y decidimos que lo haríamos al caer la noche. Caminamos a través de los pantanos durante días. Las más altas nos ocupamos de llevar a los niños sobre nuestros hombros”, recuerda.

Kaltouma me cuenta que escapó con otras 500 mujeres, pero que algunas de ellas decidieron seguir por su cuenta en algún punto del camino. Solo 100 de ellas hicieron todo el camino de regreso juntas. No sabe qué fue de las otras. Cuando, finalmente, llegaron a la frontera, los soldados las llevaron al Centro de Transición. Se quedó allí durante algunas semanas antes de reunirse con su comunidad y con sus niños, a los que 18 meses atrás había dejado con una tía.

“Al final del viaje todos los niños estaban enfermos. El doctor le dio leche y plimplim* a Hissein”. El niño ha sido dado de alta en la última revisión que le han hecho en el centro de salud. Ahora que están libres y sanos es el momento de que Hissein y su madre empiecen a pensar en su futuro.

Hasta abril de 2017, más de 1.100 personas (el 70% de ellas, niños y mujeres) han sido presuntamente entregadas a las autoridades chadianas en la región de Lac (República de Chad). La mayor parte de ellos habían sido secuestrados por Boko Haram. En UNICEF estamos trabajando con las autoridades y nuestros aliados para prestar apoyo psicosocial, ayuda en la localización de familiares y asistencia médica a todos los niños afectados por la violencia de Boko Haram y sus familias.

*Nombre con el que se llama al alimento terapéutico listo para su uso, que se proporciona a los niños con desnutrición.

Cinco lecciones de vida que nos dan las personas mayores de Eslovenia

Por Beth Howgate, Asistente de Campañas de HelpAge International.

© HelpAge International

Hace dos semanas, estuve en Eslovenia para reunirme con dos de los socios de campañas de HelpAge. Durante este viaje, he tenido la oportunidad de conocer varias personas mayores en diferentes contextos.

Muy a menudo, pensamos que las personas mayores son un grupo de personas homogéneo, que generalmente tienen arrugas y de pelo canoso. Sin embargo, los mayores que he conocido venían de un grupo diverso, y cada uno tenía una historia única y fascinante. Todos querían ser escuchados, incluidos en la sociedad y valorados, cosas que no deberían cambiar con la edad. He aprendido mucho gracias a sus conversaciones, pero estas lecciones no eran las lecciones solo para las personas mayores, sino eran lecciones de vida.

Aquí comparto cinco de ellas:

  1. SAL Y SÉ ACTIVO

La primera lección que aprendí fue que hay que ser siempre activo, reunirte con tus amigos y aprovechar del aire libre. Para todos nosotros, pero especialmente, para las personas mayores que pueden ser más expuestas a experimentar soledad y depresión, mantenerse activo es imprescindible. Al salir, estás conectando permanentemente con la naturaleza.

© HelpAge International

2. SOY EL DUEÑO DE MI VIDA

He conocido a Milica, mujer mayor que vive en el pequeño pueblo pesquero Izola. Ella me dijo que ella es la dueña de su vida, y entendí perfectamente lo que me quiso transmitir. Nuestro tiempo es totalmente de nosotros y somos libres de hacer lo que queramos con él; por tanto, no debería ser definido por las expectativas de la sociedad sobre lo qué es la edad, al contrario, debería ser definido por nuestras propias expectativas.

3. SER CURIOSO ES IMPORTANTE

Muchos de los mayores con los que he hablado me dijeron que es muy importante que a medida que envejeces, mantengas tu curiosidad e interés por aspectos desconocidos. ¿Qué aporta esto? Ellos me explicaron que, si siguen aprendiendo nuevas cosas y adquiriendo nuevos conocimientos, se sientes jóvenes. Este es el primer paso para ser incluido totalmente a la sociedad como persona mayor. Esto nos revela que la curiosidad no es necesariamente una cuestión que prevalece en la juventud, sino que además es muy importante en la tercera edad.

4. NO TE ENFOQUES EXCLUSIVAMENTE EN TU CARRERA

Milan, un hombre mayor de Eslovenia que escribe periódicamente canciones de amor para su esposa ya que dice que “se ve mejor en las canciones”, me ha dicho: “el amor es lo que cuenta, no la edad –ama lo que de te guste y haz que eso te fascine”. Nevenka, ex–periodista y editora de diferentes periódicos, me explicó algo muy parecido, y es que deberíamos de ir al trabajo con entusiasmo. Pero ella también me dijo que no deberíamos enfocarnos solamente en nuestra carrera ya que una vez que te jubiles, te puedes sentir perdido y encontrar dificultades en hacerte una red social. Deberíamos construir estas redes a lo largo de nuestras vidas y encontrar amigos fuera del ámbito laboral también. Esto puede parecer algo obvio, pero muchos de nosotros nos sentimos culpables por dedicar demasiado tiempo y poner demasiada energía en nuestro trabajo y no tanto en nuestras vidas afuera de la oficina.

5. LOS MAYORES NO SON SOLO UN RECURSO

Muy importante, los mayores no son solo un recurso para aprender sobre el pasado, ellos tienen mucho que enseñarnos tanto sobre el presente como sobre el futuro. Al igual que los jóvenes, muchos de los mayores hablan hoy en día sobre política, tecnología, esquiar o desear aprende otro idioma.

Como sociedad, parece que estamos obsesionados con la palabra “viejo” y con el paso del tiempo nos sentimos culpables de tener miedo al añadir otra vela en la tarta de cumpleaños. Hemos creado sentimientos de miedo al pensar que viviremos muchos años cuando muchas personas mayores se sienten muy orgullosas de las vidas que han llevado y continuarán llevando. No les importa decirle a la gente su edad. A fin de cuentas, hacerse mayor es un privilegio y una conquista para la humanidad. “La vida es demasiado hermosa para nosotros para que no la vivamos como se debe”, me dice Milica.

El caso de Sree Lata, deportista olímpica, que desafía el doble estigma de ser mujer y tener discapacidad

Por Enric Romaguera, cooperante en la Fundación Vicente Ferrer. Profesor de Educación Física especializado en Deporte y Discapacidad.

En septiembre de 2010, cuando llegué por primera vez a Bathalapalli, el pequeño pueblo donde descansa Vicente Ferrer en el sur de la India, el proyecto de discapacidad y deporte solo contaba con dos atletas (dos chicas con discapacidad intelectual) y un entrenador local. Hoy en día el Programa Deporte y Discapacidad asiste a los 1.400 niños y niñas con diversidad funcional de todos y cada uno de los centros de la Fundación Vicente Ferrer en India dotando de educación física a los alumnos con discapacidad auditiva, visual, intelectual y parálisis cerebral. Hoy cuenta con 15 profesionales locales y el soporte de voluntarios españoles formados en la rama de actividad física y deporte.

Entrenamiento Special Olympics © Mariano Fuentes

En los 3 centros donde residen pequeños héroes con parálisis cerebral se han creado gimnasios adaptados – tetrasport- para que estos niños que no pueden ponerse de pie puedan ejercitarse y así sus familiares vean que “sí” son capaces. Para ellos se creó el primer campeonato nacional de Boccia -petanca adaptada- en el cual los campeones de Anantapur ganaron la Medalla de Oro en Calcuta y demostraron a sus padres lo lejos que son capaces de llegar.

Según la ONU, el deporte es una excelente herramienta para el desarrollo de los pueblos. En el caso de las personas con discapacidad, fomenta su empoderamiento y su reconocimiento social.

En los centros con niños y niñas con discapacidad visual se han creado programas como el judo, el patinaje o el tenis para ciegos a partir de la también incorporada Educación Física de base. En la misma línea, los centros de niños y niñas con discapacidad auditiva además de tener una práctica deportiva regular que contribuye a mejorar sus capacidades motoras y la confianza en sí mismos, han empezado a competir en las competiciones nacionales de las olimpiadas para sordos (Deaf Olympics).

El cooperante Enric Romaguera mantiene una charla con los jugadores © FVF

 

Pero si alguno de estos proyectos ha crecido exponencialmente y nos ha mostrado de manera clara y contundente cómo el deporte puede cambiar el mundo, o por lo menos pequeños mundos, es Special Olympics. Las olimpiadas donde se concentran más de 7.000 atletas con discapacidad intelectual de todo el planeta han aumentado la cantidad y calidad de deportistas de esta zona árida del sur de la India gracias a la tenacidad y capacidad de superación de los jóvenes con discapacidad intelectual.

Ni ciudades imponentes como Los Ángeles,  Newcastle o Barcelona han conseguido igualar la frescura, creatividad y pasión con la que compite Sree Latha, jugadora de Ping-Pong  ganadora de 2 medallas olímpicas y nacida hace 18 años en Anantapur. Sree Latha ha conseguido el reconocimiento social que antes no tenía en su aldea a través del deporte, pasando de ser rechazada y estigmatizada por su discapacidad a ser un referente familiar y comunitario.

Sree Latha muestra su medalla, obtenida en los Special Olympics Los Ángeles 2015 © FVF

Hoy es un espejo para el resto de atletas que ven en ella un claro ejemplo del “si quieres puedes, solo debes desearlo con fuerza y luchar por ello”. Sree Latha se casó con un hombre sin discapacidad, tiene un trabajo en un taller de yute y además tiene una paga por las 2 medallas olímpicas con las que planea comprar una casa y abrir un negocio. Esto significa que será autónoma y no dependerá de su marido. Sree Lata ha conseguido romper moldes en su aldea, donde las mujeres con discapacidad sufren discriminación por partida doble.

La vida de una persona con diversidad funcional es dura y cruel en la India e historias como la de Sree Lata evidencian que el deporte es una preciosa herramienta para mejorar la calidad de vida y empoderar a un colectivo tradicionalmente marginal en las aldeas rurales.

Sobre el arte de la docencia #DíaMundialdelaEducación

Por José Antonio Hoyos profesor de francés en la Escuela Profesional de la Fundación Vicente Ferrer.

Sin que yo mismo lo supiera o lo previera, aunque quizás sí deseándolo inconscientemente, me he visto siempre atraído por la docencia.

La palabra ha sido un vehículo que, desde que conozco, he pilotado con más o menos pericia pero, sobre todo, con mucho apego. Y de ahí a la docencia diría que solo hay un cambio de marcha, aquel que permite sistematizar el contenido para hacerlo interactivo y creativo.

Tengo un cofre dorado en mi mente en el que guardo el recuerdo de algunos profesores del colegio, del instituto y de la universidad por los que siento una admiración que para algunos de ellos es ya póstuma. Dentro de ese cofre hay frases y conceptos que me enseñaron de una manera que hoy siento tan evocadora que parecen un olor. Tengo también en la memoria ideas que me regalaron que, aún hoy en día, utilizo y parafraseo incluso en conversaciones con mis amigos.

Creo que el docente es un artista, un funambulista que se pasea por la más noble rama intelectual del verbo compartir: compartir el conocimiento. Además, no sólo para transmitirlo sino también, y sobre todo, para inocular el “veneno” de la duda, el más poderoso machete para desbrozar de prejuicios y medias verdades el cerebro de los estudiantes, estudien lo que estudien y tengan la edad que tengan.

Ejercer la docencia le empapa a uno de sueños de realidad que cambian la esencia personal. Los niños africanos a los que di clase durante un par de años en Tanzania convirtieron mi mente en una fiesta de pompas de jabón exigiéndome lo máximo para enseñar lo mínimo: a leer, escribir, sumar y restar; y las chicas y chicos indios a los que ahora tengo el privilegio de enseñar francés en la Escuela Profesional de la Fundación Vicente Ferrer me están haciendo sentir la emotiva bidireccionalidad del maravilloso ejercicio de la enseñanza, pues tanto o más aprendo cada día yo como ellos. Son jóvenes de las castas más bajas que de otra manera no tendrían la oportunidad de estudiar un idioma extranjero y que lo aprenden con la esperanza de ser contratados por alguna empresa, normalmente multinacional, que les pague un sueldo digno con el que mantenerse a sí mismos y a sus familias, normalmente pobres y numerosas.

(@Juan Alonso)


La atención que me prestan, su actitud, y la viveza de sus preguntas y miradas me hacen sentir a veces que estuviera dando clase a un grupo de ardillas.

Calculo que la densidad emotiva de este proyecto es tan grande como la de la materia de un agujero negro, y la deferencia, agradecimiento y respeto que ellos me muestran -aun siendo enormes- son en realidad minúsculos comparados con la explosión de orgullo no presuntuoso que yo siento al formar parte de algo tan noble y puro como enseñar para formar y sostener.

Estudiar una lengua nueva es tender un puente inacabable entre las ideas propias y el mundo exterior a través de un río ancho como el horizonte por el que discurren las circunstancias verbalizables de la vida.

En esta escuela, pues, palabra a palabra, se construyen puentes a través de los cuales cruzan vidas en busca de su realización.

El profesor cooperante con dos alumnos de la Escuela Profesional donde da clases. (@Mario Ruiz-Ayúcar)

* José Antonio Hoyos (Burgos, 1973) estudió Telecomunicaciones en la Universidad Pública de Navarra. Después de trabajar durante 15 años en Madrid en la multinacional Bertelssman y en otros sectores comenzó su carrera como docente. Primero en Tanzania como profesor en una escuela de la ONG Born to Learn, donde colaboró durante dos años. Desde 2015 es profesor de francés en la Escuela Profesional de la Fundación Vicente Ferrer.

Petite Bebé. Cuál es el futuro de un bebé prematuro en República Democrática del Congo

Por Begoña Hermida Val, responsable médico del proyecto de Médicos Sin Fronteras en Shabunda.

acientes esperan su turno en el hospital de Matili. Juan Carlos Tomasi.

Pacientes esperan su turno en el hospital de Matili. Juan Carlos Tomasi.

¿Te imaginas cuál puede ser el porvenir de un bebé que nace en una pequeña aldea de la República Democrática del Congo? ¿Y si además ese bebé pesa 650 gramos al nacer y lo hace en un centro hospitalario donde solo una fuente de calor artificial puede ayudarle? Pero, ¿y si además su mamá, que es VIH positiva, le abandona para ir a una chambre de prière (o casas de oración, uno de los recursos habituales de la población local para curar problemas de salud) donde acuden a buscar la solución a su enfermedad de la mano de un curandero o charlatan que es como los llaman por aquí?

Como cada dos semanas, durante más de nueve meses de misión en el proyecto de Shabunda, me desplazo a Matili, donde apoyamos el centro hospitalario de la localidad. A mi llegada, la responsable de actividades  de las enfermeras, me dice que quiere presentarme el caso de una “Petite Bebé”, de dos días de vida y con un peso que no llega a los 700 gramos.

Su mamá, abatida por el VIH y la desnutrición, la ha abandonado. Ha decidido acudir ir a una chambre de prière para resolver sus problemas a través de la oración. Ahora, necesitamos alimentarla, mantener su temperatura corporal y protegerla del ambiente al que ha tenido que exponerse bruscamente ocho semanas antes de lo previsto.

Nuestra “Petite Bebé”, que todavía no tiene nombre, estaba ahora bajo el cuidado de su abuela, quien, al contrario que su hija, había decidido hacer todo lo posible para que sobreviviese. Las enfermeras de la recién reorganizada unidad de neonatología, acostumbradas a la llegada de casos tan difíciles como este y a ver morir unos seis neonatos por mes, no mostraban una gran esperanza.

Ponemos nuestro mayor empeño para motivarlas y hacerles ver que si juntos nos volcamos en los cuidados de la pequeña, esta tendrá un halo de esperanza. ¿Qué cuidados habremos de darle? Alimentación artificial, ante la imposibilidad de lactancia, conservación de una temperatura adecuada, los cuidados diarios del cordón umbilical y de la piel en general asegurando las normas de higiene para así evitar las infecciones y complicaciones, como el síndrome de insuficiencia respiratoria, que podrían llevarle a la muerte.

Otra técnica muy recomendada para el cuidado de los prematuros de menos de 2 kilogramos, es el llamado ‘método canguro’, que se caracteriza por la lactancia exclusiva y más frecuente, y el contacto piel-piel entre la mamá y el bebé para reforzar así el dúo madre-hijo. Desafortunadamente, ¿cómo poder beneficiarte de ello si tu mamá no está contigo?

Para sorpresa de todo el equipo, tras dos semanas hospitalizada, “Petite Bebé” y su minúsculo cuerpo seguían luchando día tras día por sobrevivir: su tórax se movía con fuerza y a gran velocidad para poder asegurar la entrada de aire en sus diminutos e inmaduros pulmones.

En la reunión médica matinal, el equipo de guardia informa cada día de la evolución de su peso, que poco a poco aumenta y está ya en 700 gramos. Todo el equipo se muestra feliz y su abuela llena de esperanza. Mamá sigue sin aparecer.

Dos pacientes descansan en el hospital de Matili. Juan Carlos Tomasi.

Dos pacientes descansan en el hospital de Matili. Juan Carlos Tomasi.

Al mismo tiempo, en mi cabeza ronda una gran cuestión: ¿qué será mejor para ella, sobrevivir o no hacerlo? Teniendo en cuenta que el bajo peso al nacer contribuye del 60% al 80% de las muertes neonatales y que en más del 20% de los supervivientes permanecen secuelas irrecuperables, no encuentro una respuesta a mi pregunta.

Pasan los días, me tengo que ir de Matili, y paso a visitarla una última vez. Al verla, con sus 710 gramos hoy y sus 17 días de vida, me viene a la mente la respuesta a la cuestión que me acechaba: Vivir sería maravilloso, si alguien le ayudase a hacerlo. Si su familia quisiese luchar por ella; si tuviesen acceso a la alimentación, a cuidados básicos de salud, a educación, a vivienda, a un empleo, en definitiva, a cualquiera de esos derechos básicos que apenas disfruta un muy pequeño extracto de la población mundial. También pensé, sería todavía más maravilloso si el Gobierno de su desestructurado país hiciese políticas para que ella, y para los otros 65 millones de habitantes, tuviese la oportunidad de una vida digna.

Contra todo pronóstico, gracias a sus ganas de vivir, a la atención que los equipos médicos de Médicos Sin Fronteras y del Ministerio de Salud brindan y con el único amor de su anciana abuela, Petite Bebé sigue luchando por salir adelante. Me despido con un sentimiento amargo, pero a su vez, con la esperanza de que su diminuto cuerpecito siga creciendo.

Bahati njema, dogo rafiki! (En swahili: buena suerte, amiguita)

Médicos Sin Fronteras trabaja en República Democrática del Congo desde 1981. En la actualidad, alrededor de 3.000 congoleses y 200 empleados internacionales trabajan conjuntamente para facilitar de servicios médicos a la población a través de 20 programas repartidos por todo el país.

Otra guerra en Yemen: la lucha contra la desnutrición y la enfermedad

Por Bismarck Swangin, UNICEF Yemen

Khawla Mohammed, de un año, yace en una cama de un hospital de Saná, la capital de Yemen. Un tubo atraviesa su nariz. Sufre desnutrición, y lucha contra una infección en el pecho que afecta a su respiración.

A su lado su madre, preocupada, nos cuenta que Khawla enferma una y otra vez desde que cumplió cuatro meses.

Otra guerra en Yemen: la lucha contra la desnutrición y la enfermedad

Khawla es examinada por los medicos en el área pediátrica del hospital Al-Sabeen en Saná, Yemen./© UNICEF Yemen/2017/Farid

“Al principio era diarrea. Adelgazó tanto que podía cogerla con una mano. Después perdió el apetito, y me preocupé”, explica. Debido a esto han pasado los últimos seis meses yendo al hospital, donde los doctores diagnosticaron a la niña desnutrición y la pusieron en tratamiento en el Centro de Alimentación Terapéutica apoyado por UNICEF.

Cuando llegó esta última vez, Khawla pesaba unos 6 kilos, lejos de los casi 10 que suele pesar un bebé de un año.

En los diez días que ha pasado en el hospital ha recibido una galleta altamente energética, utilizada para combatir la desnutrición. Se disuelve en un líquido y esto se le da a través de una sonda. Además, recibe antibióticos para tratar la infección respiratoria.

Las tasas de desnutrición en Yemen han aumentado de manera dramática, hasta un 200%, desde 2014. Actualmente 462.000 niños sufren desnutrición severa aguda, y podrían morir si no reciben tratamiento urgentemente.

En todo el país, 17 millones de personas –más del 60% de la población- están en una situación de inseguridad alimentaria, y más de 7 millones de personas no saben de dónde van a sacar su próxima comida. Al menos 14,5 millones de personas carecen de acceso a agua potable.

“Antes del conflicto, mi marido tenía un trabajo. Con su sueldo podíamos cubrir nuestras necesidades”, cuenta la madre de Khawla. “Cuando empezaron los combates todo colapsó. Intentamos cultivar verduras en nuestra granja, pero no era seguro debido a las bombas y las balas. Ahora hemos quedado reducidos a la nada”.

La madre de Khawla no solo está preocupada por su pequeña. También por sus otros hijos, que están en casa al cuidado de la abuela. Ellos tampoco están seguros de dónde sacarán su próxima comida.

El país afronta una gran crisis económica, la mayor consecuencia del conflicto. Las tasas de inflación y los precios se han disparado. Las familias se están quedando rápidamente sin sus escasos ahorros y se ven obligados a reducir sus raciones o a saltarse comidas.

El conflicto en Yemen está teniendo un impacto devastador en los ciudadanos, pero son los niños los que más sufren. UNICEF estima que es probable que 10.000 niños mueran debido a causas prevenibles como la desnutrición, la diarrea o la neumonía.

A pesar de la inseguridad, UNICEF y sus aliados están en el terreno, llevando a cabo evaluaciones nutricionales y proporcionando tratamiento contra la desnutrición y las enfermedades, así como agua segura para prevenir muertes. Desde enero, UNICEF ha apoyado el tratamiento de más de 6.000 niños con desnutrición severa aguda. Durante todo este año aumentaremos la vigilancia sobre la desnutrición y proporcionaremos tratamiento para 320.000 niños con desnutrición severa aguda.

Los niños están al límite, y no se vislumbra el final del conflicto. El tiempo se agota, y el mundo debe actuar rápidamente para salvar las vidas de los niños en Yemen.

Un nuevo peligro para los niños sirios: los explosivos sin detonar

Por Rasha, UNICEF en Siria

Amin, de 10 años, estaba jugando con su primo cuando encontró una bomba sin explotar. Un peligroso resto del conflicto en Siria, que cumple seis años.

“Estaba muy contento y se la quería enseñar a mis amigos”, cuenta. “Agarré la bomba y explotó inmediatamente. Me entró metralla en el pecho, quemaba como el fuego. Me llevaron rápidamente al hospital en Alepo, donde estuve un mes”, añade.

El trayecto desde la ciudad de Amin hasta el hospital más cercano en Alepo lleva casi una hora. Afortunadamente, Amin pudo salvar su vida.

Amin explica a su hermano pequeño cómo detectar artefactos sin detonar, con un folleto de UNICEF/ ©UNICEF/Syria/2017/Al-Issa

En Assan, la ciudad de Amin, hay combates intensos desde el mes de julio. Ahora que parece que están disminuyendo, muchas familias están volviendo a casa. Pero la presencia de restos de explosivos de guerra supone un riesgo muy grave para los niños sirios.

Los aliados de UNICEF informaron de que seis niños habían resultado heridos por minas en Assan, como Amin. En diciembre murieron en el este de Alepo seis niños mientras jugaban con artefactos explosivos sin detonar. UNICEF está proporcionando a los niños y sus familias formación urgente sobre el riesgo de las minas, a medida que vuelven a zonas potencialmente peligrosas.

Los aliados y voluntarios, con apoyo de UNICEF, van puerta por puerta para dar a niños, adolescentes y padres información vital sobre el riesgo de los restos explosivos de la guerra. Desde noviembre, más de 80.000 personas han recibido esta información mediante visitas a sus casas y sesiones de sensibilización. El objetivo es ayudarles a detectar fácilmente objetos peligrosos, como las minas.

“Nuestra prioridad es llegar a los niños, porque son muy curiosos, quieren explorar todo lo que les rodea, y eso les pone en un gran riesgo”, explica Mohammad, uno de los voluntarios que participa en la campaña educativa. “Lo que hacemos es muy fundamental. Incluso aunque solo salváramos una vida. Poder proteger a miles de niños es muy importante”.

De vuelta a Assan, Amin acude a sesiones formativas sobre artefactos sin detonar. “A partir de ahora, si alguna vez veo objetos así me alejaré. Se lo diré a un adulto y él sabrá qué hacer”, asegura.

Se cumplen seis años del conflicto en Siria y los niños siguen sufriendo las consecuencias más que nadie. En 2016, el peor año de la guerra para ellos, 652 niños fueron asesinados y 850 fueron reclutados. Pero además casi 3 millones viven como refugiados en otros países, 2,3 millones no van a la escuela, y solo la mitad de los hospitales están operativos. En total, más de 8 millones de niños sirios necesitan ayuda humanitaria urgente. Los niños sirios no se rinden, y nosotros tampoco debemos hacerlo.

A salvo en Turquía, los sirios siguen atormentados por la guerra

Por Caroline Willemen, asesora de salud mental de MSF

Una mujer y su hija reciben atención en una de las clínicas donde trabaja MSF con refugiados sirios. Anna Surinyach.

Una mujer y su hija reciben atención en una de las clínicas donde trabaja MSF con refugiados sirios. Anna Surinyach.

Una mujer sale al patio soleado de una vieja casa en Killis (Turquía), nos saluda y llama a su hijo para que limpie con un trapo un par de sillas de plástico para que nos sentemos. Su nombre es Loubna* y durante la próxima media hora compartirá con dos agentes comunitarios de salud mental sus reflexiones sobre lo que supone ser una refugiada siria.

Mientras, su hijo pequeño juguetea y se esconde detrás de ella. El niño tiene curiosidad por los dos extraños que acaban de entrar en su casa, pero al mismo tiempo se muestra inquieto.

Los dos trabajadores son parte de un equipo de diez personas que visitan cada día a los refugiados sirios en sus hogares y también en lugares públicos para ofrecerles una primera atención psicosocial e identificar quienes de ellos necesitan seguir un tratamiento psicológico.

Muchas de las personas a las que atendemos llegaron a Turquía hace varios años. Su sentimiento de inseguridad ha menguado pero siguen afectados por la guerra por muchísimas razones. La primera de ellas, la proximidad a Siria, tanto emocional como física. Aquí en Killis, a unos pocos kilómetros de la frontera, puede verse desde las colinas y a veces incluso escuchar el sonido distante de los bombardeos.

Pero mucho más difícil de afrontar son los fuertes lazos emocionales con su país. Todos aquí tienen familiares o amigos en Siria de los que no han tenido noticias desde hace demasiado. Y cuando las tienen son historias desgarradoras de la rutina diaria de un país en guerra.

Luego están los desafíos propios de vivir en el extranjero. La población de Killis es hoy una mezcla casi al 50% de sirios y turcos. Sin embargo, para muchos refugiados encajar en un país que no es el suyo sigue siendo una lucha constante. Tal y como Loubna nos cuenta mientras tomamos café, “es difícil ser un extranjero cuando no se tiene trabajo ni un hogar y la familia está lejos”.

La mujer duerme poco. Cuenta que antes era muy sociable, pero que ahora, sin embargo, evita el contacto con el resto de personas. Loubna vive con sus cuatro hijos y su cuñada en una casa austera. Cuando amanece, el patio se torna un lugar acogedor, pero los plásticos que cubren las ventanas recuerdan rápidamente el frío invierno que esta familia acaba de atravesar. Las condiciones en las que viven los sirios también pueden generar tensiones. Los hogares que visitamos oscilan entre los que son algo confortables y garajes que han sido convertidos en precarios habitáculos, con poca luz natural y ausencia de privacidad. No es extraño que la salud mental de los refugiados se resienta en esta situación.

Siempre me siento algo incómoda cuando entro a estos hogares acompañando a nuestros agentes de salud mental, que también son sirios. Sin embargo, es una agradable sorpresa ver que a la gente no parece importarle la presencia de un extranjero. Durante nuestras visitas, encontramos a las mujeres y a los niños casa, dispuestos a conversar con nosotros y compartir sus experiencias. Nos sirven interminables rondas de café o té y siempre me impresiona ver lo rápido que mis colegas se ganan la confianza de las personas a las que asistimos.

Una mujer y su hija reciben atención en una de las clínicas donde trabaja MSF con refugiados sirios. Anna Surinyach.

Una mujer y su hija reciben atención en una de las clínicas donde trabaja MSF con refugiados sirios. Anna Surinyach.

Tal y como nos dice una pequeña de diez años: a ella le encanta su profesora y de mayor quiere ser también maestra. Pero entonces su madre empieza a llorar en silencio. Fátima*  explica que ella concibe la educación como la herramienta más importante que se le puede dar a un niño para su futuro. Pero muestra también una gran preocupación por sus dificultades económicas, que le obligarán a dejar de llevar a sus hijos a la escuela para que empiecen a trabajar. Es solo un ejemplo de cómo los niños resultan afectados por esta guerra. Loubna menciona que los juegos infantiles han cambiado y que ahora incluyen armas, tiroteos y aviones de guerra. Un reflejo de lo que los más pequeños consideran algo normal.

Cada sirio en este pueblo tiene una triste historia que contar. Pero también es impresionante comprobar su resiliencia. Aunque Loubna crea que jamás podrá regresar a Siria, guarda algo de esperanzas en el futuro y da gracias porque su familia está a salvo en Turquía. Fátima, por su parte, sonríe cuando dejamos su casa y agradece a los agentes comunitarios de salud mental la oportunidad de poder compartir sus pensamientos y sus miedos. Asegura que se ha quitado un gran peso de encima.

*Los nombres se han cambiado para proteger la privacidad.

Médicos Sin Fronteras apoya a Citizens’ Assembly, una ONG turca, en Killis desde 2013. Además de salud mental y ayuda psicosocial, MSF gestiona una clínica de salud primaria para la población que ha huido de Siria.

Pobreza y desigualdad de género, agravantes de la salud maternoinfantil

Por Núria Torre. Pediatra voluntaria durante seis meses en la UCI de Neonatos del Hospital Pediátrico de Bathalapalli de la Fundación Vicente Ferrer.

© Albert Uriach/ FVF

La Fundación Vicente Ferrer (FVF) atiende miles de partos al año a través de la red hospitalaria establecida en el distrito de Anantapur. Bathalapalli, Kalyandurg y Kanekal son las tres ciudades, por orden de mayor a menor complejidad en la atención pediátrica y neonatal respectivamente, en las que Vicente y Anna Ferrer decidieron instalar los hospitales rurales que atienden hoy en día más de trece mil partos asistidos al año. El Hospital de Bathalapalli asiste 4.000 partos al año, dispone de 30 camas en la UCI neonatal, 5 en la UCI pediátrica y 80 en pediatría. El Hospital de Kalyandurg, al que acuden mujeres gestantes con cuadros de menor riesgo, atiende 7.000 partos anuales, con 15 camas en la UCI neonatal y 30 en la planta de pediatría. Estos números podrían compararse con los de cualquier hospital grande de la ciudad de Barcelona.

La India se enfrenta a tasas de mortalidad neonatal e infantil mucho más altas que las de un país de Occidente. A priori, cualquiera podría pensar que esto es debido a la calidad del parto, pero el problema es mucho más complejo y está íntimamente relacionado con la salud maternoinfantil, la pobreza y la atención tanto en el parto como en el momento del nacimiento del bebé. Todo empieza con las condiciones de salud de la madre (anemia y/o desnutrición), las falsas creencias relacionadas durante el embarazo (restricciones dietéticas y/o aumento del trabajo físico) y el desconocimiento de la importancia del control prenatal. Todas estas condiciones implican que el/la bebé y la madre no lleguen en las mejores condiciones al parto, convirtiéndolo así en un momento de alto riesgo. Además, todas y todos los recién nacidos se enfrentan a creencias post-parto perjudiciales para su salud, como pueden ser las quemadas rituales alrededor del ombligo o ser alimentados por leche de cabra.

© Ramon Serrano / FVF

Los principales problemas de salud que tienen los bebés nacidos en el país son la asfixia perinatal, sepsia y su tamaño y peso para su edad gestacional (1.5-2.5Kg al nacer). Cuando un neonato tiene bajo peso al nacer, su tratamiento no consiste solo en engordar sino que implica una serie de controles y curas hasta la adolescencia. Sin embargo, debido al número tan elevado de casos y a la normalización de la patología como una variante más, es imposible que tengan lugar todos los seguimientos médicos adecuados.

La asfixia perinatal significa que durante el parto hay problemas de irrigación al cerebro, comportando problemas en el desarrollo neurológico posterior. Los hospitales de la FVF disponen de los últimos tratamiento para estos niños y niñas, pero es necesario también el seguimiento y la colaboración de otros profesionales (fisioterapeutas, psicólogos, profesores…) y sobre todo de la propia familia. La estigmatización social que sufren las personas con diversidad funcional en el país, comporta que muchas familias crean que no vale la pena esforzarse en su tratamiento disminuyendo así todo su potencial.

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